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133
Cuestiones Contemporáneas
Espacios forestales y estructura de poder.
Una propuesta desde la geografía política.
Verónica Ibarra
*
Resumen
El trabajo analiza el espacio forestal
como resultado de las relaciones autori-
tarias que estableció el régimen político
mexicano posrevolucionario. La forma
como se apropia, se usa y se comercia-
lizan los productos de la segunda natu-
raleza forestal en la escala local, cuya
articulación con las escalas regionales
y nacionales da como resultado espa-
cios de poder. Esta totalidad muestra
la producción del espacio, en donde las
relaciones políticas de corte autoritario,
simultáneamente con el desarrollo cien-
tíFco técnico, los actores económicos y
sociales se encuentran articuladas y dan
sentido a la naturaleza.
Abstract
In this work, the forest space is seen
as the result of authoritarian relations
established since the post revolutionary
political regime of Mexico. The way the
forest products derived from the second
nature are appropriated, used and put in
the market in the local scale, turn out
to be spaces of power when articulated
to regional and national scales. This to-
tality shows the production of space as
part of political relations of authorita-
rian type along where the scientiFc-te-
chnical development, and the social and
economics actors, are articulated to give
sense to nature.
Palabras clave
: democracia, autoritaris-
mo, espacio, bosque, movimientos am-
bientalistas geografía política.
*
Universidad Nacional Autónoma de México,
±acultad de ±ilosofía y Letras, Circuito Inte-
rior s/n, Ciudad Universitaria, col. Copilco
Universidad, deleg. Coyoacán, México, D.±.,
c.p. 04510.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
134
Antecedentes
L
os regímenes políticos pueden considerarse de
corte totalitario, autoritario o democrático. Las
discusiones traspasan las características de las elec-
ciones, la forma de acceso al poder, la presencia de
partidos de oposición, la rendición de cuentas, la
transparencia, así como la forma de resolución de
conflictos, consensuada o violenta.
Aquí se sostiene que el régimen político también
puede analizarse respecto de cómo se produce el
espacio y el sentido de la naturaleza, entendiendo
ésta como
segunda naturaleza
, alejada de la visión
prístina de la misma. Esta lectura de la naturale-
za tiene su origen en la geografía crítica con auto-
res como Harvey,
1
Santos,
2
Smith,
3
Capel,
4
Braun y
Castree.
5
Aunque también se ha trabajado desde la
antropología
6
y coincide con las críticas planteadas
por el feminismo al biocentrismo del pensamiento
patriarcal.
7
Por tal motivo problematizamos en torno a la na-
turaleza, en el caso de los bosques, en tanto,
se-
gunda naturaleza.
Es decir, incorporado a lo social,
usado y apropiado material y simbólicamente por
la sociedad, con base en una cultura, un desarro-
llo cientíFco técnico, estructuras de poder político
y económico. Con ello nos alejamos de la visión de
la naturaleza que ha redundado en una lectura ro-
mántica de la misma y que ha sido altamente fun-
cional a su comercialización, la cual se vende por
las empresas turísticas del ocio y el entretenimiento
al tiempo que consolida visiones conservacionistas
que dan como resultado desiertos verdes
8
donde
lo que sobra es la sociedad. En el caso de México
podemos encontrar un símil en la reserva de Montes
Azules en Chiapas.
La apropiación y el uso de la naturaleza como un
problema desde las ciencias sociales, no son nuevos.
Para el caso mexicano, encontramos en el trabajo
de ±rancisco Gomezjara una claridad que parece ser
poco conocida, ya que en su texto
Bonapartismo y
lucha campesina en la Costa Grande
9
examina el pro-
blema político de la apropiación de los recursos, las
playas, los bosques, las tierras. En él se devela la
apropiación de la naturaleza como elemento funda-
mental de la reproducción del capitalismo, bajo un
régimen político de corte bonapartista lo que da ca-
racterísticas particulares con relación a las deman-
das de sectores hegemónicos fuera del estado de
Guerrero.
Por ello, como hipótesis de trabajo, planteamos
la existencia de una estrecha relación entre el régi-
men político en cuestión, la forma de uso y apropia-
ción de la naturaleza. Lo que conduce a dos conside-
1
Al respecto consultar las obras de David Harvey:
Justice, Nature and the Geography of Difference
(Oxford, Blackwell, 1996) y
Espacios del capital.
Hacia una geografía crítica
(Madrid, Akal, 2007, pp. 225-252).
2
Milton Santos, “Espacio y método”, en
Geo Crítica,
Cuadernos Críticos de Geografía Humana
, núm. 65, septiembre de 1986, p. 51.
3
Neil Smith,
Uneven Development. Nature, Capital and the Production of Space
, Oxford, Blackwell, 1984. (Versión en español:
La producción de la
naturaleza, la producción del espacio
, México, Universidad Nacional Autónoma de México, ±acultad de ±ilosofía y Letras, Sistema de Universidad
Abierta, 2006).
4
Horacio Capel, “La incidencia del hombre en la faz de la tierra, de la ecología a la ecología política o, simplemente, a la política”, en Andrés
Gutiérrez y José Manuel Naredo Pérez (coords.),
La incidencia de la especie humana sobre la faz de la Tierra (1955-2005
), Granada, Universidad
de Granada-±undación César Manrique, 2005, pp. 91-136.
5
Noel Castree y Bruce Braun, “The Construction of Nature and the Nature of the Construction”, en
Remakin Reality: Nature at the Millenium
, Londres,
Routledge, 1998.
6
Arturo Escobar,
Biodiversidad, naturaleza y cultura: localidad y globalidad en las estrategias de conservación
, México, Universidad Nacional
Autónoma de México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Coordinación de Humanidades, 1997.
7
Cecilia Amorós y Ana de Miguel (ed.),
Teoría feminista de la Ilustración a la globalización. De la Ilustración al segundo sexo
, Madrid, Minerva
Ediciones, 2005; Pierre Bourdieu, “La dominación masculina”, en
Revista de Estudios de Género
.
La ventana
, núm. 3, 1996, pp. 7-95.
8
Término utilizado por el antropólogo John Knight en “Cuando los árboles se vuelven salvajes, la desocialización de los bosques de las montañas
japonesas”, en
Naturaleza y sociedad. Perspectivas antropológicas
, México, Siglo Veintiuno Editores, 2001, pp. 255-276.
9
±rancisco Gomezjara,
Bonapartismo y lucha campesina en la Costa Grande de Guerrero
, México, Posada, 1979 (Colección Ideas Políticas).
135
raciones: establecer las características del sistema
político mexicano y la condición de la naturaleza,
con elecciones sistemáticas, libertad de expresión,
presencia de partidos de oposición, con acceso a la
información entre otros elementos (transparencia,
que no rendición de cuentas). Parecería que habla-
mos de un régimen democrático, no obstante, aquí
sostenemos que el régimen autoritario en México
sigue en curso de acuerdo a las formas de acceso a
la producción espacial y, concretamente, al sentido
que cobra la naturaleza.
Por otro lado, de manera simultánea, se conside-
ra un elemento que pareciera la antípoda del poder:
la naturaleza. Los bosques, el agua superFcial o pro-
funda, las playas y las tierras,
10
entre otros que han
sido vistos generalmente en clave apolítica, son na-
turaleza prístina, contemplativa, romántica que re-
sulta altamente funcional para quien la apropia y,
según el modelo neoliberal, bajo procesos de despo-
jo generalmente.
Aquí avanzaremos sobre la producción del
espa-
cio
, en donde el concepto de
segunda naturaleza
re-
sulta indispensable ya que plantea la disolución de
la dicotomía sociedad naturaleza. Por ello se sos-
tiene que el sentido otorgado a la naturaleza es un
problema político. Es un proceso determinado por
quien sustenta el poder y cómo lo ejerce, ya que
es ejecutado de manera procesual, democrática, en
consenso o impuesto por métodos coercitivos como
la fuerza, la guerra, la ocupación, el despojo.
Para ello, se recurrió a textos arqueológicos, an-
tropológicos e históricos que dan cuenta del uso,
apropiación y transformación de la naturaleza. Des-
de las primeras civilizaciones ya se hablaba del cui-
dado del agua, la agricultura, los bosques.
11
Pero
entonces, ¿de dónde surge la idea de una naturaleza
de inmutabilidad paradisíaca? Nada más contrario
a la naturaleza cuando consideramos, desde el ori-
gen del universo, que fue una gran transformación,
una conjunción de energía debida a procesos físicos
como resultado el origen del universo y con ello al
sistema planetario. Posteriormente, el enfriamiento,
el mundo, el surgimiento de las masas continenta-
les, los sistemas montañosos, los volcanes, la cir-
culación general de los vientos, como resultado los
huracanes y con ello el modelado de la superFcie
terrestre, una y otra vez.
