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107
La vigencia del pensamiento de José Carlos Mariátegui en un mundo
global: identidad, cultura y nación en América Latina.
Samuel Sosa Fuentes
*
Resumen
El presente artículo tiene por objeto
mostrar la vigencia, en un mundo glo-
bal, del pensamiento de uno de los más
importantes y originales pensadores la-
tinoamericanos: José Carlos Mariátegui.
La actualidad del pensamiento de Mariá-
tegui se evidencia, justamente, por sus
reflexiones sobre la identidad, la cultura
y la nación en América Latina. Dichas
reflexiones resultan de vital importancia
en la era de la globalización cultural de
las identidades en el capitalismo mun-
dial.
Abstract
This article has the aim to saw the pre-
vailing of one of the most original and
important thinker of Latin America: José
Carlos Mariátegui. Mariategui’s thought
takes extraordinary actuality precisely by
making reflections about identity, cul-
ture and nation in Latin America. These
reflections are vital in an era or process
of a cultural globalization of the capitalism
system.
*
Centro de Relaciones Internacionales de la
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de
la Universidad Nacional Autónoma de México,
Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Uni-
versitaria, Col. Copilco Universidad, Deleg.
Coyoacán, México, D.F., c.p. 04510.
Palabras Clave
: pensamiento latinoame-
ricano, indigenismo, cultura, identidad,
nación en América Latina.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
108
El pensamiento social, es decir, la reflexión
de una sociedad sobre sí misma, surge con
las socie-
dades de clase, pero sólo se plantea
allí donde un grupo o una clase experimenta
la necesidad de
promover o justifcar su dominación sobre otros grupos o clases.
..
En cualquier caso, la teorización
va encaminada a asegurar o transFormar un orden de cosas
determinado a partir de un punto de
vista de
clase.
Ruy Mauro Marini
1
Introducción
La historia del pensamiento social la-
tinoamericano desde mediados del
siglo XIX y, particularmente, todo
el siglo XX ha producido y visto na-
cer a las más diversas e importantes
visiones, ideologías, teorías e in-
terpretaciones flosófcas y políti-
cas de la realidad social, cultural,
económica y política de América
Latina.
En eFecto, la historia del pen-
samiento social latinoamericano
es tan vasta y magna que en un
recuento y visión sumaria del de-
sarrollo de sus interpretaciones
e ideas, señalaremos, a guisa de
ejemplo, las principales tendencias y
corrientes de las grandes reflexio-
nes y teorías sociales que se han
dado en América Latina: el libera-
lismo, el marxismo, el nacionalis-
mo regionalista, el nacionalismo
revolucionario, el indigenismo, el
antiimperialismo, el socialismo,
el humanismo, el panamericanis-
mo, el Funcionalismo y la teoría
del desarrollo y la modernización,
el pensamiento de la CEPAL (Co-
misión Económica para América
Latina y El Caribe), la teoría de la
dependencia y el subdesarrollo, la
teología de la liberación, el endo-
genismo, el neodesarrollismo, el
neoliberalismo, el neomarxismo,
la nueva izquierda y los nuevos
movimientos populares indígenas
y campesinos.
Así, en las distintas Formacio-
nes económico-sociales de Améri-
ca Latina a lo largo de su tiempo
histórico, se han maniFestado el
conjunto de las anteriores ideas,
pensamientos, flosoFías y prac-
ticas políticas, esForzándose por
explicar su realidad concreta, sin
embargo, todas esas interpreta-
ciones y Formas de pensamiento
han tratado, en su fn último, de
buscar la explicación, el sentido
y solución de su objeto central:
descubrir y defnir el perfl del
hombre y el ser latinoamericano,
su autenticidad, sus orígenes, sus
semejanzas, sus diFerencias, su
identidad, su cultura, su historia,
su dependencia, su liberación y su
Futuro.
En suma:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El pensamiento en Latinoamérica, a tra-
vés de una larga y penosa marcha se ha
encontrado con el hombre. Pero no con el
hombre como una abstracción, con aque-
lla abstracción romántico-liberal que en
nombre de generalidades puede sacrif-
car al hombre, a los hombres concretos,
sino el hombre con sus peculiaridades y
diFerencias, incluyendo dentro de estas
peculiaridades, la cultura y la piel que
hace de él un persona concreta y no
una abstracción. Una historia en planos
verticales en los que unos hombres se
encuentran dominando y otros domina-
dos.
.. En este sentido, la problemática
del pensamiento latinoamericano la
ha provocado, centralmente, la concien-
cia de la situación de dependencia. Una
situación que el dominador ha venido
justifcando partiendo de lo que llama-
mos regateo de la humanidad. Esto es,
partiendo de un modelo de humanidad,
el propio del dominador, con el que se
califca a la humanidad del dominado. De
esta califcación se hará depender la do-
minación e inclusive, la destrucción del
hombre que no se asemeje al modelo. De
allí la preocupación de los naturales o
1
Ruy Mauro Marini y Márgara Millán (coords.)
La teoría social latinoamericana. Los orígenes,
Tomo I, México, Ediciones El Caballito, 1994.
109
nacidos en esta América por hacer des-
tacar su humanidad.
.. La preocupación
del pensamiento latinoamericano se en-
focará a demostrar, ante ese mundo, la
humanidad de sus hombres, el humanismo
de su cultura.
.. Resultado de este nuevo
planteamiento ha sido el pensamiento de
un Rodó, un Martí, un Mariátegui y otros
muchos latinoamericanos.
2
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En efecto, la historia del pen-
samiento crítico social en América
Latina, particularmente el pensa-
miento marxista, ha sido (y sigue
siendo), por un lado, la historia de
una de las mayores aportaciones a
la construcción teórica, metodoló-
gica y política de la realidad social,
el conocimiento y la reflexión de
las ciencias sociales latinoamerica-
nas y, por el otro, la más eFciente
articulación operativa con el que-
hacer y la práctica política, econó-
mica, social, cultural y cientíFca
de América Latina. Tal ha sido su
influencia, que del pensamiento
marxista latinoamericano ha sali-
do —como algo propio, original y
sustantivo— una de las construc-
ciones teóricas e intelectuales más
importantes de la teoría social en
América Latina: la teoría de la de-
pendencia y el subdesarrollo.
Si bien es cierto que:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
ha habido múltiples interpretaciones del
marxismo en el ámbito latinoamericano,
que no diFeren sustancialmente de las
que han existido en otras partes: social-
demócratas, marxistas-leninistas, trots-
kistas, maoístas, gramscianas, althusse-
rianas, etc., también es cierto que algu-
nas han tenido el sello especial de algu-
nas personalidades del pensamiento mar-
xista de esta región y han sido caracteri-
zadas como mariateguistas, guevaristas,
etc.
.. En este sentido, América Latina ha
generado, tanto en el orden político co-
mo intelectual, personalidades creativas
del marxismo cuyo reconocimiento inter-
nacional les hace ser considerados a una
escala de mayor trascendencia en los es-
tudios sobre el desarrollo universal del
marxismo.
3
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Entre las Fguras más destacadas
por su obra teórica y/o su acción
política se encuentran: José Carlos
Mariátegui, Julio Antonio Mella, Luis
Emilio Recabaren, Ernesto Che Gue-
vara, Salvador Allende, ±idel Castro,
Tomás Borge, Rodney Arismendy, Eli
de Gortari, Adolfo Sánchez Vásquez,
José Revueltas, Aníbal Quijano, Ser-
gio Bagú, Volodia Teitelboim, Agustín
Cueva, Ruy Mauro Marini, Theotonio
Dos Santos, Pablo González Casa-
nova, Enrique Semo, Bolívar Eche-
verría, Eduardo Galeano, Julio Le
Riverend, Roberto ±ernández Re-
tamar, Orlando ±als Borda, Tomás
Amadeo Vasconi y Enrique Dussel
entre muchos otros importantes
marxistas latinoamericanos.
El marxismo en América Latina
debe concebirse entonces “con la
personalidad propia que ha tenido
en toda la vida cultural y política
de este continente. Hay que otor-
garle sus justos méritos, su grado
de autenticidad con las circuns-
tancias latinoamericanas, con sus
insuFciencias y tropiezos, ni más
ni menos.”
4
Existe pues, en Amé-
rica Latina, “toda una cultura de
pensamiento fundada en o vincu-
lada a Marx, para la cual el mar-
xismo nunca signiFcó un sistema
guardián de la verdad, es decir,
un sistema teórico intocable. Su
visión rectora opera más bien con
la idea de.
.. la preocupación per-
manente por la continuación crea-
tiva.”
5
Por ello, el marxismo en
Latinoamérica “se ha desarrolla-
do en permanente confrontación
crítica con otras corrientes Flosó-
Fcas, económicas y sociológicas
contemporáneas. Esa batalla lo ha
fortalecido, pero también ha evi-
denciado sus partes blandas por
lo que sus defensores se han visto
preciados a enriquecer la teoría y
a fortalecer sus argumentos a te-
nor con los cambios en el mundo
y los logros de las ciencias.”
6
Asimismo, el pensamiento mar-
xista latinoamericano ha signiFca-
do también una larga historia —
de resistencia, liberación y luchas
sociales— por deFnir el carácter
y la naturaleza de la revolución y
el cambio social en América Lati-
na. DeFnición que ha constituido
2
Leopoldo Zea.
El pensamiento latinoamericano
, México, Ariel, Seix Barral, 1976, p. 774.
3
Pablo Guadarrama González.
Bosquejo histórico del marxismo en América Latina,
en http://.Flosofía.cu/contemporáneos/guadarrama, p. 31.
4
Ibid
., p. 32.
5
Raúl ±ornet Betancourt.
Transformaciones del marxismo. Historia del marxismo en América Latina.
México, Plaza y Valdés Editores, 2001, p. 352.
6
P. Guadarrama González,
op. cit
., p. 32.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
110
el punto nodal entre la reflexión
científca y el equilibrio entre la
teoría y la práctica.
Sin embargo, en los albores del
siglo XXI, con el fn de la Guerra
Fría y el establecimiento de un or-
den imperial —el norteamerica-
no— (la imposición de un discurso
único, un proyecto neoliberal y be-
licoso y una cultural hegemónica
globalizada que se erigieron como
paradigma, dogma y modelo uni-
versal), el pensamiento y discur-
so de la modernidad han tendido a
realzar, de manera signifcativa, al
empirismo y a desvalorizar y susti-
tuir a la teorización y a la reflexión
epistemológica de la realidad so-
cial por un discurso pragmático,
universalista, homogeneizador, ul-
tra conservador y acrítico.
Rescatar, entonces, el pensamien-
to crítico social latinoamericano
es hoy una tarea impostergable
y urgente de las ciencias sociales
en América Latina. Empero, este
ejercicio teórico requiere también
de la investigación rigurosa, his-
tórica y reflexiva del ayer, exige
el reencuentro con el marxismo y
del estudio serio del pensamien-
to crítico, sobre todo de aquel que
desde una postura revolucionaria
se mostró original, creativo y pio-
nero. Por ello, en este proceso de
relectura y de reevaluación de la
teoría y el pensamiento crítico so-
cial latinoamericano, se destaca y
se incluye como una de sus ±uen-
tes y fguras más importantes, el
pensamiento de José Carlos Mariá-
tegui La Chira (Moquegua, 14 de
junio de 1894-Lima, 16 de abril
de 1930), uno de los marxistas
más lúcidos, vigorosos, completos
y originales del siglo XX, toda vez
que supo hacer de la teoría mar-
xista no un mero calco o copia si-
no, como él mismo lo llamó, una
creación indo-americana.
En e±ecto, la síntesis del mo-
vimiento dialéctico de la historia
entre lo universal y lo particular, lo
internacional y lo latinoamericano,
es el ±undamento metodológico de
la obra mariateguiana. El pensa-
miento de Mariátegui se caracteri-
za precisamente por la ±usión entre el
legado cultural europeo más avan-
zado y las tradiciones autóctonas
más antiguas de la comunidad in-
dígena latinoamericana.
En este sentido, el objetivo ge-
neral del presente artículo es hacer
un análisis sobre la actualidad del
pensamiento de José Carlos Ma-
riátegui en los temas de la cultu-
ra y la identidad latinoamericana.
