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Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford. Profesor Emérito en Ciencia Política por la Universidad de
Tel Aviv, (Israel). Profesor invitado en innumerables Universidades entre las que destacan Pittsburgh, Duke, Berkeley,
New S. Wales, Australia y Senior Fellow del Woodrow Wilson Center. Autor de más de una veintena de libros, entre los
que destacan:
Militarism and Israeli Society
(2010),
Existential Treats and Civil-Security Relations
(2009),
Les Diaspo-
ras: 2000 Ans d’histoire
(2005) y
Diaspora Politics: At Home Abroad
(2003). Sus principales líneas de investigación son:
política étnica, política de las diásporas étnico-nacionales, liderazgo, políticas públicas y procesos de cambio político
en Israel. Referente obligado en cuestiones vinculadas a la diáspora judía y el transnacionalismo. Correo electrónico:
msgabi@huji.ac.il
¿Quién le teme a las diásporas y por qué?
Who is Afraid of Diasporas and Why?
Gabriel Sheffer
Recibido el 15 de julio de 2013
Aceptado el 18 de agosto de 2013
RESUMEN
La consideración sistemática, comprehensiva,
teórica y analítica del diasporismo y las diás-
poras es relativamente reciente. Sus primeros
análisis sistemáticos comenzaron a producirse
en la década de 1980, de modo que existen to-
davía lagunas significativas en su investigación
y análisis así como en la formulación de un pa-
norama general del diasporismo y las diásporas.
En consecuencia, existen también dificultades
en cuanto a una plena comprensión abarcado-
ra del fenómeno. Al pasar revista a la literatura
existente sobre diasporismo y diásporas, se evi-
dencia que la comprensión de las diásporas en
general, y particularmente de, por una parte, su
reciente involucramiento en política, terrorismo
y actividades criminales en los países recepto-
res y, por la otra, sus contribuciones culturales,
sociales, políticas y económicas a dichos paí-
ses y a sus patrias de origen, está muy lejos de
ABSTRACT
±eoretical and analytical systematic and com-
prehensive consideration of diasporism and
diasporas is relatively recent. ±e first systematic
analyses appeared during the 1980s so there are
still significant loopholes in their research and
examination, as well as in the development of
an overall outlook on diasporism and diasporas.
As a result, there are also obstacles to a thor-
ough understanding of the phenomenon. A²er
reviewing the existing literature on diasporism
and diasporas it is clear that an understanding
of diasporas in general and particularly of both
their recent involvement in politics, terrorism,
and criminal activities in the receiving country,
and their cultural, social, and political contribu-
tions of the countries of origin and destination
is still far from being exhaustive. With the aim
of presenting a detailed account of the peculiar-
ities of this phenomenon, this paper describes
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ser exhaustiva. Con el objeto de dar cuenta de
modo más preciso sobre las particularidades del
fenómeno, en este artículo se describe y anali-
za el fenómeno diaspórico en toda su amplitud,
dejando a un lado las miradas convencionales
que han obstaculizado y restringido significati-
vamente el alcance del debate sobre el fenómeno
diaspórico etno-nacional-religioso en general, y
sobre las contribuciones o amenazas generadas
por dichas diásporas en sus países receptores.
Palabras clave:
diáspora; entidades transna-
cionales;
etno-nacionalismo;
nacionalismo,
etnicidad, religión; diasporismo.
and analyses the diasporic process in its entirety,
going beyond the conventional views that have
significantly hindered and limited the scope
of the debate on the ethno-national-religious
diasporic process in general, and on the contri-
butions or threats generated by diasporas in the
receiving countries.
Keywords:
diaspora; transnational entities;
ethno-nationalism; nationalism; ethnicity; reli-
gion; diasporism.
En los albores del siglo XXI, la pregunta “¿quién le teme a las diásporas y por qué?,
1
resulta
a la vez extremadamente relevante y sumamente delicada, debido a los grados de confusión
que prevalecen actualmente en muchos países receptores de entidades diaspóricas en lo que
respecta a su condición. Ello se debe al hecho de que la cantidad de diásporas emergen-
tes, no organizadas y organizadas, el alcance de su expansión geográfica, el número de sus
miembros y los ámbitos de sus numerosas actividades, han aumentado y siguen aumen-
tando sustancialmente. Al mismo tiempo, tienen lugar otros fenómenos comprehensivos
que afectan la situación de los diaspóricos y de las diásporas en numerosos países receptores,
mismos que afectan las relaciones de aquéllos con estos Estados y con sus patrias históricas
efectivas o percibidas como tales. Contrariamente a los argumentos actualmente esgrimidos
por políticos y académicos en cuanto al declive del nacionalismo, es evidente la presencia
de procesos de resurgimiento de la etnicidad y el nacionalismo en la mayor parte de los
países del mundo, que influyen adversamente sobre la situación de esas diásporas en sus
países de residencia. Por lo tanto, las actitudes de muchas sociedades receptoras en las que
el etno-nacionalismo ha revivido o está reviviendo –aun en los Estados considerados como
totalmente liberales y democráticos, como Austria, Francia, Dinamarca, Suecia y Noruega,
donde se han formado recientemente amplias diásporas estables– y las de sus gobiernos
son, por una parte, de profunda insatisfacción ante algunas de las entidades diaspóricas,
1
Para decirlo brevemente, estas entidades diaspóricas se caracterizan como miembros dispersos residentes en uno o
más países receptores, cuyos miembros nucleares mantienen su identidad etno-nacional y a veces religiosa, así como
continuos contactos con sus patrias reales o imaginadas.
