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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LVIII, núm. 217
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pp. 9-28
ISSN-0185-1918
De desafíos, saberes y convergencias.
La
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
On Challenges, Knowledge and Convergences.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Judit Bokser Misses-Liwerant
L
a
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
en su Nueva Época, redefi
ne su com-
promiso de ser foro y enlace entre las disciplinas sociales que convergen en la construcción
del amplio y diverso campo problemático de lo social. Este marco está hoy defi
nido por las
interacciones entre dos vectores –especialización y complejidad– a partir de los cuales las
ciencias sociales se abren para dar cuenta de un mejor y más cabal entendimiento de los
nuevos tiempos y sus circunstancias.
Las últimas décadas han signifi
cado el surgimiento de procesos y dinámicas que exigen nuevas
aproximaciones ante fenómenos cuya interdependencia, intensidad y carácter multidimensional
confi
guran desafíos sin precedentes y reclaman una creciente diferenciación y convergencia
en el conocimiento. La realidad exhibe nuevos núcleos problemáticos cuyo discernimiento
ocupa buena parte de nuestra discusión teórica y de nuestras propuestas prácticas, abriendo
ejes de indagación que cuestionan, amplían y asimilan las formas de pensamiento social y
político cuya vigencia y legitimidad se enfrentan a la necesidad de ser repensadas en clave de
continuidad y rupturas. Las múltiples y emergentes formas del vivir social, la interconexión
entre las dimensiones y niveles de la contemporaneidad están cambiando nuestra manera de
conocer y comprender el mundo.
De ahí la necesaria reF
exión en torno a la relevancia que asume la problemática epistemológica
y metodológica, conceptual y operativa. Las ciencias sociales acceden a la especialización del
conocimiento nutridas por los aportes siempre esenciales de su continente disciplinario, aunque
Doctora en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesora Titular de la ±acultad de
Ciencias Políticas y Sociales de la misma Universidad, (México). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
Nivel 3, de la Academia Mexicana de Ciencias y²
Distinguished Visiting Professor
²de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Encabezó la reforma del Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la unam, asumiendo su coordinación hasta el
2012.²Autora y editora de una docena de libros, entre los cuales destaca
Imágenes de un encuentro
(1992),
Identities in
an Era of Globalization and Multiculturalism
(2008) y
Pertenencia y alteridad
(2011) y más de cien capítulos y artículos
d
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académicos. Sus líneas de investigación son: identidades colectivas y minorías, teoría política y judaísmo contemporá-
neo. Correo electrónico: dir_revmcpys@mail.politicas.unam.mx
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amplifi
cados por la interacción y el traslape multi, inter y transdisciplinario, ante una realidad
que convoca y rebasa la defi
nición de fronteras cognitivas del mismo modo que convoca a sus
F
uctuaciones, a su expansión y a una rigurosa plasticidad.
La diversidad disciplinaria y el pluralismo teórico de las ciencias sociales se han caracterizado
por una doble tendencia. Por una parte, la distinción y diversifi
cación de las disciplinas se
manifi
estan en una permanente depuración teórica y analítica, en una mayor rigurosidad
en el diseño de los instrumentos y técnicas de investigación y análisis, así como en un perfi
l
teórico-metodológico más defi
nido. Por la otra, la creciente interacción entre las disciplinas,
conduce a la revisión de las fronteras del conocimiento y de los paradigmas teóricos que se
redefi
nen para enfrentar con recursos conceptuales renovados los profundos cambios de la
realidad. Al tiempo que la idea de un sólo universo cognoscitivo queda superada y se hace
necesario pensar en una diversidad de universos que aF
oran, las interacciones y convergencias
entre ellos se ven crecientemente alentadas.
La búsqueda de nuevos registros conceptuales se intensifi
ca para dar cabida en sus respuestas
a aquellos focos de ordenamiento que atraviesan más de un ámbito de la compleja realidad
contemporánea. Así, las interrogantes que confrontan nuestras diferentes comunidades científi
cas
radican no sólo en la evaluación de los cambios en la realidad y sus consecuencias, sino también
en las categorías empleadas para su comprensión. Entre los márgenes de constitución de nuevos
paradigmas políticos y sociales y la revisión de los añejos, las ciencias sociales enfrentan nuevas
tareas: objetos móviles y fenómenos emergentes; espacios que se amplían o estrechan según se
centre la atención en referentes diversos y plurales, abriendo un ejercicio conceptual difícil pero
planteando formidables retos para la imaginación, la apertura y la innovación en un marco de
acercamientos y cruce de fronteras. Quizás el sello distintivo del estado actual de las ciencias
sociales es el de un profundo interés por pensarse a sí mismas. Con ello se abre un escenario
promisorio en el que se dan cita una pluralidad de perspectivas, enfoques e intereses científi
cos
que manifi
estan un mosaico inédito de comunidades en permanente diálogo. Así, se despliegan
esfuerzos multidisciplinarios por hacer converger disciplinas que aborden un mismo problema
ya sea en el plano conceptual, metodológico o bien en el de las técnicas investigativas; se generan
encuentros interdisciplinarios en los que se suman acercamientos para abordar algo nuevo,
previamente no explorado por cada campo del saber y generar un conocimiento nuevo; o bien
se incursiona progresivamente en la transdisciplina, para construir “cuotas de saber” análogas
sobre diferentes objetos de estudio (Sotolongo y Delgado, 2006).
El estatuto científi
co de las ciencias sociales ha pasado, en efecto, por la delimitación y
diferenciación interna de áreas disciplinarias; en el proceso mismo, al tiempo que se accedió
a mayor riqueza y potencial heurístico, se generaron aislamientos y fragmentaciones. Ello ha
merecido en años recientes sostenidos esfuerzos por repensar el carácter histórico y por ende
modifi
cable de las fronteras que delimitan la diferenciación cognoscitiva y disciplinaria. Al
igual que las fronteras geopolíticas y materiales han dejado de verse como datos naturales, las
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cognoscitivas son sometidas a cuestionamiento, no en términos de su núcleo teórico específi
co,
pero sí en términos de su condición científi
ca (Lamont y Molnár, 2002). Destaquemos, tal
como analizan Calhoun y Wieviorka en el
Manifi
esto por las ciencias sociales,
que uno de los
aportes que en esta línea marcó un parteaguas –el informe de la Comisión Gulbenkian para la
Reestructuración de las ciencias sociales– buscó dar cuenta de la historicidad de la especialización
y división disciplinaria del conocimiento, resultado de la acumulación del saber (Wallerstein,
1996). A pesar de que, al igual que todo modelo de diferenciación, las fronteras del conocimiento
son vistas como un dato natural, auto-evidente o bien inherente a la naturaleza misma de las
cosas o del saber, su creación ha sido una decisión social colmada de consecuencias en lo que
a asignación de poder y recursos se refi
ere.
