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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
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septiembre-diciembre de 2014
pp. 423-428
ISSN-0185-1918
Las élites en la diáspora como embajadoras culturales
Te Diaspora Elites as Cultural Ambassadors
Varadarajan, Latha, (2012)
Te Domestic Abroad: Diasporas in International Relations.
Oxford, Oxford University Press.
Camelia Tigau
E
n la actualidad, la diplomacia se confunde
cada vez menos con la política exterior e
implica nuevos actores que forman redes de
cooperación y comunicación, como las diás-
poras. La diplomacia de las diásporas es un
tema que cobra relevancia con posibilidades
abiertas por la globalización y nuevas tecno-
logías de información y comunicación. Mark
(2009: 26) observa que los países compiten
por inversión extranjera y por atraer migran-
tes calificados, individuos valiosos, turistas
y estudiantes, por lo que les interesa promo-
ver una buena imagen hacia estos grupos. De
igual forma, los migrantes calificados actúan
como embajadores culturales de sus lugares
de origen, ya que promueven explícita o im-
plícitamente su cultura y generalmente, al ser
capital humano valioso, representan al país
de origen en forma positiva.
Una contribución novedosa al estudio de
las diásporas como agentes activos de la diplo-
macia, ofrece el libro de Latha Varadarajan:
Te
Domestic Abroad: Diasporas in International
Relations
, publicado por la Oxford University
Press (2012). Se trata de una investigadora de
origen indio que escribe desde la Universi-
dad de San Diego, California, sobre el tema
de la nueva política interméstica, o la com-
binación de lo nacional con lo extranjero, en
la práctica de las relaciones internacionales.
Varadarajan introduce el concepto de
“nacional extranjero” para describir una nueva
forma de institucionalismo, producto de las
políticas e iniciativas estatales orientadas a
institucionalizar la relación entre los Esta-
dos-nación y sus diásporas. La autora opta
por una definición amplia de la diáspora como
categoría incluyente que se refiere a comuni-
dades emigrantes sin apego a la naturaleza de
Investigadora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México,
(México). Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la ±²³´. Sus líneas de investigación son: migración calificada y
diplomacia. Entre sus últimas publicaciones destacan: Riesgos de la fuga de cerebros en México: construcción mediática,
posturas gubernamentales y expectativas de los migrantes (2013). Correo electrónico: ctigau@unam.mx.
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su origen y de hecho reconoce su antecedente
teórico en Tölölyan (2007), quien habló antes
de la diasporización (dispersión) del concepto
de diáspora.
La obra de Varadarajan resalta la forma
en la que las diásporas han incrementado su
poder y visibilidad dentro de la política inter-
nacional. La autora observa que la “diáspora”
se ha convertido en un término popular en
el discurso político y en una herramienta
recurrente para retratar a las comunidades
emigrantes que están siendo consideradas
como “nacionales extranjeros” (loc. 213-15).
Dentro del desarrollo de las comunidades
nacionales en el exterior es fundamental la
reiteración no sólo de conexiones estables
entre comunidades de emigrantes y sus paí-
ses de origen (identificadas como patrias),
sino también la reafirmación de que dichas
conexiones deben y merecen ser reconocidas
y reforzadas por medio de instituciones del
Estado al que pertenecen. Según Varadarajan y
otras autoras como Alexandra Delano (2011),
este sentido de pertenencia a una patria en
común, crucial para la conformación de las
diásporas, no surge de forma automática por el
hecho de que los miembros de una comunidad
de inmigrantes pertenezcan al mismo país de
origen. Las diásporas necesitan ser reconocidas
por el Estado y los gobiernos para fungir como
actores activos de la cooperación internacional,
en beneficio de sus gobiernos de origen y
destino.
Varadarajan nos recuerda que las comu-
nidades nacionales en el extranjero parecen
haber emergido al escenario internacional
en un momento particular de la historia (la
actual fase de globalización, entendida de di-
versas formas como el apogeo del capitalismo
global y la revolución tecnológica), bajo de-
terminadas condiciones (cuando las diásporas
parecen haber adquirido una masa crítica en
término de números, cierto potencial de in-
gresos y organización) (loc. 219-25). De esta
forma, los nacionales extranjeros deben ser
entendidos como productos de dos procesos
progresivos y simultáneos: la reestructuración
neoliberal del Estado y la reinterpretación de
la diáspora por parte del mismo dentro de un
particular contexto histórico político.
Según la nueva perspectiva de Latha Va-
radarajan, las comunidades nacionales en
el exterior poseen un valor triple porque:
primero, son la manifestación de un transna-
cionalismo que refleja cambios en la naturaleza
misma de los Estados; segundo, son una forma
de transnacionalismo que está intrínseca-
mente relacionado con el nacionalismo y,
tercero, porque son un transnacionalismo
impulsado por el Estado en el contexto de la
evolución de las relaciones sociales capitalis-
tas, tanto a nivel nacional como internacional
(loc. 515-18). Las diásporas son actores impor-
tantes en la política internacional debido a su
identidad particular, cuyo papel como grupo
transnacional puede ser entendido por medio
de su identidad cultural híbrida.
Si bien la autora acepta una transforma-
ción en el papel del Estado
-
comúnmente
llamada “reestructuración neoliberal”
-
, ar-
gumenta que el transnacionalismo refuerza
su autoridad. Al respecto, considera que el
reto mayor en las relaciones internacionales
actuales consiste en dar sentido a un proceso
que, en determinados aspectos, refuerza la
dinámica moderna de los Estados-nación y
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la dimensión territorial de los mismos como
una unidad constitutiva, mientras que por
otra parte afecta de forma negativa sus bases.
