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EL VERDADERO HERMETISMO DE CERVANTES
Que lo que Cervantes escribe no se agota en su sentido literal es idea
de larga y justa vigencia entre cervantistas, aunque lo que Cervantes
oculta y cómo lo hace parecen muy distinto, por ejemplo, en Díaz de
Benjumea y en Joaquín Casalduero. Las líneas que siguen proponen
una aproximación nueva a la perenne cuestión.
En un par de líneas del capítulo 12 del libro 3 del
Persiles y Segis-
munda
, última novela de Cervantes, una dama dice llamarse Ambro-
sia Agustina y Bernardo Agustín su al parecer único hermano. A
estudiosos de historia de la Iglesia esta reunión de nombres debe re-
sultarles sugestiva. Pues san Ambrosio, san Agustín y san Bernardo
son un famoso trío de doctores, personalmente relacionados entre sí
los dos primeros, que vivieron en el siglo
IV
, y confeso discípulo in-
condicional de ambos el tercero, del siglo
XII
1
.
Tal relación histórica entre los santos doctores haría ya pensar
que la apretada reunión de sus nombres en el
Persiles
no es casual.
Pero para pensarlo hay más razones.
Los tres santos han sido muy invocados juntos por luteranos y
católicos luteranizantes en apoyo de la justificación por la sola fe,
doctrina capital de Lutero. Podría aquí evocárselos, con disimulo ex-
plicable, en esa o análoga función.
Pero hay más. El enamorado de Ambrosia Agustina lleva, en la lí-
nea que en la novela sigue, el insólito nombre de Contarino. Esta es
una forma española del apellido del más importante cardenal del
pontificado de Paulo III, Gaspar Contarini (l483-1542), a quien algu-
nos atribuían la autoría del famoso tratadito luterocatólico
Del Benefi-
cio de Cristo crucificado
, donde los tres doctores más citados en apoyo
de la justificación por la sola fe son precisamente san Ambrosio, san
Agustín y san Bernardo. ¿Es fácil creer que el nombre Contarino se
agrega a los de los tres doctores por mero azar?
2
.
NRFH
, XLVIII (2000), núm. 2, 393-399
1
Cf.
Obras completas de San Bernardo
,
BAC
, Madrid, 1953, p. 7.
2
Del Beneficio de Cristo
hay edición de La Aurora, Buenos Aires, 1953. Allí las ci-
tas de san Agustín ocupan 44 líneas, 41 las de san Ambrosio y 23 las de san Bernardo.
Hay quienes aman la elocuencia de los números. El solo santoral ca-
tólico propone, por cierto, más de mil nombres de pila diferentes. Hay
muchos otros, como Absalón, Aquiles, Diana, que no vienen del santo-
ral. Y Cervantes, para más, crea nombres, como Quijote y Dulcinea, ca-
da vez que se le antoja. Pero si, favoreciendo mucho al azar, suponemos
que Cervantes sólo hubiese tenido mil nombres para elegir entre ellos,
la probabilidad matemática de que eligiera por azar, uno a uno aque-
llos cuatro se expresaría, según el cálculo combinatorio, en un quebra-
do que tuviese por numerador 1
×
2
×
3
×
4 y por denominador 1000
×
999
×
998
×
997, lo que nos daría, al cabo, uno sobre más de cuarenta y
un mil millones. ¿Cómo distinguir entre esto y la imposibilidad total del
encuentro de los cuatro nombres por azar?
Lo cuerdo es, sin disputa, tener ese encuentro por querido por
Cervantes, y es sensato, además si no se halla explicación mejor, pen-
sar que reunió los cuatro nombres para que intuyésemos en Contari-
no al cardenal Contarini y en los nombres Ambrosia, Agustín y
Bernardo al
Beneficio de Cristo
, que tan destacadamente los cita, como
obra suya. Y si no, a Contarini y al catolicismo luteranizante que de-
mostró en sus actos
como veremos
y sus escritos auténticos. (El
Beneficio de Cristo
no es en realidad suyo.)
