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PODERES
FÁCTICOS
MEDIÁTICOS
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SURGIMIENTO
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Nueva Época, Año LVIII, núm. 217
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ISSN-0185-1918
del Estado híbrido en México
T
e Media Factual Powers and the Emergence
of the Hybrid State in Mexico
Javier Esteinou Madrid
Recibido el 21 de septiembre 2012
Aceptado el 8 de octubre de 2012
Doctor en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Sociología por la Universidad
Iberoamericana. Investigador Titular del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma
Metropolitana, Unidad Xochimilco, (México). Expresidente (y fundador) de la Asociación Mexicana de investiga-
dores de la Comunicación. Premio Nacional de Periodismo 2010. Autor de diversas obras como
Economía Política y
Medios de Comunicación: Acumulación, Ideología y Poder
(1985) y
La Ley Televisa y la Lucha por el Poder en México
(coautoría, 2010). Sus principales líneas de investigación son: medios de comunicación y transformación del Estado,
reforma legal de medios y políticas de comunicación. Correo electrónico:
jesteinou@gmail.com
RESUMEN
El proceso de traslape institucional que se dio
entre los tradicionales poderes constitucionales
formales y el funcionamiento de las tecnologías
electrónicas de difusión masiva, que gradual-
mente alcanzaron posiciones fácticas desde la
mitad del siglo XX y principios del siglo XXI,
ocasionó que el Estado nacional sufriera nuevas
modifi
caciones sustanciales que cambiaron su
naturaleza y sus funciones rectoras básicas. Así,
la acción del poder mediático a lo largo de varias
décadas, dio origen a un novedoso fenómeno de
naturaleza mixturada que generó un nuevo tipo
de “Estado hibrido”. La correspondiente nue-
va República histórica, de naturaleza altamente
mediático-política, modifi
có la estructura y el
escenario del convencional Estado-nación con-
temporáneo en México. La evolución de dicha
realidad histórica no ha concluido, sino que con-
ABSTRACT
±
e process of institutional overlapping that
developed in Mexico between formal tradi-
tional constitutional powers and mass elec-
tronic technologies, which gradually attained
factual positions in the second half of the 20th
century and the beginning of the 21st, chan-
ged the nature and basic governing functions
of the national State. ±
us, mass media pow-
er gave rise to a novel mixing phenomenon
that generated a new type of “hybrid State”.
±
e corresponding new historical Republic
with a highly political and media oriented
nature modifi
ed the structure and scenar-
io of the conventional contemporary nation
state. ±
e evolution of this historical reality
has not yet come to an end, but instead con-
tinues to develop with an enormous amount
of dynamism and force towards new stages
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A
lo largo de los últimos doscientos años la sociedad mexicana luchó incansablemente
para conquistar condiciones de mayor autonomía y humanidad que le permitieran
vivir con más independencia, equidad, dignidad y paz social. Con este fi
n, la comunidad
nacional decidió enfrentar a través de la guerra de la Independencia de 1810 a la dominación
del poder imperial de la Corona Española que se había instalado violentamente desde hacía
muchos siglos en México. Fue también mediante el levantamiento de la Revolución mexicana
de 1910 que encaró al poder autoritario terrateniente del porfi
riato, para formar un nuevo
orden nacional, más justo y equilibrado que posibilitara la coexistencia sana y pacífi
ca de los
diversos conjuntos sociales que componían al país.
De esta forma, a través de dichos procesos sociales emancipadores, paulatinamente se
crearon en México novedosas jerarquías políticas, acuerdos colectivos, instituciones de
estabilización y nuevos marcos jurídicos que le permitieron conseguir la edifi
cación de un
nuevo orden de paz y convivencia comunitaria más equilibrado para las mayorías sociales.
Dentro de las innovaciones estructurales que se introdujeron para estabilizar a la sociedad,
la realidad histórica más trascendente que se construyó en estos últimos dos siglos fue la
edifi
cación de la fi
gura del Estado-nación mexicano como la ins tancia rectora que creó un
nuevo sistema de estabilidad y dirección nacional.
tinúa desarrollándose con enorme dinamismo y
fuerza hacia nuevas etapas de transformación del
Estado, del espacio público y de la sociedad en su
conjunto, sin saber hasta dónde llegará su deve-
nir, pues los poderes fácticos mediáticos se forta-
lecen crecientemente en el país al tiempo que los
poderes públicos se debilitan paulatinamente. Por
ello, con mayor razón la sociedad debe sostener
un permanente análisis crítico que describa obje-
tivamente las nuevas características que adquiere
este fenómeno estratégico, las fases de transforma-
ción a las que asciende y las alternativas de retorno
que existen para rescatar el proyecto de un creci-
miento nacional.
Palabras clave:
Estado, poderes fácticos mediá-
ticos, república mediática, telecracia.
of transformation of the State, public space, and
society as a whole, without knowing its fi
nal out-
come due to the strengthening of factual media
power while the major branches of government
are gradually weakening. Consequently, society
needs to critically engage in an objective analysis
of this strategic phenomenon, its phases of trans-
formation and the viable alternatives for recover-
ing the national development path.
Keywords:
State,
de facto
media power, media
republic, telecracy.
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a priori
–desde su origen a la fecha– como una realidad jurídico-política totalmente acabada, defi
nida
o cerrada, sino que se conformó homeopáticamente a través de una progresiva dinámica de
construcción político-institucional, mediante la cual adquirió su sentido, personalidad y
funciones civilizatorias específi
cas que ejerció en cada fase por la que atravesó hasta llegar
al actual período de la modernidad nacional en el siglo XXI. De esta manera, el proceso
histórico convencional de edifi
cación del Estado mexicano cruzó por tres etapas históricas
fundacionales, cada una de las cuales se materializó con la aprobación de una constitución
jurídico-política o marco normativo específi
co con el cual se consolidó un tipo de República
exclusiva para cada ciclo de su evolución civilizatoria y sus diversos instrumentos estructurales
de poder político con los cuales gobernó a la sociedad.
Dichas etapas históricas centrales fueron la fundación de la
Primera República Nacional
,
la edifi
cación de la
Segunda República Nacional
y la conformación de la
l
l
Tercera República
Nacional.
