Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Perspectivas Teóricas
9
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
Objetivismo, constructivismo y las sociologías del riesgo
I
GNACIO
R
UBIO
C
ARRIQUIRIBORDE
*
Recibido el 11 de diciembre de 2010
Corregido el 7 de noviembre de 2011
Aceptado el 13 de noviembre de 2011
Resumen
A partir de una definición amplia de riesgo centrada
en las decisiones, se revisan en este artículo las pos-
turas objetivista y constructivista usando dos dis-
tinciones: vulnerabilidad, amenaza y riesgo y nivel
descriptivo y normativo de las evaluaciones; se ofre-
ce además una breve discusión de las limitaciones
presentes en los cálculos economicistas y técnicos,
así como del horizonte simbólico y moral inscrito
en los cálculos de riesgo. En el complejo marco así
abierto, se plantea que los conflictos asociados a
riesgos ambientales no pueden ser resueltos a partir
de la contrastación de evaluaciones, por lo que para
comprender el procesamiento social de las demandas
en el marco de sociedades plurales se requiere intro-
ducir la idea de justicia como un aspecto relevante.
Más que problemas de cálculo, los riesgos presen-
tan reclamos basados en valoraciones diversas del
vínculo sociedad-naturaleza y enarbolan nociones
de justicia que es preciso incorporar para entender
la naturaleza de los problemas, y la forma en que se
regulan las demandas y orientan las decisiones.
Palabras clave
: riesgo; objetivismo/constructivismo.
Abstract
Departing from a broad definition of risk based on
the decisions, the article reviews the objectivist
and constructivist positions using two distinctions:
vulnerability, threat and risk; and descriptive and
normative levels. It also provides a brief discussion
of the limitat ions of economic and technical calcula-
tions, and of the symbolic and moral horizon inscri-
bed in risk assessments. In such a complex frame, it
is suggested that conflict related to environmental
risks can not be resolved by contrasting assessments,
so to understand the social processing of claims in
the context of pluralistic societies is required to
introduce the idea justice as a relevant aspect of
the problem. Rather than computational problems,
the claims referred to risk are based on different
assessments of the link between society and nature
and of justice, introducing justice is thus necessary
to understand the nature of the problems, and to
provide ideas on how to regulate claims and to guide
decisions.
Key words:
risk, objectivism/constructivism
X
*
Universidad Autónoma Metropolitana, sede Cuajimalpa (
UAM
-
C
), Baja California, núm. 200, 5° piso, col. Roma Sur, México, 06700.
Doctor en Geografía por King’s College, Londres, Inglaterra. Es profesor de Tiempo Completo B en el Departamento de Estudios
Socioterritoriales de la
UAM
-
C
y coordinador del Diplomado en Ecología Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la Univer-
sidad Nacional Autónoma de México. Sus principales líneas de investigación son: desastres, problemas ambientales y organización social.
E-mail: irubio@correo.cua.uam.mx
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
10
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
C
omo sucede con la mayor parte de los concep-
tos de las ciencias sociales, el de
riesgo
es
profusamente usado en muy diversos ámbitos
por distintos agentes y con variadas intenciones. Su
difusión es tal que los problemas de riesgo se consi-
deran sintomáticos de la modernidad tardía. Riesgos
son a un tiempo consecuencia y causa de procesos
tan divergentes como creación de agendas políticas;
transformaciones tecnológicas y/o productivas o mo-
vilizaciones sociales. En estas circunstancias toda
apelación al riesgo exige clarificación y no sólo para
hacer un uso instrumental del concepto dentro de las
ciencias sociales, sino porque las controversias que se
dan en la dimensión social en su mayor parte se refie-
ren a discrepancias en cuanto a lo que éste término
indica e implica, es decir, el problema de definición es
consustancial a la idea de riesgo. Si entre los propó-
sitos de la teoría social se cuentan entender las orien-
taciones en la acción social y en los cambios en las
estructuras, así como descr ibir la forma en que emer-
gen temas, se crean arenas problemáticas y se proce-
san o solucionan conflictos, entonces es comprensible
que el riesgo sea un problema relevante. Sin embargo,
las ciencias sociales enfrentan preguntas que parecen
ser conflictivas entre sí: ¿qué es el riesgo? ¿Cuáles son
los riesgos? ¿Porqué y cómo la gente observa riesgos
de diversa forma? ¿Qué validez tienen los reclamos
asociados a riesgos? ¿Quién es responsable del ries-
go? Estos cuestionamientos suponen una tensión
epistemológica entre constructivismo y objetivismo,
dado que su respuesta depende sustancialmente de
que se tenga la opinión de que el riesgo se refiere a
una forma de ver las cosas, frente a otra que sostiene
que el riesgo es un asunto independiente de quién y
cómo se observe.
La oposición entre posiciones constructivistas y
objet iv istas del r iesgo trasciende las f ronteras discipli-
nares y de la misma academia y abre un espacio de de-
bate que no puede omitirse sin más. El presente trabajo
busca explorar este espacio, no con la pretensión de
tomar partido sino con la de describir el horizonte argu-
mentativo en él inscrito. En este sentido, no busca
establecer una definición taxativa del riesgo sino más
bien ofrecer un recorrido que parte de una posición
constructivista que asume que todo riesgo implica
una forma específica de entender, ordenar y calificar
los fenómenos asociándolos a decisiones. El texto
atraviesa, luego, los aportes que se han hecho desde
la antropología cultural –preocupada por el anclaje
simbólico de quienes enfrentan riesgos– para acer-
carse a la sociología de los desastres que ofrece un
marco específico de análisis de riesgo delimitado por
las nociones de amenaza y vulnerabilidad y que enar-
bola una postura objetivista del mismo.
Una aproximación sociológica al riesgo busca en-
tender las dificultades que emergen cuando la acción
y las decisiones colectivas dependen de algún tipo
de acuerdo o coincidencia entre agentes o sistemas.
En un nivel esto pasa por disectar y contextuar los
argumentos, y ordenarlos según algún esquema que
pueda contenerlos juntos como se hace al diferenciar
los contenidos normativos de los descriptivos en las
evaluaciones y observaciones de riesgo. También es
posible revisar alguna dimensión o elemento que sea
comúnmente apelado entre las diversas versiones,
donde los criterios del debate se transformen y se
den condiciones de entendimiento nuevas. Conse-
cuentemente, en la última parte de este trabajo se
explora la posibilidad que ofrece la noción de justicia
ambiental para este fin.
Introducción
Perspectivas Teóricas
11
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
Las preocupaciones contemporáneas sobre el riesgo
están vinculadas a procesos de cambio en la esfera de
la producción (como es el caso de los riesgos ecológi-
cos asociados con sustancias, prácticas y tecnologías
‘peligrosas’) y en las formas de entender y juzgar la
realidad. La vida hoy está plagada de riesgos que de
manera recursiva son descritos y evaluados en distin-
tos ámbitos sociales. En algunos casos, la objetividad
que se otorga a las evaluaciones propicia demandas
de monitoreo, control y atención por parte de las au-
tor idades y genera cambios normativos y tensiones al
interior y entre países. Al mismo tiempo, no son poco
comunes las disputas sobre tal objetividad de los
riesgos. Un buen ejemplo de esta situación ambigua
es la postura largamente sostenida por el gobierno
norteamericano sobre la falacia de los riesgos aso-
ciados con el calentamiento global. Tal postura tiene
sus raíces en un complejo entramado de intereses cor-
porativos y opinión pública;
1
de hecho, la creciente
presión civil e internacional para el reconocimiento
de los riesgos logró que la Suprema Corte de Estados
Unidos declarara, el 2 de abril de 2007, que el gobierno
federal sí tenía la autoridad para regular la emisión
de gases de invernadero ligados al calentamiento
global.