En México, en octubre del 2005, se observó un
remodelado de la superFcie de la tierra por el hura-
cán
Stan
en Chiapas, lo que permitió ver la trans-
formación de la naturaleza. Posteriormente, en
enero de 2006, el huracán
Vilma
hizo lo propio en
el centro paradisíaco de Cancún ubicado en el Ca-
ribe Mexicano.
12
En el primero se colapsaron cerros
enteros mientras que con el segundo desapareció
la playa.
La visión prístina de la naturaleza está enlazada
en una visión paradisíaca, romántica, ampliamente
difundida por los medios de comunicación y por las
empresas turísticas del siglo XX, pero que tiene sus
orígenes en las posiciones románticas del siglo XIX.
Esta forma de observar la naturaleza diFculta el co-
nocimiento de las dinámicas propias de la misma, de
aquella que ya ha sido transformada y, cada vez más,
producida socialmente.
Con relación a esta forma de entender la natu-
raleza ante procesos como huracanes, temblores,
erupciones, la naturaleza es fuerza irruptora de es-
tabilidad, incontrolable, energía catastróFca y, por
lo tanto, reto al conocimiento exhaustivo, a la do-
minación de lo indómito, a las aspiraciones de con-
trol del ser humano por sobre lo inanimado. Esta
corriente de pensamiento se articula con el pensa-
miento positivista del siglo XIX: existe una natura-
leza, es objetiva, el conocimiento es neutral, éste
la explica con base en conocimientos cada vez más
10
La tierra, ha sido tradicionalmente el elemento natural que ha sido visto de forma política, en comparación con los otros tipos de naturaleza,
y en últimos tiempos el agua está recuperando este atributo.
11
John Perlin,
Historia de los bosques. El signifcado de la madera en el desarrollo de la civilización
, Madrid, Gaia, 1999.
12
Por cierto, se contrató a una empresa holandesa para la colocación de arena en la playa, para que no disminuyera el arribo de turistas para
las vacaciones de semana santa del año 2006.
Cuestiones Contemporáneas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
136
sofsticados y precisos, el uso de la tecnología lo
permite, la predicción es un objetivo a cumplir, al
mismo tiempo que pretende su modifcación para el
benefcio de la humanidad.
Asimismo, la objetividad y la neutralidad cientí-
fca, Fuertemente arraigada en el positivismo, en-
cubre la apropiación de este conocimiento a Favor
de actores hegemónicos, ya sean países, grupos de
poder o personas.
Por ello, proponemos, siguiendo una lectura rea-
lizada desde la geograFía, la antropología y el Femi-
nismo, la crítica al esencialismo que se enlaza con
lecturas biocéntricas en donde la naturaleza ‘defne’
las condiciones sociales. Aquí se considera a la na-
turaleza una producción social, bajo el
espaciotiem-
po
, en donde están involucradas las relaciones de
poder político y económico. Es decir la naturaleza
se produce bajo condiciones de poder.
13
N. Smith,
La producción de la naturaleza
op. cit
..
14
Ibid
.,
Uneven Development…
op.cit.,
p.13.
15
Ibid
., pp. 30-31.
La segunda naturaleza
El geógraFo escocés Neil Smith sostiene que “la
idea de la producción de la naturaleza es paradóji-
ca, aun en la sociedad capitalista, hasta el punto
de parecer absurda si se juzga desde la apariencia
superfcial de la naturaleza”.
13
El mismo autor, en su
libro
Uneven Development,
14
considera que el prime-
ro en acuñar el concepto de segunda naturaleza Fue
Cicerón hace 2000 años y cita de
Natura Deorum
el
siguiente texto que no tiene desperdicio alguno:
Así vemos cómo la evidencia de nuestros sentidos
nos conduce a las invenciones de la mente, que son
materializadas después por la mano del artesano, para
satisFacer todas nuestras necesidades y proveernos de
hogares, seguros, y mantenernos vestidos, y para pro-
porcionarnos ciudades, paredes, viviendas y templos. A
través de nuestras habilidades humanas, con las manos
nos abastecemos de comida en abundancia y variedad.
La tierra oFrece muchos Frutos para la mano que los
busca, y los Frutos pueden comerse o preservarse para
ser consumidos después. Nos alimentamos también de
las criaturas de la tierra, del mar, del aire, a las que
atrapamos o criamos con ese propósito. Podemos apre-
sar y cabalgar animales de cuatro patas y apoderarnos
de su velocidad y de su Fuerza. En algunos de ellos
colgamos yuntas y a otros los usamos como bestias de
carga. Explotamos los agudos sentidos del eleFante y
la sagacidad del perro para nuestros propios fnes. De
las proFundidades de la tierra extraemos el hierro tan
necesario para arar el suelo.
Buscamos vetas proFundamente enterradas de co-
bre, plata y oro para uso y ornamentos
. Despedazamos
los árboles y utilizamos toda clase de plantas silvestres
y cultivadas para encender fuego y calentarse nuestros
cuerpos y cocinar nuestra comida, y también para cons-
truir techos y protegernos del calor y el frío. También
utilizamos esos materiales para construir barcos con los
cuales navegar en todas direcciones y satisfacer todas las
necesidades de la vida
. Nosotros solos podemos domes-
ticar y controlar las Fuerzas más violentas de la natura-
leza, el mar y los vientos, con nuestro conocimiento de
la navegación podemos disFrutar de benefcio de todas
las riquezas del mar. También hemos tomado posesión
de todos los Frutos de la tierra. Las montañas y los
llanos existen para nuestro regocijo. Nuestros son los
ríos y los lagos.
Sembramos y plantamos árboles
. ±erti-
lizamos el suelo irrigándolo. Embalsamos los ríos para
conducirlos a nuestra voluntad. Podría decirse que bus-
camos crear con nuestras manos humanas una segunda
naturaleza en el mundo natural”.
15
137
Así, el uso de la naturaleza para satisfacer nece-
sidades sociales es un elemento encontrado en la
base del desarrollo mismo de la sociedad, pero tam-
bién es la lectura y el discurso de quienes tenían
el poder y el conocimiento para usar, transformar y
pretender controlar la naturaleza. No es una relación
dicotómica hombre-naturaleza. La sociedad apropia,
transforma, usa a la naturaleza material y simbóli-
camente, con base en el conocimiento desarrollado,
con la elaboración de herramientas cada vez más
soFsticadas que permiten mayor intervención en la
misma. También contribuyen la cultura y los valo-
res, así encontramos cada vez más la intervención
de lo social en la naturaleza, es decir, usada, apro-
piada y transformada estableciendo un continuo en
construcción.
Entonces, es necesario ir más allá. Establecer
cuáles son los elementos que intervienen en el sen-
tido que habrá de tomar la naturaleza. Es aquí don-
de consideramos pertinente incorporar el elemento
del poder como una de las variables más signiFcati-
vas y que pocas veces se integra de manera explícita
en los análisis de la naturaleza. Aunque de manera
implícita están en la base de los estudios de gue-
rras por recursos, en los conflictos por tierras, ríos,
acceso al mar, a ciertos minerales o campos de cul-
tivo entre otros, ahora también se encuentran los
movimientos ambientalistas de reciente cuño en la
literatura. Sin embargo, aquí se considera que son
conflictos por deFnir el sentido de la naturaleza a
partir de valores de uso, simbólico y material. Al
mismo tiempo, éstos pueden estar mostrando usos
y apropiaciones contra hegemónicos opuestos a la
conservación y contemplación, lo cual resulta difícil
de comprenderse desde una racionalidad occidental
positivista altamente funcional al capitalismo.
En este contexto, es importante considerar los
usos subordinados de la naturaleza. Es decir, aque-
llos que practican los grupos que no tienen el poder,
ya sea por clase, género o etnia. Mientras no entren
en conflicto con los usos hegemónicos, pueden ser
practicados o, en su caso, son usos desvalorizados
a la luz de los poderosos. En ese sentido, los euro-
peos del siglo XVIII justiFcaban las intervenciones
en África y el avance de los primeros colonos ingle-
ses sobre las tierras del oeste habitadas por grupos
originarios, en lo que actualmente son los Estados
Unidos.
Para el caso mexicano, tenemos múltiples ejem-
plos del uso de la naturaleza. Desde épocas prehis-
pánicas los aztecas desvalorizaban el modo de vida
lacustre de los otomíes de la cuenca de Lerma. Era
un modo de vida basado en la extracción del tule,
para la producción de enseres para el hogar; ade-
más de la pesca de atepocatas y la caza de patos,
entre otras actividades, que permitían su reproduc-
ción social. Pero en la perspectiva de los mexicas, la
agricultura era una actividad más decorosa para la
vida
16
en la que la conformación de chinampas para
la producción agrícola da muestra de ello.
Posterior a la llegada de los españoles, la natura-
leza fue vista como un elemento potencial del desa-
rrollo. La minería y la ganadería eran las actividades
más importantes lo que motivó su desarrollo y si-
multáneamente la producción de estos espacios. Se
apropiaron de la naturaleza, se despojaron a los po-
bladores cuando los había, o se trasladaron pobla-
ciones completas para el empleo de mano de obra.
