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Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Rev.int.med.cienc.act.fís.deporte
- vol. 10 -
número 37 - enero 2010 - ISSN: 1577-0354
Silvestre Muñoz, A.; Almeida Herrero, F. y López Lozano, R. (2010). El talón doloroso del
adulto. Revisión bibliográfica. Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad
Física
y
el
Deporte
vol.
10
(37)
pp.
117-137.
Http://cdeporte.rediris.es/revista/revista37/arttalon142.htm
REVISIÓN
EL TALÓN DOLOROSO DEL ADULTO.
REVISIÓN
BIBLIOGRÁFICA
HEEL PAIN. BIBLIOGRAPHIC REVIEW
Silvestre Muñoz, A.
1
; Almeida Herrero, F.
2
y López Lozano, R.
3
1
Jefe Sección;
silvestre_ant@gva.es;
2
Adjunto; falmeidah@gmail.com;
3
Adjunto; raul_lopez_lozano@hotmail.com
Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Clínico Universitario de Valencia.
España
Código UNESCO
: 3213.10 Cirugía experimental
Clasificación Consejo de Europa
: 11 Medicina del deporte
Recibido
21 de marzo 2009
Aceptado
: 9 de febrero 2010
RESUMEN
El dolor de talón es una patología frecuente en la práctica ortopédica
diaria, cuya etiología no está totalmente aclarada. Aproximadamente el 90% de
los casos se resuelven en una plazo de 10-12 meses, pero un 10% de los
mismos se cronifica y pueden requerir tratamiento quirúrgico. El diagnóstico es
fundamentalmente clínico y rara vez requiere exploraciones complementarias.
No existe consenso terapéutico sobre el tratamiento más efectivo, siendo la
indicación terapéutica en ocasiones arbitraria y anecdótica.
Dada la prolongada historia natural del proceso y su carácter autolimitado,
así como la naturaleza fluctuante de esta patología, la resolución de los
síntomas tras la intervención quirúrgica no puede atribuirse únicamente a la
cirugía por sí misma.
PALABRAS CLAVE:
Dolor de talón. Plantar. Proceso autolimitado
ABSTRACT
Heel pain is usual in everyday orthopaedic office; however its aetiology remains
controversial. About 90% of cases heal in 10-12 months, but 10% of them
become chronic and need surgery. Diagnosis is furthermore clinical and seldom
requires complementary techniques. There is no agreement about the most
effective treatment, so chosen therapy is based in physician experience and
preferences.
Because of its long natural history and its self-limited evolution as the fluctuant
development of the disease, resolved symptoms after surgery could not be only
related to surgical treatment.
KEY WORDS:
Heel pain. Plantar. Self-limited evolution
INTRODUCCIÓN
El dolor en la región de la tuberosidad medial del calcáneo que aumenta
en intensidad tras la actividad laboral, deportiva o por otras causas y que en
ocasiones aparece asociado al espolón calcáneo fue descrito hace muchos
años. Inicialmente, esta entidad se relacionaba con infecciones gonocócicas y
las imágenes radiográficas se denominaban “espolones gonocócicos” (1). A lo
largo de la historia se han postulado innumerables hipótesis etiológicas, que en
la actualidad siguen siendo motivo de debate.
Se calcula que aproximadamente dos millones de estadounidenses sufren
una fascitis plantar proximal al año, lo que supone alrededor de un millón de
visitas ortopédicas anuales (2). Los síntomas remiten en la mayoría de casos
(90%) en los diez primeros meses, no obstante en un 10% de estos pacientes
el dolor se cronifica (3-5) y plantea problemas terapéuticos.
ASPECTOS ANATOMICOS Y BIOMECANICOS
La aponeurosis plantar se origina del calcáneo y está compuesta por tres
segmentos (6). Un segmento central (el más grande) que sale de la parte
media de la tuberosidad posteromedial del calcáneo y se inserta distalmente en
los dedos. Una porción lateral que se origina en el proceso lateral de la
tuberosidad calcánea y se inserta en el 5º metatarsiano y una porción medial
que es la más delgada y que recubre la superficie del abductor del primer dedo
(fig. 1). Desde el punto de vista clínico, se considera fascia plantar a la porción
central que se extiende desde la tuberosidad medial del calcáneo a la falange
proximal de los dedos del pie y que presenta fibras verticales hasta la piel.
