Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
143
“Subalternos, mando y utopía en historias del presente”
Reseña del libro de Adolfo Gilly,
Historia a contrapelo. Una constelación
,
México, Editorial Era, 2006, 155 pp.
Francisco Javier Gómez Carpinteiro
En estos momentos la melancolía
del posmodernismo cancela, bajo
la premisa del ±n de la historia,
sueños utópicos en nombre de la
existencia de un “otro” fragmen-
tado y reinventado políticamente
por el peso de formaciones discur-
sivas que lo de±nen, por ejemplo,
como refugiado, nómada o terrorista.
Sin embargo, el “otro” como encar-
nación de alguien no sólo “cultu-
ralmente” distinto sino económica
y políticamente subordinado, dis-
ta mucho de ser una categoría
residual. La construcción de su
marginalidad es siempre especí±-
ca e histórica y en ella los otros
aparecen como sujetos de su pro-
pia historia.
Dentro de tal esquema analíti-
co que reconoce la existencia del
espacio que para su autoa±rma-
ción va abriendo el sujeto a tra-
vés de su experiencia histórica,
Adolfo Gilly interpreta el pensa-
miento de diversos autores que
han abonado su inteligencia a la
necesidad de imaginar mundos,
aunque difícilmente venideros, me-
jores y más justos. Gilly revisa
en este libro desde las ideas de
Walter Benjamin sobre el pasa-
do hasta las de Guillermo Bon±l
acerca de la existencia en México
de una civilización negada de ma-
triz mesoamericana, deteniéndo-
se, mediante la lectura también
de Karl Polanyi, Antonio Gramsci,
Edward Palmer Thompson y Ranajit
Guha, a analizar nociones referi-
das a valores, signi±cados, modos
de hacer política y formas de con-
ciencia entre grupos y clases sub-
alternas.
Tal “constelación” de autores,
como se re±ere Gilly a este agru-
pamiento vario pinto, se encuen-
tra estructurada por el concepto
de Benjamin de “historia a con-
trapelo”; a esos pensadores les
une una ética opuesta a lógicas
hegemónicas que han acompañado
la construcción de la modernidad.
Ante la amenaza del nazismo ale-
mán y el progreso apolítico que
representaba el advenimiento del
Tercer Reich, Benjamin delineó lo
que sería una invitación a producir
historias desde la memoria amarga
de la derrota como una fuente de
conocimiento y esperanza. Como
sostiene Gilly, la invitación que
formulaba
Benjamin
subrayaba
ver al pasado como un “principio
activo recibido por las generacio-
nes vivas, un principio que resiste
a la pérdida de signi±cado de la
vida humana” (46). Entonces, si
la historia ofrece la oportunidad
de buscar lo que da signi±cado al
presente, la labor del historiador
no debe contentarse en registrar
el flamante brillo de una historia
de barbarie y opresión, tiene que
“cepillar a contrapelo el pasado”
para reconocer en éste las me-
morias, cicatrices, huellas que se
han materializado en tradiciones
y modos de socialización.
Fundamentalmente bajo este
razonamiento, Gilly plantea desde
los dos primeros capítulos la com-
prensión del mundo globalizado y
la organización actual de pode-
res transnacionales. Contempla la
época presente como un tiempo
donde se ha exacerbado el despo-
jo universal por parte del capital
de aquellos recursos que dan sus-
tento a modos de vida y organi-
zación basados en la reciprocidad
y solidaridad. Ante el control de
fuerzas extraeconómicas
,
el mer-
cado ha subordinado más que
nunca la lógica del valor de uso
a la lógica del valor de cambio, lo
Reseñas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
144
que ha generado categorías tan-
to para incluir a los reproductores
de valor como para excluir de ella
a “parias, bárbaros, marginales,
excedente o desechables” (36).
Acerca de las consecuencias de
este mercado autorregulado, las
tesis de Polanyi son sumamente
importantes para Gilly. De hecho,
el capítulo II de su libro está bá-
sicamente estructurado por el ar-
gumento general del autor de
La
gran transformación
(1944) refe-
rido a que las características del
mercado tal como lo conocemos
ahora son impuestas por fuerzas
no económicas. De ese modo, el
mercado se erige hoy, a igual que
durante la revolución industrial,
como una poder destructivo de
principios y normatividades basa-
dos en la defensa de patrimonios
comunes para transformar todo
en mercancía “creando una nueva
clase de pobres, vagabundos des-
protegidos sin tierra, ni identidad
ni lazos sociales” (52).
