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[11]
Zimbabwe, dirigismo gubernamental de la economía, autoritarismo político,
crisis económica y de gobernabilidad, proceso de democratización complejo
ZIMBABWE:
TREINTA AÑOS DE VIDA INDEPENDIENTE
HILDA VARELA BARRAZA
Y JORGE FERNÁNDEZ RUIZ
El Colegio de México
En abril de 1980, Zimbabwe fue la última de las colonias britá-
nicas en África en obtener su independencia. Fue un fenómeno
singular que atrajo la atención de la opinión pública interna-
cional, no sólo por su carácter tardío, sino sobre todo porque
—a diferencia de la mayoría de los países subsaharianos— el
proceso de emancipación colonial fue armado y tuvo una am-
plia participación popular,
1
particularmente de una masa rural
africana
2
empobrecida, explotada y sin tierra.
En un contexto internacional dominado por la Guerra Fría,
el proceso fue encabezado por una vanguardia que proponía un
discurso revolucionario basado en los reclamos de justicia so-
Este artículo fue recibido por la dirección de la revista el 14 de junio de 2011 y
aceptado para su publicación el 8 de octubre de 2011.
1
Aunque los gobiernos coloniales ejercieron distintas formas de violencia en
contra de los movimientos independentistas (por lo general, formados por una peque-
ña élite africana de sectores urbanos con escasa o nula participación de la población
rural), la gran mayoría de las colonias europeas en África subsahariana obtuvieron su
independencia por la vía “pacífica”. Las grandes excepciones con cruentas guerras an-
ticoloniales fueron, además de Rhodesia del Sur (hoy Zimbabwe), Guinea Bissau,
Angola y Mozambique. Hay dos casos distintos, en los cuales se desarrolló alguna
forma de vía armada: Namibia, con un movimiento de liberación anticolonial que
recurrió a la guerra de guerrillas, pero sin combatir a una potencia colonial clásica (sino
en contra de la ocupación ilegal sudafricana), y Sudáfrica, oficialmente independiente
desde 1910 aunque la minoría blanca negaba la calidad de ciudadanos a la población ne-
gra. En este caso, a partir de los años sesenta, el principal movimiento opositor a la ex-
plotación racista optó por la lucha armada con el objetivo de presionar al gobierno pa-
ra abandonar el sistema del
apartheid
. Por distintas razones, tanto en Namibia como en
Sudáfrica la vía armada nunca alcanzó los niveles de guerra generalizada, como en los
cuatro primeros casos.
2
En este trabajo, para denominar a la población de Zimbabwe se utilizan indis-
tintamente los términos de población de piel negra y africanos, para diferenciarlos de
la población de origen europeo (blancos).
12
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cial de los sectores pauperizados de la población negra, lo que
aunado a las grandes expectativas de prosperidad económica y
a la existencia de un aparato estatal fuerte (herencia del perio-
do de dominación blanca) parecía indicar que Zimbabwe se
con vertiría en un caso excepcional en África subsahariana, que
no seguiría la tendencia dominante en el periodo poscolonial,
caracterizada por una efímera fase de entusiasmo y moviliza-
ción política, que en el corto plazo derivaba en el surgimiento
de regímenes neopatrimoniales
3
autoritarios, con burocracias
corruptas, afectados por una severa crisis de gobernabilidad
y con la creciente apatía de los ciudadanos frente al Estado,
lo que a su vez provocaba la marginación de las áreas rurales
y posibilitaba que afloraran en forma violenta las diferencias
étnicas. Sin embargo, 30 años después, Zimbabwe presenta
una serie de rasgos que indican tanto la profunda erosión del
proceso popular y de la vanguardia revolucionaria como la
existencia de un régimen neopatrimonial autoritario.
Con un pasado colonial especialmente difícil,
4
la vida inde-
pendiente de Zimbabwe ha sido compleja y es mal conocida,
3
El neopatrimonialismo es una forma de orden político no corporativo, defi-
ni do por la concentración excesiva de poder en la autoridad personal del jefe de
Estado, quien se perpetúa otorgando prebendas personales a sus aliados —jefes étni-
cos, altos mandos militares, líderes sindicales, empresarios— para garantizar su fidelidad,
al margen de ideologías o de leyes. La especificidad y complejidad de esos sistemas
africanos se destaca por el hecho de que las instituciones basadas en la racionali-
dad jurídica —características de Occidente, como las asambleas nacionales o cámaras
de diputados y senadores— suelen ser precarias pero funcionan y coexisten con for-
mas de patrimonialismo que tienen sus raíces en tradiciones culturales locales, por lo
general muy antiguas. Este fenómeno explica en gran parte la extraordinaria debilidad
de las instituciones, gestadas en torno de las preferencias particulares del presidente
en turno.
4
En toda África subsahariana el fenómeno colonial —fuertemente enraizado en
el racismo— agravó las diferencias internas, no favoreció la formación de una econo-
mía local y generó obstáculos para el desarrollo económico y político de los futuros
Estados independientes. Sin embargo, en el caso de Zimbabwe —en comparación con
otros países subsaharianos— hubo rasgos que acentuaron aún más la explotación y
pauperización de la mayoría de la población negra y propiciaron la prolongación del
fenómeno colonial. Entre otros rasgos destacan: tanto el inicio como los primeros
años de la colonización, que fueron producto de una compañía privada, procedente
de la entonces colonia británica de El Cabo; la creación temprana de una colonia de
poblamiento blanco, la cual en corto tiempo se convirtió en núcleo de una próspera
economía capitalista con uso extensivo y explotado de la fuerza de trabajo negra; un
nexo estrecho de dependencia con Sudáfrica, que se tradujo, entre otras cosas, en la
copia del sistema racista sudafricano y en el apoyo militar de Pretoria cuando estalló
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lo que dificulta la comprensión de la crisis, que empezó a ser
notoria desde finales de los años noventa. La guerra de eman-
cipación colonial —que asumió la forma de guerra civil— en
los años noventa se convirtió en noticia de primera plana, y
adquirió fama y respeto internacional el máximo dirigente del
principal movimiento de liberación nacional, Robert Mugabe.
Sin embargo, una vez conquistada la independencia, en los
medios de información internacional masiva ese país cayó en el
olvido, para reaparecer en la primera década del siglo
XXI
como
un país sumido en una inexplicable crisis de difícil resolución.
En este trabajo —que no pretende ser exhaustivo—
5
se bus
-
ca aportar datos que permitan explicar qué ha pasado en la
escena económica y política en Zimbabwe en los primeros
treinta años de vida independiente (1980-2010), con la finalidad
de contribuir a la comprensión tanto de la crisis como de la
compleja búsqueda de soluciones.
Como punto de partida tomamos el hecho de que la historia
de Zimbabwe —tanto colonial como independiente— es poco
conocida, lo que se traduce en la dificultad para comprender la
crisis actual. Por lo tanto, este estudio tiene como hilo conduc-
tor la narrativa histórica del espacio público dominado por el
Estado, y se toma en cuenta la centralidad de dicha institución
en África subsahariana. Además, y debido a su relevancia en
Zimbabwe, a lo largo de esta narrativa —que intenta subrayar
el carácter dinámico y contradictorio de dicha historia— se
destaca la naturaleza y el papel jugado por las principales
organizaciones políticas —los dos principales movimientos
de liberación nacional y el partido dominante de la minoría
blanca en el periodo colonial y los partidos políticos en la era
independiente— y por el movimiento sindical.
Cuando obtuvieron su independencia la gran mayoría de
los países de la región subsahariana, en los años sesenta, la polí-
tica de emancipación colonial estaba centrada en la conquista
la guerra de independencia y, por último, el surgimiento de dicha guerra en el marco
de la Guerra Fría.
5
Hay aspectos importantes en la historia reciente de Zimbabwe, como por
ejemplo el desarrollo de las disputas étnico-políticas entre y dentro de los dos grandes
grupos —shona parlantes y ndebele parlantes— y la relación conflictiva del régimen de
Mugabe con algunos centros neurálgicos del poder mundial. Sin negar su relevancia,
estos temas no serán abordados en este trabajo.
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del poder del Estado, cuyas estructuras eran prácticamente
inexistentes. Con economías extraordinariamente pobres y
débiles, y sin vínculos de identificación entre los diferentes
grupos étnicos, en algunos casos dicha política de emancipa-
ción no se limitaba sólo a la problemática del poder del Esta-
do, sino que implicaba un cambio cualitativo en las condicio-
nes de vida de la población, convirtiendo la búsqueda de un
desarrollo original en el proyecto central del Estado, como
construcción de la nación, fenómeno que M. Neocosmos de-
nomina “Estados desarrollistas”.
6
Sin embargo, este proyecto,
desde sus orígenes, enfrentaba un problema fundamental: los
subsaharianos habían nacido como Estados “frágiles”
7
que
carecían estructuralmente de los “elementos necesarios para
funcionar en forma efectiva”.
Entendida como la búsqueda de un desarrollo original y
como construcción de la nación, la política de emancipación
de los movimientos de liberación nacional explica tanto la
importancia que el proyecto estatal de desarrollo asumió en
los primeros años de vida independiente de Zimbabwe como
su efecto negativo en el propio Estado a partir de los años
noventa. Zimbabwe, en comparación con los procesos de
emancipación colonial en otros países subsaharianos, tenía tres
grandes diferencias, que la nueva élite gobernante local pareció
ignorar:
1)
la existencia de estructuras estatales sólidas, herencia
del dominio blanco;
2)
la génesis simultánea y compleja de dos
fenómenos gestados en el marco de la guerra armada, por un la-
do, una identificación
nacional
y, por el otro, una diferenciación
6
Michael Neocosmos, “Analyzing political subjectivities: Naming the Post-
developmental State in Africa today”,
Journal of Asian and African Studies
, vol. 45,
núm. 5, 2010, pp. 534-553.
7
Eghosa Osahae (“Fragile States”,
Development in Practice
, vol. 17, núm. 4-5, 2007,
pp. 691-699) pone en tela de juicio la terminología, ampliamente popularizada por el
Banco Mundial y en el discurso internacional de desarrollo desde los años 1990, que
asocia la fragilidad con conceptos tales como “Estados fallidos” —como una “problemá-
tica patológica”, como la “incapacidad” de los Estados para llevar a cabo sus funciones
básicas, como “una desviación y aberración del paradigma dominante y supuestamente
universal (pero Occidental) del Estado, que juega un papel clave en el desarrollo del
capitalismo”— y propone historizar la fragilidad de los Estados, término que puede ser
apropiado si se toman en cuenta factores explicativos tales como el pasado colonial y
la dinámica interna del Estado independiente, lo que se traduce en la ausencia de los
elementos necesarios para funcionar de manera efectiva.
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étnico-política, y
3)
el contexto histórico en los años ochenta
era muy distinto al de los años sesenta.
Debido a su pasado colonial —la naturaleza del fenóme-
no colonial y su repercusión en el bajo nivel de desarrollo
económico; la inexistencia o debilidad extrema de la sociedad
civil;
8
la ausencia de mecanismos de participación popular en
la toma de decisiones políticas y las especificidades de la nueva
élite gobernante—, en la práctica los Estados africanos eran
débiles desde su nacimiento. Por ese motivo, rápidamente
empezaron a registrar crisis económicas y políticas cíclicas,
que en la década de 1980 —cuando Zimbabwe iniciaba su vida
independiente— fueron agravadas por la adopción de progra-
mas de ajuste estructural, inspirados por el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial y por los cambios acelerados
en la estructura de poder y en las reglas del juego internacional.
Dichos programas anularon la posibilidad de que esos Estados,
frágiles, elaboraran su propia estrategia de desarrollo, a partir
de una lógica interna.
En el caso de Zimbabwe, en la primera década de vida inde-
pendiente comenzó el deterioro del desarrollo como proyecto
estatal y el propio Estado se fue transformando. Esto, aunado a
las prácticas neopatrimoniales, a la cultura de corrupción y a la
incompatibilidad
9
del desarrollo como núcleo de emancipación
y construcción nacional, entre otros aspectos, erosionó el pro-
ceso popular y la vanguardia revolucionaria.
