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[255]
ARTÍCULO RESEÑA
SOBRE
MAKING ISLAM DEMOCRATIC
Y
LIFE AS POLITICS
, DE ASEF BAYAT
FERNANDO BARRAGÁN Q.
El Colegio de México
A
SEF
B
AYAT
,
Making Islam Democratic: Social Movements and the Post-
Islamist Turn
, Stanford, Stanford University Press, 2007, 291 pp.
,
Life as Politics: How Ordinary People Change the Middle East
,
Stanford, Stanford University Press, 2010, 304 pp.
En la historia reciente, Medio Oriente se ha visto enfrentado a una
serie sucesiva de convulsiones sociales de largo alcance, que si
bien no sorprenden ahora a ninguno, pocos habrían imagina-
do. Un desarrollo tan vertiginoso de acontecimientos que ha
ocasionado ya la caída de más de un régimen en la región. Algu-
nos estudiosos, como el autor que nos ocupa, en cierta mane-
ra se habían anticipado a la proyección de la idea de revolución
sobre toda esta zona,
1
aunque, para este caso, desde un enfoque
preeminentemente sociológico. Asef Bayat se ocupa en alguna
medida de exponer la épica que ha representado la lucha del
musulmán ordinario frente al poder político en Medio Oriente,
así como de entender el alcance del cambio en el estatus políti-
1
La región nunca antes había presenciado tan grandes exigencias para un verda-
dero cambio general sostenido: se extendió la idea de que en muchas partes del mundo
se habían generado cambios de todo tipo menos en el Oriente Medio; el sentimiento de
expectación que se produjo dio lugar a diferentes posiciones respecto a la manera en que
debían efectuarse cambios en la región. Algunos sectores esperaban una transformación
revolucionaria, iniciada por un brote popular, que lograra derrumbar las estructuras
de poder y pudiera conducir al pueblo tal vez a una democracia; otros, sostenían que
la estrategia de cambio debía de ser diferente, en el sentido de que se debían buscar
mecanismos para comprometer a los Estados a llevar adelante reformas políticas y
sociales sostenidas: una estrategia que requiere de sólidos movimientos sociales para
confrontar a la autoridad política. Otros más esperaban que el cambio llegara desde
el exterior, tal vez mediante la presión económica o política. La obra de Asef Bayat
favorece notoriamente la segunda de las posiciones.
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co generado por los movimientos sociales, en principio, sin recu-
rrir a revoluciones abiertamente violentas: Medio Oriente cier-
tamente ha vivido varios episodios de insurrección, revoluciones
nacionales y movimientos sociales; más allá de esto, sin embar-
go, han surgido en la región ciertas formas no convencionales
de actuación política y de activismo social, a las que no se les ha
prestado suficiente atención debido a que no entraban en las ca-
tegorías canónicas.
Making Islam Democratic
se encuentra enmarcado, preci-
samente, en el proceso de cambio que han vivido algunas nacio-
nes de Medio Oriente de cuya experiencia, de alguna manera, se
derivaron parámetros a los que han recurrido movimientos
sociales de diversos países del mundo islámico; por su parte,
y frente al libro anterior,
Life as Politics
representa en buena
medida el marco teórico que el autor propone como reflejo y
explicación de los sucesos descritos en
Making Islam Democratic
.
Las dos obras sin duda son complementarias entre sí, y entre
ambas se delinea una imagen de Medio Oriente en constante
movimiento hacia la afirmación social y el cambio político.
Sobre la metodología
En un medio de expansión y fragmentación disciplinaria, tan-
to la Historia como la Sociología han conocido cambios impor-
tantes en sus procesos de análisis y objetos de estudio. Para el ca-
so de la Historiografía, han cobrado importancia los episodios de
la vida ordinaria; de modo que la historia de la vida cotidiana, en
otro tiempo rechazada por trivial, está considerada ahora por al-
gunos historiadores como la única historia auténtica. En el ámbi-
to de la Sociología, este proceso ya figura en autores como Michel
de Certau y Erving Goffman; el elemento común a este proceso
es, pues, el creciente interés por estudiar el mundo de la experien-
cia ordinaria como punto de partida en un análisis metodológi-
co. Para un historiador, el interés focal de estos estudios consiste
en mostrar el proceso de interacción entre acontecimientos y
tendencias generales, y las estructuras de la vida cotidiana.
2
2
Para una exposición exhaustiva de este proceso consúltense las obras de Peter
Burke.
BARRAGÁN
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SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
257
En el campo de la Sociología, el análisis microsocial incluye
el estudio del comportamiento individual y los patrones de
interacción entre individuos, mientras que el análisis macroso-
ciológico se enfoca en los procesos sociales de largo plazo y de
largo alcance; el intermedio procura conectar estos campos
de análisis.
3
Pues bien, desde inicios de la década de 1980, un buen nú-
mero de sociólogos empezó a preocuparse por acuñar teorías
que conectaran las interacciones de carácter microsocial con
estructuras de carácter macrosocial a fin de desarrollar teorías
más completas sobre movimientos sociales; otros, se interesa-
ron por estudiar las relaciones en la dinámica de los campos
macrosocial y microsocial para buscar mejores resultados en el
campo intermedio de análisis, que es importante para explicar
el surgimiento de los movimientos colectivos, su mantenimien-
to y su conclusión.
4
Por su parte, un buen número de investi-
gadores ha empezado a estudiar la forma en la que surgen los
movimientos en estructuras organizacionales, enfocándose en
sus procesos de reclutamiento y movilización, en sus identida-
des colectivas, sus emociones, y sus oportunidades políticas.
5
La academia —buscando integrar los diferentes tipos de aná-
lisis— ha adoptado distintos métodos.
6
Los analistas inician con
3
Véase Suzanne Staggenborg, “The ‘Meso’ in en Social Movement Research”, en
David S. Meyer
et al
.,
Social Movements. Identity, Culture and the State
, Nueva York,
Oxford University Press, 2002, p. 125.
4
Ibid
., p. 124.
5
Véase Nancy Whittier, “Meaning and Structure in Social Movements”, en
Meyer
et al
.,
Social Movements
…,
op. cit
., p. 295.
6
Entre los métodos más importantes usados en el área de los movimientos sociales
sobresalen el funcionalismo de comportamiento masivo y la teoría de la movilización
de recursos: el punto de partida de aquel consistía en la presunción de que el equilibrio
sistemático era una condición natural de la sociedad; es decir, las sociedades de manera
orgánica generan infraestructura institucional que regula los procesos de crecimiento
y disminución de un sistema; por lo tanto, si la capacidad institucional no puede dar
respuesta a las nuevas exigencias de los movimientos sociales, el resultado se presenta
en la forma de frustración social y desorden político. El modelo clásico proponía una
relación directa entre las tensiones estructurales y la acción colectiva; tensiones co-
mo la industrialización, la modernización, o una crisis económica perturban la vida so-
cial, creando un cierto grado de ambigüedad normativa y social respecto a la forma de
responder a las condiciones cambiantes.
Una de las críticas que esta escuela ha recibido se debe a la formulación, demasia-
do simplista, del vínculo entre tensión estructural y movimientos sociales. Los sistemas
no están inherentemente balanceados ni son estáticos, por el contrario, son consisten-
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el campo de investigación más apropiado a su problema espe-
cífico, y luego hacen conexiones con los otros campos.
Debe notarse que los teóricos de movimientos sociales
no necesariamente comparten criterios comunes respecto a
los factores exógenos más importantes; no obstante, la mayor
parte de la academia se enfoca en la apertura y clausura de
los espacios políticos
7
y su inclusión institucional; del mismo
modo, las teorías sobre movimientos sociales han abordado de
manera creciente la forma en que los individuos se conciben a
sí mismos como colectividad.