Así, en un primer momento, la conformación del Estado-nación emergió lentamente en
México como producto del movimiento de insurrección civil que explotó en 1810 contra la
dominación del poder absoluto del imperio español que reinaba en nuestro territorio. En esta
fase emergente, el Estado cobró vida como una nueva fuerza política derivada del movimiento
de la Independencia a través del cual se liberó de los poderes tiránicos coloniales e integró a
la población peninsular, criolla e indígena, en un mismo proyecto de desarrollo económico,
político, cultural, lingüístico y educativo. Este nuevo proyecto de desarrollo le dio
más autonomía, justicia, estabilidad, integración e identidad colectiva que la que tenían
anteriormente como colonia de la Corona española. Para apuntalar ideológicamente esta
etapa fue esencial la aportación de la fi
losofía de los
Sentimientos de la Nación
de José María
Morelos y Pavón en el Congreso de Chilpancingo de 1813, en Guerrero, a través de la cual se
conformó el espíritu de la
Primera República Nacional
que contribuyó a proporcionarle a la
l
l
sociedad mexicana una primera atmósfera de derecho jurídico para la convivencia colectiva
armónica. Con ello, se reorganizaron a las comunidades sociales del momento alrededor de
un nuevo proyecto de desarrollo nacional soberano que ofreció un nuevo futuro de esperanza
colectiva para el país y no de explotación esclavista para la población.
En un segundo momento, en 1821 continuó el movimiento de liberación nacional
y Agustín de Iturbide proclamó el
Acta de Independencia
frente al imperio español que
cristalizó con la elaboración de los principios de la Constitución del 5 de octubre de 1824
.
Este proceso se perfeccionó políticamente cuando en 1836 el Congreso Federal prefi
guró
la
Constitución de las Siete Leyes
que sirvieron de base para que en 1857 se jurara la
Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, que le dio el triunfo defi
nitivo al
sistema federal y congresional sobre los movimientos internos desintegradores (
Nuestras
Constituciones
, 2000; Morelos y Pavón, [1813] 2001). Dichos procesos dieron origen al
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Segunda República Nacional
que le dio al país un segundo nuevo
orden normativo de convivencia nacional más civilizado.
En un tercer momento, después de funcionar el Estado-nación en las fases históricas
anteriores como la jerarquía rectora del desarrollo de la población mexicana, la acción de
éste no fue capaz de resolver democráticamente la enorme cantidad de contradicciones
estructurales que se acumularon durante más de cien años en México, especialmente en el
sector rural. Esto provocó gradualmente la emergencia de multitud de revueltas masivas,
urbanas y campesinas que generaron, en 1910, el estallido de la Revolución Mexicana como
un segundo movimiento emancipador que luchó por liberarse del sometimiento del modelo
autoritario porfi
rista concentrado en el poder terrateniente de los hacendados y en sus órganos
despóticos de poder político aliado.
Concluida la Revolución Mexicana en 1917, quedó un gran desastre social en todos los
ámbitos internos de operación del país y fue indispensable la construcción de un nuevo
orden hegemónico que organizara el caos resultante del movimiento insurgente. Para ello, fue
necesario refundar la fuerza rectora del poder público fortaleciendo con mayores capacidades
regentes al Estado-nación, y así se creó un nuevo pacto nacional de paz, de gobernabilidad,
de ejercicio político y de crecimiento social que se concretizó en la Constitución Política
Mexicana de 1917, fundamento jurídico para el surgimiento de la
Tercera República Nacional
.
Además de contar con los diversos elementos constitutivos de poder central, para alcanzar
sus fi
nes rectores como Estado-nación mexicano, éste diseñó su forma de gobierno autónoma
bajo la modalidad de la
Tercera República Nacional
. La nueva República quedó conformada
con un nuevo modelo o paradigma jurídico-político provisto con la acción de tres poderes
públicos federales soberanos, complementarios y divididos entre sí, para autorregularse y
ejercer una gobernabilidad más virtuosa que resolviera los fuertes antagonismos acumulados
durante tanto tiempo en el país: El Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial.
En este sentido, la
Tercera República
quedó estructurada históricamente bajo el paradigma
tripartito compuesto por el Poder Ejecutivo –para darle dirección política fi
rme al devenir de
la comunidad nacional–; el Poder Legislativo –para crear una representatividad social plural
que creara el entramado jurídico de derechos y obligaciones básicos para normar la convivencia
de los conjuntos sociales–; y el Poder Judicial –para aplicar correctamente el sistema de
justicia en todos los niveles para hacer respetar el orden jurídico establecido–. Dichos poderes
públicos republicanos quedaron sólidamente legitimados con los postulados centrales de la
Constitución Política Mexicana de 1917, las diversas leyes que posteriormente se anexaron,
los decretos emanados del Poder Ejecutivo y los múltiples reglamentos que ulteriormente se
derivaron de ella para operacionalizar cotidianamente el nuevo gran acuerdo de concordia
y de crecimiento social que requería el país para despegar hacia otro modelo de desarrollo
colectivo más virtuoso. Así, el modelo formal más acabado del Estado-nación mexicano es el
que cobró vida a través del dibujo jurídico que la sociedad mexicana realizó sobre la naturaleza
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Tercera República
, mediante el contenido plasmado en la Constitución Mexicana de
principios del siglo XX y los cambios normativos que posteriormente se introdujeron para
que ésta se actualizara periódicamente.
De esta forma, después de muchos años de enfrentamientos internos entre fracciones
liberales y conservadoras del poder nacional, con objeto de establecer la paz interna y
alcanzar otro proyecto de desarrollo, se creó un nuevo consenso nacional basado en los
siguientes ocho postulados que formuló la Constitución Política Mexicana de 1917 sobre
el Estado mexicano posrevolucionario y que son los fundamentos jurídico-políticos del
paradigma dominante que formalmente imperan hasta nuestros días:
1.
“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder
público dimana del pueblo y se instituye para benefi
cio de éste. El pueblo tiene en
todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modifi
car la forma de su gobierno”
(
Constitución Política
, 2007: 41).
2.
“Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa,
democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente
a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios
de esta ley fundamental” (
Ibid.
, 2007: 41).
3.
“El pueblo ejerce su soberanía por medio de los Poderes de la Unión, en los casos
de la competencia de éstos, y por los de los Estados, en lo que toca a sus regímenes
interiores, en los términos respectivamente establecidos por la Constitución Federal
y las particulares de los Estados, las que en ningún caso podrán contravenir las
estipulaciones del Pacto Federal” (
Ibid.,
2007: 41).
4.
“Para su ejercicio el Supremo Poder de la Federación, se divide en tres poderes: Poder
Legislativo, Ejecutivo y Judicial” (
Ibid.,
2007: 49).
