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71
Reflexiones sobre un ‘fenómeno difuso’
a partir de la Primera Encuesta Nacional
sobre Discriminación en México
Judit Bokser
**
Resumen
En este artículo, la autora analiza la dis-
criminación como proceso social a partir
de la
Primera Encuesta Nacional sobre
Discriminación en México.
Los procesos
discriminatorios fluyen a través de los
discursos y las prácticas sociales y cultu-
rales, por lo cual deben ser vistos tanto
en su dimensión individual como colec-
tiva. En este marco, la autora propone la
reflexión sociológica como instrumento
teórico que puede lograr una mejor com-
prensión de los alcances y limitaciones
de los datos arrojados por la encuesta
y sugiere atender la multidimensionali-
dad de los procesos discriminatorios, sus
denominadores comunes así como sus
especifcidades.
Abstract
The article aims to analyze discrimina-
tion as a social process. Based on the
results oF the ±irst National Survey on
Discrimination in Mexico (2005), discri-
minatory processes are conceived both
in their discursive and practical dimen-
sions as expressed in individual and co-
llective levels. The author suggests a
sociological reflection as the theoretical
tool that may contribute For a better un-
derstanding oF the results oF the Survey
by relating the diFFerent dimensions and
levels implied in discrimantion.
Palabras clave
:
Primera Encuesta Na-
cional sobre Discriminación en México,
discriminación, prejuicio, racismo, iden-
tidades colectivas, exclusión/inclusión,
antisemitismo.
*
Quiero expresar mi agradecimiento a Olga
Sabido y a ±elipe Pozo por sus invaluables
aportaciones a este trabajo.
**
Universidad Nacional Autónoma de México,
Programa de Posgrado en Ciencias Políticas
y Sociales, ±acultad de Ciencias Políticas y
Sociales, Edifcio “±”, planta baja, Circuito
Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,
Col. Copilco-Universidad, Deleg. Coyoacán,
México, D.±., c.p. 01045.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
72
S
i entendemos la democracia como un sistema que se nutre y legitima la diversi-
dad y el pluralismo, que está asociado a la inclusión de las minorías en el que-
hacer nacional y al cumplimiento de la plena igualdad ciudadana a través del Estado
de derecho, entonces resulta evidente que el tránsito hacia ella está estrechamen-
te ligado a la toma de conciencia y visibilidad de los fenómenos discriminatorios.
También, ciertamente, a los esfuerzos teóricos y prácticos para dar cuenta de ellos
y combatirlos. La discriminación queda así inserta en el marco de las diferentes di-
mensiones del pluralismo, por lo que al cultural le corresponde un pluralismo institu-
cional y también uno político que permitan construir los espacios y garantizar los
mecanismos para acceder a consensos a partir de las diferencias.
1
de la cultura, garante del ordena-
miento político institucional y en
equilibrio de la sociedad civil. Las
tres dimensiones se reclaman y se
fortalecen mutuamente alrededor
de la tolerancia y la diversidad.
2
Cierto es que la democratiza-
ción política no produce auto-
máticamente por sí misma una
sociedad civil consolidada, ni
una cultura de la ciudadanía o
un sentido de responsabilidad
social; siempre resulta necesario
llevar a cabo grandes esfuerzos
para que la participación de la
población en la comunidad po-
lítica no caiga por debajo de un
umbral mínimo en el que la perte-
nencia grupal no cancele la toleran-
cia ni los procesos de individuación
que han acompañado la cons-
trucción de ciudadanía.
Desde un ángulo opuesto, los
procesos de discriminación son la
expresión más contundente, tanto
individual como colectiva, de la ne-
gación del principio de igualdad de
la condición humana. Reflejan la in-
capacidad social, política y cultural
para dar cuenta de la alteridad y de
las diferencias. Las variadas formas
de distinción, exclusión y restric-
ción que se han dado en la historia
y las que coexisten en determinada
época y contexto social, nos impi-
den caracterizar a la discriminación
como un fenómeno unitario y ho-
mogéneo. Su conceptualización de-
be destacar lo común y dar cabida a
las especiFcidades, tanto en lo que
reFere a sus formas de expresión y
signiFcado como en lo que respecta
a sus interacciones con otros proce-
sos y fenómenos sociales.
1
Pluralismo, entonces, implica una “cultura política compartida de dominio público” en la que prive la noción de igualdad de oportunidades y un
“mundo de culturas comunales privadas” que supone la aceptación del derecho de las comunidades a mantener, crear y transmitir su identidad.
Vid
. John Rex, “La movilización étnica en las sociedades multiculturales” en Eduardo David Terrén Lalana (coord.),
Razas en conflicto. Perspec-
tivas sociológicas
. Barcelona, Anthropos, 2002, p. 269; Judit Bokser, “Globalización, diversidad y pluralismo”, en Daniel Gutiérrez M. (coord.),
Diversidad y Multiculturalismo-Perspectivas y Desafíos,
México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2006, pp. 79-102.
2
Ira Katznelson,
Liberalism’s Crooked
Circle, Princeton, Princeton University Press, 1999.
Los procesos de democratiza-
ción, en este sentido, exigen el
reconocimiento pleno del Otro co-
mo parte sustantiva y legítima del
ordenamiento social, demandan
pensar su signiFcado y alcance y,
consecuentemente, pensarnos a
nosotros mismos como Otros. La
verdadera igualdad, en este senti-
do, no radicaría en la semejanza
con el ‘que es como yo’ sino en
la plena aceptación de la Otre-
dad, de la diversidad, de aquéllos
‘que no son como yo’. Tal es el es-
píritu de convivencia democráti-
ca. Tal también el mandato de la
construcción de instituciones que
generen normas y valores compar-
tidos que cultiven la convivencia.
Por ello, cuando el pluralismo de-
riva del reconocimiento a la di-
versidad, se convierte en atributo
73
Discursos y prácticas sociales
son con frecuencia los canales por
los cuales fluye la discriminación
de modo no siempre consciente pa-
ra los actores, pero desde los cuales
es posible la reflexión sociológica.
Estos discursos y prácticas apare-
cen entonces no solamente por par-
te de individuos especíFcos, sino
que se dan también en dimensio-
nes y niveles colectivos e incluso
como políticas públicas que segre-
gan y aíslan a ciertos grupos.
