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Perspectivas Teóricas
55
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
Otro mundo es posible: crítica del pensamiento neoliberal
y su visión universalista y lineal de las relaciones internacionales
y el sistema mundial
*
S
AMUEL
S
OSA
F
UENTES
**
Recibido el 25 de julio de 2011
Corregido el 05 de diciembre de 2011
Aceptado el 07 de diciembre de 2011
Resumen
El presente artículo tiene por objeto exponer la visión
universalista y lineal del pensamiento neoliberal de
las relaciones internacionales y el sistema mundial
contemporáneo. Dichas reflexiones resultan de gran
importancia y actualidad, toda vez que, en un con-
texto de profunda crisis mundial del pensamiento,
la ideología y modelo económico neoliberal, surge
la necesidad de replantear otras formas y contenidos
del conocimiento y otras formas de organización y
participación social alternativas, de construir otros
paradigmas plurales e incluyentes de la teoría in-
ternacional que, basados en la diversidad cultural,
tal y como ocurre en América Latina, conduzcan a
nuevas relaciones internacionales que avancen, por
un lado, en la construcción de la vida en común y
por el bien común, de una nueva relación humana
con la naturaleza y el medio ambiente del planeta
y, por el otro,
que impulsen el establecimiento de
una nueva ética global del encuentro, del reconoci-
miento, de la igualdad, de la justicia, de la equidad
y el respeto entre las culturas, las sociedades y los
Estados-nación del planeta.
Palabras Clave
: Pensamiento e ideología neolibe-
ral, globalización del mercado mundial, Crisis del
paradigma neoliberal, crisis civilizatoria, nuevas
epistemologías del análisis internacional.
Abstract
The present article has the finality of exposing the
universal and lineal vision of neoliberal thought of
the International Relations and the contemporary
world system. Said reflections result of a great impor-
tance and actuality, since in the midst of a context
of a profound global crisis of thought, ideology and
neoliberal economic model, rises the necessity of
revising other forms and contents of knowledge and
other alternate forms of social organization and par-
ticipation, of constructing other plural and inclusive
paradigms of international theory that, based on
cultural diversity, as it occurs in Latin America, will
j
*
Este artículo está dedicado a la memoria de Adolfo Sánchez Vázquez (1915-2011), eximio filósofo marxista y paradigma del pensamiento
crítico latinoamericano.
**
Universidad Nacional Autónoma de México (
UNAM
) Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (
FCP
y
S
), Circuito Mario de la Cueva, s/n,
Ciudad Universitaria, Av. Universidad 3000, Col. Copilco Universidad, Deleg. Coyoacán, México, 04510.
Doctorante en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Relaciones Internacionales por el Programa de Posgrado en Ciencias Políticas
y Sociales de la
UNAM
y profesor de la
FCP
y
S
.
Sus líneas de investigación son: globalización económica neoliberal, pensamiento internacional
latinoamericano, identidad y diversidad cultural y movimientos sociales latinoamericanos.
E-mail: sonnyboy_mx@yahoo.com
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lead to new international relations that will further
on one side, the construction of a common life and
common welfare, of a new human relationship with
nature and the environment of the planet, and on
the other hand, that will promote the establishment
of a new global ethics of reunion, acknowledgment,
equality, justice, and equality and respect between
cultures, societies and nation States of the planet.
Kew words:
Neoliberal thought and ideology, globa-
lization of the world market, neoliberal paradox crisis,
civilizing crisis, new international analysis episte-
mology.
1
Adolfo Sánchez Vázquez,
Ética y política
, México,
UNAM
/
FCE
, 2007, pp. 66-68.
2
Ruy Mauro Marini, “Las raíces del pensamiento latinoamericano”, en Ruy Mauro Marini y Márgara Millán (coords.),
La teoría social lati-
noamericana. Los orígenes. Tomo 1.
México, El Caballito, 1994, pp. 17 y 18.
La necesidad actual exige también al intelectual comprometerse con su obra y su conducta por una alternativa social al sistema que podría
llevar a la humanidad a una nueva barbarie.
.. Esto hace necesario el compromiso de actuar con las fuerzas sociales que luchan por una
alternativa al sistema capitalista… se trata asimismo y, con más urgencia, del compromiso ante la exigencia que plantea a todos los pueblos
y a toda la humanidad una política imperial, la de los Estados Unidos, que en nombre de Dios, de la democracia, de la libertad o del mercado,
recurre a la guerra ´preventiva´ e impone la ley de la selva en las relaciones internacionales
A
DOLFO
S
ÁNCHEZ
V
ÁZQUEZ
1
Introducción
E
n tiempos del auge de la ideología y el pen-
samiento neoliberal, uno de los intelectuales
más importantes de las ciencias sociales y del
pensamiento crítico de América Latina advertía:
El pensamiento social, es decir, la reflexión de una
sociedad sobre sí misma, surge con las sociedades de
clase, pero sólo se plantea allí donde un grupo o una
clase experimenta la necesidad de promover o jus-
tificar su dominación sobre otros grupos o clases.
..
En cualquier caso, la teorización va encaminada a
asegurar o transformar un orden de cosas determina-
do a partir de un punto de vista de clase. Cuando se
trata de sociedades que se basan en una organización
económica, el pensamiento social tiende a justificar
el orden existente recurriendo a factores externos
que impondrían ese orden como algo necesario; esos
factores pueden ser de naturaleza divina, o se refieren
a diferencias naturales o culturales y religiosos. Es
así como el capitalismo, desde el momento en que
engendra en su seno el desarrollo industrial y avanza
hacia su madurez, impulsa a la clase que lo dirige a
plantear con fuerza creciente sus propósitos y reivin-
dicaciones en el plano teórico e ideológico.
2
En efecto, el pensamiento social y la historia del de-
sarrollo del capitalismo mundial, están en estrecha
vinculación e interacción a las estructuras de domi-
nación del orden económico y el poder político en
el sistema-mundo, bien sea para justificar, defender
y conservar el orden establecido o bien para luchar
contra él y plantear uno alternativo y diferente. De
hecho, la trayectoria del pensamiento sociopolítico
y económico dominante de los centros avanzados del
capitalismo mundial en las relaciones internacionales
ha comprobado, históricamente, que siempre se ha
organizado y se desplegado, más allá de sus diversas
modalidades de expresión, fases o etapas, en torno a
un núcleo constante de concepciones e ideas básicas
que se ostentan y expresan invariablemente como un
modelo económico y político absoluto y el mejor y en
donde, además, las sociedades y naciones del planeta
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económico con la pretensión epistemológica y ontoló-
gica de erigirse como
la
teoría universal e
insuperable
de la humanidad. En adición, es importante destacar,
que el pensamiento y el discurso global del llamado
nuevo orden neoliberal
, no sólo obedece a una reali-
dad epistémica fundada. También, se está utilizando,
como advierte González Casanova, “[…] para una
reconversión de la dependencia […] en los países del
tercer mundo […] es un colonialismo global que es hoy
también neoliberal y posmoderno […] en gran medida
una recolonización”.
5
“La nueva política globalizadora
frente a la crisis consistió en dar prioridad al neoli-
beralismo de guerra y a la conquista de territorios,
empresas y riquezas mediante la fuerza.”
6
En este marco, el objetivo general del presente
trabajo es analizar y exponer la crisis de la racionali-
dad del pensamiento, el discurso y la ideología neo-
liberal y su visión e interpretación universalista y li-
neal de las relaciones internacionales y del sistema
mundial a través de sus principales ideas, tesis y
pra-
xis
económicas y político-ideológicas expresadas en
el
Consenso de Washington
,
el fin de la historia
,
el cho-
que de civilizaciones
y
el triunfo del mercado mundial
y la victoria del modelo de la democracia occidental
.
Todo ello, provocó que durante los últimos treinta
años, el neoliberalismo y sus ideólogos, académicos
y gobiernos argumentaran y difundieran, vehemen-
han de seguirlo y aplicarlo sin más expectativas de
cambio.
3
Así, el pensamiento social dominante que
se impuso objetivamente desde los años ochenta y
noventa del siglo
XX
en las relaciones internacio-
nales y –después de una larga travesía de formas y
concepciones ideológicas, políticas y económicas
dominantes en las distintas fases del desarrollo capi-
talista (mercantil, liberal, colonialista, imperialista,
keynesiano desarrollista y globalización)–, hoy día se
llama
pensamiento único
o
pensamiento universalista
neoliberal
y su impronta cultural, discursiva, pragmá-
tica e ideológica reside, en su esencia, en generar y
aplicar modelos y teorías explicativas de las relaciones
internacionales y de la política mundial; del proceso
de globalización del capital y la economía mundial, o
bien, de la ‘supremacía’ de la fuerzas del libre mercado
mundial y de la ‘victoria final’ de la democracia y los
valores occidentales, como ejemplos definitivos del
“triunfo mundo libre”.
La característica más importante y esencial del
pensamiento neoliberal y del pragmatismo e ideología
del capital financiero (que, además, se convirtieron
en los paradigmas dominantes de las relaciones
internacionales),
4
es que todas las ideas y teorías pro-
ducidas son presentadas como
verdades absolutas
y
como procesos inevitables, irreversibles e incues-
tionables, es decir, un pensamiento social y modelo
3
Por ejemplo, en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, la
Teoría de la Modernización y Desarrollo
, ubicó a la sociedad y a la
economía estadounidense como el modelo que deberían seguir todos los países subdesarrollados para llegar a ser una nación moderna,
desarrollada y civilizada como ellos, los Estados Unidos. Un mayor análisis sobre el tema, puede ser encontrado en Samuel Sosa Fuentes,
“Modernización, dependencia y sistema-mundo: los paradigmas del desarrollo latinoamericano y los desafíos del siglo
XXI
”, en
Relaciones
Internacionales,
núm. 96, septiembre-diciembre de 2006 (documento disponible en línea en: http://www.revistas.unam.mx/index.php/rri/
article/view/18389
N.E.)
4
En efecto, tanto el neoliberalismo o
institucionalismo neoliberal
como el
neorrealismo,
constituyen el
mainstream
dominante del enfoque
Racionalista
de las Relaciones Internacionales de los últimos 25 años y, además, con importantes paralelismos y analogías entre estos dos
enfoques. Al respecto, se ha señalado que “desde el punto de vista ontológico y epistemológico, existen coincidencias muy apreciables entre
neorrealismo y neoliberalismo. En el plano ontológico, en lo que concierne al eje individualismo-holismo, el neoliberalismo se decanta por
una ontología indiv idualist a. En el pl ano epistemológico, al igual que el neor realismo, el neoliberalismo es par t idar io del naturalismo. Ambos
se adhieren a una epistemología positivista […] Asimismo, el neorrealismo y el neoliberalismo proceden a la “importación” de teorías de la
Economía […] y la adscripción profunda a la filosofía y valores que han guiado siempre a la tradición liberal”.
Vid
. Kepa Sodupe,
La Teoría de
las Relaciones Internacionales a comienzos del siglo
XXI
, Bilbao, Universidad del País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea, 2003, pp. 118-120.
5
Pablo González Casanova, “Globalidad, neoliberalismo y democracia”, en: Pablo González Casanova y John Saxe-Fernández,
El mundo
actual: situación y alternativas,
México,
UNAM
,
CEIICH
/Siglo Veintiuno Editores, 1996, p. 47.
6
P. González Casanova, “El imperialismo hoy”, en: http://es.scribd.com/doc/63765574/Gonzalez-Casanova-Pablo-El-imperialismo-hoy-
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temente, que el ‘triunfo’ del capitalismo y la globa-
lización es un proceso no sólo legítimo sino eterno
y, por lo tanto, representaba el modelo único que
garantizaría enormes beneficios para toda la hu-
manidad.
Por último, en las reflexiones finales, se señala, a
nivel de esbozo general y como idea-fuerza, la nece-
sidad de construir nuevos paradigmas y, sobre to-
do, edificar nuevas epistemologías y saberes como
factores esenciales para la reconstrucción de
otras
relaciones internacionales que avancen, como ocurre
actualmente en algunos territorios de América Lati-
na, en la construcción de nuevos fundamentos de la
vida digna y desde las necesidades propias de nuestra
realidad social, de una nueva relación humana con
la naturaleza y el medio ambiente del planeta y, sobre
todo,
que conduzcan a la construcción de una nueva
ética global de interculturalidad, de la corresponsa-
bilidad, el reconocimiento, la igualdad, la just icia, la
equidad y el respeto entre las culturas, las sociedades
y los Estado-nación del sistema mundial; en fin, que
se logre la construcción “de un mundo donde quepan
muchos mundos”.
7
Finalmente, el presente artículo maneja la hipó-
tesis de trabajo que precisa que en el actual campo
de batalla de las ideas y nuevos saberes, la estra-
tegia del pensamiento neoliberal y su pragmatismo
político-económico –sustentado, particularmente,
en el ‘triunfo’ de las leyes del mercado mundial y en la
‘victoria’ de la democracia, la libertad y los valores oc-
cidentales–, produjeron e impulsaron, durante de los
últimos treinta años y desde una visión eurocéntrica,
8
concepciones e interpretaciones de carácter univer-
salista, lineales y dogmáticas de la historia, la cultura
y la política del sistema-mundial; asimismo, la ideo-
logía neoliberal, expresada en los actuales enfoques
racionalistas
de las relaciones internacionales
9
fue
impuesta como paradigma dominante de validez
universal tanto en la producción del conocimiento
y el estudio de la Teoría Internacional como en la
racionalidad instrumental de la
praxis
en la política
mundial. En consecuencia, el gran reto y derrotero
de un nuevo pensamiento crítico y una nueva epis-
temología alternativa a la neoliberal fundada en el
derecho, el respeto, la inclusión y el reconocimiento
a la diferencia, a la otredad, a la diversidad de los
pluralismos sociales, a las identidades y a las culturas
nacionales en sistema mundial, es lograr construir y
comprobar que
otro mundo, sí es posible.
