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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
I
Universidad Nacional Autónoma de México
Nueva Época, Ano LX 1núm. 224, mayo-agosto de 20151 pp. 287-3101 ISSN-0185-1918
Durkheim,
Luhmann
y
la delimitación deI problema
deI
orden social
Juan PabIo Gonnet*
Recibido el27 de junio de 2014
Aceptado el28 de noviembre de 2014
Resumen
En este artículo sostenemos que el problema sociológico dei orden social no es necesariamente equiparable ai
problema de la cohesión, el control y/o la integración. A partir de una reconstrucción de los planteos de
Durkheim acerca de la anomia y de Luhmann en reIación con la contingencia, argumentamos que para estos
autores el concepto de orden social presenta un nivel de mayor generalidad en tanto se vincula con la
delimitación de un orden de realidad irreductiblemente social. En
eI
marco de esta posible convergencia,
consideramos que la diferencia que aporta la sociología no sólo se encuentra en la especificidad de las
respuestas brindadas al problema dei orden -como ha sido frecuentemente asumido-, sino que también se
registra en el campo de las concepciones mismas deI problema. Desde este lugar se pretende contribuir a una
c1arificación conceptual de la temática deI orden social en la tradición sociológica.
Palabras clave: anomia; conflicto; contingencia; desviación; orden social; Luhmann; Durkheim.
ln this article we propose that the sociological problem of social order is not necessary comparable to the
problem of cohesion, control and/or integration. Reconstructing the proposals of Durkheim about anomie,
and Luhmann's concerning contingency, we argue that the concept of social order presents a higher levei of
generality, related to the recognition of an order of reality which is social in and of itself. ln the context of this
convergence, we consider that the specificity that sociology provides is not only present in the answers given
to the problem oforder, as it has often been assumed, but also in the conceptions ofthe problem itself. ln this
way, a conceptual clariflcation regarding the issue of social order in the sociological tradition is intended.
Keywords: anomie; conflict; contingency; deviation; social order; Luhmann; Durkheim.
*
Licenciado
en
Sociología,
Universidad
Siglo
XXI,
Córdoba,
Argentina;
magíster
en
Antropología,
Universidad Nacional de Córdoba; doctor en Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Becario
posdoctoral dei Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Argentina) y dei Centro de
lnvestigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad, Universidad Nacional de Córdoba. Sus líneas de
investigación son: epistemología, teoría sociológica y orden social. Entre sus últimas publicaciones destacan:
"Cosmologías y orden social organizacional" (2014); "La contingencia como fundamento del orden social.
Acerca de una tensión en la teoría sociológica de Niklas Luhmann", en
Lo instituyente: escritos sobre teoría
social
(2014) y"Un diálogo entre Émile Durkheim y Michel Foucault a propósito dei suicidio", en coautoría
con Romero (2013). Correo electrónico: juanpablogonnet@gmail.com
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Introducción
Quizás la cuestión de! orden social se encuentre entre uno de los temas más recurrentes en
la historia dei pensamiento sociológico, en tanto se considera que toda teoria social debiera
poder dar respuesta a la pregunta por las condiciones que hace posible la estabilidad, la
regularidad y la organización de la sociedad. Por esta razón, el problema dei orden se ha
presentado como una dimensión ine!udible de las teorias sociales generales y ha dado lugar
a un tipo especifico de teorias sociológicas orientadas ai tratamiento de la temática.
l
No
obstante, en esta diferenciación dei trabajo sociológico, escasa atención han recibido los
significados que asume la noción misma de orden en la presentación que se hace de!
problema. Esto se reconoce en el hecho de que el
eje
de discusión ha aparecido en el campo
de las diversas soluciones otorgadas ai problema y no en e! de su formulación como tal; es
decir, el problema mismo dei orden no ha resultado problemático. Por lo tanto, el objetivo
general de este trabajo es mostrar que existen diversos sentidos en torno a aquello que
constituye el problema dei orden en el campo de la sociologia.
Mediante una reconstrucción de los planteamientos teóricos de Durkheim y Luhmann,
intentaremos demostrar que el interrogante por el orden no remite necesariamente, como
ha sido habitualmente asumido, a la incierta posibilidad de su constitución, sino que más
bien se vincula con la demostración de la incierta posibilidad de su ausencia. En tal sentido,
consideramos que para estos autores e! problema de! orden social refiere a la delimitación y
justificación de un orden de realidad irreductiblemente social. Desde este lugar, el debate
que intentan dar tanto Durkheim como Luhmann surge de un pensamiento teórico que
niega dicha irreductibilidad. De este modo, mostraremos que en esta formulación dei
problema, e! desorden, la desvíación, e! conflicto y e! cambio no se establecen en una
relación de exterioridad con respecto ai ordeno Lo exterior, en relación con el orden social,
es lo no-social; algo que se presenta como carente de sentido para la interpretación
sociológica. A pesar de sus diferencias teóricas sustantivas, consideramos que Durkheim y
Luhmann definen criterios similares para la comprensión de la temática.
Resulta evidente que el problema dei orden trasciende los limites de la sociologia y tiene
fuertes vinculaciones con el proyecto de la modernidad y su filosofia social y política. Ahora
bien, en este marco surge e! interrogante acerca de si la sociologia se adhiere acríticamente a
este problema o formula una propuesta con un nivel de mayor especificidad. Asumiendo
esta última alternativa, observamos que las perspectivas de Durkheim en re!ación con la
anomia y las de Luhmann en conexión con la contingencia resultan esclarecedoras. Más aliá
de esto, es preciso remarcar que no buscamos en este espacio defender una lectura más
adecuada de las obras de estos autores, sino que disponemos de sus teorias en tanto nos
habilitan ai desarrollo de un ejercicio interpretativo productivo para dilucidar un sentido
1
Por ejemplo, vêase: Alexander (2000:
20-55.).
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particular deI problema deI orden social usualmente no reconocido en el campo de la
sociologia.
Los sentidos deI
problema
deI orden en la sociología
Entendemos que una posible via para e! esclarecimiento de los sentidos atribuidos aI
problema de! orden consiste en orientarse hacia la interrogación por los términos en los
cuales éste suele ser delimitado. Denominamos delimitación a este aspecto ligado a la
definición/construcción de! problema. Como mencionamos, se sue!e presentar un excesivo
énfasis en las respuestas brindadas aI problema deI orden, dejando la formulación deI
mismo como supuesta. En este espacio, reconstruimos algunas premisas y presupuestos que
de manera preponderante han orientado la discusión sociológica en torno aI orden y que
denotan cierta cosmovisión en re!ación con la definición de! problema.'
En primer lugar, se encuentra lo que podriamos denominar el "problema hobbesiano deI
orden" (Barnsley,
1972), en
e! cual
se asume una factible tensión entre los intereses
individuales y el actuar socialmente coordinado. Esta forma
de asumir
el problema,
inmortalizada por los escritos de Parsons,
3
remite básicamente a la incierta posibilidad de
coordinación entre individuos potencialmente libres.
"The problem of arder concerns the
means by which the demands of the group and those of the individual are reconciled"
(Hechter y Horne, 2003: 2). La tradición sociológica se ha servido de esta forma utilitarista
de concebir el problema para mostrar que éste no seria tal en tanto la sociedad antecediera a
la realidad individual. A pesar de esta
di-solución
de! mismo, e! dilema utilitarista fungió
como
una
formulación
adecuada
para
la
propuesta
sociológica,
en
tanto
los
distanciamientos en re!ación con este modelo se explicaron como consecuencia de una
inadecuada internalización
de la sociedad en los individuos (desviaciones, problemas
sociales).4 Siendo estos hechos frecuentes en e! mundo social, la temática de! orden se
presentaria como restringida a una dimensión específica de la realidad.
2
En lo que sigue, el acento no lo pondremos en las diversas teorizaciones en relación con el orden debido a
que entendemos que una misma representación dei problema admite distintas respuestas conceptuales.
3
Vêanse: Burger (1977)
y
Schwanenber (1971).