Si existían zonas lacustres, se desecaban; si hacía
falta agua, se construían canales de riego y acue-
ductos acordes al desarrollo de la época. Las nuevas
rancherías, los pueblos, los parajes y hasta las ciu-
dades dan cuenta de ello.
Respecto a los bosques, se puede observar que
desde épocas prehispánicas éstos han sido incorpo-
rados como abastecedores de materias primas: le-
ña, carbón, hongos, plantas medicinales, tierra de
hoja. Además de la madera para la construcción de
vivienda y de las chinampas, también se practicaba
la cacería. Todas estas actividades fueron realizadas
16
Beatriz Guillen Albores, “Ambiente y Cultura Lacustre en la Historia del Alto Lerma Mexiquense”, en Brigitte Boehm Schoendube, Juan Manuel
Durán Juárez y Martín Sánchez Rodríguez (coords.)
Los estudios del agua en la cuenca Lerma-Chapala-Santiago,
Guadalajara, Jalisco, El Colegio
de Michoacán, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, 2002, pp. 49-69.
Cuestiones Contemporáneas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
138
por diversos actores sociales, carboneros, leñadores,
curanderas, cazadores, entre otros.
La llegada de los españoles transformó el uso
de los bosques. La minería y la ganadería eran las
dos actividades económicas más importantes en ese
tiempo y dependían de la transformación de las zo-
nas boscosas. La primera demandaba mayor canti-
dad de madera que, además de intensiFcar la tala,
también impactó en el reacomodo poblacional de-
bido a la explotación forestal. La segunda actividad
también generó repercusiones indirectas ya que la
madera no era el objetivo de la explotación, sino
una actividad que demandaba espacios para desarro-
llarse. Ahí es en donde encontramos las disputas por
los espacios. El estudio de Luz María Ayala
17
acerca
de la pugna por el uso y la propiedad de los mon-
tes durante la época colonial muestra claramente los
conflictos entre los pueblos indígenas y los nuevos
usufructuarios de la naturaleza boscosa; sin olvidar
el pago de los tributos y el diezmo que también in-
fluyeron en el incremento de la explotación forestal
para la producción de carbón y leña.
La misma autora identiFca 244 problemas entre
1550 y 1820 por el uso y propiedad de los montes.
Ello evidencia que no se trata de nuevas interrogan-
tes y que, como se ha sustentado, son problemas
por el sentido que se dará a la naturaleza entre dis-
tintos grupos.
Por otra parte Leticia Reina sostiene en su intro-
ducción:
El proyecto liberal tendió a excluir de los beneFcios
de la modernidad a la mayoría de la población y en
particular a indígenas y campesinos, este sector ma-
nifestó su descontento de muy diversas formas. Las
más reiterativas y que provocaron fuertes conflictos y
enfrentamientos armados fueron la lucha por la tierra
(recursos naturales en general) y la lucha por la auto-
nomía colonial.
18
Aunque a las luchas por los recursos naturales,
producto del despojo a lo largo del tiempo y del
espacio, se les ha denominado de distinta forma, to-
dos coinciden que estas disputas se resuelven prime-
ro por el uso y posteriormente por su apropiación. Si
observamos la tensión por el uso en un período de
larga duración, identiFcamos momentos que pare-
cerían coyunturales pero coinciden con transforma-
ciones estructurales, en tanto que el capitalismo se
desarrolla y cambia dicho uso en estrecha relación
con los avances cientíFco técnicos, al mismo tiempo
evidencia características de un régimen político.
17
María de la Luz Ayala, “La pugna por el uso y la propiedad de los montes y bosques novohispanos”, en Bernardo García Martínez (coord.),
Es-
tudios sobre historia y ambiente en América I: Argentina, Bolivia, México, Paraguay
, Vol. I, México, El Colegio de México, Instituto Panamericano
de Geografía e Historia. 1999, pp. 75-92., pp. 75-92.
18
Leticia Reina,
Las rebeliones campesinas en México (1819-1906),
México, Siglo Veintiuno Editores, 1998, p. II.
19
M. Ayala, o
p. cit.
Del valor del uso al valor de cambio
Lo que se ha observado a lo largo de la historia
es que la naturaleza ha sido aprovechada de manera
constante por las sociedades que la apropian, pero
con el desarrollo de las fuerzas productivas también
se ha estructurado un régimen político y jurídico que
estableció la propiedad de la naturaleza y con ello el
uso al que se debía destinar. A esta apropiación jurí-
dica le llamamos propiedad privada. Ello generó una
serie de resistencias por los usos diferentes a los del
grupo hegemónico, lo que ha sido evidenciado en
el estudio realizado por Ayala
19
donde claramente
se maniFestan las pugnas entre grupos antagónicos
durante la Colonia. Poco a poco también queda cla-
ro que estaba realizándose una apropiación, aquella
139
La reforma agraria generó nuevamente movili-
zaciones sociales entre los antiguos propietarios
(hacendados) y los nuevos usufructuarios (ejidata-
rios o comuneros) del régimen en proceso de instau-
ración. Durante el periodo comprendido entre 1917
y cerca de los años cuarenta, observamos movimien-
tos locales y regionales que muestran una reasigna-
ción de naturaleza. También se generaron argucias
legales para evitar el reparto agrario. Nuevamente
los diferentes grupos entran en tensión por el uso
y la apropiación de la naturaleza. Entra en conflicto
cuál será el sentido que habrá de darse a la tierra
lo que incluye al subsuelo, el agua, los bosques, re-
solviéndose de manera política y paradójica.
De esta manera la mayoría de las tierras reparti-
das tenía como objetivo la explotación agrícola, ya
fuera en zonas planas o serranas. Por ello, es común
que la reforma agraria también propiciara el corte
sistemático de zonas boscosas lo que generó una
transformación sustantiva, como en el caso de Pero-
te, donde los propietarios de las zonas montañosas
pedían el desmonte total para aprovechar la madera,
antes de ser repartidos a los núcleos agrarios. Por su
parte, los demandantes de tierra estaban mucho más
relacionados con la agricultura que con el mane-
jo del bosque. Por lo tanto, ellos colaboraban para
desmontar el bosque más rápido y en consecuencia
podían acceder a la tierra casi de manera inmediata.
Esto muestra las diversas tensiones por el uso y la
apropiación de los bosques. Si a esta difícil situa-
ción se añaden los importantes avances cientíFcos
técnicos del siglo XX que permiten mayor rapidez
para transformar los recursos naturales, la situación
se vuelve más compleja.
que demandaba el desarrollo del capitalismo liberal.
En el siglo XIX las Leyes Lerdo muestran un cambio
en la propiedad y uso de la naturaleza, la tierra. Es-
te proceso se lleva a cabo no sin conflictos como lo
advierte Leticia Reina.
La clave espacial permite identiFcar que el de-
sarrollo del capitalismo demanda un uso distinto al
natural. Una sociedad de base agraria y de corte li-
beral requería de grandes extensiones de tierra pa-
ra la agricultura comercial que debía desarrollarse
en los mercados nacionales. A su vez, y de manera
simultánea, demandaba el desarrollo de comunica-
ciones y transportes. El ferrocarril necesitaba gran
cantidad de durmientes. En ese momento se da un
vuelco en el uso de las maderas. Muchas de las ta-
las realizadas a Fnales del siglo XIX y principios del
XX responden a este proceso como las de San Juan
Nuevo, en Michoacán.
20
Observando el cambio en
los transportes, también encontramos que el primer
desmonte en la región de Cofre de Perote fue propi-
ciado por que la estación de ferrocarril en el munici-
pio del mismo nombre, lo que facilitó el traslado de
la madera aserrada en la Hacienda Sierra de Agua.
21
Posteriormente, devino un gran movimiento re-
volucionario a escala nacional. Coincidente en tiem-
po, aunque no así espacialmente, se conformó por
una gran cantidad de movimientos locales y regio-
nales que se manifestaron no sólo por la democracia
en abstracto, sino representaron luchas de poblacio-
nes despojadas de tierras o aguas por hacendados
y mineros. Resultado de esas demandas, la Revolu-
ción mexicana trastocó el régimen político. En con-
secuencia, el acceso y uso de la naturaleza deFnido
en el Artículo 27 constitucional fue resultado claro
de ello.
20
Silvia BoFll Poch,
El bosque político:
los avatares de la construcción de una comunidad modelo, San Juan Nuevo, Michoacán, 1981-2001
, Mi-
choacán, El Colegio de Michoacán, Universitat de Barcelona, 2005, p. 374.
21
Laura Lima Muñiz,
Sierra de Agua historia de una comunidad veracruzana,
México, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 1991,
p. 108.
Cuestiones Contemporáneas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
140
22
Jorge Carpizo,
El presidencialismo Mexicano
, México, Siglo Veintiuno Editores, 2002, pp. 154-156.