Fig. 1.
Aponeurosis plantar:
2 y 3
constituyen el segmento central (verdadera aponeurosis
desde el punto de vista clínico),
6
porción lateral y
1
porción medial.
Otra estructura importante en relación con el dolor de talón, es el nervio
tibial posterior que se divide en los nervios plantar medial y lateral. De este
último sale el nervio calcáneo medial a nivel del maleolo o inmediatamente
debajo del mismo, que se encarga de inervar la piel del talón, siendo su
localización subcutánea la zona más vulnerable del mismo. La siguiente rama
se origina del nervio plantar externo (lateral) o del propio tibial posterior y es la
del abductor del 5º dedo (también llamado nervio calcáneo inferior) que pasa
justo por debajo el ligamento plantar y del espolón calcáneo si existiese (fig. 2
A)
(7).
A
pesar
de
que la
teoría
del
atrapamiento nervioso
está
bien
documentada en la literatura, su fisiopatología, diagnóstico y tratamiento es
todavía motivo de debate (8).
Fig. 2 A.
Imagen en que se visualiza el tibial posterior con sus ramificaciones en plantar interno
(4) y externo (5). En la figura de la izquierda el
6
corresponde al calcáneo inferior (rama del
abductor del 5º dedo) y el
7
al calcáneo medial (subcutáneo). En la figura de la derecha se
observa el calcáneo inferior (3) que pasaría por debajo del espolón si existiese, cruzando por
encima del cuadrado plantar.
Estos nervios plantares medial y lateral continúan hacia la parte anterior
del pie y en su trayecto atraviesan los orificios de los músculos abductores.
Cuando establecemos el diagnóstico de atrapamiento del nervio tibial posterior
hay que tener en cuenta que este se puede producir debajo del retináculo de
los flexores a nivel del maleolo medial o en la salida de los orificios de los
músculos abductores (fig. 2 B).
Fig. 2 B.
Imagen que muestra los puntos donde se puede producir la compresión de los nervios
del pie
Hicks describió la función de la fascia como la de un torno, de forma que
el arco longitudinal del pie se eleva mediante el giro de la fascia alrededor de la
cabeza
de los
metatarsianos
durante
la
extensión
de
los
dedos.
La
hiperextensión de los dedos y de las articulaciones metatarsofalángicas tensa
la aponeurosis plantar, eleva el arco longitudinal del pie, invierte el retropié y
rota externamente la pierna. Se trata de un mecanismo pasivo que depende de
la estructura ósea y de la estabilidad ligamentosa y que ha sido denominado
mecanismo de torno
(fig. 3) (9).
Para Ker (10) la fascia actúa como un almacenador de energía en el pie.
Asimismo desempeña una función de almohadillado ante las fuerzas reactivas
del suelo que aparecen en la fase de despegue de la marcha, generando
gracias a la tensión de las partes blandas un armazón debajo de las cabezas
de los metatarsianos (11). Durante la extensión de los dedos la fascia íntegra,
estabiliza los arcos longitudinal y transversal y convierte el pie en una
estructura rígida eficaz para la propulsión (9, 12, 13). Por este motivo, las
cirugías
de
liberación
de
la
fascia
alteran
la
función
de
la
misma
y
comprometen la propulsión eficiente (7).
Fig. 3.
Imagen que recrea el mecanismo de torno ("windlass") de Hicks.
Por lo tanto podemos concluir que la fascia plantar es un estabilizador
estático y dinámico del pie, que además actúa como una estructura capaz de
absorber impactos y ayuda a la protección de partes blandas.
ETIOLOGIA
La
revisión
etiológica
del
síndrome
doloroso
subcalcáneo
refleja
numerosas hipótesis, lo que ha dado lugar a lo largo de la historia a diferentes
métodos de tratamiento (5, 14-18). Inicialmente se creía que esta entidad era
debida a la tracción que realizaba la fascia y la musculatura corta plantar en su
inserción
proximal
(19,
120).
Años
más
tarde,
Baxter
y
Thygpen
(14)
atribuyeron el dolor al atrapamiento del nervio del abductor del 5º dedo,
mientras Freeman y cols
(16) lo relacionaron con la irritación del nervio
calcáneo medial. Bordelon (15) describió un síndrome caracterizado por dolor
bajo del talón que se agrava por la marcha, que no está relacionado con
trauma alguno y que atribuía a la inflamación de las estructuras.
