Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Cuestiones contemporáneas
71
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Prácticas, destrezas y códigos del trabajo político en democracia.
Una aproximación desde el Ministerio del Interior en Argentina*
M
ARIANA
G
ENÉ
**
Recibido el 13 de enero de 2012
Corregido el 10 de abril de 2012
Aceptado el 13 de abril de 2012
Resumen
Este artículo examina las prácticas y destrezas entre
los polít icos del Minister io del Inter ior de la Argent ina
entre 1983 y 2007. Se caracteriza a esta singular ins-
titución con base en sus ámbitos de intervención, sus
interlocutores y a los instrumentos que la constituyen
en un
locus
pr iv ilegiado para obser var el trabajo polí-
tico. Se muestra la existencia de una gr illa de lectura
en común y de códigos compartidos que trascienden
las fronteras partidarias y remiten al manejo práctico
de las reglas del juego político. Finalmente, se afirma
que en el contexto de la vuelta de la democracia a la
actualidad estos vínculos de confianza y negociación
contribuyeron a sellar ciertas reglas y a consolidar
un modo de hacer política.
Palabras
clave
: políticos profesionales, códigos polí-
ticos, confianza, Ministerio del Interior, Argentina.
Abstract
This article examines the practices and skills among
the politicians of The Home Office in Argentina bet-
ween 1983 and 2007. The inst itut ion is charac ter ized
regarding its areas of activity, partners and the ins-
truments that tend to make the Office a privileged
locus for observing the political work.
The paper
shows the existence of common criteria and shared
codes that transcend partisan boundaries and imply
the practical handling of several rules.
Finally, it is
stated that in the context of the return of democracy
to present these ties of trust and negotiation helped
to seal certain rules and strengthen a way of doing
politics.
Keywords
: professional politicians, political codes,
trust, Ministry of Internal Affairs, Argentina.
S
*
Agradezco los comentarios de los evaluadores a una versión previa de este trabajo, así como las siempre generosas sugerencias de
Mariana Heredia, Michel Offerlé y Luisina Perelmiter.
**
Universidad de Buenos Aires, Viamonte 430/44 C1053ABJ, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Doctorante en Ciencias Sociales por esta misma institución, de donde es también profesora, así como en Sociología por la École des
Hautes Études en Sciences Sociales de París. Es además becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (sede Instituto
de Investigaciones Gino Germani). Sus principales líneas de investigación son: sociología política del Estado y de la profesión política.
E-Mail: mariana.gene@yahoo.com.ar
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
72
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
S
i bien ocupa un lugar central en el trabajo polít ico
cotidiano en el Estado y ningún gobierno puede
prescindir de él, el Ministerio del Interior es un
espacio estatal poco indagado. En efec to, poco se sabe
sobre este minister io y sus funcionar ios aun cuando la
impor tancia que le acuerdan los protagonistas es mayor
ya que se trata del “organismo polít ico por excelencia”
1
dentro del Poder Ejecutivo. Su función es ar ticular los
v ínculos con los par t idos y los gobernadores prov incia-
les; en este sentido, funge como vocero del gobierno
ante los medios de comunicación. Cierto, como el resto
de los ministerios se trata de un lugar de tensión entre
la inercia de la administración pública y el carácter
imprevisto de la coyuntura política; entre la estabili-
dad de sus estructuras institucionales y la impronta
de quienes las habitan y hacen existir. Está atravesado
además por otra tensión: quien ocupa el puesto de
ministro enlaza la voluntad del presidente, quien lo
designa, y la relativa autonomía que pueden arrogarse
dirigentes políticos de larga trayectoria. A pesar de
esta paradoja, y también a causa de ella, el Ministerio
del Interior es un
locus
ideal para pensar las carac ter ís-
ticas de los profesionales de la política, sus prácticas
y destrezas, así como la legitimidad de las mismas
para hacer política en democracia.
A partir de un trabajo basado en entrevistas a sus
miembros jerárquicos (quienes ocuparon los puestos
de ministro, secretario y subsecretario de Estado)
entre 1983 y 2007 –así como en sus declaraciones y en
la elaboración de perfiles en medios periodísticos–,
2
se analizan las prácticas, desafíos y estrategias des-
plegadas en este espacio polít ico, así como los pr inci-
pios de evaluación de sus protagonistas desde la vuel-
ta de la democracia. Puede constatarse la existencia
de desajustes entre la valoración de estas destrezas
en el espacio público y entre los propios elencos del
ministerio político, así como el carácter poco visible e
informal de algunas prácticas cotidianas en la política.
Muchas de ellas, refractarias al discurso público, son
inteligibles en este entramado de relaciones y tienen
pleno sentido para los propios actores
3
al tiempo que
parecen trascender fronteras partidarias y responder a
reglas de un juego compartido.
4
En un espacio políti-
co inestable, son sus miembros quienes fundan acuer-
dos, establecen alianzas y aprenden a la vez que forjan
ciertas reglas y códigos del juego en común. Pero ade-
más, en un contexto de pérdida de organicidad de los
partidos políticos,
5
el papel de estos profesionales
del ‘armado político’, la negociación y los acuerdos
deviene central.
Inspirado en una perspectiva de sociología políti-
ca que intenta desregular el análisis de los fenómenos
políticos y basado en las relaciones de autoridad
dentro de los partidos y la cohesión entre sus miem-
bros –así como en la manera de tomar decisiones y
el aprendizaje de modalidades legítimas de acción
política–,
6
este trabajo busca comprender estándares
de evaluación que operan con cierta regularidad entre
estos profesionales de la política y su traducción en
el manejo práctico.
En un primer momento se dará cuenta del singular
lugar del Ministerio del Interior en el Poder Ejecu-
1
Óscar Oszlak, “El mito del Estado mínimo: una década de reforma estatal en la Argentina”, ponencia presentada en el
V Congreso Inter-
nacional del
CLAD
sobre Reforma del Estado y de la Administración Pública
, llevado a cabo en Santo Domingo, República Dominicana, del 24 al
27 de octubre de 2000, p. 5.
2
Entre mayo de 2009 y sept iembre de 2011 realiz amos 35 entrev ist as a e xministros, secret ar ios y subsecret ar ios de E st ado de l as dist int as
gestiones que estuvieron al frente del Ministerio desde el retorno de la democracia hasta 2007. Asimismo, llevamos a cabo cinco entrevistas
de control entre los miembros de su burocracia. También sistematizamos la información publicada por los diarios nacionales en ocasión de
los nombramientos de ministros y en coyunturas políticas específicas en que estos funcionarios adquirieron protagonismo. El nombre de los
protagonistas se consigna sólo cuando proviene de fuentes públicas (biografías, artículos de prensa, etcétera). En el caso de las entrevistas,
decidimos mantener en el anonimato a los testigos pero se especifican los atributos que resultan pertinentes para el análisis.
3
Howard Becker,
Trucos del oficio. Cómo conducir su investigación en Ciencias Sociales
, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2009.
4
Pierre Bourdieu, “La représentation politique”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
, vol. 36, núm. 1, 1981.
5
Isidoro Cheresky (comp.),
La política después de los partidos,
Buenos Aires, Prometeo, 2006; Marcos Novaro,
Representación y liderazgo
en las democracias contemporáneas
, Rosario, Homo Sapiens, 2000.
6
Jacques Lagroye,
Sociología política
, Buenos Aires,
FCE
, 1993.
Cuestiones contemporáneas
73
tivo Nacional recapitulando algunos de sus ámbitos
de intervención e interlocutores, así como los ins-
trumentos que lo hacen un poderoso organismo de
negociación y arquitectura política. En un segundo
apartado se identificarán los atributos y habilidades
valorados por sus propios miembros para llevar a
cabo este trabajo político, sus pruebas específicas
y su modo de delinear la frontera entre ‘políticos’ y
‘amateurs’ o profanos. En diálogo con estas destrezas,
en un tercer momento se centrará la atención en las
categorías que refieren a los códigos compartidos
por políticos de distintos partidos, analizando dos
casos paradigmáticos que personifican las prácticas
valoradas y aquellas descalificadas al interior del
campo político. Entre los distintos modos de habitar
y conducir este minister io, se demostrará cómo la in-
formalidad y las relaciones de confianza estructuran,
aunque precariamente, su dinámica.
Un ministerio y un ‘termómetro político’
Las instituciones pueden considerarse como una
forma de encuentro dinámica entre aquello que está
instituido –reglas, estatutos, modos de organiza-
ción, etcétera–
y los compromisos, negociaciones
y modos de ocuparlas que las hacen existir.
7
Es en
este sentido que la perspectiva socio-histórica de
la política se interroga sobre las instituciones en
proceso, su historicidad, sus génesis y los múltiples
‘usos’ que los ac tores hacen de ellas, apropiándoselas
y reinventando los papeles en su seno.
8
En una institución singularmente poco burocrá-
tica como el Ministerio del Interior argentino, los
márgenes de acción de sus ocupantes son amplios y
su perfil tiende a variar de acuerdo a la impronta y el
poder de los ministros en ejercicio. Es por ello que
estudiar las destrezas y saberes que movilizan estos
protagonistas del campo político permite a la vez
comprender las transformaciones de esta institución
en el tiempo y ciertas reglas de juego comunes a los
profesionales de la política.
En la historia argentina, este ministerio ha re-
vestido una importancia central dentro del gabinete
nacional. Dicha relevancia es subrayada desde el
momento mismo en que los ministros son puestos
en funciones ya que, por mandato constitucional, en
las ceremonias de nombramiento el responsable del
Interior es el primero en asumir cuando el presidente
toma juramento a los ministros. A lo largo del siglo
XX
ha sido también el responsable de poner en funciones
a gobernadores provinciales y otras autoridades lo-
cales. Esta jerarquía protocolar se correspondió con
una jerarquía de poder, en términos de las funciones
y el protagonismo
9
que detentó dicho ministerio en
el tiempo. En efecto, desde este espacio estatal se
manejaron temas tan disímiles como la aprobación
del estatuto de los partidos políticos o la proscrip-
ción de los mismos, la organización de las elecciones,
las intervenciones federales ante crisis provinciales
y la negociación de leyes fundamentales para el
Poder Ejecutivo.
Se trata, en efecto, del “ministerio político” del
gabinete nacional según la definición de sus propios
participantes y de quienes han dedicado sus investi-
gaciones a la comprensión del Estado y la burocracia
en Argentina.
10
Entre sus principales responsabili-
dades y ámbitos de intervención, la ley
11
le asigna
7
J. Lagroye y Michel Offerlé (dirs.),
Sociologie de l’institution
, París, Belin, 2010.
8
François Buton, “Histoires d’institutions. Réflexions sur l’historicité des faits institutionnels”, en
Raisons Pratiques
, núm. 40, nov iembre
de 2010; Bernard Lacroix y J. Lagroye (eds.),
Le Président de la République, usage et genèse d’une institution
, París, Presses de la
FNSP
, 1992.
9
En un estudio a partir de los diarios publicados en las semanas de asunción de los miembros del gabinete nacional entre 1930 y 2009,
se mostró la fuerte visibilidad de este ministro en la prensa, que se revela central y constante a través del tiempo, siendo solamente supe-
rada, con creces, desde mediados de siglo por el ministro de Economía.
Vid
. Mariana Heredia y Mariana Gené, “Atributos y legitimidades del
gabinete nacional: socio-historia de los ministerios de Economía e Interior en la prensa (1930-2009)”, en
El Príncipe
, núm. 2, 2009.
10
Andrea López
et al
., “Entre el ajuste y la retórica: la administración pública tras veinte años de reformas”, en Mabel Thwaites Rey y
Andrea López (eds.),
Entre tecnócratas globalizados y políticos clientelistas. Derrotero del ajuste neoliberal en el Estado argentino
, Buenos Ai-
res, Prometeo, 2005, pp. 117-144; Dora Orlansky, “Crisis y transformación del Estado en la Argentina (1960-1993)”, en
Cuaderno de Estudios
Empresariales
, núm. 5, 1995; O. Oszlak,
op. cit
.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
74
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
una responsabilidad determinante en el gobierno
político interno y el resguardo del régimen republi-
cano, representativo y federal. En particular, tiene a
su cargo las relaciones con los gobiernos de las pro-
vincias y es responsable de mediar en las relaciones
interjurisdiccionales e intervenir en la elaboración
de la legislación nacional cuando deben coordinarse
normas federales y provinciales. Participa también en
la evaluación de la estructura económico-financiera
de los estados provinciales y regiones del país y
ejecuta la intervención del gobierno federal en las
provincias en estado de crisis.
