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49
Para erradicar violencia y discriminación:
pensar con libertad
Daniel Cazés
*
Resumen
En este artículo, el autor hace un aná-
lisis histórico acerca de la violencia y la
discriminación hacia las mujeres, resal-
tando algunas personalidades literarias
—reales y fcticias — (Eloísa, Christine
de Pisan, Marcela, François Poulain de la
Barre, Olympia de Goujes, Simone de
Beauvoir) claves para el desarrollo del
pensamiento con libertad desde la Edad
Media hasta nuestros días.
Abstract
In this article, the author makes a his-
toric analysis on violence and discrimi-
nation against women, enphasizing some
literary personalities, real and fctitious,
(Eloise, Christine de Pisan, Marcela,
Francois Poulain de la Barre, Olympia
de Goujes, Simone de Beauvoir) keys±or
the development o± ±ree thought since the
Middle Ages to our present days.
Palabras clave:
discriminación, libertad,
violencia, conquista y expansión colo-
nial, crítica social, revolución ±rancesa,
tiempo bélico y global, principios meto-
dológicos, pensar con libertad, patriar-
cado, enajenación.
*
Universidad Nacional Autónoma de Méxi-
co,
Centro de Estudios Interdisciplinarias en
Ciencias y Humanidades, Torre II de Huma-
nidades, 4o piso, Ciudad Universitaria, Del.
Coyoacán, México, D.F. c.p. 04310.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
50
Autonomía del trabajo intelectual
H
ace casi un milenio surgió en
Bolonia (1088) el primer gre-
mio de intelectuales: la
universi-
tas studiorum
, que con el tiempo
daría lugar a lo que hoy llamamos
universidad.
1
En aquel entonces, la lectura y
la escritura, el conocimiento y el
pensamiento, se ejercían y se de-
sarrollaban en Occidente al ampa-
ro de las catedrales y los monas-
terios siempre bajo la tutela de la
jerarquía católica y las ideas, las
creencias, los mitos y los prejui-
cios que ella aceptaba, adoptaba
e imponía en contubernio con los
demás poderes dominantes con
los que estaba asociada y a los
que a menudo controlaba.
En el contexto europeo de en-
tonces, cuando no habían surgido
los conceptos actuales de nación
ni existían proyectos de Estado
nacional, en las urbes medievales
que se encaminaban hacia el lla-
mado renacimiento se concentraba
la práctica de los ofcios relaciona-
dos o no directamente con la agri-
cultura medieval y se realizaban
los intercambios comerciales que
propiciaban encuentros de perso-
nas en situaciones cada vez más
alejadas de las concepciones y los
usos Feudales.
Los ofcios del intelecto y de
la creación artística hallaron en
esas ciudades espacios de expan-
sión y secularización. A Bolonia,
por ejemplo, llegaban estudiosos
de todo el continente. Según sus
orígenes, establecieron colegios y
contrataron maestros. Hablantes
de incontables idiomas, su lengua
común Fue el latín eclesiástico y
su interés primordial compilar el
derecho romano para sustentar la
legitimidad del imperio sobre el
papado en la llamada
disputa por
las investiduras
.
2
La estructuración legislativa Fue
en la Edad Media el primer modelo
laico de pensamiento Formal y ri-
guroso, muy alejado en el tiempo
de los antiguos clásicos casi des-
conocidos Fuera del mundo islá-
mico y judaico. Junto al derecho
(Fuente de las normas jurídicas)
se desarrollaron la gramática y la
retórica (normas de la fneza del
habla y la escritura), ambas como
exigencia de exactitud: el derecho y
la gramática conFormaron los mo-
delos o paradigmas ideales (jamás
impuestos por completo en la co-
tidianidad de las relaciones jerar-
quizadas) de comportamiento social
y de corrección para expresar el pen-
samiento de manera ‘correcta’.
La norma jurídica y la gramáti-
ca normativa establecieron, pues,
exigencias de desempeño en la vida
y vías de culpabilización mental o
en los hechos que Fueron asumidas
y ejercidas en reFerencia a la jerar-
quía del conocimiento y a cánones
de supuesta validez universal in-
cuestionable.
Ambos cuerpos de preceptos
previeron sanciones cobijadas por
el poder imperial y los discursos
clericales y doctos en aquellas
sociedades que se transFormaban
desde el siglo XII.
Sirviendo al príncipe o al obis-
po o bien a ambos, los intelectua-
les de entonces —a lo largo de la
pugna por la posesión del mono-
polio de las investiduras— crea-
ron su propio espacio y su propio
patrimonio de poderes. Pero éstos
1
Vid
. Daniel Cazés, “Democracia y desmasifcación en la universidad”, en Sergio Zermeño (coord.),
Universidad nacional y democracia
, Univer-
sidad Nacional Autónoma de México, Centro de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias y Humanidades (CEICH), Miguel Ángel Porrúa, México,
1990, p. 31.
2
Iniciada por el papa Gregorio VII y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique IV, la también llamada querella o guerra de las
investiduras enFrentó a los representantes de ambos poderes —autoridades centralizadoras legítimas de las que emanaban el derecho y el poder
político en la Europa de entonces— entre 1073 y 1122. Elemento Fundamental de esta disputa Fue el hecho de que el emperador no deseaba
someterse al papa. Para enFrentar las pretensiones de la Iglesia católica, el imperio apeló al derecho secular y buscó neutralizar la doctrina
hierocrática pontifcia. En ese contexto, el estudio del derecho clásico se convirtió en una de las Fuentes más importantes de producción laica
de pensamiento y Formación intelectual, cada vez más liberados de la influencia de la Iglesia.
Vid
. Rolando Tamayo y Salmorán,
La universidad,
epopeya medieval.
Notas para un estudio sobre el surgimiento de la universidad en el alto medievo
, México,
Universidad Nacional Autónoma de
México, Unión de Universidades de América Latina y El Caribe (UDUAL), 1987, pp. 49-50.
51
no les eran reconocidos en la ur-
be. Los abusos que cometían los
caseros, prestamistas, taberneros
y comerciantes en perjuicio de los
estudiosos, la ausencia de tribu-
nales propios como los que po-
seían las otras corporaciones y
su calidad ciudadana de segundo
nivel, fueron motivos para un ce-
se de actividades y para que los
afectados se retiraran de la ciu-
dad. Se trató de la primera huel-
ga universitaria (
cessatio
, cese de
actividades del gremio), que pron-
to se hizo insoportable para quie-
nes lucraban con las necesidades
de alumnos y maestros.
El emperador Federico III Bar-
barroja, negoció en persona y pactó
en 1153 la primera emancipación
social de la comunidad del trabajo
intelectual. Con ello se reconoció a
los estudiosos y a sus maestros la
dignidad equivalente a la de
clé-
rigos y la libertad para ejercer sus
labores de búsqueda y enseñanza.
Para el imperio era imprescindible la
fundamentación jurídica que le pro-
veía la
universitas studiorum
.
3
Desde esta perspectiva tempo-
ral, es posible reconocer que aca-
baba de inventarse la autonomía
para la investigación y la ense-
ñanza en su relación con las po-
testades civiles y episcopales. Con
todo, casi simultáneamente, en la
misma ciudad y al lado de quie-
nes compilaban el derecho roma-
no, otros juristas estructurarían
por su parte el derecho canónico.
Subsistirían, colaborando o en dis-
puta, los herederos de Irnerio el
laico y de Graziano
4
el eclesial.
La secularización en este pro-
ceso libertario no alcanzó a las
mujeres creadoras del intelecto y
las artes, pues sus contribuciones
no eran conocidas en los ámbi-
tos públicos y muy poco entre las
gentes del castillo o del convento
a los que estaban con±nadas.
5
3
Federico III Barbarroja (1123-1190), duque de Suabia, fue rey de Alemania desde 1152 y encabezó el Sacro Imperio Romano Germánico desde
ese mismo año, aún cuando su enemigo, el papa Adriano IV, sólo aceptó coronarlo en 1154; fue además rey de Italia desde 1155, tras haber
ocupado Roma y apoyado la reivindicación de sus habitantes de privar de poder terrenal al papa. La pretensión que tenía Federico de emular
la gloria de la antigua Roma lo llevó a hacer de su investidura el centro del poder europeo y a enfrentar constantemente al papado y a algunos
reinos y señoríos más o menos insumisos que tenían su±ciente poder para serlo. En el contexto de estos conflictos y de la disputa referida,
el gremio intelectual de Bolonia y el emperador negociaron la protección de los académicos ante la inseguridad y la
represalia
(mecanismo
jurídico que permitía a la víctima de una injusticia cobrar la afrenta con los bienes de cualquier coterráneo del delincuente), de las que eran
objeto sobre todo los estudiantes y maestros extranjeros (la mayoría de quienes integraban la corporación boloñesa). Federico promulgó una
ley de protección que luego se ampliaría con otras medidas contenidas en los decretos
Authentica Habita
y
Constituito Habita
, en los que se
estableció el
privilegium scholarium
, paralelo al ya existente
privilegium clericorum
. Tales providencias se generaron por el interés imperial de
garantizar la autonomía del estudio del derecho y de liberarlo de trabas que minaran la legitimación del imperio.