8
Por su parte, el estudio del “activismo islámico” en alguna
medida ha permanecido ajeno a los desarrollos teóricos y con-
ceptuales en el estudio específico de los movimientos sociales
y las políticas de contención;
9
un obstáculo en la construcción
de teorías sobre el tema es la investigación multidisciplinaria
que la aborda: la literatura sobre activismo islámico se en-
cuentra dispersa en una multitud de disciplinas con marcos
teóricos propios y metodologías particulares; el resultado es
una fragmentación disciplinaria de su estudio, que, aunque ha
producido un mayor entendimiento sobre cada elemento par-
ticular del tema, ha dificultado su unificación, y por esta razón
no ha podido producir verdaderos modelos de desarrollo que
puedan explicar la manera en que todos los elementos que lo
conforman confluyen, interactúan, e influyen en patrones de
temente dinámicos, experimentan las presiones y las tensiones de todo tipo de cam-
bio, así como de los sucesos e interacciones sociales. La teoría de la movilización
de recursos surgió en respuesta a la teoría funcionalista; considera los movimientos
sociales como organizaciones de contención estructuradas, que funcionan a través
del uso de mecanismos de movilización proveyendo recursos estratégicos para una
acción colectiva sostenida. El problema con esta teoría es que, inmersa en sociedades de
tipo occidental, subraya las dimensiones estratégicas de los movimientos sociales en
sistemas de democracia liberal. Véase Quintan Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism.
A Social Movement Theory Approach
, Bloomington, Indiana University Press, 2004,
pp. 6-10, y en esa misma obra, el artículo de Charles Kurzman, “Social Movement
Theory and Islamic Studies”, p. 292.
7
Es decir, el grado de acceso formal e informal a las instituciones políticas y a la
toma de decisiones, el grado de receptividad del sistema a los grupos de oposición,
la presencia de aliados y oponentes políticos, la estabilidad de la élite gobernante,
el estado de la capacidad institucional, etcétera. Véase Wiktorowicz (ed.),
Islamic
Activism
…,
op. cit
., p. 14.
8
Ibid
., p. 15.
9
Ibid
., p. 3.
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MAKING
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contención islámica.
10
De este modo, el estudio de la teoría de
los movimientos sociales en el mundo islámico aún no se ha
integrado completamente; sin embargo, un buen número de es-
pecialistas en el área aduce que deben idearse distintos mecanis-
mos metodológicos para su estudio, superando la tendencia de
considerar como científicos sólo aquellos estudios que manejan
el discurso académico de Occidente para el entendimiento de
los movimientos sociales.
11
La teoría que vamos a encontrar
en la obra de Bayat representa una posición intermedia: su
teoría es ecléctica aunque sus premisas y su metodología básica
proceden de la sociología tradicional.
La mayoría de los planteamientos que aparecen en la obra
de Bayat en realidad no son novedosos, y a pesar de que pro-
sigue la línea de las discusiones trazada por la academia, en lo
que se refiere a argumentación y metodología, el autor pretende
traspasar las fronteras de la teoría social occidental, específica-
mente la teoría de los movimientos sociales a la sazón asentada
sobre las estructuras democráticas de las sociedades occiden-
tales.
12
Una manera en la que pretende hacerlo es mediante la
teoría de lo que el autor llama “
non-movements
”, a través de
la cual hace cuestionamientos teoréticos y metodológicos respec-
to a la forma de estudiar las nociones de actuación político-so-
cial y cambio en Medio Oriente. En su conjunto es una obra que
nos habla sobre la actuación política en tiempos de represión;
y su pretensión es llevar el tema al medio del debate respecto
de los movimientos sociales y el cambio que éstos generan.
Con el objetivo de demostrar sus planteamientos, Asef
Bayat analiza y contrasta ciertos aspectos de la política de Irán
y de Egipto de las tres décadas pasadas, entre los años de 1970 y
2005.
13
En 1979, Irán experimentó la primera “revolución
10
Ibid
., p. 4.
11
Kurzman, “Social Movement…”,
op. cit
., p. 296.
12
En este mismo sentido, Wiktorowicz sostiene que la teoría respecto a los mo-
vimientos sociales ha sido dominada por la investigación empírica sobre Estados Uni-
dos y Europa occidental; es decir, ha sido sumamente contextualizada en el seno de
políticas liberales democráticas y sociedades occidentales. Wiktorowicz (ed.),
Islamic
Activism
…,
op. cit
., p. 4.
13
En
Making Islam Democratic: Social Movements and the Post-Islamist Turn
(Palo
Alto, Stanford University Press, 2007), Asef Bayat analiza el activismo islámico en
Irán y en Egipto en un apartado que denomina “Revolución sin movimiento, movi-
miento sin revolución”: el autor pretende responder a la pregunta de por qué el Irán
260
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islámica”
14
de los tiempos modernos, dando inicio a un movi-
miento descrito por algunos como la “edad del islam”, si bien
matizada por una crisis de identidad y un intento por trascender
a un orden posislámico. Egipto, por su parte, sobresale como
el centro del movimiento islámico más antiguo del mundo
musulmán. El estudio subsecuente de estos movimientos tra-
ta de exponer la relación entre el islam y la democracia, así como
destacar el nacimiento del posislamismo frente a las contradic-
ciones del Estado islámico y los profundos cambios sociales
que ha provocado, hecho que se tradujo en nuevos agentes ur-
banos, individuales y colectivos, que el Estado difícilmente ha
podido integrar; el autor defiende el argumento de que los mo-
vimientos sociales pueden alterar los mecanismos políticos y
las sensibilidades de las élites políticas, del mismo modo que
los ciudadanos musulmanes, mediante actuaciones personales,
pueden llegar a forjar movimientos sostenidos llamando al or-
den político y moral si logran dominar “el arte de la presencia”.
Finalmente, tanto en
Making Islam Democratic
como en
Life
as Politics:
How Ordinary People Change the Middle East
el autor
se plantea la cuestión de los conflictos dentro del islam moder-
no y las luchas promovidas por éste, explora la relación entre
religión y las corrientes y los movimientos sociales y su papel
en la transformación sociopolítica del Estado (transformación
atraída por fuerzas sociales internas, tanto colectivas como
individuales); describe las luchas de algunos movimientos que
de 1970, con una economía creciente, una clase media adinerada, un sistema político
represivo, un poder militar masivo y poderosos aliados internacionales, pasó por la
experiencia de la revolución islámica, mientras que el Egipto de los primeros años de
1980, igualmente aliado de naciones poderosas pero con una economía más débil, una
extensa clase media empobrecida y un sistema político liberal, experimentó el proce-
so de un fuerte movimiento islámico pero no una revolución social.
14
La revolución iraní suele entenderse fundamentalmente como un proceso
ideológico según Bayat: se percibe como un movimiento islámico que viene evolucio-
nando desde la década de los sesenta, influido por factores como el resentimiento por
el dominio de los países occidentales, por los gobiernos autoritarios, por la violación
de los valores tradicionales, por los problemas económicos, la inequidad, el Estado
intervencionista; tanto para Egipto como para Irán se consideran factores internos e
externos parecidos, que han influido en el crecimiento del islamismo. La revolución
de Irán llamó la atención de la opinión pública internacional acerca del fenómeno de
los movimientos sociales islámicos; sin embargo, no fue sino hasta la década de 1990
cuando la revolución de Irán se incluyó en el campo de los estudios de los movimientos
sociales. Véase Kurzman, “Social Movement…”,
op. cit
., pp. 294-295.
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pueden llevar a la religión islámica a provocar un cambio social
y político en la región, a legitimar un gobierno autoritario o,
por el contrario, a construir una fe inclusiva que contenga polí-
ticas democráticas. El punto de inicio del argumento se enfoca
en la cuestión referente a la compatibilidad del islam con las
instituciones de la democracia; para responder al problema, el
autor se propone demostrar que la realización de los ideales
democráticos en las sociedades musulmanas tiene menos que ver
con la esencia de lo que significa el islam que con la convicción
social y el medio intelectual de los musulmanes; de allí que se
pretenda estudiar, de un modo especial, las condiciones en las
que algunos movimientos sociales específicos pueden llevar
al islam a aceptar un espíritu propiamente democrático.
Islam y democracia
La actitud del público occidental en los últimos años ha sido la
de acercarse a Medio Oriente pensando en la amenaza del fun-
damentalismo islámico; y no es de sorprender: las propias acti-
tudes académicas respecto a los estudios de Medio Oriente
en el pasado han recorrido un camino bastante sinuoso desde
el “orientalismo” y sus variantes,
15
hasta el “choque de identi-
dades culturales rivales”
16
y “choque de civilizaciones”, “an-
tiorientalismos”,
17
“modernismo poscolonialista”,
18
etcétera;
con todo, las posiciones actuales, aunque matizadas, continúan
arrastrando como referente las consecuencias del bagaje ideo-
lógico que ha representado el colonialismo tanto para políticas
como para posturas ideológicas, del mismo modo que las discu-
15
Véase Edward Said,
Orientalism
, Nueva York, Vintage Books, 1979, cap.
