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87
Las condiciones de vida en las cárceles mexicanas
Elena Azaola
*
Resumen
Con base en dos encuestas levantadas
en 2003 y 2006 a una muestra repre-
sentativa de la población de internos en
los establecimientos penitenciarios del
Distrito Federal y el Estado de México,
el texto analiza las condiciones de vida
en prisión y se refere a los desaciertos
de las políticas de seguridad que los han
llevado ahí.
Abstract
Based on two polls held in 2003 and
2006, a representative sample o± the
population o± interms within the peni-
tentiary establishments in the Federal
District and the State o± Mexico, the text
analyses the living conditions in prision
and re±ers to the mistakes in the security
policies that have led them there.
Palabras clave:
sistema penitenciario
mexicano, cárceles del Distrito Federal,
cárceles del Estado de México
*
Centro de Investigaciones y Estudios Supe-
riores en Antropología Social, CIESAS, Calle
Juárez 87, Colonia Tlalpan, C.P. 14000 Méxi-
co, D.F.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
88
E
n este trabajo se abordan las condiciones en las que vivían los internos en
las prisiones en México, particularmente en el Distrito Federal y el Estado
de México, durante el periodo 2002-2006. Ello con base en datos proporcio-
nados por los internos en dos encuestas que tuvimos oportunidad de levantar
en las cárceles de dichas entidades durante el periodo señalado. El propósito
que se ha tenido al repetir este ejercicio ha sido el de poder medir los cambios
suscitados en la población penitenciaria de las dos entidades que cuentan con
el mayor número de reclusos en el país.
Si bien en ambas encuestas se recabó información sobre cuatro temas —ca-
racterísticas sociodemográ±cas de los internos; patrones y tendencias delicti-
vas; debido proceso y condiciones de vida en la prisión— este trabajo sólo se
ocupa del último de ellos.
1
mas de con±abilidad y de validez
en los datos o±ciales. En cambio,
una encuesta levantada en pri-
sión permite obtener información
desde el punto de vista del autor
del delito. Recolectar esta clase
de información se constituye en
una fuente alternativa que posibi-
lita contrastar y validar registros
o±ciales pero, fundamentalmente,
consiente detenerse y enfocar un
tipo de información que rara vez
las instituciones de administra-
ción de justicia tiene interés en
recabar.
Cabe señalar que la información
que un instrumento de este tipo
arroja no se halla exenta de cues-
tionamientos acerca de la veraci-
dad de los datos que los internos
son capaces de proporcionar. En
este caso, el estudio replica otros
similares que periódicamente se
conducen en Europa y Estados
Unidos donde encuestas como éstas
no se levantarían si no se tuviera
claro que los bene±cios superan
los riesgos de obtener informa-
ción que en algunos casos puede
ser puesta en duda.
Otros estudios han mostrado
que mientras se interrogue a in-
ternos sentenciados sobre hechos
que no tendrán consecuencias pa-
ra su futuro, las probabilidades
de obtener información veraz se
incrementan notablemente. En la
encuesta que levantamos, sólo
se entrevistaron internos senten-
ciados y se realizaron cuidadosas
pruebas de validación de la infor-
mación con lo que pudimos cons-
tatar que el caso mexicano no se
aparta de los parámetros estable-
¿Por qué levantar una encuesta?
La información de la que se
dispone para conocer los distintos
temas relacionados con la justicia
proviene generalmente de fuentes
o±ciales como procuradurías, juz-
gados, policías y centros peniten-
ciarios. Esta información, aunque
valiosa, resulta incompleta ya que
proporciona solamente la versión
o±cial de los hechos con los ses-
gos propios de la institución que
la provee.
En México, especialmente, exis-
ten serias limitaciones en cuanto
a la calidad de la información de
los registros o±ciales. Éstas van,
desde la dudosa auditoría en los
procesos de recolección de datos,
hasta la información pobre y es-
casamente sistematizada. Por lo
tanto, es común encontrar proble-
1
Los resultados
in extenso
de la encuesta del 2002 pueden consultarse en Marcelo Bergman, Elena Azaola y Ana Laura Magaloni,
Delincuencia,
marginalidad y desempeño institucional,
México, Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2003. Los de la encuesta de 2006 aún se
hallan en prensa.