5.
“El Poder Legislativo de los Estados Unidos Mexicanos se deposita en un Congreso
General que se dividirá en dos Cámaras, una de Diputados y otra de Senadores”
(
Ibid.,
2007: 50).
6.
“El ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión se deposita en un sólo individuo,
que se denominará
Presidente de los Estados Unidos Mexicanos
” (
Ibid.,
2007: 74).
7.
“El ejercicio del Poder Judicial de la Federación se deposita en una Suprema Corte de
Justicia, en un Tribunal Electoral, en Tribunales Colegiados y Unitarios de Circuito
y en Juzgados de Distrito” (
Ibid.,
2007: 80).
8.
Para establecer su “régimen interior, los Estados adoptarán la forma de gobierno
republicano, representativo, popular, teniendo como base de su división territorial y
de su organización política y administrativa, el Municipio Libre” (
Ibid.,
2007: 107).
En esta última fase histórica de existencia de la
Tercera República Nacional
, el diseño jurídico de
tal estructura de gobernabilidad quedó constituida sólo por la intervención de los poderes públicos
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que esta directriz se fundó cuando la sociedad mexicana estaba compuesta demográfi
camente
por multitudes y no por
hiper-masas
como sucede en la actualidad, para lo cual fue sufi
ciente
la presencia de esas tres autoridades institucionales para nuevamente reconducir de manera
efi
caz a las comunidades fragmentadas del momento hacia un nuevo pacto de coexistencia y
crecimiento social. Segundo, debido al grado de complejidad que enfrentaba la recomposición de
la sociedad mexicana de esa fase histórica, el proceso de gobernabilidad del Estado únicamente
exigía la acción de esos tres sólidos poderes públicos para generar un nuevo orden hegemónico
de dirección del país postrevolucionario que había quedado desestructurado en todos los niveles
del funcionamiento de la vida privada y pública de los ciudadanos por el desgaste y el caos interno
que dejó el estallido de las dos guerras libertarias anteriores. Y tercero, debido a que los ideales
internacionales de libertad, justicia y democracia que sirvieron como fi
losofías libertarias para
el estallido de los movimientos insurgentes en 1810 y 1910 en México, sólo contemplaron la
existencia de tres poderes republicanos para refundar a la sociedad.
Por consiguiente, dicha conformación político-gubernamental bajo el paradigma de
estructuración con poderes tripartitos republicanos fue la modalidad política adecuada
para refundar civilizatoriamente al nuevo Estado-nación en tales momentos históricos de
emancipación que requerían liderar al país por rumbos alternativos de evolución democráticos,
especialmente cuando arrastraba la existencia de jefaturas políticas severamente erosionadas,
instituciones públicas muy corroídas, fuertes enfrentamientos internos de fracciones de poder,
aguda erosión de los poderes públicos, grandes grupos sociales desorientados, corrupción
desatada, enorme desintegración comunitaria y acumulación de agudos problemas estructurales
de crecimiento que debían resolverse para alcanzar la concordia y la paz social.
De esta manera, después de un largo proceso de luchas, deterioros, anarquías, recons-
trucciones y profundos cambios en el ámbito del po der público que dejó el paso violento de
los movimientos libertarios durante los siglos XIX y XX, la comunidad nacional conformó
paulatinamente al Estado mexicano como una nueva fuerza pública hegemónica que desempeñó
entre otras las siguientes siete funciones orgánicas: enfrentó a los poderes dominantes que
durante siglos esclavizaron a la gran mayoría de los habitantes para defender a la población;
gestionó un proyecto con diversas posibilidades de desarrollo inte gral para la mayoría de
los mexicanos; creó un nuevo pacto político-social de equilibrios más justos para vivir en
concordia colectiva y superar el clima de inestabilidad e inseguridad prevaleciente; fundó un
nuevo orden jurídico para defi
nir los derechos y las obligaciones básicas de los individuos,
siguiendo los principios de los Derechos Universales del Hombre; innovó las instituciones
necesarias para darle estabilidad a la vida social; aglutinó a los individuos alrededor de un
novedoso proyecto de justicia y de garantías ciudadanas fundamentales que les aportó otro
estatus civil, estableciendo un avanzado sistema de derecho que los elevó al grado de ciudadanos
y, fi
nalmente, estableció otro modelo de cultura e identidad nacional, con especial énfasis en
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la población alrededor del modelo de la nación mexicana.
Así, el Estado-na ción mexicano encabezó el re surgimiento de diversos procesos económicos,
políticos, sociales y culturales, que dieron origen a la emergencia de un nuevo proyecto de
desarrollo colectivo: una economía con absorción intensiva de mano de obra, un sistema
político con mayor representatividad ciudadana, una f
amante Constitución Política plural,
una democracia liberal en Formación, una moderna existencia urbana, una atmósFera cultural
abierta, una educación ofi
cial incluyente y una calidad de vida más completa. Es decir, se
abrió paso a una nueva sociedad nacional moderna emancipada de los poderes despóticos
que la habían subordinado durante varios siglos en el pasado, y cuyas bases se convirtieron
en los Fundamentos para el crecimiento del México moderno del siglo XXI.
En el proceso histórico de Formación del Estado-nación, a través de sus diversas Fases de
evolución histórica, Fue defi
nitivo que éste se consolidara maduramente con sus respectivos
instrumentos de poder, pues “la actuación del Estado lleva consigo necesariamente la existencia
de órganos de poder sin los cuales no le es posible darle la vida” (Jellinek, 2004: 16). En este
sentido, “el poder es un supuesto del Estado, al punto que no hay Estado sin medios de poder”
(
Ibid.,
2004: 28); en otros términos, un Estado sin órganos de poder es una representación
incompleta, que equivale a la anarquía, lo cual signifi
ca una
contradictio in adjecto
(
Ibid.,
2004:
36
)
. Por consiguiente, todo ello, exigió que el Estado mexicano gradualmente se dotara de los
elementos de poder rector necesarios para conducir exitosamente a la sociedad mexicana a
lo largo de las décadas.
