Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
13
Perspectivas Teóricas
Conceptos básicos para una teoría de la comunicación
Una aproximación desde la antropología simbólica
Julio Amador Bech
*
Resumen
En el presente artículo, se lleva a cabo
un recorrido por las propuestas teóri-
cas que el autor considera fundamen-
tales para desarrollar una teoría de la
comunicación, desde una perspectiva
antropológica amplia. Al entender que
la construcción de la realidad se basa
en una compleja articulación de formas
simbólicas, sobre las cuales se susten-
ta la vida social, propone entender a la
comunicación desde una perspectiva que
vaya más allá de las aproximaciones pu-
ramente instrumentales al lenguaje y del
mero análisis de las relaciones estruc-
turales de los sistemas de signos. Parte
de la idea que la comunicación humana
pone en juego a todo el conjunto de la
cultura, de ahí que aborde los problemas
implicados en la intersubjetividad de la
comunicación viva, del habla y la espe-
ciFcidad de la comunicación oral, de la
comunicación no verbal, asimismo, pro-
pone que la cultura material y la relación
humana con el paisaje constituyen siste-
mas fundamentales de comunicación.
Abstract
In the present article, the author goes
through the theoretical proposals, that,
from his point of view, are fundamen-
tal to develop a theory of communica-
tion, from a wide range anthropological
perspective. Understanding that the
construction of reality is based in a
complex articulation of symbolic forms,
upon which social life is sustained, he
proposes that communication should
be comprehended from a perspective
that goes beyond a purely instrumen-
tal approach to language and the mere
structural analysis of of sign systems.
He parts from the idea that human com-
munication puts into play the totality
of culture, that’s why he studies the
problems implied in the intersubjecti-
vity of communication, the act of spea-
king, oral communication, non verbal
communication, as well, he proposes
that material culture and the human
relation with landscape constitute, in
themselves, fundamental systems of
communication.
Palabras clave
: comunicación, teoría de
la comunicación, comunicación y cultura,
antropología simbólica, hermenéutica de
la comunicación, comunicación oral, co-
municación no verbal, paisaje y cultura.
*
Universidad Nacional Autónoma de México,
±acultad de Ciencias Políticas y Sociales, Cen-
tro de Estudios de la Comunicación, Circuito
Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,
Col. Copilco Universidad, Deleg. Coyoacán,
México, D.±., c.p. 04510.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
14
Comunicación y cultura
E
nfrentar el problema de la comunicación en tér-
minos teóricos, exige, en principio, entender a la
cultura como una construcción simbólica, o mejor,
como una compleja articulación de redes simbólicas
.
1
Ernst Cassirer explica que el hombre no puede en-
frentarse con la realidad de un modo inmediato, trata
a la realidad física
sólo por mediación de las cons-
trucciones simbólicas
del lenguaje, el mito, el arte,
la magia y la ciencia.
2
Clifford Geertz considera que
“el hombre es un animal inserto en tramas de signi-
Fcación que él mismo ha tejido” y que “la cultura es
esa urdimbre […] el análisis de la cultura ha de ser,
por lo tanto, no una ciencia experimental en busca
de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de
signiFcaciones”.
3
En palabras de Hans-Georg Gada-
mer: “La lingüisticidad de nuestra experiencia del
mundo precede a todo cuanto puede ser reconocido
e interpelado como ente”.
4
La compleja trama de la experiencia humana teje
una densa red simbólica. Los seres humanos no pode-
mos, así, más que ver, conocer y vivir, “a través de la
interposición de este medio artiFcial”.
5
Ni en la esfera
teórica ni en la vida práctica puede aFrmarse que el
ser humano viva “en un mundo de crudos hechos o a
tenor de sus necesidades y deseos inmediatos. Vive,
más bien, en medio de emociones, esperanzas y te-
mores, ilusiones y desilusiones imaginarias, en medio
de sus fantasías y de sus sueños”.
6
Para Cassirer la razón “es un término verdadera-
mente inadecuado para abarcar las formas de la vi-
da cultural humana en toda su riqueza y diversidad,
pero todas esas formas son formas simbólicas. Por lo
tanto, en lugar de deFnir al hombre como un
animal
racional
lo deFniremos como un
animal simbólico
”.
7
En concordancia con esta idea de Cassirer, podemos
referirnos a Gadamer, quien, siguiendo a Heidegger,
aFrma que si se lee a Aristóteles en el griego origi-
nal y con cierta perspicacia, se verá que: “la clásica
deFnición del hombre no es ‘animal racional’ (
animal
rationale
), sino ‘ser que tiene lenguaje’”.
8
De tal for-
ma, a partir de Cassirer podemos señalar que lo que
distingue a los seres humanos, es el desarrollo de una
inteligencia y una imaginación simbólicas que van
más allá de lo meramente práctico.
9
La realidad en la
que vive el ser humano es una realidad creada por las
formas simbólicas:
el lenguaje crea al mundo al enun-
ciarlo
. Nuestra construcción de la realidad se basa en
una compleja articulación de formas simbólicas de
las que depende nuestra capacidad de comprender y
expresar nuestras experiencias. La hermenéutica con-
temporánea “tiene su origen en el descubrimiento de
la radicalidad ontológica de la interpretación y del
lenguaje […] para la época moderna la interpreta-
ción es un destino: el lugar en el que se constituye la
verdad posible (parcial y episódica)”.
10
El modo en el cual el ser humano se sitúa en el
tiempo y en el espacio supone un conjunto de proce-
sos simbólicos. La psicología de la
Gestalt
ha demos-
trado que la percepción espacio-temporal conlleva,
de manera inmediata y necesaria, la elaboración de
1
Ernst Cassirer,
Antropología flosófca,
México, ±ondo de Cultura Económica, 1997; Clifford Geertz,
La interpretación de las culturas,
Barcelona,
Gedisa, 1997.
2
E. Cassirer,
op. cit.,
p. 47.
3
C. Geertz,
op. cit.,
p. 20.
4
Hans-Georg Gadamer,
Verdad y método,
Salamanca, Ediciones Sígueme, 1999, p. 539.
5
E. Cassirer, o
p. cit.,
pp. 47-48.
6
Ibid.,
p. 48.
7
E. Cassirer, o
p. cit.,
p. 49.
8
Hans-Georg Gadamer,
Mito y razón,
Barcelona, Paidós, 1997, p. 73.
9
E. Cassirer,
op. cit.,
p. 59.
10
Patxi Lanceros, “Antropología hermenéutica”, en Andrés Ortiz-Oséz (comp.),
Diccionario de Hermenéutica,
Bilbao, Universidad de Deusto,
2006, p. 20.
15
Perspectivas Teóricas
juicios de valor, es decir, construcciones simbólicas.
La percepción es, en sí misma,
inteligente
; de manera
automática y simultánea selecciona, organiza, com-
pleta, jerarquiza y discrimina todo lo que observa.
11
Esas operaciones, aparentemente sencillas, compren-
den una compleja actividad
perceptual-conceptual
que
supone la creación y uso de valores. Otorgar un lugar
y un sentido a las cosas implica
asignarles un valor
, es
decir, signifcarlas, atribuirles signifcados, percibir a
las cosas, a las Formas y a los acontecimientos como
poseedores de un signifcado
. Desde los años cincuen-
ta, Rudolph Arnheim había llegado a esa conclusión:
Ningún objeto se percibe como único o aislado. Ver algo
signifca asignarle un lugar en la totalidad: una ubicación
en el espacio, una magnitud en la medida de tamaño, de
luminosidad o de distancia. En otras palabras, todo acto
de visión es un juicio visual. Se piensa habitualmente que
los juicios están monopolizados por el intelecto, pero los
juicios visuales no son contribuciones del intelecto que se
agregan una vez cumplido el acto visual, sino sus ingre-
dientes inmediatos e indispensables.
12
Merleau-Ponty coincide con esta manera de en-
tender a la percepción, cuando dice que “el senti-
do de una cosa percibida, si la distingue de todas
las demás, no está aún aislado de la constelación
en que aparece; sólo se pronuncia como cierta
di-
Ferencia
respecto del nivel de espacio, de tiempo,
de movilidad y, en general, de signifcación en que
estamos establecidos”.
13
Va más allá, afrmando que
“la percepción es ya expresión”
, pues actúa sobre lo
percibido, interpretándolo signifcativamente.
14
±ranz K. Mayr sostiene el mismo punto de vista,
afrmando que el ver y el oír nunca son pura percep-
ción, “sino una percepción siempre ya ‘interpretada’
(carga teórica), siempre ya construida desde la tra-
dición, la experiencia pasada y la memoria, siempre
ya emocional y aFectivamente cargada”.
15
Carl Gustav Jung explica que cuando nuestros
sentidos reaccionan ante Fenómenos reales, visuales
y sonoros, tales Fenómenos Físicos “son trasladados,
en cierto modo, desde el reino de la realidad al de la
mente”. Se convierten, mediante ese proceso, en su-
cesos psíquicos, simbólicamente estructurados.
16
De
tal Forma, Jung explica conceptualmente, lo dicho
de manera poética por Parménides: “Mira frmemen-
te a las cosas que, aunque lejos, están, sin embargo,
presentes en tu mente”.
Podemos entender, desde esta perspectiva, que
toda la vida práctica humana, incluida la directa-
mente productiva,
está mediada por la producción
simbólica imaginaria
. La actividad económica va
más allá de las meras acciones Funcionales y utilita-
rias, implicando siempre, representaciones, imáge-
nes, creencias e ideas que Forman parte indisoluble
de ella y que defnen su signifcado. Las Formas sim-
bólicas que confguran la cultura no pueden ser en-
tendidas como una supra-estructura respecto de la
actividad Fundamental de reproducción social, pues
“pertenecen de manera orgánica y en interioridad a
la vida práctica cotidiana”.
17
Coincidimos con Ian Hodder cuando dice que:
[…] la ideología no puede explicarse en Función de una
realidad social, porque esa realidad y el análisis de las
relaciones entre ideología y realidad son en sí mismos,
ideológicos. La ideología es, más bien, el marco donde, a
partir de una óptica concreta, se valoran los recursos, se
defnen las desigualdades y se legitima el poder. Las ideas
11
Rudolph Arnheim,
Arte y percepción visual,
Buenos Aires, EUDEBA, 1977 y
El pensamiento visual,
Barcelona, Paidós, 1990.
12
R. Arnheim,
Arte y percepción visual… op. cit.,
p. 2.
13
Maurice Merleau-Ponty,
La posibilidad de la flosoFía,
Madrid, Nancea, 1979, pp. 110-111.
14
Ibid.,
p. 112 (las cursivas son nuestras).
15
±ranz K. Mayr, “Hermenéutica del lenguaje y aplicación simbólica”, en Karl Kerenyi, Erich Neumann, Gerschom Scholem y James Hillman,
Arquetipos y símbolos colectivos. Círculo Eranos I,
Barcelona, Anthropos, 1994, p. 331.
16
Carl G. Jung,
El hombre y sus símbolos,
Barcelona, Caralt, 1984, p. 19.
17
Bolívar Echeverría,
Defnición de la cultura,
México, Editorial Itaca, Universidad Nacional Autónoma de México, ±acultad de ±ilosoFía y Letras, 2001, p. 21.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
16
son, en sí mismas, los recursos “reales” utilizados en la
negociación del poder; y los recursos materiales son a su
vez, partes del aparato ideológico
.
18
Los sistemas de creencias, la estructura política y
el sistema de organización económica están articu-
lados de manera compleja, determinándose, recípro-
camente.
19
Marcel Mauss ha mostrado la múltiple ar-
ticulación que existe entre creencias religiosas, dis-
posiciones rituales, rivalidad política inter-tribal e
intercambio económico entre los
Tlinkit
y los
Haida
de la costa norte del Pacífco americano. Ha sido esa
abigarrada articulación de elementos culturales di-
versos la que ha mantenido durante siglos la acumu-
lación de riqueza material dentro de ciertos límites,
debido a las prácticas tradicionales de dilapidación
suntuaria de bienes, que supone la institución del
potlatch,
prácticas a las que Mauss llamó también:
“prestaciones totales de tipo agonístico”
.
20
Rescatamos lo que con toda claridad dice al res-
pecto Merleau-Ponty:
La historia eFectúa un intercambio de todos los
órdenes de actividad, ninguno de los cuales puede
recibir la dignidad de causa exclusiva, y la cues-
tión consiste más bien en saber si esa solidaridad
de los problemas anuncia su resolución simultánea,
o si sólo en la concordancia e intersección hay in-
terrogación.
La verdadera separación que hay que hacer no está
entre el entendimiento y la historia o entre el espíritu y
la materia, sino entre la historia como dios desconocido
–genio bueno o malo- y la historia como medio de vida.
Es un medio de vida si entre la teoría y la práctica, entre
la cultura y el trabajo del hombre, entre las épocas, entre
las vidas, entre las acciones deliberadas y el tiempo en
que éstas aparecen, hay una afnidad que no sea Fortuita
ni Fundamentada en una lógica omnipotente.
21
Concluye, más adelante:
El pluralismo, que parecía prohibir toda interpretación
unifcante de la historia, prueba por el contrario la solida-
ridad del orden económico, del orden político, del orden
jurídico, del orden moral y religioso, a partir del momento
en que hasta el hecho económico es tratado como opción
de una relación con los hombres y con el mundo, y ocupa
su lugar en la lógica de tales opciones.
22
Este asunto nos lleva a reflexionar sobre la com-
plejidad que existe en las relaciones que se estable-
cen entre las Formas simbólicas y las Formas que ad-
quiere la actividad social. Sistemas simbólicos y sis-
temas sociales se sustentan unos a otros. Un mito
o una creencia pueden ser efcaces en la medida en
que son reForzados por un sistema social determina-
do, que crea las condiciones de posibilidad para que
éstos cobren sentido, en el marco de determinadas
relaciones sociales y sean actuales al interior de esas
prácticas sociales. A la vez, los mitos y las creencias
Fundamentan y dan sentido a las actividades y rela-
ciones sociales existentes, dentro del sistema social.
Al afrmar lo anterior no decimos algo nuevo, ya Par-
ménides declaraba que no podemos separar el ser y el
pensar porque son una misma cosa.
Es pertinente recordar aquí, lo que propone Cli-
FFord Geertz: “distinguir analíticamente los aspectos cul-
turales y sociales de la vida humana y tratarlos como
Factores independientemente variables, aunque mu-
tuamente interdependientes”.
23
Al respecto, añade:
Cultura es la urdimbre de signifcaciones aten-
diendo a las cuales los seres humanos interpretan su
experiencia y orientan su acción; estructura social
es la Forma que toma esa acción, la red existente de
relaciones humanas. De manera que cultura y estruc-
tura social no son sino diFerentes abstracciones de
los mismos Fenómenos. La una considera a la acción
18
Ian Hodder,
Interpretación en arqueología,
Barcelona, Crítica Grijalbo-Mondadori, 1994, p. 85 (entrecomillado en el original).
19
Edgar Morin,
Introducción al pensamiento complejo,
Barcelona, Gedisa, 1994.
20
Marcel Mauss,
Sociología y antropología,
Madrid, Tecnos, 1979, pp. 155-176.
21
M. Merleau-Ponty, o
p. cit.,
p. 134.
22
Ibid.,
p. 138.
23
C. Geertz, o
p. cit.,
p. 132.
17
Perspectivas Teóricas
social con referencia a la signiFcación que tiene pa-
ra quienes son sus ejecutores; la otra la considera
con respecto a la contribución que hace al funcio-
namiento de algún sistema social.
24
Podemos concluir, así, que el ser social y la con-
ciencia social forman una unidad indivisible: son
interdependientes y existen simultáneamente. El
conjunto del proceso práctico de la vida social e
individual se posibilita a partir de las representa-
ciones de la realidad que nos permiten situarnos y
actuar dentro de las dimensiones espacio-tempo-
rales. Para deFnir el concepto de representación y
asociarlo tanto al discurso como al uso y fabrica-
ción de cosas, podemos empezar, retomando una
orientación de Cassirer, quien sostiene que:
Para representar una cosa no basta ser capaz de ma-
nejarla de la manera adecuada y para usos prácticos. De-
bemos poseer una concepción general del objeto y mirar-
lo desde ángulos diferentes a los Fnes de encontrar sus
relaciones con otros objetos y localizarlo y determinar su
posición en un sistema general.
25
La representación es un mapa imaginario de la
realidad. Todas las formas diversas de conocimien-
to a través de las cuales se produce el pensamiento
humano están compuestas de
unidades elementales
que podemos llamar
imágenes.
Las imágenes menta-
les son la primera forma de comunicación
intraper-
sonal,
podemos llamarlas
imágenes de primer grado
.
Son las herramientas cognitivas básicas, abarcan
todos los aspectos de la realidad, permiten diferen-
ciarlos, compararlos, asociarlos, integrarlos, en una
palabra: trabajarlos simbólicamente.
Tal como algunas investigaciones psicoanalíticas y
antropológicas lo muestran, la semejanza de los pro-
cesos de simbolización comprende todas las diversas
formas que reviste la actividad mental. Esto se pone
de maniFesto cuando comparamos las funciones bá-
sicas de la psique: el sueño y el ensueño, el mito y el
ritual, la creación artística, el pensamiento abstrac-
to, el juego y el trabajo productivo; el isomorFsmo
simbólico hace comparables todas las manifestacio-
nes de la vida social. Las más diversas formas de la
actividad imaginaria se vuelven comunicables y, así,
intercambiables,
al traducirse al lenguaje
.
Nuestra unidad interpretativa básica de la rea-
lidad es la
imagen mental,
que puede traducirse a
una inFnidad de lenguajes pertenecientes a las di-
versas disciplinas del saber, convirtiéndose así, en
una
imagen de segundo grado
, que permite la co-
municación
interpersonal
. La imagen funciona como
la
estructura explicativa elemental de la realidad
, es
la base de toda forma de pensamiento y, por ello,
de toda forma de comunicación. Es la unidad sim-
bólica originaria de interpretación de la realidad, el
núcleo de todo pensamiento simbólico. Gilbert Du-
rand deFne la imagen como la forma especíFca del
pensamiento y como la base de toda forma de sim-
bolización:
La conciencia dispone de dos maneras para repre-
sentarse el mundo. Una
directa,
en la cual la cosa mis-
ma parece presentarse ante el espíritu, como en la per-
cepción o la simple sensación. Otra,
indirecta,
cuando,
por una u otra razón, la cosa no puede presentarse en
“carne y hueso” a la sensibilidad, como, por ejemplo,
al recordar nuestra infancia, al imaginar los paisajes
de Marte, al comprender cómo giran los electrones en
derredor del núcleo atómico o al representarse un más
allá después de la muerte. En todos estos casos de con-
ciencia indirecta, el objeto ausente se
re-presenta
ante
ella mediante una
imagen,
en el sentido más amplio
del término.
En realidad, la diferencia entre pensamiento directo
e indirecto no es tan tajante [.