3
De
hecho, se insertan en la trayectoria
histórica y en la conFguración so-
cial y política, económica y cultural
de las sociedades en las que se des-
envuelve, como fenómeno social
difuso, a la vez objetivo y subjeti-
vo, estructural y cultural, individual
y colectivo. Así, la discriminación,
inserta en la dinámica compleja del
binomio diversidad-homogeneidad,
debe ser estudiada desde la doble
perspectiva de realidad y de las na-
rrativas.
Desde esta perspectiva, la
Pri-
mera Encuesta Nacional sobre Dis-
criminación en México
4
representa
un interesante esfuerzo por diag-
nosticar la situación del problema,
al tiempo que permite alimentar la
reflexión teórica. La comparación
de las concepciones que orientan
la
Encuesta
con los aportes concep-
tuales y teóricos que las cien-
cias sociales proporcionan, puede
auxiliar a lograr una mejor com-
prensión de los alcances y limita-
ciones de este instrumento.
La
Encuesta
fue realizada por
el Consejo Nacional para Prevenir
la Discriminación y la Secretaría
de Desarrollo Social del gobierno
mexicano en mayo del 2005, en
la que se analiza la problemática
desde el punto de vista de la po-
blación en general así como desde
la perspectiva de algunas pobla-
ciones especíFcas históricamente
discriminadas o “grupos en situa-
ción de vulnerabilidad”.
5
Sus resultados, más que ser un
tópico de discusión pública, se han
mantenido como problemática in-
visible o clandestina, centrada en
los organismos y grupos
ad-hoc
,
recogiendo
así
una
trayectoria
histórica marcada por la diFcultad
de enfrentar las prácticas discri-
minatorias, reforzada, si se quiere,
por la marginalidad de la temática
en la investigación.
3
Pierre Andre Taguieff, “Racisme-racismes: éléments d’une problematisation”, en
Magazine Littéraire
134, 1995.
4
En adelante, la
Encuesta
.
5
La muestra realizada se compuso de núcleos poblacionales especíFcos mayores de edad como: a) adultos mayores (el límite de edad para este
grupo fue de 60 años y más); b) población indígena (hablantes de lengua indígena o por auto-adscripción); c) población con creencias religiosas
no-católicas, d) población femenina, e) personas con discapacidad y f) personas no heterosexuales como estudio de caso
.
En total se aplicaron
siete instrumentos de captación a aproximadamente 5, 600 agentes. Según los mexicanos y mexicanas, 1. ¿Qué es la discriminación?; 2. ¿Cuánta
discriminación se percibe?; 3. ¿A quién se discrimina en México?; 4. ¿Quién se siente más discriminado?; 5. La discriminación hacia los indí-
genas; 6. Discriminación contra las mujeres y 7. Implicaciones de política.
Vid
Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y Secretaría de
Desarrollo Social,
Primera Encuesta Nacional sobre Discriminación en México
, México, CENAPRED, SEDESOL, 2005.
6
Ibid
., “Introducción”.
Discriminación: la defnición
La
Encuesta
entiende por dis-
criminación “la situación en la
que por prejuicios a una persona
o grupo de personas se les da un
trato desfavorable, generalmen-
te por pertenecer a una categoría
social especíFca”.
6
En este sen-
tido, incorporó a los siguientes
grupos considerados en situación
de discriminación: adultos mayo-
res, población indígena, minorías
religiosas, mujeres, personas con
discapacidad y homosexuales. Sin
embargo, y entendiendo que to-
da clasiFcación supone siempre
un acto de exclusión, la utilizada
por la
Encuesta
implicó dejar fue-
ra otros sectores tradicionalmente
discriminados también como los
inmigrantes/migrantes, los des-
plazados internos, los refugiados
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
74
y las minorías etno-religiosas, por
mencionar algunos.
7
Los procesos diferenciadores no
constituyen en sí mismos un acto
de discriminación; lo son sólo en la
medida en que esta diferencia im-
plique desprecio, rechazo o limita-
ción de derechos. Como deFnición,
la discriminación implica que a un
actor o grupo especíFco se “le im-
pone un trato diferenciado en di-
versos ámbitos de la vida social, en
la que él participa de una manera
que pueda llegar a humillarlo”.
8
De
esta manera, la discriminación no
sólo constituye un ‘trato desfavo-
rable’ sino que incorpora una se-
rie de elementos como ‘prejuicio’,
‘humillación’, ‘negación’, ‘privación’,
que sólo pueden ser comprensibles
si aquélla se entiende como un pro-
blema inscrito en una gama de re-
ferentes mucho más amplia. De
acuerdo a los resultados mismos
de la
Encuesta
, el 68.4% de los en-
trevistados consideró que discri-
minar signiFca: “Tratar diferente o
negativamente a las personas”.
9
Avancemos señalando, tal como
el propio informe señala, que “por
un lado se observa consideración
(entendida como grupo desprote-
gido) por los adultos mayores, los
discapacitados, los enfermos de
SIDA e incluso por los indígenas”.
La población considera que los tres
grupos más desprotegidos son los
adultos mayores (40.5%), los in-
dígenas (15.6%) y los discapaci-
tados (14.5%.); “por otro lado, se
percibe menos consideración por
los extranjeros, los no católicos, los
homosexuales y las personas con
ideas políticas distintas”,
10
medi-
da por la no disposición a vivir en
cercanía de estos grupos: 48.4 %
rechaza la convivencia con homo-
sexuales;
11
42.1 lo hace con extran-
jeros, 38.3 con personas con ideas
políticas distintas;
12
36.2 con indi-
viduos que profesan otra religión
13
y 20.1 con integrantes de otras ra-
zas.
14
Todos ellos se identiFcaron,
además, como grupos que pueden
generar conflictos.
15
Según los datos de la Encuesta,
en promedio, 9 de cada 10 mujeres,
personas con discapacidad, indí-
genas, homosexuales, adultos(as)
mayores y pertenecientes a mino-
rías religiosas opinan que existe
discriminación por su condición.
Prácticamente una de cada tres
personas pertenecientes a estos
grupos menciona haber sufrido
discriminación por su condición
en el último año y una de cada tres
reFere que ha sido discriminado(a)
en el trabajo por su condición.