89
Resultados de la encuesta
ner los mayores niveles de sobre
cupo: 13,207 internos en el caso
del Distrito Federal y 8,353 en el
del Estado de México. Si se toma
en cuenta que el sobre cupo a ni-
vel nacional era de 53 mil inter-
nos, resulta que las dos entidades
que estudiamos reunieron al 40%
de la población excedente en pri-
sión, lo que nos da una idea de
la magnitud de los problemas que
enfrentan las instituciones peni-
tenciarias ubicadas en ellas.
De igual modo habría que seña-
lar que, durante la década 1995-
2005, tanto el Distrito Federal co-
mo el Estado de México fueron las
entidades que tuvieron los mayo-
res incrementos en la población
penitenciaria que se han registra-
do en el país, siendo éstos, res-
pectivamente, de 13.5% y 12.7%
en promedio anual. Ello signi±-
ca que tanto en la capital fede-
ral como en su estado vecino, la
población en prisión se ha venido
duplicando cada seis años lo que
también da cuenta de los retos
que representa mantener las con-
diciones de vida de los internos.
5
cidos por estudios similares reali-
zados en otros países.
Un argumento adicional que nos
permite sostener que la informa-
ción recabada es altamente con-
±able, se re±ere a la estabilidad
de las respuestas. Es decir que, al
efectuar la comparación entre los
datos obtenidos en 2002 y 2006,
encontramos niveles de varianza
muy similares lo que brinda sus-
tento a la ±abilidad del instru-
mento.
2
En la primera encuesta, la muestra estuvo conformada por un total de 1,615 internos e internas y
por 1,645 en la segunda.
3
Como resulta evidente, la otra mitad no puede incluirse en la muestra dado que se encuentra en prisión preventiva, es decir, no son todavía
jurídicamente responsables de los actos que se les imputan. La empresa de investigación Mund Américas tuvo a su cargo tanto el diseño de la
muestra como el levantamiento de la encuesta.
4
Vale la pena destacar que tan sólo dos prisiones del Distrito Federal que cuentan con más de 9 mil internos cada una (el Varonil Norte y el
Varonil Oriente), concentran la misma población que las 21 prisiones con que cuenta el Estado de México.
5
Rafael Ruiz Harrell, “El Estado de México”, en
Reforma,
19 septiembre, 2005.
La segunda encuesta se le-
vantó entre septiembre de 2005
y enero de 2006 en nueve de los
diez establecimientos penitencia-
rios del Distrito Federal y en doce
de los 21 con que cuenta el Esta-
do de México. En ambas entidades
se diseñó una muestra aleatoria y
representativa de la población de
sentenciados.
2
Los sentenciados
representaron poco más de la mi-
tad (56%) de la población en pri-
sión entonces.
3
Cabe resaltar que para el mes
de diciembre de 2005 había en la
República mexicana un total de
212 mil personas recluidas en es-
tablecimientos penitenciarios. De
ellas, el Distrito Federal albergaba
a 31,547 y el Estado de México a
18,086, es decir, 49,633 reclusos
entre ambas; en otra palabras, es-
tas dos entidades concentraban al
23.41% del total de prisioneros en
el país.
4
De este modo, el estudio
que realizamos fue representati-
vo de casi la cuarta parte del total
de la población que se encontraba
en prisión en México entonces. Al
mismo tiempo, estas dos entida-
des sobresalieron también por te-
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
90
Condiciones de vida en la prisión
no disponían de sufciente agua
para beber.
• 67% de los reos en el Distri-
to Federal y 58.6 en el Estado
de México consideraron que los
alimentos que les proporciona-
ban eran insufcientes.
• 35% de los sentenciados en el
Distrito Federal y 18 en el Es-
tado de México apuntaron que
no recibieron atención médica
cuando la requirieron.
• Sólo el 22.8% de los prisioneros
en el Distrito Federal y el 22.9 en
el Estado de México dijeron que
la institución les dio los medi-
camentos que solicitaban.
• La ±recuencia con la que los
presidiarios recibieron la visi-
ta de sus ±amiliares y la visita
conyugal disminuyó ligeramen-
te en las dos entidades durante
los últimos tres años del perio-
do señalado.
• Un 35.5% de ellos en el Distrito
Federal y otro 24.3 en el Estado
de México opinó que el trato que
recibían sus ±amiliares cuando
los visitaban era “malo” o “muy
malo”.
• Los cobros indebidos a ±amilia-
res se mantuvieron en una pro-
porción estable en el Distrito
Federal mientras que en el Esta-
do de México se incrementaron.
