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Sociedad y Política
183
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México
Año LVII, núm. 215, mayo-agosto de 2012, pp. 183-189, ISSN-0185-1918
b
De Bachelard a Canghilhem a Badiou
Notas de investigación
A
NA
G
OUTMAN
B
ENDER
*
E
l tema que atrajo mi interés en la obra de Gastón
Bachelard (1884-1962) es el de un sujeto dispues-
to a investigar algo que ignora o que considera
que ha sido mal visto o mal entendido por los demás.
Uno conoce, en contra de un conocimiento anterior,
destruyendo el conocimiento mal adquirido o supe-
rando los obstáculos que el sujeto mismo antepone al
conocimiento, entre algunos ellos, la incapacidad de
cuestionar. Parecería una obviedad pero que no pocas
veces se olvida: si no hay preguntas no puede haber
conocimiento científico.
Hablar del conocimiento en términos de obstá-
culo, significa que “lo real no es jamás ‘lo que podría
creerse’ sino siempre lo que debería haberse pensado”
1
de acuerdo a una dinámica: si en una misma época
una palabra designa objetos, sujetos o ideas, su sig-
nificado resulta sin embargo diferente una vez que
tiempo y espacio entran en juego. En otras palabras,
se conoce en contra de un conocimiento anterior,
destruyendo el conocimiento mal adquirido. Por ello,
“Precisar, rectificar, diversificar, he ahí los tipos de
pensamiento dinámico que se alejan de la certidumbre
y de la unidad, y que en los sistemas homogéneos
encuentran más obstáculos que impulsos”.
2
Desear
saber para poder interrogar el eje de la experiencia,
he ahí la razón donde riesgo y éxito se encuentran.
‘Trabajar un concepto’ en una obra literaria o en
un discurso en el que se prepara al lector es hacer
variar la extensión y la comprensión, generalizarlo
para la incorporación de los rasgos de excepción,
sacarlo de su región de origen, tomarlo como modelo
o descubrir con qué otro se liga. En breve: amenazar
su función de forma. Se trata de desconfiar de las
identidades más o menos aparentes para ‘rescatar’ la
rigurosidad en el estudio de las ciencias y reclamar
una mayor precisión y distinción de los conceptos.
Así, por ejemplo, donde el historiador ve hechos
el epistemólogo percibe obstáculos, pues entre la
*
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad
Universitaria, Av. Universidad 3000, Col. Copilco Universidad, Deleg. Coyoacán, México, 04510.
Doctora en filosofía por la Universidad de Letras de la Sorbonne, París, Francia. Es profesora titular “C” de tiempo completo en la
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPYS) y en la Facultad de Filosofía y Letras (FFYL) de la UNAM. Pertenece al Sistema Nacional
de Investigadores, nivel II. Sus principales líneas de investigación son de filosofía del lenguaje, semiótica, estética y teoría del discurso.
E-mail: goutman@servidor.unam.mx
1
Gastón Bachelard,
La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo
, 25ª edición, Buenos
Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2004, p. 15
2
Ibid
., p. 19.
Introducción
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Universidad Nacional Autónoma de México
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observación del primero y la experimentación del
segundo no hay continuidad sino ruptura.
Para este estudio “tengo un plan”, dice Bache-
lard: “[…] la experiencia básica (o para hablar con
mayor exactitud, la observación básica), es siempre
el primer obstáculo para la cultura científica”.
3
Aquélla se presenta como un derroche de imágenes,
es pintoresca, concreta, natural, fácil. No hay más
que describirla, maravillarse y fascinarse. Se cree
entonces comprenderla. Este obstáculo (‘creer’ com-
prender) pone de relieve que, entre la observación y
la experimentación, no hay continuidad sino ruptura.
Saber la diferencia entre una y otra debe convertirse
en hábito para quienes aspiran a sumergirse en la
tarea de investigar.
3
Ibid
.