, One is struck by the persistenee ofwhat may be cailed a basicaily dejeatist attitude in western European culture
in the sense that man has persistently viewed himself as at the merey of something larger and more powerful
than himseif to whom ar to which he must passively submit,
be it an all-powerful deity
ar sovereign, an
autocratic father, ar some other autharitarian symbal ar persan ar cosmic jórce. lVith such a widespread beliefin
an underlying social and economic system operated by large-scale social forces and duly sanetioned by legal,
philosophieal, and even theological support,
ii
is not difficult to understand how the diseussion of social order,
and especially thefrequent discussion ofso-called 'social problems', usually falis into thefamiliar pattern
(Frank,
1944: 2).
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En este marco, el tema dei orden es asumido como el problema de la regulación (contrai)
de la arbitrariedad individual, y la solución consiste en algún tipo de armonización o
integración de los intereses individuales de los actores. Por esta razón, Giddens (2012 y
1976) considera que
eI
problema dei orden no ha sido ni es un interés central en la
sociología, debido a que dejaría muchas realidades sociales fuera de su tratamiento, como el
conflicto, la lucha de intereses y la desviación.
La cuestión no está en que el sistema de Parsons
(y
el de Durkheim) no concedan un papel aI
conflicto de intereses, sino que ofrecen una teoría específica y defectuosa sobre él, de acuerdo
con la cual el choque de intereses existe en la medida en que un arden social no es capaz de
hermanar los propósitos de los diversos miembros de una colectividad con la integración de
patrones de valor en un consenso internamente simétrico, y sólo en esa medida. EI conflicto
de intereses, según esta concepción, nunca llega a ser algo más que un choque entre los
propósitos de los actores individuales
y
los intereses de la colectividad (Giddens, 2012: 130).
Sin embargo, a la vez que discute con determinada concepción acerca dei orden social,
Giddens reproduce acríticamente el problema dei orden como el de la regulación y de la
integración.
En cercanía con la premisa anterior se encuentra el supuesta de que el problema dei
orden remite a la cuestión de la cooperación entre individuas. En este sentido, se considera
que
mientras
mayor
sea
la
armonización
dei
comportamiento
individual
con
las
necesidades de la colectividad, mayor serán los niveles de orden social. Así, se presume que
el orden social se diferencia de la aquiescencia individual en relación con la sociedad.
If
people are to live together, they must not only be able to coordinate their activities but also to
interact productively -to do things that help rather than hurt others. Thus highly ordered
societies have a remarkable capacity to sustain cooperation. To explain social arder, we must
understand why individuais behave in pro-social ways
[...]
Theories of social arder explain
how arder is produced and maintained, and why some groups, towns, and societies have more
arder than others
(Hechter
y
Horne, 2003: 3-4).
Así, no sólo la falta de cooperación es sinónimo de desorden y de falta de estabilidad, sino
que también, con base en esta, se pueden reconocer diversos grados de orden en una
sociedad. Otro ejemplo de la literatura sociológica que ha puesto el acento en esta manera
de comprender ai orden san las teorías que se orientan a explicar los modos en que
determinada estructura de vínculos sociales (por ejemplo, el capital social) contribuyen más
que olras ai orden social (Banfield, 1958; Bagnasco, Piselli, Pizzorno y Trigilia, 2003). La
incapacidad de una sociedad para promover relaciones beneficiosas, cooperativas y/o
solidarias se presenta como ausencia de orden social o como una debilidad dei mismo.
En la discusión acerca de las condiciones de posibilidad dei orden también
se ha
destacado que éste puede ser concebido como producto de la emergencia y/o articulación
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de determinadas lógicas de acción individual y/o interaccional. Con respecto a esto, Elster
(1991) menciona: "EI altruismo, la envidia, las normas sociales y eI autointerés son todos
factores que contribuyen, en maneras complejas de interacción, ai orden, a la estabilidad y a
la cooperación" (Elster, 1991: 324). Desde este lugar, en algunos casos eI autointerés y la
pretensión de reducir la incertidumbre podrian llevar a una subordinación a las normas
sociales de la colectividad
(Ibíd.,
1991: 177). Nuevamente, eI problema dei orden parece
radicar en el antagonismo individuo/sociedad y en su plausible reconciliación; en algunos
casos se da por la imposición de la sociedad sobre el individuo y, en otros, por la decisión
individual estratégica (Aronson, 2013: 98).
En una línea similar de razonamiento se encuentra el problema de la intersubjetividad
que, siendo una temática más bien filosófica, se ha insertado en eI campo de la sociologia
como
equiparable
ai
problema
dei
orden
social.'
Esto
remite
a
las
condiciones
de
posibilidad de la coordinación dei comportamiento de dos sujetos que se presentan como
independientes el uno dei otro. También se podría hablar de un problema de conocimiento
en
tanto
la
pregunta
se
instala
en
la
posibilidad
de
predecir
o
comprender
eI
comportamiento dei otro. Es observable que la cuestión de la intersubjetividad se integró a
la discusión sociológica dei orden social por la existencia de cierta similitud entre las
premisas de ambos: por un lado, el reconocimiento de la autonomia individual; por el otro,
eI hecho de que eI orden social sólo sería posible en eI marco de una autorregulación de la
conducta individual, o mediante una inevitable orientación hacia la cooperación (Reich,
2010: 60). De hecho, Giddens (2010) considera insuficientes las diversas teorías de la
intersubjetividad por las mismas razones por las cuales condena a las teorías clásicas dei
orden en sociologia: no incorporan en su tematización a los fenómenos de conflicto, poder
e interés. Esto demuestra que nos encontraríamos ante un conjunto de planteamientos que
no alterarían sustantivamente los criterios de definición dei problema.
Por último, el problema dei orden ha reaparecido en algunos planteamientos teóricos
que discuten la especificidad de las sociedades contemporáneas dei capitalismo tardio, de la
modernidad reflexiva, de la posmodernidad o de la posorganización.
6
Este conjunto de
perspectivas coinciden en definir una crisis en las instituciones modernas encargadas de
producir
el "orden
social"
(estado,
familia,
ciencia,
educación). Mientras que
en
la
modernidad,
el
orden
social
podia
figurarse
como
un
proceso
mediado
por
el
constrefiimiento y la internalización de normas institucionalizadas, en la actualidad nos
encontraríamos con individuos con mayores capacidades críticas, creativas y reflexivas. "La
modernidad contemporánea no se caracteriza por eI ascendiente automático dei sistema
sobre las subjetividades, sino que está dominada por la vacilación de un actor obligado sin
cesar a definir su lugar y su identidad" (Dubet, 2013: 115). En este sentido, se muestra eI
carácter subdeterminado de la acción con respecto ai orden.? AI interior de este contexto de
5
Véanse Heritage (1996); Luhmann
(I
998a); Reich (2010).
6
Véanse Bauman (1992); Beck (1996); Dube! (2013); Lashy Urry (1998).
7
Véanse: Bauman (1992); Touraine (1996).
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referencia todo orden se presenta como transitorio y emergente en tanto que no sea posible
imaginar una sociedad sin lugar para la acción individual, la creatividad y e! cambio social.
No obstante, en este movimiento
el problema deI orden como regulación permanece
inalterado. De hecho, los términos de este planteamiento se consideran adecuados para
pensar el orden en la sociedad moderna, aunque ya no lo fuesen para la actual; asi, la
delimitación deI problema (nuestro interés) permanece indiscutida.
Adicionalmente, la asunción de una preeminencia actual de los actores y sus capacidades
en relación con la estructura o el sistema se traduce en el reconocimiento de cierta debilidad
y fragilidad de! orden social, lo cual aparece en un horizonte de mayor conciencia de la
incertidumbre, la ambivalencia y la contingencia. Ahora bien, esta valoración sólo es asible
si entendemos aI orden social como ligado aI contro!, la regulación y/o la disciplina:
"The
dream af arder and the practice ar ardering constitutes the warld-their abject-as chaas"
(Bauman, 1992: xi).