7
Famosa consiga del movimiento neozapatista. N.E.
8
En efecto, como bien sabemos el eurocentrismo,
grosso modo
, consiste en la forma de analizar, comprender e interpretar, por ejemplo,
la realidad socio-política de América Latina, según las características y desarrollo histórico particular de Europa o Estados Unidos. En
consecuencia, se puede explicar la situación, histórica o actual, de nuestra región a partir de categorías y modelos que fueron elaborados
y pensados para dar cuenta del mundo social europeo o sajón. Por ello, los fundamentos epistemológicos esenciales del eurocentrismo se
desarrollan sobre las bases de la colonización del mundo y se construye sobre el desplazamiento, deslegitimación y negación de otros modos
y otras fuentes de generación de saberes y conocimientos existentes y, sobre todo, como una parte esencial de la colonialidad del poder y
del saber.
Origen y esencia del pensamiento neoliberal y su pragmatismo
contemporáneo expresado en el Consenso de Washington
El neoliberalismo como práctica política, forma y
expresión económica, discurso e ideología y sus de-
rivaciones jurídicas nacionales e internacionales, no
puede ser explicado ni interpretado por sí mismo, ni
como algo espontáneo y novedoso del proceso histó-
rico ni como la simple decisión de algunos hombres.
El neoliberalismo se explica a partir de sus raíces,
procesos y condiciones concretas expresadas en el
desarrollo del modo de producción histórico-social
en que se ha desplegado, esto es, el capitalismo
mundial. En este sentido, la etapa más reciente de
reestructuración del capitalismo a escala mundial, ha
sido organizada, dirigida y dominada por la ideología
neoliberal que se convirtió, hoy en la era global, en
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el sentido común de nuestro tiempo que recorre el
mundo y que no deja, aparentemente, espacios para
ninguna otra forma de pensamiento, saber o conoci-
miento. Así, en los últ imos 30 años, gobernantes, di-
rigentes políticos, líderes empresariales, intelectua-
les e ideólogos del poder hegemónico se adhirieron
a los principios y valores esenciales de la ideología
neoliberal: implantación y promoción del libre mer-
cado mundial como paradigma inmutable y autopro-
clamado como la única vía de crecimiento de las
economías, sin importar los costos y el nivel de de-
sarrollo social y en donde la democracia participativa
y deliberativa es simple adjetivo. De hecho, como
precisa Ornelas:
Quienes asumen la promoción del mercado como el eje
rector de la economía y el instrumento más eficaz para
la asignación de recursos productivos, sostienen la
identidad entre la globalización, como proceso histó-
rico-natural del capitalismo contemporáneo, con la
universalización del libre mercado, que no es sino un
proyecto político diseñado por los distintos ideólogos
desde los años cuarenta del siglo
XX
e impuestos desde
los aparatos de Estado de los países metropolitanos
y los organismos financieros transnacionales creados
por el capital monopólico y puestos a su incondicional
servicio. En esta propuesta, el mercado se convierte
en el punto de convergencia entre la globalización y
el neoliberalismo.
10
En efec to, si bien es cier to que, desde los años ochen-
ta del siglo
XX
, los enfoques y paradigmas ideológi-
co-políticos predominantes tanto en el estudio
teórico de las relaciones internacionales como en
el análisis de las transformaciones estructurales de
la economía y la política internacional en el sistema
mundial, han sido de impronta neoliberal o neorrea-
lista, no obstante, históricamente, los orígenes
teóricos, políticos e ideológicos del neoliberalismo
actual se pueden ubicar en el ensayo de Hayek,
The
Road of the Serfdom
,
11
publicado en 1944. En él, se
afirma que el Estado, por sus intervenciones y contro-
les tanto en la economía como en la política social,
constituye un obstáculo y amenaza al desarrollo y, de
manera particular, a la concepción de libertad indi-
vidual inspirada en las obras del que es considerado
fundador del liberalismo económico, Adam Smith,
12
por lo que deben limitarse sus acciones y promover, al
contrario, la libertad de los mecanismos del mercado
mundial.
Camino a la servidumbre
es, en el fondo, un
texto político cuyo objetivo es el ataque directo a las
formas de funcionamiento tanto de las sociedades
de economía planificada como de las sociedades del
Estado del bienestar social. Por ello, el concepto
de socialismo en Hayek incluye cualquier forma de
intervención estatal y/o cualquier forma de capita-
lismo regulado y orientado a las políticas sociales
asistenciales. En otras palabras, “Von Hayek tenía
en mente no sólo al nazismo alemán, al socialismo
‘stalinista’ o al laboratorio inglés, sino, sobre todo, a
la ‘aberración’ teórica del keynesianismo”.
13
Algunos autores
14
han señalado, con acierto, que el
origen del neoliberalismo como teoría y pensamiento
político se ubica en 1938, en París, con la celebración
de un coloquio organizado por el estadounidense Wal-
ter Lippmann (en ocasión de la presentación de su libro
The Good Society
La buena sociedad
).
15
Célebremente
conocido como el
Coloquio Lippmann
, éste
9
Particularmente, el neorrealismo y el neoliberalismo.
10
Jaime Ornelas Delgado, “Aproximación a una visión crítica del mundo de la globalización neoliberal”, en
Aportes. Revista de la Facultad
de Economía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
, año IX, número 25, enero-abril de 2004, p. 69.
11
Friedrich August von Hayek,
Camino de servidumbre
, Madrid, Alianza, 1985.
12
Vid
. de Adam Smith,
Teoría de los sentimientos morales,
México,
FCE
, 1979 e
Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las
naciones,
México,
FCE
, 1979.
13
Mario Rapoport, “Origen y actualidad del ‘pensamiento único’”, en Julio Gambina,
Globalización y ajuste en América Latina
, Buenos Aires,
CLACSO
, 2002, p. 359.
14
Omar Guerrero Orozco,
El neoliberalismo. De la utopía a la ideología
, México, Distribuciones Fontamara, 2009.
15
Walter Lippmann,
The Good Society
, introducción de Gary Dean Best, Piscataway, NJ, Transaction Publishers, 2004, 402 pp. N.E.
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[…] congregó a Ludwig von Mises y Friedrich Hayek,
junto a otros eminentes pensadores […] La reunión
fue muy provechosa para el neoliberalismo, no sólo
por sus resultados, sino por los procesos de trabajo,
toda vez que fue patente una gran variedad de opi-
niones… de temas diferentes dentro de los cuales se
trató de descubrir los rasgos comunes que subyacen
en el neoliberalismo… dentro del abanico del temario
y del desacuerdo en ciertos puntos, cuajó un convenio
general sobre la
agenda
del neoliberalismo.
16
Sin embargo, fue Hayek quien llevó a cabo de manera
sistemática una embestida contra las políticas públi-
cas sociales y asistenciales de inspiración keynesiana,
en donde sus principales blancos fueron no sólo el
Estado de bienestar sino también las organizaciones
sindicales y el movimiento obrero y socialista. Con
la intención de darle mayor consistencia teórica y
más promoción a su pensamiento, el austrohúngaro
convocó del 1° al 10 de abril de 1947
17
a un grupo de
36 intelectuales, filósofos, historiadores y econo-
mistas que compartían su orientación ideológica y
política a un encuentro en Suiza del que se derivaría
posteriormente la Sociedad Mont-Pélerin.
18
Entre
los principales participantes en dicho encuentro, se
pueden ubicar a Milton Friedman, Karl Popper, Michael
Polany, Ludwig von Mises, Lionel Robbins, William E.
Rampard, Maurice Allais, Frank Graham, Whilem Ro-
pke y John Davenport, entre otros.
19
El propósito
central de la Sociedaad fue combatir al keynesianismo
y, substancialmente, al socialismo y preparar para el
futuro otro tipo de capitalismo más fuerte y libre de
mecanismos y reglas de control e intervención social
por parte del Estado. En efecto, como bien lo precisa
Calvento, “Para los concurrentes [de aquella reunión],
la situación presente, que se resumía en el avance
del totalitarismo, planteaba una seria amenaza a los
valores fundamentales de la civilización: propiedad
privada y el mercado competitivo. Para la Sociedad
Monte-Pélerin esos valores representaban las insti-
tuciones que mejor garantizaban la preservación de
la libertad”.
20
No obstante, lo más característico de dicho en-
cuentro fue que, críticos de los esfuerzos de la ‘justicia
social’ del Estado de bienestar, el grupo selecto de la
nueva sociedad del pensamiento neoliberal
21
consi-
deró a la desigualdad social y a la pobreza como un
valor positivo, necesario y funcional para el desarro-
llo económico mundial de la sociedad y, sobre todo,
desconoció la presencia de conflictos de intereses
en su discurso económico para encubrir la ‘razón del
más fuerte’ (lo que ellos, los neoliberales, consideran
bueno para la humanidad). Para el pensamiento neo-
liberal los arduos y difíciles problemas económicos
globales (que, desde el pensamiento crítico y de la
realidad socio-económica concreta, se denominan
crisis y contradicciones sociales –nuevas formas de
explotación y consumo, pobreza extrema e inequidad
16
O. Guerrero Orozco,
op. cit.
, p. 97.
17
La más reciente de las reuniones de la Sociedad Mont-Pélerin se realizó en Buenos Aires, Argentina, en abril de 2011, en el marco del
63
er
Aniversario de dicha Sociedad y con la presencia, por primera vez, de Mario Vargas Llosa. La reunión anual para el 2012, sesionará en
Praga, República Checa, y tratará sobre la adopción del euro por parte de los países del Este Europeo y sobre otros temas relacionados con la
desnacionalización de las economías de esos países.
18
Para una historia de la creación, organización y funcionamiento de esta Sociedad,
vid
. Ronald Max Hartwell,
A History of Mont Pelerin
Society,
Indianapolis, Liberty Fund, 1995, 269 pp. y Philip Mirowski y Dieter Plehwe (eds.),
The Road from Mont Pelerin: The Making of the
Neoliberal Thought Collective,
Cambridge, Harvard University Press, 2009, 480 pp. N.E.
19
Perry Anderson, “Historia y lecciones del neoliberalismo”, en François Houtart y François Polet (coords.)
El otro Davos. Globalización de
resistencias y de luchas
, México, Plaza y Valdés Editores, 2001, p. 18.
20
Mariana Calvento, “Fundamentos teóricos del neoliberalismo: su vinculación con las temáticas sociales y sus efectos en América Latina”,
en
Convergencia. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México
, núm, 41, mayo-agosto de 2006, p. 43.
21
Muchos de ellos fueron Premios Nobel de Economía y “profesores en las instituciones de educación superior más importantes en el campo
de la política económica, como la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres (
LSE
) o la Universidad de Chicago, fueron asesores del Banco
Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de numerosos regímenes del primero y del tercer mundos, y su influencia llegó a ser extraordi-
naria”.
Vid
. Horst Kurnitzky,
Una civilización incivilizada. El imperio de la violencia en el mundo globalizado
, México, Océano, 2002, p. 20.
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en la distribución de la riqueza, desempleo y exclu-
sión, marginación y desigualdad social, competencia
asimétrica y desleal, crisis bursátiles y financiaras, au-
mento de la precariedad de la salud, la educación y el
trabajo etcétera) son procesos necesarios y positivos
para, de acuerdo al credo neoliberal, conseguir mayor
riqueza, mayor acumulación y mayor prosperidad para
la toda la sociedad representada, desde luego, por la
clase y élite del poder económico y político capita-
lista mundial quien se abroga, a su vez, la función de
representar a toda la humanidad.
Empero, estas ideas polít icas y proyec tos económi-
cos permanecieron alrededor de 25 años en espera de
su resurgimiento que ocurrió, finalmente, con el adve-
nimiento de la profunda crisis del capitalismo mundial
de los años 1973-1975. En una perspectiva general, en
esta crisis global, el modelo económico de desarrollo
keynesiano de la segunda posguerra fue profundamen-
te cuestionado, donde la economía mundial cayó en
una prolongada recesión acompañada por baja tasas
de crecimiento, productividad, rentabilidad, acumu-
lación y ganancia y altas tasas aceleradas de inflación
y desempleo. Ello, aunado a la crisis internacional
petrolera y el colapso de las tasas fijas de intercam-
bio por el abandono del patrón oro como medida
del intercambio comercial y operaciones financiaras
mundiales, fueron las señales que empezaron hacer
evidente que las políticas keynesianas ya no funcio-
naban y, en consecuencia, acabaron con la confianza
y la credibilidad en el control e intervención social
del Estado en la economía y, a su vez, revitalizó a la
teoría microeconómica monetarista neoliberal del
economista norteamericano Milton Friedman (
Escuela
de Chicago
) que –a partir de la crítica teórica a las ideas
macroeconómicas keynesianas y de la crisis recesiva y
de estancamiento generalizada de la economía mun-
dial–, comprobó el agotamiento final de las políticas
públicas del bienestar social del modelo económico
propuesto por Keynes.
22
De hecho, Friedman, al inicio
de la década del auge neoliberal, señaló, de manera
doctrinal y categórica:
Dondequiera que encontremos que hay libertad in-
dividual, y que los ciudadanos en general gozan de
ciertas comodidades materiales así como que existe
la esperanza generalizada de un programa mayor en
el futuro, encontraremos también que la actividad
económica está organizada principalmente a través
del mercado libre. Dondequiera que el Estado se en-
cargue de controlar detalladamente las actividades
económica de sus ciudadanos, es decir, dondequiera
que reine la planeación económica central, los ciu-
dadanos ordinarios padecen trabas políticas, tienen
un bajo nivel de vida y poca fuerza para controlar su
propio destino.