12
En el plano político-
institucional, entiende en las propuestas de reforma
de la Constitución, la declaración del estado de sitio
y sus efectos, o la concesión del derecho de asilo polí-
tico; además de tener a su cargo los actos de carácter
patriótico, feriados, custodia de símbolos nacionales
y emplazamiento de monumentos. Es también respon-
sable de la programación y ejecución de la legislación
electoral, el funcionamiento de los partidos políticos
y su financiamiento. Durante la mayor parte del siglo
XX
estuvo a cargo de la seguridad interna y el manejo
de las fuerzas de policía, aunque esta responsabilidad
histórica se vio luego alterada de acuerdo al poder de
negociación de algunos ministros.
13
De todos modos,
tiene a su cargo la preservación de la seguridad de
las zonas fronterizas. Se trata, en definitiva, de una
cartera que maneja diversos resortes que hacen al
poder material y simbólico del Estado;
14
además, ha
ocupado un lugar central en la negociación con los
principales actores políticos y en la presentación y
defensa de la agenda de gobierno ante los medios de
comunicación.
Una forma de aproximarse a la capacidad de acción
de las distintas instancias estatales es observando
los instrumentos de los que disponen y el margen de
acción que tienen sobre los mismos, que pueden ser
altamente robustos o relativamente plásticos.
15
¿Con
qué herramientas cuenta este minister io y cómo dila-
tan o constriñen sus márgenes de acción sus ocupan-
tes? Si bien a partir de la reforma del Estado empren-
dida a principios de la década de los 90
16
el Estado
central se redujo fuertemente –privatizando empresas
públicas y descentralizando los sistemas de salud y
educación hacia los niveles provinciales–, el Minis-
terio del Interior creció tanto en términos relativos
como absolutos, en un proceso que ha sido calificado
como de “inflación política”.
17
En el marco de esta profunda metamorfosis del
Estado, el ministerio devino un “un poderoso órgano
11
Ley de Ministerios núm. 26.338/2007. De acuerdo a esta misma, desde 2007 el organigrama del Ministerio se divide en las siguientes
secretarías y subsecretarías de Estado: Secretaría de Interior (viceministro), Secretaría de Asuntos Políticos y Electorales, Subsecretaría
de Asuntos Políticos y Electorales, Secretaría de Provincias, Subsecretaría de Desarrollo y Fomento Provincial, Secretaría de Asuntos Mu-
nicipales, Subsecretaría de Acción Municipal y Subsecretaría de Coordinación.
12
Para un detalle de las intervenciones federales a las provincias y su sustento jurídico desde la consolidación del Estado argentino hasta
la actualidad,
vid
. el primer capítulo de Mario Daniel Serrafero,
Exceptocracia, ¿confín de la democracia? Intervención federal, estado de sitio
y decretos de necesidad y urgencia
, Buenos Aires, Lumière, 2005.
13
Si bien en la actualidad existe un ministerio específico que alberga a la policía federal –el Ministerio de Seguridad, creado en 2010–,
tradicionalmente su manejo fue atribuido al del Interior que encontró en dicha función una parte sustancial de su magnitud y la envergadura
de su presupuesto. Sin embargo, en ciertas épocas se desplazó esta función al Ministerio de Justicia con argumentos formales referidos a
la óptica de derechos que debía regir la seguridad ciudadana, pero ligado íntimamente en la práctica al perfil de los ministros que ocuparon
dichas carteras.
14
Para un detalle elocuente de estos resortes,
vid
. P. Bourdieu, “Esprits d’Etat”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
, vol. 96, núm.
1, 1993.
15
Pierre Lascoumes y Louis Simard, “L’action publique au prisme des instruments”, en
Revue Française de Science Politique
, vol. 61, núm.
1, 2011; P. Lascoumes y Patrick Le Galès (dirs.),
Gouverner par les instruments
, París, Presses de Sciences Po, 2005.
16
Por medio de las Leyes 23.696 de Reforma del Estado y 23.697 de Emergencia Económica, se habilitó la privatización de un gran número
de empresas estatales y la liberalización comercial, al tiempo que se traspasaron los sistemas de salud, educación y vialidad a las provincias
reduciendo fuertemente la cantidad de empleados dependientes de la Administración Pública Nacional. De esta forma, si a mediados de la
década de los 80 el Estado nacional contaba con 1 019 342 empleados públicos, a fin del gobierno de Carlos Menem, en 1999, ese número
había descendido a 270 000. O. Oszlak,
op. cit.
, p. 3.
17
D. Orlansky,
op. cit
.
Cuestiones contemporáneas
75
de vinculación política, técnica y financiera con los
gobiernos provinciales y municipales”.
18
En efecto,
por un lado tuvo la responsabilidad, junto con el Mi-
nister io de Economía, de negociar los pac tos fiscales
con las provincias
19
y, por otro, detentó el manejo
de una cantidad importante de recursos económicos
a través de los controversiales Aportes del Tesoro
Nacional (
ATN
). Se trata de un fondo creado por ley
en 1988 que representa el uno por ciento de los
fondos coparticipables y que el Estado nacional, a
través del Ministerio del Interior, tiene la facultad
de repartir entre las provincias de modo discrecio-
nal en base a lo que identifique como “situaciones
de emergencia y desequilibrios financieros de los
gobiernos provinciales”.
20
Así, si los pactos fiscales
establecen porcentajes fijos y automatismos (rela-
tivos, es cierto) para el reparto de dinero entre las
distintas provincias, los
ATN
representan prendas de
negociación política con los poderes territoriales.
21
Vehículo a la vez de asistencia, persuasión y coopta-
ción, este instrumento hace de la cartera de Interior
un potente organismo de negociación y arquitectura
política. Por su parte, la creciente importancia que
adquirieron los gobernadores y los actores políticos
locales a partir del proceso de descentralización
hizo que este vínculo y la negociación en torno a los
recursos devinieran centrales.
22
De este modo, el Ministerio del Interior conjuga
a la vez las atribuciones asignadas por la normati-
va que remiten a la estabilidad de la intervención
estatal con el trabajo político y la construcción de
poder del partido gobierno. Hay que destacar que,
en un nivel menos formalizado, esta cartera gestiona
la negociación de leyes importantes para el Poder
Ejecutivo con los representantes de las dos cámaras
del Congreso y funciona como mediación de múltiples
acuerdos entre los partidos mayoritarios.
Entre sus interlocutores se encuentran –además
de los principales dirigentes de los partidos políti-
cos y los gobernadores provinciales e intendentes
municipales–, los medios de comunicación y los
principales formadores de opinión. En este sentido,
sus responsabilidades, ámbitos de intervención
e interlocutores lo hacen un espacio fuerte de la
política, un ministerio que a la vez mide el clima
político y apuesta a generarlo. Es por eso que uno
de los exministros entrevistados lo caracteriza como
un “termómetro político”:
[El Ministerio del Interior] es el ministerio político. Yo
diría que genera la temperatura política en el país…
creo que es el termómetro a través del cual el presi-
dente
mide
y a su vez genera
la temperatura política de
un país, en términos de diálogo, de confrontación;
en términos de apertura o de cerrazón; en términos
de transparencia o de ocultamiento. Y eso tiene un
montón de consecuencias porque es el ministerio
que administra la relación con las provincias y con
18
O. Oszlak,
op. cit.
, p. 7.
19
Tulia Falleti, “Federalismo y descentralización en Argentina. Antecedentes históricos y nuevo escenario institucional de las relaciones
intergubernamentales”, en Clemente, Adriana y Catalina Smulovitz (dir.),
Descentralización, políticas sociales y participación democrática en
Argentina
, Buenos Aires, Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo, 2004, pp. 7-38.
20
Boletín Oficial de la República Argentina
,
núm. 26313, Buenos Aires,
martes 26 de enero de 1988.
21
El manejo de estos fondos estuvo recurrentemente rodeado de denuncias y escándalos. Por su parte, un detallado análisis de Cetrángolo
y Jiménez apunta la particularidad de su distribución: durante el gobierno de Carlos Menem su provincia natal, La Rioja, recibió el 26.5%
de estos recursos, mientras que el resto de las veintidós provincias (la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no está comprendida en este
cálculo) recibió entre el 1.3 y el 5.9% de los mismos. Óscar Cetrángolo y Juan Pablo Jiménez,
Política fiscal en Argentina durante el régimen
de convertibilidad
, Santiago de Chile,
ILPES
-
CEPAL
, 2003.
22
En efecto, la relación con los gobernadores en un gobierno federal tras la descentralización constituye un desafío mayor. La comple-
jidad de este vínculo no alcanza solamente a las provincias gobernadas por un partido de oposición al gobierno nacional, sino también
a los gobernadores del propio partido. Como afirma Scherlis, el “imperativo estratárquico” hace que los actores locales sean poderosos y
relativamente autónomos; pudiendo convivir proyectos o estilos políticos muy distintos en los diferentes espacios provinciales bajo una
misma etiqueta partidaria nacional. (Gerardo Scherlis, “El partido estatal estratárquico de redes. Apuntes sobre organización política en
la era de los partidos no representativos”, en Isidoro Cheresky (comp.),
Las urnas y la desconfianza ciudadana en la democracia argentina
,
Rosario, Homo Sapiens, 2009, pp. 131-160).
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
76
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
los partidos políticos y con el Congreso. Entonces,
en esos actores, se tiene –y en gran parte con los
medios, ¿no?– de alguna manera la arquitectura de lo
que es el mapa de diálogo y de convivencia política
en el país.
23
Pero no todo es política e intervención sobre la
coyuntura en este ministerio. Entre sus áreas más
burocráticas
24
y cotidianas se encuentra el Registro
Nacional de las Personas que centraliza los temas de
población (inscripción, emisión de documentos), la
dirección de migraciones, el empadronamiento de
los ciudadanos para los actos electorales, la pre-
servación y organización del Archivo General de la
Nación y el área de emergencias (misma que atiende
situaciones extraordinarias como incendios e inun-
daciones en todo el territorio nacional). Esta insti-
tución se encuentra, así, en la tensión entre Estado y
gobierno, entre la inercia burocrático-administrativa
y la voluntad política. Pero si dicha tensión está
presente en todas las carteras ministeriales,
25
la del
Interior, por sus propias tareas y por sus modos de
reclutamiento, ha tendido a separar fuertemente
estos espacios más rutinarios del resto de su acti-
vidad. En este sentido, ciertos espacios con fuerte
tradición burocrática gozan de relativa autonomía
de cara a las distintas gestiones gubernamentales,
pero por fuera de ellos predominan altos niveles de
informalidad y desajuste entre las funciones declara-
das y las tareas que se llevan a cabo en un ministerio
donde se ‘hace política’ todo el tiempo. Uno de los
informantes clave para este estudio señalaba con
claridad este desacople:
El Ministerio del Interior es el menos institucio-
nalizado para decirlo en una palabra… Yo en una
época estuve muchos años y de ahí me fui a[l] [de]
Educación; me parecía maravilloso que el cartel de la
puerta decía: “Este programa se dedica a tal cosa” y la
gente
efectivamente
hacía eso… Hay una tendencia
en la Argentina de la línea política a perforar espa-
cios burocráticos y a politizar espacios burocráticos,
lo cual genera una serie de problemas, una serie de
ventajas y desventajas. Y en el Ministerio del Interior
es el lugar donde la perforación es más fuerte y en
donde la burocracia es más débil.
26
Este trabajo no se concentra, entonces, sobre aque-
llos (acotados) ámbitos más administrativos del
ministerio en cuestión, sino sobre lo central de su
intervención que pasa por el manejo de la coyuntura,
la negociación y la arquitectura política. En este
contexto, sus desafíos específicos son singularmen-
te importantes para el campo político: amalgamar
acuerdos, ganar elecciones y garantizar la goberna-
bilidad.
23
Entrevista de la autora con el que fuera ministro del Interior entre 1992 y 1993 (Partido Justicialista (
PJ
)), llevada a cabo el 13 julio
de 2011.
24
Al ser la
burocracia
un término particularmente polisémico, utilizado con significados y hasta connotaciones valorativas diversas, cabe
aclarar que nos referimos aquí a los atributos básicos que le son acordados por Weber: el reclutamiento con base en competencias y saberes
específicos, la sujeción a una jerarquía administrativa, la adherencia a reglas impersonales, la continuidad en el tiempo y el resguardo de la
memoria institucional.
Vid
. Max Weber,
Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva
, México,
FCE
, 2005, en especial las pp. 173 a 180.
25
Vid
. Mariana Heredia,
et al
., “Hacia una socio-historia del Gabinete Nacional”, en
PolHis. Boletín Bibliográfico Electrónico del Programa
Buenos Aires Historia Política
, núm. 9, 2012.