Para concluir, podríamos decir que el campo semántico deI problema deI orden social ha
estado asociado a las categorias de contro!, cooperación, coordinación, intersubjetividad,
regulación e integración; a su vez, ha permanecido diferenciado
deI desorden, de la
incapacidad de coordinar, de la falta de cooperación, deI conflicto de intereses, de la acción
individual y de la desviación.
8
De alguna manera, el problema deI orden ha remitido aI
antagonismo entre individuo y sociedad, y la resolución deI mismo ha buscado demostrar la
posible reconciliación entre ambos palas. A continuación intentaremos poner en discusión
estas premisas como las únicas desde las cuales es posible pensar aI problema deI orden
social en la sociologia. Presentamos nuestro argumento en dos momentos: en primer lugar,
sostenemos que tanto en los planteamientos de Durkheim como en los de Luhmann, e!
fenómeno deI orden social no se tematiza en el marco de la diferencia con el desorden, el
conflicto y/o la desviación. De hecho, las propuestas de estas autores consideran a estas
fenómenos como fundamentales para la construcción de sus teorias. En segundo lugar,
atendemos a aquello frente a lo cual se tematiza e! orden social para estas teóricos: la
anomia para Durkheim y la contingencia para Luhmann. En ambos casos nos encontramos
con una problematización de! orden que se distingue de! no-orden, de la ausencia de orden,
y no deI desorden, la falta de controlo de integración.
REI diccionario de Sociología de G allino (2005) m enciona dos concepciones de orden social coexistentes en la
sociología: la decimonónica, que describe la coexistencia armónica y en equilibrio de las distintas partes de la
sociedad, y la de la "organización social", que refiere a las estructuras sociales existentes que garantizan el
funcionamiento de un sistema social.
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Anomia
y
orden social
En la distinción entre orden social y anomia sugerida por Durkheim podremos observar
que el orden no
se diferencia de lo incontrolable, sino que
se opone a su ausencia.
9
Asimismo, la anomia no remite a cierta falta de disciplina o de control, ya que la misma no
es reconocida como una instancia de desviación en relación con un orden determinado.
Desde este lugar, argumentamos que la dualidad orden social/anomia se presenta en e!
marco de una disquisición general entre lo social y lo no-social.
Para Durkheim, el orden social constituye un orden moral establecido como una
realidad fundamental de la vida en sociedad: "e! hombre es un ser moral porque vive en
sociedad" (Durkheim, 1993: 104); "Toda sociedad es una sociedad moral" (Durkheim, 2008:
228). Este orden moral posee para los actores un carácter exterior y coercitivo, a la vez que
se presenta como un ideal que ejerce atracción para aquellos sobre quienes se ejerce. En
re!ación con nuestro tema, es importante reconocer que e! orden moral no se reduce ni aI
contraI ni a la integración de la acción, es decir, no refiere a regIas que determinen la
conducta (Hilbert, 1986: 3). De hecho, e! autor reconocerá que tanto la desviación como la
conformidad absoluta con él no pueden ser entendidas por fuera deI orden moral como
tal.
10
En otros términos, la desviación y la conformidad san comprensibles desde y en e!
marco de un orden moral determinado. Por ejemplo, Durkheim (1992) menciona:
Cuando se opone la sociedad ideal a la sociedad real como dos cosas antagónicas que nos
arrastrarían en direcciones contrarias, se está realizando y oponiendo abstracciones.
La
sociedad ideal no está por fuera de la sociedad real, sino que forma parte de ésta. Lejos de que
estemos repartidos entre ellas como se está en frente de dos palas que se rechazan, no se
puede pertenecer a la una sin pertenecer a la otra, pues una sociedad no está constituida tan
sólo por la masa de individuas que la componen, por el territorio que ocupan, por las cosas
que utilizan, por los actos que realizan, sino, ante todo, por la idea que tiene sobre sí misma.
Y es indudable que llega a dudar sobre cómo debe concebirse: la sociedad se siente arrastrada
en direcciones divergentes. Pero coando estas conflictos estallan, no se desarrollan entre el
ideal y la realidad, sino entre ideales diferentes (Durkheim,
1992: 394).
En esta cita se expresa la idea de que el conflicto y la desviación no se desarrollan por fuera
de! orden moral (ideal), de hecho, no tienen cabida fuera de éste.
ll
9
En un sentido similar, Hilbert (1986) define a la anomia como la pérdida de la realidad o dei sentido:
"Anomie as moral deregulation is simultaneously the withdrawal of reality and of the possibility of objective
experience" (Hilbert,
1986: 1).
"{anomieJ
It
is, strictly speaking, a non-state, a no-reality, an absence of anything
to experienee." (Ibid.,
1986: 4).
10
Esto se expresa claramente en
el
análisis dd suicidio. EI conformismo absoluto estaría dado por d suicidio
altruista
y
la desviación se encontraría en el suicidio egoísta.
II
Resulta distinto a un tipo de lectura que se hace frecuente sobre Durkheim en la cual se entiende a la moral
como fuente de regulación de la conducta: "La moral es
el
conjunto de prescripciones y prohibiciones, que
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Avancemos detenidamente sobre algunas conceptualizaciones durkheimianas. Siendo el
orden social equivalente ai orden moral, Durkheim definirá a la sociologia como una
ciencia de la moral que permitirá distinguir las formas normales de la moralidad frente a las
formas "mórbidas o patológicas" (Durkheim, 1993: 105). Veremos que lo patológico no
remite a una desviación con respecto ai orden moral sino justamente a una exterioridad con
respecto a lo social. Básicamente, Durkheim distingue en su obra dos formas normales de la
moralidad social: la derivada de la solidaridad mecánica y la de la solidaridad orgánica. La
primera, propia de las sociedades primitivas, emerge como un producto de las semejanzas
entre los miembros de una colectividad (Durkheim, 2008: 107), la cual se cristaliza en una
conciencia común ampliamente compartida; la segunda forma de moralidad social es la
constitutiva de las sociedades modernas y aparece como consecuencia de un proceso de
división dei trabajo que !leva a un debilitamiento de la conciencia común, pero a una mayor
interdependencia funcional. En este último caso -entiende Durkheim- la moralidad no
desaparece sino que cambia su forma. Es un orden social orientado por la diferencia. "Basta
que e! individuo se encargue de una función especial para encontrarse, por la fuerza de las
cosas, solidarizado con los otros" (Durkheim, 2008: 201).
Asi, e! orden social como orden moral no es más débil en las sociedades modernas que
en las tradicionales. En ambos casos, la experiencia moral resulta de una determinada
experiencia social. En esta dirección, no es posible entender a la sociedad moderna como
una sociedad en donde el orden social se debilita, sino que es más preciso comprenderia
como una nueva forma moral. "Incluso allí donde la sociedad descansa de una manera más
completa sobre la división dei trabajo, no
se
resuelve en una polvareda
de átomos
yuxtapuestos"
(Ibíd.,
2008: 227).
Sin embargo, lo anterior no implica que el orden moral se presente como un orden
integrado en donde no tiene cabida la desviación o e! conflicto. Lejos de poner a un lado e!
desorden, Durkheim lo observa como una parte esencial de la producción dei orden moral.
Esta explica que la desviación no constituya un problema para la tematización de! orden
moral sino que, ai contrario, sea evidencia de su misma presencia. Por ejemplo, Durkheim
(2003) menciona: "EI crimen es necesario; está ligado a las condiciones fundamentales de
toda vida social y por eso mismo, es útil, ya que esas condiciones de las que es solidaria san
e!las mismas indispensables para la evolución normal de la moral" (Durkheim, 2003: 82).
Por
esta
razón,
lo
patológico
no
es
reductible
ai
desorden
en
la
esquemática
durkheimiana.
La normalidad dei orden moral integra
el desordeno
La desviación
se
reconoce en torno
a una cosmologia moral;
a su vez,
el
conflicto
aparece como
el
enfrentamiento de dos órdenes morales.
