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México y América Latina
La investigación social como puente
entre lo universal y lo particular
Mexico and Latin America
Social Research as a Bridge between
the Universal and the Particular
Judit Bokser Misses-Liwerant
E
n este segundo número de la
Revista Mexicana de Ciencias Política y Sociales,
Nueva
Época, abrimos las puertas a una refexión que, teniendo como primer Foco analítico el
caso mexicano, nos invita luego a una dimensión Fractal donde América Latina se convierte
en un territorio de análisis en el que procesos de continuidad y ruptura se evidencian en
toda su magnitud.
Y sugerimos una Forma Fractal como metáFora analítica en tanto que su principal
característica es que su apariencia y la manera en que se distribuye estadísticamente no varían
aun cuando se modifique la escala empleada en la observación. Siguiendo con esta idea, los
Fractales pueden presentar tres clases de 
autosimilitud
, lo que significa que las partes tienen
la misma estructura que el conjunto. Así, pueden hallarse casos de
autosimilitud exacta,
en
la cual el Fractal resulta idéntico a cualquier escala; casos de
cuasiautosimilitud
, en los que
con el cambio de escala, las copias del conjunto son muy semejantes, pero no idénticas; y
finalmente, casos de
autosimilitud estadística,
en los que el Fractal tiene dimensiones estadísticas
que se conservan con la variación de la escala. Incluso se habla de “música Fractal” cuando
un sonido se genera y se repite de acuerdo con patrones de comportamiento espontáneo que
se encuentran con mucha Frecuencia en la naturaleza.
Doctora en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México. ProFesora Titular de la ±acultad de
Ciencias Políticas y Sociales de la misma Universidad, (México). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
Nivel 3, de la Academia Mexicana de Ciencias y 
Distinguished Visiting Professor
 de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Encabezó la reForma del Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la ²³´µ, asumiendo su coordinación hasta el
2012. Autora y editora de una docena de libros, entre los cuales destaca
Imágenes de un encuentro
(1992),
Identities
in an Era of Globalization and Multiculturalism
(2008) y
Pertenencia y alteridad
(2011) y más de cien capítulos y
artículos académicos. Sus líneas de investigación son: identidades colectivas y minorías, teoría política y judaísmo
contemporáneo. Correo electrónico: dir_revmcpys@mail.politicas.unam.mx
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En estas páginas, desde distintas perspectivas disciplinarias, múltiples miradas sociológicas
y cortes temporales diversos, procuramos proyectar nudos problemáticos constitutivos de la
realidad social mexicana y regional. De este modo, del conjunto de artículos que componen
este segundo número, pueden discernirse los comunes denominadores de una realidad
múltiple a partir de los cuales construir una mirada madura que articule lo endógeno y lo
exógeno, lo particular y lo universal.
José Antonio Aguilar Rivera, Soledad Loaeza, Fernando Escalante Gonzalbo, Karla Valverde
Viesca, Enrique Gutiérrez Márquez y Flor de María García Sánchez, centran su atención en el
caso mexicano, ofreciéndonos los resultados derivados de densos procesos de investigación
en curso. En cada uno de ellos, una revisión crítica del pasado ofrece nuevos lentes para mirar
con mayor precisión el presente y sus disyuntivas. El renacimiento del liberalismo en México,
la guerra contra las drogas, la peculiar evolución del presidencialismo autoritario en estas
latitudes, sumado a una revisión crítica del incipiente impacto del Presupuesto Participativo
en la Ciudad de México, son los temas problematizados por cada uno de los trabajos que
aquí presentamos.
“Nada más difícil que trazar el contorno de aquello que tenemos próximo”. Así inicia su
artículo Aguilar Rivera, quien analiza detallada y metódicamente “la silenciosa transformación
ideológica” acontecida en México a lo largo de los últimos cuatro lustros.
En un convulsionado comienzo de siglo, la reinvención del liberalismo es vista como
resultado de diversos procesos que propiciaron con±uencias, revisiones y rupturas ideológicas.