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mientras que, por la otra, exhiben actitudes favorables de aceptación a los miembros de esas
diásporas en tanto ciudadanos o residentes altamente necesarios y de contribución positiva.
Los procesos sociales que tienen lugar en la mayoría de los países, incluidas la insatisfacción
y el temor respecto a las diásporas etno-nacionales, siguen basándose fundamentalmente
en identidades y antagonismos identitarios entre los diaspóricos y esos países receptores, y
en sospechas y temores sustanciales ante dichas colectividades; y no sólo debido a la preo-
cupación respecto de sus actividades legales e ilegales, sino también debido al impacto de
su presencia y sus actividades sobre la cultura, la sociedad, la política y la economía de los
países receptores.
Existen numerosos ejemplos de la relevancia y el significado de los temas y problemas
involucrados en los procesos resultantes de la existencia de estas entidades diaspóricas en
crecimiento en los países receptores. Dos ejemplos opuestos y al mismo tiempo interre-
lacionados bastarán para ilustrar nuestras observaciones iniciales. El primero es el de las
amenazas reales e imaginarias, tanto a los países receptores como a las patrias históricas,
generadas por lo que ha sido denominado “diáspora musulmana” en todo el mundo.
2
Y el
segundo ejemplo, estrechamente interrelacionado con el primero, es la creencia ampliamente
asumida del increíble poder de la diáspora judía norteamericana y su
lobby
oficial (el Comité
Norteamericano Israelí de Asuntos Públicos - ±²³±´), el cual, por ejemplo, habría presionado
a la administración de Bush a lanzar la guerra en Irak debido a las “necesidades” de Israel.
Según este argumento, la decisión de iniciar esa guerra y su continuación, han amenazado
y provocado a todo el mundo musulmán, estimulado el terrorismo islámico que azotó a
diversos Estados, occidentales y otros, y de hecho transformó al Medio Oriente entero y tuvo
otras amplias ramificaciones internacionales (Mearsheimer y Walt, 2007; Dershowitz, 2004).
No obstante, la creciente y cada vez más difundida toma de conciencia de que estos dos
ejemplos de acciones diaspóricas –y de modo más general el fenómeno de la diáspora en su
totalidad– constituyen un tema inmenso y crítico, es relativamente nueva. Hasta la década de
1980, políticos e investigadores, fuesen nacionalistas, liberales o izquierdistas posmodernos
–y con ellos el público general– ignoraron totalmente o desdeñaron tanto la transcendencia,
las contribuciones positivas y negativas y las amenazas del diasporismo en general, como la
significación de las contribuciones negativas y positivas y las amenazas originadas en diásporas
etno-nacionales que han generado el incremento de muchas divisiones (Sheffer, 2006a).
Nacionalistas y derechistas han creído y esperado que los Estados-nación modernos
demostraran ser lo suficientemente fuertes y capaces de enfrentar todos los desafíos y las
amenazas –por una parte– y las contribuciones y beneficios –por la otra– generados por los
“otros”, incluyendo las diásporas etno-nacionales. Muchos ciudadanos de los países receptores
han creído que sus Estados lograrían mantener exitosamente a esos “otros” en sus nichos
2
Sobre la diáspora musulmana véase por ejemplo: Nielsen (1995) y Hussain (2007).
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“adecuados” o, de ser necesario, inclusive lograrían librarse de ellos. Liberales convencidos han
aducido que la plena libertad civil, la igualdad de derechos políticos, sociales y económicos,
y una aceptación política efectiva de los diaspóricos y su prosperidad económica, acelerarían
en la primera etapa su plena integración social en los países receptores, más tarde lograrían
su asimilación, y finalmente conducirían a la
desaparición
de estas personas y sus entidades
diaspóricas. Los ubicados en la izquierda, como los neo-marxistas, han sostenido que una
sustancial mejora en las condiciones económicas en los países receptores sería el factor
principal que atenuaría las dificultades socioeconómicas enfrentadas por inmigrantes y
diásporas étnicas, y en consecuencia los países receptores alentarían su completa integración,
luego su asimilación y finalmente su total
desaparición
. Los post-modernistas esperaban que
la globalización y la individualización redujeran sustancialmente los grupos diaspóricos y
causaran su plena integración en los países receptores y, eventualemente, su total
desaparición
.
Hoy es evidente que todas estas expectativas, predicciones y prescripciones políticas han
demostrado ser erróneas. Como se ha señalado más arriba, en realidad se ha producido un
aumento extraordinario en el número de individuos diaspóricos y grupos de la diáspora,
y en consecuencia de diásporas tanto incipientes como organizadas (UN±²R, 2013). Esos
notables incrementos de diásporas y diaspóricos, están íntimamente conectados con cuatro
factores principales: primero, la disponibilidad relativa de muchos medios de transporte,
incluidos barcos, botes, aviones y automóviles que pueden cruzar fácilmente las fronteras
de la mayoría de los países pese a los controles fronterizos; en segundo lugar, los numerosos
sistemas y maneras de penetrar en los países receptores, especialmente en aquellos que son
liberales o forman parte de un cuerpo internacional, como la ³nión Europea; en tercer lugar,
la determinación de los emigrantes a llegar y establecerse en países en los que consideran que
vale la pena residir; cuarto, los procesos de globalización, que persuaden tanto a emigrantes
y diaspóricos efectivos, por un lado, y a las sociedades de países receptores y sus patrias, por
el otro, de que la emigración y la existencia de la diáspora es parte integral de los procesos
vinculados con la creciente globalización.