En la actualidad existen varias hipótesis vigentes relacionadas con la
talalgia que siguen siendo motivo de debate:
1)
Atrapamiento del nervio abductor del 5º dedo (14).
2)
Inflamación de la fascia y del periostio (21)
3)
Presencia de un espolón calcáneo (22, 23)
4)
Fractura de estrés (24)
5)
Modificaciones
en la
compresibilidad de
la
grasa
del
talón
por
adelgazamiento de la misma o ruptura de los septos fibrosos (25).
Existe referenciada en la bibliografía otra posible hipótesis etiológica que
establece una relación entre la osteomalacia nutricional y la fascitis plantar por
la debilidad de la musculatura intrínseca o por el reblandecimiento del
calcáneo, aunque solo hemos hallado esa referencia (26).
PATOGENIA
La fascitis plantar se desencadena por un proceso degenerativo en la
parte central de la fascia plantar en concreto en su inserción calcánea y se
observa con más frecuencia en pacientes obesos de edad media. La etiología
es multifactorial, aunque habitualmente se atribuye a la sobrecarga mecánica.
La obesidad no solo aumenta el riesgo de padecer una fascitis plantar
sino que incrementa el nivel de discapacidad del paciente (27). Del mismo
modo los trabajos relacionados con la carga de pesos, así como la presencia
de anomalías biomecánicas del pie (tendón de Aquiles corto y reducción de la
flexión dorsal del tobillo) son factores predisponentes (28). El Aquiles corto es
una causa mecánica importante de estrés que puede favorecer la aparición de
una fascitis plantar, ya que se desencadenan micro-traumatismos repetidos y
micro-roturas que alteran el proceso natural de curación lo que ocasiona una
inflamación crónica (29).
Por el contrario la existencia de un arco longitudinal aplanado o los
movimientos anómalos de dicho arco no parecen desencadenar una fascitis
plantar, pero una vez presente ésta, dichos movimientos pueden influir en la
severidad del dolor de talón (30). Así cuando el proceso es unilateral, se ha
comprobado que los flexores de los dedos son más débiles que los del lado
sano
(31),
hecho
que
se
ha
llegado
a
demostrar
mediante
estudios
electromiográficos.
La teoría del espolón calcáneo como causa de dolor ha sido y sigue
siendo cuestionada. Algunos autores trataron de establecer factores predictivos
asociados a la fascitis plantar y encontraron que existían una serie de variables
difíciles de estandarizar. Los espolones pueden estar o no presentes, y pueden
o no ser la patología primaria en el dolor de talón. No obstante deben ser
considerados en el contexto del síndrome doloroso del talón, ya que en un
número significativo de casos pueden ser los responsables del dolor por
atrapamiento del nervio del abductor del 5º (fig. 4). Tanz (32) afirmaba que el
espolón calcáneo aparecía en la zona de inserción de los flexores cortos de los
dedos y no en el origen de la fascia plantar. Estos autores demostraron que
hasta un 15% de los sujetos asintomáticos adultos presentaban espolones
subcalcáneos, mientras únicamente el 50% de los adultos con dolor en el talón
presentaban
espolón
radiográfico.
Shmokler
y
cols
(33)
revisaron
1000
pacientes de forma aleatoria mediante estudios radiográficos detectando una
incidencia
de
un
13.2%
de
espolones
calcáneos,
siendo
sintomáticos
únicamente el 39% (5,2% de la muestra). Con estos resultados concluyeron
que la presencia de un espolón no justifica la existencia de dolor calcáneo.
Fig. 4.
Esquema de espolón calcáneo a la izquierda. Vecindad de la rama del abductor del 5º
dedo con el espolón calcáneo (3), tras incisión medial.
Son sujetos de riesgo los militares (34), los atletas y los individuos activos
y con sobrepeso, pero esta entidad también se ve en personas de vida
sedentaria con déficit de flexión dorsal del tobillo siendo este fenómeno
considerado como causa-efecto (28). Por lo tanto el tratamiento debe ir
encaminado a la reducción ponderal, a la reducción de la actividad física y a
ejercicios que mejoren la movilidad en flexión dorsal del tobillo.