..] Sería mejor decir que
la conciencia dispone de distintas gradaciones de la
imagen.
26
24
Ibid.,
p. 133.
25
E. Cassirer
op. cit.,
p. 77. Cassirer se equivoca, sin embargo, cuando, desde una perspectiva evolucionista, considera que este proceder simbó-
lico sólo existió a partir de un periodo histórico determinado (Babilonia) y no desde que existe el
homo sapiens sapiens
.
26
Gilbert Durand,
La imaginación simbólica,
Barcelona, Amorrortu, 1971 pp. 9-10.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
18
blema fundamental de investigación por Jean Piaget
y Donald W. Winnicot.
30
Piaget sostiene que la representación imaginada
o intuitiva debe ser estudiada en función de su pro-
pia génesis y no sólo en virtud de los procesos que
la conducen hasta el pensamiento racional, sólo así,
dice, se puede comprender su funcionamiento es-
pecíFco. Debido a esas consideraciones, se propone
demostrar que la adquisición del lenguaje está su-
bordinada al ejercicio de una función simbólica que
se apoya en el desarrollo de la imitación y del jue-
go, tanto como en el desarrollo de los mecanismos
verbales.
Así, la imitación es una de las fuentes de la re-
presentación simbólica, a la que aporta sus signiF-
cantes imaginados. Desde el punto de vista de las
signiFcaciones, el juego es entendido como
el medio
que articula la acción con la representación;
evolu-
ciona desde sus formas primarias como ejercicio sen-
sorio-motor, hasta sus formas secundarias de juego
simbólico y juego de imaginación.
Piaget desarrolla dos hipótesis principales, la pri-
mera sostiene que la representación comienza cuan-
do aparecen, simultáneamente, la coordinación y
diferenciación de signiFcado y signiFcante. La fun-
ción simbólica se puede constituir cuando se con-
jugan los diversos procedimientos que revisten la
imitación y la asimilación.
La segunda aFrma que existe una interacción
compleja entre las diversas formas que asume la re-
presentación simbólica: el juego simbólico, la ima-
ginación, el sueño, etc. La psicología no debe apelar
a la “vida social” en bloque, sino como a una serie
de relaciones que se establecen, según todas las
combinaciones posibles, entre individuos de dis-
tintos niveles de desarrollo mental y en función de
diferentes procesos de interacción.
Al presentar de esa manera la relación entre imagen
y proceso simbólico, Durand sigue los lineamientos
de Jung, quien sostenía que “el proceso simbólico
es un
vivenciar en imagen y de la imagen”
.
27
En pa-
labras de Ananda K. Coomaraswamy, el simbolismo
es el
arte de pensar en imágenes
.
28
Las
formas pri-
marias
del pensamiento son las
imágenes
que luego
pueden traducirse a signos lingüísticos, a gráFcos,
o a cualquier otra forma de representación de la rea-
lidad, susceptible de ser comunicada. Así, la imagen
mental se transforma en signo, en símbolo, en ac-
ción humana, en cosa producida. La imagen mental
sería, estrictamente hablando, una imagen de
pri-
mer orden
y la imagen trabajada por los códigos de
comunicación y exteriorizada, correspondería a una
imagen de segundo orden
.
La imagen comunicada está construida en torno a
un
núcleo esencial
que es de carácter simbólico: im-
plica procesos mentales que convierten la
cognición
en
expresión
por medio de Fguras simbólicas que
sustituyen, explican y comunican lo real percibido y
pensado. En ese sentido, tomaremos a la Fgura de
la imagen-símbolo como la
unidad esencial
a partir
de la cual se componen
todas las formas de expresión
articulada del pensamiento humano y, en consecuen-
cia, de la creación práctica
. Greimas deFende esta
idea cuando aFrma que el simbolismo no es un cam-
po vedado para la lingüística, sino un campo más
amplio y, por ello,
lógicamente primordial,
respecto
del estricto campo lingüístico.
29
La imagen simbó-
lica es
la primera unidad inteligible de expresión del
pensamiento humano
.
Sobre este asunto, resulta esclarecedor el estudio
de génesis del pensamiento simbólico y de los proce-
sos de simbolización en los individuos humanos, du-
rante las distintas etapas de la infancia. Esta forma
de estudiar lo simbólico fue planteada como un pro-
27
C. Jung,
op. cit.,
p. 45.
28
Ananda K. Coomaraswamy,
Selected Papers, Traditional Art and Symbolism,
Princeton, Roger Lipsey, Princeton University Press, 1977 (Bolligen
Series, núm. LXXXIX).
29
Algirdas J. Greimas,
Semántica estructural,
Madrid, Gredos, 1976.
30
Vid
. al respecto Jean Piaget,
La formación del símbolo en el niño
, México, ±ondo de Cultura Económica, 1987
y Donald W. Winnicot,
Realidad
y juego
, Barcelona, Gedisa, 1995.
19
Las diversas formas que reviste el pensamiento
representativo: la imitación, el juego simbólico y
la representación cognitiva; son solidarias entre sí.
La diversidad de signiFcantes de las que se vale el
niño para moverse en el mundo y conocerlo es in-
dispensable y, dada la insuFciencia de las palabras
para entender al objeto individual y sus atributos,
así como para expresar la riqueza de las experien-
cias vividas, el niño se vale de una multiplicidad
de signiFcantes para conocer el mundo y expresar-
se, siendo su pensamiento “mucho más ‘simbólico’
que el nuestro, en el sentido que símbolo se opone
a signo”.
31
El simbolismo infantil está, así, mucho
más cerca de la expresión artística que se vale de
inFnidad de signiFcantes para expresar signiFca-
dos simbólicos, que del pensamiento, estrictamen-
te racional.
Investigaciones más recientes coinciden con es-
te punto de vista y lo amplían, al respecto, explica
Howard Gradner:
En el periodo que va de los dos a los siete años el
niño llega a conocer, y empieza a dominar, los diversos
símbolos presentes en su cultura. Ahora, además de co-
nocer al mundo directamente, puede captar y comunicar
su conocimiento de cosas y personas a través de mu-
chas formas simbólicas, en especial de las lingüísticas.
A esta edad, virtualmente todos los niños dominan sin
diFcultades el lenguaje (o los lenguajes) de su medio.
Pero el lenguaje no es de ningún modo el único ca-
mino (y en muchos casos ni siquiera el más importante)
para encontrarle sentido al mundo. Los niños aprenden
a usar otros símbolos, que van desde los gestos con la
mano o los movimientos de todo el cuerpo hasta los
dibujos, las Fguras de arcilla, los números, la música y
demás. Y cuando llegan a los cinco o seis años, no sólo
pueden comprender estos diversos símbolos sino que
suelen combinarlos de esos modos que tanto llaman la
atención de los adultos.
32
Por su parte, Winnicot se vale de un concepto básico
para explicar los fenómenos primarios de simboliza-
ción en el niño, que es el de “objeto transicional”.
Su punto de partida es el estudio del uso de objetos
por parte de los niños, desde las etapas más tem-
pranas. El objeto transicional deFne un proceso de
desarrollo que concluye con la conciencia del mun-
do exterior y del objeto, con la posibilidad de dis-
tinguir entre el yo y el no-yo. Su punto de partida
es la relación con el pecho materno, vivido por el
niño, en un principio, como indivisible de su propio
cuerpo y, a partir del uso de “otros objetos”, como
el dedo propio o el puño -pasando por una multipli-
cidad de cosas externas, como la frazada, la sonaja,
etc.- el niño explora el mundo. El objeto transicional
funciona como medio y guía en el proceso de explora-
ción del mundo y, en consecuencia, de la formación
del pensamiento simbólico.
Winnicot considera a este campo de investigación
como sumamente promisorio, tanto en lo que se re-
Fere a la observación directa como a la investigación
indirecta, advirtiendo que su aparente simplicidad
no debe engañarnos respecto de su complejidad e
importancia en las primeras etapas de la vida, en lo
que a la formación de los símbolos se reFere.
Así, nuestro punto de partida del análisis de la
actividad humana, destinada a la comunicación, es
el pensamiento simbólico que posibilita y signiF-
ca todos los procesos de vida y todas las formas de
interacción humana. Para Cassirer, el conocimiento
humano es, “por su verdadera naturaleza, simbóli-
co”.
33
Todos los procesos prácticos, por medio de los
cuales se construye el estilo de una cultura, se po-
sibilitan, gracias a lo que él llama “memoria simbó-
lica”. Las actividades cotidianas, la vida productiva,
la vida religiosa pueden tener continuidad por me-
dio de “aquel proceso en el cual el hombre no sólo
repite su experiencia pasada sino que la reconstru-
ye; la imaginación se convierte en un elemento ne-
31
J. Piaget,
op. cit.,
p. 371.
32
Howard Gardner,
Arte, mente y cerebro,
Barcelona, Paidós, 1993, pp. 108-109.
33
E. Cassirer,
op. cit.,
p. 91.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
20
cesario del genuino recordar”.
34
De acuerdo con John
J. Gumperz, los procesos de la cognición y la memo-
ria están determinados, históricamente, por predis-
posiciones, defnidas culturalmente.
35
Las dos aproximaciones anteriores pueden ser
completadas con la idea de Durand acerca de la re-
dundancia de los símbolos. En su obra:
La imagina-
ción simbólica,
Gilbert Durand pone de manifesto
una característica tanto Funcional como histórica de
los símbolos, que nos sirve de orientación heurística
para interpretar la cultura.
36
Se trata del Fenómeno
de
redundancia
de los símbolos: una repetición en
el tiempo y en el espacio que, lejos de ser tautoló-
gica es perFeccionante y, en ese sentido, compensa
la inadecuación de los símbolos. Por inadecuación,
entendemos la eterna insufciencia del símbolo para
presentar el signifcado total, pues lo que muestra
todo símbolo es el misterio y su fgura, sus infnitas
resonancias y evocaciones; su irreductible polisemia.
A partir de la proposición de Durand, podemos
defnir tres Formas Fundamentales en las cuales se
presenta la redundancia simbólica. La primera sería
la redundancia de los gestos. Esto se refere princi-
palmente a las prácticas rituales y sus principales
medios de expresión, como son: los gestos corpora-
les, la manipulación de objetos y el uso corporal de
los espacios rituales; y a las que por extensión, po-
demos añadir los gestos y prácticas cotidianos.
En segundo lugar tendríamos a la redundancia
de las relaciones lingüísticas. Esto es, las relaciones
entre la lengua y el mito, y sus derivaciones verba-
les y textuales, donde se repiten relaciones lógicas
y lingüísticas, ideas, conceptos o imágenes, expre-
sados verbalmente y, por extensión, podemos incluir
a todas las producciones culturales que se sustentan
en el lenguaje hablado y escrito.
La tercera Forma es la redundancia de imágenes
materializadas por medio de un arte. Aquí nos reFeri-
mos a las fguras y diseños que aparecen en las artes
visuales y en las decoraciones simbólicas de objetos de
uso, donde se repiten, además de los elementos de la
estructura visual pura, las fguras, los motivos y las
composiciones; los conceptos de la cosmovisión que
esas imágenes contienen.
Por mi parte, y desde una perspectiva antropoló-
gica más amplia, que incluya a la cultura material,
considero que debemos añadir una cuarta Forma de
redundancia: la de los objetos, que se reFeriría a la
continuidad Formal y estilística en la producción de
objetos, a la recurrencia a los mismos materiales,
herramientas, técnicas y destrezas, a la recurrencia
de las Funciones y signifcados de los objetos.
La redundancia simbólica puede tomar a la relación
mito-ritual como modelo ejemplar, pues la estruc-
tura cíclica y repetitiva del ritual es la que permi-
te distinguir y retener los aspectos esenciales de la
cultura. “Gracias a la continua repetición de un ges-
to paradigmático algo se revela como
fjo y duradero
en el flujo universal”.
37
La reiteración periódica del
modelo mitológico ejemplar permite imponer una
certidumbre de carácter trascendente a los actos y
a las creencias. La realidad se revela y se deja mol-
dear a partir de un nivel trascendente, “pero de un
‘trascendente’ susceptible de ser vivido ritualmente
y que acaba por Formar parte integrante de la vida
humana”.
38
Sin embargo, la constante imitación y
reiteración de los actos primordiales de los dioses,
héroes y antepasados no implica una eterna repeti-
ción de lo mismo ni la total inmovilidad cultural:
La etnología no conoce un solo pueblo que no haya
cambiado en el curso del tiempo, que no haya tenido
una “historia”. A primera vista, el hombre de las socie-
dades arcaicas no hace más que repetir el mismo gesto
arquetípico. En realidad, conquista inFatigablemente el
Mundo, organiza, transForma el paisaje natural en me-
34
Ibid.,
p. 81.
35
John J. Gumperz,
Discourse strategies (Studies in Interactional Sociolinguistics),
Cambridge, Cambridge University Press, 1995, pp. 153-170.
36
G. Durand,
op. cit.,
pp. 17-19.
37
Mircea Eliade,
Mito y realidad,
Barcelona, Editorial Labor, 1994, p. 148 (en cursivas en el original).
38
Ibid.
21
Perspectivas Teóricas
dio cultural. Gracias al modelo ejemplar revelado por el
mito cosmogónico, el hombre se hace, a su vez, crea-
dor. Cuando parecen destinados a paralizar la iniciati-
va humana, presentándose como modelos intangibles,
los mitos incitan en realidad al hombre a crear, abren
constantemente nuevas perspectivas a su espíritu de
inventiva.
39
Respecto de la construcción de los códigos co-
lectivos de comunicación, la cultura tiene una
doble
función: simbólica y práctica
. Se construyen los apa-
ratos simbólicos que permiten la creación de una
colectividad en torno a: 1) metas colectivas defni-
das, creencias, conceptos y representaciones de la
realidad (símbolos colectivos imaginario comparti-
do) y 2) prácticas de grupo (rituales vida cotidia-
na). A partir de esto se crea una noción gregaria y
una especie de
juramento colectivo
que unifca, que
crea un
sentido de pertenencia
a un
proyecto
, a un
destino común
. Simultáneamente, este sistema de
códigos comunitarios es un medio por el cual el gru-
po social se
diferencia
de los otros. Es precisamente
todo este conjunto de sistemas simbólicos y prác-
ticas sociales lo que entra en juego en el proceso
de la comunicación humana. Los seres humanos que
entran en contacto para comunicarse
son portadores
vivos de toda su cultura: es toda ella la que entra en
juego en el proceso de la comunicación
.
La cultura establece distinciones en la reali-
dad que suponen Formas diversas de organizar la
vida, de concebirla e interpretarla. La cultura im-
plica una concepción general del mundo, una
cos-
movisión
, una ontología que supone y comprende
un horizonte epistémico. Las ideas maestras de una
cultura pueden inducirse a partir de los enunciados
presentes en el discurso y por medio del análisis
sistemático de la cultura material. Para comprender
el horizonte epistémico de una cultura hace Falta, a
su vez, otra epistemología con una perspectiva más
amplia que permita comprender a la primera, un
me-
talenguaje
que ponga en evidencia la lógica de los
códigos culturales específcos de cada sociedad: una
hermenéutica.
Ya desde Heráclito está presente esta inquietud.
Para él, la correspondencia que sigue manteniéndo-
se entre el lenguaje y el ser “no es ya una identidad
inmediata sino mediada y, por así decirlo, oculta,
pues se acepta que la reflexión sobre el ‘logos’ del
lenguaje como un todo puede mostrar el ‘logos’ de la
totalidad en devenir del cosmos”.
40
Para su flosoFía,
“La dicción particular es al mismo tiempo descubri-
miento y encubrimiento, por lo que requiere inter-
pretación, y tiene un sentido que va más allá de lo
que propiamente dice, un sentido oculto a la visión
directa y al que se accede transversalmente, por la
interposición de la imagen y la metáFora”.
41
El cuerpo colectivo de la comunidad se pone de
manifesto mediante el discurso, la experiencia prác-
tica y la producción material de una cultura. Si las
relaciones sociales pueden ser vistas como relacio-
nes práctico-discursivas, podemos comprender cómo
las diversas culturas construyen su fgura grupal y
social a través de la actividad colectiva, el discurso
y los objetos. La cultura se crea y recrea en el proce-
so práctico-discursivo, produciendo constantemente
sentidos, al interior de la vida comunitaria. Así, Ed-
ward Sapir explica que el mundo real, lejos de ser algo
puramente objetivo, está construido sobre la base de
los hábitos lingüísticos de cada grupo cultural.
42
En la construcción del sí mismo, en la construc-
ción comunitaria, lo que se Forma y transForma es el
imaginario y el contexto práctico-material
que moldea
la fgura del grupo. El grupo es determinado por los
códigos culturales y, a su vez, los códigos culturales
son creados y transFormados por el grupo social; se
trata de procesos
simultáneos
y
complementarios
.
Los códigos culturales también Funcionan como
un sistema de control social y político. En casos ex-
39
Ibid.,
pp. 148-149.
40
Luis Garagalza, “Hermenéutica flosófca”, en Andrés Ortiz,
op. cit
., p. 180.
41
Ibid.
42
Edward Sapir,
Selected Writings of Edward Sapir,
Berkeley, D. Mandelbaum, University oF CaliFornia Press, 1949.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
22
tremos pueden llegar a convertirse en un
universo
concentracionario
que obligue a la constante refe-
rencia a unos valores, ideas, códigos y prácticas que se
refuercen permanentemente, encerrando a sus miem-
bros en un sistema de regularidad, relativamente
cerrado y artiFcial. Cada cultura crea sistemas de
códigos comunitarios que establecen una relación
entre imaginario colectivo y control político, que
oscilan entre la coerción y la adhesión voluntaria.
De cualquier forma que se constituya la institucio-
nalidad política, de manera laxa o estricta, ésta im-
plica necesariamente, un sistema de
regulación y
control de la vida cotidiana, un orden reglamentado
de la reproducción social, sancionado culturalmente.
Siguiendo a Eagleton, podemos decir que las cul-
turas no son arbitrarias ni determinan absolutamen-
te al ser humano, no son estructuras cerradas. La
cultura, en su sentido original, como producción,
“evoca un control y, a la vez, un desarrollo espon-
táneo”.
43
El autor se extiende, en ese sentido, aFr-
mando:
Lo cultural es lo que podemos transformar, pero el
elemento que hay que alterar tiene su propia existencia
autónoma, y esto lo hace participar del carácter recalci-
trante de la naturaleza. Pero la cultura es un asunto de
seguir reglas, y en esa medida también implica una in-
teracción entre lo regulado y lo no-regulado. Seguir una
regla no es como obedecer una ley física, pues implica
una aplicación creativa de la regla en cuestión […] Las
reglas, como las culturas, ni son completamente alea-
torias ni están rígidamente determinadas, lo cual quiere
decir que ambas entrañan la idea de libertad.