2
Con todo, la agencia de protección ambiental
(
EPA
, por sus siglas en inglés) tardó dos años más en
reconocer que los gases de efecto invernadero ponen
en peligro la salud y bienestar de los nor teamer icanos
y, por tanto, son un problema que requiere de acción
gubernamental.
3
El riesgo supone siempre una indeterminación en
las relaciones causales entre presente y futuro. La
semántica del riesgo cobra sentido sólo si el futuro
se presenta y entiende como contingente,
4
es decir,
cuando se asume que puede ser de una u otra forma
pero que en ningún caso es necesario que así sea. Esto,
a su vez, implica un aspecto recursivo dado que cada
coyuntura presente requiere nuevas evaluaciones.
Por lo demás, cada vez que el riesgo se transforma
en catástrofe (accidente o desastre) obliga a revisar
los cálculos, cuestiona su valor y a quienes tomaron
decisiones con base en ellos. Así las cosas, el surgi-
miento y generalización del riesgo pueden entenderse
como la extensión lenta y constante de una fisura
profunda en los fundamentos epistemológicos de la
racionalidad occidental.
5
Desde la Ilustración, junto
a la confianza en las capacidades de control racional
de la naturaleza y la sociedad, apareció un proceso
paralelo de acumulación de
restos
impredecibles o
improbables, de consecuencias no buscadas que en
un principio fueron adjudicadas a la falta de informa-
ción. Sin embargo, esta falta no desapareció con el
avance científico y la acumulación de conocimiento
instrumental, al contrar io, dado que los fundamentos
epistémicos de la ciencia moderna (criterios de verdad,
métodos de trabajo, objetivos de conocimiento) no
son cuestionados a la luz de las ambivalencias y de las
consecuencias no buscadas en un período de aumento
continuo en las exigencias de control racional dentro
de las organizaciones y centros de decisión, la acumu-
lación de
impredecibles
se exacerbó y paulatinamente
conquistó casi todas las esferas de la vida social.
Desde hace por lo menos tres décadas los problemas
que plantea el r iesgo han sido obser vados y discut idos
con profundidad por las ciencias sociales, atraídas por
la falta de acuerdos y la creciente demandas de eva-
1
Anthony A. Leiserowitz, “American Risk Perceptions: Is Climate Change Dangerous?”, en
Risk Analysis
, vol. 26, núm. 6, 2005.
2
Vid
. el caso judicial “Massachusetts
et al. versus
Environmental Protection Agency”,
núm. 05-1120, 2006-2007, en http://www.supre-
mecourt.gov/opinions/06pdf/05-1120.pdf.
3
Brad Johnson, “After Years of Delay,
EPA
Recognizes Global Warming Pollution Endangers ‘Health And Welfare’ Of American Public”, en
4
Vid.
Sheldom Krimsky y Dominic Golding (eds.),
Social Theories of Risk
, Londres, Routledge, 1992.
5
Para una aproximación general sobre el problema,
vid
. George Balandier,
El desorden. La teoría del caos y las ciencias sociales. Elogio de
la fecundidad del movimiento
, Barcelona, Gedisa, 1993.
La forma del riesgo
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
12
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
luaciones y diferendos asociados a ellas. El análisis de
riesgos resulta ser hoy la estrategia más racional para
enf rentar la incer t idumbre sin salir del marco de racio-
nalidad con arreglo a fines. Dada la generalización del
riesgo como forma para entender el futuro, o el sentido
de la acción en términos weberianos, Beck
6
afirma el
surgimiento de una
racionalidad con arreglo a riesgos
.
Este esquema implica que los
restos impredecibles
son
restituidos como límites del propio cálculo y afirma la
imposibilidad de la
seguridad total
. La energía nuclear
y sus dilemas ofrece un ejemplo clásico de este tipo
de racionalidad: el uso de cualquier tipo de energía
implica riesgos (aún cuando no sean todo riesgos de
tipo ambiental, por ejemplo riesgo de pérdida de com-
petitividad de una economía), sin embargo, aquello
que no puede preverse no se considera como parte del
riesgo mismo sino como horizonte más allá del cual
está la irracionalidad, la paranoia o la locura. Dentro
de este horizonte se considera que todos los riesgos
son equivalentes, que no hay necesariamente ninguna
opción segura y que, por lo tanto, la decisión entre
riesgos depende sólo de un cálculo de probabilidades.
Otros temas similares pueden serlo la contaminación
y el equilibrio ecológico, tan comunes que cualquier
ciudadano en Occidente tiene una opinión, postura
o creencia.
Aún cuando se declare que el control absoluto está
muy lejos del alcance humano, el cálculo de riesgos ha
ganado legitimidad en grado tal que se considera un
asunto de política de vida para millones de seres hu-
manos alrededor del planeta. Así, hoy en día se exige
a los indiv iduos al menos la conciencia de la existen-
cia de cier to número de r iesgos conocidos o estanda-
rizados, llegando al caso en que no tomar en cuenta
las probabilidades oficialmente aceptadas puede dar
lugar a la anulación de contratos (como puede su-
ceder en la esfera de los seguros con la omisión de
ciertas medidas de seguridad prescritas) o a sancio-
nes públicas. En el terreno de los problemas ambien-
tales –atravesados por una enorme complejidad con
imbricados e inciertos cambios en los ecosistemas–,
las aproximaciones más conservadoras del
statu quo
utilizan los análisis de riesgo como mecanismo para
encontrar soluciones óptimas desde el punto de vista
económico. Claro ejemplo de esto es la puesta en
marcha de mecanismos financieros como estrategia
óptima para atender y reducir los riesgos producidos
por el calentamiento global, tal como los mercados
de carbono, por ejemplo.
Como obser va Corona, el acento en lo ópt imo pue-
de dar lugar a soluciones restrictivas más que pro-
gresivas (en términos del descubrimiento de nuevas
acciones posibles):
Así, las soluciones provenientes de la economía con-
vencional del ambiente y de recursos naturales son
óptimas, por lo general. Por una parte, no se plan-
tea ninguna verdadera restricción que exprese las
exigencias de la reproducción ecológica o de altruis-
mo (equidad intra e inter generaciones). Por la otra,
se supone que los agentes económicos poseen una
informac ión per fec ta para la toma de dec isiones. En
efecto, no tiene lugar allí la incertidumbre no pro-
babilizable, en particular porque la irreversibilidad
está ausente.
7
[....
] El riesgo, contrariamente a la
incertidumbre, es probabilizable.
8
A pr incipios de la década pasada, Luhmann
9
indicó que
los problemas sociológicos más relevantes en relación
con los riesgos derivaban del hecho de que éstos su-
6
Ulrich Beck, “Teoría de la sociedad del riesgo” en Josetxo Beriain (comp.),
Las consecuencias perversas de la Modernidad. Modernidad,
contingencia y riesgo
,
Barcelona, Anthropos, 1996.