23
Como se puede observar, lo que en realidad buscaba
el modelo neoliberal entonces era imponer y hacer
cumplir uno de los supuestos esenciales del credo
neoliberal: sólo a partir de una plena liberazación
del mercado de las trabas, obstáculos y restricciones
por parte del Estado, se podrá alcanzar la ‘libertad’
económica que, a su vez, es una condición necesaria
para la ‘libertad’ individual. En otras palabras, según
el pensamiento neoliberal, la ‘libertad’ económica es,
en sí misma, un componente esencial de la ‘libertad’
en general. En síntesis, el resurgimiento e imposi-
ción teórica del neoliberalismo en las ciencias socia-
les y en los modelos del desarrollo económico a partir
de los años ochenta del siglo
XX
, se explica, en una
perspectiva general, en función de las derivaciones
sociales negativas de la crisis económica internacio-
nal y colapso de las políticas económicas y sociales
del Estado del bienestar, como señala Vuskovic:
22
John Maynard Keynes,
Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero
, México,
FCE
, 2003.
23
Milton Friedman y Rose Friedman,
Libertad de elegir: hacia un nuevo liberalismo económico
, Barcelona, Grijalbo, 1980, pp. 54-55.
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El neoliberalismo surge, en efecto, tras el agotamien-
to sucesivo de las estrategias que ocuparon largos
espacios de su historia: el
crecimiento hacia afuera
basado en la exportación primaria, la
industrializa-
ción sustitutiva
que buscó revalorar los mercados
internos y proteger los desarrollos consiguientes, la
expansión del Estado y los servicios sociales, como
formas de compensac iones soc iales y fuentes de nue-
vos impulsos dinámicos, las políticas “populistas” que
buscaron neutralizar las tendencias persistentes a la
concentración y desigualdad; y las propias “políticas
de ajuste” con que se procuró encarar la crisis ya
desatada a comienzos de los años ochenta.
24
Sin embargo, para una mayor comprensión del pro-
ceso general descrito arriba, resulta importante y
necesar io contextualizar, en t iempo y espacio, cuáles
fueron los escenarios que se plantearon y las deci-
siones económicas tomadas, así como los intereses
sociales que fueron afectados tanto en Europa como
en América Latina
25
durante la década de los años
ochenta con el arribo de los gobiernos neoliberales
y en un contexto de crisis en la economía y en la
política mundial.
Los setenta significaron un escenario y tiempo de
ruptura, crisis y cambio en las estrategias, en los en-
foques, en los paradigmas y en las políticas del desa-
rrollo económico establecido desde los años inmedia-
tos al término de la Segunda Guerra Mundial. Así, al
final de la década anterior, la decisión de liberalizar
las economías nacionales e iniciar un proceso de
apertura comercial, bajo las leyes y fuerzas del libre
mercado mundial, se explicaron, en su esencia, por
la necesidad de recuperar el crecimiento económico y
restablecer las altas tasa de ganancia y acumulación,
procesos que se habían visto seriamente afectados
por el colapso de las políticas del bienestar y, parti-
cularmente, por la crisis económica internacional de
1973-1975. Como señala Flores Olea: “Las políticas
neoliberales surgen y se afirman a finales de la déca-
da de los setenta para consolidar de nuevo la tasa de
acumulación del capital, que después de tres décadas
de expansión se había frenado y era ya amenazante
para los dueños del capital, en todas partes”.
26
Es importante subrayar que la ejecución de dichas
políticas tuvo un fuerte impacto afectando intereses
creados y agudizando los problemas de inestabilidad
social y polít ica ya existentes. Es decir, las transforma-
ciones y modificaciones de las estructuras económi-
cas y las nuevas políticas neoliberales implicó, en los
hechos, la modificación de las estructuras e intereses
socio-económicos y políticos que, paradójicamente,
tanto para los escenarios europeos (principalmente,
Inglaterra, Francia, España y Alemania) y estadouni-
dense como para el contexto latinoamericano (en
especial, Chile, Argentina, México y Brasil), involu-
cró, en tiempos, magnitudes y formas diferenciadas,
a partidos políticos, organizaciones corporativas
sindicales, asociaciones agrícolas y rurales, grupos
empresariales, industriales y banqueros cuyo interés
pr imordial era seguir manteniendo su posición de pr i-
vilegio y poder. En el escenario europeo, a partir del
derrumbe del modelo económico del
Welfare Sate
y la
profundidad de la crisis económica internacional ex-
presados en un estancamiento crónico del crecimiento
económico de la región, se experimentaron virajes
hacia posiciones y tendencias neoconservadoras que
permitieron y trajeron consigo el establecimiento
de políticas económicas y sociales de inspiración y
corte neoliberal.
Así, desde finales de los años setenta y las dos dé-
cadas siguientes, los gobiernos europeos, inicialmente
Inglaterra y Francia, fueron adoptando políticas neo-
liberales que se resumían en privatizaciones, recorte
del gasto social y productivo del Estado, desregula-
ciones económicas y reestructuración, llamada flexi-
bilización, de las relaciones laborales y quiebre de
los pactos político-sociales entre sindicatos, Estado
24
Pedro Vuskovic, “¿En lugar del neoliberalismo?”, en Enrique de la Garza Toledo (coord.),
Democracia y política económica alternativa,
México,
UNAM
,
CIICH
/La Jornada Ediciones, 1994, pp. 326-327.
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y empresarios. En otras palabras, los altos costos
sociales y políticos de la crisis y el ajuste neoliberal
había recaído en las clases trabajadoras, de manera
particular y devastadora, en las clases obreras inglesas
y en los sectores populares de la sociedad británica.
Por ello, el referente esencial y más ilustrativo para
comprender y explicar las formas y características del
neoliberalismo europeo es, sin duda alguna, el inglés.
En efecto, en la isla británica comienza el arribo de
gobiernos y dirigentes del Partido Conservador con
Margaret Thatcher de 1979 a 1990 y con John Mayor de
1990 a 1997 y, paralelamente a estas casi dos décadas
de neoliberalismo inglés, se fueron imponiendo, pau-
latinamente, las políticas económicas neoliberales en
toda Europa (
François
Mitterrand en Francia en 1981,
Helmut Khol en Alemania en 1982, Poul Holmskov
Schlüter en Dinamarca en 1983, Silvio Berlusconi en
Italia en 1994 y José María Aznar en España entre
1996 y 2004) y en Estados Unidos (a lo largo del largo
periodo que va de 1980 a 2008 con Ronald Reagan,
George Herbert Walker Bush (padre), William Clinton
y George Walker Bush (hijo).
La llamada “Dama de Hierro” –bajo la fraseología
política y demagógica de
There is not alternative
–,
27
se propuso hacer frente a los efectos de la crisis
económica internacional y el colapso del
Welfare
State
inglés a través de la modernización de las
estructuras de la economía nacional británica y la
reestructuración del orden político, social e insti-
tucional establecido por los gobiernos laboristas
y socialdemócratas desde los años posteriores del
término de la Segunda Guerra Mundial. Para ello, el
thatcherismo
intentó construir, desde una retórica
nacionalista de derecha y una ideología neopopulis-
ta, un nuevo consenso y pacto social que respondiera
más a sus intereses, pero sin apelar ni apoyarse en las
clases populares y obreras, sino invocando demagó-
gicamente al ‘pueblo’, a la ‘nación’ y al gran ‘pasado
imperial británico’ desde una posición antiestatista
y anticomunitarista, al tiempo que se exaltaba el
‘individualismo competitivo’, los ‘valores’, la ‘familia’,
el ‘deber’, el ‘sentido común’ y, particularmente, el
‘libre mercado’.
Sin embargo, la suma de una política económica
monetarista, privatizadora, antiestatista y un neo-
populismo demagógico, autoritario y antidemocrá-
tico no lograron fortalecer la economía británica ni
trajo la prosperidad social tan anunciada. Durante la
década de los años ochenta se redujo, sensiblemente,
el poder de los sindicatos y gremios obreros y se eli-
minó la propiedad municipal de viviendas públicas.
Así, gobierno de la Baronesa de Kesteven optó, sin
resultados satisfactorios, por la privatización de un
gran número de empresas públicas y mantuvo una
vehemente oposición a integrarse al Sistema Mone-
tario Europeo. En el periodo que va de 1983 a 1997,
por ejemplo, se privatizaron casi la totalidad de las
principales e importantes industrias y empresas es-
tatales. Por ejemplo, la privatización de la industria
de los ferrocarriles y la industria del carbón, otrora
orgullo del desarrollo económico británico y europeo,
al abrirlas a la competencia del mercado produjo
excesivas inversiones que llevaron a una sobrepro-
ducción que terminaron en un fracaso y provocaron
su destrucción. Por su parte, el nivel de los salarios
descendió, especialmente para los trabajadores no
cualificados. El índice y la tasa de desempleo total
llegó, en su atapa más aguda, a una proporción de uno
por cada cinco hogares británicos y, en 1983, alcan-
zó la cifra del 11.8%
28
de desocupados del total de la
25
Por razones de espacio, haremos referencia solamente a los dos casos más representativos y categóricos del neoliberalismo europeo y
latinoamericano: Inglaterra y Chile.
26
Víctor Flores Olea,
La crisis de las utopías
, México, Anthropos/
UNAM
,
CIICH
,
FCP
y
S
, 2010, p. 241.
27
En su discurso inaugural como Primera Ministra, en 1979, Margaret Thatcher advirtió al mundo: “Aquí no hay alternativa a la globaliza-
ción”; además, anunciaba al mundo que en las relaciones internacionales presentes y futuras no existiría más alternativa política, socio-
económica y cultural que el capitalismo neoliberal.
28
Alonso Aguilar Monteverde,
Globalización y capitalismo
, México, Plaza y Janés Editores, 2003, p. 152.
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población laboral inglesa; no obstante la cifra record
fue de 3,000,000 de obreros en 1981.
29
Por último, los servicios públicos de salud y
educativos –escuelas, universidades y centros de
enseñanza–, e incluso los sistemas correccionales y
carcelarios, pasaron a estar regidos por organismos
paraestatales. En consecuencia, la puesta en marcha
de políticas económicas y sociales neoliberales pro-
dujo un significativo descontento en la sociedad bri-
tánica que se manifestaba cotidianamente en agudos
y violentos conflictos sociales de distinta índole. La
realidad mostró que el
thatcherismo
concibió y manejó
a su gobierno como una
gerencia pública empresarial
basada en una economía precaria y autoritaria, al
tiempo que desmantelaba los restos de las estructuras
del Estado social benefactor que quedaban en el país
y que para la mayor ía de la población inglesa significó
una mayor y generalizada pobreza. De hecho, Nigel
Lawson, ministro de Hacienda del gobierno de That-
cher, así lo confirmó cuando declaró que “el objetivo
fue introducir una cultura empresaria en el Reino
Unido”.
30
Guerrero Orozco lo explica así:
Margaret Thatcher estableció la Unidad de Eficiencia
para delinear e implementar la reforma del Estado
británico. El núcleo del ideario reformista fue inte-
grado con métodos, conceptos, modelos y valores
importados desde la experiencia de los negocios
privados, inspirados en la doctrina neoliberal […]
El gobierno británico concibió un nuevo tipo de ge-
rencia… La fórmula fue muy simple: “mejor gobierno
significa gerencia de negocios”. La reforma neoge-
rencial británica, se llevó a cabo en un ambiente
altamente hostil, principalmente del servicio civil,
lo que determinó el curso del proceso de la reforma
y sus resultados.
31
En conclusión, uno de los mitos centrales del neo-
liberalismo inglés (y europeo en general) –basado
en la exaltación y superioridad del papel del “libre
mercado” y “libre comercio” en la maximización de
la eficiencia y el bienestar económico– se derrumbó
y colapsó ante los ojos de todos. Como bien señala
Álvarez Béjar:
El mito que socializó Margaret Thatcher con su des-
plante autoritario:
TINA
,
There is No Alternative,
no hay
de otra más que las políticas neoliberales de abrir,
privatizar y desregular, que pretenden seguir de pie,
dictando pragmáticamente para otros recetas que no
se aplican ya ni en sus propias economías […] está
probado que en política fiscal y monetaria, en la indus-
trial, la agrícola, en la política científica y tecnológi-
ca, por lo menos, hay muchísimas más opciones que
la receta neoliberal “unitalla”.
32
Ahora bien, en relación al contexto latinoamericano
se puede señalar, de manera general, que a partir de la
segunda mitad de la década de los sesenta del pasado
siglo, la evidencia empírica del estancamiento, in-
flación, desempleo y crisis del modelo económico de
industrialización por sustitución de importaciones
elaborado por la Comisión Económica para América
Latina (
CEPAL
) se empezaba a manifestar, claramente,
en las estructuras sociales, económicas y políticas
latinoamericanas. Se asistía entonces al inicio de la
llamada “crisis del desarrollismo”. En este sentido,
Zemelman sostiene que
El fracaso de las estrategias desarrollistas de los años
cincuenta y sesenta […] tiene que ver con el hecho
de que el modelo de desarrollo que ha pretendido
fundarse en la conformación de grandes mayorías
29
René Villareal,
La contrarrevolución monetarista. Teoría, política económica e ideología del neoliberalismo
, México, Océano/
FCE
, 1986, p. 41.
30
Jorge Vázquez Sánchez, “Neoliberalismo y Estado benefactor. El caso mexicano”, en
Aportes
, vol. X, núm. 30, septiembre-diciembre de
2005, p. 63.
31
O. Guerrero Orozco,
op. cit
., p. 227.