Ello contribuirá, sin duda alguna, a
comprobar no sólo la vigencia de
su obra sino, sobre todo, dirigir
nuestras ±uturas reflexiones aca-
démicas y políticas para la cons-
trucción de una América Latina
más integrada, más democráti-
ca, menos desigual y más humana
en las relaciones internacionales
contemporáneas.
Sin
pretender
abordar de manera exhaustiva to-
do el vasto universo de la produc-
ción intelectual y la gran riqueza
teórica, política y flosófca de la
obra de Mariátegui,
7
el análisis de
su pensamiento lo llevaremos a
cabo considerando dos grandes
niveles de ideas que constituyen,
desde nuestra visión, la esencia de su
aportación al conocimiento de la
identidad y la cultura en América
Latina y a la floso±ía del pensa-
miento social latinoamericano e
internacional del gran pensador
peruano, a saber: como intérpre-
te de la realidad social concreta
(Mariátegui es el predecesor lati-
noamericano que reflexiona sobre
el problema del indigenismo y la
tenencia de la tierra, razón que lo
lleva al análisis de la cuestión de
la raza, etnia y nación en Améri-
ca Latina) y como contribuyente a
la cultura universal (Mariátegui es
el precursor en vincular el análisis
de la identidad y la cultura Lati-
noamérica con un proyecto político
nacional).
7
A la ±echa se han publicado 20 tomos de
Obras Completas;
8 tomos de
Escritos Juveniles
y 2 tomos de
Correspondencia
por la Editorial Amauta
de Lima, Perú.
111
José Aricó, profundo investigador
y ensayista crítico de la historia
del pensamiento marxista —en
todas sus corrientes— en Améri-
ca Latina y gran conocedor de la
obra mariateguiana, nos describe
una excelente y lúcida visión ge-
neral sobre el problema indígena
peruano y la ubicación y presen-
cia de Mariátegui en el mismo:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Es indudable que en Perú el universo in-
dígena fue desde el principio de su histo-
ria la realidad dominante. Sin embargo,
si hay algo que caracteriza a la intelec-
tualidad peruana es haberse constituido
a espaldas de esta realidad, o mejor aún
ignorando totalmente su presencia.
.. El
Estado republicano se constituyó sobre
las bases políticas, ideológicas e insti-
tucionales que mantenían inmodiFcada
la herencia colonial y que instauraban de
hecho un sistema cuasi medieval de es-
tamentos jerárquicamente organizados.
La república política, basada formalmen-
te en la igualdad universal, descansaba de
hecho en la convicción de desigualdad
social. En ese vasto espacio profunda-
mente desarticulado por la guerra de
independencia primero, y por la penetra-
ción del capitalismo inglés luego, la delimi-
tación del territorio nacional, la formación
de la ‘nación fue el resultado de la direc-
ción de los sectores más moderados del
país andino, animados de un pensamiento
político y social que reflejaba la conti-
nuidad aun bajo nuevas formas de las es-
tructuras coloniales. La República acabó
por ser la sustantivación de un concep-
to de ‘nación’ y de ‘patria’ vinculado a
la cultura y a la lengua españolas, que
en el caso del Perú automáticamente ex-
cluía a los indios, es decir a la mayoría
de los residentes de un territorio que la
independencia convirtió en república del
Perú. Por eso los indios, deFnidos duran-
te la época colonial como una ‘república’
aparte, con sus propias leyes, relaciones
y características, ligados a los criollos
solamente por el hecho de compartir con
ellos la condición de súbditos de la co-
rona española, pasaron a ser ignorados
en la nueva república, levantada sobre el
modelo de la sociedad criolla.
8
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Sin embargo, continúa Aricó:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
…cuando la penetración imperialista y el
desarrollo capitalista agudizan las ten-
siones del mundo rural peruano y acele-
ran la irrupción de las masas indígenas
en la vida nacional, surge desde el inte-
rior de aquella corriente el grupo más ra-
dical de intelectuales proclive a plantear
el problema en términos de ‘cuestión na-
cional’. Y es sin duda la vinculación es-
trecha de este grupo de ‘indigenista’ lo
que permite a Mariátegui encarar el pro-
blema del indio desde el punto de vista
original en el que se coloca. Al rehusar-
se a considerarlo como ‘cuestión nacio-
nal’ Mariátegui rompe con una tradición
fuertemente consolidada. Vinculando el
problema indígena con el problema de la
tierra, es decir, con el problema de las
relaciones de producción. Mariátegui en-
cuentra en la estructura agraria peruana
las raíces del atraso de la nación y de las
razones de la exclusión de la vida polí-
tica y cultural de las masas indígenas.
De ahí que indague en la superposición
e identiFcación del problema del indio y
de la tierra el nudo de una problemática
que sólo una revolución socialista pue-
de desatar.
..En esta confluencia o alea-
ción de indigenismo y socialismo está el
nudo esencial, la problemática decisiva,
el eje teórico y político en torno al cual
Mariátegui articuló toda su obra de crí-
tica socialista de los problemas y de la
historia del Perú.
9
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En efecto, en el contexto de
esta acertada visión general que
nos describe Aricó, Mariátegui nos
explica y demuestra, contrario a
lo que frecuentemente se discu-
tía y se aFrmaba hasta hace muy
poco tiempo sobre las cuestiones
del indigenismo en América La-
tina, que la esencia del proble-
ma indígena latinoamericano no
se encuentra ni se relaciona con
el llamado aislamiento cultural
de los indígenas, ni mucho me-
nos con el aislamiento económi-
co o su insuFciente integración y
atención pública de los gobiernos
nacionales. Mariátegui establece
que el problema de los indíge-
nas en América Latina, como en
La visión de Mariátegui sobre el problema indígena y la cuestión
de raza, etnia y nación en América Latina.
8
José Aricó
, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1980 (Cuadernos Pasado y Presente, 60)
p. XLIV.
9
Ibid
., p. XLVII.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
112
el mundo subdesarrollado y de-
pendiente en general, se encuen-
tra en las estructuras económicas
mismas (propias) del capitalismo
internacional y sus manifestacio-
nes de dominación y apropiación:
la tenencia de la tierra.
En sus
Siete ensayos de inter-
pretación de la realidad
peruana
—una de las obras más importan-
tes del marxismo latinoamericano,
toda vez que constituye la prime-
ra gran interpretación crítica del
desarrollo económico e histórico
de Perú y América Latina— Mariá-
tegui señala que:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Todas las tesis sobre el problema indíge-
na, que ignoran o eluden a éste como pro-
blema económico-social, son otros tantos
estériles ejercicios teoréticos, —y a ve-
ces sólo verbales— condenados a un
absoluto descrédito. No las salva a algu-
nas su buena fe. Prácticamente todas no
han servido sino para ocultar o desFgurar
la realidad del problema. La crítica socia-
lista lo descubre y esclarece, porque busca
sus causas en la economía del país y no
en su mecanismo administrativo, jurídico
o eclesiástico, ni en su dualidad o plura-
lidad de razas, ni en sus condiciones cul-
turales y morales. La cuestión indígena
arranca de nuestra economía. Tiene sus raí-
ces en el régimen de propiedad de la tie-
rra. Cualquier intento de resolverla con
medidas de administración o policía, con mé-
todos de enseñanza o con obras de viali-
dad, constituye un trabajo superFcial o
adjetivo, mientras subsista la feudalidad
de los ‘gamonales’
10
... Las expresiones de
la feudalidad sobrevivientes son dos: la-
tifundio y servidumbre. Expresiones so-
lidarias y consustanciales, cuyo análisis
nos conduce a la conclusión de que no
se puede liquidar la servidumbre, que pe-
sa sobre la raza indígena, sin liquidar el
latifundio…
11
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Quienes desde puntos de vista socialistas
estudiamos y deFnimos el problema del
indio, empezamos por declarar
absoluta-
mente superados los puntos de vista hu-
manitarios o Flantrópicos, en que, como
una prolongación de la apostólica bata-
lla del padre de Las Casas, se apoyaba
la antigua campaña pro-indígena. Nues-
tro primer esfuerzo tiende a establecer su
carácter de problema fundamentalmente
económico.
Insurgimos
primeramente,
contra la tendencia instintiva —y defen-
siva— del criollo o ‘misti’, a reducirlo a un
problema exclusivamente administrativo,
pedagógico, étnico o moral, para escapar
a toda costa del plano de la economía.
..
No nos contentamos con reivindicar el de-
recho del indio a la educación, a la cultu-
ra, al progreso, al amor y al cielo. Comen-
zamos por reivindicar, categóricamente,
su derecho a la tierra. Esta reivindicación
perfectamente materialista, debería bas-
tar para que no se nos confundiese con
los herederos o repetidores del verbo
evangélico del gran fraile español.
12
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En efecto, la solución del pro-
blema indígena es verlo, ante todo
y sobre todo, como un
problema
social:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Los indígenas deben ser vistos como
hombres concretos que son como todo
los hombres, con una etnia, una cultura,
una concepción del mundo de la que hay
que partir para relacionarnos con otras
etnias, culturas y concepciones del mun-
do, tratando de comprender y hacerse
comprender, lo cual no es posible si en
lugar de incorporar al indígena a la na-
ción, se lo margina en una supuesta y
falsa defensa de su identidad.
.. Problema
social, humano, es el de la reivindica-
ción del hombre llamado indio, como lo
es la del negro africano, el amarillo asiá-
tico y todos los hombres diversos entre
sí; siempre distintos y por serlo, iguales,
semejantes, estos es, hombres. Tal es el
humanismo que encontramos en Mariá-
tegui cuando ve el problema indígena
como un problema social que a su vez
ha de partir del obligado reconocimiento
del hombre en la ineludible diversidad de
sus expresiones.
13
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El problema de las razas en
América Latina
.
Retomemos aquí el trabajo de
Mariátegui presentado en la Pri-
mera Conferencia Comunista La-
tinoamericana en junio de 1929
en Buenos Aires, Argentina: “El
problema de las razas en Améri-
10
José Carlos Mariátegui,
Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana,
México, Ediciones Solidaridad, Sindicato Mexicano de Electri-
cistas, 1969, p. 41.
11
Ibid
., p. 60.
12
Ibid
., p. 59
13
L. Zea, “Mariátegui y el hombre llamado indígena”, en Liliana Irene
Weinberg y Ricar Melgar Bao,
Mariátegui entre la memoria y el futuro de
América Latina.
México, Universidad Nacional Autónoma de México, Cuaderno de Cuadernos, 2000, p. 223.
113
ca Latina”.
14
Mariátegui expone en
este escrito un acertado y agudo
balance sobre la colonización y
su impacto y consecuencias en la
población indígena:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La explotación de los indígenas en la
América Latina trata también de justi-
fcarse con el pretexto de que sirve a la
redención cultural y moral de las razas
oprimidas. La colonización de la América
Latina por la raza blanca no ha tenido,
en tanto, como es Fácil probarlo, sino
eFectos retardatarios y deprimentes en la
vida de las razas indígenas. La evolución
natural de éstas ha sido interrumpida por
la opresión envilecedora del blanco y del
mestizo.
.. Llamamos
problema indígena
—entonces— a la explotación Feudal de
los nativos en la gran propiedad agra-
ria.
.. Los elementos Feudales o burgue-
ses, en nuestros países, sienten por los
indios, como por los negros y mulatos,
el mismo desprecio que los imperialistas
blancos. El sentimiento racial actúa en
esta clase dominante en un sentido ab-
solutamente Favorable a la penetración
imperialista. Entre el señor o el burgués
criollo y sus peones de color, no hay na-
da en común. La solidaridad de clase, se
suma a la solidaridad de raza o de prejuicio,
para hacer de las burguesías nacionales
instrumentos dóciles del imperialismo
yanqui o británico.
.. Las posibilidades de
que el indio se eleve material e intelec-
tualmente dependen del cambio de las
condiciones económico-sociales. No es-
tán determinadas por la raza sino por la
economía y la política. La raza, por sí so-
la, no ha despertado ni despertaría al en-
tendimiento de una idea emancipadora.
Sobre todo, no adquiriría nunca el poder
de imponerla y realizarla. Lo que asegura
su emancipación es el dinamismo de una
economía y una cultura que portan en sus
entrañas el germen del socialismo.