23
Además de que separó al sector campesino del obrero para poder manejar al campesinado.
24
Héctor Aguilar Camin y Lorenzo Meyer,
A la sombra de la Revolución mexicana
, México, Cal y Arena, 1990, p.169.
La naturaleza forestal bajo el régimen autoritario
Como se ha señalado, la Revolución mexicana dio
origen a un nuevo régimen político y, a su vez, a un
partido político que detentaría el poder durante más
de 70 años. Aquí se propone incorporar el concepto
de espacio al proceso de esta formación política. En
tanto que se ha caracterizado a este régimen como
presidencialista, autoritario, corporativo y cliente-
lar, ¿ello cómo se traduce en términos espaciales?
El
presidencialismo
indica el ejercicio de un po-
der casi omnipresente. Los poderes legislativo y
judicial casi siempre están subordinados a sus de-
cisiones. Además, en todos y cada uno de los es-
pacios políticos la institución presidencial decide,
deFne, establece y, en consecuencia, ejecuta sus
decisiones. Para ello el presidencialismo instauró
una estructura política, jurídica y militar del te-
rritorio. Respecto al sentido de la naturaleza, el
poder queda determinado en el Artículo 27 cons-
titucional en su fracción XIII reFriéndose al presi-
dente de la República como la suprema autoridad
agraria. Condición que reitera el Artículo octavo de
la Ley ±ederal de Reforma Agraria el cual conFere al
primer mandatario una serie de poderes. Para este
caso, interesa uno en particular, el referente a la
materia de expropiaciones, que sólo pueden llevar-
se a cabo por causa de utilidad pública y mediante
indemnización.
22
Este ha sido, sin lugar a dudas,
uno de los elementos más aducidos en la produc-
ción espacial y en la transformación de la naturale-
za y, para los núcleos agrarios, de las experiencias
más negativas con el poder en México.
En la estructura política del régimen partidis-
ta primero encontramos la constitución del Parti-
do Nacional Revolucionario (PNR), posteriormente
la del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y,
Fnalmente, al Partido Revolucionario Institucional
(PRI). Por conflictos internos de los triunfadores de
la Revolución mexicana, se constituyó en ma-
yo de 1933 la Confederación Campesina Mexicana
(CCM) conformada por el agrarismo moderado que
se había separado del agrarismo radical del exgo-
bernador de Veracruz Adalberto Tejeda. Cinco años
después Lázaro Cárdenas, entonces presidente de la
República, organizó al sector campesino en la Con-
federación Nacional Campesina (CNC).
23
El 28 de
agosto de 1938, aunque ya desde 1935 el general
Cárdenas había:
(…) creado un decreto sobre la necesidad de or-
ganizar ligas de comunidades agrarias en cada estado
de la República; las ligas locales servirían de base para
la creación de una gran central campesina nacional y
directamente el PNR, no la CCM, recibió en encomienda
la tarea .
.. si alguien habría de concentrar poder sería
la presidencia y nadie más.
24
Este hecho marcó el rumbo presidencialista y
corporativo en el espacio rural. Una red de poder
que articuló la escala local con las regionales y
nacionales, lo que permitió no sólo el control del
sector campesino sino también el uso de la na-
turaleza en el sentido de cómo debería integrarse
al desarrollo ‘nacional’ o, más explícitamente, de
qué manera debería incorporarse en el desarrollo
del capitalismo y en la consolidación del régimen
político. En consecuencia, la forma de uso y apro-
piación son también resultado de la lucha política
por el poder. Ello marca gran tensión en el espa-
cio local, el núcleo agrario que se encuentra en un
discurso de justicia social, al mismo tiempo está
en las relaciones jerarquizadas y centralizadas, es
decir, autoritarias.
141
La lucha por el poder en la escala nacional def-
nió el grado de democracia que tendrían los núcleos
agrarios y en consecuencia el sentido que se le daría
a la naturaleza. Por ello, en la escala local de mane-
ra preponderante se replicaron las relaciones auto-
ritarias. En ese sentido no es sufciente apelar a la
escala local (ejido o comunidad) como sinónimo de
relaciones democráticas. Por el contrario, puede ser
en esta escala en donde se concreta la relación au-
toritaria, porque ahí se conoce a la persona y a sus
necesidades. En consecuencia, donde la estructura
controla, defne, orienta el uso y la apropiación de
las tierras, los bosques, las playas. Es también allí
donde se genera el despojo y la apropiación. Nue-
vamente la paradoja se hace presente, si tal vez se
buscaba un régimen de democracia participativa con
la asamblea del núcleo agrario como máxima instan-
cia de poder, con la presencia de asambleas mani-
puladas el resultado Fue la creación de un órgano de
poder local en la escala más inmediata al ciudada-
no. Al mismo tiempo, propició su articulación con
otras instancias de poder, la municipal y estatal in-
tegrándolas a una estructura altamente centraliza-
da, jerarquizada y autoritaria.
Vale considerar que para este ejercicio de poder
autoritario el régimen demanda de un actor políti-
co que articulará estas escalas. El intermediario que
Funja como la correa de transmisión del poder: el
cacique Fue un actor Fundamental en este caso. És-
te podía ser un líder del mismo núcleo agrario, un
ejidatario, un comunero o un ranchero encargado de
ese espacio de poder.
Así, la Forma en que se constituyó el régimen
autoritario no operó sólo en la escala nacional. Por
el contrario, estableció un entramado de poder en
los diversos espacios rurales y urbanos. Por ello es
común encontrar a este intermediario, cacique o
ranchero, que relaciona y opera a Favor de proce-
sos económicos acordes con el modelo de desarrollo
capitalista. Al mantener la producción agraria ba-
jo una lógica capitalista o convencer a los núcleos
agrarios de las bondades de un nuevo uso y cuando
éste no es aceptado, se recurre a métodos coerciti-
vos. Entonces la tensión se hace manifesta en los
conflictos o movimientos sociales. Debido al carác-
ter autoritario del régimen el conflicto a escala po-
cas veces se plantea como una salida negociada o
pactada.
Aquí es necesario introducir algunas considera-
ciones acerca del régimen autoritario en relación
con los núcleos ejidales. Una primera es la genera-
ción de un reconocimiento a quien entregó la tierra
a los núcleos agrarios. Es decir, se establece una re-
lación de lealtad y agradecimiento a Favor de quien
operó la dotación o la restitución de las tierras y no
con base en el derecho a ello. Por tanto, se consti-
tuye un vínculo
clientelar
, ciudadano político, que
consolida el culto a la persona en detrimento de
la institución, al mismo tiempo que se debilita el
concepto de ciudadanía, el derecho y se Fortalece la
lógica clientelar. A ello se asocia la estigmatización
de aquellos que ven el reparto agrario como un de-
recho y, en ese sentido, una relación de ciudadanía
Estado, de ciudadano-institución más allá del perso-
naje en cuestión.
De esta manera, el clientelismo político Fue desa-
rrollado y establecido de manera constante y siste-
mática. Para ello, tenía actores de tiempo completo
en la estructura partidista a través de la CNC, pero
concretada en cada uno de los lugares de acuerdo a
elementos específcos del espacio tiempo. Aunque
operaba en la escala nacional, la eFectividad de es-
ta estructura de poder la identifcamos en el control
local y regional.
Existen ejemplos en cómo operó la estructura de
poder nacional, estatal y local a Favor de la trans-
Ferencia de tierras, agua y playas destinadas a otros
usos, conForme al desarrollo del sistema urbano in-
dustrial entre grupos de poder regional, a través del
sistema autoritario y en las voces de los ‘líderes’
agrarios para transFerir tales recursos. Aquí encon-
tramos la construcción del sistema Lerma, para sur-
tir de agua a la industria y a los nacientes espacios
urbanos del Estado de México y del Distrito ±ede-
ral. Incluye el primer desarrollo turístico del país
de gran calado encabezado por el presidente Miguel
Cuestiones Contemporáneas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
142
Alemán que comprendió el despojó y el desplazó de
ejidatarios de la franja costera del municipio de Aca-
pulco.
25
A esto se le puede denominar despojo.
26
Es larga la lista de este proceso constante y casi
imperceptible de la producción espacial bajo reglas
no escritas del nuevo régimen político aún en cier-
nes pero que se observará con mayor nitidez después
de los años 40 del siglo XX. Ello se consolida porque
resulta un régimen patrimonialista en el que a ca-
da intervención del gobierno en el uso y reapropia-
ción o transformación de la naturaleza, los actores
oFciales se beneFcian al facilitar, agilizar, escon-
der o perder expedientes, que casi siempre afectan
a los núcleos agrarios y favorecen a inversionistas
privados. Este proceso se ha desarrollado de manera
constante a lo largo del siglo XX. Observamos una
gran complejidad al combinar una estructura políti-
ca autoritaria con modelos económicos acordes con
el desarrollo del capital.