Queda así expuesta una alusión histórica segura y bastante preci-
sa disimulada en un texto de Cervantes. Y una alusión disimulada a
Contarini y su doctrina empuja a presumir en su contexto inmediato
un desarrollo oculto en relación con esos temas para integrar un
probable relato encubierto de historia religiosa tabú.
Que el contexto parezca hablar de otras cosas lleva a conjeturar
que Cervantes configura sus alusiones con algún auxilio de un códi-
go, que sería consabido en su ambiente. Nuestras matemáticas hacen
difícil dudarlo, y hay por lo menos un texto de un contemporáneo
que, respetado y razonado como se debe, atestiguaría uso de código
en Cervantes. Es el famoso pasaje del prólogo del
Quijote apócrifo
que
le atribuye “ostentación de sinónimos voluntarios”.
Una interpretación prejuiciosa ha venido convirtiendo esos sinó-
nimos en seudónimos, homónimos, apodos, etc., cuando lo lógico
era ver en ellos “sinónimos artificiales”, hechos sinónimos por volun-
tad de un grupo interesado en la elaboración de mensajes incom-
prensibles para los extraños. Ese grupo usaría, como es de sospechar
en Cervantes, un código, cada voz del cual sería un secreto sinónimo
convenido, voluntario, de la palabra a la que reemplaza y esconde. Es
el único sentido lógico de la frase tal cual es.
394
CARLOS ALBERTO MOREYRA
NRFH
, XLVIII
Las de los otros doctores citados tienen menos lugar. La atribución del libro a Con-
tarini consta en la
Historia de los heterodoxos españoles
, de M
ENÉNDEZ Y
P
ELAYO
(lib. 4,
cap. 4, p. iv. En la ed. Emecé, Buenos Aires, 1945, t. 4, p. 278).
Veamos ahora si el contexto en que sospechamos historia encu-
bierta nos deja percibir algo que secretee de Contarini, su historia o
su doctrina; tal vez hasta hallemos así voces con sentido de código
probable. El
Persiles
narra que Contarino, enamorado de Ambrosia
Agustina, se casa con ella, y
dice la dama:
el mismo día que le di la mano recibió él de la de Su Majestad una car-
ta, en que le mandaba viniese luego al punto a conducir un tercio… de
infantería española, a la isla de Malta, sobre la cual se pensaba bajaba el
turco. Obedeció Contarino con tanta puntualidad lo que se le mandaba
que… sin tener en cuenta con mis lágrimas, el recibir la carta y el partir-
se todo fue uno
3
.
Siendo claro que Contarino disfraza al cardenal Contarini, la car-
ta en que Su Majestad le ordena partir al punto en su auxilio parece
pensada para encaminar al lector en forma decisiva recordando sin
velos un real llamado urgente de S. M. el emperador Carlos V a Con-
tarini, hecho capital en la historia de éste.
A principios de 1541 el papa Paulo III, a cuyo lado estaba Con-
tarini, recibió, en efecto, de ministros de Carlos V, por voluntad in-
dudable de éste, urgentes mensajes para que enviase sin demora a
Contarini como legado suyo ante el Coloquio de Ratisbona, en el
que Carlos esperaba que católicos y protestantes hallasen una fórmu-
la teológica que reconciliase a los dos bandos. Pero su esperanza pa-
recía en aquel momento amenazada por la inevitable y ya muy real
presencia en el coloquio del máximo contradictor alemán de Lutero,
el muy intransigente teólogo católico Juan Eck. Conforme al deseo
imperial, Contarini fue a Ratisbona como legado, presurosamente,
con especial encargo de contener el afán polémico de Eck, a quien
en efecto contendrá
4
.