I
, y
de Mohammad Tavakoli-Targhi,
Refashioning Iran. Orientalism, Occidentalism and
Historiography
, Hampshire-Nueva York, Palgrave Macmillan, 2001.
16
Por el artículo de Barry Buzan de julio de 1991, sobre Occidente frente al islam;
dos años después aparece el famoso artículo de Samuel Huntington; véase Gema Martin
Muñoz (ed.),
Islam, Modernism and the West. Cultural and Political Relations at the End
of the Millenium
, Nueva York, F. B. Tauris Publishers, 1999, p. 66.
17
Kurzman, “Social Movement…”,
op. cit
., pp. 289 y ss.
18
Véase, por ejemplo, Michael Curtis, “From Orientalism to Postcolonialism”,
en Vasant Kaiwar y Sucheta Mazumdar (eds.),
Antinomies of Modernity
, Durham,
Duke University Press, 2003.
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siones continúan de una manera u otra en torno del legado del
orientalismo.
Aquellas tendencias del orientalismo
19
clásico, desde el si-
glo
XVIII
hasta nuestros días, aparecieron a causa de un tipo de
pensamiento radicalmente simplificado que ha dominado las
reacciones modernas occidentales desde entonces, según afirma
Said;
20
la base general del tipo de pensamiento orientalista pro-
cede de concepciones geográficas imaginativas y polarizadas que
dividían al mundo en dos partes desiguales; la parte diferente
y la mayor de ellas, llamada Oriente, y la otra, a veces abierta-
mente descrita como “nuestro mundo”, el Occidente; a partir
de este tipo de mentalidad dualista se conformó un criterio
en el que el Medio Oriente musulmán constituía un conjunto
de sociedades inferiores,
21
monolíticas y fundamentalmente
estáticas, proyectadas en el tiempo por la historia, sujetas, pero
no protagonistas de cambio;
22
lamentablemente, al emprender
estudios sobre la región, frecuentemente se había pasado por
alto el aspecto de los intereses de grupo y, sobre todo, el de los
movimientos sociales, descuidando así un fenómeno clave para
entender el proceso de cambio en Medio Oriente, el fenómeno
de las fuerzas internas de cambio frente a los factores externos.
Si bien es cierto que expresiones como “sociedad islámica”
podían suponer que el islam ha sido y es el factor central que
configura la dinámica de las sociedades de Medio Oriente,
23
en
realidad, las sociedades musulmanas no son fundamentalistas
por definición ni sus culturas están confinadas a la religión, aun-
que se les ha visto y estudiado de ese modo; ciertamente las cul-
turas nacionales, las experiencias históricas, las trayectorias
políticas, las clases sociales han producido distintos tipos y
subculturas dentro del islam, del mismo modo que diferentes
19
Véase Said,
Orientalism
,
op. cit
., y Michael Curtis,
Orientalism and Islam:
European Thinkers on Oriental Despotism in the Middle East and India
, Nueva York,
Cambridge University Press, 2009.
20
Edward Said,
Covering Islam: How the Media and the Experts determine how we
see the Rest of the World
, Nueva York, Vintage Books, 1997, p. 4.
21
Frente a las culturas de Occidente; Said,
Orientalism
,
op. cit
., p. 201.
22
De acuerdo con Asef Bayat, suele caracterizarse a Medio Oriente en términos
de continuidad histórica y no en términos de cambio.
23
Incluidos movimientos de propaganda islámica, acción colectiva basada en
identidades y símbolos islámicos, movimientos políticos en pro del establecimiento
de un Estado islámico, etcétera. Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., p. 2.
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percepciones culturales.
24
A pesar de todo, y a la par de sus
similitudes estructurales, los países del Medio Oriente musul-
mán constantemente siguen siendo considerados desde una
perspectiva de centrismo religioso, y es por esta razón que al
elemento religioso se le ha llegado a atribuir también el factor
político; es decir, que se le atribuye el sistema de regímenes
autoritarios
25
que prevalece en toda la región.
Asef Bayat sostiene que al menos tres factores han contri-
buido a esta percepción de Medio Oriente:
1.
La prevalencia del orientalismo en la actitud de Occi-
dente.
2
.
La persistencia de regímenes autoritarios en Medio Oriente.
3
.
El surgimiento de movimientos islámicos antidemocráticos
y socialmente conservadores, y su expansión.
No es de extrañar que frente a estas posiciones y procesos se
haya cuestionado la compatibilidad del islam con la democracia.
La opinión internacional frente al islamismo ha tenido un
claro influjo en todo este proceso; los medios de comunicación
26
y los círculos intelectuales en Occidente han entendido el islam
como fuente de la política autoritaria de los países de la zona;
sin embargo, algunos grupos de intelectuales
27
musulmanes han
alegado la existencia de un espíritu democrático en el seno mis-
24
El tema del relativismo cultural ha sido estudiado por la historia social y otras
disciplinas; puede verse la obra de Peter Burke, así como la de Mechthild Rutsch,
El
relativismo cultural
, México, Editorial Línea, 1984, y sobre todo la de Lawrence E.
Cahoone,
Cultural Revolutions: Reasons versus Culture in Philosophy, Politics and Jihad
,
Pensilvania, Pennsylvania State University-University Park, 2005.
25
Distintas opiniones aparecen en el ya conocido
Authoritarian Politics in Modern
Society: The Dynamics of Established One-Party Systems
, de Samuel Huntington y Clement
H. Moore; asimismo, en Oliver Schlumberger (ed.),
Debating Arab Authoritarianism:
Dynamics and Durability in Nondemocratic Regimes
, Stanford, Stanford University
Press, 2007, y en Joel Beinin y Fredeic Vaikal (eds.),
Social Movements, Mobilization
and Contestation in the Middle East and North Africa
, Stanford, Stanford University
Press, 2011.
26
Claramente, las comunicaciones masivas han sido profundamente afectadas
por el fenómeno de la globalización; en un proceso crecientemente interdependiente,
la red ha alcanzado a más de 200 millones de árabes desde Marruecos hasta Siria. Pip-
pa Norris y Ronald Inglehart,
Cosmopolitan Communications. Cultural Diversity in a
Globalized World
, Nueva York, Cambridge University Press, 2009, p. 6.
27
Véase Ibrahim M. Abu-Rabi,
Contemporary Arab Thought
, Virginia, Pluto
Press, 2004, para una exposición del pensamiento político moderno entre los árabes.
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mo del islam, defendiéndolo como una religión de tolerancia,
pluralismo, justicia y defensora de los derechos humanos. En
este sentido, uno de los más importantes grupos, el grupo lla-
mado de “los intelectuales religiosos” y fuente principal de las es-
trategias posislámicas (incluidos los conceptos de espacio urba-
no, de agrupaciones estudiantiles y movimientos juveniles, así
como de feminismo posislámico), supo generar uno de los más
sobresalientes movimientos intelectuales en el mundo islámico.
El grupo de los “intelectuales religiosos” se guió tanto por
principios modernistas como por artículos de fe: aceptaron
la modernidad y destacaron la adopción de un juicio crítico,
el reconocimiento de los derechos humanos, la defensa de la
libertad, de la pluralidad, de la ciencia, y la economía de li-
bre mercado, al mismo tiempo que subrayaron los postula-
dos de la religión, la espiritualidad y la ética religiosa.
28
Dentro
de este grupo, conocido también como el grupo de “pensado-
res alternativos”, sobresalían figuras como Abd al-Rah-
man, al Kawakibi, Jamal al-Din al-Afghani, Muhammad Ab-
duh, Morteza Mutahhari
29
(Namik Kemal, entre otros); este
grupo de intelectuales probablemente representó el primer gru-
po poscolonial de intelectuales en el mundo islámico: seguía
orientaciones posnacionalistas (ya no culpaba exclusivamen-
te a los países extranjeros de los problemas nacionales) y era
de inclinación decididamente posrevolucionaria, pues ha-
bía experimentado y trascendido el discurso revolucionario.
