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ANALES DE DOCUMENTACIÓN, N.º 4, 2001, PÁGS. 193-213
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE
ACTITUDES Y COMPORTAMIENTO DE LOS RECLUSOS EN EL
CENTRO PENITENCIARIO DE BADAJOZ
Margarita Pérez Pulido*
Facultad de Biblioteconomía y Documentación. Universidad de Extremadura
Resumen:
Se aplican técnicas de investigación social para conocer las actitudes y
comportamiento de los usuarios respecto a la lectura en entornos marginales.
Partiendo de un estudio de caso, se analizan las características de los usuarios en
función del hábitat en el que éstos se desenvuelven a fin de obtener un perfil de
usuario tipo que, al asociarlo con variables relacionadas con los hábitos lectores,
nos permitirá determinar las prácticas lectoras que han adquirido bien por condi-
cionantes sociales, psicológicos o del propio entorno, lo que contribuirá en gran
medida a una planificación adecuada de los servicios bibliotecarios.
Palabras clave:
Estudios de usuarios, lectura en prisión, bibliotecas de prisiones
Abstract:
Social research techniques were applied to determinate the attitudes and
behaviour of users in deprived areas. An analysis based on a case-study was made
of the characteristics of these users regarding their living conditions and sur-
roundings. Our aim was to obtain a profile of this type of user which, associated to
factors related with their reading habits, would permit us to determine reading
practices acquired either through social or psychological conditions or from their
surroundings, and thus contribute to the provision of more adequate planning of li-
brary services.
Keywords:
User studies, prison reading, prison libraries
0. INTRODUCCIÓN
Los estudios de usuarios, entendidos como investigación de tipo social que sistemati-
za las características, necesidades y conducta de los usuarios potenciales y reales, son
determinantes para poder planificar un sistema de información adecuado además de
constituir un punto de referencia para su evaluación posterior.
Resulta esencial enfocar el estudio desde el entorno en el que se desenvuelve el indi-
viduo y su situación particular en él, lo cual puede influir en el hecho de percibir deter-
minadas necesidades
1
. A esto se le unen los comportamientos que inducen al usuario a
buscar información una vez planteada la necesidad y los hábitos adquiridos por el ejerci-
cio de una actividad dilatada en el tiempo y en el espacio.
El objetivo es, pues, determinar las características de los usuarios en función del há-
bitat en el que éstos se desenvuelven para realizar sus tareas u ocupar su tiempo de ocio,
y los hábitos de lectura que han adquirido, bien por condicionantes sociales, psicológi-
* marga@ alcazaba.unex.es
1
Hawley, A.H.
Teoría de la ecología humana
. Madrid: Tecnos, 1991.
194
MARGARITA PÉREZ PULIDO
anales de documentación
, n.º 4, 2001
cos o del propio entorno, lo que lleva a transformar este hábito en una necesidad o deseo
concreto respecto a la información.
Este trabajo forma parte de un estudio más amplio acerca de las actitudes y compor-
tamiento de los usuarios respecto a la información en el centro penitenciario de Badajoz
en el que, además de obtener un perfil de usuario tipo, se trataron de detectar las nece-
sidades de información con el objetivo de obtener una futura asociación entre el perfil
obtenido del recluso y su necesidad o deseo de información, sea o no transformada en
demanda, y el uso que hace de la biblioteca a partir de una demanda específica, además
de conocer su opinión acerca de este servicio. Todo ello a partir de la aplicación de
técnicas de investigación social combinando la observación, con el cuestionario y los
grupos de discusión.
Precedentes de este tipo de estudios los encontramos en Estados Unidos, Francia, o
en Inglaterra
2
, en los que utilizando estas técnicas abordan cuestiones relacionadas con
los perfiles personales de los usuarios y su entorno, por un lado, y las necesidades de
información, hábitos de lectura o uso real de la biblioteca por otro.
Todos los autores coinciden en las especiales dificultades que entraña el abordar un
estudio de este tipo. En primer lugar, no todos los internos están dispuestos a colaborar
o pueden hacerlo dadas sus especiales características de reclusión, lo que lleva a encon-
trar serias dificultades a la hora de conseguir el tamaño de muestra seleccionado. En
segundo lugar, en los centros penitenciarios de todos los países la tasa de analfabetismo
es alta, lo que dificulta la posibilidad de centrar adecuadamente el estudio en la totalidad
de los usuarios potenciales del centro.
En tercer lugar, el acceso a la biblioteca y los servicios bibliotecarios en cierta medi-
da se encuentran restringidos para un alto porcentaje de internos a pesar de la legislación
vigente en los diferentes países quedando, en consecuencia, restringido el número de
usuarios reales.
No obstante, a pesar de las dificultades señaladas, estos estudios aportan una valiosa
documentación acerca de los modos de comportamiento respecto a la información en
entornos especialmente cerrados, conflictivos o marginales, contribuyendo así en buena
medida a clarificar las posibilidades de una planificación adecuada en servicios bibliote-
carios especiales.
2
Brenda Vogel en su manual
Down for the count, a prison library handbook
. Metuchen (N.Y.): Scarecrow
Press, 1995, incluye una encuesta elaborada para reclusos en la que ellos deben especificar sus necesidades de
información a fin de detectar si los servicios bibliotecarios se adaptan realmente a sus necesidades para, en
caso contrario, suplir las posibles deficiencias. En ese mismo año, Jean Louis Fabiani aborda un estudio sobre
la sociología de la lectura en las prisiones francesas. En 1994, Susan Lithgow realiza un estudio de usuarios
mediante la técnica del cuestionario con la finalidad de establecer posibles indicadores de evaluación de servi-
cios en las bibliotecas de prisiones de Inglaterra y Gales. Ver su artículo realizado junto a J. Hepworth, Per-
formance measurement in prison libraries: research, methods, problems and perspectives.
Journal of librari-
anship and information science
, 25 (2), june, 1993.
Otros estudios de interés son,
DORSET- the inside story. Prison libraries in Dorset: a profesional appraisal of
prison library services carried out by Dorset County Library during 1991/1992
. Dorset: County Library,
1992, y Bayley, L., Greenfield, L. y Nogueira, F.
Jail library service: a quide for librarians and jail admin-
istrators
. Chicago: ALA, 1981.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
195
anales de documentación
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1. METODOLOGÍA
Tras los periodos de observación realizados, fuimos conscientes de las dificultades
que podía entrañar nuestro estudio sobre la población total del centro penitenciario de
Badajoz. No obstante se procuró que todas las categorías estuvieran representadas en
función de su peso específico en el centro. Para ello se contó con la colaboración de
funcionarios y maestros que facilitaron el acceso, además de los servicios comunes, a
los lugares más recónditos de la prisión (módulos, patios y celdas), y con la ayuda de
los propios reclusos en función de su responsabilidad (auxiliar de biblioteca) o de la
amistad entablada con ellos
3
en los largos de periodos de observación y trabajo en la
biblioteca del centro.
Sobre la base inicial de los cálculos se excluyeron aquellos que no sabían leer o es-
cribir y los que posteriormente abandonaron ante la dificultad de preguntas de difícil
respuesta para ellos.
