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53
Perspectivas Teóricas
La cuestión del sujeto individual y grupal
en sociedades multiculturales en transformación.
Edson Alves de Souza Filho
*
Resumen
El objetivo de este trabajo es examinar
la emergencia de dos actores sociales
contemporáneos
importantes,
aunque
no siempre
considerados: los individuos
y los grupos minoritarios social y cultu-
ralmente activos en los espacios priva-
do y público. se adopta como principal
referencia de análisis la teoría de las
representaciones sociales de Moscovici,
según la cual los individuos y grupos en la
vida social moderna y urbana, tienden a
construir su destino a partir de la acción
y el pensamiento. Según resultados de
investigaciones en Brasil, fue posible
observar que individuos y grupos étni-
cos minoritarios sin poder fueron los que
más mostraron búsqueda de autonomía,
diferenciación y demarcación de fronte-
ras sociales. El autor sugiere realizar inves-
tigaciones y adoptar políticas públicas
que permitan una mayor promoción de
esas orientaciones sociales.
Abstract
The objective of this work was to reflect
on two important and less considered
present-day phenomena: the emergence
of active sociocultural minority indi-
viduals and groups, whether in private
or in public realms. As main theoretical
reference it adopted the Moscoviciso-
cial representations’ theory, according
to which individuals and groups, in the
modern and urban social life, tend to
actively build their destiny by means of
behavior and thought. According to the
results of sets of research made in Brazil,
it was possible to verify that ethnic and
sociocultural, whether individual or group,
minorities were those that showed more
motivation to seek autonomy, differen-
tiation and social boundaries’ demarcation.
The author suggest that it is necessary to
investigate and to adopt public policies
that will allow a promotion of these ten-
dencies in society.
Palabras-clave
: minorías sociocultura-
les; individuos y grupos; sociedad.
*
Universidade Federal do Rio de Janeiro, Av. Pe-
dro Calmon, nº 550 - Prédio da Reitoria - 2º andar
Cidade Universitária - Rio de Janeiro - RJ -
CEP 21941-901.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
54
Introducción
E
l objetivo principal de este trabajo es presen-
tar algunas investigaciones psicosociales acerca
de la autodenominación de individuos y grupos mi-
noritarios (étnico y sexual) en Brasil para reflejar
algunos paradigmas teóricos pertinentes. Específ-
camente adoptamos como reFerente teórico el que
Moscovici
1
propuso entorno a las representaciones
sociales. Según éste, en la modernidad, en ambien-
tes urbanos, individuos y grupos no especializados
producirían conocimientos y prácticas sobre diversos
asuntos. Inicialmente el modelo teórico propuesto
atendió el modo de apropiación de un saber origi-
nario del campo académico en ±rancia: el psicoaná-
lisis. Posteriormente la propuesta moscoviciana Fue
utilizada para comprender Fenómenos de construc-
ción social de otros objetos y sujetos sociales.
2
En
las ciudades, donde se vive de modo aglomerado, in-
dividuos y grupos intensifcan y multiplican contac-
tos con diFerentes objetivos, como el compartir la
misma morada, la escuela o el transporte. Ocasiones
en las que se desarrollan representaciones sociales
de los unos con respecto a otros. Según la teoría de
las representaciones sociales, algunos de esos con-
tactos pueden generar extrañamiento y amenaza por
tratarse de sujetos con pautas socioculturales diver-
sas, pero también elaboraciones sociocognitivas y
discursos que orientan acciones sociales.
Suponemos que representaciones y narraciones
sobre sí y otros sujetos sociales alcanzan eFectos
importantes en la construcción social de la realidad.
Una investigación psicosocial e histórica en Estados
Unidos permitió comparar un periodo en que pre-
valecieron representaciones sobre los negros norte-
americanos y su denominación como
Blacks
, rela-
cionados con contenidos desFavorables, que Fueron
reemplazados a partir del movimiento por
African
American
de connotación más Favorable.
3
No se tra-
taría de mero voluntarismo grupal, sino del eFecto
de una iniciativa social consistente, que incluye las
representaciones como acciones. De la misma ma-
nera, los vascos aprovecharon algunos cambios del
contexto político y social en España al crear y con-
solidar paulatinamente un movimiento separatista
legal. Este movimiento Fue una iniciativa relaciona-
da con la autodenominación identitaria que impactó
en el proceso general de negociaciones intergrupa-
les en aquel país.
4
Sin embargo, muchos estudios de Fenómenos de
representación social en una sociedad compleja,
con múltiples condiciones de producción simbólica
recientemente priorizaron un enFoque de aspectos
objetivos, tales como los materiales y las descrip-
ciones de situaciones de apremio público. De esa
manera trabajan las agencias de opinión pública,
ofciales o no, en la aplicación de encuestas acerca
de la pertenencia una organización religiosa como
la Iglesia Católica, por ejemplo. Esto puede ser un
dato sin gran interFerencia subjetiva, como la del
grado de vínculo práctico con dicha institución o
el conocimiento de doctrinas que les animan, entre
otros.
Es necesario indicar que hubo una tendencia de
gran valorización del espacio público como ambien-
te principal de existencia de individuos y grupos en
sociedades multiculturales. En el caso de varios paí-
ses, sabemos que los territorios no ocupados, a ve-
1
Serge Moscovici,
La psychanalyse, son image et son publique
, París, Presses Universitaires de ±rance, 1976 y
Psychologie des minorités actives
,
París, Presses Universitaires de ±rance, 1979.
2
Gabriel Mugny y Stamos Papastamou, “Los estilos de comportamiento y su representación social”, en Serge Moscovici (org.)
Psicología social
II
.
Pensamiento y vida social
, Barcelona, Paidós, 1986; Leonora Corsini y Edson de Souza ±ilho, “Um estudo sobre as representações sociais de
mulheres executivas: estilo de comportamento e de gestão”, em
Cadernos de Psicologia Social do Trabalho
, núm. 7, 2004.
3
Gina Philogène,
From Black to African American. A New Social Representation
, Westport, Praeger Publishers, 1999.
4
Edson de Souza ±ilho y Angel Beldarrain-Durandegui, “Grupo sociocultural y participación política en el País Vasco. Un análisis psicosocial
integrativo”, en
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
, año XLVI, núm. 192, septiembre-diciembre, 2004.
55
Perspectivas Teóricas
ces inmensos, permitieron la supervivencia de pue-
blos enteros como, por ejemplo, los afrobrasileños
quienes, según algunos antropólogos,
5
mantuvieron
prácticamente intactas varias de sus bases sociocul-
turales, del mismo modo que fueron transformando
otras a lo largo de la historia. Se trataría más bien
de sociedades divididas en las que unas partes se
impondrían sobre otras a partir del poder en sus dis-
tintas formas, sin que implicase la interiorización de
reglas y modelos socioculturales dominantes.
Con el aumento de la urbanización y la compe-
tencia social, en especial después de la descoloniza-
ción, algunos grupos tuvieron que movilizarse para
ejercer influencia sobre criterios socio económicos
generales. Esto desencadenó una serie de acuerdos in-
tergrupales, tales como los sincretismos religiosos o
culturales permitidos y estimulados como formas de
manutención de órdenes sociales anteriores. Como
ejemplos podemos mencionar el culto a la persona-
lidad, los enfoque del poder o ausencia del mismo,
la construcción y administración de auto imágenes
a partir de algunos rasgos físicos étnicos, las particu-
laridades regionales o condiciones socioeconómicas
de grupos minoritarios sin poder en el espacio pú-
blico. Aún así, han predominado cuestionamientos
relacionados con las necesidades de supervivencia
material (miseria y pobreza absoluta o relativa) in-
tensiFcadas como consecuencia de la expulsión y
el desplazamiento forzado de individuos y grupos
minoritarios del campo y de las periferias urbanas.
A menudo, estos fenómenos han sido interpretados
por algunos como opresión material, cuando muchas
veces se trataba de individuos y grupos de etnias y
religiones minoritarias interaccionando con grupos
de otras etnias y religiones, en general mayoritarias.
