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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
135
A propósito de Sor Juana
Intervención, a nombre de las galardonadas, en ocasión de la
entrega del Reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz
Pensar a Sor Juana hoy, es reflexio-
nar sobre una condición colectiva,
la de género, sus constreñimientos
y la posibilidad de rebasarlos a tra-
vés de la construcción de la subje-
tividad; es entender el desafío de
la Otredad, es decir, el asumirse
como sujeto enunciador de sí mis-
mo frente a un Nosotros tentado
históricamente a enunciar y deF-
nir; es, en Fn, el reclamo de iden-
tidad y libertad en el conocimiento,
en la reflexión, en la poesía.
La mujer ha sido históricamen-
te la alteridad radical; una de las
formas que adopta la exclusión
mediante la cual toda cultura pue-
de expresar y organizar simbóli-
camente las categorías límite que
perFlan y constituyen al sujeto y a
la sociedad. A la Otra, subordina-
da, se le asignan cualidades infe-
riores, derivadas de una naturaleza
distinta y atributos biológicos que
le impedirían desempeñar ciertos
roles y la conducirían a funciones
y espacios cercados. Así se han
construido los binomios que re-
miten uno a otro y refuerzan la
exclusión: hombre-mujer; cultura-
natura; razón-pasión; público-pri-
vado.
1
Y la Otra, así como los Otros
excluidos, desafía esa condena de
verse a sí misma a través de una
mirada ajena, condición subya-
cente de las mayorías marginadas
o de las minorías perseguidas.
Sor Juana, entonces, representa
la demanda del derecho de ser y
no ser; de deFnir el ser y el querer
ser. Ella se construye con la rebel-
día del intelecto, la imaginación
poética y la interpretación teo-
lógica; se hace, además, en los
enclaustrados espacios de su cir-
cunstancia histórica caracterizada
por la intolerancia de la Contra-
rreforma y la mirada siempre vigi-
lante y censora de la Inquisición.
No hay lugar para la Otra desde
una avasallante corriente de pen-
samiento y literatura antifeminis-
ta; tampoco hay lugar para el Otro,
para la Otredad ajena a los desig-
nios de un Tribunal de la Santa
±e que condena a no ser; al ideal
de la pureza del pensamiento y de
creencias no le fue ajena la obse-
sión por la pureza de sangre.
Sor Juana se forja a contra-
corriente de la concepción de
la mujer que privaba entonces. La
ciudad letrada era masculina,
católica y blanca; estrecha e in-
tolerante.
Judit Bokser Liwerant
Porque el mal uso [de los conocimientos] no es culpa del arte, sino del mal profesor que los vicia,
haciendo de ellos lazos del demonio; y esto en todas las facultades y ciencias sucede
Sor Juana, “Respuesta a Sor ±ilotea de la Cruz”
1
Vid.
Estela Serret, “Mujeres y hombres en el imaginario social. La impronta del género en las identidades” en Ileana García Gossio (coord.),
Mujeres y sociedad en el México contemporáneo. Nombrar lo innombrable,
México, Tecnológico de Monterrey, Cámara de Diputados, Miguel Ángel
Porrúa, 2004.
Documentos
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
136
Registremos en boca de Fray
Luis de León
2
tal concepción:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Porque cosa de tan poco ser como
es esto que llamamos mujer, nun-
ca ni emprende ni alcanza cosa de
valor ni de ser, si no es porque
la inclina y la despierta a ello, y la
alienta, alguna fuerza de increíble
virtud que, o el cielo ha puesto en
su alma, o algún don de Dios sin-
gular…
3
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Mas, como quiera que sea, es jus-
to que se precien de callar todas,
así aquellas a quien les convie-
ne encubrir su poco saber, como
aquellas que pueden sin vergüen-
za descubrir lo que saben; porque
en todas es, no sólo condición
agradable, sino virtud debida, el
silencio y el hablar poco.
..