2
Abordando los procesos de construcción de áreas del conocimiento y campos científi
cos
y también profesionales, la defi
nición de fronteras e identidades es un proceso creativo que
activamente esculpe diferentes campos mentales más que identifi
car pasivamente los naturales
ya existentes. Desde esta óptica, también se ha analizado el mapeo espacial del conocimiento
en disciplinas, campos y áreas rodeadas por murallas mentales, mismas que acentúan su
distancia y las convierte ante nuestros ojos en islotes aislados (Zerubavel, 1995). Así, una
“mente rígida”, refuerza los campos delimitados y aislados por sobre los encuentros y las
interacciones, y privilegia la compartamentalización del mundo y de los saberes por sobre los
acercamientos. En lo que respecta a la vida académica, este tipo de visión ha generado serios
problemas: aislamiento disciplinario, visiones parroquiales, fronteras inamovibles y cerrazón,
que han inhibido la propia creatividad. Reconociendo la necesidad de ciertos mecanismos y
procesos de estructuración y delimitación, la alternativa propuesta para construir la identidad
académica no es la de una actitud ligera sino la de una mente F
exible. A partir de ésta será
factible construir un entorno académico a la vez ordenado y creativo, estructurado, tendiente
a la apertura cognoscitiva y sujeto al cambio. Una identidad académica y un mundo en los
que la especialización no se traduce en aislamiento, las estructuras tienen F
uidez y el rigor
no deviene en rigidez.
Entre los interrogantes que de ello se derivan no es marginal aquél que se pregunta sobre el
espacio en el que deberán formularse las mediaciones y articulaciones para permitir convocar
2
Cabe destacar que la creación de fronteras en la investigación social no es antigua. Hasta 1750 eran virtualmente
inexistentes y a pesar que desde entonces y hasta 1850 se hicieron esfuerzos por demarcarlas, éstos fueron limitados.
Sólo en el lapso que va de 1850 a 1914 emergieron y se cristalizaron las fronteras actuales, adquiriendo mayor fi
rmeza
en el período de 1914 a 1945. Las categorías que triunfaron reF
ejaron los tiempos. También lo hicieron las grandes anti-
nomias o fi
suras que condicionaron su desarrollo. Wallerstein analiza el condicionamiento histórico de las principales
antinomias que han operado como ejes delimitativos/constitutivos de las ciencias sociales: pasado / presente; Occidente
/ no-Occidente; Estado / mercado / sociedad civil. Cabe señalar que en el análisis del modo en el cual alrededor de estos
ejes se confi
guraron las diferentes disciplinas (la historia y las ciencias sociales nomotéticas), Wallerstein privilegia la
función social de las diferenciaciones y especializaciones disciplinarias por sobre los argumentos teóricos o metodoló-
gicos, y estos últimos tienen un peso serio que debe ser atendido.
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los tránsitos e interacciones disciplinarias. Es necesario construirlas para habilitar encuentros
entre lógicas disciplinarias diversas con lenguajes especializados, recursos metodológicos,
identidades cognitivas y enfoques diversos. El cuestionamiento en torno a los espacios para
dicha elaboración conceptual es central: ¿se dan en el seno de las disciplinas, en sus encuentros y
convergencias o en las especializaciones que ellas nutren? Ciertamente es(son) la(s) teoría(s) la(s)
que provee(n) el terreno para relacionar planteamientos y operar como matriz para el desarrollo de
elaboraciones conceptuales e hipótesis oportunas. De hecho, este es el ámbito que puede permitir
el diálogo entre diferentes enfoques que comparten denominadores comunes a la vez que exhiben
divergencias y contradicciones. De ahí que una agenda convocante para las ciencias sociales sea
hoy una reF
exión que construya su congruencia y lógica a través de un relacionamiento que busca
formular, más allá del eclecticismo, una red conceptual coherente. En este sentido, la diversidad
analítica y temática podrían continuarse en un tránsito hacia una agenda ampliada y enlazada
entre comunidades científi
cas, para lo cual resulta impostergable alentar siempre mayores
esfuerzos teóricos. Y esto es así en tanto que las disciplinas sociales se nutren, hoy por hoy, de
una investigación empírica y de un saber acumulado. En este sentido, y de un modo circular
si se quiere, un sólido desarrollo teórico permitirá un mayor aporte al análisis y la resolución
de problemas. La permanencia de una guía heurística, o la falta de desarrollo conceptual,
empobrecen por igual la interpretación del dato.
Así entendidas, las ciencias sociales forman parte de un horizonte general en el que conF
uyen
con su propio ritmo las transformaciones de lo social y lo político, lo cultural y lo comunicativo,
la esfera pública y sus redefi
niciones en los ámbitos nacionales, regionales e internacionales.
En su conjunto, los desafíos de convergencia, interacción, traslapes e hibridación disciplinarios
responden tanto a la petición de principios de inteligibilidad de una realidad cambiante como a
la dinámica del conocimiento, su organización y a las comunidades epistémicas que lo generan
y lo vehiculan. Es en este sentido que concebimos esta reF
exión como pertinente y necesaria
al momento de crear, editar y nutrir una revista científi
ca que se adscribe a una ±acultad en la
que conviven una sugestiva variedad de disciplinas.
Las ciencias sociales deben dar cuenta hoy de la elaboración de nuevos conceptos más
ad hoc
para explicar una realidad que exhibe cambios que trastocan los referentes espaciales, temporales,
geográfi
cos y/o territoriales, sin los cuales sería imposible pensar las relaciones económicas,
políticas, sociales y culturales en el mundo contemporáneo. El hecho de que tiempo y espacio
dejan de tener igual inF
uencia en la forma en que se estructuran las relaciones e instituciones
sociales involucra nuevas modalidades de convivencia que no dependen ni de la distancia ni de
las fronteras, así como tampoco inF
uyen de la misma manera en la confi
guración fi
nal de las
relaciones sociales. Todos estos planos someten a prueba a las formas de organización social y
política, lo cual ha obligado a las comunidades de científi
cos sociales a discutir las bases mismas
sobre las que se han construido las clásicas aproximaciones conceptuales, repensar categorías,
alentar convergencias (Bokser y Salas Porras, 1999).
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Las ciencias sociales se han abierto a descifrar estos cambios bajo el amparo reF
exivo de la
perspectiva teórica de la globalización y, más recientemente, alentadas por los novedosos e intensos
movimientos humanos y cruces de fronteras, desde el ángulo analítico del transnacionalismo.
Refi
eren a los complejos sistemas de interrelaciones que amplían la capacidad de funcionar
como una unidad en tiempo real a nivel mundial, con una dinámica multidimensional que
se manifi
esta en diferentes planos, poniéndose de relieve la ampliación de las interacciones,
F
ujos y actores en un mundo crecientemente móvil (Bokser Liwerant, 2009a). Asistimos,
pues, a un nuevo momento en el que se reordenan los espacios territoriales y se redefi
nen las
adscripciones, pertenencias e identidades. Se perfi
lan así serios desafíos al abordaje teórico: por
una parte, la desterritorialización y porosidad de las fronteras desvinculan a la vez que conectan
a comunidades y sectores sociales con espacios geográfi
cos específi
cos; por el otro, la afi
rmación
de interconexiones y creación de espacios y campos sociales transnacionales (Khagram y Levitt,
2008; Vertovec, 2009; Ben Rafael
et al.
, 2009).
