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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
,
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LIX, núm. 221, mayo-agosto de 2014, pp. (versión preprint) ISSN-0185-1918
1
Memorias del presente: vida, muerte y resistencia en Ciudad Juárez
Memories of the Present: Life, Death and Resistance in Ciudad Juárez
Cruz Sierra, Salvador (coord.)
,
(2013)
Vida, muerte y resistencia en Ciudad Juárez. Una
aproximación desde la violencia, el género y la cultura.
Tijuana, El Colegio de la Frontera
Norte / Juan Pablos Editor.
Diana Alejandra Silva
Este libro merece ser leído aunque se insista en que la crisis de violencia e
inseguridad que azotó a México ya cesó. Es un texto urgente y vigente porque nos ofrece
una mirada amplia sobre lo sucedido en Ciudad Juárez; realidad atravesada por las
particularidades de la frontera norte que, si bien alude a un caso en particular y
emblemático, también nos brinda claves de lectura para comprender otras realidades que
en mayor o menor medida
se enfrentan a los embates devastadores de la industria
maquiladora, el crimen organizado transnacional y la corrupción de los gobiernos locales y
nacionales. Es en este sentido que la obra puede ser concebida como un indispensable
ejercicio de historia inmediata, de memoria viva del presente.
Según datos oficiales, entre enero de 2007 y diciembre de 2012, 11,078 personas
fueron asesinadas en Ciudad Juárez (
INEGI
, 2013)
1
. En 2010, el año más violento para la
ciudad, en el país ocurrieron 25,757 homicidios, de los cuales 15% ocurrieron en la ciudad
fronteriza. Aunque desde 2011 se registra el descenso de las tasas de homicidio, éstas aún
no son menores a las registradas desde su incremento en 2008. Además de las muertes
individuales, se han producido al menos 25 masacres en los últimos cinco años
y el
incremento de otras manifestaciones de violencia de alto impacto como el secuestro, la
extorsión, el incendio de establecimientos, el robo de vehículos con violencia, la violación
sexual y la desaparición forzada, entre otras. Esta estela de terror ha dejado un número aún
desconocido de huérfanos, viudas(os), padres y madres sin hijos, a quienes se les ha negado
el derecho a la verdad y a la justicia en medio de un contexto de corrupción e impunidad.
En respuesta a este panorama de inusitada violencia extrema, en octubre de 2011 se realizó
la jornada académica, artística y cultural
Vida y resistencia en la Frontera Norte. Ciudad
Juárez en el entramado mundial
, cuyos resultados se presentan en este trabajo coordinado
por Salvador Cruz. Es una obra pluridisciplinaria que busca comprender tanto desde la
actividad académica como desde la producción artística local, la multiplicidad de violencias
experimentadas en la ciudad, así como las prácticas desplegadas por los y las habitantes
para transformar y resignificar el dolor y el sufrimiento social. Este es quizá uno de los
Becaria posdoctoral del Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México
(México). Investigadora y docente. Doctora en Ciencia Social con especialidad en Sociología por el Colegio
de México. Sus líneas de investigación son: sociología y etnografía urbana; cultura, arte y política; procesos
socioculturales fronterizos; violencia, miedo e inseguridad. Entre sus últimas publicaciones destacan: “Arte
urbano y subjetividad en contextos de violencia. Expresiones juveniles en Ciudad Juárez-Chihuahua” (2014);
“Rebelarse a la muerte. Artivismo contra la violencia en Ciudad Juárez” (2014) y “Entre clientelismo y
contienda. Los desalojos de los comerciantes ambulantes del Centro Histórico de la Ciudad de México (1993
y 2007)” (2014). Correo electrónico: dsilva@colmex.mx
1
INEGI
, (2013) “Estadísticas de Mortalidad 1990-2012”. Disponible en: <http://www.inegi.org.mx/>
[Consultado el 15 de marzo de 2014].
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principales méritos de esta obra, pues corresponde a un ejercicio urgente para responder a
los desafíos
de
la
sociedad
mexicana
actual y
establecer
lazos
con
otros
actores
pertenecientes al campo de la cultura y la intervención comunitaria.
El texto se organiza en 21 capítulos distribuidos en cuatro apartados donde se
analizan: a) los factores estructurales y estructurantes de la violencia; b) los espacios y
cuerpos de las violencias en Ciudad Juárez; c) el género y la violencia falocéntrica; d) la
violencia en la producción literaria, y d) los colectivos y el quehacer cultural contra la
violencia.