.. La
barrera del idioma se interpone entre las
masas campesinas indias y los núcleos
obreros revolucionarios de raza blanca o
mestiza. Pero a través de propagandistas
indios, la doctrina socialista, por la na-
turaleza de sus reivindicaciones, arraigará
prontamente en las masas indígenas.
.. El
realismo de una política socialista segu-
ra y precisa en la apreciación y utiliza-
ción de los hechos sobre los cuales les
toca actuar en estos países, puede y debe
convertir el Factor raza en Factor revolu-
cionario.
15
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Mariátegui concluye su ponen-
cia con un pronóstico que, hoy
día, cobra una súbita actualidad
política y se pone a prueba en va-
rios países latinoamericanos, par-
ticularmente en México —con el
surgimiento de el Ejército Zapa-
tista de Liberación Nacional— en
Bolivia —con la llegada al poder
del Presidente Evo Morales de la
etnia Aymará— en Ecuador, en
Perú y en Centroamérica:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Una conciencia revolucionaria indígena tar-
dará quizás en Formarse; pero una vez que el
indio haya hecho suya la idea socialista, le
servirá como una
disciplina, una tenacidad
y una Fuerza, en la que pocos proletarios de
otros medios podrán aventajarlo.
16
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En última instancia, el gran
pensador peruano advierte:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El socialismo ordena y defne las reivindi-
caciones de la masa, de la clase trabaja-
dora. Y en el Perú las masas —la clase
trabajadora— son en sus cuatro quintas
partes indígenas. Nuestro socialismo no sería,
pues, peruano —ni sería siquiera socialis-
mo— si no se solidarizase, primeramente,
con las reivindicaciones indígenas.
17
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En Mariátegui el problema in-
dígena no reside, por tanto, en
la Falta de integración cultural o
económica del indígena en la so-
ciedad. El problema indígena en
la mayoría de los países de Amé-
rica Latina, reside, como lo esta-
blece la visión mariateguiana, en
las diversas Formas y maneras de
integración de los indígenas al
14
Es importante señalar que por insistencia del belga Humbert Droz, encargaron a Mariátegui preparar las tesis sobre las que se
discutiría el problema de las razas en América Latina. Mariátegui no asistió a dicha ConFerencia por su estado de salud, pero en
su representación Fueron Julio Portocarrero y Hugo Pesce. Los documentos presentados Fueron: “Balance de la acción clasista”;
“Punto de vista antiimperialista” y “El problema de las razas en América Latina”. Los dos primeros Fueron escritos por Mariátegui
así como la primera parte del tercer documento (“Planteamiento de la cuestión”). La segunda parte del mismo, “
Importancia del
problema racial
”,
Fue hecha en su mayor parte por Hugo Pesce.
15
J. C. Mariátegui,
Obras. Tomo II.
La Habana, Casa de las Américas, 1982, p. 175.
16
Ibid
., p. 185.
17
Citado en Eugene Walter Mogol,
Mariátegui y Marx: La transformación social en los países en vías de desarrollo.
México, Universidad Nacional
Autónoma de México, Centro Coordinador y DiFusor de Estudios Latinoamericanos, 1994, p. 52.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
114
proceso productivo en los térmi-
nos —de Ruy Mauro Marini y Pa-
blo González Casanova— de la
superexplotación del trabajo agrí-
cola y de la apropiación de la tie-
rra. Dicho proceso ocurre dentro
de las estructuras de dominación
colonial primero e independien-
te después. Por ello, “el indígena
—señala Abelardo Villegas— con
sus hábitos y formas sociales y
culturales de origen prehispánico
ha de proporcionar los elementos
para solucionar el problema de la
tierra planteado por el español y
luego por un liberalismo inerte,
incapaz de plasmarse en las formas
económicas que le son propias.
..
[por tanto] la cuestión indígena
es antes que Flantrópica o cultu-
ral eminentemente económica y
agraria, es la cuestión del reparto de
la tierra. El progreso peruano se-
rá Fcticio o por lo menos no será
peruano, mientras no constituya
la obra y el bienestar de la ma-
sa peruana que es en sus cuatro
quintas partes indígena y campe-
sina.”
18
En este sentido, cualquier pro-
yecto del Estado nacional post-
colonial latinoamericano que se
base en un nuevo tipo de peque-
ña propiedad agraria, aún cuan-
do pretenda recuperar las pautas
y formas de vida de la tradición
campesina, no se puede impul-
sar con el desconocimiento de lo
que signiFca la articulación his-
tórica llamada comunidad. Como
advierte agudamente Mariátegui,
disolver la comunidad campesi-
na no servirá para crear la pequeña
propiedad, ya que el factor socio-
cultural del individualismo no ha
tenido jamás “su origen, en nin-
gún país, ni en la Constitución del
Estado ni en el Código Civil. Su
formación ha tenido siempre un
proceso a la vez más complicado
y más espontáneo —una sociedad
campesina adherida profundamen-
te a sus tradiciones y costumbres,
no se transforma artiFcialmente
por decreto.”
19
“Convertir y trans-
formar las comunidades indígenas
en pequeños propietarios, signiF-
ca entregar sus tierras a los caciques
regionales y locales y a su clien-
tela.”
20
En suma, todos los esfuerzos
del Estado nacional por cambiar
a la comunidad campesina en pe-
queña propiedad agraria resul-
tan estériles, toda vez que chocan
con barreras de carácter cultural
e ideológicas, como es la subsis-
tencia en las comunidades campe-
sinas de sus formas y pautas de
conductas religiosas, de tradicio-
nes y, sobre todo, de conservación
y defensa de su identidad indígena;
amén del gran problema que signi-
Fca el desarrollo contradictorio de
la pequeña propiedad agraria en el
contexto de la estructura y sistema
productivo de la gran propiedad
capitalista industrial, responsable,
en gran medida, de los procesos
desintegradores de la vida social,
tradicional y cultural de los indí-
genas en América Latina.
Mariátegui sintetiza: “El pro-
blema indígena no admite ya la
mistiFcación a que perpetuamen-
te lo han sometido una turba de
abogados y literatos, conciente o
inconscientemente
mancomuna-
dos con los intereses de la cas-
ta latifundista. La miseria moral y
material de la raza indígena apa-
rece demasiado netamente como
una simple consecuencia de régi-
men económico y social que so-
bre ella pesa desde hace siglos.
..
La reivindicación indígena carece
de concreción histórica mientras
se mantiene en un plano FlosóF-
co o cultural. Para adquirirla —esto
es, para adquirir realidad, corpo-
reidad— necesita convertirse en
reivindicación económica y políti-
ca. El socialismo nos ha enseñado
a plantear el problema indígena en
nuevos términos. Hemos dejado de
considerarlo abstractamente como
un problema étnico o moral para
reconocerlo concretamente como
problema social, económico y po-
lítico. Y entonces lo hemos senti-
do, por primera vez, esclarecido y
demarcado.”
21
Sin embargo, de acuerdo con
Alberto Saladino
,
“Mariátegui pre-
cisó que colocando en primer pla-
no el problema económico-social
del indígena no implicaba única-
18
Abelardo Villegas,
Reformismo y revolución en el pensamiento latinoamericano.
México, Siglo Veintiuno Editores, 1972, p. 160.
19
J. C. Mariátegui.
Siete ensayos de interpretación …. op. cit
., p. 84.
20
Idem
.
21
Ibid
. pp. 42, 43.
115
mente quedarse en este plano, sino
reivindicar además su derecho a la
educación, a la cultura, al progreso,
su derecho a la tierra. Su derecho a
la educación partiría de una nue-
va actitud pedagógica, impulsan-
do los métodos de autoeducación
y autodefensa; de la necesidad de
ponerlo en contacto con los avan-
ces de la ciencia y de la técnica para
que se apropien de sus beneFcios;
de organizar la enseñanza agríco-
la para ser más productivos.
.. [es
decir] la fusión de la conciencia
clasista con la conciencia étnica
no implica la exclusión de las sin-
gularidades culturales de los indí-
gena.”
22
Ahora bien, centrar toda la cau-
salidad del problema indígena so-
lamente en el análisis derivado del
proceso de la acumulación origi-
naria de capital y su integración a
los procesos productivos mundia-
les, nos limitaría a una visión ver-
dadera, pero con una gran dosis de
determinismo economicista y, por
tanto, incompleto desde el punto
de vista de la totalidad histórica.
José Carlos Mariátegui proyec-
ta otro ángulo —quizás el menos
investigado— del problema indí-
gena, pero desde una visión e in-
terpretación que, en los últimos
diez años, se encuentra el centro de
las discusiones académicas y po-
líticas sobre los movimientos y
organizaciones indígenas y cam-
pesinas en América Latina: la cues-
tión de la raza, la etnia y la na-
ción.
Mariátegui, al hacer una carac-
terización de Perú como un país
agrícola y atrasado de seis millones
de habitantes, en donde el cultivo
de la tierra ocupa a la mayoría de
la población que se compone, en
sus cuatro quintas partes, de cam-
pesinos indígenas, va a dimensio-
nar el problema indígena vinculando
dos problemas: el étnico con el so-
cial. Aparece entonces una de las
vertientes más interesantes y pros-
pectivas del pensamiento mariate-
guiano: el etnicismo y el racismo.
Expliquemos, junto con el perua-
no, esta nueva visión del problema
indígena latinoamericano.
En términos generales, el pac-
to colonial en América Latina dio
origen a la conFguración de una
doble estructura de dominación:
la económico-política y la cultu-
ral-identitaria. En efecto, el carác-
ter del mundo colonial en América
Latina se manifestó, por un lado,
como dominación político-econó-
mica en la articulación de diver-
sas relaciones de explotación y de
trabajo (esclavitud, servidumbre y
trabajo asalariado) en torno de su
capital y de su mercado y, por el
otro, como dominación cultural
en la producción de nuevas iden-
tidades históricas (“indio”, “negro”,
“mestizo” y “blanco”) impuestas
después como categorías de las
relaciones de dominación y como
fundamento de una cultura de ra-
cismo y etnicismo.
23
En un lúcido ensayo sobre los
conceptos de raza, etnia y nación
en Mariátegui, Aníbal Quijano se-
ñala:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El racismo y el etnicismo fueron inicial-
mente producidos en América y repro-
ducidos después en el resto del mundo
colonizado, como fundamentos de la es-
peciFcidad de las relaciones de poder
entre Europa y las poblaciones del res-
to del mundo. Desde hace 500 años, no
han dejado de ser los componentes bási-
cos de las relaciones de poder en todo el
mundo. Extinguido el colonialismo como
sistema político formal, el poder social
está aún constituido sobre la base de crite-
rios originados en la relación colonial.
..
Como los vencedores fueron adquiriendo
durante la Colonia la identidad de ‘eu-
ropeos’ y ‘blancos’, las otras identidades
fueron asociadas también ante todo al color
de la piel, ‘negros’, ‘indios’ y ‘mestizos’.
Pero en esas nuevas identidades quedó F-
jada, igualmente, la idea de desigualdad,
concretamente inferioridad cultural, si
se quiere
étnica
.
24
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Es importante señalar que si bien
Mariátegui está en contra de la idea
de “inferioridad racial” biológica
o natural, admite, sin embargo, la
posible inferioridad de las razas in-
dígenas en términos históricos:
22
Alberto Saladino García,
El problema indígena. Homenaje a José Carlos Mariátegui,
México, Universidad Autónoma del Estado de México, 1995,
p. 41.
23
Aníbal Quijano, “Raza, etnia y nación en Mariátegui: cuestiones abiertas”, en
Estudios Latinoamericanos
, Nueva época, año II, n° 3, enero-junio
de 1995, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Estudios Latinoamericanos de la ±acultad de Ciencias Políticas y Políticas, p. 3.
24
Ibid.,
p. 5.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
116
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La raza india no fue vencida, en la guerra
de conquista, por una raza superior étnica
o cualitativamente; pero sí fue vencida por
su técnica que estaba muy por encima de
los aborígenes. La pólvora, el hierro, la
caballería, no eran ventajas raciales; eran
ventajas técnicas. Los españoles arribaron a
estas lejanas comarcas porque disponían
de medios de navegación que les consen-
tían atravesar los océanos. La navegación
y el comercio les permitieron más tarde la
explotación de algunos recursos naturales
de sus colonias. El feudalismo español se
superpuso al agrarismo indígena”
25
... “Las
razas indígenas se encuentran en América
Latina en un estado clamoroso de atraso e
ignorancia, por la servidumbre que pesa
sobre ella, desde la conquista española.