PATOLOGIA
El examen histológico muestra cambios que consisten en fenómenos
inflamatorios crónicos en la fascia extirpada lo que aboga por la etiología
multifactorial (35). No obstante, el talón doloroso se debe a una respuesta
fibrosa similar a la de la fibromatosis plantar y no al espolón calcáneo que no
es más que la respuesta final al estrés de repetición de la fascia plantar (36).
Mann (12) describió en fases iniciales, una fibrositis de baja cronicidad en la
tuberosidad anterior del calcáneo que representa los cambios patológicos. La
persistencia del proceso desencadena cambios osteofitarios y depósitos óseos
en el sulcus inmediatamente anterior a la tuberosidad.
Kopell y Thompson (37) afirmaban que la calcaneodinia o talón doloroso
está habitualmente asociada a una reacción inflamatoria de los nervios de la
región. Hay pocos estudios que definan la naturaleza exacta y la localización
del tejido que forma parte del espolón calcáneo (38), que se localiza en el
espesor de los músculos plantares (corto de los dedos, cuadrado plantar,
abductor del hallux o del 5º dedo) o en la propia aponeurosis (23, 39).
Parece que gran parte de la inserción de la fascia se correlaciona con la
denominada área en silla de montar. Para Amis la lesión en silla de montar
representa el punto de fatiga de la tuberosidad donde se insertan el flexor corto
de los dedos y la fascia (23), siendo necesarios más estudios que determinen
si éste es un punto de fatiga o una depresión para la inserción de la fascia. A
este nivel se desencadena una metaplasia condroide que favorece la formación
de hueso lamelar maduro con aposición de hueso nuevo perióstico en su
superficie (osificación intramembranosa), junto con fenómenos de osificación
encondral en el extremo del espolón (39).
Un reciente estudio de Lemont (40) que recogió 50 muestras de fascia de
sujetos
intervenidos
por
dolor
de
talón detectó
en
16
casos
datos
de
fragmentación de las fibras y degeneración mixoide. Concluyó que hay datos
que sugieren signos de degeneración en la aponeurosis, pero hay poca
evidencia de fenómenos inflamatorios por lo considera el dolor subcalcáneo
como una entesopatía de inserción. Este autor acuño el término de
fasciosis”
como más apropiado para describir esta patología. No obstante el análisis de
las muestras sugiere que la tracción longitudinal de la musculatura intrínseca
influencia la
morfología de formación ósea distalmente y las trabéculas
orientadas verticalmente son adaptativas a las fuerzas de carga repetitivas (41,
42).
Se ha considerado el fenómeno de formación del espolón como una
“fibroplasia” ya que se ha observado un aumento de grosor de la fascia en los
pacientes que sufren dolor de talón con o sin presencia de espolón (43). En
este engrosamiento se desencadena una metaplasia condroide en la que el
cartílago será sustituido por osificación encondral, no obstante a este nivel
puede existir una osificación directa (intramembranosa) coexistiendo ambos
procesos (44).
Parece que el punto de la entesitis corresponde al lugar donde el talón se
articula con el suelo, por lo que esta zona equivaldría al cartílago de una
articulación de carga y en ese punto se detecta una elevada concentración de
proteinglicanos, lo que soporta esta teoría. Hay autores que piensan que el
espolón es el equivalente a un callo de fractura (45), mientras otros lo
interpretan como una adaptación a la carga y no como resultado de una
tracción. Esto se basa en el hecho de que aparecen con la edad (21, 46), en
obesos (28, 47) y en sujetos que realizan actividades de pie prolongadas [> 6
h] (47).
Podemos
concluir
que
es
una
patología
familiar
a
los
ortopedas,
probablemente no comprendida por ninguno (26).
CLINICA
Los principales síntomas son dolor, inflamación e imposibilidad para
caminar. El dolor es más intenso con los primeros pasos de la mañana o tras
un periodo de reposo y disminuye su intensidad tras un tiempo caminando. Se
exacerba con la flexión dorsal de los dedos y al ponerse de puntillas (48)
pudiéndose
irradiar a todo el pie y a los dedos. La tuberosidad medial del
calcáneo es extraordinariamente sensible a la palpación.
Clásicamente se describe como un dolor de instauración lenta, pero
gradualmente progresivo que se localiza en el lado interno del pie (7). En
ocasiones puede desencadenarse tras un movimiento de torsión del pie,
provocando un dolor agudo (19); no obstante a pesar de este comienzo brusco
la evolución clínica es similar. Cuando el dolor es muy intenso el paciente es
incapaz de permanecer de pie apoyando el talón y sobrecarga la parte anterior
del pie, generando un efecto negativo en la función del pie y en la calidad de
vida del paciente (49).