Para ser especíFcos, suponemos que en el proceso
de descolonización y posterior transición hacia la
urbanización y modernización, tuvo lugar la adop-
ción de prácticas y discursos que visaban ocultar
la dominación sociocultural de blancos cristianos
sobre los demás. Estas prácticas tuvieron dos ejes
principales: 1) el culto de religiones de origen eu-
ropeo en detrimento de las de base indígena o afri-
cana y 2) el culto de la familia nuclear y ampliada a
costa de la emancipación del individuo, así como de
su potencial autonomía y diferenciación intelectual
y sexual.
En el campo de la psicología fueron relevantes
los descubrimientos de Piaget sobre la psicogénesis
universal de la inteligencia en distintas circunstan-
cias material y social, ya que fueron estimados en
términos lógico formales por los instrumentos clíni-
cos. Tales resultados llevaron a Piaget a considerar
cualquier joven, incluso iletrado, capaz de tornarse
en un pequeño cientíFco. Otro progreso llevado a
cabo por psicólogos del aprendizaje fue compren-
der el proceso de la experiencia del sujeto con el
medio externo. Éste posibilita la formación de con-
tingencias entre acciones del sujeto y los resulta-
dos favorables, tales como la obtención de alimen-
to. Lo que refuerza en el ser humano la creencia en
su capacidad de producir el propio destino.
6
Dichas
formulaciones teóricas permitieron una mejor com-
prensión de grupos e individuos que eventualmente
han emergido socialmente en circunstancias histó-
ricas y materiales desfavorables con independencia
del contenido discursivo o práctico. Tales como los
protestantes en Europa u otros en distintas partes
del mundo. Ello se entiende más como potencial que
como una causa aislada para explicar una tendencia
histórica que, obviamente, resulta más compleja y
multideterminada. Se trata de comprender por qué
movimientos campesinos en el nordeste de Brasil
o el zapatista en México han aparecido rompiendo
inercias sociales.
±inalmente la cuestión de la represión social de
los impulsos amorosos y agresivos fue tratada por
muchos como fenómeno de la vida privada y pos-
teriormente mercantilizado en las sociedades capi-
talistas. Cabe recordar una investigación hecha por
5
Roger Bastide,
As religiões africanas no Brasil
, São Paulo, USP, 1971, vols. I y II.
6
Julian B. Rotter,
Social Learning and Clinical Psychology
, Englewood-Cliffs, Prentice-Hall, 1954 y “Generalized Expectancies for Internal
versus
External Control of Reinforcement”, en
Psychological Monographs
, vol. 80, núm. 1, 1966.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
56
Adorno y sus colaboradores.
7
Sin ignorar las condi-
ciones sociales e históricas para el surgimiento de
formas de autoritarismo, este análisis buscó causas
psicológicas generales que permitían que un lide-
razgo centralizador obtuviera apoyo social. En una
primera etapa, consideraron al autoritarismo como
un síndrome complejo que incluía una propensión a
agredir minorías sociales. Posteriormente, compara-
ron grupos con mayor y menor tendencia de prejui-
cio y hostilidad hacia las minorías e indagaron sus
experiencias sobre autoridades familiares y educati-
vas. El resultado más notable fue la tendencia, en-
tre los que manifestaban más prejuicios en idealizar
a las autoridades y a las diFcultades para expresar
hostilidad hacia las mismas. Utilizando una formu-
lación psicoanalítica, los autores interpretaron es-
tos hechos como la manifestación de mecanismos
de desplazamiento de los impulsos de agresión para
otros sujetos o objetos considerados más legítimos
para recibir agresión o menos susceptibles de reta-
liación. Sabemos que ignorar la importancia de estos
estudios tiene consecuencias para la interpretación
de muchos problemas que aún está enfrentando la
consolidación de la democracia.
En los últimos años, los sistemas sociales han in-
centivado la liberación del individuo en general, a lo
que algunos intelectuales reaccionaron negativamen-
te sin prestar atención a las posibilidades de cambio
que esta liberación conlleva. De la misma manera,
algunos grupos étnicos y religiosos minoritarios de
acuerdo a sus orígenes ancestrales y a sus experiencias
socioculturales y políticas, como los movimientos
pentecostales en América del sur, están en busca de
nuevas formas de acción individual y colectiva.
Como se sabe en el contexto de los grupos étni-
cos y religiosos la conversión forzada al cristianismo
en masa empezó durante la colonización española de
América del sur. El objetivo básico era legitimar la do-
minación blanca cristiana. Consecuentemente los de-
más grupos pasaron a la posición de subordinados
o fueron transformados automáticamente en cultu-
ras minorizadas bajo control y beneplácito de blan-
cos cristianos en relación con los sincretismos u otras
formas de supervivencia sociocultural. Con la conso-
lidación de repúblicas con mayor libertad religiosa y
cultural al momento en que muchos grupos habían
dejado atrás el ambiente de control en el campo,
cambiaron las prácticas y los discursos centrándose
en la importancia de la familia nuclear y la autoridad
de padres sobre hijos y nietos. Tal enfoque en la fa-
milia nuclear, en un contexto de relaciones verticales,
se realizaría en torno a la instauración de prácticas de
regresión psicológica y a partir del énfasis en la sen-
timentalización de la vida social, imágenes y sensa-
ciones, prolongando la referencia de roles sociales de
padres, abuelos, hijos, nietos, en detrimento de las
relaciones entre individuos, entre otros. Sin embargo,
la dominación fue ampliada en la lucha educativa en
las aulas de las escuelas públicas, donde en asientos
alineados de forma jerarquizada, los grupos étnicos
y religiosos minoritarios no tuvieron durante déca-
das un ambiente propicio para su expresión corporal
y mental. Debido a que la mayoría de los profeso-
res eran blancos cristianos o identiFcados con éstos,
se establecieron grados de alejamiento o proximidad
psicológica o de conducta de lo que se esperaba de
un lego en una iglesia católica. Es decir, la sumisión a
la autoridad religiosa o educativa. Tal práctica ha im-
plicado el rápido crecimiento educativo de emigran-
tes europeos
8
que, según el censo demográFco oFcial
antes de la república en Brasil en 1889, se componía
de aproximadamente de 80% de analfabetos.
9
7
Theodore Wiesengrund Adorno, Else ±renkel-Brunswik, Daniel J. Levinson y Nevitt R. Sanford,
The Authoritarian Personality
,
Nueva York, Harper,
1950.
8
En el Censo de 2000, se constató que el porcentaje de blancos analfabetos en Brasil era de 10,9% (para una población de 82,4 millones),
mientras que el de negros era de 23,2% (para una población de 9,8 millones), y de mestizos 21,1% (para una población de 58,7 millones).
Pero la existencia de una pirámide social quedó probada en el mismo Censo de 2000, al describir la situación racial de los que entonces habían
logrado concluir cursos universitarios: los blancos eran 9,9%, mientras que los negros 2,1% y los mestizos 2,4%.
Vid
., Instituto Brasileiro de
Estatística, “Censo DemográFco de 2000”, en
<www.IBGE.gov.br/home/estatistica/populacao/defaut.censo2000/>
9
Boris ±austo,
História do Brasil
, São Paulo, Edusp/±DE, 1994.
57
Perspectivas Teóricas
Los primeros individuos y grupos tuvieron duran-
te muchos años que someterse a esta realidad, lo
que ha perjudicado la libertad sociocultural y po-
lítica de los mismos. Por consiguiente, los grupos
socioculturales minoritarios más activos han pro-
curado sobrevivir y ampliar su influencia social por
medio de la acción individual y grupal. Ello se debe
a que los grupos mayoritarios mantienen agendas y
estrategias de acción dirigidas a eliminar la visibi-
lidad positiva de las minorías, que son toleradas en
situación de conciliación, subordinación o tutela,
como grupo en riesgo o socialmente débiles.
Por lo tanto, en sociedades dinámicas como las
actuales los sujetos individuales y grupales sin po-
der tienen un papel cada vez más activo, muchas
veces como protagonistas de revoluciones de todo ti-
po, incluyendo las relativas al sentido común. Estos
pueden estar menos dispuestos a conservar normas
ya existentes como las relacionadas con las etnias y
religiones, así como respecto a la vida sexual.