Por ello se proponen cuatro
27
espacios tiempos
para abordar la apropiación de la naturaleza de los
bosques, bajo el régimen autoritario surgido de la
Revolución mexicana:
• Autoritarismo agrarista (1917-1940).
• Autoritarismo urbano-industrial (1940-1970).
• Autoritarismo populista (1970-1982).
• Autoritarismo neoliberal (1982- 2012).
Evidentemente es una propuesta que pretende
identiFcar las formas de dominación hegemónicas,
lo que no excluye resistencia o formas subordinadas
de uso de la naturaleza, pero permite comprender a
grosso modo
la forma de apropiación de la naturale-
za. Esta manera de apropiación también se encuen-
tra vinculada al desarrollo cientíFco técnico, pero
consideramos que, en todo caso, se localiza en los
actores hegemónicos que tratan de impulsar estas
innovaciones para obtener mayores ganancias.
28
Ahora bien, es pertinente considerar que aún en
el denominado bloque de poder hegemónico hay
contradicciones internas que con gran frecuencia
son subsumidas.
29
Generalmente se analizan en la
escala nacional, pero tiene sus réplicas en escalas
regionales y locales, lo que resulta necesario de
identiFcar para evitar lecturas idílicas de las esfe-
ras locales.
En la escala internacional se establecen los cri-
terios y lineamientos del campo económico. Por ello
simultáneamente en la lucha de poder político, los
espacios necesitan transformarse para incorporarlos
a la lógica del capital mundial. Bajo esa perspectiva
el espacio debe ser construido y reconstruido una y
otra vez. Se requiere de la estructura de poder que
sólo el Estado, a través de un gobierno puede reali-
zar. Aún no existe otra institución que realice tales
25
Entre los beneFciarios, Gómezjara, (o
p.cit
.) identiFca a Pascual Ortiz Rubio, Castrejón, Emilio Azcárraga y los ministros de Guerra y Obras
Públicas, Joaquín Amaro
y Juan Andrew Almazán, respectivamente.
26
Es larga la lista de este proceso que permitió la consolidación de este modelo en términos espaciales, baste mencionar a Acapulco (1931-
1932) y a Ciudad Satélite (1956),
así como a las grandes obras de irrigación para la agricultura comercial en detrimento de la agricultura
campesina y a las construcciones de grandes obras de infraestructura como presas para generar energía eléctrica para las ciudades, como es el
caso del sistema Ixtapatongo posterior Miguel Alemán (1946) o la presa Miguel Alemán en la Cuenca del Papaloapan (1951), ejemplos ambas del
impacto e influencia del político-empresario más prominente de los primeros años del régimen político posrevolucionario en México y maestro
de Carlos Hank y otros.
27
Leticia Merino (
Conservación o deterioro. El impacto de las políticas públicas en las instituciones comunitarias y en los usos de los bosques en
México
, México, SEMARNAT-INE-CCMSS, 2004) recurrió a cuatro temporalidades en las políticas forestales que yo recupero en mi propuesta. Exis-
ten, sin embargo, dos diferencias fundamentales entre nosotras: una de ellas es que yo asocio los modelos de política económica desarrolladas
por el gobierno mexicano además de que se le incorpora el régimen establecido, el autoritarismo. Por eso lo que ella deFne como un periodo de
impulso a la silvicultura comunitaria para mí forma parte del modelo neoliberal que se venía gestando desde el sexenio de Miguel de la Madrid,
en donde se pretendía el fortalecimiento de lo local porque pronto se establecería la globalización y la competencia, entonces, sería brutal.
28
Tanto las innovaciones tecnológicas como las políticas públicas serán abordadas de manera secundaria. Aunque se reconoce como la voz del
poder, se considera que estas responderán de manera general al modelo económico en cuestión, y va más por una vertiente administrativa mien-
tras que el interés principal es
desarrollar la esfera de lo político. Otro elemento patente, pero que no es el foco de atención, es el elemento
indígena que, si bien está presente y se tendrá una lectura particular para identiFcar las especiFcidades dentro de la estructura de poder, no es
tampoco el objetivo de este trabajo.
29
Guillermo O’Donnell,
Transiciones desde un gobierno autoritario
, Buenos Aires, Paidós, 1994, p. 296.
143
actividades y funciones, el controlar, legalizar y le-
gitimar tales transformaciones.
Por ello, el
espacio
no es un vacío (geométrico o
euclidiano) que se construya desde la burocracia au-
toritaria (planeación, ordenamiento territorial). Por
el contrario, el
espacio
maniFesta sus atributos (se-
gunda naturaleza, políticos, económicos, culturales,
cientíFco técnicos), resultado de procesos contra-
dictorios y complejos a lo largo del tiempo, lo que
da un valor estratégico en ciertos periodos histó-
ricos. En consecuencia, lo estratégico del espacio
no es
per se
, no es esencialista, sino una produc-
ción social bajo condiciones hegemónicas. Por ello
el
espacio
se construye y se reconstruye de manera
constante.
30
Emmanuel Raufflet,
Las paradojas del manejo forestal. La experiencia de Tlalmanalco
, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapala-
pa, Plaza y Valdés, 2005, p. 86.
Autoritarismo agrarista
Un breve ejercicio con estos supuestos lo encon-
tramos en las zonas boscosas que fueron dotadas
como núcleos agrarios en las décadas de los veinte
y los treinta del siglo XX. Para el caso de los bosques
se encuentran, por ejemplo, dotaciones en áreas fo-
restales y simultáneamente decretos de conserva-
ción. El Cofre de Perote es uno de ellos.
Con este tipo de políticas de reparto agrario y
conservación, se colocaba a los usufructuarios en un
gran dilema. En caso de cortar árboles, se les iden-
tiFcaba como infractores de la ley, al mismo tiempo
que al encarecer el recurso aumentaba su precio lo
cual redundaba en mayores presiones. Si bien al pa-
recer el daño sobre los bosques no fue signiFcativo,
la experiencia pone en evidencia las contradicciones
del manejo forestal.
±ue a partir de los años cuarenta cuando se es-
tableció el modelo de desarrollo urbano industrial
de sustitución de importaciones y es cuando la pre-
sión sobre el recurso silvícola se convierte en un
verdadero problema. Lo que nos muestra una con-
tradicción que sólo se explica con una lectura polí-
tica. Por un lado dar a los campesinos tierra y por
otro cumplir los planteamientos ecologistas. Son
tensiones entre usos diferentes, el de los deman-
dantes de suelo y el de los primeros grupos conser-
vacionistas.
Simonian señala sobre el establecimiento de los
parques nacionales, bajo la administración de Cárdenas,
con mayor frecuencia los criterios eran las vistas pano-
rámicas, el potencial recreativo y con menor frecuencia
el valor ecológico. Los parques incluyeron en muy con-
tadas ocasiones la totalidad de los ecosistemas, [.
..]
la tala de madera quedó excluida de los parques nacio-
nales. La pieza clave del sistema de parques eran los
bosques de coníferas de las zonas altas de la meseta
central [.
..] En las reservas, ni las personas ni los gru-
pos podían talar árboles sin autorización de la agencia
ambiental federal. Los mexicanos enfrentaron el desafío
de administrar los parques [en tanto que] generalmente
incluían zonas cuya propiedad no era del gobierno.
30
Esto muestra una contradicción no resuelta. Lo
que se está manifestando en el uso y apropiación
del recurso silvícola, resulta un caos de la que sa-
can ventaja los rapamontes, como se les denomina-
ba entonces, las autoridades corruptas y los dueños
de los aserraderos entre otros. Por otro lado, debe
considerarse seriamente el desconocimiento de uso
y manejo de la naturaleza de algunos núcleos agra-
rios, en el sentido de que fueron trasladados duran-
te el momento del reparto de tierras. No es un afán
conservacionista lo que se encuentra, es un desco-
nocimiento del manejo forestal.
Cuestiones Contemporáneas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
144
Autoritarismo urbano industrial
31
Ibid.,
p. 91.
32
Durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés.
33
E. Raufflet, o
p. cit.
34
N. Smith,
Uneven Development… op.cit.,
p
.
25.
El gobierno impulsó una participación racional,
cientíFca y empresarial de los bosques bajo la égi-
da del capitalismo de sustitución de importaciones.
Modelo que inició con la llegada al poder del presi-
dente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) y se esta-
bleció frente a lo que consideraba irracionalidad de
los usufructuarios.
La Ley ±orestal de 1940, estableció concesiones
a favor de grandes empresas denominadas
Unida-
des Industriales de Explotación Forestal(UIEF)
. Cabe
mencionar, una vez más, la forma autoritaria en que
fue impuesta esta ley según la cual los usufructua-
rios sólo debían vender la madera a estas empresas
concesionarias, al mismo tiempo que veían limitada
su participación en el sentido de sus recursos. Los
pagos por el uso del bosque, en este caso el corte
de madera, eran depositados en un fondo del Depar-
tamento Agrario. Por lo que se burocratizó y se cen-
tralizó el acceso a los recursos de los usufructuarios
formales que no reales.