• El apoyo que recibieron los re-
cluidos por parte de sus ±amiliares
para proveerles de alimentos,
material de trabajo, medicamen-
tos, ropa, etcétera, disminuyó
durante los tres últimos años del
periodo estudiado.
• 71.6% de los condenados en
el Distrito Federal y 72.1 en el
Estado de México con±esaron
sentirse menos seguros en la
prisión que en el lugar donde
vivían antes de ingresar.
• El 64% de los presidiarios en
el Distrito Federal y el 50 en el
Estado de México aseguraron
desconocer el reglamento del
centro penitenciario donde se
encontraban.
Acceso a bienes y servicios básicos
El problema del hacinamiento
en las prisiones que estudiamos
±ue manifesto y particularmente
grave en los dormitorios. Baste
señalar que la mitad de la pobla-
ción interna en las dos entidades
dormía en espacios que rebasa-
ban, en ocasiones por más del do-
ble, el cupo para el cual ±ueron
diseñados.
6
Presupuesto
De acuerdo con los datos pu-
blicados en la
Gaceta Ofcial del
Distrito Federal
, el presupuesto
asignado a los reclusorios de la
ciudad de México ±ue para 2006
de 1,127 millones de pesos. Si se
toma en consideración que cuan-
do levantamos la primera encues-
ta (2002) el presupuesto había
sido de 912 millones de pesos,
nos damos cuenta que, mientras
la población penitenciaria se in-
crementó en más del 30%, el pre-
supuesto sólo lo hizo en un 15.
De ahí que podamos decir que el
costo diario por interno en el Dis-
trito Federal bajó de 120 pesos al
día en 2002 a 98 en 2006, lo que
constituye un primer indicador
del deterioro que han su±rido las
condiciones de vida de los reclu-
sos en esta entidad.
Algunos datos relevantes
• Las instituciones penitenciarias
estudiadas proveyeron cada vez
menos a los internos de bienes
básicos como ropa, cobija y za-
patos.
• 30.5% de los prisioneros en el
Distrito Federal y 19.7 en el Es-
tado de México señalaron que
6
Vale la pena señalar que el
Conjunto de principios de las Naciones Unidas para la protección de todas las personas sometidas a cualquier ±orma
de detención o prisión
, así como el
Comentario general 20 del Comité de Derechos Humanos sobre el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polí-
ticos,
han establecido que la obligación de tratar a los detenidos respetando su inherente dignidad es una regla básica de aplicación universal.
Los Estados no pueden alegar la ±alta de recursos materiales o difcultades fnancieras para justifcar el trato inhumano. Los Estados están obli-
gados a proporcionar a todos los detenidos y presos servicios que satis±agan sus necesidades básicas. El hecho de no o±recer comida o atención
médica sufcientes viola estos principios. De igual modo, éstos establecen que los detenidos o presos tienen derecho a solicitar mejoras en el
trato que reciben, o a quejarse del mismo. Las autoridades deben responder con celeridad y si la solicitud o reclamo son denegados, pueden ser
presentados ante una autoridad judicial o de otro tipo (ONU Doc. HRI/GEN/1/Rev.1 art 30).
91
Con respecto a quién les pro-
porcionaba los artículos básicos
que requerían los internos, obtu-
vimos las siguientes respuestas:
(
Tabla 1
)
.
Es preciso destacar que, com-
parados con los datos que obtuvi-
mos en la primera encuesta, en la
segunda se obtuvieron, en todos
los renglones, porcentajes más
elevados para los artículos que la
familia provee a los internos; es
decir, artículos que la institución
ha dejado de proveer.
Por lo demás, el 98% de los in-
ternos de ambas entidades señaló
que la institución no les propor-
cionaba artículos para su higiene
personal tales como jabón, papel
higiénico o pasta dental, como
tampoco se los otorgaaba cuando
se levantó la primera encuesta.
Con respecto a la disponibi-
lidad de agua, 22.6% de los en-
carcelados en el Distrito Federal
y 25.5 en el Estado de México en-
fatizaron que no contaban con la
su±ciente cantidad para su aseo
personal. Asimismo, el 16.3% de
los reclusos en el Distrito Federal
y el 21.2 en el Estado de México,
cali±caron los sanitarios que utili-
zaban como “poco” o “nada” lim-
pios en tanto que 47.2 y 52.4%,
respectivamente, consideraron que
los baños que usaban no contaban
con su±ciente privacidad. Estos
porcentajes resultaron muy simi-
lares a los que obtuvimos en la
primera encuesta.