7
La irreversibilidad se refiere al hecho de que los cambios operados en un ecosistema no pueden ser revertidos, es decir, no se puede
volver a la situación inicial deshaciendo la cadena de decisiones, lo que sí es válido en el marco de la economía clásica en tanto siempre es
posible retirar las inversiones o cubrirse con una póliza contra riesgo y así restablecer el equilibrio de partida, al menos en el ámbito del
mercado.
8
Alfonso Corona Rentería,
Economía ecológica,
México,
UNAM
, 2000, p. 94.
9
Niklas Luhmann,
Sociología del riesgo
, México,
UIA
/
U
d
G
, 1992.
Perspectivas Teóricas
13
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
ponían siempre una probabilidad de daños asociada
a un grupo de decisiones. Esta perspectiva introduce
el problema de la comunicación e interacción como
eje central en el procesamiento social de la incerti-
dumbre. El riesgo surge en tanto ciertas situaciones
de peligro son asociadas a las decisiones propias o
ajenas, y sólo en la medida en que dicha conexión
sea establecida por el agente que se estudia, siendo
esta conexión de sentido la que permite distinguir el
riesgo de peligros fortuitos. Esto no implica que quien
observa o se conduce en consideración a un riesgo
deba hacer el cálculo “se puede informar mediante los
medios masivos o por informes del gobierno o de las
empresas”, lo que se señala, más bien, es la necesi-
dad de que exista el reconocimiento de que
la situa-
ción puede ser otra siempre y cuando se modifiquen
las decisiones.
De manera general, entonces, se llama riesgo a
la posibilidad de que en el futuro se presente un re-
sultado adverso, en el marco de condiciones especifi-
cables, producto de la
decisión
de seguir uno entre
otros cursos de acción posible. De aquí se desprende
que el riesgo no es un hecho material existente ahí
afuera y esperando a ser estudiado, sino que es el
producto de la observación y evaluación de algún
sujeto, sea éste individuo, institución, organización
civil, gobierno u otra entidad capaz de establecer
algún tipo de relación causal entre una actividad
presente y sus consecuencias, es decir, de proyectar
en el futuro. El valor de tales observaciones es, sin
embargo, problemático. Se puede sostener que la po-
sición de Luhmann es de un fuerte constructivismo a
partir del cual una pregunta fundamental es ¿quién y
desde dónde se evalúan los riesgos? Alternativamente
existe también una posición objetivista que declara
que se trata de un asunto que, dado el estado actual
de los problemas, existe concreta,
realmente
. En el
plano de la teoría social, esta posición es la sostenida
por Beck,
10
mientras que, en relación a la elaboración
de evaluaciones empíricas, destaca la sociología de
los desastres la cual, en algunas de sus formulacio-
nes más tardías, llega a plantear que los desastres no
son más que riesgos materializados.
La distinción entre posiciones constructivistas y
objetivistas en las ciencias sociales no es privativa
de los problemas de riesgo, pero aquí cobra una rele-
vancia política central en cuanto existen demandas
que exigen tomar postura a los ciudadanos, gobiernos
y organizaciones, es decir, da pie al conflicto. Para
estudiar este proceso, Lezama distingue entre lo que
llama sus dos aspectos “más esenciales: 1) el riesgo
ambiental como forma de conocimiento socialmente
producido y 2) el riesgo ambiental y el proceso social
de su incorporación al bienestar”.
11
El primer término
puede referirse a la posición constructivista mien-
tras el segundo al momento en que los riesgos son
objetivados y, por tanto, requieren reconocimiento
público. El problema puede plantearse también en
términos de la distinción entre observaciones de pri-
mer y segundo orden. Si bien el contraste parece
resultar en posiciones antitéticas un paneo sobre
algunas de las corrientes de reflexión sociológicas
centradas en el riesgo da cuenta de una complejidad
y riqueza conceptual que no con facilidad puede
esquematizarse.
12
10
Vid
. Jeffrey Alexander, “Ciencia social y salvación: sociedad del riesgo como discurso mítico”, en
Sociología cultural. Formas de clasifi-
cación en las sociedades complejas,
Barcelona, Anthropos, 2000.
11
José Luis Lezama,
La construcción social y política del medio ambiente
, México, Colmex, 1999, p. 147.
12
Vid
. Deborah Lupton, “Sociology and Risk,” en Gabe Mythen y Sandra Walklate (eds.),
Beyond the Risk Society:
Critical Reflections on Risk
and Human Security,
Nueva York, Open University Press, 2006.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
14
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
Desde un punto de vista objetivista, es de suma im-
portancia producir evaluaciones fiables del riesgo.
En cuanto a esto merece aquí especial atención lo
que de forma general se puede llamar sociología de
los desastres. En esta corriente se ha desarrollado
un concepto de riesgo asociado con la ocurrencia
de accidentes y desastres de diverso tipo incluidos
aquellos que tienen que ver con la operación de la
industria, el desarrollo y aplicación de tecnología.
El riesgo aquí aparece como el resultado de la pro-
babilidad de que ocurra un fenómeno destructivo
en un entorno vulnerable, es decir, con limitada
capacidad estructural y material de respuesta. Tan-
to la amenaza (referida a la probabilidad) como la
vulnerabilidad (concerniente a la posibilidad) son
procesos variables y multidimensionales. Ambos
involucran elementos materiales como lo pueden
ser el suelo, el equipamiento urbano o el control de
los afluentes de diversos ríos pero dependen además
de la existencia de planes o estrategias de inversión
y desarrollo, de la existencia de mecanismos que
posibilitan la socialización de decisiones y
,
si es
necesario, la imposición de las mismas.
13
La definición de riesgo que proporciona la socio-
logía de los desastres, además de permitir evaluar
riesgos desde una perspectiva de primer orden, puede
ser utilizada como un esquema para abordar las acti-
tudes públicas en torno a los riesgos, es decir, para,
desde una perspectiva de segundo orden, estudiar las
evaluaciones hechas por otros, especialmente por los
diferentes afectados. Siguiendo esta línea se presen-
tan dos cuestiones impor tantes para analizar la acti-
tud pública frente a riesgos: a) La percepción de las
amenazas (cuáles, cómo están calculadas, qué cono-
cimiento se tiene de ellas, dónde radica su potencial
destructivo, qué confianza existe en la evaluaci-
ón de la amenaza). b) La evaluación de la vulnerabili-
dad (qué capacidad de resistencia se cree que existe,
presencia de organizaciones civiles, relación con las
autor idades polít icas, t ipo de mecanismos para par t i-
cipar en la toma de decisiones, acceso a mecanismos
de aseguramiento).
Entre las principales ventajas de la definición de
riesgo de la sociología de los desastres está la distin-
ción entre amenazas y riesgo. En general es común
que se confunda la probabilidad de ocurrencia de un
fenómeno (amenaza) con el riesgo y este último sea
considerado al margen del contexto social y espacial
del impacto. La distinción entre amenaza y riesgo
permite encontrar el diferencial social que hace que
el r iesgo var íe –y por tanto la magnitud de accidentes
y desastres– entre grupos o comunidades enfrentados
al mismo t ipo de amenazas en tanto una par te relevan-
te del problema tiene que ver con la vulnerabilidad.