En este sentido, para darle concreción y Fuerza al Estado mexicano, éste se conFormó
gradualmente con los elementos estructurales de poder necesarios para ejercer su naturaleza
como un órgano rector central del resto de la sociedad. Por ello, los Factores históricos propios
que constituyeron al Estado mexicano a lo largo de sus diversas etapas de evolución por la
que atravesó su consolidación histórica Fueron, entre otros, los siguientes nueve: contar con
un territorio, una población, una Forma de gobierno establecida, una organización jurídica,
una capacidad de aplicación legítima de la Fuerza o de la coerción, una lengua o idioma, una
cultura o ideología, una identidad y una moneda de intercambio económico, con los cuales
se produjo una Forma histórica específi
ca de soberanía, integración, identidad y hegemonía
política para gobernar al país.
El surgimiento del Estado híbrido
No obstante la conFormación histórica de la realidad estatal de la
Tercera República
en México,
con sus diversos elementos de poder constitutivos para gobernar al país, este proceso no Fue
estático, rígido, ni defi
nitivo, sino que se transFormó activamente en base al ritmo del surgimiento
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hegemónica tradicional de ésta mediante la evolución de cada uno de sus elementos de poder
conformadores de la gobernabilidad. En consecuencia, para entender con claridad la realidad
del Estado-nación mexicano en el siglo XXI, es necesario abandonar las posiciones ideológicas
doctrinarias u ofi
cialistas que han defi
nido al mismo actuando como camisas de fuerza mental
para entender el nuevo suceso histórico en la fase moderna de la historia nacional y reconocer
que éste hecho no es una realidad acabada, sino que es un producto social en constante mutación
que se ha edifi
cado de forma distinta según han sido los diversos momentos de progreso por los
que han atravesado la combinación de las fuerzas de poder dominante que defi
nen el proyecto
de dirección de la sociedad mexicana.
En este sentido, siguiendo la lógica constitutiva del Estado moderno, podemos decir que
en la medida en que un sector o grupo social de poder es capaz de crear los mismos elementos
rectores básicos que conforman al
Estado clásico
(contar con un territorio, una población, un
aparato de gobierno, una organización jurídica, una capacidad de aplicación de la fuerza o de la
violencia, una legitimidad, una lengua, una cultura, una identidad, una hegemonía, una forma
de obtener recursos económicos, una moneda, entre otros factores) ésta entidad se convierte
de
facto
en parte constitutiva del
Estado real
. De esta forma, ya sean reconocidos doctrinariamente
o no por la teoría tradicional establecida sobre el mismo, o por los “representantes ofi
ciales”
del Estado formal (abogados, ministros, juristas, magistrados, legisladores, etc.), en la realidad
cotidiana tales entidades de fuerza pasan a formar parte de
facto
del
Estado concreto
o del
Estado
real
que funciona efi
cazmente todos los días en nuestras vidas. Esta transformación puede
l
l
darse bajo dos modalidades: por una parte, en la medida en que sólo se modifi
can algunos de
sus elementos constitutivos, la nueva entidad de poder que surge se convierte en una nueva
área o faceta de ampliación del
Estado tradicional concreto
sin que llegue a alcanzar el grado
de consolidación de un nuevo Estado maduro; y por otra parte, en la proporción en que se
transforman la mayoría de sus factores conformadores avanzando como instancias regidoras de
la sociedad, dan origen a otro nuevo tipo de
Estado concreto
de naturaleza mestiza o mezclada
con sus propios elementos de fuerza y funciones específi
cas que cambian la estructura propia
del
Estado jurídico
convencional.
La contundencia de acción del nuevo Estado –o de una nueva rama postiza que se crea
de éste, según sea uno u otro caso– dependerá del grado de consolidación que alcancen
cada uno de los elementos estructurales que confi
guran al Estado como entidad rectora del
conjunto social. Es decir, quedará en función del nuevo nivel de afi
anzamiento que obtenga
la realización de su territorio, de su población, de su capacidad de aplicación de la violencia
genuina, de su legitimidad jurídica, de su aparato de gobernabilidad, de su cultura, de su
ideología y de su moneda, como nuevos elementos de poder rector para gobernar al conjunto
social. Este fenómeno signifi
ca que en la medida en que evolucionen sólidamente en conjunto
tales elementos de poder público rectores, estaremos ante el surgimiento de un nuevo
Estado
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o sólo frente a un nuevo rasgo estructural del mismo que impactarán relevantemente
sobre el proceso global de la dirección del país, sobre la formación de la hegemonía, sobre la
maduración de la gobernabilidad y sobre la defi
nición del proyecto de desarrollo nacional,
colocando en cuestión la existencia pura del
Estado jurídico
convencional que se creó desde
las etapas de la Independencia y la Revolución en México.
Por lo tanto, mediante un fenómeno histórico de cruzamiento o
mixturamiento
institucional
que se dio entre los poderes constitucionales formales y el funcionamiento de las tecnologías
electrónicas de difusión masiva –que gradualmente alcanzaron posiciones fácticas–, desde
la mitad del siglo XX y principios del siglo XXI, se provocó que el Estado nacional sufriera
nuevas modifi
caciones sustanciales que cambiaron su naturaleza y sus funciones rectoras
básicas. Así, las transformaciones graduales que a lo largo de varias décadas experimentó el
Estado-nación posrevolucionario en cada uno de sus elementos estructurales constitutivos,
con la acción del
poder mediático
dieron origen a un nuevo fenómeno de naturaleza mestiza,
mixturada o cruzada que generó un nuevo tipo de
“Estado híbrido”,
1
con su correspondiente
nueva República histórica de naturaleza altamente mediático-política que modifi
có el escenario
del convencional Estado contemporáneo en el país.
De esta manera, el
“Estado híbrido”
nació en México como aquel fenómeno que mestizó o
combinó el poder rector nacional que surgió en la etapa moderna de evolución de la sociedad
mexicana a través de la suma de la estructura jurídico-política del
“Estado formal”
tradicional,
creado a través de los movimientos de la Independencia de 1810 y la Revolución de 1910, y el
gradual agregado de los modernos procesos mediáticos político-culturales que aF
oraron desde
1950 en adelante con la introducción de las tecnologías electrónicas de difusión colectivas en
el país. Este trascendental cruce o mixtura de poderes rectores nacionales generó una nueva
realidad histórica mezclada que produjo al
“Estado híbrido”
compuesto por la conjunción del
Estado jurídico-político convencional más la fuerza del
poder mediático
avanzado en México.
