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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
,
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LIX, núm. 221, mayo-agosto de 2014, pp. (versión preprint) ISSN-0185-1918
1
La resistencia al programa fuerte en la sociología del conocimiento:
la asepsia científica y la amenaza del relativismo
1
Resistance to the Strong Program in the Sociology of Knowledge:
Scientific Asepsis and the Threat of Relativism
Clara Márquez Scotti
Ignacio Vilaró Luna

Recibido el 21 de mayo de 2013
Aceptado el 25 de septiembre de 2013
Resumen
En este artículo se defiende la plausibilidad de un Programa Fuerte en Sociología del Conocimiento. Se
analizan críticamente varias objeciones de las que éste es objeto. En particular, se demuestra que el cargo
según el cual es un programa que se autorrefuta no es concluyente. Se presenta la hipótesis mertoniana sobre
la razón por la cual el Programa Fuerte, siendo un programa atractivo y en sintonía con la epistemología
contemporánea, no deja de ser objeto de apasionados ataques y ridiculizaciones. Dicha hipótesis sostiene que
al menos algunas de las críticas apasionadas de las que es objeto, están motivadas por la indignación que
provoca la violación de un valor central de la práctica científica.
Palabras clave
: sociología del conocimiento; programa fuerte; relativismo; Merton; Sokal; Bricmont.
Abstract
In this article we defend the plausibility of adopting a Strong Program in the Sociology of Knowledge. We
critically analyze various objections against it; in particular, we show that the auto-refutation charge is not
decisive. We offer a Mertonian hypothesis to explain the reason why the Strong Program continues to be the
target of very passionate attacks and mockery, despite its
prima facie
attractiveness and its affinity with
contemporary epistemology. Such hypothesis suggests that at least some of the passionate arguments against
the Strong Program are motivated by outrage occurring as a result of the violation of a central value of
scientific endeavor.
Keywords
: sociology of knowledge; strong program; relativism; Merton; Sokal; Bricmont.
1
Agradecemos los comentarios de dos árbitros anónimos que nos permitieron aclarar algunos puntos
metodológicos y situar con mayor precisión la discusión que aquí presentamos.
Licenciada en Trabajo Social, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, Uruguay.
Maestra en Estudios Políticos y Sociales, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad
Nacional Autónoma de México. Candidata a Doctora en Ciencia Social con especialidad en Sociología, El
Colegio de México, (México). Sus líneas de investigación son: mercados laborales, desigualdad en el mercado
de trabajo y desempleo. Entre sus últimas publicaciones destacan: "Del monismo al pluralismo en los estudios
sobre la desocupación en América Latina. Hacia una conceptuación alternativa" (2013) e "Inequidades de
género y patrones de uso del tiempo: exploración a partir del desempleo encubierto" (en prensa). Correo
electrónico: mariaclaramarquez@gmail.com

Licenciado en Filosofía, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la
República, Uruguay. Maestro en Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Candidato a Doctor en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional Autónoma de México, (México). Sus líneas de investigación son: filosofía del lenguaje,
epistemología y teoría de la argumentación. Entre sus últimas publicaciones destacan: “Una definición
pragmática de la falacia de petición de principio” (2010) y Reseña a "
Modos de significar. Una introducción
temática a la filosofía del lenguaje"
(2013). Correo electrónico: ignaciovilaro@gmail.com
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Nueva Época, Año LIX, núm. 221, mayo-agosto de 2014, pp. (versión preprint) ISSN-0185-1918
2
En la actualidad, nadie niega la importancia social que tiene el conocimiento en nuestras
vidas.
En
especial
el conocimiento científico.
Casi
cualquier
actividad
cotidiana
desayunar,
mirar
las
noticias,
consultar
nuestro
correo
electrónico
,
depende
de
desarrollos científicos tecnológicos de los que disfrutamos gracias a que somos parte de una
sociedad que da un lugar privilegiado a la ciencia. Somos los herederos de la ilustración
europea. Desde luego, no todos los productos de la ciencia son positivos. Las armas de
destrucción masiva permiten aniquilar miles de seres humanos de modo ultra eficiente;
nuestros hábitos de consumo, facilitados por la ciencia y la tecnología, están generando
problemas ecológicos antes insospechados.
Nadie niega la importancia que tiene el conocimiento para nuestra sociedad. La
importancia que tiene la sociedad para nuestro conocimiento es menos reconocida y se
tematiza sólo en ciertos ámbitos académicos. No obstante, resulta cuando menos natural
pensar
que
nuestra
adaptación
como
especie
al
medio
que
nos
rodea,
está
característicamente signada por la cultura. Es un lugar común señalar que somos una
especie bastante débil (desde un punto de vista puramente biológico) pero que se las ha
arreglado para someter a otras especies, poblar casi toda la superficie del globo y aumentar
considerablemente la esperanza de vida de sus individuos. Es usual señalar que nuestra
capacidad de conocer el mundo y de transmitir experiencias y saberes de una generación a
otra es clave para entender este fenómeno. Si la cultura nos permite tales logros, es natural
pensar al conocimiento, en particular al conocimiento científico, como un fenómeno
esencialmente social. Sin embargo, tal idea ha sido fuertemente resistida en la historia del
pensamiento epistemológico occidental. La sociología del conocimiento no comenzó a
practicarse como disciplina profesional hasta la época de Robert Merton, quien limitó sus
análisis al estudio del diseño institucional de la ciencia, sin intentar jamás una explicación
social del producto de la actividad científica (Merton, 1985a, 1985b y 2002 [1949]).
2
Esto último
ofrecer una explicación social del producto de la actividad científica
es justamente lo que intenta hacer el
Programa Fuerte de Sociología del Conocimiento
(
PF
). En este trabajo nos ocupamos de clarificar sus características centrales, señalar
algunas de sus virtudes y evaluar una de las críticas más antiguas de las que ha sido objeto,
la que afirma que es un programa que se autorrefuta. Este cargo tan oneroso explica en
parte lo mucho que demoró la implementación del
PF
. Como dijimos más arriba, la tesis
central de este programa de investigación (que será expuesta con detalle más adelante) es
que la reflexión sociológica puede explicar el contenido del conocimiento humano. Seamos
más precisos. La idea es que la investigación sociológica puede explicar el contenido del
conocimiento humano, incluido el conocimiento científico especializado. Es esta última
afirmación la que ha generado una resistencia acérrima de muchos investigadores (incluso
de las ciencias duras) hacia el programa. En realidad, las críticas al
PF
suelen ser un tanto
más apresuradas de lo normal, si bien muchas de ellas apuntan a problemas teóricos serios
que deben ser tomados en cuenta. Precisemos ya: desde que David Bloor formuló las tesis y
los lineamientos metodológicos centrales del
PF
dejó bien en claro que no se trataba de un
2
No queremos implicar, de ningún modo, que los análisis de Merton carezcan de interés. De hecho, una parte
del trabajo se ocupa de mostrar que Merton afirmó
o insinuó
aunque de un modo complejo y ambivalente,
la plausibilidad y deseabilidad de un programa como
PF
(además de ofrecer un estudio del
ethos
científico y
de dejarnos muchas otras contribuciones empíricas de valor).