Se estudió, por tanto, una muestra de n=220 presos durante tres meses del año 1999
en el centro penitenciario de Badajoz. Dicho centro alojó durante los meses de estudio
una media de 684 reclusos entre los que se incluía un tanto por ciento variable de indi-
viduos analfabetos o que desconocían el idioma en el que estaba escrito el cuestionario
que fue distribuido.
De los 220 cuestionarios recogidos fueron rechazados 17 debido a que se encontra-
ron erróneamente contestados. La muestra fue ampliamente heterogénea y el tamaño
muestral limitado dado los problemas que aparecen en todos los estudios de este tipo
4
, si
bien la muestra fue representativa como pudo extraerse de la comparación entre los
estadísticos descriptivos de dicha población y la muestra analizada.
El cuestionario se elaboró a partir de los diseños previos estudiados para investiga-
ciones de este tipo, a los que se añadieron asuntos fruto del resultado de los periodos de
observación, cuestión fundamental ésta, ya que se pudieron detectar características y
condicionamientos específicos para nuestro trabajo.
Una vez obtenido el documento definitivo, se procedió a realizar un estudio piloto
con el fin de detectar posibles fallos e irregularidades que afectarían al posterior proceso
de recogida de información. Para ello se distribuyó el cuestionario a un grupo reducido
de individuos (entre 10 y 15) atendiendo a las distintas categorías representativas de la
muestra. A partir de esta experiencia se detectó que el diseño de las respuestas estable-
cido en códigos numéricos que debían indicarse con un círculo no fue suficientemente
comprensible para los internos, por lo que hubo que volver a rediseñar esta parte y
transformarla en cuadros donde simplemente habían de marcar una x.
Con relación a la estructura general del cuestionario, no hubo complicaciones a la
hora de entender las instrucciones o las categorías de respuesta en el caso de preguntas
3
Esta cuestión se considera fundamental ya que por ello se pudo llegar a reclusos que no mostraban el más
mínimo interés en un principio o aquellos con los cuales era imposible relacionarse debido que permanecían
incomunicados en celdas o módulos.
4
Ver Fabiani, J.L.
Lire en prison
. París: Centre Georges Pompidou, 1995 y Lithgow, S.
Improving the
effectiveness and efficiency of library provision within penal establishments in England and Wales:research to
field test performance indicators and quality assurance programmes.
Wales: University, 1994 (tesis doctoral
inédita).
196
MARGARITA PÉREZ PULIDO
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cerradas. Sí se observó una cierta tendencia al abandono en preguntas excesivamente
largas, con varias opciones de respuesta, y a no responder a algunas por las que se po-
dían sentir algo intimidados. Se procedió por tanto a intercalar preguntas aparentemente
superficiales y agradables de contestar con las de un fuerte componente social o perso-
nal.
Se procedió igualmente a eliminar algunas preguntas que resultaron repetitivas o que
aportaban información gratuita, y a reformular otras que difícilmente fueron entendibles
para la mayoría de los encuestados. El comportamiento de las preguntas filtro fue acep-
table no así las de control, cuestión que solamente se detectó una vez recogidos y anali-
zados todos los datos, por lo que ha resultado necesario contrastar las opiniones vertidas
con lo observado y las respuestas en conversaciones en grupo. De hecho se ha observa-
do posteriormente una tendencia a la respuesta “oficial” positiva en el cuestionario que
luego contrasta en gran medida con las opiniones personales en situaciones más relaja-
das.
Por otra parte debemos tener en cuenta la tendencia al comportamiento radical de los
internos ya que según el momento se muestran a favor o en contra excesivamente de lo
propuesto, por cuestión de estrategia fundamentalmente.
Por fin, se comprobó que el tiempo de respuesta del cuestionario completo era acep-
table pero que sería conveniente estar presente en la cumplimentación del mismo, activi-
dad que se realizó personalmente en colaboración con los maestros del centro.
Para la obtención de los estadísticos descriptivos y la realización de los tests estadís-
ticos se ha utilizado el programa Statistica. Se aplicaron test de Chi-cuadrado sobre
tablas de contingencia para analizar la asociación entre las distintas variables del estudio.
El perfil de usuario ha sido definido con relación a la descripción estadística de
nuestra muestra, para lo cual se calcularon los tantos por ciento correspondientes a cada
una de las categorías definidas en las siguientes variables: sexo, edad, lugar de naci-
miento, residencia, nivel de estudios del individuo y de sus padres, ocupación, tiempo
de condena y asistencia a clase. La asociación entre la edad de los reclusos y el resto de
las variables fue medida mediante la aplicación del test de la Chi-cuadrado a tablas de
contingencia. Se agruparon categorías cuando existía un elevado número de celdas con
frecuencias esperadas menores de 5. Cuando se obtuvo una tabla de 2x2 dimensiones se
aplicó la corrección de Yates.
Los hábitos de lectura fueron estudiados mediante 9 variables, sobre las que se des-
cribieron éstos calculando los tantos por ciento correspondientes a cada categoría defini-
da en dichas variables. La asociación entre las variables que definen el perfil de usuario
con aquellas que definen los hábitos de lectura se analizó mediante la construcción de
tablas de contingencia con la aplicación del test de la Chi-cuadrado. En determinadas
ocasiones en las que los datos estaban divididos en un elevado número de categorías no
se pudieron aplicar tests estadísticos por la aparición de un elevado número de celdas
con frecuencias esperadas menores de 5.
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2. RESULTADOS
2.1. PERFIL DE USUARIO DEL CENTRO PENITENCIARIO DE BADAJOZ
2.1.1. Sexo
El 90% de la muestra analizada ha correspondido a hombres mientras que el 10%
restante han sido mujeres, frente a un 92% de hombres y un 6% de mujeres de la pobla-
ción total de la prisión durante los meses de estudio
5
. Esta diferencia es consustancial a
todos las prisiones de España en las que el 90% de los reclusos son hombres en prisio-
nes mixtas frente a un 9% de mujeres
6
.
El centro penitenciario de Badajoz está concebido como un centro para hombres. La
inexistencia de un centro para mujeres cercano ha obligado a habilitar una sección espe-
cial para mujeres, donde conviven separadamente de los hombres (apenas realizan acti-
vidades conjuntas) y en clara desventaja ya que no tienen los mismos recursos y no
cuentan con la posibilidad de utilizar igualmente las instalaciones
7
.
2.1.2. Edad
El 43% de la población estudiada oscila entre los 31 y 40 años de edad. Los porcen-
tajes disminuyen a medida que va disminuyendo la edad.
Los porcentajes altos en edades medianas pueden tener relación con la reincidencia
de las personas que ingresan en prisión. La edad de inicio en el delito suele ser tempra-
na, hacia los 20 años, comenzando a partir de ahí todo un proceso de salidas y entradas
que a veces es considerado como un modo de vida. Según datos del informe sobre pri-
siones en España publicado en 1999
8
, el 75% de la población reclusa ha ingresado por
primera vez en prisión antes de cumplir los 25 años. El intervalo de edad entre 30 y 40
años acumula un número de encarcelamientos que supera los 4,7. Esta situación no se
suele estabilizar hasta los 45 años, edad en la que la reincidencia disminuye considera-
blemente.
5
Recordemos que un porcentaje de la población total reclusa era analfabeta o no entendía el idioma lo que se
tuvo en cuenta a la hora de establecer el tamaño de la muestra.
6
Ver Asociación pro Derechos Humanos.
Informe sobre la situación de las prisiones en España.