Por otro lado, el 30.5% de la
población carcelaria en el Distrito
Federal y el 19.7 en el Estado de
México indicaron que no disponían
de su±ciente agua para beber, así
como 17.4 y 18.6%, respectiva-
mente, puntualizó que, dado que
el agua que les proporcionaban
era insu±ciente o de mala calidad,
requerían comprarla con sus pro-
pios recursos.
En relación con los alimentos
que les suministraba la institu-
ción, 67% de los internos en el
Distrito Federal y 58.6 en el Esta-
do de México observaron que eran
insu±cientes en cuanto a su can-
tidad.
7
Estos datos fueron de 61 y
39%, respectivamente, en la pri-
mera encuesta. Con respecto a la
calidad de los alimentos, el cuadro
siguiente indica lo que señalaron
los internos. (
Tabla 2
).
Estos datos resultaron muy si-
milares a los que obtuvimos en la
primera encuesta salvo por el he-
cho de que en el Estado de México
se incrementaron de 36 al 43% los
internos que acusaron que la cali-
dad de los alimentos era “mala” o
“muy mala”.
Lo anterior explica el porqué el
78.8% de los penados en el Distri-
to Federal y el 85.7 en el Estado
Tabla 1
Artículo
Distrito Federal
Estado de México (%)
Su familia
La institución
Su familia
La institución
Sábanas
67.8
3.2
50.6
7.9
Cobijas
72.2
3.8
65.5
17.4
Ropa
75.6
2.7
77.3
4.6
Zapatos
76.2
2.4
78.7
2.0
Tabla 2
Calidad de los alimentos
Distrito Federal (%)
Estado de México (%)
Muy buena
1.7
1.6
Buena
10.5
12.6
Regular
41.7
41.4
Mala
17.6
19.5
Muy mala
26.0
23.5
Ns/Nc
2.6
1.3
Total
100
100
7
Algunos entrevistados enfatizaron que internos, en complicidad con empleados, robaban los alimentos para luego venderlos a los prisioneros.
Esto mismo fue denunciado en noviembre de 2005 por el periódico
Reforma:
“en los penales capitalinos, custodios y presos tejieron una red de
trá±co de alimentos, tanto al interior como al exterior de las cárceles”.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
92
de México dijeran que sus familia-
res les llevaban alimentos. En la
primera encuesta los porcentajes
fueron de 80 y 91%, respectiva-
mente.
Con respecto a la atención mé-
dica, 35% de los enrejados en el
Distrito Federal y 18% de ellos en
el Estado de México a±rmaron que
no recibían esta atención cuando la
requerían. De hecho, un 55.5% de
los aprisionados dijo que tenía que
esperar más de dos horas para ser
atendidos por un médico. Cabe se-
ñalar que, en el caso del Distrito
Federal, la proporción de quienes
sostuvieron que no habían recibido
atención médica cuando la pidie-
ron fue del 20% en la primera en-
cuesta.
En cuanto a la calidad de la
atención médica, 34.2% de los
internos en el Distrito Federal y
22.7 del Estado de México la cali-
±caron como “mala” o “muy ma-
la”, en tanto que 41.3 y 45.7%,
respectivamente, la cali±caron co-
mo “regular”. Con relación a los
medicamentos que requerían, el
52.9% de los internos en el Distri-
to Federal y el 63.5% en el Esta-
do de México a±rmaron que se los
pedían a familiares en tanto que
el 22.8% y el 22.9%, respectiva-
mente, dijeron que se los propor-
cionaba la institución. En el caso
del Distrito Federal los porcentajes
fueron similares a los que se obtu-
vieron en la primera encuesta, en
tanto que en el Estado de México
se incrementaron de 15 a 22.7%
los que cali±caron la atención mé-
dica como “mala” o “muy mala”.
En cuanto a la posibilidad que
tenían los internos para mantenerse
informados y ampliar sus conoci-
mientos, señalaron que contaban
con acceso a los siguientes me-
dios. (
Tabla 3
).
Contacto con sus familiares
Por lo que se puede apreciar
en los datos que aparecen en
los cuadros siguientes, la mayor
parte de los internos se mantuvo
en contacto con sus familiares.