El examen físico requiere un análisis del pie, incluyendo la totalidad de la
extremidad inferior (7). La exploración suele revelar una inflamación aguda de
la tuberosidad medial del calcáneo. Es importante palpar la zona medial del
talón para localizar el nervio calcáneo medial en la zona subcutánea, que
puede ser el desencadenante del dolor. Asimismo hay que palpar la fascia para
ver si la inflamación se encuentra únicamente en su inserción o también a lo
largo de su trayecto, así como para descartar la presencia de nódulos fibrosos
que indicarían la presencia de una fibromatosis plantar (fig. 5). La palpación se
realiza
con
los
pies flexionados
(fascia
relajada)
y
con
los
dedos
en
hiperextensión (fascia en tensión). Se debe explorar el túnel del tarso en busca
de inflamación, tumefacción o signo de Tinel positivo para el tibial posterior,
plantar lateral, medial o calcáneo medial. Se evalúa igualmente la sensibilidad
del pie (tacto superficial y profundo) para valorar el estado de los nervios
sensitivos,
así
como
la
movilidad
activa
y
pasiva
de
la
articulación
subastragalina, para descartar dolor de origen articular. Es conveniente palpar
los músculos que cruzan la vecindad del área afecta (tibial posterior, tibial
anterior, peroneo largo, flexores de los dedos), para analizar cualquier debilidad
motora, o dolor desencadenado por el movimiento. No debemos olvidar
efectuar un examen neurológico de las extremidades y del raquis.
Fig. 5.
Imagen que muestra un nódulo plantar en la fascia
DIAGNOSTICO
El diagnostico es fundamentalmente clínico y rara vez requiere de pruebas
complementarias (50). El estudio radiográfico del pie en proyección dorso-
plantar y lateral en carga nos permite clasificar el pie como normal, cavo o
plano. Graham (fig. 6) describió una proyección del talón con una oblicuidad de
45º que puede mostrar una condensación en el lado medial y representar una
fractura por fatiga (51). Es posible determinar la longitud del espolón mediante
radiografías de perfil en carga, según la técnica de Ozdemir (52) y en algunas
ocasiones se han llegado a describir pequeños trazos de fractura en la longitud
del espolón (23), que justificarían la persistencia de los síntomas tras el
tratamiento conservador en algunos casos.
Fig. 6.
Proyección de Graham, para valorar condensaciones en el lado medial de la
tuberosidad
En ocasiones se ha utilizado la ecografía que muestra engrosamiento,
hipoecogenicidad e imagen biconvexa, así como ruptura parcial y calcificación
intratendinosa (53-56). Se trata de una técnica barata, rápida, no invasiva y que
permite un examen dinámico del problema (57).
La escintilografía en tres fases pone de manifiesto una actividad difusa
durante las fases dinámica y de acumulo o relleno y una actividad focal intensa
en la fase tardía (58). Algunos autores utilizan la RM en la que se puede
observar un engrosamiento de la fascia plantar, un edema peritendinoso,
edema óseo de calcáneo, así como rotura de la fascia (59). La atrofia del
abductor del 5º dedo evidente en la RM
puede ser indicativo de la compresión
del nervio calcáneo inferior (60). Esta técnica es más útil en pacientes en los
que ha fallado el tratamiento conservador, presentan dolor tras la cirugía y para
descartar otra causa de dolor como el síndrome del túnel del tarso, gangliones,
osteomielitis y fractura de estrés.
Los estudios de laboratorio en los casos de dolor subcalcáneo suelen ser
negativos. Cuando el dolor es persistente y severo hay que considerar la
posibilidad de una espondiloartropatía seronegativa, que en algunas series se
presenta hasta en el 16% de los casos. El HLA B27 debe formar parte del
arsenal diagnóstico de pacientes con dolor de talón crónico, recalcitrante e
incapacitante. Destacar que en pacientes con espondiloartropatía seronegativa
y dolor de talón la cirugía no suele dar resultado, por lo que la misma está
contraindicada en estos (1).