32
Alejandro Rogelio Álvarez Béjar, “25 años de teoría, práctica y mitos del neoliberalismo en México”, en Centro Mexicano de Estudios
Sociales (coord.), La crisis actual del capitalismo, México, Siglo Veintiuno Editores, 2011, p. 92.
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beneficiarias terminó por constituirse en una barrera
para la acumulación de capital y, en consecuencia,
para su reproducción, situación que agravada por
la supeditación cada vez mayor de las economías
nacionales a las exigencias de una lógica económica
global.
33
Así, la crisis del modelo del Estado benefactor sus-
titutivo de importaciones en América Latina fue ce-
diendo, progresivamente, el lugar a un nuevo patrón
acumulación basado en especialización de la planta
productiva de tipo exportador en las actividades
que cada país tenga o cuente –las llamadas
ventajas
comparativas
– y que responda así a las nuevas nece-
sidades que exigía el nuevo proceso produc t ivo cono-
cido como el proceso de globalización e integración
neoliberal del mercado mundial. Sin embargo, las
políticas económicas neoliberales
de Ajuste Estruc-
tural
sugeridas y controladas por el Fondo Monetario
Internacional (
FMI
) y el Banco Mundial (
BM
), fueron
realizadas en distintos momentos, con diferentes
grados y magnitudes y en las diversas economías
latinoamericanas. En este sentido, como se señalara
párrafos arriba, el caso de Chile representa el proceso
socio-económico y político más significativo y rigu-
roso del neoliberalismo latinoamericano y cuyas las
políticas económicas comenzaron un poco antes que
en Europa. Así, posterior al golpe de Estado contra
el presidente Salvador Allende el 11 de septiembre
de 1973, los llamados
Chicago Boys,
dirigidos por
Friedman, llevaron a la práctica, casi de inmediato,
el modelo y las políticas económicas monetaristas
neoliberales conjuntamente con el establecimiento
de la dictadura del general Augusto Pinochet. Fue el
propio Friedman quien diseñó los programas o polí-
ticas de “
shock
” que, bajo condiciones de dictadura
militar, produjeron rápidamente cambios drásticos
en la propiedad de la riqueza y la distribución del
ingreso. Desde luego, el economista norteamericano
siempre negó que sus programas y modelos económi-
cos y políticos tuvieran alguna vinculación con el uso
del terror de Estado que la junta militar desató por
dos décadas. Así, a cuatro meses del golpe de Estado,
en enero de 1974 la Junta Militar recibió del
FMI
un
préstamo de contingencia. En los hechos, empeza-
ba todo un programa extenso que incluyó: cambiar
radicalmente la ley laboral, modificar el patrón de
producción y distribución, apertura a ultranza de la
economía chilena al exterior y a la inversión extran-
jera, liberación de precios, devaluación y fijación
de paridad respecto al dólar, reducción arancelaria
y supresión de los controles internos, reducción del
papel del Estado minimizando su gasto y contrayendo
la oferta monetaria, subasta de empresas públicas,
reducción de personal al servicio del Estado y ajustes
salariales y una aplicación sistemática y permanente
de represión contra los trabajadores cancelando en
definitiva las libertades y las garantías políticas.
Los efectos en la economía y la sociedad chilena
que provocaron las políticas neoliberales a lo largo de
casi dos décadas
34
se tradujeron, a nivel económico,
en aniquilamiento de la base productiva expresada
en estancamiento, baja inversión, desindustrializa-
ción, dependencia alimentaria, ampliación del défi-
cit exterior y en depresión prolongada. A nivel social
y político, decadencia, agio y represión expresados
en alta concentración del ingreso y la propiedad, es-
peculación, elevadas tasas de desempleo y represión.
En cuanto al penúltimo de estos rubros, la reducción
de personal del gobierno fue escandalosa: la Junta
Militar despidió a más de 100,000 personas y, en 1981,
14 mil 819 trabajadores más quedaron también sin su
fuente laboral, sumando un total de 525,000 cesantes
en diciembre de ese mismo año que representó una
tasa del 15% de la población activa (que se elevaría
hasta un 25% en 1982).
35
Si el desempleo cobró miles
33
Hugo Zemelman,
Configuraciones críticas. Pensar epistémico sobre la realidad,
México,
CREFAL
/Siglo Veintiuno Editores, 2011, p. 314.
34
Para un estudio detallado y documentado de los primeros 12 años de gestión neoliberal en Chile,
vid
. René Villareal,
La contrarrevolución
monetarista. Teoría, política económica e ideología del neoliberalismo,
México,
FCE
, 1997.
35
Ibid
., p. 343.
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de víctimas, la represión no se quedó atrás. De hecho,
fue esta misma, a decir de Villareal,
36
la que elevaría
sin parangón tanto los costos económicos como los
sociales del neoliberalismo en Chile. El Estado y la
represión policíaco-militar y de inteligencia asumida
por posiciones ultra-represivas para asegurar el mo-
delo monetarista, fue pues el mayor costo y tragedia
para la historia contemporánea de la sociedad chile-
na. Sólo un dato al respecto: “Diversos organismos
internacionales afirman que durante y después del
golpe de Estado perecieron violentamente alrededor
de 400,000 personas, mientras que más de 20,000
fueron encarcelados. Casi un millón de chilenos
se encuentran en el exilio, el 10% de la población
total”.
37
Si a ello se le añaden los miles de desapare-
cidos y las políticas de ‘persecución terrorista’ o ‘por
medidas preventivas’, se termina por conformar lo
que fue llamado el triunfo del neoliberalismo
fascista
del mercado.
38
En conclusión, el establecimiento del
modelo neoliberal –así como las polít icas para alcan-
zar las llamadas
reformas estructurales
de las econo-
mías latinoamericanas
recomendadas
por los orga-
nismos financieros internacionales como el
FMI
, el
BM
y la Organización Mundial de Comercio (
OMC
)
– se
inscribe y se explica en un contexto de crisis y re-
estructuración del patrón de acumulación y de la
imposición de un nuevo orden político mundial. Así
lo dice Arancibia Córdova:
América Latina vio entrar en crisis su patrón de acu-
mulación en los años 60 y ello dio lugar a un proceso
de lucha y organización de vastos sectores sociales,
lo cual agudizó los conflictos político-sociales en
numerosos países de la región […] como forma de
respuesta a la cr isis y a las luchas soc iales, que encon-
traron momentos álgidos en el gobierno de la Unidad
Popular en Chile […] los intentos progresistas de
resolver la crisis económica en América Latina fueron
abortados y destruidos por golpes de Estado y repre-
sivas dictaduras, que destruyeron partidos, organiza-
ciones sociales, sistemas políticos y asesinaron a
una generación de dirigentes […] el triunfo de las
tendencias conservadoras permitió que el llamado
neoliberalismo se impusiera en América Latina y con
él la posibilidad y la necesidad del sector empresarial
nacional y extranjero de llevar adelante un conjunto
de reformas estructurales.
39
No obstante, desde mediados de la década de los años
noventa del pasado siglo, se mostraba ya un pano-
rama de crisis económica, desempleo generalizado,
profundización de la desigualdad y empobrecimiento
masivo de la sociedad y un gran desencanto para las
mayorías latinoamericanas como resultado directo de
la aplicación e imposición de las políticas económicas
neoliberales y de las recomendaciones del
Consenso
de Washington
.
40
Por ejemplo, la pobreza aumentó en
36
Ibid.
37
Ibid
., p. 350.
38
La historia,
grosso modo
, nos revela que, posterior a Chile, siguió Argentina que desde marzo de 1976 –al instaurarse la dictadura militar
y designar a José Martínez de Hoz ministro de Economía– comenzó el autodenominado
Proceso de Reorganización Nacional
que en materia
económica significó el fin del Estado interventor y la aplicación de políticas monetaristas neoliberales de libre mercado. Posteriormente,
el neoliberalismo argentino se afianzaría con los gobiernos de Raúl Alfonsín (1983-1989) y Carlos Saúl Menem (1989-1995 y 1995-1999). En
Perú, con los de Fernando Belaúnde Terry (1980-1985), Alan García Pérez (1985-1990) y Alfredo Fujimori Fujimori (1990-2000). En Bolivia,
con las administraciones de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989), Jaime Paz Zamora (1989-1993) y Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997).
En Brasil, con los gobiernos de José Sarney (1985-1990), Fernando Collor de Melo (1990-1992) y Fernando Henrique Cardoso (1995-1999). En
Uruguay, con Julio María Sanguinetti Coirolo (1995-2000) y Luis Alberto LaCalle de Herrera (1990-1995). En Venezuela, a través de Carlos
Andrés Pérez Rodríguez (1974-1979 y 1989-1993) y Rafael Caldera Rodríguez (1994-1999). Finalmente, en México, con Miguel de la Madrid
Hurtado (1982-1988), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), Vicente Fox Quezada(2000-2006)
y Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012).
39
Juan Arancibia Córdova (coord.),
Capital, crisis y desigualdad en América Latina
, México,
UNAM
,
PPEL
,
FCP
y
S
, 2011, pp. 35, 39, 41 y 43.
40
Pablo Casillas Herrera, “Reordenamiento político mundial. Desafíos para América Latina”, en Patricio Cardoso Ruíz
et al.
(coords.),
Pensamiento social latinoamericano. Perspectiva para el siglo
XXI
.
Tomo I.
México, Universidad de Cuenca/
UAEM
/
UNAM
, 2010, p. 184.
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América Latina: de 136 millones de pobres en 1980
se pasó a 200 en l990 y a 175 en 2011, lo que indica
que el 36% de la población total de América Latina
es pobre.
41
En suma, luego de treinta años de neoli-
beralismo los efectos económicos y políticos de los
programas de
ajuste y cambio estructural
en la sociedad
lat inoamer icana significaron la mayor cr isis económi-
ca y devastación social de su historia contemporánea,
toda vez que, como señala Enríquez:
Se generalizaron y acentuaron los problemas de pobre-
za, marginación y exclusión social; fue profundizada
la inserción subordinada de la región en la economía
mundial; se desmantelaron gran parte de los aparatos
productivos nacionales, y los mercados internos fueron
debilitados y desestructurados; aumentó el poder de
la iniciativa privada en desmedro de las capacidades y
potestades del Estado en materia de desarrollo; tendió
a acentuarse la dependencia financiero/tecnológica
y a erosionarse la capac idad para la toma de dec isiones
estratégicas en el ámbito nacional.
42
41
Ibid
., p. 70;
vid
. también Banco Interamericano de Desarrollo, “Informe Anual 2009”, Washington, Oficina de Relaciones Externas del
BID
, 2009, en http://www.iadb.org/ar/2009/docs/spa_ar_final.pdf y Comisión Económica para América Latina,
Panorama social de América
Latina, 2011,
Santiago de Chile, Secretaría Ejecutiva de la
CEPAL
cial_versionfinal.pdf
42
Isaac Enríquez Pérez, “Evolución del pensamiento sobre el desarrollo en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Un
análisis comparativo en América Latina” en
Trayectoria
, vol. 12, núm. 3, julio-diciembre de 2010, p. 50.
43
John Williamson, investigador del
Institute for International Economics
de Washington, escribió “What Washington Means by Policy
Reform” en noviembre de 1989. Dicho documento es una investigación sobre diez aéreas de reformas de política económica que los países
deudores deberían ejecutar en sus políticas de desarrollo económico y constituye, en conjunto, el llamado
decálogo de políticas económicas
impuestas a nivel mundial durante la década de los años noventa del siglo
XX
, conocido como
El Consenso de Washington
.
El escrito está
El Consenso de Washington
Ahora bien, en esta perspectiva contextual, se puede
afirmar que el núcleo central del fundamento pragmá-
tico del pensamiento y la ideología neoliberal para el
nuevo orden
y reestructuración del sistema mundial
a partir de los años ochenta y noventa del siglo
XX
,
se sustentó en un conjunto de políticas económicas
llamado
Consenso de Washington
. De acuerdo con su
creador, John Williamson,
43
lo que se pretendía era
realizar un ajuste que favoreciera a la reestructuración
económica mundial y a la modernización institucional
con el objetivo de
reconvertir
a las economías nacio-
nales y a las empresas incrementando su productivi-
dad y lograr, así, una mejor integración al comercio
y flujos financieros internacionales y, finalmente, a
la economía mundial. La aplicación y ejecución de
este
Decálogo
se llevaría a cabo a través de un vasto
programa draconiano de políticas económicas que
consistieron en privatización de empresas y servicios
públicos; desregulación basada en la disminución del
papel interventor y productivo del Estado vaciándolo de
toda su función social reguladora a un grado máximo;
apertura de la economía nacional; liberalización del
mercado y el comercio a las leyes del mercado mundial
y reforma del Estado (traducida en eliminación de
políticas sociales y asistenciales, modernización de la
planta productiva, privatización de la seguridad social,
incremento de la recaudación tributaria mediante la
creación de impuestos indirectos, reforma radical del
sector y mercado laboral llamada
flexibilización laboral
y, finalmente, reforma del sistema educativo nacional
con una orientación marcadamente tecnocrática).