M. Neocosmos observa que en el siglo
XXI
la forma del
Estado desarrollista es inexistente. En el contexto de nuevas
8
El concepto de sociedad civil en África subsahariana es polémico y no exento
de ambigüedades; sin embargo, en los últimos años su uso se ha generalizado no sólo
en la literatura especializada, sino también en la prensa de la gran mayoría de los países
subsaharianos. Las sociedades africanas han respondido a los retos de la dependencia
externa y del cambio político mediante la activación de organizaciones ya existentes
y la formación de nuevos grupos, encaminados a lidiar con las múltiples facetas de la
vida política, económica y cultural. Para los fines de este estudio, por sociedad civil en
África subsahariana se entiende un agregado de instituciones cuyos miembros están
involucrados principalmente en un complejo de actividades no estatales y quienes de
esta forma preservan y transforman su identidad ejerciendo todo tipo de presiones o
controles sobre las instituciones del Estado (Noemi Chazan
et al
., “Social Groupings”,
en Chazan
et al
.,
Politics and Society in Contemporary Africa
, Boulder, Lynne Rienner,
1999, pp. 75-106).
9
Ese proyecto era incompatible con la nueva dinámica de la economía política
mundial.
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exigencias derivadas de la liberalización política y económica
mundial, la democracia liberal representativa se ha convertido
en la forma más aceptada de la política, con la proliferación de
los Estados “democráticos”, aunque este término en sí mismo
no explica la naturaleza real del Estado. Sin embargo, esta
nueva forma de Estado en África subsahariana —aunque sólo
implique el debilitamiento del autoritarismo— está surgiendo
en el marco de debates políticos amplios, con la participación
de una naciente sociedad civil y de una cultura democrática,
que imponen ciertas limitantes al ejercicio autoritario del poder
estatal, como el multipartidismo, la realización periódica de
elecciones —aunque no son la condición determinante de la
democracia— y una mayor libertad de expresión. Estas nuevas
exigencias y la profunda erosión de la vanguardia revoluciona-
ria, inmersa en una cultura de corrupción, sirven de marco de
referencia para comprender la crisis de Zimbabwe.
En este contexto, emerge un desplazamiento de los conflic-
tos entre Estados hacia los conflictos intraestados: la celebración
de elecciones generales puede convertirse en la principal fuen-
te de conflicto
10
en países donde, por diferentes razones, el autori-
tarismo y las prácticas neopatrimoniales siguen vigentes. En este
plano se ubica una de las hipótesis centrales del presente estu-
dio: en Zimbabwe, la corrupción y el autoritarismo de la antes
vanguardia revolucionaria han mermado el efecto del multipar-
tidismo y las elecciones generales en la creación de estabilidad
y una cultura democrática, y han desvirtuado su sentido para
los ciudadanos en general, en un entorno en el que el partido
dominante sigue siendo la forma preferida del sistema de par-
tidos en amplias zonas rurales, debido al papel jugado en la
guerra anticolonial. Sin embargo, si las próximas elecciones
11
son organizadas con cuidado, se pueden convertir en un instru-
mento crucial para estimular una cultura democrática y para
el manejo de los conflictos.
12
10
Khabele Matlosa, “Elections & Conflict in Southern Africa”, en Alfred
Nhema y Paul Tiyambe Zeleza (eds.),
The Resolution of African Conflicts
, Addis
Abeba-Oxford-Atenas-Pretoria, Ossrea-James Currey-Ohio University Press-Unisa
Press, 2008, pp. 118-133.
11
Aun sin una fecha determinada en octubre de 2011.
12
Matlosa, “Elections & Conflict in Southern Africa”,
op. cit
.
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En el plano teórico retomamos la tesis
13
que sostiene que, en
el periodo independiente, el Estado en África subsahariana es el
núcleo del espacio político, pero no debido a su capacidad para
satisfacer las necesidades básicas de la ciudadanía —ya que en
este sentido se trata de una institución débil— sino debido a
que depende fuertemente del aparato coercitivo y del uso de la
violencia para mantenerse en el poder. Con base en prácticas
neopatrimoniales, el Estado se convierte en una institución
irrelevante para el ciudadano promedio.
El artículo inicia con una introducción que plantea, breve-
mente, los principales rasgos del periodo colonial que pueden
ayudar a comprender tanto la naturaleza como el desarrollo
de la escena política y económica de ese país en la era inde-
pendiente.
El estudio de los años comprendidos entre 1980 y 2010 está
dividido en tres periodos históricos y, con fines explicativos,
se subrayan en apartados separados el desarrollo de la esfera
económica y el de la esfera política.
En un primer periodo, de aproximadamente una dé-
cada de duración, existió un fuerte dirigismo gubernamental
sobre la economía. Además, se fundaron las bases del nuevo
Estado, que en la primera década del siglo
XXI
definen al siste-
ma. El segundo periodo, marcado por un giro radical en el que
la intervención gubernamental cedió su lugar al libre mercado,
los años noventa estuvieron definidos en el terreno político,
entre otros aspectos, por el abandono de la orientación socia-
lista, la creciente politización del movimiento sindical y la
formación de un partido de oposición “viable”. En el tercer
y último periodo, cuando la economía de hecho comenzó a
contraerse, se realizaron las elecciones más importantes en
los 30 años de historia independiente, cuyo desenlace está
cambiando el panorama político interno. El estudio concluye
con un panorama general de la escena política entre abril de
2010 y julio de 2012.
13
Modeed Adekunle Animashaum, “State Failure, Crisis of Governance and
Disengagement from the State in Africa”,
Africa Development
, vol.
XXXIV
, núm. 3-4,
2009, pp. 47-63.
18
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Los antecedentes: la era colonial
La población africana —desde antes de la invasión colonial—
ha estado conformada por dos grandes grupos étnicos, con
diferentes grados de desarrollo: los shona parlantes (entre 70 y
80% de la población africana) y los ndebele parlantes (entre 17
y 20% de la población africana).
14
Ninguno de los dos grupos
es monolítico pues cada uno presenta subdivisiones internas,
aunque son más notorias entre los shona parlantes.
15
La etapa colonial comenzó en 1888, cuando un agente de
Cecil Rhodes,
16
con engaños, obtuvo del jefe de los ndebele una
concesión para explotar yacimientos minerales en la región.
Los primeros colonos blancos en la denominada Rhodesia del
Sur, procedentes de la colonia británica de El Cabo (hoy Sud-
áfrica), llegaron poco después, atraídos por el otorgamiento de
tierras, ganado, concesiones sobre los yacimientos de oro y
de mano de obra africana casi gratuita. Entre 1896 y 1897 estalló
la primera gran rebelión africana, derrotada en forma sangrienta
14
Hevina Dashwood y Cranford Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict
Management: Zimbabwe and Tanzania”, en Taisier M. Ali y Robert O. Matthews
(eds.),
Civil Wars in Africa. Roots and Resolution
, Montreal-Ithaca, McGill-Queen’s
University Press, 1999; Hevina S. Dashwood,
Zimbabwe. The Political Economy of
Transformation
, Toronto-Búfalo-Londres, University of Toronto Press, 2000; Masipula
Sithole, “Zimbabwe: The Erosion of Authoritarianism and Prospects for Democracy”,
en York Bradshaw y Stephen Ndegwa (eds.),
The Uncertain Promise of Southern Africa
,
Bloomington-Indianapolis, Indiana University Press, 2000.
15
Los shona parlantes se subdividen en subgrupos, que en fechas recientes son
denominados como “clanes” en el interior del grupo; éstos son: karanga, zezuru,
manyika, kerekore, rozwi y ndau. Los karanga, originalmente shona, son considera-
dos como ndebele parlantes (James R. Scarritt, “Zimbabwe: Revolutionary Violence
Resulting in Reform”, en Jack A. Goldstone, Ted Robert Gurr y
Farrokh
Moshiri
[eds.],
Revolutions of the Late Twentieth Century
, Boulder, Westview Press, 1991).
16
El inglés Cecil John Rhodes (1853-1902) llegó a la colonia británica de El
Cabo siendo muy joven y sin fortuna propia, en el periodo del auge de la explotación
del oro y de diamantes. En poco tiempo se convirtió en un magnate de la minería y
político en dicha colonia. Con el fin de controlar la producción de diamantes creó su
propia compañía (De Beers Mining Company). A fines de la década de 1880 propuso
un concepto ambicioso de colonialismo, que pretendía convertir en posesiones bri-
tánicas los territorios ubicados desde El Cabo hasta El Cairo (Egipto), que deberían
estar unidos por ferrocarril (jamás construido). Para conquistar los territorios al norte
del río Limpopo obtuvo un permiso de la reina Victoria de Inglaterra que le permitió
utilizar el ejército privado de su propia compañía —British South Africa Company—
para someter por la fuerza a las poblaciones africanas de los actuales Zimbabwe (ex
Rhodesia del Sur) y Zambia (ex Rhodesia del Norte), con el establecimiento de colonos
blancos en condiciones privilegiadas.
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con apoyo del ejército británico.
17
Paulatinamente, el número
de colonos blancos se incrementó, y con ello creció su poder
económico y político.
18
En 1923 estos colonos votaron a favor
de convertirse en un territorio británico con autogobierno,
lo que implicó el fin del dominio de la compañía de Rhodes.
Para tener derechos políticos, los africanos debían demostrar
contar con ingresos o propiedades, lo que de hecho los excluía.
El gobierno colonial creó reservas para los africanos (más
tarde denominadas
TTL
por sus siglas en inglés: Fideicomiso de
Tierras Tribales), quienes eran expulsados de sus tierras por
medio de la violencia o de la legislación, o convertidos en fuerza
de trabajo semiesclava. Sobre un fundamento racial surgió un
sistema de explotación muy similar al de Sudáfrica.
En la década de 1950 se intensificó la movilización política
anticolonial y en los años sesenta surgieron los dos grandes mo-
vimientos de liberación: primero la
ZAPU
(Zimbabwe African
People’s Union) y, de una escisión de ella, la
ZANU
(Zimbabwe
African National Union). Con el desencadenamiento de la
guerra de guerrillas en baja escala,
19
los dos fueron prohibidos
en 1964 y la gran mayoría de sus líderes encarcelados, aunque
la actividad anticolonial persistió en la clandestinidad. De esos
años data la tradición apolítica del frágil movimiento sindical
que se mantendría hasta la independencia.
20
Entre 1953 y 1963, junto con Rhodesia del Norte (hoy Zam-
bia) y Nyasalandia (hoy Malawi), Rhodesia del Sur formó par-
te de la Federación de África Central. En 1962, las elecciones
en Rhodesia del Sur fueron ganadas por el recientemente creado
Rhodesian Front, con el fortalecimiento de las tendencias dis-
criminatorias y el incremento de la represión política de la di-
sidencia africana.
17
Scarritt, “Zimbabwe: Revolutionary Violence Resulting in Reform”,
op. cit
.
18
Hevina S. Dashwood, “Zimbabwe and Sustainable Peacebuilding”, en Taisier
M. Ali y Robert O. Matthews (eds.),
Durable Peace. Challenges for Peacebuilding in
Africa
, Toronto-Búfalo-Londres, University of Toronto Press, 2004.
19
Jeremiah I. Williamson, “Seeking Civilian Control: Rule of Law, Democ-
racy, and Civil-Military Relations in Zimbabwe”,
Indiana Journal of Global Legal
Studies
, vol. 17, núm. 2, 2010, pp. 389-411.
20
Peter Alexander, “Zimbabwean Workers, the
MDC
& the 2000 Election”,
Review of African Political Economy
, vol. 27, núm. 85, 2000, pp. 385-406; Dashwood,
Zimbabwe
…,
op. cit
.
20
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Encabezada por el Frente y protegida por Sudáfrica, en
1965, la minoría blanca proclamó en forma unilateral su
independencia de Gran Bretaña (Unilateral Declaration of In-
dependence). En medio del rechazo de la población negra,
la declaración de independencia fue calificada por la Corte
Internacional de Justicia como inválida. Entre 1972-1979, los
dos movimientos de liberación protagonizaron una cruenta
guerra de liberación
21
que, por sus dimensiones, asumió la
forma de una guerra civil en las zonas rurales, con el apoyo
de campesinos sin tierra, con débil penetración en los centros
urbanos.