Lo dicho se puede vislumbrar en e! tratamiento que hace e! autor de! suicidio y sus
distintas formas, el cual no es una acción que constituya en si misma una desviación. Esta
tiene como función principal regularizar las conductas, operar como un molde o un patrón que garantice la
homogeneidad de las respuestas de los individuos frente a situaciones similares" (Girola, 2005: 36).
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atribución sólo es comprensible desde un orden social determinado. Durkheim (2003;
Durkheim
y
Mauss,
1992)
refiere
recurrentemente
ai
problema
de
sustantivizar
determinados comportamientos. En
Las formas elementales de la vida religiosa (1992),
Durkheim menciona que las ideas no están fundadas en las cosas sino en la naturaleza de la
sociedad; es ésta la que suministra el marco para la evaluación de determinados contenidos.
Desde este lugar,
eI
carácter que asuma
eI
suicidio dependerá dei tipo de organización social
en el que se produzca. EI suicidio es un fenómeno más o menos regular a lo largo de la
historia; no obstante, la valoración dei mismo se modifica de acuerdo con la sociedad en la
que suceda. "EI suicidio depende esencialmente de determinados estados dei medio social"
(Durkheim, 2004: 129).12 Desde este lugar, podemos interpretar a los distintos tipos de
suicidio como en consonancia con diversas valoraciones propias de un contexto social.
EI suicidio egoista es aquel que se observa en contextos donde la integración social es
menor (por ejemplo, en
eI
contexto de división dei trabajo de la sociedad moderna). EI
egoísmo es el "estado en el que el yo individual se afirma excesivamente frente ai yo social y
a sus expensas, podemos llamar egoísta a un tipo particular de suicidio que resulte de una
individuación social desmesurada"
(Ibíd.,
2004: 219). EI suicido altruista, en cambio, propio
de las sociedades primitivas,13 involucra lo opuesto ai egoísmo en tanto es el que se produce
por una excesiva integración social que lleva a la indiferenciación dei yo con respecto a la
colectividad. Es la muerte por la colectividad. En esta dirección, tenemos dos tipos de
suicidios que remiten a dos órdenes morales distintos. Para la solidaridad mecánica, el
suicido es conceptualizado como una acción altruista; para la solidaridad orgánica, en
cambio, aparece como una acción egoísta. En ambos casos el suicidio se conceptualiza en
conexión con
eI
orden social dei que forma parte.
14
En ninguno de los dos casos, tanto por
conformidad como por desviación, estamos ante una ausencia dei orden social.
La condena que hace Durkheim dei suicidio como consecuencia de la liberalización de
las pasiones e impulsos individuales se torna comprensible si reconocemos que el sociólogo
se encuentra inmiscuido en
eI
contexto
de la solidaridad orgánica, para la cual este
comportamiento
debe
ser
condenado
como
expresión
dei
individualismo
excesivo
(egoísmo). "EI suicidio se reprueba porque deroga ese culto por la persona humana sobre
eI
que descansa nuestra moral" (Durkheim, 2004: 369). EI culto a la persona humana remite ai
12
Aunque es verdad que Durkheim frecuentemente consideró el suicidio como un tipo de comportamiento
específico causado por un contexto social (Giddens, 1997a), aquí, nuestra interpretación se encuentra más
cercana a la deducible de las "Formas elementales" (Durkheim, 1992), en donde se entiende que el medio
social se expresa en las categodas deI pensamiento.
13
Aunque Durkheim también habla de las organizaciones militares modernas como un contexto social que da
lugar a este tipo de suicidio.
14
Esta interpretación se maniflesta en contra de una valoración común acerca de la obra durkheimiana que
entiende a la moral como opuesta al egoísmo. "La moral está ligada a la solidaridad, a la unión con los demás,
y
es lo opuesto aI egoísmo, porque egoísmo implica ruptura de los lazos solidarios" (Girola, 2005: 35). Véase
también Giddens (1997a).
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individualismo moral
que defiende Durkheim -individualismo no egoísta/Ia religión dei
individuo- (Durkheim, 1993: 149), como el más apropiado a las condiciones objetivas de la
sociedad moderna (Giddens, 1997b: 95).
A medida que las sociedades crecen y se hacen más densas, se hacen también más complejas,
el
trabajo se divide, las diferencias individuales se multiplican,
y
vemos cómo se acerca el
momento en que no quedará nada en común entre los miembros de un mismo grupo
humano, a no ser el hecho de que todos son hombres. En estas condiciones es inevitable que
la sensibilidad colectiva se aferre con todas sus fuerzas a este único objeto que le queda
y
le
confiera por eso mismo un valor incomparable (Durkheim, 2004:
371).
Resulta interesante notar que, hasta aquí, el egoísmo no se presenta como ajeno ai orden
social (como suele ser frecuentemente entendido en la teoría sociológica). La valoración dei
suicidio como acción egoísta es un componente dei orden social. En otros términos, es éste
e! que da lugar a la observación de! suicidio como desviación.
Por último, queda el suicidio anómico. De acuerdo con lo esbozado más arriba, éste
deberá permitimos visualizar más claramente aquello de lo que se distingue e! orden social.
EI suicidio anómico acaece en momentos históricos de grandes cambios o crisis sociales, en
contextos en donde existe una ausencia de todo tipo de criterios colectivos y/o principios
reguladores. Es decir, no remite a un debilitamiento de la conciencia colectiva (de hecho,
éste es un fenómeno normal de la sociedad moderna) o a un control moral insuficiente,
como en el caso dei suicidio egoísta, sino a una ausencia de principios reguladores. La
anomia es significativa para Durkheim, porque tiene particular influencia en e! proceso de
transición y cambio de la sociedad tradicional a la moderna. EI suicidio anómico es el
verdaderamente patológico porque es un suicidio que no posee ningún sentido; denota la
ausencia de la sociedad en los individuos. Es patológico porque muestra la ausencia dei
orden social y no una desviación; no puede ser ni justificado, ni representado.
De todas maneras, es evidente que la valoración que hace Durkheim dei suicidio
anómico es similar a la de! suicidio egoísta. De hecho, algunos lectores de su obra han
planteado que éstos tendrían la misma causa Oohnson, 1965). Sin embargo, esta apreciación
no es ni de! todo cierta ni de! todo errada. Durkheim mismo observa que los dos suicidios
son
similares
en
tanto
que
ambos
implican
que
la
sociedad
no
se
encuentra
lo
suficientemente cohesionada. A pesar de esto, el suicido anómico es uno que acaece fuera
de! orden, no puede ser conceptualizado, valorado. De hecho, lo que resulta similar en e!
planteamiento durkheimiano es su argumentación acerca de por qué tanto el suicidio
anómico como e! egoísta son condenables. Esta justificación responde ai orden moral de!
individualismo que observa ai suicidio como resultado de la falta de limitación de las
pasiones e impulsos individuales. Asi, e! suicidio anómico, a la vez que se reconoce en una
situación de ausencia de orden, sólo es posible de ser evaluado desde dentro dei orden social
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como suicidio egoista. Sólo así es factible tematizar aI suicidio anómico como un mal.
l5
Para
describir aI suicidio como una desviación es inevitable remitirse aI orden social. No es
casual que Durkheim piense en la anomia como unos procesos criticas y transitorios. Sobre
este punto la siguiente cita es ilustrativa:
Incluso el moralista que cree poder, por la fuerza de su pensamiento, sustraerse a la influencia
de las ideas que lo rodean, no logaría llegar a conseguirlo, pues se halla todo impregnado de
las mismas,
y,
haga lo que haga, san aquellas las que vuelve a encontrar en las consecuencias
de sus deducciones (Durkheim,
2008: 594).
En este pasaje se muestra que no es posible pensar por fuera de la sociedad, el hombre es un
ser moral en tanto
vive
en
sociedad.
La anomia
se presentaría como
un principio
contrafáctico
que
nos
permitiría demostrar
la
inevitable
presencia
de
lo
social.
La
valoración misma que hace Durkheim de la anomia daria cuenta de esta circunstancia.