44
Debemos reconocer el complejo juego de interac-
ciones sociales e individuales que determinan la
relación que existe entre continuidad y cambio cul-
turales, entre unidad y diversidad; proceso que po-
demos entender, por ejemplo, a partir del concepto
de estilo, aplicado al arte o al conjunto de una cul-
tura. Si observamos el fenómeno de la comunicación
con imágenes en el curso de la historia, veremos que
las técnicas, los cánones que rigen el uso del color y la
forma, los códigos de representación de las Fguras,
los motivos y los temas; aparecen todos ellos, dentro
de ciertos
ciclos
de continuidad y discontinuidad. Es-
tán sujetos a procesos complejos, cuyas etapas más
deFnidas pueden ser: aparición, difusión, transfor-
mación, desaparición y resurgimiento en una nueva
circunstancia.
Al respecto Harold Spencer dice:
La historia del arte es un proceso recíproco e inter-
minable de continuidad y renovación. Existe, por una
parte, la inercia de la tradición, una “transmisión” de
conocimientos, costumbres, creencias y prácticas, de
generación a generación. El estilo de una sociedad así
como su arte tienen una tendencia a retener ciertos
aspectos en un nivel relativamente constante, por un
periodo determinado de tiempo. La tradición es así, una
fuerza fundamentalmente conservadora. Por otra parte,
en los plazos largos, el arte está sujeto a cambios de
orientación que actúan sobre el ambiente físico, social
y psicológico que lo constituyen y dotan de fuerza; res-
ponde a estos de diversas maneras. En ocasiones, estas
transformaciones pueden ser tan drásticas que reforman
las antiguas conFguraciones de una manera tan comple-
ta que dan origen a una nueva tradición. La vitalidad de
todo el proceso es asegurada por este entrelazamiento
de continuidad y renovación. La continuidad de la tra-
dición, vinculando cada forma presente con su pasado
y las fuerzas que alteran y renuevan, actuando sobre las
resistencias de la tradición, deFnen un proceso evolu-
tivo que mantiene el vigor de las artes, dando a cada
segmento de su historia su identidad particular.
45
El estudio de este proceso constituye lo que el
historiador del arte Erwin Panofsky ha llamado “his-
toria de los estilos”, a saber, la historia de los me-
dios y las Fguras a través de los cuales se expresan,
43
Terry Eagleton,
La idea de cultura, Una mirada política sobre los conflictos culturales,
Barcelona, Paidós, 2000, p. 15.
44
Ibid.,
pp. 15-16.
45
Harold Spencer,
The Image Maker,
Nueva York, Charles Scribner’s Sons, 1975, p. 25 (la traducción del inglés es del autor).
23
comunican, manifestan y representan por medio de
imágenes, las cosas, los seres y las ideas, en cada
periodo histórico y cultural. A partir del método que
la iconología propone, es posible comprender “la
manera en que, bajo diversas condiciones históri-
cas, los objetos y acontecimientos se han expresado
a través de las Formas”, “los temas y conceptos es-
pecífcos se han expresado a través de los objetos y
acontecimientos” y, fnalmente, “las tendencias ge-
nerales y esenciales del espíritu humano se expresa-
ron a través de temas y conceptos específcos”.
46
El movimiento de continuidad y discontinuidad
de las imágenes, producidas por una cultura, supone
las complejas relaciones que existen entre la cons-
tancia y la transFormación de los códigos que regu-
lan la producción de imágenes, en Función de los
sistemas de valores culturales.
En relación con el problema planteado por los pro-
cesos por medio de los cuales se producen los cambios
culturales, nos distanciamos de las teorías holistas de
las ciencias sociales que, en palabras de Susan D. Gi-
llespie: “consideran a la sociedad como una entidad
que existe más allá de los individuos que la compo-
nen. En tanto sistema auto-regulador, la sociedad
constriñe o determina las conductas y las creencias
individuales, tratando a los individuos como epiFe-
nómenos y subestimando el papel que desempeñan
los individuos en el cambio social”.
47
Dentro de esa orientación podemos situar al Fun-
cionalismo, al estructuralismo, al marxismo estruc-
turalista, al conductismo, al materialismo cultural
y a la teoría de sistemas sociales. Esos puntos de
vista han suscitado abundantes polémicas y a tales
posiciones se han opuesto tanto teorías que desta-
can la importancia del individuo en la construcción
y el cambio sociales, como nuevas orientaciones
que intentan, como señala Gillespie, “construir un
puente que pueda mediar entre las polarizaciones
individualistas y holistas, examinando las relacio-
nes integradoras que vinculan a la sociedad con sus
miembros individuales”.
48
De aquí se derivó un te-
ma Fundamental de investigación, para el estudio
del cambio cultural: la teoría de la agencia o de los
agentes sociales.
En síntesis, la solución teórica a este problema
implica la posibilidad de defnir con precisión las
características específcas que adquieren las múlti-
ples Formas de interacción entre las diversas estruc-
turas sociales, históricamente determinadas, y las
entidades individuales, como quiera que les llame-
mos (individuos, personas, personifcaciones, perso-
najes, personalidad, el ser de la persona, el yo, el
sí mismo). Tal como lo plantea Susan Gillespie, la
compleja integración y red de interacciones entre
la sociedad y sus miembros individuales, en los tér-
minos de estructura y agencia, se ha convertido en
un problema central de la moderna teoría social. De
aquí se derivan tres problemas teóricos a defnir. En
cada caso concreto, ¿a partir de qué conceptos pode-
mos defnir a los miembros individuales de las co-
munidades?, ya que en las sociedades tradicionales
el concepto moderno de individuo no es pertinente.
¿Cuáles son los procesos culturales que determinan
la constitución de la persona?
Derivado de ese problema, tenemos el de def-
nir a los agentes sociales y el concepto de agencia
que utilizamos para cada sociedad concreta, tanto
al nivel del grupo como de la persona, para poder
comprender el aspecto activo de la producción sim-
bólica, capaz de generar cambios en la cultura. En
tercer lugar, debemos defnir la manera en la cual
las relaciones estructura-agencia y colectividad-per-
sona, han intervenido en los procesos concretos de
producción cultural.
Vale la pena recuperar algunas reflexiones que,
desde el campo antropológico plantea otro autor
para enFrentar este dilema teórico. Retomamos, pa-
ra eso, los lineamientos generales de la proposición
46
Erwin PanoFsky,
El signifcado en las artes visuales,
Madrid, Alianza Editorial, 1983, pp. 54-57.
47
Susan D. Gillespie, “Personhood, Agency and Mortuary Ritual: A Case Study From the Ancient Maya”, en
Journal oF Anthropological Archaeology
,
núm. 20, 2001, p. 73. (la traducción del inglés es nuestra).
48
Ibid.,
p. 74.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
24
49
Jean Duvignaud, “Institución y juego”, entrevista por Julio Amador, en
Palos de la crítica,
núm. 2-3, octubre de 1980 a marzo de 1981, pp. 61-65.
Vid
. también Jean Duvignaud,
El juego del juego,
México, Fondo de Cultura Económica, 1982.
50
Ibid.,
p. 59.
51
Ibid.,
pp. 57-59.
metodológica que Jean Duvignaud llama “epistemo-
logía de la acción”; propuesta que contiene orienta-
ciones básicas para desarrollar una etnografía de la
comunicación. Duvignaud cuestiona ciertos aspec-
tos del estructuralismo, del funcionalismo y del ma-
terialismo histórico. Veamos, por ejemplo, su crítica
al método de Lévi-Strauss para abordar el estudio
del mito:
Los fenómenos de los que estamos hablando exi-
gen una epistemología nueva [.
..] Tomemos un pro-
blema: el de los mitos, por ejemplo. En ese respecto
rechazamos un método como el de Lévi-Strauss que
consiste en separar lo mítico de lo existencial y de
las prácticas materiales. Siento un profundo respeto
por Lévi-Strauss, pero algo así como “la mitología
reconstituida de la indianidad, de los esquimales a
las tribus del sur de Chile”, es absolutamente indi-
ferente a la realidad actual de las sociedades de las
que habla, pues entonces: viva el mito y mueran los
hombres.
Lo que nosotros hemos hecho es investigar, hacien-
do uso de
una epistemología que se defne en la acción
misma:
sitúa las prácticas en su contexto y compren-
de que cada práctica supone un aparato de mitos, de
creencias, de afectos; es éste conjunto, como un todo,
el que hay que entender.
49
Por nuestra parte, recuperamos esa intención crí-
tica de Duvignaud, referida a los excesos a los que
se ha llegado en ocasiones, al utilizar los métodos
funcional, estructural o materialista histórico; pre-
ocupación que es común a varios autores. Duvign-
aud se propone demostrar que la antropología se ha
centrado fundamentalmente en el estudio de las
ins-
tituciones sociales
y muy poco en el estudio de los
hombres vivos.
Esa idea se fue aclarando hasta llegar a una
forma más de±nida en los resultados de sus estu-
dios antropológicos acerca del juego, en los cua-
les el juego ya no era concebido como una práctica
aislada, como una actividad más,
sino como una
constante que aparecía en los diversos aspectos de la
vida social e individual.
A partir de los trabajos de
Duvignaud, el juego, como categoría antropológica,
puede ser entendido como una energía transforma-
dora que modi±ca las prácticas y las costumbres es-
tablecidas;
es suscitada por la
creatividad
o el
azar
y
se da en todos los ámbitos de la vida humana.
Desde hace algunos años hemos tratado de hacer
el balance de las prácticas y de los hechos que corres-
ponden a las manifestaciones lúdicas que no pueden
ser reabsorbidos mediante alguna forma de regulación,
o borrados mediante un tipo de análisis que a menudo
proyecta sus categorías abstractas sobre ellos.
50
En la forma de presentar su tema de investiga-
ción estaba implícita una nueva orientación. Para
Duvignaud quedaba clara la insu±ciencia de los en-
foques anteriores. No sólo había que volver a de±nir
el objeto de estudio, sino, también, establecer una
nueva relación entre los conceptos de institución y
juego en el discurso antropológico:
Hay ideas como las de Georges Bataille sobre la
trasgresión y, naturalmente, aquellos estudios tradicio-
nales sobre cuestiones como las relaciones elementales
de parentesco, los sistemas matrimoniales, pero nunca
se nos dice cómo vive la gente esos sistemas y qué es
lo que hace con ellos; dichas investigaciones dan la
impresión de que simplemente se los padece […] no
somos seres pasivos, ya sea por la fuerza o mediante
la impugnación o la astucia, logramos darle a nuestro
poder lúdico una forma inteligible.
51
Así, partiendo de las premisas teóricas anterio-
res podemos de±nir al juego y, en ese sentido, a la
25
Perspectivas Teóricas
disposición humana hacia el cambio social, de la si-
guiente manera:
En mi opinión se trataría de conocer aquello que en
el orden de la existencia se expresa como experiencia
particular y que, adoptando formas singulares, puede
concernir a lo imaginario, a lo afectivo, o aún a la ac-
ción [.
..] antropológica o sociológicamente diré que el
juego representa la cantidad de azar que una sociedad
puede aceptar o, incluso, el modo en que una sociedad
enfrenta el azar. El azar es lo que no entra en el sistema
de leyes, de organizaciones. Lo que hay que averiguar
es cómo un grupo, una clase, una sociedad, una civili-
zación, enfrentan lo imprevisible.
52
A partir de aquí, podemos formular la exigencia
de una nueva epistemología dinámica para el estu-
dio del discurso y de las diversas prácticas sociales y
producciones culturales. Como es evidente, se trata
de registrar la transformación constante de los sig-
niFcados que se produce en la actividad colectiva.
Detrás de ésta idea existe un conjunto de supues-
tos teóricos que deFnen un concepto de discurso y
de acción que implica una
multiplicidad práctica de
posibilidades semánticas.
Entendemos tanto al dis-
curso, como a la acción social, a partir de su natura-
leza
polisémica.
Así, todo discurso y toda acción se
abren hacia una multiplicidad de posibles signiFca-
dos. Esto en virtud de que toda práctica y construc-
ción social o discursiva supone procesos de inter-
pretación y de variabilidad. Interpretar quiere decir
cotejar y confrontar su signiFcado con un conjunto
de referentes, es decir, de valores y conocimientos,
que constituyen la totalidad del saber activo que
posee todo individuo, que posee toda sociedad. Al
interpretar, dotamos de un nuevo signiFcado al dis-
curso y a las prácticas. En toda interpretación ocu-
rre un doble movimiento:
repetición
, por medio de
la cual se reproducen sentidos preexistentes de un
discurso o una práctica y,
transformación,
por medio
de la cual los sentidos preexistentes de los discursos
y las prácticas son modiFcados, surgiendo nuevos.
Para Cassirer, los cambios fonéticos, analógicos y
semánticos constituyen un elemento esencial del len-
guaje; cambios que también ocurren en los distintos
sistemas simbólicos. El estudio de todos estos debe
realizarse, tanto desde un punto de vista histórico
como desde uno estructural, debiendo ser especíFco
en cada caso:
Cierto que el lenguaje no posee un ser fuera y más
allá del tiempo; no pertenece al reino de las ideas eter-
nas. El cambio –cambio fonético, analógico, semánti-
co- constituye un elemento esencial del lenguaje. Sin
embargo, no basta el estudio de todos estos fenómenos
para que podamos comprender la función general del
lenguaje. En lo que respecta al análisis de cualquier
forma simbólica dependemos de los datos históricos.
La cuestión acerca de qué sean el mito, la religión, el
arte o el lenguaje, no puede ser resuelta de un modo
puramente abstracto, por una deFnición lógica. Pero
por otra parte, al estudiar la religión, el arte o el len-
guaje tropezamos siempre con problemas estructurales
generales que corresponden a un tipo diferente de co-
nocimiento. Estos problemas deben ser tratados por se-
parado: no pueden considerarse ni resolverse mediante
investigaciones puramente históricas.
53
Cuando analizamos un ritual (por ejemplo, la
puesta en escena ceremonial de un mito), podemos
ver cómo la comunidad y sus miembros individuales
entran en contacto con el relato mítico, en el con-
texto de una ceremonia especíFca, y hacen uso de
éste discurso de una manera activa y particular. El
relato está siendo
reproducido
y
transformado
a la
vez por quienes participan de él durante la ceremo-
nia; los mitos y los símbolos están siendo reinter-
pretados, por cada miembro de la comunidad, du-
rante la experiencia colectiva. Así, cada grupo social
propone un complejo conjunto de Fguras con las
52
Ibid.,
p. 60.
53
E. Cassirer,
op. cit.,
pp. 179-180.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
26
que toda persona alimenta su imaginario, juega con
ellas y las vuelve a signifcar, produciendo nuevos
sentidos, expandiendo su horizonte simbólico.
54
Los
procesos de aprendizaje y proFundización cogniti-
va de los símbolos culturales nunca terminan. Cada
complejo simbólico, aunque situado dentro de un
ámbito de acción espacial y temporal en el que se
manifesta, puede asociarse siempre a nuevos cam-
pos semánticos, por ello, dirá Guiraud, la palabra
sentido
signifca “dirección hacia otros signos”.
55
La necesidad de la comunicación humana hace
pasar lo real a la dimensión del lenguaje, a la Forma
de discurso. Las relaciones humanas están mediadas
por el discurso. Este supone la interpretación de la
experiencia y su traducción a imágenes mentales de
las cuales se derivarán un conjunto de respuestas
que harán uso de todos los diversos códigos de co-
municación. Nuestras relaciones con el mundo son,
en ese sentido,
relaciones discursivas
. Suponen una
interacción compleja entre nuestros
medios y formas
de comunicación
y nuestras vivencias en el mundo.
Paul Ricoeur sostiene que el discurso “consiste en
la mediación entre el orden de los signos y el de las
cosas”.
56
Va más allá, al explicar la Función semán-
tica del discurso, entendiéndola como la perFecta
articulación de tres dimensiones discursivas: la re-
Ferencia al mundo, la relación con uno mismo y la
relación con el otro.
En la medida en que se da esta reFerencia al mundo,
es posible la reFerencia en común, la correFerencia, y en
la medida en que existe ésta última es posible reFerirse
a uno mismo, el compromiso del sujeto con lo que dice.
Digamos lo mismo de otro modo: las tres dimensiones
del lenguaje, la dimensión ontológica (reFerencia al
mundo), la psicológica (relación con uno mismo) y la
moral (relación con otro), son rigurosamente coorigi-
narias.
57
Vale la pena agregar dos Funciones más a las de-
fnidas por Ricoeur. La comunicación, al proponer
constantemente enunciados sobre la realidad, esta-
blece la
función cognitiva del discurso
; por otra par-
te, el carácter social del habla que instaura, por ese
medio, una comunidad de códigos entre los hablan-
tes, supone una
función socio-política
.
La hermenéutica de Paul Ricoeur recorre, crítica-
mente, tres dimensiones interpretativas, mostrando la
problematicidad epistémica de cada una:
1) La semiótica o estructural, que se refere al siste-
ma de los signos, en sí mismo.
2)
La semántica que se refere a la relación de los
signos con el reFerente, con la realidad que evo-
can.
3) La dimensión práctica del discurso (habla) que
corresponde al uso vivo y concreto de los siste-
mas de signos.
58
La interacción social es un proceso que pone en
movimiento a las totalizaciones estructuradas de
nuestro saber; llamaremos a esa dimensión comuni-
cativa, caracterizada por ser
procesual, relacional y
cognitiva:
conjunto referencial
. A partir de él, se res-
ponde a cada estímulo comunicativo, exterior e in-
terior, con un espectro de mensajes en los distintos
planos de la experiencia. Esas acciones que operan
como respuesta, se registran en los sistemas com-
plejos de la memoria que va organizando, jerarqui-
zando, desechando, transFormando la compleja red
de sistemas simbólicos que componen al conjunto
reFerencial.
Podemos defnir al conjunto reFerencial como la
totalidad relativamente sistematizada y estructura-
da de conocimientos que posee todo individuo y to-
da sociedad y con la cual compara, coteja y evalúa
todo nuevo discurso en el proceso de comunicación;
proceso que aparece, desde esta perspectiva, como
un acto de interpretación discursiva
. Así, se pone de
54
En relación con este tema véase, también, el importante trabajo de Gilbert Durand que resume su orientación hermenéutica sobre las imáge-
nes y los símbolos,
Lo imaginario,
Barcelona, Ediciones del Bronce, 2000.
55
Pierre Guiraud,
La semántica,
México, ±ondo de Cultura Económica, 1983, p. 27.
56
Paul Ricoeur,
Historia y narratividad,
Barcelona, Paidós, 1999, p. 49.
57
Ibid.,
p. 51.
58
Ibid.,
Vid
. también Paul Ricoeur,
Teoría de la interpretación,
México, Siglo Veintiuno Editores, Universidad Iberoamericana, 2006.
27
manifesto el rico proceso de interpretación y produc-
ción de signifcados que la experiencia cotidiana ori-
gina, haciéndose evidente la unidad Fundamental que
existe entre la percepción, la motricidad y la activi-
dad del pensamiento abstracto. En una lúcida parado-
ja que aparece en su
Crítica del juicio
, Kant afrma que
no podemos pensar sin imágenes ni intuir sin concep-
tos.
