Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
45
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
Sociólogo, magister en Ciencias Sociales, doctor (h.±.) por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima,
Perú, Universidad de Valparaíso, CHile y Universidad Nacional ²erminio Valdizán, ²uánuco, Perú. Profesor titular
de “Procesos Sociales de Trabajo, Actores y Movimientos Sindicales”, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Univer-
sidad de Buenos Aires (Argentina). Director de proyectos ³´µ±y¶ e integrante de proyectos de investigación sobre
temas laborales y exclusión social. Fue presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (µ·µ¸). Entre sus
últimas publicaciones destacan:
Coproducción e intelecto colectivo: investigando para el cambio con la fábrica, el barrio
y la universidad
(2014); compilador de:
Latin American Critical Tought: Teory and Practice
(2012); y compilador
junto con Osvaldo Battistini de:
Los trabajadores en la nueva época capitalista. Entre el ser y el saber
(2010). Correo
electrónico: albiala@gmail.com
∗ ∗
Sociólogo, magister en Ciencias Sociales y candidato a doctor de la Universidad de Buenos Aires. Profesor adjunto
de “Procesos Sociales de Trabajo, Actores y Movimientos Sindicales” de la Facultad de Ciencias Sociales de la Univer-
sidad de Buenos Aires (Argentina). Director de proyectos ³´µ±y¶ e integrante de proyectos de investigación sobre
temas laborales, globalización y educación superior. Es miembro de los órganos directivos del R±30 “Sociología del
Trabajo” y del R±52 “Sociología de las profesiones” de la Asociación Internacional de Sociología (¹¸µ). Entre sus pu-
blicaciones recientes destacan: “La acreditación regional de carreras en el º»R±¼¸³R: presente y futuro. Un estudio
de caso sobre la nueva relación entre la globalización y los procesos de convergencia de la educación superior” (2011);
“La ½eforma Universitaria de Córdoba (Argentina) de 1918. Su influencia en el origen de un renovado pensamien-
to emancipatorio en América Latina” (2010) y “¾e Governance of ²igHer Education ½egionalisation: Comparative
Analysis of tHe Bologna Process and º»R±¼¸³R-Educativo” (2010). Correo electrónico: jpHermo@sociales.uba.ar
Repensar la sociología del trabajo desde el Sur Global
Nuevos y viejos desafíos para comprender los procesos sociales de
trabajo en el capitalismo globalizado
Rethinking the Sociology of Work from the Global South
New and Old Challenges to Understand Work’s Social Processes in
Globalized Capitalism
Alberto Bialakowsky
Javier Hermo
∗∗
½ecibido el 14 de octubre de 2014
Aceptado el 23 de noviembre de 2014
RESUMEN
En 1995 los autores del presente artículo escri-
bieron un ensayo en el que reflexionaron acerca
de la posibilidad de que la sociología del trabajo,
con sus paradigmas disciplinarios “normales”,
pudiera explicar las nuevas realidades que sur-
gían en aquel momento como consecuencia del
ABSTRACT
In 1995, tHe autHors of tHis paper wrote an arti-
cle asking wHetHer Sociology of Work, witH its
“normal” disciplinary paradigms, could account
for tHe new realities tHat were emerging at tHat
time as a consequence of Post-Fordism in tHe
globalized pHase of capitalism. In 2012, a criti-
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
46
posfordismo en la fase globalizada del capitalis-
mo. Doce años más tarde llevaron a cabo una
lectura crítica, así como una actualización de
aquellos conceptos, tratando de establecer nue-
vos retos para los estudios sociales del trabajo.
En ambas ocasiones se afirmaba la existencia de
una crisis de la sociología del trabajo marcada
por un reduccionismo económico que tiende a
considerar a los actores sociales del proceso de
trabajo como meras categorías del “modelo fa-
bril”. También se afirmó que la transformación
radical de los actores sociolaborales del siglo
XX, cada vez más evidente en los años noventa y
claramente desarrollada en el siglo XXI, fue desa-
fiando la delimitación temática de la disciplina.
En consecuencia, era necesario incorporar di-
mensiones tanto subjetivas como colectivas en
el contexto del análisis disciplinario. En este
artículo, se proponen avanzar en la revisión de
cuestiones teóricas que deben replantearse y
modificarse con el objetivo de comprender el
nuevo escenario global y sus consecuencias para
las relaciones laborales y los trabajadores.
Palabras clave
:
sociología del trabajo; posfordis-
mo; capitalismo; globalización; modelo fabril.
cal reading was carried out, as well as an update
of those concepts, in an attempt to establish new
challenges for social studies of work. On both
occasions it was claimed that Sociology of Work
faced a crisis marked by an economic reductio-
nism that tends to consider social actors of the
labor process as mere categories of the “factory
model.” ±t was also stated that the radical trans-
formation of the 20
th
century socio-labor actors
-
that was becoming increasingly evident in the
90’s and clearly developed in the 21
st
century
-
was modifying the ability to keep the focus on
the discipline’s mainstream. As a result, it was
necessary to incorporate both subjective and
collective dimensions into the context of disci-
plinary analysis. ²is paper aims at advancing
theoretical issues that need to be reviewed and
changed so as to understand the new global
scenario and its consequences for labor rela-
tionships and workers.
Keyword:
sociology of work; Post-Fordism; ca-
pitalism; globalization; factory model.
Introducción
En 1995, en el artículo que escribimos para la
Revista del Trabajo
que edita el Ministerio de
Trabajo de la República Argentina (Bialakowsky y Hermo, 1995) nos preguntábamos si era
posible que la sociología del trabajo, con sus paradigmas disciplinarios “normales” (Kuhn,
1971) vigentes en ese momento, pudiera dar cuenta de las realidades que, por entonces, es-
taban emergiendo a la luz como producto del posfordismo en el capitalismo globalizado.
Desde entonces, esos procesos se han profundizado colocando además una nota signifi-
cativa sobre ciertas cuestiones críticas del orden global: las crisis financieras exponenciales
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
47
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
-
tanto en el sur como en norte
-
, el desempleo recurrente, el cierre a las migraciones de la
fuerza de trabajo, la concentración privada de las fuerzas productivas, la corrosión del am-
biente y la concomitante crisis ecológica que ha venido exponiendo los límites planetarios
del desarrollo capitalista.
Sosteníamos entonces que la crisis de la sociología del trabajo de los años noventa estaba
signada por un reduccionismo economicista que tendía a considerar a los actores sociales
como meras categorías del “modelo fabril”, pero también por la transformación radical de
los actores sociolaborales del siglo XX que se estaba haciendo cada vez más evidente enton-
ces y por la necesidad de incorporar tanto las dimensiones subjetivas como las colectivas
en el marco de análisis disciplinario.
Partíamos de hacer un
racconto
histórico de los procesos que afectaron a las relaciones
laborales desde los años setenta
-
que caracterizamos como “hechos fundadores”
-
, particu-
larizando en los casos de Argentina y América Latina. Desde allí desarrollamos las nuevas
realidades que estaban emergiendo y proponíamos marcos interpretativos renovados, acor-
des a las preguntas que nos hacíamos.
Veinte años después, siendo la precariedad y las nuevas articulaciones laborales el sino
común de la reorganización capitalista globalizada, se impone realizar un examen crítico
de lo sucedido en este tiempo. Ello implica llevar a cabo una revisión de los nuevos “hechos
fundadores” que acontecieron en la región y el mundo: la consolidación del capitalismo fi-
nanciero con
fuerza
política
para involucrar a los gobiernos en sus crisis a repetición, la
transformación tecnológica como fuerza productiva dominada, el desplazamiento
-
en dos
sentidos: creación de subproletariado o nuevo significado del
lumpen proletariado
y las
migraciones forzadas por la pobreza
-
, y extinción de poblaciones, así como los nuevos sig-
nificados del trabajo y el
general intellect
-
siguiendo los significados precisados por Virno
(2003)
-
. La sociología del trabajo debe realizar un esfuerzo para superar el marco analítico
que ya era insuficiente para dar cuenta del mundo laboral vigente en la etapa fordista. Ello
implica considerar un conjunto de saberes provenientes de diversas corrientes teóricas y de
otras ramas de la sociología y las ciencias sociales, entre las que destacamos los renovados
enfoques latinoamericanos tanto teóricos como prácticos
-
por considerarnos parte, pero
también por la necesidad de renovar visiones desde el Sur Global
-
, para abordar procesos
de cambio social con los aportes del pensamiento crítico. Al mismo tiempo, en relación con
teoría y praxis, esto implica participar y promover el movimiento intelectual reemergente
del
pensamiento crítico latinoamericano
que ha contribuido a revisar
-
en estas primeras
dos décadas del siglo XXI
-
, tanto contenidos temáticos como las bases epistemológicas de
las ciencias sociales.
Giro
epistémico
éste que comprende al menos dos elementos relevan-
tes: por una parte estableció una crítica a la traslación de modelos etno y género céntricos;
por la otra, colocó como elemento necesario de la praxis científica la coparticipación crea-
tiva de los sujetos investigados.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
48
Es así que este artículo debe leerse, a la vez, como una relectura crítica de aquel trabajo
donde prefigurábamos las tendencias principales del escenario entonces vigente y su ac-
tualización, así como los nuevos planteos que encaramos en esta década y la reformulación
parcial de esos conceptos a la luz de los nuevos sucesos. Se trata también de la necesidad de
encarar nuevos desafíos para los contenidos y el sentido de la continuidad de los estudios
sociales del trabajo, avanzando en cuestiones teóricas que deben ser revisadas para com-
prender el nuevo capitalismo globalizado emergente y sus consecuencias para las relaciones
laborales y los propios trabajadores. De todo ello se ocupa este artículo.