4
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Porque, así como la naturaleza,
como dijimos y diremos, hizo a las
mujeres para que encerradas guar-
dasen la casa, así las obligó a que
cerrasen la boca… así como a la
mujer buena y honesta la naturale-
za no la hizo para el estudio de las
ciencias ni para los negocios de di-
Fcultades, sino para un solo oFcio
simple y doméstico, así les limitó
el entender, y por consiguiente, les
tasó las palabras y las razones.
5
- - - - - - - - • - - - - - - - -
O en el verso de Juan de Za-
baleta:
6
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Juntemos, pues, ahora las propie-
dades de la poesía con los defec-
tos y propensiones de una mujer y
veremos lo que resulta. Miedo me
da pensarlo. En la poesía no hay
sustancia, en el entendimiento de
una mujer tampoco: muy buena
junta harán entendimiento de mu-
jer y poesía. La necesidad de las
proporciones obliga a poner en
la poesía muchas palabras o im-
propias o forzadas o sobradas. La
mujer, por su naturaleza, no sabe
poner nada en su lugar…
- - - - - - - - • - - - - - - - -
De suerte que la mujer que es poe-
ta jamás hace nada, porque deja
de hacer lo que tiene obligación, y
lo que hace, que son versos, no es
nada. Habla más de lo que había
de hablar, y con más defectos y su-
perfluidades. Añade otra locura a
su locura.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La mujer poeta es el animal más
imperfecto y más aborrecible de
cuantos
forman
la
naturaleza,
porque no hay animal de tantas
tachas que no sea bueno para al-
go, sola ella no es buena para co-
sa desta vida… si me fuera licito,
la quemara yo viva. Al que celebra
a una mujer por poeta, Dios se la
dé por mujer, para que conozca lo
que celebra.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Todos hemos leído estos textos;
ilustran el poder recreador de la
simbólica que elabora y constitu-
ye la exclusión: representaciones,
estereotipos y estigmas sociocul-
turales. De allí, entonces, que la
fgura de Sor Juana represente lo
negado que clama por ser: y cuan-
do
El sueño todo, en Fn, lo poseía:
cuando
el silencio lo ocupaba
, y
Aun el ladrón dormía:
y
el aman-
te no se desvelaba:
7
despertó ella
afrmando que el derecho de saber
es, intrínsecamente, el derecho de
ser. Entre uno y otro erigió espa-
cios de cordura y dignidad. Pero
±ue la suya una a±renta a la iló-
gica tribal de la discriminación y
en consecuencia ±ue condenada al
ostracismo intelectual.
El proyecto intelectual de Sor
Juana se articula alrededor de
conceptos que tienden a describir
“la naturaleza múltiple, cambian-
te y relativa del conocimiento hu-
mano que controvierte los asertos
categóricos, autoritarios, preten-
didamente absolutos del dogma
ofcial; la relación crítica contes-
tataria entre los conocimientos ±e-
meninos, producto del ingenio y
de la ±antasía interior y la verdad
institucional, pública y masculina.”
8
2
Fray Luis de León,
La perfecta casada
, estudio preliminar, selección y notas de Mercedes Etreros, Madrid, Taurus, 1987 (1583).
3
Ibid
., cap. II.
4
Ibid
., cap. X.
5
Ibid.
, cap. XVI.
6
Juan de Zabaleta,
Errores celebrados
, edición, introducción y notas de David Hershberg, Madrid, Espasa Calpe, 1972 (1653).
7
“Primero sueño”.
8
Verónica Grossi, “De la festa pública al claustro silencioso : alegorías de conocimiento en Sor Juana Inés de la Cruz”, en
Bulletin of Spanish
Studies,
vol. LXXX, n° 6, 2003.
137
Me conmueve pensar que su
obra da cuenta de que en cier-
tos tiempos, espacios y circuns-
tancias, la poesía puede decir co-
sas que la (sin)razón calla. Y si
es cierto aquello de que “El des-
cubrimiento de una verdad lleva
siempre consigo una emoción po-
tencialmente poética”
9
, entonces
Sor Juana venció a aquellos que,
neciamente, osaron juntar diablo,
carne y mundo
10
, e, impasible, les
inquirió:
En perseguirme, Mundo,
¿qué interesas? ¿En qué te ofendo
cuando sólo intento poner bellezas
en mi entendimiento y no mi en-
tendimiento en las bellezas? Yo no
estimo tesoros ni riquezas; y así
siempre me causa más contento
poner riquezas en mi pensamien-
to que no mi pensamiento en las
riquezas
.