Entre los aciertos de este trabajo encontramos la riqueza de la multiplicidad de
miradas disciplinares, los distintos ámbitos temáticos y los debates aún no zanjados que
enriquecen y complejizan la comprensión y el análisis de la violencia en México. Tomando
como referencia las contribuciones del psicoanálisis y la filosofía, América Espinosa, en el
texto “Perversión
y
violencia
en
la
estructura
social”, ofrece algunas
claves
para
comprender desde la subjetividad los actos violentos y su vínculo con lo social. Para ello,
retoma algunos de los conceptos usados por Freud y Lacan
lo pulsional, el goce y la
perversión
, para dar cuenta de los mecanismos psíquicos que determinan la acción
violenta. Posteriormente, plantea una crítica al modelo liberal que rige no sólo la economía
mundial, sino que establece una serie de valores en donde se exalta el hedonismo y se
promueve el relato del ego y la libertad personal que tiene como uno de sus principales ejes
a la economía del goce. Esta economía, ha posibilitado la emergencia de los negocios
criminales, el contrabando, los tráficos de todo tipo, el placer con la muerte, entre otros, que
erosionan cualquier autoridad u orden emanado del Estado.
Por su parte, Susana Bercovich, en el texto “Misoginia y Ciudad Juárez. Sobre los
efectos miméticos y contagiosos de las formas violentas”, arroja una serie de inquietantes
preguntas y reflexiones que retoman algunos de los planteamientos del psicoanálisis y la
teoría
queer
, para dar cuenta de las continuidades y superposiciones entre erotismo,
estética, política y violencia. Como punto de partida, considera improductivas las preguntas
dirigidas a comprender las causas de la violencia y nos invita a pensar de qué manera la
violencia nos interpreta y se constituye en “respuesta feroz a una pregunta que no alcanza a
formularse”. También señala la relevancia del estudio de la frontera norte, no como una
excepción sino como botón de muestra que explica lo que sucede en el resto del país.
Enfatiza en las fuentes erógenas de la muerte y la violencia, destacando los modos en que
esta última es presentada como un espectáculo placentero que distancia y fascina,
impulsada por parte de los medios masivos de comunicación y las industrias culturales. Por
ello, hace un llamado no a las estéticas que enmarcan, fijan y diagnostican, sino a aquellas
estéticas de la disolución, movilidad y la prolongación que posibilitan la reflexión crítica.
Desde la antropología social, el texto de Alfredo Nateras, “Identidades infanto-
juveniles: pandillas transnacionales”, nos ofrece una serie de elementos para acercarnos a
las realidades de los actores juveniles transnacionales generadores de violencia que a su vez
son el resultado del racismo, la migración y la violencia social y política experimentada en
sus lugares de origen. Muestra la relevancia de vincular la investigación etnográfica con los
aspectos estructurales que producen las manifestaciones de violencia. Esto es fundamental
para conocer el lugar que ocupan los jóvenes de las pandillas transnacionales en relación
con otros actores que ejercen violencia, reconociendo la presencia de otros actores con
mayor poder económico y político que controlan la economía criminal. Esto implica la
distinción y similitudes entre las acciones
y formas organizativas de las pandillas
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transnacionales
y
el
crimen
organizado.
También
implica
la
visibilización
de
las
contradicciones sociales y culturales en las que se han producido estas manifestaciones
sociales. También plantea una serie de preguntas éticas en relación con la producción del
saber antropológico: ¿cómo no saturar el estigma social que ya recae sobre estos sujetos?
¿Cómo se construye el investigador frente a la mirada de los sujetos? ¿Cómo minimizar los
riesgos del investigador en este contexto? ¿Qué metodologías son las más indicadas para
trabajar en medio del silencio y el temor? El texto termina enfatizando la relevancia de
continuar con la investigación en estas temáticas, considerando la necesidad de construir un
discurso que de cuenta de las distintas dimensiones de las vidas de miles de jóvenes que
son consideradas desde el discurso oficial como vidas perdidas.