7
La Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación concibió a ésta como todo acto u omisión basado en prejuicios o convicciones
relacionados con raza, pertenencia étnica, color de piel, nacionalidad, lengua, religión y creencias políticas, dimensiones que se suman, a su
vez, a las de sexo, origen y condición social o económica, estado civil, estado de salud, trabajo o profesión, apariencia física, embarazo, edad,
orientación sexual, discapacidad física, intelectual, mental o sensorial o una combinación de estos atributos que genere directa o indirectamen-
te la anulación, el menoscabo o la restricción de los derechos humanos, las libertades fundamentales y la igualdad real de oportunidades de las
personas en las esferas política, económica, social, cultural civil o en cualquier otra de la vida pública o privada, impidiendo con ello el pleno
desarrollo de la persona humana. También incorporó en su especiFcidad la xenofobia y el antisemitismo como formas de discriminación que se
suman a los explicitados en la deFnición.
Vid
.
Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación,
El Libro Blanco de la discriminación,
México, CONAPRED, s/f y Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación
,
La discriminación en México: por una nueva cultura de la
igualdad
, México, CONAPRED, 2001.
Por su parte, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para la Defensa de los Derechos Humanos (ACNUDH) ha deFnido como grupos en situa-
ción de discriminación a todos aquellos que sufran de cualquier distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional,
edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado
civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de
las personas; también para ACNUDH se entenderá como discriminación la xenofobia y el antisemitismo en cualquiera de sus manifestaciones.
Anders Kompass (coord.),
Diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en México
,
México, OFcina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos en México, 2004, en http://www.hchr.org.mx/documentos/libros/diagnosticocompleto.pdf
8
Michel Wieviorka,
Los espacios del racismo.
Madrid, Paidós, 1991, p. 129.
9
Primera Encuesta Nacional … op. cit.,
cap. 1, “Resultados generales”.
10
Ibid
., GráFca “¿Usted a quiénes considera más desprotegidos en México?”
11
Ibid
., cap. 7, “Discriminación contra los homosexuales”.
12
Ibid
., “Resultados generales”.
13
Ibid
., cap. 8, “Discriminación contra las minorías religiosas”.
14
Ibid
., GráFca “Proporción de personas que no estarían dispuestas a permitir que en su casa vivieran personas…”
15
Ibid
., GráFca “¿Ha tenido, alguna vez, problemas con alguien porque…?”.
75
16
Ibid
., cap. 8, “Discriminación contra las minorías religiosas”.
17
Ibid
., Gráfca “¿Cuál es el mayor suFrimiento de las personas de las minorías religiosas?”.
18
El prejuicio, entendido como un conjunto de sentimientos tales como la antipatía, la hostilidad, el odio, la intolerancia y la agresividad,
juega un papel Fundamental para comprender el Fenómeno de la discriminación. Herbert
Blumer, “El prejuicio racial como sentido de posición
de grupo” en E. D. Terrén Lalana
op. cit
., p. 183.
19
M. Wieviorka,
op. cit
., pp. 118-121.
20
Como Fuente de prejuicio, señala Wieviorka (
op. cit
., pp. 123 y 124.): “El prejuicio no se Fundamenta aquí en la Fuerza del elemento dominante
en una relación social o intercultural, sino en la combinación de dos elementos: por una parte, la crisis del agente, su debilidad, su sentimiento
de menoscabo o amenaza, y, por la
otra, su capacidad de extraer, en medio de las reFerencias históricas y culturales o de la inFerioridad ma-
nifesta de un grupo ya racializado, los elementos de una identidad no social, negativa para el otro (equiparado con el mal y la inFerioridad)
positiva para el agente racista”.
La discriminación como problema sociológico
El problema de la discrimina-
ción puede leerse también socio-
lógicamente si consideramos que
todo proceso identitario supone la
distinción de un ‘nosotros’ Frente
a un ‘ellos’. La relación nosotros/
ellos depende del marco socio-his-
tórico y de las condiciones que
posibilitan la valoración negati-
va, indiFerente o positiva entre
este binomio. En este sentido, la
discriminación supone una serie
de discursos, prácticas y acciones
que construyen negativamente la
imagen del otro, del ‘ustedes’, del
‘ellos’; y esto supone necesaria-
mente una relación social. La mane-
ra en que este proceso se vuelve
operativo para la investigación
depende de la propuesta metodo-
lógica que pretenda dar cuenta
del proceso discriminatorio.
En este sentido, el marco teó-
rico a partir del cual se elaboró
la
Encuesta
considera el tema de
la exclusión social como un Fenó-
meno que puede descomponerse
en dos dimensiones estructurales:
una objetiva (material), asociada a
condiciones de desigualdad social,
y la otra subjetiva (simbólica), re-
lacionada con las representaciones
socioculturales, estereotipos y es-
tigmas, así como con cualquier
maniFestación simbólica que im-
plique exclusión. Para el marco
metodológico de la
Encuesta
, la
maniFestación de la dimensión
objetiva se centró en la pobreza,
mientras
que
la
maniFestación
más clara del mecanismo subjeti-
vo Fue el desprecio, un componte
básico en la discriminación.
Pese a tal distinción analítica es
necesario señalar que, desde una
interpretación que privilegia la so-
ciología relacional, las dimensiones
objetiva/subjetiva guardan un sig-
nifcativo vínculo pues en la diná-
mica de la exclusión social podemos
observar relaciones recíprocas en-
tre el desprecio subjetivo y las pri-
vaciones materiales, entre la inquina
personal y la violación a derechos
Fundamentales. Esta dinámica pue-
de observarse en el caso de la dis-
criminación a las minorías religiosas.
Un rechazo subjetivo tiene implica-
ciones objetivas como puede leerse
en el dato de que casi un 39.2%
de las minorías religiosas encues-
tadas gana menores salarios que el
resto de las personas y un 31.4%
considera tener menores oportuni-
dades para conseguir un empleo.
16
Del mismo modo un 20.1% consi-
dera que el mayor suFrimiento para
las personas que pertenecen a una
minoría religiosa es la Falta de tra-
bajo.
17
No podemos soslayar el hecho
de que la discriminación como me-
canismo simbólico que excluye a los
otros desde el imaginario negativo
que una sociedad ha construido his-
tóricamente sobre la otredad, esca-
pa a las voluntades individuales.
Es decir, el ‘prejuicio’,
18
como ele-
mento de motivación que posibi-
lita a los individuos discriminar,
puede estar anclado en relaciones
sociales estructurales o bien en in-
tereses de grupos sociales donde
aquél ‘hace soportable’ y justif-
cable Formas extremas de explota-
ción.