Los problemas neurológicos también deben ser considerados entre las
posibilidades diagnósticas en los casos de talalgia. El túnel del tarso puede
provocar dolor en el talón y en la planta del pie. Un signo de Tinel positivo
puede sugerir este diagnóstico y en estos casos se aconseja realizar estudios
electromiográficos y de conducción nerviosa para descartar estos procesos (7).
Asimismo, hay que realizar estudios de imagen y de laboratorio adecuados
para descartar un origen lumbar del dolor de talón.
TRATAMIENTO
Se considera como un proceso autolimitado, no obstante el tiempo
necesario para que se resuelvan los síntomas es variable. Cuando se cronifica
la discapacidad y la limitación de la actividad es más frecuente en obesos,
pacientes con patología bilateral y aquellos que buscan atención médica con
demora de 6 meses. Sigue siendo en la actualidad una patología médica sobre
la que no existe consenso terapéutico acerca del tratamiento más efectivo (61),
siendo la indicación terapéutica en ocasiones arbitraria y anecdótica (62).
Las primeras medidas habitualmente aplicadas consisten en la utilización
de un calzado con algo de tacón, la reducción ponderal si fuera necesaria, el
reposo y la ingesta de antiinflamatorios. Hay autores que recomiendan un
calzado terapéutico específico como terapia inicial de este proceso (63). El frío
local reduce la inflamación, mientras que el calor local puede aliviar el dolor
aumentando los impulsos A beta y reduciendo la trasmisión del dolor a nivel
medular. Las taloneras de silicona (fig. 7) bien almohadilladas y bien ajustadas
pueden ser de utilidad empleándose
como primera medida de tratamiento (64).
Fig. 7.
Taloneras de silicona para el tratamiento del dolor de talón
Asimismo existen una gran variedad de ortesis que pueden utilizarse en la
talalgia crónica (63, 65, 66) que van desde ortesis rígidas a las blandas. Las
rígidas controlan los movimientos de las articulaciones del pie y previenen la
pronación, las semi-rígidas desempeñan un papel intermedio entre el control
dinámico y la protección, mientras que las blandas protegen el pie, ya que
absorben la carga del impacto.
Antes de iniciar cualquier tratamiento hay que analizar la morfología del
pie (7). Un pie aplanado desencadenara un aumento de tensión en el origen de
la fascia plantar en el calcáneo Una forma de reducir el stress en esa zona y
aumentar el soporte del arco del pie durante la marcha en la fase estática
podría ser el uso de una ortesis para corregir la deformidad biomecánica.
También se puede utilizar un vendaje (
strapping
) para mantener el pie en
aducción y el talón en varo y así disminuir el stress en el origen de la
aponeurosis plantar durante la fase de propulsión. Cuando se trata de una pie
cavo el stress se desencadena por la incapacidad del pie de evertirse, absorber
el impacto en la fase de apoyo y adaptarse al suelo. En estos pies se puede
emplear una material almohadillado para reducir el impacto y aumentar el área
de contacto. El objetivo de estas ortesis y vendajes es aliviar el stress en la
tuberosidad medial y en la fascia plantar.
Hay autores que afirman que el empleo de una cuña en la vertiente lateral
del antepié transmite la carga por las estructuras laterales del pie, bloqueando
la articulación calcáneo cuboidea y reduciendo de esta forma el stress en la
fascia
plantar.
Por
el
contrario
los
soportes
de
localización
medial
incrementarían la tensión en la fascia plantar, ya que reproducen la inversión
del pie lo que mueve a la calcáneo cuboidea a una situación de desbloqueo y
aumenta la tensión en la fascia (67).
Los estiramientos del Aquiles, así como los estiramientos de la fascia
mediante extensión pasiva de la metatarsofalángicas (fig. 8)
pueden ser
eficaces (7, 8, 68), aunque no aceptados por todos (69). Estos estiramientos
deben hacerse antes del apoyo por la mañana, ya que la carga sin estiramiento
previo
puede
provocar
micro-roturas
e
inflamación
(8).
Se
trata
de
un
tratamiento
efectivo,
económico
que
puede
intentarse
como
tratamiento
durante 6 meses y si no resulta efectivo intentar otras opciones terapéuticas
(65, 68, 70, 71). En la actualidad existen dispositivos que permiten realizar
pasivamente estos estiramientos (fig. 9).
Fig. 8.