De esta manera, el propósito central del programa
neoliberal de reformas mundiales del
Consenso de
Washington
era alcanzar y mantener los equilibrios
macroeconómicos con un sentido y una visión estric-
tamente economicista de la economía, vaciándola de
contenido y razones sociales y culturales. Con ello, la
economía pierde su carácter social con el que nació
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como ciencia y, desde ese momento, donde la razón
económica –razón de mercado– neoliberal moder-
nizadora desplaza a la razón social –razón de Esta-
do– serán la competitividad y la roductividad de la
lógica de los mecanismos del mercado mundial –y no
el bienestar social– los nuevos centros de las aten-
ciones y preocupaciones fundamentales de Estados
y gobiernos, bloques económicos regionales,
think
tanks
e intelectuales, directivos y líderes empresaria-
les y corporativos dueños de los capitales financieros
más importantes a escala mundial. Sin embargo, las
reformas económicas mundiales neoliberales centra-
lizada en la defensa y virtudes de los mecanismos de
autorregulación del mercado mundial, desde las dé-
cadas de los años ochenta y noventa del siglo pasado,
lograron, por un lado, un incremento acelerado de la
desigualdad económica y social, un aumento expo-
nencial de la pobreza extrema y una concentración
de la riqueza también extrema; por el otro, aislar y
vaciar de todo contenido político, social y cultural
a las instituciones democráticas, a los gobierno
nacionales y, sobre todo, al Estado mismo –que, más
que desaparecerlo, lo privatizaron– convirtiéndolo
abiertamente en un mero administrador del capital
financiero nacional y transnacional.
44
Como bien lo
advierte Ferrer:
La estrategia del
Consenso de Washington
, produce
malas respuestas […] Los resultados son elocuentes,
durante la década de 1980 el producto per cápita de
la región cayó más del 10% y su crecimiento en los
años noventa es la mitad del verificado durante la
etapa del crecimiento hacia adentro. En los últimos
veinte años aumentaron la pobreza y la marginalidad
y creció aún más la concentración de la riqueza y el
ingreso, que es uno de los peores rasgos sistémicos de
la realidad latinoamericana […] En la actualidad, el
Fondo, junto con el Banco Mundial, se ha convertido
en un protagonista permanente de la formulación y
gestión de la política económica de diversos países
[…] En la actualidad, la políticas económica de los
países lat inoamer icanos, en mayor o menor medida, se
formula, condiciona o monitorea desde el exterior.
45
De este modo, el llamado
Consenso de Washington
significó un sistema oficial y doctrinal que sirvió para
recordar que las instituciones económico-financieras
globales rectoras del orden económico mundial no son
agentes independientes preocupados por bienestar
común de la humanidad, sino reflejo de la distribución
e intereses del poder político-económico internacional
en donde, como sostiene Chomsky, “los principales
arquitectos del neoliberal Consenso de Washington
son los señores de la economía privada, sobre todo las
inmensas corporaciones que controlan la mayor parte
de la economía internacional y tienen los medios para
moldear la política, así como para estructurar las ideas
y opiniones”.
46
O, en palabras de Piqueras:
El conjunto de medidas aplicadas por doquier a partir
de la penúltima década del siglo
XX
, también como
afianzamiento del nuevo dominio de las formaciones
sociales centrales sobre las periféricas, se ampararon
en lo que fue conocido como
Consenso de Washington
.
Por eso, sea en su vertiente económica, política, poli-
cíaco-militar o ideológico-cultural, el neoliberalismo
como doctrina intrínseca al capital monopolista trans-
nacional ha venido actuando a través de los Estados
y las instituciones de regulación interestatal para
modificar de modo duradero las relaciones de fuerza
entre las clases, y de institucionalizar esa modificación
a favor del capital.
47
44
En México, el presidente Vicente Fox (citado en J. Ornelas Delgado,
op. cit
., p. 75) definió a su gobierno “como un gobierno de empre-
sarios para los empresarios”.
45
Aldo Ferrer,
De Cristóbal Colón a Internet: América Latina y la globalización
, Buenos Aires,
FCE
, 2001, p. 76 y 77.
46
Noam Chomsky,
El beneficio es lo que cuenta. Neoliberalismo y orden global
, Barcelona, Crítica, 2001, pp. 20-21.
47
Andrés Piqueras, “Desafíos de trabajo como sujeto histórico en el capitalismo tardío declinante”, en Andrés Piqueras y Wim Dierckxsens
(eds.),
El colapso de la globalización. La humanidad frente a la Gran Transición
. Barcelona, El Viejo Topo-Ediciones de Intervencion Cultural,
2011, p. 243-244.
Perspectivas Teóricas
69
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
Otro estudio exhaustivo,
de primera mano
como di-
ce su autor
(Premio Nobel de Economía 2001 y vice pre-
sidente del Banco Mundial), explica el rotundo fra-
caso de las políticas económicas globales impuestas
por el
Consenso de Washington
al señalar:
El efecto devastador en las poblaciones de los países
pobres, haciendo a los ricos cada vez más ricos y a
los pobres cada vez más pobres […]
en donde
[…] La
creciente división entre poseedores y desposeídos ha
dejado a una masa creciente en el Tercer Mundo sumi-
da en la más abyecta pobreza y viviendo con menos
de un dólar por día […] la privatización mal hecha
no llevó a incrementar la eficiencia o el crecimiento
sino a la liquidación a los activos y la decadencia
[…] la liberalización del mercado de capitales y la
privatización facilitaron la salida del dinero del país,
la privatización previa al establecimiento de una
infraestructura legal propició a la vez la posibilidad y
el incentivo para liquidar activos en vez de reinvertir
en el futuro del país.
48
Finalmente, en relación a la vinculación entre el con-
junto de políticas económicas del
Consenso de Was-
hington
y la acción de las instituciones financieras
internacionales del
BM
, el
FMI
y la
OMC
, es importante
señalar que estos organismos cumplen, también, otras
importantes funciones políticas para la preservación,
expansión e integración global del capitalismo. En
primer lugar, generan conocimientos teóricos y em-
pír icos tanto en obras, libros, documentos e informes
especializados como en foros de negociación inter-
nacional. En segundo, cumplen la importante tarea de
construir y difundir reglas y directrices de las estra-
tegias y políticas económicas neoliberales globales al
interior de los países a través de las llamadas
comuni-
dades epistémicas
.
49
En suma, como puede obser varse,
el predominio del pensamiento, la ideología y
praxis
neoliberal del fundamentalismo del mercado, apoyado
en las instituciones financieras internacionales y en
las políticas del
Consenso de Washington
, impusieron
y legitimaron un conjunto de procesos, políticas y es-
quemas económicos que confluyeron negativamente
en una precipitada y devastadora apertura, desregu-
lación y desestatización de las economías nacionales
periféricas del capitalismo mundial y condujeron,
significativamente, a la economía internacional a un
proceso permanente, agudo y generalizado de crisis,
desigualdad, inestabilidad –que tocó fondo el 2008 y
2009– y, sobre todo, a una profunda incertidumbre del
devenir del proceso civilizatorio, como el rasgo actual
más distintivo de las relaciones internacionales. Así,
Stiglitz, al final del 2008 concluía:
La agenda de la globalización está ligada estrecha-
mente a la del fundamentalismo del mercado: la
ideología de los mercado libres y de la liberalización
financiera. En esta crisis vemos que las instituciones
más orientadas al mercado en la economía de mer-
cado por excelencia se han desplomado y recurren
apresuradamente al gobierno pidiendo ayuda. Muchos
dirán entonces que es el fin del fundamentalismo del
mercado. La actual crisis financiera es el resultado de
la deshonestidad, la hipocresía, la incompetencia y el
colapso de la confianza en las autoridades…pero…
¿quién eligió a esas autoridades?
50
48
Joseph E. Stiglitz,
El malestar de la globalización
, Madrid, Taurus, 2002, pp. 11, 17, 29 y 199.
49
Las
comunidades epistémicas
están constituidas por una red de académicos, intelectuales, funcionarios de organismos internacionales
especializados,
think-tanks
, universidades e instituciones privadas educativas, expertos en asuntos y políticas públicas que intervienen
en el diseño y toma de decisiones. Comparten una cosmovisión neoliberal y códigos de conducta y comunicación para la preservación del
orden neoliberal.
50
Joseph Stiglitz (
The Huffington Post, 17 de septiembre de 2008
) citado en V. Flores Olea,
op. cit
, p. 274.
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70
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
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Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
Entre los autores intelec tuales neoliberales o neocon-
servadores de las tesis de
El fin de las ideologías
se
encuentran, entre otros, Shils,
52
Mar t in Lipset,
53
Aron
54
y, particularmente, Bell.
55
Su enunciación original se
fundamenta en la premisa de que los movimientos
radicales sociales revolucionarios de finales del siglo
XIX
y comienzos del
XX
, fueron las últimas manifesta-
ciones de la era de las ideologías y, en consecuencia,
según estos autores, desde el triunfo de capitalismo
keynesiano en la Segunda Guerra Mundial, la derrota
del fascismo y el nazismo y la crisis el autoritarismo
totalitario del estalinismo, la humanidad es testigo del
fin de las ideologías
en las grandes sociedades indus-
triales y altamente desarrolladas. En otras palabras,
las viejas ideologías políticas que venían de fines de
los siglos
XVIII
y
XIX
habían perdido gran parte de su
poder de convocatoria política y cedían el paso a un
nuevo pragmatismo en las sociedades ahora post-in-
dustriales basado en una economía mixta y un Estado
social benefactor redistributivo, un pluralismo político
y, particularmente, en nuevos procesos tecnológicos.
Además, según Bell,
56
las nuevas formas económico-
productivas, las estructuras tecno-científicas, el
orden polít ico mundial y la nueva dimensión socio-cul-
tural, no sólo fueron los actores principales del trán-
sito de un capitalismo industrial hacia un capitalismo
post-industrial, sino que constituyeron los factores
centrales que le dieron el liderazgo y la hegemonía
mundial a Estados Unidos.
Es decir, en las nuevas sociedades post-industria-
les, según Bell, las ideologías no eran ya más necesa-
rias porque éstas, más que rasgo endémico de la era
moderna, se habían constituido en mero síntoma pasa-
jero de la modernización capitalista, síntoma que poco
a poco desaparecería en la medida en que las socieda-
des industriales alcanzaran una etapa superior de
madurez económica y política. Así, el modelo cultural
neoconservador de las tesis del
fin de las ideologías
fue,
por un lado, el punto de partida de un pragmatismo
ultraconservador de rechazo a la sociedad de masas o,
en palabras de Bell, “los malestares culturales del siglo
XX
”; por el otro, justificador del surgimiento del ca-
pitalismo de los grandes monopolios comerciales y
financieros de los años cincuenta y sesenta. De hecho,
el sociólogo neoyorquino estableció, sin ambages,
que la crisis cultural de la sociedad industrial, está
expresada en la contradicción entre la racionalidad
de la producción capitalista y las tendencias ‘anti-
racionalistas’ de la sociedad de masas. Por ello, el
nuevo modelo de sociedad post-industrial descansaba
o tenía su ‘
eje axial
’ en la revolución tecnológica y
científica. Así, la tecnología había triunfado sobre la
ideología y, con ello, el advenimiento de la sociedad
post-industr ial posibilitar ía una nueva época en don-
de, “la tecnología pone la riqueza” al alcance de toda
la población. Por último, el profesor emérito de Har-
vard advertía que, con la llegada de la sociedad post-
industrial tecnologizada, las ideologías ya no eran
51
A. Sánchez Vázquez,
A tiempo y destiempo. Antología de ensayos
, México,
FCE
, 2003, pp. 507-508.
52
Edward Shils, “Ideology and Civility: On the Politics on the Intellectual”, en
The Sewanne Review,
núm. 66, 1958.
53
Seymour Martin Lipset,
El hombre político. Las bases sociales de la política
, Buenos Aires, Eudeba, 1968.
54
Raymond Aron,
The Opium of the Intellectuals
, Londres, Secker y Warburg, 1957.
55
Daniel Bell,
The End of Ideology: On the Exhaustion of Political Ideas in the Fifties, with “The Resumption of History in the New Century”
,
Harvard, Harvard University Press, 1961.
56
D. Bell,
El advenimiento de la sociedad post-industrial: un intento de prognosis social
, Madrid, Alianza Universidad, 2001.
El fin de la ideología y el fin de la historia
La naturaleza ideológica de la doctrina del ‘fin de las ideologías’ no es sino una nueva forma de la ideología burguesa, estrechamente
emparentada por su función con la de la ‘neutralidad ideológica’. Lo que se trata de enterrar es, en definitiva, toda ideología revolucionaria y
con ello el papel que le corresponde como guía de la acción de las fuerzas revolucionarias en la transformación de la sociedad en un época en
que el capitalismo padece su peor crisis.
A
DOLFO
S
ÁNCHEZ
V
ÁZQUEZ
51
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necesarias, pues la desigualdad económica y social se
había ido reduciendo del mismo modo que las tensio-
nes políticas. En suma, para Bell, el éxito del Estado
del bienestar social, el repliegue del comunismo en
el mundo y el retroceso de las luchas sindicales del
movimiento obrero desde el establecimiento del
New
Deal
hasta el triunfo del
Welfare State
del siglo
XX
,
habían propiciado el “ocaso” de las ideologías, de esas
visiones “radicales” que tanto asediaban a la demo-
cracia occidental liberal.
57
Sin embargo, en los hechos, la realidad social de
lo que ha ocurrido en el sistema mundial es absoluta-
mente contraria a lo que los intelectuales neolibera-
les proponían y justificaban con el final de la era de
las ideologías. No obstante, cabe señalar que, décadas
después, de la publicación de su obra señera, Daniel
Bell señaló en 1996:
La Guerra Fría llegó a su fin y los Estados Unidos
siguieron siendo el máximo poder del mundo. Los con-
flictos ideológicos, al menos los que se derivan de
los debates decimonónicos relativos a la posesión
del futuro, se evaporaron hasta dejar por un lapso al
capitalismo sin enemigos visibles. Esta situación ha
conducido al “fin de la historia” de Francis Fukuya-
ma, una tesis sostenible solamente si se cree que la
historia es el desarrollo de una idea que se traduce
en materialidad.