Otro de los méritos de esta obra colectiva es el de recuperar las investigaciones
realizadas por los estudiosos que habitan y realizan su quehacer profesional en la frontera
norte. Aquí se sitúan tres excelentes trabajos que reflexionan desde distintas aristas los
aspectos estructurales y coyunturales que explican el incremento de las violencias a partir
de 2008; en esa línea, retoman los antecedentes históricos y conectan con la literatura
producida en otras geografías para dar sentido a los acontecimientos violentos. Al respecto,
José Manuel Valenzuela en el texto “Juaritos: prohibicionismo, violencia y frontera”, nos
propone pensar la violencia reconociendo su propia historicidad. De este modo, nos sugiere
un recorrido que va desde la prohibición del alcohol en Estados Unidos en 1919, hasta la
implementación de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, a la que considera absurda e
impertinente. Durante este recorrido histórico, da cuenta de que si bien las manifestaciones
de violencia en la frontera no son recientes, ésta debe analizarse considerando otros
elementos que han estado presentes permanentemente en el territorio como la migración, el
racismo, la precarización del trabajo, el feminicidio, el narcotráfico y la criminalización de
los jóvenes.
Por su parte, Héctor Padilla, en “Ciudad Juárez: militarización, discursos y
paisajes”, propone tres preguntas necesarias: ¿cómo se plasman los discursos sobre la
violencia y la militarización en el paisaje urbano? ¿Qué tipo de procesos sociales
estructurales están ocurriendo y se expresan en dicha discursividad? ¿Qué modelo de
ciudad y espacio público se gestan en torno a la violencia y la militarización? Estas
preguntas nos sugieren la relevancia del espacio urbano para pensar en las manifestaciones
y discursos en torno a la violencia; no como receptáculo o escenario donde éstas ocurren,
sino como un espacio dinámico donde se expresan las relaciones sociales conflictivas de
una sociedad. Se muestra así, cómo la ciudad ha llegado a niveles insospechados de
desmantelamiento del espacio público urbano expresado en el proceso de guetización,
abandono y pulverización. También se presentan los discursos provenientes del crimen
organizado,
de
los
actores
estatales
nacionales
y
locales,
del
empresariado
y
una
multiplicidad de actores desde la sociedad civil que desde diferentes puntos de vista se
opusieron o apoyaron las políticas de seguridad ensayadas en la frontera.
Desde otro punto de vista, Julia Monárrez nos propone, en su texto “Ciudad Juárez.
Sobrevivir: vidas superfluas y banalidad de la muerte”, una serie de claves interpretativas
para comprender las muertes violentas de hombres y mujeres, en su mayoría pertenecientes
a estratos socioeconómicos bajos. Desde una perspectiva feminista y humanista, nos habla
del proceso de deshumanización y de industrialización de la muerte sufrida en esta ciudad
fronteriza. Recupera el concepto de biopoder propuesto por Foucault, para dar cuenta de los
procesos políticos y económicos desde los cuales se decide quién vive y quién muere. En
este sentido, considera que el feminicidio y el homicidio son actos que han disciplinado a
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ambos sexos. Por otro lado, da cuenta de los discursos públicos que refuerzan estos actos de
barbarie, al tiempo que justifican el feminicidio como la respuesta “natural” frente a las
mujeres que tienen una “doble vida” y el homicidio de varones como muestra del triunfo en
el combate contra el narcotráfico o como simples daños colaterales. Estos tres trabajos nos
permiten conocer de cerca las violencias experimentadas de manera reciente en la ciudad,
en medio de la multiplicidad de iniciativas provenientes tanto de los gobiernos locales
como del ámbito empresarial que buscan promover una imagen positiva de esta urbe
dejando de lado las demandas de verdad y justicia por parte de los y las familiares de las
víctimas del feminicidio y el homicidio.
Como tema obligado, se presenta un conjunto de trabajos que reflexionan sobre la
violencia contra las mujeres y de género. Este apartado se inaugura con el texto “El
terrorismo de Estado y la violencia falocéntrica letal” de Guadalupe Huacuz, quien plantea
una fuerte crítica a los feminismos que perpetúan el rol de víctima de las mujeres y propone
como estrategia analítica involucrar el concepto de violencia falocéntrica, entendida como
“aquella interiorizada en la autorrepresión de nuestros cuerpos, del deseo de la mujer y en
la sumisión falocéntrica de sobrevaloración del cuerpo masculino” (pág. 185). Cuando se
refiere al falocentrismo, se refiere al falo en tanto significante, no como órgano sexual;
concepto que nos permite incluir dentro de las conceptualizaciones sobre las violencias,
aquéllas que son constitutivas de nuestro orden psíquico desde las cuales las violencias son
consideradas propias de la naturaleza humana y estructurantes del orden social. De este
modo, cuestiona las iniciativas orientadas a erradicar la violencia, pues existe una
materialidad de la estructura social que lo impide y una serie de elementos que en la
búsqueda por satisfacer este propósito fortalecen los mecanismos de represión por parte del
Estado.