11
Frente a la Inquisición, Sor Juana
estuvo, a decir de Margo Glantz, al
flo de la navaja. Esa misma Inqui-
sición que en lugar de hacer de la
Nueva España el espacio vital de
los necesitados de re±ugio, gestó
las condiciones que dieron a luz lo
opuesto: una literatura semiclan-
destina, según Marcel Bataillon, la
literatura de los perseguidos.
El legado de intolerancia y au-
toritarismo ±ue heredado por el
México independiente. Por ello,
el Otro devino un re±erente para
la construcción de la nación to-
lerante y de la libertad de credo;
el llamado de Francisco Zarco en el
siglo XIX, denunciando la perse-
cución del Otro que ±ue quemado
en la hoguera, se inscribe en esa
lógica:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La unidad religiosa establecida con
el rigor de la ley, es una inequi-
dad…
La inquisición vigila, espía, roba,
conFsca, asesina, quema a los
hombres vivos para salvar la uni-
dad religiosa…
La noble y generosa España debió
su atraso, su ruina y su decaden-
cia a la intolerancia religiosa. La
expulsión de los judíos y de los
moriscos, a su inhumanidad y bar-
barie, añadió la circunstancia de
ser el más grande error económi-
co, de perder grandes tesoros de
civilización, y todo esto, señores,
se hacía para salvar la unidad re-
ligiosa.
12
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Para el pensamiento liberal clá-
sico, el Otro pensado era espacial
y temporalmente semejante, más
no el Prójimo. La Otra, por su par-
te, siguió siendo invisible. Así,
es posible leer la historia nacional
como un permanente debate entre
la ilusión de la homogeneidad bus-
cada y la diversidad
de facto
; en-
tre hombres hacedores de gestas y
mujeres diluidas en el acaso.
Esa inquisitorial negación de la
Otredad ±ue por ello también pen-
sada desde el siglo XX por Martin
Buber y Emmanuel Levinas, dos
flóso±os que por provenir de la
experiencia y conciencia históri-
ca de la hoguera, de esa Alteridad
igualmente radical, tal como cali-
fcó Jorge Semprún a la condición
judía, insisten, ±rente a la intole-
rancia, en el carácter constitutivo
del Otro para nosotros mismos.
13
Martin Buber en la ±ormulación del
binomio yo-tú, en la no cosifca-
ción del tú. Emmanuel Levinas, al
pensar al Otro-Sujeto como Próji-
mo al que no se puede olvidar: la
libertad de ver a Dios en el rostro
del prójimo. En la ética heteró-
noma de la responsabilidad busca
ampliar los espacios de la liber-
tad.
La cuestión no es sólo identi-
taria sino también normativa: im-
plica el ordenamiento de la vida
social. Tal vez aquí radica una de
las más complejas trans±ormacio-
nes históricas de la dinámica de
9
Georgina Sabat de Rivers,
“El ‘Sueño’ de Sor Juana Inés de la Cruz : tradiciones literarias y originalidad”, Parte II, en http://www.cervantesvir-
tual.com/servlet/SirveObras/jines/12031638717823728987213/index.htm)
10
“Redondillas”.
11
“En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?”.
12
Intervención de Francisco Zarco en los debates del Constituyente del 29 de julio de 1856, en Francisco Zarco,
Historia del Congreso Extraordi-
nario Constituyente (1856-1857),
México, El Colegio de México, 1956, p. 809.
13
“En realidad el problema radical que el ser judío nos plantea —a todos nosotros, a los hombres genéricamente hablando, tanto a los que
no somos judíos como a los que lo son— es el problema del Otro. El problema de la alteridad. El judío es, en e±ecto, el Otro por defnición y
antonomasia, al menos en el universo cultural de lo que viene llamándose Occidente”, Jorge Semprún, “Prólogo”, en León Poliakov,
Historia del
antisemitismo. La Europa suicida 1870-1933
, Barcelona, Muchnik Editores, 1981.