En este sentido, el surgimiento del
Estado híbrido
en México no corresponde a una simple
faceta más de evolución natural de la misma trayectoria del Estado tripartita republicano
convencional que surgió desde la
Tercera República Nacional
, sino que se refi
ere a una nueva
1
La realidad mestiza del Estado contemporáneo no la entendemos desde la conceptualización antropológica o
histórica tradicional del término que lo defi
ne como la fecundación que se produce en el ámbito racial por la mezcla de
la cultura española con la cultura indígena o entre la población blanca y la población negra, originando otra situación
racial combinada, sino regresando al origen primigenio del proceso mixturante del mestizaje, lo asimilamos en un
sentido sociológico como la suma de diversas fuerzas de poder totalmente distintas que se amalgaman entre sí, dando
origen a una nueva realidad híbrida con diferentes características y funciones, que repercuten de manera diferente
sobre la conformación y dirección rectora de la sociedad. En este sentido, a nivel de gobernabilidad de los poderes
rectores nacionales, el fenómeno del mestizaje lo comprendemos como el hecho histórico que se genera en México por
la mezcla de la
Tercera República Nacional
derivada de la posrevolución mexicana con la fuerza del
l
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Poder Mediático
Electrónico
contemporáneo, alumbrando una nueva realidad de poder dominante híbrido que puede denominarse
como el surgimiento
del
Estado híbrido
en México
.
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donde la rectoría de la nación, además de continuar siendo conducida por los habituales tres
poderes públicos constitucionales, ahora también es combinada, compartida o disputada
cotidianamente por la intervención del
poder fáctico mediático
. De esta forma, los
poderes
fácticos mediáticos
ya no sólo actúan como instrumentos externos de presión sobre el Estado
tradicional, como sucedió hasta el último tercio del siglo XX, sino que a partir del intento de
la transición a la democracia en México, del año 2000 en adelante, su fuerza rectora sobre la
sociedad avanzó de tal forma que ahora ya son parte de la misma estructura, de la dinámica
y del núcleo del
Estado real
que actúa informalmente todos los días en el país. Así, lo novedoso
l
l
y central del
Estado híbrido
es que los medios no sólo actúan como
poderes fáticos
para inF
uir o
presionar sobre el Estado tradicional, sino que ahora ya evolucionaron a formar parte de corazón
del mismo. Es decir, sin ser reconocidos ofi
cialmente como parte constitutiva de la médula del
Estado, se convirtieron paulatina y silenciosamente en elementos centrales del mismo.
Así, con la actuación de los medios electrónicos de difusión colectivos privado-comerciales
sobre el
espacio público
en México, nació un nuevo poder virtual que transformó la división
política ancestral de los poderes públicos republicanos del Estado-nación que fueron creados por
los movimientos sociales de emancipación de la Independencia y la Revolución para gobernar
equilibradamente a la sociedad mexicana. De este modo, se introdujo un nuevo
poder mediático
público que participó cotidianamente por la
vía fáctica
en la dirección renovada del país. Con ello,
a principios del tercer milenio, el funcionamiento cotidiano de la República nacional evolucionó
de la formación de la división de los tres poderes públicos defi
nidos por la Constitución Política
Mexicana, a la creación de una nueva división de cuatro poderes públicos reales: tres podres
constitucionales formales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y un reciente
poder fáctico mediático
no formal impuesto por el avance tecnológico y la organización empresarial privada del mismo.
En consecuencia y en última instancia, con la actuación de los medios de difusión
electrónicos no se dio en México un simple proceso de presión coyuntural de importantes
fuerzas de coacción sobre el Estado, sino que se gestó históricamente, por la vía informal, un
cambio de régimen político de gobierno o de régimen republicano de gobernabilidad hacia
una nueva fase mestiza de combinación de poderes constitucionales y mediáticos, aunque
ésta etapa todavía no sea reconocida ofi
cialmente por la doctrina formal del Estado, por
la conceptualización de la Reforma del Estado, por la Reforma Electoral o por las ciencias
políticas y sociales.
Una de las formas de repercusión de esta nueva realidad histórica fue la generación de
la
hegemonía mestiza
y de la
gobernabilidad híbrida
que son aquellos hechos de dirección
colectiva de la sociedad que ya no son creados sólo por la acción dominante del
Estado
jurídico
convencional derivado de la
Tercera República
nacional que se fortaleció después de
la posrevolución mexicana, sino que son realidades que se gestaron por la conjunción de las
acciones del
Estado jurídico
tradicional, sumadas a las acciones derivadas de las mediaciones
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poder mediático
a partir de la segunda mitad del
siglo XX en adelante. Es decir, son un conjunto de fenómenos político-sociales-ideológicos de
naturaleza privado-comerciales vinculados con la rectoría nacional que poseen, cada vez más,
las mismas características rectoras que le corresponden ejecutar al Estado convencional, pero
con los agregados mediático-políticos que introdujo el avance de las tecnologías electrónicas
de comunicación avanzadas en México.
Es por ello que para entender a principios del siglo XXI la nueva etapa de evolución en la
que se encuentra el Estado mexicano heredado desde los movimientos de la Independencia
de 1810 y de la Revolución de 1910, ahora es indispensable examinar el fenómeno del nuevo
Estado híbrido
con su correspondiente nueva
Republica mediática
que surgió en el país con los
cambios estructurales que paulatinamente introdujeron las tecnologías electrónicas de difusión
colectivas en la vida cotidiana del México contemporáneo. Esto es, debido a las capacidades
técnico-culturales que gradualmente conquistaron las industrias culturales, éstas se convirtieron
en
poderes fácticos
de carácter mediático que actuaron sobre el
espacio público
de la sociedad
transformando al Estado nación republicano, generando una nueva realidad en el campo de la
gobernabilidad nacional.
Sólo así comprenderemos que estamos en otra fase de desarrollo histórico del Estado nacional
que ya no corresponde a la fi
losofía, ni a la concepción, ni a los ideales de los movimientos
emancipadores anteriores que le dieron vida en siglos pasados; sino que a comienzos del nuevo
milenio, estamos ante la acción de un F
amante
Estado híbrido
que es el nuevo paradigma histórico
real que domina la gobernabilidad cotidiana de la nación y que, por consiguiente, es urgente que
precisemos analíticamente cuáles son sus características, su estructura, sus procesos de acción,
sus tendencias, las consecuencias sociales que provoca, sus crisis y la dirección auténtica hacia
dónde conduce el futuro del país.