Amenazas y vulnerabilidades no deben entenderse
como aspectos ‘naturales’ y ‘sociales’ del riesgo, sino
como una diferenciación analítica entre las condi-
ciones que dan lugar y determinan la presencia de
fenómenos dañinos y las condiciones con las cuales
dichos fenómenos se articulan. Ninguno de estos dos
aspectos por sí mismo es el riesgo sino siempre la
articulación de ambos.
La aproximación sociológica al riesgo contempla
también la naturaleza no lineal del mismo, en contras-
te con las evaluaciones economicistas o actuariales en
donde el riesgo se presenta como la probabilidad de
un suceso dado (pérdida de ganancia, accidente) en un
contexto más o menos estable (por ejemplo el mercado
de materias primas o la dinámica de transporte de
una ciudad). Mientras que en un cálculo puramente
13
Vid
. Elizabeth Mansilla (ed.),
Desastres: modelo para armar. Colección de piezas de un rompecabezas social
, Lima, La Red, 1996; Omar
Darío Cardona, “La necesidad de pensar de manera holística los conceptos de vulnerabilidad y riesgo. Una crítica y una revisión necesaria
para la gestión”, ponencia presentada en el
International
Work Conference on Vulnerability in Disaster Theory and Practice
, llevado a cabo en
el Centro de Estudios sobre Desastres de la Universidad de Wageningen, Países Bajos, el 29 y 30 de junio de 2001 (documento disponible
Sociologías del riesgo: objetivismo y constructivismo
Perspectivas Teóricas
15
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
económico los encadenamientos de circunstancias o la
imposibilidad de volver a la situación inicial no forman
parte de la
comprensión
del riesgo, para la sociología,
dada la imposibilidad de segur idad total, en todo aná-
lisis o cálculo de riesgo van implicados márgenes de
error (consecuencias posibles más que probables) y la
magnitud de dichos márgenes incide indudablemente
en las decisiones. El cálculo o, con mayor precisión, el
entendimiento social del riesgo habla de un proceso
complejo y bifurcante mejor descrito como un bucle
que como una línea recta entre una decisión presente
y una circunstancia futura. Asimismo, a cada resultado
posible puede corresponder una diferente distribución
del riesgo, una distribución heterogénea de costos y
beneficios que, a su vez, dan lugar a consideraciones
técnicas o políticas. Así, la aproximación sociológica
al riesgo no sólo se previene de las fallas que la evalua-
ción probabilística contiene –los
restos impredecibles
inscritos en el cálculo mismo, lo que no se toma en
cuenta–, sino que asume que la importancia y tipo
de fallas y consecuencias previstas dependen más del
curso de acción que de la evaluación misma.
14
En cuanto a los sistemas tecnológicos, Perrow ha
demostrado que la evaluación de la amenaza es un
proceso complejo y depende no tanto de la precisión
y número de variables sino de la estructura general
de cada sistema bajo observación.
15
El grado de aco-
plamiento entre las partes del sistema (altamente
integrado –por ejemplo, plantas nucleares– o suelto
–como la industria automotriz); el número, tipo y
momento de la participación humana en el proceso;
la presencia de autoridades y la estructura de toma
de decisiones dentro del sistema, son variables to-
das que al margen de determinar la probabilidad en
términos de número de incidentes posible sobre un
determinado t iempo, indican la propensión del siste-
ma a fallar dentro del marco de su operación normal
y no como el producto de una posible disrupción
accidental. Finalmente, queda un componente que
no puede ser introducido en el cálculo del riesgo: la
valoración de las consecuencias, del tipo de daño
prescrito por el mismo cálculo. Los científicos pueden
confiar en que han dado cuenta del riesgo objetivo,
pero en la dimensión social eso es sólo el principio
del problema.
El conjunto de conocimientos y actitudes o pa-
trones de acción estandarizados implícitos en las
evaluaciones de riesgo pueden enmarcarse mediante
el amplio término
cultura
. Los valores y las formas de
solidaridad social que permiten la existencia con-
tinuada de entidades sociales, los marcos axiológi-
cos y clasificatorios compartidos se encuentran todos
relacionados con las formas en que dichas entidades
interpretan y actúan frente a los riesgos. La referencia
a estos elementos resulta insoslayable cuando se trata
de entender las actitudes públicas frente al riesgo,
problema cada vez más relevante en la actualidad pero
que, como problema político propiamente dicho tuvo
su origen temprano en el rechazo público y crecien-
te al uso de la energía nuclear. La pregunta central
que impulsó en un principio la investigación sobre
riesgos en ciencias sociales fue entonces ¿cuál es la
cantidad de riesgo aceptable para un determinado
grupo de individuos?
Dar respuesta a esa pregunta implicaba conocer
fundamentalmente los mecanismos y las actitudes
que los individuos presentaban para “seleccionar” los
riesgos, interpretarlos y guiar su conducta en conse-
14
Un ejemplo clásico de este asunto es el caso de una planta nucleoeléctrica. Es posible calcular la probabilidad de falla en la operación
de la misma –en general se plantea como de una en mil años– tomando en cuenta una serie de variables controladas y vinculadas con el
funcionamiento de los reactores y sus operadores (automáticos y/o humanos). Sin embargo, dada la naturaleza no lineal de los riesgos existe
una enorme cantidad de problemas que inciden directamente en la probabilidad a sufrir un desastre tecnológico que no están relacionados
con la potencial falla de la planta sino con el contexto social en que se encuentra inserta. Así, la presencia de autoridades interesadas en el
bien común, el desarrollo de infraestructura para la atención de emergencia, la información y participación de pobladores y trabajadores en
cuanto a la operación de la planta, el tipo de producción que se lleve a cabo en las zonas aledañas, en suma lo que se puede llamar estructura
de vulnerabilidad, son todos factores de riesgo que no inciden ni dependen de la probabilidad de una falla en la planta pero que inciden en
el riesgo que la operación de la misma implica en el contexto social.
15
Charles Perrow,
Normal Accidents. Living with High-Risk Technologies
, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1999.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
16
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
cuencia. Para lograr esto el paradigma metodológico
más socorrido es el del actor racional mismo que ha
proporcionado aserciones como las siguientes:
El conocimiento público de los riesgos es limitado; los
individuos sobrestiman de forma caprichosa algunas
categorías de riesgo y subestiman otras; el público
tiende a sobrestimar peligros vinculados a sucesos in-
frecuentes y a subestimar los eventos comunes; en los
contextos familiares el individuo hace una estimación
muy aproximada de los riesgos reales; los individuos
tienden a ser optimistas acerca de las probabilidades
afectadas por su propia conducta frente a aquellas que
se derivan de la conducta de otros.