La inversión frme en el control social a partir
del espacio público tendió a invadir, a lo largo de
los siglos, el llamado espacio privado bloqueando la
emergencia de individuos y grupos como minorías
activas. Parte de la literatura sobre la historia de
la vida privada, mostró hasta qué punto Fue impor-
tante para algunos grupos sociales disponer de una
habitación individual, de vestuario y de un nom-
bre propio. Esto Fue acompañado de otras Formas de
incentivos al desarrollo de una subjetividad indivi-
dual. Ello Fue posible sólo con el advenimiento de
la modernidad.
10
Para algunos autores el concepto
‘individuo’ alcanzó un grado de mayor defnición con
la burguesía. Pero hoy se puede afrmar que estos
hechos no serían sufcientes para provocar las trans-
Formaciones subjetivas que están ocurriendo. Para
ello sería necesaria, por ejemplo, mayor representa-
ción del sujeto individual y grupal como alguien capaz
de transFormar la realidad, considerada insatisFac-
toria e ilegítima, lo que puede alterar signifcati-
vamente su historia.
11
Agregaríamos que el sujeto
no solamente se siente capaz de alterar su destino,
sino que simultáneamente representa el ambiente
social e histórico como transFormación. Esto explica
el empeño permanente de quien domina por ocultar
el potencial de cambio de los individuos y grupos. Es
decir, las condiciones materiales y de poder Fueron
más resaltadas, sobretodo, para disuadir a las mi-
norías sociales de posibles pensamientos y acciones
libres, sin tomar en cuenta que dichas condiciones
eran
efectos
insufcientes para provocar o Frenar una
transFormación social, como recursos para emanci-
parse. El enFoque en el dinero como Forma de opre-
sión y pecado inhibió durante un largo período la
búsqueda de emancipación psicosocial de individuos
y grupos.
Hubo un diFícil camino de búsquedas intelectua-
les e históricas en que los aspectos ‘objetivos’ de la
vida social Fueron siendo paulatinamente substitui-
dos por aquellos considerados ‘subjetivos’ como las
ideologías, representaciones, discursos productores
de ‘realidades sociales’. En ese sentido, las investi-
gaciones históricas sistemáticas resultaron impor-
tantes para mostrar la emergencia de movimientos
religiosos de ruptura con la Iglesia católica a lo largo
de la historia de Brasil incluyendo las áreas rurales
remotas.
12
Tales movimientos de ruptura prepararon el
terreno para el vigoroso surgimiento actual de orga-
nizaciones evangélicas en todo el país, aparentemente
diFerenciadas de los movimentos con denominacio-
nes similares en Europa y en Estados Unidos. Re-
cientemente aumentó de modo signifcativo el nú-
mero de brasileños que declararon al Censo ofcial
no tener religión. Una investigación hecha en Brasil
y en Chile sobre el desarrollo moral a partir del reFe-
rencial teórico de Kholberg
13
indica que los sin reli-
gión tienden a presentar más argumentos morales
posconvencionales, en que el individuo, a pesar de
10
Philippe Ariès,
L’histoire de la vie privé
, París, Seuil, 1999.
11
Henri TajFel,
Differentiation Between Social Groups
, Londres, Academic Press, 1978
12
María I. P. Queirós,
O messianismo no Brasil e no mundo,
São Paulo, Dominus/Edusp, 1969.
13
Lawrence Kholberg, “The Development oF Children’s Orientation Toward a Moral Order: I. Sequence in the Development oF Moral Thought”, en
Vita Humana
, núm. 6, 1963.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
58
juicios y principios generales de moralidad, muestra
autonomía en relación con los mismos.
14
Uno de los trabajos fecundos en la reflexión so-
bre los movimientos fundadores de las revolucio-
nes americana y francesa en términos políticos es
el de Hannah Arendt.
15
Ella mostró que el primer
movimiento había dado importancia simultánea a la
creación de un espacio público como de vida pri-
vada de los ciudadanos. Inspirado en la formula de
Rousseau en la que el ciudadano individual trae en
sí la sospecha de traición al bien común, adoptó la
noción de
volonté générale
(voluntad general). Tal
hecho habría llevado a esos movimientos al aban-
dono de la idea de libertad, la cual fue remplazada
por la de liberación, la cual está más relacionada
con la búsqueda de satisfacción de necesidades bá-
sicas. Arendt además registró las frágiles relaciones
de los primeros ciudadanos de la República francesa
con sus textos fundadores, así como la tendencia de
usar discursos sentimentales contenidos en palabras
de orden como
malheureux
, reFriéndose a los pobres
y miserables.
Las sucesivas reformas constitucionales en ±ran-
cia reflejaron las diFcultades de los cambios tantos
políticos cuanto económicos, conduciendo al terro-
rismo de Estado, lo cual es otra forma de mantener
sociedades bajo el juego de minorías y liderazgos
centralizadores. Por el contrario, en los Estados Uni-
dos de América la participación de ciudadanos co-
munes fue más incentivada, inclusive a partir de la
iniciativa de las comunidades rurales,
16
facilitando
formas sociales de democracia. Por último, en ±ran-
cia los movimientos revolucionarios y sus desdo-
blamientos permitieron el surgimiento de una clase
media urbana instruida en formas de “distinción so-
cial”.
17
Esto puede implicar que se mantenga a otros
grupos en estado de inercia sociocultural, lo que ha
generado diFcultades intergrupales que se prolon-
garon a lo largo de la historia.
En cuanto al panorama en otros países con fuer-
te expectativa de acción política de ‘arriba para abajo’
de liderazgos en posiciones de poder, o de visibilidad
pública, como los casos de países de América del Sur,
el proceso podría ser comprendido a partir de analizar
los criterios que los propios grupos han desarrollado.
Sabemos que los liderazgos que a lo largo tiempo
ocuparon los principales puestos de poder político
e informativo en esta región, están más relaciona-
dos con la escolarización que con los movimientos
de origen popular. Un número importante de blan-
cos cristianos pobres se mantuvieron fuera de las
posiciones de poder. Ello propiciaría el surgimiento
de la creencia del ‘individuo’ como alguien distinto
socialmente, lo que ha sido frecuentemente descri-
to como don natural o heredado del medio familiar
que legitima la jerarquía social. Por consiguiente,
hubo la idea de considerar la movilización de estos
individuos como ascensos aislados que implican el
abandono de pautas socioculturales de origen, en
algunos casos en beneFcio de los grupos dominan-
tes. Por lo tanto, algunos autores consideraron que
habría una relación inversa entre las acciones socia-
les de movilización y las de movimiento social.
18
Sin embargo, en algunos grupos étnicos y cultu-
ras minoritarias sin poder, la dinámica de la forma-
ción de los individuos tiende a situarse radicalmente
fuera de las fórmulas más convencionales descritas
por la sociología clásica. Kurt Lewin,
19
observan-
do los casos de emigrantes judíos tradicionales de
Europa oriental y de sus descendientes en Estados
Unidos de América, pudo encontrar fenómenos de
alejamiento y de no identiFcación con los grupos
14
C. I. L. Urbina, Angela Biaggio y C. Vegas, “Relações entre julgamento moral pós-convencional, grau de fé, aFliação e participação religio-
sa”, en Maria Lucia Seidl de Moura, Jane Correa y Alina Spinillo (orgs.),
Pesquisas brasileiras em psicologia do desenvolvimento
, Rio de Janeiro,
EDUERJ, 1998.
15
Hannah Arendt,
Sobre la revolución
, Madrid, Alianza Editorial, (1963) 2004.
16
Alexis de Tocqueville,
Democracy in America
, Nueva York, Vintage Books, (1838) 1945.
17
Pierre Bourdieu,
Distinction: A social Critique of the Judgment of Taste
, Cambridge, Harvard University Press, 1984.
18
H. Tajfel,
op. cit
.
19
Kurt Lewin,
Resolving Social Conflicts
, Nueva York, Harper & Row, 1948.