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reduccionismo sociológico radical. El proyecto nunca fue el de explicar el contenido de la
ciencia en términos puramente sociológicos (Bloor, 1998: 38). Tal empresa descabellada
nunca fue siquiera propuesta. Para comprender este asunto con precisión es necesario ir sin
prisas. A continuación expondremos brevemente los pasos argumentales que seguiremos en
el trabajo, indicando el contenido de cada una de las secciones en las que se divide el
mismo.
En la
primera sección
intentamos mostrar la ambivalencia de Merton respecto a la
tesis central del
PF
. Muchas de sus afirmaciones parecieran acercarlo a dicho programa
casi hasta el punto de transformarlo en un precursor no reconocido del mismo
; no
obstante, Merton nunca termina por llevar adelante un programa fuerte y permanece en lo
que podríamos llamar un
Programa Débil de Sociología del Conocimiento
(
PD
)
. Además,
lanzamos la hipótesis de que parte de la explicación de esto último puede tener que ver con
la amenaza que Merton ve en el relativismo, lo que resulta natural dado el positivismo
todavía reinante en la epistemología de su tiempo. Reseñamos muy brevemente sus
aportaciones al estudio del
ethos
científico, ya que sus ideas al respecto nos serán útiles más
adelante. En la
segunda sección
presentamos las tesis centrales que definen al
PF
tal y como
son expuestas en el libro de Bloor,
Conocimiento e Imaginario Social
(1998).
En
la tercera sección
nos concentramos en estudiar un breve e interesante pasaje de
Merton en el que discute la hostilidad hacia la actitud iconoclasta y desmitificadora del
científico. Cuando dicha actitud choca con lo sagrado se producen rispideces y se genera
cierta hostilidad hacia la ciencia en general. De modo interesante, Merton señala que la
propia ciencia requiere del apego emocional a ciertos valores, pero no extrae la conclusión
natural de que la actitud científica respecto a la propia actividad científica puede generar el
mismo tipo de fricción cuando se pretende ingresar en el terreno sagrado de la ciencia. En
la
cuarta sección
estudiamos brevemente las críticas de Sokal y Bricmont al relativismo
epistémico, incluidas en su famoso y polémico libro
Imposturas Intelectuales
(Sokal y
Bricmont, 1999). Esta sección pretende ilustrar la indignación moral que produce en los
científicos el intento de los sociólogos y de algunos filósofos de irrumpir en el sacrosanto
ámbito de la ciencia. Si bien dadas las limitaciones de espacio es imposible reseñar todos
los detalles, sugerimos que el tono de indignación en el que está escrito el libro (incluso el
tercer capítulo que es seguramente de los más cuidadosos), podría verse como una
indicación indirecta de que se ha violado un valor central de la práctica científica. Ninguno
de los valores reseñados por Merton sirve para explicar este fenómeno de modo evidente y
directo. No obstante, siguiendo su inspiración
y contraviniendo el espíritu de sus escritos
podríamos intentar encontrar el valor en cuestión. Formulamos una sugerencia provisoria
en ese sentido, dando por descontado que se deberá hacer mucho trabajo empírico para que
gane en plausibilidad.
3
Finalmente, en la
quinta sección
nos ocupamos de la crítica más
importante de Sokal y Bricmont hacia el
PF
en la que se discute el famoso cargo de
autorrefutación.
3
El trabajo de Wallerstein (2005) puede verse como un intento de pensar este tipo de fenómenos,
específicamente en la diferencia que traza entre cientificismo y ciencia.
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La ambivalencia de Merton
Una manera simple pero esencialmente correcta de caracterizar al
PD
es decir que en este
enfoque la explicación social del conocimiento se limita a los aspectos de organización de
la labor científica, los que podríamos considerar como aspectos externos a la ciencia
propiamente dicha. Obviamente, la empresa científica ocurre en una sociedad y, por
consiguiente, la situación social tendrá una influencia innegable en la tarea. El presupuesto
que se otorga a la investigación en ciencia básica y tecnología determina el grado de avance
de la tarea de un modo notable. El Estado puede, por ejemplo, impulsar un área de
investigación al costo de retrasar otras, o incluso eliminar por completo cierto tipo de
estudios. Todo esto dependerá, naturalmente, de la organización institucional de la
investigación
y
habrá
múltiples
y
delicados
juegos
de
poder
entre
el Estado,
las
universidades y el mercado. Ahora bien, el
PD
reconoce este tipo de influencia externa
sobre la ciencia pero niega que los aspectos sociales puedan incidir en la validación del
conocimiento científico. De acuerdo al
PD
, la sociología de la ciencia puede estudiar en qué
medida inciden las configuraciones sociales sobre el ritmo de desarrollo y el foco de interés
de la investigación. Aquí termina su competencia. En todo caso, la sociología puede
explicar por qué ciertas áreas de conocimiento se retrasan de modo espectacular en
determinadas épocas, como puede ser el caso vergonzoso de la política de Lysenko que
retrasó considerablemente el avance de la teoría genética en Rusia.
La lectura de varios pasajes de Merton muestra su discrepancia profunda con este
tipo de enfoque. Uno de los más interesantes es el siguiente:
La “revolución copernicana” en esta zona de investigación consiste en la hipótesis de que no
sólo el error, la ilusión o la creencia falsificada estaban socialmente (históricamente)
condicionados, sino que lo estaba también el descubrimiento de la verdad. Mientras la
atención estuvo centrada sobre los determinantes sociales de la ideología, la ilusión, el mito
y las normas morales, no podía aparecer la sociología del conocimiento. Estaba bastante
claro que en la explicación del error o de la opinión no certificada se hallaban implícitos
algunos factores extra-teóricos, que se necesitaba una explicación especial, ya que la realidad
del objeto no podía explicar el error. Pero en el caso del conocimiento confirmado o
certificado se supuso durante mucho tiempo que podía ser adecuadamente explicado en
términos de una relación directa objeto-intérprete. La sociología del conocimiento nació con
la notable hipótesis de que aun las verdades tenían que ser socialmente explicables, que
había que ponerlas en relación con la sociedad histórica en la que aparecían (Merton,
2002[1949]: 544-545).
Al leer este pasaje uno tiene la fuerte impresión de que Merton suscribiría una de las
tesis centrales del
PF
, la tesis de simetría,
que exige que se apele al mismo tipo de causas
para explicar las creencias verdaderas y las falsas, los aciertos y los errores. No obstante, en
otros pasajes es más cauto:
Pero si las consecuencias de la ciencia para la sociedad se han percibido hace mucho tiempo,
las consecuencias de diferentes estructuras sociales para la ciencia no lo fueron. Muy pocos
físicos y no muchos científicos sociales han prestado atención a las diversas influencias de la
estructura social sobre el ritmo de desarrollo, los focos de interés y,
quizás
, sobre el
contenido mismo de la ciencia (Merton, 2002[1949]: 617, cursivas agregadas).
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Cabe precisar que la lectura completa de la obra de Merton, deja claro que él quiere
llevar adelante un
PD
. Basta leer el pasaje inmediatamente posterior al recién citado para
percatarse de ello:
Es difícil decir por qué existe esta resistencia a explotar los efectos de su ambiente social
sobre la ciencia. La resistencia puede proceder de la errónea creencia de que admitir el hecho
sociológico sería comprometer
la autonomía de la ciencia
. Quizás se crea que
la objetividad
,
valor tan fundamental en el
ethos
de la ciencia, es amenazada por el hecho de que la ciencia
es una actividad social organizada, que presupone el apoyo de la sociedad, que la cantidad de
ese apoyo y los tipos de investigación para los que se da difieren en estructuras sociales
diferentes, lo mismo que el reclutamiento de talentos científicos (Merton, 2002[1949]: 617-
618, cursivas agregadas).