El interés de la clase explotadora, -espa-
ñola primero, criolla después-, ha tendido
invariablemente, bajo diversos disfraces,
a explicar la condición de las razas indí-
genas con el argumento de su inferio-
ridad o primitivismo. Con esto, esa clase
no ha hecho otra cosa que reproducir, en
esta cuestión nacional interna, las razo-
nes de la raza blanca en la cuestión del
tratamiento y tutela de los pueblos co-
loniales.
26
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Leopoldo Zea, interpreta y sin-
tetiza aguda y certeramente, to-
da la idea y meditación central
del pensamiento de Mariátegui en
torno a la interacción, función y
sentido del etnicismo y el racismo
como fenómenos de dominación y
explotación:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Se trata, pura y simplemente, de justi-
Fcaciones que se dan a sí mismos unos
hombres para explotar a otros. Ni el in-
dio, ni el negro dejan de ser hombres
porque tengan un color de piel distin-
to de la piel de su explotador. Dejan de
serlo porque con el pretexto de la piel, co-
mo podría serlo cualquier otro, se cosiF-
ca a estos hombres y se les instrumenta.
El hombre no puede ser instrumento de
otro hombre, pero sí lo es el indígena
o el negro, sí se hace del color de su piel
el índice de su infrahumanidad. Una in-
frahumanidad que no podrá jamás ascen-
der a la humanidad, como no podrá dejar de
ser indio o negro.
.. Es el resultado de la
conquista mediante la cual el conquis-
tador se apropió de la tierra y del hom-
bre que la trabajaba, convirtiéndolos en
instrumentos de su propio bienestar.
.. El
explotador siempre encontrara razones
morales para mantener la explotación y
la educación será inútil si no se ofrecen
al indígena las oportunidades de realizar
lo que ha aprendido.
.. El indígena ha de
incorporarse, por su propio esfuerzo, to-
mando conciencia de su innegable huma-
nidad, a una tarea que ha de ser común
a todos los hombres de esta América. No
más la dependencia frente a quienes su-
puestamente otorga o concede liberta-
des. Éstas han de ser alcanzadas por cada
hombre concreto, debe ser objeto de su
no menos concreta responsabilidad.
27
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En suma, el concepto de “raza”
en Mariátegui, parece ser, en tér-
minos de Quijano, una categoría
que se reFere simultáneamente
tanto a las características bioló-
gicas, como al proceso histórico
civilizatorio de un grupo huma-
no. De esta manera, puede hablar
de la “raza blanca” y de las “razas
indígenas”. En la primera de esas
dimensiones del concepto, no ad-
mite la idea de inferioridad/supe-
rioridad racial. En la segunda, sí.
Por lo tanto, la idea central del
pensamiento de Mariátegui acerca
de la cuestión racial es que “raza”
sería una categoría básicamente
bidimensional. Es decir, analiza
al mismo tiempo las característi-
cas físicas y el estado de desarro-
llo civilizatorio.
28
Sin embargo, no
hay que olvidar que, Fel a su ma-
terialismo
histórico,
Mariátegui
analiza la cuestión de las razas
diferenciando, siempre, las par-
ticularidades concretas de la rea-
lidad social y étnica de América
Latina: “El problema de las razas
—aFrmaba— no es común a to-
dos los países de la América Lati-
na ni presenta en todos los que lo
sufren las mismas proporciones y
caracteres. En algunos países
latinoamericanos tienen una lo-
calización regional y no influyen
apreciablemente en el proceso so-
cial y económico. Pero en países
como el Perú y Bolivia, y algo me-
nos el Ecuador, donde la mayor
parte de la población es indíge-
na, la reivindicación del indio es
la reivindicación popular y social
25
José Carlos Mariátegui,
Textos básicos,
México, ±ondo de Cultura Económica, 1995
.
p. 217.
26
Ibid
. p. 211.
27
L. Zea,
El pensamiento
op. cit,
p. 458.
28
A. Quijano,
op. cit
., p. 16.
117
dominante. En estos países el fac-
tor raza se complica con el factor
clase en forma que una política
revolucionaria no puede dejar de
tener en cuenta.”
29
Por último, el problema de la
cuestión nacional en la obra de
Mariátegui constituye la piedra
angular, la esencia y la preocupa-
ción central del pensamiento del
gran pensador peruano.
La cuestión nacional en Améri-
ca Latina.
De manera general, para analizar el
problema de la cuestión nacional,
Mariátegui lo hace desde la pers-
pectiva marxista, toda vez que la
nación para el marxismo constituye
una categoría de análisis histórico
y, por tanto, ligada al proceso de
desarrollo del capitalismo tráte-
se de Europa o de América Latina.
Su formación se vinculó de mane-
ra estrecha con los procesos que
dieron Fn al régimen feudal y per-
mitieron el ascenso de la burgue-
sía al poder hasta conformar los
llamados Estados nacionales. Así,
de manera particular y de acuerdo
con Emigdio Aquino, Mariátegui
estableció su punto de vista “so-
bre la cuestión nacional en las tres
líneas de investigación planteadas
por Marx, a saber: la nación está
ligada al desarrollo y triunfo de la
burguesía sobre el feudalismo; la ca-
se feudal terrateniente de los países
coloniales, como Irlanda, no re-
presenta los intereses nacionales
y, por último, la lucha nacional
sólo la pueden desarrollar y llevar
a feliz término el proletariado, el
campesinado y la pequeña bur-
guesía. ±inalmente, en relación
con el análisis de Marx sobre las
posibilidades de desarrollo de la
comuna rural rusa, Mariátegui es-
tableció, para resolver el proble-
ma nacional, la incorporación de
la tradición campesina peruana
para crear un orden nuevo, supe-
rior al capitalismo.”
30
De manera concreta, el punto
de partida de Mariátegui sobre la
cuestión nacional —el problema
nacional en el Perú y en América
Latina— se encuentra plasmado y
desarrollado en el capítulo “Regio-
nalismo y Centralismo” de su ya ci-
tada obra
Siete Ensayos de Inter-
pretación de la Realidad
Peruana
.
Mariátegui reconoce y advier-
te:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El Perú, según la geografía física, se di-
vide en tres regiones: la costa, la sierra
y la montaña. (En el Perú lo único que
se halla bien deFnido es la naturaleza).
..
La dualidad de la historia y del alma pe-
ruana, en nuestra época, se precisa como
un conflicto entre la forma histórica que
se elabora en la costa y el sentimiento
indígena que sobrevive en la sierra hon-
damente enraizado en la naturaleza.
.. La
raza y la lengua indígena, desalojadas de
la costa por la gente y la lengua españolas,
aparecen hurañamente refugiadas en la
sierra. Y por consiguiente en la sierra se
conciertan todos los factores de una re-
gionalidad si no de una nacionalidad.
..
-
Sin embargo
-... La unidad peruana está
por hacerse; y no se presenta como un
problema de articulación y conveniencia,
dentro de los conFnes de un Estado úni-
co, de varios antiguos pequeños estados
o ciudades libres. En el Perú el problema
de la unidad es mucho más hondo, por-
que no hay aquí que resolver una plura-
lidad de tradiciones locales o regionales
sino una dualidad de raza, de lengua y
de sentimiento, nacida de la invasión
y conquista del Perú autóctono por una
raza extranjera que no ha conseguido
fusionarse
con la raza indígena ni elimi-
narla ni absorberla.
31
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Si bien es cierto que, a lo largo
de la historia latinoamericana del
siglo XIX, en las rivalidades y an-
tagonismos entre conservadores y
liberales se encuentran las raíces
del debate, la controversia y la
disputa en torno a la cuestión na-
cional (bajo la forma de oposición
entre la capital y las provincias, o
bien entre federalistas y centralis-
tas, o entre caudillos y caciques
regionales y locales contra el po-
der local y el poder central) éstas
carecían de contenido y sentido,
toda vez que el tema del indio era
adjetivo, marginal, episódico y
folklórico en sociedades donde la
inmensa mayoría de la población
de los países de América Latina,
todavía era indígena. En este sen-
tido, el pensamiento mariateguiano
respecto de la cuestión nacional
o —como el gran pensador perua-
29
J. C. Mariátegui,
Textos básicos
,
op. cit
.,
p. 218
.
30
Emigdio Aquino,
José Carlos Mariátegui y el problema nacional
,
México, Unión de Universidades de América Latina, UDUAL, 1997, p. 83.
31
J. C. Mariátegui,
Siete ensayos de interpretación…. op. cit
., p. 223.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
118
no lo llamaba— el problema na-
cional, se caracteriza por tratar
de responder a la especifcidad de
la constitución de la nación pe-
ruana, entendida como búsqueda
de una identidad que signifcara
una proyección transFormadora que
afrma la necesidad de construir
Perú a partir de su incorporación
ya consumada al capitalismo in-
ternacional.
Sin embargo, dicha búsqueda no
será tampoco una Fuga hacia el
pasado, sino que, como señala
Oscar Terán, retornará “a las me-
diaciones que su propia tradición
nacional le oFrecía bajo la Forma de
un objeto popular: el problema
indígena. Por ello, la visión Ma-
riateguiana no se ubica en torno
a la pregunta de cómo obtener la
autodeterminación de un sector
nacional oprimido, ni del derecho
a la rebelión contra una potencia
colonial externa, sino a la de la
incorporación democrática de las
masas populares marginadas a un
proceso constitutivo de la nacio-
nalidad que debe necesariamente
Fusionarse con un proyecto socia-
lista. Esta Fusión de un marxis-
mo latinoamericano ubicado en
el paradigma anticientifcista de
racionalidad, por un lado, con la
tematización de la nación, por el
otro, abre así el espacio para un
planteamiento tal vez FructíFero
—cuando no sorprendente— de
la constitución del pensamiento
socialista en nuestro continente.”
32
Por ello, Mariátegui, al descu-
brir las vinculaciones e interac-
ciones entre la realidad peruana
y latinoamericana con el contexto
mundial, insiste en el reconoci-
miento y desarrollo de la Forma
nacional del marxismo. Mariátegui
asevera: “el marxismo debe aspi-
rar a lograr con la reivindicación
de la tradición nacional una rein-
tegración espiritual de la historia
y la patria peruana.”
33
En suma, mostró lúcidamen-
te los límites y obstáculos de la
construcción nacional peruana y
latinoamericana y propuso una
solución radicalmente diFerente de
las ensayadas hasta entonces: un
socialismo Fundado en las pervi-
vencias del mundo indígena, que
era entonces el mayoritario más no
el dominante. El análisis de Ma-
riátegui sobre el problema nacio-
nal en el Perú y en América Latina
es una contribución original para
la solución histórica del proceso
de Formación nacional. Logró dar
una explicación brillante y cohe-
rente de las Fallas estructurales de
la nación peruana amén de imagi-
nar, conceptuar, ubicar y oFrecer
una solución, sobre todo, cuando
plantea que sin resolver el proble-
ma de la tierra no puede tener salida
el problema nacional; la solución
integral del problema nacional ra-
dica, entonces, en oponer al capi-
talismo el socialismo como siste-
ma antagónico. La actual política
de globalización con su sustento
neoliberal, desarma al pueblo y lo
deja sin perspectiva histórica.
34
En conclusión, Mariátegui lo-
gró tres aportaciones analíticas
Fundamentales para los estudios
pasados, presentes y Futuros so-
bre los movimientos y organiza-
ciones indígenas y campesinas
latinoamericanas. 1) El “proble-
ma indígena” se identifca con el
problema de la tenencia y apro-
piación de la tierra por parte de
la gran propiedad capitalista, pe-
ro éste no puede ser resuelto sin
la liquidación de los caciquismos
locales y regionales y de la ser-
vidumbre. 2) Las relaciones de
poder entre “blancos”, “indios”,
“mestizos” y “negros” no con-
sisten solamente en las relacio-
nes de explotación, ni se originan
en ellas, sino que implican tam-
bién Fenómenos de otro carácter
y de otro origen, como la idea
“raza”,
35
es decir, el problema de
la identidad como Factor de domi-
nación cultural. 3) El análisis de la
cuestión nacional en la obra maria-
teguiana contribuye, sustancialmen-
te, a la explicación y comprensión
de las ideas y estudios actuales
sobre la construcción democracia
y la revalorización de el Estado
nacional en América Latina.