59
Perspectivas Teóricas
de origen, así como de aproximación sociocultural
con grupos mayoritarios. Lewin defnió a esos emi-
grantes como “hombres marginales”, individuos en-
tre culturas, los cuales Fortalecerían su autonomía,
su diFerenciación y su espacio individual en relación
con los grupos de origen. De hecho, Lewin observó
que aunque el grupo minoritario organizado podría
oFrecer un ambiente de protección y solidaridad a
sus miembros, al mismo tiempo tendía a concentrarse
en sus tradiciones. Lo que implicaba, algunas veces,
riesgos para la supervivencia. A su vez, conlleva-
ba la aparición de otras estructuras grupales más
descentralizadas. Entre los judíos norteamericanos
de la época, según Lewin, se adoptaron nombres
y apellidos distintos de los usados por las mismas
comunidades. Tales prácticas Facilitarían la adapta-
ción a un ambiente externo que no resultaba siem-
pre Favorable, lo que Fue también observado por un
estudioso de los judíos en Europa.
20
En Brasil, rea-
lizamos investigaciones con grupos de aFro brasile-
ños y encontramos Fenómenos similares. Algunos de
nuestros análisis nos permitieron constatar que es-
tos grupos desarrollaron en contextos privados una
orientación claramente dirigida hacia el individuo.
Al proFundizar en estos Fenómenos indagamos
acerca de la importancia de la auto defnición del
sujeto individual y de los grupos así como de su ac-
ción intencionada. Adelante presentamos un con-
junto de estudios que tienen como eje la búsqueda
de la autodenominación para individuos y grupos
minoritarios activos en diFerentes contextos socia-
les: 1) en el ambiente Familiar; 2) la escuela; 3) re-
des de convivencia; 4) la experiencia corporal en las
diFerentes situaciones; 5) la homosexualidad para
individuos de diFerentes orientaciones sexuales y 6)
la auto presentación en el contexto escolar para ne-
gros y otros grupos.
La emergencia del sujeto individual y grupal
en la vida social, estudios empíricos
Nuestra intención Fue examinar posibles relacio-
nes entre representaciones Familiares y entre pro-
Fesores y alumnos. Elaboramos un cuestionario que
permitiese al participante maniFestarse separada-
mente sobre cada ámbito Familiar, si en su caso esa
Fuese su intención ya que existe una representación
muy influyente de la ‘Familia’ como una entidad su-
perior al individuo y que muchos la asumen como
un hecho/objeto universal de estudio. ±ue posible
constatar que los estudiantes (n=121), proFesores
(n=48) étnica y racialmente autodefnidos tendie-
ron a presentar diFerencias al retratar a sus Familia-
res: Los negros maniFestaron perfles individuales de
personalidad (dinámica, guerrera), mientras que los
blancos prefrieron retratarlos en situaciones inter-
personales (compañera, amiga) o de relaciones de
poder y liderazgo dentro de la Familia (educación
rígida básicamente militar, oprimida por el marido
y suegra; perFecta nota mil; maravillosa). Datos si-
milares a los obtenidos por Adorno
21
en grupos con
prejuicios con relación a las minorías sociales.
22
En otra parte del cuestionario preguntamos a es-
tudiantes y a proFesores cómo sería el mejor o el
peor proFesor o alumno. Entre los resultados obteni-
dos, se mostró que los estudiantes blancos conside-
raban mejor al más sumiso a los proFesores (respeta
20
Piérre Lévy,
Les noms des israélites em France. Histoire et dictionnaire,
París, Presses Universitaires de ±rance, 1960.
21
T. W. Adorno
et al., op. cit
.
22
Edson A. Souza ±ilho, “Modelos socioculturais na Família e na escola, segundo autodefnição étnica”, en
Ensaio: Avaliação de Políticas Públicas
em Educação
, vol. 10, núm. 36, 2002.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
60
a todos en el colegio, educado) al que socializa con
sus colegas o amigos, como si quisiesen realizar en
la escuela algunos ideales de relaciones familiares.
En contraste, los negros preFrieron hablar en térmi-
nos de dedicación estudio para obtener resultados
académicos (el que se esfuerza, lucha por su obje-
tivo), así como a considerar mejor o peor profesor
aquel que respeta o no los derechos humanos (aquel
que sabe lidiar con diferencias individuales).
En un estudio posterior, pedimos imaginar, des-
cribir verbalmente, por medio de dibujos a profeso-
res hipotéticos, según fuesen considerados acadé-
micamente fracasados, parcialmente exitosos o con
éxito. En una segunda evaluación ellos deberían es-
cribir una pequeña carta para una autoridad externa
a la escuela. También les pedimos dibujar cómo sería
la vida fuera de la escuela en cada tipo de profesor
aludido. Un primer resultado mostró que solamen-
te los blancos se manifestaron sobre los profesores
considerados fracasados en términos de enseñanza
y aprendizaje. A su vez, los estudiantes negros úni-
camente lo hicieron cuando escribieron la carta para
una autoridad externa a la escuela. Por otra parte,
los estudiantes blancos tendieron a describir al pro-
fesor fuera de la escuela en términos de vida priva-
da (amor, relaciones familiares), mientras los negros
enfatizaron la vida pública de los mismos (equipo
de fútbol favorito, religión que profesa, partido po-
lítico que vota). ±inalmente, nos encontramos con
una recurrencia de dibujos hechos por estudiantes
no blancos que satirizaron a los profesores resaltan-
do las posibles contradicciones de los mismos entre
lo que preconizaban en la escuela y lo que hacían
en su vida privada: echar los libros a la basura, mala
conducta corporal como sentarse de modo muy in-
formal, entre otras.
23
O sea, como los profesores de
muchas escuelas públicas en Brasil suelen identiF-
carse con los blancos, incluso cuando tienen otros
orígenes étnicos, tienden a mantener con sus alum-
nos relaciones interpersonales más fundamentadas
en emociones que en funciones mentales superiores
(que facilitarían la independencia entre los implica-
dos), o también en un moralismo idealizado centrado
en el grupo sociocultural con el que se identiFcan.
Tales dinámicas divergen de lo que podría ser una
interacción entre individuos, lo que resultaría más
adecuado en una relación con alguien identiFcado
con otros grupos socioculturales o sin grupo.
Al procurar acercarnos a los individuos y grupos
en situaciones menos comprometidas con la diná-
mica de constreñimientos del espacio público estu-
diamos representaciones sociales del propio cuerpo
entre jóvenes estudiantes universitarios y de ense-
ñanza secundaria, en muestras equilibradas de am-
bos los sexos, según el grupo étnico autodeFnido
(blancos, n=112; negros, n=44).
24
Ellos se expresa-
ron al respecto de su cuerpo simulando encontrarse
en diferentes contextos sociales, incluyendo la casa,
la escuela, el aula y fuera de ellas. Entre los conteni-
dos
mentales cognitivos
usados en al menos tres con-
textos, constatamos la tendencia entre los blancos
a relatar contenidos de sentimientos extremos (ho-
rrible, adoro, odio). En contraste, los negros mani-
festaron mayor prontitud y autocontrol (preparado,
pura adrenalina, inteligente, perdiendo el control de
sí mismo), gustar de desear (desear alguien, algo).
En términos de
acción
, los blancos se diferenciaron,
sobretodo, en moverse, pararse, danzar, jugar, ver
televisión, observar, explorar el ambiente de la casa
y apropiarse, poseer el cuerpo fuera de la casa o es-
cuela. Los negros, a su vez, tendieron a mencionar
en términos de
acción
apropiarse o poseer el cuerpo
en la casa, el aula y evaluar el cuerpo funcionalmen-
te en casa y fuera de ella o de la escuela. El cuerpo
como objeto
fue descrito por ambos grupos a través
de estados de descanso o relajamiento, aunque los
blancos se destacaron al mencionar el medio externo
e interno en todos los contextos, y la función or-
gánica en dos de ellos, además de una evaluación
estética en dichos lugares. Los negros, al contrario,
23
Ibid
., “Estudos psicossociais sobre o negro na família e na escola”, en
Psicologia da Educação
, núm. 18, 2004.
24
Ibid.,
“The Body in the Social Context, According to the Sociocultural Group
, ponencia presentada en el
8
°
Congreso Internacional de Repre-
sentaciones Sociales
, llevado a cabo en Roma, Italia, en el 2006.
61
Perspectivas Teóricas
tendieron a referirse más a partes del cuerpo como
salud y enfermedad, peso y agilidad. Finalmente, en
cuanto a las
implicaciones ideológicas y psicosocia-
les
hubo diferencias. Los blancos mencionaron nor-
mas o desvíos (normal, extraño, integrado, ausencia
de reglas). Al contrario, entre los negros destacó
la a±rmación individual (‘yo’, privacidad, libertad,
‘siento que soy yo’) y, en menor medida el ambien-
te sociocultural (hip-hop, melodías, computadora).