Es, a la vez, un sitio de concurrencias donde la aversión al populismo, la moderación en el estilo
político, una visión institucional de la política, el poder de las ideas, la persuasión democrática
y un cuestionamiento al nacionalismo revolucionario, conforman la nueva plataforma –
el
programa crítico
– del tercer momento liberal de la historia mexicana.
Decodificado como fenómeno que sólo puede apreciarse cabalmente de manera comparada,
para Aguilar Rivera, mientras que al iniciar la segunda década del siglo XXI en muchos países
de América Latina el liberalismo se encuentra en plena retirada, en México se articulan
argumentos suficientes para sostener que en estas dos últimas décadas, el liberalismo se
reinventó. Si durante el siglo XIX el liberalismo había sido una ideología de combate contra
los fueros y los privilegios, en el siguiente siglo fue transformado en un mito unificador,
instrumento de legitimación que apelaba a un relato sintetizado del régimen posrevolucionario.
Sin embargo, eso comenzó a cambiar en los últimos años del siglo XX. Además del fin del
régimen autoritario posrevolucionario, otros factores abonaron el terreno para la reinvención
del liberalismo: “Tal vez no sea una exageración decir que al liberalismo en México lo revivieron
del sueño de los justos sus enemigos seculares: el privilegio corporativo, el neoindigenismo,
los vestigios del pasado autoritario, la Revolución enmascarada y el populismo.”
Es en este resurgir de un “liberalismo mínimo pero firme” que Aguilar Rivera vislumbra
con rigor una ventana de oportunidad ya que se trata de un liberalismo muy alejado de aquella
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apropiación simbólica reinante durante las largas décadas de vigencia del régimen autoritario
posrevolucionario y su peculiar forma de ejercicio del poder.
Y es aquí, justo en este último vector de análisis, que podemos puntualizar el empalme con
la investigación presentada por Soledad Loaeza: “El presidencialismo autoritario mexicano
ha sido objeto de muchas reFexiones y opiniones. No obstante, se ha impuesto un
paradigma
presidencialista
que privilegia la perspectiva personalizada e idiosincrática del ejercicio del
poder, con un importante componente culturalista”. ±rente a ello, la autora despliega, por una
parte, una perspectiva histórica que contextualiza las acciones presidenciales llevadas a cabo
durante la segunda mitad del siglo XX mexicano y, por la otra, desarrolla analíticamente dos
presupuestos generales. El primero sostiene que los presidentes mexicanos actuaban bajo
importantes restricciones y según los ritmos de un proceso que avanzó en episodios, más que
en forma lineal o acumulativa; el segundo destaca la limitación geopolítica que se deriva de
la vecindad con Estados Unidos que incidió sobre las acciones presidenciales, pero también
sobre el desarrollo institucional del país.
Resultado de una investigación más amplia sobre el impacto de la Guerra ±ría en México y
el desarrollo del presidencialismo, en este artículo se diseccionan lúcidamente los dispositivos
de una imagen de omnipotencia presidencial propia del México autoritario que inspiró
un paradigma esencialmente cultural y que desde hace décadas domina la explicación del
presidencialismo mexicano. Según la autora, “esta perspectiva intenta hacer de la personalización
del poder una particularidad mexicana, aunque en realidad se trata de un problema común
a todos los regímenes presidenciales, e incluso a todas las formas de gobierno”.
Como consecuencia de esta relectura de la historia –que nos convoca a revisar las versiones
más comunes desplegadas sobre el régimen autoritario y el presidencialismo en México– la
interpretación personalizada del poder presidencial se evidencia como herramienta que ha
servido para explicar el funcionamiento del régimen autoritario pero que no ha logrado
discernir cabalmente que “la presidencia de la República era sólo una pieza de esa forma de
organización del poder, en cuya construcción y operación intervenían otras variables: factores
internos como las coaliciones de actores políticos, las condiciones sociales o el peso de otras
instituciones como los sindicatos o los grupos de presión, y el factor externo, un término que
se refiere a diversos efectos de las vinculaciones del país con el exterior.” Así, en este juego
entre el contexto externo y el interno se articulan continuidades y discontinuidades; el corto
y el largo plazo; la larga duración de la geografía y la naturaleza contingente de la política.