En este proceso es importante tener en cuenta que la conformación histórica del
Estado
híbrido
no sólo es un fenómeno que se gesta a través de la acción de los medios electrónicos
de difusión colectivos, sino también se produce mediante la intervención de todos los
poderes
fácticos
que operan compitiendo por la rectoría y el usufructo de la sociedad, como son el
narcotráfi
co, la iglesia, los sindicatos, los organismos empresariales, entre otros. Debido
a que los medios masivos han alcanzado una expansión, una forma de organización y un
impacto preponderante sobre la edifi
cación de la vida contemporánea, éstos desempeñan
un papel estratégico en la construcción de esta nueva forma de poder civilizatorio. Por ello,
aunque el planteamiento central de esta reF
exión puede aplicarse –con sus adaptaciones
específi
cas– a cada una de las fuerzas sociales anteriores que se disputan la dirección de
las comunidades nacionales y que colaboran a edifi
car al
Estado híbrido
–y debido a la
inF
uencia superior que ejercen los medios de difusión electrónicos sobre la estructuración
de la sociedad–, es necesario crear una nueva teoría del Estado contemporáneo a partir del
particular peso que tales empresas privado-comerciales ejercen sobre el
espacio público
, sobre
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de la emociones y la reproducción de la sociedad en general.
De lo contrario, arrastraremos una vieja concepción formal decimonónica del Estado que
será incapaz de explicar el verdadero fenómeno del
Estado real
rector que actúa diariamente
en el México contemporáneo del siglo XXI.
La incidencia de los medios electrónicos de difusión masivos en la emergencia de
la
Cuarta República Mediática
Pese a que la sociedad mexicana constituyó a lo largo de más de dos siglos al Estado-nación
como la principal cabeza rectora de la sociedad, y pese a que la presencia de éste le dio una
nueva estabilidad y desarrollo histórico a las comunidades nacionales, con la existencia del
nuevo
espacio público mediático
de naturaleza netamente virtual, que lentamente construye-
ron las
industrias culturales
electrónicas, particularmente audiovisuales, a lo largo del siglo
XX y principios del XXI, se modifi
caron las reglas y las dinámicas tradicionales con las que
nuestra sociedad nacional antaño se articulaba, organizaba y participaba colectivamente.
Mediante ello, se produjo un profundo cambio en la jerarquía de poderes y fuerzas
que conformaban el esqueleto del poder y de la movilización diaria de nuestra sociedad
convencional, donde los medios de difusión masivos paulatinamente se convirtieron en el
centro del poder político, cultural, mental, emocional, energético y espiritual cotidiano de
la República: los medios se transformaron en los grandes sistemas nerviosos y los cerebros
colectivos edifi
cadores de la nueva
plaza pública
y las principales redes neuronales centrales
edifi
cadoras de la conciencia diaria que organizan y dirigen a la sociedad.
De esta manera, a través del nuevo posicionamiento estratégico que alcanzaron los medios
de difusión colectivos –especialmente los electrónicos– dentro del conjunto de fuerzas que
inciden y luchan para edifi
car la dinámica de poder con el fi
n de dirigir a la comunidad nacional,
éstos se convirtieron
de facto
y gradualmente en instituciones nodales para conformar al
Estado
real
, a la
República
cotidiana y a la sociedad mexicana ordinaria. Es decir, a diferencia de las
etapas históricas anteriores –en las que el tradicional Estado-nación mexicano se formó a
partir la realización de sistemáticos procesos políticos, ideológicos, jurídicos, movilizaciones
de masas, ejecución de grandes consensos colectivos, formación de fuertes clientelismos,
legitimaciones históricas, etc.– a fi
nales del siglo XX y principios del siglo XXI, además de
seguir operando las dinámicas reguladoras anteriores para consolidar al Estado mexicano, la
construcción de éste también se dio paralelamente a través de la expansión de las tecnologías
de información electrónicas y cibernéticas masivas, así como de sus respectivos modelos de
culturas mediáticas específi
cas que se introdujeron en nuestro territorio. Ello debido a que
mediante el desarrollo de dichos recursos tecnológicos modernos se gestó la construcción
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nuevo
espacio público
o
plaza pública virtual
, el cual permitió el funcionamiento de otra
forma de participación social, en primera instancia, vía el nuevo
espacio público mediático,
y en segunda instancia, a través del
ciberespacio
del Internet. Esto generó el surgimiento de
nuevas zonas ampliadas de poder que impactaron sustancialmente sobre las estructuras y
dinámicas tradicionales creadas por el
Estado formal
convencional y por otros procesos de
l
l
reproducción cotidiana de las comunidades mexicanas.
Así, a partir del crecimiento de estos nuevos espacios virtuales, las estructuras de poder
del antiguo Estado burocrático posrevolucionario de principios del siglo XX lentamente
entraron en períodos de crisis estructurales, y vía las novedosas tecnologías de información
masivas que se incorporaron al territorio de lo
público,
emergieron nuevas dinámicas de
expansión, complementación, oposición, o incluso, anulación de las tareas tradicionales
que ejecutaba el Estado-nación. Esto significa que paralelamente al desarrollo de la
televisión, la radio, los satélites, las redes informáticas, la
Banda Ancha,
el
Cuádruple Play
,
la fi
bra óptica, los celulares, los sitios Web, los derivados interactivos, etc., que introdujo
la presencia de las industrias culturales y la revolución de la
sociedad de la información
en el país, lo que se produjo fue la creación de un nuevo tejido tecnológico informativo
de las comunidades, a la vez que se constituyó la ampliación o formación de un nuevo
entramado de
poder mediático
colectivo que alcanzó una efi
cacia muy relevante para dirigir,
organizar y construir diariamente a la sociedad, y en consecuencia, para edifi
car el nuevo
Estado real
contemporáneo.
Esta transformación histórica –basada en la modernización de las tecnologías de difusión–
fue sumamente vertebral, pues en última instancia, lo que introdujo fue la renovación de los
a
paratos ideológicos
a
del Estado-nación moderno que actualizaron los mecanismos del poder
rector tradicional. En consecuencia, el cambio y la innovación tecnológica no sólo signifi
caron
la introducción de mecanismos de efi
ciencia, rapidez, abundancia, intensidad y modernidad
para ejecutar las dinámicas informativas, sino fundamentalmente representó la metamorfosis
del esqueleto y de la mecánica de operación del Estado republicano convencional, de sus
formas de poder y de las vías concretas para dirigir a las comunidades.
De esta manera, el profundo cambio histórico de la estructura y esencia del Estado mexicano
tradicional se dio por el surgimiento del fenómeno del
Estado ampliado
que se generó a partir
de la expansión de los medios electrónicos de difusión sobre el tradicional tejido social que
articulaba a las células sociales y la proyección del resto de las instituciones a través de nuevas
infraestructuras virtuales de representación de la realidad y de interacción comunitaria.