Documentos
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
138
la exclusión. Hoy se ha quebran-
tado la certeza sobre el carácter
natural de la inferioridad a través
de la cual se ha legitimado la sub-
ordinación social; hoy está cues-
tionada la convicción de que la
única forma de interactuar con
la Otredad sea por medio de su
anulación o sometimiento.
Los cambios que han experi-
mentado la vida privada y la vida
pública, las relaciones interperso-
nales y familiares, las identidades,
la vida comunitaria, la participa-
ción ciudadana, la justicia y la
política repercuten todos ellos,
de un modo radical, en la con-
dición de la mujer. Sin embargo,
hoy permanecen la simbólica y las
estructuras de la exclusión. En los
territorios contemporáneos con-
viven formas y logros distintos de
una misma lucha por la interac-
ción entre las alteridades. El saldo
es ambivalente.
Por una parte, la sociedad se
sigue debatiendo de frente a la dis-
criminación. Así, la Encuesta Na-
cional sobre la Discriminación ha
arrojado resultados signiFcativos
sobre el tema.
14
La primera impre-
sión que deja este documento es
que no existe, en apariencia, un
trato
discriminatorio
hacia
las
mujeres. Es más, que las percep-
ciones y el imaginario colectivo
parecen transcurrir hacia su supe-
ración. Sin embargo, una lectura
más detenida permite descubrir,
aquí y allá, que las actitudes y
prácticas descaliFcadoras perma-
necen: uno de cada cinco mexi-
canos considera que a las mujeres
se les debe prohibir más cosas
que a los hombres; mientras casi
el 40% considera que las mujeres
que quieren trabajar deben hacer-
lo en tareas propias de su sexo.
Desde luego, la percepción de las
mujeres es contundente: 9 de ca-
da 10 opina que existe discrimi-
nación por su condición.
La sociedad mexicana exhibe
logros. Es indiscutible. Pero per-
siste un territorio social complejo.
La discriminación es un fenómeno
social disperso e invisible y a la vez
agudo y excluyente. El espacio so-
cial está inscrito a la vez en las es-
tructuras espaciales. La lejanía que
se puede establecer frente a los
Otros no implica solamente una
modiFcación en el espacio físico si-
no una alteración social. El deseo de
distanciarse del Otro expresa nú-
cleos de intolerancia: 36.2% de los
mexicanos no permitirían que en
su casa vivieran personas de dis-
tinta religión; 48.4% no estaría
dispuesto a vivir cerca de homo-
sexuales; 42.1% no estaría dis-
puesto a vivir cerca de extranjeros;
y un 38.3% con personas de ideas
políticas distintas a las suyas. A
su vez, 40% de los mexicanos está
dispuesto a organizarse con otras
personas para solicitar que no per-
mitan a un grupo de indígenas es-
tablecerse cerca de su comunidad,
lo que nos lleva a una reflexión de
la profundidad del distanciamiento
material y simbólico.
Si el convento fue para Sor
Juana un espacio de refugio tam-
bién lo fue de condena, tal y co-
mo puede ser hoy el hogar para
la mujer: para una de cada cuatro
mujeres el mayor sufrimiento se
da precisamente dentro del hogar,
donde perviven y se reproducen
la violencia familiar y la violen-
cia social. Ello se concatena con
la asignación de papeles distintos
dentro del hogar y con la diferen-
cia de oportunidades.
Hay otro territorio sobre el que
Sor Juana nos llama a reflexionar
hoy: la universidad. El campo del
conocimiento y de la expresión de
las ideas no es el espacio refugio;
es la zona abierta, es el ámbito
del escrutinio, de la exposición.
Una república de las letras que se
ha ampliado frente a la ciudad le-
trada del pasado. En ella habitan
y cohabitan las diversidades: dis-
ciplinarias, teóricas, ideológicas,
humanas y sociales.