Es una corriente de pensamiento que, al señalar entre sus
postulados ideales democráticos, pluralismo religioso, criterio
científico y derechos civiles, tuvo importantes implicaciones
para el pensamiento y la práctica democrática en todo Medio
Oriente.
30
En la práctica, motivado por las preocupaciones expresas
de grupos de activistas dispersos en movimientos fragmenta-
28
Véase Malcolm H. Kerr,
Islamic Reform: The Political and Legal Theories of
Muhammad Abduh and Rashid Rida
, Berkeley-Los Ángeles, University of California
Press, 1996.
29
Véase Morteza Mutahhari,
Religion and the World
, Teherán, Foreign De-
partment, Bethat Foundation, 1982, entre otros.
30
Los escritos de estos autores influyeron en las ideas de nacionalismo en paí-
ses como Egipto, Irán, Afganistán, Turquía, del mismo modo que en las ideas del
panislamismo.
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dos, “los pensadores alternativos” dieron voz coherente a los
movimientos sociales iraníes por medio de la creación de un
nuevo discurso: ofrecieron fundamentación ideológica a un im-
portante movimiento “posislamista”. Al mismo tiempo que al-
gunos movimientos como el de las mujeres musulmanas, el de
los estudiantes, el de los intelectuales y empleados del Estado
movilizaban sus grupos en aras de un cambio social e ideológi-
co, el grupo de los “intelectuales religiosos” empezó a buscar me-
canismos para sostener a dichos movimientos, y encontrar la
forma en la que esa tremenda energía ciudadana podía ser tra-
ducida en cambio político de carácter estatal. De este modo, el
desarrollo político y específicamente la democratización del Es-
tado islámico se volvieron objetivos de primera importancia para
el “posislamismo”; se pretendía mantener el empuje islámico del
sistema, pero se insistía en la dimensión republicana, esperando
realizar lo que vino a ser conocido como el nuevo modelo de
“democracia religiosa”.
Las ideas desarrolladas por los “intelectuales religiosos”,
y el éxito de la corriente política que propugnó dicho gru-
po en las elecciones nacionales, condujeron a un nuevo “mo-
vimiento de reforma”; por primera vez en la historia de Irán
un movimiento de intelectuales convergió con la base del
pueblo y del Estado. Los factores que generaron el éxito del po-
sislamismo en la política iraní fueron decisivos: en primer lu-
gar, el republicanismo posislámico fue la respuesta a la de-
cepción popular frente a una revolución que llegó a reconocer
sus propios déficit y cuyos fracasos demostraron las contradic-
ciones del proyecto islámico (lo que llevó a su vez al replan-
teamiento del islamismo desde dentro); pero el descontento
general iba dirigido particularmente en contra de un cuerpo
político que había negado a muchos la libertad individual, la
igualdad de género, y la participación en la vida pública. En
segundo lugar, los cambios sociales generaron actores que a
su vez condujeron a las colectividades urbanas a buscar refor-
mas políticas y sociales. Finalmente, se puede mencionar el
contexto global.
La reforma se volvió entonces la estrategia, el método bus-
cado por las fuerzas populares para realizar los objetivos posis-
lamistas de democratizar la política y el pensamiento religioso: la
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lucha social se concentró, de hecho, en hacer compatible la reli-
gión con la democracia.
31
Al final, se llega a la conclusión de que la pregunta de la
compatibilidad o incompatibilidad del islam con la democracia
no es la correcta; la cuestión parece referirse sólo en parte a las
condiciones en las que el islam puede llegar a ser compatible con
la modernidad, y con la democracia en particular: nada intrín-
seco en el islam lo hace democrático y, del mismo modo, nada
dentro del islam lo hace antidemocrático. El asunto de la com-
patibilidad del islam con la democracia es más bien un asunto
de lucha política, es más una cuestión de equilibrio de poder en-
tre quienes buscan instituciones democráticas y quienes quie-
ren imponer un régimen distinto. En todo caso, este esfuerzo
por integrar al islam con la democracia debe empezar en el me-
dio intelectual; pero el verdadero desafío es encontrar la fórmu-
la para fusionar la conciencia popular con las interpretaciones
democráticas.
32
La estrategia que propone Bayat en su obra respecto al cam-
bio político-social es la de imponer fuerza material a las ideas
mediante la movilización del consenso social, y esto nos lleva
al ámbito de los movimientos sociales. Dos procesos singulares
cuentan dos procesos particulares en la actuación de las fuerzas
sociales: el islamismo y el así llamado posislamismo.
La globalización
33
es un fenómeno multidimensional que
incluye procesos tecnológicos, económicos, sociales y políticos
31
El capítulo
IV
del libro de Asef Bayat,
Making Islam Democratic
,
op. cit
., titu-
lado “Posislamismo en el poder”, analiza la problemática del proyecto de reforma
iraní de 1997 a 2004; se analizan los dilemas de un movimiento social que logró ha-
cerse del poder estatal; por un lado, el movimiento encontró oportunidades de insti-
tucionalizar y extender sus objetivos; por el otro, quedó obstaculizado por las institu-
ciones antidemocráticas del Estado que efectivamente lograron minar sus objetivos, y
eventualmente lo llevaron a la pérdida de la base social. Al parecer, el mayor desafío de
un movimiento social en una posición de poder es trabajar dentro y en contra del mis-
mo Estado; a pesar de todo, el movimiento posislamista pudo, en este caso, según
Bayat, minar la legitimidad política del islam. Puede verse también Said Amir Arjo-
mand,
After Khomeini: Iran under his Successors
, Nueva York, Oxford University
Press, 2009.
32
Idem
.
33
Jabiri, Paradawi y otros sostienen que la globalización equivale a una invasión
cultural occidental, específicamente estadounidense. Aquí se usa el término globaliza-
ción como un fenómeno que no debe ser confundido con “modernización”, “occiden-
talización” ni “americanización”, siguiendo a Norris e Inglehart,
Cosmopolitan Com-
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
267
con un profundo efecto sobre las sociedades poscoloniales, en
buena medida a causa de la nueva reestructuración global, con la
consiguiente integración pero también exclusión social e infor-
malización
34
de algunos sectores de la sociedad; ha sobrevenido
un cambio histórico de lo socialista a lo populista y, de éste, a la
implementación de políticas neoliberales; de esta manera, con
la llegada de la liberalización política y la economía de mercado,
35
a través de los programas de ajuste estructural y de reforma
económica del Fondo Monetario Internacional se produjeron
importantes cambios socioeconómicos: la reestructuración dio
lugar a un mayor crecimiento de la marginalización social, y
ha provocado la desinstitucionalización de muchos grupos
subalternos; los regímenes estatales empezaron a dejar de lado
las responsabilidades sociales del desarrollo populista anterior
(en muchos casos, los Estados actuaban como fuerza motriz del
desarrollo económico y social, y era para muchos el único pro-
veedor de sustento);
36
sin embargo, el desarrollo político-social
también llevó al desarrollo de las ideas de los derechos humanos
y de la participación política, hecho que ha puesto a los dere-
chos económicos y a la participación ciudadana en la agenda
nacional y ha abierto espacios de movilización social.
37
La nueva reestructuración global reproduce subjetividades,
espacios sociales y terrenos de lucha política; propone una
mirada alternativa que las posiciones teoréticas no han podido
explicar cabalmente: la teoría de lo que Bayat denomina la
“silenciosa invasión de lo ordinario” abarca a los grupos mar-
ginalizados de las sociedades poscoloniales en su función de
agentes en la historia de una acción directa y prolongada, no
colectiva, de individuos dispersos y de sus familias, por adquirir
munications
…,
op. cit
., p. 6. Véase también James Lee Ray y Juliet Kaarbo,
Global
Politics
, Boston, Houghton Mifflin, 2008, pp. 490 y ss.
34
En algunos países de Medio Oriente, como Egipto, se ha llegado al grado de
constituir verdaderas redes de informalidad. Véase Diane Singerman, “Networks, jobs
and everyday life in Cairo”, en Donna Lee Bowen,
Everyday life in the Muslim Middle
East
, Bloomington, Indiana University Press, 2002, p. 206.