Hay algo paradójico en la apro-
piación de estas ideas. Si bien Po-
lanyi fue un crítico acérrimo de
cualquier régimen totalitario, in-
cluida la tiranía del mercado, era
un fustigador férreo del marxismo
que consideraba una teoría guia-
da por visiones teleológicas. La
explicación del ascenso y la cri-
sis del libre mercado en el siglo
XIX —de algún modo la utopía
del propio progreso— por la im-
posición de sus lógicas de fuer-
zas extraeconómicas, representó
ver tierra, trabajo y dinero como
mercancías que revelaban que la
economía no era una esfera eco-
nómica de la sociedad, como pen-
saban tanto economistas liberales
como marxistas (ortodoxos).
1
So-
bre esta base, la revisión que hizo
Polanyi de trabajos de antropólo-
gos como B. Malinowsky sobre las
Islas Trobiand y otros lugares en
cuanto a la manera en que socie-
dades tradicionales se organizaba
no alrededor del mercado sino en
torno a relaciones de reciprocidad
y redistribución, se constituyó en
una línea de análisis que fue se-
guida por diversos antropólogos que
consideraban a las economías pri-
mitivas alejadas de las lógicas del
capitalismo. La cuestión, como
fue anticipada desde la década
de los sesenta, es que datos et-
nográFcos revelaron que socieda-
des basadas en la reciprocidad y
redistribución no formaban parte
de ninguna condición periférica,
2
como después lo aFrmaría con
mayor contundencia el antropó-
logo Eric R. Wolf en su obra más
conocida,
Europa y la gente sin
historia,
3
cuyo título daba cuen-
ta, irónicamente, de cómo suje-
tos antropológicos, los “otros” de
los países del norte del Atlántico,
eran en realidad parte de largas
historias de colonización, expan-
sión de imperios, formación de
Estados y construcción de merca-
dos.
Sin embargo, en los últimos
años, la obra de Polanyi ha apor-
tado argumentos tanto a círculos
académicos de críticos del libre
mercado como a activistas contra
éste que seguramente han sido
participantes en manifestaciones
como las de Seattle (1999) o Praga
(2000), donde se han opuesto a
instituciones de Fnanciamiento in-
ternacional.
4
Polanyi constituye
así una buena perspectiva analíti-
ca para explorar desde su visión ro-
mántica las consecuencias que el
capitalismo feroz tiene sobre mun-
dos organizados, al menos ideal-
mente, en lógicas económicas y
culturales opuestas a las raciona-
lidades de políticas económicas
neoliberales.
Pero más allá de estos precep-
tos, la lectura más interesante so-
bre la época actual que Gilly hace
desde el lente conceptual ofrecido
por Polanyi, repara en el incremen-
to de desigualdades y conflictos
abiertos y latentes por el control
de recursos naturales y por el au-
mento desproporcionado de la ga-
nancia. Los efectos más violentos
reFeren al empobrecimiento ma-
1
Marc Edelman y Angelique Haugerud, “Classical ±oundations and Debates. Introduction”, en Marc Edelman y Angelique Haugerud (eds.),
The
Anthropology of Development and Globalization. From Classical Political Economy to Contemporary Neoliberalism,
Malden, Ma., Oxford, y Carlton,
Victoria, Blackwell Publishing, 2005, p. 83.
2
Scott Cook, “The Obsolete ‘Anti-Market’ Mentality: A Critique of the Substantive Approach to Economic Anthropology”, en Edward E. LeClair, Jr.
y Harold K. Schneider (eds.),
Economic Anthropology. Readings in Theory and Analysis,
New York, Holt, Rinehart and Winston, Inc., 1968.
3
Eric R. Wolf,
Europa y la gente sin historia
, México, ±ondo de Cultura Económica, 1987 (Colección Historia).