32
Oscar Terán, “Mariátegui: decir la nación”, en
Nuestra América
,
año I, n° 2, mayo-agosto de 1980, México, Universidad Nacional Autónoma
de México, Centro Coordinador y DiFusor de Estudios Latinoamericanos, p. 43.
33
Ricardo Melgar Bao, “La Tercera Internacional y Mariátegui”, en
Nuestra América. op. cit
., p. 50.
34
E. Aquino,
op. cit
., p. 188.
35
A. Quijano,
op. cit
., p. 17.
119
Finalmente, podemos cerrar es-
te capítulo afrmando que el diag-
nóstico realizado por Mariátegui
sobre el problema y la cuestión
nacional no ha cambiado sustan-
tivamente en la esencia y la natu-
raleza de la prolongada e histórica
situación de atraso, explotación,
dependencia, crisis y pérdida de
identidad cultural que vivían —en
la época de Mariátegui— y vi-
ven los pueblos y las naciones de
América Latina. Por ello, la nece-
sidad de considerar las ideas ma-
riateguianas como ideas vigentes
para analizar los problemas bá-
sicos, ±undamentales, que deben
resolverse en las ±ormaciones na-
cionales latinoamericanas, resulta
una tarea urgente y necesaria.
Lo que reflexionaba y escri-
bía el gran pensador peruano ha-
ce poco más de setenta y cinco
años sobre la cuestión nacional,
ha trascendido como pensamiento
innovador. Lo ±undamental de es-
te logro consiste en que sus ideas,
sus análisis, sus críticas y sus pro-
puestas son las que han enrique-
cido nuevos y actuales estudios,
proyecciones y experiencias. Hoy
día, la cuestión nacional en Amé-
rica Latina tiene una inusitada y
sorprendente vigencia y las ideas
de José Carlos Mariátegui emergen
como ±uerza inductora de nuevas
propuestas para revitalizar y rein-
ventar los procesos nacionales de
la soberanía del Estado y los pro-
yectos de libre autodeterminación
e identidad nacional, que el contex-
to y la imposición de un discurso
mundial hegemónico, universalis-
ta, globalizador y postmoderno
han impedido y, a su vez, preten-
dido borrar de la memoria históri-
ca latinoamericana.
Así, en el inicio del siglo XXI,
la situación de las culturas indíge-
nas en América Latina sigue sien-
do uno de los grandes problemas
sin soluciones justas por parte de
los Estados nacionales, práctica-
mente, como lo hemos visto, des-
de la época de la conquista. La
marginación y pobreza extrema
de los pueblos indígenas es co-
mún a casi todas las sociedades
y pueblos latinoamericanos. Las
injusticias a que están someti-
dos, además de ser comunes a las
estructuras de explotación y do-
minación campesina en América
Latina, se agravan por el desco-
nocimiento y las violaciones a sus
derechos y personalidades étnicas
y a sus ±ormas culturales (costum-
bres, tradiciones, cultura autóctona,
lenguaje, leyes, modos de pro-
ducción, religión, y organización
social y productiva comunitaria).
Por esta razón, es imposible con-
cebir la construcción de proyectos
nacionales democráticos, sin con-
siderar y dar solución a la cues-
tión indígena de los países de
latinoamericanos. Mariátegui así
lo anticipó.
Cultura e identidad en América Latina:
la vigencia del pensamiento de José Carlos Mariátegui
Hasta hace poco tiempo era lugar
común explicar que la identidad cul-
tural se re±ería solamente al pasado,
que era un reflejo de la acumulación
de experiencias vividas por una co-
munidad o sociedad determinada. En
realidad, la cuestión de la identidad
cultural es un proceso histórico-so-
cial de una gran complejidad. La
identidad cultural no es, en e±ec-
to, simplemente la acumulación
de ideas, costumbres, tradiciones,
idiomas, ±ormas de comer y vestirse
que nos llegan de generaciones an-
teriores, sino que también es lo que
la cultura elige hacer con cosas en
un momento concreto de su histo-
ria social. Es un proceso dialéctico
que se da a sí misma. Es decir, cada
cultura está llamada a reflexionar,
a hacer un examen de su memoria
histórica e identifcar qué cualida-
des, experiencias, tradiciones y va-
lores son los más útiles y determi-
nantes para sí misma y cuáles son
sus posibilidades de trans±ormar y
construir nuevas alternativas al or-
den cultural cosmopolita como una
±orma de de±ensa y afrmación de lo
nacional.
En este sentido,
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El conflicto entre ‘nacionalismo’ y ‘cos-
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
120
mopolitismo’ es tal vez la polémica cul-
tural más constante y compleja del
continente latinoamericano. Acentuada
todavía más por el hecho de que los in-
telectuales y artistas de la región no han
cobrado mayor conciencia de su alteri-
dad en relación con los pueblos que los
colonizaron, emergiendo de ahí una im-
periosa necesidad de afrmar sus especi-
fcidades.
.. Gran parte de la producción
cultural y literaria del siglo XIX y de las
primeras décadas del XX se caracteriza
por la intensa búsqueda de una afrma-
ción nacional.
36
En eFecto, la cuestión de la
cultura, de lo nacional y la identi-
dad
latinoamericana, así como la
pervivencia de la cuestión indíge-
na, han sido una constante en la
reflexión del pensamiento social
y flosófco de América Latina. En
esta visión se desarrolla la con-
cepción
mariateguiana que ve en
lo indígena algo que pervive, casi
inmutable, y donde se encontraría
realmente la raíz cultural.
En un primer momento, al abor-
dar las cuestiones de la cultura y
la identidad desde una perspectiva
histórica, encuentra las raíces de la
identidad cultural latinoamericana en
el indigenismo, en la sociedad in-
caica. Mariátegui presenta y carac-
teriza a la sociedad incaica, como
una sociedad armónica —basada
en un comunismo indio— desde el
pueblo mismo hasta el Ayllu, que
Fue la elite de la aristocracia inca.
En
Siete ensayos de interpreta-
ción de la realidad peruana,
37
Ma-
riátegui afrma que:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Hasta la Conquista se desenvolvió en el
Perú una economía que brotaba espon-
tánea y libremente del suelo y la gente
peruanos. El Imperio de los Inkas, agru-
pación de comunas agrícolas y sedentarias,
lo más interesante era la economía. To-
dos los testimonios históricos coinciden
en la aserción de que el pueblo inkai-
co —laborioso, disciplinado, panteísta y
sencillo— vivía con bienestar material.
Las subsistencias abundaban; la población
crecía. El imperio ignoró radicalmente el
problema de Malthus. La organización
colectivista, regida por los Inkas, había
enervado en los indios el impulso indi-
vidual; pero había desarrollado extraor-
dinariamente en ellos, en provecho de este
régimen económico, el hábito de una
humilde y religiosa obediencia a su de-
ber social. Los Inkas sacaban toda la uti-
lidad social posible de esta virtud de su
pueblo, valorizaban el vasto territorio
del Imperio construyendo caminos, ca-
nales, etc., lo extendían sometiendo a
su autoridad tribus vecinas: el trabajo
colectivo, el esFuerzo común, se empleaba
Fructuosamente en fnes sociales.
38
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Sin embargo, la conquista espa-
ñola no sólo destruyó el complejo
sistema social y de producción de
Perú y de América Latina en general
sino que, de acuerdo con Mariáte-
gui, supuso también un cataclis-
mo que rompió y desarticuló a la
identidad y a la cultura latinoa-
mericana sin que éstas Fueran rem-
plazadas, articuladas o respetadas
como Formas de vida y existencia.
Mariátegui, al respecto, señala:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Los conquistadores españoles destru-
yeron, sin poder naturalmente reem-
plazarla, esta Formidable maquina de
producción. La sociedad indígena, la
economía incaica, se descompusieron y
anonadaron completamente al golpe de
la Conquista. Rotos los vínculos de su
unidad, la nación se disolvió en comu-
nidades dispersas. El trabajo indígena
cesó de Funcionar de un modo solida-
rio y orgánico. Los conquistadores no
se ocuparon casi sino de distribuirse y
disputarse el pingüe botín de guerra.
Despojaron los templos y los palacios
de los tesoros que guardaban; se repar-
tieron las tierras y los hombres, sin pre-
guntarse siquiera por su porvenir como
Fuerza y medios de producción.
39
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Durante el llamado Orden o
Pacto Colonial Virreinal la situa-
ción se agravó, pues el imperio es-
pañol superpuso y desarrolló una
economía con rasgos Feudales. El
Gran Amauta
40
peruano dice:
36
Jorge Schwartz,
Las vanguardias latinoamericanas
, México, ±ondo de Cultura Económica, 2002, p. 531.
37
En la historia del pensamiento crítico social latinoamericano, este trabajo constituye el primer intento de interpretación global, estructural y
causal de la Formación e identidad nacional en América Latina. Su concepción de la realidad nacional sigue vigente como modelo teórico y metodo-
lógico de análisis, de aquí que se convirtiera en una obra de consulta obligada para todos aquellos interesados en la realidad latinoamericana.
38
J. C. Mariátegui,
Siete ensayos.
.. op. cit
., p. 17.
39
Ibid.
p. 18.
40
Del quechua
hamawt’a
(sabio, maestro). Es también el nombre de la revista que, en 1926, Fundara Mariátegui. En ella publicarían, en un marco
de pluralismo ideológico digno de admirarse, las más sobresalientes plumas peruanas de su tiempo. N.E.
121
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El Virreinato señala el comienzo del difí-
cil y complejo proceso de formación de
una nueva economía. En este periodo,
España se esforzó por dar una organiza-
ción política y económica a su inmensa
colonia. Los españoles empezaron a cul-
tivar el suelo y a explotar las minas de
oro y plata. Sobre las ruinas y los resi-
duos de una economía socialista echaron
las bases de una economía feudal.
41
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Este proceso depredatorio se
extendió y continuó hasta la época
de la formación de los Estados na-
cionales y las repúblicas indepen-
dientes. Por ello, el gran problema
que aqueja a Perú y a Latinoamé-
rica hasta el día de hoy es funda-
mentalmente económico, pero con
consecuencias devastadoras para
la identidad y la cultura, lo que ha
impedido la integración del indíge-
na a la estructura social, económi-
ca y política de nuestras sociedades
subdesarrolladas y dependientes de
la globalización imperial del mer-
cado mundial. Mariátegui concluye:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La historia, afortunadamente, resuelve
todas las dudas y desvanece todos los
equívocos. La Conquista fue un hecho
político. Interrumpió bruscamente el pro-
ceso autónomo de la nación quechua,
pero no implicó una repentina sustitu-
ción de las leyes y costumbres de los na-
tivos por la de los conquistadores. Sin
embargo, ese hecho político abrió en to-
dos los órdenes de cosas, así espiritua-
les como materiales, un nuevo periodo.
El cambio de régimen bastó para mudar
desde sus cimientos la vida del pueblo
quechua. La Independencia fue otro he-
cho político. Tampoco correspondió a
una radical transformación de la estruc-
tura económica y social del Perú; pero
inauguró, no obstante, otro periodo de
nuestra historia, y si no mejoró prácti-
camente la condición del indígena, por
no haber tocado casi la infraestructura
económica colonial, cambió su situa-
ción jurídica, y franqueó el camino de su
emancipación política y social.”
42
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Este camino de liberación es,
de acuerdo con Mariátegui y su
concepción de la realidad concre-
ta, el nacionalismo revolucionario.
En efecto, el término nacionalis-
mo, tan vinculado en Mariátegui
a la idea de peruanidad, adquiere
un signiFcado más que simbólico
o estético, político; se convierte en
una palabra clave para compren-
der el signiFcado de un fenómeno
cultural, de enorme trascendencia
de la historia de América Latina:
la identidad.