Parece claro que Merton adhiere a un
PD
. En esto sus silencios son tan significativos
como sus palabras. Sus estudios se remiten casi exclusivamente a estudiar el
ethos
científico y cómo éste impulsa y posibilita la actividad científica. Es claro que Merton
vislumbró la posibilidad de un programa más ambicioso, pero en definitiva no lo llevó
adelante. Hay dos razones que ayudan a explicar esta situación. Una es el positivismo que
reinaba en la epistemología de su tiempo y la otra, la amenaza de un relativismo extremo
que se autosocavaría irremediablemente. Merton utiliza este argumento en reiteradas
ocasiones en contra de algunas teorías alternativas. El intento de solución de Scheler le
parece “contrarrelativismo por un
fiat
” (Merton, 2002[1949]: 557); respecto de Sorokin
dice: “puede decirse, aunque se necesitaría para documentarlo un extenso estudio, que
Sorokin no resuelve nunca este problema” (Merton, 2002[1949]: 560). Al problema del
relativismo en Manheim le dedica una sección entera (unas siete páginas) y concluye:
“parece,
pues,
que
al
sacar
consecuencias
epistemológicas
de
la
sociología
del
conocimiento,
Manheim
fue
llevado
a varias
antinomias
no
resueltas” (Merton,
2002[1949]: 593).
Podría argumentarse que del hecho de que Merton se percató del problema y
consideró que las teorías previas no lo solucionaban satisfactoriamente, no se sigue que este
problema fuera una de las razones que lo llevaran a abstenerse de dar un paso decidido
hacia un
PF
. No obstante, dada la fuerza del pasaje que menciona la revolución copernicana
y la existencia de frases como “quizás sobre el contenido mismo de la ciencia” (del
segundo pasaje citado) es difícil pensar que Merton no vislumbró la posibilidad de un
programa más ambicioso que el
PD
. Tal desconsideración pudo ser motivada por la actitud
natural de cualquier científico que intenta explicar la mayor cantidad de fenómenos con el
menor número de hipótesis posibles. Por eso resulta plausible hipotetizar que una de las
razones por las cuales Merton se mantiene siempre dentro de un
PD
sea su precaución de no
caer en “los excesos del relativismo”. No obstante, su propia actitud terminó limitando el
alcance de sus reflexiones acerca del aspecto social de la ciencia,
4
situación que uno podría
4
Un pasaje que ilustra la limitación del alcance de sus estudios es el siguiente: “Aquí nos interesamos de una
manera preliminar por la estructura cultural de la ciencia, es decir, por un aspecto limitado de la ciencia como
institución. Así, pues, examinaremos, no los métodos de la ciencia, sino las costumbres que los circundan.
Indudablemente, los cánones metodológicos son con frecuencia expedientes técnicos y a la vez obligaciones
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lamentar pero que pronto se iría a subsanar en la historia del pensamiento sociológico y
epistemológico occidental.
5
Mencionemos brevemente las ideas de Merton respecto a cuál es el
ethos
de la
ciencia. En sus propias palabras:
El
ethos
de la ciencia es ese complejo de valores y normas afectivamente templados que se
consideran obligatorios para el hombre de ciencia. Las normas se expresan en forma de
prescripciones, proscripciones, preferencias y autorizaciones. Se legitiman en relación con
valores institucionales. Estos imperativos, transmitidos por el precepto y el ejemplo y
reforzados por sanciones, son interiorizados en grados variables por el científico, formando
así su conciencia científica (…). Aunque el
ethos
de la ciencia no fue codificado, puede ser
inferido del consenso moral de los científicos expresado en el uso y la costumbre, en
innumerables escritos sobre el espíritu científico y en la indignación moral que suscitan las
contravenciones del
ethos
(Merton, 2002[1949]: 637).
Es importante subrayar el carácter afectivo del
ethos
. Para que regule eficazmente la
acción de los individuos debe ser interiorizado (algo análogo al superyó freudiano) y debe
ser posible apelar a sus normas y preceptos, tanto para elogiar el comportamiento virtuoso
de algún científico (lo que puede ser una manera de lograr, en etapas tempranas de
escolarización, que
el
ethos
se
arraigue
en
la
conciencia), como
para
criticar
el
comportamiento no virtuoso de algún otro científico. Es claro que el surgimiento del
ethos
científico puede ser explicado mostrando de qué modo favorece la realización efectiva de la
tarea científica, esto es, básicamente, aumentar los conocimientos. Pero su obligatoriedad
reside en su aspecto afectivo para los individuos y su eficacia depende de que se logre un
apego afectivo adecuado a sus valores o, cuando menos, que se tema la sanción de los pares
cuando se violan sus preceptos (Merton, 2002[1949]: 638).
morales, pero es sólo eso último lo que nos interesa” (Merton, 2002[1949]: 637). Salvo por “de una manera
preliminar”, esta es la declaración de un sociólogo que trabaja dentro del
PD
.
5
Bourdieu critica fuertemente al
PF
al que etiqueta de “nihilismo subjetivista” (Bourdieu, 1997: 87). Señala
acertadamente que Merton ya había señalado en 1945 la importancia de ofrecer explicaciones simétricas:
“¿Acaso no decía Merton, ya en 1945, que la revolución copernicana consiste en la hipótesis de que no sólo el
error, la ilusión o la creencia sin fundamento sino el propio descubrimiento de la verdad están condicionados
por la sociedad y por la historia?”(
Ibíd.
, 1997: 85). No obstante, como esperamos haber mostrado, mencionar
pasajes como este no hace sino distorsionar el propio pensamiento de Merton, que sin duda era más complejo
y que sería malinterpretado como un precursor
al menos no voluntario
del
PF
(esto podría explicar el que
Bloor no mencione a Merton en su libro). Bourdieu parece creer que Merton ya había encarado el asunto de
modo enteramente satisfactorio y que el
PF
no es más que un retroceso impulsado por unos recién llegados
que promueven “rupturas falsamente revolucionarias” (
Ibíd.
, 1997: 87). Lamentablemente, no hay en los
pasajes en cuestión más que un conjunto de epítetos y la afirmación sentenciosa de que sus análisis, a
diferencia de los del
PF
, “intentan no caer en la alternativa del relativismo y del absolutismo”. Cualquier
sociología del conocimiento debe evitar postular una razón ahistórica y unos criterios de racionalidad
objetivos y universales, que han sido fuertemente cuestionados luego de que Merton escribiera su trabajo, a la
vez que evita quitarse el suelo donde ella misma está parada. Este es el desafío básico al que está sometida
una tarea de este tipo. Para evaluar el éxito de la tarea hay que estudiar los estudios empíricos del caso y sacar
conclusiones acerca de su rendimiento explicativo. No basta con postular la existencia de un justo medio que
todos desearían. También es necesario evaluar las críticas más abstractas y teóricas a las que se somete la
empresa. Para el caso del
PF
la amenaza de la auto-refutación es una crítica que debe considerarse, tanto por
su gravedad como por la frecuencia con la que se apela a ella.