Vid.
Tamayo y
Salmorán,
op.
cit
, pp. 53-57).
4
Irnerio (1050-1125), maestro contratado por los estudiantes de Bolonia, impulsó el estudio del derecho dando con ello origen a la universidad
sustentada en el proyecto imperial secular. Irnerio contribuyó a obtener la autonomía del estudio del derecho civil en las condiciones referidas;
su obra
Summa Codicis
es considerada el primer tratado de derecho romano. A su vez, el monje camaldulense (del monasterio de Camaldoli)
Graziano (1090-1159) contribuyó
de manera fundamental a la obra iniciada por Irnerio, pues logró liberar al derecho canónigo del peso de la
teología y así autonomizó esa disciplina en bene±cio de la Iglesia. Con Graziano surgió el
ius canonici
—derecho canónico— aproximadamente
paralelo al
ius civiles
—derecho civil—
de Irnerio. La obra principal de Graciano es
Concordia, discordantium canonum
(Concordia de los cánones
discordantes), también conocida como
Decretum Gratianum
(El Decreto de Graciano), redactada entre 1140 y 1142; es una concordancia monu-
mental del derecho eclesial.
Vid
.
ibidem
pp. 47-49.
5
Es el caso, por ejemplo, de Roswita de Gandersheim (930?-970), de Hildegarda de Bingen (1098-1170) y de las escritoras medievales que
menciona Peter Dronke en su libro
Women Writers of the Middle Ages
(Cambridge, Cambridge University Press, 1984).
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
52
La revolución racionalista y la Inquisición: Eloísa
tros días. Y fue también el funda-
mento de una corriente crítica en-
tre la intelectualidad.
La Iglesia, aunque atenta y a
la defensiva, había tenido que
aceptar el movimiento intelectual
que desde su interior preconizó la
secularización del conocimiento y
del pensamiento. La disputa polí-
tica y teológica por los
universales
había abierto en París la legitimi-
dad del laicismo, pero la jerarquía
católica, celosa de la preservación
de su dominio ideológico y de sus
alianzas con los otros poderes me-
dievales, inició simultáneamente
la creación de la Inquisición.
8
En
los siglos siguientes, la confron-
tación entre las tendencias hacia
la laicidad y el peso de las enti-
dades y personalidades clericales
fue constante. En el siglo XIII,
las órdenes de dominicos y fran-
ciscanos,
dependientes
directa-
mente del papa, intentaban pose-
sionarse de la universidad pese a
la resistencia de los laicos, pero
en 1255 la institución universi-
taria fue obligada por el pontíF-
ce romano a integrarlos al cuerpo
académico. Con todo, la universi-
dad sería controlada por la Inqui-
sición en momentos importantes,
hasta el punto de ser decisiva en
el juicio y la condena de Juana de
Arco en el siglo XV. Esto produjo una
hostilidad permanente de los lai-
cos, que sistemáticamente rehu-
Casi al mismo tiempo, otro gre-
mio de pensadores y escribas de-
batía en París sobre la existencia
y el alcance de lo que se designa-
ba como
universales.
6
Una vez fue-
ra de los
studia
eclesiales, antes aun
de la existencia formal de la uni-
versidad parisina, los nominalistas
y lógicos aristotélicos se oponían
unos a otros y para ello creaban
métodos de análisis, exposición y
enseñanza. Algunos de ellos (en-
tre quienes se hallaba Pedro Abe-
lardo
7
), proclamaron que nada que
no pudiera comprenderse por la ra-
zón podría ser creído desde la fe.
Ese postulado sintetizó el inicio de
la revolución racionalista que aún
no llega a su culminación en nues-
6
En la disputa por los universales, el rey y el papa competían por el apoyo de los teólogos que formulaban, desarrollaban y expandían la
ideología de la razón. En tal controversia medieval acerca de la naturaleza de los
universales
, se confrontaron materialismo e idealismo;
de ese debate emergió el
conceptualismo
, próximo al primero. Pedro Abelardo (1079-1142) buscó un método aplicable a los problemas
fundamentales de la controversia que eran la fe y la razón, la Flosofía y la teología, así como el misterio de la unidad-trinidad de Dios.
En el París del siglo XII, maestros y estudiantes provenientes de diversos
studia
catedralicios o monásticos europeos (donde se estudiaba
teología), se agruparon en una corporación (
universitas)
para iniciar un equivalente a los antiguos
studia
generali
en donde se apren-
derían las artes liberales laicas —el
trivium
: gramática, retórica y dialéctica y el
cudrivium
: aritmética, geometría, astronomía y música.
Así crearon una alternativa a las escuelas eclesiales. Sus fundadores habían sido estudiantes y seguidores de Pedro Abelardo; en vida de
él esa
universitas
funcionaba en la práctica pero no existía formalmente. En el año 1200, las fuerzas reales reprimieron con violencia un
incidente entre quienes integraban lo que más tarde sería la Universidad de París. Los perseguidos se quejaron ante el rey ±elipe Augusto,
quien acordó a maestros y estudiantes el privilegio de un tribunal eclesiástico propio: en ese entonces sólo la iglesia parisina y sus textos
jurídicos protegían a la gente contra las arbitrariedades. De esta manera, el monarca hizo el primer reconocimiento legal de la corporación
de intelectuales, aunque fue limitada porque sólo el obispo y su canciller podían expedir las licencias para enseñar y con ese motivo
exigían el pago de derechos excesivos. Entonces los universitarios parisinos pidieron al papa Inocencio XIII, que había estudiado en
París, un arbitraje para que el canciller otorgara gratuitamente la
licentia docens
, conformándose al juicio de especialistas en las cuatro
disciplinas (facultades) que se enseñaban en París en 1213 (teología, derecho eclesial —Decreto de Graciano de 1140— medicina y artes
liberales). En 1215 el papa conFrmó su arbitraje y tomó disposiciones que su sucesor Gregorio IX precisaría en la bula de su Cancillería
el 13 de abril de 1231. De esta manera la
universitas scholarium et magistrorum
de París contó con estatuto autonómico reconocido por
las autoridades real y pontiFcia; tal autonomía se expresó en la creación de los grados de bachillerato —previo a la licencia episcola-
pal— maestría y doctorado.
7
Vid. infra
.
8
Desde 1184 el Papa Lucio III dispuso, mediante la bula
Ad abolendam
, que los obispos realizasen inquisición en donde se sospechase la presen-
cia de herejes. Así se inició la organización de la
Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum OfFcium
,institución eclesiástica encargada de detectar,
deFnir, perseguir y condenar las herejías. El proceso continuó con Inocencio III, el papa de la autonomía, y culminó en 1231 cuando, una vez
reconocida formalmente la universidad parisina por Gregorio IX, él mismo estructuró la Inquisición al expedir el estatuto
Excommunicamus
.
53
saron otorgar responsabilidades a
los religiosos.
9
En el siglo anterior, Pedro Abe-
lardo —teólogo, músico, poeta y
escritor dedicado a la lógica clá-
sica y uno de los creadores de la
escolástica— había sido perse-
guido y mutilado en el exilio y su
Teología
había sido condenada al
fuego,
10
pero sus alumnos lo si-
guieron por el este de lo que hoy
es Francia y, con sus enseñanzas,
fortalecieron la incipiente corrien-
te del pensamiento crítico aplica-
do en primer lugar a los dogmas
de la fe y a las incongruencias en
los textos sagrados e intocables;
de esta manera, alcanzaron los
reconocimientos o±ciales para su
universitas
.
En esa ocasión hubo también
una protagonista. Pedro Abelardo
se había casado en secreto con su
alumna Eloísa, sobrina del canci-
ller de la catedral parisina, mujer
que hablaba hebreo, griego y latín,
escribía obras doctas y poesía y ex-
pondría una visión feminista de su
propia vida, de las actitudes de
su marido y de la opresión de géne-
ro en su tiempo
11
. Buena parte de
esa visión está contenida en car-
tas que, con las de su esposo, for-
man un epistolario único, a la vez
intelectual, político y amoroso.
Para entonces, al de±nirse la
distancia de la creencia incues-
tionable con respecto a la razón
cuestionadora, el conocimiento y
el saber racional, se había dado
un paso gigantesco en el desarro-
llo del pensamiento. En tres de las
cartas de Eloísa, quien ejempli±ca
la vida real del pensador liberta-
rio más connotado de su tiempo,
se había evidenciado también, de
manera primigenia, lo que hoy
llamamos inequidad de género no
9
Por esa razón Robert de Sorbon, maestro de teología en el claustro catedralicio, fundó en 1252, apoyado por el rey, el colegio conocido como
la Sorbona. En un principio, fue una comunidad de curas seculares y de estudiantes sin recursos becados para hacerse curas ellos mismos.
Los colegios, cuatro de ellos correspondientes a las naciones francesa, inglesa, picarda y normanda, eran residencias de alumnos pobres que
se reunían para estudiar; poco a poco fueron convirtiéndose además en sedes de las facultades. En esa época, las polémicas ±losó±cas entre
los sucesores de Pedro Abelardo y sus colegas del siglo XII se agravaron al grado de que el papa y el obispo de París condenaron en 1277 la
doctrina de Tomás de Aquino (de enorme influencia aristotélica con Alberto Magno en la orilla izquierda del Sena), a quien no consideraban
su±cientemente opuesto a la interpretación averroísta de Aristóteles. Veinte años después el papa Nicolás IV otorgó a los licenciados de París
el privilegio de enseñar en todo el mundo católico romano.