35
Véase Schlumberger,
Debating Arab Authoritarianism
…,
op. cit
.
36
Para el caso de Egipto, véase José Carlos Castañeda,
Egipto contemporáneo:
economía, política y sociedad
, México, El Colegio de México, 2011.
37
Véase de Asef Bayat,
Life as Politics: How Ordinary People Change the Middle
East
, Stanford, Stanford University Press, 2009, pp. 66-68, y Wiktorowicz (ed.),
Islamic
Activism
…,
op. cit
., p. 7.
268
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
las necesidades de la vida (tierra, servicios, espacios públicos)
de una forma silenciosa y anónima.
El islamismo surgió como un lenguaje de autoconciencia
con miras a movilizar a quienes se sentían marginalizados por
este proceso de reestructuración, a fin de movilizar a quienes
hicieron de la moralidad, a través de la religión, un sustituto de
la política. Buscando operar dentro de una ideología auténtica-
mente local, a los islamistas se les ocurrió articular una versión
del islam que respondiera a los déficit políticos, económicos
y sociales en sus respectivas comunidades. En cierto sentido,
se trataba de una forma de refutar la “dominación cultural
occidental”,
38
y de sus estructuras políticas; es una forma de
negar las sensibilidades morales occidentales y sus símbolos
normativos.
El crecimiento del movimiento islamista puede rastrearse
hasta condiciones simultáneas de transformación social (en
buena parte debido a la rápida urbanización, a una escolaridad
masiva y la oportunidad de educación superior, a un fuerte
desarrollo económico y la movilidad social) y exclusión social
(represión política, marginalización y un sentimiento creciente
de inequidad). Los movimientos islámicos han tenido éxito en
su trabajo de islamización a través del uso del lenguaje de la
moral, el trabajo comunitario y sus llamamientos a una política
de identidad. Con todo, el islamismo, a pesar de sus variaciones,
tiene objetivos políticos y sociales más extensos que el mero
desarrollo social; entre ellos, la construcción de una “comu-
nidad ideológica” y el establecimiento de un Estado islámico.
El caso del islamismo en Egipto tomó la forma de una
campaña en busca de cambio político y social, con el propó-
sito de producir una transformación estructural y lograr una
democracia religiosa en el futuro; la reforma paulatina fue la
esencia de la corriente principal del islamismo egipcio.
38
Un componente importante en el marco de los movimientos islamistas lo
constituía la acusación contra Occidente de un imperialismo cultural como estrate-
gia consciente para debilitar a las sociedades musulmanas con propósitos económicos,
políticos y militares; dicha estrategia incluía, según dicho argumento, mecanismos de
control como algunos medios de comunicación y la labor de instituciones internacio-
nales como el Fondo Monetario Internacional y sus programas de ajuste estructural.
Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., p. 17.
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
269
El islamismo se volvió un extenso movimiento social que
causó cambios importantes en la sociedad y representó un serio
desafío al régimen egipcio. En la década de los ochenta, el movi-
miento estaba formado por una compleja red de organizaciones
heterogéneas y dispersas centradas alrededor de un núcleo, bien
distinguible, integrado por la hermandad musulmana,
39
que, por
su parte, buscaba islamizar a la sociedad desde la base, con el
propósito de establecer al final un Estado islámico; sin embar-
go, el relativo éxito del movimiento en la transformación de
la sociedad egipcia y el desafío que representó para el Estado
fue parte de su declive: el resultado no fue la formación de una
ideología nueva ni de una visión doctrinal como ocurrió en
Irán; en el contexto de la liberalización económica, del cam-
bio social y de la globalización cultural, el islamismo cultural
egipcio se fusionó con un fuerte sentimiento nacional; a partir
de allí, el Estado buscó influir en su trayectoria, y terminó ad-
judicándose gran parte de la autoridad religiosa y moral.
40
De
modo que el movimiento islámico no sólo había asegurado una
buena parte de la sociedad civil, sino que además había influido
significativamente en el Estado; lo llevó a adoptar un discur-
so religioso, y logró socializar el proceso estatal forzándolo a
tomar en cuenta las sensibilidades prevalecientes en la sociedad.
La marea de islamismo que buscaba poner fin al Estado
egipcio, sólo lo cambió; hacia la década de 1990 el movimien-
to menguó, pero hizo del Estado un ente más religioso, más
nacionalista, más local, si bien más represivo (la supresión de
los islamistas radicales ofreció al Estado la oportunidad de con-
39
Junto al núcleo político de la organización se encontraba el enorme sector del
“islam civil” con sus asociaciones profesionales y religiosas, los grupos juveniles y los
grupos de mujeres; el activismo islámico aparecía tanto en universidades y escuelas co-
mo en vecindades a través de mezquitas independientes, clínicas, publicaciones; es
decir, gente ordinaria encontraba modos alternos de ser y de actuar, mientras que
las actividades parlamentarias de la hermandad musulmana buscaban convertir esa
actividad en política pública. Véase Carrie Rosefsky Wickham, “Interests, Ideas, and
Islamist Outreach in Egypt”, en Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., p. 232.
También Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., p. 10.
40
Al afrontar problemas políticos internos y problemas morales culturales del
exterior, el Estado, determinado a proseguir con una reestructuración económica
costosa, vio en la combinación de nacionalismo cultural y religioso el único recurso
efectivo de salvaguardar la integración social y la moralidad del país. Véase Asef Bayat,
Making Islam Democratic
, op. cit
.
270
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
trolar otras formas de descontento); pero estos desarrollos
convergieron a la par con un espíritu creciente de protesta en
la sociedad egipcia; luego de años de intimidación, los egipcios
empezaron a expresar sus exigencias en las calles con mayor
audacia y vigor; de esta manera, en 2005 un sentimiento colec-
tivo a favor de la “democracia” consiguió apoyo internacional
y obligó al gobierno egipcio a reformar la Constitución.
En Medio Oriente han continuado los llamados a la políti-
ca moral y religiosa, especialmente en aquellos países donde
aún no se había experimentado un movimiento islamista fuerte;
pero, a pesar de las victorias electorales islamistas, se ha llegado
menos a un movimiento sólido islámico que a un cambio de
discurso del islam en lenguajes fragmentados, concernientes a
la religión y otros temas.
Por otra parte, algunas sociedades musulmanas se aproxi-
man a tendencias posislámicas.
El término “posislamismo” es relativamente nuevo, y repre-
senta tanto una condición como un proyecto que puede llegar
a tomar la forma de un movimiento multidimensional.
En primer lugar, el posislamismo se refiere a las condiciones
sociales y políticas que, luego de una fase de experimentación,
los islamistas han intentado adaptar o reinventar, y luego ins-
titucionalizar, a través de una sistematización teórica.
El posislamismo también es un proyecto, es un intento
consciente por conceptualizar y desarrollar un cierto interés
social elevado al criterio de llevar el islam a trascender los ám-
bitos social, político e intelectual. El posislamismo no es ni
antiislámico ni secular: representa un intento por fusionar la
religiosidad con los derechos civiles, la fe con la libertad; es un
proceso de cambio en Medio Oriente y, a la vez, su propia
materialización; en el centro del proyecto posislámico hay una
mezcla de ideales republicanos y de ética religiosa, con un ideal
de “democracia religiosa” como misión política, de modo que
la asociación del islam con la democracia aparece no sólo como
un proceso posible sino como un proceso natural.
Ciertamente, Irán y Egipto representan ejemplos de cam-
bio social producido por movimientos sociales; sin embargo,
en ninguno de los dos países estos movimientos lograron una
transformación radical de las estructuras políticas de gobierno.
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
271
En realidad, ambos, tanto el islamismo como el posislamismo,
son cambios discursivos insuficientes para conducir a una
transformación institucional real: Bayat concluye que los mo-
vimientos sociales deben buscar directamente la acción política
y su inclusión en las esferas del poder.
Los movimientos sociales y el cambio político
El descontento popular puede dar lugar a dos tipos de movili-
zación: los movimientos de protesta o insurrección, que buscan
negar el orden establecido, y los movimientos sociales, que
buscan alterar el orden dominante y establecer instituciones
alternativas y sistemas de valor antes que un cambio total; los
movimientos sociales son más duraderos que aquéllos, y contri-
buyen a integrar actores en el sistema prevaleciente, producen
cambio real y pueden generar subsistemas en los que operan
los actores y en los que éstos pueden reproducirse.
