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[231]
CULTURA Y SOCIEDAD
UN INTENTO PARA RECUPERAR
UNA HISTORIA PERDIDA. LA
LITERATURA DE LOS INMIGRANTES
JAPONESES EN CANADÁ Y SUZUKI
ETSU, PERIODISTA DE LA DIÁSPORA
YOSHIKI HIDAKA
Universidad de Educación de Nara
Los inmigrantes japoneses en Canadá y su literatura
Al enfocarnos en el estudio de los inmigrantes japoneses en
Canadá, el mayor obstáculo que encontramos es el intervalo
histórico a causa de la Segunda Guerra Mundial.
La guerra del Pacífico entre Japón y Estados Unidos estalló el
8 de diciembre de 1941 y con este motivo todas las posesiones de
los nipocanadienses fueron confiscadas y toda persona de ascen-
dencia japonesa, sin importar si pertenecía a la segunda o tercera
generación, fue llevada de manera forzada a los campos de con-
centración construidos a cien millas al oriente de la costa del
Pacífico. Más de veinte mil japoneses que vivían en Vancouver
y otras áreas a lo largo de la costa perdieron sus casas y tuvieron
que mudarse, sólo se les permitió llevar una maleta por persona.
Además, inmediatamente después del comienzo de la
guerra, con excepción de los periódicos en inglés publicados
por japoneses de la segunda generación, las publicaciones de la
comunidad japonesa fueron suspendidas. También, la mayoría
de los materiales en japonés eran considerados “documentos de
espías” y fueron quemados o eliminados de otra forma.
Después de que concluyó la guerra, a los japoneses que es-
taban en los campos de concentración se les dio la opción de
mudarse a Toronto o de renunciar a la ciudadanía canadiense y
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volver a Japón, fue después de 1949 que se les permitió regresar
a la costa del Pacífico.
En 1952 se reabrieron las escuelas japonesas y gran cantidad
de japoneses volvieron a asentarse en Vancouver; no obstante,
el lapso de diez años casi terminó con la antigua comunidad.
La guerra también causó la destrucción de gran cantidad
de materiales y documentos históricos. Por esta razón, al
término de la contienda, los estudios sobre los inmigrantes
japoneses en Canadá se han hecho a través de entrevistas con
los japoneses de la primera generación. Esto fue algo de suma
importancia para recuperar los escasos documentos que habían
escapado de la destrucción y para registrar los testimonios de
los pocos testigos sobrevivientes. Para tener un panorama de la
comunidad japonesa de antes de la guerra, una valiosa fuente de
información es el
Tairiku Nippô
, uno de los pocos periódicos
que no se perdieron.
Tairiku
comenzó a publicarse en 1907 y
se suspendió en 1941, dos días antes de que estallara el conflicto
bélico; estaba escrito en japonés, tenía una enorme circulación
y era leído por un gran número de miembros de la comunidad.
Casi todos los números, desde 1908 a 1941, han sobrevivido
milagrosamente, aunque se dice que la colección estuvo a un
paso de ser consumida por el fuego en un cuarto de calderas.
Mi investigación empezó con el análisis de los microfilms
del
Tairiku Nippô
. Al principio, los iba leyendo simplemente
para confirmar los grandes sucesos históricos plasmados en los
artículos del periódico; sin embargo, pronto me di cuenta de
un hecho bastante obvio en otras circunstancias: el contenido
de los artículos estaba dirigido a un público muy limitado y
específico, los inmigrantes japoneses.
Al tomar esto en consideración no es difícil comprender
que las noticias, al igual que las novelas, los ensayos, los repor-
tajes, los diarios de viaje, etcétera, tienen algo en común muy
especial; en otras palabras, aunque a primera vista parecían es-
tar dirigidos al público en general, en realidad habían sido
escritos teniendo en mente un público extremadamente limi-
tado; limitado geográficamente y para una clase en particular.
En este punto, me di cuenta del hecho de que si tomaba a la
comunidad de inmigrantes japoneses y la revaloraba como la co-
munidad de lectores de
Tairiku Nippô
obtendría una imagen clara
YOSHIKI
HIDAKA
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UN
INTENTO
PARA
RECUPERAR
UNA
HISTORIA
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del objetivo de los artículos y de las piezas de literatura ahí pu-
blicadas. Naturalmente, el problema no es cómo los inmigran-
tes leen en realidad y de qué manera entienden los artículos; lo
que yo quería analizar aquí es cómo los articulistas del
Tairiku
Nippô
imaginaban a sus lectores y qué tipo de mensaje deseaban
transmitir; es decir, cómo “podían haberse leído” sus artículos.
Cuando uno considera el discurso literario como un acto
dinámico, un lugar de comunicación, pensar en la forma como
fue leído se convierte en algo tan importante como pensar en la
forma en que fue escrito. Al analizar el discurso literario en de-
talle, desde el doble punto de vista de quien escribe y de quien
lee, creo que es posible arrojar nueva luz sobre la historia de los
inmigrantes japoneses en Canadá, la cual fue borrada por la
Segunda Guerra Mundial. Un acercamiento con una orienta-
ción literaria puede contribuir a los estudios de la historia de
la inmigración.
En este ensayo utilizaré como estudio de caso los diarios
de Suzuki Etsu, editor en jefe del
Tairiku Nippô
. Me enfocaré
en las características de su discurso y a quién va dirigido y tra-
taré de elucidar sobre la situación de la comunidad japonesa en
Canadá durante el periodo anterior y el posterior a la Primera
Guerra Mundial.
Suzuki Etsu, un periodista japonés de la Diáspora
Susuki Etsu (1886-1833) es bien conocido por haber sido amante
de Tamura Toshiko y después su marido (se casaron en 1923);
en mayo de 1918 viajó a Vancouver, pueblo del este de Canadá.
Le habían ofrecido el puesto de editor del
Tairiku Nippô
, un
periódico japonés que se publicaba ahí. Un año antes había
terminado la traducción de la obra maestra de Tolstoi,
La guerra
y la paz
, junto con Shimamura Hôgetsu, quien había sido su
maestro desde que estaba en el Departamento de Literatura de
la Universidad Waseda. Después, recibió invitaciones para es-
cribir no sólo en la revista de su universidad,
Waseda Bungaku
,
sino también en otras publicaciones, como
Taiyô, Yûben, Bun-
shô Sekai
, etcétera. Comenzaba a hacerse de un nombre como
escritor mientras trabajaba como periodista en el
Tokyo Asahi
.