En México, por ejemplo, la no-
vela de la Revolución mexicana, el
Muralismo y su vanguardia artísti-
ca, la novela telúrica, de la tierra o
regionalista, el ensayo, la poesía
y la literatura dirigida a la bús-
queda de la identidad cultural y
nacional, son algunas de las ex-
presiones culturales que durante
las décadas de los años veinte y
treinta del siglo XX, aspiraron a
deFnir, deslindar y aFrmar en to-
da América Latina el ser nacional
y el concepto de nacionalismo. El
pensador de Moquehua, de mane-
ra singular y brillante, era ejemplo
de esta actitud latinoamericana:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Uno de los fenómenos más interesan-
tes, uno de los movimientos más extensos
de esta época es, precisamente, este na-
cionalismo revolucionario, este patriotis-
mo revolucionario. La idea de la nación
—lo ha dicho un internacionalista— es
en ciertos períodos históricos la encar-
nación del espíritu de libertad. En el Oc-
cidente europeo, donde la vemos más
envejecida, ha sido, en su origen y en
su desarrollo, una idea revolucionaria.
Ahora tiene este valor en todos los pue-
blos que, explotados por algún imperia-
lismo extranjero, luchan por su libertad
nacional. En el Perú los que representan
e interpretan la peruanidad son quienes,
concibiéndola como una aFrmación y no
como una negación, trabajan por dar de
nuevo a la patria a los que, conquistados
y sometidos por los españoles, la perdie-
ron hace cuatro siglos y no la han recu-
perado todavía.
43
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La nueva generación quiere se idealista.
Pero, sobre todo, quiere ser realista. Está
muy distante, por tanto, de un naciona-
lismo declamatorio y retórico: siente y
piensa que no basta hablar de peruani-
dad. Que hay que empezar por estudiar
y deFnir la realidad peruana. Y que hay
que buscar la realidad profunda, no la
41
J. C. Mariátegui,
Siete ensayos.
.. op. cit.
, p. 18.
42
Ibid.,
p. 43.
43
J. C. Mariátegui,
Obras. Tomo II.
op. cit
., p. 307.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
122
realidad superfcial. Este es el único na-
cionalismo que cuenta con su consenso.
El otro nacionalismo no es sino uno de
los más viejos disFraces del más descali-
fcado conservantismo [sic.].
44
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Ahora bien, en un segundo mo-
mento y desde una reflexión cog-
noscitiva y una visión
flosófca
general, el pensamiento de Ma-
riátegui en relación con la exis-
tencia de la identidad y la cultura
latinoamericana, se presenta y se
ubica como un proceso dialéctico
y un problema complejo.
Mariátegui se pregunta y se
responde:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
¿Existe un pensamiento característica-
mente hispano-americano? Me parece
evidente la existencia de un pensamien-
to Francés, de un pensamiento alemán,
etc., en la cultura de
Occidente. No me
parece igualmente evidente, en el mismo
sentido, la existencia de un pensamiento
hispano-americano. Todos los pensado-
res de nuestra América se han educado
en una escuela europea. No se siente en
su obra el espíritu de la raza. La produc-
ción intelectual del continente carece de
rasgos propios. No tiene contornos origi-
nales. El pensamiento hispano-americano
no es generalmente sino una rapsodia
compuesta con motivos y elementos del
pensamiento europeo. Para comprobar-
lo basta revisar la obra de los más altos
representantes de la inteligencia indo-íbe-
ra. El espíritu hispano-americano está en
elaboración. El continente, la raza, están
en Formación también.”
45
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Al mismo tiempo, Mariátegui
critica aquellas teorías o análisis
que ven en la identidad de América
Latina un origen de latinidad itá-
lico-europea. Aquí, el teórico mar-
xista es contundente: “lo primero
que conviene esclarecer y precisar
es que no somos latinos ni tene-
mos ningún eFectivo parentesco con
Roma.
.. Nuestros orígenes históri-
cos no están en el Imperio. No nos
pertenece la herencia del César;
nos pertenece más bien la heren-
cia de Espartaco.”
46
Puede observarse, entonces, que
el Fundador de la ±ederación Obre-
ra Regional Peruana no cuestiona
ni impugna la latinidad germina-
tiva y afrmativa, sino critica la
latinidad aristocrática y hegemó-
nica y se inclina por una cultura
de la resistencia.
En este mismo sentido, el so-
cialista andino sostiene una in-
teresante
polémica
con
José
Vasconcelos sobre el origen y la
composición racial de “la raza
cósmica”
47
y reFuta, de manera
clara, el universalismo abstracto
y el autoctonismo nominal-regio-
nalista, el logocentrismo latino-
americano y el occidentrismo del
mexicano.
En eFecto, al analizar los con-
ceptos raciales vasconcelistas, Ma-
riátegui critica el carácter utópico
del oaxaqueño y las implicaciones
que éste acarrea. Mariátegui se-
ñala en su obra cumbre:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El porvenir de la América Latina depende,
según la mayoría de los pronósticos
de ahora, de la suerte del mestizaje. Al
pesimismo hostil de los sociólogos de
la tendencia de Le Bon sobre el mesti-
zo, ha sucedido un optimismo mesiánico
que pone en el mestizo la esperanza del
Continente. El trópico y el mestizo son,
en la vehemente proFecía de Vasconce-
los, la escena y el protagonista de una
nueva civilización. Pero la tesis de Vas-
concelos que esboza una utopía, —en la
acepción positiva y flosófca de esta pa-
labra— en la misma medida en que aspira
a predecir el porvenir, suprime e ignora
el presente. Nada es más extraño a su es-
peculación y a su intento que la crítica
de la realidad contemporánea en la cual
busca, exclusivamente, los elementos Fa-
vorables de su proFecía. El mestizaje que
Vasconcelos exalta no es precisamente la
44
Ibid.
, p. 295.
45
J. C. Mariátegui.
Textos básicos… op. cit
., p. 366.
46
Miguel Rojas Gómez,
Mariátegui, la contemporaneidad y América Latina,
Bogotá, Santa Clara (Cuba), Universidad de INCCA de Colombia, Uni-
versidad Central “Marta Abreu” de las Villas, 1994, p. 81.
47
Como es sabido, el flósoFo, político, ideólogo y escritor mexicano José Vasconcelos (1882-1959) propone, en su clásica obra,
La raza cósmica
,
la existencia de una cultura y una identidad latinoamericana distintiva amalgamada en el proceso de interrelación —“mezcla”— del genoma
indígena y español. Este mestizaje constituiría el primer estadio de una suerte de Fórmula racial que engendraría lo que el flósoFo mexicano
denominó “la quinta raza”, composición que incluye todas las razas del mundo. Esta constitución étnica la describe José Vasconcelos como una
Fase superior del desarrollo humano, lo que pone a América Latina en una especial coyuntura histórica en tanto protagonista de un proyecto
humano de trascendencia universal.
123
mezcla de las razas española, indígena y
africana, operada ya en el continente, si-
no la fusión y refusión acrisoladoras, de
las cuales nacerá, después de un trabajo
secular, la raza cósmica. El mestizo ac-
tual, concreto, no es para Vasconcelos
el tipo de una nueva raza, de una nueva
cultura, sino apenas su promesa. La es-
peculación del Flósofo, del utopista, no
conoce límites de tiempo ni de espacio.
Los siglos no cuentan en su construcción
ideal más que como momentos. La labor
del crítico, del historiógrafo, del políti-
co, es de otra índole. Tiene que atenerse
a los resultados inmediatos y contentar-
se con perspectivas próximas. El mestizo
real de la historia, no el ideal de la pro-
fecía, constituye el objeto de su inves-
tigación o el factor de su plan. En el Perú,
por la impronta diferente del medio y por
la combinación múltiple de las razas en-
trecruzadas, el término mestizo no tiene
siempre la misma signiFcación. El mes-
tizaje es un fenómeno que ha producido
una variedad compleja, en vez de resol-
ver una dualidad, la del español y el in-
dio.
48
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En otro de sus ensayos, Mariá-
tegui se reFere a Vasconcelos en
los siguientes términos:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La fe de América en su porvenir no ne-
cesita alimentarse de una artiFciosa y
retórica exageración de su presente. Está
bien que América sea predestinada a ser
el hogar de la futura civilización. Está bien
que diga: ‘Por mi raza hablará el espíri-
tu’. Esta bien que se considere elegida
para enseñar al mundo una verdad nue-
va. Pero no que se suponga en vísperas
de reemplazar a Europa ni que declare ya
fenecida y tramontada la hegemonía in-
telectual de la gente europea. La civili-
zación occidental se encuentra en crisis;
pero ningún indicio existe aún de que
resulte próxima a caer en deFnitivo co-
lapso.
49
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En suma, el abogado del sindi-
calismo y el proletariado peruanos
se pone a distancia y critica el ro-
manticismo mesiánico del Flósofo y
político mexicano al señalar:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Vasconcelos coloca su utopía demasiado
lejos de nosotros. A fuerza de sondear el
futuro, pierde el hábito de mirar el pre-
sente. Conocemos y admiramos su fór-
mula: ‘Pesimismo de realidad; optimismo
de ideal’. Pero preferimos sustituirla por
otra: Pesimismo de realidad; optimismo
de acción.
50
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En el borde de la complejidad
sobre la identidad y cultura lati-
noamericana, Mariátegui llega a
señalar que:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
...es absurdo y presuntuoso hablar de
una cultura propia y genuinamente ame-
ricana en germinación, en elaboración.
Lo único evidente es que esa literatu-
ra vigorosa refleja ya la mentalidad y el
humor hispanoamericano. Esta literatura
—poesía, novela, crítica, sociología, his-
toria, Flosofía— no vincula todavía a los
pueblos; pero vincula, aunque no sea si-
no parcial y débilmente, a las categorías
intelectuales.
51
- - - - - - - - • - - - - - - - -
AFrmaciones como estas han
llevado a pensar que Mariátegui
niega categóricamente la cultu-
ra y la identidad del hombre la-
tinoamericano. Sin embargo, de
acuerdo con Miguel Rojas Gómez:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
...hay que entender que cuando da su
voto contra el pasado o declara que la
cultura de la época no une a los pueblos
de la región está aFrmando la carencia de
la
identidad histórico horizontal
que
debía de revertirse en
acción recípro-
ca
creadora no sólo en el tiempo sino
esencialmente en el
espacio histórico-
geográfco
. Este tipo de identidad ha-
cia el pasado sólo aflora en momentos
históricos pero no abarca a los diferen-
tes estratos, sectores, grupos y clases
sociales y pueblos en una unidad cohe-
sionadora. Por eso aFrma que esta uni-
dad no une, y sigue siendo válido para
nuestros días.
52
- - - - - - - - • - - - - - - - -
No obstante, Mariátegui ratiF-
ca su gran voluntad política de ser
impulsor y constructor de la iden-
tidad cultural y social de América
Latina. Así, el fundador de la revis-
ta proletaria
Labor
, en uno de sus
ensayos más bellos y lúcidos, per-
cibe la integración de la identidad
y la cultura de manera concreta:
48
J. C. Mariátegui,
Siete ensayos.
..
op. cit
., p. 361.
49
J. C. Mariátegui,
“¿Existe un pensamiento hispanoamericano?”, en
Textos
básicos,
op. cit
., p. 365.
50
M. Rojas Gómez,
op. cit
., p. 74.
51
J. C. Mariátegui,
Obras, Tomo II… op. cit
., p. 250.
52
M. Rojas Gómez,
op. cit
., p. 83.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
124
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Los pueblos de la América española se
mueven en una misma dirección. La soli-
daridad de sus destinos históricos no es
una ilusión de la literatura americanista.
Estos pueblos, realmente, nos sólo son
hermanos en la retórica sino también en
la historia. Proceden de una misma ma-
triz única.
.. su unidad no es una utopía,
no es una abstracción. Los hombres que
hacen la historia hispano-americana no
son diversos.
..De una comarca a otra de
la América española a otra comarca va-
rían las cosas, varía el paisaje pero no
varía el hombre. Y el sujeto de la historia
es, ante todo el hombre. La economía, la
política, la religión, son formas de la rea-
lidad humana. Su historia es, en esencia,
la historia del hombre.
.. Nuestro tiempo,
Fnalmente, ha creado una comunicación
más viva y más extensa: la que ha es-
tablecido entre las juventudes hispano-
americanas la emoción revolucionaria. Más
bien espiritual que intelectual, esta co-
municación recuerda la que concertó a la
generación de la independencia. Ahora
como entonces, la emoción revoluciona-
ria da unidad a la América indo-españo-
la.