Raufflet analizó el caso de la explotación en Tlal-
manalco en este periodo, y sostiene que el gobierno
no despojó a los ejidos de las zonas forestales. Pero
“al establecer un régimen de colaboración forzada,
restringió considerablemente el acceso del ejido a
los beneFcios económicos de su manejo”.
31
Al mis-
mo tiempo que con el decreto de 1947
32
se esta-
bleció un monopolio oFcial que formalmente obligó
a los ejidos a vender su madera a la Compañía San
Rafael, exclusivamente, de acuerdo con los términos
establecidos por la Secretaría de Agricultura.
33
De
este modo se colocaba en la ilegalidad otros usos
llevados a cabo por los usufructuarios. El mismo au-
tor sustenta que además los ingenieros forestales
nunca incorporaron a los campesinos a un sistema
de enseñanza aprendizaje, porque las relaciones en-
tre campesinos e ingenieros eran altamente jerar-
quizadas.
Así, se tiene que, aunque por ley los usufructua-
rios son los ejidos y las comunidades, éstos no te-
nían derecho a su uso y quienes podrían aprovechar
este recurso eran las empresas creadas formalmen-
te por el gobierno en turno, por lo que coincidimos
plenamente con lo que sustenta Neil Smith respecto
a la naturaleza:
El problema es que con el desarrollo de las clases so-
ciales, el acceso a la naturaleza se da de manera desigual
(tanto cualitativamente como cuantitativamente) de
acuerdo con la clase. La clase dominante, sea o no que
controle directamente los medios de producción, induda-
blemente controla el excedente apropiado de la naturale-
za a través del trabajo humano de otros, mientras la clase
trabajadora utiliza los medios de producción. Con la pro-
piedad de la tierra, el acceso desigual a la naturaleza se
presenta en una forma aparente, y únicamente adquiere
una dimensión espacial lo suFcientemente visible con la
separación entre la ciudad y campo.
34
Con ello se puede comprender por qué para anali-
zar a veces la condición de la naturaleza en un lugar
determinado, está relacionado estrechamente con la
demanda, las necesidades o la influencia de otras
escalas. No resulta suFciente observar los factores
locales para comprender las condiciones de la natu-
raleza. En este mismo sentido, al Fnal de este perio-
do también encontramos nuevos usos de la natura-
leza. El desarrollo cientíFco técnico de las empresas
farmacéuticas les permitió generar medicamentos
además de que el régimen autoritario facilitaba esa
apropiación, Gomezjara en 1977 escribió sobre los
bosques de Guerrero:
145
Alrededor de 1965-1966 llegaron unas gentes a
comprarnos el barbasco, una especie de bejuco que cre-
ce alrededor de los árboles, pero lo que interesa es el
camote. Desde antes lo usábamos como veneno para ir
a pescar camarón o peces, y también las comadronas
los utilizaban para provocar abortos: le llamamos
ma-
chacuana
. Llegaron a la asamblea de ejidatarios a pro-
poner explotar les vamos a pagar 30 centavos el kilo de
barbasco molido en una plantita que instalaremos aquí
mismo nos dijeron.
..En efecto el barbasco es la fuente
principal para extraer
diosgenina
, materia prima para
las hormonas esteroides, que comprenden más de 200
productos comerciales activos: estrógenos, anarógenos,
progestágenos, mineralcorticoides, glucorticoides, ant-
inflamatorios, anabólicos anovulatorios (anticoncepti-
vos), y diuréticos antagónicos de la aldosterona. Todo
esto se fabrica en el mundo desde 1945, con predomi-
nio de la diosgenina mexicana, que representa hasta el
60 por ciento de la producción mundial.
35
El autor va más allá y establece que, a partir de
1944, el industrial Licio Lagos, en unión con el doc-
tor Marker descubridor del vegetal, instaló dos plan-
tas para su procesamiento: Syntex y Proquina. Desde
entonces se convierte en la principal materia prima
vegetal para la elaboración de hormonas sintéticas.
A la vez que aumenta su producción, se multiplican
sus exportaciones e identiFca a las seis empresas
que controlan el mercado: Syntes (EU/±), Proquina
(±rancia), Steromex (Italia), Searle de México, BEI-
SA (EU) y Diosynt-Organon (Holanda).
36
Así se devela un espacio forestal apropiado y usa-
do por las empresas farmacéuticas. Los campesinos,
eran quienes extraían este tubérculo, pero bajo con-
diciones del desarrollo de las fuerzas productivas y
bajo un gobierno autoritario que no sólo facilitaba
el proceso de extracción sino que también atemo-
rizaba para que no pidieran mejores precios por la
extracción, además de mantener la permanente pre-
sencia del ejército en la zona.
37
De manera simultánea se generaron problemas de
tipo ambiental en diversas regiones del país,
38
pero
también se puede considerar que se estaba presen-
ciando las primeras Fsuras del régimen político en
combinación con el agotamiento del modelo desa-
rrollista.
35
±. Gómezjara,
op.cit
., p
. 175
.
36
Idem.
37
Idem.
38
Graciela
±lores Lúa, Luisa Paré y Sergio Sarmiento,
Las voces del campo movimiento campesino y política agraria
.
1976-1984
, México,
Siglo Veintiuno Editores, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales, 1988.
39
Héctor Robles y Luciano Concheiro,
Entre las fábulas y la realidad, los ejidos y las comunidades con población indígena
, México, Universidad
Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 2004.
Autoritarismo de transición al neoliberalismo
Se ha llamado a esta etapa (1970-1982) de au-
toritarismo de transición al neoliberalismo porque
si bien mantiene un discurso antisistémico, no ali-
neado ‘democrático’ y de solidaridad con las causas
populares también encontramos a un régimen re-
presor que hecha mano de las fuerzas armadas para
controlar los movimientos de resistencia, ya en los
espacios urbanos ya en los rurales, al mismo tiem-
po que entrega 2 003, 293. 37 de hectáreas
39
a los
demandantes de tierra, ya en zonas desérticas ya en
zonas sin agua, sin medios de comunicación para la
comercialización de la producción cuando la hay.
Al mismo tiempo que el gobierno intervenía a tra-
vés de instituciones paraestatales que cuentan con
inversión directa para fábricas productoras de pulpa y
papel, aserraderos y fabricas de triplay, así como ac-
ceso garantizado a insumos y mercado, también ge-
neraba asesoría técnica e infraestructura, generada
por la Secretaría de Agricultura, lo que demuestra la
gran intervención del gobierno en es este espacio.
Cuestiones Contemporáneas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
146
40
Con el calentamiento global, pareciera que todas las sociedades fuéramos igualmente responsables de esta situación. Sólo una anotación al
margen: la explosión de la bomba atómica, además de matar a 90,000 personas en dos horas, elevó la temperatura 300 grados Celsius en una
millonésima de segundo y una onda expansiva de 6 mil grados de calor carbonizó los árboles a 120 kilómetros de distancia. Ni qué decir de la
bomba de nitrógeno arrojada por los mismos Estados Unidos en el archipiélago de las Islas Marshall el 1 de noviembre de 1952.
Vid
., José María
Pérez Gay,
La supremacía de los abismos
, México, La Jornada Ediciones, 2006.
Esto coincide con la conclusión de algunas con-
cesiones que se encontraban en manos de empresas,
lo que por un lado, plantea la recuperación de los
bosques por los ejidatarios o comuneros, pero tam-
bién establece una clara intervención del gobierno,
a través de las estructuras de poder local, regional
de los bosques en México.
En ocasiones existen enfrentamientos entre los
ejidatarios y comuneros con grupos antagónicos, por
el uso del bosque. A los usufructuarios que podrán
hacer uso de sus bosques con las empresas privadas y,
en ocasiones, con los técnicos forestales, pero tam-
bién con las estructuras de poder local-regional de
la explotación silvícola, en las que en ocasiones se
identiFcan a algunos políticos locales y regionales.
Un elemento importante de considerar es la inter-
vención de presidentes municipales, diputados loca-
les y federales e inclusive militares en este proceso,
ya que bajo un régimen patrimonialista es frecuente
encontrar la intervención de burócratas como be-
neFciarios de estos procesos. Lo que precisamente
será uno de los elementos ideológicos y políticos
de mayor peso en el siguiente modelo económico.
Así, en este periodo, se establecen elementos acor-
des con el modelo autoritario populista, retiro de
las empresas privadas, recuperación de los bosques
por los locales, creación de empresas paraestatales,
posteriormente serán recuperadas estas acciones de
manera impecable y funcional al modelo neoliberal
como veremos más adelante.