Además, los blancos se re±rieron a las relaciones in-
terpersonales en casa y en la escuela, y los negros a
contexto fuera de ellas.
En otro examen comparamos representaciones o
prácticas sociales de individuos autode±nidos ét-
nicamente e inseridos en grupos sociales. Trabaja-
mos con el instrumento de Zavalloni
25
para evaluar
identidades psicosociales en términos de ‘yo’ y ‘no-
sotros’ (estudiante, religión, etnia, raza, profesión,
ocupación, estado civil, sexo, situación socioeco-
nómica) entre estudiantes de enseñanza secundaria
de escuelas públicas de Río de Janeiro.
26
Evaluamos
participantes que se autodenominaron étnica y ra-
cialmente como blancos (n=45), mestizos (n=136) y
negros (n=78). Cuando en situaciones de ‘yo’, los
blancos (junto con los mestizos) mencionaron es-
pontáneamente la inclusión en redes de sociabilidad,
(simpatizo con personas, gentiles, bien aceptada,
solícita, solidarios, dependiente de mis familiares).
Además de normas y desvíos (normal, buena espo-
sa) y a±rmación individual en general (atractivo, de
ojos verdes, elegante, me gusta arreglarme, tengo
éxito con las mujeres). En situaciones de ‘nosotros’,
los blancos usaron más categorías colectivas (estu-
diante, clase media baja, desempleados), normas,
desvíos y a±rmación grupal mayoritaria (junto con
mestizos, machista, racista sin pensar en las conse-
cuencias). Por su parte los mestizos se orientaron
por la a±rmación individual general, estados subje-
tivos colectivos (feliz, temeroso de Dios, humilde,
iguales a todos), inclusión en redes sociales entre
otros. Los negros, a su vez, en la misma investiga-
ción pre±rieron usar en ambas las referencia ‘yo’ y
‘nosotros’, demarcación de fronteras sociales indi-
viduales o grupales (no puedo opinar por los otros,
no tengo religión, obligados a mostrar que somos
iguales a los blancos, pregunta personal, tiene que
desempeñar el papel de hombre, ser dependiente no
es bueno), y a±rmación de minorías socioculturales
(raza independiente, procurando ocupar nuestro es-
pacio, negros).
Un estudio que hicimos acerca de las representa-
ciones sociales de la homosexualidad entre partici-
pantes que se autode±nieron como heterosexuales
(n=211) y homosexuales (n=139) en Río de Janei-
ro
27
mostró que los primeros tendían a considerar la
homosexualidad como resultado más de una deci-
sión individual, mientras que los últimos como algo
vivido sin intencionalidad o sin autocontrol. Tales
contenidos fueron acompañados de agresión (ma-
ricón, tortillera, ridículo, desfachatez) y normativi-
zación (anormal, fuera de los padrones de Dios, di-
ferente) por parte de los heterosexuales al tratar de
la homosexualidad; y de la búsqueda de aceptación
social por parte de los homosexuales (orgullo, coraje,
dignidad, libertad, respeto). Frente a la reprobación
social de la homosexualidad, los homosexuales ten-
derían a evitar el castigo a través de la búsqueda de
un discurso de disculpa. Por su parte, los hetero-
sexuales buscarían justi±caciones para culpabilizar
y, consecuentemente, castigar la misma práctica. Tal
situación de casi incompatibilidad psicosocial inter-
grupal conduciría a los homosexuales a una situa-
ción moral de mera supervivencia civil,
28
entre el
deseo sexual incontrolable y la di±cultad de prac-
25
Marisa Zavalloni, “L’identité psychosociale, un concept à la rechercher d’une science”, en Serge Moscovici (org.)
Introduction à la psychologie
sociale
, París, Larousse, 1973, vol. 2.
26
Edson de Souza Filho, Bruna M. Novais, Paula Laque y Jeniffer de Sousa,
Identidades psicossociais, auto-apresentação e perspectivas históricas
e culturais da sociedade
, Rio de Janeiro, Programa de Pós-graduação em Psicologia - Universidade Federal do Rio de Janeiro, 2006.
27
Anderson Scardua y Edson de Souza Filho, “O debate sobre a homossexualidade mediado por representações sociais: perspectivas homossexu-
ais e heterossexuais”, em
Psicologia: Reflexão e Crítica
, vol. 19, núm. 3, 2007.
28
Phil Hubbard, “Sex Zones: Intimacy, Citizenship and Public Space”, en
Sexualities,
vol. 1, núm. 4, 200.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
62
ticar otras reglas sociales más adecuadas para una
vida social plena y específca. Los heterosexuales,
por su parte, tenderían a una situación de conven-
cionalismo moral centrado en la heterosexualidad y
orientados a representar un papel de represión en la
sociedad.
Buscando proFundizar nuestro conocimiento so-
bre el papel que juega la auto-representación del
sujeto en el espacio público, realizamos una inves-
tigación que nos permitió comparar algunas condi-
ciones sociales en Brasil de acuerdo a la auto deno-
minación étnica racial en ambientes de enseñanza
media y universitaria.
29
Sabemos que el acceso de
grupos étnicos no blancos al ámbito universitario
ha sido limitado en Brasil como consecuencia, no
solamente de oportunidades desiguales de enseñan-
za en el sentido material, sino también a relaciones
psicosociales en el ambiente educativo. Pedimos a
los participantes que respondieran a la siguiente
pregunta: “¿quién eres tú?; preséntese como quie-
ra”. ±ormamos muestras de estudiantes de escue-
las públicas (blancos=89; mestizos=55; negros=21)
y de universidades (blancos=59; mestizos=19; ne-
gros=8). Las respuestas Fueron analizadas según al-
gunos conjuntos de temas: individuo (
Auto afrma-
tivo
cuando el individuo se describió a partir de ras-
gos positivos de personalidad o acciones señalan-
do metas para las cuales no necesita de otro para
realizarlas, como cuando se dice “inteligente”.
Auto
crítico
: cuando uno presenta simultáneamente tra-
zos positivos y negativos como si tomase distancia
de sí mismo para hacer una evaluación más objeti-
va como “tengo mis altos y bajos”.
Auto-despreciati-
vo
: cuando procuró enFatizar aspectos negativos co-
mo “Feo”, “desastrado”). Relaciones interpersonales
(
Relación interpersonal afrmativa
: cuando intentó
describirse en situaciones de interacción para afr-
mar sus criterios o posiciones Frente a los de otros:
“poco influenciable” o “no me gusta que interferan
en mi vida personal”.
Relación interpersonal positiva
cuando se describió conviviendo, momento en que
hace o siente algo positivo en común: “enamorar”,
“me gustan mucho mis amigos”.
Relación interper-
sonal negativa
cuando se describió viviendo situa-
ciones en las que busca boicotear o deshacer una
interacción sin intención explícita de valorizarse o
querer proponer algo suyo o de alguien: “aburrida”,
“un poco bruta con mis sentimientos”). Categorías
sociales cuando se describió asimismo incluyéndose
en conceptos demográfcos genéricos usados por de-
mógraFos ofciales o no (“soy estudiante”). Identi-
dad de grupo cuando se auto describió como miem-
bro de un grupo particular o marca específca de
identidad: “roquera”, “pija”. Valores morales o éticos
cuando se auto describió a partir del seguimiento y
cumplimento de valores morales generales: “justa”,
“verdadera”. Desvío social cuando se auto presentó
en Función de la ruptura o trasgresión de contenidos
normativos sociales generales: “alcohólico”.