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Muchas fueron las razones por las que a esta altura de su
vida decidiera irse a Canadá: por una parte, sus cuatro hijos
habían muerto, uno tras otro, y, por otra, se había separado
de su esposa y se encontraba viviendo con Tamura Toshiko.
Todos los escándalos alrededor de su vida privada le hacían
insoportable seguir residiendo en Japón, así que Etsu dejó su
trabajo en el
Asahi
, en abril de 1918, y se embarcó desde Yoko-
hama, el 30 de mayo, para cruzar el océano Pacífico.
Toshiko se reunió con él en Vancouver, en noviembre de
ese mismo año. Suzuki escribió para el
Tairiku Nippô
hasta 1924
y, después, hasta 1932 para el
Nikkan Minshû
, un periódico que
él había fundado. A lo largo de su trabajo, la suya fue una voz
sobresaliente de la comunidad japonesa en Canadá; además, par-
ticipó activamente en el movimiento por los derechos laborales
de los inmigrantes japoneses. En 1932 regresó a Japón, donde
murió de manera repentina un año después, en 1933.
Suzuki Etsu (1886-1933)
1886
Nace en la prefectura de Aichi.
1907
22 años
Se casa con Hikosaka Kane.
1910
25
Se gradúa de Waseda, entra al periódico
Yorozu Chôhô
.
1911-1913
26-28
Escribe y traduce (novelas y ensayos).
1915
30
Conoce a Tamura Toshiko, publica algunas novelas.
1917
32
Entra al periódico
Tokyo Asahi
. Publica su
traducción de
La guerra y la paz
. Empieza a vivir
con Tamura Toshiko. Deja el
Tokyo Asahi
.
1918
33
Se muda a Canadá. Entra al
Tairiku Nippô
, como editor
en jefe. Tamura Toshiko se reúne con él en Canadá.
1920
35
Se convierte en asesor del Sindicato de Trabajadores
Japoneses.
1922
37
Se divorcia de Kane. Se convierte en funcionario de
la Sociedad Japonesa.
1923
38
Se casa con Tamura Toshiko.
1924
39
Deja el
Tairiku Nippô
. Funda el
Nikkan Minshû
.
1925-1931
40
Hace campaña por los derechos de los trabajadores.
1932
47
Regresa a Japón temporalmente. Es conferencista
en la Universidad Jochi y en la Universidad Meiji.
1933
48
Muere en Toyohashi, prefectura de Aichi.
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UN
INTENTO
PARA
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UNA
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La principal investigación sobre este personaje es
Suzuki
Etsu, el periodista que enlazó Japón y Canadá
, hecha por Tamura
Norio. En esta obra, la vida de Suzuki es tratada en conexión
con su niñez y crianza. Los datos que ahí aparecen fueron de
gran utilidad en la elaboración de este ensayo. Existen otros
estudios que se han enfocado en la relación de Etsu con Tamura
Toshiko después de emigrar a Canadá.
En este ensayo me he concentrado en los textos en los cuales
Etsu describe sus experiencias en el trayecto de Japón a Canadá.
¿Cómo recibieron los lectores del
Tairiku Nippô
los artículos
que él publicó en el periódico inmediatamente después de su lle-
gada a Vancouver? Entre los factores que influyeron en su tra-
bajo cabe mencionar no sólo su salida de Japón para dirigirse
a Canadá sino también la situación internacional al final de
la Primera Guerra Mundial, y después la Revolución Rusa,
así como los movimientos antijaponeses que tuvieron lugar
en Canadá y la forma como los inmigrantes les hacían frente.
El viaje de Japón a Canadá, la toma de las colonias cana-
dienses por el gobierno ruso, la presentación de los hechos a
los inmigrantes japoneses en Canadá; en la intersección de to-
dos estos niveles de discurso podemos situar a Suzuki Etsu co-
mo periodista de la Diáspora.
El año 1918 para los inmigrantes japoneses en Canadá
Desde el punto de vista de la situación internacional, 1918, el
año cuando Suzuki Etsu se fue a Canadá, es un año crucial.
En el otoño llegó a su fin la Primera Guerra Mundial, que
había durado cuatro años. Desde el verano, cuando las tropas
japonesas invadieron Siberia para interferir en la Revolución
Rusa que se había iniciado el año anterior, la enemistad entre
Japón y Estados Unidos se había vuelto más obvia aún. Ante
esto ¿cuál era la posición de la comunidad japonesa en Canadá?
Antes que nada, volvamos unos años atrás y veamos las
situaciones por las que los inmigrantes japoneses en Canadá
tuvieron que pasar durante la guerra. Como es bien sabido, la
Primera Guerra Mundial fue un conflicto militar sin preceden-
tes entre los países de los poderes aliados, agrupados en torno
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de Reino Unido, Francia y Rusia, y aquellos de los poderes
centrales agrupados alrededor de Alemania y Austria. Por ser
Canadá un territorio bajo el dominio inglés, en los campos de
batallas sus tropas lucharon bajo la bandera británica. Actuando
conforme al Tratado Anglojaponés, Japón se unió a la guerra
y reclamó territorios en China, que en ese momento estaban
bajo arriendo de Alemania, y las colonias de Alemania en el
Pacífico. Así, en la Primera Guerra Mundial, Japón y Canadá
lucharon del mismo lado.
Este hecho atrajo la atención de Yamazaki Yasushi (1871-
1946), editor en jefe del
Tairiku Nippô
y presidente de la
Asociación de Inmigrantes Japoneses en Canadá. Yamazaki
había tratado de luchar contra el movimiento antijaponés que
estaba tomando ímpetu en Canadá antes de la guerra; uno de
sus grandes deseos era obtener la ciudadanía para sus compa-
triotas, y con el fin de lograr ese objetivo se le ocurrió la idea
de reunir un grupo de soldados voluntarios que fueran a luchar
en el frente de batalla europeo.