4
Vid
. Víctor Florián D., “Bachelard o el complejo de Prometeo”, en
Suma Cultural
, núm. 4, septiembre de 2001, pp. 1-77. N.E.
5
Vid
. G. Bachelard,
La poética del espacio
, México,
FCE
, 2000.
6
Vid
, entre otras obras,
Bachelard, le jour et la nuit. Un essai du matérialisme dialectique
, París, Grasset, 1974, 178 pp. (Théoriciens);
L’Épistémologie historique de Gaston Bachelard
, 11ª ed., París, Vrin, 2002, 123 pp. (Bibliothèque d’Histoire de la Philosophie) y el prefacio a
Bachelard, épistémologie, textes choisis
, 8ª ed., París, PUF, 2010, 224 pp. (Bibliothèque Classique de Philosophie). N.E.
Los desplazamientos de Bachelard
El célebre filósofo francés solía oscilar entre “la expe-
r iencia en el espacio en la f ísica contemporánea”
4
a la
“poét ica del espacio”.
5
¿Por qué el desplazamiento? Es
indudable que en el baralbino hay un deslizamiento
de la lengua de la ciencia a la poesía que pone al
lenguaje en estado de emergencia. Hacer imprevisi-
ble la palabra no es un aprendizaje de la libertad. Se
trata de invención, imaginación. Atender a la vida
cotidiana de las palabras y a la mutación de un len-
guaje que abandona la aspiración a la profundidad
centrada en el
logos
es aportar una cosmovisión que
se desentiende de la cultura y de la potencia expre-
siva porque tiene que decir lo que hace el sujeto en
la sociedad.
Circula por estas afirmaciones una preocupación
de orden político en las que hay lugar para el tránsito
personal diferente a la configuración de un cerebro
conectado con las redes.
¿Dónde está el saber histórico, el estético, el
filosófico entre las redes de los intereses actuales?
¿Cuál es la formación intelectual y sensible del hijo
de Bar-sur-Aube?
Los filósofos de Viena lo cobijaron en sus elabora-
ciones analíticas. Freud lo citó como testigo del ra-
cionalismo europeo. Canguilhem, su contemporáneo,
dio un valor eminente al obstáculo epistemológico y
consideró a Bachelard como un renovador genial. Le-
court, su biógrafo,
6
cree que en sus reflexiones sobre
las ciencias físico- matemáticas se revela también la
contradicción entre materialismo (lucha de clases) e
idealismo (el entorno de la historia). En efecto, las
tesis materialistas del epistemólogo galo surgen en el
movimiento de la práctica científica y abren paso a la
elaboración de una teoría materialista de la historia
de la ciencia en la que se abordan los problemas de
la primera y las interrogantes de la segunda.
Al rechazar cualquier jurisdicción de la filosofía
sobre las ciencias, rompió Bachelard el dispositivo
clásico de las teorías del conocimiento. Dicho de otra
manera, se distanció de las filosofías idealistas y se
volcó a la filosofía de la ciencia. Es indudable que
la paternidad de la tradición que asocia la historia
de las ciencias a la filosofía de estas mismas puede
atribuirse a Comte (esta tradición –nacida en las
academias científicas del siglo
XVIII
y confirmada
en el siglo
XIX
– declaraba su autoridad y su crédito
al sostener la inevitabilidad de una ley de desarrollo
histórico del espíritu humano); también lo es que la
originalidad de esta tradición se afirmó y determinó
con la obra de Bachelard (profesor de físico-química
publicó en 1934
La formación del espíritu científico
que, destinado a los maestros y estudiantes, contri-
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buyó enormemente al avance de la filosofía de las
ciencias contemporáneas).