16
Estos resultados ofrecen un panorama sobre los tér-
minos en que los sujetos sopesan frente a riesgos pero
no dan respuesta a cuestiones fundamentales sobre
cómo se generan los valores subyacentes ni en qué
medida y cómo son generalizables. Así las cosas, los
estudios sobre percepción del riesgo se ven limitados
por su descripción de los sujetos como entidades ra-
cionales guiadas por el interés propio entre una serie
de riesgos objetivos concebidos siempre dentro del
marco de la reducción matemática. Esta perspectiva
inhibe la posibilidad de tender puentes entre los pro-
blemas asociados con la convivencia diaria con diver-
sidad de riesgos y el marco de relaciones sociales que
limita y a la vez sostiene la acción de los sujetos y,
además, hace caso omiso del hecho de que los acto-
res sociales obtienen la mayor parte de la informa-
ción con la que operan y deciden de ese marco. Un
intento ampliamente conocido de avanzar sobre estas
limitaciones fue el trabajo de Douglas, pionera en
el estudio de las bases culturales del riesgo, quien
indagó las relaciones entre riesgo y cultura, esta
última definida como
[…] la colección, públicamente compartida, de prin-
cipios y valores en un tiempo cualquiera para justificar
una conducta. Dado que la conducta humana es canali-
zada en inst ituc iones públicas, los pr inc ipios y valores
mantienen las formas de vida institucional. Puesto
que esta vida tiene lugar en un entorno determinado,
con unos recursos físicos concretos, técnicas de ex-
plotación y presiones públicas, la cultura de un tiempo
y un lugar habla a favor de las soluciones actuales a
cuestiones políticas y ambientales. En un sentido
fuerte, representa los múltiples análisis de costo-be-
neficio que equilibran todos los intereses de los indivi-
duos como agentes que dependen de las decisiones de
otros. En este sentido cultura corresponde al sentido
que el individuo tiene de entorno social, de confron-
tación y de apoyo a la par, en el que él tiene que luchar
por sus intereses y luchar a favor de la comunidad y
en nombre de ella.
17
El marco metódico para estudiar la sensibilidad fren-
te al riesgo propuesto por esta antropóloga estaba
referido al esquema red/grupo, es decir, asociaba las
percepciones a la forma de integración social de los
individuos y terminó ofreciendo una visión sectaria
del riesgo que indicaba que la preocupación por los
riesgos medioambientales aparece preferentemente
en grupos periféricos organizados sobre la base de
grupos antes que de red, mientras que la difusión
del interés se basaba en consideraciones individua-
listas y egoístas de costo/beneficio del conjunto de
la población. Estas conclusiones resultaron poco
útiles para explicar no sólo la difusión sino el incre-
mento en los temas de riesgo, mientras que, a nivel
teórico, los saltos entre posiciones culturalistas y
racionalistas no consiguieron establecer un marco
coherente y fructífero de trabajo.
Los problemas que enfrentó la teoría cultural del
riesgo no implican que no haya calado la idea de que
la cultura es el marco de referencia según el cual los
actores piensan y actúan en relación a los riesgos,
es decir, establecen relaciones significativas entre las
amenazas y vulnerabilidades. De este planteamiento
16
Mary Douglas,
La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales
, Barcelona, Paidós,1996, p. 46.
17
Ibid
, p. 108.
Perspectivas Teóricas
17
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
se desprenden dos consideraciones relevantes. La
primera y más amplia tiene que ver con el horizonte
simbólico regulador de la distinción entre lo bueno
y lo malo, la pureza y la contaminación, la salvación y
la perdición:
Con la emergencia de las sociedades científicas,
tecnológicas e industriales, la amenaza terrorífica de
la muerte prematura por enfermedad ha sido neutra-
lizada por un prolongado espacio de tiempo, pero la
experiencia humana de la angustia y riesgo no se ha
mitigado. En un mundo de periódicas transformacio-
nes sociales revolucionarias, guerras devastadoras y
horrores ecológicos, subsiste una enorme motivación
para continuar aliviando y explicando el sufrimiento
por medio de la construcción de mitos simbólicos,
muy cargados de significado y cognitivamente sim-
plificados, si bien tales ideologías “religiosas” se
construyen bajo formas metafísicas.
18
El abuso –más aún en el negocio que hacen los medios
masivos y algunas agencias del riesgo– encuentra
parte de su anclaje en una angustia existencial cuyos
fundamentos y ramificaciones deben ser estudiados.
En un segundo término, las formas de codificación
de los objetos físicos y las prácticas sociales guardan
relación con los mecanismos instituidos de transmi-
sión de conocimiento. Los individuos en la sociedad
moderna parecen ser menos capaces de determinar por
sí mismos (a partir de relaciones con copartícipes, con
quienes se comparte el espacio cotidiano), lo que es o
no significativo.
19
En relación con los riesgos esto es
importante porque señala una fractura entre lo que
culturalmente está codificado como importante (y por
tanto mantiene una serie de prácticas que lo reprodu-
cen) y las evaluaciones expertas del riesgo. La relativa
autonomía para la selección de riesgos se puede arti-
cular además con la idea de colonización del mundo
de la vida y la imposición sistémica del riesgo tanto
objetivamente (en la imposición de agendas políticas
para enfrentar riesgos presuntamente colectivos o
globales) como en cuanto a la forma de evaluar las de-
cisiones. La individualización del riesgo y la responsa-
bilidad es un derivado de esto. Aquí también la explo-
tación que hacen los medios de comunicación de las
grandes catástrofes y la focalización de la atención pú-
blica sobre amenazas grandiosas y lejanas del contexto
cotidiano, irrumpen o interfieren en la comunicación
y debilitan o mediatizan la capacidad para identificar
amenazas y vulnerabilidades que afectan a los sujetos
de manera directa y diaria, capacidad necesaria para
enfrentar y resolver satisfactoriamente problemas de
riesgo.
Una postura integradora entre el objetivismo y
el constructivismo deriva del análisis de Renn quien
distingue entre niveles descriptivos y normativos del
riesgo.
20
En cuanto descripción, aquel que actúa según
alguna idea de riesgo busca ajustar su comportamiento
a una realidad donde es posible encontrar y manipular
relaciones complejas de causalidad y admite que el
futuro no está sujeto a ninguna clase de fuerza sobre-
natural. En este sent ido, toda noción de r iesgo guarda
alguna concordancia con un mundo de alguna forma
autónomo y regular. Para el caso de la teoría econó-
mica, por ejemplo, los cálculos de riesgo parten de la
presunción de un agente racional que en cada decisión
busca invariablemente el mayor provecho económico
para sí o también se parte de un universo que tiene
la forma de un mercado que tiende invariablemente
hacia el equilibr io. La existencia de este t ipo de agen-
te o de mercado puede ser cuestionada y su presencia
dentro de los cálculos objetivos debe entenderse en
el marco de esta construcción del mundo que precede
o sustenta cada evaluación de riesgo. Por otra parte,
cada riesgo contiene también un aspecto normativo
que distingue entre conductas riesgosas y/o seguras y,
por extensión, buenas o malas que, como se mencionó
ya, depende del horizonte significativo y simbólico que
18
J. Alexander,
op. cit
., p. 17.
19
Alfred Schütz,
La fenomenología del mundo social. Introducción a la sociología
comprensiva
, Buenos Aires, Paidós, 1966, p. 127.
20
Ortwin Renn, “Concepts of Risk: A Classification,” en Sh. Krimsky y D. Golding,
op. cit
.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
18
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
orienta a los actores sociales. Los conflictos entonces
se dan en torno a las descripciones de la realidad a
partir de las cuales se realizan las evaluaciones (es
decir la forma en que se realiza el cálculo, lo que que-
da dentro y fuera de él, el tipo de afectación evaluada)
y contienen además ideas de justicia referidas no sólo
a los daños sino también a su posible distribución.