Yamazaki había nacido en el año 3 de Meiji (1871), era
el tercer hijo de una familia samurái en Toyama y al cumplir
los 12 años se trasladó a Tokio; a los 19 se fue a Estados Uni-
dos. Después de pasar un tiempo como marinero de tercer
rango en un barco estadounidense y de haber viajado alrededor
de América del Norte, en la segunda mitad de la década de 1890
se asentó cerca de Vancouver en el suburbio de Steveston, un
sitio donde vivían muchos pescadores japoneses. Aquí empezó
a darse a conocer por primera vez al organizar un sindicato de
pescadores y, más tarde, en marzo de 1908, al adquirir el
Tairiku
Nippô
, el cual había sido fundado diez meses antes, pero que ya
estaba en problemas financieros. En 1909, Yamazaki estableció
los fundamentos de la Asociación de Inmigrantes Japoneses en
Canadá y se convirtió en su primer presidente. Las personas
que lo conocieron lo describen como un hombre brusco y
algo autoritario; por su carácter fue el líder de la comunidad
japonesa en Canadá.
El movimiento japonés por los derechos civiles y la ciu-
dadanía se había iniciado en 1899 con la acción legal contra el
gobierno canadiense emprendida por Honma Tomekichi. En
ese entonces, los japoneses carecían de un representante en el
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INTENTO
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Parlamento, por lo que había leyes que de haber sido aproba-
das hubieran lesionado sus derechos; no había nadie que los
protegiera. El “caso Honma”, como fue denominado, llegó a
discutirse aun en el Concilio, en Reino Unido; a pesar de eso,
terminó con la derrota de Honma. Fue una batalla legal que
atrajo la atención de muchos de los inmigrantes japoneses y Ya-
mazaki fue uno de los más apasionados partidarios de Honma.
La Primera Guerra Mundial fue una gran oportunidad
para que los inmigrantes japoneses incrementaran la pre-
sión sobre el gobierno canadiense para que reconociera sus
derechos. Al participar en la guerra como un grupo de “volun-
tarios patriotas” (
giyûhei
) intentaban probar su entrega a Ca-
nadá y a Reino Unido y con esto adquirir el estatus de “ciu-
dadanos canadienses”; estatus que estaría más allá de la raza o
la etnia y garantizaría sus derechos civiles, como el derecho al
voto y a participar de manera activa en la vida política del país.
Desde marzo de 1915, el
Tairiku Nippô
lanzó una larga cam-
paña por los derechos civiles de los inmigrantes nipones en
Canadá.
Los voluntarios japoneses que se congregaron, en no-
viembre de 1915, atendiendo el llamado de la Asociación de
Inmigrantes Japoneses en Canadá empezaron a prepararse para
la batalla usando los fondos donados por los miembros de la
Asociación, mientras esperaban que el gobierno canadiense
los llamara a las armas, cosa que lamentablemente no sucedió.
Yamazaki, incapaz de contener su frustración, viajó a Otta-
wa en abril del siguiente año para un encuentro con el gobier-
no de Canadá; después de veinte días, durante los cuales sostuvo
negociaciones directas e indirectas, volvió a Vancouver con los
resultados que había esperado. El mismo día de su regreso or-
ganizó una reunión en la Asociación e informó a los miembros
que si el número de voluntarios armados era inferior a 1 100
hombres (los que habían sido considerados aptos para la guerra
por la Asociación eran sólo 202) no se les permitiría partici-
par como un batallón independiente (en realidad, según otras
fuentes, los miembros antijaponeses en el Congreso pudieron
ver en la intención de Yamazaki de utilizar a los
giyûhei
, su
deseo de obtener derechos civiles para los inmigrantes, por lo
que se opusieron).
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Como resultado, en este punto la idea de mandar a los
giyû-
hei
al frente de batalla como un batallón independiente fue aban-
donada y el grupo de voluntarios se disolvió. La única solución
era que los soldados fueran a Calgary, Alberta, y se presenta-
ran como voluntarios. Del grupo original de
giyûhei
, sólo unos
30 o 40 hombres (el número difiere según la fuente) que pudie-
ron pagar su traslado hasta Calgary fueron enviados a Europa
a pelear como miembros de las tropas de infantería de Alberta.
Más tarde, otros soldados voluntarios japoneses siguieron sus
pasos y optaron por unirse a las tropas canadienses en Calgary.
En junio de 1916, cuando los primeros japoneses llegaron a
las zonas de guerra en Europa, la batalla era intensa y el avan-
ce lento. Los reportes enviados por los soldados desde el frente
fueron publicados en el
Tairiku Nippô
como parte de una des-
cripción detallada y vívida sobre la guerra.
En diversas ocasiones, las noticias acerca de muertes y
contingencias aparecieron en las páginas de este diario aun
antes de que fueran hechas públicas por el gobierno de Ottawa.
También, algunos de los soldados que escribían los reportes
murieron durante las batallas, lo cual hizo que la experiencia
de la guerra fuera mucho más real para los japoneses residentes
en Canadá. En el
Tairiku Nippô
se podía leer sobre la vida de
los soldados en el frente, su muerte, las ceremonias fúnebres a
cargo de la Sociedad Budista de Canadá; todo esto apareció en
las páginas del periódico desde 1916 hasta el fin de la guerra,
en 1918, y aún más, hasta principios de 1919.
Para Japón la Primera Guerra Mundial fue, por una parte,
una gran oportunidad para consolidar su poder imperial en
China y en el este de Asia; por la otra, las adquisiciones espe-
ciales para la guerra le dieron un impulso sin precedente a la
economía. La misma guerra, para los inmigrantes japoneses en
los territorios británicos de Canadá, fue una intensa experiencia
que había empezado como una reacción contra la discrimina-
ción racial y la desigualdad económica. Esto es precisamente
porque 1918 fue el año que terminó la guerra y también el año
cuando tuvo que empezar la lucha de los inmigrantes por los
derechos humanos y civiles.
Desafortunadamente, en 1918, Yamazaki Yasushi, el
hombre que podría haber sido el líder de este movimiento,
YOSHIKI
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ya no se encontraba en Canadá. Según la biografía incluida en
Footprints
, en 1917 “regresó a Japón en septiembre, luego viajó
por el norte de China, Manchuria, Siberia y vivió ahí durante
un tiempo. Cuando estaba en Houten estuvo a cargo de la
sucursal Houten del periódico
Manshû Nichinichi
durante dos
años”. Mientras su esposa estaba en Canadá administrando sus
negocios y el
Tairiku Nippô
, él permanecía en China; regresó
a Vancouver en octubre de 1921.