58
En efecto, será continuadora de esta visión ideo-
lógica neoliberal universalista la celebérrima obra de
Fukuyama,
59
donde se atestigua el mismo escenario
neoliberal pero con argumentaciones y visiones más
ultraconservadoras y ahistóricas del proceso huma-
no civilizatorio y, sobre todo, con la visión de que
el destino de la humanidad ya no tiene alternativa
diferente al triunfo del capitalismo globalizado, el
libre mercado y la cultura del consumo occidental.
Sin prestar mayor atención analítica, más allá de los
ríos de tinta que ha corrido hacia la crítica de este
ensayo superficial sobre el fin de nuestra historia,
60
se puede sintetizar que el panfleto dogmático escrito
originalmente como artículo de 16 cuartillas en la
revista
The National Interest
,
61
del verano de 1989,
y posteriormente como libro en 1992, sostiene que
después del colapso socialista seguirá un nuevo “orden
internacional” armonioso, desde luego controlado por
las potencias vencedoras de Occidente (entiéndase
Estados Unidos) en la que reinarán eternamente las
leyes del mercado mundial, la democracia liberal y la
libertad occidental. En concreto, para Fukuyama, el
tr iunfo del modelo cultural, polít ico y económico neo-
liberal y su imposición por todo el planeta se basa en
una simple argumentación lineal: una vez derrumbado
el modelo económico, social y político del comunis-
mo, la caída del Muro de Berlín y el fin del ‘socialismo
real’, la economía del libre mercado mundial, la demo-
cracia parlamentaria liberal y el multiculturalismo y
los valores nor teamer icanos const ituyen por su unidad
indisoluble el único y mejor modelo social y político de
referencia mundial alcanzado por la humanidad.
Asimismo, el catedrático de Stanford presenta en
su obra una de las ‘verdades universales’ del pensa-
miento y del pragmatismo de la ideología neoliberal
que, con mayor influencia, se han difundido en las
ciencias sociales y las humanidades: la sociedad, el
Estado y el sistema mundial serán siempre, al infini-
to, capitalistas y estarán basados, eternamente, en
los valores de la democracia liberal occidental (por
supuesto, la norteamericana), pues “En tiempos de
57
D. Bell,
Las contradicciones culturales del capitalismo
, Madrid, Alianza Universidad, 1977.
58
D. Bell (Epílogo de 1996 a
Las contradicciones culturales del capitalismo
) en Josetxo Beriain y Maya Aguiluz (eds.),
Las contradicciones
culturales de la Modernidad
, Barcelona, Anthropos,
UNAM
/
UAM
, 2007, p. 83.
59
Francis Fukuyama,
El fin de la historia y el último hombre
, México, Editorial Planeta, 1994.
60
Una de mejores críticas analíticas y metódicas sobre las tesis de Fukuyama, ha sido desarrollada por José Luis Orozco Alcántar en su
obra
Sobre el orden liberal del mundo,
México,
UNAM
,
CCYDEL
/Miguel Ángel Porrúa, 1995.
61
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72
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nuestros abuelos, muchas personas razonables podían
prever un futuro socialista radiante, el cual habían de
ser abolidos la propiedad privada y el capitalista,
y en el que se habría sobrepasado, en cierto modo
la política. Hoy, en cambio, nos cuesta imaginar un
mundo que sea radicalmente mejor que el nuestro,
o un futuro que no sea esencialmente democrático
y capitalista”.
62
Ésta es la visión política e ideológica en la que
descansa la tesis central del politólogo de Chicago,
misma que sintetiza la historia moderna universal
explicando que después del establecimiento del es-
tado liberal democrático en Europa en el siglo
XIX
, no
ha existido ni surgido, con el
éxito
del capitalismo,
ningún modelo económico o régimen político y social
alternativo. Es decir, según Fukuyama, las contra-
dicciones sociales y económicas, la explotación, la
exclusión y la desigualdad entre las clases sociales
fueron ya resueltas y superadas por el liberalismo, el
keynesianismo y el capitalismo neoliberal y, a nivel de
las relaciones internacionales, la hegemonía absoluta
del capitalismo globalizado propiciará una tendencia
a aminorar o desaparecer los conflictos regionales e
internacionales. Por tanto, en la sociedad post-in-
dustrial o post-histórica las disputas, las rivalidades
y las guerras entre los Estados nacionales también
desaparecerán.
Sin embargo, quizás lo más asombroso de las
tesis del alumno de Allan Bloom sean los temas que
versan sobre el estado universal y homogéneo y el
poder de las ideas, pues es en ellos donde encuentra
espacio para criticar
algunos de los postulados del
pensamiento marxista (acerca de que las ideologías
ocupan un lugar y un papel secundario y marginal
en el desarrollo de la historia). En este ejercicio,
Fukuyama muestra, por un lado, un desconocimiento
absoluto de la dialéctica en el pensamiento de Marx y,
por el otro, un manejo y una aplicación mecanicista,
burda y falseada de la historia y del materialismo his-
tórico, pues parte de la idea de que la tesis del fin de
la historia no es nueva, sino de Marx (quien, a su vez, la
tomara de Hegel). En primer lugar, habrá que decir
que el fin de la historia no es ni para uno ni para otro
el fin de la historia real (como sí lo es para Fukuyama)
con el triunfo del capitalismo neoliberal. Tanto Hegel
como Marx, interpretaron desde su visión de liberales
radicales, y cada uno a su manera, la historia bajo tres
aspectos: en primer lugar, la historia del hombre es la
histor ia de su liberación y su lucha por alcanzarla. En
segundo, el movimiento de la historia es dialéctico,
es decir, el resultado del enfrentamiento entre po-
siciones opuestas y frecuentemente irreconciliables
y, en tercero, la resolución de la
idea
en Hegel, o la
resolución de la
lucha de clases
en Marx, implicaría
la falta de contradicciones sociales fundamentales
y potencialmente alternativas. En consecuencia, el
triunfo de una de las partes, en el contexto mundial
de los países que intervienen en la historia, signifi-
caría el fin de la prehistoria en Marx o de la historia
en Hegel. Sin necesidad de mayor comentario, para
Fukuyama el sent ido de la histor ia es el fin de la histo-
ria ideológica, política, cultural y social expresada en
la universalización del capitalismo, la democracia
liberal y el libre mercado como formas únicas, última
y final del proceso civilizatorio de las sociedades y,
en consecuencia, el final del desarrollo histórico de
la humanidad.
Esta visión profética de
el final de los tiempos
signi-
fica, en el ‘mejor’ de los casos, una inclinación hacia la
formación de sociedades cerradas, fundamentalistas
y totalitarias en las que las contradicciones y luchas
sociales no existen, en donde los sujetos sociales se
transforman en mercancías y objetos despolitizados,
alienados y consumidores bajo los mecanismos coti-
dianos de la coerción, la competencia y el individua-
lismo a ultranza del
ahora
llamado
American Way of
‘Postmodern’ Life
para sobrevivir, estar y ser. Natu-
ralmente, la realidad social de lo ocurrido sobre ese
futuro humano aséptico e idílico
mundo armonioso
y
libre
de conflicto alguno que pensaba Fukuyama,
62
F. Fukuyama,
op. cit
., p. 83.
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resultó, evidentemente, una falsedad y demagogia.
Anderson comenta al respecto:
El fin de la Guerra Fría produjo, por primera vez en la
historia, una ideología que anunciaba la llegada de
un punto final del desarrollo social construido sobre
los supuestos del libre mercado más allá del cual
resultaba imposible pensar:
El fin de la historia
[…]
el capitalismo es el destino universal y permanente
de la humanidad. No hay nada fuera de este destino
pleno […] Esta jactancia fanfarrona de un capitalis-
mo desregulado, como el mejor de todos los mundos
posibles, es una novedad del sistema hegemónico
actual. Ni siquiera en los tiempos victorianos se
proclamaba tan clamorosamente las virtudes y ne-
cesidades del reino del capital.
63
En suma, la
praxis
política del
fin de la historia
sólo produjo un mundo y en una época de guerras,
violencia, incertidumbres, inseguridad, riesgos glo-
bales y resurgimientos socio-culturales alternativos
que confirman, por un lado, la crisis y agotamiento
del tiempo neoliberal expresado en
el fin
, sí, pero de
una era prolongada de una
ideología
y un
pragmatis-
mo
neocolonial, imperialista e intervencionista –la
ideología de la libertad del mercado y la democracia
norteamericana– que pretendió ser universalista y,
por el otro, que se está asistiendo al
inicio
de
otra
his-
toria
, del comienzo de una
nueva histor ia
más humana
e igualitaria, pero ahora basada en el pluralismo, la
interculturalidad y por el bien común en el devenir
del proceso civilizatorio de la humanidad.
63
Perry Anderson, “El papel de las ideas en la construcción de alternativas”, en Atilio A. Boron (comp.),
Nueva hegemonía Mundial. Alter-
nativas de cambio y movimientos sociales,
Buenos Aires,
CLACSO
, 2004, p. 38.
64
A. A. Boron, “Pensamiento único y resignación política: los límites de una falsa coartada”, en A. A. Boron y Julio C. Gambina,
Tiempos
Violentos. Neoliberalismo, globalización y desigualdad en América Latina,
Buenos Aires,
CLACSO
, 2004, p. 223.
La visión hegemónica del pensamiento único: la seguridad e interés nacional
y la “supremacía” estadounidense.
El llamado
pensamiento único
no adopta, por lo ge-
neral, las formas extremas y prácticamente absurdas
de la utopía capitalista; se expresa comúnmente, y
con mayor fuerza, en paradigmas
realistas
apropiados
para situaciones concretas y convoca en su discurso al
libre mercado, al Estado y la sociedad para el funcio-
namiento necesario de coaliciones entre los intereses
de las élites del poder económico y político mundial.
De igual forma, el pensamiento único suele expresar-
se con una claridad argumental directa, simple y una
coherencia aparente que no requiere la confrontación
del pensamiento crítico o reflexivo. Se trata de for-
mas ideológicas que se autodefinen como verdades
universales, como expresiones de leyes naturales
ineluctables y en torno a las cuales se ha generado
un consenso intelectual y político convirtiéndose en
un sentido común universal, en el signo de los tiem-
pos o en el espíritu de la época. Así, de acuerdo con
Boron, al
pensamiento único
corresponde la
política
única
, este nuevo determinismo resulta altamente
funcional a los intereses del nuevo orden dominante
del capitalismo internacional.
64
Entre los autores
que más representan y expresan las formas extremas
del
pensamiento único
, se destacan, desde luego, la
exsecretaria de Estado norteamericana y exconsejera
de Seguridad Nacional de la administración de George
W. Bush, Condoleezza Rice, y el exconsejero de Se-
guridad Nacional del presidente Jimmy Carter, Zbig-
niew Brzezinski. Estos dos personajes resultaron
fundamentales en la estrategia global de dominación
contemporánea de Estados Unidos. La primera, en
dos diferentes momentos, definió el nuevo realismo
político global estadounidense –la visión dominante
del
pensamiento único
– para el siglo
XXI
, basada en
una
nueva revisión
y un
nuevo replanteamiento
del
interés nacional
de Norteamérica que debía ser la
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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guía mundial para la paz y el bienestar internacional
del nuevo siglo:
65
Estados Unidos cuenta con muchas fuentes de po-
der para obtener sus objetivos. Primero, las fuerzas
estratégicas estadounidenses deben ser capaces de
enfrentar con decisión el surgimiento de cualquier
potencia militar hostil en la región del Pacífico asiá-
tico, en el Oriente Medio, el Golfo Pérsico y Europa,
lugares donde se juegan no sólo nuestros intereses sino
también los de nuestros principales aliados. Las tropas
estadounidenses son las únicas capaces de llevar a
cabo esta función disuasiva. No debe descartarse
a
priori
la “intervención humanitaria” […] las fuerzas
armadas son un instrumento especial. Son letales […]
El mejor empleo de las fuerzas militares es para apoyar
objetivos políticos claros. Estados Unidos debe diri-
girse con firmeza y decisión a regímenes como los de
Corea del Norte […] como ocurrió en caso de Iraq. Estos
regímenes viven en una cuenta regresiva, de modo
que no debe temérseles. Más bien, la primera línea de
defensa debe ser una declaración clara y clásica de di-
suasión: si adquieren armas de destrucción masiva,
éstas serán inút iles porque cualquier intento de usarlas
provocará la devastación del país. Ése ha sido el papel
especial de Estados Unidos en el pasado y debe volver
a serlo ahora que entramos en el nuevo siglo.
66
En un segundo momento, Rice señalaría:
Debemos confiar en que la base del poder ío de Estados
Unidos es y seguirá siendo fuerte, ya que su origen
está en el dinamismo, el vigor y la resistencia de la
sociedad estadounidense […] Los mismos valores que
llevan a éxito en Estados Unidos, también llevan al
éxito en el mundo: perseverancia, innovación, espí-
ritu empresarial […] En efecto, hemos demostrado
que, al unir el poder estadounidense con los valores
estadounidenses, podíamos ayudar a amigos y aliados
a ampliar las fronteras […] ¿Cómo describir esta pre-
disposición tan nuestra? Es realismo, en cierto modo.
Pero es mucho más que eso: es lo que he llamado un
realismo propio únicamente de Estados Unidos […]
Un orden internacional que refleje nuestros valores
es la mejor garant ía de nuestro interés nac ional dura-
dero. Y si seguimos confiando en el poder de nuestros
valores, podremos volver a tener éxito.