Ha sido reconocido que la tematización de la moral propuesta por Durkheim se
encuentra en oposición a los planteos utilitaristas que conciben a ésta ya sea como un
fenómeno espontáneo, como resultado de la coacción o disciplinamiento deI Estado, o
como producto de un contrato social (Giddens, 1997a). Para Durkheim, no es posible
desprender la moral de los individuas y sus decisiones. Desde aquí es que
se haya
comprendido a la teoría deI orden de Durkheim como una respuesta distinta aI problema
planteado por los autores utilitaristas (Parsons):
lo no contractual deZ contrato.
Pera si
partimos de nuestra distinción entre orden social y anomia, se torna observable que la
propuesta de Durkheim no sólo busca debatir con el individualismo utilitarista-egoísta. Éste
ya seria condenado por e! mismo individualismo moral generado por la división de! trabajo.
De hecho, el mismo Durkheim menciona que el utilitarismo ya se encuentra en amplia
decadencia en la sociedad de su época (Durkheim, 2üü3b). Es por esta que consideramos
que la distinción teórica entre orden social y anomia se justifica en conexión con otra
disputa que
e!
autor pretende librar y que se encuentra representada por un cierto
individualismo subjetivista
que busca deducir aI orden social de la autoconciencia subjetiva.
Dice e! autor:
Existe otro individualismo más difícil de derrotar. Ha sido profesado desde hace un siglo por
la más amplia generalidad de pensadores: es el de Kant
y
de Rousseau, el de los espiritualistas,
el
que
la
dec1aración
de
los
derechos
dei
hombre
ha
intentado,
más
o
menos
satisfactoriamente,
traducir en
fórmulas,
el
que
se enseiia corrientemente en
nuestras
escuelas
y
que se ha convertido en la base de nuestro catequismo moral. Henos aqui bien
lejos de esta apoteosis dei bienestar y el interés privados, de este culto egoísta dei si mismo
que se ha podido con justícia reprochar ai individualismo utílitario. AI contrario, según estas
15
Giddens observa que "el remedio para la anomia no consiste en la reimposición de la disciplina moral
represiva tradicional, sino en
eI
avance de la moralidad liberal dei individualismo" (Giddens, 1997a: 138).
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moralistas,
el
deber consiste en desviar nuestras miradas de aquello que nos coneieme
personalmente, de todo aquello ligado a nuestra individualidad empírica, para buscar
únicamente lo que reclama nuestra condieión de hombres, aquello que tenemos en común
eon todos nuestros semejantes (Durkheim, 2003b: 288).
Si bien Durkheim acuerda con la defensa de un individualismo moral cercana a esta
perspectiva, discrepa en concebir ai mismo como un emergente de una subjetividad no-
social
(Durkheim,
2003b:
289),
es
decir,
de
una
cierta
capacidad
universal
de
esc1arecimiento individual. "Sin duda, si la dignidad dei individuo viniera dotada de estas
caracteres individuales, de las particularidades que le distinguen de los demás, se podría
temer que esta religión lo encerrara en una suerte de egoísmo moral que tomaría imposible
toda solidaridad"
(Ibíd.,
2003b: 290). Es decir, Durkheim se está oponiendo a un conjunto
de pensadores que defienden una concepción de orden moral no-social y, por tanto,
anómica.
16
Rechaza una forma de razonamiento que no asume que es la sociedad la que
otorga las categorías de pensamiento, las c1asificaciones, las ideas,
y
los esquemas morales.
Adicionalmente, Durkheim (2003a) sostiene que la sociedad no debe ser deducida de la
moral, sino que ésta última debe ser desprendida de la sociedad. EI individualismo moral se
reconoce como una concepción propia de la sociedad en e! contexto de la división de!
trabajo.
Contingencia
y
orden social
A pesar de las diferencias evidentes entre Durkheim
y
Luhmann en re!ación con los
tratamientos otorgados ai interrogante sobre las condiciones de posibilidad dei orden social,
entendemos que existe una potencial cercanía desde la formulación de! problema. Desde
nuestro punto de vista, esta cercanía se expresaría en la posición análoga que ocupan los
conceptos de anomia
y
de contingencia en sus respectivas propuestas teóricas. En ambas
perspectivas, observamos que estas categorías sensibilizan hacia la diferenciación dei orden
social de lo no-social, de lo sin sentido, dei no-orden
y
no -precisamente- de la falta de
ordeno En este apartado deseamos mostrar que tanto para el sociólogo alemán, como para
16
No podemos dejar de notar la cercanía que plantea esta tensión con la identificada por Simmel entre
forma
y
vida
en torno al conflicto de la cultura moderna "Así se maniflesta en todos los aspectos, y aún en algunos
otros, el conflicto a que llega la vida según su necesidad esencial, en tanto que ella es, en el más amplio sentido,
vida cultural, es decir, en cuanto es creadora o se apropia de lo creado. Esta vida debe o producir formas o
moverse dentro
de formas.
Nosotros somos,
en
verdad, vida inmediata y a esto también
está
ligado
inmediatamente un indeflnible sentimiento de existencia, fuerza y dirección; pero la poseemos sólo en la
correspondiente forma, la que, como ya lo hice resaltar, se muestra perteneciendo, en el momento de su
aparición, a un orden totalmente diferente, munida de un derecho y un significado que provienen de ella
misma, afirmando y reclamando una existencia supervital" (Simmel, 2001: 67).
298
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Durkheim, el orden social no se asimila a la integración, a la cooperación y/o ai control,
como tampoco se distingue de! conflicto y la desviación; por e! contrario, estas últimos
aparecen como constitutivos dei orden social.
La opinión que domina en la tradición considera que e! problema de! orden social radica en
la evasión o represión de la conducta adversa, de las actividades hostiles, molestas o dafíinas
que impiden que otros encuentren justicia en sus relaciones sociales, que satisfagan sus
necesidades
y
que les hagan sentir a gusto [.
.. ]. Sin embargo, habría que preguntarse si el
problema básico de la constitución de los sistemas sociales realmente se encuentra en la
eliminación de lo adverso o de lo no dispuesto a adaptarse. Dicho en forma extrema: ,basta
comprender aI orden social como boicot deI boicot, o será necesario saber en primera
instancia cómo este orden social es posible
y
suficientemente probable? (Luhmann, 1998a:
123).
Aquí se muestra que es necesario pensar e! problema de! orden desde otro punto de vista
dei que comúnmente se suele hacer. iQué tipo de formulación dei problema podrá incluir el
desorden, el conflicto y lo "no dispuesto a adaptarse"?
Es un hecho ampliamente reconocido que Luhmann atiende ai problema dei orden
social a partir de una cierta continuidad crítica con e! planteamiento de Parsons acerca de la
temática y, más especificamente, en relación con el teorema de la doble contingencia. Ésta
se genera en un contexto de interacción donde las gratificaciones de las partes involucradas
dependen de los comportamientos mutuas. Así, las acciones dependen de las expectativas
de! otro (expectativas complementarias). Para Parsons, esta situación de indeterminación
debe ser solucionada, de lo contaria no sería posible la acción social; el autor entiende que
san necesarias ciertas convenciones o sistemas de referencia compartidos e internalizados
para que el orden social se establezca (Parsons y Shils, 1968). Luhmann se opone a este
tratamiento en tanto entiende que el orden social puede emerger más aliá de una necesaría
socialización en un sistema de valores culturales compartidos. No obstante, entendemos
que la diferencia que se establece entre estas dos autores no radica en el plano de las
respuestas alternativas que dan, sino en el campo de la delimitación misma dei problema.
En general, los estudiosos de la obra de Luhmann han atendido a la continuidad crítica
que éste define con respecto a la obra de Parsons en conexión con la respuesta otorgada ai
problema dei orden socialY A diferencia de estas perspectivas, creemos que la cuestión que
define Parsons no es la misma que asume Luhmann y en esta radica una diferencia
fundamental. Mientras que para el primero el problema dei orden se presenta como el
17
En este caso no se puede decir que estos autores no hayan seguido a Luhmann, en tanto, él mismo sostiene
que busca atender al mismo problema que Parsons (Luhmann, 1998a: 124). Así, entendemos que existe una
cierta tensión en la presentación que deI tema hace Luhmann: por un lado, partida deI mismo problema, pero
por
el
otro, lo cuestionaría. Véanse: Galíndo (2008); Hon-Fai (2004); Izuzquiza (2008); Mascareno (2009);
Vanderstraeten (2002).