10
La profundidad y la agudeza que puede alcanzar el combate de los intelectuales por la autonomía de su trabajo frente al cetro y al báculo,
se hicieron evidentes con las disertaciones de Pedro Abelardo. En su libro
Sic et Non
, por ejemplo, expuso las limitaciones de la fe ante los
principios racionales y develó las contradicciones irreductibles contenidas en los juicios de las autoridades eclesiásticas, lo que marcó una
verdadera revolución intelectual en pleno medioevo. Las concepciones y las convicciones de Pedro Abelardo fueron condenadas como heréticas
por la Iglesia, el maestro fue exiliado con sus alumnos, castrado y una parte de su obra quemada. Él mismo relató sus tribulaciones en un texto
que sobrevive,
Historia Calamitatum. Petri Abaelardi et Heloissae Epistolae
(Las tribulaciones de Pedro Abelardo y Cartas a Eloísa; edición en
castellano
, Cartas
de Abelardo y Eloísa
, introducción, traducción y
notas de
Pedro R. Santidrán y Manuela Astruga, Madrid, Alianza Editorial,
1983). Además de la mencionada, entre las
obras más importantes de Pedro Abelardo están
Etica seu liber dictus Scito te ipsum
, edición origi-
nal de 1136 (edición en castellano,
Ética o conócete a ti mismo
, traducción y estudio preliminar de Pedro R. Santidrán, Madrid, Tecnos, 1990);
Dialéctica
, varias ediciones entre 1118 y 1137 (primera edición completa del manuscrito parisino en inglés, Van Gorcum, Assen, Países Bajos,
1956);
Sic et non,
escritos redactados entre 1122 y 1123 y sólo publicados separadamente;
De unitate et trinitate divina
, 1118-1121 (este
fue
el libro que
Pedro Abelardo se vio obligado a quemar en la hoguera con sus propias manos en el Concilio de Soissons de 1121);
De l’unité et
de la trinité divines: Teoloia
sumi
(traducción y notas de Jean Jolivet, Libraire philosophique J. Vrin, Paris, 2001);
Theologia christiana
, 1123;
Introductio ad theologiam
I y II, 1124
;
Dialogus inter philosophum, iudaeun et christianum
, 1140 (edición en castellano
Diálogo entre un flósoFo,
un judío y un cristiano
, traducción y orientación didáctica de Anselmo Sanjuán y Miguel Pujadas, Zaragoza, Yalde, 1988).
11
Según la
Historia calamitatum
, Eloísa (1101-1164) quedó huérfana y sin recursos bajo la tutela de su tío, el canónigo Fulbert, quien costeó
su educación. La fama intelectual de Eloísa se extendió por Francia. Cuando tenía diecisiete años se inició su famosa historia de amor con
Abelardo, quien había sido su profesor. Como resultado de la persecución que su tío emprendió contra él, Eloísa se recluyó en el convento de
Argenteuil donde profesó como monja y posteriormente fue abadesa del Paráclito (o Paracleto), nombre que recibió el convento promovido y
creado por la pareja, que lo consagró al Espíritu Santo. Eloísa explica en sus cartas que su ingreso al monasterio fue una forma de sacri±cio en
aras del
nombre y el prestigio de Pedro Abelardo, pero que nunca asumió el claustro como vocación. Lo esencial de la obra escrita de Eloísa
es su correspondencia dirigida, principalmente, a su marido, con quien procreó a Astrolabio (
Vid
.
Cartas de Abelardo y Eloísa
op. cit
.). En
el Paráclito residieron los discípulos de Pedro Abelardo, muchos de los cuales dieron continuidad, profundizaron y difundieron algunas de las
ideas de su maestro que serían innovadoras y de gran relevancia para los debates ±losó±cos de la Edad Media y fueron uno de los pilares del
surgimiento de la universidad parisina. Así, el Paráclito, como espacio de reflexión y de reunión de pensadores fundado por Pedro Abelardo y
mantenido por sus discípulos, fue un importante antecedente de la Universidad de París fundada después de la muerte, hacia 1200, de este
indomable espíritu crítico.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
54
sólo en los prejuicios y las institu-
ciones sino igualmente en la coti-
dianidad. Fue la primera (o la más
importante) apertura, a contraco-
rriente del pensamiento dominante,
hacia la libertad intelectual; se
efectuó y se cultivó a partir de la
rebeldía originada en los espacios
públicos y con referencia a la vida
privada.
En 1368, al llegar a París con
cuatro años de edad, Christine de
Pisan, hija de Tomasso da Pizza-
no, embajador véneto y luego
físi-
co
(médico) y astrólogo de Carlos
V de Valois,
el sabio
, fue adopta-
da por éste como
niña
de su cor-
te. Casi de inmediato, Christine
comenzó a revelar el talento y la
creatividad que la llevarían a su
autonomía personal, alcanzada an-
tes aun de que murieran su padre
y su marido.
12
En 1405, Christine concluyó la
redacción del
Livre de
la cité des
dames
,
13
obra imaginativa y elo-
cuente que se inicia cuando la
autora se pregunta por qué su
pensamiento contradice las ase-
veraciones incuestionables de los
grandes sabios del pasado y de su
momento.
Todos los autores de prestigio
proclaman y comprueban la inferio-
ridad y las incapacidades inte-
lectuales de las mujeres; además,
justi±can y ofrecen los más con-
vincentes
argumentos,
basados
en el conocimiento de la natura-
leza y en los preceptos divinos,
para hacerlas permanecer en los
cautiverios domésticos y conven-
tuales. Pero como las conviccio-
nes y las experiencias de Christine
eran opuestas a lo establecido y
aceptado, concluyó que sin duda
era ella quien vivía en el error. En
ese momento se le aparecieron
tres damas (la Justicia, la Razón y
la Rectitud o Derechura
14
—qui-
zá la ética—), para explicarle que
no estaba equivocada y entregarle
el libro que contiene la clave para
construir una
cité
(una ciudade-
la, una fortaleza) para las mujeres
que, como ella, han pensado con
libertad.
El manuscrito, magní±camente
iluminado a mano, relata la vida
de estudio a la que se consagró
Christine, expone su pensamien-
to y presenta un elenco de muje-
res notables, históricas y míticas,
cuya existencia comprobada o le-
gendaria muestra que las mujeres
no son inferiores ni están conde-
nadas a la exclusión si no es por
la fuerza del dominio y la inequi-
dad. Las mujeres de esa lista son
concebidas como fundamentos y
12
Jeanine Moulin (
Christine de Pisan
, Paris, Pierre Seghers, 1962); Lola Esteva de Llobet (
Christine de Pizan (1364 –1430)
, Madrid, Ediciones del
Oro, 1999) y Régine Pernaud (
Christine de Pisan,
Paris, Calman-Lévy, 1995) han estudiado la vida y la obra de la autora y reproducen fragmentos
de ella.
13
Título que traduzco como
Libro de la fortaleza de las mujeres
pues en la Edad Media
cité
no signi±caba
ciudad,
y tampoco es ése su sentido
hoy en día; además, fue propósito de Christine fortalecer a todas las mujeres y no sólo a las
damas
que enumera como cimiento del recinto
femenino que concibió. Edición en castellano,
La ciudad de las damas,
edición, traducción e
introducción de Marie-José Lemarchand Malantain,
Madrid, Ediciones Siruela, 2000.
14
La palabra creada por Christine es
Droitture
; Lemarchand (en su introducción antes citada) traduce
Derechura
pues a±rma que “en el texto original
signi±ca a la vez ‘dirección en línea recta’.
.. y ‘rectitud’, y evoca los campos de lo judicial y de la geometría.
.. He descartado el término ‘Rectitud’
que.
.. tiene connotaciones de rigurosa y hasta rígida moral religiosa, y he preferido.
.. el antiguo castellano ‘Derechura’, tan ligado como el francés
droitture
al campo semántico del Derecho y a los conceptos de Justicia y Equidad”.
Siglo XIV: Christine de Pisan
55
muros de la construcción imagi-
naria del recinto.
De Christine de Pisan, Jeanine
Moulin
15
destaca:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Es la primera en todo. La primera mujer
de letras que vivió de su pluma. La pri-
mera empresaria que hace copiar e ilus-
trar sus manuscritos y los vende a una
clientela que ella misma se formó. Tam-
bién el primer apóstol del feminismo. Y
aún más: la primera persona erudita que
descubrió “por el camino de un largo es-
tudio”, a los escritores y Flósofos de la
antigüedad. La primera que en ±rancia
habló de Dante. Y la primera historia-
dora, o una de las primeras.
.. Su ojo es
el ojo de una mujer que observa.
.. Com-
prendió su época como muy pocas per-
sonas.
..
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Puede agregarse que su extensa
creación literaria y política (a me-
nudo autobiográFca) comprende
también poemas (uno de ellos de-
dicado a Juana de Arco en momen-
tos en que aún vivía y encabezaba
la defensa del reino).