Tal orientación heurística servirá a Ernst Cassirer
como punto de partida para explicar los procesos de
simbolización.
El conjunto reFerencial está Formado por unidades
semánticas cuyo uso y signifcado están determina-
dos socialmente, de ahí que la semiótica las llame
unidades culturales
. Las unidades semánticas operan
al interior de ordenamientos del saber que llamamos
formaciones
discursivas.
59
Todas las Formas del co-
nocimiento son propuestas de signifcar la realidad,
de interpretar la experiencia; de ahí la importancia,
la universalidad del problema del sentido.
60
Lo que en sí mismo constituye el proceso de For-
mación
del imaginario colectivo es algo sumamente
complejo. Incluye todo el proceso de socialización
a través del cual se Forman las personas, los grupos
sociales y el conjunto de las sociedades. Se trata,
en el plano más general, de
la formación de la cul-
tura como la instancia más amplia de socialización
del conocimiento
. Abarca todos los procesos socia-
les y personales de interpretación y organización de
la experiencia. Comprende a todas las Formas ins-
titucionalizadas y no institucionales de producción
y diFusión del saber. Se trata de un problema alta-
mente complejo que exige nuevos enFoques episte-
mológicos.
La producción, diFusión y uso del conocimiento
está determinada por ciertos conjuntos de reglas,
así como de modalidades de trasgresión o innova-
Perspectivas Teóricas
ción de ellas que, a su vez, están condicionadas his-
tórica y culturalmente. El pensamiento no es algo
general y abstracto, sino que está diversifcado y
distribuido en distintas
formaciones discursivas
que
organizan el conocimiento en disciplinas del saber
específcas, con métodos y reglas propios para ge-
nerar conocimientos. Las nociones acerca de la rea-
lidad diferen de una Formación discursiva a otra y,
más aún, pueden ser contradictorias entre sí.
61
El ámbito de la comunicación humana es, preci-
samente, la esFera del conocimiento y la actividad
social en la cual la
mezcla y yuxtaposición de las di-
versas formaciones discursivas
es más rica. Cuando
nos comunicamos se hace necesario valerse de co-
nocimientos provenientes de distintas Formaciones
discursivas como lo son:
A)
Conocimientos sistematizados y empíricamente
veriFcables
: tienen su origen en diversos tipos de
prácticas productivas o utilitarias donde, a nivel
de la esFera cognitiva, debe producirse un pen-
samiento sistemático que corresponde a un pa-
radigma que defne a la verdad y lo verdadero
como algo verifcable a través de la experiencia
repetida.
62
B)
Horizonte epistémico
:
opera a la manera de un
metalenguaje, a partir del cual se valoran y juz-
gan todas las dimensiones discursivas.
C)
Ética
: Funciona a partir de juicios que correspon-
den a aplicaciones diversas de los sistemas de
valores morales que Forman parte del conjunto
reFerencial de toda persona y grupo social.
D)
Sentido común
: combina la experiencia personal
con ciertas Formas de socialización de la sabidu-
ría práctica colectiva.
E)
Conocimientos tradicionales
: pertenecen a diver-
sos conjuntos de prácticas y Formas de saber que
59
La semiótica las defne como
campos semánticos
.
60
Desde hace mucho tiempo, Pierre Guiraud explicó ese problema,
vid
. o
p. cit.
.
61
Umberto Eco había planteado ya la posibilidad de que dentro de una cultura existiesen campos semánticos contradictorios,
vid
.
La estructura
ausente,
Barcelona, Editorial Lumen, 1994,
p. 89. Eso sucede en todas las culturas, Duvignaud habla de diversas lógicas que se entrecruzan en
la vida cotidiana y que, muchas veces, sin ser compatibles, se mezclan entre sí.
Vid
.
El banco de los sueños
, México, ±ondo de Cultura Económica,
1981 y
El juego del juego
op. cit.
62
Vid
. Bronsilaw Malinowski,
Magia, ciencia y religión,
Barcelona, Planeta-Agostini, 1994 y Claude Lévi-Strauss,
El pensamiento salvaje,
México,
±ondo de Cultura Económica, 1994.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
28
conforman una cultura particular y corresponden
a los elementos constitutivos de la identidad per-
sonal, familiar, gremial, comunitaria, regional o
nacional; deFne destrezas prácticas, creencias,
formas de vida y costumbres colectivas.
±)
Religiosidad, fe y creencias
: estructuras de pensa-
miento míticas, mágicas, religiosas y dogmáticas
que operan en todas las sociedades.
G)
Estética
: funciona a partir de códigos estableci-
dos de manera social, como el arte y la moda, así
como de manera personal, a través del gusto y la
educación.
H)
Voluntad
: interpreta la realidad en función del
deseo, deFne sus necesidades y las formas de su
satisfacción.
I)
Intuición
: utiliza de una manera proyectiva, no
racional, la experiencia individual y colectiva,
consciente e inconsciente.
J)
Emociones
: establece vínculos asociativos entre
las situaciones vividas, los mensajes recibidos y
los componentes psíquico-corporales que gene-
ran emociones.
Todos estos son campos semánticos que inter-
vienen simultáneamente en la connotación de los
discursos, en las prácticas y en las maneras de pro-
ducir las cosas.
63
Partiendo de una perspectiva que
considera la multiplicidad sincrónica de factores que
deFnen los procesos de interacción social y comuni-
cación; podemos enunciar la complejidad del siste-
ma interpretativo de la esfera de la comunicación,
evidenciando la
diversidad de sentidos y de planos
de la realidad en los que opera el sistema referencial
.
El imaginario cultural, a partir del cual se constru-
yen los sentidos de lo comunicado, participa de esa
pluralidad de dimensiones de la realidad y debe ser
analizado desde una perspectiva compleja, polisé-
mica. Los procesos de comunicación establecen dis-
tinciones especíFcas que diversiFcan el signiFcado
en un amplio abanico de pluralidad semántica.
63
Umberto Eco plantea también una serie extensa de los campos semánticos que pueden determinar la connotación de un lesema.
Vid
. H. Eco,
La estructura
op. cit
., pp. 101-104.
64
P. Ricoeur,
Historia y narratividad…
op. cit.,
p. 41.
La comunicación como forma de relación con el otro,
con el mundo y con uno mismo
Para comprender los procesos de comunicación,
en su carácter concreto de interacción humana viva,
retomaremos una orientación enunciada por Ricoeur
en su importante artículo, titulado, “±ilosofía y len-
guaje”:
[…] la Flosofía tiene la tarea principal de volver a abrir el
camino del lenguaje hacia la realidad, en la medida en que las
ciencias del lenguaje tienden a distender, si no a abolir, el vín-
culo entre el signo y la cosa. A esta tarea principal se añaden
otras dos complementarias: volver a abrir el camino del lenguaje
hacia el sujeto vivo, hacia la persona concreta, en la medida en
que las ciencias del lenguaje privilegian, a expensas del habla
viva, los sistemas, las estructuras y los códigos desvinculados
de cualquier hablante y, Fnalmente, volver abrir el camino del
lenguaje hacia la comunidad humana, en la medida en que la
pérdida del hablante va unida a la de la dimensión intersubjetiva
del lenguaje
.
64
La clara conciencia de responder a esta tarea ur-
gente de la hermenéutica, lo condujo a llevar a ca-
bo un recorrido crítico del camino emprendido por
las ciencias del lenguaje. Así, explica que la nece-
sidad de construir un objeto de estudio cientíFco,
29
riguroso y bien delimitado, llevó a las ciencias del
lenguaje y, en particular, a lingüística estructural a
“poner entre paréntesis la relación del lenguaje con
la realidad”.
65
La distinción establecida por Saussure entre len-
gua y habla, formaba parte de la misma intención
de cientiFcidad. De tal suerte, a partir de Saussure,
entendemos a la lengua como el conjunto sistemá-
tico de un idioma en el plano de la pura
formalidad
estructural,
en el plano de su estatuto como
conjun-
to de signos y reglas combinatorias
, pertenecientes a
un código de comunicación, socialmente aceptado;
como las
convenciones sociales
necesarias para la co-
municación verbal y escrita. La lengua corresponde
al conjunto de los signos que sirven como medio de
comprensión entre los miembros de una misma comu-
nidad lingüística, el conjunto de entidades entre las
que se elije en las libres combinaciones del discurso.
Por habla se designan los
usos
diversos y coloquia-
les que los individuos de esa comunidad hacen de la
lengua, por medio de una ejecución psicoFsiológica,
la actuación individual y las libres combinaciones del
discurso.
66
El habla es esencialmente un acto indivi-
dual de selección, uso y renovación; está constituida,
ante todo, por las combinaciones gracias a las cuales
el usuario puede utilizar el código del lenguaje para
expresar su pensamiento personal.
67
La distinción entre lengua y habla se complementó
con cuatro postulados que terminaron por deFnir obje-
to y método, tanto de la lingüística estructural, como
de las ciencias del lenguaje que de ella se derivaron:
A) En la lengua se distinguió una ciencia
sincróni-
ca
que estudiaría los estados del sistema y una
ciencia
diacrónica
que estudiaría los cambios del
mismo.
Perspectivas Teóricas
B) Se subordinó la segunda a la primera.
C) En un estado del sistema no existirían estados
absolutos, sino únicamente relaciones de depen-
dencia mutua.
D) El conjunto de los signos se entendería como un
sistema cerrado, con objeto de analizarlo.
68
Así, mientras que el lenguaje es el
uso inFnito
de
un sistema Fnito, la lingüística estructural opta por
el estudio sistemático de los sistemas Fnitos, de tal
suerte, que el sistema a analizar no tendrá partes
externas, sino meras relaciones internas.
69
Para tal
efecto, la lingüística estructural eliminó un aspec-
to fundamental de la deFnición de signo que, entre
los estoicos aparecía como signiFcante, signiFcado
y cosa referida; y en San Agustín y en la escolásti-
ca, como la relación entre
signum
y
res
. Al excluir la
referencia a lo real extralingüístico, se eliminó de la
comunicación al sujeto y a la intersubjetividad: “En
la lengua, nadie habla”.
70
Expulsados de la lingüís-
tica estructural -y de la llamada semiología, que de
ella se derivó-, el habla, el hablante, su interlocutor
y el mundo que sus discursos reFeren, deberán ser
estudiados por otras disciplinas como la hermenéu-
tica, la antropología, la sociología y la psicología
de la comunicación, cuyo objeto de estudio son
los
procesos vivos de la comunicación
.
71
Algo semejante ocurrió con la propuesta de Ro-
man Jakobson, que pretendió explicar el proceso de
comunicación mediante un modelo estructural, de-
rivado de la informática, y deFnía como sus com-
ponentes a un emisor, un mensaje, un medio para
transmitirlo, un receptor, el código y el referente,
eludiendo por completo los problemas implicados en
lo esencialmente humano de la comunicación: la in-
tersubjetividad
.
72
65
Ibid.,
p. 42.
66
±erdinand de Saussure,
Curso de lingüística general
, Buenos Aires, Editorial Losada, 1979, pp. 49-66; P. Ricoeur,
Historia y narratividad
… o
p.
cit.
y Maurice Leroy,
Las grandes corrientes de la lingüística
, México, ±ondo de Cultura Económica, 1992.
67
Vid
. Roland Barthes,
La aventura semiológica,
Barcelona, Paidós, 1993, pp. 21-36
.
68
P. Ricoeur,
Historia y narratividad… op. cit.,
pp. 42-43.
69
Ibid.,
p. 43.
70
Ibid.,
p. 44.
71
Por su parte, la pragmática no ha sido capaz de cubrir estos campos de manera satisfactoria.
72
Roman Jakobson, “Lingüística y poética” en Thomas A. Sebeok (comp.),
Ensayos de lingüística general,
Barcelona, Seix Barral, 1975.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
30
Jakobson simplemente describe de manera esque-
mática la forma en la cual cierto tipo de máquinas,
de estructura muy simple, por cierto, intercambian
información, pues, de hecho, las tecnologías más re-
cientes diseñadas para la comunicación, han desarro-
llado
sistemas cada vez más complejos de interactivi-
dad
. El modelo estructural de Jakobson, que implica
un concepto monosémico de comunicación, no tiene
nada que ver con la comunicación humana, propia-
mente dicha, que es, por deFnición,
polisémica
.
Al respecto, escribía Durand en 1979: “Cibernéti-
ca e informática constituyen las vanguardias victo-
riosas de las reflexiones lingüísticas y estructurales.
A través de un verdadero fenómeno de
feed-back,
los
ordenadores modelan o vuelven a modelar nuestras
maneras de pensar. La máquina expresa su más ex-
trema exigencia, que es constreñir al pensamiento al
que, no obstante, debe su existencia”.
73
Me parece sorprendente, por no decir absurdo,
que durante tanto tiempo se haya pretendido utili-
zar este esquema estructural para explicar y deFnir
a la comunicación humana. El modelo ignora, por
completo, el aspecto vivo y activo de la comunica-
ción, por más que incluya al código –que no alcanza
a ser ni una pálida sombra de la cultura-. Deja to-
talmente fuera, la comprensión de su funcionalidad
y complejidad intrínsecas. Hace uso de un concepto
reductivo, que excluye lo que, en sí misma, es la co-
municación: la interacción,
la influencia mutua de
los sujetos en el proceso vivo de la comunicación real
,
el proceso dentro del cual reacciono a lo que el otro
me dice y él reacciona a lo que yo le digo; y en el
cual las partes actúan de manera activa y cambian-
te, en función del contacto, de lo que ese contacto
intersubjetivo
propone y del desarrollo
interactivo
de
ese contacto. Esa interacción pone en juego, en el
proceso de la comunicación, una multiplicidad de
códigos culturales, articulados entre sí de manera
compleja e indisoluble.
74
Greimas entiende a la comunicación como un sis-
tema de oposiciones-opciones lógicas binarias entre
las cuales el hablante debe elegir:
La comunicación, en efecto, es un acto, y, por ese mismo
hecho, es sobre todo elección. En el interior del universo sig-
niFcante a partir del cual opera, la comunicación elige cada
vez ciertas signiFcaciones y excluye otras. La comunicación es
por tanto el ejercicio de una cierta libertad, mas de una liber-
tad limitada […] Tomando el enunciado, al que cabe conside-
rar como el acto de comunicación acabado y autosuFciente,
[sic] nos damos cuenta de que la libertad de su formulación se
inscribe en una red apriorística de coerciones
.
75
Tenemos un concepto de comunicación que la re-
duce a puras operaciones lógicas de selección, al
interior de un sistema cerrado; a la mera formula-
ción de enunciados. Esta postura coincide en ese
sentido, con el concepto informático de Jakobson,
quien entiende a la comunicación como transmisión
de información y al lenguaje como su principal me-
dio, menospreciando la importancia de los otros
sistemas de símbolos. De acuerdo con Durand, la
proposición puede resumirse así: “el lenguaje
es
la comunicación, el lenguaje
es
el principio de cual-
quier simbolización. Es lo que llamo la hipóstasis de
la comunicación y la dictadura del lenguaje”.
76
Las palabras y las frases no bastan al hombre para
expresarse, ya que siente la necesidad de añadir las
creaciones de la mímica, de la danza, de la música, de
las artes gráFcas, plásticas y pictóricas. Todos sabe-
mos, además, cuanta vanidad cuanta impotencia supo-
ne comentar, explicar o transcribir el lenguaje pictórico
o musical en lengua vulgar. El lenguaje del “lingüista”
73
Gilbert Durand,
De la mitocrítica al mitoanálisis, Figuras míticas y aspectos de la obra
, Barcelona, Anthropos-Universidad Autónoma Metropo-
litana, 1993, p. 40.
74
Desde Fnales de los años 50, Anselm L. Strauss presentó con toda claridad esta cualidad viva, activa y compleja de la interacción comunica-
tiva.
Vid
.
Mirrors and Masks, The Search for Identity,
Illinois, The ±ree Press of Glencloe, 1959, pp. 44-88.
75
A. J. Greimas,
op. cit.,
p. 54.
76
G. Durand,
De la mitocrítica al mitoanálisis… op. cit.,
p. 48.
31
no engloba todos los lenguajes. Y es tomar al pie de la
letra –es decir, hacer juegos de palabras- la palabra
len-
guaje
, confundir bajo su signo cosas tan dispares como
el mensaje pictórico, el mensaje musical, el ritual, los
gestos, que es bien sabido, fueron y son anteriores a la
lengua y, sobre todo a la escritura.
77
Para otros autores, el aspecto de la comunicación
que hay que destacar es el de
la relación humana
, no
el del intercambio de información. Así, por ejemplo,
Andrés Ortiz-Osés, quien sigue las teorías de Doris F.
Jonas y A. David Jonas sobre la importancia que de-
bió tener “la
primigenia relación psicosocial del niño
con su madre
” en el origen del lenguaje, lo concibe
teniendo, a la vez, una función afectiva y una dis-
cursiva: “no es un medio de información sino mé-
dium de
contactación
o contacto social”.
78
Para Ray L. Birdwhistell la comunicación no se
parece a un emisor y un receptor, es un acto creati-
vo, una negociación entre dos personas. Lo impor-
tante no es tanto que se entienda exactamente lo
que el otro dice, sino, la manera en la cual las dos
partes cambian con la acción. Cuando la comunica-
ción se logra, se crea un sistema bien integrado de
interacción y reacción.
79
Gadamer nos hace ver que la comunicación in-
terpersonal
supone la actualización de todo un mun-
do
, es más, de una multiplicidad de mundos que la
conversación invoca y trae al acontecer vivo de la
comunicación:
La narración es siempre narración de algo. “Narra-
ción de algo” no es únicamente un genitivo objetivo,
sino también partitivo […] El narrador introduce a los
arrebatados oyentes en un mundo íntegro. El oyente
que participa toma, evidentemente, parte en ese mundo
como en una especie de presencia del acontecer mismo.
Lo ve todo ante sí en el sentido convencional. Como es
sabido, el narrar es también, sin duda, un proceso recí-
proco. Nadie puede narrar si no tiene unos agradecidos
oyentes que lo acompañen hasta el ±nal. El narrar [im-
plica] libertad para seleccionar y libertad en la elección
de los puntos de vista convenientes y signi±cativos.
80
En síntesis, podemos concluir, con Ricoeur, que
el precio a pagar por la constitución del objeto cien-
tí±co de la lingüística, la semiótica y la semántica
estructurales ha sido un precio muy alto:
El acto de hablar es excluido, no sólo como ejecu-
ción externa, como realización individual, sino como
libre combinación, como producción de enunciados
inéditos. Ahora bien, esto es propiamente hablando,
lo esencial del lenguaje, aquello a lo que está desti-
nado. Al mismo tiempo, se elimina la historia, no sólo
la existente entre un estado sistemático y otro, sino la
producción de la cultura y del hombre en la elaboración
de su lengua […] Se excluye, asimismo, junto a la libre
combinación y generación, la intención principal del
lenguaje, que consiste en decir algo sobre algo.