No se sabe con claridad por qué Yamazaki salió de Canadá
en 1917; por el momento en que esto ocurrió, es posible que
haya sospechado que aun después de que muchos japoneses
hubieran peleado en Europa, resultando heridos o muertos, la
lucha por los derechos de los inmigrantes llegaría a un punto
muerto al término de la guerra. De hecho, el sentimiento an-
tijaponés que parecía haberse aquietado durante la guerra vol-
vió a renacer con mayor virulencia después de que los soldados
regresaron del frente, debido al excedente de mano de obra
y a los problemas en torno de su reintegración a la sociedad.
Se abandonó la idea de ciudadanía para todos los inmi-
grantes japoneses, y no sólo eso, sino que aun a los soldados
que habían luchado en los frentes de batalla en Europa se les ne-
gó el derecho de convertirse en ciudadanos canadienses. Los
veteranos de guerra finalmente obtuvieron el derecho a votar
en 1931, es decir, trece años después.
Fue en este contexto que Suzuki Etsu, probablemente
invitado por Yamazaki, decidió ir a Canadá. Sería el editor
en jefe del
Tairiku Nippô
en sustitución de Yamagata Shigezô,
quien también había participado en el movimiento por los de-
rechos civiles.
El
Tairiku Nippô
y sus lectores
El primer artículo que Suzuki Etsu escribió para el
Tairiku
fue
publicado justo cuatro días después de haber sido nombrado
editor en jefe y llevaba el título:
Fune no naka de
(A bordo del
barco), con el subtítulo:
Algunos pensamientos disparatados
, en
lugar del saludo formal al asumir el cargo; apareció el 15 de
junio de 1918. Se trata de una anécdota ocurrida durante el viaje
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de Etsu de Yokohama a Canadá donde relata su encuentro con
un grupo de esposas jóvenes, quienes habían contraído matri-
monio a través del sistema “esposa de fotografía”. ¿Cuál puede
haber sido la motivación de Etsu para elegir esta anécdota como
el tema de su artículo de saludo en el
Tairiku
? Empieza así:
Por primera vez veía la clase de mujeres que se casaban por medio de
una fotografía de esposa; son mujeres ordinarias, jóvenes común y co-
rrientes y, legalmente hablando, por lo menos, ellas son ya las esposas
de alguien. No son ni más ni menos hermosas que todas las solteras de
su edad que podemos ver en Japón, y aun así, ¿por qué es que ser esposa,
“esposa de fotografía”, causa tantos problemas?
Ser “esposa de fotografía” era una práctica común entre los
inmigrantes a Norteamérica. Los hombres japoneses que tra-
bajaban en Canadá y querían casarse con mujeres de su misma
nacionalidad, pedían que se las enviaran después de un breve in-
tercambio de fotografías, sin nunca haberlas visto en persona.
La parte legal del matrimonio (incluir el nombre de la mujer en
el registro familiar del hombre) también se arreglaba en Japón
antes de que ella partiera.
El hecho de que esta práctica se haya vuelto tan popular
está relacionado con las limitaciones que habían sido impuestas
a la inmigración libre, cuando los sentimientos antijaponeses
estaban en su peor momento. Conforme al Pacto de Caballe-
ros, firmado por los gobiernos de ambas naciones en 1907, sólo
400 personas tenían autorización para inmigrar cada año. Al
principio, las esposas y los hijos no estaban incluidos en esa
cifra, por lo que los japoneses que vivían en Canadá podían
llamar a su mujer que vivía en su país. La “esposa de fotografía”
era un uso que ya existía desde antes de la firma del pacto, pero
se volvió mucho más frecuente después. Como resultado, el nú-
mero de japoneses que se establecieron permanentemente en
Canadá, así como el número de mujeres, se incrementaron de
manera extraordinaria.
Por supuesto, debido a que esta práctica significaba que la
mujer tenía que viajar sola a un país extranjero teniendo como
única señal de su futura vida la fotografía de su marido, hubo
diversos problemas y malos entendidos. Algunas veces, él era
mucho más viejo que en la fotografía, o la casa y el automóvil
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INTENTO
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que aparecían en la fotografía no eran de su propiedad. Por
otra parte, en cuanto a las mujeres, algunas de ellas se habían
enamorado de algún compañero de viaje o alguien de la tripu-
lación durante el largo viaje por barco, y algunas otras huían
con otro hombre después de desembarcar en Canadá. Los casos
son demasiado numerosos para mencionarlos aquí, pero con
frecuencia ocupaban los encabezados de los periódicos, tanto
de Japón como de Canadá.
Sin embargo, para la comunidad japonesa, más que los desa-
fortunados incidentes fortuitos, una causa de mayor preo-
cupación era el hecho de que la sociedad del país anfitrión
encontraba esas costumbres difíciles de comprender. En Van-
couver, el disturbio ocurrido en 1907, cuando los sentimientos
antijaponeses estaban en su punto más alto, tuvo como uno de
sus objetivos precisamente el problema de la “esposa de foto-
grafía”, práctica que a la luz de la ética occidental debe haberles
parecido, por decir lo menos, algo excéntrica.
Acerca de las mujeres que encontró en el barco, Suzuki escri-
be, sin ocultar su sorpresa: “Debo admitir que me quedé asom-
brado por la audacia de todas ellas”. Aunque después de pen-
sar en las razones de su reacción, comenta: “No obstante, al
pensar en eso, si tomo en consideración la manera tradicio-
nal japonesa para casarse, mi sorpresa es injustificada”.
La única diferencia es la distancia: ¿ella se casa con un hombre de la aldea
vecina o del país vecino? El procedimiento para el matrimonio en sí
mismo no cambia realmente. ¿Existen, después de todo, tantas personas
que están felizmente casadas porque el suyo no fue un matrimonio con
una “esposa de fotografía”? Por supuesto que hay excepciones. Bueno
o malo, duradero o breve, el matrimonio libre, el matrimonio naci-
do del amor, no es tan raro en estos días. De cualquier forma, en el
Japón de nuestros tiempos, es aún la excepción.
En este fragmento, Etsu señala que la “esposa de fotografía”
no difiere fundamentalmente de otras prácticas en el matrimo-
nio tradicional japonés. Después de llegar a Canadá, de ver a su
esposo en persona y darse cuenta de la realidad acerca de sus
medios de vida, la joven esposa a veces pide el divorcio, escapa
o es forzada a aceptar un destino que es tan miserable como
“mascar arena”; respecto de estas situaciones se decía, por lo
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general, que el origen de todo mal no era otra cosa que la vani-
dad femenina, pero Etsu expresa su escepticismo sobre a esta
opinión:
La razón de su infelicidad se halla en un lugar más profundo, también
debemos reconocer el hecho que esta infelicidad es algo común a ambas
clases de casamientos. Tiene que ver con el hecho de que la mujer no
piensa en sí misma por sí misma; con el hecho de que ella no puede
imaginar el tomar su destino en sus propias manos, y lo último en orden
pero no en importancia, con el hecho de que ella no puede pensar en el
matrimonio como un asunto del corazón, no de forma y formalidad.