Estos medios de transporte disponibles y accesibles, están fuertemente conectados
con la actual gran accesibilidad de los medios de comunicación como la radio, televisión,
periódicos, teléfonos, correos electrónicos,
iphones
, etc., que ayudan a emigrantes y
diaspóricos a mantenerse en continuo contacto con sus familias, parientes, amigos, colegas
y organizaciones en sus patrias, incluidos los gobiernos. Este factor aumenta la posibilidad
de los nuevos emigrantes de elegir sus países receptores y mantenerse en contacto con sus
patrias y con los diversos tipos de organizaciones que necesitan.
Además, no sólo han proliferado los diversos tipos de individuos y grupos de migrantes
transitorios y de diaspóricos permanentes, sino que se han vuelto mucho más viables, visibles
y vibrantes en las esferas culturales, sociales, políticas y económicas, tanto en sus países de
adopción como en diversos sistemas globales e internacionales. En consecuencia, no resulta
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asombroso que en determinadas circunstancias esa expansión diaspórica produzca ansiedad
y hostilidad entre los miembros de los países huéspedes, los países de origen y las propias
diásporas, especialmente debido al surgimiento de actividades legales e ilegales que serán
mencionadas más adelante.
Por otra parte, en la actualidad, a principios del siglo XXI, ciertos enfoques anteriores,
escépticos y negadores en cuanto a la continuidad y significación de las diásporas etno-na-
cionales, han sido reevaluados en sus fundamentos y revisados en vista de las actuales
posiciones y roles de los diversos tipos de diásporas. Sin embargo, las situaciones y posiciones
actuales de las diásporas no son ampliamente conocidas por el público general, los gobiernos
y las autoridades, ni en las patrias de origen ni en los países receptores, y ni siquiera por los
investigadores en las humanidades y las ciencias sociales. Por ejemplo, resultó sorprendente
comprobar que hasta hace poco muchas personas que actúan en dichas esferas, en los Estados
Unidos y en otras partes, no conocían siquiera el término “diáspora” y su significado. Muchos
consideraban que la única diáspora ha sido la judía. Esto está cambiando gradualmente.
Sin embargo, aunque ha aumentado el interés en el fenómeno diaspórico, no existe aún una
comprensión plena del fenómeno.
3
Observadores perspicaces del fenómeno diaspórico en desarrollo han comprendido que
al igual que otras minorías étnicas, las diásporas no constituyen un fenómeno temporario o
reversible. Sea su actitud hostil o empática respecto del fenómeno, un creciente número de
observadores más atentos y mejor informados, han tomado conciencia de que estas entidades
sociopolíticas
4
están firmemente arraigadas e involucradas en los asuntos locales, estatales,
regionales, trans-estatales y transnacionales. Más aún, actualmente se comprende de un
modo un poco más profundo que estas diásporas no son entidades pasivas como se creyó
en el pasado, sino que su capacidad de influir en sus países receptores y en sus patrias sobre
acontecimientos propios de las esferas culturales, sociales y económicas –y especialmente en
el ámbito político– también ha aumentado en forma extraordinaria. Asimismo, se ha vuelto
bastante claro que en vistas de la globalización y de los emergentes procesos y herramientas
de comunicación que mejoran y facilitan las actuales tendencias migratorias, las grandes olas
de migrantes y su deseo y capacidad de “establecerse” en los países receptores, el fenómeno
continuará creciendo y de ese modo generará amenazas adicionales y, probablemente
también nuevas esperanzas.
Como se señaló anteriormente, por lo tanto, en comparación con la situación de no
hace mucho tiempo atrás, los ciudadanos tanto en las patrias de origen como en los países
receptores, los políticos, los burócratas y académicos, demuestran un interés mucho mayor en
3
En mis recientes conferencias y presentaciones en diversas universidades en los Estados Unidos, me sorprendió
descubrir cuántos estudiantes y profesores no tenían conciencia del término y de lo que representa.
4
Como explicaré más adelante, es problemático denominarlas “comunidades”.
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el diasporismo y las diásporas. En esta línea de pensamiento, por ejemplo, se han establecido
ministerios, oficinas y agencias gubernamentales responsables de las relaciones con esas
entidades en muchos más países receptores y especialmente en los países de origen de las
diásporas activas.
Numerosos congresos, seminarios y talleres se dedican a debatir el diasporismo y
las diásporas. Además, se publican revistas académicas especializadas –apropiadamente
tituladas
Diáspora
y
Estudios de Diáspora
– y se han publicado decenas de libros y numerosos
artículos sobre éste y otros temas. Desde la publicación de mi primer libro teórico, analítico y
comparativo editado en 1986, numerosas publicaciones teóricas adicionales se han dedicado
a este tema.