Madrid:
Fundamentos, 1999, p. 24.
7
Este hecho queda muy bien reflejado en el uso de la biblioteca, donde las mujeres solamente acceden una vez
por semana en horario de tarde, periodo de tiempo en el que a los hombres no se les está permitido acceder,
mientras que éstos tienen la posibilidad de permanecer en la biblioteca por las mañanas.
8
Asociación pro Derechos Humanos.
Informe sobre la situación.
..
op. cit., p. 27.
198
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2.1.3. Lugar de nacimiento
El 87% de reclusos de la muestra analizada son españoles, de ellos más de la mitad
procede de otra Comunidad Autónoma, mientras que un 35% ha nacido en Extremadu-
ra.
El 11% son extranjeros. Los países de procedencia de estos reclusos suelen ser afri-
canos y sudamericanos. Durante el año 1999 de los 46 reclusos extranjeros que se en-
contraban en el centro, 19 pertenecían a países como Marruecos, Guinea, Argelia, An-
gola o Túnez, y 3 de ellos a países sudamericanos: República Dominicana, Colombia y
Perú. De los pertenecientes a otro país europeo, 1 es alemán y 21 son portugueses. En
general esta distribución de países coincide con la media nacional, no así el porcentaje
de reclusos extranjeros en proporción con los españoles, habiendo algunas prisiones
españolas (Topas o Melilla) en los que se llega hasta el 50%. La presencia de reclusos
extranjeros en la prisión de Badajoz es debido al carácter fronterizo de la propia ciudad,
considerada de paso hacia otros lugares de interés en donde, en estos casos concretos,
existe la posibilidad del tráfico de droga, delito por el que comúnmente se encuentra
aquí la mayoría de estos reclusos
9
.
En cuanto a las personas que proceden de otra Comunidad Autónoma, se explica por
el hecho de que la prisión de Badajoz es considerada como un lugar de descongestión de
otros centros cercanos que están colapsados, en concreto los centros andaluces (Sevilla y
Puerto de Santa María). Se considera el centro penitenciario más cercano a los lugares
de origen de los reclusos, ya que por ley deben encontrarse lo más próximos a su fami-
lia y origen de residencia.
2.1.4. Residencia
Más del 70% procede de un entorno urbano. Cerca del 37% consideraron que vivían
en un barrio dentro de la ciudad, mientras que el 23% lo hacía en el centro, es decir, en
la parte antigua o casco histórico de la ciudad y un 10% habitaba en barrios a las afue-
ras. El 27% procede de entornos rurales.
Es interesante establecer una diferencia entre entorno urbano y rural ya que se reco-
noce que el tipo de delito cometido está relacionado con este concepto. Dentro del en-
torno urbano merece tener en consideración el porcentaje de personas que habitan en el
centro de la ciudad dadas las especiales características de Badajoz, cuyo casco histórico
constituye una de las zonas más marginales de la ciudad.
2.1.5. Nivel de estudios del recluso
El 68% de los reclusos tiene estudios primarios y el 20,7% posee estudios de secun-
daria (tabla 1). Alrededor de un 4% no ha ido a la escuela aunque sabe leer y escribir,
ya que fue capaz de cumplimentar el cuestionario. En general, el nivel de educación de
9
De hecho han pasado por los muros de esta prisión personalidades de los carteles gallegos de la droga que,
siendo apresados en Portugal y cumpliendo parte de la condena allí son trasladados a nuestro país para su
finalización, quedándose en centros ubicados en lugares fronterizos cercanos a la prisión de procedencia.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
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los reclusos es bajo. Como parte de estos porcentajes debemos tener en cuenta aquellas
personas que asisten a clase dentro de la prisión, que por lo general abandonaron la
escuela cuando estaban en el exterior y han retomado sus estudios, o no tuvieron opor-
tunidad de estudiar y la han encontrado en estos momentos. Igualmente sucede con los
reclusos que cursan estudios universitarios, un 6,% si tenemos en cuenta el total de los
que cursan carreras medias y superiores.
Al preguntarles por la decisión de estudiar en prisión la mayoría contestaron que
siempre quisieron hacerlo y no tuvieron tiempo u oportunidad, o deseaban adquirir co-
nocimientos o, simplemente, veían una posibilidad de matar el tiempo y salir del módu-
lo.
Recordemos la existencia obligatoria de la escuela en la prisión por ley
10
y las posi-
bilidades a través de convenios con distintas universidades (UNED, Universidad del País
Vasco) de estudiar una carrera universitaria. Pero no todos pueden acceder a los estu-
dios dentro del centro penitenciario, de ahí el porcentaje (3,9%) de los que no fueron a
la escuela y siguen sin acceder a ningún tipo de instrucción, pues han de ser selecciona-
dos para ello de acuerdo a determinadas características psicológicas, aptitudes y actitu-
des dentro de la prisión.
2.1.6. Nivel de estudios del padre
Cabe destacar el alto porcentaje (25,1%) que indica que el padre de las personas re-
cluidas representativas de nuestra muestra no ha ido a la escuela, si lo comparamos,
además, con el número de ellos que sólo poseen estudios primarios (38,9%). Al mismo
tiempo comparado con éste (68% de reclusos que tenían estudios primarios), indica una
cierta evolución con relación al nivel de educación en las distintas generaciones (tabla
1). De igual modo casi un 10% alcanza los que tienen estudios secundarios, frente al
doble porcentaje de sus hijos. Un 2,5% ha cursado estudios universitarios medios y
superiores.
Un alto índice de reclusos no sabe qué nivel de estudios tiene su padre, lo que parece
indicar un cierto desarraigo de la familia, desvinculación del propio padre de la misma,
e incluso un grado de desconfianza o timidez por parte del recluso al responder cuestio-
nes de este tipo.
2.1.7. Nivel de estudios de la madre
En general, de acuerdo a los porcentajes observados, en el caso de la madre se apre-
cia una disminución del nivel de estudios.
10
Ver cap. X de la L.O.G.P. sobre instrucción y educación.
200
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anales de documentación
, n.º 4, 2001
Nivel de estudios del recluso y sus padres
n= 203
%
NO FUE A
LA
ESCUELA
E.
PRIMARIA
E.
SECUNDARIA
UNIVERSIDAD
MEDIA
UNIVERSIDAD
SUPERIOR
NS/NC
Recluso
3,9
68,0
20,7
3,4
2,9
1
Padre
25,1
38,9
8,3
1,5
1,0
25,1
Madre
40,9
30,5
1,5
1,5
0,5
25,1
Casi la mitad no fue a la escuela, lo que constituye el porcentaje más alto con rela-
ción al del padre y al del propio recluso. Una vez más se manifiesta la diferencia de
generaciones, y esta vez de género, en cuanto al nivel de estudios. Un 30,5% tiene
estudios primarios, porcentaje similar al del padre y un 1,5% posee estudios secunda-
rios. Este último porcentaje resulta ínfimo comparado con el del padre y el del propio
recluso. El índice correspondiente a los estudios universitarios también desciende, 2%
en total, entre carreras medias y superiores.
Un número similar de reclusos desconoce el nivel de estudios de su madre (25%).
Las causas pueden ser las mismas que las indicadas anteriormente para el caso del pa-
dre.