En suma, cuando uno se encuentra con la práctica de la “esposa de
fotografía” siente la misma sorpresa que estando frente a las prácticas
del matrimonio japonés tradicional.
Éste es el último párrafo del primer artículo que Etsu escri-
bió. Pero ¿qué intenciones están ocultas bajo sus argumentos?
Por ejemplo, desde que parte del problema de la “esposa
de fotografía” y luego desarrolla los temas hacia el asunto más
general de las “mujeres”, se debe hacer notar su actitud femi-
nista y mencionar que sus ideas no deben causar sorpresa en
un hombre que “dejó a su familia y su posición en Japón para
consagrarse a su amor por Toshiko y a su nueva vida en Ca-
nadá”. De cualquier manera, lo que aquí quiero dejar asentado
es el hecho de que él mencionara las “esposas de fotografía”
en su artículo inicial, el cual intentaba fijar su posición como
periodista.
El problema con la “esposa de fotografía” radica en la di-
ferente aproximación hacia el amor y el matrimonio, de la
sociedad japonesa y de las sociedades occidentales. El mismo
Etsu se había sorprendido por esta práctica. No es necesario
decir que la “esposa de fotografía” no existía como tal en Japón,
pues era más bien una forma especial que reflejaba la estructura
y los patrones de inmigración de la comunidad japonesa en
Canadá. En su artículo, Etsu primero menciona la peculiaridad
de esta práctica, luego la relaciona con las prácticas más antiguas
y tradicionales existentes en su país, Japón. Al hacer esto, la
“esposa de fotografía” se convierte en un fenómeno que puede
representar cualquier cosa, desde la manera de entender el amor,
el matrimonio, a las mujeres y a la familia, hasta la estructura
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de la cultura y la sociedad japonesas. Es un tema que se debe
discutir cuando consideramos las razones por las cuales Etsu
eligió este asunto para su primer artículo.
En otras palabras, lo que él hizo fue evitar subrayar la sin-
gularidad de las costumbres de los inmigrantes, que ya eran con-
sideradas como extrañas por la comunidad “blanca”; en lugar
de eso, al extrapolarlas, señaló con toda claridad los problemas
que tenía la sociedad japonesa en general. Si recordamos que el
público que Etsu tenía en mente al escribir este artículo eran los
lectores del
Tairiku Nippô
, es decir, los inmigrantes japoneses en
Canadá, su posición se vuelve aún más clara. No está tratando
de poner aparte a los nipocanadienses como creadores de una
“cultura” nueva y peculiar, sino más bien trata verlos como
parte de la cultura japonesa y así lograr que la “cultura” en sí
misma parezca relativa. Básicamente, está tratando de reanalizar
aspectos de la cultura y de las costumbres como asuntos indi-
viduales. Al incluir este tipo de discurso en su artículo inicial
se puede decir que intentaba educar a los lectores del
Tairiku
.
Pero ¿qué clase de educación tenía en mente?
El fugitivo
” y su signifi
cado
En el mes siguiente a de su artículo inicial, Etsu no publi-
có nada excepto los editoriales que debía escribir como edi-
tor del periódico. El primer escrito suyo, que apareció en el
Tairiku
con su firma, fue “Diario de un viajero”. La primera
parte fue publicada bajo el título de “El fugitivo” en diez en-
tregas, que van del 23 de julio al 3 de agosto. La segunda par-
te, “El viejo Lucas”, se publicó en cuatro entregas, del 21 al
24 de agosto. En ambos casos, al inicio de cada entrega usa la
expresión “Querida/o…”, y también cada vez que cambia de
tema, como si se dirigiera a alguien que viviera en Japón, a quien
el escritor le relata todas las cosas que ha visto o escuchado
durante su viaje.
De las dos partes de este trabajo, aquí me gustaría en-
focarme en “El fugitivo”. Primero lo resumiré brevemente.
El narrador,
yo
, ha salido de Yokohama y va rumbo a Van-
couver; en el barco conoce a un hombre joven, solitario, y se
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siente interesado por él y por su historia. Poco después des-
cubre que este joven ha escapado del tumulto de la Revo-
lución Rusa y busca refugiarse en Norteamérica. El narra-
dor, quien siente una gran afinidad espiritual con los ideales
de la Revolución, esto es, la “igualdad de derechos” y la “vida
libre”, al oír que el joven viene de Rusia confiesa: “Mi cora-
zón se agitó como si alguien hubiera pronunciado el nombre
de mi amada cuando yo menos lo esperaba”. Más tarde, se
sorprende al saber, por palabras del joven, que Rusia se había
convertido en un país desgarrado por los desórdenes, los robos
y la violencia. Después de conocerlo, el narrador experimenta
dos sentimientos contradictorios: por un lado siente “simpatía
y comprensión por la actitud del joven aristócrata” y, por el
otro, siente “antipatía por su indiscriminada aversión hacia
las masas”.
Este relato describe cómo el narrador comienza a sentir
que su creencia en los ideales de la revolución, y con ellos su
propia identidad, son sacudidos después de su encuentro con
el fugitivo ruso. Naturalmente, como no estamos tratando
con una novela, no es necesariamente equivocado suponer
que el narrador,
yo
, quien escribe el diario, es el mismo Etsu;
de cualquier modo, por razones prácticas, no abordaré este
problema y me concentraré exclusivamente en las técnicas
narrativas empleadas en el texto.
En los primeros párrafos del diario se cita un fragmento
de
Oku no hosomichi
(Las sendas de Oku) de Matsuo Bashô.
Esta obra es uno de los más famosos diarios de viaje clásicos
del periodo Edo. El narrador compara sus viajes con los de
su predecesor y dice: “Si pensamos en las condiciones de los
caminos y la transportación del pasado, entonces la empresa
de Bashô significó haber viajado a un sitio mucho más lejano
que al que yo voy viajando ahora, aun así, yo estoy cruzando el
océano; en mi corazón descubro que comprendo totalmente lo
que el viejo maestro debe haber sentido hace cientos de años”.