16
Giordano Bruno
Siglos después vendrían otras
revoluciones del conocimiento y del
pensamiento que, también delimita-
das por la irracionalidad, contri-
buirían a la revolución industrial y
a los orígenes de la
globalización
.
Giordano Bruno
17
, asesinado en
la hoguera de la Inquisición por
su pensamiento cuestionante y su
crítica inflexible a los dogmas, y
Galileo
18
, recluido en la protec-
ción papal por exponer sus ideas
y censurado por la Iglesia hasta
las postrimerías del siglo XX, son
personajes de referencia impres-
cindible cuando se evoca el pen-
samiento libre y libertario.
Conquista y expansión colonial
Con la expansión europea, inicio
verdadero del cruel saqueo
globaliza-
dor
o
mundializador
que ha alcan-
zado su cumbre en nuestros días,
también hay que recordar las dis-
putas teológicas sobre el alma de
los amerindios, en las que desta-
can los dominicos Bartolomé de
las Casas y ±rancisco de Vitoria
19
,
proclamando la humanidad de los
nativos de América y su derecho
a combatir la colonización con la
misma dignidad que los cristianos
combatían a los turcos. Utopis-
15
J. Moulin,
op. cit
., p. 11.
16
Sus obras:
Cent balades d’amant et de dame
(Cien baladas de amante y mujer), iniciada cuando tenía 15 años, en 1379, año de su matrimonio
con Estienne du Castel, notario del rey. En 1390 sus
Balades du veuvage
(Baladas de la viudez) son el relato de sus vicisitudes tras las muertes
de su padre, su marido y el rey, para lograr —como madre de dos hijas y un hijo— que se reconociera la validez de su matrimonio y de lo que
era suyo; en 1400 redactó
Le livre du dit de Poissy
(Libro del relato poético de Poissy)
después de visitar a su hija monja en la abadía de esa
localidad; en 1404 escribió
Le livre de la mutation de fortune
(Libro del cambio de fortuna), descripción de las transformaciones en su vida; entre
ese año y 1407 preparó su
Livre des faits et bonnes moeurs du sage roi Charles V
(Libro de hechos y buenas costumbres del sabio rey Carlos V)
y
du Corps de Police
(Libro del cuerpo de
policía),
que trata del buen gobierno. El año 1405, cuando cumplió 43 años de edad, fue para ella
de
gran creatividad: además de trabajar en las obras recién citadas y de concluir el
Livre de la cité des dames
, terminó
L´advision Christine
(Visión
de Cristina),
en que enumera los momentos que marcaron su vida y su obra, el
Trésor de la cité des dames
(Tesoro de la ciudad de las mujeres),
texto de consejos para las mujeres, su
Épistre au dieu d´amours
(Epístola al dios de los amores)
y
Le livre des trois vertus
(El libro de las tres
virtudes). Se mencionan además, sin precisión de fecha:
Épistre de la prison de vie humaine
(Epístola sobre la prisión de la vida humana),
Dit de
la pastoure
. (Relato poético de la pastora). En 1410 terminó sus
Lamentations sur les maux de la guerre civile
(Lamentaciones
sobre los males
de la guerra civil) y de 1412 a 1414 preparó su
Livre de la paix
(Libro de la paz). En 1429, poco antes de morir, dejo su
Ditié en honneur de la
Pucelle
(Relato poético en honor de la doncella)
,
alabanza de Juana de Arco antes de su prisión y muerte, posterior al fallecimiento de Christine
a la edad de 66 años.
17
Giordano Bruno (1549-1600) es sin duda una de las Fguras más emblemáticas de la conflictiva oposición de la Iglesia a la libertad de pensa-
miento: él puso en evidencia los grados extremos en que el poder eclesial la ha limitado. Ordenado sacerdote, Bruno propuso formas de pensar
nuevas y flexibles sustentadas en los métodos y en conocimientos
cientíFcos, con lo que es uno de los primeros renacentistas. Su trágico Fn
llevaría a algunos pioneros del pensamiento moderno a moderar sus discursos ante el poder del Iglesia.
18
Galileo Galilei (1564-1642), marcado por la experiencia de Bruno, vivió una situación similar de acoso por parte de la Iglesia por su libre
manera de pensar y sus grandes aportaciones a la ciencia. Sólo fue condenado al ostracismo bajo la protección del papa Urbano VIII (Maffeo
Barberini). De sus grandes descubrimientos cientíFcos pudo retractarse públicamente a tiempo para salvar la vida, aunque también sufrió fuer-
tes condenas y penas.
19
Ambos clérigos, a parte de ser grandes cronistas del proceso de conquista, dieron valiosos argumentos para el reconocimiento de la humanidad de los
indios los cuales se exponen en toda su obra: ±ray ±rancisco de Vitoria en su
Reelecciones del Estado, de los indios y del derecho de la guerra
(México,
Editorial Porrúa, 1974) y ±ray Bartolomé de Las Casas en su
Brevísima relación de la destrucción de las Indias
(Madrid, Ediciones Mestas, 2002) y en “El
Memorial al Consejo de Indias de 1563” (en ±ray Bartolomé de Las Casas,
Obras completas: cartas
y
memoriales
, Madrid, Alianza Editorial, 1995).
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
56
tas en la teoría y en la práctica,
fueron conquistadores espiritua-
les en las conquistas españolas y
también críticos de la opresión.
Cervantes y la crítica social
Miguel de Cervantes Saavedra,
con su genio literario, con su sen-
tido del humor agudo e inagota-
ble, con la riqueza creativa en su
manejo de la lengua castellana,
expresó sin concesiones una crítica
cultural y política de la sociedad
en que vivió y a la que conocía
con profundidad y claridad como
quizá ninguno de sus contempo-
ráneos.
Sin embargo, especialistas y
lectores, académicos y panegi-
ristas, suelen pasar por alto que
Cervantes fue sin duda el analista
crítico más perspicaz del renaci-
miento español y, en general, lo
ubican en sus estudios, alabanzas
y discursos oFciales en lugar se-
cundario en relación con el perso-
naje en que hizo encarnar lo más
nefasto y siniestro de la cultura
hispánica. Alonso Quijano sinte-
tiza lo que Cervantes describió y
reprobó en su sociedad; pero es a
su triste Fgura a la que se alaba
como paradigma de idealismo, ca-
ballerosidad y desinterés, al tiem-
po que se estimula en su torno
la imaginería más o menos doc-
ta para convertirla en emblema de
aspiraciones vitales y ambiciones
espirituales y morales que pue-
dan traducirse en actitudes de-
seables.
Alonso Quijano reunía las ca-
racterísticas y el carácter típicos
del propietario rural: era un
hidal-
go
autoritario y violento, dueño
de vidas ajenas, convencido de su
poder señorial sobre las personas
a quienes controlaba. En su ena-
jenación se mostró siempre in-
capaz de aceptar ni remotamente
que existían otras realidades fuera
de sus fantasías vanidosas y prepo-
tentes, fuentes de su derecho nato
a la humillación del prójimo.
Los valores construidos en sus
fanáticas divagaciones febriles y
guías de su vida práctica, fueron la
impulsividad impetuosa, la iracun-
dia feroz, la convicción de mando
irreflenable que le permitía consi-
derar natural e incuestionable la
sumisión de sus inferiores (el la-
brador, las mujeres de su casa, los
incontables labriegos, pastores o
simples viandantes a quienes, para
halagar su propia vanidad, conver-
tía en malhechores que combatiría
a cada paso).
En su farsa, el caballero andan-
te ungido por sí mismo se asemeja
enormemente a los llamados
caci-
ques rurales bondadosos
. No parece
casual que Gogol propusiera como
su propia versión de don Quijote a su
personaje Chichikov,
20
quien adqui-
ría almas muertas en la campiña
rusa para incrementar su prestigio
de propietario de siervos. El Pe-
dro Páramo de Rulfo
21
es otro per-
sonaje paralelo y comparable al
creado por Cervantes.
Quijano deseaba asemejarse a
los cruzados medievales dedicados
a expandir la fe defendida por la
santa Inquisición y de paso expan-
dir el dominio de sus reyes. En esa
complicada operación de transfor-
mismo, la misoginia quijotesca
exigía la reiFcación de una mujer
para atribuirle los dones rigurosa-
mente codiFcados en los cantares
del romanticismo iniciado en Pro-
venza para satisfacer el engreimien-
to de la caballerosidad machista y
paternal enaltecida. ±ue siguiendo
ese esquema formal y repetido has-
ta la saciedad, como don Alonso
buscaba su placer intelectual, su
delirio de la belleza inaprensible
y la devoción inexistente de una
joven a la que nunca se atrevió a
acercarse pero cuyo nombre, otor-
gado por él, y la evocación que de
él hacía continuamente, siempre
le sirvieron de manera natural co-
mo arma de combate contra otros
hombres para proclamar la derrota
de los únicos protagonistas que le
interesaban, aunque fueran Fcti-
cios.
Cervantes fue un maestro de la
expresión del pensamiento creati-
vo libre y, con divertida y a menu-
do cruel ironía, describió algunas
de las formas en que se ejerce el
poder de dominación con la hu-
millación y se hace escarnio de la
20
Vid
., Nikolai Vasilievich Gogol,
Dead Souls
(
The adventures of Chichikov
), edition, introduction, and translation, Robert A. Maguire, London,
Penguin Classics (1842), 2004. N.E.