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7
¿Cuáles son para Merton las características centrales del
ethos
científico? El
Universalismo
,
el
Comunitarismo
,
el
Desinterés
,
y
el
Escepticismo
organizado
.
El
Universalismo
dice que la pretensión de verdad de las afirmaciones debe ser sometida a
pruebas empíricas impersonales, universales. La repetibilidad de los experimentos como
norma metodológica obliga a descartar los personalismos o los nacionalismos. El valor de
las afirmaciones científicas depende de su repetibilidad. Como dice Merton: “la objetividad
excluye el particularismo” (2002[1949]: 639). El
Comunitarismo
dice que los productos de
la actividad científica pertenecen a la comunidad y que nadie debe reclamar su propiedad
privada. El ocultamiento niega la validación de la producción y hace retroceder el avance
de
la
tarea.
El
Desinterés
dicta
que
los
científicos
deben
buscar
el
aumento
del
conocimiento
de
modo
desinteresado.
Indirectamente
serán
premiados
con
el
reconocimiento
personal.
Finalmente,
el
Escepticismo organizado
prescribe que
los
científicos deben estar dispuestos a dudar del valor de cualquier afirmación o hipótesis
incluidas sus propias afirmaciones
y a suspender el juicio respecto a ellas, hasta que se
haya obtenido una confirmación satisfactoria (Merton, 2002[1949]: 638-647). Una crítica
frecuente, que Merton preveía, consiste en señalar que los científicos no se comportan
realmente de este modo y numera un conjunto relativamente amplio de contraejemplos.
Como señala Merton, esta crítica se basa en confundir el nivel de las normas institucionales
con el nivel de los comportamientos individuales. De forma análoga, el hecho de que
muchos conductores violen frecuentemente las normas de tránsito no elimina la existencia
de un conjunto de normas de tránsito, que son las que nos permiten juzgar la conducta de
los demás en tanto conductores. Lo mismo sucede con las normas y valores que definen el
ethos
científico.
6
El Programa Fuerte
El
PD
y el
PF
son los dos principales caminos que ha tomado la Sociología del
Conocimiento. Como sus epítetos lo indican, una de estas propuestas pretende tener
mayores alcances dados los cimientos epistemológicos en los que se asienta. En esta
sección presentamos la propuesta del
PF
dejando en claro las principales diferencias entre
ambos programas de investigación. El
PF
de sociología del conocimiento puede definirse en
cuatro tesis, que se exigen para cualquier explicación en este dominio. La explicación:
1.
Debe ser causal, es decir, ocuparse de las condiciones que dan lugar a las
creencias o a los estados de conocimiento. Naturalmente, habrá otros tipos de
causas además de las sociales que contribuyan a dar lugar a una creencia.
2.
Debe ser imparcial con respecto a la verdad y la falsedad, la racionalidad y la
irracionalidad, el éxito o el fracaso. Ambos lados de estas dicotomías exigen
explicación.
6
Naturalmente, si una norma o conjunto de normas no es respetada
nunca
es dudoso que podamos decir que
cierta comunidad rige su comportamiento por ella. Pero ese no parece ser el caso con el
ethos
científico
mertoniano, aunque este es un tema que sin dudas merece ser estudiado con mayor profundidad.
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8
3.
Debe ser simétrica en su estilo de explicación. Los mismos tipos de causas
deben explicar, digamos, las creencias falsas y las verdaderas.
4.
Debe ser reflexiva. En principio, sus patrones de explicación deberían ser
aplicables a la sociología misma. Como el requisito de simetría, ésta es una
respuesta a la necesidad de buscar explicaciones generales. Se trata de un
requerimiento obvio de principio porque, de otro modo, la sociología sería una
refutación viva de sus propias teorías (Bloor, 1998: 38).
La importancia que tuvo el desarrollo del pensamiento epistemológico en el correr del
siglo XX para entender este programa es indiscutible. Ese desarrollo explica en parte por
qué Merton se asoma a la puerta del
PF
pero nunca da un paso decidido hacia él. El
positivismo reinante en su época no le permitió tal cosa. Reseñar tal historia es, a la vez,
una tarea compleja y apasionante. No obstante, hacerlo aquí es imposible.
7
Vale mencionar,
sin
embargo,
algunas
de
las principales
conclusiones
a
las
que
llegaron
muchos
investigadores del área. Estas conclusiones constituyen los cimientos del pensamiento
postpositivista.
1.
No es posible derivar el significado de la ciencia empírica de un conjunto de
observaciones neutrales (no verificacionismo) (Hempel, 2005).
2.
La unidad mínima de significado empírico son las teorías enteras, no las oraciones
(Quine, 1951).
3.
La observación siempre está cargada de teoría. Siempre es necesario interpretar los
datos que nos proporcionan los sentidos; no hay algo así como el acceso directo e
incontaminado a la realidad (Hanson, 1958).
4.
En algunos casos
en los períodos de crisis
no existe un algoritmo, esto es, un
procedimiento mecánico finito, que nos permita elegir entre teorías rivales de modo
puramente lógico. La elección entre teorías rivales involucra valores y esos valores
pueden ser inconmensurables (incomparables) entre sí. No hay ninguna norma
superior a la aprobación de la comunidad de especialistas (Kuhn, 1971).
No queremos implicar, ni por un momento, que exista consenso en la comunidad
académica acerca de la verdad de estas conclusiones. No es arriesgado decir que las tres
primeras son quizás las más aceptadas por los especialistas. La cuarta es mucho más
polémica que las anteriores. No obstante, una lectura plausible y defendible de la historia de
la epistemología desde el principio del siglo XX hasta los años setenta, nos lleva a concluir
que los epistemólogos (o, al menos, una buena parte de ellos) dejaron de creer en la
existencia de un conjunto de criterios de racionalidad objetivos, universales y ahistóricos y
comenzaron a preocuparse más y más por estudiar la historia real de la ciencia y no la
historia de los manuales de instrucción, con los que corrientemente se introduce a los
7
El lector interesado puede consultar en Iranzo y Rubén, (1999) y Zammito, (2004) para una primera
aproximación a estos temas.
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neófitos en las respectivas disciplinas científicas. La obra de Kuhn fue sin duda un mojón
en esa historia. En algún sentido, el
PF
puede verse como una continuación del trabajo
empírico empezado por Kuhn.
Una tesis central del
PF
, y que lo distingue del
PD
,
es la exigencia de explicaciones
simétricas, esto es, la tesis que exige que busquemos los mismos tipos de causas para las
creencias verdaderas y las falsas. Para comprender la importancia de este requerimiento
pensemos en cuál es el enfoque alternativo obvio al hacer historia o sociología de la
ciencia. Como señala Bloor tal enfoque es, por ejemplo, el de Lakatos (1970). La idea
básica es la siguiente. Primero el historiador debe elegir una filosofía o una metodología de
la ciencia. Tal metodología nos dirá qué debería ser la ciencia o qué procedimientos son
racionales y cuáles no, de acuerdo a una norma de pretendido valor universal y ahistórico.
Luego, el historiador debe reconstruir la mayor cantidad posible de la historia real de la
ciencia, de modo que esa historia cuadre con los principios y la metodología preferidos.