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problema hobbesiano dei orden (arriba discutido), es decir,
el
de la integración y la
regulación de la acción;
ai segundo
le interesa delimitar otro problema en tanto su
formulación busca incorporar ai conflicto, ai cambio y a la desviación como constitutivos
dei orden social (Luhmann, 2002a: 328-329).1' Es claro que Parsons no niega en su
teorización la existencia dei conflicto y la desviación, pero éstos no se incorporan en la
formulación dei problema analítico dei orden social (Burger, 1977). Veremos que Luhmann
se plantea el problema en términos mucho más generales y abstractos.
La importancia de la delimitación dei problema para la teoría sociológica es destacada
por Luhmann en un texto específicamente dedicado a la pregunta acerca de
cómo es posible
el orden social
(201Oa). Aquí,
eI
tema adquiere relevancia para la sociología en tanto le
permite abordar a sus objetos de indagación desde una perspectiva específica. Otros actores
y teorías se plantean esta pregunta, pero la sociología lo hace desde un lugar particular que
inevitablemente busca diferenciarse de las dei resto de la sociedad.
Una disciplina adquiere un carácter universal no en la medida de que está constituida por
objetos (o clases de objetos), por estratos dei mundo real, sino por la delimitación de un
problema. Bajo la perspectiva de esta delimitación se puede referir a cualquier objeto posible.
Ya no deberá su unidad a un ámbito de objetos previamente seleccionados, sino a sí misma
(Luhmann,
2010:
18).
De este modo, se torna observable que el acento no se encuentra en la solución de un
problema social, sino en la formulación de uno teórico-disciplinar. Por esto, Luhmann se
pregunta cómo es posible el orden y no si efectivamente es posible. Aunque luego, en el
mismo texto, el autor se dedica a cuestionar diversas soluciones que se han dado sobre el
problema dei orden social desde Aristóteles en adelante,19 y no a aclarar en qué podría
radicar
la
especificidad
dei problema en
la
sociología.
Los límites
dei problema
se
desdibujan ai confundirse con la historia dei mismo. De hecho, se suele subrayar que
Luhmann rechazaría las formas tradicionales de respuesta ai problema dei orden social
(Fuchs, 2000; Mascarefio, 2006); sin embargo, lo que el sociólogo alemán rechazaría serían
los modos en que la cuestión es concebida. Sobre este punto deseamos avanzar.
Uno de los caminos desde los cuales sería posible reconstruir una posible formulación
dei problema dei orden social en la teoría de Luhmann se encuentra en su tematización de
IR
A pesar de esto -y quizás por una cierta ambigüedad en la formulación de Luhmann- algunos de sus
discípulos han tendido a observar al problema deI orden social como un problema de controI. Véanse, por
ejemplo: Baecker (2001) y Mascareiio (2009). Para una crítica de la teoría de Luhmann en conexión con esta
forma de comprender ai orden, véase: Wagner (1997).
19
Luhmann (2010) plantea que una pregunta constante a lo largo de la historia de occidente remite al orden
social en cuanto a la relación entre personas diferentes y en cuanto a la diferencia entre individuo y sociedad.
Sobre esto se han definido tres estrategias que aparecen recurrentemente: 1) el presupuesto de que el orden ya
se encuentra solucionado en tanto existe un grupo o una comunidad
(petitio principi);
2) la metáfora de la
fusión, y 3) el modelo de contrato social.
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la contingencia. Intentaremos mostrar que la contingencia en la perspectiva luhmanniana
remite a lo no-social/ai no-ordeno Este reconocimiento de la diferencia entre orden social y
contingencia nos permitirá justificar que el problema que delimita Luhmann posee un nivel
de mayor generalidad dei que comúnmente se le atribuye.
Luhmann parte de la premisa de que la contingencia es una dimensión constitutiva de la
subjetividad moderna. En otros términos, la modernidad se caracteriza por la creciente
conciencia acerca de la contingencia de nuestras acciones y experiencias. Los actores tienen
conciencia de su posibilidad de elección y lo pueden hacer de formas impredecibles. La
contingencia remite, asi, a la visibilidad de posibilidades. Para Luhmann: "Contingente es
aquello que no es necesario ni imposible; es decir, aquello que puede ser como es (fue, será),
pero que también puede ser de otro modo" (Luhmann, 1998a: 115). A su vez, propone esta
definición para diferenciaria de un tratamiento teológico para el cuallo contingente sería lo
accidental o eventual y, por tanto,
dependiente
de alguna estructura necesaria (dios)
(Luhmann, 1976 y 1997). La contingencia es el horizonte irrebasable que se hace presente
en toda elección en
eI
marco de la sociedad moderna.
La presencia
de la contingencia en la sociedad moderna da cuenta de una cierta
improbabilidad dei orden social en ésta, hecho que es reconocido tanto por la filosofia
moderna como por la sociologia. Sin embargo, Luhmann (1976) identifica que la principal
estrategia frente a dicha circunstancia consiste en la eliminación de esta condición por
medio
de
la
postulación
de
principios
normativos
(la
voluntad
general,
el
sujeto
trascendental, o también
eI
Estado), y no en
eI
entendimiento acerca de cómo esta
improbabilidad podia dar lugar a la probabilidad dei ordeno Para Luhmann, el desafio
radica en dar cuenta de la emergencia dei orden social pero sin obturar a la contingencia
subjetiva. No se puede dejar de lado aquello que es constitutivo de la sociedad moderna.
Una explicación dei orden no puede desconocer que la contingencia se mantiene presente;
siempre las cosas pueden ser de otro modo. Siempre es posible negar lo dado y concebir
otras posibilidades.
En este punto, Luhmann retoma ai teorema de la doble contingencia definido por
Parsons pero, como veremos, no con la intención de utilizarlo como la formulación dei
problema, sino más bien como la definición de su posible solución. La doble contingencia
es la experiencia básica de toda subjetividad que reconoce que existen "otras" subjetividades
en su mundo. Remite a la dimensión social dei sentido, es decir, ai hecho de que un
ego
experimenta que existe un
alter
que también decide contingentemente.
Ahora bien, mientras que para Parsons aqui radicaba un problema que debia ser
resuelto,
a Luhmann
le
interesa mantener
el
contexto
de
doble
contingencia como
horizonte de posibilidad para toda acción social. En este sentido, Luhmann reconoce que la
misma formulación dei problema de la doble contingencia es parte de la solución en tanto
que se define como un problema estrictamente social que no pueden resolver los sujetos
aisladamente. La doble contingencia muestra que existe un
alter
y un
ego
que se hacen
presentes en cada selección, acción y experiencia. La doble contingencia es ya una forma de
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reducción de complejidad de la contingencia subjetiva, es la especificación de un problema
(Luhmann, 1976: 508 y ss.). "De esta manera, se reconocen [.
.. ] dos versiones diferentes de
la
doble
contingencia:
una
inmediata que
se
refiere
a la no
determinación,
y otra
estructurada que cuenta con condicionamientos y alternativas limitadas" (Luhmann, 1998a:
136). Así, según su perspectiva, los sistemas sociales se forman porque ambos interlocutores
experimentan la doble contingencia, y la indefinibilidad de tal situación ya posee en si un
significado estructurante para ambos
(Ibíd.,
1998a: 118).
Podríamos decir que la doble contingencia especifica el problema de la contingencia: me
permite vislumbrar que mi acción siempre aparece frente a otros, razón por la cual mi
elección inevitablemente no
es subjetiva en la dimensión
social dei sentido. En esta
dirección, eI problema se presenta en las inciertas posibilidades de transmisión aceptable de
una propuesta, una comunicación o un contenido. A esta primera reducción se le suma la
distinción entre acción y experiencia (o vivencia)") (Luhmann, 1976 y 1998b). En eI marco
de la doble contingencia, las partes actúan y experimentan, es decir, actúan con base en
experiencias y experimentan las acciones de otro. De este modo, eI problema se especifica
aún más.