21
Vid
., Juan Rulfo,
Pedro Páramo
, México, ±ondo de Cultura Económica, 1955. N.E.
57
gente común a la que se puede
convencer de cualquier cosa, in-
cluso que es ella quien gobierna
en los mundos insulares de tierra
adentro.
Quienes se olvidan casi comple-
tamente de Cervantes para centrar-
se en el personaje que creó como
referente de su crítica, no se in-
mutan por el retrato que de ellos
mismos hizo. Con un poco de in-
tuición introspectiva y de imagi-
nación sin autocomplacencia, los
alabadores del quijotismo podrían
verse reflejados en el
desfacedor
de entuertos fraguados por él mis-
mo, a quien valoran como icono de
lo utópico alcanzable dentro de la
enajenación encumbrada por los
prejuicios y la admiración narcisis-
ta de la propia misoginia elevada a
meta moral de acción cotidiana.
Cervantes retrata la misoginia
de su personaje caricaturesco en
el siguiente pasaje en que Alon-
so Quijano expresa (como muchos
hombres lo hacen aún hoy en día)
su visión de las mujeres:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Yo no podré aFrmar si la dulce mi enemi-
ga gusta o no de que el mundo sepa que
yo la sirvo. Sólo sé decir.
.. que su nom-
bre es Dulcinea, su Patria el Toboso, un
lugar de la Mancha; su calidad por lo me-
nos ha de ser de princesa, pues es reina
y señora mía; su hermosura sobrehuma-
na, pues en ella se vienen a hacer todos
los imposibles y quiméricos atributos de
belleza que los poetas dan a sus damas:
que sus cabellos son oro, su frente cam-
pos elíseos, sus cejas arcos del cielo,
*
sus
ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios
corales, perlas sus dientes, alabastro su
cuello, mármol su pecho, marFl sus ma-
nos, su blancura nieve, y las partes que a
la vista humana encubrió la honestidad
son tales, según yo pienso y entiendo,
que sólo la discreta consideración puede
encarecerlas y no compararlas.
22
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Hallamos el pensamiento de
Cervantes
mismo
acerca
de
la
condición femenina en las pala-
bras con que la pastora Marcela
responde a la acusación de ase-
sinato
por omisión que le hacen
los amigos del pastor Grisóstomo,
quien se suicidó porque ella no
correspondió a sus requerimien-
tos como él deseaba:
23
- - - - - - - - • - - - - - - - -
...Vengo.
.. a dar a entender cuán fuera
de razón van todos aquellos que de sus
penas y de la muerte de Grisóstomo me
culpan; y, así, ruego a todos los que aquí
estáis me estéis atentos.
..
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Hízome el cielo, según vosotros decís,
hermosa, y de tal manera que, sin ser
poderosos a otra cosa, a que me améis
os mueve mi hermosura, y por el amor
que me mostráis decís y aún queréis que
esté yo obligada a amaros.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Yo conozco.
.. que todo lo hermoso es
amable; mas no alcanzo que, por razón de
ser amado, esté obligado lo que es ama-
do por hermoso a amar a quien le ama. Y
más, que podría acontecer que el ama-
dor de lo hermoso fuese feo, y siendo lo
feo digno de ser aborrecido, cae muy mal
el decir quiérote por hermosa: hazme de
amar
aunque sea feo.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Pero, puesto caso que corran igualmente
las hermosuras, no por eso han de correr
iguales los deseos, que no todas hermo-
suras enamoran: que algunas alegran la
vista y no rinden la voluntad; que si to-
das las bellezas enamorasen y rindiesen,
sería un andar las voluntades confusas y
descaminadas, sin saber en cual habían
de parar, porque, siendo inFnitos los su-
jetos hermosos, inFnitos habían de ser
los deseos. Y.
.. el verdadero amor.
.. ha
de ser voluntario, y no forzoso.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Siendo esto así, como yo creo que lo es,
¿por qué queréis que rinda mi voluntad
por fuerza, obligada no más de que decís
que me queréis bien?
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Si no, decídme: si como el cielo me hi-
zo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo
que me quejara de vosotros porque no
me amábades? Cuanto más, que habéis
de considerar que yo no escogí la hermo-
sura que tengo, que tal cual es el cielo
me la dio de gracia.
.. Y así como la víbo-
ra no merece ser culpada por la ponzoña
que tiene, puesto que con ella mata, por
*
Los Campos Elíseos son la llanura mítica en donde reposaban, tras la muerte, los héroes vencedores de batallas. Arco del cielo es el arco iris.
22
Miguel de Cervantes Saavedra,
Don Quijote de la Mancha
, Edición del IV Centenario, México, Real Academia de la Lengua Española y Asociación
de Academias de la Lengua Española, 2004, p. 115. Ignoro si algún pintor o algún dibujante forense expertos en retratos hablados han hecho
el dibujo del monstruo poético del que hace mofa Cervantes en este pasaje.
23
Cervantes Saavedra,
op. cit
., páginas 125-128 de la edición citada, así como los párrafos siguientes en que habla Ambrosio y el poema pós-
tumo de Grisóstomo.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
58
habérsela dado naturaleza, tampoco yo
merezco ser reprehendida por ser hermo-
sa, que la hermosura en la mujer honesta
es como el fuego apartado o como la es-
pada aguda, que ni él quema ni ella cor-
ta a quien a ellos no se acerca.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La honra y las virtudes son adornos del
alma sin las cuales el cuerpo, aunque lo
sea, no debe de parecer hermoso. Pues si
la honestidad es una de las virtudes que
al cuerpo y al alma más adornan y her-
mosean, ¿por qué la ha de perder la que
es amada por hermosa, por corresponder
a la intención de aquel que, por solo su
gusto, con todas sus fuerzas e industrias
procura que la pierda?
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Yo nací libre, y para poder vivir libre es-
cogí la soledad de los campos: los árbo-
les de estas montañas son mi compañía;
las claras aguas de estos arroyos mis es-
pejos; con los árboles y con las aguas
comunico mis pensamientos y hermosura.
Fuego soy apartado y espada puesta le-
jos. A los que he enamorado con la vista
he desengañado con las palabras; y si los
deseos se sustentan con esperanzas no ha-
biendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni
a otro alguno el ±n de ninguno de ellos,
bien se puede decir que antes lo mató
su porfía que mi crueldad. Y si se me
hace cargo que eran honestos sus pensa-
mientos y que por esto estaba obligada a
corresponder a ellos, digo que cuando.
..
me descubrió la bondad de su intención,
le dije yo que la mía era vivir en perpe-
tua soledad y de que sola la tierra gozase
el fruto de mi recogimiento y los des-
pojos de mi hermosura; y si él, con to-
do este desengaño, quiso por±ar contra
la esperanza y navegar contra el viento,
¿qué mucho que se anegase en la mitad
del golfo de su desatino?
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Si yo le entretuviera fuera falsa; si le con-
tentara hiciera contra mi mejor intención
y prosupuesto. Por±ó desengañado, des-
esperó sin ser aborrecido: ¡mirad ahora si
será razón que de su pena se me de a mí
la culpa!
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Quéjese el engañado, desespérese aquel a
quien le faltaron las prometidas esperanzas,
confíese el que yo llamare, ufánese el que
yo admitiere; pero no me llame cruel ni ho-
micida aquel a quien yo no prometo, en-
gaño, llamo ni admito.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El cielo aún hasta ahora no ha querido
que yo ame por destino y el pensar que
tengo de amar por elección es excusada.
Este general desengaño sirva a cada uno
de los que me solicitan de su particular
provecho; y entiéndase de aquí adelan-
te que si alguno por mí muriere, no muere
de celoso ni desdichado, porque quien a
nadie quiere, a ninguno debe dar celos,
que los desengaños no se han de tomar
en cuenta de desdenes.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El que me llama ±era y basilisco déjeme
como cosa perjudicial y mala; el que me lla-
ma ingrata no me sirva; el que descono-
cida, no me conozca; quien cruel, no me
siga; que esta ±era, este basilisco, esta
ingrata, esta cruel y esta desconocida, ni
los buscará, servirá, conocerá, ni seguirá en
ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató
su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué
se ha de culpar mi honesto proceder y
recato?
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Si yo conservo mi limpieza con la com-
pañía de los árboles, ¿por qué ha de
querer que la pierda el que quiere que
la tenga con los hombres?
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Yo.
.. tengo libre condición, y no gusto de
sujetarme; ni quiero ni aborrezco a na-
die; no engaño a éste ni solicito a aquél;
ni burlo con uno, ni me entretengo con el
otro. La conversación honesta de las za-
galas de estas aldeas, y el cuidado de mis
cabras me entretiene; tienen mis deseos
por término estas montañas, y si de aquí
salen, es a contemplar la hermosura del
cielo, pasos con que camina el alma, a
su morada primera.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Imposible no evocar aquí el
Hombres necios.