La formulación de conceptos como el de espacios virtuales, también llamados de F
ujos
o cibernéticos puede ser paradigmática. Estos espacios, desarraigados o desanclados de los
físicos, territoriales o geográfi
cos, se forman en virtud de la intensa red de interacciones sociales
transfronterizas y supranacionales que, si bien en ocasiones logran concretarse en lugares defi
nidos
(por medio de encuentros de diferente naturaleza), en la gran mayoría de los casos desbordan
cualquier dimensión geográfi
ca. No se desarrollan de una manera homogénea ni totalmente al
margen de los espacios más o menos físicos y formales de las instituciones políticas y sociales
tradicionales. Por el contrario, interactúan e inF
uyen en ellos pero, al mismo tiempo, mantienen
una lógica muy diferente, en gran medida, todavía inexplorada (Bokser y Salas Porras, 1999;
Salas-Porras, 1999; Bokser, 2009b).
Los espacios virtuales son también lugar de reF
exión colectiva utilizados, ocupados y, en
mayor o menor grado, estructurados por actores supranacionales, no sólo como las empresas
trasnacionales, los organismos internacionales y las agencias privadas, o las organizaciones no
gubernamentales internacionales, sino también conformados por las comunidades epistémicas
y otros actores que nacen y se desenvuelven estrechamente vinculados al desarrollo de las
nuevas técnicas de comunicación e información y a la “apropiación reF
exiva del conocimiento”
(Giddens, 1994:38).
3
El concepto también explica por qué algunos autores hablan de la
formación de una clase de analistas simbólicos (Gómez Buendía, 1995),
4
de sistemas de
3
De acuerdo con Giddens, la reF
exividad en la vida moderna se refi
ere a la práctica de revisar, examinar y reformar las
prácticas sociales a la luz de la información que sobre dichas prácticas existe. Por su parte, la reF
exividad de la moder-
nidad implica una generación sistemática de auto-conocimiento acerca de la vida social; ésta, a su vez, se convierte en
un elemento integral del sistema de reproducción.
4
Gómez Buendía defi
ne la clase de analistas simbólicos como el grupo de profesionistas dotados de las capacidades
para diagnosticar y resolver problemas, de las habilidades tanto para identifi
car las necesidades complejas de los proce-
sos tecnológicos, productivos y políticos como para ofrecer soluciones ‘a la medida’ a dichos problemas y necesidades.
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expertos (Giddens, 1994:27)
5
o de comunidades epistémicas (Haas, 1992)
6
en el intento de
entender el comportamiento no sólo de dichos espacios, sino de quienes los construyen,
estructuran, utilizan y controlan. Cabe destacar el valor y alcance que éstos, y otros autores,
atribuyen al conocimiento, a la información, a la califi
cación y a la educación como recursos
de control, autoridad y poder en el interior de los espacios mencionados que, no obstante
siendo intangibles, no por ello son menos reales.
Así, el escenario de un mundo interconectado en su carácter desigual y contradictorio, a
la vez abierto a opciones extensivas, ha generado un desafi
ante interés por enfrentar el reto de
explicar los fenómenos emergentes allí donde se despliegan las interacciones de frontera a partir
de sus diversas dimensiones constituyentes, la política y la ampliada esfera pública; la económica,
la social y la cultural; la tecnológica y la comunicativa; implicando mecanismos, actores y
procedimientos en un análisis global y diferencial. La importancia relativa de los diferentes
ámbitos de lo social reF
eja las circunstancias históricas de su confi
guración institucional y
explica, a su vez, la importancia y el lugar distintivo de las diferentes disciplinas sociales.
Desde esta óptica, la convivencia en la ±acultad de cinco disciplinas constituyentes de las
ciencias sociales que a su vez dan cuerpo a la Revista, nos convoca a una mirada que descubre
y alienta la convergencia. La ciencia política centra su análisis en perímetros nacionales sin
desatender la interconexión con las nuevas articulaciones globales. La creciente importancia
de las relaciones sociales a nivel mundial; la expansión de nexos transnacionales que generan
nuevas formas de toma de decisiones colectivas; el desarrollo de las instituciones públicas en
diálogo y colaboración con otros entornos nacionales y de instituciones intergubernamentales
y supranacionales; los nuevos ordenamientos militares regionales y globales; las nuevas agendas
generadas por la dinámica de desterritorialización y afi
rmaciones locales, entre otros, son
procesos que han necesitado de la apertura e interconexión entre disciplinas. Así, la interacción
ampliada entre países, regiones y actores, ha sido elevada a conceptos que designan segmentos de
la realidad distintos y, en ocasiones, opuestos a los esquemas prevalecientes en el pasado, con lo
cual se convoca más que nunca al diálogo entre la ciencia política y las relaciones internacionales.
A la interacción entre los ejes realidad-teoría, se suma la derivada de la disciplinar, generando
un reto en sus construcciones teóricas, aparatos de investigación y capacidades vinculantes con
otras disciplinas.
Lo global, regional, nacional y local es analizado con lentes teóricos, metodológicos y
epistemológicos diferenciados y convergentes que, en contraste con las perspectivas tradicionales,
5
En opinión del sociólogo británico, el sistema de expertos se refi
ere al conjunto de logros técnicos y experiencia pro-
fesional que lleva a la formación de especialistas capaces de organizar y estructurar áreas importantes de los entornos
materiales y sociales del mundo moderno.
6
Haas defi
ne a la
comunidad epistémica
como una red de profesionales cuyos conocimientos, autoridad y experiencia
en ámbitos particulares del quehacer político y científi
co son ampliamente reconocidos y aceptados a nivel nacional e
internacional.
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buscan dar cuenta del modo en el que las arenas sociales y políticas interactúan, se transforman
y constituyen hoy (Giddens, 1994; Ben Rafael
et al.
, 2009). Tal como sugieren Wieviorka y
Calhoun, la globalización obliga a alejarse de los esquemas de pensamiento derivados del
“nacionalismo metodológico” que advierte Ülrich Beck (2005) y nos invita a analizar los
hechos sociales considerando sus dimensiones mundiales. Por cierto, el estudio de los sistemas
regionales mantiene una distancia con el planteamiento de una globalización homogeneizante,
evitando desatender la importancia del lugar y de la especifi
cidad; así entendidos, los procesos de
globalización no neutralizan la importancia del lugar ni lo condenan a ser irrelevante, sino que
replantean su conformación y refuerzan la necesidad de atender tanto en términos disciplinarios
como transdisciplinarios las transformaciones radicales de nuestro tiempo.
Otro terreno privilegiado en el que puede apreciarse el movimiento de acercamiento y
cruces disciplinarios, es el de las interacciones entre la sociología y la ciencia política. La
complejidad de la sociedad contemporánea, sus transformaciones y la emergencia de nuevos
procesos han dado lugar a la aparición y desarrollo de nuevos sujetos y actores sociales, cuya
acción se traduce en la recomposición del espacio social. En éste emergen organizaciones e
instituciones que rearticulan la participación social, defi
nen nuevas formas de construcción
de identidades y acciones colectivas y generan nuevos referentes de cohesión social. Estos
cambios y su impacto sobre el escenario político han dado lugar a novedosas respuestas cuyo
estudio resulta fundamental para la comprensión de las interacciones entre sociedad y política.