1.2.8. Ocupación
La cuestión ¿cuál es/era su ocupación o en qué trabajaba principalmente? se planteó
como una pregunta abierta, en la que cada uno podía expresar libremente y según su
propia consideración si trabajaba o no y en qué esencialmente ya que después procede-
ríamos a ordenar las respuestas en categorías. El grado de complicación de esta pregunta
radicaba en lo difícil que resultaba a las personas encuestadas definir su profesión. Mu-
chos de los reclusos habían tenido distintas ocupaciones a lo largo de su vida o simple-
mente no diferenciaban entre la ocupación que tenían antes de ingresar en prisión y la
que desarrollaban en ese momento dentro de la prisión.
De esta manera se pudo comprobar por los porcentajes que las ocupaciones más fre-
cuentes eran aquellas que no necesitaban estudios e implicaban un conocimiento y des-
treza de oficio, además de tener posibilidad de realizarlas por cuenta propia.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
201
anales de documentación
, n.º 4, 2001
Ocupación
n=203
N
%
Empleado administración pública
5
2,4
Agricultor, ganadero, pescador
26
12,8
Trabajador autónomo, comerciante, artesano,
Empresario
53
26,1
Trabajador no cualificado de la industria
22
10,8
Trabajador no cualificado de servicios
60
29,5
Servicio doméstico, ama de casa
10
4,9
Estudiante
3
1,5
En paro
7
3,4
Ns/Nc
17
8,4
El 29,5% se considera trabajador no cualificado de servicios, es decir, se dedica a
labores tales como pintura, fontanería, camarero, cocinero, entre otros. El 26,1% se
declara trabajador autónomo, comerciante, artesano o empresario, poseedor de negocio
propio, y en mayor medida dedicado a la venta ambulante. El 13% es agricultor, gana-
dero o pescador, oficio éste muy nombrado entre los reclusos provenientes de otras
comunidades autónomas (Andalucía). Un 11% es trabajador no cualificado de la indus-
tria.
En el caso de las mujeres, la mayoría son amas de casa, categoría representada por
un 5%. Los porcentajes más bajos corresponden a los que han trabajado en la Adminis-
tración Pública, son estudiantes y están en paro o han confesado que nunca han trabaja-
do.
1.2.9. Tiempo de condena
La mayoría de las personas encuestadas ha de permanecer en prisión de 4 a 8 años
(31,5%). Un 29,5% han de estar hasta 3 años y un 17% de 9 a 16 años. Un 11% posee
condenas aún más duraderas, entre 17 y 30 años.
La duración media de la condena de los reclusos en los centros penitenciarios espa-
ñoles es de diez años
11
. No obstante el mayor número de presos cumple condenas entre
3 y 6 años, intervalo que correspondería al de 4-8 años de nuestro estudio. La mayoría
de ellos no ha cometido un delito único sino que tiene pendientes varias causas.
Según los datos estadísticos del centro penitenciario de Badajoz
12
, en el año 1999, las
principales causas de delito fueron el robo (47% en los hombres y 35% en las mujeres),
atentados y amenazas contra la autoridad (16% en hombres), contra la salud pública
(8% en hombres y 62% en mujeres), estafas (8% en hombres), homicidio (3% en hom-
11
Ver
Informe sobre las prisiones
... op. cit. p, 31.
12
Centro Penitenciario de Badajoz.
Estadística de la población reclusa
. Enero, 1999.
202
MARGARITA PÉREZ PULIDO
anales de documentación
, n.º 4, 2001
bres y 2% en mujeres) y terrorismo (4% en hombres y 2% en mujeres). Está claro que
el motivo principal es el robo, normalmente unido al consumo y tráfico de drogas, delito
este último más frecuente en las mujeres de este centro.
Existe una relación estadísticamente significativa entre la edad del recluso y el tipo
de condena (
Χ
2
5
=21,54, p=0’001). Los individuos menores de 30 años cuentan con
condenas entre 6 meses y 3 años mientras que en los adultos (mayores de 30 años) el
tiempo de condena se sitúa entre los 4 y 8 años.
Tiempo de condena según la edad de los reclusos
n= 203
A medida que va aumentando la edad aumentan también los casos de reincidencia en
delitos considerados comunes (robo, tráfico de drogas). Los reclusos se inician a edad
temprana en estos tipos de delitos, llegando algunos a considerar un hábito la reincide n-
cia y, por tanto, el aumento del tiempo de condena.
1.2.10. Asistencia a clase
Un alto porcentaje de los encuestados (57%) se encuentra en la actualidad asistiendo
a la escuela del centro penitenciario o estudiando una carrera universitaria. El resto no
asiste a clases, como ya comentamos anteriormente, debido a que no ha sido selecciona-
do para estudiar de acuerdo a unas características y actitudes y aptitudes adecuadas. La
no asistencia a clase puede estar relacionada con la imposibilidad de asistir a la bibliote-
ca
,
ya que el acceso a la misma viene muchas veces condicionado por las necesidades
escolares. Por otra parte, aquellas personas que no asisten a clase tienen pocas posibili-
dades de salir de los módulos (por lo tanto de ir a la biblioteca) a no ser que estén tra-
bajando en un taller o en alguno de los servicios comunes de la prisión, lo cual coincide,
en ambos casos, con el horario de apertura de la biblioteca.
0
5
10
15
20
25
30
35
40
6
m.
-3
a
4-8
a
9-
16
a
17-
20
a
21-
30
a
Menos 30 años
Más 30 años
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
203
anales de documentación
, n.º 4, 2001
Se estima
13
que un 32% de los que ingresan en prisión realizaba estudios en el exte-
rior mientras que un 68% no lo hacía. Una vez dentro, el 51% afirma realizar algún tipo
de estudio mientras que el 49% lo niega. El resultado parece ser positivo, no obstante
debemos tener en cuenta el porcentaje de internos que abandonan los estudios tras su
ingreso en prisión (44%).
Se considera que la asistencia a clase es independiente de la edad del recluso
(
Χ
2
1
(Yates)=0’113, p=0’736). El 61% de los menores de 30 años y el 57% de los
adultos asiste a clase, mientras que un 39% de los jóvenes deja de hacerlo, al igual que
un 42% de los mayores.
Ya se ha comentado anteriormente que la asistencia a clase es un derecho que tienen
las personas que ingresan en prisión. Con relación a la edad, han de estudiar aquellas
personas jóvenes que no alcanzan el nivel escolar obligatorio en nuestro país y aquellos
adultos, que sin tener certificado escolar, lo solicitan voluntariamente. Igualmente aque-
llos que desean cursar un nivel superior al que tienen en ese momento o desean iniciar
una carrera universitaria. Independientemente de los resultados, el emprender estudios
no deja de ser un aliciente para aquellos adultos que no contaban con estudios antes de
ingresar en el centro.
2.2.2. Prácticas y hábitos lectores
2.2.2.1.
Dedicación del tiempo libre
Los medios de comunicación son los que acaparan la atención de los reclusos durante
su tiempo libre.
Dedicación del tiempo libre
n= 203
%
MUCHAS
VECES
ALGUNAS
VECES
POCAS
VECES
NUNCA
NS/NC
Leyendo libros
28,6
29,1
10,3
9,3
22,7
Leyendo periódicos
26,1
21,2
13,8
7,4
31,5
Leyendo revistas
18,2
24,1
16,3
6,4
34,9
Viendo la televisión
52,2
21,2
7,4
1,0
18,22
Escuchando la radio
42,4
23,1
9,3
2,5
22,6
Haciendo deporte
28,0
21,2
14,8
8,4
26,6
Haciendo
trab.