..
de Juana de As-
baje, mujer genial que pensó y
creó con libertad
Poulain: heredero de Christine en
el siglo XVII
Hay que llegar al enciclopedis-
mo y a las revoluciones de ±nes
del siglo XVIII para hallar otro
momento cumbre de la revolución
del pensamiento libertario en ges-
tación. El trabajo intelectual de
aquellos a quienes los franceses
llaman
los flósoFos,
24
estuvo en
los orígenes de la revolución que
proclamaría la declaración univer-
24
Se les conoce entre nosotros como
enciclopedistas
, aunque no todos intervinieron en la redacción de la magna obra; se trata de los pensado-
res de la Ilustración o el Iluminismo, precursores de la Revolución francesa. Sus obras fueron fundamentales para el advenimiento del mundo
moderno y contemporáneo sobre todo en lo que se re±ere a las problemáticas sociales, políticas, jurídicas y éticas.
59
sal de los derechos del hombre y
del ciudadano y los principios de
libertad, igualdad y fraternidad
en la vida social.
Antecedente de la llamada Re-
volución francesa, ligado más de
tres siglos después al pensamien-
to de Christine de Pisan, tene-
mos una de las aportaciones más
originales y menos conocidas de
esa época. Es la obra de François
Poulain de la Barre, precursora en
todos sentidos desde mediados
del siglo anterior.
25
Con la meto-
dología racionalista y cartesiana
más rigurosa, escribió un exten-
so alegato sobre la igualdad hu-
mana fundamental de hombres y
mujeres en el pensamiento y en
la posibilidad de participación en
los empleos públicos
26
y una se-
rie de conversaciones
27
entre dos
mujeres y dos hombres para de-
mostrar que ellas poseen las mis-
mas capacidades que ellos y que
son las costumbres, por el interés
de quienes de ellas se bene±cian,
las que han establecido desigual-
dades e inequidades arraigadas
en las concepciones que hacen
remontar las injusticias a la na-
turaleza y a los instintos inmu-
tables, o bien, a los designios
divinos incuestionables y de in-
terpretación eclesial infalible. En
la tercera de sus obras,
28
Poulain
enumeró los argumentos misógi-
nos de su tiempo y los desmenu-
zó hasta demostrar que eran re-
sultado (como lo eran en tiempos
de Christine y como lo son hoy
en día) de formas de pensar des-
tinadas a mantener la opresión
de las mujeres en bene±cio de
los privilegiados del mundo pre-
rrevolucionario.
La actualidad de la obra de
Poulain, publicada más de cien
años antes de 1789 (al igual que
la de Christine de Pisan anterior
en tres siglos y medio), sigue
asombrando a quienes la cono-
cen gracias a la mención que de
ella hizo Simone de Beauvoir
29
y
a la reciente edición de uno de
sus textos, promovida y comenta-
da en castellano por Celia y Ana
Amorós.
30
De la Revolución francesa a nues-
tro tiempo bélico y global
Pese al pensamiento liberta-
rio de Poulain, los derechos que
instituyó la Revolución francesa
fueron, exclusivamente, los del
hombre y del ciudadano,
31
y su
principio de convivencia fue la
fraternidad. De manera que cuan-
do Olympia de Goujes
32
propuso
25
François Poulain de la Barre (1647-1725) fue un sacerdote racionalista francés seguidor del pensamiento cartesiano que expuso su convicción
de la igualdad de los sexos, formuló un proyecto para estimular el pensamiento crítico racional e ilustrado en la educación principalmente entre
las mujeres y desmenuzó el pensamiento misógino de algunos autores clásicos. Escribió entre 1673 y 1675 sus tres obras feministas, de las que
está en preparación una edición crítica con la traducción al castellano actual de los textos íntegros.
26
De l’Égalité des deux sexes, discours physique et moral où l’on voit l’importance de se défaire des préjugés
(Discurso físico y moral acerca de la
igualdad de los sexos, en el que se advierte la importancia de deshacerse de los prejuicios), Paris, Chez Jean du Puis, 1673; Fayard, 1984.
27
De l´éducation des dames pour la conduite de l´esprit dans les sciences et dans les moeurs. Entretiens
, (De la educación de las damas para la
conducción del espíritu en las ciencias y en las costumbres. Conversaciones), Paris, Chez Jean du Puis, 1674; Université de Toulouse Le Mirail,
1980, 1985.
28
De l´excellence des hommes contre l´égalité des sexes
, Paris, Jean du Puis, 1675.
29
Simone de Beauvoir,
Le deuxieme sexe
, Paris, Gallimard, 1949, p. 24.
30
De la educación de las mujeres para dirigir el espíritu en las ciencias y en las costumbres. Conversaciones
, traducción y anotaciones, Ana Amorós,
estudio introductorio, Celia Amorós, Madrid, Cátedra, 1993. Más amplia es la edición de Daniel Cazés Menache (con la colaboración de Haydeé
García Bravo),
Las obras feministas de Poulain de la Barre
, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Centro de Estudios Interdiscipli-
narias en Ciencias y Humanidades
, 2007, cuatro tomos
31
En esta declaración del 26 de agosto de 1789 se de±nen los derechos naturales e imprescriptibles como la libertad, la propiedad, la segu-
ridad, la resistencia a la opresión. Asimismo, reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia y se a±rma el principio de
la separación de poderes. Esta declaración sería una referencia fundamental para muchos textos constitucionales en varios países de Europa
y América Latina pero era notable que se mantuviera la exclusión de las mujeres de la ciudadanía y de los avances en el reconocimiento de
derechos humanos
emanados de tal texto.
32
Olympia de Gouges (1748-1793) planteó en 1791 la igualdad en la educación y la extensión de los derechos del hombre y del ciudadano a
las mujeres y las ciudadanas a través de la “Declaración Universal de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana” (
Déclaration des Droits de la
Femme et de la Citoyenne
). Por ello, fue merecedora de la guillotina en el tiempo masculino del terror revolucionario.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
60
los derechos de la mujer y de la
ciudadana y con ello lo que hoy
llamamos
sororidad
,
33
los revolu-
cionarios más puros sólo pudieron
concebir para ella la guillotina.
La participación ciudadana de
las mujeres sólo pudo ser conce-
bida y formulada en las leyes a lo
largo del siglo XX; en Francia y en
México, por ejemplo, hacia la mi-
tad o después de ella.
Las revoluciones cientí±cas y
tecnológicas de la última centu-
ria (como muchas de las innova-
ciones de todos los tiempos), han
tenido como contexto la violencia
bélica y sus estrategias de exter-
minio en un contexto afectivo e
intelectual de incertidumbre y du-
da metódica.
En una historia novelada de la
física del siglo XX, su autor
34
se-
ñala:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Si, de acuerdo con el Teorema de Gödel,
cualquier sistema axiomático contiene
proposiciones indecidibles [cuya verdad
o falsedad no pueden probarse]; si, de
acuerdo con la relatividad de Einstein,
ya no existen tiempos y espacios absolu-
tos; si de acuerdo con la física cuántica
la ciencia ya sólo es capaz de ofrecer va-
gas y azarosas aproximaciones del cos-
mos; si de acuerdo con el principio de
incertidumbre la causalidad ya no sirve
para predecir el futuro con certeza; y si
los individuos particulares sólo poseen
verdades particulares, entonces todos
nosotros, que fuimos modelados con la
misma materia de los átomos, estamos
hechos de incertidumbre…
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Es preciso hacer algunas acla-
raciones. Podemos decir que los
sistemas axiomáticos conforman
estructuras del razonamiento formal
y también de cualquier tipo de razo-
namiento; pero (algo que siempre
hemos sabido desde las arbitraria-
mente llamadas ciencias sociales
y humanidades) sólo es posible
aproximarse a la realidad de ma-
nera parcial y siempre perfectible.
Así, la certidumbre, en el senti-
do común como en la metodología
más rigurosa, es una necesidad
que hemos aprendido todos los
seres humanos quizá para tran-
quilizar nuestras más profundas
aprensiones.
La ausencia o las limitaciones de
la certidumbre causan ansiedad y
son en gran medida —aunque sólo
sea desde una perspectiva psico-
lógica— el origen de los sistemas
axiomáticos y poco libres de pen-
sar. Cuando se trata de evitar que
se imponga la ignorancia con el
argumento de que los conocimien-
tos vigentes —alcanzados por la
vía cientí±ca o por revelación y
tradición— son verdades cuestio-
nables, hay que aceptar y enfren-
tar permanentemente la duda, la
contradicción, la paradoja. Y es-
to produce la necesidad, difícil de
percibir, de que cada día hay que
comenzarlo con el cuestionamien-
to de lo que se da por cierto y
evidente, incontrovertible, inalte-
rable e irrefutable.
Pensar con libertad
Pensar con libertad signi±ca por
ello conocer, analizar e interpre-
tar todo a contracorriente y con
sentido crítico, cuantas veces sea
preciso no sólo para saber, sino,
sobre todo, para contribuir a la
construcción de la libertad en to-
dos los ámbitos y, con ella, cons-
truir la equidad humana.
El primer paso consiste sin du-
da en reconocer que toda realidad
es compleja, síntesis de inconta-
bles determinaciones casi nunca
conocidas de manera integral, ni
en sus interrelaciones ni en sus
efectos.