Los movimientos sociales son el resultado de adaptaciones
sociales a las innovaciones tecnológicas, a las fuerzas económi-
cas, a los cambios de población, así como también representan
esfuerzos
ad hoc
para alterar las instituciones establecidas o
para satisfacer necesidades o aspiraciones de la gente.
41
Los
movimientos sociales no son expresiones de un solo momen-
to que se deshacen en un acto de represión, sino procesos de
transformación prolongados y multifacéticos que fluyen y son
recurrentes;
42
el estudio de este fenómeno de socialización del
Estado puede ser útil para entender el efecto de las moviliza-
ciones sociales en su función por democratizar a las sociedades
musulmanas.
Ninguno de los modelos de acción colectiva, en realidad,
ha explicado exitosamente la dinámica de la transformación
de la acción colectiva a la revolución; estas teorías se ocupan
principalmente por explicar las causas del descontento social
y las crisis revolucionarias. De acuerdo con algunos autores,
41
Anthony Oberschall,
Social Movements. Ideologies, Interests and Identities
, New
Brunswick, Transaction Publishers, 1997, p. 1.
42
No se han formulado definiciones satisfactorias en lo relativo a movimientos
sociales ni comportamiento colectivo, según Oberschall. Véase
ibid
., p. 2.
272
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
la acción colectiva no está conformada simplemente por la
suma total de la acción de miles de individuos en aislamiento;
requiere de la interacción de percepciones y expectaciones
paralelas, llamada interacción estratégica.
43
Una opinión distinta defiende Asef Bayat; un punto nodal
en su teoría parte precisamente del medio de la gente ordi-
naria, tanto de las clases subalternas y los desposeídos
44
de una
ciudad, como de la mujer musulmana, la juventud globalizada
y globalizante, y de otras colectividades urbanas; son estos ac-
tores sociales,
45
de propio derecho, quienes buscan el cambio,
y descubren y generan nuevos espacios donde hacer palpable
su voz y descontento. Los vehículos no siempre son protestas
masivas y revolución, aunque naturalmente son un aspecto
de la movilización popular; la gente recurre principalmente a
lo que denomina el autor “no movimientos”: un término que
engloba la lucha de millones de actores individuales, no colec-
tivos, en el ámbito de las plazas, los callejones, los juzgados y
las comunidades en general; específicamente, se refiere a las
acciones colectivas llevadas a cabo por actores —no necesaria-
mente colectivos— que conforman prácticas compartidas de
un gran número de gente ordinaria, cuyas actividades, frag-
mentarias pero similares, son la causa de grandes cambios, a
pesar de que estas prácticas raramente están guiadas por una
ideología o liderazgo reconocible y organizado. Son estrategias
43
Ibid
., p. 3.
44
El ingreso per cápita en los países árabes es de los más bajos en el mundo, a pesar
de los ingresos masivos del petróleo y de una productividad creciente, sin mencionar el
pobre desarrollo en la investigación científica, el decreciente registro escolar, el alto por-
centaje de analfabetismo, el poco desarrollo social, y el pobre gobierno político; se
trata de la realidad social y política de regímenes autoritarios como los de Irán, Siria,
Egipto, Jordania, Marruecos, los países del Golfo, Arabia Saudita, en donde conti-
núan las frustraciones frente a las exigencias por la implementación de instituciones
democráticas y de un Estado de derecho, dando lugar paralelamente a movimientos
opositores que por su parte exigen medidas exclusivas, no democráticas, e incluso fran-
camente antidemocráticas. Véase Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., p. 7.
45
Son grupos que buscan recurso en las políticas de la calle y se configuran como
no movimientos sociales que mezclan activismo con las prácticas diarias de la vida
cotidiana. Los grupos que lo componen son principalmente las clases humildes pasivas
y los marginalizados; clases que resisten mediante la acción colectiva, lo que ha dado
lugar a una noción particular de resistencia; en este caso, el poder y el contrapoder
no se encuentran en una oposición binaria, sino en una lucha compleja, ambivalente.
Las clases marginalizadas funcionan fuera de la burocracia moderna y del Estado, y
basan su esfuerzo en la reciprocidad, en la búsqueda de seguridad.
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
273
individuales, si bien independientes de las acciones de otros,
que se vuelven acción conjunta.
46
Los “no movimientos” incluyen particularmente a las clases
marginalizadas y flotantes, como los refugiados, los desemplea-
dos, los subempleados, los campesinos, el masivo número de
migrantes rurales y los migrantes que para mejorar sus vidas se
asientan ilegalmente en las tierras del Estado y fundan nuevas
comunidades, así como los vendedores ambulantes y otros.
47
Es un sector de la población que generalmente pasa a ser parte
de la economía informal de un país y suele formar grupos que
no se expresan propiamente a través del islam, sino utilizando
el medio de los “no movimientos” de las clases humildes, y
de los grupos subalternos. Su resistencia se materializa en una
acción directa y silenciosa, individual en lugar de colectiva,
que opera fuera de los mecanismos institucionales, con miras
a la redistribución de los bienes sociales y a la creación de
oportunidades en la forma de adquisición directa, si bien a
veces ilegal, del consumo colectivo (por ejemplo de tierras y
servicios). Un objetivo importante en este tipo de resistencia
social es el de obtener autonomía tanto cultural como política
frente a las regulaciones, las instituciones y las políticas im-
puestas por el Estado.
Procesos similares caracterizan a los no movimientos de
los jóvenes activistas musulmanes (no necesariamente movi-
mientos estudiantiles); un movimiento de jóvenes procura
defender y extender las condiciones que les permitan aseverar
su individualidad, su creatividad e, incluso, liberarlos de la
ansiedad frente a los prospectos reales del futuro; los intentos
por controlar a la juventud la han llevado a su descontento, pe-
ro las diferentes maneras en las que se expresa ese descontento
hacen de este activismo un “no movimiento”.
La juventud, como categoría social y agente colectivo, es
un fenómeno más bien moderno y urbano; ha habido una
tendencia en el discurso público de Occidente para tratar a la
juventud como una categoría transcultural y transhistórica;
48
46
Oberschall,
Social Movements
…,
op. cit
., p. 2.
47
Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., p. 7.
48
Melissa S. Fisher y Greg Downey (eds.),
Frontiers of Capital. Ethnographic
Reflections on the New Economy
, Londres, Duke University Press, 2006, p. 267.
274
ESTUDIOS
DE
ASIA
Y
ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
el fenómeno incluye el desarrollo de una cierta conciencia de
lo que significa “juventud”, en las ciudades, en la escuela, en los
medios de comunicación
49
y en los espacios urbanos (arena de
formación y expresión de identidades colectivas).
El tipo de activismo juvenil depende del grado de control
ejercido por las autoridades y el grado de cohesión que existe
entre los jóvenes; en la era de la globalización, la lucha política
de la juventud se ha enfocado en buena medida en contra de
movimientos fundamentalistas extremos, y particularmente en
contra de algunos regímenes políticos autoritarios; en este
sentido, existe gran expectación, si no es que alarma, respecto
al peso político que puede representar la juventud musulmana
en Medio Oriente: algunos sectores esperan que los jóvenes
contribuyan al islamismo en calidad de soldados; otros quie-
ren que la juventud actúe como impulsora de la democracia
y funcione como agente político.
50
Lo cierto es que la región
ha sido testigo en épocas recientes de grandes movilizaciones
políticas compuestas principalmente por gente joven.
El poder de los movimientos musulmanes juveniles, a
pesar de su dispersión pero con su sola presencia, está en su
habilidad de confrontar a las autoridades morales y políticas;
los no movimientos de jóvenes pueden cambiar y formar nue-
vas normas sociales, códigos culturales y valores, sin necesidad
de organizaciones estructuradas, liderazgos ni ideologías.