Así, la estrecha vinculación existente entre la ciencia política, las relaciones internacionales
y la sociología se manifi
esta a la luz de algunos de los fenómenos sociales más signifi
cativos
de nuestra época. Tal es el caso de
formas de organización colectivas emergentes, la crisis del
Estado benefactor y su impacto sobre el empleo y la distribución de la riqueza, las nuevas formas
multiétnicas y multiculturales de organización nacional, estatal y regional, los cambios en la
relación entre grupos y clases sociales a partir de las nuevas estructuras de poder, las demandas
que los movimientos sociales hacen a los partidos políticos, las rutas de ascenso social en el
marco de una nueva circularidad de las élites políticas, las modalidades del pacto social y de
los sistemas de representación política, así como la revolución tecnológica y su impacto sobre
la democracia social y política. En otras palabras, la realidad evidencia la creciente politización
de lo social, al igual que la progresiva socialización de lo político en diversos perímetros y
fronteras. (±±²±YS-UN³M,
2008).
La lógica de interacción disciplinaria también ha incursionado sostenidamente desde otros
ángulos en los ámbitos de la administración pública. Así, tras períodos de conjunción conceptual
y organizativa y otros de deslinde y diferenciación entre aquélla y la ciencia política, hoy se
explora la importancia de lo público con el propósito de revalorizar el ámbito de la política
como espacio donde se canalizan las cuestiones estatales, las relaciones de poder, la organización
y la participación ciudadana. A partir de la potencialidad conceptual y analítica de lo público
–nacional y transnacional– y de la concepción pública del poder –sus implicaciones frente a
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los ordenamientos colectivos y al ámbito de lo privado– es factible analizar las implicaciones
de nuevos paradigmas.
Por su parte, el pensamiento social y político ha recobrado interés por la teoría normativa,
lo que puede ser visto tanto como una respuesta a la emergente conciencia de choques/
encuentros civilizatorios así como frente a los cambios en las humanidades y las ciencias
sociales, específi
camente en el ámbito de la fi
losofía y el pensamiento normativo. Es factible
aventurar la hipótesis de que en el centro de este resurgimiento de la teoría política se
encuentra la preocupación por las condiciones y el carácter de la vida colectiva y pública en
la globalización, así como a partir del colapso de los regímenes socialistas y de los acelerados
y profundos cambios políticos acontecidos en América Latina en la última década. Ahora
bien, en el marco de la F
uidez derivada de la mundialización de las interacciones, el diálogo
e intercambio en el pensamiento político y social entre Occidente y Oriente o entre el Norte
y el Sur asumen también una nueva dinámica. Ésta opera como un impulso adicional para
el acercamiento entre comunidades científi
cas que, desde trayectorias diversas, parecen
encontrarse en el renovado interés por la teoría. Viejas temáticas que habían dejado de ocupar
la atención de la comunidad científi
ca se redefi
nen y emergen nuevas problemáticas. La
atención se dirige con nuevas miradas hacia conceptos como igualdad y libertad, lo público y
lo privado, las identidades colectivas y el pluralismo, la democracia y la justicia, el conF
icto y
la ética, la participación y la ciudadanía. De este modo, la investigación reafi
rma su capacidad
para defi
nir de manera autónoma sus objetos, sus campos, sus métodos y sus orientaciones
teóricas, tal como Wieviorka y Calhoun analizan en el
Manifi
esto.
En esta línea de pensamiento, la reF
exión en torno a la participación y la ciudadanía, que
puede ser visto como un desarrollo integrador de preocupaciones académicas de décadas
precedentes, se ha visto reforzada por los cambios recientes en las sociedades y sus ordenamientos
políticos. En el primer sentido, toda vez que los principales ejes de la teorización ciudadana
habían girado alrededor de las virtudes cívicas y de la identidad, la cuestión de la ciudadanía se
vio desatendida por una teoría centrada primordialmente sobre la cuestión de las estructuras
e instituciones. En el nivel de las transformaciones políticas, la visibilidad de la ciudadanía se
deriva tanto del surgimiento de nuevos actores y de los acelerados procesos de democratización
como de fenómenos tales como la creciente apatía en las urnas en países desarrollados, o bien
del fracaso de ciertas políticas públicas por la falta de cooperación ciudadana (Kymlicka y
Norman, 1995; Bokser, T
ede
et al
., 2002; Sznajder, Roniger
et al.
, 2013).De allí que la reF
exión
hoy busca dar cuenta del fi
niquito de las restricciones tradicionales a la participación ciudadana
así como de las nuevas prácticas que han ampliado o que buscan ampliar sus límites de acción
y reivindican lo plural y lo diverso.
En este sentido, también la investigación y la reF
exión en torno a la cuestión democrática
cambió los términos de la discusión en las últimas décadas, reabriéndose el debate sobre el
signifi
cado estructural de la democracia, en particular para los llamados países del Sur. A
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medida que este debate se fue transformando, una segunda cuestión ingresó en la agenda de las
ciencias sociales dedicadas al tema: el problema de la forma de la democracia y de su variación.
Transcurridas varias décadas de desarrollo democrático y de análisis sobre la cuestión, es cada
vez más complejo explicar la paradoja de que la extensión de la democracia no ha podido
evitar el debilitamiento de la calidad de las prácticas democráticas, abriéndose paso a una
crisis de doble patología: la de la participación, en particular considerando el aumento del
abstencionismo y la apatía, y la de la representación, en tanto que los ciudadanos se consideran
cada vez menos representados por aquellos que eligieron, en dimensiones nunca imaginadas.
(Avritzer y de Sousa Santos, 2004). Aunque es innegable que la apuesta a la comunalidad cívica
y al fortalecimiento de la sociedad civil se ha afi
rmado tras los procesos de transición política,
éstos se han caracterizado, sin embargo, más por la variabilidad de sus grados de realización
que por su implementación cabal. Así, si bien es cierto que la sociedad civil ha augurado en los
países latinoamericanos más vastas cuotas de participación ciudadana, parecería que se han
desarrollado simultáneamente dos polos antagónicos: una sociedad civil fuerte, similar a la
que priva en otras democracias establecidas, frente a una marginal, susceptible de cooptación
clientelista. El primer caso generó ciudadanos activos; el segundo, sujetos apáticos, materia
para instancias de activación anómica de corta vida, no sostenible por la baja capacidad de
organización autónoma (Waisman, 1999). Las modalidades que la incorporación de América
Latina en el escenario internacional ha asumido en los tiempos de la globalización han sido, a
la vez, heterogéneas e inconsistentes, esperanzadas y contradictorias demarcando de un modo
diferenciado sus ciclos de oportunidades políticas y conF
ictos sociales, de democratizaciones
y des-democratizaciones así como de crisis económicas.
Resulta igualmente relevante referir a las nuevas modalidades que las ciencias de la
comunicación asumen –y de sus acercamientos a otras disciplinas–, para dar cuenta de las
consecuencias teóricas y prácticas de los adelantos tecnológicos así como de las transforma-
ciones sociales derivadas de dichos desarrollos. La comunicación, estrechamente asociada
con los procesos de distribución del poder, las formas de su expresión, particularmente la
opinión pública, y las transformaciones en la propaganda política han convocado al cruce
de fronteras disciplinarias y se han acercado al amplio espectro de las dimensiones sociales
y políticas de los saberes sociales contemporáneos. De la democracia a los poderes fácticos,
de la información al procesamiento de demandas, de lo privado a lo público, el horizonte de
convergencias se amplía.