Antes de la colonización, y sobre todo durante ella, hu-
bo conflictos de poder entre los dos grupos étnicos. En la fa-
se de la guerra de liberación, aunque la
ZANU
tendía a ser más
radical, los dos movimientos se definieron nacionalistas. Inme-
diatamente afloraron nuevos conflictos, entre otros motivos
por las preferencias en cuanto al apoyo externo y reclutamiento
de sus respectivas milicias, basadas por lo general en la perte-
nencia étnica. Las dos guerrillas desarrollaron áreas regionales
de operación, identificadas con un grupo cultural lingüístico
específico: la
ZAPU
con los ndebele y la
ZANU
con los shona.
22
Hacia 1974, en el contexto de una ruptura interna, Robert
Mugabe (nacido en 1924) inició su ascenso hasta convertirse en
el líder de la
ZANU
, movimiento que en 1977 siguió una línea
marxista-leninista. A finales de esa década, la
ZANU
adoptó la
política
gukurahundi
(“La tormenta que destruye todo”) en
contra de sus opositores, tanto blancos como africanos, para
destruir el sistema capitalista.
23
En 1976, bajo presiones internacionales, sobre todo de go-
biernos africanos, la
ZAPU
(bajo el liderazgo de Joshua Nkomo)
y la
ZANU
acordaron una plataforma de colaboración, que nunca
21
Los dos movimientos de liberación nacional crearon sus respectivos brazos
armados:
Zimbabwe African Liberation Army
(Zanla), con base shona, y
Zimbabwe
People’s Revolutionary Army
(Zipra), con base ndebele.
22
Patrick O’Meara, “Rhodesia/Zimbabwe: Guerrilla Warfare or Political Set-
tlement?”, en Gwendolen M. Carter y Patrick O’Meara (eds.),
Southern Africa. The
Continuing Crisis
, Bloomington-Londres, Indiana University Press, 1979; Dashwood
y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.; Sithole,
“Zimbabwe…”,
op. cit
.
23
Sithole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.
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VIDA
21
fue completa, denominada Frente Patriótico, cuyas siglas en
inglés,
PF
, fueron agregadas a su nombre original.
24
En la fase final hubo un proceso de negociación entre
representantes de la minoría blanca, de los movimientos de
liberación y del gobierno británico, que concluyó con la firma
del Acuerdo de Lancaster House;
25
sin embargo, es importante
no olvidar que la independencia fue producto de una larga y
cruenta guerra de liberación.
La primera década de vida independiente
El dirigismo gubernamental en la economía
Zimbabwe heredó una economía relativamente diversificada,
con un amplio sector manufacturero que generaba una cuar-
ta parte del producto interno bruto, proporción muy elevada
comparada con la mayoría de los países de África subsahariana.
Este sector manufacturero había tenido un impulso muy grande
en los quince años previos al nacimiento de Zimbabwe, debido
a la Declaración Unilateral de Independencia, que originó el
aislamiento internacional del país —salvo por la notable excep-
ción de Sudáfrica— e indujo una industrialización basada en la
sustitución de importaciones.
26
En la década de 1980, el sector
manufacturero, aunque amplio, dependía en buena medida
para su supervivencia de un complicado sistema de protección
comercial, e incluía empresas que producían a costos muy ele-
vados, lo que representaba una carga para el resto de la econo-
mía. Además de la protección comercial, basada en medidas
tanto tarifarias como no tarifarias —como el sistema de restric-
ciones cuantitativas de importaciones y de asignación de mone-
da extranjera—, Zimbabwe heredó de la antigua Rhodesia otras
24
O’Meara, “Rhodesia/Zimbabwe…”,
op. cit
.
25
Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.; Dashwood, “Zimbabwe and Sustainable Peacebuilding”,
op. cit
.; Norma Kri-
ger, “
ZANU
(
PF
) Strategies in General Elections, 1980-2000: Discourse and Coercion”,
African Affairs
, vol. 104, núm. 414, 2005, pp. 1-33.
26
Southern African Regional Institute for Policy Studies (
SARIPS
),
SADC
Regional
Human Development Report 1998
, Harare,
SARIPS
of the Southern African Political Econ-
omy Series Trust, 1998.
22
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formas de regulación —entre las que destacaba la financiera, que
permitía mantener bajas tasas de interés— que conformaban
una extensa red de control económico gubernamental. Otra
herencia importante del régimen anterior fue un sector agrícola
con un segmento de agricultura comercial a gran escala muy
productivo, perteneciente a la población blanca en el contexto
de una distribución muy desigual de la propiedad de la tierra,
que coexistía con otro segmento menos productivo y una
amplia población rural africana con poca o ninguna tierra.
27
La estrategia de desarrollo del gobierno de Zimbabwe
preservó tanto el rígido sistema de control gubernamental
de la economía, que favorecía una industria orientada prefe-
rentemente al mercado interno, como las condiciones en que
operaba la agricultura comercial a gran escala. Sin embargo,
introdujo elementos nuevos, orientados a atender las desigual-
dades sociales, entre los que destacan la legislación sobre salarios
mínimos y seguridad laboral, un programa de redistribución de
la tierra y, sobre todo, una notable expansión del gasto público
en salud y educación.
En cuanto a la legislación laboral, poco después de la inde-
pendencia se introdujeron salarios mínimos para todos los tra-
bajadores, diferenciando entre los distintos tipos de ellos. Aun-
que inicialmente esta legislación fue utilizada para incrementar
los salarios reales, posteriormente —después de 1982— sirvió
para controlarlos más que para promover su aumento. Para
evitar que el aumento en los salarios reales condujera a la pér-
dida de empleos, el gobierno también introdujo legislación
para impedir los despidos laborales. De esta manera, la nueva
estrategia de desarrollo extendió al ámbito laboral los controles
económicos gubernamentales del antiguo régimen. Hacia 1987,
como muestra su creciente autonomía frente a la
ZANU
-
PF
, la
principal central sindical, el
ZCTU
(por sus siglas en inglés:
Zimbabwe Congress of Trade Unions), empezó a protestar por
la situación económica.
Respecto a la cuestión de la tierra, la Constitución con la
que Zimbabwe alcanzó su independencia limitaba las posibi-
lidades de redistribución a una política de “comprador volun-
27
Idem
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
23
tario y vendedor voluntario” de tierra, por lo que la realiza-
ción de expropiaciones estaba excluida. En el marco de este tipo
de transacciones, el gobierno adquirió tierras que distribuyó
entre los campesinos de áreas comunales, antes denominadas
tierras tribales. La utilización de este programa se concentró
en los primeros años de vida independiente: hacia 1985 había
beneficiado a cerca de 40 000 familias, cifra que se incrementó
en sólo 8 000 familias más hacia 1990. Estas magnitudes eran
muy reducidas para tener un impacto importante en la satura-
ción imperante en las áreas comunales;
28
sin embargo, diversos
estudios demostraron que el programa estuvo bien estructu-
rado y fue positivo para las familias beneficiadas.
29
Adicional-
mente, se amplió la provisión de servicios a los campesinos
en áreas comunales, como facilidades de comercialización,
otorgamiento de créditos y educación en temas agrícolas, y
se expandió la red de almacenes para el depósito del principal
cultivo campesino, el maíz, lo que se tradujo en un incremento
importante en la producción de las áreas comunales.
30
Por otro
lado, las condiciones establecidas en el Acuerdo de Lancaster
House permitieron que la agricultura comercial a gran escala,
perteneciente a la población blanca, continuara generando
divisas extranjeras gracias a sus exportaciones y contribuyera
a garantizar la seguridad alimentaria.
31
La educación pública tuvo una enorme expansión, sobre
todo en los primeros años después de la independencia. El gasto
en educación pasó de representar 10.3% del gasto público en
1979-1980 a 15.2% en 1980-1981, y una cifra de alrededor de
16% en el resto de la década. De esta manera, este rubro des-
plazó al de defensa como el más cuantioso del gasto público en
el presupuesto gubernamental.
32
Entre 1979 y 1989, el número
28
Edward A. Brett, “From Corporatism to Liberalization in Zimbabwe: Eco-
nomic Policy Regimes and Political Crisis, 1980-1997”,
International Political Science
Review
, vol. 26, núm. 1, 2005, pp. 91-106.
29
Idem
.
30
Sam Moyo, “The Land Question”, en Ibbo Mandaza (ed.),
Zimbabwe: The
Political Economy of Transition. 1980-1986
, Dakar, Codesria Book Series, 1986.
31
Robert Davies, David Sanders y Timothy Shaw,
Liberalisation for Development:
Zimbabwe’s Adjustment without the Fund
, Innocenti Occasional Papers núm. 16,
Florencia, Unicef International Child Development Centre, 1991.
32
Idem
.
24
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
de estudiantes matriculados en educación primaria se triplicó,
y en el caso de la educación secundaria se multiplicó en más
de nueve veces; destaca el hecho de que se matricularon casi
tantas niñas como niños y que se registró una caída en la tasa
de deserción escolar.
El incremento en la matriculación requirió el crecimiento
en el número de escuelas (las de educación primaria aumentaron
de 3 510 a 4 504 a lo largo de la década) y de profesores de escue-
la, que se incrementaron, entre 1980 y 1989, en más del doble
en las escuelas primarias y casi siete veces en las secundarias.
Sin embargo, incrementos de estas dimensiones en tan corto
lapso obligaron a la contratación de profesores de escuela sin
entrenamiento ni calificación suficientes y pusieron en duda
la calidad de la educación recibida, sobre todo en los primeros
años de la expansión.
33
De manera similar a la educación, la política pública
relacionada con la atención a la salud registró un importante
cambio después de la independencia. Se partió de una situación
con patrones de morbilidad y mortalidad muy distintos entre
la población de origen europeo y la población africana; por
ejemplo, mientras que la tasa de mortalidad infantil era de 17
muertes por cada 1 000 niños en la primera, ascendía a 120 por
cada 1 000 en la segunda, registrándose, además, una situación
más desfavorable entre la población africana de las zonas rurales
que entre aquella que habitaba en zonas urbanas.
34
El gasto público asignado al sector salud se incrementó en
términos reales a casi el doble de su valor inicial en los dos pri-
meros años de vida independiente, para después incrementarse
sólo marginalmente.
35
Este incremento en el gasto público en
salud permitió realizar diversas medidas importantes, como la
atención pública gratuita a las personas con ingresos reducidos,
tras lo que la mayor parte de la población quedaba cubierta.
En 1981 se inició un programa de vacunación que cubría las
seis mayores enfermedades infecciosas entre los niños, así como el
tétanos entre las mujeres embarazadas. Las tasas de mortalidad
infantil cayeron de niveles de 100-150 por cada 1 000 nacimien-
33
Idem
.
34
Idem
.
35
Idem
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
25
tos en 1980 a 73-79 en 1987,
36
y se registraron reducciones en la
incidencia de diversas enfermedades, como polio y tétanos.
Sin embargo, durante este periodo la aparición del sida se
convirtió en un problema, que amenazaba con mermar estos
avances y que en años posteriores se manifestaría con mayor
fuerza.
La evolución en el tiempo de las políticas anteriores coin-
cide en líneas generales con el patrón de desempeño macroeco-
nómico desde la independencia: la economía vivió una etapa ex-
pansiva en los años 1980-1981, en que ocurrieron los mayores
cambios en política educativa y de salud, y después tuvo un creci-
miento muy reducido. En efecto, el producto interno bruto
creció, en términos reales, a una tasa de 10.7% en 1980 y de 9.7%
en 1981. Esta tasa es resultado de varios factores: una buena
cosecha en la agricultura, el levantamiento de las sanciones co-
merciales internacionales y las promesas de cooperación inter-
nacional se combinaron con un crecimiento de la demanda, re-
sultante de un incremento en la inversión por las expectativas
positivas posteriores a la independencia, el crecimiento del gasto
público antes descrito y el crecimiento del consumo derivado
del incremento en los salarios reales. Este auge en los dos pri-
meros años de la independencia hizo patente, por otro lado,
los desequilibrios macroeconómicos que podían aparecer con
este modelo de desarrollo, que en un principio se tradujeron en
un incremento en la inflación y el déficit en la cuenta corriente
de la balanza de pagos, y más adelante en el del déficit público.