~Cómo
transmitir una acción?
~Cómo
transmitir una experiencia?
~Cómo
atribuir
una acción?
~Cómo
atribuir una experiencia? Finalmente, la doble contingencia hace notar
que mi acción se vincula con la acción o con la experiencia dei otro, y que mi experiencia se
vincula con la acción o experiencia dei otro. Aqui aparecen constelaciones problemáticas
bastante específicas:
~Cómo
es posible que mi experiencia sea experimentada por otro?
~Cómo
es posible que mi acción detone la acción dei otro?
~Cómo
es posible que mi acción
genere una experiencia en otro?
~Cómo
es posible que mi
experiencia
desencadene
acciones?
Es
pertinente
aclarar
que
aqui
no
estamos
hablando
de
sujetos
y
sus
comportamientos interactivos, sino de complejos problemáticos que se presentan en la
dimensión social dei sentido entre un
alter
(emisor) y un
ego
(receptor). Las posiciones son
definidas en la situación de doble contingencia misma.
No es dei todo incorrecto pensar que para estos problemas específicos se desarrollen
soluciones institucionales y/o normativas, no obstante -dice Luhmann-, no hay que olvidar
que el problema de la contingencia no desaparece.
2l
Por esta razón, Luhmann encuentra
más adecuada la solución a través dei reconocimiento de determinados
medíos
que en la
sociedad moderna probabilizan la aceptación de transmisiones tanto de acciones como de
experiencias. A estos medios los denomina "medios de comunicación simbólicamente
20
Éstas delimitan dos posibles tipos de selección en el contexto de la doble contingencia: acción es cuando una
selección se atribuye a un sistema, y experiencia es cuando una selección se atribuye al entorno.
n"As
is
the
case
with fundamental
problems,
there
is
an
almost irresistible
temptation
to
solve it
by
"substantivation" by putting substantives like system, institution, community, leadership at the piace 01 the
problem ofcontingency. This is, of course, the woy the problem finds its solution in the languoge of everyday life,
but sociology needs a more careful and sophisticated way to retrace and reconstruct the problem solutions of
doily life-if only to preserve the possibility of other solutions, the contingency of solution"
(Luhrnann, 1976:
527).
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generalizados" (Luhmann, 1976; 1998b; 2007) Y poseen la función de tratar las diversas
constelaciones problemáticas delimitadas en el contexto de la doble contingencia. Los
medias san fórmulas significativas que se presentan en semánticas, símbolos y códigos, y
que permiten combinar diversas selectividades posibles entre un
alter
y un
ego
(Luhmann,
1976: 512; 1998b: 106). Los medias permiten que una acción o una experiencia tengan
mayores posibilidades de ser aceptadas ante determinados problemas particulares de doble
contingencia, aunque reproduciendo el problema mismo de ella. "Esta significa que los
medias han de hacer comprensibles y plausibles determinadas vivencias y acciones, si bien
-o,
incluso, precisamente porque- las cosas san posibles de otro modo" (Luhmann, 1998b:
124)."
Ejemplos de medias de comunicación simbólicamente generalizados san la verdad, el
amor, el poder, el arte, la fe y los valores, entre otros. Como dijimos, éstos se vinculan con
problemas específicos de doble contingencia y se han desarrollado en la modernidad como
respuestas plausibles a éstos. Así, la verdad y los valores permitirían resolver el problema de
la transmisión de experíencias de un
alter
a un
ego;
el poder habilitaría que la acción de
alter
dé lugar a la acción de
ego;
el arte permitiría que una acción de
alter
genere una experiencia
en
ego;
y el amor habilitaría a que una experiencia de
alter
desencadene una acción de
ego
(Luhmann, 1998b: 108 y ss.) No obstante, estas medias no se deducen directamente de los
problemas especificas de la doble contingencia sino que, por el contrario, tratan a esos
problemas sin eliminar la posibilidad de que también surjan otros (medias) que lidien con
la misma situación. De esta manera, los medias regulan la transmisión de selecciones
motivando la aceptación de una selección.
Los medias de comunicación simbólicamente
generalizados operan por media de
códigos simbólicos que definen dos valores: uno positivo y otro negativo. Por ejemplo, en el
caso de la verdad, verdadlfalsedad; en el deI poder, poder lícito/ilícito; y en el deI arte, lo
bello/lo feo. Es interesante notar que estas códigos, a la vez que estimulan ellado positivo
deI media, no definen los criterios desde los cuales se debe decidir a favor de éste. El código
de la verdad nada dice acerca de las condiciones de producción de un discurso verdadero.
Los medias, dice Luhmann, han habilitado distintas formas y programas desde los cuales se
decide en conexión con los valores deI código.
23
Los diversos programas epistemológicos, en
el caso de la verdad, lo atestiguan. En ese sentido, los códigos de los medias dan lugar a la
incorporación del cambio y la contingencia, no a su eliminación.
Retomando
nuestra
temática
-la
delimitación
deI
problema
deI
orden
social-,
entendemos que la elaboración de la teoría de los medias resulta esclarecedora para
comprender la especificidad deI tópico deI orden social. Creemos que los medias habilitan
22
Así, por ejemplo, en el amor romántico (e1 cual constituye un medio en la sociedad moderna), el encuentro
de una pareja es azaroso pero también necesario, en tanto se concibe que dos personas están hechas la una
para la otra.
23
En este punto es interesante la distinción entre medio y forma que sefiala Luhmann. EI medio se reconoce
en la forma, pero la forma no es el medio. Véase: Luhmann (2007: 145).
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para considerar que ése no se reduce ni ai control ni a la integración. Esta se presenta como
relevante en tanto algunas interpretaciones de la teoría de los medias de Luhmann han
sostenido que ésta se orienta a explicar la mayor probabilidad de determinados cursos de
acción en contextos de alta contingencia (Mascareiío, 2009: 175; Chernilo, 2002). Desde
este lugar, se corre el riesgo de reponer la idea de orden social como contrai y regulación
(aunque limitada) de la contingencia. Entendemos que la tematización de los medias tiene
implicaciones de mayor alcance en relación con el orden social.
En primer lugar, la teoría de los medias permite reconocer que el problema dei orden
social no responde ai de la limitación de la desviación. Más bien, cada media habilita a una
comprensión específica de la desviación. La falsedad se entiende desde el media verdad, el
poder ilícito se observa desde el poder lícito, lo feo se evalúa desde lo bello. Luhmann no
estaría reconociendo que los medias probabilicen cierta acción sobre otra, sino que estaría
mostrando que constituyen esquemas de observación para la contingencia. Los medias
transforman la contingencia indeterminada en determinada. Así, el orden social no debería
privilegiar la conducta por sobre la desviada. En alguna medida, la desviación emerge en
conexión con el valor negativo de los medias. Pera la teoría no define que esta sea una
acción menos probable; no rescata un cierto orden sobre el desordeno
En segundo lugar, desde la teoría de los medias se muestra que el orden social tampoco
puede separarse dei conflicto. EI desacuerdo con respecto a las formas de regulación de los
valores de los medias (los criterios de verdad, las regias dei poder, los criterios de belleza)
constituyen fenómenos frecuentes en el devenir de la modernidad.
Frente a esta,
se
desarrollan nuevas formas, criterios o programas que a su vez contribuyen a reproducir el
mismo media. Así, es posible observar que la regulación de los medias no sólo se limita a la
definición de las condiciones de posibilidad dei éxito de una acción, sino que también, y en
igual medida, a la formulación de las mismas condiciones de posibilidad dei conflicto y la
disputa. Adicionalmente, los medias también permiten dar cuenta del conflicto en tanto es
posible que una situación se evalúe desde la perspectiva de distintos medias. Por ejemplo,
en un contexto organizacional, una decisión de un jefe puede ser evaluada como aceptable
desde el media poder, pera como inaceptable desde el media de los valores o la verdad
(Gonnet,2013).