Cuanto
mayor
cantidad
de
historia
real
sea
posible
explicar
basados
en
nuestra
metodología, mejor nos habrá ido en nuestra empresa. Obviamente no será posible hacer
cuadrar toda la historia real de la ciencia con nuestra metodología preferida. Es aquí en
donde
puede
intervenir
el
sociólogo,
explicando
las
desviaciones
de
la
norma
de
racionalidad, que se toma como autoimpulsada y auto explicadora. Obviamente, existe una
fuerte analogía entre esta idea y la de la razón que profesó el Iluminismo, que tendía a
pensar que los retrocesos,
tanto sociales y prácticos como teóricos
debían explicarse
apelando a la fricción social, a los ídolos, a las supersticiones todavía no derribadas (de
modo análogo a como el comportamiento de un proyectil en la física de Newton se explica
apelando a un movimiento rectilíneo uniformemente acelerado
que se postula de modo
ideal
más la gravitación y la fricción que lo afectan en determinadas circunstancias). De
aquí la asimetría a la que apela la historia positivista. La verdad y el acierto no necesitan
explicación, son autoimpulsados. El error y el engaño lo necesitan y explicarlos es la tarea
del sociólogo o del historiador. El siguiente pasaje de Lakatos (recordado por Bloor) es
revelador:
La historia interna es primaria, la historia externa sólo secundaria, dado que los problemas
más importantes de la historia externa vienen definidos por la historia interna. La historia
externa, o bien proporciona una explicación no racional de la velocidad, localización,
selectividad, etc. de los acontecimientos históricos tal y como se los interpreta en términos
de la historia interna, o bien, cuando la historia difiere de su reconstrucción racional, ofrece
una explicación empírica de por qué difiere. Pero el aspecto racional del crecimiento
científico queda completamente explicado por la propia lógica del descubrimiento científico
(Lakatos, 1970: 9).
Ante esta imagen de las cosas, Bloor se pregunta retóricamente (y con toda razón)
“¿qué puede querer decir que no haya nada que provoque que la gente haga o crea cosas
que son racionales o correctas?” (Bloor, 1998: 42). La imagen metafísica que está detrás de
esta idea es teleológica: la racionalidad, la verdad y el acierto son nuestra meta. Es esa meta
la que guía el proceso y las desviaciones se explican apelando a las fricciones sociales.
8
Si
8
La metáfora del zig-zag de Engels para dar cuenta de la teoría marxista de la historia es una viva ilustración
de este punto. Merton habla varias veces sobre el asunto pero no parece percatarse de que no sólo el
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bien Bloor señala lo extraña que es esta posición metafísica teleológica para la imagen que
nos ofrece la ciencia contemporánea del mundo, es cuidadoso en no intentar simplemente
descartar esta posición por argumentos de principio, metafísicos. La apuesta final y decisiva
es la apuesta a la plausibilidad histórica. El
PF
cree que una sociología y una historia de la
ciencia basadas en sus principios metodológicos será superior a una sociología y a una
historia de la ciencia positivistas. Las cartas están echadas. Hagan sus apuestas.
Merton y la hostilidad hacia el escepticismo organizado
Quisiéramos analizar brevemente un interesantísimo pasaje en el que Merton discute una de
las fuentes de hostilidad hacia la ciencia: la actitud crítica e iconoclasta con la que el
científico analiza las creencias y concepciones de los miembros de la sociedad. La idea
central es que, si leemos el pasaje de Merton basados en los principios metodológicos del
PF
se nos revelará inmediatamente la existencia de un espacio de lo sagrado en la ciencia.
En la sección siguiente referiremos a ésta y a otras ideas de Merton
en contra de su
intención original, claro está
para explicar el profundo grado de indignación que ha
generado el
PF
en ciertos círculos científicos y filosóficos.
Otra característica de la actitud científica es el escepticismo organizado, que con bastante
frecuencia se convierte en iconoclasia. La ciencia quizás parece desafiar “los confortables
supuestos de poder” de otras instituciones simplemente sometiéndolos a un escrutinio
imparcial. El escepticismo organizado implica la discusión de ciertas bases de la rutina
consagrada, de la autoridad, de los procedimientos establecidos y de la esfera de “lo
sagrado” en general. Es verdad que
lógicamente
, mostrar la génesis empírica de las creencias
y los valores no es negar su validez, pero éste es con frecuencia el efecto psicológico sobre
las mentes ingenuas. Los símbolos y los valores institucionalizados exigen actitudes de
lealtad, adhesión y respeto. La ciencia que plantea cuestiones de hecho relativas a todos los
aspectos de la naturaleza y de la sociedad entra en conflicto psicológico, no lógico, con otras
actitudes hacia los mismos datos que fueron cristalizadas y frecuentemente ritualizadas por
otras instituciones. La mayor parte de las instituciones exigen una fe ilimitada; pero la
institución de la ciencia hace del escepticismo una virtud. Toda institución comprende, en
este sentido, una zona sagrada, que hace resistencia al examen profano en términos de
observación y lógica científicas. La institución de la ciencia misma implica la adhesión
emocional a ciertos valores. Pero ya se trate de la sagrada esfera de las convicciones
políticas, o de la fe religiosa, o de los hechos económicos, el investigador científico no se
conduce en la forma acrítica y ritualista prescrita. No guarda la distancia entre lo sagrado y
lo profano, entre lo que exige un respeto acrítico y lo que puede ser objetivamente analizado
(Merton, 2002[1949]: 633).
Si Merton hubiera aplicado sus propios razonamientos a las concepciones que tienen
los científicos de sí mismos (incluida su propia concepción de la tarea sociológica), hubiera
concluido con toda seguridad que la ciencia misma posee un espacio sagrado, que expresa
las más firmes convicciones de sus practicantes
sus dogmas
. Esto es perfectamente
marxismo es iluminista sino que también lo es el positivismo al que él adhiere. Véase: Merton, (2002[1949]:
564).
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natural dado que la ciencia es una institución social más, por lo que requiere de la adhesión
emocional a ciertos valores, valores que por otra parte el mismo Merton describe con atino.
No obstante, estando como está dentro de un
PD
,
Merton no puede aplicar el principio de
simetría, no puede generalizar sus conclusiones acerca del funcionamiento de las demás
instituciones sociales al caso de la ciencia. Como siempre, quien trabaja dentro de un
PD
debe asumir la excepcionalidad de la ciencia; la ciencia misma no posee dogmas (esto es,
creencias que se aceptan sin necesidad de argumentar racionalmente a su favor o que, al
menos, son inmunes a la influencia de la argumentación racional).
No es este el único aspecto interesante del pasaje. Como vimos, Merton llega a
afirmar que: “
lógicamente
, mostrar la génesis empírica de las creencias y los valores no es
negar su validez, pero éste es con frecuencia el efecto psicológico sobre las mentes
ingenuas.” Como veremos en la última sección de este trabajo, esta es precisamente la
respuesta que debe ofrecer el defensor del
PF
ante el cargo de que se autorrefuta. Analizar
los dogmas científicos, la existencia o no existencia de un método científico universalmente
válido y ahistórico no implica, de ningún modo, rechazar su valor. Es curioso que los
críticos vuelvan una y otra vez sobre este asunto, denunciando el presunto intento de los
miembros del
PF
de desacreditar a la ciencia, cuando muchos de sus miembros se han
encargado una y otra vez, hasta el cansancio, de negar esos cargos, de negar que esa fuera
su intención (Blanco, 2001). Ante la insistente embestida de los
guerreros pro-ciencia
(
Ibíd.