Así, la cuenta corriente de la balanza de pagos, que había
mantenido una situación de muy reducidos déficit con incluso
superávit a finales de los setenta, registró un déficit —como
porcentaje del ingreso nacional— de 4.6% en 1980, que se in-
crementó a 10.2% en 1981 y a 10.7% en 1982. Este deterioro
se debió fundamentalmente al fuerte crecimiento de las im-
portaciones, derivado de un aumento inicial en la propensión
a importar y al rápido crecimiento del ingreso.
37
El gobierno
enfrentó esta situación con una devaluación del dólar zimba-
bwense de 20% en diciembre de 1982 y otra posterior de 10%,
36
Idem
.
37
Idem
.
26
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
seguido de un control más estricto de las importaciones en los
años posteriores. De hecho, las restricciones cuantitativas a las
importaciones y la administración de las asignaciones de divi-
sas extranjeras se convirtieron en los mecanismos centrales para
hacer frente a las dificultades en la balanza de pagos. Estos me-
canismos se relajaban cuando la situación externa mejoraba y se
hacían más estrictos cuando empeoraba. Esta política creó serias
distorsiones en la economía, pero resultó exitosa en el control
del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
Los problemas con el déficit público, sin embargo, resulta-
ron más difíciles de controlar. Aunque inicialmente este défi-
cit registró una reducción respecto al año 1979, producto del
menor gasto en defensa, pronto comenzó a incrementarse, ele-
vándose de 7.5% del producto interno bruto en 1981 a 9.4% en
1982 y a 11.3% en 1983, con fluctuaciones posteriormente alre-
dedor de esta cifra. La deuda pública externa, que se había man-
tenido a niveles reducidos debido a que las sanciones internacio-
nales obstaculizaban su contratación, creció rápidamente con
la eliminación de estas sanciones en los años posteriores a la in-
dependencia; sin embargo, hacia fines de los ochenta parecía no
presentar un patrón explosivo.
Respecto al crecimiento económico, el auge de los dos pri-
meros años tras la independencia resultó efímero. La sequía de
1982-1984 contribuyó, sin duda, a la caída en el crecimiento; pe-
ro después quedaría cada vez más claro que su pobre compor-
tamiento obedecía a factores estructurales.
Las tendencias políticas contradictorias
Como resultado del Acuerdo de Lancaster House, una admi-
nistración interina británica tomó el poder para supervisar las
primeras elecciones libres (febrero de 1980), basadas en la fór-
mula una persona un voto, pero en fechas distintas y con listas
separadas para la población blanca y la población negra. De
acuerdo con la Constitución,
38
de los 100 puestos parlamenta-
38
La Constitución estableció un sistema parlamentario con un cargo simbólico
de presidente de la República y un primer ministro, quien ejercía realmente el poder.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
27
rios 20 fueron destinados a los blancos, que obtuvo el Frente
de Rodhesia (el cual después cambió su nombre por el de Alian-
za Conservadora de Zimbabwe). Los restantes 80 curules fueron
competidos por ocho partidos africanos, de los cuales 20 fue-
ron ganados por el
PF
-
ZAPU
y 57 por la
ZANU
-
PF
, que como parti-
do mayoritario formó, junto con el
PF
-
ZAPU
, el primer gobierno
independiente de coalición, con Robert Mugabe como primer
ministro.
39
La pequeña burguesía africana de la época colonial se con-
virtió en la élite gobernante —con una fuerte tendencia hacia
el sistema de partido único—, imbuida con una débil capacidad
organizativa e ideológica, pero con una amplia unidad política
entre los africanos, debido en gran parte a la guerra de liberación
y a su alianza con campesinos pauperizados y con trabajadores,
a una oposición frágil y fragmentada y una estructura de Estado
fuerte, heredada del régimen de minoría blanca.
En el momento de la independencia, la sociedad local estaba
polarizada, con un acentuado desarrollo desigual que seguía cri-
terios del color de la piel. Los dos partidos políticos africa-
nos (
ZANU
-
PF
y
PF
-
ZAPU
) tenían su principal base de apoyo en
los dos grandes grupos étnicos; sin embargo, ninguno de ellos
podía ser definido exclusivamente por su afinidad étnica. Había
divisiones ideológicas entre los dos partidos, e incluso en su
interior, sobre todo en relación con el proyecto gubernamen-
tal, ya fuese en favor de una opción socialista o simplemente
para suprimir la discriminación racial que había impedido la
inserción exitosa en la economía de la pequeña burguesía ne-
gra.
40
En ese contexto se inscribían los planteamientos de la co-
rriente dominante del gobierno de la
ZANU
-
PF
, que proponía
corregir las injusticias heredadas de la colonización mediante
una transformación socialista, con mayor participación de
obreros y de campesinos pauperizados.
Como consecuencia del periodo colonial, el movimiento
sindical era débil y estaba dividido en seis federaciones.
41
Con
39
Scarritt, “Zimbabwe: Revolutionary Violence Resulting in Reform”,
op. cit
.; Sit-
hole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.; Dashwood, “Zimbabwe and Sustainable Peacebuilding”,
op.
cit
.; Kriger, “
ZANU
(
PF
) Strategies in General Elections…”,
op. cit
.
40
Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.
41
Es importante subrayar que la gran mayoría de la población africana vivía en
28
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
apoyo gubernamental, estas federaciones se fusionaron en una
central sindical, que al principio tenía una estrecha relación con
la
ZANU
-
PF
, denominada Congreso de Sindicatos de Zimbabwe
(
ZCTU
, por sus siglas en inglés: Zimbabwe Congress of Trade
Unions). En los primeros años de la década de 1980 estallaron
numerosas huelgas.
42
En sus orígenes, el Congreso de Sindicatos
fue afectado por corrupción, mala administración, autoritaris-
mo y por la convicción de que no se debía criticar al gobierno.
Para los principales inversionistas internacionales y para or-
ganismos económicos internacionales, la población blanca —con
niveles satisfactorios de formación escolarizada— era la garante
de la estabilidad económica y política del país. En cambio, la
gran mayoría de la población negra, sobre todo la rural —sin
tierras de cultivo, que había militado o era simpatizante de los
movimientos independentistas y presentaba altos niveles de
desnutrición y un alto porcentaje de analfabetismo—, era vis-
ta con desconfianza por los inversionistas internacionales,
como una fuerza potencialmente “subversiva” (
sic
), desorga-
nizada, violenta y manipulable por la élite nacionalista. Es
imporportante recordar que el reclamo por la tierra fue uno
de principales motivos de la guerra de liberación, aunque,
como se mencionó, la Constitución limitaba las posibilidades
de adquisición de tierras.
Aunque las tensiones raciales no desaparecieron, los con-
flictos entre blancos y negros disminuyeron en el marco de la
política de reconciliación nacional, que tenía como finalidad
ofrecer garantías a la población de origen europeo para que no
abandonara el país.
43
zonas rurales, en las cuales tenían gran influencia los dos movimientos de liberación
nacional, con casi nula presencia sindical.
42
Scarritt, “Zimbabwe: Revolutionary Violence Resulting in Reform”,
op. cit
.;
Alexander, “Zimbabwean Workers…”,
op. cit
.; Suzanne Dansereau, “Liberation and
Opposition in Zimbabwe”, en Henning Melber (ed.),
Limits to Liberation in Southern
Africa. The Unfinished Business of Democratic Consolidation
, Ciudad del Cabo, Human
Sciences Research Council Press, 2003.
43
Poco después de la independencia, un grupo de líderes blancos decidió romper
con el
CAZ
y apoyar al nuevo gobierno. Sin embargo, algunos blancos se negaron a
aceptar el gobierno de mayoría negra y emigraron principalmente hacia Sudáfrica, en
donde formaron una célula de inteligencia militar, con el interés de proporcionar in-
formación vital, con fines desestabilizadores, al gobierno sudafricano sobre Zimbabwe
(Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.).
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
29
La principal fuente de conflicto político surgió de la riva-
lidad por el poder del Estado entre los dos grandes partidos
políticos (
ZAPU
y
ZANU
) y sus respectivos brazos armados: el
factor decisivo para comprender la historia de la
ZAPU
en el pe-
riodo independiente fue la violencia estatal.
44
La
ZANU
, como
partido gobernante, utilizó los medios de comunicación para
inculpar a la
ZAPU
y promover un discurso excluyente, que
consagraba a los veteranos de guerra de la
ZANU
, popularmen-
te conocidos como
war vets
,
45
como únicos héroes nacionales
de la liberación.
46
El discurso de transformación socialista prác-
ticamente desapareció de la agenda oficial, aunque teóricamente
se mantuvo una posición favorable a la clase trabajadora y al
campesinado pobre.
En 1983 el gobierno llevó a cabo una brutal campaña —en
el marco de la política
gukurahundi
— para erradicar a los que
consideraba grupos disidentes armados, en la zona de Mata-
beleland y Midlands (ndebele parlantes), identificados con el
PF
-
ZAPU
. En un periodo relativamente corto, aproximadamente
un año, la denominada Quinta Brigada desencadenó el terror
y la violencia incluso entre la población civil; fueron acciones
justificadas por el régimen en términos políticos y étnicos, en
un hecho calificado como único.
47
Esta represión puso fin al
gobierno de coalición
ZANU
-
PF
y
PF
-
ZAPU
.
En un intento de reconciliación, en 1987, los dos grupos
firmaron un Acuerdo de Unión, fusionándose en 1989, y con-
virtiendo de facto el sistema en un unipartido. La
ZAPU
prác-
ticamente desapareció. Con ese Acuerdo adquirió relevancia
44
Idem
.; Jocelyn Alexander, JoAnn McGregor y Terence Ranger, “Civilian
Perspectives on the 1980s Conflict”, en Alexander, McGregor y Ranger,
Violence and
Memory. One Hundred Years in the ‘Dark Forests’ of Matabeleland
, Oxford-Portsmouth-
Harare, James Currey-Heinemann-Weaver Press, 2000.
45
Dashwood, “Zimbabwe and Sustainable Peacebuilding”,
op. cit
.
46
Norma Kriger, “The Politics of Creating National Heroes: The Search for
Political Legitimacy and National Identity”, en Ngwabi Bhebe y Terence Ranger
(eds.),
Soldiers in Zimbabwe’s Liberation War
, Londres-Portsmouth-Harare, James
Curry-Heinemann-University of Zimbabwe Publications, 1995, y “
ZANU
(
PF
) Strate-
gies in General Elections…”,
op. cit
.; Sithole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.
47
Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.; Alexander, McGregor y Ranger, “Civilian Perspectives on the 1980s Con-
flict”,
op. cit
.; Sithole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.; Kriger, “
ZANU
(
PF
) Strategies in General
Elections…”,
op. cit
.
30
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
una nueva fuente de conflicto interno, basada en la división de
clases en torno de la distribución de los recursos y de la riqueza;
se volvieron más notables las divisiones ideológicas, étnico-
políticas
48
y personales en el seno de la
ZANU
-
PF
. Se acentuó el
proceso de cohesión de élite, integrando a una enriquecida élite
gobernante africana con la dirigencia de la antigua
ZAPU
y con
la élite económica, esencialmente blanca.
49
Poco después, una enmienda constitucional suprimió el car-
go de primer ministro, sustituido por una presidencia ejecuti-
va con amplios poderes, y los 20 puestos exclusivos de los blan-
cos en el Parlamento fueron suprimidos, siendo ocupados por
miembros de la
ZANU
-
PF
, once de los cuales eran blancos sim-
patizantes del régimen. Robert Mugabe era la figura máxima
en el Estado y en la
ZANU
-
PF
.
50
A pesar de la violencia en Matabeleland y Midlands, de las
denuncias de violencia política en todo el país —en gran parte
atribuida a la Liga Juvenil de la
ZANU
-
PF
— y de las amenazas
de Mugabe en contra de aquellos que se atrevieran a votar por
la oposición, las elecciones de 1985 se realizaron en un clima
de relativa calma; no obstante, poco después hubo nuevos
brotes de violencia. Con una tendencia hacia el abandono de
sus propuestas socialistas, insistiendo en la necesidad de orden
y unidad y preocupada por su consolidación, la
ZANU
-
PF
incre-
mentó su triunfo y la Alianza Conservadora de Zimbabwe ob-
tuvo sólo 55% de los votos blancos.
51
A finales de la década de
1980 ya habían alcanzado notoriedad los casos de corrupción
de políticos.