Desde una perspectiva que reconoce la dimensión libidinal de la violencia de
género, María Jesús Izquierdo analiza las relaciones entre hombres y mujeres, las
posibilidades y dificultades de vivir juntos y el sexismo como uno de los elementos que
dificulta la convivencia. En el texto “La gestión emocional de la violencia”, enfatiza en la
necesidad de examinar la violencia en las relaciones de género, no desde una mirada que
ubique a las mujeres exclusivamente en el lugar de las víctimas, sino a partir de una mirada
crítica en donde se reconozcan las formas en que las mujeres ejercen violencia en tanto
partícipes de otras relaciones donde se reproducen los roles de género como el cuidado de
las y los niños y las personas mayores. Para ello, retoma las cifras oficiales para mostrar
que han sido los hombres los más afectados por la violencia homicida. Considera que la
violencia de los hombres hacia las mujeres proviene del temor a perderlas. De este modo,
cuestiona el uso extendido del término feminicidio para enfatizar en el sentido de
“posesión” y de “amor” como aquel que explica el asesinato de mujeres. También retoma el
planteamiento de Freud sobre la agresividad, entendida como uno de los fundamentos de la
vida en común. Desde este punto de vista, no conviene negar la agresividad de la que
somos portadores, sino buscar el modo de gestionarla. Ello implica reconocer el conflicto
que habita lo social y el sufrimiento en el que hombres y mujeres estamos sumergidos
mientras sigamos reproduciendo los patrones propios del sexismo.
José Manuel Valenzuela en el texto “¡Ni una más! ¿Traiciona al feminismo la lucha
contra el feminicidio?”, cuestiona los planteamientos propuestos por María Jesús Izquierdo.
Valenzuela confronta la idea según la cual la lucha contra el feminicidio pueda ser
entendida como una lucha particularista, mostrando que se trata de un fenómeno que
expresa en su extremo la misoginia y las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en
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un orden patriarcal. Da cuenta del proceso de lucha local y nacional llevado adelante por
los familiares y activistas destinado a evidenciar y visibilizar este crimen como un crimen
de lesa humanidad. A su vez, analiza el feminicidio como fenómeno que se explica por una
serie de elementos estructurales entre los que se destaca la implementación de un modelo
de capitalismo neoliberal, cuyos efectos se expresan de manera devastadora en la frontera
norte del país, produciendo seres humanos residuales, generando vidas precarias y
prescindibles. Por otro lado se pregunta: “si en todas las sociedades existe orden patriarcal,
amor y deseo, ¿por qué no se presenta el feminicidio con la misma intensidad en todas las
sociedades?” (pág. 229). Así, cuestiona también los argumentos académicos y aquellos
surgidos del sentido común que atribuyen el asesinato sistemático de mujeres al “amor” y
las “pasiones”, así como a los argumentos que insisten en que el asesinato de mujeres es
irrelevante
frente
a
otros
problemas
nacionales aduciendo
una
menor participación
porcentual de estas muertes entre las cifras totales de homicidio. Y concluye: ¿qué tipo de
feminismo cuestiona la lucha contra los feminicidios?
Retomando la dupla víctima-victimario, Víctor Ortiz nos propone volver a las raíces
etimológicas de ambas palabras para mostrarnos los sistemas de significación originarios de
dicha relación. Presenta reflexiones preliminares sobre una investigación en torno a la
violencia experimentada por mujeres que viven con
VIH
, consideraciones sugestivas para
pensar la articulación de la violencia institucional y la violencia de género. Por su parte,
Raewyn Connell en su texto “Hombres, masculinidades y violencia de género”, insiste en la
necesidad del reconocimiento de la extrema situación de violencia vivida en Ciudad Juárez,
en la que los hombres participan tanto como víctimas y victimarios. Al introducir el
concepto de “masculinidad” nos recuerda que la violencia de género también afecta a
hombres y niños. Plantea como estrategia de intervención la necesidad de cuestionar los
patrones tóxicos de masculinidad que promueven la explotación y la violencia, para lo cual
añade fuentes donde podemos informarnos acerca de otras experiencias en este sentido.