.. Los brindis pacatos de la diplomacia
no unirán a estos pueblos. Los unirán en
el porvenir, los votos históricos de las
muchedumbres.
53
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En la obra mariateguiana se en-
cuentran, también, algunas claves
para no sólo pensar en el origen
de nuestra identidad sino, ma-
yor aún, qué queremos hacer con
nuestra identidad. En el último de
los
Siete
ensayos
,
“El proceso de la
literatura”, en el capítulo XVII,
“Las corrientes de hoy. El indige-
nismo”, además de ser un texto
clásico de crítica literaria, con-
tiene importantes señalamientos
sobre los procesos de interacción
étnica y de los caminos de la for-
mación de la nacionalidad perua-
na. Mariátegui aFrmaba en 1928
que ésta no existía, toda vez que
se encontraba en proceso de for-
mación y, por tanto, no se había
alcanzado un grado elemental y/o
básico de fusión de los elementos
raciales y étnicos que convivían y
conformaban la población perua-
na. Analiza, con juicios radicales,
los factores étnicos existentes en
el Perú: el criollo, el chino, el ne-
gro y el indio.
Mariátegui argumenta:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El criollo no está netamente deFnido.
Hasta ahora la palabra ‘criollo’ no es casi
más que un término que nos sirve para
designar genéricamente una pluralidad,
muy matizada, de mestizos. Nuestro crio-
llo carece del carácter que encontramos,
por ejemplo, en el criollo argentino. El
argentino es identiFcable fácilmente en
cualquier parte del mundo: el peruano,
no. Esta confrontación, es precisamente
la que nos evidencia que existe ya una
nacionalidad argentina, mientras que no
existe todavía, con peculiares rasgos,
una nacionalidad peruana.
.. el criollis-
mo, no ha constituido una aFrmación
de autonomía.
.. El criollo peruano no ha
acabado aún de emanciparse espiritual-
mente de España. Su europeización —a
través de la cual debe encontrar, por
reacción, su personalidad— no se ha
cumplido sino en parte. Una vez europei-
zado, el criollo de hoy difícilmente deja
de darse cuenta del Perú. Es él precisa-
mente el que, reconociéndose a sí mismo
como español bastardeado, siente que el
indio debe ser el cimiento de la nacio-
nalidad.
54
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Con respecto del chino y del
negro:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
...ninguno de estos dos elementos ha
aportado aún a la formación de la na-
cionalidad valores culturales ni energías
progresivas.
.. El chino parece haber ino-
culado en su descendencia, el fatalismo,
la apatía, las taras del Oriente decrépi-
to.
.. El aporte del negro, venido como
esclavo, casi como mercadería, aparece
más nulo y negativo aún. El negro trajo
su sensualidad, su superstición, su pri-
mitivismo. No estaba en condiciones de
contribuir a la creación de una cultura,
sino más bien de estorbarla con el crudo
y viviente influjo de su barbarie.
55
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La visión radical de Mariátegui
sobre los chinos y los negros no
debe ser entendida como un rasgo de
prejuicios racistas o juicios que
llamen a escándalo, por el contra-
rio, la situación de ellos la explica
y la examina exclusivamente a par-
tir y desde las condiciones histó-
ricas-concretas que determinaron
53
J. C. Mariátegui,
Obras, Tomo II.
.. op. cit.,
p
.
250.
54
J. C. Mariátegui,
Siete ensayos.
.. op. cit
., p. 353.
55
Ibid
., p. 363.
125
la llegada de ambos grupos socia-
les al Perú. Ni más ni menos. Es
decir, son etnias traídas para ser
insertadas a un proceso producti-
vo en el contexto de una sociedad
colonial dependiente marcada, en
el caso del Perú, por el predomi-
nio de relaciones feudales y que
acusan la falta de dinamismo y la
obediencia espiritual. Solo enton-
ces, lo indígena puede ser la base
de la constitución de lo peruano.
Y ello no meramente por su abru-
madora mayoría poblacional sino,
sobre todo, porque culturalmente
no se vinculó a la formación del
pacto colonial y no fue marca-
da por él. Los juicios de Mariáte-
gui, por tanto, no buscan otro Fn
que el de reivindicar al indígena
peruano como actor central en la
construcción de la nación.
Mariátegui apunta:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El indio, en su medio nativo, mientras la
emigración no lo desarraiga ni deforma,
no tiene que envidiar al mestizo. Es evi-
dente que no está incorporado aún en
esta civilización expansiva, dinámica,
que aspira a la universalidad. Pero no ha
roto su pasado. Su proceso histórico está
detenido, paralizado, más no ha perdi-
do, por esto, su individualidad. El indio
tiene una existencia social que conserva
sus costumbres, su sentimiento de vida,
su actitud ante el universo.
.. El indio si-
gue viviendo su antigua vida rural. Guar-
da hasta hoy su traje, sus costumbres,
sus industrias típicas. Bajo el más duro
feudalismo, los rasgos de la agrupación
social indígena no han llegado a extin-
guirse. La sociedad indígena puede mos-
trarse más o menos primitiva o retardada;
pero es un tipo orgánico de sociedad y
de cultura.”
56
... el indio debe ser el ci-
miento de la nacionalidad.
57
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En suma, la cuestión nacional
en Mariátegui, vinculada con un
desafío al orden de dominación —
postcolonial— aparece desdobla-
da, de acuerdo con Hugo Zemel-
man, en dos planos: como realidad
estructural —política— y como
valor —cultural de identidad.
58
Nuestro análisis sobre la iden-
tidad y cultura latinoamericana
en la obra de Mariátegui no es-
taría completo, si no abordamos,
en una visión general, un ángulo
poco tratado e investigado hasta
hoy día, en torno a estas impor-
tantes cuestiones que deFnen y
aFrman la existencia, el ser y la
vida latinoamericana: la vincula-
ción e interacción entre la econo-
mía y la identidad.
En efecto, a diferencia de otros
análisis que niegan categórica-
mente cualquier relación o víncu-
lo de la identidad y la cultura con
la cuestión económica en América
Latina, Mariátegui aFrma
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Por muy escaso crédito que se conceda a
la concepción materialista de la historia,
no se puede desconocer que las relacio-
nes económicas son el principal agente
de la comunicación y articulación de los
pueblos.
.. La historia moderna lo enseña
a cada paso.
59
... Sobre todo, la civili-
zación capitalista ha internacionalizado
la vida de la humanidad, ha creado en-
tre todos los pueblos lazos materiales.
..
El progreso hace que los intereses, las
ideas, las costumbres, los regímenes de
los pueblos se uniFquen.
60
... Los ensa-
yos de interpretación de la historia de la
República que duermen en los anaqueles
de nuestras bibliotecas coinciden, gene-
ralmente, en su desdén o su ignorancia
de la trama económica de toda políti-
ca.
... Nada resulta más evidente que la
imposibilidad de entender, sin el auxi-
lio de la Economía, los fenómenos que
dominan el proceso de formación de la
nación peruana.
.. explica sus raíces.
... El
hecho económico encierra, igualmente, la
clave de todas las fases de la historia de
la república.
.. No es posible compren-
der la realidad peruana sin buscar y sin
mirar el hecho económico.
.. el problema
fundamental del Perú, que es el indio y
la tierra, es ante todo un problema de la
economía peruana. La actual economía,
la actual sociedad peruana tiene el pe-
cado original de la conquista. El pecado
de haber nacido y haberse formado sin el
indio y contra el indio.
61
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Sin embargo, el gran valor y
aportación teórica y metodológi-
ca del análisis de Mariátegui sobre
las formas de articulación y rela-
56
Ibid
., p. 366.
57
Ibid
., p. 353.
58
Hugo Zemelman,
De la historia a la política. La experiencia de América Latina
. México, Siglo Veintiuno Editores, 1989, p. 136.
59
J. C. Mariátegui,
Obras. Tomo II.
op. cit., p. 248.
60
J. C. Mariátegui,
Obras. Tomo I.
Casa de las Américas, La Habana Cuba, 1982, p. 228.
61
J. C. Mariátegui,
Obras. Tomo II.
op. cit
., pp. 296-299.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
126
ción que se establecen entre el
capitalismo internacional y Amé-
rica Latina, reside en descubrir
que éstas fueron signadas por un
hecho cultural y social que mar-
ca, históricamente, el proceso de
la identidad latinoamericana: el
subdesarrollo y la dependencia.
En efecto, el creador del diario
La Razón
identiFca y denuncia la
existencia de una dependencia
histórica —estructural y econó-
mica— en la formación de Amé-
rica Latina. Así, dice:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Un país políticamente independiente pue-
de ser económicamente colonial. Estos
países sudamericanos, por ejemplo, polí-
ticamente independientes, son económi-
camente coloniales. Nuestros hacendados,
nuestros mineros, son vasallos, son tri-
butarios de los trusts capitalistas euro-
peos.
62
... El desarrollo —de la industria,
la agricultura y la hacienda— aparece
íntegramente subordinado a la coloniza-
ción económica de los países de Améri-
ca Latina por el capitalismo occidental.
...
La producción del algodón —por ejem-
plo
no está regida por ningún criterio
de economía nacional. Se produce para
el mercado mundial sin un control que
prevea en el interés de esta economía,
las posibles bajas de los precios derivados
de periodos de crisis industrial o super-
producción algodonera.
... El obstáculo
a una solución, se encuentra en la es-
tructura misma de la economía peruana.
La economía del Perú, es una economía
colonial: su movimiento, su desarrollo,
están subordinados a los intereses y a
las necesidades de los mercados de Lon-
dres y de Nueva York. Estos mercados
miran en el Perú un depósito de materias
primas y una plaza para sus manufac-
turas. [En última instancia] nuestros
latifundistas,
nuestros
terratenientes,
cualesquiera que sean las ilusiones que
se hagan de su independencia, no actúan
en realidad sino como intermediarios o
agentes del capitalismo extranjero.
63
[En
suma], la dependencia de la economía
peruana se deja sentir en toda la vida de
la nación.
64
- - - - - - - - • - - - - - - - -
De esta manera, la visión de
Mariátegui sobre la vinculación
de la economía y la identidad po-
see un doble valor analítico. Por
un lado, anticipa el estudio del
fenómeno de
la dependencia es-
tructural
de los países periféricos
subdesarrollados—
respecto de
los centros industriales hegemó-
nicos del capitalismo internacional:
el imperialismo. Cuestión que se
retoma en los años sesenta y se-
tenta del siglo XX con la aporta-
ción de los importantes análisis
de la Comisión Económica para
la América Latina (CEPAL) y con
una de las mayores contribucio-
nes y construcciones teóricas y
metodológicas de los estudios en
ciencias sociales de América La-
tina: la Teoría de la Dependencia
y el Subdesarrollo. Y, por el otro,
la balcanización, la atomización
y la dependencia económica de
América Latina, son analizadas y
denuncias por Matiátegui porque
constituyen y signiFcan un aten-
tado a la identidad y la cultura de
las sociedades latinoamericanas
que vieron, drásticamente, modi-
Fcada, alterada y sellada sus for-
mas de vida y existencia por este
proceso histórico internacional.
Dos importantes y destacados
pensadores marxistas latinoame-
ricanos sintetizan e interpretan,
lúcida y contemporáneamente, la
visión mariateguiana del origen
de la dependencia estructural lati-
noamericana: Agustín Cueva y Ruy
Mauro Marini. El ecuatoriano dice:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Si con algún movimiento fundamental
de la historia ha de relacionarse la co-
lonización de América Latina, es con la
acumulación originaria en escala mun-
dial, entendida como un proceso que a
la par que implica la acumulación sin
precedentes en uno de los polos del sis-
tema, supone necesariamente la desacu-
mulación, también sin precedentes, en
el otro extremo. Por lo tanto, y condi-
ción de no tomar la concentración escla-
vista o feudal de tierras en América por
un proceso de acumulación originaria lo-
cal, es evidente que el movimiento me-
tropolitano de transición al capitalismo
frenó, en lugar de impulsar, el desarrollo
de este modo de producción en las áreas
coloniales.