En 1988-1989, protagonizado por estudiantes de la Uni-
versidad de Zimbabwe, estalló el primer movimiento popular
en contra del gobierno, oponiéndose a la corrupción, a la pre-
48
Las diferencias étnico-políticas son principalmente en torno a los distintos
subgrupos que conforman el grupo shona parlante, diferencias que persisten en 2011.
49
Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.
50
Scarritt, “Zimbabwe: Revolutionary Violence Resulting in Reform”,
op. cit
.; Dan-
sereau, “Liberation and Opposition in Zimbabwe”,
op. cit
.; Kriger, “
ZANU
(
PF
) Strategies
in General Elections…”,
op. cit
.
51
Scarritt, “Zimbabwe: Revolutionary Violence Resulting in Reform”,
op. cit
.;
Sithole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.; Kriger, “
ZANU
(
PF
) Strategies in General Elections…”,
op. cit
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
31
tensión de crear un sistema de partido único y a la adopción
de una agenda neoliberal. En un hecho sorprendente, se sumó
a las protestas el secretario general del Consejo de Sindicatos
de Zimbabwe, Morgan Tsvangirai (nacido en 1952), quien en
esos años no proponía la salida del poder de Mugabe sino un
nuevo contrato social.
52
Por otro lado, Edgar Tekere,
53
el pri-
mer líder importante expulsado de la
ZANU
-
PF
por su oposición
al unipartido y por denunciar la corrupción, formó, en 1989, un
nuevo partido, el
ZUM
, por sus siglas en inglés: Zimbabwe
Unity Movement.
54
Los años noventa: las primeras fracturas
Las reformas económicas
En el aspecto económico, la nueva orientación del régimen en
este segundo periodo se tradujo en un cambio en el modelo
de desarrollo que se materializó en un Programa de Ajuste Es-
tructural, iniciado en 1991 y avalado por el Fondo Monetario
Internacional. Este Programa suponía una menor participación
gubernamental en la economía, que cedía su lugar al libre
mercado como principal guía de las decisiones económicas. La
liberación económica de diversas áreas, antes sujetas a control
gubernamental, se acompañó de una propuesta de reducción del
déficit público. Más concretamente, se proponía una liberación
comercial que redujera sensiblemente el régimen proteccionis-
ta en que se apoyaba la industria local, con la idea de hacerlo
más competitivo y evitar que frenara el desarrollo de actividades
con potencial exportador.
Asimismo, se pretendía desmantelar el régimen de control
de los mercados financieros, que mantenía bajas tasas de interés
y asignaba el crédito con criterios distintos al libre mercado, con
52
Alexander, “Zimbabwean Workers…”,
op. cit
.
53
Edgar Tekere, activista anticolonial desde muy joven, con la independencia se
convirtió en uno de los líderes más importantes del país. Conocido como un demócrata,
fue secretario general de la
ZANU
. Falleció en 2011.
54
Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.; Sithole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.
32
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
la intención de que éste distribuyera los recursos de forma más
eficiente. Otra dimensión del Programa era la eliminación tan-
to de la fijación gubernamental de los salarios —para reemplazar-
la por negociaciones colectivas libres— como de las restriccio-
nes al despido de los trabajadores. Las medidas anteriores serían
acompañadas por privatizaciones de empresas paraestatales, aun-
que se preveía que esta dimensión de las reformas podía pos-
tergarse.
Hacia 1996, tanto la liberación comercial como la desre-
gulación del sector financiero y del mercado laboral se habían
llevado a término, las tasas impositivas se habían reducido y
la reforma del sistema de empresas paraestatales estaba ya en
marcha.
En contraste, los resultados del Programa en términos de
crecimiento económico, empleo y bienestar social quedaron
muy por debajo de lo esperado. Esto se debió tanto al diseño
mismo del Programa como a problemas en su ejecución y a la
existencia de un periodo de sequías. En principio, era de espe-
rarse que las medidas liberalizadoras tuvieran un efecto inicial
negativo sobre el crecimiento de la economía, porque muchas
empresas en el sector manufacturero no eran competitivas a pre-
cios internacionales. Y, efectivamente, entre 1991 y 1996 el
producto manufacturero se redujo 14 por ciento.
55
El pobre desempeño en términos de crecimiento de la
economía tuvo consecuencias negativas en diversos aspectos,
uno de los cuales fue el empleo. Otra de las medidas, la elimina-
ción de las prohibiciones al despido de los trabajadores, acentuó en
el corto plazo la pérdida de empleos, en la medida en que las
empresas podían deshacerse de trabajadores que consideraban
redundantes dadas las condiciones económicas prevalecientes.
El entorno de menor crecimiento en la actividad económica
también impactó negativamente la recaudación impositiva,
haciendo más difícil la reducción del déficit público, uno de los
aspectos centrales del Programa de Ajuste. La meta concre ta que
se había propuesto era reducir el déficit público de un nivel ini-
cial de 10% del producto interno bruto a otro de 5% del produc-
55
Kwesi Botchwey
et al
.,
Report of the Group of Independent Persons Appointed
to Conduct an Evaluation of Certain Aspects of the Enhanced Structural Adjustment
Facility
, Washington, International Monetary Fund, 1998.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
33
to interno bruto. Conforme se llevaba a cabo el Programa de
Ajuste, no sólo no se conseguía alcanzar la meta, sino que el défi-
cit público era de hecho cada vez mayor y, combinado con la
elevación de las tasas de interés internas que siguió a la desregu-
lación financiera, estaba conduciendo a un crecimiento acele-
rado de la deuda pública.
La imposibilidad de reducir el déficit público obedeció, ade-
más de al deterioro en la recaudación impositiva por el menor
crecimiento económico, a los siguientes dos factores. Primero,
la reducción en las tasas impositivas, que contribuyó a redu-
cir los ingresos públicos. Mientras que el Programa preveía que
en 1994-1995 los ingresos gubernamentales ascenderían a 34%
del producto interno bruto, en realidad sumaron 28.3% de éste,
más de cinco puntos porcentuales del producto interno bruto
por debajo de lo previsto. Segundo, la desregulación financiera
elevó las tasas de interés, lo que originó un incremento en los
pagos por concepto de intereses sobre la deuda pública en un
monto equivalente a cinco puntos porcentuales para 1995-
1996. El resultado de estos dos hechos es que para reducir el
déficit público en cinco puntos porcentuales del producto in-
terno bruto, como se había propuesto, se requería reducir el gas-
to público no financiero en quince puntos porcentuales del
producto interno bruto —el doble de la reducción estimada ini-
cialmente— debido a la necesidad de compensar la pérdida de
ingresos y el mayor pago de intereses. Kwesi Botchwey junto
con otros autores, explica que la falta de previsión del efecto de
los factores anteriores impidió anticipar que las metas propues-
tas requerirían un recorte en el gasto social de dimensiones que
lo harían políticamente insostenible.
56
Los factores anteriores ocasionaron que, a pesar de que el
gasto público se redujo, el déficit público aumentara, condu-
ciendo a una situación en que las altas tasas de interés, combi-
nadas con el bajo crecimiento económico, se traducían en una
relación creciente de deuda-producto interno bruto que incre-
mentaba aún más el pago de intereses.
Sin embargo, la reducción del gasto público no financiero
en siete puntos porcentuales del producto interno bruto —in-
56
Idem
.
34
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
ferior a los 15 programados— tuvo importantes consecuen-
cias en los costos sociales del ajuste. Para calibrar la dimensión
de estos costos debe tenerse presente, en primer término, que
entre 1990 y 1996 el consumo privado cayó 26%, lo que ha-
cía difícil evitar un deterioro en el bienestar de la mayoría de
la población. A esto se sumaron las reducciones en el gasto
social, que había sido un componente esencial en el modelo
anterior.
Así, el gasto en salud pasó de representar 6.4% del gas-
to público en 1990-1991 a 4.3% en 1995-1996, lo que se tradujo
en reducciones importantes, tanto en los salarios reales de este
sector —induciendo una salida de muchos médicos al sector
privado— como en los materiales de salud disponibles, en es-
pecial medicamentos. Diversos indicadores de salud, como la
tasa de mortalidad infantil, que habían mejorado en la década
de los ochenta, comenzaron a deteriorarse. Otro tanto ocurrió
con la esperanza de vida. Aunque no es posible atribuir en su
totalidad este deterioro al retroceso económico y a la reduc-
ción en el gasto en salud, porque coinciden en el tiempo con la
expansión del sida, sí debe subrayarse, tal como lo hacen Bot-
chwet y otros autores,
57
que justo cuando se propagaba esta en-
fermedad se redujo el gasto público en salud, exacerbando sus
efectos negativos.
En cuanto al gasto público en educación, que había sido
quizá el rasgo más sobresaliente del periodo anterior, también
sufrió reducciones importantes. A diferencia de lo ocurrido
en el sector salud, sin embargo, el efecto directo de estas reduc-
ciones no recayó en los estudiantes —destinatarios del gasto—,
sino fundamentalmente en los profesores de escuela, que vieron
reducidos sus salarios reales en aproximadamente un tercio res-
pecto al nivel previo a la implantación del Programa.
Los costos sociales del Programa recayeron de manera
desproporcionada en la población urbana, pues se redujeron
drásticamente tanto las posibilidades de empleo como los sa-
larios reales: entre 1991 y 1996, el empleo formal cayó 9% y
los salarios reales, 26% en el sector manufacturero, con caídas
mayores en la administración pública. En cambio, en las zo-
57
Idem
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
35
nas rurales los niveles de consumo no sufrieron reducciones y,
posiblemente, se incrementaron ligeramente.
58
El inicio del régimen autoritario
Diversos factores, como el deterioro económico, las presiones
internacionales y la creciente oposición interna, favorecieron
el abandono por la
ZANU
-
PF
tanto del plan para convertir al
sistema en partido único
de jure
como de la orientación socia-
lista, y de la preocupación por los intereses de las clases más
pauperizadas, lo que a su vez generó apatía en la base popular
de apoyo del partido y un incremento de la influencia políti-
ca de dos incipientes sectores africanos: la clase empresarial y
la élite agraria.
Con la participación de partidos de oposición, se llevaron a
cabo las elecciones generales en marzo de 1990, precedidas por
una enmienda constitucional que suprimió el Senado y amplió
el Parlamento unicameral a 120 miembros electos, además de 30
miembros, directa o indirectamente elegidos por el presidente.
59
Con el antecedente de una semana de violencia, observadores
internacionales afirmaron que las elecciones no fueron ni justas
ni libres, con incremento del abstencionismo pero con relativo
optimismo en cuanto al cambio democrático electoral. Los
comicios fueron ganados por la
ZANU
-
PF
. Aunque el reciente-
mente creado
ZUM
obtuvo un buen porcentaje de votos en zo-
nas urbanas, sólo consiguió dos puestos en el Parlamento.
60
Di-
chas elecciones fueron lo que Makumbe
61
denomina como “el
inicio del gobierno autoritario en el Zimbabwe independien-
te”. A la sombra del poder político se incrementó el proceso
de acumulación de capital en beneficio de la nueva burguesía
africana, que empezó a desplazar a la élite blanca.
Esta década estuvo dominada por el estallido de huelgas.
Una de las más importantes tuvo lugar en 1996, principalmente
58
Idem
.
59
Kriger, “
ZANU
(
PF
) Strategies in General Elections…”,
op. cit
.
60
Scarritt, “Zimbabwe: Revolutionary Violence Resulting in Reform”,
op. cit
.;
Dansereau, “Liberation and Opposition in Zimbabwe”,
op. cit
.; Kriger, “
ZANU
(
PF
)
Strategies in General Elections…”,
op. cit
.
61
Cit. pos
. Dansereau, “Liberation and Opposition in Zimbabwe”,
op. cit
.
36
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
en el sector público, y rápidamente tuvo alcances nacionales,
hecho que demostraba la acelerada politización del movimiento
sindical: se estaba registrando un cambio cualitativo en la clase
trabajadora, sobre todo en su liderazgo.
62
En 1996, el
ZCTU
con-
vocó a una huelga nacional, que nunca se llevó a cabo debido
a la amenaza del gobierno de intervenir militarmente y por la
introducción de una prohibición de manifestaciones.