Otro de los grupos que conforman estos no movimientos
pertenece a los grupos feministas;
51
estos movimientos actúan
fundamentalmente en contra de las tendencias patriarcales sub-
yacentes en algunos Estados modernos;
52
la estrategia común
49
La creciente expansión del acceso a nuevas tecnologías y a nueva informa-
ción desde mediados de 1990 y la convergencia de muchos medios de comunicación
han acelerado el paso del intercambio de información por encima de las fronteras
estatales a través de televisión por cable, correo electrónico,
blogs
, sitios de inter-
net, etcétera, y han tenido gran impacto en el sector juvenil.
50
Frecuentemente en Medio Oriente, las asociaciones estudiantiles funcionan a
manera de arena política en la que diversas tendencias sociales compiten para el con-
trol de posiciones y recursos institucionales. Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., p. 11.
51
Véase de Bayat,
Making Islam Democratic
…,
op. cit
., pp. 59, 71 y ss., y
Life as
Politics
, op. cit
., pp. 96, 115 y ss.
52
Véase Homa Katouzian y Hossein Shahidi,
Iran in the 21
st
Century: Politics,
Economics and Conflict
, Nueva York, Routledge, 2007.
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
275
a la que suele recurrir el movimiento feminista consiste en la
organización de fuertes movimientos sociales de protesta con
miras al logro de objetivos como el de la igualdad de derechos
civiles para la mujer musulmana, mediante el uso de mecanis-
mos que tienen en su base lo que se conoce como el “poder
de presencia”.
53
La globalización y la reorganización espacial de las activi-
dades económicas también dieron lugar a nuevas jerarquías de
género,
54
con el resultado de que en todos los sectores las
mujeres han estado desarrollando estrategias para defender
sus intereses. Sin embargo, el feminismo posislámico es un
movimiento distinto del activismo de las mujeres islámicas, y
representa un proyecto diferente; el activismo posislámico es
un movimiento de integración de la religiosidad con los dere-
chos civiles, es una estrategia de elección a través del uso de
mecanismos como los de la discusión, la educación y la mo-
vilización social: constituye un modelo que no deriva de los
modelos abstractos sino de la realidad de la vida cotidiana de
la mujer, y que valora la autonomía y la elección, insistiendo
en la igualdad de género en todos los campos.
El caso particular del activismo femenino posislamista de
Irán inauguró una estrategia de cambio, proveniente de la rea-
lidad de la vida cotidiana de las mujeres iraníes, en un marco
discursivo que combinaba religión y secularidad. El feminismo
iraní se basaba en la lucha contra la subordinación general
de la mujer, y a pesar de toda la presión que el gobierno y la
sociedad iraníes ejercieron en su contra, el movimiento logró
importantes éxitos en diversos ámbitos: de la educación, del
empleo y del derecho familiar, pero principalmente logró
un cambio en las relaciones de poder entre el hombre y la mu-
jer dentro de la familia y de la sociedad.
55
Este hecho, por sí
solo, demuestra que los “no movimientos” representan una
estrategia viable frente al autoritarismo del Estado.
53
Véase Asef Bayat, “The Politics of Presence”, en Frederic Volpi,
Political Islam.
A Critical Reader
, Nueva York, Routledge, 2011.
54
Marjorie Mayo, “Globalization and Gender: New Threats, New Strategies”,
en Vincenzo Ruggiero y Nicola Montagna (eds.),
Social Movements. A Reader
, Nueva
York, Routledge, 2008, p. 307.
55
Puede verse también Elizabeth W. Fernea, “The Veiled Revolution”, en Bowen,
Everyday life
…,
op. cit
., p. 151.
276
ESTUDIOS
DE
ASIA
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ÁFRICA
XLVIII
:
1, 2013
El activismo femenino constituye un movimiento social,
al que algunos calificaron de “movimiento silencioso”. El
activismo de la mujer figuró como un “no movimiento” que
conformaba un agregado de sentimientos colectivos dispersos,
en forma de exigencias diarias y prácticas cotidianas, relacio-
nadas con diferentes temas de género y, en general, sobre la
individualidad de la mujer; las identidades colectivas, en este
sentido, se formaron menos en instituciones de la mujer que
en los espacios públicos: el lugar de trabajo, las universidades,
los mercados, las vecindades, las reuniones informales, etcéte-
ra, y si bien es cierto que la actividad cotidiana de la mujer
transformó aspectos de su vida diaria, también contribuyó a
una interpretación más democrática del islam.
En síntesis, esta teoría conceptualiza a los “no movimien-
tos” sociales, junto a la política contenciosa, como medios
fundamentales para el logro de cambios significativos en
Medio Oriente, donde han llegado a representar a millones de
actores subalternos, principalmente a los pobres de la ciudad,
a las mujeres musulmanas y a los jóvenes. Los “no movimien-
tos” abarcan las formas discretas y prolongadas en las que los
desposeídos luchan por sobrevivir y mejorar sus vidas lenta
y silenciosamente, en lo que se conoce como la “silenciosa
invasión de lo ordinario”.
56
Es cierto que este proceso tiene poco parecido a los actos
visibles y extraordinarios de confrontación a la autoridad
política que representan las protestas masivas; sin embargo,
son procesos vinculados a la prácticas de la vida diaria, que, a
pesar de su aparente pequeñez, han logrado notorios cambios
jurídicos, sociales e ideológicos; el criterio detrás de este tipo
de movilización es que cada exigencia puede formar la base
para una exigencia mayor.
Los movimientos sociales y los no movimientos
Según los cánones occidentales, un movimiento social puede ser
definido como el proceso sostenido, organizado y autocons-
56
Bayat,
Life as Politics
…,
op. cit
., pp. 43 y ss.
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
277
ciente de desafío a la autoridad; se expresa frecuentemente a
través de organizaciones guiadas por ideologías particulares.
Pues, bien, los no movimientos o acciones colectivas verificadas
por actores no colectivos tienden a estar orientados hacia la
acción y no hacia la ideología.
En los movimientos sociales frecuentemente sobre-
sale una figura o líder que moviliza a un grupo de personas
con el fin de presionar a las autoridades frente a una deter-
minada exigencia social; en los no movimientos son los indivi-
duos-agentes quienes directamente actúan sobre sus exigencias,
a pesar de cualquier amenaza de sanciones gubernamentales; no
hay política de protesta en este caso, sino de práctica.
A diferencia de las grandes movilizaciones organizadas,
el éxito de los no movimientos proviene de las acciones dia-
rias de la vida cotidiana; y no son sólo pequeños grupos de
personas que actúan en los márgenes de la política, sino que
implica la conducta de incluso millones de personas reali-
zando acciones similares en desafío de una autoridad políti-
ca, no en forma colectiva sino fragmentada. El poder de los no
movimientos se encuentra, pues, no en la unidad de sus actores,
sino en las masas, y en su efecto sobre las normas y las reglas
sociales.
Es un proceso social que puede tener el efecto de legitimar
y normalizar acciones que, de otra manera, podían haber sido
consideradas ilegítimas en sociedad, y sobre todo puede ser
artífice en la captura de espacios de poder en los que se puede
cultivar, consolidar y reproducir un contrapoder.
Se pueden aducir diversas razones como explicación de la
prevalencia del fenómeno de los no movimientos en Medio
Oriente:
57
sobresale el hecho de que los Estados autoritarios
57
Varios autores han aducido diversas causas para la aparición de los movi-
mientos sociales en Medio Oriente: algunos sostienen que los movimientos sociales
provienen de la crisis estructural producida por el fracaso de los proyectos secula-
res de modernización; otros que la tensión social más importante proviene de la cre-
ciente influencia de la cultura occidental, que es la responsable de la erosión de los va-
lores y las prácticas islámicas que a su vez será causal de mayores problemas en varios
ámbitos de la vida social. Otros más señalan tensiones políticas como causales de la
movilización social: el argumento dice que bajo regímenes autoritarios, la población no
tiene acceso formal a los recursos políticos para mitigar los efectos negativos de los
proyectos de modernización y el consiguiente deterioro en la calidad de la vida.
Wiktorowicz (ed.),
Islamic Activism
…,
op. cit
., pp. 7-8.
278
ESTUDIOS
DE
ASIA
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1, 2013
no toleran el descontento social independiente y organizado,
por lo que el Estado intenta fragmentar al subalterno, inte-
grarlo a la clase política, o bien incorporarlo a las instituciones
populistas;
58
y puesto que el Estado no responde a todas las
necesidades sociales, como los derechos de género, los dere-
chos habitacionales, las exigencias de la juventud, y no puede
imponer un control total, se abren muchos espacios de acción
que los propios individuos generan.