Y aquí surge la nueva articulación argumental entre las investigaciones que componen
este nuevo número de la
RMCPyS.
Para Soledad Loaeza, si bien la inFuencia de Estados
Unidos sobre el gobierno mexicano es tema de numerosas investigaciones, en su caso, busca
entender específicamente la internalización en el proceso de toma de decisiones del Estado
mexicano de la restricción geopolítica que imponía la vecindad con el país del norte, así como
la intervención de esta variable externa en el desarrollo institucional del sistema político
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local. “Los efectos de la incidencia del factor externo sobre la política interna mexicana eran
ambivalentes.” Sin embargo, sea como fuere, “la evolución del presidencialismo autoritario
lleva la huella de esta inFuencia”. De este modo, se destaca la limitación geopolítica que se
deriva de la vecindad con Estados Unidos.
Por su parte –atreviéndonos a dar un salto temático y temporal pero que mantiene una
íntima ligazón analítica con lo investigado por Loaeza– para ±ernando Escalante Gonzalbo,
la crisis de seguridad que se desató en México y la consecuente estrategia de seguridad del
gobierno de ±elipe Calderón (2006-20012), tuvieron como detonador el narcotráfico, la
prohibición de las drogas, el contrabando y la realidad fronteriza con los Estados Unidos.
La explicación estándar de la violencia, reducida a la lucha entre los cárteles, explica poco de
modo que el autor del presente artículo reconstruye parte relevante del contexto en que se
produce la crisis de seguridad, colocándolo en perspectiva histórica, como un paso hacia una
ponderación e interpretación matizada y compleja. Argumenta que el narcotráfico, en este
caso, el contrabando de drogas entre México y Estados Unidos, es una realidad que admite
una densa elaboración simbólica y se despliega en varias direcciones: “El narcotráfico es,
aparte del movimiento concreto de droga, la relación con los Estados Unidos, un registro
para significar la asimetría entre los dos países, un espacio de negociación política y un
recurso de la diplomacia global estadounidense cristalizado en un sistema de política
exterior clandestina”.
Esta lúcida, perspicaz y detallada revisión en la que se intenta poner un orden analítico/
explicativo a la denominada
constelación del narcotráfico
, despliega a lo largo del texto una
larga serie de conclusiones esclarecedoras: “el problema de las drogas, y lo que suele llamarse
“la guerra contra las drogas”, es un fenómeno típico del siglo XX y eso quiere decir, entre
otras cosas, que lleva el sello del auge y el lento declive de los Estados Unidos como potencia
global. En primer lugar, la manera de definir el problema, la idea de la prohibición y la manera
de imponerla, la lógica de la guerra y el conjunto de leyes y estrategias policíacas con que se
lleva a cabo, todo ello lleva la impronta estadounidense. (…) En segundo lugar, las pautas de
consumo y de circulación, las modas, la geografía de la producción y los circuitos de tráfico,
siguen el ritmo (político) del siglo. Las estrategias de lucha contra las drogas, las acusaciones,
los silencios, la variación de acentos y de motivos retóricos, tienen una pauta reconocible que
se corresponde con la evolución del sistema internacional.”
Por su parte,
Karla Valverde Viesca, Enrique Gutiérrez Márquez y ±lor de María García
Sánchez –una vez más, en el marco de una investigación colegiada de más largo aliento–
presentan en este artículo un avance de sus hallazgos. Según los autores, en los últimos treinta
años, México ha avanzado en la consolidación de un marco institucional particularmente
centrado en el ámbito político electoral. De forma paralela, este proceso de liberalización política
fue acompañado por una importante transformación y liberalización económica financiera.