Mientras se identifica a sí mismo con Bashô, Etsu escribe acer-
ca de una clase de soledad que lo asalta en cuanto se aleja del
puerto de Yokohama. Esta melancolía es también una forma
de expresar la distancia psicológica que se forma entre él y las
personas que está dejando atrás.
YOSHIKI
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INTENTO
PARA
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Por eso en este momento te estoy escribiendo. Estoy seguro de que
tú, quien comprendes tan bien el alma de la gente, no me criticarás.
Querida/o…:
Han pasado únicamente unos cuantos días desde que mi barco salió
de Yokohama, pero durante este corto tiempo he visto, he sentido y
he aprendido cosas que son demasiado nuevas para mí. Si cierro los
ojos las veo desplegarse bajo mis párpados. Mi tarea para los siguientes
días es tratar de organizar todos estos nuevos sentimientos y sensacio-
nes, darles forma y compartirlos contigo, que aún estás en casa, en Japón.
La primera cuenta de mi cordel es la silueta de un fugitivo solitario que
vi el otro día sobre la cubierta de nuestro barco.(2)
1
La expresión “Querida/o…” es usada una y otra vez en el
texto, pero aquí por primera vez se dirige al destinatario del dia-
rio directamente como “tú”. Aquí el lector se identifica a sí
mismo con este
y se encuentra en una posición donde debe
cumplir con las expectativas de “comprender el alma de la
gente”.
Algo que no podemos ignorar es que el
ficticio del dia-
rio es alguien que está en “casa, en Japón”, y los lectores reales
de las entregas del periódico son los inmigrantes. Ellos tam-
bién, como el narrador, han viajado en un barco para cruzar
el océano desde Japón hasta Canadá y sus experiencias influi-
rán en la forma en que interpreten el texto. Por otra parte, al
identificarse con el destinatario del diario, alguien que toda-
vía vive en Japón, los lectores se encontrarán en una posi-
ción desde la que pueden percibir la relatividad de sus propias
experiencias. En otras palabras, los lectores se mantendrán
oscilando entre la posición del
o bien “Querida/o…”, la
persona destinataria del diario, que está en Japón, y la del
escritor mismo, el yo, quien, en el diario, está trasladándose
de Japón a Canadá.
Entonces, antes del encuentro del narrador con el joven
ruso, este texto contiene un ardid narrativo que integra la con-
ciencia de los lectores en el relato, como posibles participantes
de los sucesos que al cerrar sus ojos aparecen.
1
El número después de cada cita corresponde al de la entrega. [N. del T.]
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Querida/o…:
Todos los días veo la misma silueta en diferentes partes de la cubierta.
Y cada vez que lo veo, siento que de él se desprende una profunda, in-
descifrable melancolía y casi puedo oler su odio y su furia.
. No es algo
dirigido contra cierta cosa o contra cierta persona; su desprecio está di-
rigido hacia toda la humanidad, hacia el mundo entero. Esta actitud
me atemoriza, pero al mismo tiempo, también me siento arrastrado
hacia él.(3)
La misantropía y la melancolía de este joven, atraen al na-
rrador de manera extraña. La soledad del muchacho refleja su
propia soledad. Su tristeza mantiene alejado hasta al “hombre
blanco” más humorístico y locuaz, pero es esta misma tristeza
la que atrae al narrador yo. “Mientras todos los demás estaban
aprendiendo a mantener su distancia yo me sentía más y más
atraído hacia él”.
“A menos que uno sea totalmente tonto, era obvio a la
vista que él no era un obrero de nacimiento”, dice el narrador.
Deja volar su imaginación: “Quizás sea un serbio de la remota
Península de los Balcanes…”. “En ese caso, en verdad me gus-
taría estrechar su mano”.
Éste fue el punto de partida para mi imaginación. En algún momento
me di cuenta, para mi sorpresa, que este joven ocupaba todos mis pen-
samientos. Traté de imaginarlo viviendo en este pequeño país pisoteado
por un enemigo grande y cruel, donde padres e hijos, esposos y esposas,
hermanas y hermanos son asesinados o hechos prisioneros o pierden
la pista unos de los otros, se disgregan por causa de la cruel guerra a su
alrededor. Entonces, casi estaba seguro de haber comprendido la sombra
que a veces cubría los ojos del joven cuando alzaba la vista al cielo.(4)
El narrador ve al muchacho como una de las víctimas de
la guerra, como un refugiado político y siente compasión por
él. El contraste entre la actitud del narrador y aquella de los
“hombres blancos despreocupados” equipara la aflicción y el
dolor que deben sufrir los inmigrantes debido al movimiento
antijaponés de los canadienses.
Cierto día, el narrador no ve al joven en el lugar donde
solía estar y va a buscarlo “no sólo en la cubierta de segunda
clase, la nuestra, sino también en las otras”; para su sorpresa,
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lo descubre en un rincón de la cubierta de tercera clase y cae en
la cuenta de que en realidad es un polizón que viene de Rusia.
¡Rusia! ¡Rusia! ¡Una nación que sentimos tan cercana! Donde están ha-
ciendo todo lo posible para cambiar los viejos valores, los antiguos estilos
de vida; ¡triste e intrépida Rusia!, sufro por ellos, lloro por ellos, re-
zo por su futuro; cuando supe que ese joven era ruso sentí un súbito
impulso de bailar de alegría frente a él.(6)
Pero la reacción del joven ruso ante el entusiasmo del na-
rrador fue muy diferente a la esperada. Afirma que Rusia “no
es otra cosa que disturbios, hurtos y violencia” y que la culpa
de todo es de Lenin y los bolcheviques.
El narrador, quien se había sentido atraído hacia el joven
ruso debido a su aire melancólico, queda desconcertado por
su inesperada reacción. Antes de referirnos al cambio que
tiene lugar en la conciencia del narrador, primero analizaré el
discurso que usa para describir al joven.
En ese entonces, las ciudades portuarias de Japón, incluso
Yokohama, eran sitios de residencia de gran cantidad de gente
rica y miembros de la aristocracia que había huido de Rusia,
o, por el contrario, de estadounidenses pro bolcheviques que
estaban de paso en Japón cuando iban de camino hacia Rusia. El
narrador cuestiona al joven sobre este hecho.
—¿Sabe que hay mucha gente de su país en Yokohama?
—Sí, pero son meros socialistas y anarquistas vulgares.