Las cuestiones que siguen interrogando a la sociología del trabajo
Con mayor perspectiva histórica que la que teníamos en 1995 al escribir el trabajo original
que aquí retomamos
-
por la cercanía de los hechos en ese momento y la continuidad de
discusiones sobre las implicancias del posfordismo para los trabajadores (Holloway, 2002)
-
,
podemos advertir que los procesos de cambio en el mundo laboral que se manifestaron con
mayor crudeza en los noventa venían preparándose y desarrollándose, al menos, desde el
inicio del ciclo largo de la crisis del capitalismo de mediados de los setenta.
Más aún, debemos rastrear la crisis de la sociología del trabajo como disciplina más allá
en el tiempo y, en buena medida, en su misma génesis como rama de la sociología. Los “lí-
mites reduccionistas por la excesiva dependencia de enfoques económicos” (Bialakowsky
y Hermo, 1995),
1
que señalábamos como uno de los elementos de la crisis en el artículo
de 1995, provienen de un malentendido fundamental: haber interpretado la realidad del
mundo laboral como una imagen fijada en el desarrollo industrial del modelo fabril propio
de la etapa fordista-keynesiana.
Así, el final del ciclo largo de los “treinta gloriosos” o “años dorados” (1945-1975),
2
significó “la transformación radical de los actores sociolaborales”
-
segundo factor que se-
ñalamos como parte de la crisis disciplinaria
-
y puso en evidencia lo incorrecto de haber
pensado un modelo de sociología laboral que se basara en una fase del capitalismo y no se
propusiera una comprensión integral de los procesos sociales de trabajo
-
al menos en el
moderno sistema de la economía-mundo capitalista (Wallerstein, 2010), punto de anclaje
habitual de la sociología como disciplina
-
, incorporando “las dimensiones antropológicas
y subjetivas en el marco de análisis”. Queremos sumar ahora la necesaria actualización en
las implicancias científicas de incorporar una visión
biopolítica
y sus reversos en el análi-
1
Para hacer más fácil la lectura, en adelante, cuando haya un texto breve entrecomillado sin aclaración de cita, deberá
entenderse que estamos haciendo referencia a nuestro artículo original de 1995.
2
Para tomar las dos denominaciones más usuales, creadas por Jean Fourastié (1979) y Eric Hobsbawm (1998),
respectivamente.
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
49
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
sis de la producción y reproducción de la fuerza de trabajo y las fuerzas productivas como
elemento complementario de lo que proponíamos como tercer elemento de la crisis de la
disciplina, que es necesario incorporar para superarla.
Afirmar esto, desde nuestra perspectiva, significa pensar en los múltiples procesos so-
ciales que involucran al trabajo y su compra-venta, especialmente en el hecho de que las
relaciones sociales en el seno de la sociedad capitalista se expresan
-
de modo significativo
y determinante para la vida social en su conjunto
-
en el proceso de trabajo, aun cuando
no sean visibles en primera instancia. Desde que Marx descubriera el fetichismo de la
mercancía estaba claro que es en el seno de las relaciones de producción donde se pro-
duce la
ficcionalización
o enmascaramiento de la dominación de clase en el capitalismo.
Sin embargo, parecía ser que el “único y mejor modo”
-
parafraseando el uso del
one
best
way
de Frederick Taylor
-
del proceso de trabajo se daba en la fábrica moderna, a pesar de
que pueden distinguirse formaciones laborales tanto al interior de los cercamientos fabri-
les como en las poblaciones trabajadoras no comprometidas con el modelo desarrollado
por la industria.
Contrariando este esquema conceptual predominante para la sociología del trabajo,
numerosos estudios mostraron la necesaria correlación entre la expansión de la esfera del
capital, la expansión de la agricultura y la territorial, así como el desarrollo industrial (Wa-
llerstein, 2010a, b y c) y cómo procesos aparentemente marginales al “núcleo duro” de la
expansión capitalista eran tan significativos como éste para comprender la construcción
del moderno sistema de economía-mundo capitalista (Wallerstein, 2010a). Esta confusión
predominante en muchos estudios del trabajo llegó incluso a asimilar caminos de trán-
sito lineales y progresivos entre modernidad y formas ancestrales, cuando representaban
dos caras de una misma realidad integradas sistémicamente, en la que convivían y convi-
ven en
continuum
con el desarrollo moderno industrial y posindustrial, diversas formas
que habían sido (des)calificadas como precapitalistas, tales como el trabajo esclavo o for-
mas serviles (Quijano, 1992; Wallerstein, 2010a). Siendo así, es evidente que los procesos
de trabajo significativos para la comprensión del papel del trabajo en el capitalismo no pue-
den ser tan sólo los del trabajo propio del modelo fabril que, aún en su mayor apogeo, no
llegó nunca a abarcar a la mayor parte de la fuerza de trabajo en la economía-mundo capi-
talista. No obstante, el eje central de análisis de la sociología del trabajo se confundió, en la
mayoría de los casos, con una sociología industrial, aun cuando se asumiera una perspec-
tiva crítica respecto de la sociedad.
Los cambios recientes que se producen en la modernidad líquida (Bauman, 2003) posfor-
dista y globalizada, volvieron a mostrar que el industrialismo no lo era todo en el capitalismo.
El pasaje hacia un papel cada vez más importante del sector servicios y la tendencia cre-
ciente a la informatización de la producción y la sociedad (Hardt y Negri, 2002), así como
otros rasgos característicos de la fase globalizada actual del capitalismo (Hermo y Pittelli,
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
50
2008), han hecho evidente que el trabajo industrial no es el único ni el más importante de
los tipos de trabajo posibles en el sistema capitalista.
Aún en el cenit del desarrollo industrial del siglo xx
-
en “los treinta gloriosos”
-
, el
trabajo en la industria no fue en modo alguno la modalidad predominante del trabajo ca-
pitalista más que en los así llamados “países desarrollados”. La mirada etnocéntrica que
prevaleció en las ciencias sociales en general también lo hizo en los estudios de la sociolo-
gía del trabajo inspirados en los “padres fundadores” de la sociología laboral francesa, que
motivaron a la mayor parte de los sociólogos del trabajo de la segunda mitad del siglo xx:
Friedmann y Naville.
A pesar de la aparición de los estudios poscoloniales y de las numerosas revisiones his-
tóricas de los planteos de cuño etnocéntrico, para las ciencias sociales en general y para la
sociología laboral en particular, fue difícil construir un pensamiento que fuera más allá de
la realidad de los países centrales
-
especialmente Estados Unidos y Europa
-
. Lo que no es-
taba contemplado allí, se justificaba por el grado de retardo en su desarrollo y, por tanto, era
más propio de la antropología o de los estudios poscoloniales, sin que ello tuviera mayores
implicancias para el
mainstream
de la sociología como ciencia social y de la especialidad
laboral en particular.
Se suma a esta visión etnocéntrica un segundo problema de apreciación al identifi-
car el período de “los años dorados” del capitalismo con su estadio normal. Sin embargo,
ese momento constituyó una eXcepcionalidad del desarrollo y constitución de la econo-
mía-mundo capitalista.
Es decir, el obstáculo epistemológico que se le presenta a la sociología del trabajo está
relacionado con una
reificación
de una situación absolutamente anómala en la historia de
la economía-mundo capitalista: el ciclo fordista-keynesiano, y con una lectura del desarro-
llo capitalista que ha centrado su mirada únicamente en el “centro” del mismo, ignorando
que centro, periferia y semiperiferia forman parte de un proceso de desarrollo desigual y
combinado del sistema de economía-mundo, absolutamente relevantes para la compren-
sión de los procesos sociales de trabajo en el capitalismo moderno.
3
El pasaje al posfordismo y las tensiones para la sociología laboral
Más allá de las dificultades señaladas, se producen cambios profundos en la naturaleza de los
procesos de trabajo con el abandono del fordismo y su reemplazo por las
-
durante mucho
tiempo denominadas
-
“Nuevas Formas de Organización del Trabajo” (±²³´), eufemismo
3
Para las implicaciones de esta afirmación sobre las semiperiferias, de particular importancia para América Latina,
véase: Grüner (2010).
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
51
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
luego reemplazado por los conceptos de toyotismo, posfordismo, o bien por “capitalismo
flexible” (Sennett, 1998), para abarcar al conjunto de las transformaciones ocurridas en la
fase líquida y globalizada del capitalismo actual.
Entre las muchas posibilidades de análisis elegimos las que involucran el cambio de la
“condición salarial” (Castel, 1997) a la nueva “condición precaria”, construida a partir de
derribar “edificios legales históricamente construidos”, entre los cuales pueden señalarse:
la contratación por tiempo indeterminado,
el empleo como forma de ocupación universal,
el salario directo e indirecto como tipo generalizado de remuneración por el trabajo,
la limitación de la jornada laboral,
la interlocución con el colectivo sindical,
la desocupación transitoria como reserva para el empleo y,
la representación socioeducativa armónica con las calificaciones requeridas para el
puesto de trabajo (Bialakowsky y Hermo, 1995).