Por último, también desde la teoría dei orden social sugerida por Luhmann es posible
reconocer que ante determinadas constelaciones problemáticas de la doble contingencia
también es factible la emergencia de nuevos medias (Luhmann, 1976: 515). Para transmitir
experiencias de modo aceptable no sólo se encuentra la verdad, sino que también se
establecen los valores; para generar vivencias se encuentra el dinero, pero también el arte.
Así, los medias no san excluyentes en cuanto a su relación con la doble contingencia. Ante
similares constelaciones problemáticas san plausibles diversos medias.
Entonces, si el orden social involucra la desviación, el conflicto y el cambio social, en qué
se distingue el orden social en la perspectiva luhmanniana. Entendemos que se diferencia de
la contingencia,
dei no-orden.
Como
dijimos,
la contingencia entra
ai
orden
social
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inevitablemente como doble contingencia. Desde este punto de vista, la contingencia pura
no tiene cabida en e! orden social: "La doble contingencia pura, es decir, una situación
socialmente indefinida por completo, no existe en verdad en nuestra realidad social"
(Luhmann, 1998a: 125). Esto no significa que la contingencia como posibilidad de ser de
otro modo no tenga cabida en la experiencia social, pero ésta sólo puede hacerse presente
en conexión con los medios existentes
y
con las diversas especificaciones problemáticas de
la
doble
contingencia:
"la
readmisión
de
contingencias
completamente
indefinidas
pertenece a lo inadmisible"
(Ibíd.,
1998a: 132).
En e! marco de esta delimitación de! problema surge la interrogante acerca de las razones
por las cuales Luhmann operaría con esta distinción entre orden social
y
contingencia. AI
igual que con la categoría de anomia en Durkheim, la finalidad sería la de detallar una
concepción
de orden
específica de
la
sociologia
y,
por tanto, diferenciada de otras
representaciones sociales de! ordeno En e! caso de Luhmann, observamos que e! autor busca
discutir con las concepciones de orden social generadas en otros campos disciplinares que
tienden a obviar la dimensión social de! sentido. Asi, Luhmann discute con teorias de!
orden social que reclaman la preeminencia de un sistema social o medio de comunicación
simbólicamente generalizado por sobre el resto de la sociedad -sea éste la politica, la
economia, o la educación- (Luhmann, 2002b; Luhmann
y
Shorr, 1993). Adicionalmente,
también cuestiona a las teorias deI orden que buscan asumir la plena contingencia como,
por ejemplo, ciertas teorías de! arte (Luhmann, 2005) o de la filosofia posestructuralista
(Luhmann, 2002c). En el primer caso, no se reconoce la complejidad que introduce la
contingencia en la producción de los órdenes sociales en la sociedad moderna; en e!
segundo, la contingencia se define con independencia de su dimensión social.
Consideraciones {inales
En el contexto de ciertas asimilaciones acríticas en torno aI sentido deI problema deI orden
social en la tradición sociológica, la re!ectura de las propuestas de Durkheim
y
de Luhmann
nos ofrece insumos para mostrar una concepción de orden social no frecuentemente
reconocida. En conexión con este punto, sostuvimos que la pregunta por el orden en estos
autores presenta un nive! fundamental en tanto que se vincula con e! problema de la
delimitación de un orden de realidad irreductiblemente social, el cual sería objeto de
estudio de la teoría sociológica. En este sentido, nos encontramos con un tratamiento que se
separa de una concepción de orden referida a la regulación
y/o
el condicionamiento de la
acción individual (arbitraria, interesada
y
libre). Las teorias de Durkheim
y
de Luhmann no
buscan demostrar cómo, a pesar de la discrecionalidad individual, es posible el orden, sino
que buscan demostrar que e! orden social es constitutivo de la vida con otros. Dicha
constatación es significativa debido a que la misma no ha sido la concepción prevaleciente
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en la sociología para la cual el arden aparece como un tipo de fenómeno particular que se
opone ai conflicto, ai cambio y a los intereses personales. En esta dirección, no defendemos
una posible aproximación diferente a un mismo fenómeno, sino que buscamos dar cuenta
de otro sentido dei orden que no es asimilable a los tópicos convencionalmente atribuidos a
la categoria tales como el control, la integración, la cooperación y el consenso.
24
Destacamos
dos
posibles
implicaciones
de
este
planteo
para
la
teoria
social
contemparánea. Par un lado,
es posible entrar en discusión con ciertos diagnósticos
teóricos acerca de las sociedades contemparáneas que destacan una "retracción" dei arden
social y un incremento dei riesgo, la incertidumbre, la fragmentación y la contingencia. Sin
considerar estos diagnósticos como errados, concebimos que suponen una concepción de
orden que se encuentra demasiado subardinada a lo institucional, es decir, a la idea de
arden como posibilidad de regulación de la acción. Tanto para Durkheim como para
Luhmann, eI orden social es constitutivo dei sentido y de la vida con otros, por esta razón
una hipótesis acerca de la pérdida dei arden se presenta como poco viable. Si existe sentido,
es porque se encuentra operando un arden social como trasfondo desde eI cualla realidad
es interpretada (incluso las dinámicas críticas). Así, deberemos dejar de concebir el arden
social como un fenómeno precario y altamente improbable (ai menos a nivel práctico).
Quizás la "crisis" se encuentre en los modos en que concebimos el arden social.
Por otra parte, no es dei todo cierto que la explicación dei orden haya desaparecido de las
preocupaciones teóricas de la sociología contemparánea. Las dualidades micro/macro,
acción/estructura y sus distintas propuestas de integración han sido clave para este objetivo.
Sin embargo, surge la pregunta acerca de cuál es la concepción de arden involucrada en la
postulación de estas dualidades y para la cual las mismas resultan interpretativamente
útiles.
Así,
seria relevante preguntar
si la presentación dei problema dei arden que
reconstruimos
en
los
planteamientos
de
Durkheim
y
de
Luhmann
se
encuentra
representada en estas dicotomías y en las diversas teorias a las que han dado lugar.
Nos gustaría finalizar mencionando que, a pesar de la factible similitud entre las
perspectivas de Durkheim y de Luhmann en relación con la delimitación dei problema dei
orden social, existe una divergencia central ligada a las consecuencias prácticas que se
desprenden de sus planteamientos.
25
Para Durkheim, la anomia como eI no-orden no es
ciertamente implausible. De hecho, la transición de la sociedad tradicional a la moderna es
una circunstancia histórica de experiencia de anomia; es el momento dei paso de la
solidaridad mecánica a la solidaridad argánica. En este sentido, la ausencia de arden denota
un contexto de crisis social frente ai cual resulta necesaria la restitución de un orden social
no debilitado sino ausente. La alternativa radica en la reconstitución de la experiencia
social, la formación de espacios en donde se propicie la emergencia de un orden moral.
2,1
No creemos que estos temas no sean relevantes para la sociología, sino que el problema deI orden social
sería anterior a estas cuestiones.
25
Aunque avanzaremos en este punto en futuros trabajos, no podemos dejar de mencionarlo en este caso.
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Desde la perspectiva dei sociólogo alemán, sería poco probable atender a un contexto
anómico ai interior dei mundo social. La contingencia, en ese sentido, es atribuible sólo a la
experiencia subjetiva. Para Luhmann, el orden social constituye un contexto inevitable
ligado a la dimensión social dei sentido. No es posible vivir junto a otros sin definir un
orden social. Si existe una crisis social, es una crisis teórica (de auto-reflexión) para observar
a la sociedad desde dentro de la sociedad. Sin embargo, lo común a estas pensadores es que
el orden social constituye un horizonte de sentido irrebasable; tanto Durkheim como
Luhmann están pensando en el orden social como una instancia que no puede traspasarse
sin caer en
eI
sin sentido: en la anomia o en la contingencia.
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