En ella hay diferencia y des-
igualdad. Hemos apostado a la
permanencia de la diferencia con
la convicción de que hay que com-
batir la desigualdad. Vaya nuestro
reconocimiento, señor Rector, al
mensaje que una ceremonia de es-
ta naturaleza conlleva y a la cabal
incorporación de la perspectiva
de género en nuestra institución
a través de mecanismos y herra-
mientas diversas: la reforma a la
14
Primera Encuesta Nacional sobre Discriminación en México
, México, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y Secretaría de Desarrollo
Social, 2005.
139
legislación y la apertura a los bie-
nes de nuestra universidad ten-
dientes a desmontar y eliminar las
inequidades. La radiografía sobre
la presencia de mujeres y hombres
en la Universidad Nacional Autó-
noma de México recientemente
publicada da cuenta de los pro-
gresos así como de los desafíos.
La participación global de las
mujeres en la academia ha ido en
franco aumento. El 40.7 % de la
población académica es hoy feme-
nina. Sin embargo, esta tenden-
cia no se mantiene al analizar de
manera desagregada su inserción
ya que la presencia de las mujeres
se acrecienta en los nombramien-
tos de menor jerarquía y dismi-
nuye en los nombramientos de
mayor reconocimiento y es dife-
rencial por áreas de conocimiento
—es decir, los tradicionales espa-
cios femeninos y masculinos— y
en relación con el nivel en el que
se da el ejercicio de la docencia.
15
Una mirada a la población estu-
diantil envía un mensaje de aliento
al futuro y un recordatorio so-
bre la importancia de las políticas
equitativas: el incremento de la
presencia de la mujer es constan-
te; en la población de posgrado es
de 47.2% en las maestrías (supe-
rior a la media); en las especia-
lidades, 45.2% y en el doctorado
44.4%. Persisten diferenciaciones
por área de acuerdo al código sim-
bólico y material de lo femenino y
lo masculino.
Frente a la voluntad de ser, así
llamó Gabriela Mistral a las mujer
latinoamericana, “una voluntad de
ser”, destaca entonces “la volun-
tad de dejarla ser” en nuestra casa
de estudio. La universidad se asu-
me como generadora de cambios
en la ecología educativa, cultural
y social.
La condición de género es rela-
cional, interactiva aunque asimé-
trica. Compartimos entonces agen-
das especí±cas y colectivas que
buscan hoy una convivencia de
equidad y una cultura que abrace
la pluralidad como valor y como
pauta de conducta.
Creo no equivocarme si, a nom-
bre de mis colegas galardonadas y
del mío propio, reitero que pen-
sar a Sor Juana hoy es reflexionar
sobre una condición colectiva y, a
la vez, sobre el potencial implícito
de la subjetividad; es pensar cómo
conciliar lo individual y lo colec-
tivo; es asumir la capacidad de
reconocer la historicidad de las
prácticas de convivencia y apos-
tar a intervenir sobre ellas.
La escritura fue para Sor Juana
la libertad de desa±ar los estre-
chos márgenes de su condición.
Hoy los potenciales del género se
abren a nuevas maneras de resig-
ni±carlos. Permítanme concluir re-
gresando a la permanencia de la
impronta de Sor Juana quien en su
lenguaje nos recuerda que: “
el sa-
ber consiste sólo en elegir lo más
sano
…”
16
No hay cosa más libre
que el entendimiento humano y si
el mismo
Dios no violenta
[valor
tan claro] ¿
por qué habrías tú de
violentarlo?
17
¿Que es un atentado
el conocer?, bienvenida la conde-
na pues. Si es delito, ya lo digo;
si es culpa, ya lo confeso, mas no
puedo arrepentirme por más que
hacerlo pretendo…
18
El saber, en-
tonces, llama a diferenciar lo ma-
lo, exaltar lo honrado, defender lo
humano.
15
Ana Bouquet Corleto
et al,
Presencia de mujeres y hombres en la UNAM: una radiograFía,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2006.
16
“Finjamos que soy feliz”.
17
“Estos versos lector mío”.
18
“Expresa los efectos del amor divino”.
Documentos
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