63
Las elecciones de abril de 1995 fueron boicoteadas por
cinco partidos políticos y la
ZANU
-
PF
compitió con una opo-
sición extraordinariamente débil,
64
con un nuevo incremento
en la abstención. En un contexto de creciente corrupción y
abuso del poder, empezaron a manifestarse los síntomas de
lo que Sithole
65
denomina el declive de la “cohesión de élite”.
Uno de los primeros síntomas fue el estallido, nacional, en un
hecho sin precedentes, de una “revuelta por comida”, en enero
de 1998. En algunos casos se registró la intervención conjun-
ta del ejército con la policía para detener el saqueo de tiendas.
El gobierno culpó al
ZCTU
de incitar la revuelta, responsabilidad
negada por la central sindical.
Otro síntoma, aunque sin efecto en la dinámica del poder,
tuvo como escenario “el antes dócil Parlamento” (
sic
),
66
cuan-
do en ese mismo año se presentó una moción para limitar el
periodo presidencial a dos términos de cinco años. Hasta ese
momento no había límites para la reelección presidencial. Un
parlamentario de la
ZANU
-
PF
, temporalmente suspendido por
su propuesta, pidió el retiro de Mugabe.
Un tercer síntoma fue, en ese mismo año, la creación de la
Asamblea Constitucional Nacional (
NCA
, por sus siglas en in-
glés), que agrupaba a 96 organizaciones —sindicales, religiosas,
estudiantiles, de derechos humanos—, encabezada por el líder
del
ZCTU
, Tsvangirai, con la finalidad de exigir una revisión
62
Alexander, “Zimbabwean Workers…”,
op. cit
.
63
Sithole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.; Dansereau, “Liberation and Opposition in
Zimbabwe”,
op. cit
.
64
De acuerdo con una ley de 1992, sólo los partidos políticos que contaban por
lo menos con 15 curules podían obtener fondos públicos. Sólo la
ZANU
-
PF
obtuvo tal
financiamiento (Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Mana-
gement…”,
op. cit
.).
65
Sithole, “Zimbabwe…”,
op. cit
.
66
Idem
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
37
constitucional, que entre otras cosas limitara el poder presi-
dencial. El gobierno, por su parte, formó su propia Comisión
Constitucional, cuyo proyecto sería sometido a referendo
nacional en febrero de 2000.
Por último, es importante mencionar que la
ZANU
-
PF
, en
forma paulatina, empezó a perder el apoyo de sectores urba-
nos claves —en especial, intelectuales y trabajadores— aunque
conservó el respaldo en zonas rurales.
67
El declive de la “cohesión de élite” se acentuó en mayo de
1999, cuando el
ZCTU
propuso una convención de sindicatos y
partidos de oposición, con la finalidad de diseñar estrategias pa-
ra defender a los trabajadores del deterioro en las condiciones de
vida y favorecer un cambio democrático. Meses después, un
congreso del
ZCTU
decidió crear un partido político que com-
pitiera en las elecciones parlamentarias del año 2000. Con una
participación de grupos muy diversos —intelectuales, clase me-
dia urbana, pequeños productores rurales, propietarios blancos
de grandes explotaciones agrícolas, una parte de los industriales,
un pequeño grupo de tendencia trotskista, asociaciones estu-
diantiles, antiguos funcionarios públicos, líderes sindicales—, en
septiembre de 1999 nació el Movimiento para el Cambio De-
mocrático (
MDC
por sus siglas en inglés), encabezado por el
dirigente sindical Morgan Tsvangirai.
68
En poco tiempo, el
MDC
contó con apoyos internacionales,
incluidos el gobierno británico y el Banco Mundial, tras desple-
gar una campaña para obtener fondos. Aunque en su congreso
fundacional predominaron los sindicalistas, desde sus orígenes,
sostiene Alexander,
69
no era un partido de trabajadores: la gran
mayoría de sus cuadros superiores son personas de clase me-
dia —académicos, profesionistas—, hombres de negocios —con
grandes inversiones— y granjeros blancos. Esos grupos, con inte-
reses tan diversos, se unieron por su oposición al régimen. Con
un lenguaje pluralista y una posición pragmática neoliberal en
favor del libre mercado, la alianza surgió de manera coyuntural,
67
Dashwood y Pratt, “Leadership, Participation, and Conflict Management…”,
op. cit
.
68
Alexander, “Zimbabwean Workers…”,
op. cit
.; Dashwood, “Zimbabwe and
Sustainable Peacebuilding”,
op. cit
.
69
Alexander, “Zimbabwean Workers…”,
op. cit
.
38
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
cuyos integrantes, según Alexander,
70
se definían como “demó-
cratas sociales, que pueden estar de acuerdo con la necesidad
de ajustes estructurales y un contrato social”.
El difícil proceso hacia la democratización
La vuelta desordenada al control gubernamental
de la economía
A fines de 1997 comenzó a perfilarse una nueva etapa, que en
diferentes aspectos reinstauraba el papel del Estado como rector
de la economía; no se planteaba como un retorno a las políticas
y modelo de la década de los ochenta. Tampoco obedecía a
un plan coherente que estableciera un nuevo modelo con una
elevada intervención gubernamental; más bien, lo que se pre-
sentó fue la adopción de una serie de medidas desprovistas de
un hilo conductor que sustentara su racionalidad económica,
apartándose así del carácter razonablemente consistente que
hasta entonces había mostrado, en sus dos distintas orienta-
ciones, la conducción económica del país.
En realidad, aunque el gobierno sí adoptó formalmente un
Programa Económico (conocido como Zimprest,
71
por sus si-
glas en inglés) que pretendía ampliar y profundizar las reformas
llevadas a cabo a principios de los noventa —en las que desta-
ca, en particular, la reducción del déficit público—,
72
en la prác-
tica se tomaron otras medidas que no sólo no se apegaban a los
planes anunciados, sino que abiertamente los contradecían. Es-
tas medidas aparecían además de manera errática y desordenada,
y generaban así un entorno de incertidumbre que dejaba a los
agentes económicos sin una guía clara de qué podían esperar.
Ejemplos sobresalientes de estas medidas, que anunciaban ya
desde 1997-1998 lo que más tarde se acentuaría y terminaría
convirtiéndose en el comportamiento común del gobierno, son:
70
Idem
.
71
Zimbabwe Programme for Economic and Social Transformation, 1996-2000.
72
Que sería impulsada por una pronta privatización de empresas públicas, que
generaría recursos para reducir la deuda pública.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
39
i)
La aprobación de un pago sustancial a los veteranos de la
guerra de Independencia.
73
En 1997, en el contexto del alto
desempleo y deterioro social posterior al Programa de Ajus-
te Económico de principios de la década, un segmento so-
cial importante para el régimen, los veteranos de la guerra
de liberación, realizaron manifestaciones que fueron aten-
didas por el gobierno, concediéndoles un pago considera-
ble que no estaba previsto en el presupuesto. Parsons
74
re-
porta que el dólar de Zimbabwe cayó 72% ante el anuncio
de este pago. Agrega que entre 1996-1997 y 1997-1998 los
pagos por subsidios y transferencias en el presupuesto casi
se triplicaron.
ii)
El envío de tropas a la República Democrática del Congo
para apoyar a su nuevo régimen. Esto tuvo como conse-
cuencia incrementar aún más el déficit fiscal y hacer más
difíciles las relaciones con las instituciones financieras in-
ternacionales.
75
Parsons señala que el gasto en defensa se tri-
plicó a lo largo del periodo 1997-1999.
76
iii)
Desde 1998 se anunció la decisión de transferir tierras,
propiedad de la minoría blanca, a la población africana para
tener una distribución más equitativa. Una reforma agraria
con este objetivo había estado esperando desde la indepen-
dencia de Zimbabwe, y era aceptada como necesaria no sólo
internamente, sino también en el exterior por gobiernos
y donantes extranjeros; sin embargo, la forma desordena-
da y errática en que se llevó a cabo lesionó gravemente a la
economía del país y no contribuyó a incrementar el bienes-
tar social. En efecto, careció de planeación, asesoría técni-
ca y financiamiento que fomentaran el crecimiento del sec-
tor agrícola.
77
Más de diez millones de hectáreas cambiaron
de propietario de forma caótica, en un proceso que no se
73
Edward A. Brett, “State Failure and Success in Uganda and Zimbabwe: The
Logic of Political Decay and Reconstruction in Africa”,
Journal of Development
Studies
, vol. 44, núm. 3, 2008, pp. 339-364; R. W. K. Parsons, “After Mugabe goes:
The Economic and Political Reconstruction of Zimbabwe”,
South African Journal of
Economics
, vol. 75, núm. 4, 2007, pp. 599-615.
74
Parsons, “After Mugabe goes…”,
op. cit
.
75
Brett, “State Failure and Success in Uganda and Zimbabwe…”,
op. cit
.
76
Parsons, “After Mugabe goes…”,
op. cit
.
77
Idem
.
40
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
aseguró de que los nuevos propietarios contaran con los
conocimientos agrícolas, la dedicación, los recursos finan-
cieros y la capacidad administrativa para manejar las granjas
expropiadas. La incertidumbre que rodeó todo el proceso
mermó las posibilidades de obtención de crédito, inclu-
so para las granjas no expropiadas por el temor de que más
adelante lo fueran. Más aún, el objetivo central de alcanzar
una distribución más equitativa de la tierra fue puesto en
duda por la transferencia de grandes extensiones de tierra
de alta calidad a miembros de la élite política local.
78
Las consecuencias sobre la producción agrícola fueron de-
vastadoras. La producción de maíz —la cosecha nacional por
excelencia— se desplomó; registró una caída de 86% entre los
años 2000 y 2005.
79
Zimbabwe pasó de ser un exportador neto
de alimentos a tener que importarlos, y se estima que, a princi-
pios de 2004, cinco millones y medio de personas necesitaban
ayuda internacional en forma de alimentos.
80
La producción de tabaco, que en años anteriores había sido el
principal producto de exportación, también fue afectada. Las
invasiones de granjas tabacaleras después del año 2000 origina-
ron una caída drástica en su producción, que pasó de 200 000
toneladas anuales antes del proceso de reforma a 50 000 tone-
ladas después de él.
81
Las caídas anteriores no tuvieron como única causa el
efecto disruptivo de la redistribución errática de tierras. Varias
sequías (en la temporada 2000-2001 y de enero a marzo de 2002)
también contribuyeron a ellas; sin embargo, como argumenta
Moss de manera convincente, la magnitud de la caída en la pro-
ducción agrícola es tal que no puede ser explicada por esta se-
quía.
82
Además de citar estudios que muestran este hecho recu-
rriendo a un análisis detallado de los patrones de lluvia (en que
se aprecia, por ejemplo, que la sequía de 2000-2001 supuso en
78
Kate Bird y Stefanie Busse,
Re-thinking Aid Policy in Response to Zimbabwe’s
Protracted Crisis
, Overseas Development Institute Discussion Paper, 2007.
79
Todd Moss, “Zimbabwe’s Meltdown. Anatomy of a Peacetime Economic
Collapse”,
The Fletcher Forum of World Affaire
, vol. 31, núm. 2, 2007, pp. 133-148.
80
OECD
,
African Economic Outlook
, 2004, p. 358.
81
Bird y Busse,
Re-thinking Aid Policy
…,
op. cit
.
82
Moss, “Zimbabwe’s Meltdown…”,
op. cit
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
41
realidad solamente una caída de 22% por debajo del promedio
en la precipitación pluvial), Moss argumenta que el patrón de
producción agrícola de Zimbabwe había sido históricamen-
te similar al de Malawi y Zambia, que comparten los mismos
patrones de lluvia.
83
No obstante, el desplome en la producción
de maíz que experimentó Zimbabwe entre 1999 y 2004 no se
observó en Malawi, donde ocurrió una caída mucho menor,
ni en Zambia, donde la producción de hecho aumentó.
Las medidas anteriores tuvieron consecuencias que, en
un entorno político y social cada vez más enrarecido, fueron
enfrentadas con nuevas medidas que resultaron ser contrapro-
ducentes y sumieron al país en un círculo vicioso de deterio-
ro económico y social. El crecimiento del producto interno bru-
to había sido muy pobre en la década de los noventa, con la
excepción de 1996; sin embargo, el deterioro fue tal que desde
1999 comenzaron a registrarse tasas de crecimiento del produc-
to interno bruto negativas.