También decíamos entonces que desde esta perspectiva convendría detenernos en cinco
procesos socio-laborales:
la formalización de la informalidad,
la formación de una nueva subjetividad del actor laboral y la necesidad de incorpo-
ración como dimensión de análisis,
los nuevos perfiles del sufrimiento humano y de desgaste laboral,
el nuevo significado del trabajo y,
las nuevas articulaciones laborales en América Latina (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Nos preocupaba la utilización que se venía haciendo desde los años ochenta de los concep-
tos de informalidad y trabajo en negro como situaciones excepcionales propias del “atraso
latinoamericano”, sin entender que para la mayor parte de América Latina nunca había
llegado a ser mayoritaria la condición salarial entre el conjunto de la clase trabajadora, en-
tendiendo por tal a la “clase que vive de su trabajo” (Antunes, 1999).
La instauración de lo que solía conceptualizarse como flexibilización
-
que luego co-
menzó a comprenderse más correctamente como precarización
-
implica en todos los casos
el desmantelamiento de los Estados de Bienestar keynesianos y sus andamiajes estructurales,
tanto institucionales y jurídicos como asistenciales. Desde luego, esto tiene una traducción
muy distinta en los países latinoamericanos, donde los Estados benefactores no llegaron a
conformarse como tales en el mismo sentido que en los países centrales y sólo en algunos
países puede hablarse de Estados benefactores periféricos (Argentina, Chile, Uruguay, en
alguna medida Brasil y México).
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
52
De este modo, si es correcta nuestra interpretación y las investigaciones en curso, la so-
ciología del trabajo
-
y las ciencias sociales del trabajo por inclusión
-
se encuentran en el
límite de la explicación al menos en cinco de sus extremos:
a.
en la necesidad de darle un contexto histórico al desarrollo de los procesos de
trabajo como parte constitutiva del modo de producción capitalista, pero sin li-
mitarse a una visión esquemática del trabajo como mero proceso de generación
de valor;
b.
en comprender la geopolítica en la distribución de las poblaciones trabajadoras, su
rediseño, su modulación y fluctuaciones a nivel trasnacional;
c.
en señalar la pregnancia e incidencia de la hegemonía de la ideología neoliberal y
la conformación de nuevas subjetividades y sujetos colectivos;
d.
en dar cuenta de los límites
bioplanetarios
, comprendiendo en ello a los desaloja-
dos campesinos y urbanos y la devastación ecológica (Mészáros, 2003), la rotación
de los paradigmas en las direcciones señaladas de marcos epistémicos participati-
vos e interculturales, y
e.
en remarcar la insuficiencia de considerar la transferencia científica como instru-
mento de cambio laboral sin considerar el derecho a la investigación científica de
los protagonistas.
Hechos fundadores y transformaciones sociales:
el surgimiento del nuevo escenario
El desguace de los tibios intentos por establecer un modelo de Estado social que se paran-
gonara con los europeos comenzó en América Latina con la primera oleada de dictaduras
militares del tipo burocrático-autoritarias (O’Donnell, 2009) de mediados de los años 60 a
mediados de los setenta, convirtiéndose en el primero de los que habíamos definido como
“hechos fundadores” para la comprensión de las nuevas realidades en el mundo del tra-
bajo en América Latina.
Advertimos ahora que este hecho fundador no sólo iba a repercutir en la región a partir
de su labor activa para barrer con muchos de los actores sociales que habían construido un
sueño de utopía posible en una América Latina en la que los nacionalismos populares y las
fuerzas de izquierda habían ido creciendo desde los años 40 y habían renovado sus ímpe-
tus con la Revolución cubana y los movimientos obreros y estudiantiles de fines de los 60.
Se trataba, en particular, de disciplinar a los trabajadores y, sobre todo, de limitar o elimi-
nar a los militantes y dirigentes sindicales, caracterizados como “guerrilla industrial” por
la dictadura argentina, sus conexiones civiles y la geopolítica del Departamento de Estado
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
53
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
norteamericano.
4
De hecho, fueron las dictaduras latinoamericanas el laboratorio mundial
de aplicación de las recetas del neoliberalismo que Margaret Tatcher y Ronald Reagan co-
menzarían a aplicar luego, a comienzos de la década de los años ochenta (Anderson, 2003;
Klein, 2007).
Desde la perspectiva de la sociología laboral, lo que debe señalarse es que la posibilidad
de dar por concluido el ciclo del modelo fabril fordista y su inseparable keynesianismo/de-
sarrollismo estatal, está íntimamente ligado con este hecho fundador a nivel global. La
declaración de guerra del capital al trabajo de la que hablaba Gorz (1998) había tenido
expresión en esta doctrina del shock (Klein, 2007), comienzo de la ofensiva global contra el
protagonista que había prohijado el fordismo: la clase obrera y, en especial, el movimiento
sindical organizado.
Nótese que este “hecho fundador” adquiere su verdadero significado al ser observado con
este enfoque, en tanto que explica un conjunto de acciones destinadas a quebrar la resisten-
cia a la opresión de la monotonía del fordismo que amenazaba en convertirse en una fuerza
capaz de poner en jaque al capital
-
como lo señalaba la metáfora de “guerrilla industrial”
-
.
Más aún, como han señalado Gorz (1998) y Hardt y Negri (2002), lo que el capitalismo ha
logrado perfeccionar es la forma de convertir aquello que suponía lo colocaba en jaque
:
la
resistencia a la opresión y a la rutina fordista, la búsqueda de ampliación de las libertades
colectivas y personales así como la autorregulación sobre la imposición disciplinaria de los
rígidos ritmos laborales. Reversión del capital con la utilización de una herramienta para la
reafirmación de su dominio a través de la adopción de las nuevas formas posfordistas (en
una combinación de toyotismo con taylorismo y fordismo reconvertidos), en el contexto de
la transformación hacia las sociedades de control (Foucalt, 1997; Deleuze y Guattari, 1985),
sin abandono de las largamente ensayadas vigilancias globales y focalizadas.
Es también el momento de la crisis de un sistema que crecía gracias a la expansión conti-
nua del consumo y de un ciclo que permitía la incorporación de nuevos trabajadores a una
industria en expansión, como había venido sucediendo desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial. O, dicho de otra forma, la reaparición del clásico problema de la crisis de sobre-
4
En rigor, esta definición había sido dada por Ricardo Balbín, líder político histórico de la Unión Cívica Radical de
Argentina, quien “comentó a los medios en una entrevista que estaba altamente preocupado dado que era obvio que
‘la guerrilla fabril está sirviendo a intereses extranjeros’” (Cable de la Embajada de ±±²² en Argentina 2/12/75), siendo
su argumento utilizado posteriormente por la dictadura como justificación a su salvaje represión contra dirigentes
y militantes sindicales. El mencionado cable de la Embajada alertaba: “Es la guerra que la guerrilla industrial está
llevando a cabo, que opera en la planta de producción, en el sindicato y, cada vez más, en concierto con la gerencia.
Sus tácticas son las usadas por sus pares rurales y urbanos, pero perfeccionadas de acuerdo con las necesidades de
su medio ambiente específico. Ésta tiene como objetivo radicalizar a los trabajadores, alienarlos de sus dirigentes
legítimos y de su gobierno y ganarse su apoyo y solidaridad para así poder convertirlos en sus serviciales cómplices o
dóciles seguidores. Los esfuerzos de la guerrilla industrial han tenido un considerable éxito y recién ahora el gobierno
y la población se están dando cuenta del peligro y el alcance de estos esfuerzos. Por consiguiente, podría esperarse, en
un tiempo cercano, la misma acción formal, probablemente militar, para combatir a la guerrilla industrial”.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
54
producción, que más debiera repensarse como crisis de redistribución de riquezas, porque
lo que aquello que se pone en juego es la definición de quiénes tienen capacidad de con-
sumir y cómo eso tropieza con las tendencias crecientes de concentración de la riqueza en
el capitalismo.
La crisis del petróleo y sus implicancias para el centro de la economía-mundo, los proce-
sos de desafío abiertos a la continuidad del capitalismo y la sobreabundancia de capital que
no podía valorarse en su forma clásica de inversiones en la industria y el agro, conformaron
un coctel explosivo. Su detonación implicó el pasaje del capitalismo industrial al financiero,
una renovada forma de generar concentración del capital y refugio para la encerrona de se-
guir achicando la brecha en la distribución del ingreso
-
como había sido el caso creciente
en los “treinta gloriosos”
-
, a lo que se resistía el capital concentrado.
Por supuesto, esto trajo una primera oleada de reconversión productiva que implicó para
muchos países
-
como Argentina
-
una desindustrialización y el comienzo de una reversión
del papel activo del Estado regulador hacia una nueva situación donde cambió el signo de
la intervención gubernamental
-
que no desapareció ni disminuyó, como se señala errónea-
mente a veces, sino que pasó a favorecer activamente al capital, volviendo más regresivas
las contribuciones impositivas, eliminando barreras legales para un mayor control del ca-
pital sobre el trabajo y alentando el libre mercado como sustitutivo del interés público
-
.
Los años ochenta van a ser el momento de concreción y legalización de estas políticas
en el orden planetario a partir del avance del neoconservadurismo encarnado por el en-
tente Reagan/Tatcher y la renovada ofensiva sobre los derechos de los trabajadores y los
derechos sociales en general, el poder de los sindicatos y lo que era considerado como la
fuente del poder amenazador para el capital: el
Evil Empire
al que hacía referencia Reagan
al referirse a la Unión Soviética.