Estiramientos pasivos de las metatarsofalángicas y del tobillo. Deben realizarse antes
del inicio de la marcha para evitar micro-roturas. A la derecha dispositivo que permite realizar
pasivamente estiramientos del Aquiles y de la fascia.
Hay un interés renovado en el uso de los vendajes (
taping
) para aliviar el
dolor. Estudios podobarográficos han demostrado que también reducen la
carga en el arco transverso del pie. Si analizamos la carga con estos vendajes
está reducida en el primer radio y en la fascia plantar transfiriéndose al 4º y 5º
metatarsianos (72, 73). En casos rebeldes al tratamiento convencional, es
posible aplicar férulas que se emplean por la noche y mejoran la flexión dorsal
del tobillo (74). No obstante si los síntomas se han prolongado más de 12
meses estas férulas no proporcionan ventaja alguna (75).
Las infiltraciones de triamcinolona o betametasona pueden aliviar el dolor
(54, 75). Se realizan en el borde medial del talón (fig. 9), aunque hay autores
que emplean la ecografía o la escintilografía para localizar el punto a infiltrar (7,
54). Complicaciones posibles de esta técnica son la atrofia del paquete graso y
la rotura de la fascia de presentación aguda o gradual [10%] (76). Existe un
caso de osteomielitis descrito en la literatura (77) y al igual que en otras
localizaciones cabe la posibilidad de desencadenar una fascitis necrotizante
(78).
Fig. 9.
Infiltración en el borde medial del talón con anestésico y triamcinolona o betametasona.
La radioterapia a dosis bajas se ha utilizado en el tratamiento de las
formas recalcitrantes, tras agotar otras posibilidades terapéuticas. Fracciones
entre 0.3 y 1.5 Gy se aplican 2 o 3 veces por semana, para completar una
dosis total de 2.5 hasta 18.75 Gy obteniendo buenos resultados durante un
periodo de 12 meses hasta en un 65% de casos empleados (35). Son factores-
pronóstico favorables a la eficacia de esta terapia, que el dolor presente menos
de 6 meses de evolución, que no se hayan intentado más de dos opciones
terapéuticas previamente y que experimente una mejoría con una sola sesión
de radioterapia (79). También se han utilizado dosis únicas de hasta 8 Gy que
parecen
efectivas
siendo
más
baratas
y
sencillas
de
aplicar
(80).
La
radioterapia parece que no ha mostrado muchos efectos secundarios, por lo
que puede ser una opción efectiva y beneficiosa.
Las ondas de choque que se utilizan en la litotricia permiten evitar una
cirugía en más de una ocasión (75, 81-85). Este procedimiento ha sido
aceptado como alternativa terapéutica del dolor de talón por la FDA (Food and
Drug Administration) desde el año 2000. No obstante, su mecanismo de acción
aún está siendo investigado. Está técnica se aplica con sedación endovenosa
con o sin anestesia local y tras localizar la zona dolorosa mediante ecografía.
En los casos bilaterales puede aplicarse con una anestesia simple y permiten la
carga
inmediata.
La
reincorporación
a
la vida
normal
se
consigue
en
prácticamente 24 horas, a diferencia de la cirugía (86). La presencia de un área
de edema óseo en la RM es un factor predictivo de buen resultado clínico con
este tratamiento (87). Por el contrario la historia previa de dolor (duración del
mismo) no tiene influencia sobre el resultado (88) e incluso parece que éste es
mejor en los dolores de larga duración (89). El resultado no varía por la
presencia de un espolón radiográfico y el espolón no se modifica por el uso de
la onda de choque (90). Se aconseja utilizar una dosis de 1300 mJ/mm
2
y
aunque la técnica parece ser segura, existe un riesgo potencial de hemorragia
y daño del tejido blando por cavitación, sobre todo a dosis altas (91).
A diferencia de las ondas de choque no se han mostrado eficaces otras
técnicas no invasivas como los ultrasonidos, el láser de intensidad baja, el uso
de un generador eléctrico o las suelas magnetizadas (75, 36).
Recientemente se ha utilizado toxina botulínica (BTX-A) en el tratamiento
de los casos rebeldes. La toxina botulínica se emplea a dosis de 40 unidades
aplicadas en la tuberosidad medial y 30 unidades en la zona más inflamada del
arco
medial
(unos
2
cm.
delante
del
talón),
observándose
mejoría
estadísticamente significativa a las 3-8 semanas en la escala visual del dolor,
en la escala del pie de Maryland y en las determinaciones de presión. No se
han detectado complicaciones con el uso de esta toxina en estos pacientes
(92).