Man.
26,6
12,8
14,8
15,3
30,5
Más de la mitad dedica la mayoría del tiempo libre a ver la televisión y un porcentaje
importante de ellos a escuchar la radio.
13
Ver
Informe sobre las prisiones
... op. cit. p. 49.
204
MARGARITA PÉREZ PULIDO
anales de documentación
, n.º 4, 2001
La lectura ocupa el tercer lugar de preferencia entre los internos distribuyéndose los
índices entre la lectura de libros, revistas o periódicos. Los libros pueden sacarse en
préstamo desde la biblioteca y los periódicos se distribuyen diariamente a cada uno de
los módulos. Las revistas son más difíciles de conseguir. Aparte de la escasez de títulos
y temas, raramente se distribuyen por los módulos, por lo que resulta poco probable su
lectura, aunque debemos tener en cuenta que los reclusos pueden recibir libros, revistas
y periódicos del exterior.
Otro tipo de actividades como la práctica de algún deporte o los trabajos manuales
ocupa el tiempo libre de los internos del centro.
La edad de los reclusos incide en la lectura de libros como alternativa de ocio (X
2
3
=14,61; p=0,002). Los internos de más edad lo realizan con más frecuencia mientras
que los jóvenes (menores de 30 años) sólo leen algunas veces, existiendo un porcentaje
alto (19,7%) que no leen nunca. La lectura de periódicos y prensa diaria se hace con
frecuencia en ambas edades (X
2
3
=3,41; p=0,33) mientras que la de revistas
(X
2
3
=2,81; p=0,420) se realiza sólo de vez en cuando.
Los jóvenes dedican más tiempo a ver la televisión que los mayores. El 78%, n=73
de los reclusos menores de 30 años ve asiduamente la televisión mientras que un 13% lo
hace alguna vez que otra. Por el contrario, el 53%, n=91 de los mayores lo ve asidua-
mente aumentando el porcentaje (36%) de los que lo hacen de vez en cuando. En el caso
de escuchar la radio no se detecta ninguna variación significativa en los porcentajes en
función de la edad.
2.2.2.2.
Horas de dedicación a la lectura
Al preguntar a los internos cuántas horas diarias dedicaban a la lectura, la mayoría
respondió una hora (30,5%). Los siguientes porcentajes representativos lo ocupan, la
media hora (18%), las dos horas de lectura (16%) y 4 o más horas (10%).
Por otra parte, existe un porcentaje relativamente alto de ausencia de lectura (15%)
en los individuos de la muestra que puede interpretarse en el hecho de que el acceso a
los medios de comunicación en los centros penitenciarios haga decrecer el interés por la
lectura
14
.
Las horas de lectura de los reclusos no varían significativamente en función de la
edad que tienen (
Χ
2
5
=10,54; p=0,06). Porcentajes similares aparecen en reclusos de
distinta edad que no dedican ninguna hora a la lectura, mientras que se observa una leve
diferencia de horas en aquellos de más edad (los porcentajes de horas de lectura son más
elevados para los mayores de 30 años, entre 1 y 3 horas).
En los individuos de origen extranjero aparece una tendencia más equilibrada en la
distribución de las horas de lectura en todos los items previstos, mientras que en los
españoles aparecen porcentajes altos en los extremos.
Aquellos internos que proceden de un entorno rural leen menos que los que proceden
de un entorno urbano (
Χ
2
3
=17,02; p=0,004). De este modo, los internos que residían
en entornos rurales dedican menos de una hora o incluso una hora únicamente a la lectu-
ra, además de contar con un porcentaje alto de no lectura (20%). En cambio, los de
14
Fabián, J.L.
Lire en prison
... op. cit., p. 215.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
205
anales de documentación
, n.º 4, 2001
entorno urbano dedican de 1 a 2 horas en su mayoría, teniendo incluso un porcentaje
aceptable (12,7%) en la categoría de más de 4 horas.
Horas de dedicación a la lectura según residencia
n=203
No existe una asociación estadísticamente significativa entre el tiempo de condena y
las horas de dedicación a la lectura (
Χ
2
10
=2,43; p=0,99). La tendencia general es a
dedicar tiempo a la lectura (entre 1 y 2 horas para todas las categorías).
No obstante, el porcentaje más alto de los que leen más de 4 horas corresponde a los
que tienen más de 9 años de condena
15
(12%). Por otra parte, en este caso la cifra más
significativa de los que no leen nada se encuentra entre los que cumplen condenas de 4 a
8 años (17%).
Con relación a los estudios, los que no han ido a la escuela (50%, n=8) no dedica
ninguna hora a la lectura, mientras que los que cursaron estudios primarios o
secundarios dedican algo más de tiempo. Son los universitarios los que dedican 4 o más
horas de manera habitual a esta práctica (30%, n=13).
2.2.2.3.
Lugar de lectura
El lugar preferido de lectura para los reclusos es su celda (50%). Otros lugares del
centro penitenciario que comparten preferencia en combinación con este lugar son el
patio (14%), la sala común del módulo (14,5%), y la propia biblioteca (10,4%). Los
porcentajes bajan excesivamente cuando se trata de elegir un único lugar de lectura, lo
15
Aunque está aceptado de manera generalizada que a medida que transcurren los años dentro de prisión se
siente una mayor necesidad de aprovechar el tiempo o simplemente de ayudar a pasarlo y la lectura contribuye
en gran medida a ello convirtiéndose en un hábito adquirido, está demostrado que de igual modo puede produ-
cirse un abandono de ella por varios motivos susceptibles de análisis.
0
10
20
30
40
50
Ninguna
enos 1
1 hora
2 horas
3 horas
Más 4
Ns/Nc
Rural
Urbano
206
MARGARITA PÉREZ PULIDO
anales de documentación
, n.º 4, 2001
cual puede significar que el recluso aprovecha para la lectura el tiempo que
obligatoriamente ha de pasar en los distintos lugares del centro
16
.
Lugar de lectura
n=172
Los que leen
N
%
Biblioteca
4
2,3
Celda
86
50
Patio
6
6
Sala común del módulo
4
2,3
Celda y patio
24
13,9
Celda y sala común del módulo
25
14,5
Celda y biblioteca
8
10,4
Ns/Nc
3
1,7
El porcentaje que refleja la biblioteca (2,3%) como único lugar de lectura es
significativo y puede tener relación con la restricción de acceso a ella
17
.
Si distribuimos los reclusos por grupos edad, aunque ambos prefieren la celda como
lugar prioritario de lectura (29%, n=68 menores de 30 y 57%, n=100 mayores de 30),
los de menor edad prefieren compaginar ésta con el patio (20,5%) mientras que los de
más edad van a la biblioteca (13%) o a la sala común del módulo (13%)
18
.
2.2.2.4.