5
En América Latina también son los tiempos del estreno anticipado de la función del ajuste
estructural recetado por los organismos financieros internacionales como solución para la
crisis de la deuda externa, “reestructuración productiva” promovida incluso como vuelco
del pensamiento tecnocrático hasta entonces incluido en el desarrollismo, iniciada explíci-
tamente en 1982 y generadora de nuevas oleadas de conflictos sindicales
-
especialmente del
sector público, pero también de otros sectores de servicios atravesados por la crisis, como
bancarios y docentes
-
. La crisis y el ajuste enlazados en América Latina disparan, también,
pujas distributivas que culminan con procesos inflacionarios e hiperinflacionarios caracte-
rizados como el principal desafío económico a superar por las recetas neoliberales, a partir
de los cuales se prescriben más ajustes y recortes en ciclos pendulares,
corsi e ricorsi
de larga
duración que dieron lugar a lo que consideramos como el segundo hecho fundador de la
5
Más allá de que fuera muy discutible este papel en la realidad, la existencia del bloque soviético oficiaba como un
contrapeso que sólo pudo ser apreciado en su real dimensión con su extinción.
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
55
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
nueva realidad: la flexibilización de hecho como consecuencia de la aplicación salvaje de
las políticas de ajuste estructural y los recortes.
El crecimiento del sector informal como estrategia de sobrevivencia de las víctimas de
los despidos y ajustes, la aparición de un sector subocupado y desocupado en forma re-
currente o cuasi permanente, así como los nuevos guetos de pobreza urbana (Wacquant,
2010), y una renovada expulsión rural, fueron fenómenos que se apreciaron tanto en el cen-
tro como en la periferia. La aparición de
homeless
en las ciudades norteamericanas es una
realidad posterior a los gobiernos republicanos de Reagan y George Bush padre, así como el
surgimiento de nuevos bolsones de pobreza y marginalidad en diversas partes del mundo
antes considerado “desarrollado” y, aparentemente, ajeno a esas desventuras de socie-
dades empobrecidas.
Tanto en el mundo europeo y norteamericano como en Latinoamérica, los sindicatos
intentaron resistir en una batalla desigual y sin que hubiera ninguna estrategia superadora
para resistir los embates, lo que a su vez fue diezmando su misma capacidad de resisten-
cia, salvo contados sectores.
La culminación de este ciclo de derrotas prácticas y simbólicas de los protagonistas que
se habían opuesto al dominio unidimensional del capital estuvo dada demostrativamente
por la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, lo que considera-
mos constituye un tercer “hecho fundador” de carácter global que alumbra la nueva etapa
de modernidad líquida posfordista en la que la utopía neoliberal postuló
-
por medio de
sus intérpretes
-
el fin de las ideologías (Fukuyama, 1990).
En los años noventa, lo que se denominó doctrinariamente como el Consenso de
Washington expresaba la adopción secuencial de estas políticas neoliberales como credo
adoptado e impuesto como marco conceptual y práctico para la superación de la prolongada
crisis estructural que era atribuida por los ideólogos del pensamiento único a la ineficacia
del Estado de Bienestar keynesiano y lo que aún faltaba desmontar de él. Este fenómeno
implicaría una nueva realineación entre los hemisferios norte y sur.
En efecto, las políticas de privatización de las empresas públicas, los recortes de los be-
neficios sociales, los despidos de empleados públicos y las múltiples desregulaciones que
se habían impulsado en los años ochenta
-
todas ellas medidas anticipadas en los labora-
torios sudamericanos de mediados de los setenta
-
, se trocaron extensivamente en recetas
de acción para el Tercer Mundo. Esta oleada también impactó en las semiperiferias, como
es el caso de los países del sur europeo, que también privatizaron sus empresas públicas
o estimularon su transformación en entes mixtos dominados por la lógica del mercado al
asociarse con capital privado. Son también los años noventa el momento del cuarto “hecho
fundador” al cristalizarse en el Consenso de Washington el esquema jurídico-ideológico
de adopción de los “marcos de normativa jurídica que cristalizan y legalizan la flexibilidad
laboral fáctica” (Bialakowsky y Hermo, 1995). Esto nos llevaba a afirmar que:
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
56
En los noventa, nos encontramos culminando con la aceptación de los patrones informales en la for-
malidad y la instalación de un proceso de mercantilización de los elementos que constituían el salario
indirecto. El trabajo va a la compraventa despojado cada vez más de los atributos que generaban, en
los empleadores, responsabilidad sobre el trabajador que se contrata (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Es ésta una de las principales consecuencias que se instalan como resultante de estos procesos:
lo que describíamos como “formalización de la informalidad” para el contexto latinoameri-
cano
-
que es la expresión jurídica (
superestructural
en el sentido clásico del marxismo) de la
desresponsabilización en el marco de la regulaciones impuestas por el capital y la posibili-
dad del “éxodo” de su visibilidad empresarial (Gorz, 1998; Bauman, 2003)
-
como estrategia
válida para presionar a la baja: baja de salarios, baja de derechos, baja de expectativas, baja
de capacidad de agregación y de construcción de colectivo.
El inicio de disolución de los trazados ajustes y las reconfiguraciones abiertas en los años
setenta, que nutrieron esta fase globalizada y posmoderna del capitalismo contemporáneo,
puede situarse a principios de la primera década del corriente siglo con el estallido de la
crisis magistral en Argentina, que se expande al resto de América Latina, configurando un
quinto
“hecho fundador”. Pensamos que resulta oportuno reconocerlo como tal, aunque so-
bre el cual aún es temprano aventurar si supondrá una revisión de la relación entre capital
y trabajo y de qué forma. En efecto, para América Latina esta situación parece haber sido el
despertar de una nueva era neopopulista, neokeynesiana o neodesarrollista
-
según sus di-
ferentes caracterizaciones, aplicables de diferente modo a los diversos gobiernos, ya que no
todos ellos han tenido idénticas respuestas y políticas
-
, con la llegada al poder de gobier-
nos que han cuestionado y revisado las políticas del Consenso de Washington, pero que no
han logrado alterar la lógica que el mundo neoliberal globalizado ha construido. Tanto es
así que la crisis que hoy se abate con sumo rigor sobre Europa, luego de haberlo hecho sobre
Estados Unidos, encuentra respuestas similares a las recetas que se promovía aplicaran los
gobiernos latinoamericanos en los años noventa, es decir, los instrumentos predilectos de los
ajustes frente al endeudamiento, reconversión productiva y recortes en la inversión social.
La experiencia de lo sucedido en la región en el período 2001-2014 no parece haber im-
pactado lo suficiente como para construir una reversión del rumbo global neoliberal más
que en ciertos aspectos en la escala regional. Por supuesto, hubiera sido sorprendente que
así fuera, dado el carácter semiperiférico dependiente de las economías latinoamericanas
en el largo plazo. Sin embargo, está por dilucidarse si comenzó o no a operarse una nueva
mutación de la fase de carácter descentrado y desterritorializador del capital, incluso para
aquellos espacios que fueron las “potencias” de la modernidad.
El agravamiento de la crisis europea y la continuidad de la implementación de políti-
cas neoliberales como respuesta a la misma
-
que sólo profundizan la crisis y exponen a
porciones crecientes de la población europea a una pérdida de derechos y posibilidades
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
57
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
impensadas
-
, el creciente interés por las economías emergentes (incluso en África, que
había sido considerado como un continente perdido) y los límites bioplanetarios a los que
hacíamos referencia
-
expresados en la notoria voracidad por la apropiación de recursos
minerales, energéticos, y la propia biosfera, con los crecientes conflictos que ello trae apa-
rejado
-
, son indicadores de la emergencia de una nueva modulación de la fase globalizada
que podemos pensar como sexto
“hecho fundador”.
Esto tiene consecuencias para la relación capital-trabajo en el mundo, porque pese a
las políticas neokeynesianas y heterodoxas implementadas por parte de los gobiernos lati-
noamericanos, la actitud del capital trasnacional sigue moldeada por el universo simbólico
del neoliberalismo. Inclusive, pareciera estar cerca de admitir que los niveles de bienestar
históricamente adquiridos por buena parte de la población europea durante la “socialdemo-
cracia”, y que no han terminado de disolverse, pueden ser y son drásticamente recortados,
como un fenómeno involutivo. Hoy, la Unión Europea nuevamente expulsa emigrantes en
su extremo sur con el consecuente incremento de la conflictividad social, acusando debi-
lidad en el centro del modelo del capitalismo renano y mostrando
urbi
et
orbi
que ni los
trabajadores europeos
-
los primeros que pudieron gozar de los beneficios del capitalismo
social y del pacto capital-trabajo
-
quedan excluidos de esta reconfiguración.
Por otra parte, se da la paradoja de que, mientras la situación económica latinoameri-
cana parece no estar tan comprometida de modo directo por la crisis de reconfiguración
capitalista que hoy afecta a Europa, la actitud de los grandes grupos concentrados transna-
cionales que operan en la región se orienta en función de las recetas que se prescriben para
Europa. De este modo, en Argentina y en diversos momentos entre 2009 y 2014, se han
suspendido y despedido trabajadores, así como recortado salarios y expectativas preventi-
vamente, mientras no existen razones objetivas para ello.