El autoritarismo neoliberal
Esta etapa se inicia a partir de 1982; se impone
un discurso neoliberal, de competitividad, eFcien-
cia, productividad, flexibilidad, éxito, entre otros,
en que el Estado tiene por objetivo el abandono de
cierto sectores (social y económico) al mismo tiem-
po que facilita la intervención del capital en aque-
llos espacios de la economía que tenían límites, tal
es el caso del ejido y los bienes comunales. Las mo-
diFcaciones al artículo 27 constitucional en 1992
responden a esta lógica, en donde la naturaleza ro-
mántica no es ajena a ello, ya que puede ser inte-
grada a circuitos económicos del capital sin grandes
transformaciones materiales, pero sí de sentido.
Es en este contexto que se debilitó aún más a los
núcleos agrarios, en relación con otros actores del
espacio rural, los grandes empresarios que pretenden
una naturaleza de corte hegemónico, en donde una
vez más la naturaleza debe ser producida bajo otras
condiciones, pero con el mismo objetivo la ganancia.
Ahora los bosques son estratégicos por su capacidad
turística, recreativa o de ocio, como abastecedores de
tierra, agua, e insumos para la industria farmacéutica
y servicios ambientales, por ejemplo.
Esta última etapa es de gran riqueza para el aná-
lisis, el discurso ecologista y ambientalista se en-
cuentra sólidamente incorporado a la sociedad civil,
las visiones catastroFstas de lo que el hombre ha
hecho con la naturaleza es conversación frecuente,
se reparten culpas por igual.
40
La naturaleza prísti-
na regresa en algunos discursos, ya como horizonte
ya como objetivo cientíFco, mercadotécnico o como
añoranza, así como en las campañas publicitarias,
las luchas por el sentido de la naturaleza son llama-
das ecologistas o ambientalistas, se les denomina
apolíticas, pareciera que lo político las contaminará,
así se refuerza la antípoda sociedad (política)-natu-
raleza. Aquí se puede asociar una visión humanista,
lo que refuerza la idea apolítica, de la naturaleza.
No obstante, se establecen políticas impulsadas
no sólo por el Estado sino por organismos interna-
147
Cuestiones Contempráneas
cionales como el Banco Mundial, en las que la com-
petitividad, el éxito y la participación desde los lo-
cales resultan elementos fundamentales, además el
Estado se debe retirar de este proceso (como de mu-
chos otros), y se refuerza la libre competencia.
El espacio político nuevamente se evidencia no
solo por la presencia de estos actores formales, sino
también por aquellos informales de los que ya se ha
hecho mención, mismos que cobran gran importan-
cia cuando fungen como correa de transmisión de
un actor más poderoso en la escala superior, jerár-
quicamente establecida, bajo el régimen político en
cuestión y que se vuelven actores hegemónicos una
vez que cambian el modelo de desarrollo a neolibe-
ral acorde con un discurso de la transición política,
democracia, participación desde lo local, que tam-
bién encubre la competencia entre los locales, pre-
cisamente en un discurso de competitividad y éxito;
no de solidaridad y comunitarismo.
El modelo neoliberal tiene un bien elaborado
marco teórico que permite la integración, de los ac-
tores hegemónicos con un discurso de éxito, com-
petitividad, participación local, modernización, ca-
pital humano que permite su reinserción al manejo
forestal, al mismo tiempo que enfrenta a los núcleos
agrarios, lo que genera una gran tensión que se evi-
dencia en la presencia cada vez más frecuente de
movimientos denominados ecologistas o ambienta-
listas en el territorio nacional.
Este tipo de movimientos sociales mantiene un
discurso apartidista, que no apolítico, de no inter-
vención del gobierno (corrupto), lo que legitima
el abandono de política públicas al mismo tiempo
que facilita la competencia de los núcleos agrarios
(según su grado de competitividad) por recursos a
través de políticas asistencialistas; en donde el go-
bierno no da, los locales lo ganan. Para ello deben
demostrar su capacidad, sus habilidades organiza-
cionales y empresariales.
Así, la política asistencialista abona un campo
fértil, ya preparado desde sexenios anteriores, refor-
zando lo local, como escala de competencia y simul-
táneamente liberalizando al Estado de su responsa-
bilidad (intervensionismo estatista), se impulsa una
ideología competitiva, exitosa, ejemplo a seguir.
Y esto se refuerza con los apoyos brindados desde
instituciones internacionales: Banco Mundial (BM),
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ONGs.
Así se nos muestra esta totalidad metodológica, que
incorpora escalas articuladas, de lo local a lo global
pasando por lo regional y nacional, en donde el Es-
tado sigue siendo altamente funcional al capital; no
incorporarlo a los análisis, lleva al discurso local-
global, sin intermediación. Al mismo tiempo el dis-
curso empresarial, de competencia, productividad,
éxito, que excluye el discurso político, de derecho,
de ciudadanía y solidaridad.
Bajo este clima ‘apolítico’, es necesario generar
cambios que se dan en un espacio real, no metafó-
rico, sino en uno producto de relaciones sociales, de
luchas políticas, de intereses económicos y bajo un
desarrollo cientíFco técnico, en donde estos buró-
cratas representa al poder hegemónico, por lo tanto
está incorporada a un régimen político y en ese sen-
tido encontramos con frecuencia, aunque no siempre,
lo que Ostrom
41
deFne como la burocracia forestal de
corte autoritario que en México está concatenada con
el régimen político autoritario, emanado construido y
durante la década de los veinte y treinta, pero refor-
mulado, actualizado y de alta efectividad para incor-
porar a la naturaleza como lo demandan los actores
hegemónicos de escala mundial.
Es esta una de las vertientes en las que locali-
zamos conflictos que se maniFestan como ambien-
talistas o ecologistas, máxime en un régimen en el
que todo lo que suena a político está mal visto; por
el contrario, lo ambiental o ecológico parece remitir
a lo apolítico, lo no corrupto, lo natural así se re-
fuerza nuevamente un alejamiento de lo político, la
naturaleza es apolítica, porque es originaria, prísti-
na, se cierra el círculo de lo natural, desde el discur-
so oFcial, desde el autoritarismo neoliberal.
41
Ostrom en L. Merino Pérez,
op. cit
.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
148
De las tensiones y los conflictos
del capital turístico, recreativo, farmacéutico y de
servicios ambientales que demanda mayores trans-
formaciones espaciales, muchas de ellas materiales
(construcción de megaproyectos: presas, aeropuer-
tos, puertos, zonas turísticas, recreativas, comerciales,
deportivas), otras de uso (agua profundas y super-
Fciales, playas, bosques, selvas, fondo submarino,
espectro) y de propiedad (para turismo de aventura,
ecológico, cultural, folklórico), entre otros. En todo
caso esto plantea desplazamientos, despojos espa-
ciales y una alta fragmentación del territorio
42
de
ahí la importancia de la escala local, el lugar.
De la segunda es necesario hacer algunas consi-
deraciones a pesar de la existencia de un régimen
autoritario. Siempre ha existido inconformidad en
el uso hegemónico de la naturaleza, aunque conta-
ba con legitimidad en un principio ésta se fue ago-
tando con la conducta asumida por los gobierno en
turno desde Manuel Ávila Camacho. Si bien lo que
no existía en términos más evidentes era una orga-
nización, una alternativa a esa situación, como lo
sugieren los estudios sobre la transición desde re-
gímenes autoritarios
43
, es decir no sólo se deja de
tener legitimidad también en necesarios construir
alternativas para dar el paso hacia la democracia.
Este es el largo camino recorrido al que han con-
tribuido actores desde diversas esferas, no sólo lo
electoral, como nos quieren hacer creer. También
pasa por los partidos, así como la poco analizada vi-
da cotidiana que parece no importante e intrascen-
dente por inmediata en la producción del espacio, la
de la naturaleza, el locus de la vida.
La incipiente democratización de un México que
alza la voz, deja de intimidarse con el poder, sale y
reclama derechos, -algunos ‘apolíticos’ (ecologistas y
ambientalistas)- por el patrimonio intangible y el tan-
gible, es un desplazamiento hacia lo ‘apartidista’, que
42
David Harvey,
El nuevo imperialismo
, Madrid, Editorial Akal, 2003, pp. 111-140.
43
Adam Przeworski, “Algunos problemas en el estudio de la transición hacia la democracia”, en Guillermo O’Donnell,
Philippe Schmitter y Lau-
rence Whitehead (coords),
Transiciones desde un gobierno autoritario,
Buenos Aires, Paidós, 1994, pp. 79-135.
No podemos dejar de considerar algunas situacio-
nes que se encuentran relacionadas estrechamente
con esta esfera de lo político, el espacio y la natu-
raleza, la tensión en su proceso de producción, pe-
ro no como una perversión sino como un elemento
constitutivo de la segunda naturaleza, cuando esta
tensión se transforma en conflicto evidencia su atri-
buto político, a pesar de denominarse ambientalis-
tas o ecologistas (vale decir que el discurso oFcial
estigmatiza este atributo y alerta la politización del
problema).