5
La mayoría de los miembros de las diásporas y de los observadores de la aparente realidad
de la existencia, crecimiento, contribuciones y amenazas de las diásporas, ya no aplican
el término solamente al fenómeno de las dispersiones históricas china, judía o armenia,
ni consideran las diásporas como entidades temporarias de emigrantes voluntarios o
exiliados, que han de desaparecer tan pronto la primera o segunda generación se asimilen
plenamente a las sociedades receptoras o bien retornen a sus países de origen. Tanto los
miembros de las diásporas como los observadores, se han dado cuenta que esos puntos de
vista convencionales, que se habían reflejado en las conocidas entradas de diccionarios,
enciclopedias y otras publicaciones, han obstaculizado y restringido significativamente el
alcance del debate sobre el fenómeno diaspórico etno-nacional-religioso en general, y sobre
las contribuciones o amenazas generadas por dichas diásporas en sus países receptores.
Hasta hace poco, la noción general era que el fenómeno diaspórico es moderno y se
aplicaba a las dispersiones generadas desde el siglo XVIII. Más tarde se comprendió que el
fenómeno no es nuevo y que las raíces de distintas diásporas se remontan a tiempos antiguos.
Por ende, existe una mayor disposición a comparar la historia, la estructura, la identidad,
la organización y las pautas de conducta de viejas diásporas –tales como la india, la china,
la judía o la armenia– con aquellas características, organización y comportamiento de las
diaspóricas modernas e incipientes –aquellas que están en proceso de establecerse– tales
como como la griega, la irlandesa, la turca, la paquistaní y la palestina, y esta comparación
se lleva a cabo con el propósito de afianzar y fortalecer los análisis teóricos y prácticos de las
cuestiones íntimamente interrelacionadas de nacionalismo, etnicidad, religión y diasporismo
(Cohen, 1997; Sheffer, 2006a).
Sin embargo, dado que la consideración sistemática, comprehensiva, teórica y analítica
del diasporismo y las diásporas es relativamente reciente (como dijimos antes, de hecho sólo
comenzó en la década de 1980), existen todavía lagunas significativas en su investigación y
5
Ver: Chailand y Rageau (1991); Constas y Platias (1993); Cohen (1997); Van Hear (1998); Shain (1999); Braziel y Man-
nur ( 2003); Sheffer (2006); Dufoix (2008); Esman (2009).
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análisis así como en la formulación de un panorama general del diasporismo y las diásporas.
En consecuencia, existen también dificultades en cuanto a una plena comprensión abarcadora
del fenómeno. Al pasar revista a la literatura existente sobre diasporismo y diásporas, se
evidencia que la comprensión de las diásporas en general, y particularmente de, por una
parte, su reciente involucramiento en política, terrorismo y actividades criminales en los
países receptores y, por la otra, sus contribuciones culturales, sociales, políticas y económicas
a dichos países y a sus patrias, está muy lejos de ser exhaustiva.
Todo ello es más sorprendente cuando consideramos el punto de vista aceptado de que las
relaciones entre todas las entidades transnacionales y transestatales –incluidas las diásporas,
que son entidades transestatales pero de un carácter especial–, por una parte, y la corriente
global, regional e inter-estatal de los sistemas, las agencias y los organismos políticos, por
la otra, se están convirtiendo en temas muy complejos e íntimamente entrelazados.
Una cuestión estrechamente relacionada pero al mismo tiempo controvertida –que no
ha sido adecuadamente explorada– es aquella de los sistemas multifacéticos, basados en
redes formales e informales, que las diásporas etno/nacional/religiosas establecen y activan;
sistemas y redes que trascienden las fronteras territoriales de los países receptores y de las
patrias de origen y se suman a las pretendidas amenazas diaspóricas tanto de los países
receptores como, en determinadas circunstancias, de las patrias.
Y por encima de todo, debido a la expansión de actividades criminales, terroristas y
violentas en todo el mundo, la existencia de diásporas y su involucramiento en tales actividades,
alimenta grandes temores y ansiedades tanto en las patrias como en países receptores, en
terceros y cuartos Estados en los que residen fragmentos de esas mismas diásporas y también
en el nivel internacional. De ahí que la principal pregunta que debe plantearse al tratar el
fenómeno diaspórico es: ¿quién y por qué les teme a las diásporas?
En muchos casos, las diásporas en su totalidad y muchos de sus miembros, son considerados
como alarmantes “otros”. Debido al limitado conocimiento y comprensión del complejo
fenómeno diaspórico, no asombra que en muchos casos y para muchas personas –incluidos
académicos– todos esos “otros” son enfocados de manera indiferenciada como una y la misma
entidad, y sus miembros sometidos a generalizaciones. Sin embargo, a fin de comprender
mejor tanto las amenazas como los aportes positivos de las diásporas y los diaspóricos,
es absolutamente necesario diferenciar entre diversos tipos de “otros”. Por esta razón, es
necesario considerar por separado las siguientes cinco subcategorías principales de “otros”
y sus amenazas, perjuicios y contribuciones a las patrias y países receptores.