19
El prejuicio puede también
proceder como válvula de escape
cuando grupos sociales tratan de
paliar sus angustias o padecimien-
tos mediante una reconstitución
imaginaria de un ‘chivo expiatorio’
que resulta ser símbolo y Fuente
tradicional de todo mal.
20
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
76
En otras palabras, si bien un
acto de discriminación es realiza-
do por los agentes como las miradas,
las palabras, las actitudes, no por
ello puede considerársele un hecho
subjetivo pues incluso muchas ve-
ces se trata de acciones no per-
ceptibles o voluntarias para las
personas. Por citar algún ejem-
plo: alguien proclive a discursos
discriminatorios sobre identidades
étnicas, de género, o xenofóbicas
puede, en una situación de discri-
minación concreta, actuar debido
a la propia coyuntura en contra de
esas
valoraciones
discriminato-
rias por la presión simbólica que
puede implicar el orden de la in-
teracción donde no es ‘adecuado’
mostrarse abiertamente discrimi-
nador. Pero también puede suceder
que alguien considerado ‘pluralista’,
‘antidiscriminatorio’ y ‘tolerante’
puede, en una situación especíF-
ca, actuar de manera discrimina-
toria, incluso sin intenciones de
hacerlo.
21
Ello arroja luz sobre la complejidad
del fenómeno de la discriminación
por tratarse de un fenómeno mu-
chas veces ‘invisible’, encubierto o
negado en la semántica social (a
excepción de ciertos casos donde
la discriminación es abiertamente
asumida y promovida), es decir:
en el ámbito de la vida cotidiana
no nos damos cuenta o negamos
cuándo y por qué cometemos dis-
criminaciones.
En este sentido “nadie quiere ser
tildado de discriminador o de ra-
cista. Estas características están
desprestigiadas y no son asumi-
das” dirá Mario Margullis.
22
En
torno a ello también se pronuncia
Michel Wieviorka: “Esto lo ha per-
cibido muy bien Gordon W. Allport,
quien, [.
..] formula la hipótesis de
que: ‘cuando existe un conflicto cla-
ro entre, por una parte, la ley y la
conciencia y, por otro lado, la cos-
tumbre y el prejuicio, la discrimina-
ción se practica por vías indirectas y
ocultas, y menos frecuentemente
de forma directa, por las conse-
cuencias embarazosas que de ello
se derivarían.’”
23
No hay quizás ejemplo más cla-
ro de la discriminación como me-
canismo simbólico que el racismo.
Si la idea de un vínculo entre los
atributos naturales o biológicos
de un individuo o grupo y sus ras-
gos intelectuales o morales ha ca-
racterizado históricamente a este
fenómeno, su novedad hoy es que
ya no se asocia exclusivamente a
la naturalización del Otro. Su su-
puesta inferioridad biológica y de
una desigualdad natural se ven
sustituidas por una actitud dife-
rencialista, más velada, que se
desvía por la cultura y que ata-
ca a grupos nacionales, étnicos y
religiosos, preferentemente a mi-
norías, aislando, excluyendo y se-
gregando.
24
Sus manifestaciones
están codiFcadas de modo tal que
buscan impedir las acusaciones
en su contra expresándose en tér-
minos de diferencia y cultura. Aun
desde esta perspectiva, los rasgos
atribuidos a los grupos sociales
son Fjos, naturalizados y conFna-
dos a un culturalismo pseudo-bio-
lógico.
André Taguieff, a su vez, consi-
dera que en el racismo interactúan
tres dimensiones distintas: las ac-
titudes (opiniones, estereotipos y
prejuicios); los comportamientos o
expresiones (actos, prácticas, or-
denamientos institucionales) y las
construcciones ideológicas (teo-
rías, doctrinas, visiones de mundo).
En las dos últimas, pero sobre todo
en la cognitiva, se maniFesta una
categorización
esencialista
que
implica la reducción del individuo
a un estatus de representante Fjo
e inamovible de su grupo de per-
tenencia o comunidad de origen;
su estigmatización conlleva a la
exclusión simbólica en un marco
de estereotipos negativos y a una
antropología diferencialista ima-
ginaria.
25
Como resultado de la in-
teracción de las tres dimensiones,
21
Vid.
Marcelo Urresti, “Otredad: las gamas del contraste” en Mario Margullis y Marcelo Urresti, (eds.)
La segregación negada. Cultura y discrimi-
nación social
, Buenos Aires, Editorial Biblos, 1999, p. 292.
22
Mario Margullis, “La discriminación en la discursividad social”, en M. Margullis y M. Urresti,
op. cit.
23
M. Wieviorka,
op. cit
., p. 107.
24
M. Wieviorka, “Racismo y Exclusión”, en
Estudios Sociológicos,
n° 34, enero-abril de 1994, pp. 34-37.
25
P. A. Taguieff,
op. cit; Vid
. Judit Bokser Liwerant, “El antisemitismo: recurrencias y cambios históricos”, en
Revista Mexicana de Ciencias Polí-
ticas y Sociales,
n°s 182-183, mayo-diciembre del 2001, p. 103.
77
persisten y se renuevan acciones de
segregación, discriminación, ex-
pulsión, persecución y exterminio.
El impacto acumulativo de todas
ellas ha conducido a la ‘absoluti-
zación’ de la diferencia entre los
grupos humanos y su interpreta-
ción como desigualdad. A su vez,
el permanente extrañamiento del
Otro lo convierte en amenaza a la
identidad-integridad de la socie-
dad mayoritaria.
Si el racismo suele ser eviden-
te, muchas otras expresiones de
discriminación se transmiten de ma-
nera velada mediante la eufemi-
zación en el discurso que hace de
la segregación un fenómeno irre-
conocible, imperceptible. Así, se
puede aFrmar junto con Bourdieu
que “Los nuevos racistas se en-
frentan a un problema de optimi-
zación: o bien aumentan el tenor
del racismo declarado en el discur-
so [.
..], pero con riesgo de escan-
dalizar y perder comunicabilidad,
transmisibilidad, o bien aceptan
decir poco y en forma muy eufe-
mizada conforme a las normas de
la censura vigentes [.
..] y aumen-
tan así sus posibilidades de ‘trans-
mitir’ el mensaje haciéndolo pasar
inadvertido”.