La caída en la producción agrícola originó la necesidad
de importar alimentos y, al mismo tiempo, mermó los ingre-
sos por exportaciones de tabaco. El gobierno reintrodujo los
controles de divisas en un entorno en que éstas escaseaban. Se
estableció un tipo de cambio oficial mucho menor al prevale-
ciente en el mercado ilegal paralelo que apareció. La escasez
de divisas ocasionó dificultades para importar insumos para la
producción en diferentes sectores de la economía.
A los problemas anteriores en la oferta de productos se agre-
gó un déficit público creciente. Este déficit se había mantenido
en alrededor de 8% del producto interno bruto; pero en algunos
años, como 2002, llegó a representar más de 20% del producto
interno bruto. Esto condujo a un elevado crecimiento en la
oferta monetaria como uno de los medios para financiarlo, y
a una inflación creciente. En el periodo 1990-1999, la inflación
promedio anual había sido de 28.1%, pero en los años siguientes
siguió creciendo hasta alcanzar, a partir de 2002, cifras de tres dí-
gitos. En 2006 superó una nueva barrera, llegando a 1 016.7% y,
en 2007, a 10 452.6%, la más alta del mundo. A medida que la
inflación aumentaba, se extendía el uso de los controles de pre-
83
Idem
.
42
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
cios y de los precios administrados. Esto, sin embargo, se tra-
ducía en escasez de los bienes sujetos a control y en la aparición
de mercados ilegales paralelos.
La infraestructura pública, en particular los ferrocarriles
y la electricidad,
84
entraron en franco deterioro, derivado de
la falta de financiamiento, las políticas de precios inadecuadas
y la dificultad para conseguir divisas extranjeras para comprar
refacciones.
Casi todos los sectores de la economía resintieron los
efectos de la crisis económica. En particular, el sector manufac-
turero sufría ya en 1999 una caída de 7.5% en su producción,
sumiéndose en un declive que continuaría en años posterio-
res, afectado en sus exportaciones por la sobrevaluación de la
moneda y con un mercado interno en contracción. El sector
turístico entraba, en el año 2000, en una situación similar,
agobiado además por la percepción de la inestabilidad polí-
tica y social. El comportamiento de la inversión reflejaba las
expectativas negativas sobre el futuro económico, cayendo de
un valor equivalente a 245% del producto interno bruto en
1995 —considerando la suma de inversión pública y privada,
la formación bruta de capital fijo— a un nivel de 0.4% del
producto interno bruto en 2001.
85
La provisión de servicios públicos de salud y educación,
que habían brillado en los inicios de Zimbabwe independiente,
también fueron severamente afectados. El deterioro del sistema
de salud, afectado por una combinación de escasez de medici-
nas, falta de mantenimiento adecuado de la infraestructura y
un éxodo de médicos y enfermeras a otros países, se agregó a la
expansión del sida y una desnutrición creciente con efectos de-
vastadores. La tasa de mortalidad se elevó, solamente entre 1998
y 2001, de 18.29 a 34.14 muertes por cada 1 000 habitantes,
86
y la
esperanza de vida cayó de un valor de 60 años a principios de
la década de los noventa a 37 años para los hombres y 34 años
para las mujeres una década después.
En el sistema educativo, al deterioro de las instalaciones y
la falta de libros y de otros materiales se sumó la pérdida de
84
OECD
,
African Economic Outlook
,
op. cit
.
85
Idem
.
86
Idem
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
43
muchos profesores de escuela que migraron al exterior en busca
de mejores oportunidades, y otros víctimas del sida que se cobró
también la vida de padres de familia que dejaban a sus hijos
en la orfandad. Así, finalmente, la debacle económica y social
terminaba por atentar contra los logros más importantes de la
primera década de Zimbabwe como nación independiente.
La crisis orgánica
Cuando el régimen percibió que su permanencia en el poder
podía estar en peligro, por la incipiente ruptura con la élite
blanca, ante el creciente descontento y apatía de sus antiguos
simpatizantes, la politización del movimiento sindical y el sur-
gimiento de un partido político opositor, entre finales de la dé-
cada de 1990 y principios de la de 2000, comenzó el inicio del
declive del régimen. En medio de un discurso radical naciona-
lista, propio de los años setenta, se movilizó a los campesinos
pobres, reavivando el programa de reforma agraria. Una
enmienda suprimió las limitantes constitucionales para la ex-
propiación de tierras agrícolas de forma obligatoria, sin pago
de compensaciones.
87
En febrero de 2000 —en su primera derrota desde 1980 y en
lo que fue calificado como un voto de protesta—,
88
la
ZANU
-
FP
perdió el referendo constitucional que habría incrementado el
poder presidencial y cambiado la controvertida reforma de la
tierra. Mugabe atribuyó la derrota al
MDC
y a la
NCA
, e incremen-
tó la violencia estatal. Aunque las elecciones parlamentarias de
junio de 2000 estuvieron marcadas por la violencia, el
MDC
ganó
57 de los 120 puestos parlamentarios —número suficiente para
evitar que la
ZANU
-
PF
hiciera cambios constitucionales— con
una popularidad creciente, sobre todo en los centros urbanos.
89
En las elecciones de marzo de 2002 participó por primera
vez Tsvangirai (
MDC
) como candidato presidencial, pero los
comicios fueron ganados por Mugabe. Aunque el líder opositor
87
Dansereau, “Liberation and Opposition in Zimbabwe”,
op. cit
.; Dashwood,
“Zimbabwe and Sustainable Peacebuilding”,
op. cit
.
88
Dashwood, “Zimbabwe and Sustainable Peacebuilding”,
op. cit
.
89
Idem
.; Kriger, “
ZANU
(
PF
) Strategies in General Elections…”,
op. cit
.
44
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
denunció irregularidades y una campaña electoral dominada
por la violencia, observadores internacionales consideraron que
era altamente factible que Mugabe realmente hubiera ganado,
tomando en cuenta que seguía siendo popular entre los secto-
res rurales más empobrecidos.
90
En marzo de 2005
91
se llevaron a cabo elecciones generales
para la formación de una nueva cámara del Parlamento, el Se-
nado. La
ZANU
-
PF
ganó 78 puestos; el
MDC
obtuvo 41 puestos y
el candidato independiente, un puesto. En medio de denuncias
del
MDC
de graves irregularidades y de dudas de gobiernos oc-
cidentales en cuanto a la legitimidad, las elecciones no repre-
sentaron cambios importantes en la escena política.
92
En mayo de 2005, el gobierno llevó a cabo una medida muy
impopular, criticada por Tsvangirai, la operación
murambats-
vina
(restaurar el orden), que implicó la destrucción de unas
700 000 casuchas “ilegales” en las afueras de la capital Harare,
donde se suponía que el
MDC
tenía un fuerte apoyo. El gobierno
afirmó que la zona era el principal refugio de delincuentes.
93
En noviembre de 2005, por divergencias internas surgidas
antes de la elección para el Senado en cuanto al posible boicot
de tales comicios, se registró una escisión en el seno del
MDC
, y
aparecieron dos facciones: la mayoritaria, bajo el liderazgo de
Tsvangirai (
MDC
-
T
), y la minoritaria (
MDC
-
M
), que hasta fines
de 2010 era liderada por Arthur Mutambara, quien fue susti-
tuido a partir de enero de 2011 por Welshman Ncube; las siglas
del partido cambiaron entonces por
MDC
-
N
.
Ante la proximidad de las elecciones y con continuas denun-
cias del recrudecimiento de la represión gubernamental en con-
tra de la oposición, en marzo de 2007 la Comunidad de Desa-
rrollo del Sur de África (
SADC
, por sus siglas en inglés) mandató
al entonces presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, para mediar
entre el gobierno de Mugabe y los dos grupos del
MDC
, con la
finalidad de elaborar una nueva Constitución y favorecer las
90
Dashwood, “Zimbabwe and Sustainable Peacebuilding”,
op. cit
.
91
A partir de este punto ha sido utilizada
in extenso
la publicación mensual
Africa Research Bulletin
.
92
Choice Ndoro (comp.),
Election Update 2005: Zimbabwe 3
, Johannesburgo,
EISA
, 25 de abril de 2005.
93
Africa Research Bulletin. Political, Social and Cultural Series
, Blackwell Pu-
blishing Ltd., vol. 42, núm. 5, 2005. [http://wileyonlinelibrary.com/journal/arbp.]
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
45
condiciones necesarias para elecciones libres y justas.
94
Con la
mediación de Mbeki, las negociaciones comenzaron a inicios
de 2008; Mugabe decidió convocar a elecciones para el mes de
marzo, a pesar de la oposición del
MDC
-
T
que pedía que fueran
pospuestas hasta la adopción de una nueva Constitución.
Las elecciones de marzo de 2008 —en un clima conflicti-
vo, ensombrecido por notables irregularidades— han sido ca-
lificadas por observadores internacionales como las más im-
portantes en los 30 años de la historia independiente de
Zimbabwe. Fueron, por primera vez, “armonizadas”, lo que
quiere decir que en forma simultánea fueron elegidos los miem-
bros del Parlamento, del Senado, de los consejos locales y el
presidente de la república. Esta “armonización” fue uno de los
argumentos usados oficialmente para explicar la demora en la
publicación de resultados. Aunque hubo observadores inter-
nacionales —de gobiernos africanos amigos y de organismos
regionales—, prácticamente todos los medios de comunicación
occidentales fueron prohibidos.
95
En esa elección presidencial participaron tres candidatos,
uno independiente (Simba Makoni, ex funcionario guberna-
mental), Tsvangirai por el
MDC
-
T
, y Mugabe por la
ZANU
-
PF
. El
MDC
-
M
no presentó candidato presidencial. Los primeros resul-
tados revelaron que por primera vez en su historia la
ZANU
-
PF
perdió el control del Parlamento y del Senado, con el triunfo de
la oposición, sumando los votos obtenidos por las dos faccio-
nes del
MDC
. Un aspecto importante fue el incremento de votos
ganados por la oposición en zonas rurales, antes feudo exclusivo
de la
ZANU
-
PF
.
El principal problema se presentó con los resultados de la
contienda presidencial, los cuales oficialmente nunca fueron da-
dos a conocer. En un clima tenso, de violencia política e intimi-
daciones, y en medio de rumores de golpe de Estado, el
MDC
-
T
afirmó que Tsvangirai tenía una ligera ventaja en la votación,
mientras que fuentes de la
ZANU
-
PF
sostenían el triunfo de Mu-
gabe. Pero, en todo caso, ninguno de los dos candidatos había ob-
tenido 51% de votos emitidos, requeridos por la Constitución
94
James Hamill y John Hoffman, “Assessing the 2008 Zimbabwean Elections”,
Contemporary Review
, núm. 290, 2008, pp. 285-295.
95
Idem
.
46
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
para ser declarado presidente electo. En la segunda vuelta electo-
ral, junio de 2008, Tsvangirai decidió retirarse, tras afirmar que
la violencia impedía una contienda justa, y sólo Mugabe parti-
cipó. Este hecho desencadenó fuertes condenas internacionales.
Las elecciones de 2008 fueron el inicio de una profunda cri-
sis política. La Unión Europea, Estados Unidos y otros países
occidentales impusieron sanciones internacionales en contra de
altos funcionarios del régimen, con la prohibición de viajes in-
ternacionales y el congelamiento de sus cuentas en países oc-
cidentales.
Meses después del inicio de la crisis de 2008 comenzaron los
esfuerzos, tanto de la Unión Africana como de la Comunidad
de Desarrollo del Sur de África —a través del grupo conocido
popularmente como la Troika o Zim Team (Mozambique,
Zambia y Sudáfrica) que debe informar de los avances a la
reunión cumbre de la Comunidad—, para lograr una solución
negociada al conflicto en Zimbabwe.
Las pláticas entre la
ZANU
-
PF
y las dos facciones del
MDC
,
con la mediación de Mbeki,
96
a quien se considera poco estricto
ante las repetidas irregularidades de Mugabe, comenzaron en
julio del mismo año y alcanzaron un momento crucial, en sep-
tiembre de 2008, con la firma de un Acuerdo Político Global.