Los casos resistentes al tratamiento ortopédico y cuyos síntomas se
prolongan más de 6-12 meses son candidatos a cirugía (93). Esta puede
realizarse a cielo abierto, endoscópicamente, percutáneamente o mediante
radiofrecuencia.
Clásicamente se efectuaba una liberación a cielo abierto mediante incisión
longitudinal o transversa con sección de la fascia, liberación del nervio del
abductor del 5º dedo y extirpación del espolón si existía (94). Hay autores que
abogan por la realización de la fasciotomía percutáneamente obteniendo
buenos resultados siendo un procedimiento barato y sencillo (93). Desde el
punto de vista quirúrgico hay que insistir en que la sección de la fascia debe ser
parcial para evitar las complicaciones biomecánicas que aparecen tras la
fasciotomía completa. La sección total desencadena un colapso del arco medial
en el 62% de casos y del arco lateral en el 100% (95), perdiendo la articulación
subastragalina potencia de supinación durante la fase tardía de apoyo y en la
propulsión (96). La fasciotomía parcial, menor del 50%, combinada con la
liberación del nervio del abductor del 5º dedo ha dado buenos resultados con
un restablecimiento funcional en 1,5 meses (35, 85, 97-100). Por el contrario, la
liberación completa altera el mecanismo de torno de la fascia y aumenta el
estrés en el calcáneo (36, 101).
Complicaciones derivadas de la liberación de la fascia son cicatrices
dolorosas, celulitis, TVP, flebitis superficiales, dehiscencia de la herida, dolor en
dorso del mediopié, dolor lateral de talón, infección superficial de la herida y
parestesias laterales transitorias.
Recientemente se realiza la liberación endoscópica de la fascia mediante
dos portales de entrada. Se trata de un procedimiento menos traumático y que
permite un retorno precoz a las actividades cotidianas y deportivas. Se realiza
de superficial a profundo para evitar la lesión neurovascular (5, 102, 103). Es
cierto que permite una reincorporación precoz del paciente a la vida activa,
pero a largo plazo no ha mostrado claras ventajas (104). Los buenos resultados
de esta técnica endoscópica sugieren que la neuropatía de atrapamiento no
debe ser un factor etiológico determinante.
Existe una triada formada por la combinación de una fascitis plantar, la
disfunción del tibial posterior y el síndrome del túnel del tarso que se ha
detectado en un 5% de pacientes con dolor crónico de talón. Se cree que el
fracaso de los estabilizadores estáticos y dinámicos del arco longitudinal medial
(fascia y tibial posterior) desencadena una lesión por tracción del nervio del
tibial posterior. Se trata de pacientes con un colapso del arco medial y un valgo
evidente del talón. Esta triada se trata eficazmente mediante liberación de la
fascia, descompresión del túnel del tarso y aumentación del tibial posterior con
el flexor largo de los dedos. En aquellos casos en que no es posible efectuar
esta
aumentación
se
puede
estabilizar
el
retropié
mediante
artrodesis
subastragalina, osteotomías o triple artrodesis para así corregir el valgo del
retropié y restablecer el arco medial (105).
CONCLUSIONES
El dolor de talón es una patología frecuente de etiología no clara y
diagnóstico fundamentalmente clínico. Un 10% de casos se cronifica y requiere
de
la
aplicación
de
diversas
modalidades
de
tratamiento,
incluyendo
el
quirúrgico. Dada la prolongada historia natural del proceso y su carácter
autolimitado, así como la naturaleza fluctuante de esta patología, la resolución
de los síntomas tras la intervención quirúrgica no puede atribuirse únicamente
a la cirugía por si misma (106). No obstante son pacientes candidatos a la
cirugía los que presentan asociado un atrapamiento nervioso y una disfunción
del tibial posterior. Los pacientes obesos con dolor crónico bilateral que no han
mejorado
con
tratamiento
conservador
y
que
han
buscado
solución
tardíamente, así como los que presentan dolor de reposo y parestesias en la
planta del pie lo que sugiere atrapamiento con o/sin evidencia de disfunción del
tibial posterior, son asimismo candidatos a la cirugía.
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