, 2001) contra el
PF
, es interesante intentar hipotetizar qué valor del
ethos
científico ha
sido vulnerado, explicar la indignación moral que produce el
PF
siguiendo los pasos de
Merton. Recuérdese el pasaje ya citado en el que Merton afirma que el
ethos
de la ciencia
puede ser inferido de la indignación moral que suscitan sus contravenciones (Merton,
2002[1949]: 637).
Sokal y Bricmont en contra del relativismo
Como un primer, aunque aún insuficiente, intento de documentar la existencia de esa
indignación moral presentaremos algunos pasajes del famoso y polémico libro de Alan
Sokal y Jean Bricmont,
Imposturas Intelectuales
.
9
El libro surgió de una anécdota
conocida. Sokal, un físico norteamericano, presentó un artículo para su consideración en la
revista
Social
Text
titulado
“Transgredir
las
fronteras:
hacia
una
hermenéutica
transformadora de la gravedad cuántica”. El artículo fue aceptado si bien no era más que un
conjunto de afirmaciones pretenciosamente innovadoras, las más de las veces confusas y,
muchas otras, directamente equivocadas (Sokal y Bricmont, 1999: 231-293). Para Sokal y
Bricmont esto muestra la profunda confusión intelectual de la que son víctimas las
9
El libro de Sokal y Bricmont parte de uno de los episodios más famosos de las llamadas
guerras de la
ciencia
, conocido como “el caso Sokal”, y se ha constituido en una obra de referencia sobre el tema. La
elección de esta obra para este artículo se basa en una razón adicional y es que representa de buena manera el
tipo de indignación moral que queremos mostrar. Para una reconstrucción de las discusiones en torno a las
guerras de la ciencia y del momento histórico en el que surge, ver Blanco (2001), Ross (1996), Fujimura
(1998). Para un panorama de la repercusión en el ámbito académico y en los medios de comunicación del
caso Sokal, ver la página web de Alan Sokal <http://www.physics.nyu.edu/sokal/>. El lector no dejará de
notar el lenguaje bélico en torno a esta polémica. Esto debe alertarnos acerca de la existencia de aspectos
extra-académicos en juego.
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humanidades, incluidos los sociólogos del conocimiento y los epistemólogos. El propio
título del libro nos muestra el enojo que les produce a sus autores las posturas relativistas,
constructivistas y escépticas. Es verdad que Sokal y Bricmont se cuidan de aclarar que su
objetivo “no es atacar a la filosofía, las humanidades o las ciencias sociales
en general
(…)” (
Ibíd.,
1999: 23).
No obstante, es interesante intentar aclarar cuáles son sus blancos de ataque. Se trata
o bien de autores que a su juicio utilizan erróneamente ciertos conceptos científicos o de
autores que critican cierta imagen que a ellos les resulta natural de la actividad científica:
los relativistas:
En primer lugar, está la recopilación de abusos más extremos, descubiertos, de manera un
tanto azarosa, por Sokal: son las “imposturas” de nuestro título. En segundo lugar, está
nuestra crítica del relativismo epistémico y de las erróneas concepciones sobre la “ciencia
posmoderna”; estos otros análisis son considerablemente más sutiles. El nexo entre esas dos
críticas es principalmente sociológico: los autores franceses de las “imposturas” están de
moda en muchos de aquellos mismos círculos académicos de habla inglesa en donde el
relativismo epistémico es moneda corriente. Existe también un nexo lógico: si uno acepta el
relativismo epistémico, tiene menos razones para indignarse por la torcida representación de
las ideas científicas, que en todo caso no son más que otro “discurso” (Sokal y Bricmont,
1999: 15).
Este pasaje podría leerse como una muestra de prudencia por parte de los autores. Las
críticas al relativismo epistémico (la idea de que no existen criterios universales y
ahistóricos de racionalidad) son más sutiles y difíciles. No obstante, el alegato prudente se
desliza rápidamente hacia el juicio no argumentado (o deberíamos decir, incorrectamente
argumentado). El nexo entre ambas críticas sería el siguiente: si uno es relativista entonces
no tiene razones para indignarse por los errores y despropósitos que han cometido varios
autores, correctamente señalados en su libro. De algún modo, esto es parte de la famosa
argumentación que apela a la autorrefutación en contra del relativismo
y que trataremos
en la última sección
. Lo importante es notar que Sokal y Bricmont se deslizan
subrepticiamente desde el juicio prudente hacia una lógica del todo o nada, inapropiada
para juzgar acerca de cuestiones tan sutiles y difíciles como la naturaleza del conocimiento
científico. Si es verdad que los relativistas no pueden denunciar la insensatez y la falsedad,
hay que demostrarlo
a este respecto el único argumento claro y serio es el ya mencionado
cargo de autorrefutación, el caballito de batalla de los antirrelativistas
.
Es claro que el texto de Sokal y Bricmont muestra
algo
acerca de
ciertos
escritos y
tendencias intelectuales. Pero es difícil decir exactamente qué. Una crítica bastante obvia
que se le puede formular a su “experimento” tiene que ver con la representatividad de
Social Text
. De hecho, como señala Massimiano Bucchi (2004),
Social Text
no utiliza
árbitros externos para la evaluación de sus trabajos, cosa que la mayoría de las revistas de
sociología del conocimiento y de filosofía de la ciencia sí hacen. Esto no quiere decir que el
“experimento” no muestra nada en lo absoluto, sólo que es necesario manejar con extrema
precaución su significatividad.
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El inicio del capítulo tercero, destinado a criticar el relativismo epistémico, comienza
con otra declaración de prudencia:
Somos conscientes de que estamos abordando problemas complejos sobre la naturaleza del
conocimiento y de la objetividad, que han preocupado a los filósofos desde hace siglos.
Queremos advertir al lector que no tiene por qué estar necesariamente de acuerdo con
nuestras posturas filosóficas para aceptar el resto de la nuestra argumentación (Sokal y
Bricmont, 1999: 63).
Pero la prudencia les dura poco. La actitud de Sokal y Bricmont hacia la filosofía es
ambivalente. Por un lado parecen desdeñarla, pero citan a autores tan importantes y clásicos
como Hume y terminan ofreciendo argumentos para intentar solucionar los problemas más
viejos y difíciles de la filosofía. Claro está, su propio desdén y su sospecha acerca de la
utilidad o inteligibilidad de la tarea hacen que sus argumentos sean toscos. Esto sucede, por
ejemplo, respecto del problema humeano de cómo justificar racionalmente la inducción.