La primera subcategoría es la de los
turistas
de buena fe. Pese a la participación de
turistas individuales y en grupos en actividades terroristas y criminales (como los miembros
sauditas y yemenitas de al-Qaeda, nigerianos y colombianos), en el presente artículo no es
necesario detenerse en esta subcategoría, porque se trata de personas que visitan un país
por períodos breves y sólo ocasionalmente residen en él por algún tiempo. Estas personas
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entran y salen de los países receptores y de sus “propias” patrias, en el momento y lugar en
que logran o no cumplir con sus propósitos y llevan a cabo o no los objetivos y misiones
que se han fijado. El deseo de prevenir actividades terroristas, violentas y criminales, ha sido
la principal motivación para la introducción de cambios muy radicales en el otorgamiento
de visas y en los controles fronterizos en muchos países receptores, sobre todo en América
del Norte y Europa. No sorprende que entre los turistas concretamente involucrados en
actividades criminales y terroristas –y no son pocos– haya quienes están íntimamente
relacionados con personas y entidades diaspóricas que residen permanentemente en los
países que dichos turistas visitan. Sin embargo, esas actividades no deben ser atribuidas
a la totalidad de la diáspora a la que pertenece ese turista. En cualquier caso, es necesario
mencionar que miembros de diásporas viajan como turistas a otros países receptores y
se encuentran con sus hermanos etno-nacionales, o visitan sus patrias y algunos de ellos
están realmente involucrados en actividades terroristas o criminales en esos Estados. Este
aspecto debe tenerse en cuenta y los gobiernos y grupos sociales que se ocupan de ese tipo
de actividades, deben prestarle la debida atención.
La segunda subcategoría es la de
refugiados y buscadores de asilo
. Según el Alto Comi-
sionado de las Naciones Unidas para Refugiados (±²³´µ), en el año 2005, 21 millones de
personas en todo el mundo están incluidas en esta categoría. Sin embargo, a consecuencia
de las guerras en Irak y Afganistán y la actual situación en Siria y Sudán, por ejemplo, su
número se incrementó sustancialmente y es probable que supere los 35 millones. De ellos,
20 millones son refugiados; el resto corresponde a buscadores de asilo en países receptores
y retornados a sus patrias que no se han integrado en las sociedades en donde residían.
Debería destacarse, con todo, que en su mayoría se trata de desplazados internos en sus
patrias reales o imaginadas, y por lo tanto es inapropiado considerarlos diaspóricos. Según
el ±²³´µ, los principales países que hospedan refugiados que huyen de dificultades en sus
patrias son: Burundi, Sudán, Somalia, Angola, Sierra Leona, Eritrea, Congo, Liberia, Ruanda,
Líbano, Siria y Jordania. La mayoría de estos países han experimentado en forma efectiva
actividades terroristas realizadas por o en contra de dichos refugiados (´³H²µ, 2013). Las
conexiones generales de estas personas desplazadas entre sí y con sus diásporas, pueden
generar actividades terroristas y criminales.
La tercera subcategoría es la de
nuevos migrantes legales e ilegales no organizados
. La
mayor parte de estas personas son trabajadores temporarios o estudiantes. Mientras que
ciertos países receptores –ciertamente no todos– poseen información adecuada acerca de
cantidades, identidades y ocupaciones de los nuevos migrantes legales (decenas de millones
en todo el mundo), naturalmente no existen cifras confiables sobre los migrantes ilegales.
Las atractivas condiciones políticas, económicas y educacionales impulsan a la mayoría de
estos migrantes a procurar el ingreso a países occidentales desarrollados y en su mayoría
democráticos –Estados Unidos, Canadá, los Estados de la Unión Europea, Australia y
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Japón– con la intención de establecerse en ellos de manera permanente. Sin embargo, tras
el ataque a las Torres Gemelas en el año 2001, muchos países receptores se esfuerzan por
controlar y limitar estrictamente la entrada de migrantes legales y especialmente ilegales, con
el objeto de mantener su propia homogeneidad cultural, social y política, evitar el deterioro
de las condiciones sociales, políticas y económicas de sus ciudadanos, y prevenir actividades
terroristas y criminales. No obstante, es bien sabido que la mayor parte de las fronteras,
especialmente en la Unión Europea y los Estados Unidos, son relativamente porosas y es
casi imposible controlar e impedir de manera efectiva las entradas ilegales. Por ejemplo,
Estados Unidos viene invirtiendo muchas energías y dinero en prevenir las migraciones
desde América central y Sudamérica, con éxito muy relativo. Ello se debe a que los Estados
democráticos o en proceso de democratización, sufren desventajas al respecto, ya que
el tratamiento de la inmigración en general, y de la ilegal en particular, con el objeto de
prevenir amenazas potenciales y concretas de terrorismo y delincuencia, enfrenta inmensas
inhibiciones éticas, ideológicas, legales y prácticas. En consecuencia, numerosas acciones
terroristas y delictivas han sido llevadas a cabo por personas que corresponden a esta
categoría de no-ciudadanos en los Estados más democráticos al que los mismos ingresan,
tratan de establecerse por períodos prolongados y, en los casos en que existen diásporas de
su misma naturaleza etno-nacional-religiosa, se incorporan a las mismas.
La cuarta subcategoría es la de
dispersiones culturales y religiosas transnacionales
. Se
trata de grupos dispersos que residen fuera de sus países de origen (esta es mi definición de
entidades transnacionales, la cual difiere de otros enfoques sobre el tema).