En este sentido, a partir de la expansión de la nueva realidad mediática, después de
la Revolución Mexicana de 1910, la historia cultural y mental del siglo XX en México,
particularmente en las ciudades, se dividió en dos períodos sustancialmente distintos: antes y
después de la existencia de los medios electrónicos de información colectivos, particularmente
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se introdujeron colectivamente múltiples mediaciones tecnológicas y culturales en nuestro
funcionamiento social que modifi
caron radicalmente nuestra forma personal, grupal e
institucional de informar, recibir, escuchar, ver, conocer, sentir, pensar, desear, soñar, imaginar,
decidir, actuar, organizarnos y proyectarnos comunitariamente en nuestro país. Es decir,
transformaron profundamente nuestros hábitos de percibir, de conocer, de interactuar y de
ser, individual y colectivamente.
De esta forma, con el poder mental que les otorgó la enorme concentración de las mediaciones
culturales que conquistaron las
industrias culturales
, especialmente las audiovisuales, éstas
se convirtieron en las instituciones ideológicas que defi
nen la manera como la sociedad de
masas percibe la realidad cotidiana concreta que les rodea. Con ello, las
industrias mediáticas,
particularmente audiovisuales, controlaron la dinámica grupal de conocer colectivamente
los hechos de la realidad específi
ca que acontece y la estrategia de movilización diaria de los
individuos en la vida social, de lo cual se derivó la creación de un nuevo poder cerebral y
organizativo que transformó la estructura y funcionamiento de la civilización contemporánea
en México: el
poder mediático.
2
La transformación que experimentó la esencia del Estado mexicano y el esqueleto del
espacio
público
con la actuación de las tecnologías de difusión colectivas en México, fue tan sustancial
que modifi
có la estructura y el funcionamiento de los poderes públicos heredados de las etapas
anteriores de la historia nacional. Así, reinterpretando la historia de la formación del Estado
y de la conformación de la República nacional de los últimos doscientos años, constatamos
que con la gradual inclusión de la nueva variable mediática en el ámbito superestructural de la
sociedad mexicana, al concluir la Revolución Mexicana en 1921, se alcanzó el establecimiento
de un nuevo pacto social colectivo con los acuerdos posrevolucionarios. Mediante ello, se fundó
la
Tercera República Nacional
que se conformó con la presencia y acción del Poder Ejecutivo, el
l
l
Poder Legislativo y el Poder Judicial para crear un nuevo orden público de fuerzas equilibradas
con contrapesos institucionales que permitieron la convivencia social en concordia.
En esta etapa, el poder ideológico independiente de la Iglesia ya no signifi
có un problema
o peligro para la estabilidad del Estado-nación porque la fuerza persuasiva de ésta ya estaba
desmantelada con la instrumentación de las Reformas Juaristas que desacralizaron el poder
público gubernamental y crearon una nueva realidad de gobierno y cultura laica. Es necesario
recordar que en esos períodos la Iglesia buscó crear otro país distinto al que pretendían
construir los movimientos emancipadores del siglo XIX, y en ese sentido dicha institución se
convirtió en el principal obstáculo para el avance de la democracia de esa época. Por ejemplo,
2
Para ampliar este punto en el caso de la etapa moderna de la historia de México consultar la obra de Jenaro Villamil
(2010: 17).
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que conformaron a la sociedad mexicana durante muchas décadas
Con dichas Reformas Juaristas, a la Iglesia se le arrebató la dirección ideológica de la sociedad
mexicana y pasó a manos del aparato educativo, los ateneos culturales y otros organismos
formadores mentales de la época que estaban modelados por las directrices que se establecían
desde los tres poderes públicos constitucionales que conformaban la estructura de la República
mexicana. Así, durante el principio del siglo XX, las diversas comunidades de la sociedad
posrevolucionaria estuvieron gobernados por las mediaciones políticas, administrativas,
coercitivas, educativas e ideológicas de los tres poderes públicos de la
Tercera República
Nacional
: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Dicha
Tercera República
funcionó durante
el siglo XX en México creando un nuevo orden estabilizador que integró al país alrededor
del proyecto de crecimiento como República nacional federada y que alcanzó su éxito con la
fase de desarrollo estabilizador conocida como el “Milagro Mexicano”.
Sin embargo, no obstante la consolidación histórica del Estado nacional durante
muchas décadas como la máxima entidad rectora del país, con la gradual introducción
de las tecnologías electrónicas de información de masas en México –la radio en 1920 y
la televisión en 1950–, paulatinamente el poder ideológico de las
industrias culturales
crearon nuevas mediaciones tecnológicas de carácter virtual que impactaron drásticamente
sobre las anteriores estructuras económicas, políticas, sociales, mentales y espirituales
que había creado el poder estatal en la sociedad mexicana y lentamente se desbordó
la esfera de acción, de control y de orientación político cultural formada por el Estado
posrevolucionario tradicional para gobernar al país. En pocas décadas, éste moderno poder
empresarial-tecnológico-informativo entró en una nueva fase de desarrollo vertiginoso que
rebasó los límites de los controles jurídicos y políticos convencionales creados durante la
Tercera República
por el Estado mexicano y gradualmente se fue conformando paralelamente
como un poder ideológico independiente que adquirió tanta fuerza que le permitió
competir y enfrentarse a los otros tres poderes republicanos formales que constituían al
Estado nacional convencional, e incluso, en algunos casos, los reformuló, los desafi
ó, los
superó y en otros, hasta los substituyó.
De esta forma, fue a partir del momento histórico en que los medios ocuparon el lugar
central en la conformación de la estructura del poder ideológico contemporáneo de nuestro
país que se constató que si a mediados del siglo XX el Estado mexicano estaba constituido
por los tres poderes formales autónomos y divididos entre sí (el Poder Ejecutivo, el Poder
Legislativo y el Poder Judicial) a principios del siglo XXI, en términos reales, el Estado mexicano
cotidiano quedó compuesto por cuatro poderes concretos: tres poderes formales tradicionales
y un reciente poder
fáctico
, que es el nuevo
Poder Mediático
. Este último poder, cada vez
más, debido a sus nuevas y grandes capacidades tecnológico-sociales, silenciosamente frente
a nuestras narices, conquistó grandísimas cuotas de poder e inF
uencia que lo convirtieron
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Poder del Poder
que progresivamente subordinó y presionó
al resto de los tres poderes constitucionales del Estado-nación para someterlos a su voluntad
mediático empresarial e imponer su proyecto de construcción de sociedad, de economía, de
política y de seres humanos.