(
Tabla 4
)
Los porcentajes que se obtu-
vieron en cuanto a la frecuencia
con la que los enrejados se comu-
nicaban por vía telefónica con sus
familiares son muy semejantes a
los que se reportaron en la pri-
mera encuesta. En cambio, el cua-
dro siguiente permite apreciar las
diferencias que se obtuvieron en
la primera y la segunda encues-
tas respecto a la frecuencia con la
que los recluidos recibieron la vi-
sita de sus familiares. (
Tabla 5
).
Como puede apreciarse en el
cuadro anterior, la frecuencia con
la que los presidiarios recibían la
visita de sus familiares disminu-
yó en las dos entidades durante los
tres últimos años del periodo es-
tudiado. En los casos en los que
sus familiares no los visitaron,
los reclusos dieron como motivos
principales que vivían lejos, o bien,
que no tenían recursos su±cien-
Tabla 3
Medios
Distrito Federal (%)
Estado de México (%)
Televisión
71.6
70.6
Periódicos
72.2
15.9
Revistas
72.7
29.1
Libros
81.4
71.1
Tabla 4
Frecuencia
Distrito Federal (%)
Estado de México (%)
Todos los días
40.0
20.7
Dos veces por semana
20.5
28.9
Una vez por semana
15.4
17.2
Cada 15 días
4.6
5.3
Una vez al mes
5.6
7.2
Cada seis meses
2.6
4.6
Nunca
9.5
12.0
Ns/Nc
1.9
4.1
Total
100
100
93
tes. También bajó la frecuencia de
la visita conyugal para el Distri-
to Federal ya que mientras en la
primera encuesta un 26% de los
internos aseguró haber tenido ac-
ceso a ésta durante los 6 últimos
meses del periodo investigado,
en la segunda sólo la tuvieron el
20%; en tanto, en el Estado de
México la proporción se mantuvo
estable con el 24%.
Con respecto al trato que mere-
cieron sus familiares cuando los vi-
sitaban, el 35.5% de los internos
en el Distrito Federal y el 24.3 en el
Estado de México opinaron que era
“malo” o “muy malo” mientras que
32.4 y 34.6%, respectivamente,
opinaron que era “regular”. Estos
porcentajes resultaron similares a
los que se recabaron en la primera
encuesta.
El cuadro siguiente muestra los
casos en los que los cautivos se-
ñalaron que sus familiares tenían
que hacer algún pago cuando los
visitaban. Los cobros fueron sig-
ni±cativamente más frecuentes en
las prisiones del Distrito Federal
que en las del Estado de México.
(
Tabla 6
).
Sin embargo, si se comparan
los datos anteriores con los que se
obtuvieron en la primera encues-
ta, se observa que los cobros a
familiares se mantuvieron en una
proporción estable en el Distrito
Federal mientras que en el Estado
de México se incrementaron.
Con relación al tiempo que les
tomaba a sus familiares trasladarse
al penal, las cifras son prácticamen-
te idénticas en el Distrito Federal y
Tabla 5
Frecuencia
Distrito Federal %
Estado de México %
2002
2005
2002
2005
Todos los días
11
7.6
0
1.0
Dos veces por semana
25
16.6
7
3.1
Una vez por semana
28
30.5
52
43.3
Cada 15 días
14
15.4
22
26.3
Una vez al mes
11
13.7
14
16.3
Nunca
9
10.5
6
8.8
De tres a cuatro visitas a
la semana
s/d
3.1
s/d
0
De un mes a 12 meses
s/d
0.8
s/d
0.2
No sabe/ No contestó
2
1.7
s/d
1.0
Total
100
100
100
100
Tabla 6
Motivo del cobro
Distrito Federal
(%)
Estado de México
(%)
Por entrar al penal
27.8
9.7
Por mandar llamar al interno
45.8
13.0
Para poder ingresar alimentos
40.9
22.7
Para poder ingresar ropa
47.2
19.9
Para poder ingresar otros objetos
45.5
16.7
en el Estado de México: 54.5% ha-
cía un trayecto de entre una y dos
horas y 36.5 de tres o más horas.