26
Entrevista de la autora con el que fuera administrador gubernamental responsable de programas en el Ministerio del Interior de 1992
a 1995 y de 2000 a 2003 (
PJ
), llevada a cabo el 19 de agosto de 2011. Cabe aquí aclarar que los administradores gubernamentales (
AG
) son
funcionarios formados según el modelo francés de la Escuela Nacional de Administración. Creado por decreto presidencial en noviembre de
1984, el “Cuerpo de Administradores Gubernamentales” emprendió la formación de un cuerpo administrativo de elite que cumpliría funciones
de planificación, consejo, organización y coordinación superior en la alta función pública. En virtud de su circulación por diferentes puestos
de la administración pública nacional y provincial, los
AG
disponen de un amplio conocimiento del funcionamiento del Estado argentino.
Sobre las características de este cuerpo, del que sólo se formarían cuatro camadas de funcionarios,
vid
. O. Oszlak, “Los
AG
: la creación de
un cuerpo gerencial de élite en el sector público argentino”, en
Revista Aportes
, núm. 1, 1994.
Cuestiones contemporáneas
77
Por supuesto, dichas pruebas no son patrimonio
exclusivo de este espacio institucional. Las institu-
ciones no son conjuntos de reglas inmutables sino
construcciones históricas dotadas de cierta plasti-
cidad –en este caso, particularmente pronunciada–;
quienes ocupan posiciones en ellas contribuyen a
redefinir los roles delineados por esas propias inst itu-
ciones en su historia. En este sentido, la flexibilidad
de ciertas reglas –subrayada particularmente en el
caso argentino para pensar en partidos políticos
como el peronismo–
27
alcanza al aparato del Estado
y se acentúa particularmente en algunas de sus
reparticiones.
Atender a la historicidad del ministerio político
permite dar cuenta de una institución en proceso
que fue singularmente poderosa durante el mene-
mismo (1989-1999) y mantuvo muchos de sus pilarse
de poder hasta 2007, pero que luego comenzó a ver
limados algunos de esos mecanismos. Se trata de
una institución que, al perder sus atribuciones sobre
la policía, se concentró en las funciones políticas;
desde entonces, ha tenido que disputar este espacio
con otras agencias fuertes del Poder Ejecutivo como
la Jefatura de Gabinete (a partir de su creación con la
reforma constitucional de 1994), la Secretaría Legal
y Técnica, la Secretaría General de la Presidencia,
etcétera. De hecho, los contornos de dichos espacios
se van delineando al calor de las disputas entre ac-
tores y su capacidad de arrogárselos en la práctica.
No obstante, la centralidad de este ministerio en la
historia reciente –tanto en la negociación de temas
fundamentales como en la intervención sobre cri-
sis de magnitud– y su carácter poco burocrático lo
constituyen una ventana propicia para reflexionar
sobre los políticos profesionales en Argentina y las
formas de hacer política en democracia.
Entre 1983 y 2007 se sucedieron en Argentina
ocho presidentes y quince ministros del Interior.
No obstante, si se restan de este cálculo los breves
presidentes que ocuparon ese cargo durante la crisis
de 2001 (Ramón Puerta durante dos días, Adolfo
Rodríguez Sáa, una semana y Eduardo Camaño, tres
días) quedaría un saldo de cinco presidentes para los
veinticuatro años de democracia inmediatos al fin de
la última dictadura militar; tres de ellos peronistas
–Carlos Menem (1989-1995 y 1995-1999), Eduardo Du-
halde (2002-2003) y Néstor Kirchner (2003-2007)– y
dos radicales –Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando
de la Rúa (1999-2001). En las cinco gestiones presi-
denciales comprendidas en este estudio, los quince
ministros del Interior se repartieron de la siguiente
forma: tres ocuparon el cargo durante la presidencia
de Alfonsín (Antonio Tróccoli, Enrique “Coti” Nosiglia y
Juan Carlos Pugliese); seis en las presidencias de Me-
nem (Eduardo Bauzá, Julio Mera Figueroa, José Luis
Manzano, Gustavo Béliz, Carlos Ruckauf y Carlos Co-
rach); dos cuando la gestión de De la Rúa (Federico
Storani y Ramón Mestre); tres entre la crisis de 2001 y
el gobierno de Duhalde (Miguel Ángel Toma, Rodolfo
Gabrielli y Jorge Matzkin) y un ministro durante toda
la administración de Kirchner (Aníbal Fernández).
E s tos minis t ros enf rent aron de s af íos y l l ev aron ade -
lante intervenciones muy disímiles: comenzando con
el enfrentamiento con el poder militar y los levanta-
mientos de los primeros años de la democracia hasta
el Estado de sitio y la represión durante la crisis de
2001; desde éxitos electorales rotundos a las derrotas
y escándalos políticos, pasando por atentados y de-
nuncias de gran magnitud. A su vez, se insertaron en
configuraciones de poder marcadas por dist intos equi-
librios de fuerzas y, en consecuencia, con distintos
recursos y márgenes de acción disponibles. Tuvieron,
finalmente, improntas y niveles de visibilidad pública
sensiblemente diferentes: desde ministros-voceros
de la Presidencia –de gran presencia en los medios y
en la arena política en general– hasta funcionarios
27
Flavia Freindenberg y Steven Levitsky, “Organización informal de los partidos en América Latina”, en
Desarrollo Económico
, vol. 46,
núm. 184, 2007; S. Levitsky,
La transformación del justicialismo. Del partido sindical al partido clientelista, 1983-1999
, Buenos Aires, Siglo
Veintiuno Editores/Editora Iberoamericana, 2005; Juan Carlos Torre, “El peronismo como solución y como problema”, en Juan Carlos Torre
et al.
,
Entre el abismo y la ilusión. Peronismo, democracia y mercado
, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 1999, pp. 41-50.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
78
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
cuyo protagonismo fue solapado por otros hombres
fuer tes del presidente.
28
En este trabajo no se analiza
alguna decisión en particular o el relato histórico de
una gestión ministerial, sino las prácticas, destrezas
y códigos reivindicados por quienes ocuparon las
posiciones más altas de este minister io en el per íodo
de tiempo recortado a fin de comprender, desde una
óptica microscópica, la dinámica política que se con-
solidó en Argentina desde el retorno de la democracia,
entendiendo fundamentalmente por ella la lucha por
el poder, su ejercicio y negociación.
Destrezas y habilidades del trabajo político. De confianza,
negociación y estrategia
¿Cuáles son entonces las prác t icas y destrezas reiv in-
dicadas entre los políticos del Ministerio del Interior
desde el reestablecimiento de la democracia en 1983?
¿Cuáles sus pruebas fundamentales? ¿De qué modo
contribuyen estos elementos a trazar las fronteras,
siempre en disputa, entre profesionales de la política
y amateurs o profanos?
La confianza presidencial como principio
de autoridad
En un país fuertemente presidencialista,
29
la cercanía
y la confianza con el Primer Mandatario constituyen
elementos centrales para explicar el poder de un mi-
nistro político. Hay que hacer notar que las primeras
y segundas líneas de los ministerios no acceden a sus
puestos por medio de elecciones y su legitimidad no
descansa en los votos, sino que están allí en virtud de
la confianza presidencial y los equilibrios de poder
al interior de un entramado partidario. Las distintas
definiciones nativas que catalogan a los ministros
como “emisario”, “mano derecha” o “delegado” del
presidente evocan constantemente esta
última
ratio
que representa el titular del Ejecutivo. Como se verá,
entonces, distintas son las competencias valoradas y
los apoyos que contribuyen a sedimentar el poder y la
relativa autonomía de estos actores, pero su legitimi-
dad de origen constituye un dato ineludible: “A ver,
primero, [lo que se necesita es] ser de la confianza
del presidente. Al fin de cuentas un ministro tiene el
poder que el presidente le dé… Uno tiene autonomía
hasta que el presidente dice que no.”
30
Distintos relatos circulan entre estos actores
sobre los presidentes que acordaron mayor o menor
margen de acción a sus ministros. La temporalidad
propia de las entrevistas en profundidad
31
hace que
los entrevistados en este trabajo de campo se sitúen
a la vez en el contexto histórico en el que tuvo lugar
su gestión y tomen posición frente a la coyuntura
política inmediata. De esta forma, las entrevistas
realizadas entre 2009 y 2011 hacen casi inevitable
que los actores disputen el sentido de esos gabinetes
28
Mariana Gené, “Negociación política y confianza. El Ministerio del Interior y los hombres fuertes del Poder Ejecutivo”, en
PolHis. Boletín
Bibliográfico Electrónico del Programa Buenos Aires Historia Política
, año 5, núm. 9, primer semestre de 2012.
29
El marcado presidencialismo argentino ha sido caracterizado como una concentración de poder en el Ejecutivo, la personalización y
el desequilibrio entre los poderes y la proliferación de los decretos de necesidad y urgencia a partir del primer gobierno de Menem.
Vid
. al
respecto Hugo Quiroga,
La Argentina en emergencia permanente
, Buenos Aires, Edhasa, 2005; M. D. Serrafero,
op. cit.
; Marcos Novaro, “El
presidencialismo argentino entre la reelección y la alternancia”, en Isidoro Cheresky e Inés Pousadela (comps.),
Política e instituciones en
nuevas democracias latinoamericanas
, Buenos Aires, Paidós, 2001, pp. 59-108; Delia Ferreira Rubio y Matteo Goretti, “Executive-Legislative
Relationship in Argentina: From Menem’s
Decretazo
to a New Style?”, ponencia presentada en la conferencia anual
Argentina 2000: Politics,
Economy, Society and International Relations
, llevada a cabo en la Universidad de Oxford, Inglaterra, del 15 al 17 de mayo de 2000.
30
Entrevista de la autora con el que fuera ministro del Interior entre 1993 y 1995 (
PJ
), llevada a cabo el 2 de septiembre de 2011.
31
Sobre la temporalidad retrospectiva que trabaja este tipo de entrevistas,
vid
. el interesante artículo de Didier Demazière, “Quelles
temporalités travaillent les entretiens biographiques rétrospectifs?”, en
Bulletin de Méthodologie Sociologique
, Núm. 93, 2007. Asimismo,
el clásico artículo de Bourdieu sobre la ilusión biográfica retoma la atribución de coherencia y unidad, no sólo retrospectiva sino también
prospectiva
, que ensaya el relato en primera persona. Pierre Bourdieu, “L’illusion biographique”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
,
vol. 62, núm. 1, 1986.
Cuestiones contemporáneas
79
y su funcionamiento contraponiendo las experiencias
del alfonsinismo (“había equipos amplios de trabajo,
cuadros del partido, intelectuales orgánicos”) o del
menemismo (“existían las reuniones de gabinete y
en ellas se discutía”; “Menem tenía mucha seguridad
y no temía nombrar ministros de alto perfil porque
no lo opacaban”) con el estilo del kirchnerismo (“no
existen las reuniones de gabinete”; “Kirchner no de-
legaba, en el límite él era el ministro de Economía y
de todo”).
32
En cualquier caso, quienes llegan a ocupar las
cúpulas de este ministerio son casi exclusivamente
hombres de confianza del presidente; aunque, dado
que su nombramiento es también una forma de emitir
un mensaje,
33
pueden llegar a ese cargo en base a
otro tipo de atributos. Así, en la historia reciente,
el ministro político ha sido elegido para enviar un
mensaje al inter ior del par t ido gobernante. Tal fue el
caso del primer ministro del Interior del gobierno de
Alfonsín, Antonio Tróccoli, que ocupó su cargo entre
1983 y 1987. Se trataba de un dirigente histórico del
partido, con una extensa carrera política y que había
seguido el
cursus honorum
caro al partido radical y,
aunque no fuera cercano al presidente ni per tenecie-
ra a su corr iente al inter ior del par t ido,
34
garantizaba
cierta armonía entre los sectores más conservadores
y los más renovadores de la Unión Cívica Radical –o
un mensaje de cara a los medios de comunicación
y a la opinión pública. El nombramiento a su vez de
Gustavo Béliz –ministro del Interior del gobierno
de Menem entre 1992 y 1993– fue también de un
tenor similar. Abanderado de la transparencia y la
lucha contra la corrupción, asumió sus funciones
luego de la dimisión de José Luis Manzano, ministro
sumamente pragmático e implicado en numerosos
escándalos de corrupción
35
a quien los diarios de la
época calificaban de “yuppie”, “frívolo” y “gerente”
de la política.