La importancia de estos “hechos fundadores” se revela como decisiva para repensar los
procesos sociales de trabajo en sus diferentes manifestaciones, en escenarios diversos y en
articulación con la lógica común del capital, más concentrado y global que nunca y con ca-
pacidad de alterar las condiciones del trabajo y de las poblaciones trabajadoras de modo
directo e indirecto en fracciones de tiempo cada vez menores. Por eso esta reflexión es clave
para los estudios sociales del trabajo.
Nuevos y antiguos actores laborales:
la clase que vive de su trabajo vuelta a interrogar por los cambios
en los procesos de producción
El modelo del asalariado universal, contratado por tiempo indeterminado, predominante-
mente obrero, industrial y masculino, se transformó radicalmente con el pasaje al posfordismo.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
58
Señalábamos en nuestro artículo de 1995 la indudable tendencia al “aumento de la partici-
pación de la mujer, y de jóvenes y niños”:
Este proceso de feminización del empleo no obedecería centralmente al mejoramiento de las
oportunidades de inserción laboral para las mujeres; sino que, por el contrario, se vería impul-
sado por la necesidad de ampliar los ingresos del grupo familiar frente al creciente deterioro de
las remuneraciones (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Notábamos, también, que operaban tendencias aparentemente contradictorias, porque al
mismo tiempo que se produjo un incremento de la participación femenina y juvenil en la
Población Económicamente Activa (±²³), se incrementó la subocupación y, en especial, la
desocupación entre mujeres y jóvenes; lo que implicó un aumento de la precarización del
conjunto de la masa laboral.
Lo de “aparente contradicción” comenzó a quedar más claro cuando hacíamos referencia
a la necesidad de analizar esta modulación de la población activa en función de “tres pro-
cesos convergentes: el de terciarización de la economía (crecimiento del sector servicios);
el de la flexibilización laboral y, en tercer lugar, el de la tercerización o subcontratación”
(Bialakowsky y Hermo, 1995).
En efecto, se advierte entonces que son las mujeres, los jóvenes y los niños, que habían
sido excluidos de la obligación de trabajar por necesidad
-
no en todos los países ni en to-
dos los momentos
-
, durante buena parte de la vigencia de los “años dorados” del fordismo,
los que son reintroducidos forzadamente al mercado laboral ante la imposibilidad de ase-
gurar los ingresos suficientes para su familia con un solo empleo. Es necesario subrayar lo
de “reintroducidos” porque, como ya hemos señalado, la excepcionalidad la constituye el
fordismo: antes y después se registra trabajo femenino, juvenil e infantil. El fenómeno es
destacable no sólo por el abaratamiento del salario y la consecuente necesidad de más in-
gresos para asegurar condiciones vitales mínimas, sino también como consecuencia de una
estrategia deliberada de reemplazo de la fuerza laboral sindicalizada, con memoria organi-
zativa de resistencia
-
y, por ende, conflictiva real o potencialmente
-
, por otra más dócil y
disciplinable en las nuevas formas regulatorias posfordistas.
Este tipo de modulación poblacional no fue la única. Decíamos más arriba que es nece-
sario rescatar la geopolítica de las poblaciones trabajadoras y su fluctuación transnacional
como un tipo de modulación necesaria para comprender más cabalmente el mundo la-
boral. Y es necesario rescatarlo ahora porque estas estrategias de remplazo del asalariado
universal, obrero, masculino, industrial y sindicalizado se volvieron concurrentes. Sólo a
partir de esta comprensión es que podremos entender por qué un obrero sindicalizado
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
59
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
en cualquier país pudo ser remplazado por un niño en otro punto del planeta.
6
Este tipo
de modulaciones, cada vez más frecuentes en el mundo, debe ser incorporado como ele-
mento de análisis clave para entender, incluso, micro conflictos laborales. Ya no importa
el tamaño de la empresa, medido por cualesquiera de los parámetros habituales (cantidad
de trabajadores ocupados más habitualmente), sino en qué tipo de cadena macro produc-
tiva se ubica. Afirmar esto permite rescatar la dimensión del poder y la dominación como
elemento necesario para la organización de las relaciones de producción, no sólo en la
abstracción de la dominación de una clase sobre otra, sino en lo concreto del ámbito del
proceso laboral cotidiano.
Por supuesto, esto también tiene consecuencias sobre el poder relativo de las organiza-
ciones sindicales, que vieron mermar el número de sus afiliados a causa de estos procesos
de sustitución de mano de obra, tanto por parte de los “nuevos” trabajadores mujeres y jó-
venes, como por el traslado fuera de las fronteras nacionales (
offshore
) de toda o una parte
de la cadena productiva, incluso con formas de esclavitud o servidumbre.
El crecimiento del sector servicios es otro espacio para impulsar el incremento de la par-
ticipación de mujeres y jóvenes en la ±²³. Como ya había señalado tempranamente Sassen
(1999), una buena parte de estos servicios van a la producción y éstos son los más relevan-
tes para comprender el nuevo rol de las ciudades globales, pero la otra parte del crecimiento
está dada por los servicios personales, que aparecen como parte del proceso de expansión
de las clases medias y del nuevo papel del consumo como eje estructurante (Sassen, 2010;
Bauman, 2003). Muchos de estos servicios personales también están ligados a las fluctua-
ciones migratorias y a la posibilidad de conseguir desde esclavas/os sexuales ¿modernos/
as?
-
además de esclavas domésticas reclutadas en África, en Asia y en América Latina en
proporciones aún alarmantes
-
hasta pedicuras, peluqueras/os, mozos, y toda clase de ocu-
paciones ligadas al proceso de gentrificación del que hablaba Sassen (1999), pasando por
la ampliación de esferas de economías ilegales como las del narcotráfico, los secuestros y el
tráfico de armas, que también emplean a jóvenes e incluso niños/as.
La sociología del trabajo ha ignorado sistemáticamente este costado sombrío del mundo
laboral, siendo que la circulación de mercancías, capital y trabajadores/as integra sin ninguna
duda la economía legal con la ilegal, distribuyendo para algunas funciones de trabajado-
res asalariados en blanco en compañías navieras que hacen cruceros de lujo, mientras que
otros empleados por los mismos patrones venden drogas en las calles de Nápoles, cultivan
hachís en Túnez o custodian personas y empresas del mismo grupo económico, para sólo
hacer mención a un conocido caso de integración de negocios ilegales y legales. ¿Debemos
6
Sirva de ejemplo el conocido caso de
Nike
cerrando sus fábricas en ²²UU y trasladando su producción tercerizada y
subcontratada a factorías que trabajan
a façon
en Filipinas, empleando a mujeres y niños.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
60
considerar de otra forma el trabajo de unos y otros empleados de los mismos patrones? Y
si la respuesta es afirmativa, ¿cuáles son los elementos a considerar?
Antes de volver sobre esta pregunta, que tendrá que ser considerada epistemológica-
mente y con consecuencias metodológicas y en la praxis de la sociología laboral, se impone
regresar sobre los actores laborales clásicos y, en particular, sobre su forma de organización
por excelencia: el movimiento obrero organizado.
Sosteníamos en nuestro artículo de referencia que se avizoraban nuevas formas de
articulaciones sindicales e, incluso, nuevas formas de organización de los trabajadores.
Señalábamos la emergencia de lo que denominamos “articulaciones de resultados” y “arti-
culaciones ciudadanas”, pero también de “articulaciones de integración” para referirnos al
solidarismo, que en los años noventa parecía haber cobrado cierta fuerza en parte de Cen-
troamérica, especialmente.
El punto de partida de la constitución de los sindicatos como actores relevantes e im-
posibles de ser soslayados por el capital, más allá de la rica y larga historia de lucha de los
trabajadores en forma previa, nos retrotrae nuevamente a los “treinta gloriosos”. Fue enton-
ces que se produjo en buena parte del mundo la etapa de mayor apogeo de las organizaciones
sindicales institucionalizadas, la extensión de la sindicalización a sectores de trabajadores
no industriales y el reconocimiento al papel de interlocutor necesario y privilegiado para
lo que se definía como “relaciones del trabajo” o “relaciones laborales”, tanto en el plano de
la empresa
-
es decir, la aceptación del empleador de esta situación
-
, como en la formali-
zación por un sistema de regulación que poseía como otros vértices del triángulo al capital
y al Estado para el desarrollo de negociaciones colectivas
-
paritarias
-
como forma domi-
nante de expresión y resolución de conflictos.
Para América Latina, esto significó que:
Las décadas posteriores a la postguerra implicaron, especialmente en los países con estructuras
productivas más desarrolladas e industrializadas de América Latina, junto con el auge del “mo-
delo fabril industrialista”, la configuración de un sindicalismo de masas, y de una cultura laboral
reivindicativa, de modo congruente con las líneas homogeneizadoras que la relación salarial ins-
tituye (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Los hechos fundadores que reseñamos anteriormente transformaron profundamente esa
realidad, dando nacimiento a las nuevas articulaciones que señalamos en 1995, pero tam-
bién a un intento de continuidad del antiguo estilo de organización sindical y el juego del
poder sobre la masa laboral y las propias fuerzas contenidas en la fuerza del trabajo. Cabe
advertir que estas nuevas articulaciones sindicales funcionan como “tipos puros ideales”
que no tienen por qué ser contradictorios y excluyentes en la realidad, pudiendo convivir
más de una de estas articulaciones en un sector sindical concreto.