59
La historia de los no movimientos es la historia de hacerse
escuchar, de hacerse presente en tiempos de represión; es la
forma en que la gente resiste y subvierte el dominio por medio
de prácticas colectivas, aunque fragmentadas; y siempre que la
autoridad no le haga frente, el movimiento se mantiene como
un fenómeno silencioso; de lo contrario, frente a la amenaza
de la acción del poder político se vuelve una lucha colectiva y,
en tal caso, en ninguna parte se hace más evidente que en las
calles, el espacio público por excelencia. Y son dos los factores
que hacen de las calles una arena política: el primero es el uso
físico del espacio público; el segundo lo constituye la red pasiva
de individuos que la forman, es decir, la red de comunicación
instantánea entre individuos atomizados y relacionados por
una identidad común, y comunicados a través del espacio real
y virtual.
60
58
La inhabilidad de los Estados de incorporar o suprimir las nuevas fuerzas
sociales ha traído consigo su respuesta social: protestas masivas urbanas, sindicalismo,
activismo comunitario, movimientos islamistas, islam social, etcétera; también ha
tenido el efecto colateral de impulsar el crecimiento de las instituciones de la sociedad
civil. Con pocos canales abiertos para acceder a los recursos políticos, el resultado es
la frustración social y un sentimiento de enajenación política y social. El sentimiento
de impotencia política se agrava frente a la represión y los procesos administrativos
que intentan despolitizar a la sociedad civil e impedirle las actividades de oposición
política.
Ibid
., p. 8.
59
“Las estructuras estatales, las culturas dominantes y la sociedad civil le dan
forma a los movimientos, y a su vez, los movimientos pueden reformar al Estado, a
sus políticas, a las sociedades civiles y a las culturas en el ámbito en el que operan”.
Whittier, “Meaning and Structure…”,
op. cit
., p. 293.
60
Puede verse el ensayo de Ann Mische, “Cross Talks in Movements: Reconceiv-
ing the Culture Network”, en Mario Diani y Doug McAdam (eds.),
Social Movements
and Networks. Relational Approaches to Collective Action
, Oxford, Oxford University
Press, 2003, pp. 258 y ss.
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
279
Espacio urbano y política popular
Asef Bayat utiliza la expresión “políticas de la calle” para referir-
se a las políticas de contención en escenarios urbanos (espacio pú-
blico urbano)
61
cuando falta la opción electoral; para transfor-
mar una situación suele recurrirse a medios institucionales como
las huelgas de estudiantes y de trabajadores, pero para los desem-
pleados, las amas de casa y la “gente informal”, es decir, quienes
estructuralmente no tienen poder institucional de exigencia
social, la calle se vuelve su arena primordial de contención.
Este tipo de política describe toda una serie de conflictos
y sus consecuencias, entre un individuo, la colectividad y la
autoridad política; conflicto conformado y expresado en el
espacio físico y social de la calle, desde los callejones hasta las
plazas, que son los espacios fundamentales para el desarrollo de
la vida económica y para la reproducción sociocultural de un
gran segmento de la población urbana; en breve, la expresión
“políticas de la calle” se refiere a los conflictos entre grupos no
institucionales y la autoridad política por el control de los es-
pacios públicos.
Este escenario posee otra dimensión: la calle sirve también
como espacio donde las personas se comunican entre sí, me-
diante el reconocimiento de intereses comunes y sentimientos
compartidos; de aquí que una pequeña demostración pueda
volverse un movimiento masivo; y, por esta razón, casi todo
movimiento de protesta, revolución o política de confrontación
encuentra su medio de expresión en las calles de una ciudad;
un determinado gobierno puede censurar y disolver partidos
políticos, demostraciones masivas, pero no puede fácilmente
detener el flujo normal de la vida en las calles. El término im-
plica los sentimientos colectivos y las opiniones públicas de la
gente ordinaria en sus prácticas cotidianas, expresados en los
espacios urbanos. Este proceso, que incluye naturalmente la
acción individual de efecto colectivo, es útil como mecanismo
de sobrevivencia para ciertas clases sociales; en otras palabras,
una estrategia de sobrevivencia es un movimiento social urbano
y medio de resistencia constante, que, al seguir operando en la
61
Desde taxis y autobuses, hasta tiendas, plazas públicas, etcétera.
280
ESTUDIOS
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ASIA
Y
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XLVIII
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1, 2013
sociedad,
62
puede tener efecto transformativo, tal que haga que
disminuya el estado de gobernabilidad de una nación, e incluso
desafíe la legitimidad de las estructuras del poder político.
A manera de conclusión
Si bien es cierto que en el mundo árabe ha habido innovaciones
en cuanto a método y estrategia políticas, sigue inundado por las
políticas religioso-nacionalistas; la mayor parte de la población
musulmana se encuentra situada entre los regímenes autorita-
rios y la oposición islámica, y ambos buscan imponer controles
sociales. Ciertamente, la reforma de los Estados requiere luchas
y estrategias por las que cada grupo social transforma la socie-
dad, actuando en sus dominios inmediatos. Las reformas que el
autor de
Making Islam Democratic
propone tienden justamen-
te a este fin, a descubrir nuevos espacios de acción donde la
gente ordinaria puede hacerse escuchar, ver y sentir.
Las consecuencias que se producen por la acción de los
movimientos sociales pueden ser variadas: el efecto común
de los movimientos sociales se presenta en las diferentes
formas de presión que se ejercen sobre la autoridad para dar
respuesta expedita a las exigencias de la sociedad. Los movi-
mientos sociales pueden ser también responsables de producir
nuevas formaciones sociales; redes de comunicación social y
relaciones sociales pueden inducir también la transformación
social, al operar discretamente entre las fronteras del Estado y
de la sociedad civil (en los ámbitos de la educación, medios de
comunicación, judicial, etcétera), pero la habilidad de los mo-
vimientos sociales para lograr poder político depende en cual-
quier caso del apoyo popular. Esta visión multifacética de los
movimientos sociales acentúa la interacción entre las identida-
des colectivas, la oportunidad política y la cultura.
63
El hecho es
que el islam es sujeto de intenso conflicto y de una labor de
62
Idéntica hipótesis sostiene Suzanne Staggenborg para los movimientos que
emergen como grupos intermedios; de acuerdo con la autora, el proceso microsocial
es importante para mantener un movimiento activo, a pesar de su eventual declive.
“The ‘Meso’…”,
op. cit
., p. 125.
63
Whittier, “Meaning and Structure…”,
op. cit
., p. 293.
BARRAGÁN
:
SOBRE
MAKING
ISLAM
DEMOCRATIC
Y
281
redefinición debido a la acción diaria y cotidiana de los diferen-
tes sectores de la sociedad.
64
Finalmente, respecto a la viabilidad de futuras revoluciones
islámicas y el lugar de un islamismo político en un mundo
globalizado, Asef Bayat llega a la conclusión de que a pesar de
que la modernidad ha traído consigo en el pasado revoluciones
en Medio Oriente, a causa de factores tan variados como la
creación de nuevas oportunidades —de educación, crecimien-
to urbano, movilización social, formación de nuevas clases,
exclusión social, formación de nuevas estructuras políticas,
desigualdad social, etcétera—, los movimientos sociales no se
traducen necesariamente en revoluciones clásicas. La actuali-
dad es una época de grandes movimientos sociorreligiosos: la
globalización puede inducir al descontento y a movimientos
sociales,
65
incluso a revueltas populares, pero su expresión es
antitética a las revoluciones clásicas. En las actuales corrien-
tes de sentimientos religiosos y movimientos sociales en el
mundo musulmán, el crecimiento de las sensibilidades demo-
cráticas puede llevar con mayor probabilidad al islamismo a
un curso posislámico.
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op. cit
., capítulo final.
65
Por ejemplo mediante la proliferación de ideas como la de democracia cos-
mopolita que subraya la reformulación de las procesos de democracia. Véase Norris
e Inglehart,
Cosmopolitan Communications
,
op. cit
., p. 8.
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