Las distinciones entre amenaza, vulnerabilidad
y riesgo, así como entre sus contenidos descrip-
tivos y normativos, permite ordenar el análisis de
los problemas pero sugiere, sobre todo, que un ele-
mento relevante tiene que ver con la justicia como
reguladora del potencial conflictivo. En la medida
en que el mundo y la propia vida sean vistos como
predeterminados se reduce la posibilidad de tomar
decisiones en función de los riesgos que estas su-
ponen; al mismo tiempo, hay más disponibilidad a
aceptar riesgos impuestos por otros si se piensa que
‘así es la vida’, que ‘así funciona el mundo’ o cosas
por el estilo. Hoy, sin embargo, estas posturas no
están tan generalizadas. Nociones sobre reciproci-
dad, solidaridad, conductas sancionadas, aspectos
u objetos importantes que merecen protección son
fundamentales aquí. “La cognición de peligros y la
elección de los individuos ante determinados riesgos
tiene más que ver con ideas sociales de moral y de
justicia, que con ideas probabilísticas de costes y
beneficios en la aceptación de los riesgos.”
21
Es así que para observar algo como un riesgo no
se requiere contar con los datos sobre las probabili-
dades evaluadas según estrictos criterios matemá-
ticos; es más, para influir en las decisiones –tanto
de organizaciones como de individuos en general–
tales probabilidades (por ejemplo, los informes de
la ciencia) suelen simplificarse o asociarse (como
el hecho de que es más riesgoso viajar en autobús
una vez que cien en avión) a otras decisiones que
impliquen –aun cuando esto sea completamente ar-
bitrario desde cualquier otra perspectiva– un mismo
‘nivel de riesgo’; se requiere entonces tan sólo que la
distinción entre riesgo y peligro pueda aplicarse, es
decir, que se pueda establecer una relación causal
entre acciones y probabilidades de daño.
22
Asimis-
mo, los marcos culturales orientan la valoración de
los actores e intervienen en la aceptación o rechazo
del riesgo proponiendo distinciones entre pureza y
contaminación, interior y exterior, bueno y malo.
Finalmente, el asunto involucra la disposición de
información, su tipo, las fuentes de donde proviene,
etcétera, pero adquiere de inmediato un tinte político
en cuanto forma parte del debate sobre los derechos
y valores ambientales y participa en el diseño de
programas de desarrollo impulsados desde diversas
instituciones sociales.
21
M. Douglas,
op. cit
., p. 14.
22
Esto es importante porque tiene que ver con las disputas sobre el problema de la cuantificación que en algunas áreas del conocimiento
se exigen para reconocer la existencia de un riesgo (le economía, las ingenierías o hasta la propia política); lo importante aquí, una vez
más, es la adjudicación, o posible adjudicación, a un grupo de decisiones o una serie de derivaciones dañinas para el que observa.
La observación de riesgos ambientales depende de
una diferenciación anterior entre la sociedad (lo or-
denado) y su entorno (lo fortuito), de donde se sigue
que la diversidad de evaluaciones de riesgo se pue-
de relacionar con las variables y hasta contrastantes
formas en que la distinción entre lo que es o forma
parte de la sociedad y lo que es o forma parte del en-
torno
natural
. Las variables observaciones del riesgo
ponen en evidencia diversas comprensiones de la
naturaleza misma, incluyendo por supuesto a los pro-
pios científicos sociales y a los tomadores de decisio-
nes. Allí donde la sociología de los desastres observa
riesgos susceptibles de ser mitigados mediante el
desarrollo de proyectos que modifiquen las condicio-
nes de vulnerabilidad de las poblaciones, los voceros
oficiales hablan de peligros naturales o de la actitud
Riesgo, naturaleza y justicia
Perspectivas Teóricas
19
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
obstinada de la población a pasar por alto las condi-
ciones de riesgo que impone el ambiente.
La proliferación del riesgo hace evidente que en la
sociedad actual existe una noción diferenciada de na-
turaleza. Desde el punto de vista constructivista, es
decir, el de las obser vaciones, la naturaleza está frag-
mentada en el ámbito del conocimiento por la prolife-
ración de parcelas y la multiplicación de evaluaciones
expertas. Es ejemplar aquí, en el ámbito de las ciencias
sociales, la distancia entre la noción de naturaleza
presentada por los economistas neoclásicos de aquella
que defiende la ecología política: la economía presen-
ta un universo dividido entre recursos apropiables de
manera privada y la existencia de ‘bienes comunes’
que, por no contar con valor de cambio en el mercado
son sujetos a una explotación extrema o irracional;
por su parte, para la ecología política el ambiente se
encuentra inmerso en y condicionado por la red de re-
laciones de poder presentes en la(s) sociedad(es), por
lo cual, los problemas ecológicos son en principio con-
flictos políticos y la naturaleza aquí aparece filtrada
por una estructura social signada por problemas de
desigualdad y opresión; es esta naturaleza, primaria-
mente, un ámbito de disputa.
23
Por otra parte, desde
el punto de vista objetivista, también emerge una
noción de naturaleza diversificada en función de los
actores que intervienen en la generación/produc-
ción y/o que soportan la carga de los riesgos de que se
trate, ya sea que vivan en las ciudades o en el campo,
que pertenezcan a comunidades o grupos excluyentes
o que se adscriban a categorías más abarcativas como
pueden serlo la clase social, la profesión o el género
entre otras distinciones posibles.
En el marco de sociedades diferenciadas, la posi-
ción y validez que se otorga a cada ‘visión’ o postura
sobre la naturaleza varía en el eje del mecanismo de
diferenciación dominante (la posición en el mercado
o en la producción, aunque también podría serlo el
género o la edad por ejemplo). Aún así, la apelación a
la democracia como pr incipio rec tor del orden polít ico
en la modernidad contemporánea abre la posibilidad
de que nociones u observaciones de riesgos no auto-
rizadas por la ciencia y/o antagónicas al
status quo
reclamen para sí validez en el marco de la toma de
decisiones que afec tan al conjunto o a segmentos de la
población. Este asunto se vuelve especialmente rele-
vante en Estados multiétnicos donde la distinción so-
ciedad/entorno es un marcador identitario relevante
y donde los pueblos detentan cosmovisiones, valores,
formas de entender la v ida social y su ar t iculación con
la naturaleza diferentes a la que se imponen desde
los mercados y el estado nacional. En algunos casos,
estas cosmovisiones ofrecen descripciones del mundo
en cuyo eje no está el individuo sino la comunidad,
así como invocan marcos normativos desfasados de
los principios liberales. Cobra aquí importancia el
señalamiento de Toledo en cuanto a la existencia, en
el caso mexicano, “de dos tipos paralelos de lucha por
la naturaleza que viene a descubrir un discurso y una
perspectivas diferentes a aquellas que, en torno a la
problemática ecológica, se nos han hecho aparecer co-
mo las únicas posibles”.
24
Entre las luchas alternat ivas
al discurso gubernamental económico-ecologista,
25
se encuentran las de los indígenas de Oaxaca, Mi-
choacán y Chiapas en defensa de los recursos fores-
tales, las de los campesinos en Puebla y el Estado de
México por el agua, las movilizaciones en contra de las
obras de dotación de agua para la ciudad de México en
Morelos e Hidalgo, las de Tepoztlán por el derecho de
la comunidad a decidir cómo y en qué ut ilizar los recur-
sos escasos, la oposición a la industria minera o a los
transgénicos, etcétera. En todos estos casos aparecen
corrientes de problematización del entorno natural o
f ísico de la sociedad que hacen apelaciones explícitas
23
Raymond L. Bryant y Senéad Bailey,
Third World Political Ecology
, Londres, Routledge, 1997; Alain Lipietz,
¿Qué es la ecología política?