97
El Acuerdo Político Global implicaba, entre otras cosas, una
fórmula para compartir el poder, con la formación por los tres
partidos de un gobierno incluyente, gobierno de unidad nacio-
nal (punto aceptado por Mugabe sólo como una solución tempo-
ral); la adopción de reformas políticas y económicas internas; la
formación de comisiones independientes para abordar temas
cruciales (como derechos humanos y libertad de expresión de
los medios de comunicación); la elaboración de una nueva Cons-
96
En forma secreta, los tres partidos signatarios del Acuerdo, con la mediación
del presidente Mbeki, acordaron un proyecto de constitución, conocido como “Kariba
Draft”, fuertemente criticado porque fue realizado sin la participación de la sociedad
civil. Se afirma que la relación entre Mbeki y Tsvangirai no era buena; sin embargo, a
partir de septiembre de 2008 —cuando Mbeki abandonó el poder en Sudáfrica— Jacob
Zuma asumió el papel de mediador, en representación de la Comunidad de Desarrollo
del Sur de África.
97
Agreement between the Zimbabwe African National Union-Patriotic Front
(
ZANU
-
PF
) and the two Movements for Democratic Change (
MDC
) formations, on resolving
the challenges facing Zimbabwe
, 2008. [www.kubatana.net.]
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
47
titución —que deberá ser sometida a referendo—, y la celebra-
ción de elecciones parlamentarias y presidenciales, que original-
mente estaban planeadas para 2011. Estos aspectos suscitaron
gran escepticismo internacional, al ponerse en tela de juicio el
compromiso de Mugabe con las reformas económicas y polí-
ticas, y al destacar que el Acuerdo Político Global dejaba el po-
der político y militar en manos de Mugabe y del ala dura de la
ZAPU
-
FP
. Es importante agregar que la ayuda económica inter-
nacional prometida para financiar los cambios durante el go-
bierno incluyente no ha sido suministrada. La actitud de los
gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña ha sido la de “es-
perar y ver” si se consolida el proceso democratizador.
98
La firma del Acuerdo significó, no obstante, la formación
de un gobierno incluyente, que entró en funciones en febrero de
2009, con Morgan Tsvangirai (
MDC
-
T
) como primer ministro,
Arthur Mutambara (
MDC
-
M
)
99
como primer ministro suplente
y Robert Mugabe (
ZANU
-
PF
) conservando la presidencia.
Aunque meses después aparecieron nuevas denuncias de la
oposición acerca de que el régimen continuaba la violencia selec-
tiva en contra de disidentes,
100
y de que tanto Mugabe
101
como
Tsvangirai pedían el fin del gobierno incluyente;
102
es indudable
que para la celebración del 30 aniversario de la proclamación de
la independencia, en forma muy difusa y a pesar del boicot del
ala dura de la
ZANU
-
PF
, gracias al gobierno incluyente empezó
a surgir una nueva dinámica política, con pequeños signos de
recuperación, cierta disminución de los abusos de derechos
humanos y el lento reinicio del funcionamiento del gobierno.
98
International Crisis Group, “Zimbabwe: Political and Security Challenges to
the Transition”,
Africa Briefing
, núm. 70, 3 de marzo, 2010;
Africa Research Bulletin
,
vol. 48, núm. 6, 2011.
99
En diciembre de 2010, Arthur Mutambara anunció su retiro del liderazgo del
MDC
-
M
para enero de 2011, para permitir que el hasta entonces secretario general,
Welshman Ncube (ministro de Comercio en el gobierno incluyente), asumiera
el liderazgo. Como líder del
MDC
-
M
, Mutambara era primer ministro adjunto del
gobierno incluyente. No hay información si dejó dicho puesto, tomando en cuenta
que actualmente se le denomina al partido
MDC
-
N
, el cual indudablemente ha perdido
fuerza en 2011 (
Africa Research Bulletin
, vol. 47, núm. 12, 2010; vol. 48, núm. 1, 2011,
y vol. 48, núm. 7, 2011).
100
Africa Research Bulletin
, vol. 48, núm. 6, 2011.
101
Africa Research Bulletin
, vol. 47, núm. 12, 2010.
102
Africa Research Bulletin
, vol. 48, núm. 3, 2011.
48
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
A manera de conclusión
A más de 30 años de obtenida la independencia, y en medio de
la crisis, uno de los rasgos más sobresalientes del panorama polí-
tico de Zimbabwe es la desconfianza y, en forma contradictoria,
la búsqueda de acuerdos secretos entre diferentes sectores de los
liderazgos de los tres partidos políticos. Se piensa esencialmente
en dos escenarios para el término del régimen de Mugabe.
Por un lado, la posibilidad de que se retire por enfermedad,
por muerte
103
o que sea obligado a renunciar. Esto último parece
altamente improbable si se toma en cuenta la relevancia de los
lazos que unen a Mugabe con los poderosos generales
war vets
y por el hecho de que en diciembre de 2010, en el congreso de
la
ZANU
-
PF
, Mugabe fue reelecto al frente del partido y por lo
tanto será candidato presidencial en las próximas elecciones.
104
El segundo escenario de fin del régimen de Mugabe esta-
ría definido por el triunfo electoral del
MDC
-
T
. En 2011 no había
consenso en cuanto a la celebración de las próximas elecciones.
Mugabe proponía marzo de 2012, aunque no hubiese una nueva
Constitución. Círculos cercanos a Tsvangirai sostenían que
podrían ser a fines de 2012 o incluso en 2013.
105
A los dos escenarios anteriores se deben agregar diversas
variantes. Una se refiere a la posibilidad de un acuerdo entre
sectores moderados de la
ZANU
-
PF
y líderes del
MDC
-
T
para nego-
ciar una posible salida del poder de Mugabe. Otra posibilidad
sería que el liderazgo del
MDC
-
N
(antes
MDC
-
M
) buscara reinte-
grarse al
MDC
-
T
o pactara con algún sector de la
ZANU
-
PF
, para
unirse en contra del
MDC
-
T
. La sombra de un posible golpe de
Estado, en cualquiera de los dos escenarios, es una amenaza que
no puede ser ignorada, debido a la eventualidad de que estallen
conflictos en el interior del ejército y entre grupos étnicos y
clanes. En el otro polo, también existe la posibilidad de formar
un segundo gobierno incluyente en la era posterior a Mugabe.
Tsvangirai insiste en que los militares deben permanecer al mar-
gen del proceso político.
103
En 2011, Mugabe tiene 87 años de edad. Respecto a su estado de salud, véase
Africa Research Bulletin
, vol. 48, núm. 5 y 7, 2011.
104
Africa Research Bulletin
, vol. 47, núm. 12, 2010.
105
Idem
.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
ZIMBABWE
:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
49
Temores en las filas de la
ZANU
-
PF
ensombrecen la posibi-
lidad de una salida pacífica. Por un lado, entre los generales
war vets
existe un gran temor a ser perseguidos y acusados por
crímenes de guerra y constituyen, junto con algunos líderes
veteranos, la línea dura del régimen (
securocrats
), reacia a cual-
quier acción que pueda implicar la salida del poder de Mugabe.
Esta situación también plantea una disyuntiva dentro de la
ZANU
-
PF
. Algunos de sus miembros eran partidarios de llevar
a cabo las elecciones lo más pronto posible, mientras que otros
consideraban que era necesario más tiempo para encontrar el
posible reemplazo del veterano jefe de Estado zimbabwense.
Para algunos observadores, la base de poder de la
ZANU
-
PF
(zo-
nas rurales shona parlantes) se ha erosionado en los últimos
años y consideran que será muy difícil un triunfo electoral en
comicios libres y justos.
La
ZANU
-
PF
no es un partido unido y presenta múltiples
fracturas internas. Persisten las divisiones entre shona parlan-
tes y ndebele parlantes. Además, hay luchas de poder; por un la-
do, entre lo que se ha denominado la “política de clanes” en el
seno del grupo shona y, por el otro, entre figuras relevantes
del partido y del gobierno, con diferentes bases de poder, que
presentan diversas posiciones ante la posibilidad de un escenario
sin Mugabe, en especial en cuanto a la formación de alianzas
con alguna de las dos facciones del
MDC
.
En cuanto al
MDC
-
T
hay opiniones divergentes. Para algu-
nos, su participación en el gobierno incluyente se ha traducido
en un debilitamiento de facto: se afirma que la
ZANU
-
PF
se ha
aprovechado de la inexperiencia del
MDC
-
T
, el cual ha perdido
contacto con su base de apoyo; además, se ha acentuado su
indefinición ideológica, no ha sabido moverse agresivamente
para ganar terreno y ha demostrado su frágil capacidad para
conducir los temas de Estado. Según algunas fuentes,
106
en el
seno del movimiento habría problemas de cohesión, rumor
que ha sido desmentido por fuentes del
MDC
-
T
. Sin embargo,
para otros observadores, la participación del
MDC
-
T
en el go-
bierno incluyente ha significado un avance político, con un
incremento de la popularidad de Tsvangirai, mientras que su
106
Citadas en
Africa Research Bulletin
, vol. 47, núm. 1, 2010.
50
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
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XLVIII
:
1, 2013
partido se ha comportado en forma pragmática y ágil, sin caer
en provocaciones.
En 2011, surgieron desacuerdos entre los firmantes del
Acuerdo Político Global que se han traducido en una parálisis
de la transición. En la cumbre de la Comunidad de Desarro-
llo del Sur de África, de agosto de 2011, en Angola, hubo un
cambio en la Troika, con la salida de Mozambique para dejar
su lugar a Tanzania, lo que ha retrasado la propuesta para el
proceso electoral y constitucional.
Los desacuerdos más importantes emergieron entre las
partes: con posiciones distintas en cuanto a la naturaleza que
debería asumir el poder ejecutivo en la nueva Constitución,
con un presidente ejecutivo con amplios poderes (
ZANU
-
PF
)
o un poder ejecutivo compartido entre un presidente y un
primer ministro. También había controversias en cuanto a
la fecha para las elecciones y si debían llevarse a cabo aunque
no se hubiese promulgado una nueva Constitución (posición
de la
ZANU
-
PF
). La duración del gobierno incluyente también
era tema de discusión, debido a que se temía que mantenerlo
por mucho tiempo podría provocar su colapso. El régimen de
Mugabe condicionaba el avance del proceso de transición al
levantamiento de las sanciones internacionales impuestas a sus
funcionarios y al país, mientras que las dos facciones del
MDC
no compartían esta condicionalidad.
107
La elaboración del proyecto de Constitución era otro de
los puntos de conflicto. Estaba bajo la dirección de un Comité
Selecto de Asuntos Parlamentarios Constitucionales, cuya
formación fue cuestionada por organizaciones de la sociedad
civil y por el
MDC
-
T
, porque no se le consideraba incluyente
ni abierto, y se acusaba a la
ZANU
-
PF
de manipular el proceso,
con la participación de ex militares.
Sin embargo, en 2012 se logró un avance trascendental: en
julio los signatarios del Acuerdo Político Global firmaron el
proyecto final de la nueva Constitución, que será sometido a un
referendo popular y, de ser aprobado, la nueva Constitución se-
rá el fundamento para las elecciones generales antes de junio de
2013, cuando concluirá el actual término presidencial de Muga-
107
Africa Research Bulletin
, vol. 48, núm. 6, 2011.
VARELA
-
FERNÁNDEZ
:
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:
TREINTA
AÑOS
DE
VIDA
51
be. Una de las reformas más importantes es la reducción del po-
der del jefe de Estado, con un incremento del poder del Parla-
mento. La Unión Europea anunció la posibilidad de aminorar,
condicionadas al avance del proceso democrático, las sanciones
impuestas a Zimbabwe, pero mantendría las restricciones a Mu-
gabe.
108
El futuro de Zimbabwe es incierto, aunque nuevamente
promisorio: se vislumbra una luz en el camino.
Dirección institucional de los autores:
Hilda Varela Barraza
Centro de Estudios de Asia y África
El Colegio de México
Camino al Ajusco 20
Pedregal de Sta. Teresa, México, D.F.
hvarela
@
colmex.mx
Jorge Fernández Ruiz
Centro de Estudios Económicos
El Colegio de México
Camino al Ajusco 20
Pedregal de Sta. Teresa, México, D.F.
jfernan
@
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