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
61
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
Comencemos por señalar un tipo de articulación del que no hablamos en 1995, porque
recién comenzaba a esbozarse en el escenario profundamente transformado de aquel en-
tonces. Nos referimos a lo que denominaremos como “articulaciones de resistencia”, en las
que de modo implícito o explícito se partía de la base que la posmodernidad y la hegemonía
de las políticas neoliberales constituían sólo una tormenta pasajera que era necesario atra-
vesar para volver a los “reclamos” y obtener lo mismo que se había conseguido en los años
de integración socialdemócrata. Mientras tanto, la consigna consistía en “resistir lo mejor
que se pudiera” conservando el empleo, sin analizar que las transformaciones de la moder-
nidad líquida colocaban en entredicho la ilusión de un capitalismo social y, por ende, la
misma posibilidad de que al final del cataclismo pudiera ser reconstruido de alguna manera.
En esta relectura desde el presente, parece evidente que el solidarismo ha quedado re-
ducido a los estrechos límites de Costa Rica y, en menor medida, Guatemala, sin siquiera
hacer pie más fuertemente en otros países vecinos, con lo que prácticamente se ha vuelto
irrelevante para nuestro análisis. Esto no significa que las “articulaciones de integración”
hayan desaparecido o no sean relevantes, pero han pasado a ser prácticas desarrolladas a
veces por los mismos sindicatos, que renunciaron a toda confrontación y se asociaron con
algunas empresas o patronales de sectores para mejorar la posición institucional y econó-
mica del propio sindicato a cambio de garantizar la “paz social” del sector. Otras veces, por
el desarrollo de sindicatos y clubes de empresa, presuntamente independientes de la misma,
pero formando parte de estrategias tendientes a asegurar una integración no conflictiva.
Se han consolidado las “articulaciones de resultados”, “una construcción tanto de res-
puestas pragmáticas como la redefinición de un nuevo tipo de actor sindical”:
De una diversidad de innovaciones que el sindicalismo de resultados plantea rescataremos tres:
la capacidad de inversión en el desarrollo de propuestas programáticas; la intención de discutir
en el marco de la democracia la política fiscal y, el impulso a pequeños empresarios y el fortale-
cimiento de cooperativas (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Cabe señalar que esto ha tenido una enorme variación de posibilidades, incluyendo la re-
conversión de organizaciones sindicales en estructuras empresariales, el acompañamiento
de privatizaciones, la asociación con otros actores productivos, etcétera. En cualquier caso,
lo que resulta común a estas distintas posibilidades es una reconversión del papel sindical,
aceptando la vigencia de un orden impuesto por el capital.
También se han consolidado las “articulaciones ciudadanas”:
Acuerdos interpartidarios e intersectoriales que recogen y amplían los derechos ciudadanos y
civiles como plataforma para rediseñar conflictos. Lo notable en esta línea de implicación demo-
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
62
crática resulta de esta percepción post autoritaria en la que muchos sindicalismos de masas no
asociaban (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Planteábamos, también que:
Nuevas formaciones también pueden encontrarse entre las organizaciones no gubernamentales
y las nuevas articulaciones laborales. En este caso esta integración hace que trabajadores difícil-
mente sindicalizables creen organizaciones mixtas, por ejemplo entre trabajadores temporeros y
migrantes” (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Y éste ha resultado uno de los principales espacios de las articulaciones ciudadanas que,
recogiendo tradiciones tan antiguas y ricas como las del cartismo inglés del siglo XIX (casi
nunca explícitamente), han servido como espacio privilegiado para la expresión de los nue-
vos actores laborales no incluidos en el sindicalismo tradicional.
Anticipábamos entonces que:
Estas nuevas formaciones, no aparecen fuera de contexto del sistema, lo construyen desde un lugar
alternativo, quizás no en sus líneas dominantes sino en un entrecruzamiento con ellas. La alte-
ración en la posición de los actores se produce en una variedad de campos: en la concepción del
poder que relaciona lo micro y lo macrosocial, las posibilidades discursivas para la construcción
de actores laborales, la lógica del conflicto desde un enfoque no violento gandhiano, la concep-
ción de una historia aún abierta (Bialakowsky y Hermo, 1995).
Y lo anticipábamos, de algún modo, porque las nuevas realidades de los movimientos pique-
teros de la Argentina, de los cocaleros en Bolivia, de los indígenas zapatistas en México y de
otros nuevos movimientos sociales que emergieron a la luz en los años noventa, recién co-
menzaban a conformarse y hacerse visibles al momento de escribir nuestro artículo original.
Por aquellos años, la presencia de estas nuevas realidades comenzaba a hacerse visible sólo en
América Latina con mayor nitidez, mientras que hacia fines de los noventa y en los primeros
años del siglo XXI, se han visto innumerables movimientos con estas características en diver-
sas partes del mundo y, de manera aparentemente sorpresiva, incluso en los países del centro.
La crisis social de 2001-2002, hecho fundador consignado, también trajo aparejada una
auténtica aspersión de movimientos de nuevo cuño y de raigambres históricas inesperadas
para los teóricos: nuevos emprendimientos productivos, reconversión de empresas recu-
peradas por sus trabajadores, redes de trueque e intercambio, así como de comercio justo,
organizaciones centradas en el hábitat y la vivienda que reconocían el carácter de trabajadores
de sus miembros y una policromía de movimientos, ejemplos todos de estas articulaciones
ciudadanas de nuevo tipo.
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
63
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
Finalmente, las articulaciones de resistencia que mencionábamos más arriba han
tenido nuevos bríos a partir de hechos contradictorios. Por un lado, el fenómeno del re-
surgimiento de los movimientos y gobiernos populares latinoamericanos implicó una
tracción para una vuelta de página con respecto a las políticas gubernamentales neolibe-
rales, a la vez que contribuyeron a colocar un horizonte de salida de la tormenta. Por otro,
la reciente crisis europea con ajustes, despidos, nuevos procesos de privatizaciones y re-
conversión laboral, incluyen dejar atrás conquistas históricas como la estabilidad laboral
de los empleados públicos.
Ante estas nuevas situaciones de embate neoliberal que arriban ahora a los países cen-
trales y amenazan de manera directa a quienes se sentían a salvo de ese tipo de políticas
recomendadas para los países periféricos en el pasado reciente, se han intensificado tanto
las articulaciones de resistencia como las ciudadanas ya que, como señaláramos, el solapa-
miento de este tipo de articulaciones no implica contradicción.
Recapitulación y conclusiones: algunas propuestas epistemológicas y
metodológicas
Hemos intentado un diálogo entre un artículo que escribimos hace veinte años, aquella
realidad y la realidad actual, porque creemos que entonces habíamos logrado plantear co-
rrectamente algunas características de las transformaciones que se venían produciendo
y se avecinaban para el mundo del trabajo de la mano de la reconversión del capitalismo
poniendo en evidencia cómo esta situación ponía en tela de juicio las herramientas con-
ceptuales utilizadas por la sociología laboral.
En este “triálogo” entre nuestro artículo original, lo que sucedió luego o de modo con-
temporáneo a 1995 y la relectura que hacemos de estos procesos en el presente, hemos
incorporado nuevas categorías y modificado parcialmente otras. También hemos inten-
tado abarcar una lectura crítica de la realidad argentina y latinoamericana desde donde nos
posicionamos, pero que pretende contribuir a dar cuenta de estas nuevas realidades en es-
cala planetaria.
Mantuvimos la categoría de “hechos fundadores” para referirnos a aquellos momentos
significativos para la reconversión del capitalismo, del mundo del trabajo y de los propios
actores que se encuentran involucrados en los procesos sociales de trabajo. Al hacerlo,
modificamos parcialmente su descripción, incorporando de modo diferenciado el fin del
socialismo real
-
por sus consecuencias globales y también para la región
-
, hemos añadido
uno posterior con el giro latinoamericano posneoliberal de la crisis de 2001-2002 y el ac-
tualmente en curso para referirnos a la nueva oleada neoliberal europea y sus consecuencias.
En resumen, los “hechos fundadores” de esta nueva realidad son:
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
64
1.
El fin de los “años dorados” del fordismo y el comienzo del laboratorio sudameri-
cano del neoliberalismo con las dictaduras militares y su aplicación salvaje de la
doctrina del
shock
para quebrar a la clase trabajadora y sus expresiones organizadas,
continuado con la primera fase del desmantelamiento de los Estados benefactores
y el keynesianismo.
2.
La flexibilización de hecho y la instauración de políticas de recorte y ajuste estructural
que continuaron la tarea de desmantelamiento de los Estados benefactores y acelera-
ron la precarización laboral, junto con el poder del movimiento obrero organizado.
3.
El golpe ¿final? a la ilusión de un sistema alternativo al capitalismo que signi-
ficó la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, así como el
comienzo de la reconversión de China y su inclusión en un papel central en la eco-
nomía-mundo capitalista.
4.
La formalización de la informalidad y la instauración de un nuevo orden mundial
legitimado y consolidado que se expresa en la adopción del Consenso de Washing-
ton como mayor expresión de la hegemonía del pensamiento único neoliberal, lo
que supuso la culminación del desmantelamiento de los restos que aún quedaban
de los Estados benefactores en América Latina, de la mano de las privatizaciones,
el achicamiento de los aparatos estatales, las reconversiones de los sistemas de se-
guridad social, sanitarios y educativos, entre otras medidas implementadas. A ello
se suma la posibilidad de disponer de “nueva” mano de obra “no contaminada” por
la organización sindical, mediante la incorporación de jóvenes, mujeres y niños en
general, en especial en las nuevas economías emergentes, generando situaciones de
competencia entre trabajadores no imaginables anteriormente.