Quizá haya quienes se sientan
felices sin pensar con libertad, lo
que ciertamente es menos farra-
goso que tener a la incertidumbre
y al cuestionamiento como princi-
pios metodológicos; sin embargo,
33
Marcela Lagarde explica que el proceso de
sororidad
implica el desarrollo autónomo y la aceptación de las mujeres entre sí y para sí mismas,
abandonando la enemistad milenaria en que han vivido las mujeres entre sí, lo cual implica reducir signi±cativamente la competencia, la en-
vidia, la agresión, el menosprecio y la opresión que las mujeres reproducen para sí mismas dentro de un sistema patriarcal
que fuerza a las
mujeres a constituir relaciones sociales de dependencia con respecto a los hombres y a restringir su solidaridad hacía otras mujeres.
Vid
. Marcela
Lagarde y de los Ríos,
Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas,
México, Universidad Nacional Autónoma de
México, 2001, p. 829.
34
Jorge Volpi,
En busca de Klingsor
, Barcelona, Seix Barral, 1999, p 352.
61
esa felicidad será siempre muy re-
lativa, por no decir inconsecuen-
te, porque la felicidad es nada sin
la libertad.
35
La violencia ¿inevitable?
Regreso por un momento al
texto que en torno a la relatividad
y la incertidumbre en las ciencias
he citado tan solo para recordar
que Albert Einstein
36
fue el prime-
ro en proponer la creación del ar-
ma atómica ante la posibilidad de
que los nazis poseyeran su fuerza
destructiva antes que los aliados
al inicio de la década de 1940.
Pero cuando la bomba estadouni-
dense ya era una realidad en 1945,
fue el primero en recomendar que
no se usara. Así expresó Einstein,
más allá o como parte indivisi-
ble de su imaginación creativa, el
principio ético que puede consi-
derarse base fundamental e inelu-
dible, inicio y consecuencia del
pensamiento libre.
Culminación de un siglo de revolu-
ción intelectual; de la evolución al
feminismo
Después de la destrucción más
grande que ha conocido la huma-
nidad, luego de los holocaustos en
Europa y de las bombas atómicas
35
Simone de Beauvoir plantea el dilema que para las mujeres representa vivir con felicidad y libertad. Una de las argumentaciones más intere-
santes donde claramente toma posición a favor de la libertad sobre la felicidad la expone en la introducción de una de sus más representativas
obras:
Le deuxieme sexe
, Paris, Gallimard, 1949, p. 33-35.
36
Albert Einstein,
Escritos sobre la paz
, Barcelona, Península, 1967.
37
Charles Darwin,
The Origin of Species,
New York, P.F. Collier & Son Corporation, (1859) 1956.
38
A mediados del siglo XVII, el obispo anglicano James Usher (1581-1656) a±rmó, en su famosa obra the
Annales Veteris Testamenti
,
a prima
mundi origine deducti
(1650) (Annals of the Old Testament, deduced from the ±rst origins of the World), que el momento de la creación había
sido el 23 de octubre de 4004 a.C. Para una versión moderna de este texto,
vid
.
The Annals of the World
,
Master Books, 2007. N.E. Era previsible
que la separación entre teólogos, ±lósofos y cientí±cos iniciada en el Renacimiento ya para los siglos posteriores y en particular en el siglo XIX
sería un hecho ya consumado.
en Japón, se vislumbraban las po-
sibilidades de un mundo más vivi-
ble. Entonces apareció el libro de
Simone de Beauvoir,
El segundo
sexo
. Esta obra es, a mi entender, la
culminación de la revolución in-
telectual iniciada a mediados del
siglo XIX con el surgimiento de la
teoría de la evolución
37
que nos
libró de la idea de que en la na-
turaleza todo había sido siempre
igual y así seguiría. Los conoci-
mientos alcanzados por Darwin y
sus colegas pusieron en evidencia,
hace poco más de siglo y medio,
que la tierra ha cambiado, que ella
y la vida no surgieron por voluntad
divina cuatro milenios antes de la
era actual —como lo había esti-
pulado el vicario Usher
38
siguiendo
las genealogías bíblicas— y que
los seres humanos no somos án-
geles expulsados del paraíso por
causa de una mujer sino homíni-
dos en transformación continua.
Décadas después, Karl Marx y
Friedrich Engels, estudiando la evo-
lución social de la humanidad, de-
±nirían también que en ella nada
ha sido permanente, que la violen-
cia ha sido la partera de la historia,
que ésta no constituye más que
los anales de la opresión y que ha
seguido los cauces precisamente
más convenientes para los inte-
reses de los déspotas esclavistas,
feudales, capitalistas y explota-
dores de todo tipo. Años más tarde,
Sigmund Freud revelaría que en
las profundidades de la mente hu-
mana, en el inconsciente, se alo-
jan pulsiones y motivaciones que
articulan el devenir concreto de
cada ser humano.
Simone de Beauvoir fue evolu-
cionista, materialista histórica y
estudiosa del psicoanálisis, y los
integró a su investigación sobre
la condición y la situación de las
mujeres. Pero su pensamiento libre
la condujo más allá: examinó crí-
ticamente al evolucionismo y ob-
servó que quedó aprisionado en su
biologismo; con respecto al ma-
terialismo histórico, en el que se
origina la teoría de la lucha de
clases y de los sujetos de la his-
toria, halló que las mujeres nunca
habían sido consideradas precisa-
mente como sujetos de la historia
pese a estar siempre presentes en
todos los sentidos; y del psicoa-
nálisis mostró la convicción freu-
diana de que la sexualidad de las
mujeres es el resultado de la ca-
rencia del pene, obsesión del au-
tor de la teoría y de casi todos sus
seguidores.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
62
Aunque ignoró la obra mate-
rialista histórica de Alejandra Ko-
llontay,
39
de esta perspectiva de
la revolución intelectual bajo cu-
yo influjo aún vivimos, pensamos
y actuamos, Simone de Beauvoir
siguió la convicción de que la hu-
manidad tiene los elementos suf-
cientes para cambiar su destino y
transFormar la estructura de domi-
nio de sus relaciones.
Un paradigma ético
La obra de Simone de Beauvo-
ir y toda la producción intelectual
que la siguió hasta el día de hoy,
son enunciados científcos, flosó-
fcos, éticos y políticos del Femi-
nismo contemporáneo. Las líneas
que ella defnió y que han desa-
rrollado muchas mujeres y algunos
hombres desde entonces, permiten
afrmar que pensar con libertad es
pensar y actuar para construir la
libertad. Y que para ello es impres-
cindible desmontar el dominio y
sus expresiones en la cotidianidad
y en la vida pública tanto como
en la privada.
Esta es, ciertamente, la más ar-
dua tarea humana para quienes
consideren que el sentido de la hu-
manidad está en la equidad, la igual-
dad y la justicia para todas y todos
39
Alejandra Kollontay (1872-1952) Fue una revolucionaria rusa y desde la perspectiva marxista Fue una de las pioneras en reflexionar sobre la
condición de las mujeres. Entre sus obras destacan
La mujer nueva y la moral sexual
(México, ±ontamara, 1987)
y
Mujer, historia y sociedad: sobre
la liberación de la mujer
(México, ±ontamara, 1989).
40
±. Poulain,
De la educación de las mujeres
,
op. cit
.
41
Esta perspectiva ha sido históricamente desarrollada por el movimiento Feminista en sus investigaciones e interpretaciones sobre la realidad
social.
Una síntesis de la reflexión y los alcances actuales de esta perspectiva han sido elaborada por Marcela Lagarde en su libro
Género y
feminismo, Desarrollo humano y democracia
(Madrid, Horas y Horas, 1997).
Vid
., con respecto a esta misma área, mi trabajo
La perspectiva de
género. Guía para diseñar, poner en marcha, dar seguimiento y evaluar proyectos de investigación y acciones públicas y civiles,
México, Consejo
Nacional de Población (PRONAM),
1998. Cabe destacar la participación en la temática del Programa de Investigación ±eminista del
Centro de
Estudios Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM
.
los seres que la integramos; por
ello, el logro de la libertad es tam-
bién quehacer de cada individuo.
Ella no podrá alcanzar su plenitud
en su enunciación teórica, ‘en las
ciencias’, mientras no se integre ‘a
las costumbres’,
40
es decir, al sen-
tido común que la transForme en
actitud espontánea e incuestiona-
ble a tal punto que se vuelva in-
necesario Formularla a cada paso.
A esta visión se la conoce hoy
como teoría, enFoque y perspecti-
va de género.
41
Sus raíces se ha-
llan en el pensamiento crítico y
abarcan a todas las disciplinas
del conocimiento de la historia y
de las sociedades (de lo cultural
lo económico), así como también
a la medicina, a las tecnologías, a
la ecología y, en general, a todos
aquellos campos en los que es ne-
cesario analizar e interpretar las
relaciones entre los seres huma-
nos, entre mujeres y hombres, entre
mujeres y mujeres, entre hombres y
hombres y entre las personas y su
entorno, e imaginar y proponer ca-
minos de transFormación.
Se trata de un paradigma éti-
co, de una óptica renovada para
comprender todo lo que nos ata-
ñe, y de una propuesta de acción
política democratizadora.