Sin embargo, la realidad mexicana confirma que ambos procesos resultan insuficientes sin un
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adecuado tratamiento de los problemas sociales. En efecto, el tránsito de un sistema político sin
competencia hacia uno de corte democrático no garantiza mejores condiciones de vida para la
población en general; entre otras cosas, porque la participación de la ciudadanía en diferentes
ámbitos de la vida pública es prácticamente nula. En este trabajo se reFexiona en torno a la
participación ciudadana como mecanismo democrático fundamental. En particular se resalta
el ejemplo de los presupuestos públicos participativos como elementos que contribuyen en
la consolidación y mejora de la calidad de la democracia, pero cuyo impacto (tal y como lo
revelan los ejercicios de Presupuesto Participativo en la Ciudad de México) es aún incipiente.
Para llevar a cabo esta indispensable evaluación de las reales dimensiones de la participación
ciudadana, los autores parten de una premisa indispensable y contundente: “México es un
ejemplo claro donde los marcos institucionales resultan insuficientes para irrumpir el círculo
vicioso entre sociedades más democráticas, más desiguales y menos participativas, puesto que
al estar excluidos de la economía y de la sociedad, la mayoría de sus habitantes no participan y
cuando lo hacen, es en el contexto de un marco formal pero sobre la base de que su inFuencia
política es y será intrascendente.”
Reflexión desde/en/para el espacio Latinoamericano
En esta ocasión, el
Dossier
comienza con dos trabajos del gran sociólogo Shmuel Noaj Ei-
senstadt, inéditos para el lector de lengua castellana, aunque no es escasa su obra traducida
al español: “Las primeras modernidades múltiples: identidades colectivas, esferas públicas
y orden político en las Américas”, publicado en el 2002 y “América Latina y el problema de
las múltiples modernidades”, su artículo póstumo de muy reciente publicación en lengua
inglesa (2013).
Durante los últimos años en las ciencias sociales en general –desde la filosofía, la sociología,
la antropología y la historia– el debate sobre la modernidad experimentó un cambio revelador.
Puede discernirse ya con claridad un consenso extendido sobre la necesidad de trascender
la herencia intelectual emergente de un modelo occidental supuestamente homogéneo,
muchas veces vinculado con una adhesión ahistórica al universalismo abstracto. De este
modo, se ha dado paso a una densa reFexión encaminada a trascender esa interpretación
canónica y normalizada, llevándose a cabo un descentramiento indispensable sobre el
programa cultural de la modernidad. Es cierto que esta discusión en América Latina está
abierta desde múltiples enfoques y perspectivas y la trascendencia de la aportación y la
discusión de ella derivada de la obra de Eisenstadt en torno a la categoría de Multiples
Modernidades es innegable. La aparición del número de la Revista
Daedalus
en 2002
dedicada a esta categorización operó como parteaguas; el trabajo de S.N.Eisenstadt somete
a crítica las teorías clásicas de la sociología sobre la modernización y la convergencia de
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sociedades industriales –Marx, Durkheim y Weber–
así como las del fin de la historia y
el choque de civilizaciones –de Fukuyama y Huntington– abriendo el camino a su cabal
formulación desde este nuevo ángulo analítico. Este acercamiento operaba como una fase
crucial en el abordaje de los núcleos de las modernidades –en plural–
y los procesos de
transformación de las sociedades.
Cabe destacar que América Latina ha sido una región y un referente de análisis
significativo
para Eisenstadt desde una temprana fase de su trayectoria. Entre los hitos de su presencia en
conferencias y congresos regionales, su participación en proyectos de investigación y grupos de
trabajo, cabe destacar: la Conferencia Regional sobre la Integración Cultural de Inmigrantes,
convocada por la UN±S²O en La Habana, en 1956; el ³eminario sobre Desarrollo Económio,
³ecularización y Evolución Política, en el ´µ±S, en Buenos Aires en 1963; su participación
de 1968 a 1970 como Investigador Principal del proyecto de la UN±S²O sobre Desarrollo
Agrícola y Modernización en América Latina; estuvo presente en el ²±Nµ±S, en Venezuela;
en la UN¶·, en México, y en el marco de su gran proyecto de investigación sobre Múltiples
Modernidades, alentó la investigación sobre América Latina, de cuyos principales productos
forman parte los textos que publicamos.