67
Por su par te, Brzezinski, considerado uno de los ana-
listas e ideólogos más importantes, influyentes, co-
nocedores y defensores de la estrategia hegemónica
global de la polít ica exter ior nor teamer icana, piensa
que el papel, el lugar y la misión histórica y mesiáni-
ca de los Estados Unidos en
el gran tablero mundial
debe ser el equiparable al de la ‘Roma imperial’. Así,
advierte:
La supremacía global de Estados Unidos nos recuerda,
en cierto modo, a la de los viejos imperios, a pesar
de que el campo de acción regional de éstos era más
restringido. Esos imperios basaban su poder en una
jerarquía de vasallos, tributarios, protectorados y
colonias y solían considerar como bárbaros a quienes
se encontraban en el exterior. En alguna medida,
esa terminología anacrónica no resulta totalmente
inapropiada para algunos de los Estados que actual-
mente se mueven en la órbita estadounidense.
68
65
En el año 2000, Rice ya había llevado a cabo una primera reflexión sobre el
interés nacional
estadounidense que, en esencia, constituía el
antecedente más inmediato del establecimiento de la nueva edición de la
pax imperial americana
representada en la llamada Doctrina Bush
(
vid. The National Security Strategy of the United States of America
pdf N.E.).
Vid
. Condoleezza Rice, “La promoción del interés nacional”, en
Foreign Affairs en español
, vol. 1, núm. 1, primavera de 2001.
66
Ibid.
67
C. Rice, “Repensar el interés nacional. El nuevo realismo estadounidense”, en
Foreign Affairs Latinoamérica
, vol. 8, núm. 4, 2008, pp.
147, 149 y 150.
68
Zbigniew Brzezinski (
El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos
,
Barcelona, Paidós, 1998,
299 pp.) citado por Marcos Cueva Perus,
El nuevo mundo en la encrucijada
. México,
UNAM
-
IIS
. Editorial Itaca, 2007, p. 262.
Perspectivas Teóricas
75
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
En suma, y por decir lo menos, las “verdades uni-
versales y eternas” basadas sólo en el uso del poder,
la fuerza y la devastación carentes de toda reflexión
sobre lo humano, la naturaleza y la cultura, pasaron
a formar parte del sentido, estrategia y discurso del
pensamiento único
, en donde la ausencia y negación
de cualquier reflexión política, social, cultural y
económica diferente a la dominante fue la impronta
de la imposición por los académicos, intelectuales y
funcionarios apologistas del pragmatismo del poder
norteamericano orientados a presentar al capitalis-
mo neoliberal con un rostro humano de justicia y
de paz en donde ‘lo que es bueno para mí es bueno
para todos’ porque ‘están con Estados Unidos o con
los terroristas’. Sin embargo, Wallerstein puntualiza
que ‘naturalmente, la realidad social de lo ocurrido
es menos gloriosa que la imagen que nos ofrecen las
justificaciones intelectuales. La desconexión entre la
realidad y las justificaciones las han experimentado
agudamente y expresado en muchas formas, los que
han pagado el precio más alto en su vida personal y
colectiva”.
69
69
Immanuel Wallerstein,
Universalismo europeo. El discurso del poder
. México, Siglo Veintiuno Editores, 2007, pp. 15-16.
70
I. Wallerstein, “2008: el fallecimiento de la globalización neoliberal”, en
La Jornada
, México, sábado 16 de febrero de 2008. Documento
lizacion.org/ordenmundial/WallersteinMuerteGlbzNeoliberal.htm
71
J. L. Orozco Alcántar,
Pragmatismo e inteligencia política global
, México,
UAM
, 2000, p. 19.
Democracia de mercado y capitalismo financiero globalizado: esencia
del universalismo neoliberal
La ideología de la globalización neoliberal ha estado en boga desde principios de los años 80. No era, de hecho, una idea nueva en la historia
del sistema-mundo moderno, aunque reivindicó serlo. Más bien era la muy vieja idea de que los gobiernos del mundo debían dejar de estorbar a
las grandes y eficientes empresas en sus esfuerzos por prevalecer en el mercado mundial”.
I
MMANUEL
W
ALLERSTEIN
70
Al inicio del siglo
XXI
, uno de los politólogos mexi-
canos más destacados en la investigación, el cono-
cimiento y la interpretación de la filosofía política
y económica del pensamiento y el pragmatismo
norteamericano, aseveraba que:
Como consecuencia del déficit de inteligencia dejado
atrás por la cauda de los posestructuralismos, los des-
construccionismos, los posmodernismos o los finales de
la historia, el pensamiento único de
matriz empresarial
y de mercado
ocupan, para cierta izquierda interna-
cionalista, aquel vacío. Dictada por los imperativos
de la disciplina financiera, la técnica presupuestal,
la informática o la mercadotecnia del nuevo orden
mundial, salta hoy al escenario una lógica hegemónica
del dinero, los tableros electrónicos, las imágenes y
los mercados de capital, la cual suprime o subordina
a las demás lógicas humanas […] Siglas ominosas
como las del Fondo Monetario Internacional (
FMI
),
el Banco Mundial (
BM
) o la Organización Mundial del
Comercio (
OMC
) sustituyen, así, los referentes políticos
y sociales familiares e imponen un lenguaje técnico y
aséptico dentro del cual se diluyen las connotaciones
económicas de la explotación y los frenos nacionales
al saqueo y la violencia.
71
En efecto, actualmente el
pensamiento único
neoli-
beral ha creado
universalismos
teóricos e ideológicos,
estableciendo e imponiendo leyes
universales
que
gobiernan, según los neoliberales, la evolución y el
progreso de la humanidad y han elaborado un proyec-
to de sociedad mundial igualmente
universal
basado
en un orden económico ‘natural’ en donde siempre
se obtienen resultados óptimos. Sin embargo, lo que
ocurre en realidad con el pensamiento y el modelo
neoliberal es que
universaliza
sus pautas, actitudes
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
y valores sociales a escala mundial, por ejemplo, el
de la aceptación-imposición de los principios econó-
micos y políticos liberales y la de una de cultura de
consumo capitalista, ambos basados en el fundamen-
talismo de las leyes del libre mercado. De esta manera,
el pensamiento neoliberal durante los últimos 25
años, logró un ‘triunfo’ importante en el terreno ideo-
lógico-cultural al imponer, como ‘universal’, la ‘ver-
dad’ siguiente: para que cualquier nación del planeta
pueda alcanzar un desarrollo económico exitoso, no
existe más alternativa que el régimen de las leyes y
virtudes
del libre mercado mundial.
Así, las nuevas formas del discurso político y
económico neoliberal cumplen funciones ideológi-
cas muy importantes que se plasman en la difusión
del pensamiento ultraconservador sobre el capital
financiero internacional y las nuevas tecnologías
globalizadas, curiosamente fundamentos del po-
derío económico, estratégico, geopolítico y militar
norteamericano,
72
que, en consecuencia, modifican
e influyen en la forma de concebir e interpretar a las
relaciones políticas internacionales y a la economía
mundial. Ejemplo de ello, es la estrategia ideológica
y política discursiva diseñada y elaborada por los
teóricos y académicos del enfoque
neorrealista
y
neoliberal de la disciplina de las Relaciones Interna-
cionales cuyas reflexiones analíticas están dirigidas
para disminuir la presencia del Estado-nación y las
fronteras nacionales y de organizar el camino para
la libre circulación y realización de la producción
y del capital financiero internacional. Entre los
autores y académicos más representativos de dicha
estrategia ideológica se encuentran, entre otros,
Kenneth N. Waltz, Robert Kagan, William Kristol y
Robert Gilpin.
La siguiente reflexión del primero de ellos –uno
de los más impor tantes autores del enfoque neorrea-
lista de la teoría de las Relaciones Internacionales–
muestra, clara y vehementemente, la concepción
omnipotente y desenfrenada del
pensamiento único
ultraconservador dominante como ideología justifi-
cadora de un modelo económico, político y cultural
y, particularmente, de una forma justificadora de la
acción encubierta o directa del intervencionismo
militar norteamericano:
La globalización es un producto norteamericano. El
mercado libre, la transparencia y la flexibilidad son
la consigna. El “rebaño electrónico” traslada grandes
sumas de capital hacia y desde cualquier país depen-
diendo de sus credenciales políticas y económicas […]
Los Estados pueden desafiar al “rebaño”, pero pagarán
un alto precio por ello, tal como ocurrió con Tailan-
dia, Malasia, Indonesia y Corea del Sur a finales de la
década de 1990 […] El “rebaño” decide a qué países
recompensar y cuales castigar, y nadie puede hacer
nada al respecto a estas decisiones […] El mensaje
para los gobiernos es bastante claro: alinearse o suf r ir
las consecuencias […] En todo sistema competitivo
los perdedores imitan a los ganadores […] siguen las
prácticas y adoptan las instituciones de aquellos paí-
ses que van mostrándoles el camino […] El dilema es
hacer lo que exige el “rebaño electrónico” o permane-
cer sumido en la pobreza […] el mundo está sostenido
por ‘la presencia del poder de Estados Unidos, y por
la voluntad estadounidense de ejercer dicho poder
en contra de aquellos que amenacen al sistema de la
globalización. La mano invisible del mercado jamás
funcionará sin un puño invisible. Pero ese puño es en
realidad absolutamente visible.
73
Por su parte, Kagan, uno de los más influyentes ase-
sores del expresidente George W. Bush Jr., señala que,
debido a que el contexto político internacional se
ha fundamentado en leyes e instituciones interna-
cionales precarias e inseguras, Estados Unidos debe
72
S. Sosa Fuentes “El fundamento global del imperialismo en el siglo
XXI
: la doctrina Bush”, en
Cuadernos Americanos
, Nueva Época, año
XVII
, vol. 5. núm. 101, septiembre-octubre de 2003, p. 140.
73
Kenneth N. Waltz, “El poder y las relaciones internacionales”, en Farid Kahhat (comp.),
Ensayos escogidos de Kenneth N. Waltz
, México,
CIDE
, 2005, pp. 133-148.
Perspectivas Teóricas
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Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
ejercer su poder en donde la verdadera seguridad,
defensa y promoción del orden neoliberal dependa de
la posesión y uso de la fuerza militar y actuar como
‘sheriff internacional’ para imponer la democracia
liberal, paz y la justicia en un mundo sin leyes:
El enfoque estadounidense de la política internacional
se orienta por lo general hacia finalidades dadas, como
resolver este problema o eliminar aquella amenaza
[…] esta orientación tiende, a su vez, a adoptar una
posición cada vez más unilateral en la política inter-
nacional. Los estadounidenses son menos proclives
a apoyarse en instituciones internacionales como
Naciones Unidas […] tienen una visión más escéptica
del derecho internacional […] Los estadounidenses
van de “vaqueros” […] actúan a la manera de un
Sheriff internacional –autoproclamado quizás, pero
generalmente bienvenido de todos modos– que vela
por imponer algo de paz y justicia en lo que ve como un
mundo sin ley, donde es preciso disuadir o destruir a
los malhechores, por lo común a punta de pistola.
74
Por su lado, Kristol, fundador y director de
Project for
the New American Century
y el más ultraconservador
del pensamiento neoliberal y de la derecha norte-
americana, confiesa que:
Con el triunfo de EE.UU. en la Guerra Fría y con su aplas-
tante v ic tor ia en la “Operac ión Tormenta del Desier to”
sobre Iraq, Estados Unidos adquirió una posición de
poder e influencia en el mundo no igualada desde la
hegemonía de Roma sobre el Mediterráneo. Ningún
país puede comparársenos en términos de poder militar
ni de capacidad de intervención rápida en cualquier
lugar del planeta […] Para bien o para mal, la cultura
estadounidense es la cultura global dominante. El
mundo se ha transformado a imagen de Estados Unidos
hasta un ex tremo dif íc il de imaginar […] Nuestra fuer-
za militar es la env idia de todas las nac iones de la t ierra
y nuestros logros como potencia mundial producen
respeto reverencial y admiración en todas las naciones
que nos han precedido […] Sería realmente trágico, si
no usásemos este extraordinario momento histórico
para promover los ideales que están en el corazón de
nuestra empresa nacional y, al hacerlo, diésemos los
pasos que asegurarán la estabilidad y el firme creci-
miento de la libertad a través del mundo.
75
En adición, Gilpin, considerado el decano de los espe-
cialistas neoliberales de la Economía Política Inter-
nacional, advierte:
[…] la economía global debe estar guiada por las pres-
cripciones políticas de la economía y fundarse en los
principios del mercado. El libre comercio, la libertad
de los movimientos de capital y el acceso irrestricto de
las empresas multinacionales a los mercados del mundo
deben gobernar en adelante los asuntos económicos
internacionales. Con el triunfo del mercado, la lógica
y las eficiencias relativas de las economías nacionales
determinarán la distribución de las actividades eco-
nómicas y de la riqueza (y naturalmente del poder)
en todo el mundo […] la mayoría de los economistas
y líderes empresariales consideran que la globaliza-
ción y la creciente adopción mundial de valores (socia-
les, económicos y políticos) estadounidenses liberan
fuerzas económicas contenidas y hacen posible en
uso más eficaz de los escasos recursos mundiales, lo
que dará como resultado la optimización de la riqueza
global y permitirá que todos los pueblos se beneficien
económicamente.
76
Así, los enfoques neoliberales sobre la globalización
del mercado mundial y el papel del poder económico
y estratégico militar de Estados Unidos en las ac-
tuales relaciones internacionales se carac ter izan por
74
Robert Kagan,
Poder y debilidad. Estados Unidos y Europa en el nuevo orden mundial
, Madrid, Taurus, 2003, pp. 11, 12 y 57.
75
William Kristol y R. Kagan,
Peligros presentes. Soluciones de la nueva administración Bush ante una civilización amenazada
, Madrid, España,
Editorial Almuzara, 2005, pp. 45-116.