4
M. Edelman y A. Haugerud,
op. cit.,
p. 84.
145
yúsculo de grandes conglomera-
dos humanos que parecerían estar
fuera de los ideales de desarrollo
de estos tiempos. Sin embargo,
aunque reconoce la condición de
marginalidad que pudiera produ-
cirse por el capitalismo tardío y
por consiguiente pudiera pensarse
estamos ante la creación de Fgu-
ras contemporáneas del
homo sa-
cer
, cuya vida desnuda ilustra la
condición de excepción,
5
Gilly ob-
serva en las cuestiones de margi-
nalidad generadas por el presente
un modo de abrir estos mismos
aspectos a la exploración de si-
tios y prácticas donde luchas y
experiencias diarias nos permiten
entender que en realidad los sub-
alternos no están fuera de ningún
lado, sino encaran, enfrentan y
modiFcan las formas de mando o
control social redeFniendo cons-
tantemente
las
fronteras
que
median entre ellos y los poderes
sociales.
Los contenidos de los capítu-
los III y IV abordan justamente las
posibilidades y alcances de las ac-
ciones de los subordinados. Cier-
tamente, hay optimismo en Gilly
al discutir la cuestión de la expe-
riencia social desde la revisión de
pensadores e historiadores de la
economía moral y del dominio au-
tónomo, o las “infrapolíticas” de
los débiles como diría James C.
Scott.
6
A propósito de la fuerza de
la costumbre y derechos consue-
tudinarios durante el siglo XVII
en Inglaterra, Thompson escri-
bió para explicar los procesos de
desmantelamiento de comunida-
des originarias en Inglaterra que
“en alguna parte de su vida los
<<pobres>> todavía se sentían
autónomos y en ese sentido <<li-
bres>>” (marcas en el original).
7
El
mote de pobres fue acuñado por una
élite dominante local en el contex-
to de los cercamientos, un proceso
de apropiación de tierras comuna-
les amparado por el parlamento que
posiblemente pretendía esconder
la vigorosidad política del campe-
sinado. En la conFguración de poder
surgidas por el control de recursos,
Thompson observaba el despliegue
de un conjunto de normas y prác-
ticas basadas en la costumbre que
expresaba conceptos alternativos
de posesión de las propiedades de
los pobres, los cuales se oponían
a los principios de libre mercado
que promovían los cercamientos.
Thompson puso acento en ob-
servar cómo en un escenario de
conflictos de clases, emociones,
alimentadas por sus tradiciones y
costumbres, construían un senti-
miento de comunidad y alimen-
taban una economía moral que
buscaba esos sentidos de justicia
y autonomías locales.
Para Gilly, tal enfoque resulta
valioso para ver en las experiencias
de la gente imágenes, símbolos
y valores construidos cultural e
históricamente. Esa cultura, cam-
biante y constituida en la historia,
despliega sus propios mecanismos
para librar formas de regulación
del mercado y desarrolla estrate-
gias, básicamente en la lucha coti-
diana de hombres y mujeres por la
existencia, “para aFrmar su propia
y adaptada persistencia”. En su-
ma, la economía moral, nos hace
ver Gilly, resulta un elemento cen-
tral para valorar las relaciones entre
subalternos y dominantes pero no
para reproducir la falsa antino-
mia entre economía tradicional y
economía capitalista. Invita a ir
más allá con el objeto de mirar
la constante redeFnición del man-
do por las prácticas y valores que
oponen los propios subordinados.
En estos tiempos de globalidad
neoliberal, la condición subalterna
parece inerte ante el poder sobe-
rano del Estado o fuerzas supraes-
tatales. Sin embargo, Gilly propone
que esta condición merece un en-
tendimiento diferente para mejo-
rar el registro y explicación de la
complejidad y contradicciones de
la política de los subalternos, así
como los efectos que ésta tiene
en la redeFnición de los mismos
órdenes de poder. Gilly hace una
revisión de criterios metodológi-
cos para estudiar la historia de los
grupos subalternos mediante no-
vedosas interpretaciones que se
han hecho del concepto de hege-
monía de Gramsci. En primer lu-
gar, Gilly repara en la importancia
que algunos otros autores —des-
de Raymond Williams a William
5
Giorgio Agamben,
Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida I,
Valencia, Pre-textos, 1998.