Recordemos: un argumento inductivo no puede ser justificado deductivamente porque sólo
aporta credibilidad (un cierto grado de probabilidad) a su conclusión. Como para Hume
todo conocimiento que no fuera producto de relaciones de ideas debía venir de la
experiencia, queda abierta la posibilidad de justificar empíricamente la inducción; pero
naturalmente este camino no sirve porque para conocer algo empíricamente tenemos que
usar el mismo principio que pretendemos justificar, por lo que (i) o bien terminamos
cayendo en un círculo vicioso
usamos el principio de inducción para justificar el principio
de inducción
o bien (ii) caemos en un regreso al infinito
postulamos nuevos principios de
inducción no justificados de orden creciente
o (iii) postulamos que el principio está
justificado, de modo dogmático
lo que obviamente sigue siendo insatisfactorio si lo que
queríamos era
justificar
el principio de inducción
(Chalmers, 2001). Dicen Sokal y
Bricmont: “simplemente, algunas inducciones están justificadas y otras no o, para ser más
precisos, algunas inducciones son más razonables y otras menos. Todo depende del caso
particular” (Sokal y Bricmont, 1999: 72). Esta puede ser una intuición interesante, que
podría señalar una posible respuesta al problema pero, así como está, es simplemente un
mal argumento. Simplemente ignora, o pretende ignorar, la magnitud del problema teórico
de la inducción, ofreciendo una respuesta de sentido común a un difícil problema filosófico.
No es, por lo tanto, más que la expresión de un prejuicio.
Este mismo tipo de imprecisiones y de argumentos insatisfactorios y apurados para
enfrentar problemas filosóficos difíciles y acuciantes, se repite una y otra vez a lo largo del
capítulo. El capítulo está plagado de malentendidos y de comprensiones inexactas de las
posiciones de varios filósofos y sociólogos de la ciencia.
10
Lo importante para nuestros
propósitos es que también está escrito en un tono de moderada indignación, que por
momentos deviene en enojo. Parte de ese enojo puede apreciarse en el último fragmento del
10
Dejamos al lector la tarea de juzgar el caso de Latour a cuyas ideas aluden Sokal y Bricmont al final del
capítulo. En cualquier caso, es necesario recordar que meter a todos los teóricos sociales y filósofos en una
misma bolsa es una mala política, máxime cuando en las discusiones filosóficas no existe ni siquiera un
acuerdo básico entre todos los participantes acerca de qué tipo de argumentos es correcto utilizar, qué tipo de
problema es un problema filosófico y, por consiguiente, qué cuenta como una solución a un problema
filosófico. Para ver lo profundas que pueden ser este tipo de discrepancias véase la acalorada discusión entre
Latour y Bloor (Bloor, 1999a y 1999b; Latour, 1999).
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capítulo, cuando hablan de las consecuencias prácticas del relativismo. Refiriéndose a las
consecuencias del relativismo en el tercer mundo, señalan: “El resultado es que los
intelectuales caen en la hipocresía de emplear la ciencia ‘occidental’ si es indispensable
(por ejemplo, cuando están
gravemente
enfermos), mientras recomiendan al pueblo que se
confíe a las supersticiones” (Sokal y Bricmont, 1999: 112). Este tipo de crítica a una
concepción filosófica o teórica por sus supuestas consecuencias prácticas es un movimiento
muy delicado. Pero más allá de eso, lo que nos interesa es señalar el tono subido del
capítulo (y del libro todo) tratándose de una publicación académica.
Se objetará que la crítica se desarrolla a veces con un tono de indignación, sobre
todo cuando los autores creen que se han cometido errores muy graves o que se ha jugado
sucio. El libro de Sokal y Bricmont sería uno de esos casos, por lo que sería inadecuado
inferir una indignación especial, que reclamara una explicación particular. Pero lo que
resulta
realmente
llamativo
es
la
cantidad
de
argumentos
filosóficos
claramente
insatisfactorios que pueblan el tercer capítulo unido a la intención permanente de los
autores de imponer una lógica bipolar radical: apoyas a los relativistas y los posmodernos o
apoyas a la razón y la ciencia.
11
Tal actitud es completamente inadecuada cuando se trata de
posiciones filosóficas sutiles, que tratan de problemas difíciles. Las fronteras no son las que
nos quieren imponer los autores.
Vale la pena citar otros excesos antifilosóficos en los que incurren Sokal y
Bricmont. Discutiendo las consideraciones que hace Kuhn respecto de la elección entre
diversas teorías científicas (básicamente, que la elección entre teorías rivales involucra
valores y que esos valores pueden ser inconmensurables (incomparables) entre sí, por lo
que, en último término, no hay ninguna norma superior a la aprobación de la comunidad de
especialistas) reconocen que el historiador de la ciencia no puede justificar la racionalidad
de una elección teórica basándose en resultados de la ciencia posterior, no disponibles para
los científicos que tomaron efectivamente las decisiones teóricas. Hacerlo supone un error
histórico básico, como reconocen en la nota 40. Sin embargo, contradiciendo lo que acaban
de reconocer, señalan que “(…) no hay que confundir esta actitud razonable con otra
proscripción metodológica bastante dudosa: la negativa a utilizar toda la información
disponible hoy en día, incluidos los conocimientos científicos, para hacer las mejores
inferencias posibles acerca de la historia, con el pretexto de que dicha información no
estaba disponible en el pasado” (Sokal y Bricmont, 1999: 85). El lector atento se preguntará
cuál es la diferencia entre estas dos ideas. La
única
razón que se nos ofrece es la siguiente:
“después de todo, los historiadores del arte usan la química y la física contemporáneas para
determinar el origen y la autenticidad y estas técnicas son útiles para el conocimiento de la
historia del arte, pese a que no existían en la época estudiada” (Sokal y Bricmont, 1999:85).
Los casos que se pretenden análogos son muy diferentes entre sí. El ejemplo de historia del
arte involucra una discusión de hecho. Lo que le preocupa a Kuhn, como saben
perfectamente Sokal y Bricmont, es comprender la racionalidad de la elección científica
11
Como muestra Ross (1996) en la introducción a
Science Wars
, esta lógica bipolar es la tendencia impuesta
por los defensores de la ciencia en este debate, quienes en primer lugar identifican a un enemigo que será
luego caricaturizado. En el caso analizado por Ross, esta lógica bipolar se basa en la construcción de un
enemigo anticiencia que incluye las más variadas posiciones como el creacionismo, el
new age
, los estudios
sobre
OVNI
s, la astrología, el posmodernismo y los estudios críticos de la ciencia. Este dispar conjunto es
caricaturizado y desacreditado en los medios de comunicación (Ross, 1996: ver especialmente páginas 8-11).
De acuerdo a Blanco (2001) las posturas prociencia se caracterizan por ser fustigadoras y malintencionadas.
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entre teorías en las épocas de crisis. Los desarrollos científicos ulteriores son irrelevantes
para responder esa pregunta. Algunos de los excesos involucran la crítica de enemigos de
paja. Por ejemplo, el relativismo epistemológico no se tiene por qué comprometer (ni se
compromete) con la idea de que los conocimientos científicos no son fiables. Sin embargo,
Sokal y Bricmont sienten la necesidad de defender a la ciencia de dicho cargo relativista
(Sokal y Bricmont, 1999: 88). El lector interesado puede comprobar por sí mismo la
cantidad sorprendente de errores argumentales que pueblan la discusión de Sokal y
Bricmont acerca de las discusiones filosóficas más acaloradas en la filosofía de la ciencia.
Ahora bien, dada la inteligencia innegable de estos autores, ¿por qué cometer estos
excesos? ¿Por qué opinar de modo apresurado acerca de cuestiones tan sutiles? Si uno
asume su buena intención, una posible explicación del apresuramiento es la existencia de
un involucramiento afectivo muy fuerte de los autores con el tópico en cuestión.