El peso signi±cativo que para
los internos tenía el apoyo que
recibían de sus familiares queda
claro si se toma en cuenta que,
en el transcurso de los 6 meses
anteriores a la entrevista: 85.9%
dijo que sus familiares le habían
llevado alimentos; 78.1%, ropa o
zapatos; 65.1%, dinero; 61.9%,
medicinas y 46.2%, material de
trabajo. Asimismo, un 52.7% ase-
guró haber recibido apoyo de sus
familiares para vender los produc-
tos que elaboraban mientras que
el 74% hizo lo propio para realizar
diversos trámites.
No obstante, hay que señalar
que, comparado a los datos de la
encuesta de 2002, el apoyo que
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
94
recibieron por parte de la familia
parece haber disminuido ya que,
en aquel momento, el 90.8%
patentizó que sus familiares le ha-
bían llevado alimentos; el 85.5%,
ropa o zapatos; el 63.7%, dinero;
el 68.9%, medicinas y el 83.2%
aseguró haber sido apoyado con
diversos trámites.
Seguridad
Con respecto a qué tan seguros
se sentían en la prisión compa-
rando con el lugar donde vivían
antes de ingresar, el 71.6% de
los encarcelados en el Distrito
Federal y el 72.1 en el Estado de
México, indicaron que se sentían
menos seguros en la prisión. Asi-
mismo, respondieron lo siguien-
te en relación a qué tan seguros
se percibían dentro de su celda o
dormitorio. (
Tabla 7
).
Los porcentajes anteriores fue-
ron similares a los que se obtu-
vieron en la primera encuesta. Por
lo demás, 66.7% de los internos
en el Distrito Federal y 47.3 en el
Estado de México expusieron que,
cuando menos en una ocasión, les
habían robado sus pertenencias
en la prisión. También el 15.6%
de ellos en el Distrito Federal y
el 7.6 en el Estado de México ex-
plicaron haber sido golpeados en
la prisión, cuando menos en una
ocasión, durante los últimos seis
meses del periodo encuestado. En
el Distrito Federal, 78.4% de los
sentenciados que dijo haber sido
golpeado señaló que lo fue por
otros internos, mientras que en el
Estado de México el porcentaje dis-
minuyó a un 65.2%; en tanto, el
21.6 y el 26.1%, respectivamen-
te, apuntaron haber sido golpea-
dos por custodios. Estos últimos
porcentajes se incrementaron li-
geramente (entre uno y dos pun-
tos porcentuales) respecto a los
que se recabaron en la primera
encuesta.
No obstante lo anterior, sabe-
mos por otras fuentes que en muy
pocos casos se llegó a sancionar
a los guardias que maltrataron
a los reclusos. Así, por ejemplo,
mientras que en el Distrito Fede-
ral 1,600 policías que prestaban
sus servicios en la vía pública fue-
ron destituidos o sancionados por
cometer diversos abusos durante
2005, sólo 11 custodios carcela-
rios fueron consignados por mo-
tivos similares durante el mismo
periodo. Incluso durante el pe-
riodo de 2000 a 2004, sólo 24 de
éstos fueron sancionados.
8
Ello a
pesar de que, durante 2005, la Di-
rección General de Prevención y
Readaptación Social informó que
18 internos murieron por homici-
dio (y otros 9 por suicidio) en los
establecimientos penitenciarios del
Distrito Federal. A ello habría que
agregar la participación de los vi-
gilantes de presidio en la venta
indebida de productos y servicios
tanto a internos como a sus fa-
miliares, según lo hemos señalado
en el inciso anterior.
9
El porcentaje de internos que
reconocieron haber consumido al-
cohol y/o drogas durante el últi-
mo mes, fue muy bajo tanto en
el Distrito Federal (12.5%) como
en el Estado de México (4.1%),
sobre todo si se toma en cuenta
que las autoridades de Prevención
y Readaptación Social de ambas
Tabla 7
¿Qué tan seguro se sien-
te en su celda?
Distrito Federal (%)
Estado de México
(%)
Muy seguro
26.4
30.9
Algo seguro
48.9
46.0
Nada seguro
24.4
22.3
Ns/Nc
0.3
0.8
Total
100
100
8
Reforma,
12 octubre, 2005.
9
Como ha señalado Zaffaroni, existen procesos deteriorantes previos a la intervención del sistema penal y procesos deteriorantes propios de la
acción del sistema penal. Para este autor los sistemas penales no sólo producen daños sobre los sujetos criminalizados sino también sobre el
personal que tiene a su cargo la operación de estos sistemas.
Vid
. Raúl Zaffaroni,
Criminología,
Bogotá, Temís, 2003, pp. 26-28.