La gran transformación del siglo
XXI
, Santiago de Chile, Lom Ediciones/Instituto de Ecología Política, 2002.
24
Víctor Manuel Toledo,
Naturaleza, producción, cultura: ensayos de ecología política
, Xalapa, Universidad Veracruzana, 1989, p. 29.
25
Para una visión oficial,
vid
. Edgar González Gaudiano (coord.),
El desarrollo sustentable: una alternativa de política institucional
, México,
Semarnap, 1997.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
20
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
a riesgos impuestos y no deseados y que tienen ho-
rizontes de sentido muy distintos a los que guían las
políticas públicas y los intereses del capital.
Si bien las v isiones y, por supuesto, la exper iencia
del riesgo son diversas, el asunto tal vez más relevante
es que aún así logran traspasar las fronteras de lo local
y hacerse eco entre sectores urbanos a nivel global
abriéndose así conflictos recalcitrantes o intratables,
para ut ilizar la f rase de Lew icki.
26
Este traspaso y legi-
timación de valoraciones de riesgo es posible gracias a
que, además de probable o improbable, todo riesgo es
susceptible de ser valorado en términos de si es justo o
injusto. Tratar de resolver las demandas que emergen
de riesgos observados desde marcos socioculturales
diversos mediante la contraposición de evaluaciones,
es pasar por alto un problema central: la diversidad,
los derechos y el problema de justicia social que a ella
se le asocian. Todo esto apunta, una vez más, a que el
aspecto formal del riesgo (la operación matemática,
el cálculo) no es, ni por mucho, el punto central del
problema en términos sociales.
26
Roy Lewicki
et al
.,
Making Sense of Intractable Environmental Conflicts: Concepts and Cases
, Nueva York, Island Press, 2002.
27
El hecho de que algo sea observado no como riesgo sino como peligro no contradice esta afirmación de que la fijación temporal se hace
siempre en el ambiente de la probabilidad (es decir utilizando la forma del riesgo/peligro para comunicar sobre el futuro). Aún en el caso
extremo de los desastres, en los que se dan enfrentamientos entre lo que observan distintos sistemas (por ejemplo, sociología y política)
cuando se señala la imposibilidad observar el impacto devastador de ciertos fenómenos naturales como riesgos y su consideración como
peligros, la distinción sigue operando. Hoy ningún sistema, al menos en el marco de sociedades democráticas modernas, puede ya referirse
a la fortuna o a conceptos aledaños para fundamentar y legitimar sus decisiones.
28
José Juan González, “Algunas consideraciones preliminares sobre el régimen jurídico de la responsabilidad por el daño ambiental en
México”, en
La responsabilidad por el daño ambiental
, México,
PNUMA
, 1996.
29
N. Luhmann,
op. cit
., capítulo 1.
30
Se prefiere aquí usar ‘exterior’ antes que ‘naturaleza’ dado que ésta ha mucho que dejó de ser ‘lo otro’ de la sociedad y no sólo de manera
objetiva sino también en cuanto al conocimiento existente sobre ella. Exterior, al igual que entorno, supone la ventaja de que implica ya
la referencia, es decir ‘exterior’ o ‘entorno’ del sistema de que se trate.
Conclusión
El destino y los dioses no son hoy fundamento de
decisiones políticas colectivamente vinculantes. La
erosión del determinismo progresista imposibilita a
la política (que no a los políticos) a referirse al futuro
sin la
forma
riesgo.
27
Una vez que la capacidad de le-
gitimación de nociones bondadosas como el progreso
o el interés nacional se derrumba, la aceptación de
grandes proyectos tecnológicos para asegurar el futuro
se dificulta dado que todos hacen cálculos de riesgo y
sobre éstos se vuelcan las exigencias y las demandas.
La comunicación de aceptación o rechazo del riesgo,
supone en principio la aceptación de que algunos
futuros presentes
dependen de decisiones presentes o
pasadas y, esto, a su vez, genera preguntas que apun-
tan a la base moral que sustenta no tanto las evalua-
ciones como las decisiones mismas (¿quién y por qué
tiene derecho a decidir por los afectados?; ¿qué recur-
sos y qué valores son considerados?; ¿por qué éste y
no aquel riesgo?). Sin embargo, como lo demuestran
los debates entorno a la legislación ambiental,
28
el
establecimiento de controles, la adjudicación de
las decisiones y las responsabilidades sobre riesgos
ambientales es una cuestión poco fácil de dirimir en
sociedades plurales en cuyo interior se encuentran
en precario equilibrio diversas descripciones del
mundo y valores.
En relación a los cálculos (el establecimiento de
relaciones causales que puedan delimitar probabili-
dades), el concepto de riesgo supone una forma para
la creación de formas,
29
cuya clave es la distinción
entre probabilidades de daño futuro asociadas a
decisiones y los peligros adjudicables al exterior.
30
El hecho, pues, de que una decisión sea arriesgada
implica que es posible asociar algún tipo de daños
a ella,
futuros no deseados
, siempre presentados en
términos de cálculos de probabilidades. La prescrip-
Perspectivas Teóricas
21
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
ción de estados no deseados es importante porque en
ella radica uno de los elementos de conflicto –o falta
de él– en torno a la percepción del riesgo, a su vez
asociada con el hecho de que el futuro sea visto como
peligroso o r iesgoso (adjudicación de culpas). En re-
lación con los daños el riesgo supone pérdidas cuyo
tipo, extensión y distribución socio territorial pue-
den constatarse empíricamente. El hecho de que los
r iesgos sean obser vados como cadenas de decisiones
no deber ía ocultar la mater ialidad de las consecuen-
cias, pero la constatación y análisis de las conse-
cuencias no debería anular la discusión sobre las
formas y puntos de observación.
El riesgo no existe sin decisiones pero tampoco sin
la experiencia del daño y las ciencias sociales deben
de dar cuenta de ambos asuntos. Estudiar al riesgo
supone entonces reconocer la existencia de raciona-
lidades alternas y de formas desiguales de distribu-
ción, sufrimiento y enfrentamiento del daño. En an-
tropología, la teoría cultural plantea que es la lógica
de reproducción del grupo la que indica y organiza
los riesgos y las prácticas asociadas a ellos y que, por
tanto, las descr ipciones desde afuera si no impac tan
ese aspecto son ignoradas, devaluadas o boicotea-
das. En un sentido la reproducción del grupo implica
también distribución de peligros y capacidades de
decisión que conllevan estructuras de vulnerabilidad
especificables. Una pregunta importante que surge
de la relación entre organización social y riesgo es en
qué medida ciertas evaluaciones de este último pue-
den llegar a ar t icularse con otros elementos ident ita-
rios o culturales y disparar así un proceso de cambio
en los patrones de acción sobre el ambiente. En par-
ticular la activación y rellenado de la vida política
mediante la experiencia del daño y el consecuente
reconocimiento del riesgo llama a reconocer el es-
pacio de decisión de los afectados –incluidos ellos
mismos. El análisis de las relación entre organización
social y riesgos a desastres supone aceptar que todos
los involucrados en el problema son susceptibles de
decidir entre más de dos opciones y que sus acciones,
al margen de los estándares técnicos o científicos
de racionalidad imperante, responden a una lógica
creativa en sí misma que puede implicar la decisión
de vivir de forma distinta a la que se impone mediante
planes de desarrollo, conservación o prevención de
desastres, pero que siempre esta referida a las accio-
nes y posibilidades de decisión de los otros.
