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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
El mundo necesita alternativas y
no simplemente regulaciones. No
basta readecuar un sistema, hay que
transformarlo. Es un deber moral, y
para comprenderlo, adoptar el punto
de vista de las víctimas permite a la
vez hacer una constatación y expre-
sar una convicción; la constatación
que el conjunto de las crisis, finan-
ciera, alimentaria, energética, hídri-
ca, climática, social, responden a una
causa común, y la convicción que
podemos transformar el curso de la
historia.
La constatación
Cuando 850 millones de seres
humanos viven bajo el umbral de la
pobreza y su número aumenta, cuan-
do cada veinticuatro horas decenas
de miles de personas mueren de
hambre, cuando desaparecen día tras
día etnias, formas de vida, culturas,
poniendo en peligro el patrimonio
de la humanidad, cuando el clima se
deteriora y nos preguntamos si toda-
vía vale la pena vivir en Nueva
Orleans, en el Sahel, en las Islas del
Pacífico, en Asia central o al borde de
los océanos, no podemos contentar-
nos solamente a hablar de crisis
financiera.
Ya las consecuencias sociales de
esta última crisis son resentidas
mucho más allá de las fronteras de su
propio origen: desempleo, carestía de
la vida, exclusión de los más pobres,
vulnerabilidad de las clases medias y
prolongación en el tiempo de la lista
de víctimas. Seamos claros, no se
trata únicamente de un accidente en
el recorrido o de abusos cometidos
por algunos actores económicos, que
será preciso sancionar; estamos con-
frontados a una lógica que atraviesa
toda la historia económica de los dos
últimos siglos. Crisis en regulaciones,
desregulaciones en crisis, el desarro-
llo de los hechos responde siempre a
la presión de las tasas de beneficio:
cuando están en alza, se desregula,
13
*
Traducción de la Ponencia presentada en el
Panel sobre la Crisis Financiera
de la Asamblea General de las
Naciones Unidas, 31 octubre 2008. El texto se encuentra en el sitio virtual UPS de la Cátedra
Universidad y
Desarrollo
.
1
Fundador del Centro Tricontinental, Director ejecutivo Doro Sosial Alternativo
.
Francois Houtart
1
LA CRISIS FINANCIERA
PLANTEAMIENTOS ALTERNATIVOS DE DESARROLLO
*
cuando está a la baja se regula, pero
siempre a favor de la acumulación del
capital, ella misma definida como el
motor del crecimiento. Lo que se ha
presenciado recientemente no es
nuevo. No es la primera crisis del sis-
tema financiero y muchos dicen que
no será la última.
Sin embargo, el globo financiero
creado en el transcurso de los últi-
mos decenios, entre otros, el desarro-
llo de las nuevas tecnologías de la
información y de las comunicacio-
nes, todo ello ha sobredimensionado
todos los componentes del proble-
ma. La economía se ha vuelto cada
vez más virtual y las diferencias de las
ganancias han explosionado. Para
acelerar las tasas de beneficios, una
arquitectura compleja de productos
derivados fue puesta en práctica y la
especulación se instaló como un
modo operatorio del sistema econó-
mico. Sin embargo, lo nuevo fue la
convergencia lógica entre las desre-
gulaciones que hoy conoce la situa-
ción mundial.
La crisis alimentaria es un ejem-
plo de ello. El aumento de los precios
no fue en primer lugar el fruto de
una menor producción, sino más
bien el resultado combinado de la
disminución de
las reservas, de
maniobras especulativas y de la
extensión de la producción de agro-
carburantes. La vida de las personas
humanas, por consiguiente, ha sido
sometida a la obtención de benefi-
cios. Las cifras de la bolsa de Chicago
son una buena ilustración.
La crisis energética va más allá de
la explosión coyuntural de los precios
del petróleo. Marca el fin del ciclo de
la energía fósil barata (petróleo y
gas), cuyo mantenimiento a precios
inferiores provoca una utilización
irresponsable de la energía, favorable
a un modo de crecimiento acelerado,
que permite una rápida acumulación
del capital a corto y mediano plazo.
La sobre-explotación de los recursos
naturales y la liberalización de los
intercambios, sobre todo desde los
años 1970, multiplicó el transporte
de mercancías y promovió los medios
de desplazamiento individuales, sin
consideración de las consecuencias
climáticas y sociales. La utilización de
derivados del petróleo como fertili-
zantes y pesticidas se generalizó en
una agricultura productivista. El
modo de vida de las clases sociales
superiores y medias se construyó
sobre
el
derroche
energético.
También en este ámbito el valor de
cambio se sobrepone al valor de uso.