81
Tales omisiones graves no sólo afectan a la lla-
mada semiología que se derivó de Saussure, sino in-
cluyen a la semiótica propuesta por otros autores
como Umberto Eco, para el cual, el problema de la
referencia a la realidad que suponen los enuncia-
dos del discurso, establece “otro límite o umbral
de la semiótica, el nudo en que
una semiótica pide
que se la substituya por la hermenéutica”
.
82
En tal
sentido resulta también sintomático lo escrito por
Greimas en 1979, quien en ese momento, concebía
a la semiótica de la comunicación como un proyecto
77
Ibid.,
pp. 95-96.
78
Andrés Ortiz-Osés, “Hermenéutica simbólica”, en K. Kerenyi, E. Neumann, G. Scholem y J. Hillman,
op. cit
., p. 231 (en cursivas en el origi-
nal).
79
Ray L. Birdwhistell,
Kinesics and Context,
Filadel±a, University of Pennsylvania Press, 1970.
80
H.G. Gadamer,
Mito y razón…
op. cit.,
pp. 31-32.
81
P. Ricoeur,
Historia y narratividad…
op. cit.,
p. 46.
82
Umberto Eco,
Tratado de semiótica general,
México, Nueva Imagen-Lumen, 1978, pp. 286-287 (en cursivas en el original).
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
32
futuro, a desarrollar, a partir de la pragmática nor-
teamericana: “dentro de la línea de la ‘pragmática’
norteamericana, puede ser elaborada una semiótica
de la comunicación ‘real’ (en cuanto objeto descrip-
tible), si extrapola, en particular, los modelos de
la semiótica cognoscitiva, resultante del análisis de
los discursos narrativos”.
83
En tal sentido destacan, frente a las limitaciones
inherentes a los diversos estructuralismos lingüísti-
cos y semióticos, las virtudes de la hermenéutica,
capaz de reconstruir tanto el
locus
histórico-cultural
del discurso, como la lógica imaginaria que lo rige,
discerniendo la forma en la cual estos se hallan im-
plicados en el lenguaje.
La hermenéutica FlosóFca de Gadamer ha de-
mostrado que la subjetividad y la historicidad son
componentes irreductibles del discurso y por ello,
del trabajo interpretativo de la hermenéutica. Para
Gadamer la interpretación es algo consustancial al
ser humano, lo que caracteriza su peculiar modo de
ser, por eso, la hermenéutica no puede ser una me-
ra epistemología; es una ontología –en lo que sigue
a Heidegger- pues la interpretación concierne a la
totalidad de relaciones que los seres humanos esta-
blecen entre sí y con el mundo.
84
El reconocimiento
de la tensión básica entre tradición y presente his-
tórico es el punto de partida de la hermenéutica,
de la historicidad de la comprensión.
85
El intérprete
“realiza siempre un proyectar”, proyecta un sentido
pre-existente sobre lo que interpreta, sentido que
está determinado por su horizonte cultural.
86
Gad-
amer llama “tradición “a ese horizonte, y muestra
cómo la tradición “forma parte en verdad de la his-
toria misma”.
87
En nuestro comportamiento respecto al pasado, que
estamos conFrmando constantemente, la actitud real no
es la distancia ni la libertad respecto a lo trasmitido. Por
el contrario, nos encontramos siempre en tradiciones, y
éste nuestro estar dentro de ellas no es un comporta-
miento objetivador que pensara como extraño o ajeno
lo que dice la tradición; ésta es siempre más bien algo
propio, ejemplar o aborrecible, es un reconocerse en el
que para nuestro juicio histórico posterior no se aprecia
apenas conocimiento, sino un imperceptible ir transfor-
mándose al paso de la tradición.
88
En tal sentido, el comprender debe entenderse
como “
un desplazarse uno mismo hacia un acontecer
de la tradición,
en el que el pasado y el presente se
hallan en continua mediación.
89
No obstante, Gad-
amer insiste en que para la hermenéutica histórica,
cada obra debe ser entendida desde sí misma.
Todo encuentro con la tradición realizado con cons-
ciencia histórica experimenta por sí mismo la relación de
tensión entre texto y presente. La tarea hermenéutica
consiste en no ocultar esta tensión en una asimilación
ingenua, sino en desarrollarla conscientemente.
90
Para Ricoeur la comprensión hermenéutica de los
mitos articula tres historicidades: la de los aconteci-
mientos fundantes o tiempo oculto; la de la interpre-
tación viviente de los escritores sagrados, que consti-
tuye la tradición; y la historicidad de la comprensión,
la historicidad hermenéutica.
91
La diferencia radical de orientación entre los estruc-
turalismos y la hermenéutica queda claramente expresa-
da en la exposición del asunto que hace ±ranz K. Mayr:
83
Algirdas J. Greimas y Joseph Courtés,
Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje,
Madrid, Editorial Gredos, 1982, p. 314.
84
H.G. Gadamer,
Verdad y método
….
op. cit.
85
Ibid.,
pp. 331-377.
86
Ibid.,
p. 333.
87
Ibid.,
p. 344.
88
Ibid.,
p. 350.
89
Ibid.,
p. 360.
90
Ibid.,
p. 377.
91
Paul Ricoeur,
Hermenéutica y estructuralismo, Hermenéutica y psicoanálisis e Introducción a la simbólica del mal,
Buenos Aires, Megápolis,
1975-1976.
33
En la tradición hermenéutica, el lenguaje no se en-
tiende primariamente como sistema de signos objeti-
vable y susceptible de formalización matemática, sino
como lenguaje materno, vinculado al tiempo, a la si-
tuación y a la tradición, y dotado de la fuerza expresiva
del lenguaje cotidiano, que encuentra su culminación
en el lenguaje poético, como mensaje lingüísticamente
mediado por una experiencia global del mundo, dialó-
gica e histórica. Aquí el lenguaje se concibe partiendo
del acto de habla contextual y social-histórico, desde
su apertura a las variaciones de sentido, y se le conce-
de prioridad a la ‘función expresiva’ sobre la ‘función
representativa’ (Cassirer)”.
92
Ricoeur avizora una solución al reformular el problema
en un sentido semejante, entendiendo que el lenguaje
no es un objeto, no es algo absoluto, es un fenómeno;
una mediación entre el ser humano y el mundo, una
mediación entre seres humanos y una mediación de ca-
da ser humano consigo mismo. Esta idea se sintetiza
en la frase que deFne la comunicación: “
la intención
de decir algo sobre algo a alguien
”; enunciado que, a la
vez,
supone la intención de alguien que se da signifca-
do a sí mismo
. Siguiendo a Benveniste, Ricoeur propo-
ne una ligüística del discurso basada, no en los signos
aislados, sino en los enunciados completos: “los actos
de habla que tienen una dimensión igual o superior a
la frase”.
93
La proposición de Benveniste, que sirvió de
base a la posición de Ricoeur, pude resumirse así:
El locutor se apropia del aparato formal de la len-
gua y enuncia su posición de locutor mediante indi-
cios especíFcos, por una parte, y por medio de pro-
cedimientos accesorios, por otra.
Pero, inmediatamente, en cuanto se declara locutor y asu-
me la lengua, implanta al
otro
delante de él, cualquiera que
sea el grado de presencia que atribuya a este otro. ±inalmente,
en la enunciación, la lengua se halla empleada en la expresión
de cierta relación con el mundo. La condición misma de esta
movilización y de esta apropiación de la lengua es, en el locu-
tor, la necesidad de referir por el discurso y, en el otro, la posi-
bilidad de correferir idénticamente, en el consenso pragmático
que hace de cada locutor un colocutor. La referencia es parte
integrante de la enunciación
.
94
Benveniste agrega que la presencia del locutor
en su enunciación, “hace que cada instancia de dis-
curso constituya un centro de referencia interna”.
95
Al subrayar la diferencia entre lengua y discurso, Ri-
coeur aFrma que “la lengua como sistema es intem-
poral, pues su existencia es meramente virtual. Só-
lo el discurso, como acto transitorio, evanescente,
existe actualmente”. Concluye que es propiamente
en el discurso donde se da la triple mediación con el
mundo, con el otro y con nosotros mismos.
96
El vacío dejado por las orientaciones estructura-
listas en lingüística y semiótica hace necesaria la
constitución de una hermenéutica que opere, a la
vez, como una historia cultural que permita recons-
truir los campos semánticos asociados a los discur-
sos; como una etnografía, ocupada del estudio de
los procesos vivos, suscitados por la comunicación
humana y como una semántica de la comunicación,
ocupada de la relación del discurso con la realidad
que evoca. En este sentido, los trabajos de Giorgio
Raimondo Cardona (quien llevó a cabo una evalua-
ción crítica de los desarrollos de la etnolingüística y
de la lingüística antropológica, hasta Fnales de los
años 80 y desarrolló él mismo la disciplina), son un
punto de partida básico.
97
La sustancial importancia
del contexto discursivo queda destacada cuando,
siguiendo a R. Lakoff, Cardona aFrma que la integra-
ción de los hechos culturales recuperados en la for-
92
±. K. Mayr,
op. cit.,
pp. 322-323.
93
Paul Ricoeur,
Tiempo y narración, I, Confguración del tiempo en el relato histórico,
México, Siglo Veintiuno Editores, 2007, p. 31 e
Historia y
narratividad… op. cit.,
pp. 48-50.
94
Emile Benveniste,
Problemas de lingüística general II,
Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 1983, pp. 84-85.
95
Iibid.
96
P. Ricoeur,
Historia y narratividad,
op. cit.,
p. 48.
97
Giorgio Raimondo Cardona,
Los saberes del lenguaje,
Barcelona, Gedisa, 1994.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
34
ma de presuposiciones muestran cómo “el verdadero
signifcado de lo que se enuncia se obtiene, no del
valor eFectivo del vocabulario de las unidades em-
pleadas, sino sobre la base de Factores extralingüís-
ticos, como el estatus del hablante o del oyente, el
tipo de relación social entre los dos, el conocimien-
to del mundo real o de las creencias, el hecho de que
quien habla afrme o no lo que dice, etc.”
98
Otras orientaciones importantes en este sen-
tido han sido desarrolladas en los trabajos de
William ±olley sobre lingüística antropológica y
los de Dell Hymes sobre etnograFía de la comuni-
cación.
99
La
ethnography of speaking
del último,
se dedicó a estudiar “las situaciones y los usos,
los modelos y las Funciones del hablar como acti-
vidad en sí y por sí”.
100
98
Ibid.,
p. 46.
99
William ±olley,
Anthropological Linguistics: An Introduction (Language in Society)
, OxFord, Blackwell Publishers, 1997; Dell Hymes,
Foundations
in Sociolinguistics: An Ethnographic Approach,
Cinnaminson, N.J., The University oF Pennsylvania Press, 1974; John J. Gumperz and Dell Hymes
(eds.),
Directions in Sociolinguistics: The Ethnograpy of Communication,
Nueva York, Basil Blackwell Inc., 1986.
100
Joshua A. ±ishman (comp.),
Readings in the Sociology of Language,
La Haya, Mouton, 1968, pp. 99-138.
101
Eric Havelock, “La ecuación oral-escrito: una Formula para la mentalidad moderna”, en David R. Olson y Nancy Torrance (comps.),
Cultura
escrita y oralidad,
Barcelona, Gedisa, 1998, p. 25.
La comunicación oral
El estudio de las dinámicas de la comunicación oral
ha contribuido de manera importante a la compren-
sión del Fenómeno vivo de la comunicación huma-
na. Eric Havelock propone tres acepciones de oralidad
que conviene explorar. Desde su punto de vista, este
concepto caracteriza tanto a sociedades enteras que
se han basado en la comunicación oral, sin utilizar
la escritura, como a un determinado tipo de lenguaje
utilizado en la comunicación oral y a un determinado
tipo de conciencia que es creado por la comunicación
oral y es expresable sólo por medio de ella.
101
Esas líneas generales contribuyen a comprender
tanto la especifcidad de la comunicación, desde la
perspectiva del habla, como las implicaciones cultu-
rales que son propias de las sociedades primordial-
mente orales; apuntan hacia la particularidad de sus
Formas discursivas, cuyas características pueden ser
defnidas en Función de su carácter predominante-
mente oral.
Walter J. Ong describe lo que él llama “las psico-
dinámicas de la oralidad”, directrices que nos per-
miten distinguir a las culturas de oralidad primaria
de las sociedades con escritura y comprender la es-
pecifcidad de la Forma oral de comunicación.
En las culturas predominantemente orales, las pa-
labras están estrechamente vinculadas a la acción,
derivan de ella, en Función de lo cual se las asocia
con un poder sobre la gente y las cosas; creencia
que se apoya sobre un sustrato mítico más proFun-
do. La restricción de las palabras al sonido, no sólo
determina los modos de expresión, sino también,
los procesos de pensamiento y su carácter poético:
ritmo y armonía sonora son componentes sustan-
tivos del discurso. De esta manera, la cultura oral
da origen a Formas de pensamiento y a prácticas
culturales, bien defnidas, que se asocian con ellas.
La importancia de la comunicación cara a cara y de
la intersubjetividad es decisiva, pues
la continuidad
del pensamiento, del conocimiento colectivo y de to-
da la cultura se sostiene sobre la comunicación inter-
personal
.
Las Formas, patrones y estructuras que adquie-
re el discurso están determinadas por las necesida-
des mnemotécnicas, lo que permite vincular al ha-
35
bla con elementos específcos de la cultura material
que juegan una defnida Función de contribuir a la
memorización de las tradiciones, permitiendo que
se integre, de esa manera, el conjunto de la cultu-
ra. En numerosos casos, la cultura material Funciona
como un soporte Físico para grabar signos y símbo-
los mnemotécnicos que apoyan la memorización de
las tradiciones orales, la cultura material juega, así,
un papel Fundamental en relación con el discurso, el
saber comunitario y la memoria.
En reFerencia a los procesos de aprendizaje y me-
morización, que están en la base de las culturas de
oralidad, podemos defnir patrones específcos que
caracterizan al discurso, haciéndolo que se distinga
como una Forma histórica particular. La relación en-
tre oraciones, enunciados y proposiciones sucesivos
es
acumulativa
, antes que
subordinada
. Las Fórmulas
discursivas son acumulativas, descriptivas y adjeti-
vadas, antes que simples y analíticas. El pensamien-
to oral es totalizador.
Las sociedades orales deben dedicar gran canti-
dad de energía y tiempo a la memorización de lo que
arduamente se ha aprendido a través de los siglos.
Las innovaciones y variaciones se integran a la tra-
dición, dentro de un contexto en el que predominan
estructuras discursivas bien defnidas, cuya fnali-
dad es la preservación del saber. El pensamiento oral
conceptualiza y expresa en Forma verbal sus cono-
cimientos
refriéndose, estrechamente, a la vivencia
humana
. Los procesos de pensamiento y las Formas
de expresión de las culturas orales están dominados
por dinámicas agonísticas en las que abundan los
rituales de oralidad donde compiten las personas en
habilidades discursivas, poéticas y mnemotécnicas.
Para una cultura oral, aprender o saber, signifca
lograr una identifcación empática y estrecha con el
saber comunitario. La conservación del saber es una
tarea colectiva, sustentada en la memoria comuni-
taria. Viven intensamente en un presente que man-
tiene un equilibrio entre lo que se debe conservar y
lo que se debe desechar de la memoria colectiva.
102
Si pensamos que durante milenios los conocimien-
tos esenciales de la humanidad Fueron conservados
bajo la Forma de la tradición oral, visualizaremos, a la
vez, la asombrosa constancia de la memoria, así como
la extensa variabilidad de la cultura. Ni la tradición,
ni el narrador han sido los mismos. La historia de la
cultura es la historia de sus múltiples usos y acepcio-
nes, de cada una de sus pequeñas, pero incontables
aventuras. Desde el punto de vista del discurso, del
acto de hablar y relatar, podemos tomar como ejem-
plo paradigmático al mito, el cual existe al interior de
un conjunto de prácticas sociales que suponen usos
diversos y un
devenir. En el caso del hinduismo, por
ejemplo, Wendy Doniger O’±laherty da cuenta de la
multiplicidad de las versiones de los mitos. Nos dice
que no existe una versión única y original de ningún
mito hindú; cada uno de ellos ha sido contado y vuel-
to a contar, en el curso de los años, con un buen nú-
mero de variaciones menores y mayores. En algunos
casos, los cambios introducidos son tan signifcativos
que resulta indispensable estudiar las distintas va-
riantes.
103
En México tenemos, entre muchos otros, el cono-
cido ejemplo del mito nahua de la sucesión de eras
cósmicas que aparece en la llamada
Leyenda de los
soles
, de la cual Miguel León-Portilla refere 11 ver-
siones distintas; es muy posible que existieran otras
tantas, de las cuales no tenemos registro alguno.
104
Supongo que con todas las mitologías ocurre algo se-
mejante pues, en relación con ciertos mitos, las va-
riantes muestran tales diFerencias entre sí, que resul-
ta indispensable estudiarlas en conjunto.
Toda versión de una historia o de un mito cons-
tituye una nueva interpretación. El conjunto de las
versiones da como resultado el
campo semántico
del
relato. Al interior de éste, cada versión puede ser
vista como una secuencia continua y variada de in-
102
Walter J. Ong,
Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra,
México, ±ondo de Cultura Económica, 2004, pp. 38-80.
103
Wendy D. O’±laherty,
Hindu Myths,
Londres, Penguin Books, 1975, p. 21.
104
Miguel León-Portilla,
La flosoFía náhuatl,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Antropológicas,
1983, pp. 100-112.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
36
terpretaciones que se concreta en una confguración
específca, teniendo, muchas veces, a las otras como
reFerentes.
Todo mito es una secuencia sucesiva de versiones
superpuestas y entremezcladas
.
No existe mito algu-
no en estado de “pureza original”. Lo que ha llegado
hasta nosotros es un cúmulo de diversas versiones
de cada mito, interpretaciones, modifcaciones que,
con el paso del tiempo, han venido a Formar parte
del cuerpo mitológico. En todas las mitologías ha
ocurrido este proceso.
La tradición oral Fue la Forma más antigua e im-
portante en la cual se conservaron, trasmitieron y
reinterpretaron los conocimientos colectivos. La tra-
dición oral no sólo permitió la preservación del mi-
to, sino de todo el conjunto de conocimientos que
componen una cultura. Aunque continúa existiendo
bajo diversas Formas, debe conFrontarse, ahora con la
presencia avasalladora del texto escrito y de los sis-
temas electrónicos y digitales de comunicación. Jan
Vansina sostiene que entre las Fuentes de la historia,
las tradiciones orales ocupan un lugar decisivo; son
las más importantes, tanto para el estudio de las so-
ciedades sin escritura, como para el origen de infni-
dad de textos de la Antigüedad y la Edad Media, sin
embargo, se ha prestado poco interés a sus caracte-
rísticas históricas.