Siguiendo la línea argumental de la naturaleza
producida bajo relaciones de poder por diversos ac-
tores, observamos que el régimen político mexicano
ha presentado transformaciones, la más evidente ha
sido la electoral, al ganar un partido diferente al
PRI; no obstante, esto no generó una transforma-
ción sustantiva de la esfera política, sin negar algu-
nos cambios.
Pero en términos generales, en el espacio rural
se ha mantenido la estructura de poder en términos
muy similares, el clientelismo, el autoritarismo, el
presidencialismo, al mismo tiempo que se ha man-
tenido el discurso neoliberal ya instaurado desde los
años ochenta.
Entonces, ¿qué es lo que ha cambiado en el es-
pacio rural? Desde esta perspectiva dos elementos
estructurales presentan la transformación: uno en
la esfera de lo político y uno más en la esfera de lo
económico que se articulan y dan explicación a es-
tas movilizaciones:
• La necesidad del capital de un uso diferente al
que se venía utilizando de la naturaleza, en una
lógica de compresión espacio-temporal.
• Una democratización real, participativa, auténti-
ca desde abajo, en las localidades.
De la primera, ya se ha abordado la necesidad
149
Cuestiones Contempráneas
no apolítico. Serán cada vez más frecuentes las voces
de protesta porque a esto se enfrenta el capital neoli-
beral, que requiere espacio para su reproducción:
• Tierra, suelo para construcción de mega obras:
aeropuerto (Atenco), clubs de golf (Tepoztlán),
puertos de gran altura. Industria de la construc-
ción e inmobiliaria.
• Agua para la agricultura comercial al mismo tiem-
po que se concesiona para su mejor administra-
ción; se desplazan el valor de uso y se consolida
el valor de cambio.
• Agua para generación de energía eléctrica, San
Juan Tetelcingo, La Parota.
• Bosques como suministro de insumos, ya para dar
servicios ambientales ya para reservorio farma-
céutico o como turismo en su vertiente ecologis-
ta, de aventura folklórico.
• Playas (turismo en sus diversas modalidades).
A cada uno de ello podemos asignar movilizacio-
nes populares o de la sociedad afectada en los úl-
timos tiempos en México. Pueblos nahuas del Alto
Balsas, Tepoztlán, Atenco, mujeres mazahuas, cam-
pesinos ecologistas, Parota, entre otros, dan mues-
tra del aprendizaje que los ha acercado a la esfera
de lo jurídico, antes casi impensable para los movi-
mientos sociales. En consecuencia, el tipo de régi-
men político en el país va más allá de los procesos
electorales y se tiene en los movimientos por el sen-
tido de la naturaleza, en un contexto de producción
espacial que demanda el capital, una línea de estu-
dio para conocer nuestro avance en una orientación
democrática.
Por ello se considera que aún en los espacios fo-
restales de corte comunitario, las relaciones de po-
der pueden ser autoritarias. La categoría comunita-
rio no excluye al poder, la tensión y al conflicto. En
ese sentido el trabajo sustentado por la antropóloga
Silvia BoFa,
44
es un magníFco ejemplo de la comu-
nidad de San Juan Nuevo, Michoacán. Esta experien-
cia describe como ejemplo a seguir por el manejo
forestal con amplios reconocimientos mundiales. Es
un espacio construido en un cruce de líderes ilus-
trados, políticas públicas, pugnas políticas, luchas
electorales, alianzas partidistas (priístas), así como
por el discurso de liberalización del campo mexica-
no donde son altamente funcionales los logros de
algunas comunidades como referentes de los éxitos
en un mundo global, por cierto, neoliberal. El libro
recupera el testimonio del dirigente indígena de la
organización nación purhépecha y director del In-
ternado Indígena de Paracho:
La angustia más importante que pasamos nosotros
al querer organizarnos fue cómo conseguir fuentes de
Fnanciamiento para la empresa forestal. Y aún buscán-
dolo y solicitando distintos apoyos no llegaban. Tuvi-
mos que analizar el caso de San Juan Nuevo y vimos que
para el gobierno era importante darle una imagen a la
empresa de San Juan.
.. ¿Por qué recibían aquellos apo-
yos? Porque en el momento de arranque del movimiento
nacional que apoyó a Cárdenas en 1988, quienes eran
autoridades en San Juan se mantuvieron en las Flas del
partido oFcial, aun sabiendo que no todos estaban de
acuerdo. Para nosotros era curioso ver hacia donde se
encaminaban los interese de la empresa de San Juan.
Para nosotros esto fue un impacto y lo tomamos con
mucha prudencia.
45
Para el caso mexicano, bajo el régimen priísta,
la estructura de poder rural se estableció a través
de los núcleos agrarios, articulados a una estructura
corporativa relacionada a la Confederación Nacional
Campesina (CNC). La forma de articulación de es-
ta gran red de poder en clave espacial es entonces
un proceso que está por realizarse, pero podemos
plantear algunas consideraciones necesarias que nos
permitan avanzar sobre la propuesta:
• IdentiFcar la forma de acceso a la naturaleza.
El acceso puede ser de forma consensuada o con-
flictiva.
• Dar seguimiento a la instauración de la estructu-
ra corporativa.
44
S. BoFll,
op.cit
., pp. 263 – 264.
45
Idem.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
150
Puede tener grados de conflictividad, siempre es-
tá presente la tensión.
• Valorar el grado de consolidación de un régimen
político.
• Observar el uso de la naturaleza (valor de uso y
valor de cambio).
Técnicos forestales introductores de innovacio-
nes (agrónomos, ingenieros forestales, etcétera).
• Analizar formas de negociación con actores polí-
ticos del régimen.
Formales: burócratas, políticos, líderes de cen-
trales campesinas, técnicos forestales dirigentes de
partidos.
Informales: caciques, guardias blancas, asesores,
organizaciones ciudadanas.
• Formas de relación con actores económicos.
Formales (CONASUPO).
Informales (coyotes, caciques, políticos, buró-
cratas).
Empresarios (farmacéuticos, turísticos, madere-
ros, muebleros).
Agroindustriales (floristas, comercializadoras de
agua).
Bancos.
Rentistas.
Con estos actores podemos empezar el análisis
del espacio forestal como espacio de poder, no sólo
porque ahí localizamos todos estos actores sino por-
que éstos están interesados en un tipo de naturale-
za, un uso de ella. Siempre en tensión, la producen
y con ello recrean el espacio rural. En su conjunto
están relacionados con intereses, cultura, nexos a
otras escalas, bajo una estructura jurídica que per-
mite, limita o prohíbe los usos de la naturaleza.
151
Cuestiones Contempráneas
46
A. Escobar,
op.cit.
Conclusiones
Es bien conocida la lectura neolmalthusiana de la
presión de la población sobre los recursos; como lo
sostiene Escobar,
46
cuando se menciona la “sobreex-
plotación” de los recursos como una de sus causas,
rara vez se explora en detalle qué la propicia y quién
se benefcia con ella.
Siempre han existido conflictos por uso, apropia-
ción, sentido de la naturaleza. Antes Fueron guerras
por recursos, generalmente entre Estados naciona-
les. Ahora en un contexto de globalización, el neo-
liberalismo opera de manera espacial altamente se-
lectiva sobre la naturaleza y la tensión se identifca
entre los núcleos agrarios (que es la organización
agraria de México) y los actores hegemónicos casi
siempre representados por sectores del gobierno en
cuestión. Estos actúan a Favor del capitalismo glo-
bal, constituido por empresas constructoras, turís-
ticas, de entretenimiento y tiempo libre, de control
de agua, Farmacéuticas, entre las más dinámicas.
En ese sentido, si observamos a la naturaleza
como una producción social, constituyente de un
proceso de producción espacial bajo un capitalismo
neoliberal, tenemos más elementos para compren-
der la condición de la naturaleza, los conflictos ac-
tuales y Futuros, así como las posibles salidas en un
régimen democrático o autoritario. La democracia
es un concepto que también se vive. Traspasa las
mínimas decisiones, la vida cotidiana, las relaciones
entre los hombres y mujeres reales en su espacio,
incluida la naturaleza.
Bajo el modelo capitalista observamos conflic-
tos que son sustantivos a los modelos de acumula-
ción que establecen Formas nuevas de apropiación
y uso de la naturaleza, lo que enFrenta usos ante-
riores. Ello plantea tensiones permanentes, pero las
Formas como se resuelvan quedan enmarcadas bajo
el régimen político en cuestión. Por lo tanto, la de-
mocracia, el autoritarismo o el totalitarismo, como
regímenes políticos van más allá de lo electoral. La
Forma de apropiación de la naturaleza también nos
permite identifcar el modo de dominación política
en un determinado país y puede dar elementos con-
cretos de ejercicio ciudadano.
Recibido el 1° de abril del 2008
Aceptado el 14 de junio del 2008
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