26
El fenómeno de la discrimina-
ción no puede circunscribirse al
ámbito de lo meramente subjetivo
pues implica procesos institucio-
nalizados tanto en la vida cotidiana
(si por institución entendemos ‘pau-
tas recurrentes’, ‘regularidades’)
27
como en la inscripción de la dis-
criminación en discursos mediá-
ticos, políticos y jurídicos. En el
mismo sentido, y aludiendo a la
inserción en los tres niveles se-
ñalados por Taguieff, arguye Wie-
viorka:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La discriminación racial puede estar pre-
sente también en la prensa, que sólo in-
forma sobre determinados aspectos de
los grupos racializados (por ejemplo, li-
mitándose a hablar de sus crímenes y fe-
chorías), o en la publicidad, presentando
una imagen alienada de los mismos [.
..]
Lo que impresiona en la enumeración
(desde luego, no exhaustiva) de estas
áreas es el carácter institucional, en su
conjunto, de la discriminación racial.
28
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La discriminación velada puede
manifestarse en los discursos polí-
ticos y jurídicos, en el discurso de
la prensa o en el de otros medios
de comunicación así como en las
prácticas o conductas cotidianas.
En ese sentido, la discriminación
puede tener manifestaciones tan
diversas que en ciertas ocasiones
aparece de manera dispersa, inclu-
so podemos enfrentarnos a “estra-
tegias de encubrimiento y disimulo”
no sólo por parte de quienes dis-
criminan sino de los discrimina-
dos.
29
Es de destacar, además, que
los seres humanos actúan no ne-
cesariamente en términos de una
26
Pierre Bourdieu, “El racismo de la inteligencia” en
Sociología y cultura
, trad. Martha Pou, México, Grijalbo, 1990, p. 278.
27
Vid.
Peter L. Berger
y Thomas Luckamm,
La construcción social de la realidad
, Buenos Aires, Amorrortu, 1995, 1995
28
M. Wieviorika,
Los espacios del racismo
op. cit
., p. 146.
29
M. Margullis,
op. cit
., p. 11.
Entre el discurso y las prácticas:
la discriminación como un fenómeno social
disperso, velado y difuso.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
78
conciencia y una orientación de
sentido intencional,
30
en muchas
ocasiones se trata más bien de una
conciencia práctica la que orienta
la acción. De este modo la con-
ciencia práctica supone el hacer de
los actores sin que necesariamente
puedan formularlo verbalmente,
darle una versión discursiva. Por
otra parte, la conciencia discursi-
va es aquella capacidad de poner
en palabras lo que hacemos y por
qué lo hacemos.
31
La distinción conciencia prác-
tica/conciencia discursiva no es
rígida, cumple más bien una fun-
ción analítica y por ello busca
abonar a la comprensión de por
qué existe una visible escisión
entre el discurso de los individuos
y sus prácticas. Es decir, la nega-
ción de cometer actos de discri-
minación por una parte y por otra
la evidencia de que se comenten
actos de discriminación.
La conciencia práctica no su-
pone ignorancia sino un saber
hacer, se trata de la actualiza-
ción del conocimiento del senti-
do común que posibilita que los
actores puedan orientarse en un
contexto ordinario, cotidiano sin
un
cuestionamiento
radical
de
sus orientaciones; ese saber rara-
mente puede expresarse en forma
‘proposicional’.
32
Sin embargo, este proceso im-
plica una ‘naturalización’ del orden
social, para el caso de la discrimi-
nación se trata de entender có-
mo los agentes consideran ‘natu-
ral’, ‘evidente’, ‘incuestionable’ que
exista un otro desvalorizado. Esta
característica del actuar se mani-
Festa, en el caso del racismo, en la
medida en cómo se imputan a los
otros “defectos o virtudes que se
atribuyen al plano de lo natural”.
33
Es a partir de tales elementos
que se hace comprensible el hecho
de que el 43% de los encuestados
opinó que los indígenas tendrán
siempre una limitación social por
sus características raciales. Así
como una de cada tres personas
opinó que lo único que tienen que
hacer los indígenas para salir de
la pobreza es no comportarse co-
mo tales.
34
Es decir, asistimos a
un proceso de naturalización de
lo social.
Aún más, se considera que la
pobreza es resultado de la ‘natu-
ra’ de los indígenas y no resultado
de procesos socio-históricos donde
se han sistematizado exclusiones
en torno a la ciudadanía, al tra-
bajo, a la educación, a las acti-
vidades recreativas, etcétera; se
pretende que la inferioridad o la
superioridad sea natural. No nos ex-
trañe el dato que arroja la
Encuesta
en el sentido de que 40% de los en-
trevistados estuvieron dispuestos
a organizarse con otras personas
para evitar que un grupo de in-
dígenas se establezca cerca de su
comunidad.
35
El mantener a raya a
los otros diferentes implica, tar-
de o temprano, la posibilidad de
la agresividad, uno de los aspec-
tos latentes de la discriminación
maniFesta tal y como ocurre, por
ejemplo, en el caso de la violen-
cia contra las mujeres.
36
El discur-
so racista ha elaborado formas de
estigmatización vinculadas a la
‘naturaleza’ aún cuando sus ras-
gos distintivos y excluyentes tie-
nen sede en lo étnico, como este
caso.
Por otra parte, no toda actitud
discriminatoria hacia los otros su-
pone un carácter irreflexivo. Es
aquí donde opera la conciencia
discursiva, como esa capacidad
de poner en palabras lo que hace-
mos y por qué lo hacemos. Al po-
der enunciar lo primero damos un
30
En este sentido, la sociología ha superado los restos de la Flosofía de la conciencia en el que algunos autores habían enmarcado el problema
de la acción social.
31
Vid
., Anthony Giddens,
La constitución de la sociedad. Bases para la teoría de la estructuración
, Buenos Aires, Amorrortu, 1998.
32
Vid.
Alfred Schutz, ,
El problema de la realidad social,
Buenos Aires, Amorrortu, 1995 y Harold GarFnkel, “¿Qué es la etnometodología?” en
Estudios en etnometodología
, Barcelona, Anthropos, 2006 (Autores, Textos y Temas. Ciencias Sociales).
33
M. Margullis,
“La racialización de las relaciones de clase” en M. Margullis y M. Urresti,
op. cit
., p. 24.
34
Primera Encuesta Nacional … op. cit
, cap. 3, “Discriminación contra los indígenas”.
35
Idem.