36
Existen diversos indicadores de esa ‘llegada’ al
presidente y de la relativa autonomía que la misma
otorga, que los políticos en este ministerio saben
ejercer y sus pares saben medir: la posibilidad de
designar a sus propios equipos en las secretarías y
subsecretarías a su cargo, el manejo
efectivo
de los
resortes de poder que corresponden a esta institución
y la participación en la ‘mesa chica’ de las decisiones
–sobre todo frente a coyunturas vertiginosas. En
el límite, esta confianza se traduce idealmente en
la capacidad de actuar en nombre del Ejecutivo sin
necesidad de consultarlo. Si negociar con actores
sin poder de decisión representa un contrasentido,
el aval tácito de la figura presidencial contribuye a
las ‘condiciones de felicidad’ de la palabra de estos
profesionales de la negociación:
32
Para una reivindicación del estilo de gabinetes de Carlos Menem,
vid
. el reciente libro del que fuera su ministro del Interior, Carlos
Corach,
18.885 días de política. Visiones irreverentes de un país complicado
, Buenos Aires, Sudamericana, 2011. Para una reivindicación,
en cambio, del ejercicio de poder presidencial y de los ministros durante el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner,
consultar el también nuevo libro de Aníbal Fernández –ministro del Interior del primero y jefe de Gabinete durante la primera presidencia
de la segunda–
Zonceras argentinas y otras yerbas
, Buenos Aires, Planeta, 2011. Desde la ciencia política, el original trabajo de De Luca
analiza la conformación y el funcionamiento de los gabinetes ministeriales desde 1983 hasta la actualidad. Miguel de Luca, “Del príncipe
y sus secretarios. Cinco apuntes sobre gabinetes presidenciales en la Argentina reciente”, en Andrés Malamud y Miguel de Luca,
La política
en tiempos de los Kirchner,
Buenos Aires, Eudeba, 2011, pp. 37-48.
33
Dominique Dammame, “Le ‘service’ du Premier Ministre. Pour une analyse des conventions constitutionnelles”, en Bernard Lacroix y
Jacques Lagroye (eds.),
Le Président de la République, usages et genèses d’une institution
, París, Presses de la
FNSP
, 1992, pp. 195-222.
34
En lugar de estar alineado en el alfonsinista
Movimiento de Renovación y Cambio
, Tróccoli era uno de los principales referentes de la
tradicional
Línea Nacional
, cuyo líder era Ricardo Balbín. Afiliado al radicalismo desde los dieciocho años, fue diputado entre 1963 y 1966
y presidente del bloque radical en la Cámara Baja durante 1973-1976. Su adhesión al ideario radical lo llevó incluso a nombrar como Arturo
Hipólito a su séptimo hijo, en honor a los presidentes radicales Arturo Illia e Hipólito Yrigoyen.
Vid
. Hugo Caligaris: “La muerte de Tróccoli
cierra un estilo radical”, en
La Nación
, Buenos Aires, martes 28 de febrero de 1995, p. 9.
35
Algunos de ellos reconstruidos en el célebre libro de periodismo de investigación de Horacio Verbitsky,
Robo para la corona. Los frutos pro-
hibidos del árbol de la corrupción,
Buenos Aires, Planeta, 1991.
Volveremos sobre la peculiar figura de Gustavo Béliz en el próximo apartado.
36
Alberto Dearriba: “Los diputados están todos contentos”, en
Página 12
, Buenos Aires, mar tes 13 de agosto de 1991, p. 9;
Daniel González,
“Chupete”, en
Somos
, Buenos Aires, lunes 19 de agosto de 1991, pp. 4-9;
Miguel Wiñazki, “Candidato al libro de récords”, en
Noticias
, Buenos
Aires, domingo 12 de enero de 1992, pp. 56-60.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
80
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Un buen ministro del Interior tiene que tener carácter,
además de contar con el respaldo del presidente, pues
lo que haga aquél t iene que ser reflejo de lo que piensa
éste. Muchas veces el presidente o no puede hablar o
no puede hacer… pero los interlocutores tienen que
saber que lo que dice y lo que hace el ministro del
Interior es la voluntad del Ejecutivo. Es el delegado
del presidente en la tierra, digamos (
risas
).
37
El dominio práctico de un saber de relaciones
y negociación
Pero no sólo la confianza y el reconocimiento del
presidente se recortan como atributos valorados para
desempeñarse en estos cargos. Un requisito primor-
dial para negociar es conocer las reglas tácitas de los
distintos sistemas de relaciones, detentar un saber
que se sedimenta a través de años de experiencia y
que se condensa en la fórmula breve que los prota-
gonistas emplean: “venir de la política”.
Sin gran sorpresa entonces, el reclutamiento
de este ministerio se ha operado consistentemente
al interior de los partidos políticos recurriendo a
dirigentes de largas trayectorias.
38
En este sentido,
quince de los dieciséis ministros del Interior en
funciones entre 1983 y 2010 fueron antes parla-
mentarios, gobernadores o ministros provinciales,
o bien, miembros del partido durante muchos años y
ocuparon puestos de responsabilidad en sus estruc-
turas. Estas extensas carreras políticas garantizan
un conocimiento del funcionamiento del Estado y
el manejo de las instituciones, pero también una
cercanía con los diversos actores políticos que es
señalada como fundamental por los distintos miem-
bros del ministerio, más allá de la época en que se
hayan desempeñado como tales.
Tiene que ser el perfil de alguien que
viene de la
política
, que tiene un profundo conocimiento del
mundo de la política, y en lo posible conoce a los prin-
cipales actores de la política del oficialismo y de la
oposición. Y en eso incluyo a los gobernadores de to-
dos los signos políticos y a los presidentes de los par-
tidos… En segundo lugar, tiene que ser alguien que
tenga el prestigio suficiente para ser interlocutor de
estas personas tan destacadas. Se espera que tenga
suficiente talla y personalidad para estar a la altura
de ese desafío, del sistema de relacionamiento que
supone.
39
Como señala Bourdieu, el aprendizaje del
habitus
político requiere un cierto tipo de entrenamiento:
se trata de un recorrido que incluye pruebas y ritos
de pasaje, en el que se aprenden valores, jerarquías e
incluso censuras.
40
Dicho recorr ido otorga el dominio
de un saber prác t ico y la duc t ilidad para poder mane-
jar sus reglas no escritas y lograr la familiaridad con
sus principales protagonistas. En este sentido, los
37
Entrevista de la autora con el que fuera subsecretario de Asuntos Legales en 1995 y secretario general del Ministerio del Interior entre
1995 y 1998 (
PJ
), llevada a cabo el 5 de agosto de 2009.
38
Otros ministerios (como el económico, por ejemplo) conocieron variaciones en su tipo de reclutamiento, alternando a especialistas con
militancia en los partidos y a técnicos provenientes de fundaciones privadas o
think tanks.
Al respecto,
vid
. Mariana Heredia, “La demarcación
de la frontera entre economía y política en democracia. Actores y controversias en torno de la política económica de Alfonsín”, en Alfredo
Pucciarelli (coord.),
Los años de Alfonsín ¿El poder de la democracia o la democracia del poder?
, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2006,
pp. 153-198. El reclutamiento del ministro político, en cambio, se operó al interior de los partidos durante todo el siglo
XX
. En efecto, desde
1930 la mayoría de los gobiernos democráticos tuvieron al frente de esta cartera a dirigentes políticos con vasta experiencia parlamentaria
o ejecutiva. Sin embargo, en los momentos de mayor inestabilidad institucional, como en el gobierno de María Estela Martínez de Perón,
el ministerio también fue ocupado por militares (es el caso de Alberto Rocamora en 1974 y de Vicente Damasco en 1975). Por su parte, los
gobiernos de
facto
cubrieron este puesto de forma más errática, con una leve mayoría de militares, pero también con abogados sin filia-
ciones partidarias y políticos de carrera. Para un análisis de las extensas trayectorias de estos funcionarios, tanto en militancia y puestos
informales como en cargos formales,
vid
. Mariana Gené, “En torno a los profesionales de la política. trayectorias, prácticas y destrezas en
el ejercicio del poder político desde el Estado”, en
Perspectivas de Políticas Públicas
, vol. 1, núm. 1, 2011.
39
Entrevista de la autora con el que fuera secretario de la Función Pública entre 1992 y 1993 (
PJ
), llevada a cabo el 29 de julio de 2009.
40
P. Bourdieu,
op. cit
., pp. 5-6.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
81
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
distintos dirigentes políticos que ocupan los escalo-
nes más altos del Ministerio del Interior conocen la
trama cotidiana de las decisiones y jerarquías que se
ponen en juego en este espacio; y detentan un saber
recíproco que los hace relativamente previsibles.
41
Se trata en definitiva de un
saber de relaciones
:
para negociar a la vez con parlamentarios, jefes de
partidos, gobernadores y dirigentes políticos locales,
los miembros de este ministerio deben disponer de
redes amplias e inspirar cierto respeto. Estas nutridas
redes interpersonales vinculan a través de “lazos
débiles”
42
a políticos de distintos niveles: si bien su
interacción no es necesariamente frecuente o de un
alto grado de int imidad, sus contac tos son múlt iples
y pueden recurrir a ellos en situaciones muy disími-
les. Muchos de ellos fueron diputados o senadores
y apelan a la cotidianidad que generó el compartir
el recinto. En efecto, este ‘venir de la política’ se
expresa con claridad en las Cámaras, además de los
partidos o la militancia. Es allí donde los dirigentes
políticos se cruzan en los pasillos, almuerzan en el
mismo restaurante, se llaman por el nombre de pi-
la, tienen experiencias en común y negocian leyes
relevantes. Como han destacado otros trabajos, los
políticos pasan gran parte del tiempo entre ellos
–aun durante las noches y los fines de semana– y
pueden desarrollar relaciones de camaradería que
están hechas a la vez de oposición, de complicidad
y de respeto.
43
Son estas relaciones imbricadas, las
que facilitan la negociación y la consecución de
acuerdos. Como lo sintetiza uno de los entrevistados,
“[…] al final el Ministerio del Interior es una buena
agenda. Tienes que tener una muy buena agenda, un
par de colaboradores y muchos teléfonos”.
44
Esta ‘buena agenda’ incluye la vinculación con el
territorio y con la oposición en una relación de ida y
vuelta donde el minister io polít ico opera como vocero
del gobierno ante esos actores, pero también es el re-
ceptor de sus demandas. La versatilidad de relaciones,
apoyos y lealtades contribuye entonces a robustecer la
principal destreza valorada en este espacio que es
la capacidad de
negociación
. Sin duda se trata de un
saber que atraviesa a todos los políticos, no importa el
lugar (formal o no) que ocupen. Pero en este ministe-
r io, sus ocupantes lidian constantemente con dist intos
actores del campo político y deben alcanzar acuerdos
todo el tiempo. En el lenguaje cotidiano esta práctica
adquiere distintas denominaciones, evidentes para
los participantes pero que es necesario interrogar:
“operar”, “armar”, “hacer trenza”, “juntar”.
45
Dichos
modos de acuerdo e intercambio circulan en ocasiones
por canales formales, pero la mayoría de las veces se
apoyan en negociaciones informales y acuerdos per-
sonales. Es por eso que en un contexto en que los par-
tidos pierden organicidad,
46
los especialistas en este
“armado” y sus rutinas dif ícilmente formales, asenta-
das en la vinculación entre actores, cobran una im-
portancia mayor.
Estrategias frente a la incertidumbre: medios,
elecciones y gobernabilidad
Si la habilidad para la negociación y la cercanía con
los actores políticos se revelan, en este espacio,
41
Volveremos sobre la importancia de la previsibilidad en el siguiente apartado.
42
Mark Granovetter, “The Strength of Weak Ties”, en
American Journal of Sociology
, vol. 78, núm. 6, 1973.
43
Michel Offerlé,
Sociologie de la vie politique française
, París, La Découverte, 2004, pp. 23-24.
44
Entrevista de la autora con el que fuera viceministro del Interior entre 1995 y 1997 y secretario de Seguridad Interior entre 2004 y
2005 (
PJ
), llevada a cabo el 26 de septiembre de 2009.
45
Se trata de términos que se utilizan informalmente en la práctica política argentina para referir a los modos (también ellos, en su
mayoría, informales) de negociar, cerrar acuerdos y agregar voluntades entre políticos. Ciertamente su variabilidad es muy amplia: estas
formas comprenden desde la persuasión y el convencimiento hasta la cooptación o el “apriete” (amenaza). Para un análisis de los modos
de hablar en código con significados entre líneas evidentes para los participantes –y en un inicio indescifrables para el investigador–,
vid
.
Javier Auyero, “Me manda López. La doble vida del clientelismo político”, en
Ecuador Debate
, núm. 37, 1996.
46
G. Scherlis,
op. cit
; I. Scheresky,
op. cit
.
Cuestiones contemporáneas
82
como el saber práctico número uno, la capacidad
para delinear estrategias y dominar una coyuntura
incierta y cambiante es su correlato necesario.
Para ello, la producción propia de este ministe-
rio se centra fundamentalmente en las decisiones y
acuerdos. Puede decirse que gobernar es producir deci-
siones; resolver controversias entre diferentes de-
mandas y ordenar prioridades.