—¿No le gusta la gente con algún credo?
Él no dio una respuesta clara a esta pregunta. Únicamente alzó la
voz sin siquiera mirarme.
—¡Odio la vulgaridad y la violencia en todas sus formas!
Su vista estaba fija en algo por sobre mis hombros. No me había
dado cuenta de eso, pero a mis espaldas se había reunido un grupo de
pasajeros japoneses de tercera clase que nos miraban fijamente con ojos
cansados. Algunos de ellos vestían viejos pantalones tipo
hakama
ceñi-
dos con sucias fajas, otros traían kimonos acolchados. Unos parecían
enfadados, mientras otros aburridos y somnolientos. La mirada del
joven estaba llena de desdén; de repente gritó:
—¡Ésta es la clase de gente que medra y alardea ahora en Rusia!(7)
Al describir la situación en Rusia y al expresar su desprecio,
el joven también sugiere indirectamente que hay una rela-
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ción entre los pasajeros de tercera clase y los revolucionarios
bolcheviques. Al mismo tiempo, los lectores del
Tairiku
, los in-
migrantes trabajadores en Canadá, son objetivo de sus odiosos
comentarios. De este modo, los lectores deben incorporar
ambos aspectos: el aprecio que el narrador siente por Rusia y
el desprecio que siente el joven.
Una vez que nos hemos dado cuenta de esto, queda clara
la dirección a la que se apunta el diario. El encuentro con el
joven ruso genera “dos sentimientos opuestos” en la con-
ciencia del narrador. Al describir la simpatía y los sentimien-
tos antagónicos que el yo narrador experimenta frente al
acaudalado fugitivo, de hecho está dando a entender que en la
revolución hay algo más que una lucha de clases. El problema
que debemos considerar aquí es la forma en que son percibidas
las masas, los revolucionarios rusos, así como los lectores de
los diarios.
En Rusia las masas ya no son lo que la palabra originalmente describe.
Ya no son un “pueblo”, son una “chusma”, una mera multitud de ton-
tos. Bajo su mando, la vida es aún más difícil que bajo la dirección del
anterior régimen de burócratas. Mi aversión hacia la burocracia y su
ceguera es tan fuerte como la que siento hacia la necedad; ninguna de
ellas muestran respeto por el individuo, por sus derechos y libertades.
Como resultado, por medio de nuestra lucha debemos aspirar a vencer
la burocracia y reemplazarla por el gobierno de los antiguos “tontos”
que han sido elevados al estatus de “pueblo”. El verdadero mejoramien-
to de nuestras vidas únicamente puede ser garantizado por una forma
de gobierno que sintetice la individualidad. Aunque no podía evitar
el desagrado que siento por la misantropía indiscriminada del joven,
cuando pensaba en la situación en la que estaba Rusia, me di cuenta de
que tenía que estar de acuerdo con él.(8)
Este pasaje pone en claro la posición del yo respecto de las
masas. El problema es, en realidad, cómo elevar a los “tontos”
al estatus de “pueblo” y cuál es exactamente el significado de
“una forma de gobierno que sintetice la individualidad”.
Después de conocer al joven, el narrador, acostado sobre
la cama y sin poder dormir, examina cuidadosamente los acon-
tecimientos del día; de repente, se da cuenta de que el rostro
del ruso le recuerda al de un joven obrero a quien había visto en
la línea Chûô. Evoca el momento cuando escuchó a ese jo-
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ven cantando en el tren: se había sentido sanado y purificado y
había pensado que sus sentimientos habían sido influidos por
la inocencia del muchacho. “Está cantando simplemente como
cantaría cualquier ave al comenzar la primavera”, “su canto,
que sólo surge de la pureza de su juventud, puede apaciguar el
corazón humano”, dice, y luego continúa:
Mientras no se echen a perder, aunque sean incultos, son hermosos,
sanos y magníficos. La gente a mi alrededor no es tan hermosa ni tan
pura como este joven obrero. Los educados y los cultos son estropeados
por su educación y conocimiento. La gente a la que llamamos “tonta”
no pertenece necesariamente a la clase baja: tanto la clase media como
los aristócratas tienen sus propios tontos legítimos.(10)
¿Qué quiere decir aquí el narrador con “echar a perder”? La
inocencia y la pureza son presentadas como cualidades dignas
de todo elogio, pero son bastante susceptibles de “ser echadas a
perder”. La educación y el saber pueden resultar “dañinos”.
En seguida, el narrador presenta a los miembros de la Dieta, a
los burócratas, a los militares como ejemplos de “tontos” que
han sido “estropeados”:
En el mundo actual, las únicas personas que pueden decir lo que pien-
san en voz alta y con libertad son probablemente los niños. Los niños,
igual que los dioses, siempre pueden hablar con sus propias voces. Echar
a perder significa básicamente pervertir y corromper esta belleza. Todos
los esfuerzos humanos que se hagan bajo el nombre de “revolución” o
“mejoramiento”, ya sea personal, del Estado o de la sociedad, deberían
aspirar a eliminar esta corrupción […] No les deberíamos enseñar que
“Esto está prohibido”, sino que entre las cosas que tradicionalmente es-
tán prohibidas, ellos tienen que descubrir por sí mismos las cosas que
“se pueden hacer” y las que “se deben hacer”.(10)
Como el narrador dice aquí, quienes “echan a perder” son
aquellos que dicen que esto o eso “está prohibido”. Ésta es,
obviamente, una metáfora de la estructura de poder, y el asunto
en cuestión es cómo preservar las libertades individuales y el
pensamiento libre en el contexto dado. Si tomamos esto en
consideración, entonces podremos explicar por qué el narra-
dor simpatiza con el hecho de que el joven haya huido de la
revolución rusa y su tumulto, aunque no es claro si él mismo
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pertenecía a las clases acomodadas. En resumen, en cuanto al
derecho del individuo a rebelarse contra la autoridad, no es
importante ser miembro de cierta clase o grupo étnico.
Querida/o…:
Éste es el camino que debemos recorrer. Ante todo, debemos pensar en
esto como un problema interno del individuo y no como algo externo.