36
Vid
. al respecto el artículo de Aimée Vega (“Por los derechos humanos de las mujeres: la responsabilidad de los medios de comunicación en
la erradicación de la violencia de género contra las mujeres”) y el de Marcela Lagarde (“Por los derechos humanos de las mujeres: la Ley General
de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”) en este mismo número. (N.E.).
79
sentido a lo segundo. De esta ma-
nera es interesante dar cuenta de
que incluso en el discurso (y no
sólo en las prácticas) las personas
muestran abiertamente un recha-
zo hacia otras minorías religiosas.
Así, más de la mitad de los mexi-
canos encuestados, 50.9%, afrmó
que entre más religiones existan
habrá mayores conflictos entre
las sociedades, mientras que un
36.6% opinó que era más diFícil
enseñarle valores a los hijos cuan-
do se permite la existencia de mu-
chas religiones en el país.
37
Es necesario subrayar que en
ciertas ocasiones en un discurso
de discriminación el otro apare-
ce como ‘amenaza’, generador de
conflictos, peligrosidad, o difcul-
tad de cohabitar pacífcamente.
De ahí que una de las estrategias
preFerentes de cualquier políti-
ca discriminatoria sea erradicar,
apartar, separar, mantener a dis-
tancia, lejos, a todo aquel que
es considerado un ‘extraño’, un
outsider
y, por ende, un enemigo
(máxima distorsión de la otredad)
en potencia.
37
Primera Encuesta Nacional … op. cit
, cap. 8, “Discriminación contra las minorías religiosas”.
38
Vid.
P. Bourdieu,
La miseria del mundo
,
México, ±CE, 1999 p. 122.
39
Loïc Wacquant,
Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos de milenio
, Buenos Aires
,
Manantial, 2002, p. 41; Judit Bokser y Gilda
Waldman, “El ghetto: historia y memoria”, en
Acta Sociológica,
n°s 26 y 27, mayo-diciembre de 1999,
pp. 55-86.
40
Ibid
., cap. 8, “Discriminación contra las minorías religiosas”.
Discriminación/segregación. La relación cerca/lejos
La cohabitación contemporánea
puede verse empañada de discri-
minación y prácticas segregacio-
nistas. Así, la discriminación puede
tener maniFestaciones socio-espa-
ciales que implican la relegación
Forzada de una población negati-
vamente tipifcada. En la medida
en que
el espacio social está ins-
crito a la vez en las estructuras
espaciales (casas, colonias, ba-
rrios, ciudades, países), es en el
espacio donde se afrma y ejerce
el poder.
38
La lejanía que se puede esta-
blecer Frente a los otros en el es-
pacio no implica solamente una
modifcación en el lugar Físico
sino una alteración en el ámbi-
to social. De allí que aun soste-
niendo que se ha hecho un uso
abusivo del concepto de
ghetto
resulta
pertinente
recordar
la
manera en que Loïc Wacquant
se refere al ghetto norteameri-
cano en su versión contemporá-
nea: “En eFecto el ghetto no es
simplemente una entidad espa-
cial o mera agregación de Fami-
lias pobre enviadas al Fondo de
la estructura de clases: es una
Formación
exclusivamente racial
que produce una red vasta co-
mo la sociedad, de asociaciones
materiales y simbólicas entre el
color, lugar y una multitud de
propiedades sociales de valora-
ción negativa”.
39
Como la segregación no es sólo
un alejamiento espacial sino simbó-
lico, podemos constatarla también
en la escuela y el trabajo: 28.9%
de las minorías religiosas encues-
tadas dice que sus hijos han sido
víctimas de actos discriminatorios
por ser una personas de minoría
religiosa y 31.4% de ellas consi-
dera tener menores oportunidades
para conseguir un empleo que el
resto de las personas.
40
En muchas ocasiones este ti-
po de acciones colectivas de re-
chazo hacia el Otro no tienen un
reFerente empírico que las susten-
te, sino que brotan del ‘rumor’ de
que determinado grupo (‘ellos’)
va a establecerse ‘cerca’ de uno
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
80
(‘nosotros’). En este caso, la in-
sinuación puede ser una variante
importante del racismo pues és-
te “procede de mecanismos cog-
nitivos parecidos, aunque con la
particularidad de que el rumor
añade a la precomprensión del
otro, la elaboración y la difusión
de hechos [.
..] y propone un re-
lato presentado como concreto,
innegable y auténtico a partir
del cual se refuerza o se conFrma
el prejuicio”.
41
Real o imaginaria,
cuando la acción discriminatoria
de un agente se encuentra lo su-
Fcientemente consensuada como
para devenir en una acción co-
lectiva, los desenlaces siempre
han sido trágicos para el tejido
social.
Desde esta óptica, entonces,
se busca comprender cómo es que
de los grupos vulnerables a ser
discriminados nueve de cada diez
considera que existe discrimina-
ción por su condición. Por otra
parte, uno de cada tres considera
que se les ha discriminado en el
último año, la misma proporción
existe en cuanto a los que opinan
que han sido discriminados en el
trabajo.
42
Según los datos de la
Encuesta
,
“En general, las mujeres, los in-
dígenas, los discapacitados, los
adultos mayores, los homosexua-
les y los pertenecientes a mino-
rías religiosas se sienten discri-
minados. Los dos grupos que se
perciben como más discriminados
son los discapacitados y los ho-
mosexuales”.
43
Nueve de cada diez
mujeres, discapacitados y homo-
sexuales en promedio opinan que
existe discriminación por su con-
dición.
44
Prácticamente una de
cada tres personas pertenecien-
tes a estos grupos menciona ha-
ber sufrido discriminación por su
condición en el último año
45
y
una de cada tres reFere que ha
sido discriminado(a) en el traba-
jo por lo mismo.
46
41
M. Wieviorka,
Los espacios del racismo… op. cit.,
p. 118.
42
Primera Encuesta Nacional … op. cit
., “Resultados generales”.
43
Ibid
., cap. 1, “Resultados generales”.
44
Ibid
., GráFca “¿Usted cree que en México hay discriminación según su condición?”.
45
Ibid
., GráFca, “En el último año, ¿ha sufrido un acto de discriminación por su condición?”.
46
Ibid.
, GráFca “En alguno de sus trabajos, ¿lo han discriminado por su condición?”.