En éste sentido, si la lucha por nuestra independencia nos dio la edifi
cación de la
Primera
República Nacional
, si la realización de la Reforma Juarista aportó la cimentación de la
Segunda
República Nacional
, y si la Revolución Mexicana colocó los fundamentos de la
Tercera República
Nacional
en el país, con la consolidación del nuevo
poder mediático
, especialmente de 1960 en
adelante, se conformó lentamente en el país la
República Mediática
que dio origen al fenómeno
de la nueva
Cuarta República
en el siglo XXI con su respectiva mutación estatal y social.
Así, con el gradual surgimiento de los medios de difusión colectivos en el siglo XX, y la
aplicación del marco jurídico
a modo
que les permitió su expansión monopólica empresarial,
se permitió la super-concentración de un nuevo poder ideológico-político informativo de
naturaleza oligopólica. Dicha acumulación de fuerza comunicativa se transformó en un sólido
poder político alternativo que gradualmente fue disputando las funciones rectoras del Estado
tradicional y fundó paulatinamente de manera informal el fenómeno histórico de la nueva
Cuarta República Mediática
, especialmente en las urbes del país.
La emergencia histórica de la
Cuarta República Mediática
no brotó por azar, sino que
surgió debido a que la fuerza del
poder mediático
gradualmente fue conquistando los mismos
once factores medulares de gobernabilidad que componían al Estado-nación de la
Tercera
República
nacional.
El poder mediático y la disputa por la Nación
El ejercicio de sus nuevas funciones rectoras estratégicas por parte de las industrias cul-
turales electrónicas no se ejecutó drásticamente de la noche a la mañana, sino que fue un
largo proceso de evolución histórica que tardó más de nueve décadas para madurar –en
el caso de la radio– y seis décadas –en el caso de la televisión–, a través de las cuales, se
conquistaron gradualmente diversas funciones del ejercicio de la gobernabilidad nacional.
En este sentido, la transformación del Estado republicano constitucional no se gestó de
manera abrupta, sino de manera gradual y sectorial transitando por diversas etapas his-
tóricas de mutación institucional.
Así, con la lenta obtención de los elementos estratégicos de gobernabilidad estatal por parte
del
poder mediático
, en una primera fase, le posibilitaron operar como sectores empresariales
aplicando acciones económicas. En una segunda fase le permitieron actuar como grupos
de presión social al conquistar funciones ideológicas. En una tercera fase le posibilitaron
maniobrar como nuevos aparatos de Estado virtuales de gobernabilidad paralela al alcanzar
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parte del mismo corazón del Estado al ejercer actividades globales de rectoría social, dando
origen a la formación de la
Cuarta República Mediática
, a través de la cual, participa en el
proceso global de caudillaje cotidiano de las comunidades nacionales.
En este sentido, durante el siglo XX el poder tecnológico, organizativo, empresarial de
naturaleza privada de los medios de difusión colectivos, de manera informal y silenciosa,
en mayor o menor grado, conquistaron las once funciones rectoras que le corresponden
ejercer al Estado-nación como instancia dirigente. De esta forma, gradualmente fueron
construyendo su propio territorio mediático-virtual, su población o públicos, su específi
ca
forma de gobierno, su soberanía mediática, su capacidad de aplicación de la violencia, su
lengua, culturas o ideologías, identidades colectivas, su obtención de recursos monetarios,
su ofrecimiento de servicios infraestructurales ciudadanos, su moneda de intercambio social,
entre otros factores, para dirigir a la sociedad mexicana.
En esta forma, fue a partir del funcionamiento privatizado y monopolizado del
espacio
público mediático
–a través de la presencia y acción de las tecnologías de difusión colectivas
que conformaron el
Estado Ampliado
en México desde mediados del siglo XX– que surgió
otra faceta histórica del tradicional Estado derivado de la
Tercera República Nacional
que fue
la emergencia informal de la
Cuarta República Mediática
a fi
nales del siglo XX y principios
del siglo XXI.
Así, a pesar de haberse edifi
cado al Estado-nación como instancia rectora para conducir
el crecimiento de la sociedad mexicana a lo largo de muchas décadas, éste se transformó
sustancialmente con la presencia de los medios electrónicos de difusión colectivos y con
la introducción de las posteriores nuevas tecnologías de información colectiva en nuestro
territorio. Con la conquista de sus propias cualidades tecnológico-culturales de gobernabilidad
sobre la población, paulatinamente las industrias culturales electrónicas se transformaron
en
poderes fácticos mediáticos
que les permiten disputarse la dirección de la nación. De
esta manera, la estruc tura, dinámica y procesos de acción cotidiana del Estado nacional
mexicano gradualmente se modifi
caron en forma esencial dando origen a nuevas rea lidades
de gobernabilidad mediática que compitieron con la tradicional la bor estratégica de dirección
colectiva que antaño había concentrado el Estado-nación mexicano convencional.
En este sentido, en los últimos doscientos años de evolución de la comunidad nacional,
ésta pasó de ser una sociedad religiosa a una sociedad laica liberal, de una sociedad rural a
una sociedad urbana, de una sociedad analfabeta a una sociedad alfabeta, de una sociedad
de grupos a una sociedad de masas, de una sociedad religiosa a una sociedad liberal, de
una sociedad autocrática a una sociedad semidemocrática, de una sociedad cerrada a una
sociedad abierta, de una sociedad local a una sociedad globalizada, y a la vez evolucionó de
una sociedad con un Estado-nación tripartito republicano fuerte de la
Tercera República
, a
una sociedad con un
Estado mediático
inmaterial de la
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concluido, sino que continúa desarrollándose con enorme dinamismo y fuerza hacia nuevas
etapas de transformación del Estado, del espacio público y de la sociedad en su conjunto,
sin saber hasta dónde llegará su devenir, pues los poderes fácticos mediáticos se fortalecen
crecientemente en el país, y en paralelo, los poderes públicos se debilitan paulatinamente.
Por ello, y con mayor razón, la sociedad debe sostener un permanente análisis crítico que
describa objetivamente las nuevas características que adquiere este fenómeno estratégico,
las fases de transformación a las que asciende y las alternativas de retorno que existen para
rescatar el proyecto de equilibrado de crecimiento nacional.
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