95
entidades reconocieron que por
lo menos el 40% de aquellos con-
sumían habitualmente estas sus-
tancias. Ello nos permite poner
en duda la validez de la respuesta
que en este caso proporcionaron
los enrejados.
En el Distrito Federal, 64% de
los prisioneros expuso que no co-
nocían el reglamento del centro
penitenciario, mientras que en el
Estado de México la mitad de los
internos aseveró no saber de él.
Estos porcentajes son ligeramente
superiores a los que se obtuvie-
ron en la primera encuesta (que
fueron del 61 y el 52%, respecti-
vamente).
Con relación a los bene±cios
de preliberación, el 89% de los
internos en el Distrito Federal y el
91 en el Estado de México indica-
ron que para obtenerlos se reque-
ría tener buen comportamiento y
horas de trabajo y de estudio, en
tanto que el 6.6% de ellos en el
Distrito Federal y el 2% en el Es-
tado de México consideraron que
es más importante tener dinero o
‘influencias’. En este último senti-
do, un 47% de los enclaustrados
en el Distrito Federal y un 20 en
el Estado de México sostuvieron
conocer casos donde, mediante
algún pago, se logró obtener el
bene±cio de la preliberación.
Un alto porcentaje de internos,
que en el Distrito Federal va del
64 al 77% y en el Estado de Méxi-
co del 66 al 89, aseveró participar
en actividades laborales, educati-
vas o artesanales por su cuenta.
Estos elevados porcentajes tuvie-
ron más que ver con el deseo de
hacer constar que cumplían con
los criterios que requerían pa-
ra obtener bene±cios de prelibe-
ración, que con la realidad. Ello
dado que, según las autoridades
penitenciarias, sólo entre una ter-
cera parte y la mitad del total de
los internos tuvieron entonces, en
realidad, la oportunidad de cola-
borar en actividades laborales o
educativas. El resto no participó
en éstas, en la mayoría de los ca-
sos, porque la institución no tuvo
la capacidad para ofrecerles a to-
dos lo que, paradójicamente, les
exige para poder reducir sus tiem-
pos de condena.
En este sentido, la información
proporcionada a principios de 2006
por las autoridades penitenciarias
del Distrito Federal señala que, del
total de poco más de 32 mil inter-
nos, sólo 14,563 (45%) desem-
peñaban alguna actividad: 6,035
realizaban labores artesanales por
su cuenta; 6,743 prestaban servi-
cios generales en la institución;
947 participaban en labores edu-
cativas y 838 laboraban en talleres
industriales. También menciona-
ron que, a principios de 2006, casi
la tercera parte de los internos
(11,879) se hallaba inscrita en
algún programa educativo.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
96
La exactitud de la información
recabada desde el punto de vista
de los internos, queda de mani-
Festo al haber podido constatar
la similitud de los datos que se
obtuvieron en la segunda encues-
ta con respecto a los de la pri-
mera.
Asimismo, es importante des-
tacar que las diferencias que se
observan en casi todos los indi-
cadores de calidad de vida que
reportaron los reclusos en ambas
encuestas, ponen en evidencia la
eFcacia de las instituciones pe-
nitenciarias que cada vez menos
pueden cumplir con la obligación
que tienen de proporcionar condi-
ciones de vida digna a los inter-
nos.
Lo anterior resulta tanto más
preocupante dado que, al mismo
tiempo, se observa en las encues-
tas realizadas que las familias ha-
brían disminuido su apoyo a los
internos al no estar en condicio-
nes de seguir acudiendo con la
misma frecuencia a visitarlos pa-
ra llevarles los bienes que, tan ur-
gentemente, necesitan.
La disminución, tanto en can-
tidad como en calidad, de los bie-
nes que proporciona la institución
penitenciaria, sumada a la merma
de los que reciben por parte de
sus familiares, implica, sin lugar
Conclusiones
a dudas, un deterioro claro y pre-
ocupante en las condiciones y la
calidad de vida de los internos.
No puede esperarse que esta si-
tuación se prolongue de manera
indeFnida sin pagar por ello las
consecuencias, mismas que serán,
de seguro, mucho más graves y
costosas que Fnanciar, organizar,
supervisar y ejecutar un sistema
penitenciario digno y humana-
mente plausible.
Recibido el 14 de diciembre del 2006
Aceptado el 24 de abril del 2007
97
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