En este estudio Fue posible observar que los ne-
gros y mestizos de escolaridad media y universitaria
tendían a usar contenidos de representaciones de si
mismos desindividualizados y desgrupalizados, in-
sertados en categorías colectivas generales, como
las mismas usadas por las instituciones demográf-
cas ofciales. Los blancos, en contraste, mantuvie-
ron en ambos niveles de escolaridad, “relaciones in-
terpersonales positivas”. Sin embargo, los blancos
que ya estaban cursando universidad tendieron a
usar otros contenidos relacionados con la auto afr-
mación individual. Además, entre estos últimos sur-
gieron contenidos de autopresentación tales como
inserción en grupos sociales particulares nuevas For-
mas de grupalidad emergentes. O sea, la construc-
ción del sujeto individual de acuerdo con esta con-
cepción y práctica, estaría posiblemente asociada a
la simbología del diploma universitario y del posible
progreso material individual que la escolarización
muchas veces implica para los blancos. Sin ello, los
individuos y grupos tenderían a mantenerse en una
situación de inercia social representada por conte-
nidos de categorías sociales. Este Fenómeno de as-
29
Edson de Souza ±ilho, Angel Beldarrain-Durandegui y Anderson Scardua, “Auto-apresentação segundo escolaridade e grupo étnico”, ponencia
presentada en el
Primer
Congreso Latinomericano de Psicología
, São Paulo, 2005.
63
Perspectivas Teóricas
censo social por medio de la escolarización puede
ser considerado más factible para los grupos étnicos
blancos. Los demás grupos aunque se tornen uni-
versitarios permanecen simbólicamente en posición
de indiferenciación social. Aún así, hay que aña-
dir que los negros universitarios del mismo estudio
presentaron una signiFcativa tendencia de ‘blan-
queamiento’ sociocultural. Es decir, la adopción de
contenidos de ‘relaciones interpersonales positivas’
para adaptarse a ambientes sociales más frecuente-
mente compuestos por blancos. Además, los negros
y mestizos universitarios mostraron una tendencia
importante de auto depreciación en su forma de pre-
sentarse como si anticipasen una evaluación exter-
na desfavorable.
30
Michael ±oucault,
Hermenéutica del sujeto
, Madrid, Ediciones de La Piqueta, 1994.
31
S. Moscovici,
Psychologie des minorités actives.
.. op. cit.;
, Edson A. de Souza ±ilho, “Discursos y prácticas socio-urbanas en Río de Janeiro”,
en
Revista de Psicología Social
, vol. 13, núm. 1, 1998.
32
Elias Canetti,
Masse et puissance
, París, Gallimard, 1960.
Discusión de resultados
Una de las claves principales para la compren-
sión de esa psicologización y sociologización de los
individuos blancos, y quienes se identiFcan con los
mismos, reside en su tendencia constante y simul-
tanea a la regresión a estados psicológicos básicos
de sensaciones, imágenes, emociones y normativi-
zación. Es decir, vivir constantemente renunciando
a usar la lógica de autonomía mental, así como exa-
minar críticamente las normas sociales empleadas
como referencias ideales para conducirse y evaluarse
a sí mismos, y como modelo de posible desvío pa-
ra todos los que buscan liberarse. Muchos jóvenes
que experimentan sus potencialidades de modo más
intenso en esa etapa de la vida son llevados hacia
‘desvíos previstos’ por el consumo de marihuana en lu-
gar de cerveza o vino, el anarquismo político en lugar
del conservadurismo o socialismo. Lo que en gene-
ral no pasa de una serie de eventos transitorios que
les provocan sensaciones de frustración y pérdida
de libertad. Consecuentemente, los sujetos sociales
suelen tener como proyecto la transparencia y la vi-
sibilidad máximas de si mismos y de los otros,
30
per-
judicando la autonomía y la diferenciación social.
Al contrario, los negros estudiados tendieron a
resaltar la singularidad del yo, su existencia como
realidad psicológica en tanto una delimitación de
fronteras entre el yo individual y el yo social. Se
trata de una psicología de minorías individuales o
grupales activas que tienen mayor conciencia al va-
lorizar sus diferencias, además de estar preparadas
y comprometidas en procesos dinámicos de contra
argumentación sociocultural.
31
Es decir, la forma-
ción del yo individual habría sido motivada desde
la primera infancia a partir del uso del pronombre
‘yo’. Esa diferencia tendría como función básica la
supervivencia sociocultural del individuo y grupo,
una vez que el cristianismo, como práctica religiosa
y social, ejercería influencia social a partir de si-
tuaciones colectivas de inmersión o movilización en
vivencias de emociones o sentimientos, conducidos
por entidades supra individuales (liderazgos, movi-
mientos o instituciones) representadas como pode-
rosas e influyentes.
32
Tales experiencias colectivas
explicitarían diFcultades enfrentadas por individuos
y grupos que se auto representan socialmente fragi-
lizados, a través de emociones desagradables de so-
ledad (
El laberinto de la soledad
de Octavio Paz), de
conflictos intergrupales no resueltos (la simulación
catártica casi diaria por medio de los dramas fami-
liares y sociales difundidos por las telenovelas espa-
ñolas), perplejidad cognitiva (
Cien años de soledad
de Gabriel García Márquez), pérdida de autocontrol
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
64
del destino (la película ‘Tierra en trance’ de Glauber
Rocha) entre otras.
En el caso de los negros, tal como sucedió con
otras minorías étnicas que perdieron sus grupos o co-
munidades de origen y sus posibilidades de organi-
zarse en el espacio público, hubo mayor tendencia a
fortalecer lo individual. Esto contrasta con otros gru-
pos étnicos minoritarios sin poder, aún cuando son
numéricamente mayoritarios, como los grupos auto-
deFnidos como ‘mestizos’ (descendientes de indios y
negros, que se consideran una mezcla racial). Estos
últimos tendieron a valorizar y estimular más su dimen-
sión colectiva, lo que tiene implicaciones históricas
y políticas importantes.
33
Creemos que mantenién-
dose las circunstancias psicosociales observadas, el
‘Estado nacional’
posible
en Brasil y en algunos países
de América del Sur, sería la representación política de
un ‘mestizo’ identiFcado con la cultura blanca cristia-
na, incluso todavía buscando distanciarse de la base
no europea de las sociedades.
Durante un prolongado periodo histórico fue co-
mún usar categorías sociales consideradas ‘objetivas’
como pobre o rico, entre otras, para tratar de analizar
a los grupos sociales. Se consideraba que el mayor
reto para muchas áreas del mundo era transformar un
Estado para, a partir de políticas públicas, alcanzar
un mayor desarrollo social teniendo como líneas prin-
cipales las esferas material y política. A pesar de la
variedad de experiencias políticas, muchas veces sur-
gidas de bases culturales diferentes, pocas fórmulas
generales de desarrollo social fueron adoptadas, ya
que los Estados frecuentemente, se cerraban en nom-
bre de una razón superior considerada más relevante
para su supervivencia por encima de los ciudadanos
individuales y grupales. En ese ambiente político pre-
valeció la búsqueda de satisfacción de necesidades
materiales sustentada por la expectativa de ser con-
ducido por un Estado proveedor.
±ueron las revoluciones educacionales, cientíF-
cas y tecnológicas del siglo XX las que superaron,
en el plano mundial, diFcultades materiales de todo
orden. Sabemos que el desarrollo material es aún
desequilibrado socialmente, y que en algunas áreas
concentran los principales avances recientes, lo que
acarrea un mayor provecho propio, los cuales son
en ocasiones transformados en progreso social. Sin
embargo, conviene notar que las áreas dónde el de-
sarrollo social es mayor, la diversidad étnica y so-
ciocultural ha sido acompañada de un cambio en el
modo de participación de los grupos socioculturales
en el espacio público y privado. Este cambio se ha re-
flejado en el reconocimiento de las contribuciones es-
pecíFcas de cada grupo para la transformación social
y no sólo como estorbos o culturas inmovilizadas, pa-
radas en el tiempo, que han sido considerados especí-
menes de museos folclóricos sin impacto en las vidas
sociales actuales. Por su lado, las sociedades étnicas
culturalmente más homogéneas, se beneFcian a cor-
to plazo de no negociar diferencias interculturales.
Sin embargo, algunos acaban importando otros mo-
delos, teniendo la necesidad de intercambios inter-
culturales cada vez más intensos. Suponemos que el
tratamiento inadecuado de la cuestión sociocultural
puede tornarse en fuente de desgaste psicosocial a
corto plazo. Sobre todo para los países que hereda-
ron una mayor diferenciación sociocultural, lo que
perjudica el desarrollo en general. En ese sentido,
fueron pocos los países socioculturalmente hetero-
géneos los que se beneFciaron de esta situación.