7
El que fuere insigne miembro de la Academia Fran-
cesa fue acumulando y rectificando sus observacio-
nes: el nuevo espíritu científico debía reconocer la
discontinuidad de la historia de los conocimientos
científicos. Contra el prejuicio de los comtianos y
del espiritualismo, abordó un desarrollo del continuo
saber: “Nosotros quisiéramos explorar las riquezas
del ser imaginado en el que se señalen los argumentos
polémicos contra algunos prejuicios […] Creemos tra-
bajar a favor de la moralización de la ciencia, pues
estamos íntimamente convencidos que el hombre
que sigue las leyes del mundo obedece desde ya a un
gran destino”.
8
Para Bachelard, la discontinuidad es la clave de las
fallas y rupturas porque la historia de los conceptos es
la prueba de la rectificación de la base del saber. La
ciencia avanza no por pr incipios de los que se deducen
las verdades, sino que procede de manera distinta:
sólo avanza mediante el retroceso despojándose de
sus primeros principios porque no parte de ellos, sino
que a ellos va. “De ahí que toda cultura científica deba
comenzar […] por una catarsis intelectual y afectiva.
Queda luego la tarea más difícil: colocar la cultura
en estado de movilización permanente, reemplazar
el saber cerrado y estático por un conocimiento
abierto y dinámico, dialectizar todas las variables
experimentales, ofrecer en fin a la razón motivos para
evolucionar.”
9
También es previsible, en todo esfuerzo educativo,
el diseño que orienta la investigación. Un psicoanálisis
del espíritu científico adquiere todo su sentido cuando
el pasado intelectual como el afectivo es conocido
como tal, como un pasado. Las líneas de inferencia que
conducen a las ideas científicas deben ser dibujadas
par t iendo de su or igen afec t ivo, el dinamismo psíquico
que las recorre ha de ser vigilado y todos los valores sen-
sibles ‘desmonetizados’. Así, para cobrar una concien-
cia clara de la construcción fenomenológica, lo anti-
guo ha de pensarse en función de lo nuevo: “Entonces,
al lado de la historia de lo que fue, lento y hesitante,
debe escribirse una historia de lo que ha debido ser,
rápido y perentorio, ha de pensarse en función de lo
nuevo, condición esencial para fundar un racionalismo,
la física matemática.”
10
Para lograrlo, las preguntas
son la vía al conocimiento científico; éstas son pre-
feribles a las respuestas porque señalan la necesidad
de plantear problemas: “Para un espíritu científico
todo conocimiento es una respuesta a una pregunta.
Si no hubo pregunta, no puede haber conocimiento
científico.”
11
En este sentido, el obstáculo epistemológico lo es
en la medida que el estudioso lo descubre en el desa-
rrollo del trabajo y puede esclarecer la continuidad
de la exploración si no pasa inadvertido. El sujeto
puede ser el primer obstáculo, así como la reiteración
de un programa general y universal que preceda al
trabajo de análisis.
En cuanto a la invención, siempre es factible asi-
milarla a la categoría que Peirce llamara “abducción”
12
porque sigue el eje del razonamiento lógico. La his-
toria de las filiaciones conceptuales estudia en lo
esencial el valor racional de la rectificación de los
conceptos lo que logra una clara distinción entre his-
toria “perimida” (intervenciones de lo no científico
en las prácticas científicas) e historia “sancionada”
(lo cient ífico en la prác t ica cient ífica).
13
En v ir tud de
7
G. Bachelard,
La formación del espíritu científico… op. cit.
8
Ibid
., p. 26.
9
Ibid
., p. 21.
10
Ibid
., p. 53.
11
Ibid
., p. 16.
12
Vid
. Charles Sanders Peirce, “Deducción, inducción e hipótesis”, en
Popular Science Monthly
, vol
XII
, 1978, pp. 705-718. Asimismo, el
número monográfico de
Analogía Filosófica
, “C. S. Peirce y la abducción” (vol.
XII
, núm. 1, 1998, pp. 1-187), que recoge las principales po-
nencias del
VI
Congreso Internacional de la Asociación Internacional de Estudios
Semióticos, llevado a cabo en Guadalajara, Jal., México, del
13 al 18 de julio de 1997. N.E.