Cynthia
Pech en
su
contribución “Mediatización/contramediatización
de
la
violencia de género” cierra este conjunto de trabajos ofreciendo una mirada crítica y amplia
al papel de los medios de comunicación como reproductores de la violencia de género.
También nos plantea que paradójicamente, la reproducción de las violencias de género por
parte de los medios de comunicación, ha generado una toma de conciencia sobre dicha
violencia y la necesidad de combatirla. Para dar cuenta de esto último introduce la noción
de contramediatización, entendida como el uso de los “nuevos medios de comunicación”
para contrarrestar la violencia representada por la cultura hegemónica por parte de
activistas y organizaciones feministas.
Desde el punto de vista de la producción literaria, se presentan cinco textos que
plantean una reflexión profunda sobre el papel de las políticas y los regímenes de la
representación de la violencia en la literatura. Esta sección inicia con el texto “El
narcothriller nacional en balas de plata, de Élmer Mendoza” de Aillen El-Kadi, quien
considera sugerente el análisis de esta obra para acercarnos a la comprensión de las
violencias producidas por el narcotráfico. A partir de las tensiones entre ficción y realidad,
la autora nos muestra cómo en el texto de Mendoza se construyen las vinculaciones entre la
oficialidad y la criminalidad que posibilitan el funcionamiento del narcotráfico. Para ello,
construye la figura de los criminales no como aquellos personajes marginales que reposan
en el imaginario del sentido común, sino como aquellos que forman parte constitutiva de la
sociedad. De este modo, se propone un acercamiento a las relaciones que se han tejido
históricamente entre las distintas clases sociales a través del narcotráfico. Por ello, en su
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obra, la violencia puesta en evidencia no corresponde sólo a la producida por el
narcotráfico, sino que es reconocida como uno de los rasgos presentes en la historia de la
sociedad mexicana.
Por su parte, Alicia Gaspar de Alba contribuye a la reflexión de la literatura como
una manera de escudriñar la realidad a través de su artículo “La novela antidetectivesca
como protesta social”. Es un texto fascinante que nos conduce a su experiencia como
académica, como originaria de El Paso y como escritora de la novela “Sangre en el
desierto”, novela que surge de la inquietud por conocer y denunciar los feminicidios en
Ciudad Juárez. A tráves del género antidetectivesco busca llegar a un público más amplio
en Estados Unidos y romper con el silencio instalado en torno a las atrocidades cometidas
contra mujeres y niñas. A diferencia de la novela detectivesca que busca una solución a los
enigmas del crimen, la novela antidetectivesca busca atrapar la atención de los lectores y
transmitir una denuncia social. A través de esta novela, da cuenta del tratamiento inhumano
recibido por las mujeres trabajadoras de las maquiladoras a quienes el discurso oficial
señala por tener una supuesta “doble vida”, a partir de lo cual serían ellas mismas las
responsables de sus propias muertes y de la creación de un ambiente que promueve la venta
de mujeres y la esclavitud sexual.
En un acercamiento a otros géneros literarios, Rocío Mejía nos propone un diálgo
con la obra de la poeta juarense Arminé Arjona. En su texto “Crimen y castigo en Ciudad
Juárez”, nos muestra el modo en que la poética de Arjona se constituye en una
representación viva de la ciudad. Expone cómo a través de la ironía como recurso, se
produce una serie de fisuras en las formas instituidas de comprender las violencias vividas
en la frontera y nos hace reflexionar sobre el orden naturalizado de las cosas. En sus
narrativas aparecen el desierto, la muerte, la vida como transición, las familias, el narco y el
Estado, mostrándonos cómo la narrativa literaria puede ser una manera de acercarnos a la
historia emocional de una ciudad y su potencial para
hacer memoria
, trabajo político y
comunitario.