47
Shmuel Noah Eisenstadt, “The Constitution of Collective Identity. Some Comparative and Analytical Indications”, en Bernhard Schäfers (ed.),
Lebensverhältnisse und Soziale Konflikte im Neuen Europa
, ±rankfurt, Campus Verlag, 1993.
El problema de la identidad etno-religiosa
y la discriminación: expresiones difusas, prácticas concretas.
En el marco de las sociedades
contemporáneas, la diferenciación
cultural ha pasado a tener un rango
analítico de la misma importancia
que la diferenciación social. Ade-
más de la división de la sociedad
en clases caracterizada por la ex-
clusión material, el problema de
la exclusión social remite además
a privaciones simbólicas expresa-
das en clave de racismo, xenofo-
bia y antisemitismo.
A Fn de comprender los procesos
de diferenciación cultural y las
nuevas caras de la exclusión que
de ella se desprenden, las deFni-
ciones identitarias, los procesos
de construcción de identidades
colectivas, la deFnición de fron-
teras y los criterios de membresía
de grupo resultan ser de suma im-
portancia. En esta línea sobresa-
le, en primer lugar, el tema de la
etnicidad.
47
81
Las
diferencias
que
pueden
considerarse étnicas dependen de
diversos tipos de experiencias y
trayectorias. Están asociadas, cier-
tamente, con la preocupación que
los grupos minoritarios tienen por
arroparse de sus raíces, de una
memoria, y de una vida comuni-
taria que recoja y promueva lo co-
mún. Así, tanto la voluntad de ser
colectiva como la experiencia vi-
vida del rechazo social o de la dis-
criminación racista es decisiva en
la construcción de las identidades
colectivas.
Las trayectorias étnicas pueden
proceder de un estado anterior al
de la sociedad en cuestión- que
es lo que ocurre cuando la inmi-
gración ha encontrado, y en oca-
siones implicado, la destrucción
parcial o total de los pueblos pre-
existentes-, o bien constituyen
una presencia reciente o contem-
poránea de la sociedad, cuando
acoge una inmigración que apor-
ta características culturales de
origen, una religión y estructura
comunitarias distintas a la pobla-
ción receptora.
Si bien el sentido de pertenen-
cia grupal fortalece los lazos para la
acción colectiva, suele ser utilizado
como otro criterio más para quienes
buscan justiFcar la discriminación.
Ello permite observar una difícil di-
námica en el marco de las minorías
etno-religiosas o etno-nacionales y
en situación de inmigración.
Es necesario distinguir los con-
tenidos primordialistas o primige-
48
Vid. J. Rex,
Op. Cit
, p. 266.
nios a la luz de una perspectiva
constructivista de las identidades.
Uno de de los criterios para cons-
truir la identidad en una minoría
étnica se relaciona con el hecho
de que sus miembros pueden estar
unidos a otros tanto en la dimen-
sión local como en la transnacio-
nal. Destaca la singularidad de la
trayectoria diaspórica judía. Cier-
tamente la confluencia de los bi-
nomios etno-religioso y etno-na-
cional le conFeren tal singularidad
y las expresiones de prejuicio y
discriminación de las que ha si-
do objeto comportan igualmente
excepcionalidad y multidimensio-
nalidad. El judaísmo implica lazos
de pertenencia y de identiFcación
que incorporan y rebasan el ho-
rizonte religioso y conFguran el
cumplimiento de preceptos que se
entrecruzan con dimensiones que
recogen la memoria de una trayec-
toria histórica. Esto se ha manifes-
tado en un bagaje común étnico
cultural y en una existencia grupal
que se expresan en la experiencia
de una vida colectiva, por lo que
el judaísmo puede mejor compren-
derse desde el concepto y la rea-
lidad de una religión-comunidad
histórica, al tiempo que lo distan-
cian de su conceptualización como
iglesia.
Es precisamente la compleja in-
teracción de los referentes de perte-
nencia grupal (cultura, etnicidad,
pueblo, nación lengua, religión e
historia) así como las recurrencias
y cambios históricos en el fenó-
meno de la discriminación las que
encuentran en la condición judía
así como en el antisemitismo una
expresión singular. La singularidad
del antisemitismo está asociada a su
recurrencia y permanencia histórica
y al hecho de que a la fundamen-
tación racial de la discriminación,
a la cual precedió la cultural y la
religiosa, han interactuado con
otras fuentes y móviles de índole
social, económica y política.
La identidad colectiva de aque-
llas minorías étnicas que están en
situación de inmigración se ve pro-
yectada y nutrida en su propia di-
ferenciación interna así como por
la realidad misma de ‘identidades
múltiples’.
48
Los lazos identitarios se
tejen en el marco pertenencias di-
versas. Para un grupo de tales ca-
racterísticas, la re-actualización de
su cultura compartida, de los nexos
religiosos, del ritual, de una tradi-
ción ética y cognitiva es condición
de continuidad y cambio.
También puede darse el caso
de una comunidad étnica ‘origi-
naria’ históricamente desvalo-
rizada, que asume una religión
no mayoritaria, donde los pro-
cesos de discriminación pueden
darse entre aquellos mismos con
los que comparte la etnia más no
la religión.
En este sentido, resulta inte-
resante señalar cómo la clasiF-
cación que se expresa en la no-
ta metodológica de la
Encuesta
Nacional sobre Discriminación en
México
2005, para tomar como
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
82
unidad de análisis a las minorías
religiosas, se las delimita como
“no-católicos” es decir, no se in-
corpora al Otro en su otredad, si-
no que lo niega como no-ser, es
decir, como aquel que no se def-
ne en Función de lo católico, de la
religión mayoritaria. La
Encuesta
destaca que más del 80% opina
que en México sí hay discrimina-
ción en contra de las minorías reli-
giosas, 21.4% de los encuestados
pertenecientes a las minorías reli-
giosas ha sido víctima de un acto
de discriminación y 24% se siente
rechazado por la sociedad.
Cuando las identidades colec-
tivas se establecen en el marco
de una identidad nacional que las
ha excluido de su mismo proce-
so constituyente, como es el caso
de los indígenas, la semántica de
desprecio social permanece aún
con todos los intentos de asimila-
ción, es decir, el supuesto de que
la única manera de incorporarlos
es que abandonen su identidad
originaria, que dejen de ser indí-
genas. En el caso de la
Encuesta
este proceso cobra relevancia al
interpretar el hecho de que uno
de cada tres de los encuestados
opinó que lo único que tienen que
hacer los indígenas para salir de
la pobreza y de sus limitaciones
sociales es no comportarse como
tales.