El urgente llamado imperial a Contarini, decíamos, se enuncia
en el
Persiles
sin velos. Pero ¿no es inevitable suponer que el real mo-
tivo del llamado también se exprese, con previsible disimulo? ¿No se-
rá el amenazante turco del
Persiles
un disfraz, quizá un “sinónimo
voluntario”, de católicos como Eck que amenazaban frustrar la con-
cordia? ¿No será Malta, histórico bastión cristiano ante los turcos, un
concordante disfraz del coloquio, donde del lado católico sólo esta-
NRFH
, XLVIII
EL VERDADERO HERMETISMO DE CERVANTES
395
3
Cito, por la ed. A. Valbuena Prat, en
Obras completas
, Aguilar, Madrid, t. 2; esta
cita y las siguientes, en p. 1022.
4
Los coloquios conciliadores y en especial el de Ratisbona de 1541 se tra-
tan con extensión en el cap. 5 del t. 11 de la
Historia de los Papas
de L. P
ASTOR
(Gili,
Barcelona, 1953). Sobre los opuestos papeles de Contarini y Eck interesan allí en
especial las pp. 362, 364, 373-374, 378-379. El acuerdo logrado en la doble justifica-
ción, luterana y católica reunidas, quedó sin efecto al disolverse poco después el
coloquio.
rían, además de Eck, los luteranizantes Juan Gropper y Julio Pflug?
5
.
Y este par de disfraces explicaría también por qué el Contarino del
Persiles
es “caballero del hábito de Alcántara”, una orden creada en la
España medieval para luchar contra musulmanes. Los tres disfraces
implicarían
y tengo muy visto que implican
una figuración con-
vencional del catolicismo intransigente en musulmanes y del catoli-
cismo luteranizante en los cristianos.
Que Cervantes use código suena hoy tan absurdo que me siento
obligado aquí a un paréntesis que lo haga quizás menos increíble.
He descrito en un libro reciente,
La criptorreforma jesuita y el gran
arte críptico
(El Copista, Córdoba, Argentina, 1999) el lenguaje críp-
tico que encuentro en Cervantes y muchos otros. El código que lo
integra, libremente ampliable sobre bases lógicas, es riquísimo en vo-
cablos que, con matices dependiendo del contexto, casi sólo deno-
tan relación por la justificación católica por las obras o relación con
la justificación luterana por la fe, del modo ejemplificado arriba en
las voces
turco
y
Malta
.
El código sólo ayuda, pues, a configurar alusiones relativas a la
máxima cuestión de la época: la de catolicismo o protestantismo. Pe-
ro lo hace permitiendo, con su extraordinaria riqueza y flexibilidad,
en el sabio lenguaje críptico que integra, la más amplia libertad crea-
dora en el terreno del arte. Mi libro incluye, amén de otras cosas, mi
desciframiento del episodio de Ambrosia y de varios del
Quijote
con
razonable apoyo de nombres propios.
Cerrando aquí mi paréntesis, vuelvo a mi anterior andar, sin ser-
virme del código, en lo que sigue.
La carta de Su Majestad ordena a Contarino conducir “un ter-
cio… de infantería española”. En esta infantería es difícil no sospe-
char figurada a la Compañía de Jesús, milicia a lo divino que en
septiembre de 1540, tres meses antes del viaje de Contarini (enero
de 1541), había sido aprobada por el papa a instancias de él. Parecie-
ra decirse, pues, que la Compañía o algo de ella tuvo que ver con la
misión de Contarini.
Este así insinuado vínculo de la Compañía y Contarini lleva a pre-
guntarnos si Ambrosia Agustina, la amada de Contarino, no figurará
también a la Compañía de Jesús. Contarino se enamora de ella como
Contarini se prendó de la Compañía al conocer en Roma a Loyola,
en 1538
6
. Contarino parte llamado por Su Majestad el mismo día de
la boda como Contarini parte llamado por Carlos V a sólo tres meses
de aprobada por el papa su dilecta Compañía. Y Ambrosia derrama
lágrimas por el alejamiento de Contarino como el viaje de Contarini
a Ratisbona apesadumbró a los jesuitas, según sabemos por la cons-
396
CARLOS ALBERTO MOREYRA
NRFH
, XLVIII
5
Cf. P
ASTOR
,
op. cit
., t. 11, p. 377.