6
Cada una de estas
entidades está compuesta por personas de diferentes orígenes étnicos, nacionales y estatales,
que comparten creencias, ideas o idiomas. Ejemplos de estas dispersiones son lo que ha
dado en conocerse como las diásporas “musulmana”, “africana” y “latina”. Algunas de estas
entidades, como los “Verdes”, poseen organizaciones globales, y evidencian ciertos grados
de solidaridad y una determinada capacidad de lanzar actividades conjuntas que incluyen
terrorismo y actos delictivos. Sin embargo, pese a sus esfuerzos organizativos, es muy difícil
considerarlas como diásporas coherentes y organizadas. Al mismo tiempo, han recibido
una mayor atención debido a los constantes esfuerzos de algunos líderes y participantes por
mantener su identidad colectiva y ser reconocidos en ella, y también debido a que algunos
de ellos se hallan involucrados en el terrorismo y la delincuencia, lo que genera que sean
percibidos como amenazas sustanciales a los países receptores.
La quinta y última categoría es la de
diásporas etno-nacionales
, en algunos casos
etno-na-
cional-religiosas
. Nuevamente, como ya indicamos, se trata de colectividades dispersas en
diversos países receptores. Sus miembros poseen los mismos orígenes étnicos y nacionales,
residen en forma permanente en los países receptores y se han integrado, aunque no totalmente
6
Para un análisis de este tópico, véase: Sheffer (2006b)
.
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asimilado, a las sociedades receptoras. Actualmente se estima que dichas entidades abarcan
más de 400 millones en todo el mundo. Algunas de estas diásporas organizadas son antiguas
e históricamente consolidadas; como ya indicamos, los obvios ejemplos son las diásporas
judía, armenia, griega, hindú y china. Otras, relativamente nuevas, se establecieron en los
siglos XVIII y XIX y comienzos del XX, como las de italianos, irlandeses, escandinavos
y polacos. Y existen diásporas incipientes, es decir, que se hallan en etapas tempranas de
formación y organización en sus países receptores, como la dispersión palestina posterior a
1948, los rusos en la ex URSS, los chechenos en ±usia y los mexicanos en los Estados ²nidos
y Canadá. En algunos casos, los miembros de diásporas tanto establecidas como incipientes
han dado apoyo a actividades violentas, delictivas y terroristas tanto en sus patrias de origen
como en los países receptores y en terceros o cuartos países. Pero al mismo tiempo, y ello es
lo más importante, contribuyen a los desarrollos culturales, sociales, políticos y económicos
en sus patrias originales y adoptivas.
Debe destacarse que, al igual que la mayor parte de las entidades diaspóricas, éstas son
heterogéneas desde casi todas las perspectivas. Con todo, es posible y necesario diferencias
entre miembros nucleares –parcial o totalmente integrados– y miembros asimilados.
Los miembros nucleares de estas entidades mantienen sus identidades etno-nacionales y
a veces religiosas; se identifican como miembros de las colectividades; adhieren a su cultura;
están organizados y mantienen contactos con otros diaspóricos del mismo origen –en
particular con sus patrias– con las que se identifican y conservan estrechas relaciones. Por
lo tanto, es necesario prestar especial atención a estas entidades, las cuales constituyen el
centro analítico de este artículo.
Es absolutamente necesario mantener una clara distinción entre las diversas entidades de
los “otros” en los países receptores, dado que sus identidades, trasfondos históricos, creencias
e ideologías, identificación, organizaciones, motivaciones y pautas de comportamiento y
de actividades, difieren notablemente entre unas y otras. Por ejemplo, las motivaciones de
los miembros diaspóricos de al-Qaeda para emprender o apoyar actos de terrorismo son
muy diferentes de las de los palestinos diaspóricos laicos. Lo mismo se aplica a las razones
del involucramiento en países de origen, por ejemplo, los casos de los cubanos, chechenos
y tamiles residentes en países receptores, a veces muy lejanos de sus patrias.
La reciente captación –generalizada y generalizante– de “entidades/prácticas/ espacios
políticos transnacionales”
7
ayuda en cierta medida a explicar las bases en que se sustentan
también las complejas entidades diaspóricas etno-nacional-religiosas y sus pautas de conducta
en todos los aspectos. Con todo, a fin de comprender plenamente tanto sus actividades
“negativas” como sus contribuciones “positivas” a las culturas, políticas, sociedades y
7
Ver: Lie (1995); Vertovec (1997); Glick ³chiller y Basch (1995); Vertovec y Cohen (1999); Tambiah (2000); Faist
(2013).
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economías –tanto de los países receptores como de sus patrias–, es absolutamente necesario
distinguir conceptual y prácticamente entre grupos y entidades como las de los “migrantes
y refugiados transnacionales”, y las “diásporas” incipientes y establecidas. De modo similar,
es vital distinguir entre diversos tipos de diásporas, especialmente entre las tipificadas
como tales en base a creencias culturales y religiosas –como la “diáspora musulmana”–,
y las basadas en el origen etno-nacional-religioso de sus miembros, como las irlandesas,
judías, hindúes y chinas. Independientemente de la cuestión de si existen realmente
entidades organizadas transnacionales culturales o religiosas “puras”, nuestro foco se halla
en las diásporas etno-nacional-religiosas, que constituyen, como ya señalamos, entidades
geográficamente dispersas de la misma nación étnica que mantienen contactos con sus
países de origen. En estos casos, la religión puede desempeñar cierto rol en la determinación
de la identidad y conducta de sus miembros, pero los factores decisivos son el origen y el
trasfondo étnico-nacional.
Según este enfoque, el presenta artículo arroja luz sobre un número de cuestiones
teóricas y prácticas centrales respecto de diásporas y diaspóricos que hasta ahora no han
sido suficientemente abordadas en la cobertura mediática y la literatura académica sobre
el tema y otros correlacionados, tales como su organización, integración y contribuciones
a países receptores, patrias y otras formaciones sociales y políticas.