De Frente a minorías de reciente
inmigración, entre las que fgura la
49
Judit Bokser, “La identidad nacional: unidad y alteridad”, en Serge Gruzinski, Jacques LaFaye,
et. al
.,
México: identidad y cultura nacional
,
México, Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), 1994, pp. 71-86; y “Cárdenas y los Judíos: entre el exilio y la inmigración”, en
Canadian
Journal of Latin American and Caribbbean Studies
, vol 20, n°s 39 y 40, 1996, pp. 13-38.
judía, el proceso de discriminación
se incentivó históricamente de ma-
nera a la vez diFusa y concreta, me-
diante discursos y prácticas, a la luz
de una narrativa que subrayó que
ciertas identidades étnicas inmi-
grantes pueden amenazar o desafar
la identidad nacional, concebida co-
mo homogénea. De un modo global
cabría afrmar que esta compleji-
dad deriva del proceso que com-
portó históricamente la aspiración
a defnir la identidad nacional, a
descubrir lo propio, lo original,
que conFormó la idea de Fusión ét-
nica como un recurso de identidad,
a partir de la convicción de que
era posible y deseable crear una
sociedad unifcada y homogénea
que compartiría una identidad na-
cional única. De allí se derivó la
idea del mestizaje como sinónimo
de identidad nacional, de modo tal
que el mestizo sería el depositario
de la misión de unifcar la nacio-
nalidad mexicana. Mientras que en
esta misión el indígena era el Otro
susceptible
de
integración
–al
precio ciertamente de su asimila-
ción y consecuente renuncia a su
identidad originaria- la otra rama
Fundacional, la hispano-cristiana,
convirtió al extranjero diFerente
en un elemento no legítimamente
constitutivo de lo nacional.
49
La
cuestión migratoria se convirtió
en un ámbito destacado en el que
se expresaron diFerentes concep-
ciones de la nación y del tipo de
sociedad deseada, así como una
dimensión igualmente central al-
rededor de la cual se convocaron y
articularon expresiones antisemi-
tas. En eFecto, el antisemitismo,
tanto en el nivel de las actitudes,
estereotipos y prejuicios, como en
el del comportamiento, proyecta-
do en actos, prácticas y en la pro-
pia normatividad, tuvo un amplio
impacto en las políticas migrato-
rias y en la representación social
del Otro.
La no existencia de un solo ti-
po de discriminación nos abre así
a la necesidad de estudiar el Fenó-
meno en sus denominadores comu-
nes y en sus especifcidades.
Cabe destacar que la diversi-
dad de los Fenómenos discrimina-
torios es atendida por la
Encuesta
,
aunque no en su totalidad. La dis-
tinción planteada desde el prin-
cipio entre dimensión objetiva y
dimensión subjetiva nos ayuda a
entender que la discriminación
tiene muchos tipos de maniFesta-
ciones. La asunción de una pers-
pectiva relacional implica también
una atención de lo subjetivo y lo
objetivo.
Por otra parte, la comprensión de
la discriminación como Fenómeno
social diFuso permite analizar as-
pectos que trascienden sus mani-
Festaciones empíricas; los aspectos
estructurales de la discriminación
incluyen la recuperación de pro-
cesos históricos y de las consi-
83
deraciones sobre lo socialmente
aceptable.
Hemos asumido que los discur-
sos y las prácticas son los canales
por los cuales fluye la discrimi-
nación, de modo no siempre con-
ciente para los actores. Estos dis-
cursos y prácticas aparecen en-
tonces no solamente por parte de
individuos específcos, sino inclu-
so como políticas públicas que
estigmatizan, segregan y aíslan a
ciertos grupos.
En nuestros días, los procesos
discriminatorios han adquirido una
nueva visibilidad en clave de cues-
tionamiento de la dignidad de las
personas debido, en gran medida,
a las reivindicaciones planteadas
precisamente por los grupos suje-
tos a discriminación. El desarrollo
y aplicación plenos de los dere-
chos humanos —según los cuales
los Estados y los organismos in-
tergubernamentales deben velar
por la eliminación de toda Forma
de discriminación mediante estra-
tegias capaces de Fomentar una
50
Vid
., Ofcina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos,
Carta de las Naciones Unidas
, Nueva York, Organización de las Naciones Unidas,
1945 (http://www.unhchr.ch/spanish/html/menu3/b/ch-cont_sp.htm) y Asamblea General de las Naciones Unidas,
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Derechos Humanos
, Nueva York, Organización de las Naciones Unidas, 1948 (http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm).
convivencia social incluyente y
respetuosa al tiempo que asegu-
ren, promuevan y Fortalezcan el
respeto a la dignidad humana y
las libertades Fundamentales de
todos, sin distinción de raza, re-
ligión, idioma, sexo, fliación po-
lítica o expresión cultural
50
— se
hace, más que deseable, urgente
si es que se aspira a tener marcos
de convivencia donde la igualdad,
entendida
como
la
aceptación
plena de la Otredad y el respeto a
la alteridad por ellas mismas, sea
el común denominador del com-
portamiento estatal y ciudadano.
Por su parte, la eliminación de
cualquier Forma de discrimina-
ción implica acciones sociales y
de Estado complejas y plurales,
que incluyen dimensiones como
la educación, el acceso igualita-
rio a la justicia y la Formación de
grupos sociales capaces de asu-
mir un papel efcaz en el manejo
y control de toda Forma de discri-
minación. Tampoco podemos dejar
de considerar la necesidad de un
‘cambio’ de mentalidades (que co-
mo lo muestra la historia siem-
pre es lento y contradictorio), no
obstante, tal posibilidad no pue-
de realizarse sin los relativos mar-
cos estructurales, de lo contrario
si se tomara como solución al pro-
blema de la discriminación sola-
mente un cambio de mentalidades
caeríamos de nuevo en la debili-
dad teórica de considerarla sólo
como un aspecto subjetivo.
Por ello, pensar la discrimina-
ción como un proceso social nos
remite a la concepción integral
de los Fundamentos sobre los que
descansa la convivencia social, en
cuyo seno el reconocimiento del
Otro y las diversas dimensiones
del pluralismo abonan para afan-
zar los supuestos de la democra-
cia.
Recibido el 4 de marzo del 2007
Aceptado el 13 de marzo del 2007
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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