13
Sobre estos conceptos,
vid
. Dominique Lecourt,
La philosophie des sciences
, París, Presses Universitaires de France, 2010, pp. 94-104. N.E.
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los progresos científicos, Bachelard juzgó y reveló la
filiación conceptual porque las palabras debían ser
escogidas con sumo cuidado.
La problemática de Bachelard es reafirmada en la
obra de Kuhn,
14
fundamental para la historiografía de
la ciencia (su propuesta respecto al tipo de investi-
gación a desarrollar, sigue condicionando el diálogo
en la filosofía de la ciencia). Afirmaba el físico de
Harvard: “No tengo ninguna duda de que los historia-
dores e historiadoras que tratan con textos científicos
antiguos pueden usar, y deben hacerlo, el lenguaje
moderno para ident ificar los referentes de los términos
ant icuados […] Además, la introducción de la termino-
logía moderna permite explicar en qué áreas las teorías
antiguas tuvieron éxito y por qué lo tuvieron.”
15
No todos los investigadores están de acuerdo con
lo declarado por Kuhn. Uno de ellos, Kitcher, “[…]
describe este proceso de determinación de la refe-
rencia como una traducción”.
16
Sin embargo, refutaba
Kuhn, “[…] si sólo pueden traducirse las expresiones
que tienen referente, entonces ninguna obra de fic-
ción podría traducirse y […] los textos científicos
antiguos deberían tratarse, como mínimo, con la
misma cortesía que se emplea al tratar con obras de
ficción. Dichos textos nos informan de lo que creían
los científicos del pasado independientemente de su
valor de verdad, y esto es lo que una traducción debe
comunicar.”
17
La discusión entre el científico norteamericano
y el filósofo inglés no es vana. En efecto, “[…] la
mayoría de las dificultades […] derivan directamen-
te de una tradición que sostiene que la traducción
puede interpretarse en términos referenciales. Yo he
insistido en que éste no es el caso, y mis argumentos
implican por lo menos que es necesario recurrir ade-
más a algo procedente del reino de los significados,
de las intenciones y los conceptos.”
18
Es en este contexto que la fidelidad de Canguil-
hem a Bachelard se entiende no solamente por el uso
del concepto de “obstáculo epistemológico”,
19
sino
cuando se trata de la tesis vitalista en biología.
20
También se encuentra el uso ‘masivo’ del concepto
fenomenotécnia
21
forjado por Bachelard para hacer
comprender que la ciencia contemporánea produce
sus objetos propios en el uso instrumental.
La poética del espacio
¿Por qué un filósofo que ha formado su pensamiento
adhiriéndose a los temas fundamentales de la filosofía
de las ciencias, que ha seguido claramente como ha
podido el eje del racionalismo activo, el racionalismo
reciente de la ciencia contemporánea, debe olvidar su
saber, romper con todos sus hábitos de investigación?
Para dejar el culto del pasado y estar en el presente. En
el presente de la imagen, en el minuto de la imagen.
La filosofía de la poesía debe reconocer que el acto
poético no tiene pasado, no al menos uno próximo.
14
Thomas Samuel Kuhn,
Qué son las revoluciones científicas y otros ensayos
, introducción de Antonio Beltrán, Barcelona, Paidós, 1996
(Pensamiento Contemporáneo), pp. 17 y ss.
15
Ibid
., p. 109.
16
Ibid
., p. 108 y ss.
17
Ibid
., p. 110.
Vid
. además, Philip Kitcher, “Theories, Theorists, and Theoretical Changes”, en
Philosophical Review
, núm. 87, 1978, pp.
519-547 pp. N.E
18
T. S. Kuhn,
op. cit.
, pp. 121, 122.