¿Cómo entender los problemas crecientemente complejos y cómo interrogar a nuestro mundo
si no es repensando nuestros saberes? ¿Cómo alentar a las ciencias sociales para que aborden de
forma renovada los viejos problemas no resueltos, frente a una realidad crecientemente compleja
que exige formas de conocimiento especializadas, diferenciadas e interactuantes? Continuación
y rupturas; rupturas creativas que recogen, retoman, proyectan. Esta es la vocación de nuestra
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en su Nueva Época: construir los espacios
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para un trabajo conjunto entre comunidades epistémicas de las diversas disciplinas y entornos
académicos nacionales e internacionales.
Por ello, en este nuevo número, presentamos un
puzzle
articulado de temáticas, debates,
metodologías y aproximaciones teóricas de la mano de académicos e investigadores compro-
metidos con la producción de saberes. Una producción efectivamente acorde con las exigencias
del presente. Se trata de aportes sustanciales que colaboran en la comprensión de los procesos
socio-políticos en curso y nos invitan a analizar minuciosamente diversos aspectos de la desafi
ante
transformación epocal en la que nos encontramos. En este sentido, nos complace propiciar
este intercambio teórico generador de un marco de pluralidad en la que se inscriben diversos
proyectos teóricos, intelectuales y políticos.
La primera convocatoria analítico-reF
exiva llega de la mano de Michel Wieviorka y Craig
Calhoun. El
Manifi
esto por las ciencias sociales
fue original y recientemente publicado en francés
en el primer número de la revista
Socio
, editada por la ±undación
Maison des Sciences de l’Homme
y cedido para su publicación en español a nuestra
Revista
. La pasión por el saber, el compromiso
con la verdad de las y los investigadores de las ciencias sociales, la centralidad de la búsqueda
incansable de una comprensión honesta en los avatares de la práctica investigativa son algunos
de los ejes que estructuran esta invitación a pensar y pensarnos como seres comprometidos con
las transformaciones que nuestras disciplinas y sociedades requieren.
¿Cómo producimos conocimiento? ¿Qué senderos debemos transitar para afi
rmar la capacidad
de las ciencias sociales y articular resultados precisos con preocupaciones y aspiraciones más
comprometidas con el presente? ¿Cómo defi
nir de manera autónoma nuestros objetos de
investigación escapando de las lógicas de emulación de una producción atenta al liderazgo
intelectual “Occidental”, sin apartarnos de los grandes debates internacionales ni replegarnos
tras la bandera de un país o de una región?
Los retos de la investigación, su validez y pertinencia; la difícil tarea de producir conocimientos
precisos y rigurosos, combinada con el indispensable desarrollo de perspectivas generales que
nos permitan integrar, más allá de la diversidad, las diferentes visiones que somos capaces
de proponer; la generación de un marco de referencias que nos permitan ir más allá de una
experiencia específi
ca, siendo creadores de un lenguaje común, asumiendo la complejidad de
nuestro tiempo y la maleabilidad histórica del mundo social; la relación de la práctica investigativa
con la vida colectiva, con la política –tanto nacional como internacional, regional o mundial–,
con la historia en su acontecer, son tan sólo algunos de los indispensables senderos reF
exivos
por los que nos invitan a transitar las valiosas páginas del
Manifi
esto
. Una invitación de la cual
nos sentimos parte, en tanto consideramos que nuestra
Revista
está llamada a convertirse en
una plataforma en la cual generar un diálogo con cada uno de los interrogantes allí desplegados,
todos ellos emanados de desafíos efectivamente globales pero que merecen ser decodifi
cados y
pensados desde las especifi
cidades constitutivas de la producción científi
ca originada en nuestras
latitudes. Queda así formalmente abierta la convocatoria a las y los académicos e investigadores
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de México y América Latina a emprender un diálogo, un coloquio virtual receptivo y amplifi
cador
de los dilemas y retos lúcidamente sistematizados por este
Manifi
esto
.
Otro de los ejes convocantes y estructurantes de este nuevo número es la democracia y la
democratización en México y, por extensión, en toda América Latina. Como sostiene Bernardo
Sorj, las transformaciones sociales en la región han generado nuevos fenómenos que los discursos
políticos dominantes, pero también parte de las ciencias sociales, no consiguen expresar a cabalidad
o incluso aspiran ocultar. Creemos pertinente sostener que en los últimos años, una de las tesis o
preceptos establecidos, repetidos una y mil veces en los primeros párrafos de los artículos, ponencias
y libros sobre democracia en la región es aquel que sostiene que “la democracia disfruta de un
consenso sin precedente”. Sin embargo, no existe un real acuerdo sobre su signifi
cación. Tal vez,
desde el momento en el que el concepto comienza a alcanzar la gran difusión con la que cuenta
en el presente, si hay consenso es sobre la idea de que “democracia” quiere decir cosas diferentes
e incluso contrapuestas. La democracia como procedimiento convertida en estandarte, pero
también modelo de organización política, sistema de creencias y gramática de poder, necesita del
establecimiento de un defi
nido horizonte de debate realmente perceptivo de los procesos sociales
en ciernes. Todo lo anterior, nos lleva a la necesidad de explorar las múltiples modalidades en que
lo político y lo social se combinan, a repensar las relaciones entre el Estado y la sociedad como
eje articulador de la reF
exión sobre la democracia en América Latina.
Bernardo Sorj, César Cansino, José Woldenberg y ±rancisco Valdés Ugalde nos ofrecen
un denso y múltiple acercamiento teórico al estado de la democracia y al complejo proceso
de transformación en el que está inmersa desde comienzos de siglo, tanto en México como
en el resto del continente. En especial, merece subrayarse que aunque se pueda coincidir en la
progresión de los cambios experimentados en la institucionalidad política mexicana, lo cierto
es que abundan las interpretaciones contrapuestas en cuanto al uso y el énfasis de conceptos y
categorías tales como transición democrática, alternancia, reforma de Estado, ciudadanización
de la política o calidad de la democracia. Velada o explícitamente, una buena cantidad de las
discusiones sobre problemas tales como el desempeño de nuestros sistemas políticos, la calidad
de los procesos electorales, la transformación y heterogeneización de la sociedad civil (entre
otros), así como las variaciones al interior de esos debates (legalidad, legitimidad, gobernabilidad,
transparencia, pluralismo) sobrevive en un escenario de disputa característico del campo
político y académico mexicano en el que se apela a la democracia desde una amplia y a veces
contradictoria diversidad de horizontes y perspectivas. Esta es una de las razones de fondo
por las cuales es necesario establecer nuevos criterios para analizar la práctica democrática en
México y la región, y desde allí evaluarla en función de sus propios principios y valores, teniendo
en consideración tanto las particularidades derivadas del contexto de su construcción como la
diversidad de perspectivas vigentes.