6
Véase
Obras completas de S. Ignacio de Loyola
,
BAC
, Madrid, 1947, t. 1, p. 537.
ternación
¿por la doctrina, la forma, la oportunidad?
con que el
jesuita Pedro Fabro comunicaba en carta a Loyola el avance de la do-
ble justicia en el coloquio
7
.
Ambrosia sigue diciendo: “Pocos días pasaron, cuando, añadien-
do yo imaginaciones a imaginaciones y deseos a deseos, vine a poner
en efecto uno cuyo cumplimiento, así como me quitó la honra por
entonces, pudiera también quitarme la vida”.
En nuestra hipótesis, Ambrosia hablaría aquí de una conducta de
la Compañía que la habría desacreditado y puesto en peligro su vida.
Lo cual ocurrió realmente a la orden, a entender de muchos, incluso
al parecer Cervantes, en 1559, cuando por toda España circuló el ru-
mor de que los jesuitas eran “autores y maestros” de las herejías pro-
testantes descubiertas desde 1557 y que la inquisición reprimió con
estrangulamientos y quemas de decenas de herejes en Valladolid y
Sevilla en 1559 y 1560
8
. La inquisición sospechó entonces tanto de
los jesuitas que el que es hoy San Francisco de Borja, delegado del
general de la orden, tuvo que huir a Portugal para no ser prendido y
procesado. Muchos pensaron entonces, incluso jesuitas, que la orden
sería suprimida
9
.
Los “pocos días” que habrían pasado entre el coloquio de 1541 y las
herejías de 1557-1559 serían sólo un modo de disfrazar lapsos de histo-
ria reduciéndolos a lapsos de novela; poco más arriba dos hechos sepa-
rados por sólo tres meses se dicen ocurridos “el mismo día”.
Ambrosia sigue así su historia: “Ausentéme de mi casa sin sabidu-
ría de ninguno de ella, y, en hábitos de hombre… asenté por criado
de un atambor de una compañía que estaba en un lugar, pienso que
ocho leguas del mío”.
Parecería hablarse aquí de cierto disfraz
¿no huele a código el
disfraz de
hombre
?
, cierto disimulo de los jesuitas tras los sofocones
de 1559, y armonizaría con eso el paso de Ambrosia a integrar una
compañía
“que estaba en un lugar pienso que ocho leguas del mío”.
¿No podría decir esto, con la imagen más transparente, que los jesui-
tas del comienzo integraban ahora una Compañía de Jesús alejada
de su posición originaria?
Lo cual parece otro modo de decir, como Marcel Bataillon dice
en
Erasmo y España
, que después de 1559 “los jesuitas supieron librar-
se muy pronto de la sospecha de iluminismo que suscitaba la exalta-
NRFH
, XLVIII
EL VERDADERO HERMETISMO DE CERVANTES
397
7
Cf. F
ELICIANO
C
ERECEDA
S. I.,
Diego Laínez en la Europa religiosa de su tiempo
, Ma-
drid, 1946, t. 2, p. 244.
8
Sobre el rumor, P
EDRO DE
R
IBADENEYRA
S. I.,
Vida del P. Francisco de Borja
, lib. 2,
cap. 19. (En
Historias de la Contrarreforma
,
BAC
, Madrid, 1945, p. 740.) De los brotes
luteranizantes españoles de 1558 habla M
ENÉNDEZ Y
P
ELAYO
en los caps. 7, 8 y 9 del li-
bro 4 de su
Historia de los heterodoxos españoles
.
9
Sobre la fuga de Borja y el descrédito y presuntos peligros de la Compañía, in-
cluso el de su disolución, C
ERECEDA
,
op. cit
., t. 2, pp. 11-14 y t. 1, pp. 413-414.
ción de la fe y de la gracia”, es decir la simpatía que habían dejado
traslucir por la justificación luterana por la sola fe y pura gracia
10
. Su
nueva tendencia fructificaría pronto en el “pelagiano” molinismo.