Al igual que en la obra escrita por Delano,
Varadarajan retoma el caso de las diásporas
mexicanas y la actitud del Estado frente a
ellas. Recuerda que previo a las elecciones de
2000, el ex presidente Vicente Fox Quezada,
declaró que deseaba “gobernar en nombre
de 118 millones de mexicanos”, los que están
en México pero también los que están fuera,
sobre todo en Estados Unidos. Vicente Fox lo-
gró un cambio importante con señalamientos
como “nuestros queridos y heroicos migran-
tes” con lo que demostró que éstos formaban
parte intrínseca de la nación mexicana (loc.
79-83). Específicamente, Fox afirmó que la
nación mexicana y la mexicanidad se exten-
dían “más allá de los territorios delimitados
por las fronteras”. En consecuencia, si el Estado
mexicano buscaba una verdadera representa-
tividad tenía que mirar más allá de sus límites
territoriales y orientar sus políticas a los ciu-
dadanos residentes en el extranjero. Como
parte de esta propuesta, el gobierno de Vi-
cente Fox impulsaría cambios institucionales
en el país. Más allá de los propósitos electora-
les de estos discursos, se trata de un cambio
en la definición de políticas públicas para la
migración en el que los destinatarios de es-
tos discursos pasan de ser “comunidades en
el exterior” a ser “diásporas”.
En su obra, Delano (2011, loc. 157-65) des-
taca que si bien el uso del término “diáspora”
pudiera parecer un pequeño e insignificante
detalle dentro del enorme panorama de las
necesidades de los migrantes mexicanos en
Estados Unidos y de los esfuerzos guber-
namentales para responder a ellas, es muy
importante la elección de los términos y del
lenguaje utilizado en la definición de objetivos
e interacciones con los migrantes mexicanos,
ya que refleja la lucha continua con el gobierno
mexicano respecto a su posición hacia la mi-
gración. Delano demuestra que la discusión
del término “diáspora” en el caso mexicano
también sirve como ventana al proceso de
redefinición gubernamental respecto al sig-
nificado de la migración en el país y de cómo
se relaciona con la población. En el caso de
México, la influencia de los migrantes en el
desarrollo del país por medio de las reme-
sas y la inversión en sus comunidades de
origen es uno de los factores que han impul-
sado un cambio en el discurso del gobierno y
en la respuesta a las necesidades y deman-
das de la población, como ha sido el caso en
diversos estados emisores de migrantes y en
la comunidad internacional. Delano analiza la
forma en la que el Estado mexicano ha mo-
delado sus intereses y objetivos respecto a la
migración (Delano 2011, loc. 237-38).
Por su parte, regresando a la contribución
de Varadarajan, la autora nos demuestra que ya
pasó o debe pasar la época en la que las diás-
poras eran ignoradas y deslegitimizadas por
sus países de origen dentro de determinadas
coyunturas históricas, precisamente porque
eran consideradas “desnacionalizadas” –es
decir, fuera del imaginario colectivo nacional
-
(loc. 682-84).
Al contrario, la literatura de especialidad
ha reconocido la exacerbación del sentido
nacional de las diásporas y su contribución
a la comunicación y al comercio internacio-
nal, entre otros. Es por eso que al empezar
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el siglo xxI, todos los países con números
significativos de diásporas, reconocen en
forma pragmática el papel que pueden tener
en el desarrollo de sus países y apoyan la
formación de asociaciones de diásporas, sobre
todo, calificadas. La eXperiencia histórica y
otras investigaciones han demostrado que a
mayor calificación, mayor la posibilidad de que
las diásporas incidan en cambios políticos y
económicos. Las diásporas son efectivamente
élites de la globalización (Wagner, 2007), lo
que nos permite llevar su estudio más allá del
nivel migratorio y eXplorar sus vínculos con
el desarrollo (Clemens, 2011).
Actualmente se acepta que las diásporas
son agentes activos de desarrollo, pero tam-
bién de diplomacia pública, definida ésta en
dos sentidos: como
g2p
(gobierno para el
pueblo) o
p2p
(pueblo para el pueblo), se-
gún observa Barbara Ociepka (2008: 11-12,
cit. en Tomiczek, 2011). La diplomacia de
las diásporas se inscribe en esta tendencia
de democratización de las relaciones inter-
nacionales y consiste en el cabildeo directo,
las campañas mediáticas, el levantamiento
de fondos, manifestaciones, comunicación
electrónica y participación electoral. Según
Kathleen Newland (2010: 14), otra autora que
se dedica al tema, el cabildeo de las diáspo-
ras va más allá de los aspectos que afectan el
estatus de sus miembros en los países de ori-
gen o destino, como la ciudadanía, el estatus
migratorio y los derechos de voto. En oca-
siones, se ha visto que las diásporas buscan
cambios en asuntos de política interna de sus
países de origen, como los derechos humanos,
el buen gobierno y la participación política.
Sobre todo, las diásporas de nuestros días, mu-
chas veces organizadas como comunidades
virtuales, llegan a determinar las relaciones bi-
laterales ente los países de origen y de destino,
como por ejemplo, las políticas comerciales, la
ayuda humanitaria o la política de desarrollo.
De acuerdo con Newland (2010: 2), tanto las
diásporas como sus organizaciones e indivi-
duos son cada vez más notables e influyentes
dentro de sus países de origen y en los Estados
en donde residen. La defensa de las diásporas
se ha convertido simultáneamente en la más
urgente e inminente obligación en la era de
las comunicaciones electrónicas, con apoyo
en el uso de herramientas tecnológicas como
portales electrónicos, grupos de discusión y
redes sociales que aumentan el potencial or-
ganizativo de las mismas.
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