105
Siguiendo a Vansina, defnire-
mos las características de la tradición oral que nos
parecen más signifcativas.
Las tradiciones orales son Fuentes históricas cuyo
carácter propio está determinado por la Forma que
revisten. Son orales y se cimientan, de generación
en generación, en la memoria de los seres huma-
nos. La tradición constituye una secuencia o cadena
de testimonios; puede trasmitirse de manera libre o
regulada. Cuanto más libre sea la transmisión, las
desviaciones en la tradición serán más numerosas.
Por el contrario, cuanto más reglamentada sea la
tradición, conservará ciertas características por pe-
riodos más prolongados. La transmisión fel puede
ser asegurada por medio de la Formación especia-
lizada de personas a las que les son confadas las
tradiciones.
El contenido de la tradición está determinado por
la Función que juegan estos relatos dentro de la so-
ciedad que los ha creado y hecho perdurar. Un gran
número de las tradiciones orales cumplen simultá-
neamente varias Funciones: cognitiva -de conserva-
ción y transmisión del saber práctico-, religiosa y
espiritual, ética, estética, didáctica, histórica, de
Formación de la identidad étnica y comunitaria.
Las tradiciones pueden estar compuestas prin-
cipalmente por conocimientos esotéricos ocultos o
pueden limitarse a relatos colectivos y ser narradas
en todos los estratos de la población. De ahí que
puedan pertenecer al dominio público o ser privati-
vas de ciertos grupos cerrados. Toda tradición eso-
térica es necesariamente conservada y transmitida a
través de instituciones creadas específcamente para
ese fn.
Los procesos de memorización de las tradiciones
orales pueden apoyarse en el uso de ciertos objetos,
imágenes o palabras, llamados mnemotécnicos, que
los Facilitan. Las imágenes iconográfcas juegan un
papel muy importante dentro de esta Función.
La alteración del testimonio Forma una parte sus-
tantiva de la tradición oral. En un número muy im-
portante de tradiciones orales se han ido añadiendo
comentarios explicativos que, con el paso del tiem-
po, se incorporaron al conjunto de la tradición.
106
105
Jan Vansina,
La tradición oral
, Barcelona, Editorial Labor, 1966, p. 7.
106
Ibid.,
pp. 7-125.
37
La comunicación no verbal y sus códigos
Para numerosas comunidades, el soporte prima-
rio de las imágenes del ritual es el cuerpo de las
personas que participan en él; se establecen, ade-
más, toda una serie de relaciones simbólicas de los
cuerpos personales, ritualmente decorados, con el
conjunto de la comunidad, con la Tierra y con el Cos-
mos. Además de su función ritual, las marcas cor-
porales funcionan como signos de adscripción o
identidad a sistemas de linaje, clases de edad, gé-
nero o sociedades secretas.
108
La constitución física, asociada al cuerpo, ha da-
do origen a tipologías psicológicas que clasiFcan a
las personas en tipos y las asocian con aspectos ca-
racterológicos, psicológicos o alegóricos, por ejem-
plo, en tanto representaciones de “la fortaleza” o
“la debilidad”, “el exceso” o “la armonía”.
109
Esas
observaciones dieron origen a disciplinas como la
Fsiognomía.
La constitución corporal puede relacionarse tam-
bién con otros factores como la estatura, las pro-
porciones, la forma de la cara, el color de la piel y
el cabello, etc. para denotar distintos signiFcados
que se interpretarán desde perspectivas ideológicas
o étnicas, determinadas histórica y culturalmente.
Estos elementos han dado origen a modelos idea-
les de belleza, como los cánones clásicos griegos,
de acuerdo con los cuales, los modelos de Apolo y
Afrodita deFnieron la belleza corporal, masculina y
femenina:
Los griegos estaban convencidos de que el dios Apolo
era como un hombre perfectamente bello. Era bello porque
su cuerpo se ajustaba a determinadas leyes de la propor-
107
Vid.
Alfred Louis Kroeber,
El estilo y la evolución de la cultura,
Madrid, Ediciones Guadarrama, 1969; Erwin Panofsky, “La historia de las propor-
ciones humanas como historia de los estilos” en
El signifcado en las artes visuales
y
sobre el estilo. Tres ensayos inéditos,
Barcelona, Paidós, 2000
y las obras de Michel ±oucault, “Poder-Cuerpo”, en
MicroFísica del poder,
Madrid, Ediciones de la Piqueta, 1979;
Tecnologías del yo,
Barcelona,
Paidós-ICE-UAB, 1991 y los tres volúmenes de la
Historia de la sexualidad
, París, Gallimard, 1976, 1984.
108
José Jiménez, “Las raíces del arte: el arte etnológico”, en Juan Antonio Ramírez,
Historia del arte, El mundo antiguo,
Madrid, Alianza Edi-
torial, 1999, pp. 62-63.
109
Acerca de los usos alegóricos de la Fgura humana en el arte,
vid
. Cesare Ripa,
Iconología,
edición facsimilar, Nueva York, Garland Publishing, 1976.
Siguiendo la línea de desarrollo que hemos ex-
puesto, podemos incluir dentro del campo de la
comunicación a todos aquellos aspectos relaciona-
dos con la comunicación interpersonal, cara a cara,
así como a los que se relacionan con el ámbito del
comportamiento ritual y con las actividades coti-
dianas. Para todos ellos, la apariencia física del
cuerpo humano, los gestos corporales, las actitu-
des, el movimiento y el uso corporal del espacio,
pueden asociarse con complejos sistemas de códi-
gos, sancionados culturalmente y sujetos a la va-
riabilidad histórica.
Al respecto, encontramos deFnidas áreas proble-
máticas que producen distintos tipos de signiFcado.
La apariencia física del cuerpo humano, en sí mis-
ma, y su valor estético han jugado una función pri-
mordial en la historia cultural, no sólo en lo que se
reFere a las formas concretas que ha adquirido, a lo
largo de la historia, el arreglo personal, la presenta-
ción de las personas en la sociedad y la manera en
la cual ha afectado a la comunicación interpersonal,
sino también en lo que respecta a los códigos de re-
presentación de las artes visuales.
Cánones cambiantes han deFnido, de una época
a otra, la belleza corporal. Esos cánones han dado
origen a prácticas culturales que determinan la for-
ma del cuerpo (deformación craneana, prolongación
artiFcial del cuello, reducción artiFcial del tamaño
del pie femenino, pintura corporal, escariFcaciones,
maquillaje, dieta, tipos de ejercicios físicos, etc.);
conFguran complejos sistemas estéticos, codiFca-
dos a partir de cánones religiosos y estéticos o por
el sistema de la moda y el gusto personal.
107
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
38
ción, por lo que participaba de la divina belleza de las
matemáticas […] Desde los tiempos más primitivos, la
naturaleza obsesiva e irrefrenable del deseo físico ha bus-
cado alivio en imágenes; y dar a esas imágenes una forma
por la que Venus pudiera dejar de ser vulgar y convertirse
en celestial ha sido uno de los objetivos periódicos del
arte europeo. Los medios empleados han sido la simetría,
la medida y el principio de subordinación, los cuales reF-
naron los matices personales de cada artista.
110
Tales valoraciones culturales de la apariencia fí-
sica han sido usadas, también con otros Fnes nefas-
tos, como los del racismo. La propaganda nazi pro-
movió una imagen del cuerpo acorde con sus ideas;
Himmler, por ejemplo, escogía a los miembros de las
SS por fotografía, siguiendo “criterios raciales”.
La vestimenta y los diversos artefactos asociados
con ella como máscaras, insignias, joyas, cosméti-
cos, bastones, armas, etc. intervienen de manera
decisiva en la producción de signiFcado asociado al
cuerpo de las personas. Pueden denotar característi-
cas de jerarquía: social, política, económica, religio-
sa o militar. Pueden signiFcar, también, diferencias
de sexo, edad, estado civil, pertenencia a un grupo
étnico, regional o nacional, a una época determina-
da. Pueden también revelar actitudes, valores o pre-
ferencias de gusto y moda.
Sobre el vestido, los factores que determinan su
estilo y su signiFcado, Kroeber aFrma:
En los estilos de la vestimenta femenina entran en
juego distintas consideraciones. El destino utilitario del
vestido como protección o conveniencia, establece un rí-
gido marco dentro del cual actúa el estilo. A continuación
hay un elemento de atractivo erótico, frecuentemente
sublimado en parte, aunque nunca del todo, por una bús-
queda de la belleza estética. Ambos aspectos pueden ser
desplazados por consideraciones sociales, tales como la
expresión del rango, del poder, de la riqueza, de la prodi-
galidad o el derroche. Pero el determinante Fnal de todo lo
precedente es, en cualquier civilización moderna, el factor
de la novedad, de la importancia del momento.
111
Desde los años sesenta comienza a imponerse
una tendencia que propugna “un tratamiento inte-
grado que considere como un todo único la con-
ducta verbal y la conducta no verbal”.
112
Para ±lora
Davies, las palabras han sido sobreestimadas en el
estudio de la comunicación humana, desde su pun-
to de vista, forman sólo una parte del mensaje, por
lo cual es indispensable estudiar todos los aspectos
físicos del cuerpo y los gestuales asociados a la co-
municación verbal, mismos que constituyen lo que
se ha llamado la comunicación no verbal.
113
La presencia, el contacto, la mirada, todo inter-
viene en el acto vivo de la comunicación, basada en
la intersubjetividad; el efecto también actúa sobre
la causa. La comunicación es “un sistema de cana-
les múltiples en el que el actor social participa en
todo momento, deseándolo o no, por medio de sus
gestos, sus movimientos, sus posturas, su mirada,
su distancia e, inclusive, su silencio”.
114
En el estudio de la comunicación no verbal, aso-
ciada a la conversación, podemos distinguir dos as-
pectos, uno referido a los movimientos y posturas
del cuerpo y otro relacionado con la entonación de
la voz, el ritmo y las inflexiones del discurso.
115
Los movimientos, posturas, gestos y actitudes
corporales dan lugar a un espectro muy amplio de
signiFcados que, siendo estudiados por disciplinas
como la kinesis y la proxémica, permiten distincio-
nes y clasiFcaciones precisas, que pueden ser refe-
ridas a distintos sistemas de códigos, de los cuales,
valiéndonos de las categorías acuñadas por Mark L.
110
Kenneth Clark,
El desnudo,
Madrid, Alianza Editorial, 1987, pp. 41 y 77, respectivamente.
111
A. L. Kroeber,
op. cit.,
p. 16.
112
G. I. Cardona,
op. cit.,
p. 45.
113
±lora Davies,
La comunicación no verbal,
Madrid, Alianza Editorial, 1986.
114
Luis Cruz Santacruz,
El comportamiento no verbal humano: una aproximación a la kinesis y la proxémica,
México, CONEIC, 1999, p. 10.
115
Ibíd.,
p. 37.
39
Knapp, defnimos los que consideramos los más im-
portantes a tomar en cuenta para el análisis:
A) Emblemas: son actos no verbales que tienen una
traducción verbal específca, conocida por un
grupo de comunicación.
B) Ilustradores: son actos no verbales íntimamente
ligados al habla que sirven para ejemplifcar un
aspecto de la conversación.
C) Reguladores: son actos no verbales que codifcan
la interacción de los hablantes durante la comu-
nicación.
D) Adaptadores: son actos no verbales que ponen de
manifesto emociones y sentimientos durante la
interacción social, por medio de gestos involun-
tarios.
E) Comunicadores de estatus: gestos, actitudes y
posturas asociados a la comunicación de las je-
rarquías sociales.
F) Comunicadores de actitudes: gestos, movimien-
tos y posturas que revelan aspectos ideológicos,
conductas y posiciones respecto de determinados
problemas o situaciones.
G) Comunicadores de engaño: señales no verbales
que delatan la intención de mentir.
H) Conducta táctil: las ±ormas de contacto ±ísico en-
tre las personas.
I) Expresiones ±aciales: el rostro como sistema múl-
tiple de expresión de emociones y comunica-
ción.
116
El cuerpo humano está siempre situado en con-
textos específcos, mismos que influirán en el signi-
fcado de conjunto del discurso verbal y no verbal,
proporcionando un sentido contextual. Existen varios
±actores que influyen en el signifcado producido por
los diversos elementos espaciales y contextuales en
los que se da la comunicación humana. Los ±actores
que condicionan el signifcado de los espacios habi-
tables (interiores y paisajes) son: a) ±orma y estruc-
tura, b) colores, c) iluminación, d) elementos que lo
componen: naturales (árboles, ríos, nubes, etc.) y/o
objetos (mobiliario, ventanas, etc.). Como veremos
más adelante, tanto las estructuras arquitectónicas
edifcadas por el ser humano, como el paisaje, son
construcciones simbólicas que intervienen de mane-
ra decisiva en los procesos de comunicación.
116
Mark L. Knapp,
La comunicación no verbal,
Barcelona, Paidós, 1994, pp. 179-256.
117
William L. Rathje y Michael B. Schi±±er,
Archaeology,
Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich, Inc., 1982, p. 63.
118
I. Hodder,
op. cit.,
pp. 17-18 (en cursivas en el original).
La cultura material como producción simbólica
Los arte±actos y construcciones pertenecientes a
la cultura material de una sociedad pueden reflejar y
mostrar los componentes simbólicos que la defnen.
De acuerdo con Rathje y Schi±±er, más allá de sus ±un-
ciones tecnológicas, los arte±actos ±orman una vasta
red de símbolos que nos hablan acerca de infnidad
de detalles de la vida social: las jerarquías, el com-
portamiento socialmente aceptado, las imágenes que
nos ±ormamos acerca de nosotros mismos.
117
Recuperando para su propia argumentación las
ideas de Schi±±er, Ian Hodder va más allá en el plan-
teamiento, además de reafrmar que “toda la cultura
material puede verse como algo constituido de mane-
ra signifcativa”; establece la condición de la arqueo-
logía como una disciplina estrictamente simbólica:
“Si la cultura material, toda ella, tiene una dimensión
simbólica tal que a±ecta a la relación entre una comu-
nidad humana y las cosas”, entonces el problema no
radica en “cómo estudiar el simbolismo del pasado”,
sino en “cómo hacer realmente arqueología”.
118
Desde la perspectiva de la teoría de la comuni-
cación, el problema radica en descubrir las distintas
±ormas por medio de las cuales los objetos y cons-
trucciones pertenecientes a la cultura material de una
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
40
sociedad son portadores de signifcados, sustentan la
especifcidad cultural, conForman e implican sistemas
de relaciones sociales y Formas de comunicación.
Para enunciar de una manera más adecuada el
asunto, recuperamos algunas de las observaciones y
preguntas con las que Jean Baudrillard inicia su obra:
El sistema de los objetos
. El autor reflexiona sobre las
infnitas posibilidades de clasifcación de los obje-
tos, en Función de diversas categorías: su Funciona-
lidad, su talla, el universo gestual a ellos vinculado,
su Forma y duración, el momento del día en el que
aparecen, la materia que transForman.
119
Continúa la
reflexión, sosteniendo que al enFoque de Giedion que
destaca la importancia que el cambio de las estruc-
turas sociales tiene en la evolución de los objetos,
habría que agregar la pregunta Fundamental, acerca
de
la manera en la cual los objetos son vividos
: “a qué
otras necesidades, aparte de las Funcionales, dan sa-
tisFacción, cuáles son las estructuras mentales que se
traslapan con las estructuras Funcionales y las contra-
dicen, en qué sistema cultural, inFra o transcultural
se Funda su cotidianidad vivida.
120
Esta pregunta po-
ne el acento en los procesos por medio de los cuales
“las personas entran en relación con ellos y de la sis-
temática de las conductas y de las relaciones huma-
nas que resultan de ello”.
121
La necesidad, por sí misma, no puede explicar
la riqueza y variedad de las producciones cultura-
les, resulta indispensable buscar otras explicaciones
“que puedan incorporar las suposiciones más gene-
rales sobre la signifcación y las metas de la vida”.
122
En ese sentido, estoy de acuerdo con ±ernando Mar-
tín Juez, cuando afrma que:
La necesidad, y deseo por las cosas, nace de las habi-
lidades –de orden cognoscitivo- y las destrezas –de orden
psicomotor- desarrolladas por un individuo en una comu-
nidad (a través de un sistema compartido de creencias e
instituciones). Éstas son capacidades de orden biológico
y cultural que, por supuesto, cambian y evolucionan, uti-
lizando los objetos y prefgurándolos […] El proceso es
autorreFerente; se anida en sí mismo: las creencias gene-
ran deseos, habilidades y destrezas que, a su vez, generan
creencias… La necesidad no es más que la percepción y la
respuesta pautada que eslabona el proceso.
123
Valiéndose de una argumentación semejante, Jean
Baudrillard considera que “sólo desde una psicología
ingenua es posible pensar en el ‘consumo’ como pro-
ducto de un sujeto real, impulsado por necesidades y
conFrontado con objetos reales, Fuentes de satisFac-
ción”.
124
Para él, una “teoría de las necesidades” no
tiene sentido, el asunto debe plantearse de otra ma-
nera, es decir:
una teoría sobre el concepto ideológico
de necesidad
. Comienza por criticar la idea de un Fun-
damento bioantropológico de las necesidades.
De hecho, el “mínimo vital antropológico” no existe:
en todas las sociedades, está determinado residualmente
por la urgencia Fundamental de un excedente: la parte de
Dios, la parte del sacrifcio, el gasto suntuario, el pro-
vecho económico. Es esta deducción del lujo la que de-
termina negativamente el nivel de supervivencia y no lo
inverso (fcción idealista). Por doquier, existe prelación
del benefcio, del provecho, del sacrifcio en la defnición
de la riqueza social, prelación del gasto “inútil” sobre la
economía Funcional y la sustancia mínima.
125
Siguiendo esta línea de argumentación, puede
concluirse que las necesidades, cualesquiera que
sean, no pueden defnirse según la tesis naturalista-
idealista, como Fuerza innata, apetencia espontánea
o virtualidad antropológica, sino, claramente, como
una elaboración cultural, inserta dentro de la lógica
119
Jean Baudrillard,
El sistema de los objetos,
México, Siglo Veintiuno Editores, 2004, p. 1.
120
Ibid,
p. 2.
121
Ibid.
122
±ernando Martín Juez,
Contribuciones para una antropología del diseño,
Barcelona, Gedisa, 2002, p. 49.
123
Ibid.,
pp. 46-47.
124
Jean Baudrillard,
Crítica de la economía política del signo,
México, Siglo Veintiuno Editores, 1979, p. 52 (entrecomillado en el original).
125
Ibid.,
pp. 77-78.
41
de un sistema específco: “no hay necesidades sino
porque el sistema las necesita”.