65
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Por esta razón, el brasileño
concluye:
62
J. C. Mariátegui,
Obras. Tomo I. op. cit
., p. 275.
63
J. C. Mariátegui,
Textos Básicos, op. cit
., pp. 87-104.
64
M. Rojas Gómez,
op. cit
., p. 88.
65
Agustín Cueva,
El desarrollo del capitalismo en América Latina.
México, Siglo Veintiuno Editores, 1977, p. 13.
127
- - - - - - - - • - - - - - - - -
...la historia del subdesarrollo latino-
americano es la historia del desarrollo
del sistema capitalista mundial. Su es-
tudio es indispensable para quien desee
comprender la situación a la que enfren-
ta actualmente este sistema y las pers-
pectivas que se le abren.
66
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Ahora bien, una de las perspec-
tivas (quizás la única) para recu-
perar el espacio y el lugar de la
identidad y la cultura marcada por
la condición de dependencia, es
planteada por Mariátegui de ma-
nera clara y directa: eliminar esa
condición mediante formas, vías y
caminos que lleven al socialismo.
Es decir, Mariátegui asume que el
verdadero desarrollo nacional inde-
pendiente, democrático, diverso e
igualitario latinoamericano, sólo es
posible cancelando las estructuras de
dependencia capitalista como una
condición
sine que non
para reaFr-
mar la latinoamericanidad que se
traduce y expresa, siempre, en for-
ma de valores, costumbres, tradi-
ciones y pautas de vida que dan la
característica a la identidad y cul-
tura en América Latina. Hoy día,
en el inicio del siglo XXI, este pro-
blema —la eliminación de la de-
pendencia estructural del mercado
internacional globalizado— se re-
conoce categóricamente como una
necesidad vital para el desarrollo y
pervivencia de América Latina.
Por último, en el plano lite-
rario visto como factor de iden-
tidad, Mariátegui va a cuestionar
y a rechazar aquel indigenismo o
nativismo formal y tradicional que
ve al indio como tipo y motivo
pintoresco o como tema costum-
brista y folklórico. Este enfoque tu-
vo sentido en un momento concreto
e histórico, como reacción natural
contra la supeditación cultural del
impacto colonial, constituyendo
el primer paso en el largo camino
de la aFrmación y autonomía cul-
tural, pero solo como primer paso.
En este sentido, el indigenismo
genuino y verdadero no signiFca la
resurrección perenne de lo indíge-
na sino, ante todo, su reivindica-
ción inmediata. Mariátegui explica
que:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Lo que busca la genuina corriente indi-
genista en el indio, no solo es el tipo
o el motivo.
.. Los ‘indigenistas’ auténti-
cos –que no deben ser confundidos con los
que explotan temas indígenas por mero
‘exotismo’– colaboran, conscientemente
o no, en una obra política y económi-
ca de reivindicación, no de restauración
ni resurrección.
.. A medida que se le es-
tudia, se averigua que la corriente indi-
genista no depende de simples factores
literarios sino de complejos factores so-
ciales y económicos
67
... Y mientras la li-
quidación de los residuos de feudalismo
colonial se imponen como una condición
elemental de progreso, la reivindica-
ción del indio, y por ende de su historia,
nos viene insertada en el programa de
una Revolución.
68
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Para la conquista de esta reivin-
dicación indígena revolucionaria y
la de unidad política de las comu-
nidades indígenas, Pablo González
Casanova nos dice que Mariátegui
proponía un programa detallado de
acción a corto y largo plazo, váli-
do hoy en lo esencial: “a más de
la organización del indio como
trabajador y de su vinculación a
las organizaciones de los trabaja-
dores, proponía Mariátegui ‘la co-
ordinación de las comunidades por
regiones’, ‘la defensa de la propie-
dad comunitaria’, ‘la realización de
actividades políticas y culturales en
las comunidades que liguen a éstas
con sindicatos y organizaciones
urbanas’. Y pensaba que todo ello
podría conducir incluso a ‘la auto-
nomía política de la raza indíge-
na’, y a la ‘ligazón de los indios de
diferentes países, siempre que és-
ta se haga ‘en estrecha alianza con
el proletariado mestizo y blanco
contra el régimen feudal y capi-
talista.
’ ”
69
En conclusión, y desde una
perspectiva de totalidad, las re-
flexiones mariateguianas sobre la
cuestión de la literatura, la cultura,
la identidad y la cuestión indíge-
na como problema nacional lati-
noamericano, podemos establecer
66
Ruy Mauro Marini,
Subdesarrollo y revolución
, México. Siglo Veintiuno Editores Editores, 1974, p. 3.
67
J. C. Mariátegui,
Siete ensayos.
..
op. cit
., p. 353.
68
Ibid
., p. 356.
69
Pablo González Casanova, “Indios y negros en América Latina”, en Leopoldo Zea,
Fuentes de la cultura latinoamericana. Vol. III
,
México, ±ondo
de Cultura Económica, 1993, p. 531.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
128
lo siguiente: Mariátegui no trata
de idealizar el pasado, su preocu-
pación fundamental radica en la
importancia de la herencia desde
un punto de vista de un presen-
te en el que el sistema económi-
co y político imperante margina a
un sector —el indígena— mayo-
ritario de la población peruana y
latinoamericana. Desde esta pers-
pectiva, lo más importante, valio-
so y original es que pone juntos el
análisis del sistema económico en
que se inserta la población indíge-
na y el tema de la identidad étnica
y cultural de América Latina. Sin
embargo, aquí su gran contribu-
ción es que su discurso de iden-
tidad, se centra en la noción de
liberación social, entendida ésta
en términos amplios, pues inclu-
ye aspectos culturales, políticos
y económicos. La liberación so-
cial en este contexto se entien-
de como la necesidad de cambiar
la estructura social de opresión y
cuestionar el paradigma cultural
dominante y hegemónico con el
propósito de liberar a las comuni-
dades indígenas de su condición
social subalterna.
En síntesis, la identidad se ins-
cribe y se concibe en Mariátegui
como un componente necesario y
fundamental del concepto de li-
beración pues está ligada de ma-
nera íntima al enfrentamiento con
el poder dominante con el objeti-
vo de demandar reconocimiento y
participación en la sociedad civil.
El proceso de identiFcación social,
cultural o étnica implica delinear
los límites, según Enrique Luen-
go, “entre el Yo el Otro, creando
puntos de contacto entre el origen
de un colectivo y su inserción en
un conjunto que lo absorbe y re-
lega a un rol subalterno. En este
contexto, Mariátegui entiende la
identidad como práctica que tiene
como objetivo identiFcar los ras-
gos peculiares de una comunidad
—la indígena—
y ponderar los va-
lores asociados con una cierta he-
rencia u origen que ponen en con-
tacto a un grupo de individuos con
su pasado —
cultural
-
histórico.
70
Resumiendo: 1) La cultura e
identidad latinoamericanas no son
cosas o valores dados, sino com-
plejos procesos condicionados his-
tórica y socialmente. 2) Resulta
imprescindible analizar y explicar
la intencionalidad subyacente en la
esencia de los fenómenos cultu-
rales, pues en ellos y su función-
acción es donde se encuentra la
interpretación de la totalidad de ca-
da nación, de cada sociedad, de
cada pueblo, de cada etnia y gru-
po indígena. 3) Cuando Mariáte-
gui advierte que una de las bases
fundamentales de la revolución
social es la cultura, los elementos
de universalidad y transformación
revolucionaria se encuentra, jus-
tamente, en la identidad cultural
de cada sociedad latinoamerica-
na. Ser cultos para ser libres.
70
Enrique Luengo, “La otredad indígena en los discursos sobre la identidad latinoamericana.”, en
ANALES
(Género, Poder y Etnicidad), nueva
época. n° 1, 1998, Instituto Iberoamericano, Universidad de Göterborg, p. 7.
Consideraciones fnales
Si bien es cierto que la Fnalidad
última e histórica del pensamien-
to crítico social latinoamericano
es la de producir interpretacio-
nes y análisis concretos de si-
tuaciones concretas con miras a
una transformación social radical,
más democrática, más igualita-
ria, más humana y sin exclusión
y de respeto a la diversidad de
las identidades y las culturas de
nuestra América Latina, ese pro-
pósito y Fn ha sido cumplido, de
manera egregia, por José Carlos
Mariátegui.
129
Por todo ello y por la univer-
salidad de sus ideas, las contri-
buciones del pensamiento crítico
social del peruano al pensamien-
to social latinoamericano e inter-
nacional se destacan por llevar a
cabo el estudio teórico, metodo-
lógico, político y social de un am-
plio conjunto de problemas que se
ubican no sólo en tema concreto
del socialismo y el carácter de la
revolución sino, sobre todo, que
aportan con una visión histórica,
científca y rigurosa de los procesos
de cambio social y su signifcado en
cada una de las especifcidades y
particularidades nacionales de las
sociedades latinoamericanas.
He aquí la primera y más im-
portante aportación del marxismo
de Mariátegui a las ciencias socia-
les latinoamericanas: conocer, in-
terpretar y transFormar la realidad
social desde dentro de ella misma.
Por esta razón, la densidad inte-
lectual y la magnitud creativa del
pensamiento social mariateguia-
no es original, toda vez que cons-
tituye un ejemplo de conjunción
dialéctica entre lo particular de la
cuestión nacional y lo global de
la realidad internacional con un
sentido crítico, desmitifcador y
una concepción dinámica y tota-
lizante del movimiento continuo
de la historia social de nuestras
naciones y pueblos de América
Latina.
Pero, sobre todo, hoy existe
un proceso de globalización de la
producción y el mercado acompa-
ñado por la imposición global de
un discurso y una cultura bélica
imperial que se cree la mejor y la
única y que ha incidido, de mane-
ra signifcativa, en la pérdida de la
identidad cultural de las socieda-
des pobres e indígenas de América
Latina y ha disminuido a la soberanía
y el papel del Estado latinoamerica-
no. El pensamiento mariateguiano
resulta, entonces, un instrumen-
to teórico y político indispensable
para enFrentar los derroteros y la
incertidumbre internacional que
ha producido el establecimiento
del nuevo orden imperial norte-
americano en el inicio del conflic-
tivo siglo XXI. En realidad, toda
la obra de José Carlos Mariátegui
es una preocupación y meditación
constante sobre estos problemas y
temas; sus contribuciones analíti-
cas y reflexiones flosófcas sobre
América Latina y el mundo, cons-
tituyen un aporte extraordinario
en el proceso de interpretación y
Formación del pensamiento crítico
social original y propio de la rea-
lidad social latinoamericana. Por
todo lo anterior, Mariátegui es
considerado, hoy día, uno de los
mayores intelectuales latinoame-
ricanos del siglo XX y uno de los
Fundadores de la moderna teoría
social latinoamericana y guía vi-
gente para el marxismo del siglo
XXI en las relaciones internacio-
nales en general y en América La-
tina en particular.
En suma, las concepciones e
ideas de Mariátegui sobre la na-
ción y el socialismo indo-america-
no, el carácter de la revolución en
América Latina, el problema de la
tenencia y apropiación de la tie-
rra, la cuestión indígena, la cues-
tión de la raza y el etnicismo, la
cultura y la identidad latinoameri-
cana, la tradición y el mito, ele-
mentos todos indispensables para
la construcción de una teoría de la
nación, son considerados actual-
mente con una sensibilidad y una
perspectiva nueva que ayuda, por
un lado, a entender el pasado y a
impulsar las acciones, los proyec-
tos y las tareas histórico-sociales
no concluidas de la historia del
presente y el Futuro latinoame-
ricano y, por el otro, a compren-
der el nuevo pensamiento social de
los movimientos indígenas y or-
ganizaciones de la sociedad ci-
vil latinoamericanas que están
orientando e impulsando toda su
lucha de resistencia y autodeFen-
sa anti-sistémica a construir una
nueva alternativa política, cultu-
ral y social a la globalización de
las identidades del capitalismo
mundial de nuevo siglo y, sobre
todo, crear nuevas Formas de ha-
cer y pensar una nueva sociedad
latinoamericana más democráti-
ca, más igualitaria y de respeto a
su autonomía, identidad, cultura
y soberanía.
Entregado el 20 de junio del 2006
Aceptado el 16 de octubre del 2006
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
130
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