Como ya señalamos, las cifras oficiales e informales acerca de la composición de las
diásporas en varios países receptores están lejos de ser claras y precisas. Las razones de la
ambigüedad e inexactitud tienen que ver, sobre todo, con las cantidades de miembros de
esas diásporas que se han asimilado e integrado plenamente, tanto en el pasado como en la
actualidad. También con la voluntad de dichas personas de identificarse como tales, y con
la eficiencia de sus organizaciones. La consideración de esas cifras y las dispersiones trans- e
inter-estatales de esas entidades son importantes, pero éstos no son los factores exclusivos
que afectan los poderes de los diaspóricos y su capacidad de actuar –ya sea negativa o
positivamente–. Datos correlacionados como edad, educación y recursos económicos de
los miembros de las diásporas son también significativos, ya que afectan la posibilidad de
supervivencia de estas entidades y por ende, por una parte, la capacidad de países receptores
y patrias de controlarlas y manipularlas y, por la otra, sus propias inclinaciones y habilidades
para actuar dentro de sus patrias y sus países receptores. En términos generales, los miembros
más jóvenes y menos educados de esas diásporas se inclinarán más hacia el terrorismo
y la delincuencia. Pero al mismo tiempo, personas más educadas y ricas pueden estar
implicadas en actividades delictivas, especialmente en áreas económicas como importaciones
y exportaciones, evasión de impuestos e inversiones fuera del país de residencia.
En esta línea, deberíamos ocuparnos con mayor intensidad de los desafíos que enfrentan
individuos y grupos diaspóricos a comienzos del siglo XXI, y simultáneamente de los desafíos
que esas personas y sus entidades plantean a los países receptores, patrias y sistemas regionales
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e internacionales. Algunos de esos retos se vinculan con las actitudes de la sociedad y el
gobierno hacia los diaspóricos, y otros con las relaciones entre países de origen y países
receptores. En los casos en que dichas relaciones son muy problemáticas – tanto desde el
punto de vista de las patrias como de los países receptores–, los miembros nucleares de
las diásporas totalmente reconocidas y organizadas, y no sólo los recién llegados, tienden
a apoyar a sus patrias; apoyo que incluye transferencias de dinero, remesas, exportación
de armas y presiones sobre el sistema político del país receptor y de entes internacionales
como las Naciones Unidas.
Especial atención debe brindarse a la evolución de diásporas etno-nacionales dentro de
los contextos de las políticas globalizadas y regionalizadas que supuestamente se relacionan
con el cuestionable “despertar del Estados-nación”, tanto en sus patrias como en sus
países receptores. Estos supuestos deben ser escrupulosamente examinados, dado que el
nacionalismo y la etnicidad están lejos de haberse agotado en la mayor parte de los Estados,
incluidos los más liberales como Gran Bretaña, Estados Unidos y Canadá. En todos ellos,
presenciamos un resurgimiento del nacionalismo y de la etnicidad, en parte debido a los
crecientes números de diásporas y diaspóricos en los mismos. Según estadísticas actuales,
en los Estados Unidos los miembros de “viejas” diásporas percibidos como ciudadanos
totalmente integrados (como la alemana, la sueca, la noruega, la irlandesa, la italiana y otras),
están declarando su pertenencia a dichas diásporas. Este factor abre la posibilidad de que
emprendan actividades legales e ilegales que afecten a su país de residencia.
El siguiente aspecto que debe considerarse es el de las formas en las cuales estas comunidades
etno-nacional-religiosas existen, sobreviven o decaen en sus países receptores. En este contexto,
lo que influye en las pautas de conducta de las diásporas es la naturaleza de las identidades
individuales y colectivas y los patrones de identificación de los diaspóricos. En este entorno,
las preguntas relevantes son si su identidad es reconstruida en los países receptores y por ende
distinta de la identidad de sus semejantes en las patrias; y si, en caso de que existan entidades
semejantes en otros países receptores, las identidades de unos y otros son diferentes. En otras
palabras, el punto es si las identidades “importadas” desde las patrias son las fundamentales
y las más difíciles de alterar. La noción ampliamente aceptada de que estas identidades están
atravesando claros procesos de hibridación, debería ser examinada en esta perspectiva. Otra
cuestión íntimamente conectada con la anterior es la de los posibles y reales índices de total
asimilación en las naciones o sociedades receptoras, y establecer si, de hecho, en la mayoría
de los casos los diaspóricos se hallan sólo parcial o plenamente integrados en algunas esferas
dentro de sus países receptores. Dado que la mayoría de las diásporas están lejos de ser entidades
homogéneas, debe hacerse al menos una clara distinción entre miembros nucleares y miembros
plenamente o casi plenamente integrados.
Finalmente, en vista de la “migración de retorno” de diaspóricos como los irlandeses,
judíos y japoneses a sus patrias, deberían reconsiderarse las implicaciones de la misma para
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todos los involucrados. Esas tendencias proporcionan a las patrias la posibilidad potencial
de obtener el apoyo de dichas personas antes o después de su regreso, en lo concerniente
a las relaciones entre sus países receptores con sus patrias. Por ejemplo, existen evidencias
de que diaspóricos retornados son reclutados para servir a sus patrias en diversas áreas, lo
cual potencialmente afecta la seguridad de los países receptores.