Las Américas Latinas –siguiendo la denominación de Lucien Febvre en aquel número de
los
Annales
dedicado a la región– opera para el sociólogo como sub-modelo o parte de las
ideas del gran sociólogo sobre tradición-modernidad; etnicidad-ciudadanía; centro-periferia;
jerarquías sociales y sistemas políticos; contornos de la esfera pública. La obra de Eisenstadt
sobre América Latina y sus estudios sobre la modernidad, se prolongan en interacciones
conceptuales y metodológicas con categorías tales como migración, desarrollo, modernización,
secularización y heterodoxia, identidad nacional y diáspora judía, que han sido parte de un
fructífero diálogo (Beriain, 2008; Casanova, 2006; Espina, 2005; Roniger,2008 y 2009; Bokser
Liwerant, 2009). De igual modo, ha generado un sostenido y entiquecedor debate con las
corrientes sociológicas prevalecientes sobre América Latina. Entre ellas las de la modernización,
frente a las cuales formuló sus acercamientos analíticos comparativos, incorporando la
narrativa histórica y sus ejes culturales (Torres, 2010).
Eisenstadt ha conceptualizado las categorías sociológicas básicas en un marco de refe-
rencia histórico-sociológico que combina el nivel macro del cambio social con fundamentos
sociológicos micro, anclados en la acción humana y la creatividad cultural. De entre los
diversos ejes analíticos del programa de investigación de Eisenstadt, mucho destacan por
su relevancia –para aproximarnos a las Modernidades de América Latina– la necesidad
de entenderlas en términos de discontinuidades, rupturas, tensiones y contradicciones; la
tradición como un elemento creativo e integral de las civilizaciones en sus elaboraciones de
la modernidad; el lugar, por tanto, de la religión y la cultura y los conceptos particulares de
identidades colectivas y esfera pública (Preyer, 2007).
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Así, América Latina ha estado históricamente atrapada entre los dilemas y tensiones
derivados de una pendulación constante entre tradición y modernidad, entre el afuera y el
adentro, lo propio y lo ajeno, lo nuevo y lo viejo, lo cercano y lo lejano. En el marco de esta
oscilación entre la adhesión al universalismo y el refugio en nuestra propia singularidad,
Eisenstadt despliega una noción de modernidad entendida como “el producto de complejos
encuentros entre la apropiación variable de los programas políticos e institucionales de la
modernidad y su continua reinterpretación a la luz de diversas tradiciones, crisis y rupturas.”
Y de allí se multiplican visiones de pluralidad y diversidad a partir de las cuales podemos
repensarnos, dando paso a lo entrecruzado, lo heterogéneo y lo complejo.
La necesidad de distinguir analíticamente entre la dimensión estrucutural y la cultural
de las modernidades, abrió un espectro analítico cuya riqueza conceptual y amplitud de
horizontes metodológicos conduce a abordajes rigurosos e innovativos.
Acompañamos en este número sus trabajos con un listado amplio y comprehensivo de la
obra del autor traducida al español.
En lo que sigue, los artículos de Octavio Alejandro Avendaño Pavez, Daniel Kersffeld,
Juan Pedro Blois, Julián Arévalo, Gabriel Angarita y Wilbert Jiménez, por cierto ofrecen una
mirada múltiple
desde/en/para el espacio Latinoamericano
, aunque construidas desde recortes
epistemológicos, metodológicos y disciplinares más demarcados.