47
En este espacio, las
distintas demandas que se dirimen provienen mayo-
ritariamente del interior del campo político y es sobre
él que se toman decisiones. Así, la tarea cotidiana de
los ámbitos menos administrativos del Ministerio del
Interior en Argentina incluye realizar análisis del esce-
nario político, procurar alianzas, recorrer los distintos
puntos del país o “bajar” al territorio,
48
disponer de
contactos importantes en todas las provincias para
medir (y generar) el pulso político, entablar diálogos
y negociaciones (mayormente a cambio de fondos u
obras públicas, pero no solamente) con los pares del
propio partido y los dirigentes opositores.
Aunada a las características anteriores –y ante la
creciente consolidación de los medios como un actor
central de la política y la progresiva
mediatización
de
la actividad política–,
49
la capacidad de erigirse en
vocero del gobierno y organizar su comunicación se
convierte en otra destreza insoslayable. Es cierto que
este rol de portavoz de la agenda política del gobierno
le correspondió al ministro del Interior durante todo el
siglo
XX
,
pero como es sabido, en un contexto de debi-
litamiento del activismo y los grandes actos de masas,
los medios de comunicación tienen una gravitación
renovada sobre el mundo de la política ya que contri-
buyen a consolidar (o debilitar) liderazgos mas allá
de estructuras partidarias y adhesiones identitarias
cada vez menos estables.
En este sentido, los medios masivos se transfor-
man en un interlocutor fundamental, frente al cual,
los ministros del Interior defienden las medidas de
gobierno y polemizan con sus pr incipales cr íticos. La
capacidad de marcar la agenda y de ordenar el discurso
del resto de los actores es una destreza altamente
valorada entre estos profesionales de la política.
Defender la imagen pública del gobierno constituye,
entonces, otra de las principales pruebas de este
espacio cuyo valor se acentúa en tiempos de crisis.
Además de esforzarse por legitimar la gestión
cotidiana, sus protagonistas se ven confrontados a la
prueba mayor de perpetuar al partido gobernante en
su lugar de poder. En efecto, el Ministerio del Interior
tiene a su cargo la organización de las elecciones y la
puesta en marcha de todos los procedimientos buro-
cráticos que aseguran su normal desenvolvimiento;
pero es a su vez uno de los lugares fuertes donde se
tejen alianzas y apoyos para (intentar) ganar eleccio-
nes. Una vez más, su ubicación en la intersección entre
Estado y gobierno hace que administre en simultáneo
los mecanismos más estables y rutinarios de la vida
republicana y las estrategias e intervenciones polí-
ticas para asegurar el poder del partido de gobierno.
Al decir lacónico de uno de los exministros entrevis-
tados, el éxito o fracaso de este ministerio se evalúa
a partir de los votos: “¡Esto se mide con votos! No se
mide por quién entretiene a los periodistas, ¡se mide
por los votos! Es un juego, es como el fútbol: todos
arman el equipo y después salen a la cancha… y se
mide con votos.”
50
47
Juan Carlos Torre, “América Latina. El gobierno de la democracia en tiempos difíciles”, en
Revista de Estudios Políticos
(Nueva Época),
núm. 174, 1991.
48
Sobre el empleo de esta metáfora entre los funcionarios del Ministerio de Desarrollo Social argentino para significar los modos de
vinculación entre el Estado nacional y los niveles provinciales y locales,
vid
. Luisina Perelmiter, “Saber asistir: técnica, política y afecto en
la asistencia estatal. Argentina (2003-2008)”, en Sergio Morresi y Gabriel Vommaro (comps.),
Saber lo que se hace. Expertos y política en la
Argentina
, Buenos Aires, Prometeo, 2012, pp. 135-170.
49
Vid
. entre otros, Norbert Lechner, “Las transformaciones de la política”, en
Revista Mexicana de Sociología,
núm. 1, 1996; Oscar Landi,
Devórame otra vez. Qué hizo la televisión con la gente. Qué hace la gente con la televisión
, Buenos Aires, Planeta/Espejo de la Argentina,
1992.
50
Entrevista de la autora con el que fuera ministro del Interior entre 1991 y 1992 (PJ), llevada a cabo el 22 de octubre de 2009
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
83
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Sin duda, ganar elecciones o no excede amplia-
mente a este espacio institucional y los discursos
de los actores a este respecto son voluntaristas y
especialmente personalistas. De todos modos, en
este ámbito se dirimen tradicionalmente asuntos
centrales de la dinámica electoral: se negocia para
obtener apoyos, se cosechan alianzas –inmediatas o
eventuales–, se evalúan las apuestas más riesgosas
y se deciden los cierres de listas.
Fuera de estos momentos bisagra que consti-
tuyen las elecciones en los sistemas democráticos,
el desafío cotidiano de este ministerio es garanti-
zar la
gobernabilidad
y administrar una coyuntura
constantemente abierta y con equilibrios de poder
cambiantes. En ese sentido, la capacidad de antici-
pación y la ductilidad para enfrentar situaciones de
incer t idumbre const ituye una destreza mayor que los
dirigentes que pasaron por este ministerio señalan
como elemento decisivo para trazar la frontera entre
políticos
y
amateurs
.
En efecto, la política supone, como el ajedrez, una
lectura cotidiana de los equilibrios de fuerzas y una pre-
v isión de las mov idas futuras en función de los mov i-
mientos políticos de los otros actores. La lectura y
el dominio de las situaciones inciertas, teniendo en
cuenta que tanto los recursos de los que disponen los
actores como el valor de los mismos se trastocan al
calor de las cr isis polít icas
51
constituiría un elemento
para distinguir a los “verdaderos” políticos.
En este sentido, el ministro del Interior inicial de
la Alianza
52
evoca la primera gran crisis que atravesó
esta coalición para caracterizar a los grupos hetero-
géneos que convivían en el seno del gobierno y señalar
sus desiguales competencias. Siguiendo su relato, en
esta crisis, que fue desencadenada por el “escándalo
de las coimas en el Senado”
53
y terminaría con la re-
nuncia del vicepresidente “Chacho” Álvarez en octu-
bre de 2000, el sector de jóvenes que se denominaba
como “grupo sushi”
54
demostró estar conformado
por “chicos” que “eran demasiado aficionados para
la política”. Cuando se inquiere qué significa ser afi-
cionado en política, señala la incapacidad de prever
posibles movidas a jugar en coyunturas imprevistas:
“[Quiere decir] que, por ejemplo, el día de la renuncia
de Chacho estaban planchados, tirados en un sillón;
no estaban eufóricos, porque no habían previsto dos
jugadas. Ellos creían que imponían a Flamarique y
todo lo demás… Pero si se daba una jugada como la
de Chacho, que es la renuncia y un impacto tan fuerte,
no tenían dos jugadas previstas.”
55
La habilidad política implica, en efecto, tener
siempre un
plan
B
, poder gestionar las crisis y prever
estrategias alternativas cuando las opciones dispo-
nibles no abundan. El Ministerio de Interior es, en
este sentido, un lugar donde el armado de estrate-
gias o ‘jugadas’ no conoce límites, tanto para ganar
elecciones como, sobre todo, para gobernar tanto
dentro de la legalidad como en sus márgenes.
Uno de los hombres que ocupó la cabeza del Minis-
terio del Interior durante la profunda crisis de 2001,
en la cual la inestabilidad alcanzó tal magnitud que se
sucedieron cinco presidentes en dos semanas, se jacta
de haber acordado con el presidente de la Asocia-
ción del Fútbol Argentino, en la Casa Rosada, el re-
sultado del campeonato nacional para que un equipo
saliera campeón luego de 35 años sin conseguir ese
título. De esta forma, se lograría generar un ‘clima
festivo’ en medio de la enorme crisis que había culmi-
51
Michel Dobry,
Sociologie des crises politiques
.
La dynamique des mobilisations multisectorielles
,
París, Presses de la
FNSP
, 1986.
52
La “Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación” fue el producto de la fusión entre la Unión Cívica Radical y el
FREPASO
en 1997;
ocupó la Presidencia de la Nación entre desde 1999 hasta la caída del presidente De la Rúa en la crisis de 2001.
53
Se trata del presunto pago de sobornos a senadores por parte del ministro de Trabajo para aprobar la reforma laboral en el año 2000.
54
Bajo este nombre se reunía al grupo de confianza del hijo de Fernando de la Rúa quien, no obstante de carecer en general de militancia
partidaria, tuvo gran influencia sobre las decisiones presidenciales y ocupó numerosos cargos durante su gestión. Algunos de sus integrantes
fueron Antonio y “Aito” de la Rúa, Fernando de Santibañes, Darío y Antonio Lopérfido, Andrés Delich, Hernán Lombardi y Lautaro García
Batallán (este último fungió como viceministro del Ministerio del Interior).
55
Entrevista de la autora con el que fuera ministro de Interior entre 1999 y 2001 (Partido Radical (
PR
)), llevada a cabo el 3 septiembre de
2009.
Cuestiones contemporáneas
84
nado con el Estado de sitio y más de treinta muertes
en todo el país.
En suma, la astucia, la ductilidad y la capacidad
de prever distintos movimientos ante lo imprevisto
constituyen competencias propias del saber político
que estos protagonistas tienen en cuenta para evaluar
y medir a sus pares. No se trata de destrezas menores
en un ministerio cuyas principales pruebas de eficacia
son asegurar la gobernabilidad, mantener en el poder
al partido que lo ejerce, legitimar su imagen pública
y gestionar acuerdos. En el siguiente apartado, se
abordará justamente el lugar de los de acuerdos (y
su cumplimiento) como nudo central de la actividad
política y sus reglas.
De principios de evaluación y ‘códigos’ compartidos:
las formas nativas de leer el campo político
Como se señaló, las formas de habitar las institu-
ciones contribuyen a redefinir sus perímetros y las
expectativas que ellas fundan. En esta sección, se
analizarán dos figuras arquetípicas que ocuparon la
cúspide de este ministerio con estilos y modos de
construir poder fuertemente contrastantes. Suerte
de mitos de esta institución, el interés de estos
ejemplos reside en que personifican los atributos
admirados y denostados en este espacio y revelan
la existencia de una grilla de lectura en común que
trasciende las fronteras de los partidos.
Hay que destacar que estos dirigentes de dis-
tinto signo político no sólo acuerdan en torno a las
competencias seculares jerarquizadas para estar a la
cabeza del ministerio, sino también en la identifica-
ción de aquellos ministros de la historia reciente en
los que las reconocen. En este sentido, más allá de
su pertenencia partidaria, hay una curiosa concor-
dancia entre los actores entrevistados al evocar los
ministros que reunieron las carac ter íst icas valoradas
desde el retorno de la democracia. Tanto radicales
como peronistas identifican al último ministro del
Interior de Menem como el paradigma del político
hábil, al tiempo que coinciden en desacreditar como
soberbio e incapaz de negociar a otro de los ministros
en funciones durante el menemismo.
Cabe señalarlo, la presencia de códigos compar-
tidos y un cierto espíritu de cuerpo no invalida la
existencia de culturas par t idar ias y tradiciones polí-
t icas dist intas; aunque cier tamente en determinados
momentos los partidos mayoritarios tendieron a in-
diferenciarse en sus discursos y en sus prácticas.
56
Carlos Vladimiro Corach: La relación con los medios
y la habilidad para la negociación política de un
ministro ‘confiable’
Político de carrera y con una temprana y extensa
trayectoria en el mundo partidario, Corach empezó
su militancia en el socialismo en el Colegio Nacional
de Buenos Aires y pasó a las filas de la Unión Cívica
Radical a los diecisiete años, partido por el que
llegaría a ser concejal, además de presidente de la
Juventud Radical Intransigente de Capital Federal. A
mediados de la década de los 60, dejó el frondizismo
para incorporarse al peronismo fundando en 1967,
junto a otros profesores de la Facultad de Derecho,
la Agrupación de Docentes Universitarios Peronis-
tas (
ADUP
). Fue apoderado del Partido Justicialista
desde antes del retorno de la democracia y militó
en la Renovación Peronista
57
cuyas filas abandonaría
–luego de la derrota de Antonio Francisco Cafiero
56
Vid
. a este respecto las notas sobre el
vaciamiento de la política
de Alfredo R. Pucciarelli,
La democracia que tenemos. Declinación eco-
nómica, decadencia social y degradación política en la Argentina actual,
Buenos Aires, Libros del Rojas, 2002.
57
Fracción interna del peronismo fundada en 1983 tras la primera derrota de este partido en elecciones democráticas y sin proscripción.
Se trataba de un ala de dirigentes jóvenes que se oponían a la dirigencia ortodoxa y sindical del partido proponiendo reformulaciones
doctrinarias. Dirigidos por Cafiero, se enfrentaron a Menem en internas para la presidencia en 1988 y fueron derrotados.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
85
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
en la interna con Carlos Saúl Menem de 1988– para
integrarse al menemismo junto a muchos otros di-
rigentes.