Lo que hemos empezado a ver de la historia de Ambrosia hace
sospechar en ella una crónica religiosa secreta de la Compañía de Je-
sús (y, con otras comprobaciones para mí decisivas, es realmente
eso). La compañía que Ambrosia integra protagoniza los párrafos
del relato que inmediatamente siguen.
La Compañía de Jesús era muy tentadora como tema para tratar-
se a la sordina. Consta que en 1546 se murmuraba en España que los
jesuitas enseñaban una doctrina secreta
11
. Ignacio de Loyola, funda-
dor de la orden, fue objeto de varias pesquisas y hasta de dos juicios
formales por sospechas de herejía
12
. Pese a las aprobaciones papales,
su orden y sus ejercicios espirituales fueron denunciados con insis-
tencia como heréticos, sobre todo en España por el gran teólogo
Melchor Cano
13
. El cardenal Silíceo, arzobispo primado de Toledo,
prohibió en 1551 el oficio de confesores a los sacerdotes que hu-
biesen hecho los ejercicios de Loyola y amenazó con excomunión
mayor a los que se confesasen con un jesuita o recibiesen otro sacra-
mento de sus manos
14
. Poco después vino lo arriba dicho de 1559,
que culminó en la fuga de Borja y el temor de que la orden sería su-
primida.
Lo que sigue del relato de Ambrosia se presta menos a interpre-
tación sin código, por lo que me detengo aquí. Resumiendo:
1. Nuestras consideraciones sobre los cuatro nombres prueban que
un texto de Cervantes se refiere en secreto a un personaje histórico, el
cardenal Gaspar Contarini, y a su catolicismo un poco luterano.
2. Esa referencia oculta hace presumir en su contexto un desa-
rrollo, también oculto, en relación con ese tema. Lo cual sería impo-
sible sin auxilio de un código que enmascarase el asunto.
3. El uso de código por Cervantes parece atestiguado en los “sinó-
nimos voluntarios” que le atribuye el prólogo del
Quijote apócrifo
. Un
oportuno empleo de la imaginación permite, en sana ciencia, conjetu-
rar voces de código en el urgido viaje de Contarino, personaje de la no-
vela, cotejado con el urgido viaje a Ratisbona del cardenal Contarini.
398
CARLOS ALBERTO MOREYRA
NRFH
, XLVIII
10
M
ARCEL
B
ATAILLON
,
Erasmo y España
, trad. Antonio Alatorre, F.C.E., México,
1950, t. 2, p. 372.
11
C
ERECEDA
,
op. cit
., t. 2, p. 7.
12
Véase
persecuciones
en el índice alfabético del t. l de las
Obras
dichas en nota 6,
donde se enumeran ocho “procesos” investigando a Loyola.
13
Véase C
ERECEDA
,
op. cit
., t. 1, cap. 10, con las explicaciones jesuitas, que creo
erradas.
14
Cf. P
EDRO DE
R
IBADENEYRA
S. I.,
Vida del bienaventurado Padre Ignacio de Loyola
,
lib. 4, cap. 4. (En
Historias de la Contrarreforma
, p. 272.)
4. Vistas las comprobaciones procedentes, la posición y la calidad
de las coincidencias arriba señaladas entre el relato novelesco de Am-
brosia Agustina y la historia de la Compañía de Jesús autorizan la hi-
pótesis de que la historia de Ambrosia cifre la de la Compañía.
Añade fuerza a esta hipótesis el ser desde su origen la Compañía un
tema cargado de enigma, de sospechas y de pasión polémica. Un te-
ma de máximo interés, pero que, pasada la crisis de 1559, se prohi-
bió, sin duda, tratar con la necesaria libertad.
C
ARLOS
A
LBERTO
M
OREYRA
NRFH
, XLVIII
EL VERDADERO HERMETISMO DE CERVANTES
399
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