La primera de estas contribuciones, analiza las reformas políticas propuestas por el gobierno
de Sebastián Piñera en el Chile contemporáneo. Se consideran todas aquellas reformas que
fueron planteadas inicialmente por la Coalición por el Cambio para enfrentar las elecciones
presidenciales y parlamentarias del año 2009. Las reformas propuestas tenían como propósito
mejorar la calidad de la democracia y avanzar hacia su mayor profundización, haciendo hincapié
en el aumento de la participación y revertir así la tan difundida crítica hacia las instituciones
representativas. Según Octavio Avendaño, a lo largo de su trayectoria, el gobierno chileno
mostró escasa receptividad frente a otras propuestas formuladas por sectores de la coalición
oficialista y de la oposición, así como frente al aumento de las protestas y demandas ciudadanas
registradas a partir del segundo año. La información analizada da cuenta de un escaso avance
en materia de descentralización y de la importancia que fueron adquiriendo los actores con
veto al interior de la coalición oficialista. De este modo, concluye: “Durante el gobierno de
Piñera sobresale un lento avance en materia de reformas políticas, en particular en aquéllas
destinadas a descentralizar la gestión pública y a otorgar mayor autonomía regional. (…)
Transcurrida la mayor parte del gobierno de la Coalición por el Cambio, se percibe que los
efectos de la alternancia –uno de los grandes atributos de la competencia política– han estado
acompañados de la exacerbación del malestar y la desconfianza hacia las instituciones. Junto
a ello, se ha hecho evidente la falta de representación y el distanciamiento entre el sistema
político y las demandas ciudadanas.”
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Por su parte, Daniel Kersffeld analiza muy detalladamente el papel de la Unión de Naciones
Suramericanas en la compleja labor de mediación y resolución de confictos internacionales
que han tenido lugar durante los últimos años en la Región. Para el autor, la ±²A³±´ ha
apelado a distintas Fórmulas políticas tendientes al encausamiento de problemáticas y
confictos apartados del camino de la institucionalidad y de los medios tradicionales de
resolución. Con todo, y pese a la búsqueda de caminos alternativos, han sido las cumbres
presidenciales la principal herramienta destinada a encontrar soluciones innovadoras y
respetuosas del orden democrático y constitucional de los países sudamericanos. El intento
de golpe de Estado ocurrido en Ecuador, el 30 de septiembre de 2010, y el derrocamiento del
ex presidente µernando Lugo en Paraguay, en junio de 2012, son los dos casos seleccionados
para dar cuenta del desempeño y la relevancia de esta novel pero relevante entidad multilateral.
¶sí, luego de analizar estos casos presentados como “extremos”, así como las implicancias
políticas generadas en cada proceso confictivo, el autor avanza en una visión comprensiva
acerca del éxito o el Fracaso del papel político de la ±²A³±´ como instancia de resolución
de confictos a nivel internacional.
“Entre la autonomía y la heteronomía. Socialización universitaria y prácticas proFesionales
de los sociólogos en la ¶rgentina”, es el título del artículo de Juan Pedro Blois. También en
este caso, los hallazgos aquí presentados derivan de una investigación de más largo aliento
desarrollada en su tesis doctoral. El trabajo analiza la relación entre socialización universitaria
y prácticas proFesionales de los sociólogos en ¶rgentina desde el regreso de la democracia.
Por un lado, examina las orientaciones y Formas de entender la disciplina transmitidas por
la Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos ¶ires y, por el otro, reconstruye los
principales cambios ocurridos en el mercado de trabajo. ¶ partir del examen de la noción de
autonomía (y su par opuesto, la heteronomía), analiza el modo cómo las prácticas proFesionales
de los sociólogos están Fuertemente condicionadas por el conjunto de esquemas de percepción
y clasificación incorporados durante la socialización universitaria. En la medida en que esos
esquemas operan a partir de una serie de oposiciones, contribuyen a la producción de un
conjunto de “oficios” o modos de practicar la sociología claramente diFerenciados según el
área o esFera de inserción. En términos conclusivos –y por cierto muy sugerentes– y a la luz
de las dinámicas y lógicas de los procesos de proFesionalización de la disciplina, el autor
sostiene: “la idea de sociología transmitida durante la socialización universitaria (…) hace de
la autonomía un rasgo central de la práctica sociológica. ¶hora bien, esa misma idea plantea
una alternativa de hierro: o el sociólogo mantiene la plena autonomía de sus decisiones o
deja de ser sociólogo.”