126
La arqueóloga Ulrike Sommer propone algunas
guías heurísticas para la interpretación de la cultura
material. Desde su punto de vista, “la cultura mate-
rial no refleja, simplemente, a la sociedad de manera
neutral; sino que es producida y usada para cons-
truir enunciados que están imbuidos de intereses y,
aún, de estrategias”. Siendo diFícil y “poco probable
que los arqueólogos puedan ‘desciFrar’ el signifcado
de símbolos materiales en sociedades sin escritura,
pueden, al menos, elaborar hipótesis acerca de la
variación y desarrollo de la cultura material como
tal, acerca del sistema detrás del símbolo”.
127
La adopción del concepto de agencia ha llevado
a que la antropología, en general y, la arqueología,
en particular, se enFoquen en el uso activo de la cul-
tura material. Cualquier desviación de la conducta o
de la cultura material pone al descubierto una parte
de la cosmovisión, lo hace aparecer como algo sus-
tantivo de la vivencia de un grupo y la somete a la
percepción consciente y a la crítica. Desde su punto
de vista, “los hábitos motrices individuales, como
la diseminación de rasgos, a través de las redes de
aprendizaje, normalmente dan origen a variaciones
que se suman a un desarrollo en el tiempo –la clási-
ca secuencia tipológica”.
128
A partir del análisis de la cultura material aso-
ciada a la
Linearbanderkeramic
, Sommer llega a la
conclusión de que la cultura material se puede se-
parar en tres categorías: a) “Fuertemente controla-
da, empleada instrumentalmente y con una Fuerte
carga simbólica que Formaba parte de relaciones de
poder; b) objetos cuyo signifcado estaba abierto a
la negociación (pero que no, necesariamente, eran
manipulados constantemente); c) aspectos ‘neutra-
les’ de la cultura material, simbólicamente ‘insigni-
fcantes’”.
129
126
Ibid,
pp. 79-80.
127
Ulrike Sommer, “Hear the Instruction oF Thy ±ather, and ±orsake not the Law oF Thy Mother”, en
Journal of Social Archaeology,
vol. 1, núm. 2,
Londres, Thousand Oaks, y Nueva Delhi, SAGE Publications, 2000, p. 248 (la traducción del inglés es nuestra).
128
Ibid.
129
Ibid.,
p. 257 (la traducción del inglés es nuestra).
130
Notas personales del curso: “Arqueología de paisaje”, impartido por Stanislaw Iwaniszewski, doctorado en Estudios Arqueológicos, ENAH-
INAH, Febrero- julio 2007.
131
Karl Marx,
El capital,
México, Siglo Veintiuno Editores, 1976.
El paisaje: una construcción simbólica
Al igual que la Fabricación de los diversos úti-
les, la construcción de estructuras arquitectónicas
es una construcción simbólica. En un sentido más
general, el pensamiento simbólico se proyecta sobre
el paisaje. La percepción e interpretación simbólica
de las diFerencias topológicas del espacio es propia
de todas las sociedades humanas.
130
Mientras que en las comunidades tradicionales
este simbolismo tiene un carácter sustantivamen-
te mítico-religioso y proyecta una geograFía de lo
sagrado sobre el paisaje, el concepto moderno de
espacio es científco y productivo. La técnica moder-
na, en tanto producto planetario, se plantea la ma-
terialidad de toda la Tierra como
objeto
para su ac-
ción
transformadora
. La Tierra completa adquiere el
valor de
materia prima
para la producción de bienes;
se convierte en
materia indistinta
, susceptible de
ser trabajada, convertida en producto, en Fuente de
energía, en mercancía.
131
Todas las cosas adquieren
la cualidad de lo que Heidegger llama “existencias”,
es decir,
deben estar disponibles para el uso humano
.
Esa aparente inmediatez de todos los recursos natu-
rales y de todos los objetos producidos, su Facilidad
de acceso, su capacidad constante para ser transFor-
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
42
mados e intercambiados, está dada
por la disposi-
ción completa del aparato de la técnica moderna
, que
crea todo un
orden estructural nuevo
. Heidegger lo
llama “estructura de emplazamiento”, supone una ló-
gica de relaciones constantes y crecientemente com-
plejas del hombre con su hacer y su saber.
132
La esencia de la técnica moderna pone al hombre
en camino de aquel hacer salir de lo oculto por medio
del cual lo real y efectivo, de un modo más o menos
perceptible, se convierte en todas partes en existencias
[…] aquel enviar coligante que es lo primero que pone al
hombre en un camino de hacer salir lo oculto lo llamamos
el sino
(lo destinado). Desde aquí se determina la esencia
de toda historia acontecida […] La esencia de la técnica
moderna descansa en la estructura de emplazamiento.
Esta pertenece al sino de hacer salir lo oculto.
133
Al concepto de espacio percibido, que es común
al hombre y a los animales, debemos añadir el de
espacio imaginado
que se forma a través de imáge-
nes mentales, a partir del pensamiento simbólico y,
como dice Bachelard, al referirse a las imágenes que
suscita el habitar una casa: “la imaginación aumen-
ta los valores de la realidad”.
134
Por ser nuestro rin-
cón del mundo, nuestro primer universo: la casa es
“realmente un cosmos”.
135
Desde su nacimiento, el ser humano se ubica es-
pacialmente, lo que implica la coordinación de la
percepción, de los estímulos sensoriales y de la mo-
tricidad para entender las nociones y relaciones bá-
sicas implicadas en la experiencia corporal-sensorial
del espacio: la forma, la distancia, el movimiento, lo
lleno y lo vacío. Tal como hemos visto, la percepción
visual del espacio circundante organiza todas las ma-
nifestaciones relacionadas con nuestro campo visual,
como lo son el color, la forma, la luminosidad, la tex-
tura, el tamaño y la distancia; el sentido del espacio
y su orden interior; el sentido de unidad y relatividad
de las partes.
136
Jacques Aumont explica la manera en la cual funciona
nuestro repertorio imaginario para la interpretación
del campo visual y de las imágenes, sosteniendo que
en el proceso de descifrarlos, comienza a funcionar
un mecanismo cognitivo de la percepción que se vale
del “repertorio de objetos simbólicamente represen-
tados en el córtex visual, ya conocidos y reconocidos”
que hace posible poder interpretarlos y, así, recono-
cer los seres y las cosas observados.
137
Los elementos
presentes en nuestro campo visual nos afectan direc-
tamente, como un todo, a manera de una conFgura-
ción visual, de un orden visual determinado. Esos
estímulos ponen en movimiento signiFcados presen-
tes en la psique de todo observador: ”la percepción
visual pone en funcionamiento, casi automáticamen-
te, un
saber
sobre la realidad”.
138
El “estímulo” produce una “reacción”, una respues-
ta, o mejor, un encadenamiento de reacciones que
generan en el observador, de manera consciente e in-
consciente, estrategias de acción que ponen de mani-
Festo el rico proceso de interpretación y producción
de signiFcados que la actividad perceptual origina.
Se muestra así la unidad fundamental que existe en-
tre la percepción visual, la motricidad y la actividad
del pensamiento abstracto.
139
Podemos constatarlo,
por ejemplo, en la percepción del espacio, donde se
muestra que el concepto que nos hacemos del espacio
es a la vez táctil, cinético, visual e intelectual. Así, la
proxémica ha estudiado las codiFcaciones culturales
que deFnen las relaciones de los cuerpos humanos
entre sí como relaciones espaciales, culturalmente
sancionadas.
132
Martín Heidegger, “La pregunta por la técnica”,
Conferencias y artículos
, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994.
133
Ibid.,
pp. 26-27.
134
Gaston Bachelard,
La poética del espacio,
México, ±ondo de Cultura Económica, 1986, p. 33.
135
Ibid.,
p. 34.
136
R. Arnheim,
Arte y percepción visual
op.cit.
y
El pensamiento visual
op. cit.
137
J. Aumont,
op. cit.,
p. 70.
138
Ibid.,
p. 40.
139
R. Arnheim,
Arte y percepción visual
op.cit.
y
El pensamiento visual
op. cit.
43
Cada cosmovisión tiene que defnir sus nociones
de espacio, su cosmología. A partir de la Formación
de imágenes mentales, se construyen los modelos
conceptuales del espacio. Dentro de la tradición na-
hua-mexica, por ejemplo, los esquemas cosmológi-
cos defnen, en el plano horizontal, cuatro rumbos
del universo y un centro; en el plano vertical: trece
cielos sobre la Tierra y nueve dimensiones del inFra-
mundo, debajo de ella (
Códice Vaticano-Latino
).
La estructuración cultural del espacio incorpora
principios cosmológicos y simbólicos. En ese senti-
do, la arquitectura es también un medio, “un pre-
texto” que sirve para entender las tradiciones, prác-
ticas rituales y conceptos cosmológicos de una cul-
tura.
140
La arquitectura representa y expresa ciertos
principios de orden y clasifcación, la construcción
se percibe como un proceso que se transForma cons-
tantemente. La transFormación del paisaje no radica
sólo en su modifcación Física, sino, especialmente,
en su cambiante signifcación.
La cultura enseña como ver y entender el espacio.
Así, por ejemplo, en el proceso de Formación del con-
cepto moderno del espacio, la geometría euclidiana
desempeñó un papel de suma importancia, permitien-
do unifcar el concepto de espacio y hacerlo aplicable
a cualquier lugar del mundo; eso es algo específca-
mente cultural, propio del pensamiento racional de
Occidente. El predomino del eje tridimensional, im-
plícito en las categorías euclidianas, genera un par-
ticular concepto geométrico del espacio.
141
Desde el
Renacimiento se incorporará este concepto a las For-
mas de representación visual del espacio: el dibujo y
la pintura; de esa manera, la perspectiva comenzará a
Formar parte sustantiva de la imaginación occidental
y, en consecuencia, de la Forma en la cual construi-
mos nuestras representaciones del espacio.
142
Por su parte, las representaciones topológicas
son también culturales y se aprenden dentro de una
sociedad específca, algunas de sus características
particulares pueden ser defnidas de la siguiente
manera:
A) Tienen un carácter estático, no móvil, asociado a
las Formas materiales del espacio.
B) No son transFeribles a otro lugar.
C) Están estructuradas como puntos de orientación,
es decir, son Formas materiales fjas que defnen
un lugar.
D) Apelan a la percepción visual y a las metáForas
simbólicas que esa actividad suscita.
143
La presencia del ser humano aFecta al medio am-
biente: aFecta a las otras especies de seres vivos, su
acción modifca el entorno, alterando las relaciones
de los distintos elementos y seres entre sí.
La historia humana abarca 2.5 millones de años. En
este lapso los paisajes de la Tierra han suFrido trans-
Formaciones por la combinación de Factores naturales,
como los cambios climáticos que han alternado períodos
de Fríos glaciales y Fases interglaciares cálidas; y causas
antropogénicas, derivadas de las múltiples estrategias
de adaptación humana a su entorno. Ambos Factores,
naturales y humanos, han Funcionado como potentes
motores evolutivos que han cambiado la confguración
del sistema terrestre. Por ello, la inclusión del hombre
entre las variables materiales […] que contribuyen a
determinar la organización de los paisajes terrestres,
arranca con la propia historia humana; y ésta es, como
señala Serge Moscovici, el recuento de las etapas de la
historia humana de la naturaleza. La sociedad humana
y la naturaleza representan dos modos de relación entre
los mismos términos y no los términos diFerentes de la
misma relación que coloca a los hombres de un lado y
a las Fuerzas materiales del otro. En ninguna parte de
la historia humana, en ningún momento, la naturaleza
está más próxima ni más alejada del hombre, ni en el
más remoto pasado, ni en el presente, ni en el Futuro.
144
140
Mike Pearson y Colin Richards, “Ordering the World: Perceptions oF Architecture, Space and Time”, en Mike Pearson y Colin Richards,
Archi-
tecture and Order Approaches to Social Space
, Londres y Nueva York, Routledge, 1994, pp. 1-37.
141
S. Iwaniszewski,
op. cit.
142
Erwin PanoFsky,
La perspectiva como forma simbólica,
Barcelona, Tusquets Editores, 2003.
143
S. Iwaniszewski,
op. cit.
144
Alejandro Toledo,
Agua, hombre, paisaje,
México, SEMARNAT-INE, 2006, pp. 79-80.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
44
Podemos, junto con Deleuze, rastrear la genea-
logía de esta idea hasta Nietzsche cuando, tanto a
la dualidad metafísica de la apariencia y la esencia
como a la relación cientíFca del efecto y la causa
“opone la correlación fenómeno y sentido. Cualquier
fuerza es apropiación, dominación, explotación de
una porción de realidad. Incluso la percepción en
sus diversos aspectos es la expresión de fuerzas que
se apropian de la naturaleza. Es decir, que la natu-
raleza tiene una historia.”
145
Criticando las posiciones extremas en relación
con la deFnición del problema que plantea la ecua-
ción cultura-naturaleza, Terry Eagleton presenta el
asunto desde una perspectiva, coincidente con la
que se acaba de exponer:
La idea de cultura, pues, implica una doble nega-
tiva: contra el determinismo orgánico, por un lado,
y contra la autonomía del espíritu, por otro. Supone
un rechazo tanto del naturalismo como del idealismo,
aFrmando contra el primero el hecho de que dentro de
la naturaleza hay algo que la excede y la desmonta; y
contra el idealismo, que incluso la producción huma-
na de condición más elevada echa sus más humildes
raíces en nuestro entorno biológico y natural […] El
concepto se opone al determinismo, pero también ex-
presa un rechazo del voluntarismo. Los seres humanos
no son meros productos de sus entornos, pero estos
entornos tampoco son pura arcilla que puedan usar
para darse la forma que quieran. La cultura transforma
la naturaleza, pero es un proyecto al que la naturaleza
impone límites estrictos […] Somos seres culturales,
pero también somos parte de la naturaleza sobre la
que ejercemos nuestro trabajo. De hecho, parte del
meollo de la palabra “naturaleza” es que nos recuerda
el
continuum
entre nosotros mismos y nuestro entor-
no, mientras que “cultura” sirve para destacar la di-
ferencia.
146
La construcción del espacio cultural tiene un estra-
to conductual: el espacio habitado limita la actividad
social e influye en la conducta humana. La cultura
siempre implica distintos sistemas de representación
del espacio. Estos describen las distintas maneras en
las que el ser humano usa y ocupa el espacio física
y simbólicamente. Habitar el espacio deja una huella
simbólica del hombre y de sus actividades sobre el
paisaje. De tal suerte, se pueden deFnir, por ejemplo:
espacios religiosos, espacios políticos, espacios pro-
ductivos, espacios recreativos, etc. Asimismo, existen
deFnidos estratos instrumentales y simbólicos aso-
ciados a la transformación cultural del paisaje, al que
corresponden diferentes formas histórico-culturales
de representaciones imaginarias colectivas: socieda-
des de cazadores-recolectores, sociedades agrícolas,
sociedades industriales.
147
Las imágenes prototípicas del cuerpo humano,
inciden sobre las imágenes y descripciones topoló-
gicas; se mira el mundo desde la simetría bilateral.
La estructura corporal se proyecta sobre los elemen-
tos geomorfológicos: arriba-abajo, atrás-adelante,
izquierda-derecha; y sobre las estructuras arquitec-
tónicas, deFniendo, por ejemplo, la forma de la casa
y del conjunto de los espacios habitables.
148
En diversos aspectos de la cultura se pone de ma-
niFesto que el espacio topológico sufre un proceso
de antropomorFzación: las formas del cuerpo huma-
no se proyectan sobre la topografía, deFniendo es-
pacios como “femeninos” o “masculinos”; a partir
de las técnicas y capacidades de movilidad y trans-
portación se deFne un lugar como lejano o cercano;
a partir de una orientación astronómica, es decir, a
partir de que el hombre se sitúa en relación con el
cosmos, se construye un templo; a partir de la vi-
vencia religiosa y energética del espacio se deFne el
carácter sagrado de un lugar. “Cubrimos el universo
con nuestros diseños vividos” -dice Bachelard.
149
145
Gilles Deleuze,
Nietzsche y la flosoFía,
Barcelona, Editorial Anagrama, 1986, p. 10.
146
T. Eagleton,
op. cit.,
pp. 16-18.
147
S. Iwaniszewski,
op. cit.
148
Ibid.
149
G. Bachelard,
op. cit.,
p. 42.
45
Para la comprensión adecuada de la relación cul-
tura-paisaje es fundamental la unión y articula-
ción de la construcción simbólica del espacio con
su construcción material. Desde esta perspectiva, el
concepto de paisaje implica no sólo sus aspectos
materiales sino, de manera muy importante, los as-
pectos imaginarios que se proyectan sobre el espa-
cio: el simbolismo del paisaje.
Podemos así aFrmar que las orientaciones sim-
bólicas subyacen al orden y signiFcado de las es-
tructuras construidas por el hombre, para tal efecto,
partimos de una guía heurística básica: el símbolo
“está ligado al cosmos”.
150
El pensamiento simbóli-
co, en general, y el religioso, en particular, aluden
a y derivan de una cosmogonía. La idea implica que
el espacio habitable se construye a la manera de un
microcosmos que refleja aspectos decisivos del es-
quema cosmológico, derivados del mito cosmogóni-
co. De acuerdo con Ricoeur, la relación entre mito y
ritual funciona como una lógica de correspondencias
que integra todas las dimensiones (cósmica-biológi-
ca-antropológica):
Aquí tocamos un elemento irreductible […] En el
universo sagrado, la capacidad para hablar se funda en
la capacidad del cosmos para signiFcar. Por lo tanto, la
lógica del sentido procede de la misma estructura del
universo sagrado. Su ley es la ley de la corresponden-
cia, correspondencia entre la creación
in illio tempore
y el orden actual de apariencias naturales y actividades
humanas. Esta es la razón por la que, por ejemplo, un
templo siempre esté en conformidad con algún modelo
celestial. Y de que la hierogamia de la tierra y el cielo
corresponda a la unión entre lo masculino y lo feme-
nino como una correspondencia entre el macrocosmos
y el microcosmos […] Hay una triple correspondencia
entre el cuerpo, las casas y el cosmos, la cual hace a los
pilares de un templo y a nuestras columnas vertebrales
simbólicas unas de las otras, así como hay correspon-
dencia entre un techo y un cráneo, la respiración y el
viento, etc.
151
Las conFguraciones simbólicas imaginarias que se
proyectan sobre el paisaje permiten abolir la frag-
mentación y aislamiento de los lugares, los seres y
las cosas. Introducen claridad y orden en la vida.
Relacionan y estructuran las dimensiones de la exis-
tencia en un
Cosmos
. Los símbolos se sustentan en
y, a su vez, fundan la correspondencia que liga en-
tre sí todos los órdenes de la realidad.
152
El símbo-
lo presupone un ritmo común, una homología, una
inter-cambiabilidad entre los elementos materiales
que representa (el simbolizante), lo que le permite
constituirse en fuerza uniFcadora y dadora de sen-
tido (lo simbolizado).