Condiciones para la lectura
Parece que lo más valorado por los reclusos, en el momento de afrontar una sesión
de lectura, es tener silencio y un sitio tranquilo (24%). Sobre todo un sitio tranquilo,
categoría más valorada después de la combinación de las dos anteriores (16%). La luz
tiene importancia, no aisladamente, sino en asociación con otras condiciones como el
tener un sitio tranquilo y silencio (12%). El estar solo no lo consideran imprescindible
para dedicarse a la lectura ya que ha obtenido porcentajes bajos (4% aisladamente), lo
cual puede significar que a los internos no les importa compartir su tiempo de lectura en
compañía de otros reclusos, pero siempre que le permitan concentrarse o entregarse
tranquilamente a este hábito.
16
La mayor parte del tiempo que el interno pasa en prisión se divide entre el patio y la celda. Como máximo
pueden pasar hasta 12 horas en la celda y 5 en el patio, siempre dependiendo del grado penitenciario en el que
se encuentren.
17
Ver Lithgow, S. Barriers to information: the prison perspective.
En: the 15
th
anglo-scandinavian public
libraries conference: free access to information
, june, 1997.
18
Estela Maris en su contribución titulada, Ambientes y tiempos para que viva la lectura. En:
62nd
IFLA
Gene-
ral Conference
, August 25-31, 1996. <
[consultado 2/12/99], habla
de “lectores polivantes” al referirse, entre otras características, a aquellos reclusos capaces de habituarse a
distintos espacios de lectura.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
207
anales de documentación
, n.º 4, 2001
Condiciones para la lectura
n=172
Los que leen
N
%
Silencio
14
8,1
Luz
4
2,3
Sitio tranquilo
28
16,2
Estar solo
7
4
Silencio y luz
21
12,2
Silencio y sitio tranquilo
42
24,4
Luz y sitio tranquilo
22
12,7
Ns/Nc
3
1,5
Cuestión harto difícil ya que en prisión raramente existen espacios de soledad o inti-
midad, y el compartir celda con varios reclusos, además de vivir en módulos cerrados
normalmente sobrepasando el límite de su capacidad normal, impide que las condiciones
que ellos mismos consideran adecuadas para la lectura se puedan conseguir
19
2.2.2.5. Preferencia por géneros literarios
La novela es el género preferido de nuestros lectores (10%). No obstante suelen al-
ternar con los otros géneros, especialmente con la poesía y el cómic.
Preferencia por géneros literarios
n=172
Los que leen
N
%
Novela
18
10,4
Poesía
12
6,9
Cómic
7
4
Biografía
4
2,3
Teatro
2
1,1
Otros
8
4,6
Novela y poesía
23
13,3
Novela y cómic
22
12,7
Poesía y cómic
11
6,3
Ns/Nc
4
2,3
Al preguntarles por qué otro tipo de géneros decantaban sus preferencias obtuvimos
respuestas relacionadas con la historia, la política, la filosofía, la psicología, las ciencias
19
En España la media de internos que comparte celda se acerca al 2,4% (de dos a tres internos dependiendo
del tipo de establecimiento), aunque esto varía en función del grado penitenciario en el que se encuentren ( los
internos en primer grado no comparten celda).
208
MARGARITA PÉREZ PULIDO
anales de documentación
, n.º 4, 2001
naturales y aplicadas y los temas de interés social. Algunos de ellos manifestaron tener
preferencia por el ensayo.
La biografía y el teatro aparecen como los menos deseados de los internos a pesar de
que la biblioteca cuenta con un fondo importante de obras pertenecientes a estos géneros
literarios.
Si establecemos una diferenciación por grupos de edad vemos que, aunque todos se
decantan por la novela y la poesía, los más jóvenes prefieren además el cómic (19%,
n=69), mientras que a los mayores de 30 años les gusta la biografía u otros géneros
(14%, n=98).
2.2.2.6.
Selección de la lectura
El catálogo de la biblioteca es el medio habitual para la selección de la lectura. Re-
presenta el porcentaje más alto (21,5%) y está presente en los más significativos de los
medios de selección combinados.
Los compañeros de prisión son importantes a la hora de la selección, ya que un 11%
manifiesta su preferencia en preguntar a sus colegas a propósito de sus experiencias
lectoras, lo que demuestra la importancia de las fuentes informales y la utilización de los
propios internos como vehículo de difusión de la lectura y de la información en general.
La familia (6%) es otro de los medios preferidos si no de selección de lectura, como
vehículo para conseguir los documentos deseados, ya que como hemos comentado ante-
riormente el recluso tiene derecho a pedir al exterior todo tipo de publicaciones. Está
claro que lo hacen a través de familiares, ya que el porcentaje de suscripción a revistas,
por ejemplo como medio directo de selección de lectura, es muy bajo (0,5%).
Los maestros influyen moderadamente al estar representados en varios porcentajes
considerados como medios, al igual que el auxiliar de la biblioteca, a pesar de ser el
encargado de repartir el catálogo a los diferentes módulos y recoger las peticiones y
devoluciones de préstamo.
2.2.2.7.
Motivación por la lectura
Se les preguntó a los internos por qué leían. Mayoritariamente han respondido para
aprender. El 15% de los reclusos responde taxativamente “para aprender” y el resto de
los porcentajes más altos en categorías asociadas están en relación con este concepto (el
15% responde para aprender y olvidar, y el 14,5% para aprender y pasar el rato).
A la hora de diseñar las posibilidades de respuesta quisimos establecer una diferencia
entre las categorías “pasar el rato” y “divertirme”, entendiendo que en el primer caso
los individuos podían leer porque no tenían nada mejor que hacer, mientras que en el
segundo disfrutarían de verdad con ello. Efectivamente las diferencias han existido en
las respuestas. El 8% manifiesta leer para pasar el rato, mientras que el 0,5% lo hace
porque de verdad disfruta con ello.
Utilizan la lectura para olvidar en un 4,5%, porcentaje que se mantiene similar en el
resto de las categorías asociadas. Fabiani
20
, en su obra, pone en boca de un recluso
20
Ver Fabiani, J.L.
Lire en prison.
..
op.cit p.188.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
209
anales de documentación
, n.º 4, 2001
francés la frase” la evasión es un viejo cliché”. Con esto pretende defender la teoría de
que la lectura en prisión no debe cumplir la función exclusivamente de evasión de la
realidad, sino que tiene además una función formadora que puede ser mucho más im-
portante
21
.
A la hora de estudiar las respuestas correspondientes al apartado de otros, que cuenta
con un porcentaje del 5%, hemos podido constatar que, en vez de ofrecer otras posibili-
dades, los reclusos se limitan a argumentar las opciones anteriores, ahora de una manera
más libre. Hay algunas creativas como la de “para defenderse en la sociedad cultural” o
“quiero matar el sistema en el que me encuentro”, o “quiero estar activo”.
Es interesante el número de respuestas libres refiriéndose a la necesidad de estar in-
formado: “es necesario estar informado”, “quiero tener información”, “obtener muchos
datos” o sencillamente leo “para informarme”. También existen respuestas relacionadas
con el afán de aprender al decir que quieren “enriquecer el vocabulario y la ortografía”,
“obtener más cultura” o “saber un poco más de todo”.
2.2.2.8.
Opinión sobre la lectura en prisión
Se consideró importante conocer la opinión que, sobre la lectura dentro del entorno
carcelario, tienen los propios protagonistas. Para ello se desarrollaron unas sentencias
que afirmaban o negaban el valor de la lectura en prisión.
Opinión sobre la lectura en prisión
n=172
Los que leen
MUY DE
ACUERDO
ACUERDO
DES-
ACUERDO
MUY EN
DESAC.