Creemos que la propia diversidad cultural, cuando
se da en contexto que favorece la transformación y
busca de superación de problemas, es fuente princi-
pal de desarrollo humano.
Antes de revisar las investigaciones actuales he-
chas en Brasil acerca de la emergencia de grupos
socioculturales, es necesario retroceder histórica-
mente para comprender algunos hechos importan-
tes que aún repercuten. Nos referimos particular-
mente a la competencia emprendida entre diferen-
tes grupos amenazados por la modernidad. Según
un historiador brasileño, el ‘hombre cordial’ es una
ideología de inspiración católica y base emocional
33
Kabengele Munanga,
Rediscutindo a mestiçagem no Brasil: identidade nacional versus identidade negra
, Petrópolis, Vozes, 1999.
65
Perspectivas Teóricas
(más que doctrinaria) adoptada en Brasil para tra-
tar de la diversidad social y cultural.
34
Por medio de
ese recurso sentimental, simbólico difundido por los
blancos católicos en Brasil, se habrían facilitado las
interacciones intergrupales conflictivas con descen-
dientes de indios y negros. Sobre todo, cuando las
ideas liberales de igualdad social empezaron a cir-
cular internacionalmente amenazando proyectos de
dominación de los descendientes de europeos gene-
ralmente centrados en la construcción y defensa de
sociedades nacionales.
35
Dada las diFcultades de los
grupos étnicos que emergieron de la colonia para
organizarse en partidos e instituciones religiosas,
surgieron posibilidades para la consolidación del in-
dividuo en la sociedad. Sin embargo, ni individuos
ni grupos minoritarios lograron una ciudadanía ple-
na a lo largo de más de un siglo lo que aumentó
el criminen y la violencia intergrupal en ciudades
brasileñas como Rio de Janeiro. Muchos interpretan
que esos fenómenos son fruto de la anomia en las
familias o de la desigualdad material.
36
Sostenemos
que el principal obstáculo fue la diFcultad de reco-
nocimiento sociocultural de los grupos en el espacio
público. De hecho, la ideología del hombre cordial
tomó como modelo de referencia al tipo de interacción
familiar más hegemónico, en que existen relaciones
interpersonales psicologizantes que mantienen si-
tuaciones jerárquicas o, al menos, despóticas supra
individuales.
37
Se trata de una dinámica de orden
cultural y de la vida privada, de la cual ni las clases
medias urbanas brasileñas contemporáneas han po-
dido liberarse.
Otra diFcultad que se tornó cada vez más rele-
vante para la comprensión de sociedades actuales
es el papel de las transformaciones surgidas de las
revoluciones educacionales y sus desdoblamientos
cientíFcos y tecnológicos. Nos gustaría resaltar
dos aspectos socioculturales e históricos importan-
tes. El primero respecto a la motivación para es-
tudiar que obtuvo mayor impacto inicial entre los
pueblos con más presencia de protestantes, ya que
la lectura de la Biblia fue desde el inicio una obliga-
ción
38
y fuente de satisfacción religiosa, distinta de
aquellos países con mayoría de católicos orientados
hacia la expresión de emociones y manifestación de
doctrinas. Recientemente éstos implementaron pro-
cesos educacionales de gran escala.
El segundo aspecto importante para las revolu-
ciones educacionales reside en la valorización del
individuo, en términos de pensamiento y acción.
Conforme lo mencionado, en muchas áreas del mun-
do solamente las elites son consideradas como legí-
timas para vivir como individuos autónomos, dife-
renciados y que disfrutan de espacios propios. A los
demás cabe únicamente compartir el destino común
de los grupos y las sociedades. En parte, es justa-
mente tal visión conservadora lo que torna difícil
el desarrollo humano en la actualidad. Muchos gru-
pos socioculturales son destinados a no insistir en
un proceso de escolarización de mayor ambición,
que vaya más allá de la mera alfabetización. En ese
sentido, a menudo los movimientos colectivos de
algunos países no estimularon parcelas signiFcati-
vas de sus poblaciones para animarlas a estudiar,
ya que la influencia de representaciones de sí y de
otros acabó teniendo un efecto limitado, lo que ha
conllevado diFcultades para alcanzar el éxito, a pe-
sar de la existencia de aspiraciones educativas y de
promoción social entre los mismos. La mencionada
valorización del individuo implica la posibilidad de
libertad frente a los contenidos sociales propuestos
y considerar sus diferencias en relación con los mis-
mos. ±inalmente, repercute en la valorización del
espacio y del ambiente interno propios, sin los cua-
34
Sergio Buarque de Holanda,
Raízes do Brasil
, Rio de Janeiro, José Olympio, (1936) 1984; Angel Beldarrain-Durandegui y Edson de Souza ±ilho,
“Representações de grupos nacionais entre jovens segundo o grupo étnico”, en
Psicologia: Teoria e Psesquisa
, vol. 20, núm. 3, 2004.
35
B. ±austo,
op. cit
.
36
Alba Zaluar,
Condomínio do diabo
, Rio de Janeiro, Revan/Ed. Universidade ±ederal do Rio de Janeiro, 1994.
37
Edson A. de Souza ±ilho,
Representações e retóricas de negociação social segundo o grupo sociocultural. Novos aristocratas e seus subordinados
,
Rio de Janeiro, Programa de Pós-graduação em Psicologia, Universidade ±ederal do Rio de Janeiro, 2006.
38
Roger Bastide,
Les amériques noires,
París, Payot, 1967.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
66
les no existiría ni siquiera la internalización de con-
venciones y normas sociales dentro de los sistemas
sociales.
Frente a tales bloqueos, grupos enteros pasaron
a la frustración, lo que provocó deslegitimidad e
inestabilidad de los sistemas sociales. Por poner un
ejemplo, aquellos estudiantes que no se identi±can
con la psicología de la sumisión a la autoridad es-
colar, ni socializar con colegas de modo psicológica-
mente envolvente, se marginalizaron, constituyendo
grupos paralelos, divididos y sin diálogo.
39
Para des-
encadenar una mejor manera de enfrentar el proble-
ma indicado, es necesario que las ciencias sociales y
las políticas públicas consideren que existen múlti-
ples perspectivas socioculturales,
40
frecuentemente
no auto conscientes, ya que existe una tendencia
de predominio de grupos identi±cados con blancos
o católicos.
Por lo tanto, la política pública comúnmente adop-
tada en Brasil se concentra en posiciones morales, in-
telectuales, artísticas en detrimento de otras todavía
incipientes o en constitución. De esta manera, es tra-
bada una lucha, principalmente pública con el obje-
tivo de eliminar la posible influencia de posiciones
divergentes en la sociedad, con el objetivo implícito
de la pérdida de autoestima positiva de la minoría.
Esto contribuye la supervalorización de las mayorías
motivando que la minoría parezca incapaz de ejercer
influencia en la sociedad. Consecuentemente, parte
de la autoimagen negativa de algunas minorías so-
ciales se vuelve una especie de bene±cio en la forma
de inserción social para alguien quien sabe de ante-
mano que su papel está destinado a ser secundario o
subordinado. La interdependencia o dependencia pu-
ra y simple sería estimulada en sistemas sociales es-
tabilizados jerárquicamente para funcionar por medio
de interacciones complementarias al papel del tipo
maestro o esclavo, sabio o ignorante, poderoso o sin
poder. Por lo tanto, más importante que la autoesti-
ma es saber cuáles son los criterios para se autoeva-
luar. Dichos criterios son, en general, creados por la
mayoría para con±rmar presunciones de superioridad
o inferioridad social.