Simplemente no quieren ver la complejidad epistemológica. Si se acepta esto, debe
reconocerse que la indignación en cuestión requiere a su vez de una explicación. Siguiendo
a Merton podemos hipotetizar la existencia de algún valor del
ethos
profesional, del
ethos
científico. Dicho valor, interiorizado afectivamente en el proceso de formación profesional,
explicaría
al menos en parte
la indignación moral de los autores. Una dificultad estriba
en que ninguno de los valores del
ethos
mertoniano se adecua del todo a nuestros
propósitos explicativos.
No obstante, quizás no sea descabellado hipotetizar la existencia de un valor
adicional en el
ethos
mertoniano: la
asepsia científica.
Según este ideal, la
validación
de los
resultados científicos es inmune a todo tipo de incidencia social externa, expresada en
creencias, supuestos y valores, que constituyen la particular cosmovisión que los científicos
encarnan en determinado contexto histórico y que comparten, en mayor o en menor
medida, con los no especialistas. Cuando el científico ingresa al laboratorio deja sus
vestiduras de hombre común, y con ellas sus prejuicios. La túnica blanca, símbolo de la
imagen construida socialmente acerca del quehacer científico, expresa de modo tangible
esta asepsia. Este valor es funcional a la práctica científica ya que mandata al practicante a
que se atenga a la evidencia. Incluso un biólogo creacionista debe preocuparse por
recolectar datos a favor de sus hipótesis no evolucionistas. No puede simplemente objetar
que el darwinismo se opone a sus creencias para desecharlo.
12
Naturalmente, la existencia
misma del fenómeno debería documentarse adecuadamente y, si es que realmente hay algo
así como el fenómeno descrito, habría que intentar refinar y evaluar la hipótesis esgrimida.
Aquí sólo hemos querido señalar lo que podría ser un tópico interesante de investigación y
la existencia de un fenómeno recurrente que merece ser explicado, a saber, que el
PF
goza
de pésima prensa entre muchos científicos y esto ha sido así sin una buena base argumental.
12
Algunos de los seguidores del
PF
que han negado que este ideal se verifique siempre o tan siquiera en la
mayoría de los casos son, por ejemplo Longino, (1990) y Kincaid, Dupré y Wylie, (2007).
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La amenaza del relativismo
Resta considerar la crítica más importante que hacen Sokal y Bricmont al relativismo, la de
que es un programa de investigación que se autorrefuta (1999: 96).
13
Como señala Bloor,
ésta ya es una objeción estándar ante cualquier programa relativista, por lo que resulta
natural que sea una de las críticas usuales al
PF
(Bloor, 1998: 52).
14
La objeción en su forma
más general es la siguiente: si todo juicio de conocimiento es relativo (a un determinado
contexto teórico o social), entonces pierde su valor. Pero si no todo conocimiento es
relativo (a un determinado contexto teórico o social), entonces el relativismo es falso ya
que hay al menos un conocimiento que no es relativo (a un determinado contexto teórico o
social). Por lo tanto, el relativismo es incorrecto. La solución que debe dar el relativista a
esta dificultad consiste en aceptar que no hay ningún conocimiento que no sea relativo (a
un determinado contexto teórico o social) pero rechazar que una condición necesaria para
que un conocimiento o juicio tenga valor, es que no sea relativo (a un determinado contexto
teórico o social). Asumir lo contrario, esto es, asumir que si un conocimiento o juicio es
relativo a un contexto social pierde consiguientemente su valor, es asumir precisamente lo
que se quiere demostrar, esto es, la verdad del absolutismo. Por lo tanto, este argumento es
inútil para desacreditar la posición relativista y para ir en contra del
PF
. Los absolutistas
suelen afirmar que si el conocimiento es relativo a una práctica social entonces
no es más
que
la expresión de ciertos prejuicios e intereses, por lo que carecerá de valor (ni siquiera le
llamaríamos conocimiento). Pero el relativista no tiene por qué ser reductivista; en
particular ya vimos que el
PF
nunca lo fue (recuérdese el primer requisito que impone el
PF
al tipo de explicación adecuada, donde se reconoce desde el inicio el factor causal que
juegan los objetos del mundo en la generación de creencias). Justamente, el
PF
pretende
investigar de qué modo el valor o la significatividad del conocimiento depende de su
contexto social.
15
Consideraciones finales
Prima facie
, el
PF
es una hipótesis natural en la Sociología del Conocimiento dado el
principio de simetría que suscribe. Como ya sugería ambivalentemente Merton, el padre de
este campo, este es un principio digno de atención.
Recordemos que de acuerdo a este
precepto, que es una de las tesis centrales del
PF
,
se exige que se apele al mismo tipo de
causas para explicar las creencias verdaderas y las falsas, los aciertos y los errores. Hemos
mostrado como, una vez que renunciamos a una metafísica iluminista injustificada, es
13
No estamos diciendo que sea imposible idear buenas críticas de principio a las consecuencias relativistas
del
PF
. Nos parece importante referirnos a esta porque se la utiliza como caballito de batalla para desechar
rápidamente cualquier hipótesis epistemológica que tenga alguna consecuencia relativista. En este artículo la
hemos visto como una importante preocupación para Merton (2002[1949]), Bourdieu (1997) y Sokal y
Bricmont (1999).
14
Sokal y Bricmont la usan para ir en contra de Kuhn y de Feyerabend, además del
PF
; la objeción es ya una
suerte de lugar común entre los antirrelativistas.
15
Bloor (2011) se ocupa de combatir algunos malentendidos recurrentes, a la hora de criticar la posición
relativista. En particular, muestra cómo se suele confundir el relativismo con el idealismo, con el subjetivismo
y con el particularismo.
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difícil negar dicho precepto. Con base en lo anterior, hemos asentado la plausibilidad del
PF
.
No obstante, el
PF
ha sido frecuentemente demonizado. Se lo ve, antes que nada,
como una influencia negativa, no ya como un proyecto más o menos prometedor. Hemos
apelado a algunos pasajes del influyente libro de Sokal y Bricmont para mostrar uno de los
ataques más famosos a este programa. Con base en cierta evidencia textual hemos mostrado
como este ataque deviene en indignación moral. El hecho de que ciertos pensadores,
competentes y racionales, se vean en la necesidad de apelar a muy malos argumentos, y que
lo hagan de modo exaltado, merece una explicación. La nuestra apela a la noción de Merton
acerca del
ethos
científico, a partir del cual hipotetizamos la existencia de un valor moral de
la actividad científica, la asepsia científica. Proponemos que esta exaltación moral está
causada por la violación del valor de la asepsia científica. Esta explicación tiene el carácter
de una hipótesis preliminar y merece ser tratada con más cuidado en futuros trabajos.
Finalmente, mostramos la incorrección del cargo de auto-refutación, que se ha
convertido en el caballito de batalla de los antirelativistas. El pretendido dilema destructivo
en contra del
PF
no es más que la reiteración dogmática de la corrección del absolutismo,
refutado hasta el hartazgo por los propios positivistas contemporáneos. El resultado de esas
sucesivas y reiteradas refutaciones fue un giro social, ejemplificado notablemente por el
PF
.
Lamentablemente, ciertas actitudes retrógradas impiden tanto la correcta apreciación de las
virtudes del programa como de sus límites y problemas reales.
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