NS/NC
Ahora leo más que antes
41,8
28,4
12,7
5,8
10,4
Si antes hubiera leído mas,
mi vida hubiera sido dife-
rente
36
19,7
19,1
10,4
14,5
Ahora que leo más, cuando
salga de aquí continuaré
leyendo
33,1
31,3
16,2
5,8
13,3
Los compañeros de aquí te
ayudan a valorar la lectura
15,6
20,9
27,9
19,1
16,2
Si antes ya leías, aquí sigues
leyendo, o mejor, lees mucho
más
36
26,7
12,7
5,8
18,6
Aquí encuentras una oportu-
nidad de leer que antes no
tenías
37,7
23,2
10,4
10,4
18
El que nunca ha leído, aquí
sigue sin leer
19,1
20,3
24,4
15,6
20,3
21
Willian Coyle en su obra
Libraries in prison: a blending of institutions
. New York: Greenwood, 1987
expone una interesante teoría acerca de la función formadora de la biblioteca en prisión por encima de la de
ocio. Esta teoría es discutida por Rubin, R.J. y Souza, S. en su artículo The challenge continues: prison
librariaship in the 1980s
. Library Journal,
march, 1, 1989.
210
MARGARITA PÉREZ PULIDO
anales de documentación
, n.º 4, 2001
A la primera sentencia “ahora leo más que antes” la mayoría respondió que estaba
muy de acuerdo, o simplemente de acuerdo. Tanto los menores como mayores de 30
años responden afirmativamente en porcentajes muy similares (
Χ
2
3
=0,576; p=0,902).
Aunque el 36% está muy de acuerdo en que si antes hubiera leído más su vida hu-
biera sido diferente, los porcentajes medios a favor y en contra parecen ajustarse. No
existe apenas diferencia de opinión en función de la edad (
Χ
2
3
=2,64; p=0,44) pero con
una salvedad, los jóvenes se muestran más de acuerdo que los mayores, ya que el por-
centaje de “muy en desacuerdo” de estos últimos es alto (169%) respecto al de los otros
(7%).
La mayoría de los que en este momento y en estas circunstancias se encuentran le-
yendo muestran su opinión afirmativa acerca de seguir haciéndolo cuando cambie su
situación. Todos ellos opinan por igual independientemente de la edad que tengan
(
Χ
2
3
=0,59; p=0,898).
Los compañeros no son una gran ayuda a la hora de propiciar el hábito de la lectura.
De este modo opina el 47% de los internos, mientras que el 36,5% opina todo lo contra-
rio. En general consideran que no obtienen ninguna (
Χ
2
3
=1,42; p=0,701), aunque los
jóvenes se muestran más de acuerdo que los mayores, que manifiestan su desacuerdo en
uno de los porcentajes más elevados (37%) respecto al resto de la tabla.
“Si antes ya leías, en la prisión sigues leyendo o lees mucho más”. La mayoría
(62,7%) está de acuerdo con esta afirmación.
Más de la mitad opina que en la prisión uno encuentra una oportunidad de leer que
antes no había tenido, aunque el índice de los que no son de la misma opinión alcanza el
20%. Están de acuerdo, no importa la edad que tengan, que una vez adquirido el hábito
de la lectura en el exterior aquí se puede continuar practicando (
Χ
2
3
=1,50; p=0,68),
aunque son los mayores los que ligeramente se muestran más a favor de esta sentencia.
Por otra parte, si no se tuvo oportunidad de adquirir este hábito, en opinión de todos
aquí se tiene opción a poderlo hacer (
Χ
2
3
=1,49; p=0,68).
Por último, en la afirmación de que “el que nunca ha leído aquí sigue sin leer”, se
encuentra un cierto equilibrio entre las dos posturas enfrentadas.
La edad no influye en la opinión de los internos (
Χ
2
3
=5,68; p=0,128). Los porcen-
tajes están muy próximos para ambas categorías de edad, no obstante, son los mayores
los que se muestran más de acuerdo con esta sentencia que los jóvenes, quizá llevados
por un espíritu poco renovador o activo en este aspecto.
2.2.2.9.
Les gusta escribir
El género epistolar aparece por abrumadora mayoría como el favorito de las perso-
nas que viven en prisión (30%). Los internos escriben cartas para dentro y fuera del
centro, para sus familiares, amigos, pareja del exterior y para los familiares, amigos y
pareja que se encuentran en otros módulos y no tienen otro medio de comunicación.
Este género lo suelen alternar con artículos periodísticos, generalmente para la revista
que realizan en el centro.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
211
anales de documentación
, n.º 4, 2001
Escriben
n=203
N
%
Cuentos
4
2,0
Poesías
12
5,9
Cartas
61
30,0
Novelas
2
1,0
Artículos periodísticos
3
1,5
Otros
8
3,9
Poesías y cartas
51
25,1
Ns/Nc
16
7,9
Al pedirles que especificaran otras opciones de escritura se refirieron a los diarios,
narraciones cortas, ensayos, pensamientos o letras de canciones
22
.
Cultivan la poesía como parte de las cartas que escriben o en solitario, de hecho el
segundo porcentaje más alto se refiere a la combinación de las cartas con la poesía
(25,1%). En ellas suelen copiar fragmentos poéticos de grandes autores a los que leen, e
intercalan poesías de creación propia a partir de esas mismas lecturas. El deseo de escri-
bir lo plasman en todas partes: en cualquier papel que se encuentran, en sus cuadernos
de la escuela, los periódicos, los libros, en la pared.
..
3. CONCLUSIONES
El perfil de usuario tipo del centro penitenciario de Badajoz responde a un hombre,
de entre 31 y 40 años de edad, de origen español, perteneciente a otra Comunidad Au-
tónoma y establecido en un entorno urbano. Estas características permiten tener en con-
sideración una serie de factores. En primer lugar, el nivel de reincidencia de los presos
que alcanza una media del 60% (a partir de los 45 años la reincidencia se estabiliza) y
provoca, por una parte, un sentimiento de fracaso ante las actividades que consideramos
resocializadoras dentro de la prisión, entre las cuales se encuentra la lectura, y por otra,
la influencia del entorno en el que se desenvuelven en el exterior como provocadora de
este comportamiento
23
. La reincidencia influye en el tiempo de condena del recluso, en
la mayoría de 4 a 8 años en este centro, en los que se van acumulando delitos y causas
pendientes.
En segundo lugar, la utilización del centro para la descongestión de otras zonas de
mayor delincuencia y la residencia en un entorno urbano conlleva un comportamiento
específico de los reclusos que llegan respecto a la información, fruto del desarraigo y
del entorno sociocultural en el que habitualmente se desenvuelven.
22
Existe otra forma de escritura llamada “boteo” mediante la cual los internos desarrollan todo un código
semiótico de escritura en el aire con botellas para comunicarse en el interior de la prisión entre módulos o
celdas.
23
Mapelli Caffarena, B.
Principios fundamentales del sistema penitenciario español
. Barcelona: Bosch, 1983.