La mayor parte de las diásporas y los diaspóricos mantienen su cultura en los países
receptores, aun en formas híbridas. A comienzos del siglo XXI, las diversas culturas diaspóricas
mantenidas por los miembros nucleares constituyen un trasfondo muy significativo para la
alienación y los consecuentes conflictos y choques con las sociedades y gobiernos receptores.
Por una parte, la hibridación de la cultura de los diaspóricos es vista por la patria como signo
de sus inclinaciones racionales y emocionales a la disolución de sus conexiones con ella.
Por la otra, esta mayor aceptación de la cultura del país receptor tiende a diluir los temores
sociales y gubernamentales ante los diaspóricos.
La mayor parte de las diásporas históricas y modernas son entidades bien organizadas. La
mayoría de sus miembros son de hecho miembros nucleares de esas entidades diaspóricas.
La misma existencia de estas organizaciones y sus diversas actividades culturales, sociales,
políticas y económicas, legales e ilegales, generan agudos temores y tensiones en el seno de
las sociedades receptoras y especialmente entre los políticos y burócratas gubernamentales.
Esta cuestión es particularmente significativa porque, mientras que patrias y países receptores
están muy seguros de su capacidad de manejarse con individuos, poseen mayores dificultades
–supuestas y reales– en el manejo de diásporas organizadas y sus instituciones.
En conclusión, los nexos concretos de las diásporas con sus patrias y las implicaciones de
los mismos en cuanto a sus posiciones en el lugar donde residen permanentemente –espe-
cialmente en tanto entidades organizadas– posee un impacto sobre sus conexiones con los
países receptores e incrementan los temores a sus potenciales actos terroristas y delictivos.
Así como existen diversos tipos de diásporas –históricas, modernas e incipientes– existen
varios tipos de relaciones con las patrias. Por ejemplo, hay obvias diferencias entre la mayoría
de los cubanos en Estados Unidos –por una parte– y la mayoría de los japoneses o chinos en
el mismo país –por la otra– respecto de las actitudes asumidas ante sus respectivas patrias.
Consecuentemente, hay diversos tipos de conexiones, relaciones y contribuciones a sus
patrias. Por ejemplo, los cubanos en los Estados Unidos se preocupan por sus hermanos y
critican al régimen autoritario en Cuba; otros diaspóricos no critican el régimen en sí, sino
las políticas seguidas allí por los gobiernos. Resulta visible el hecho de que recientemente
cada vez más diaspóricos y sus connacionales en la patria debaten extensamente sobre las
remesas financieras enviadas desde las diásporas, que alcanzan varios billones de dólares al
año, y sus diversos tipos de inversiones –ya sea en sus patrias o en los países receptores–.
Otro aspecto que debe ser recordado cuidadosamente al tratar los temas principales
que figuran en este artículo, es el de las relaciones diásporas-patrias cuando estas últimas
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mantienen relaciones amistosas o al menos razonables con los países receptores, y cuando
patrias y países receptores se hallan en conflicto y sus relaciones son hostiles o distanciadas.
Por otra parte, por supuesto es significativo examinar en profundidad los temas de las
relaciones entre países receptores-diásporas. Al respecto, el examen debe centrarse en las
actitudes cambiantes de los países receptores hacia las diásporas tal como se evidenciaron
con mayor énfasis después del 11 de septiembre de 2001. Mientras que, como ya dijimos,
el número de diásporas en todo el mundo se incrementa, el número de Estados y grupos
sociales que manifiestan beneplácito ante el establecimiento y persistencia de diásporas en
sus territorios, está disminuyendo. Por lo tanto, es necesario prestar atención a las razones
por las cuales determinados países se oponen al establecimiento y fortalecimiento de
diásporas dentro de sus fronteras. Y continuando dentro del mismo contexto, las ansiedades
y temores resultantes entre los diaspóricos ante reacciones desagradables y hostiles de las
sociedades receptoras y sus implicaciones políticas, deben también ser consideradas de
manera muy crítica.
Ello nos conducirá a reexaminar algunos aspectos de la política diaspórica tanto en
los países receptores como en los de origen. Las principales cuestiones a tener en cuenta
al respecto, son las estrategias y tácticas empleadas por las diásporas
vis-à-vis
los Estados,
otras comunidades de los mismos orígenes etno-nacionales, así como ante organizaciones
internacionales y globales, intergubernamentales y no-gubernamentales. Debe examinarse
una completa gama de estrategias, comenzando por la del aislamiento y terminando por la
del enfrentamiento violento.
Interconectado con el análisis de los aspectos políticos y tratando de responder a la
pregunta “¿quién le teme a las diásporas?”, este artículo ha planteado un número de cuestiones
concernientes a diásporas que se hallan involucradas, por una parte, en el terrorismo, la
delincuencia y la desobediencia civil, y por la otra, en contribuciones culturales y económicas
a sus países receptores. Finalmente, la sensibilidad de los países receptores hacia las diásporas
y sus actividades e influencias, se conecta también con los efectos de la influencia de las
diásporas sobre los ámbitos culturales y sociales de sus países receptores.
En resumen, la cuestión de qué Estados y sociedades temen a las diásporas y por qué, es
altamente complicada. Este artículo se ha ocupado de algunas de las razones más significativas
del temor a las diásporas, pero no de todas.
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