Una especial contribución en este sentido surge del artículo presentado por Bernardo Sorj,
quien selecciona, sistematiza y analiza cinco aspectos contradictorios (y sus consecuencias sobre
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la dinámica política) de los procesos de cambio social actualmente vigente en el continente. Entre
ellos nos interesa remarcar el análisis presentado en torno a la emergencia de nuevos poderes
de veto sobre el sistema democrático. Considerados por el autor como uno de los cambios
más importantes que se han dado en la dinámica política de la región en las últimas décadas,
este conjunto de vetos genera que la democracia no cumpla su función como articuladora de
lo social ni habilite correctamente la dinámica de la representación política. La apertura del
juego político y, sobre todo la democratización de la sociedad, junto con la crisis de los partidos
políticos tradicionales, abrieron el juego a la participación pero simultáneamente fragilizaron el
sistema institucional. De este modo, el ejercicio del veto se ejerce de nueva manera en América
Latina, tanto del lado de los grupos dominantes, como de los sectores populares.
El estudio de la capacidad de los sectores sociales y de las prácticas informales sustentadas
en la cultura política de vetar gobiernos y/o de paralizar o disminuir el cabal funcionamiento
de las instituciones democráticas ciertamente no es exclusivo de la región. De hecho, estas
tendencias son cada vez más visibles en los países desarrollados, de modo que su investigación
representa un área con enorme potencial para llevar a cabo estudios comparados. Así, el mapeo
que ofrece sobre algunas de las más destacadas transformaciones sociales y políticas por las que
están atravesando las sociedades latinoamericanas nos permite visibilizar la siempre latente
reversibilidad de los procesos de democratización en curso y la persistentemente desafi
ante
difi
cultad del acceso a democracias de mayor calidad.
Pero, ¿qué es (y qué no) la calidad democrática? ¿De qué valores estamos hablando? César
Cansino es quien asume la tarea de ubicar la siguiente fi
cha de nuestro
puzzle
, analizando la
novedad que el tema de la calidad democrática expone para América Latina, tanto teórica
como empíricamente. A lo largo de sus páginas, en este artículo se examinan las limitaciones
conceptuales de la categoría de calidad democrática en su pretensión de establecer en qué
punto se encuentran nuestros países en términos del desarrollo institucional y societal
de la vida democrática, a la vez que se busca determinar la pertinencia del modelo en sus
capacidades heurísticas.
Se trata de un texto fuerte, de afi
rmaciones enérgicas resultantes de una aproximación
analítica sustentada en la revisión de las principales contribuciones politológicas sobre la
cuestión democrática de los últimos tiempos y la observación crítica del real desempeño de
nuestras todavía frágiles democracias. El autor nos convoca a partir de una nueva defi
nición
de democracia, distinta a la que ha prevalecido durante décadas en el seno de la disciplina, la
cual ha estado más preocupada por los procedimientos electorales que aseguran la circulación
de las elites políticas que por aspectos relativos a la afi
rmación de los derechos y obligaciones
ciudadanos. Para Cansino, se vuelve indispensable considerar otros modelos de democracia
para los cuales ésta es también una forma de sociedad, una forma de vida. Desde este punto
de vista, sólo puede hablarse de democracia en sociedades donde las desigualdades extremas
o la concentración inequitativa de la riqueza han disminuido de manera efectiva. De ahí que,
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aceptando la utilidad que en un primer momento puede tener el concepto y el análisis de
la calidad democrática, el autor considera importante hurgar también en otros modelos de
democracia para identifi
car la capacidad instituyente de la sociedad en una democracia en la
cual el hecho de que las elites busquen siempre imponer sus reglas y condiciones, más que una
limitante sea comprendida como una posibilidad de resistencia, subversión o afi
rmación creativa
y participativa de la sociedad.
Vivir en democracia en América Latina –afi
rma el autor– es vivir al borde, en el fi
lo frágil
y breve de un vaso que corta y que en cualquier momento puede quebrarse. Los peligros que
amenazan a la democracia son tantos que apostar por su consolidación resulta en ocasiones
ingenuo. Ahí están, por ejemplo, los peligros de la (re)militarización, del predominio de los
poderes fácticos, de la corrupción desmedida, del populismo y la personifi
cación de la política, de
la desigualdad social y de la informalización de la política. Pero vivir en democracia en América
Latina, además del desencanto y la frustración que ha supuesto para muchos, es conquista y
afi
rmación permanente de ciudadanía.
Justamente, es José Woldenberg quien retoma esta última consideración afi
rmando que todo
parece indicar que el fortalecimiento de la democracia pasa por la generación de ciudadanía y
ésta última no emerge por decreto, sino que reclama operaciones complejas para hacerla viable.
Poco a poco –sostiene Woldenberg– como sociedad nos damos cuenta de que la democracia
no es el paraíso; es apenas una forma de gobierno superior al resto, pero cargada de difi
cultades
para su correcta operación. La tierra prometida que se desprendía de algunos discursos ingenuos
o desinformados no existe; estamos frente a un arreglo político-institucional que permite la
coexistencia y competencia de la diversidad política (lo cual no es poca cosa), pero en medio
de un buen número de balanzas y equilibrios.
Así, luego de analizar detalladamente la particular confi
guración de esta forma de gobierno
y los desafíos que debe enfrentar, tanto aquellos inherentes a su concepción, como los derivados
de su desarrollo en las sociedades y sistemas políticos contemporáneos, el autor analiza
las especifi
cidades de la democracia en América Latina, sus debilidades estructurales y la
necesidad de construir un nuevo pacto social para dar respuesta a la ruptura de la cohesión
social vigente y sus consecuencias excluyentes. Para Woldenberg, las condiciones que ponen
en jaque o difi
cultan la cohesión social constituyen un problema fundamental que incide
ya no sólo en la reproducción de la democracia sino en el conjunto de la convivencia. De
este modo, propone centrar la reF
exión en esta dimensión que abre el campo de visión y
escruta más allá de la política –en su sentido estrecho– en los nutrientes del desencanto con
la democracia. La desigualdad oceánica de nuestra región se combina con fenómenos de
discriminación y exclusión, generando así percepciones negativas en relación con el mundo
formalizado, institucional y hacia la propia democracia, la cual deja de ser percibida como
aquello que es –una forma de gobierno– y se convierte en una fórmula incapaz de resolver
“los problemas que preocupan a la gente”. Entonces, el horizonte debería ser el de un proyecto
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consciente para fomentar la cohesión social, generar el ejercicio de una ciudadanía plena y,
por esa vía, fortalecer nuestros sistemas democráticos.
Por cierto, concebir a la democracia como una forma de sociedad tal y como propone
Cansino, como un espacio público político de deliberación, no está reñido con la necesaria y
urgente tarea de completar el andamiaje institucional y normativo de corte democrático. Este
es el caso de los tres artículos presentados a continuación.
Francisco Valdés Ugalde dedica su atención justamente al análisis agudo y detallado de las
reglas vigentes para el juego político en México. Demuestra que el cambio democrático no es
irreversible y que la tradición centralista y hegemónica del autoritarismo sigue presente. Ello es
puesto en evidencia a partir del estudio de los dos rasgos constitucionales que enmarcan el arribo
de México a la democracia: la creación de instituciones electorales creíbles y la preservación de
reglas correspondientes al régimen autoritario heredadas de los años treinta del siglo XX. Para
Valdés Ugalde, ambos conjuntos de reglas chocan entre sí, lo que explica los bajos niveles de
gobernanza democrática y baja calidad de la legislación y las políticas públicas.