76
Robert Gilpin y Jean Millis Gilpin,
El reto del capitalismo global. La economía mundial en el siglo
XXI
, Madrid, Turner, 2003, pp. 79 y 330.
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78
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concebir al proceso de globalización como
un proceso
único
en donde el capital financiero transnacional
–‘el rebaño electrónico’– se establece como el actor
central y determinante de dicho proceso global y
constituyen la esencia del
pensamiento neoliberal
77
que proyecta una realidad falsa, lineal y dogmática
de las relaciones internacionales contemporáneas y
una ideología fundamentalista extrema sin límites,
en donde
el nuevo y único reinado de las leyes y los
valores del mercado mundial y de la democracia liberal
se establecen como valores universales eternos e in-
mutables y, desde luego, autodotados de un supuesto
derecho natural ‘justificable’ de
intervención, guerra
y ocupación
en virtud del ‘bien mayor y superior’ de
la humanidad. En palabras de Palermo:
Los valores del mercado son, sencillamente, aquellos
de la burguesía […] El mercado impone sus leyes
como leyes generales […] Los valores del mercado
se basan en el individualismo, la meritocracia y la
competencia […] La competencia, que en sí misma
no es un valor, se transforma en uno justo grac ias a la
objetivación de los valores del mercado: si la ley del
mercado establece que la competencia sea vencida
por el mejor (es decir, por el más fuerte), la ley del
más fuerte se vuelve, para los economistas burgueses,
el fundamento (obviamente implícito) de la justicia
en las relaciones económicas.
78
En suma, la complejidad actual del sistema mundial se
per fila hacia un cambio de época histór ica y hacia un
debate y confrontación global de epistemologías en-
tre universos culturales abismalmente distintos y en
un contexto internacional signado por la mayor crisis
estructural multidireccional y multidimensional en la
historia del desarrollo del capitalismo mundial.
Reflexiones finales: la batalla por las nuevas ideas y epistemologías
en la construcción de otro mundo posible
La marcha hacia la universalización de la cultura no ha sido la obra de la comunicación racional y libre sino de la dominación y la violencia. La
imposición de una pretendida cultura universal ha significado para muchos pueblos la enajenación en formas de vida no elegidas. Se reclama
entonces la libertad de cada cultura de determinar sus propios fines, el valor insustituible de las diferentes identidades culturales. Contra el
papel hegemónico de la cultura occidental, se insiste en el valor semejante de todas las culturas.
L
UIS
V
ILLORO
79
Actualmente, en el campo de batalla de las ideas y
alternativas a la crisis de los paradigmas neoliberales,
se muestra y confirma, por un lado, la presencia de un
proceso de transición hacia nuevas construcciones
paradigmáticas, epistémicas, sociales y culturales que
luchan y se confrontan contra el agotamiento y crisis
de las concepciones universalistas y lineales de la
historia y la civilización basadas en la hegemonía de
las racionalidades, epistemologías y paradigmas euro-
céntricos que dieron origen al Estado moderno y al
actual sistema de dominación, exclusión, explotación
y cr isis mundial bajo la égida de la globalización neo-
liberal y, por el otro, los procesos de transformación y
ruptura en el sistema mundial muestran un escenario
caracterizado por la inseguridad global y graves crisis
financieras, depredación ambiental y catástrofes
climáticas, incremento sin paralelo y continuo de
desigualdades económicas (hambrunas y pobreza ex-
trema) y una exagerada concentración de la riqueza,
incremento de altas tasa de desempleo y exclusión
social, riesgos globales de terrorismo y guerras de
devastación a nombre de la libertad y la democracia.
77
Elaborado por centros de investigación y análisis de política pública nacional y exterior norteamericana llamados
think tanks,
que son
la expresión del pensamiento acrítico y ahistórico dominante en los estudios internacionales.
78
Giulio Palermo,
El mito del mercado global. Crítica de las teorías neoliberales
, Barcelona, El Viejo Topo, 2011, pp. 169, 170 y 171.
79
Luis Villoro,
Los retos de la sociedad por venir. Ensayos sobre justicia, democracia y multiculturalismo,
México,
FCE
, 2008, p. 143.
Perspectivas Teóricas
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Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
Todo ello corrobora la existencia de la más grave e
inédita crisis sistémica capitalista que se transformó
rápidamente en una crisis civilizatoria. Esta crisis
remite también a otra de carácter epistemológico,
caracterizada por la debacle del paradigma eurocén-
trico del universalismo del mercado, la globalización
y el pensamiento neoliberal en donde las ciencias
sociales y humanas están reflejando agudamente
esa crisis. De Sousa Santos revela que la crisis del
paradigma y la epistemología eurocéntricas de las
ciencias sociales se explica
Porque están constituidas por la modernidad occi-
dental, por este marco de tensión entre regulación
y emancipación que dejó afuera a las sociedades
coloniales, donde esa tensión fue reemplazada por
la “alternativa” entre la violencia de la coerción y
la violencia de la asimilación. Algunas corrientes de
las ciencias sociales –los estructural-funcionalistas–
miraron, sobre todo, la regulación. Los otros, los
marxistas, los críticos, se centraron más en la eman-
cipación, pero la idea fue siempre una visión euro-
céntrica de esta tensión, y por lo tanto colonialista
[…] Además, nuestras grandes teorías ciencias de las
ciencias sociales fueron producidas en tres o cuatro
del Norte. Entonces, nuestro primer problema para
la gente que vive en el Sur es que las teorías están
fuera de lugar: no se adecuan realmente a nuestras
realidades sociales.
80
En este sentido, surge la necesidad ineludible de re-
plantear y crear nuevos paradigmas y epistemologías
de las ciencias sociales pero, ahora, desde elcontex-
to de la historia y de los saberes propios, más capaces
de comprender y resolver los problemas concretos de la
realidad social latinoamericana. No se trata tampoco
de ‘eliminar’ o rechazar la ciencia e imponer, en vez,
un fundamentalismo esencialista ‘anticiencia’; más
bien, se pretende pugnar por un uso contra hegemó-
nico de los saberes dominantes donde el saber cien-
tífico pueda articularse, dialogar e interactuar con
el saber laico, con el saber popular, con el saber de
las etnias y los grupos excluidos; en otras palabras,
con los saberes ausentes o negados en la
episteme
o
paradigma occidental/colonial.
81
En voz de De Sousa Santos, se trata de un nuevo
cosmopolitismo subalterno
como forma alternativa
cultural y política de una globalización contra hege-
mónica expresada por todos los excluidos del sistema
social dominante cuyas dignidades humanas, aspira-
ciones y proyectos de emancipación fueron negados
o hechos invisibles por las concepciones y prácticas
hegemónicas del cosmopolitismo universalista mo-
no cultural inspiradas en la racionalidad kantiana y
legitimadas por la razón instrumental eurocéntrica
dominante.
82
De hecho, en la
praxis
social es impor-
tante destacar que la idea-fuerza por la edificación de
otro mundo posible
se ha ido afianzado, paso a paso,
en América Latina y en el mundo con el resurgimiento
de nuevos saberes, conocimientos y epistemologías
no eurocéntricas y, de manera significativa, nuevas
formas de organización política y de participación
colec t iva y comunitar ia contra hegemónicas expresa-
dos en el resurgimiento de los movimientos indígenas
80
Boaventura de Sousa Santos, “La sociología de las ausencias y la sociológica de las emergencias: para una ecología de saberes” en
Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social
, Buenos Aires,
CLACSO
, 2006, p. 15.
81
De Sousa Santos explica: “Entiendo por
instrumentos hegemónicos
las instituciones desarrolladas en Europa a partir del siglo
XVIII
por
la teoría política liberal [la democracia representativa, el derecho, los derechos humanos y el constitucionalismo] con vistas a garanti-
zar la legitimidad y gobernabilidad del Estado de derecho moderno en las sociedades capitalistas emergentes. Se trata de instrumentos
hegemónicos porque fueron diseñados para garantizar la reproducción ampliada de las sociedades capitalista de clase […] El uso contra
hegemónico significa la apropiación creativa por parte de las clases populares, para sí, de esos instrumentos con el fin de hacer avanzar sus
agendas políticas más allá del marco político-económico del Estado liberal y de economía capitalista”, en
Refundación del Estado en América
Latina. Perspectivas desde una epistemología del sur
, México, Siglo Veintiuno Editores, 2010, pp. 67 y 68.
82
B. de Sousa Santos,
Una epistemología del sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social
, México, Siglo Veintiuno Editores/
CLACSO
, 2009, pp. 180 y 181.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
80
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
latinoamericanos
83
así como en la gran pluralidad
de movimientos sociales multidimensionales de
significativa convocatoria en la sociedad que recha-
zan tanto al modelo neoliberal como a las formas
represivas o autoritarias de gobernabilidad, están
avanzando paulatinamente en la construcción de
otras
relaciones internacionales contra hegemónicas
basadas en nuevos paradigmas incluyentes para una
vida humana digna.
Así, como reflexión final, se puede afirmar que la
ideología y el pragmatismo del pensamiento neoliberal
y sus concepciones e interpretaciones hegemónicas,
universalistas y lineales de la historia social, cultural
y política del sistema-mundo y de las relaciones inter-
nacionales, no sólo interviene en la mundialización
del capital financiero, sino en la imposición de un
modelo cultural de ser y una concepción mercanti-
lizada de la vida social pero, sobre todo, constituye
un discurso que enmascara, oculta y niega tanto las
crisis económicas y las nuevas formas de explotación
económica global como sus acciones de intervención,
ocupación, neocolonización, saqueo y devastación de
recursos, culturas y países en el sistema mundial. En
fin, el mundo vive inmerso en la crisis agónica de una
civilización y una cultura que pretendió ser universal,
única y supuestamente la mejor frente a las demás
culturas: la agonía de la mundialización del neolibera-
lismo. Morin lo define mejor de la siguiente manera:
El mundo experimenta dolores agónicos, de algo
que no se sabe si es nacimiento o muerte. Es en esta
situación compleja, contradictoria, agónica, donde
yo situaría la mundialización del liberalismo […]
constituye, según la ha formulado el manifiesto del
subcomandante Marcos “Por la humanidad y contra
el neoliberalismo” –cuya acción a favor de los indios
de Chiapas, y de un mundo más amplio de México,
merece por otra parte nuestra adhesión–, la nueva
plaga, la nueva hidra que amenaza a la humanidad
[…] creo sin embargo que hay que someter a una
reflexión crítica radical los fundamentos y las espe-
ranzas del liberalismo económico mundial.
84
En consecuencia, se impone crear, a partir de la crítica
radical sugerida por Morin, una nueva conciencia y
acción global para oponer a la arrogancia de las ver-
dades universales del
pensamiento único
neoliberal,
un nuevo pensamiento crítico, creativo y alternativo
que interprete e interactúe con las sensibilidades
sociales que se resisten y se oponen, a escala planeta-
ria, a la dominación neocolonial del sistema-mundo.
Se precisa de “un pensamiento apto para captar la
multidimensionalidad de las realidades […] Debemos
abandonar la falsa racionalidad. Las necesidades
humanas no sólo son económicas y técnicas, sino
también afectivas y mitológicas, religiosas, comu-
nitarias y exceden los intereses materiales”.
85
En los
hechos:
otra
ordenación mundial de justicia social y
reconocimiento a la otredad y diversidad, hacia los
iguales y los diferentes.
Otro
sistema-mundial donde
los Estados nacionales sean plurinacionales y replan-
teen y recuperen sus funciones básicas de socializa-
ción, redistribución, corresponsabilidad y de defensa
de su soberanía nacional.
Otra
democracia en donde
la participación deliberativa y autocrítica de los
movimientos sociales sean los actores centrales que
escriban y construyan su historia social. En suma, en
el actual campo de batalla de las ideas de un compro-
miso intelectual y social, como bien recuerda Adolfo
Sánchez Vázquez, es luchar por una nueva relación
83
Tal y como, por ejemplo, el pensamiento y la cosmovisión del Sumak Kawsay, Sumak Allpa y el Sacha Kausai Riksina de los movimientos
y pueblos indígenas latinoamericanos de Bolivia, Ecuador, Perú y en los territorios autónomos zapatistas en México, están aportando una
nueva epistemología del sur y un nuevo paradigma social, fundado en una nueva práctica político-cultural y en una nueva normatividad
constitucional basada en la pluriculturalidad a través de los conceptos del
buen vivir
, el
bien común
de todos y para todos, mandar obedeciendo
y
un mundo donde quepan muchos mundos
.
84
Edgar Morin, “La mundialización: ¿última oportunidad o desventura final de la humanidad?, en Francisco Jarauta,
Mundializazioa eta
periferiak. Mundialización y periferias
, San Sebastián, Diputacion Foral Gipuzkoa, 1999, p. 39.
85
E. Morín,
A favor y en contra de Marx
, Buenos Aires, Nueva Visión, 2010,
p. 108.
Perspectivas Teóricas
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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 214, enero-abril de 2012, pp. 55-86, ISSN-0185-1918
mundial de justicia global y desde una nueva cultura
civilizadora
86
donde las acciones sociales colectivas
y comunes conduzcan hacia una nueva ética de la
corresponsabilidad, reciprocidad, redistribución y
respeto e igualdad entre los individuos, las culturas y
las naciones como un factor esencial en la construc-
ción de una nueva coexistencia de interculturalidad
y fundada en una cultura mundial de la paz.
En otras
palabras
, un mundo donde quepan muchos mundos,
por el bien común para todos y por bien de todos
.
Otro
mundo, sí es posible.
86
Rafael Díaz-Salazar,
Desigualdades internacionales. ¡Justicia ya!
, Barcelona, Icaria, 2011, p. 40.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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