6
James C. Scott,
Domination and the Arts of Resistance. Hidden Transcripts,
New Haven, Yale University Press, 1990, pp.198-201.
7
E. P. Thompson, 2000,
Costumbres en común,
Barcelona, Crítica, 1995, p. 206.
Reseñas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
146
Roseberry— han dado a la no-
ción de hegemonía para entender
no sólo el consentimiento, sino la
lucha. De ese modo, la hegemonía
no refere a cómo un orden de po-
der es pacientemente vivido bajo
la suma de coerción y consenso.
Sobre todo, hegemonía revela la
creación de un marco discursivo
común donde símbolos, prácticas
y organizaciones que sirven para
el dominio son igualmente utili-
zadas por los subordinados para
experimentar, negociar y conFron-
tar poderes sociales.
Según Gilly, un buen ejemplo
de las maneras creativas en que
Fueron usadas las ideas de Gramsci
para el estudio de los subalter-
nos lo representa
Subaltern Stu-
dies
, un proyecto historiográfco
para entender la historia colonial
y poscolonial de la India desde la
visión de los campesinos y otros
grupos subordinados. Destaca el
papel de esta perspectiva para
reconocer la importancia de las ac-
ciones y conciencias de los subalter-
nos para constituirse como sujetos
ante una historia ofcial, tanto in-
glesa como nacionalista, que los
contemplaba como seres pasivos y
sin iniciativas políticas. En tér-
minos analíticos, Gilly subraya la
importancia del dominio autóno-
mo para reFerirse a las prácticas,
ideas, tradiciones y rituales que
ha constituido en tiempos largos
de la historia la conciencia cam-
pesina en sus marcos locales de
hacer política y en las relaciones
conflictivas mantenidas con ex-
traños por conquistas y despojos.
En su revisión sobre esta lite-
ratura acerca de la subalternidad,
Gilly abre un análisis que resalta
la capacidad explicativa del con-
cepto de hegemonía. La hegemo-
nía pude ayudarnos a entender
no sólo la capacidad de acción
(
agency
) de los grupos subordina-
dos para transFormar sus mundos
mediante la lucha. Ayuda también
a comprender cómo en el trabajo
y las relaciones comunitarias más
mundanas, los poderes son en-
Frentados y modifcados, mientras
la gente busca sobrevivir y rede-
fnir la justicia de su vida cotidia-
na.
Como en la India, México tiene
una larga historia de subalterni-
dad. Gilly recupera en el capítu-
lo V las ideas de Bonfl sobre la
existencia de una estructura de
desigualdad persistente, para em-
plear la expresión de Tilly,
8
que
desde la colonia, basada en una
distinción racial, opera para sote-
rrar la existencia de una civiliza-
ción subalterna. Aunque negada y
despreciada a veces con el peyo-
rativo de “india” (o “naca”), esta
civilización se encuentra presente
en diFerentes escenarios institu-
cionales de pueblos y zonas urba-
nas que aluden a prácticas, socia-
bilidades y signifcados basados
en la reciprocidad y solidaridad.
Gilly destaca que los plantea-
mientos de Bonfl contribuyen a
comprender las cambiantes sub-
jetividades y la condición misma
de los subalternos a lo largo de
la historia mexicana. Esta cues-
tión es importante porque implica
observar la construcción del mando
y la resistencia desde las propias
políticas, aspiraciones y contra-
dicciones de amplios sectores po-
pulares que, como diría Tutino,
“siguen soñando sus autonomías
a principios del siglo XXI”.
9
La trascendencia de estas ideas
radica en delinear un argumento ori-
ginal para redefnir en estos días
la construcción de subjetividades
colectivas no sólo en relación con
poderes estatales o transnaciona-
les, sino también en conexión con
Formas de reglamentación genera-
das en los márgenes. Ese argu-
mento descansa en el lugar clave
que tiene la construcción de un
sentimiento de comunidad en la
organización de la rebeldía que es
constituido por la propia historia
y se concretiza en memorias, tra-
diciones y anhelos. Pero su valor
no estriba únicamente en propor-
cionar el soporte para la deFensa
de derechos antiguos. Represen-
ta, además, una base para la For-
mación de individuales modernas
8
Charles Tilly,
La desigualdad persistente,
Buenos Aires, Manantial, 2000.