Tenemos que empezar por despojarnos de todas las afectaciones inúti-
les que dañan nuestros corazones. Estoy seguro de que ésta es la angustia
que este muchacho, quien detesta tanto la violencia, está tratando de su-
primir en el fondo dentro de su alma. Es lo que he llegado a comprender
con ese encuentro. Por eso ahora puedo pensar en él, de nuevo, como
alguien que mi corazón aprecia.(10)
Dos días después de que el narrador llegara a esta con-
clusión, el barco toca Victoria, en la costa occidental, y el
diario termina con una hermosa descripción del “continente
norte”. Después de esto, él nunca volverá a ver al joven ruso.
Sin embargo, es bastante claro que este texto fue escrito con
la intención de echar luz sobre el dilema de los inmigrantes
japoneses en Canadá frente a los problemas de la participación
voluntaria en la guerra y la lucha por los derechos civiles. En el
último capítulo de este trabajo me enfocaré en estos problemas
y examinaré más de cerca el discurso de Suzuki Etsu.
La comunidad japonesa en Canadá y Suzuki Etsu
Después de convertirse en el editor en jefe del
Tairiku Nippô
y
en un líder de opinión para la comunidad japonesa en Canadá,
Suzuki Etsu siguió mejorando el periódico al contribuir con
artículos y editoriales claros, escritos con palabras que todos
sus lectores pudieran entender.
En cuanto a la Primera Guerra Mundial, la situación había
empezado a calmarse en junio de 1918 cuando Etsu asumió su
puesto en el
Tairiku
, por lo que el número de artículos sobre
los
giyûhei
comenzó a disminuir. No obstante, las noticias
acerca de los muertos en la guerra así como las conmemora-
ciones celebradas en su honor continuaron apareciendo en el
YOSHIKI
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PARA
RECUPERAR
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HISTORIA
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periódico. Por ejemplo, durante las entregas de “El fugitivo”,
el diario de uno de los trabajadores del
Hitachi Maru
(el na-
vío japonés que había sido capturado y posteriormente hundido
por los alemanes) fue publicado en el
Tairiku
, bajo el título de
Sônanki
. Además, más tarde, durante el verano, la invasión a
Siberia por el ejército japonés y las reacciones de Occidente
a ese acontecimiento también se convirtieron en encabezados
del periódico durante muchos días.
Aunque la guerra era todavía material noticioso para la
prensa y lo seguiría siendo hasta la primera mitad de 1919, Etsu
nunca mencionó el tema de los
giyûhei
, ni en sus editoriales ni
en ningún otro artículo publicado por él. Como se mencionó,
Yamazaki, el fundador del
Tairiku Nippô
, también había sido
el cerebro del proyecto
giyûhei
, pero ni él ni Yamagata Shige-
zô se encontraban ya en Vancouver. Lo que originalmente
había sido una campaña centrada alrededor del
Tairiku Nippô
,
con el correr del tiempo desapareció en el aire.
En el editorial del 20 de marzo de 1920,
Tairiku Days
(
Tai-
riku sono hi sono hi
), al escribir sobre el derecho al voto con el tí-
tulo “Los repugnantes japoneses” (
Kirainukareta nihonjin
), Etsu
se refiere a los
giyûhei
por primera vez:
Hablando de manera teórica, puesto que están naturalizados, esto es,
son canadienses, los japoneses deberían tener exactamente los mis-
mos derechos que los otros “canadienses blancos”. Pero, de hecho,
“estar naturalizado” aparentemente no significa tener el estatus de
ciudadano canadiense, así que es natural que haya alguna clase de dife-
rencia respecto de sus derechos políticos. Siendo ésta la etapa alcanzada
por la naturalización de los japoneses en Canadá en este momento, no
es de sorprender que nuestro derecho a votar esté en discusión. Sin
embargo, no se puede aplicar la misma regla a los soldados japoneses
que regresaron del frente de batalla. Ellos pelearon como soldados cana-
dienses y algunos aun murieron como soldados de Canadá. El hecho
más importante es la forma en que partieron para el campo de batalla:
no fueron forzados a hacerlo sino que lo hicieron voluntariamente.
Deseosos ofrecieron sus vidas al ejército de Canadá. No hay ninguna
otra explicación para su acción espontánea, pero el hecho es que también
sienten amor por Canadá y están listos para sacrificarse por los grandes
ideales de la democracia, igual que otros soldados canadienses. La gue-
rra es un asunto demasiado serio como para suponer que se enrolaron
por diversión o por placer. Teniendo en consideración todo esto, uno
debe decir que el enrolamiento voluntario de los soldados japoneses
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es aún más valorado que el enrolamiento forzado de algunos de los
“canadienses blancos”.
El punto que Etsu destaca en este extracto es que el enro-
lamiento que se hizo por el libre albedrío es más valioso y una
mejor prueba de “amor por Canadá” que el enrolarse siguiendo
órdenes del Estado. El “amor por Canadá”, al que se refiere
Etsu, no es lo que generalmente se considera “patriotismo”;
tampoco entra en la misma categoría de ideas que las profesadas
por Yamazaki, el iniciador de los
giyûhei
. El discurso de Etsu
aborda el problema desde un ángulo totalmente diferente,
casi paradójico, puesto que en la primera mitad del fragmento
afirma que, con excepción de los soldados naturalizados, a los
japoneses inmigrantes no se les debería otorgar el derecho al
voto. Este tipo de lógica, no influida por las estrechas limita-
ciones del “Estado” y el “gobierno”, sino basada estrictamente
en el reconocimiento del ejercicio de la libertad individual, está
muy cerca de la actitud que el narrador yo sostiene como ideal
en “El fugitivo”.
Tres años más tarde, después de diversas tribulaciones,
Etsu renuncia al
Tairiku
, en marzo de 1923, y funda el
Nik-
kan Minshû
junto con Tamura Toshiko; a través de sus accio-
nes políticas ellos apoyarían el movimiento de los trabajadores
en la costa occidental, la Columbia Británica. Desafortunada-
mente, la mayor parte del
Nikkan Minshû
se ha perdido, así
que son pocos los detalles que se pueden agregar acerca de las
contribuciones que hicieron al periódico. Lo que sí se puede
decir es que la creencia en los derechos de la gente para luchar
contra la autoridad, basada en un individualismo tan extremo
que se aproxima al anarquismo, debe haber constituido el fun-
damento de su actividad ulterior, la de él y la de ambos. Esta
idea, indudablemente, fue muy importante en la lucha por los
derechos civiles de los inmigrantes japoneses, una comunidad
que había sido maltratada severamente, tanto en Japón como
en Canadá.
Traducción del inglés de Virginia Meza H.
YOSHIKI
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