5.
La emergencia de un nuevo tiempo posneoliberal como consecuencia de la crisis la-
tinoamericana de 2001-2002, con características contradictorias para América Latina
y para los países centrales, donde la crisis se ha manifestado con mayor magnitud
desde 2008 hasta el presente, pero donde pareciera haberse reconstituido algún ni-
vel de capacidad de resistencia y construcción de alternativas al orden neoliberal,
aún sin posibilidad de hacer pronósticos al respecto.
6.
Todavía en curso y como la contracara del punto anterior, una nueva ofensiva
-
es-
pecialmente en Europa
-
para continuar con el desmantelamiento de los Estados de
bienestar, las privatizaciones de las empresas y los servicios públicos, la reducción
del tamaño de los aparatos del Estado, los sistemas de seguridad social, salud y edu-
cación, de modo similar a como fue hecho en América Latina en los años noventa.
Con respecto a las nuevas articulaciones laborales, nuestra revisión nos permitió verificar
la continuidad de los tres tipos que habíamos identificado, incluyendo la mutación de una
y la emergencia de una cuarta. Son ellas:
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
65
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
1.
De Integración, en las que el peso relativo que parecía tener el solidarismo decayó
y surgieron nuevas expresiones de este tipo de articulaciones.
2.
De resultados, caracterizadas por una reconversión flexible de las organizaciones
sindicales y de sus principios, aunque coincidiendo con las de integración en aceptar
el dominio y primacía del capital y la renuncia a poner este hecho en contradicción.
3.
Ciudadanas, en las que se tomaba nota de la transformación de la clase trabajadora
y de la emergencia de nuevos actores y nuevas demandas de la “clase que vive de
su trabajo”.
4.
De resistencia, como expresión de la continuidad de ciertos estilos clásicos del movi-
miento obrero, pero adaptados a una nueva realidad en la que se intentaba (e intenta)
frenar los avances del neoliberalismo y el capital globalizado.
Como corolario de este artículo y habiendo hecho una revisión de los obstáculos epistemo-
lógicos que ha venido enfrentando la sociología laboral para dar cuenta de lo que se supone
debe ser su objeto de estudio, las dimensiones ausentes en la mayor parte de los estudios
de las ciencias sociales del trabajo y cómo las nuevas realidades de esta fase más expansiva
del capitalismo han contribuido a poner en cuestión los enfoques tradicionales en la disci-
plina, se hace necesario conceptualizar los aspectos en los que deben centrarse las ciencias
sociales del trabajo desde nuestra perspectiva. Ello implica rescatar, también, muchos de
los elementos clásicos de la sociología del trabajo, a condición de haber emprendido la crí-
tica que hemos intentado aquí, en donde la fusión teórica y su historicidad no impiden sino
que promueven su resignificación, incluso su reversión teórica.
Así, en primer término, encontramos de mayor relevancia para la disciplina el carácter
transformador de la naturaleza y de la sociedad del propio trabajo, característica que no es
sólo específica del trabajo capitalista, pero que no debe perderse de vista desde una lectura
crítica. Planteos como los de Sennett (2006) han vuelto a poner el foco sobre el tipo parti-
cular de relación que supone el trabajo como transformador de la realidad circundante y
las exigencias, padecimientos y satisfacciones que eso ocasiona a los seres humanos en su
papel artesanal
-
para utilizar el concepto revalorizado por Sennett
-
.
Por supuesto, en segundo término se encuentra el estudio de la organización de los pro-
cesos laborales, retomando una labor necesaria para comprender mejor los fenómenos que
se expresan en el momento mismo del proceso de trabajo. Claro que esto debe implicar una
lectura atenta no sólo de las tecnologías de las formas organizativas del trabajo, paso inevi-
table de este análisis, sino también de los actores implicados en el proceso y de un conjunto
de factores asociados que deben ser interpretados de manera conexa. Nos referimos a que la
organización del trabajo es una característica que en el modo de producción capitalista co-
rresponde a la esfera de la dirección del proceso
-
por ende, a una función propia atribuida
como inalienable del capital
-
pero que es puesta en discusión por diversas y conflictivas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
66
formas como parte de la lucha de clases que se libra alrededor de la aceptación o no del do-
minio del capital y de la disputa para afirmar la legitimidad de la dominación de la clase
capitalista. Nótese que ello implica introducir al interior mismo del establecimiento produc-
tivo (fabril o de servicios, real o virtual, localizado en un solo lugar o en varios, etcétera.),
la categoría de dominación, la lucha por su legitimidad o, dicho, en términos gramscianos,
la disputa por la hegemonía. Por supuesto, esto no implica decir que es sólo al interior del
proceso de trabajo que se verifica esta disputa, pero sí implica considerar esta querella por
la aceptación, atenuación o negación del dominio que ejerce el capital
también
en el inte-
rior mismo del proceso de trabajo. Para citar un solo ejemplo, el papel de los directores
obreros o la capacidad de negociación sindical (o del colectivo implicado directamente)
sobre el proceso de trabajo, cobra una dimensión distinta al ser considerado de esta forma.
Vinculado con lo anterior, se abre un capítulo ligado al trabajo como producción de ex-
cedente y apropiación del mismo, vital para el modo de producción capitalista, pero que
introduce la necesaria rediscusión de la teoría del valor marxista, que en parte ya fuera
abierta por el neomarxismo italiano (Sraffa, 1996; Virno, 2003; Hardt y Negri, 2002; Lazza-
ratto, 2006) y por otros autores (García Linera, 2009), para comprender el lugar del trabajo
como dispositivo que sigue ocupando un lugar central
-
a pesar de sus mutaciones
-
para en-
tender la continuidad del dominio del capital y las posibles encrucijadas que se plantean. En
particular, el hecho de que la predominancia creciente del trabajo inmaterial (Virno, 2003;
Hardt y Negri, 2002; Hermo y Wydler, 2006) y el nuevo papel del conocimiento en la fase
globalizada del capitalismo (Hermo y Pittelli, 2008), obligan a repensar cómo se produce
el valor, de qué manera se pone en juego el plusvalor, cómo se deben entender las acumu-
laciones originarias en términos de
hiper
depredaciones periódicas y no sólo originarias,
así como los constantes movimientos hacia la conversión de las nuevos “cercamientos” de
“tierras comunes” en zonas del dominio del capital, lo que implica necesariamente “nue-
vos” trabajos, que deben comprenderse en estos contextos.
Son estas nuevas situaciones las que vuelven imprescindible conceptualizar los proce-
sos de cooperación (despótica en términos clásicos, Bialakowsky y Antunes, 2009), cada
vez más efectuados a través de redes, lo que implica consecuencias tanto para los procesos
productivos (de bienes y servicios), estructurados en cadenas productivas, como nuevos
fenómenos de producción de subjetividad y construcción de colectivos. Otros elementos
centrales a considerar desde las ciencias sociales del trabajo son los planteos sobre la con-
ciencia (de clase) y el intelecto colectivo, el
general
intellect
, que concierne a la apropiación
de las fuerzas productivas, pero también a un replanteo epistemológico del pensar y de la
praxis sociológica en el entramado social.
También se ha mencionado como un elemento destacado a considerar la relación que se
construye entre el proceso de globalización y la fuerza de trabajo, con sus consecuencias va-
riadas: reintroducción a escala masiva del trabajo forzado y esclavo, migraciones crecientes
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
67
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
en búsqueda de oportunidades laborales, marginación de poblaciones enteras, competencia
entre trabajadores que ni siquiera saben que compiten entre sí y que determinan el cierre
de establecimientos en un lado y la apertura en otros
-
aunque con peores condiciones la-
borales, de derechos y salariales que las vigentes en el primer establecimiento
-
, etcétera.
Esto implica una tensión y contradicción que van de la mano de una redefinición de las
fronteras internas de la economía-mundo capitalista, con bolsones crecientes de exclusión
en el centro
-
aplicada anteriormente a la periferia
-
y viceversa; mostrando toda su barba-
rie, ya casi sin fetiche o máscara, como se sigue evidenciando en el Sur Global.
Asimismo, el capital fijo, modalidad predominante hasta los “treinta gloriosos”
-
que en
América Latina coincide con la industrialización por sustitución de importaciones (I±I)
-
,
ha dejado por completo su lugar a una nueva y cada vez más sofisticada ingeniería del capi-
talismo financiero, que ha llegado a un límite casi abismal en su fuerza avasalladora. Como
lo muestra
in extremis
el hostigamiento hacia Argentina por parte de los “fondos buitre” y
sus pretensiones de iniciar un proceso de “escarmiento” a quienes se oponen al poder finan-
ciero global, más allá de los fuertes rechazos que esto ha provocado en la ONU y que puede
conducir a un primer intento de regulación global de lo que hasta ahora se ha movido sólo
con la
lex mercatoria
de la que hablaba Sassen (2010).
En paralelo, la fuerza de trabajo y sus organizaciones sindicales y políticas se han visto
constreñidas por las realidades y códigos heredados del neoliberalismo. Esto ha significado
un panorama fragmentario, disímil y sin un horizonte utópico, salvo las fuerzas que se inte-
gran a los nuevos populismos e izquierdas que han florecido en América Latina y en algunos
movimientos de resistencia en los ²²UU y Europa, pero que distan mucho de ser hegemó-
nicos. Se suman a ello las limitaciones de la representación y las dificultades que podrían
superarse con nuevas oportunidades de prácticas democráticas aún no interpretadas para
penetrar en el sindicalismo tradicional moldeado en la etapa I±I/²Bk.