212
MARGARITA PÉREZ PULIDO
anales de documentación
, n.º 4, 2001
La influencia del nivel sociocultural de la familia se percibe en el nivel de estudios
del recluso. En general es bajo, (la mayoría no pasaron de estudios de primaria y secun-
daria) pero significativamente alto si lo comparamos con el nivel de estudios de sus
padres donde el índice de analfabetismo es patente y pocos, especialmente las madres,
superan los estudios primarios. Esto provoca que al abandonar la escuela en edad tem-
prana no se encuentre ningún aliciente familiar que obligue a proseguir los estudios y la
dificultad de adquirir hábitos lectores.
La asistencia o no a clase dentro de la prisión depende de las condiciones personales
del recluso. La mayoría opta por asistir ya que supone una liberación del módulo o del
patio, un elemento de distracción o una oportunidad para su futuro. De este modo, la
situación que se produce en este centro de Badajoz responde a la media de lo que ocurre
en otros centros penitenciarios españoles y se deduce, pues, que la cárcel puede ser una
influencia positiva para el aumento del nivel cultural de los presos, aspecto favorecedor
también con relación a la información y la lectura
24
.
La mayoría ejerce ocupaciones relacionadas con el comercio, la pequeña empresa y
el sector servicios. Suelen ser profesiones en las que ellos mismos gestionan su negocio,
por lo que consideran los estudios importantes para una mejora en su situación futura.
Por otra parte, están aquellos que tienen que ver con ocupaciones en las que se necesita
una destreza o aplicación de una práctica particular más que un aprendizaje de tipo inte-
lectual. Esto les sitúa muchas veces dentro de la prisión en la necesidad de tener que
elegir entre las actividades que el propio centro proporciona. El 49% de los reclusos
trabaja en prisión, en talleres remunerados o en servicios comunes del centro
25
. Esta
situación dificulta, en la mayoría de los casos, el acceso físico a la biblioteca por coinci-
dencia de horarios, aunque no necesariamente ha de impedir el uso de la misma o el
hábito lector.
Los medios de comunicación (televisión y radio) ocupan la mayor parte del tiempo
libre de los reclusos. Además leen la prensa, revistas y libros. La lectura como alterna-
tiva de ocio es preferida por los internos de mayor edad.
En el tiempo dedicado a la lectura se encuentran condicionantes que dependen tanto
de las características intrínsecas del individuo (entorno, edad, nivel de estudios, tiempo
de condena) como de las condiciones del lugar en el que desarrollan esta práctica (sitio
tranquilo, luz, silencio). La existencia de una biblioteca en el centro penitenciario no es
decisiva a la hora de la elección de un lugar de lectura debido a los condicionantes de
acceso físico o del uso que de ella se hace. Autores como Clemmer, Goffman o
Hoggart
26
opinan que la lectura en determinados ámbitos, en este caso el carcelario, se
considera como instrumento más que como valor. Es lo que Goffman denomina “ada p-
24
Diversos autores coinciden en la opinión de que la educación y la instrucción constituyen un elemento
positivo y una oportunidad de futuro. Ver Garrido Genovés, V. La prisión como institución de ayuda educati-
va
. Bordón
, 40,4, Redondo, S. Entorno penitenciario y reinserción social.
En: Actas de las II
Jornadas de
Tratamiento Penitenciario
. Madrid, 1987, o Mapelli Caffarena, B. Educación y actividades culturales
. En:
Cobo del Rosal (dir).
Comentarios a la legislación penal II.
Madrid: Revista de Derecho Privado, 1989.
25
Ver cap. II de la L.O.G.P. sobre trabajo penitenciario.
26
Goffman, E.
Asiles, essai sur la condition sociale des malades mentaux.
París: Minuit, 1968. Hoggart, R.
La
culture du pauvre. Etude sur le style de vie des classes populaires en Anglaterre.
París: Munit, 1970.
Clemmer, D.
The prison community.
New York: Rinehart, 1958.
PRÁCTICAS DE LECTURA EN PRISIÓN: ESTUDIO DE ACTITUDES Y…
213
anales de documentación
, n.º 4, 2001
tación secundaria”, es decir, el interés del recluso por actividades culturales bajo pre-
texto del beneficio intelectual cuando en realidad lo que demanda es autonomía dentro
del entorno. De este modo, el ir a la biblioteca se convierte en una licencia por parte de
la institución y el recluso lo utiliza como medio de protesta y como soporte de sociabili-
dad dentro de la rutina del centro.
Por otra parte, la elección de otros lugares para la lectura supone la necesidad de
establecer nuevos servicios bibliotecarios fuera del entorno físico de la biblioteca ( bi-
bliotecas de módulo, servicios personalizados para reclusos)
27
.
Nuestros lectores suelen leer durante un tiempo limitado al día (excluyendo los lecto-
res compulsivos de más de 4 horas diarias), y ellos mismos confiesan que lo hacen para
aprender, pasar el rato (“cogí libros porque estaba aburrido”) o evadirse de la realidad,
aunque, en su opinión, no siempre la lectura consigue esto ya que ciertos libros pueden
reavivar el exceso de sentimiento de privación de libertad. Aquí el método de selección
de lectura cobra importancia y los reclusos se dejan llevar por las opiniones de sus com-
pañeros, sus familiares o se dejan asesorar por los maestros del centro. Aunque la ma-
yoría cuenta con el catálogo de la biblioteca como principal instrumento de selección,
las conversaciones en grupo realizadas revelan que no les aporta información suficiente.
Se haría necesario, pues, contar con el apoyo de guías de lectura e instrumentos biblio-
gráficos adecuados.
La preferencia por determinados géneros justifica la función de la lectura como for-
madora, comunicadora o de distracción. De este modo, la novela puede evocar otros
lugares o situaciones que contrastan radicalmente con el entorno, y el cómic, como
asociación de lo escrito con la imagen, cumple una función de iniciación a la lectura. La
poesía, vehículo de sentimientos, abre la mente y el corazón hacia otras personas.
Bahloul
28
afirma que el encarcelamiento, como la suspensión de la vida activa de un
recluso, es revelador de actitudes y eje de conversión de lectores ejemplares que antes
no leían. En este sentido nuestros lectores afirman que ahora leen más que antes, unos
porque antes no leían nada y otros porque continúan haciéndolo ahora durante mucho
más tiempo. El entorno carcelario les brinda una oportunidad de leer, quizá como lectu-
ra ocasional o limitada, como la denomina Fabiani
29
, como respuesta a la suspensión de
su vida activa
aunque la mayoría piensa que continuará haciéndolo una vez se encuentre
en el exterior. Pero no todo es positivo, ya que para algunos reclusos esta posibilidad no
existe porque no la desean y se consideran en un entorno nada favorable para cambiar
esta actitud.
El pertenecer a un taller literario o a la redacción del periódico (al igual que trabajar
en la emisora de radio) se considera como una alternativa de respuesta a otros modos de
dominio en la prisión. La escritura se considera un instrumento de expresión, de pr o-
testa, de comunicación. Por otra parte, las prácticas de escritura van unidas a las de
lectura y están fuertemente relacionadas con el nivel de estudios de los reclusos.
27
Ver Rubin, R.J. y Suvak, D. (ed).
Libraries incide: a practical guide for prison librarians
. Jefferson:
McFarlandd & Company, 1994 y Vogel, B., op. cit.
28
Bahloul, J.
Lectures précaires: études sociologiques sur les faibles lecteurs.
París: Centre Georges Pompi-
dou, 1988.
29
Fabiani, J.L.
Lire en prison
,op. cit.
,
p.140
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