De este modo, el autor repasa sistemáticamente el sinnúmero de reformas políticas propuestas
a lo largo de las últimas décadas (aparentemente orientadas a la transformación del régimen
político más allá de lo electoral y destinadas a lograr una estructura del sistema de gobierno
comprometida con la dinámica de la gobernanza democrática), remarcando que bajo las
comprobadas tensiones por la defi
nición del régimen de gobierno, hay un conjunto de disputas
entre fuerzas centrífugas que aún hoy son predominantes a nivel nacional.
Para Valdés, pocas han sido las reformas constitucionales dirigidas a resolver la contradicción
(política y ética) entre un sistema electoral que proporciona reglas equitativas para el acceso
de diversos partidos políticos al ejercicio del poder y la estructura de gobierno que fomenta la
parálisis y la persistencia de viejas práctica autoritarias y anacrónicas. En este marco, a partir de
2012, parece evidenciarse una decisión política de búsqueda de acuerdos plasmada en un pacto
nacional (el Pacto por México) que, aunque de futuro incierto, ha conseguido incorporar a los
principales actores políticos y de cuya suma depende la capacidad de cambio que el presente
mexicano está demandando.
Por su parte, y a través de un enfoque analítico preciso, metodológicamente estructurado y
sustentado en hallazgos empíricos, el artículo de Jorge Ibarra Salazar, Héctor González y Lida
Sotres Cervantes, amplía el alcance de los estudios empíricos sobre dependencia municipal
scal, al tiempo que aporta al campo de la economía política y sus estudios sobre las fi
nanzas
públicas subnacionales.
Con base en cuatro variables –la afi
liación política del alcalde, la afi
liación política del
gobernador, la composición de los congresos locales y la celebración de elecciones locales–,
los autores construyen indicadores de “con±
uencia política” a escala municipal con el objetivo
central de estudiar las variaciones en el grado de dependencia fi
nanciera en las participaciones
federales entre los municipios mexicanos, en función de las diferencias en su entorno político.
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camente, estudian la inf
uencia sobre la dependencia fi
nanciera del grado de unifi
cación
del gobierno municipal, tanto con respecto al gobierno estatal como con respecto al congreso
local, además de considerar la afi
liación política del alcalde y el ciclo electoral local. Este artículo
presenta evidencia empírica sobre los determinantes políticos del desempeño de los gobiernos
municipales, medido a través del grado de dependencia fi
nanciera. Tal como se ha estudiado en
la literatura relacionada, si bien existen Factores institucionales, económicos, fi
scales y regionales
que inf
uyen en la dependencia fi
nanciera, en este artículo se ha mostrado que las variables
políticas también son un Factor que ayuda a explicar las diFerencias de dependencia entre los
municipios mexicanos. Las instituciones fi
scales y el entorno político deben ser tomados en
cuenta en el diseño de políticas públicas orientadas a mejorar el desempeño gubernamental,
sobre todo el relacionado con la autonomía fi
nanciera de los municipios mexicanos.
A su vez, ±ernanda Vidal Correa busca explorar la relación interdependiente entre la
descentralización del proceso de selección de candidatos y la representación política de las
mujeres. El artículo utiliza datos de elecciones locales en doce Estados en México, centrándose
en el período de 1998 a 2012. La evidencia demuestra que en el caso mexicano, si bien el debate
sobre los métodos de selección a los cargos de elección popular dentro de los partidos políticos
comienza a tomar en cuenta la composición por género, la descentralización no ha tenido
ningún eFecto en las nominaciones por mayoría relativa. Más aún, sugiere que la centralización
de la toma de decisiones es importante para la nominación de más mujeres por el principio de
representación proporcional.
La autora ref
exiona en torno a los procesos internos de los tres principales partidos
políticos de México: el Partido Acción Nacional (²³´), el Partido Revolucionario Institucional
(²µ¶) y el Partido de la Revolución Democrática (²µ·) e indica que no existen variaciones
signifi
cativas en los resultados observados en los tres partidos en las nominaciones por
mayoría relativa y que, si bien lo mismo se puede decir de las nominaciones por representación
proporcional, la centralización sí ha tenido repercusiones positivas sobre el porcentaje de
mujeres nominadas dentro de los llamados espacios seguros de las listas de representación
proporcional. Se concluye fi
nalmente, que las diFerencias que existen en los partidos deben
explicarse por elementos que van más allá del contexto y las estructuras que plantean las
instituciones Formales.
De este modo, si bien el enFoque de este artículo está orientado específi
camente al estudio de
los reglamentos internos y la inf
uencia de las normas en el interior de los partidos, a partir de
sus conclusiones logra evidenciarse la gran importancia que tienen las prácticas inFormales en
la selección de candidatos. Queda abierta así una nueva convocatoria a las y los investigadores
dedicados al tema de modo de continuar un proceso investigativo interactivo y amplifi
cador
de los hallazgos presentados.
A partir de aquí, y de la mano de Gabriel Pérez Salazar, podemos considerar que se despliega
el tercer corpus temático de este nuevo número de la
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y Sociales
: el desarrollo de las nuevas tecnologías y la inf
uencia de los medios masivos de
comunicación en el desarrollo de nuestras sociedades.
Para Pérez Salazar, el campo académico de la comunicación sigue enFrentando una serie de retos
en lo relativo a su desarrollo disciplinar. Desde una perspectiva epistemológica, la construcción
de su objeto de estudio ha presentado algunos pendientes conceptuales que permitirían plantear
una ref
exión más sólida en cuanto a la consideración de nuevas tecnologías que posibilitan
actos comunicativos, dentro del conjunto de los media. El autor encara la revisión de algunas
consideraciones en torno a la utilización de Internet como medio de comunicación, iniciando
con una polémica que se nutre de una serie de vacíos conceptuales en torno a lo que puede ser
considerado como un medio de comunicación.
Por cierto, la problematización sobre el papel e inf
uencia de los medios de comunicación
sobre nuestras realidades políticas, sociales y culturales se ha convertido en una dimensión
tan destacada y relevante que hemos decidido dedicar el
Dossier
a su descripción y análisis.
r
r
Es necesario destacar que cada uno de los artículos ya presentados, aunque dedicados a otras
temáticas específi
cas, ha oFrecido al menos una mención, cuando no una breve pero consistente
problematización al respecto.
Mucho se ha escrito sobre el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación y de
la inFormación en la dinámica política. El debate en torno de la concentración de los medios
de comunicación es hoy un Foco central de preocupación tanto de gobiernos como del sector
privado. Por ello, Alma Rosa Alva de la Selva, Raúl Trejo Delarbre, Javier Esteinou Madrid,
±rancisco Aceves González e Israel Tonatiuh Lay Arellano, nos oFrecen indispensables ref
exiones
dedicadas al análisis crítico de la vigencia y relevancia de los poderes Fácticos sobre el desempeño
de nuestras democracias.
La categoría de poderes Fácticos ha cobrado un auge destacado en los últimos años, tanto
en el escenario mexicano como en el regional e internacional. Sin embargo, aún está pendiente
el establecimiento de un horizonte analítico y conceptual compartido que oFrezca mayor
claridad sobre los orígenes, evolución y alcances del Fenómeno, así como también de los actores
y mecanismos involucrados.