58
En este gobierno ocuparía inicialmente
cargos de segunda línea en los ministerios de Salud
y del Interior para acceder, en 1992, al puesto clave
de secretario legal y técnico de la Presidencia. Fue
convencional constituyente para la reforma de la
Constitución en 1994 y llegó a la cabeza del Minis-
terio del Interior a inicios de 1995.
Corach ocupó este cargo durante cinco años, sien-
do el ministro del Interior que más tiempo estuvo en
funciones desde el retorno de la democracia y el ter-
cero en duración desde 1930.
59
Hombre fuer te del me-
nemismo, cosechó diversas acusaciones de corrupción
en el transcurso de su gestión: desde el otorgamiento
de fondos reservados y Aportes del Tesoro Nacional
a sus propios hijos para desarrollar su actividad
política,
60
hasta el resonado escándalo por las presun-
tas coimas solicitadas a la empresa alemana Siemens
para renovar los documentos nacionales de identidad
(
DNI
).
61
Sin embargo, los exmiembros de este minister io
expresan una suerte de admiración frente a su figura,
le reconocen una sagacidad inédita para negociar con
distintos actores del campo político y una profunda
habilidad para relacionarse con el mundo periodísti-
co en tiempos en que sus efectos sobre la actividad
política iban en ascenso.
Desde su llegada a la cabeza del Ministerio del
Interior, Corach inauguró la rutina de brindar confe-
rencias de prensa en la puerta de su departamento
cada mañana. Los periodistas de radio y televisión
se agrupaban temprano para consultarlo sobre las
principales medidas o situaciones conflictivas del
gobierno y él se erigía en vocero oficial, legitimando
el rumbo establecido y respondiendo las principales
críticas, al tiempo que intentaba instalar los temas
que le interesaban al Poder Ejecutivo en la agenda
mediática.
62
Existe una cierta fascinación entre los
miembros del ministerio entrevistados en relación a
su capacidad de delinear la agenda política cotidiana,
indicando a los periodistas y también al resto de los
políticos aquello de lo que deberían hablar durante
toda la jornada.
Además de esta habilidad frente a los medios de
comunicación, el criterio común para identificarlo co-
mo el paradigma del buen ministro de Interior es su
capacidad de establecer contactos y alcanzar acuerdos
con los distintos partidos. En su reciente autobiogra-
fía, el propio exministro se esfuerza por reforzar esta
identidad estratégica
63
erigiéndose en defensor del
diálogo y la negociación entre adversarios políticos.
Así, refiriéndose a la primacía de los abogados como
profesión consagrada a la política, sostiene:
[…] hay una razón de fondo, a la que considero más
importante: el ejercicio de la abogacía implica creer
que siempre existe una posibilidad de encontrar un
equilibrio a partir de la negociación de las partes en
conflicto. En eso se parece a la política como yo la
entiendo: un esfuerzo permanente por la búsqueda de
consenso, en la cual la negociación y el intercambio
son armas primordiales.
64
58
Entre los múltiples políticos peronistas que pasaron de la Renovación al menemismo, siguiendo ese imperativo propio del Partido Jus-
ticialista de atrincherarse tras el vencedor, se cuentan otros dirigentes que ocuparían el cargo de ministro del Interior –José Luis Manzano,
Carlos Ruckauf– y numerosos funcionarios de primera y segunda línea de este ministerio.
59
Sólo lo superaron en su permanencia en el cargo el primer ministro del Interior de la última dictadura militar –Albano Harguindeguy,
quien ocupó el puesto veinticinco días más que Corach–, y el ministro del Interior de los primeros dos gobiernos de Perón –Ángel Gabriel
Borlenghi, quien se mantuvo nueve años al frente de esta cartera.
60
Vid
. Adriana Balaguer, “Una familia muy normal”, en la revista
Tres Puntos
, Buenos Aires, miércoles 12 de agosto de 1998, pp. 28-29.
61
Vid
. Pablo Abiad, “La Justicia indagará a Menem y a Corach por el contrato de los
DNI
”, en
Clarín
, Buenos Aires, jueves 2 de septiembre de
2004, p. 17 y “Siemens: denuncian una coima millonaria a Menem y a Corach”, en
La Nación
, Buenos Aires, domingo 10 de agosto de 2008.
62
Vid
. por ejemplo, “Corach: yo nunca les mentí”, en
Clarín
, Buenos Aires, miércoles 24 de noviembre de 1999. Para la versión propia del
exministro sobre esta experiencia, consultar el capítulo de su biografía titulado “Mañanas mediáticas”, en C. Corach,
op. cit.
, pp. 153-160.
63
Annie Collovald, “Identité(s) stratégique(s)”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
, vol. 73, núm. 1, 1988.
64
C. Corach,
op. cit.
, p. 16.
Cuestiones contemporáneas
86
En este sentido, su libro de memorias –que elo-
cuentemente se titula
18.885 días de política
– se
posiciona en la lucha por la definición legítima de la
política y abunda en la defensa de un estilo pragmá-
t ico y adaptable a los cambios de época, defendiendo
medidas tan controversiales como la reforma del Es-
tado, las políticas neoliberales y el pacto de Olivos.
65
Su (auto)reivindicación es constante y busca trazar
una línea hereditaria sin fisuras dentro del peronismo
que, sin embargo, muchos han cuestionado para el
gobierno del que formó parte: “Seguir a Perón, diría
tratando de no ser demasiado enfático en esto, es
persistir en hacer política, aun cuando todo esté en
contra”.
66
En su concepción, “persistir en hacer política”
significa negociar, acordar e intercambiar. Estos
rasgos, que los distintos dirigentes políticos entre-
vistados señalan recurrentemente como destrezas
imprescindibles, se desagregan en dos atributos
fundamentales: la
autoridad
frente a los interlocu-
tores para ejercer el poder y la capacidad de inspirar
su
confianza
y mantenerla en el tiempo:
[Hay que tener] buena relación con los partidos
políticos, es decir, si en la política acuerdas algo
tienes que cumplirlo, sino pierdes confianza con los
propios y con los ajenos; un buen ministro del Inter ior
tiene que ser un tipo que construya esa confianza y
la mantenga. Con Corach podías no estar de acuerdo
o tenerle bronca, podía resultarte antipático pero
era un tipo que te generaba confianza; no estabas
hablando con un “cuatro de copas”,
67
sino con un tipo
que tenía poder y lo ejercía. Yo creo que un ministro
puede tener cualquier rasgo pero un ministro debe
ejercer el poder… y ser confiable.
68
Esta expresión sobre el carácter “confiable” de los
interlocutores se repite en los distintos discursos y se
constituye en un dato ineludible a la hora de calificar
a los profesionales de la política. Como señalara Si-
mmel,
69
y después de él toda la escuela interaccionis-
ta, las relaciones sociales se desarrollan sobre la base
de un saber recíproco y el conocimiento práctico de
las personas funda expectativas sobre sus comporta-
mientos futuros. En este sentido, la confianza es un
reductor de incertidumbre en tanto vuelve previsibles
ciertas situaciones. Suerte de “estado intermedio
entre el saber y el no-saber sobre el otro”, constituye
fundamentalmente “una hipótesis sobre una conduc-
ta futura” que debe sugerir cierta probabilidad para
poder fundar sobre ella la acción práctica.
70
Es obvio que la previsibilidad y confianza son
más usuales entre los compañeros de partido que
entre quienes están enfrentados políticamente, pe-
ro la existencia de
códigos
en común trasciende las
fronteras partidarias de la misma forma que lo hacen
los estándares de evaluación sobre algunos dirigen-
tes clave. “Tener códigos” es equivalente a
cumplir
los
acuerdos, construir condiciones de confianza, devenir
creíble para los interlocutores. Ser digno de confianza
es entonces ser reconocido como alguien que respeta
los pac tos establecidos, aun cuando no se asienten en
ningún documento formal. El ministro de Interior en
funciones durante toda la gestión de Néstor Kirchner
llegó a afirmar en la entrevista:
65
Se trata de un acuerdo negociado informalmente entre los dos partidos políticos mayoritarios (el radicalismo y el peronismo), que
permitiría la reforma de la constitución en 1994 y habilitaría la reelección de Carlos Menem un año más tarde.
Vid
.
idem
.
66
Ibid
., p. 83.
67
Esta es una expresión típica del lunfardo argentino inspirada en el juego de cartas llamado “truco”, donde el cuatro de copas es la carta
menos importante, la de menor valor.
68
Entrevista de la autora con el que fuera subsecretario de Relaciones Políticas y del Interior entre 1993 a 1995 (
PJ
), llevada a cabo el 13
de agosto de 2009.
69
Georg Simmel,
Sociologie. Etudes sur les formes de la socialisation
, Paris,
PUF
, 2010, p. 349.
70
En efecto, es en este estado de indecisión, de intermedio entre el conocimiento y su ausencia, que la confianza cumple un papel fun-
damental ya que “Aquél que sabe todo no tiene necesidad de
confiar
y aquél que no sabe
nada
no puede razonablemente confiar”. (
Ibid.
, p.
355-356) [las itálicas pertenecen al original].
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
87
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Por ahí se hace más fácil cuando estás hablando con
los de tu palo, pero con los otros… ¿cómo se hace? Se
hace hablando, se hace siendo serio, se hace siendo
respetuoso, se hace siendo responsable y se hace
so-
bre todo
sosteniendo la palabra, sosteniendo los
códigos; lo que no significa que no se critiquen polí-
t icamente… Es la ac t itud que uno t iene que asumir en
la política: si empeñaste la palabra, tienes que cum-
plirla porque… eso te hace respetado y reconocido
con el tiempo… No hay escribanos acá: en política es
la
palabra
… Para hacer política hay que conocer los
códigos; si alguien hace un acuerdo y no lo respeta
no es un político, es un
amateur
.
71
Una vez más, los contornos en disputa entre
políticos
y
amateurs
o aficionados se recortan a partir de las
destrezas y los códigos (relativamente) compartidos
por los distintos participantes del juego. Como en
la mayoría de las interacciones sociales, en política
‘no hay escribanos’ y los acuerdos que fundan estas
negociaciones se apoyan muchas veces en charlas in-
formales y compromisos entre actores. Es en dichos
espacios que se juega la credibilidad de los dir igentes
políticos entre sí. En efecto, los dirigentes se guían
–aunque también se equivoquen– por la tendencia
diferencial a cumplir los pactos de los distintos ac-
tores del campo.
72
Por eso es más fácil negociar con
aquéllos que están en la política desde hace un tiempo
considerable que con los ‘recién llegados’, ya que los
primeros muestran, al menos de forma relativa, un
respeto similar por las reglas no escritas del juego
que comparten.
Frente al imperativo de ser confiable para los inter-
locutores, se recorta de forma constante su opuesto:
la ‘traición’, la ‘falta de códigos’. En otras palabras, la
insistencia sobre la importancia de poseer una palabra
respetada se enfrenta a la práctica de romper pactos
y de ignorar los acuerdos informales:
Es una actividad donde la traición está a la orden del
día, donde [hay] inconsistencia entre lo que se dice
y lo que se hace, donde la
sobrepromesa
para lograr
un acuerdo rápido es incumplida y donde no se pagan
las consecuencias por ello. [Éstas] son prácticas
muy habituales; [de aquí] que los [políticos] que no
las andan y que tienen una trayectoria distinta son
valorados y adquieren un respeto…
73
El modo en que los dirigentes políticos significan la
traición y la lealtad constituye una dimensión central
para comprender su acceso a puestos de decisión y
sus carreras.
74
Y estas categor ías no se mov ilizan sólo
para evaluar a los compañeros de partido. Por el con-
trario, tanto en el Ministerio del Interior como en el
Congreso, parte de las negociaciones fundamentales
se llevan a cabo con los dirigentes de otros signos
políticos. La destreza del operador político se juega,
justamente, en la capacidad de cerrar acuerdos con
los propios aliados y con otras fuerzas. En este con-
texto, la figura de Carlos Corach sobresale porque es
reconocida y respetada entre distintos políticos que
dirigieron este ministerio.
75
En este sentido, pue-
de identificarse un espíritu de cuerpo y una suerte de
‘lealtad’ aun entre partidos, donde los participantes
de distintos espacios políticos coinciden en las valo-
raciones sobre los principales dirigentes, mantienen
un diálogo fluido entre exponentes de distintos par-
tidos y también se hacen y devuelven favores.
71
Entrevista de la autora con el que fuera ministro de Interior entre 2003 y 2007 (
PJ
), llevada a cabo el 12 de noviembre de 2009.