19
“Este obstáculo se refiere a todos aquellos
residuos, remanencias, restos de los discursos anteriores que no permiten la consolidación
del nuevo saber y que bloquean las vías y los trayectos por los cuales la nueva episteme procura abrirse camino. Este obstáculo puede ser
derribado a condición de volver inteligibles los funcionamientos de los conceptos.” (Michel Foucault y Sergio Albano,
Glosario epistemológico
,
Buenos Aires, Editorial Quadrata, 2002, 125 pp. (Herramientas Globales), p. 15. Para éste y otros conceptos,
vid
. además, G. Canguilhem,
“El papel de la epistemología en la historiografía científica contemporánea”, en
Eco. Revista de la Cultura de Occidente
, tomo XLI, núm.
247, mayo de 1982 y Gary Gutting, “Michel Foucault: arqueología de la razón científica”, en
Michel Foucault,
Interconexiones de poder y de
conocimiento
, edición y traducción de Fabio A. Marulanda V., Nueva York, Editorial Leiris, 2007, pp. 119-196. N.E.
20
Vid
. al respecto
M. Foucault,
Interconexiones de poder y de conocimiento… op. cit.,
pp. 174 y ss. N.E.
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La poét ica de la casa es el nudo inicial que const i-
tuye el espacio de la vida del sujeto y es el camino por
el que se puede seguir. La intimidad y la casa. El alma
del espíritu es la variedad de esa intimidad en que se
solaza Bachelard. Y las imágenes se conocen en dos
sentidos, se está en ellas como están en nosotros.
La casa de las cosas, la casa que tiene reductos
donde agazaparnos. Los espacios grandes y pequeños
son polos de una imagen que está en nosotros, sin acudir
a los objetos. Lo abierto y lo cerrado en una dialéctica
que repercute con su valor ontológico. Llega, descubre
el valor de lo redondo como esencia de la intimidad.
Es a la inversa de la causalidad, en la resonancia,
en el resplandor, en su novedad, en su actividad, la
imagen poética tiene su ser propio donde se cree en-
contrar las verdaderas medidas del ser de una imagen
poética. Para experimentar la fenomenología de la
resonancia, para iluminar el problema de la imagen
poética es preciso llegar a una fenomenología de la
imaginación. Esto quiere decir un estudio de la ima-
gen poét ica cuando la imagen surge en la conciencia
como producto directo de corazón, del alma, del ser
del hombre captado en su actualidad.
Atención al concepto de
modelo
Badiou, filósofo contemporáneo y militante político
en Francia, analiza el término de
totalidad
que refiere a
Bachelard y a Canguilhem: “En una concepción exper i-
mentalista de la ciencia, como la de Bachelard o la de
Canguilhem para la fisiología, el hecho experimental
es él mismo un artefacto, es una escansión material
de la prueba y nunca la preexiste.”
22
El modelo, momento técnico o figura ideal, se colo-
ca, en el mejor de los casos, en los alrededores de la
práctica científica. Se observará que como ayudante
transitorio, no está destinado más que a su propio
desmantelamiento y que el proceso científico, lejos de
fijarlo, lo desconstruye.
23
Bachelard muestra bien
de qué manera el modelo planetario de Bohr sólo ha
proporcionado una imagen útil del átomo cuando la
microfísica anuncia la desaparición de las órbitas,
la interferencia de su trazado y la renuncia a la ima-
gen misma en beneficio de un modelo estadístico.
Quien no sabía renunciar al modelo renunciaba al
saber: toda detención sobre el modelo constituye un
obstáculo epistemológico. Esto da cuenta hasta qué
punto el modelo permanece en las márgenes de la
producción de conocimiento. Ni siquiera se lo cues-
tiona, no es recusable.
24
La consulta fue derivada al
discurso del método cartesiano que Lacan relaciona
con el discurso del método psicoanalítico a sabiendas
que cada uno retiene o alcanza a definir al sujeto como
el eje del desarrollo o la evolución del método.
A su vez, el discurso del método de Freud asocia
el isomorfismo al discurso que después de Platón en-
cuentra su realización en Descartes vía Montaigne.