En una reflexión sobre la violencia en la literatura, Elisabeth Landerson nos
presenta un ensayo en el que nos muestra las diferencias y similitudes entre los regímenes
de representación de la violencia en la literatura clásica y la literatura contemporánea. Para
ello recurre a la mitología clasica y a los textos de Stieg Larson y Roberto Bolaño. Destaca
la presencia de violencias gratuitas en la literatura contemporánea a diferencia de la
literatura clásica, así como diferencias entre ambos autores. A partir de esta comparación,
muestra los diferentes regímenes de representación de las violencias en la literatura, que en
algunos casos refuerzan la dupla víctima-victimario y otros que proponen narrativas
alternativas.
Finalizando esta sección, encontramos “Apuntes para desmenuzar los significados
profundos del patriarcado” de Mariana Berlanga. Dando cuenta de la publicación del libro
Making a Killing. Femicide, Free Trade and la Frontera
editado por Alicia Gaspar de
Alba y Georgina Guzmán
este texto hace una sugerente presentación de las principales
aportaciones de la obra. Entre ellas, presenta una serie de claves analíticas que nos permiten
trabajar con la categoría de patriarcado, convertida en una palabra de uso común y al
mismo tiempo presente dentro de la teoría feminista, pero desafortunada y progresivamente
vaciada de contenido. Es un texto que reflexiona desde distintos ángulos sobre las causas
estructurales de los feminicidios, el proceso cultural que explica cómo se construyen las
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diferencias de género, raciales y económicas, a la vez que nos presenta un análisis crítico de
los movimientos sociales que han luchado en contra del feminicidio.
Por último, el quinto apartado del libro versa sobre los colectivos y el quehacer
cultural contra la violencia. Este grupo de trabajos reflexiona desde la política y gestión
cultural sobre el papel de la cultura en contextos de violencia. Alí Mustafá nos plantea en el
texto “La cultura como mediadora en situaciones de violencia” algunas claves para pensar
la política cultural como articuladora de lo educativo, lo económico y lo productivo; para lo
cual retoma algunos de los planteamientos del “Manifiesto 2000 para una cultura de paz y
no violencia” de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (
UNESCO
). Por su parte, Martha Miker y Alejandro Arrecillas sistematizan la
política cultural que se implementó con la creación del Consejo Municipal para el
Desarrollo de las Culturas y las Artes en 2009 y del programa emergente de cultura del
programa federal “Todos Somos Juárez” en 2010. Ambos autores plantean la necesidad de
contar con mecanismos de participación social para la toma de decisiones en materia
cultural, así como tener mayores herramientas para comprender los retos de la violencia y
la militarización en el diseño e implementación de las políticas culturales. Finalizan el texto
con una serie de propuestas necesarias y urgentes para avanzar en la descentralización y
democratización de las políticas culturales en la ciudad.
Este apartado culmina con el texto “Conectarte: diez años de colectivos
y
comunidad en Ciudad Juárez” de Kerry Doyle, quien comparte los resultados de un proceso
de consulta con colectivos culturales donde se reflexionó en torno a la función social y
política del arte en la coyuntura reciente, la necesidad de desarrollar sistemas de apoyo para
artistas jóvenes y la influencia de los artistas foráneos en la formación de los artistas
locales. Para llevar a cabo esta reflexión colectiva, se realizó un encuentro destinado a
conocer los puntos de vista de los artistas en torno al financiamiento, el trabajo
comunitario, la necesidad de espacios y la movilidad de artistas y colaboraciones entre
colectivos. Como metodología
replicable en otros contextos
se aplicó una encuesta a las
y los participantes, se elaboró topografía donde se ubicaron los lugares en los que se
realizan las actividades y se socializó el trabajo que llevan a cabo los colectivos (Pecha
Kucha).
Vida, muerte y resistencia en Ciudad Juárez
es un libro que hace de la memoria un
verbo y permite contrarrestar la política del olvido instalada en Ciudad Juárez y otros
lugares del país. En medio de los sucesos experimentados en diversas latitudes del territorio
mexicano
como Tamaulipas y Michoacán
donde las violencias no han cesado y se
ensayan políticas de seguridad similares a las implementadas en Juárez, resulta urgente
construir otros discursos desde una mirada crítica, diferentes de aquellos que buscan
silenciar para “mejorar” la imagen de la ciudad y el país. Sólo así será posible evitar que
todo el horror experimentado por miles de hombres y mujeres en la frontera norte no quede
en el olvido y la impunidad.
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