153
El pensamiento simbólico
da la posibilidad al hombre de circular libremente a
través de todos los niveles de lo real.
154
Libre circulación, por lo demás, es decir demasiado
poco: el símbolo, como hemos visto, identiFca, asimi-
la, uniFca planos, planos heterogéneos y realidades
aparentemente irreductibles […] la experiencia mági-
co-religiosa permite la transformación del hombre en
símbolo. Todos los sistemas y las experiencias antropo-
cósmicas son posibles
en la medida en que el hombre
se convierte él mismo en símbolo
[…] El hombre no se
siente ya un fragmento impermeable, sino un cosmos
vivo, abierto a todos los otros cosmos vivos que lo ro-
dean. Las experiencias macrocósmicas ya no son para él
exteriores
[...]
155
La
homología
entre dos o más planos de la realidad
se fundamenta en su
ritmo común
. Entendemos por rit-
mo común a las aFnidades y semejanzas formales, cro-
máticas, tonales, expresivas, materiales, energéticas,
funcionales, estructurales y situacionales que existen
150
P. Ricoeur,
Teoría de la interpretación
op. cit.,
p. 74.
151
Ibid.,
p. 74-75.
152
René Guénon,
Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada,
Barcelona, Paidós, 1995, p. 238.
153
Juan-Eduardo Cirlot,
Diccionario de símbolos,
Barcelona, Editorial Labor, 1988, pp. 31-32.
154
Mircea Eliade,
Tratado de historia de las religiones,
México, Ediciones Era, 1988, p. 407.
155
Ibid.
(en cursivas en el original).
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
46
en las cosas y los seres. Por ello es posible la
susti-
tución mutua de los elementos
y, entre otras cosas, la
polisemia de los símbolos.
Sobre el carácter de esta ho-
mología seguimos los lineamientos de Durand:
[…] el símbolo es el vector semántico de base en
el cual el simbolizante representa lo simbolizado. Y lo
representa […] no por analogía sino por homología, en
el mejor de los casos (digamos para no confundir homó-
logo y homogéneo) por homología diferencial. Enton-
ces, la relación del sentido simbolizado-simbolizante es
el modelo nuclear de toda estructura, es decir, de todo
“patrón” en el que las formas resultan de y expresan
fuerzas y materias […]
156
En psicología se ha interpretado el símbolo como
la “proyección de la realidad anímica sobre la natu-
raleza”, de la cual, de cuyos seres y formas, el hom-
bre toma prestados los
elementos idiomáticos
que le
permiten nombrar lo innombrable. “La proyección
es […] un proceso inconsciente, automático, por
el cual un contenido inconsciente para el sujeto es
transferido a un objeto, de modo que ese conteni-
do aparece como perteneciente al objeto”.
157
“Las
proyecciones hacen del mundo la réplica de nuestra
propia faz desconocida”.
158
Bachelard explica eso de una manera poética
cuando dice que le corresponde al espíritu la tarea
de crear sistemas, de organizar el caos polimorfo de las
experiencias en un Cosmos, para que nos sea posi-
ble comprender el universo, de ahí que las imágenes
cósmicas pertenezcan al alma y no al mundo exte-
rior.
159
Desarrollando esta orientación, Jung explica
el mecanismo de la proyección:
No le basta al primitivo con ver la salida y la puesta
del sol, sino que esta observación exterior debe ser
al
mismo tiempo un acontecer psíquico,
esto es, que el
curso del sol debe representar el destino de un dios o
de un héroe, el cual en realidad no vive sino en el alma
del hombre. Todos los procesos naturales convertidos
en mitos, como el verano y el invierno, las fases luna-
res, la época de las lluvias, etc., no son sino alegorías
de esas experiencias objetivas, o más bien expresiones
simbólicas del íntimo e inconsciente drama del alma,
cuya aprensión se hace posible al proyectarlo, es decir,
cuando aparece reflejado en los sucesos naturales. La
proyección es hasta tal punto profunda que fueron ne-
cesarios varios siglos de cultura para separarla en cierta
medida del objeto exterior.
160
Coincidiendo con este punto de vista, Paul Diel
sostiene:
El hombre primitivo ha visto los astros, pudiendo
establecer una relación entre sus evoluciones y los fe-
nómenos meteorológicos de los cuales dependían sus
condiciones de vida. Siendo la tendencia personiFcante
parte integral de la imaginación de la psique primiti-
va, vemos claramente como el alegorismo cósmico pudo
haberse formado […] Pues las intenciones simbólicas
de las divinidades no son más que la proyección de
las intenciones reales del hombre, creándose así una
corriente de obligaciones entre el hombre real
y el
símbolo “divinidad”.
161
La proposición teórica de Jung, va aún más allá,
mostrando que toda proposición cognitiva sobre el
mundo exterior pasa por el Fltro de la mente, por el
tamiz de los procesos psíquicos, de modo que
todo
enunciado sobre la realidad es una especie de proyec-
ción simbólica de factores humanos sobre la ella:
Todo conocedor de la antigua ciencia natural y Flo-
sofía de la naturaleza sabe hasta que punto se proyec-
tan los datos del alma en lo desconocido del fenómeno
156
G. Durand,
De la mitocrítica al mitoanálisis
op.cit.,
pp. 97-98.
157
C. Jung,
El hombre y sus símbolos
op.cit.
p. 55.
158
Ibid.,
p. 12.
159
Gastón Bachelard,
La poética de la ensoñación,
México, ±ondo de Cultura Económica, 1997.
160
Carl G. Jung,
Arquetipos e inconsciente colectivo,
Barcelona, Paidós, 1997, p. 12 (en cursivas en el original).
161
Paul Diel,
El simbolismo en la mitología griega,
Barcelona, Editorial Labor, 1991, pp. 14-15.
47
Perspectivas Teóricas
exterior. En realidad esto ocurre hasta tal punto que de
ningún modo podemos hacer afrmaciones del mundo en
sí ya que, siempre que queramos hablar de conocimiento,
estamos constreñidos a convertir el acontecer Físico en
un proceso psíquico. Pero ¿quién garantiza que de esta
conversión resulta una imagen del mundo sufcientemen-
te “objetiva”? Para tener esta seguridad, el hecho Físico
debería ser también psíquico. Pero de esta comprobación
parece separarnos todavía una gran distancia. Hasta en-
tonces hay que contentarse bien o mal, con la hipótesis
de que el alma provee las imágenes y Formas que hacen
posible el conocimiento de objetos.
162
La observación de los Fenómenos naturales con-
dujo a su sistematización. Ésta trajo como conse-
cuencia que esos procesos Fuesen interpretados en
términos de ciclos o de estructuras regulares. Bajo
esa fgura simbólica Fue posible establecer relacio-
nes de homología entre las diversas dimensiones de
la realidad, haciendo posible que las estructuras de
una dimensión sirviesen como fguras explicativas
de las otras. De ahí se llegó a la idea de unidad de
todas las esFeras de la realidad, es decir, a la idea de
un
Cosmos unifcador de toda la realidad.
La agricultura obliga a la reproducción regular de
especies vegetales netamente determinadas, y al cono-
cimiento de su ritmo anual de crecimiento, floración,
Fructifcación, siembra y cosecha, ritmo que está en re-
lación directa y constante con el calendario, es decir,
con la posición de los astros. El tiempo y los Fenómenos
naturales Fueron medidos por la luna antes de serlo por
el sol… La astrobiología oscila así entre una biología
de los astros y una astronomía de los seres vivos; parte
de la primera y tiende hacia la segunda.
163
En tal sentido, resulta pertinente el argumento
de Cassirer, que rescata Durand, sobre el modo de
operar de las distintas disciplinas cognitivas:
Recordemos que el gran descubrimiento “coperni-
cano” de Kant es haber demostrado que la ciencia, la
moral, el arte, no se satisFacen con leer analíticamente
al mundo, sino que
constituyen
un universo de valores
por medio de un juicio “sintético a priori”. Para Kant,
el concepto ya no es el signo indicativo de los objetos,
sino una organización instauradora de la “realidad”. Por
tanto, el conocimiento es constitución del mundo; y la
síntesis conceptual se Forja gracias al “esquematismo
trascendental”, es decir, por obra de la imaginación.
164
Las relaciones que las diversas sociedades esta-
blecen con el paisaje implican la articulación de los
elementos del entorno natural con las dinámicas de
la actividad cultural. Como hemos visto, en térmi-
nos epistemológicos, resulta problemático separar-
los. Así, el espacio es energético, por estar asociado
a las dinámicas y posibilidades Físicas del cuerpo, y
simbólico, por ser vivenciado, a partir de las cons-
trucciones simbólicas de la cultura.
El paisaje posibilita la vida social y ésta, a su
vez, conForma y transForma el paisaje. No obstan-
te, el entorno resiste la acción humana: el paisaje
no es una entidad pasiva. En todas las épocas exis-
te una interacción compleja entre paisaje y cultu-
ra. Ni el medio natural determina absolutamente la
cultura, ni el ser humano domina por completo al
entorno natural. La acción del hombre sobre el pai-
saje es una acción que se da en el tiempo y que, en
ese sentido, está sujeta a la variabilidad cultural e
histórica y a la variabilidad de las dinámicas de los
Fenómenos naturales.
Recibido el
28 de enero del 2008
Aceptado el 3 de junio del 2008
162
C. Jung,
Arquetipos e inconsciente colectivo
op. cit.,
pp. 52-53.
163
Berthelot, citado por Cirlot,
op. cit.,
Diccionario de símbolos,
p. 20.
164
Durand,
op. cit., La imaginación simbólica,
p. 69.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
48
Bibliografía
Arnheim, Rudolph,
Arte y percepción visual,
Buenos Aires, EUDEBA, 1977.
—————,
El pensamiento visual,
Barcelona, Paidós, 1990.
Aumont, Jacques,
La imagen,
Barcelona, Paidós, 1992.
Bachelard, Gastón,
La poética de la ensoñación,
México, Fondo de Cultura Eco-
nómica, 1997.
—————,
La poética del espacio,
México, Fondo de Cultura Económica,
1986.
Barthes, Roland,
La aventura semiológica,
Barcelona, Paidós, 1993.
Baudrillard, Jean,
Crítica de la economía política del signo,
México, Siglo Vein-
tiuno Editores, 1979.
—————,
El sistema de los objetos,
México, Siglo Veintiuno Editores,
2004.
Benveniste, Emile,
Problemas de lingüística general II,
Madrid, Siglo Veintiuno
Editores, 1983.
Birdwhistell, Ray L.,
Kinesics and Context,
Filadelfa, University o± Pennsylva-
nia Press, 1970.
Cardona, Giorgio Raimondo,
Los saberes del lenguaje,
Barcelona, Gedisa,
1994.
Cassirer, Ernst,
Antropología flosófca,
México, Fondo de Cultura Económica,
1997.
Cirlot, Juan-Eduardo,
Diccionario de símbolos,
Barcelona, Editorial Labor, 1988.
Clark, Kenneth,
El desnudo,
Madrid, Alianza Editorial, 1987.
Coomaraswamy, Ananda K.,
Selected Papers, Traditional Art and Symbolism,
Princeton, Roger Lipsey, Princeton University Press, 1977 (Bolligen Series,
núm. LXXXIX).
49
Perspectivas Teóricas
Cruz Santacruz, Luis,
El comportamiento no verbal humano: una aproximación
a la kinesis y la proxémica,
México, CONEIC, 1999.
Davies, Flora,
La comunicación no verbal,
Madrid, Alianza Editorial, 1986.
Deleuze, Gilles,
Nietzsche y la flosoFía,
Barcelona, Anagrama, 1986.
Diel, Paul,
El simbolismo en la mitología griega,
Barcelona, Editorial Labor,
1991.
Durand, Gilbert,
La imaginación simbólica,
Barcelona, Amorrortu, 1971.
—————,
De la mitocrítica al mitoanálisis, ±iguras míticas y aspectos de la
obra,
Barcelona, Anthropos, Universidad Autónoma Metropolitana, 1993.
Duvignaud, Jean, “Institución y juego”, entrevista por Julio Amador, en
Palos
de la crítica,
núm. 2-3, octubre de 1980 a marzo de1981.
—————,
El banco de los sueños
, México, Fondo de Cultura Económica,
1981.
—————,
El juego del juego,
México, Fondo de Cultura Económica, 1982.
Eagleton, Terry,
La idea de cultura, Una mirada política sobre los conflictos cul-
turales,
Barcelona, Paidós, 2000.
Echeverría, Bolívar,
Defnición de la cultura,
México, Editorial Itaca, Universidad
Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 2001.
Eco, Umberto,
Tratado de semiótica general,
México, Nueva Imagen-Lumen,
1978.
—————,
La estructura ausente,
Barcelona, Editorial Lumen, 1994.
Eliade, Mircea,
Tratado de historia de las religiones,
México, Ediciones Era,
1988.
—————,
Mito y realidad,
Barcelona, Editorial Labor, 1994.
Gadamer, Hans-Georg,
Mito y razón,
Barcelona, Paidós, 1997.
—————,
Verdad y método,
Salamanca, Ediciones Sígueme, 1999.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
50
Gardner, Howard,
Arte, mente y cerebro,
Barcelona, Paidós, 1993.
Geertz, Clifford,
La interpretación de las culturas,
Barcelona, Gedisa, 1997.
Gillespie, Susan D, “Personhood, Agency and Mortuary Ritual: A Case Study from
the Ancient Maya”, en
Journal of Anthropological Archaeology,
núm. 20, 2001.
Gimate-Welsh H., Adrián,
Del signo al discurso,
México, Universidad Autónoma
Metropolitana, Miguel Ángel Porrúa, 2005.
Greimas, Algirdas J.,
Semántica estructural,
Madrid, Gredos, 1976.
————— y Joseph Courtés,
Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del
lenguaje,
Madrid, Editorial Gredos, 1982.
Guénon, René,
Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada,
Barcelona, Paidós,
1995.
Guiraud, Pierre,
La semántica,
México, Fondo de Cultura Económica, 1983.
Gumperz, John J.
Discourse strategies (Studies in Interactional Sociolinguis-
tics),
Cambridge, Cambridge University Press, 1995.
Heidegger, Martin,
Conferencias y artículos
, Barcelona, Ediciones del Serbal,
1994.
Hodder, Ian,
Interpretación en arqueología,
Barcelona, Crítica Grijalbo-Monda-
dori, 1994.
Jung, Carl G.,
El hombre y sus símbolos,
Barcelona, Caralt, 1984.
—————,
Arquetipos e inconsciente colectivo,
Barcelona, Paidós, 1997.
Kerenyi, Karl, Erich Neumann, Gerschom Scholem y James Hillman,
Arquetipos
y símbolos colectivos. Círculo Eranos I,
Barcelona, Anthropos, 1994.
Knapp, Mark L.,
La comunicación no verbal,
Barcelona, Paidós, 1994.
Kroeber, Alfred L.,
El estilo y la evolución de la cultura,
Madrid, Ediciones Gua-
darrama, 1969.
León-Portilla, Miguel,
La Flosofía náhuatl,
México, Universidad Nacional Autó-
noma de México, Instituo de Investigaciones Antropológicas, 1983.
51
Perspectivas Teóricas
Leroy, Maurice,
Las grandes corrientes de la lingüística
, México, Fondo de Cul-
tura Económica, 1992.
Lévi-Strauss, Claude,
El pensamiento salvaje,
México, Fondo de Cultura Econó-
mica, 1994.
Malinowski, Bronsilaw,
Magia, ciencia y religión,
Barcelona, Planeta-Agostini,
1994.
Martín Juez, Fernando,
Contribuciones para una antropología del diseño,
Bar-
celona, Gedisa, 2002.
Mauss, Marcel,
Sociología y antropología,
Madrid, Tecnos, 1979.
Merleau-Ponty, Maurice,
La posibilidad de la flosoFía,
Madrid, Narcea, 1979.
Morin, Edgar,
Introducción al pensamiento complejo,
Barcelona, Gedisa, 1994.
O’Flaherty, Wendy D.,
Hindu Myths,
Londres, Penguin Books, 1975.
Olson, David R. y Nancy Torrance (comps.),
Cultura escrita y oralidad,
Barce-
lona, Gedisa, 1998.
Ong, Walter J.,
Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra,
México, Fondo
de Cultura Económica, 2004.
Ortiz-Oséz, Andrés (comp.),
Diccionario de Hermenéutica,
Bilbao, Universidad
de Deusto, 2006.
Panofsky, Erwin,
El signifcado en las artes visuales,
Madrid, Alianza Editorial,
1983.
—————,
La perspectiva como Forma simbólica,
Barcelona, Tusquets Edito-
res, 2003.
Pearson, Mike y Colin Richards (eds.)
Architecture and Order Approaches to So-
cial Space
, Londres y Nueva York, Routledge, 1994.
Piaget, Jean,
La Formación del símbolo en el niño
, México, Fondo de Cultura
Económica, 1987.
Ramírez, Juan Antonio (comp.),
Historia del arte
,
El mundo antiguo
, Madrid,
Alianza Editorial, 1999.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
52
Rathje, William L. y Michael B. Schiffer,
Archaeology,
Nueva York, Harcourt
Brace Jovanovich, 1982.
Ricoeur, Paul,
Historia y narratividad,
Barcelona, Paidós, 1999.
—————,
El conflicto de las interpretaciones. Ensayos de hermenéutica, 3
volúmenes: I. Hermenéutica y psicoanálisis, II. Hermenéutica y estructuralismo,
III. Introducción a la simbólica del mal,
Buenos Aires, Asociación Editorial La
Aurora, 1976.
—————,
Teoría de la interpretación,
México, Siglo Veintiuno Editores, Uni-
versidad Iberoamericana, 2006.
—————,
Tiempo y narración I, Confguración del tiempo en el relato históri-
co,
México, Siglo Veintiuno Editores, 2007.
Sebeok, T. A. (comp.),
Ensayos de lingüística general,
Barcelona, Seix Barral,
1975.
Sommer, Ulrike, “Hear the instruction of thy father, and forsake not the law of
thy mother”, en
Journal oF Social Archaeology,
vol. 1, núm. 2, 2000.
Sapir, Edward,
Selected Writings oF Edward Sapir,
Berkeley, D. Mandelbaum,
University of California Press, 1949.
Saussure, Ferdinand de,
Curso de lingüística general
, Buenos Aires, Editorial
Losada, 1979.
Spencer, Harold,
The Image Maker,
Nueva York, Charles Scribner’s Sons, 1975.
Strauss, Anselm L.,
Mirrors and Masks. The Search For identity,
Glencloe, The
Free Press, 1959.
Toledo, Alejandro,
Agua, hombre, paisaje,
México, SEMARNAT-INE, 2006.
Vansina, Jean,
La tradición oral
, Barcelona, Editorial Labor, 1966.
Winnicot, Donald W.,
Realidad y juego
, Barcelona, Gedisa, 1995.
logo_pie_uaemex.mx