9
John Tutino, “Globalizaciones, autonomías y revoluciones: poder y participación popular en la historia de México”, en Leticia Reina y Elisa
Servín (coords.),
Crisis, reforma y revolución. México: historias de Fn de siglo,
México, Taurus, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CO-
NACULTA), Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), 2002, p. 66.
147
que, si bien se encuentran ligadas a
una multitud de identidades uni-
das “en el mercado por los lazos del
valor de cambio” (133), reconocen
por medio de ese sentimiento la
importancia de ser parte de una
colectividad.
El libro termina con una re-
flexión sobre la importancia de
la escritura histórica. Gilly insis-
te aquí en la necesidad de pro-
ducir historias que revelen, más
que escondan, los fragmentos de
las experiencias subalternas. Esta
producción de la historia no busca
celebrar la existencia de excentri-
cidades. Distingue en el presente
la presencia viva del pasado que
construye poderes que dominan
pero que son también enfrenta-
dos por los subalternos, aunque
en ese enfrentamiento maniFes-
ten las ambigüedades de sus pro-
pias luchas.
En su magníFco acercamiento
a la ideas de pensadores diversos,
Gilly aborda aspectos sumamente
centrales para los debates de la
teoría social contemporánea refe-
ridos a las cuestiones de poder y
la resistencia. La originalidad de
este acercamiento reside en esbo-
zar tres enfoques para entender a
las subjetividades, su construc-
ción diaria y las resistencias a las
formas de mando y control. En el
primero, acuña una noción de his-
toria que subraya una condición
subalterna, la génesis histórica
del sujeto y la permanente pre-
sencia material del pasado en el
presente, el cual construye a me-
nudo un argumento para la lucha
y la reconstrucción de la comuni-
dad política. En el segundo, se di-
rige la atención en las formas de
sobrevivencia diaria basadas en
las relaciones, prácticas y creen-
cias surgidas por las costumbres y
la economía moral como vehícu-
los para la búsqueda cotidiana de
mejores formas de igualdad social.
El tercer enfoque plantea una re-
conceptualización de lo subalterno
no como algo marginal sino co-
mo algo propio de los órdenes
de poder, lo cual implica rebasar
la dicotomía centro/periferia para
una comprensión más dialéctica
de cómo prácticas, ideas y espacios
para la dominación y resistencia
se constituyen mutuamente.
Los enfoques pudieran consti-
tuirse en una interesante alter-
nativa para aquellos que quieren
comprender las formas de sobera-
nía y resistencia en el contexto de
la globalidad neoliberal y poderes
cada vez más difusos y fragmen-
tados. Ante la construcción de
contextos trasnacionales tal vez
pueda sorprender a cualquier ob-
servador la apropiación contradic-
toria que los subalternos hacen de
su pasado, a veces teniendo como
marco su localidad y región para
darle renovados signiFcados en el
presente con el propósito de rein-
ventarse ellos mismos y modiFcar
los mundos en que viven.
Cuando estuvo como preso po-
lítico en la cárcel de Lecumberri,
Gilly escribió
La revolución inte-
rrumpida
(1971), una influyente
obra que destacó la activa presen-
cia de los ejércitos campesinos del
norte y del sur en la revolución
mexicana y revelaría también la
fuerte presencia de sectores po-
pulares en la imaginación y la
construcción del México moder-
no. En ese momento, el argumen-
to de Gilly de tomar en serio a la
gente de abajo se alzó como una
perspectiva crítica ante visiones
oFciales y reiFcadas de la revolu-
ción y enfoques revisionistas que
negaban prácticamente el papel
jugado por los sectores popula-
res en ella. En estos días, cuando
el ángel de la historia postra otra
vez sus alas para contemplar pai-
sajes devastados por una nueva
ola de progreso, Gilly parece de-
cirnos que la fuerza de la fantasía
de mundos mejores parece abrirse
nuevamente espacio.
Reseñas
logo_pie_uaemex.mx