Hoy esta crisis amenaza con per-
judicar gravemente la acumulación
del capital, se descubre la urgencia de
encontrar soluciones. Sin embargo,
en una tal perspectiva deben respetar
la lógica de base: mantener el nivel de
Francouis Houtart
14
las tasas de beneficios, sin tomar en
cuenta las externalidades, es decir lo
que no entra en el cálculo contable
del capital, y cuyo costo de ser sopor-
tado por las colectividades o los indi-
viduos. Tal es el caso de los agrocar-
burantes y sus consecuencias ecoló-
gicas: destrucción por los monocul-
tivos de la biodiversidad, de los sue-
los y de las aguas subterráneas; y sus
consecuencias sociales: expulsión de
millones de campesinos, que irán a
poblar los suburbios y agravar la pre-
sión migratoria.
La crisis climática, de cuya grave-
dad la opinión pública mundial
todavía no ha tomado plena concien-
cia, es según los expertos del GIEC
(Grupo
Internacional
de
los
Expertos del Clima) resultado de la
actividad humana. Nicolas Stern,
antiguo colaborador del Banco
Mundial, no duda al decir que “
los
cambios climáticos son el mayor fraca-
so de la historia de la economía de
mercado
”. En efecto, también aquí
como en las crisis precedentes, la
lógica del capital no conoce las
“externalidades”,
salvo
cuando
comienzan a reducir las tasas de
beneficio.
La era neoliberal que hizo crecer
dichas tasas de beneficio, coincide
igualmente con una aceleración de
las emisiones de gas con efecto inver-
nadero y calentamiento climático. El
crecimiento de la utilización de
materias primas y de los transportes,
así como la desregulación de las
medidas de protección de la natura-
leza, aumentaron las devastaciones
climáticas y disminuyeron las capaci-
dades de regeneración de la naturale-
za. Si no se hace nada en un futuro
próximo, de 20% a 30% de todas las
especies vivas podrían desaparecer
en un cuarto de siglo. El nivel de aci-
dez de los mares aumentará peligro-
samente y se podrían estimar entre
150 y 200 millones de refugiados cli-
máticos desde la mitad del siglo XXI.
Es en este contexto que se sitúa la
crisis social. Desarrollar espectacu-
larmente 20% de la población mun-
dial, capaz de consumir bienes y ser-
vicios de alto valor añadido, es más
interesante para la acumulación pri-
vada a corto y mediano plazo que
responder a las necesidades de base
de aquellos que no tienen más que
un poder de compre reducido o
nulo. En efecto, incapaces de produ-
cir valor añadido y no teniendo más
que una débil capacidad de consu-
mo, no son más que una multitud
inútil, o todo lo más susceptibles de
ser objeto de políticas asistenciales.
El fenómeno se ha acentuado con el
predominio del capital financiero.
Una vez más la lógica de la acumula-
ción prevalece sobre las necesidades
de los seres humanos.
15
La crisis financiera. Planteamientos alternativos de desarrollo
Todo este conjunto de disfuncio-
namientos desemboca en una verda-
dera crisis de civilización, caracteriza-
da por el riesgo de un
agotamiento
del planeta y una extinción de los
seres vivos, lo que significa una efec-
tiva crisis de sentido. ¿Entonces qué,
simples regulaciones? Ciertamente, si
constituyen las etapas de una trans-
formación radical y permiten una
salida de la crisis, que no sea la gue-
rra; no, si las regulaciones no hacen
más que prolongar una lógica des-
tructora de la vida. Una humanidad
que renuncia a la razón y abandona la
ética, pierde el derecho a la existencia.
Una convicción
Ciertamente el lenguaje apocalíp-
tico no es portador de acción. Por el
contrario, una constatación de la rea-
lidad puede conducir a reaccionar.
La búsqueda y la puesta en práctica
de alternativas son posibles, pero no
sin condiciones. Ellas suponen en
primer lugar, una visión a largo
plazo, la utopía necesaria; después,
medidas concretas escalonadas en el
tiempo y en fin actores sociales por-
tadores de proyectos, en el seno de
un combate cuya duración será pro-
porcional a las resistencias al cambio.
La visión a largo plazo puede arti-
cularse alrededor de algunos ejes
principales. En primer lugar, un uso
renovable y racional de los recursos
naturales, lo que supone otra filoso-
fía en la relación con la naturaleza:
no más explotación sin límite de una
materia, sobre todo cuando es objeto
de beneficios, sino el respeto de lo
que forma el origen de la vida. Las
sociedades del socialismo llamado
real apenas habían innovado algo en
este campo.
En segundo lugar, privilegiar el
valor de uso sobre el valor de cam-
bio, lo que significa una definición
muy diferente de la economía: no
más producción de valor agregado,
fuente de acumulación privada, sino
la actividad que asegure las bases de
la vida material, cultural y espiritual
de todos los seres humanos a través
del mundo. Las consecuencias lógi-
cas de ello serán considerables. A
partir de este momento, el mercado
sirve de regulador entre la oferta y la
demanda en lugar de aumentar las
tasas de destrucción de la biodiversi-
dad y de la atmósfera, son combati-
dos al tomarse en cuenta las “exter-
nalidades” ecológicas y sociales. Las
prioridades en la producción de bie-
nes y de servicios cambian de lógica.