72
Como apuntan las aproximaciones sociológicas al tema de la confianza, las relaciones sociales se inscriben en la duración y por con-
siguiente el intercambio oportunista no es eficaz más que a corto plazo, ya que las partes van construyendo una determinada reputación
en las sucesivas repeticiones del juego.
Vid
. Christian Thuderoz, “Introduction générale: Pourquoi interroger la notion de confiance?”, en
Christian Thuderoz
et al
. (dirs.),
La confiance. Approches économiques et sociologiques
, París, Gaétan Morin, 1999, pp. 1-25.
73
Entrevista de la autora con el que fuera viceministro del Interior entre 1985 y 1987 (
PR
), llevada a cabo el 1° de octubre de 2009.
74
Fernando Alberto Balbi,
De leales, desleales y traidores. Valor moral y concepción de política en el peronismo
, Buenos Aires, Antropofagia,
2007; Sabina Frederic,
Buenos vecinos, malos políticos. Moralidad y política en el gran Buenos Aires
, Buenos Aires, Prometeo, 2004.
75
Este acuerdo sobre los políticos destacados se vuelve a encontrar sobre algunas de las figuras fuertes y controvertidas de los distintos
gobiernos: Enrique Nosiglia con Alfonsín, José Luis Manzano con Menem y Aníbal Fernández con Kirchner.
Cuestiones contemporáneas
88
Gustavo Béliz: la bandera antipolítica
en el ministerio político
Esta grilla de lectura en común se explicita también
en el acuerdo sobre los políticos cuyas credenciales
y competencias son objetadas. El caso de Gustavo
Béliz es excepcional en más de un sentido. Lejos de
llegar a este puesto después de una larga trayectoria
de militancia y cargos como el resto de los dirigen-
tes, su reclutamiento se aparta de los parámetros
típicos del ministerio: abogado por la Universidad
de Buenos Aires y periodista del diario
La Razón
y la
revista deportiva
El Gráfico
, llega a la cabeza del Mi-
nisterio del Interior a los veintinueve años habiendo
ocupado sólo un cargo de segunda línea en el período
inmediatamente anterior (la Secretaría de la Función
Pública entre 1989 y 1992). Sin anclajes partidarios
fuer tes ni una red de relaciones y lealtades construi-
da a través del tiempo, su principal capital político
era su cercanía con el presidente Menem. Esta rela-
ción comenzó en sus épocas de estudiante durante
la dictadura, poco antes de que este último fuera
electo gobernador de La Rioja por segunda vez, y su
confianza personal llegaría a tal punto que sería el
encargado de escribirle los discursos presidenciales
y hasta lo llevaría a retiros espirituales en virtud de
su estrecho vínculo con la Iglesia católica.
76
Su discurso tecnocrático y modernizador, así
como su relación con los organismos internacionales,
constituían ya una ‘excepción’ en este ministerio;
fue sin embargo su estilo político lo que le valió
numerosas críticas entre sus pares. En efecto, salvo
algunos de sus colaboradores de entonces, todos
los dirigentes políticos entrevistados –ya fueran
peronistas o radicales, de izquierda o de derecha,
jóvenes o mayores– lo consideran como el contrae-
jemplo de lo que sería un buen ministro del Interior.
Según ellos, Béliz es alguien que “no entiende los
códigos de la política”, una persona “despreciable”
en quien “no se puede confiar”, “pretencioso” y que
“no sabe negociar”.
De gran presencia mediática, su discurso tendía a
desmarcarse del resto de los políticos, subrayando su
excepcionalidad dentro de la dirigencia y señalando
a la corrupción como el problema excluyente de la
política argentina. El hecho de desafiar las prácticas y
destrezas valoradas por los propios participantes del
juego político pone en tensión las solidaridades tácitas
de este espacio. Uno de los exministros entrevistados
señala a este respecto: “Quizás Béliz tenía algunas ca-
racterísticas
distintas
… porque tenía una actitud…
digamos de ‘Yo soy el puro y los demás no’, que a
veces a la gente que está en política, o en cualquier
actividad, le molesta porque es poner en los otros
todos los males.”
77
A tono con las primeras expresiones de rechazo
a la política tradicional, el que fuera también pe-
riodista político de
La Razón
defendía su condición
de
outsider
y reivindicaba la presencia incipiente de
deportistas y empresarios en la actividad política,
al tiempo que designaba como principal dificultad
la frivolidad y la falta de ejemplos por parte de la
dirigencia.
78
De la misma forma, refiriéndose a la im-
pronta que tendría el Ministerio del Interior bajo su
gestión, ensayaba una definición por la negativa que
evocaba la falta de transparencia de sus predecesores
inmediatos, miembros del mismo gobierno. “No quie-
ro que este ministerio sea el ministerio de la intriga,
de la rosca
79
barata, de las operaciones de prensa con-
tra otros funcionar ios, de la polít ica entendida como
algo sucio”, sostuvo en una entrevista inmediata-
mente posterior a su nombramiento.
80
76
Jorge Fernández Díaz, “Ángel de la guarda”, en
Noticias de la Semana
, domingo 24 de febrero de 1991.
77
Entrevista de la autora con el que fuera el ministro del Interior entre 1993 y 1995 (
PJ
), llevada a cabo el 2 de septiembre de 2011
78
Gustavo Béliz, “La democracia termina con la corrupción o arriesga perecer”, en
El Cronista
, Buenos Aires, jueves 11 de marzo de
1990.
79
Sobre el significado de este término en la
jerga
política argentina,
vid. supra
, nota núm. 45.
80
Julio Blanck, “Béliz: Éste no va a ser el ministerio de la intriga ni de la rosca barata”, en
Clarín
, Buenos Aires, lunes 7 de diciembre de
1992.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
89
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Pero si el modo de llegada del joven abogado
al ministerio había sido atípico, su salida lo sería
también. Ocupó el cargo de ministro durante nueve
meses solamente, al término de los cuales renunciaría
formulando profundas acusaciones de corrupción
contra el gobierno.
81
Evocando otra vez el contrapun-
to lealtad/traición, sus detractores señalan que el
mismo fenómeno se repetiría una década más tarde
durante su paso por el gobierno de Néstor Kirchner,
al renunciar a la cabeza del Ministerio de Justicia y
denunciar la corrupción del Sistema de Inteligencia
del Estado.
Esta manera de ocupar un ministerio que hace
del saber de relaciones y la confianza sus principales
destrezas resultó paradójica. Cierto es que las pruebas
específicas de esta institución parecen difícilmente
alcanzables sin una red de contactos y relaciones de
proximidad con distintos actores políticos. No obs-
tante, aunque relativamente estables, estos rasgos
valorados (o desacreditados) por los propios protago-
nistas de la competencia política son, ellos también,
variables históricas y se insertan en luchas en las
cuales se redefinen sin cesar las cualidades requeridas
para el ejercicio legítimo del poder político.
A modo de conclusión: destrezas seculares y códigos transversales
en el ministerio político
Una reflexión sobre las instituciones, su relativa
permanencia y la capacidad de previsión que ellas
engendran, no puede prescindir de las apuestas de
quienes las ocupan y hacen existir a cada momento.
Más aún si se trata de instituciones poco burocrá-
ticas y dotadas de una gran cantidad de reglas no
escritas. En el presente caso, se ha examinado una
institución singular, poderosa a lo largo de todo el
período abordado y cuyas pruebas de eficacia están
particularmente sujetas a la coyuntura política.
Aquello que los propios miembros del ministerio
resaltan como las disposiciones deseables y los capi-
tales a mov ilizar para conducirlo da cuenta entonces
de las diferentes maneras de encarnar un papel cuya
plasticidad no es desestimable.
La mirada histórica sobre las competencias
valoradas en el ministerio ‘político’ del gabinete
nacional permite constatar la existencia de atributos
relativamente estables a través del tiempo. Así, entre
las trayectorias y capacidades jerarquizadas para
integrar este ministerio se destacan la vinculación
estrecha con el presidente, el diálogo con el conjunto
de los actores del sistema político, la capacidad de
negociación y de comunicación, en fin, la singular
mixtura entre compromiso y flexibilidad. Lejos de
reclamar un saber neutral y universal como lo hacen
otras comunidades disciplinarias que actúan en el
Estado,
82
estos profesionales de la política reivindi-
can una forma de saber práctico ligado a la proximi-
dad entre actores, la negociación, la confrontación
ideológica y la habilidad para cerrar acuerdos.
Asimismo, se advierte la presencia de estándares
de evaluación que operan con una cierta regularidad
más allá de los clivajes partidarios. En efecto, esta
grilla de lectura en común tiende a generar acuerdos
sobre las formas legítimas o ilegítimas de conducir
el ministerio y es en parte esta proximidad la que
permitió cimentar reglas de juego tras largas épocas
de inestabilidad política. A su vez, estos principios de
evaluación contribuyen a trazar una frontera inestable
entre ‘políticos’ y ‘amateurs’ o profanos, que los par-
ticipantes movilizan para criticar ciertos recorridos
y justificar otros. Es cierto que este límite difuso se
delinea en torno a múltiples cuestiones. En todo caso,
en este ministerio la frontera tiende a demarcarse en
función de dos elementos fundamentales: la astucia y
la confianza. La astucia, en tanto que habilidad para
desplegar estrategias y ‘movidas’ frente a las crisis y
81
Eduardo Barcelona, “Renunció tan débil como cuando asumió en Interior”, en
La Nación
, Buenos Aires, martes 24 de agosto de 1993.
82
Verónica Montecinos y John Markoff (eds.),
Economists in the Americas
, Massachusetts, Edward Elgar Publishing, 2009.
Cuestiones contemporáneas
90
las situaciones inesperadas, y la confianza, en tanto
que capacidad para negociar y respetar los acuerdos,
para ejercer la autoridad y devenir creíble frente a
los múltiples interlocutores. Esta confianza se revela
indispensable para el funcionamiento del Ministerio y
para asegurar una cierta previsibilidad en un espacio
cuyos acuerdos se fundan muchas veces en vínculos
interpersonales y negociaciones informales. En este
sentido, el saber práctico del trabajo político supone
el conocimiento de reglas de juego comunes que, si
bien tácitas, son eficaces y trascienden los límites
de las pertenencias partidarias. De hecho, para los
participantes saber ‘hacer política’ es, en gran medida,
saber manejar sus códigos.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
91
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Bibliografía
Balbi, Fernando Alberto,
De leales, desleales y traidores. Valor moral y concepción de política en el peronismo
,
Buenos Aires, Antropofagia, 2007, 444 pp.
Becker, Howard,
Trucos del oficio. Cómo conducir su investigación en Ciencias Sociales
, trad. Teresa Beatriz
Arijón, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2009, 296 pp.
Cetrángolo, Óscar y Juan Pablo Jiménez,
Política fiscal en Argentina durante el régimen de convertibilidad
,
Santiago de Chile, Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social
/
Comisión
Económica para América Latina, 2003, 82 pp. (Serie Gestión Pública, 35).
Cheresky, Isidoro (comp.),
La política después de los partidos,
Buenos Aires, Prometeo, 2006, 437 pp.
Corach, Carlos,
18.885 días de política. Visiones irreverentes de un país complicado
, Buenos Aires, Sudame-
ricana, 2011, 260 pp.
Dammame, Dominique, “Le ‘service’ du Premier Ministre. Pour une analyse des conventions constitutionne-
lles”, en Bernard Lacroix y Jacques Lagroye (eds.),
Le Président de la République, usages et genèses d’une
institution
, París, Presses de la Fondation Nationale des Sciences Politiques (
FNSP
), 1992, 402 pp.
De Luca, Miguel, “Del príncipe y sus secretarios. Cinco apuntes sobre gabinetes presidenciales en la Ar-
gentina reciente”, en Andrés Malamud y Miguel de Luca,
La política en tiempos de los Kirchner,
Buenos
Aires, Eudeba, 2011, 331 pp.
Dobry, Michel,
Sociologie des crises politiques.
La dynamique des mobilisations multisectorielles
, París,
Presses de la
FNSP
, 1986, 319 pp.
Falleti, Tulia, “Federalismo y descentralización en Argentina. Antecedentes históricos y nuevo escenario
institucional de las relaciones intergubernamentales”, en Adriana Clemente y Catalina Smulovitz (dirs.),
Descentralización, políticas sociales y participación democrática en Argentina
, Buenos Aires, Instituto
Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo, 2004, 178 pp.
Fernández, Aníbal,
Zonceras argentinas y otras yerbas
, pról. Cristina Fernández de Kirchner, Buenos Aires,
Planeta, 2011, 219 pp.
Ferreira Rubio, Delia y Matteo Goretti, “Executive-Legislative Relationship in Argentina: From Menem’s
decretazo
to a new style?”, ponencia presentada en la conferencia anual
Argentina 2000: Politics,
Economy, Society and International Relations
, llevada a cabo en la Universidad de Oxford, Inglaterra,
del 15 al 17 de mayo de 2000.