Entre los grupos que por largo tiempo han perma-
necido en posiciones inferiores de algunas sociedades
están los Evangélicos e los Islámicos, cuya esforzada
militancia ha emergido recientemente como fenó-
meno que parecería amenazar antiguas hegemonías
religiosas. Se trata de nuevas conversiones religio-
sas realizadas para enfrentar retos colocados por la
modernización tardía, que conlleva un confronto de
culturas antes preservadas, y ahora consideradas no
adecuadas para una inserción social por la búsque-
da de la auto determinación de grupos y socieda-
des que acarrean conflictos sociales. El monoteísmo
fuera de las religiones europeas históricamente aso-
ciadas a las administraciones estatales dominantes
como el catolicismo o el protestantismo, ha sido
la formula que algunos pueblos han adoptado para
alcanzar los objetivos mencionados. Sin embargo,
algunos pensadores políticos insisten en proponer
‘diálogos’ entre las partes, enfatizando en sus dis-
cursos y prácticas ecumenismos similitudes super-
±ciales. Por ejemplo, se propone compartir un Dios
único supra grupal, cuando es bien sabido que en
el fondo cada implicado continúa rindiendo culto al
suyo. Para Allport
41
quien fue un pionero en inves-
tigaciones sobre relaciones intergrupales, éstas sólo
pueden tener éxito si parten de 1)
status
idéntico de
grupos durante el contacto; 2) metas en común; 3)
cooperación intergrupal y
4) apoyo de autoridades,
costumbre o leyes, condiciones difícilmente encon-
tradas en la actualidad.
Creemos que los grupos minoritarios activos de
larga duración histórica, más o menos comprome-
tidos con la preservación de sus culturas, tienden
a enfocar más, tanto para si mismos como para sus
interlocutores, aspectos ‘subjetivos’ socioculturales
relacionados con aspectos mentales o de comporta-
miento. A su vez, los grupos mayoritarios, tienden a
39
Iolanda Oliveira,
Desigualdades raciais. Construções da infância e da juventude
, Niterói, Intertexto, 1999.
40
Serge Moscovici y Juan A. Perez, “Representations of Society and Prejudices”, en
Papers on Social Representations
, vol. 6, núm. 1, 1997.
41
Gordon W. Allport,
The Nature of Prejudice
, Cambridge, Addison-Wesley, 1954.
67
Perspectivas Teóricas
reforzar contenidos cristalizados u ‘objetivados’, ta-
les como rasgos físicos o consecuencias materiales
resultantes de la situación de disfrutar de menor o
mayor poder
42
que fueron motivo de lucha social y
se transformaron en formas de conformismo, sobre
todo en el espacio público en países multicultura-
les. Estos trazos físicos naturales, como el color de
la piel, se tornan en ‘distinciones sociales’ positivas
para los blancos que se mantuvieron similares a los
europeos casi como una herencia aristocrática que
legitima el poder
43
o negativa para los que los no los
poseen. En ese sentido, continúa siendo considera-
ble la presión que las sociedades ejercen sobre los
grupos minoritarios para que concentren su aten-
ción en agendas dominantes.
En suma, suponemos que el modelo sociocultu-
ral de promoción social adoptado por los blancos
en Brasil y otros países católicos, tiene como ideal
mantener modelos socioculturales colocados en la
cima de una jerarquía social basada en la dimensión
étnica racial, aunque muchas veces aFrmen públi-
camente su proyecto de construcción de sociedades
que visan la igualdad social.
44
Conclusiones
Las sociedades contemporáneas aceleraron va-
rios procesos de transformación en los últimos
años, facilitando la valorización de individuos y
grupos minoritarios que recientemente no tenían
poder o reconocimiento social. En parte, la trans-
formación mencionada ha sido impulsada por innova-
ciones tecnológicas oriundas de determinadas áreas
del mundo, lo que ha tenido repercusiones prácticas y
culturales. Las referidas innovaciones han sido acom-
pañadas de diFcultades económicas que han afecta-
do precisamente las áreas mundiales aquí tratadas.
Algunas políticas públicas centradas en fórmulas de
atenuación de efectos socioeconómicos negativos y
movilización política de grupos considerados opri-
midos, han experimentado colapsos. Tales políticas
han tenido como principal resultado el aumento ge-
neral de la presencia de diversas religiones en la vida
social, inclusive a menudo situadas fuera del cato-
licismo y del protestantismo. Creemos que la ma-
yor diFcultad actual de esas sociedades reside en
crear procesos de transformación educativa, cientíF-
ca, tecnológica y de cooperación con otras socieda-
des. Sin embargo, el principal obstáculo parece ser
psicosocial e interno a las sociedades, es decir, de
orden individual y grupal. Las actitudes y energías
dirigidas, en muchas áreas del mundo, para realizar
proyectos educativos de mayor ambición que la mera
escolarización básica, son incompatibles con la des-
valorización del individuo, que supone heteronimia,
indiferenciación y pérdida de privacidad social.
Aún así aumentó el número de individuos ale-
jados de las religiones, partidos, organizaciones,
familias o entidades supra individuales convencio-
nales, fenómeno aún observado insuFcientemente
por cientíFcos sociales y políticos profesionales. Se
trata de un movimiento silencioso, invisible. Pero
creemos que tiene poder de transformación por en-
cima de lo habitual ya que está emergiendo desde
la sociedad y no depende de una secularización pro-
movida por movilizaciones empresariales o políticas
colectivas. En el pasado una influyente generación
de académicos e intelectuales de la modernidad ten-
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dió a adoptar una postura pública de individualismo
aristocratizante. Frecuentemente propusieron reali-
zar reformas ‘por decreto’, como leyes ambientalis-
tas, derechos de homosexuales o de enfermos men-
tales sin considerar las dimensiones culturales de la
sociedad. Muchos de esos personajes creyeron que
algunos valores cristianos como piedad, gregarismo,
culto a la personalidad de liderazgos/entidades su-
pra-individuales, entre otros, podrían facilitar pe-
dagógicamente un proceso de transformación social
manteniendo un respetuoso silencio con la adhesión
explícita a los mismos. Sin embargo, fueron sorpren-
didos por la influencia cada vez mayor de la publi-
cidad y de la mercadotecnia, así como por la per-
sistencia y expansión de religiones, folclores y ar-
caísmos sociales. Podríamos decir que los discursos
y prácticas de los intelectuales perdieron influencia
a causa, sobretodo, de inconsistencia tanto en su
construcción intrínseca cuanto en su modo de difu-
sión. En suma, los intelectuales han desempeñado
un pálido papel en algunas sociedades, o han sido
confundidos con la consolidación de grupos mayori-
tarios con poder simbólico y material.
Uno de los aspectos de esta di±cultad reside en
la persistente y extendida identi±cación social ac-
tual con valores tradicionales de individuos y grupos
superiores del pasado, tales como la aristocracia y
el clero, que no negociaban con posiciones diver-
gentes o sin poder, y que preferían conceder, donar
o perdonar. Así, los trabajos académicos y las polí-
ticas públicas se enfocaron más a las consecuencias
negativas como minoría social que realizar esfuerzos de
a±rmación social para proponer comportamientos
considerados positivos. Esta selección de elementos
descriptivos negativos sugiere que se trataba sobre-
todo de resaltar su infortunio, asumiendo que podía
ser consolado o denunciado públicamente muchas
veces con efectos más emocionales que prácticos.
45
Tales posiciones tendieron a reforzar liderazgos
ya existentes retratados como activos y capaces de
resultados a veces casi mágicos en detrimento de
sensaciones desagradables de inercia e incapaci-
dades de cambio frente a la realidad social de las
mayorías sin poder. Con las sucesivas di±cultades
que organizaciones políticas y sindicales encontra-
ron para realizar la promoción social a que se aspi-
raba, los Estados y las empresas pasaron a impul-
sar políticas de compensación psicológica a partir
de la valoración de la cultura popular en el espacio
público, aunque dando más espacio a los aspectos
que no pusieran en riesgo el orden sociocultural je-
rarquizado de la sociedad y del mundo. En ese sen-
tido, las clases medias blancas y cristianas pasaron
a consumir imágenes difundidas por la televisión y
otros medios de comunicación respecto a la ‘miseria
y pobreza’ de inmigrantes del llamado Tercer Mun-
do o de los conflictos interculturales pendientes en
áreas del mundo asociados a minorías étnicas y reli-
giosas. Aparentemente el espectáculo de infortunios
y desgracias de esos grupos servirían para con±rmar
el éxito y la felicidad de sociedades dominantes del
planeta, lo que genera una función social de con-
formismo. En lugar de eso, consideramos que debe
incentivarse la influencia de individuos y grupos mi-
noritarios sin reconocimiento social. Al mismo tiem-
po, es necesario promover cambios educacionales,
cientí±cos y tecnológicos.
Recibido el 23de septiembre del 2006
Aceptado el 24 de abril del 2007
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