25
La subjetivación que declara Cartesius es el comienzo
de la investigación sobre el conocimiento, cuestión
que refrenda Lacan.
Por su lado, Allouch, haciendo historia, afirma que
el discurso metodológico antes de Montaigne es el del
hombre universal y no el del sujeto pues se trataba de
que la contribución no fuera una aventura personal.
En este sentido el autor señala la singularidad de
una sucesión de Freud a Lacan que parece cerrar un
circuito, así como el hilo de Platón a Descartes que
habla del “nacimiento de un método”.
26
21
Para este concepto,
vid
. el capítulo 2 de Nikolas Rose,
Inventing our Selves. Psychology, Power and Personhood
, Cambridge, Cambridge
University Press, 1996, 236 pp.
22
Alain Badiou,
El concepto de modelo. Introducción a una epistemología materialista de las matemáticas
, Buenos Aires, Bestia Equilatera,
2009, p. 54.
23
G. Bachelard,
La actividad racionalista de la física contemporánea
, Buenos Aires, Ediciones Siglo Veinte, 1975.
24
Ibid
., p. 51
25
Ibid
., p. 58.
26
Jean Allouch,
Freud y después Lacan
, Buenos Aires, Edelp, 1994.
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Dice Allouch que sucede como un redoblamiento
de los dos últimos pasos exigidos por los nombres de
Montaigne y Descartes, con los que pudo constituirse
como subjetivo e indisociablemente científico. Ese
cierre de circuito puede ser visto como un paradigma
que deja su sentido gramatical como lo aborda Freud y
se desplaza al sentido de una matriz generativa. Dicho
lo cual se perfila una nueva manera de conocer.
27
En este punto, sugiere Badiou, sucede un cierre
al método para continuar ejerciendo otro.
Conclusiones
Estas breves observaciones rinden homenaje a un
pensamiento poco explorado entre nosotros.
La obra de Bachelard, en la reflexión de Can-
guilhem, se resume en tres axiomas que le confieren
certidumbre:
Primacía teórica del error: no hay verdad primera,
sólo errores primeros.
Desvalorización especulativa de la intuición: las
intuiciones son muy útiles; sirven para ser des-
truidas. Posición del objeto como perspectiva de
las ideas.
Comprensión de lo real en la medida misma en que
la necesidad la organiza: el pensamiento va a lo
real pero no parte de él.
Entre ambos epistemólogos franceses surgió una
cosmología común alimentada de
obstáculo episte-
mológico, tesis vitalista
, epistemología histórica y
ley del desarrollo del espíritu humano.
Bachelard juega a la rectificación de los concep-
tos en el progreso del conocimiento y se pronuncia a
favor de un acercamiento a la reflexión filosófica y a
la ciencia; pero no admite que la ciencia ordene a la
filosofía porque no reconoce distinción, ni distancia
entre la ciencia y razón.
Bachelard, estima Canguilhem, ha renovado pro-
fundamente el sentido de la historia de las ciencias
arrancándola de su situación subalterna y promovién-
dola al rango de una disciplina filosófica del primer
rango.
28
Así pues, de Bachelard a Canguilhem y a sus dis-
cípulos se afirma una tradición francesa en historia
y filosofía de las ciencias que se asemeja a los tres
axiomas citados, tradición que inv ita a estudiar el va-
lor racional de la rectificación de los conceptos –que
se comparten con la historia perimida y la historia
sancionada– y a reexaminar la historia que juzga las
nociones del pasado irremediablemente superadas y
de aquéllas que están presentes y activas.
De estas nociones está colmada nuestra vida
académica, nociones (metodología, globalización,
sociedad del conocimiento, práctica de la metodo-
logía) que circulan como fantasmas en la investiga-
ción y que, además, están al servicio y uso del mejor
postor.
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Freud y después Lacan
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sais je?).
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