Frederic, Sabina,
Buenos vecinos, malos políticos. Moralidad y política en el gran Buenos Aires
, Buenos Aires,
Prometeo, 2004, 283 pp.
Heredia, Mariana, “La demarcación de la frontera entre economía y política en democracia. Actores y
controversias en torno de la política económica de Alfonsín”, en Alfredo Pucciarelli (coord.),
Los años
de Alfonsín ¿El poder de la democracia o la democracia del poder?,
Buenos Aires, Siglo Veintiuno Edito-
res, 2006, 510 pp.
Cuestiones contemporáneas
92
Lacroix, Bernard y Jacques Lagroye, (eds.),
Le Président de la République, usage et genèse d’une institution
,
París,
FNSP
, 1992, 402 pp.
Lagroye, Jacques y Michel Offerlé (dirs.),
Sociologie de l’institution
, París, Belin, 2010, 360 pp. (Biblio
Belin
SC
).
Lagroye, Jacques,
Sociología política
, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1994, 499 pp.
Landi, Óscar,
Devórame otra vez. Qué hizo la televisión con la gente. Qué hace la gente con la televisión
,
Buenos Aires, Planeta/Espejo de la Argentina, 1992, 203 pp.
Lascoumes, Pierre y Patrick Le Galès (dirs.),
Gouverner par les instruments
, París, Presses de Sciences Po,
2005, 369 pp.
Levitsky, Steven,
La transformación del justicialismo. Del partido sindical al partido clientelista, 1983-1999
,
Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores/Editora Iberoamericana, 2005, 387 pp.
López, Andrea, Aníbal Corrado y Hernán Ouviña, “Entre el ajuste y la retórica: la administración pública
tras veinte años de reformas”, en Mabel Thwaites Rey y Andrea López (eds.),
Entre tecnócratas glo-
balizados y políticos clientelistas. Derrotero del ajuste neoliberal en el Estado argentino
, Buenos Aires,
Prometeo, 2005, 254 pp.
Montecinos, Verónica y John Markoff (eds.),
Economists in the Americas
, Northampton, Edward Elgar Pu-
blishing, 2009, 341 pp.
Novaro, Marcos, “El presidencialismo argentino entre la reelección y la alternancia”, en Isidoro Cheresky
e Inés Pousadela (comps.),
Política e instituciones en nuevas democracias latinoamericanas
, Buenos
Aires, Paidós, 2001, 451 pp.
Novaro, Marcos,
Representación y liderazgo en las democracias contemporáneas,
Rosario, Homo Sapiens,
2000, 304 pp.
Offerlé, Michel,
Sociologie de la vie politique française
, París, La Découverte, 2004, 123 pp.
Oszlak, Óscar, “El mito del Estado mínimo: Una década de reforma estatal en la Argentina”, ponencia pre-
sentada en el
V Congreso Internacional del
CLAD
sobre Reforma del Estado y de la Administración Pública
,
llevado a cabo en Santo Domingo, República Dominicana, del 24 al 27 de octubre de 2000.
Perelmiter, Luisina, “Saber asistir: técnica, política y afecto en la asistencia estatal. Argentina (2003-
2008)”, en Sergio Morresi y Gabriel Vommaro (comps.),
Saber lo que se hace. Expertos y política en la
Argentina
, Buenos Aires, Prometeo, 2012, 419 pp. (Colección Política, Políticas y Sociedad, 10).
Pucciarelli, Alfredo R.,
La democracia que tenemos. Declinación económica, decadencia social y degradación
política en la Argentina actual
, Buenos Aires, Libros del Rojas, 2002, 119 pp.
Quiroga, Hugo,
La Argentina en emergencia permanente
, Buenos Aires, Edhasa, 2005, 385 pp.
Sanguiao, Osvaldo,
Diccionario
de ministros: de Urquiza a Menem
, Buenos Aires, Dunken, 1998, 171 pp.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
93
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Scherlis, Gerardo, “El partido estatal estratárquico de redes. Apuntes sobre organización política en la era
de los partidos no representativos”, en Isidoro Cheresky (comp.),
Las urnas y la desconfianza ciudadana
en la democracia argentina
, Rosario, Homo Sapiens, 2009, 527 pp.
Serrafero, Mario Daniel,
Exceptocracia, ¿confín de la democracia? Intervención federal, estado de sitio y
decretos de necesidad y urgencia
, Buenos Aires, Lumière, 2005, 223 pp.
Simmel, Georg,
Sociologie. Etudes sur les formes de la socialisation
, París, Presses Universitaires de France,
2010, 776 pp. (Quadrige Grands Textes).
Thuderoz, Christian, “Introduction générale: Pourquoi interroger la notion de confiance?”, en Christian
Thuderoz, Vincent Mangematin y Denis Harrison (dirs.),
La confiance. Approches économiques et socio-
logiques
, París, Gaétan Morin, 1999, 322 pp.
Torre, Juan Carlos, “El peronismo como solución y como problema”, en Juan Carlos Torre, Vicente Palermo
e Isidoro Cheresky,
Entre el abismo y la ilusión. Peronismo, democracia y mercado
, Buenos Aires, Grupo
Editorial Norma, 1999, 311 pp.
Verbitsky, Horacio,
Robo para la corona. Los frutos prohibidos del árbol de la corrupción,
Buenos Aires,
Planeta, 1991, 396 pp.
Weber, Max,
Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva
, México,
FCE
, 2005, 1237 pp.
Hemerografía
Abiad, Pablo, “La Justicia indagará a Menem y a Corach por el contrato de los
DNI
”, en
Clarín
, Buenos
Aires, jueves 2 de septiembre de 2004.
Auyero, Javier, “Me manda López. La doble vida del clientelismo político”, en
Ecuador Debate
, núm. 37,
1996, pp. 221-229.
Balaguer, Adriana, “Una familia muy normal”, en
Tres Puntos
, Buenos Aires, miércoles 12 de agosto de
1998, pp. 28-29.
Barcelona, Eduardo, “Renunció tan débil como cuando asumió en Interior”, en
La Nación
, Buenos Aires,
martes 24 de agosto de 1993.
Béliz, Gustavo, “La democracia termina con la corrupción o arriesga perecer”, en
El Cronista
, Buenos Aires,
jueves 11 de marzo de 1990.
Blanck, Julio, “Béliz: Este no va a ser el ministerio de la intriga ni de la rosca barata”, en
Clarín
, Buenos
Aires, lunes 7 de diciembre de 1992.
Boletín Oficial de la República Argentina
,
núm. 26313, Buenos Aires,
martes 26 de enero de 1988.
Cuestiones contemporáneas
94
Bourdieu, Pierre, “Esprits d’Etat”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
, vol. 96, núm. 1, 1993,
pp. 49-62.
Bourdieu, Pierre, “L’illusion biographique”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
, vol. 62, núm. 1,
1986, pp. 69-72.
Bourdieu, Pierre, “La représentation politique”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
, vol. 36,
núm. 1, 1981, pp. 3-24.
Buton, François, “Histoires d’institutions. Réflexions sur l’historicité des faits institutionnels”, en
Raisons
Pratiques
, núm. 40, noviembre de 2010, pp. 21-42.
Caligaris, Hugo, “La muerte de Tróccoli cierra un estilo radical”, en
La Nación
, Buenos Aires, martes 28
de febrero de 1995.
Collovald, Annie, “Identité(s) stratégique(s)”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales
, vol. 73, núm.
1, 1988, pp. 29-40.
“Corach: yo nunca les mentí”, en
Clarín
, Buenos Aires, miércoles 24 de noviembre de 1999.
Dearriba, Alberto: “Los diputados están todos contentos”, en
Página 12
, Buenos Aires, martes 13 de
agosto de 1991.
Demazière, Didier, “Quelles temporalités travaillent les entretiens biographiques rétrospectifs?”, en
Bulletin
de Méthodologie Sociologique
, núm. 93, 2007, pp. 5-27.
Fernández Díaz, Jorge, “Ángel de la guarda”, en
Noticias de la Semana
, domingo 24 de febrero de 1991.
Freindenberg, Flavia y Steven Levitsky, “Organización informal de los partidos en América Latina”, en
Desarrollo Económico
, vol. 46, núm. 184, 2007, pp. 539-568.
Gené, Mariana, “En torno a los profesionales de la política. Trayectorias, prácticas y destrezas en el
ejercicio de poder político desde el Estado”, en
Perspectivas de Políticas Públicas
, vol. 1, núm. 1, 2011,
pp. 85-107.
Gené, Mariana, “Negociación política y confianza. El Ministerio del Interior y los hombres fuertes del
Poder Ejecutivo”, en
PolHis. Boletín Bibliográfico Electrónico del Programa Buenos Aires Historia Política
,
año 5, núm. 9, primer semestre de 2012.
González, Daniel, “Chupete”, en
Somos
, Buenos Aires, lunes 19 de agosto de 1991.
Granovetter, Mark S., “The Strength of Weak Ties”, en
American Journal of Sociology
, vol. 78, núm. 6,
1973, pp. 1360-1380.
Heredia, Mariana y Mariana Gené, “Atributos y legitimidades del gabinete nacional: socio-historia de los mi-
nisterios de Economía e Interior en la prensa (1930-2009)”, en
El Príncipe
, núm. 2, 2009, pp. 109-135.
Heredia, Mariana, Mariana Gené y Luisina Perelmiter, “Hacia una socio-historia del Gabinete Nacional”, en
PolHis. Boletín Bibliográfico Electrónico del Programa Buenos Aires Historia Política
, núm. 9, 2012, s.p.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
95
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
Lascoumes, Pierre y Louis Simard, “L’action publique au prisme des instruments”, en
Revue Française de
Science Politique
, vol. 61, núm. 1, 2011, pp. 5-22.
Lechner, Norbert, “Las transformaciones de la política”, en
Revista Mexicana de Sociología,
núm. 1, 1996,
pp. 3-16.
Orlansky, Dora, “Crisis y transformación del Estado en la Argentina (1960-1993)”, en
Cuaderno de Estudios
Empresariales
, núm. 5, 1995, pp. 375-403.
Oszlak, Óscar, “Los
AG
: la creación de un cuerpo gerencial de élite en el sector público argentino”, en
Revista Aportes
, núm. 1, 1994, pp. 106-127.
“Siemens: denuncian una coima millonaria a Menem y a Corach”, en
La Nación
, Buenos Aires, domingo
10 de agosto de 2008.
Torre, Juan Carlos, “América Latina. El gobierno de la democracia en tiempos difíciles”, en
Revista de
Estudios Políticos
, núm. 174, 1991, pp. 145-161.
Wiñazki, Miguel, “Candidato al libro de récords”, en
Noticias
, Buenos Aires, domingo 12 de enero de
1992
.
Otras fuentes de información
Entrevistas de la autora
Administrador Gubernamental, responsable de programas en el Ministerio del Interior de la Argentina de
1992 a 1995 y de 2000 a 2003 (Partido Justicialista (
PJ
)), llevada a cabo el 19 de agosto de 2011.
Ministro del Interior de la Argentina entre 1991 y 1992 (
PJ
), llevada a cabo el 22 de octubre de 2009.
Ministro del Interior de la Argentina entre 1992 y 1993 (
PJ
), llevada a cabo el 13 de julio de 2011.
Ministro del Interior de la Argentina entre 1993 y 1995 (
PJ
), llevada a cabo el 2 de septiembre de
2011.
Ministro de Interior de la Argentina entre 1999 y 2001 (Partido Radical (
PR
)), llevada a cabo el 3 de
septiembre de 2009.
Ministro de Interior de la Argentina entre 2003 y 2007 (
PJ
), llevada a cabo el 12 de noviembre de
2009.
Secretario de la Función Pública de la Argentina entre 1992 y 1993 (
PJ
), llevada a cabo el 29 de julio de
2009.
Subsecretario de Asuntos Legales en 1995 y secretario general del Ministerio del Interior de la Argentina
entre 1995 y 1998 (
PJ
), llevada a cabo el 5 de agosto de 2009.
Subsecretario de Relaciones Políticas y del Interior de la Argentina entre 1993 a 1995 (
PJ
), llevada a
cabo el 13 de agosto de 2009.
Cuestiones contemporáneas
96
Viceministro del Interior de la Argentina entre 1985 y 1987 (
PR
), llevada a cabo el 1° de octubre de
2009.
Viceministro del Interior de la Argentina entre 1995 y 1997 y secretario de Seguridad Interior entre 2004
y 2005 (
PJ
), llevada a cabo el 26 de septiembre de 2009.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 71-96, ISSN-0185-1918
logo_pie_uaemex.mx