Un tercer eje está constituido por
una generalización de la democracia,
no sólo aplicada al sector político,
por una democracia participativa,
sino también en el seno del sistema
económico, en todas las instituciones
Francouis Houtart
16
y entre los hombres y las mujeres.
Una concepción participativa del
Estado se desprende necesariamente,
de la misma manera que una reivin-
dicación de los derechos humanos en
todas sus dimensiones, individuales
y colectivas. La subjetividad ren-
cuentra su lugar.
En fin, el principio de la multicul-
turalidad los otros tres. Se trata de
permitir a todos los saberes, incluso
tradicionales, de participar en la
construcción de las alternativas; a
todas las filosofías y culturas, que-
brando el monopolio de la occiden-
talización; a todas las fuerzas morales
y espirituales capaces de promover la
ética necesaria. Entre las religiones, la
sabiduría del induismo en su rela-
ción a la naturaleza, la compasión del
budismo en las relaciones humanas,
la sed de justicia en la corriente pro-
fética del islam, las fuerzas emanci-
padoras de una teología de la libera-
ción en el cristianismo, el respeto de
las fuentes de la vida en el concepto
de la madre-tierra de los pueblos
autóctonos de América latina, el sen-
tido de la solidaridad expresado en
las religiones de África, son
todos
estos aportes importantes en el
marco evidente de una tolerancia
mutua garantizada por la imparciali-
dad de la sociedad política.
¡Nada más que utopías! Sin
embargo el mundo necesita utopías,
a condición de que se traduzcan en la
práctica. Cada uno de los principios
evocados es susceptible de aplicacio-
nes concretas, que ya han sido objeto
de propuestas de parte de numerosos
movimientos sociales y de organiza-
ciones políticas. La nueva relación
con la naturaleza significa entre otras
cosas, la recuperación por parte de
los Estados de la soberanía sobre los
recursos naturales y su no apropia-
ción privada; terminar con los
monocultivos y la revaloración de la
agricultura campesina, la ratificación
y la profundización de las medidas
de Kyoto y de Bali sobre el clima.
Privilegiar el valor de uso com-
porta la no-mercantilización de los
elementos indispensables para la
vida: las semillas, el agua, la salud, la
educación; el restablecimiento de los
servicios públicos: la abolición de los
paraísos fiscales; la supresión del
secreto bancario; la anulación de las
deudas odiosas de los Estados del Sur;
el establecimiento de alianzas regio-
nales sobre la base no de competitivi-
dad sino de complementariedad y de
solidaridad; la creación de monedas
regionales, el establecimiento de mul-
tipolaridades y muchas otras medi-
das más. La crisis financiera constitu-
ye la ocasión única para aplicar todas
estas medidas.
Democratizar las sociedades pasa
por la organización de la participa-
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La crisis financiera. Planteamientos alternativos de desarrollo
ción local, incluyendo la gestión de
materias económicas, hasta llegar a la
reforma de las Naciones Unidas. La
multiplicidad se expresa por la aboli-
ción de las patentes sobre el saber,
por la liberación de la ciencia del
control de los poderes económicos,
por la supresión de los monopolios
de la información, por el estableci-
miento de la libertad religiosa.
¿Pero quién conducirá este pro-
yecto? Hay que reconocer que el
genio del capitalismo consiste en
transformar sus propias contradic-
ciones en oportunidades.
How global
warming can make you wealthy?
,
(¿Cómo el calentamiento terrestre
puede enriqueceros?) podía leerse en
una publicidad de
US Today
a princi-
pios del año 2007. ¿Podría el capita-
lismo llegar a renuncias a sus propios
principios? Evidentemente no. Sólo
un nueva relación de poder lo logra-
ría; lo que no excluye la adhesión de
algunos actores económicos contem-
poráneos. Pero una cosa es clara: el
nuevo actor histórico capaz de con-
ducir proyectos alternativos es hoy
plural. Son los obreros, campesinos
sin tierra, los pobres de las ciudades,
los
militantes
ecologistas,
los
migrantes, los intelectuales vincula-
dos a los movimientos sociales. Su
conciencia de actor olectivo comien-
za a emerger. La convergencia de sus
organizaciones está comenzando y
carece todavía de relevos políticos.
Algunos Estados, particularmente en
América Latina, han creado las con-
diciones para que las alternativas
aparezcan. La duración y la intensi-
dad de las luchas de estos actores
sociales dependerán de la rigidez del
sistema instalado y de las intransi-
gencias de sus protagonistas.
Ofrecedles, pues, en el seno de la
Organización de las Naciones Unidas
un espacio para que puedan expre-
sarse y presentar sus alternativas.
Esta será vuestra contribución para
revertir el curso de la historia, indis-
pensable para que el género humano
rencuentre un espacio de vida y
pueda reconstruir la esperanza.
Francouis Houtart
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