µinalmente, Julián ¶révalo, Gabriel ¶ngarita y Wilbert Jiménez dan cuenta, de un modo
muy sistemático y metodológicamente cuidado, de la evolución del sistema de partidos
colombiano en las dos últimas décadas. Por medio de la utilización de técnicas de análisis
Factorial y análisis de Función discriminante y la base de datos de las
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, los autores se enfocan en los temas, ideologías y divisiones partidistas de
una muestra representativa de congresistas de las últimas cuatro legislaturas. A partir de allí,
en el artículo abordan el efecto positivo de la reforma política de 2003 y su impacto sobre la
coherencia ideológica de los partidos y los movimientos políticos colombianos en el ámbito
del Congreso de la República, a la vez que discuten las reformas electorales posteriores a la
luz de estos hallazgos. En sus palabras: “en esta investigación se presenta evidencia para creer
que, a pesar del escepticismo frente al verdadero alcance de las reformas institucionales, éstas
sí pueden generar cambios en el comportamiento de los partidos políticos. (…) Sin embargo,
uno de los puntos neurálgicos que continúa pendiente de solución es la débil capacidad de
los partidos y movimientos políticos para canalizar las demandas sociales. Prueba de ello
es la falta de liderazgo de los partidos políticos ante las álgidas protestas sociales llevadas a
cabo a lo largo de 2013.”
Para finalizar, Jacqueline Peschard y Emilio Allier Montaño nos invitan a un recorrido
por dos obras de indispensable consulta para la práctica investigativa.
En su detallada revisión de
Historia mínima de la transición democrática en México
de
José Woldenberg, Peschard remarca la relevancia de tematizar la historia de un período que
ha impactado profundamente sobre el sistema de partidos y la dinámica de la representación
política en México. El valor de la obra se destaca tanto por su densidad analítica, la relevancia
de los datos presentados –que dan cuenta de la magnitud del cambio que significó este
proceso– como por el titular de su autoría: un testigo privilegiado a la vez que operador de
la transición democrática. Sumado a todo ello, la autora remarca la necesidad de revisar de
manera detallada el problema del déficit en la confianza del sistema electoral, las estructuras
de poder, sus deficientes mecanismos de control del ejercicio presupuestario y, desde luego,
la falta de un sistema integral de rendición de cuentas para hacer más eficiente la fiscalización
sobre los partidos políticos.
Revolution and the State in Modern Mexico
es la obra metódicamente reseñada por Emilio
Allier. En ella, revisa y explica el argumento central del libro; da cuenta de las contribuciones
del trabajo de Morton a la investigación histórica, sociológica, económica y política sobre
México al considerarla una “sociología histórica” del Estado moderno mexicano y, finalmente,
regresa sobre algunos puntos centrales de la obra, considerándola una contribución substancial
al estudio de la política económica internacional. Por cierto, en este trabajo, Adam Morton
elabora un estudio que es nada menos que seminal al llevar a cabo la construcción de un
diálogo teórico entre las teorías revolucionarias de Trotsky y Gramsci, a lo que suma un
esclarecedor mapa de la trayectoria de la formación del Estado mexicano desde la Revolución
de principios del siglo XX, pasando por el desarrollismo centrado en la industrialización
por sustitución de importaciones, hasta arribar al actual del capitalismo neoliberal. De este
modo, Morton combina sofisticación teórica e innovación con una comprensión profunda
de las complejidades implícitas en los procesos estudiados.
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