Como sostiene Alva de la Selva, ante la necesidad de un análisis sobre la incidencia de los
poderes Fácticos en los Fenómenos comunicativos, la ±acultad de Ciencias Políticas y Sociales
y el Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación de la
UN²³, organizaron el seminario
“Los poderes Fácticos: una discusión teórica”, justifi
cado por la indudable importancia del tema
en la escena política nacional y regional. En el
Dossier
se incluyen algunos de los trabajos allí
r
r
presentados, aunque reelaborados para su presentación a la
Revista
, donde se aborda el tema
tanto desde la perspectiva de la comunicación como desde un enFoque sociopolítico. ReFeriremos
brevemente a estas importantes contribuciones.
Aquellas cuestiones aún pendientes por ser problematizados a cabalidad sobre la
intervención de los poderes Fácticos en la escena mexicana, es el tema del trabajo de Alma
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Rosa Alva de la Selva. A partir del reconocimiento de la importancia de los llamados poderes
fácticos en la vida política mexicana –y en específico de una de sus vertientes, el poder
mediático– este artículo advierte sobre la escasez de análisis y estudios sobre la cuestión
y enfatiza la necesidad de asumir el tema como objeto de estudio de forma sistemática y
rigurosa, con base en una agenda de investigación. En el trabajo se identifican los puntos
fundamentales de dicha agenda y se sugiere que tales estudios deben generar un conjunto de
acciones y políticas tendientes a acotar sus prácticas, las cuales con frecuencia rebasan los
ámbitos de las instituciones formales con un ritmo expansivo que puede llegar a obstaculizar
la gobernabilidad democrática del país.
Raúl Trejo Delarbre reconstruye sistemáticamente una defi
nición analíticamente densa de
los poderes fácticos y advierte que los mismos se han constituido en uno de los obstáculos más
importantes para las transiciones políticas al punto tal que su efecto en la formación o distorsión
de la cultura cívica puede ser devastador. Colocando el foco sobre las implicancias de su vigencia
en América Latina, indaga sobre la resistencia de los poderes fácticos al Estado de derecho,
poniendo así en evidencia su propensión a promover e imponer sus intereses particulares sobre el
resto de la sociedad. Trejo Delarbre ofrece un lúcido diagnóstico acerca de la expansión cultural
de los poderes fácticos en la sociedad mexicana, concluyendo que su inF
uencia denota carencias
políticas, vacíos jurídicos y penurias culturales, identifi
cando especialmente la preponderancia
ideológica de las televisoras privadas.
Por su parte, Javier Esteinou Madrid analiza el proceso mediante el cual la acción del poder
mediático impulsó el surgimiento de lo que denomina “Estado Híbrido”, con su correspondiente
nueva República (de naturaleza altamente mediático-política), señalando que la evolución
de tal realidad histórica en México no ha concluido, sino que continúa desarrollándose con
fuerza y dinamismo hacia nuevas etapas de transformación del Estado, del espacio público y la
sociedad en su conjunto. Por ello, sostiene el autor, la sociedad debe mantener un permanente
análisis crítico que describa objetivamente las nuevas características que adquiere este fenómeno
estratégico, las fases de transformación a las que asciende y las alternativas de retorno que existen
para rescatar el proyecto de un crecimiento nacional.
Tonatiuh Lay Arellano hace un recuento de los antecedentes y el desarrollo de estos factores de
poder –y su indispensable diferenciación con otros grupos que también ejercen inF
uencia– para
nalmente referirse a la repercusión que actualmente ejercen en el desarrollo de la democracia
mexicana. Luego de reconocer que el concepto “poderes fácticos” se ha utilizado cada vez más
en el ámbito político latinoamericano para hacer referencia a aquellos actores caracterizados
por una alta capacidad de inF
uencia en diversos sectores de la vida social, el autor centra su
análisis en el contexto mexicano, donde considera que la designación se utilizó especialmente
para referirse a Televisa y sus aliados, en el contexto de la discusión de la llamada “Legislación
de Medios”, debatida entre noviembre de 2005 y marzo de 2006. El objetivo del texto es hacer
un recuento de los antecedentes, el desarrollo de los poderes fácticos y su diferenciación con
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actores o grupos que también ejercen inf
uencia, para fi
nalmente hacer reFerencia al poderío
que ejercen actualmente en el ámbito de los medios electrónicos de comunicación, el Estado y
la democracia mexicana.
±inalmente, ±rancisco Aceves González, luego de establecer las diFerencias existentes entre
los denominados grupos de interés, grupos de presión y los poderes Fácticos, ref
exiona sobre el
impacto de la acción de los últimos en el desarrollo de las democracias latinoamericanas. El autor
delinea la indispensable caracterización de aquellos actores sociales emergentes con capacidad
de disputar el poder a las instituciones Formales y analiza la particular confi
guración de los
medios de comunicación. Más allá de las diFerencias observables entre los intereses periodísticos,
académicos o políticos con que los autores se aproximan al tema, este artículo considera que es
posible apreciar que la problemática se encuentra indisolublemente vinculada con el tema de
la democracia, específi
camente con aspectos relacionados con su viabilidad y gobernabilidad.
En defi
nitiva, la ref
exión colectiva que aquí se presenta, busca contribuir a una necesaria
acotación de la acción e inf
uencia de estos poderes, con una demostrada capacidad de aFectar
el ya de por sí azaroso camino del proceso democrático nacional y regional.
Por último, aunque no por ello menos importante, María Elena Meneses Rocha nos introduce
en el sustancial mundo de la sección de reseñas.
Poder, Medios, Cultura,
libro editado por Luis
Albornoz, compila la ref
exión de once autores cuyas obras son reFerente necesario para los
estudiosos de los Fenómenos comunicativos y su relación con la economía y el poder. Una
vez más, y tal como sugiere la autora de esta reseña, el trazo de agendas de investigación y la
rearticulación de los andamiajes teóricos y metodológicos tendientes a abordar y comprender
nuestra compleja realidad, resulta una hoja de ruta imprescindible, en especial cuando nos
encontramos inmersos en un cambio de época caracterizado por el desconcierto y el extravío
de reFerentes. Cuando sobran los análisis superfi
ciales dedicados a documentar los cambios
socioculturales derivados de la preeminencia tecnológica, resulta impostergable redefi
nir una
epistemología realista, perceptiva y capaz de dar cuenta de las estructuras vigentes del sistema
económico que nos permita diagnosticar con sentido crítico y recuperar la capacidad de incidir
en el trazo de políticas de comunicación y cultura incluyentes. Estas son las sendas sobre las
que arroja luz esta destacada obra colectiva.
DesaFíos, saberes y convergencias. Nuestras ref
exiones se abren así a la creatividad, el rigor
y la imaginación que convocan a nuestras comunidades epsitémicas en los albores de un nuevo
siglo que reclama el creciente lugar del conocimiento en la sociedad
.
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Bibliografía
Avritzer, Leonardo y Boaventura de Sousa Santos, (2004) “Introducción: para ampliar el canon
democrático” en
Democratizar la democracia: los caminos de la democracia participativa
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