Por supuesto, esto también lleva a considerar la actualidad de la cuestión sindical vincu-
lada a los nuevos protagonistas, incluidos los intelectuales y estudiantes, como en los casos
de Chile, Perú y México, que han reemergido para colocar en debate las imposiciones po-
líticas sobre los procesos sociales de trabajo, en planos que abarcan las relaciones sociales
en la producción, la de construcción de colectivos y las subjetividades en la resistencia.
³tro tema clave a considerar es el papel de las fuerzas productivas en esta fase globali-
zada del capitalismo: los nuevos papeles del conocimiento y la ciencia, de la propiedad y el
acceso a ella, los nuevos cercamientos y los procesos de apropiación de los bienes comunes.
El tema es clave para comprender el sistema y su transformación en tanto que las nuevas
fronteras científicas son manejadas por el capital, con lo cual resulta aún más complejo li-
berar al productor-trabajador; ya que el conocimiento tiene que ver en con a) la conciencia
de cambio, y b) la apropiación del sentido o dirección del sistema productivo. De ahí que
los temas ambientales, así como la transformación de la naturaleza
-
que poco ha sido tra-
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
68
tada en la sociología del trabajo
-
adquieran, junto con el progreso científico, tal relevancia
que justifiquen
per se
su integración en el análisis de los procesos sociales de trabajo.
Al mismo tiempo, una rediscusión del concepto de fuerza productiva en el marco de
las ciencias sociales implica una coproducción/investigación por parte del propio trabaja-
dor. También implica que la ciencia universalizada impulse un debate y una participación
total entre productores y ciudadanos en tanto que la democratización científica compete
recursivamente a todos.
Finalmente, se abre un espacio para el análisis de los fenómenos de padecimiento ob-
jetivo y subjetivo en el trabajo, lo que en el extremo implica la
guetificación
y extinción de
poblaciones. Por cierto, no se trata de excepcionalidades o excesos, sino que estos procesos
son elementos constitutivos del ejercicio de la violencia de las acumulaciones originarias
reinstaladas que abarcan
-
pruebas
al
canto
en Latinoamérica
-
regiones e incluso Estados,
que ya han sucedido en el pasado y aun así no han sido integrados como parte de los pro-
cesos sociales de trabajo.
R
EPENSAR
LA
SOCIOLOGÍA
DEL
TRABAJO
DESDE
EL
S
UR
G
LOBAL
69
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
Referencias bibliográFcas
Antunes, Ricardo, (1999)
¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre las metamorfosis y el rol central del
mundo del trabajo.
Buenos Aires, Antídoto.
Anderson, Perry, (2003) “Neoliberalismo: un balance provisorio” en Sader, Emir y Pablo
Gentili (comp.),
La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social.
Buenos
Aires, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.
Bauman, Zigmunt, (2003)
Modernidad Líquida
. Buenos Aires, f±².
Bialakowsky, Alberto y Ricardo Antunes, (2009) “Introducción II. La distopía en los labe-
rintos discursivos del capital y la nueva morFología del trabajo” en
Trabajo y capitalismo
entre siglos en Latinoamérica.
Tomo ³³. Jalisco, México, Universidad de Guadalajara, Aso-
ciación Latinoamericana de Sociología.
Bialakowsky, Alberto y Ricardo Antunes, (2005) “Introducción. Hipótesis y notas críticas
sobre el trabajo y el capitalismo actual” en Bialakowsky, Alberto; Antunes, Ricardo; Par-
tida, Raquel; Carrillo, Jorge; Costa, María; Jinkings, Nise y Marcos Supervielle (comps.),
Trabajo y capitalismo entre siglos en Latinoamérica. El trabajo entre la perennidad y super-
fluidad
. Jalisco, México, Universidad de Guadalajara / Centro Universitario de Ciencias
Sociales y Humanidades / Asociación Latinoamericana de Sociología.
Bialakowsky, Alberto y Javier Hermo, (1995) “¿Puede la sociología del trabajo dar cuenta
de las nuevas articulaciones laborales?” en
Revista del Trabajo.
Año 2, núm. 8, diciem-
bre. Buenos Aires, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la República Argentina.
Castel, Robert, (1997)
La metamorfosis de la cuestión social.
Buenos Aires, Paidós.
Deleuze, Gillles y ´eliz Guattari, (1985)
El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia.
Barce-
lona, Paidós.
´oucalt, Michel, (1997) “Nacimiento de la biopolítica” en
Archipiélago. Cuadernos de Crí-
tica de la Cultura.
Núm 38. Madrid, Editorial Archipiélago.
´ourastié, Jean, (1979)
Les Trente Glorieuses ou la révolution invisible de 1946 à 1975.
París,
Hachette.
´riedmann, George y Pierre Naville, (1963)
Tratado de sociología del trabajo
. México, f±².
´ukuyama, ´rancis, (1990)
¿El fin de la historia?
Madrid, Estudios Públicos.
García Linera, Álvaro, (2009)
Forma valor y Forma comunidad.
La Paz, Bolivia, Muela del
diablo editores.
Gorz, André, (1998)
Miserias del presente, riqueza de lo posible
. Buenos Aires, Paidós.
Grüner, Eduardo, (2010)
La oscuridad y las luces. Capitalismo, cultura y revolución.
Bue-
nos Aires, Edhasa.
Hart, Michel y Antonio Negri, (2002)
Imperio
. Buenos Aires, Paidós.
Hermo, Javier y Cecilia Pittelli, (2008) “Globalización e internacionalización de la edu-
cación superior. Apuntes para el estudio comparado de la situación en Argentina y el
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Año LX, núm. 224
mayo-agosto de 2015
pp. 45-70
ISSN-0185-1918
A
LBERTO
B
IALAKOWSKY
Y
J
AVIER
H
ERMO
70
mercosur” En
Revista Española de Educación Comparada.
NúM. 14. ±adRid, SOCiEdad
²³pañOla dE ²dUCaCión ´OMpaRada – uµeD.
HERMO, JaviER y AgU³tín WydlER, (2006) “TRan³fORMaCiOnE³ dEl tRabajO y la ³UbjEtividad dE
lO³ aCtORE³” En
Revista Herramienta.
NúM. 32. BUEnO³ AiRE³, ²d. HERRaMiEnta.
HOb³bawM, ²RiC, (1998)
Historia del siglo xx
. BUEnO³ AiRE³, SiglO xxI ²ditORE³.
HOllOway, JOhn, (2002)
Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución
hoy.
BUEnO³ AiRE³, ²d. HERRaMiEnta-¶nivER³idad dE PUEbla.
KlEin, NaOMi, (2007)
La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre
. ±adRid, ²³-
paña, Paidó³.
KUhn, ·OMa³, (1971)
La estructura de las revoluciones científicas
. ±éXiCO, Fce.
LazzaRattO, ±aURiziO, (2006)
Políticas del acontecimiento
. BUEnO³ AiRE³, Tinta LiMón.
±é³záRO³, ¸³tván, (2003)
El siglo xxI, ¿Socialismo o Barbarie?
BUEnO³ AiRE³, ²d. HERRaMiEnta.
¹’ºOnnEll, GUillERMO, (2009)
El estado burocrático autoritario 1966-1973: triunfos, derro-
tas y crisis.
BUEnO³ AiRE³, ARgEntina, PROMEtEO.
QUijanO, Aníbal, (1992)
Colonialidad del poder. Eurocentrismo y América Latina
. LiMa,
AMaUta.
Sa³³En, Sa³kia, (2010)
Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los
ensamblajes globales.
BUEnO³ AiRE³, ARgEntina, Katz ²ditORE³.
Sa³³En, Sa³kia, (1999)
La Ciudad Global. Nueva York, Londres, Tokio
. BUEnO³ AiRE³, ARgEn-
tina, euDe»¼.
SEnnEtt, ½iChaRd, (2006)
La cultura del nuevo capitalismo
. BaRCElOna, AnagRaMa.
SEnnEtt, ½iChaRd, (1998)
La corrosión del carácter
. BaRCElOna, AnagRaMa.
SRaffa, PiERO, (1966)
Producción de mercancías por medio de mercancías: Preludio a una crí-
tica de la Teoría Económica
. BaRCElOna, ²³paña, ¹ikO³-TaU.
ViRnO, PaOlO, (2003)
Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contem-
poráneas.
BUEnO³ AiRE³, ´OlihUE.
WaCqUant, LOïC, (2010)
Las dos caras de un gueto. Ensayos sobre la marginalización y pena-
lización.
BUEnO³ AiRE³, SiglO xxI ²ditORE³.
WallER³tEin, ¸MManUEl, (2010a)
El moderno sistema mundial ±. La agricultura capitalista y los
orígenes de la economía-mundo europea en el siglo xVI.
±adRid, ²³paña, SiglO xxI ²ditORE³.
WallER³tEin, ¸MManUEl, (2010b)
El moderno sistema mundial ±±. El mercantilismo y la conso-
lidación de la economía-mundo europea, 1600-1750
. ±adRid, ²³paña, SiglO xxI ²ditORE³.
WallER³tEin, ¸MManUEl, (2010C)
El moderno sistema mundial
¸¸¸
. La segunda era de gran eX-
pansión de la economía-mundo capitalista, 1730-1850
. ±adRid, ²³paña, SiglO xxI ²ditORE³.
logo_pie_uaemex.mx