Un aspecto relevante que se desprende de la ten-
sión entre un punto de v ista construc t iv ista y un obje-
tivista es que las formas no científicas que adopta la
distinción entre sociedad y entorno y su cotejo con
las descripciones de los expertos son fundamentales
para analizar los conflictos en torno a los riesgos
ambientales. Sin embargo, traducir esta afirmación
en términos metodológicamente plausibles resulta
complicado, dado que la forma que adopta el límite
entre ‘lo social’ y ‘lo natural’ puede operar como funda-
mento para la identidad colectiva
31
y establecer nor-
mas de valoración y conducta
ad hoc
para cada sujeto,
en el caso de que exista un conflicto con respecto al
ambiente (sobre todo que afecte a los bienes comunes)
las características particulares de cada distinción
pueden ser fundamento de antagonismos entre las
evaluaciones y proyec tos tanto de otros ac tores, como
de órganos de gobierno o especialistas.
En este trabajo se ha buscado dar cuenta del la-
berinto de pasadizos objetivistas y constructivistas
en el que la sociología trata de encontrar y estudiar
al riesgo transitando de las cuestiones que atañen a
la producción de conocimiento sobre el riesgo hacia
el proceso social de su incorporación al bienestar y
de vuelta. Antes que dos posiciones en los límites
opuestos de una línea, la imagen de un círculo es más
adecuada para describir no sólo los procesos de for-
mación y atención de riesgos sino los de las mismas
ciencias sociales. Quien se aposta en el objetivismo,
ahí donde se trata de constatar los daños sufridos y
31
Miguel Alberto Bartolomé,
Gente de costumbre y gente de razón. Las identidades étnicas en México
, México, Siglo Veintiuno Editores/
Instituto Nacional Indigenista, 1997.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
22
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
probables, debe entender que sus planteamientos
seguirán indefectiblemente el camino hacia las con-
tra-observaciones, que habrá hechos no tomados en
cuenta o que son ponderados de forma distinta por
otros. Aquel que habla desde el constructivismo tendrá
que reconocer que, en ocasiones (en particular en los
desastres), la experiencia sensible del daño se impon-
drá como un hecho más allá de cualquier consideración
particularista al grado de que en algunos casos se
podría llegar al reconocimiento universal de algún
riesgo. Constructivismos y objetivismo no suponen,
entonces, una disyuntiva para las ciencias sociales,
sino más bien momentos del análisis de riesgo.
Perspectivas Teóricas
23
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
Bibliografía
Alexander, Jeffrey, “Ciencia social y salvación: Sociedad del riesgo como discurso mítico,” en Jeffrey
Alexander ,
Sociología cultural. Formas de clasificación en las sociedades complejas
, Barcelona, Anthropos,
2000, 271 pp.
Balandier George,
El desorden. La teoría del caos y las ciencias sociales. Elogio de la fecundidad del movi-
miento
, Barcelona, Gedisa, 1993, 237 pp.
Bartolomé, Miguel Alberto,
Gente de costumbre y gente de razón. Las identidades étnicas en México
, México,
Siglo Siglo Veintiuno Editores/ Instituto Nacional Indigenista, 1997, 214 pp.
Beck, Ulrich, “Teoría de la sociedad del riesgo”, en Josetxo Beriain (comp.),
Las consecuencias perversas de
la modernidad. Modernidad, contingencia y riesgo
, trad. Celso Sánchez Capdequi, Barcelona, Anthropos,
1996, 283 pp. (Autores, Textos y Temas de Ciencias Sociales, 12).
Bryant, Raymond L. y Senéad Bailey, T
hird World Political Ecology
, Londres, Routledge, 1997, 237 pp.
Cardona, Omar Darío, “La necesidad de pensar de manera holística los conceptos de vulnerabilidad y
riesgo. ‘Una crítica y una revisión necesaria para la gestión’”, ponencia presentada en el
International
Work Conference on Vulnerability in Disaster Theory and Practice
, llevado a cabo en el Centro de Estudios
sobre Desastres de la Universidad de Wageningen, Países Bajos, el 29 y 30 de junio de 2001.
Corona Rentería, Alfonso,
Economía ecológica
, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 266 pp.
Douglas, Mary,
La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales
, Barcelona, Paidós, 1996, 173 pp.
González Gaudiano, Edgar (coord.),
El desarrollo sustentable: una alternativa de política institucional
, México,
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, 1997, 79 pp.
González Márquez, José Juan, “Algunas consideraciones preliminares sobre el régimen jurídico de la res-
ponsabilidad por el daño ambiental en México”, en
La responsabilidad por el daño ambiental
, México,
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 1996, 672 pp. (Serie Documentos sobre
Derecho Ambiental, 5).
Johnson, Brad, “After Years Of Delay,
EPA
Recognizes Global Warming Pollution Endangers ‘Health And
finding/
Krimsky, Sheldom y Dominic Golding (eds.),
Social Theories of Risk
, Londres, Routledge, 1992, 422 pp.
Leiserowitz, Anthony A., “American Risk Perceptions: Is Climate Change Dangerous?”, en
Risk Analysis
,
vol. 26, núm. 6, 2005, pp. 1433-1442.
Lewicki, Roy, Barbara Gray y Michael Elliot,
Making Sense of Intractable Environmental Conflicts: Concepts
and Cases
, Nueva York, Island Press, 2002, 470 pp.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
24
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 9-24, ISSN-0185-1918
Lezama, José Luis,
La construcción social y política del medio ambiente
, México, El Colegio de México,
1999, 277 pp.
Lipietz, Alain,
¿Qué es la ecología política? La gran transformación del siglo
XXI
, Santiago de Chile, Lom
Ediciones/Instituto de Ecología Política, 2002, 105 pp.
Luhmann, Niklas,
Sociología del riesgo
, México, Universidad Iberoamericana/Universidad de Guadalajara,
1992, 285 pp. (Colección Ecología y Medio Ambiente).
Lupton, Deborah, “Sociology and Risk,” en Gabe Mythen y Sandra Walklate (eds.),
Beyond the Risk Society:
Critical Reflections on Risk and Human Security
, Nueva York, Open University Press, 272 pp.
Mansilla, Elizabeth (ed.),
Desastres: modelo para armar. Colección de piezas de un rompecabezas social
, Lima,
Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (La Red), 1996, 308 pp.
Perrow, Charles,
Normal Accidents. Living with High-Risk Technologies
, Nueva Jersey, Princeton University
Press, 1999, 386 pp.
Renn, Ortwin, “Concepts of Risk: A Classification,” en Sheldom Krimsky y Dominic Golding (eds.),
Social
Theories of Risk
, Londres, Routledge, 1992, 422 pp.
Schütz, Alfred,
La fenomenología del mundo social. Introducción a la sociología comprensiva
, Buenos Aires,
Paidós, 1966, 279 pp.
Supreme Court of the United States, “Massachusetts
et al. versus
Environmental Protection Agency”, núm.
Toledo, Víctor Manuel,
Naturaleza, producción, cultura: ensayos de ecología política
, Xalapa, Universidad
Veracruzana, 1989, 157 pp.
logo_pie_uaemex.mx