El Fundamento de esta perspec-
tiva del pensamiento en la liber-
tad es crítico y la actitud crítica
(opuesta
al
pensamiento
único
prejuiciado e irracional) es aquella
que no puede prescindir del cono-
cimiento más acabado, del análi-
sis más hondo de los hechos que
enFrenta, de la interpretación más
completa y proFunda de los oríge-
nes de las situaciones que analiza
y de la propuesta de acciones li-
bertarias transFormadoras que plan-
tea.
Cada sociedad y cada persona
tienen sus propias convicciones
sobre lo que son los hombres y las
mujeres, las relaciones entre am-
bos, lo que debe ser y lo que no
debe ser en su vida y en sus re-
laciones. Se trata de cosmovisio-
nes y tradiciones traducidas en las
concepciones dominantes sobre el
género que se conjugan con otras
visiones para conFormar las iden-
tidades culturales de cada socie-
dad y de cada persona, los valores
imperantes y las motivaciones pa-
ra la acción.
Lo supuestamente inmutable: cár-
cel del pensamiento
Ahí están las ideas, los juicios
ya hechos que no admiten apela-
63
ción, los valores, las interpretacio-
nes, las normas, los deberes y las
prohibiciones para cada género y
para cada individuo.
Cada quien se identifca con la
cosmovisión de género, con la cos-
movisión identitaria íntegra que
domina en su medio y la considera
como la única valedera y universal.
Esta es la cárcel en la que circula
con desparpajo y convencido de sus
prerrogativas, el pensamiento coti-
diano, el pensamiento impensado,
al que se llama sentido común y
que conForma la mayor de las ba-
rreras para la posibilidad de pensar
críticamente, es decir, con libertad.
Otro camino
Iniciar el camino del pensa-
miento libertario consiste en cues-
tionar todo lo que aparece como
sentido común. Exige portar lentes
libertarios cuyas dioptrías pueden
medirse por la posibilidad que den de
percibir la opresión, la violencia y
la enajenación y por el grado en
que permiten descubrir —en la
dimensión de las relaciones gené-
ricas, en la proFundidad y la ac-
tualidad del régimen patriarcal
con su sexismo, su misoginia y su
homoFobia— las posibilidades de
acciones afrmativas inmediatas y
de transFormaciones políticas de
mediano y largo alcance.
La
base
epistemológica
del
pensamiento libertario está en
la modernidad científca crítica
42
Las defniciones más precisas de violencia Forman parte la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (publicada en
el
Diario Ofcial
de la Federación
el 2 de Febrero de 2007) que enumera también sus espacios sociales.
Vid
al respecto el artículo de Aimée Vega (“Por los derechos humanos de las mujeres: la responsabilidad de los medios de comunicación en la
erradicación de la violencia de género contra las mujeres”) y el de Marcela Lagarde, (“Por los derechos humanos de las mujeres: la Ley General
de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”), ambos en este mismo número. N.E.
que contempla a las personas co-
mo sujetos sociales, históricos y
genéricos involucrados de mane-
ra protagónica en los procesos del
conocimiento, del desarrollo de la
cultura y de continuación de la vida
social; no como objetos de obser-
vación o de investigación externos,
estáticos y evaluables o mensura-
bles desde la ajena observación
del otro, de la otra, de los otros, de
las otras.
Estos anteojos, a los que hoy
se llama anteojos de género, len-
tes Feministas, nos han permitido
saber con certeza que las socieda-
des conocidas están organizadas a
partir del conjunto de decisiones
que sobre los hechos biológicos
del sexo y la procreación se entre-
tejen para desarrollar de manera
aceptable las relaciones políticas,
económicas, sociales y culturales
entre los géneros y para estable-
cer las pautas sicológicas en que
se elabora la historia de cada in-
dividuo.
Entre las exigencias impos-
tergables de este camino está el
descubrimiento de los privilegios
propios, la defnición de cuáles
está dispuesto a eliminar cada
quien y el momento en que ese
paso ha de iniciarlo cada indivi-
duo.
En esta vía es posible percibir
con claridad y rigor el conjunto
de concepciones, valores, normas,
reglas, mitos, ritos, rituales y le-
yes que, como un todo articula-
do, conForman el contenido, la
administración, la conducción y
el control de los procesos sociales
marcados directa o indirectamen-
te por la desigualdad genérica.
La asignación al género de las
oprimidas o al género de los privile-
giados, es el primer acto político en
la vida de cada sujeto. Tiene lugar
en el momento del nacimiento o
del conocimiento del sexo del Fu-
turo o la Futura bebé y consiste en
la signifcación sexual del cuerpo
sobre la base de los valores del
patriarcado y mediante una Fór-
mula verbal que, según todo pa-
rece indicar, es práctica universal:
“¡es niño!”, “es niña”.
El patriarcado tiene como pa-
radigma al ‘hombre’ y es la or-
ganización
política,
ideológica
y jurídica de cada sociedad. Su
base es el sexismo misógino que
se expresa cotidianamente y tam-
bién en múltiples Fórmulas insti-
tucionales como el machismo, el
repudio por lo homosexual y, en
general, todas las Formas que adop-
ta la violencia en todos los ámbi-
tos sociales.
42
Las concepciones
correspondientes son compartidas
por todos aquellos y todas aque-
llas que no han podido aceptar
(tal vez ni siquiera tener acceso)
al pensamiento libertario.
El patriarcado —la ley del pa-
dre, del macho superior y domi-
nante— parte de establecer que
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
64
las diferencias de sexo son des-
igualdades de origen natural o di-
vino y, por lo tanto, inmutables.
El hombre (cada hombre, todos
los hombres) dominan a la mujer
(a todas las mujeres). La vida se
estructura en referencia al hombre
concebido como la unidad inque-
brantable de quienes tienen el poder
de decisión sobre la vida, el poder de
construir la sociedad, de crear la cul-
tura y de actuar en la historia.
Un
grillete
intelectual
está
constituido por la concepción in-
cuestionable de que la diversidad
establece como natural y legítima
la desigualdad y la opresión de
los otros que son todas y todos
aquellos que carecen del poder de
oprimir.
43
Las mujeres sólo pueden ser,
en los términos de la investiga-
ción que hizo Marcela Lagarde
44
hace una década, madresposas,
monjas, presas, putas y locas.
Están en condiciones de opre-
sión todos los sujetos sociales
que viven en la dependencia, en
la exclusión, en condición de mi-
noría y en la discriminación por
el solo hecho de su asignación a
una categoría social, debido a las
costumbres o a las leyes.
Son sujetos y ‘sujetas’ a quienes
se les han enajenado las posibi-
lidades de acceder a los recursos
creados por la humanidad y que
debieran ser patrimonio de to-
da ella. Viven en el sometimiento
a violencias físicas y, sobre todo, a
violencias invisibles de toda laya y
casi siempre conciben que esas vio-
lencias de las que son víctimas tie-
nen que ser así porque no hay otra
manera de existir.
La enajenación
Algunos de quienes ejercen la
opresión porque poseen el poder
para ello (como todos los hom-
bres al ejercer la opresión de gé-
nero y quienes aspiran a alcanzar
algún dominio sobre otras perso-
nas), tienen el convencimiento
íntimo de que para poder gozar de
sus privilegios deben dañar y so-
meter a todos aquellos que resul-
ten ser, por cualquier razón, más
débiles que ellos. Es así como
dejan transcurrir sus vidas en la
enajenación que les impide inclu-
so imaginar el goce y los placeres
de la construcción de la equidad y
de relaciones igualitarias basadas
en el afecto y la solidaridad.
La aventura del pensamiento libre
Si en nuestra cotidianidad so-
mos capaces de darnos cuenta de
todo esto, y de muchas otras co-
sas de la vida relacionadas con
ello, habremos sin duda iniciado
la aventura permanente del pen-
samiento libertario, de un cambio
de perspectiva en las ideas y de
las concepciones recibidas de ma-
nera acrítica.
No se trata de un camino tran-
quilo ni que siga un recorrido bien
trazado y pleno de seguridad y
certeza. Pero sí está marcado por
el descubrimiento de la imagina-
ción, por la creatividad y por los
hallazgos de relaciones en las que
ningún hombre sea un lobo pa-
ra otros hombres
45
y (sobre todo)
para todas las mujeres.
Recibido el 11 de abril del 2007
Aceptado el 22 de abril del 2007
43
Simone de Beauvoir, cuando cita a Emmanuel Lévinas, aFrma que la alteridad, el otro, se cumple en lo femenino que es concebido como objeto
en función de su relación con el sujeto masculino poseedor del privilegio.
Le deuxieme sexe… op. cit.
p. 16.
44
M. Lagarde,
op. cit
.
45
Celebérrima frase de Tito Marcio Plauto (254-184 a.C.) en su obra
Asinaria
(la comedia de los asnos), en la que asevera: “
Lupus est homo ho-
mini, non homo, quom qualis sit non novit
” (lobo es el hombre para el hombre y no hombre cuando desconoce quién es el otro). Siglos después,
en su
Leviathan
, Thomas Hobbes (1588-1679) la resumiría magistralmente: “
Homo homini lupus
” (el hombre es el lobo del hombre). N.E.
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