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ANALES DE DOCUMENTACION, N” 9, 2006, P`GS. 187-208
OBSERVACIONES EN LA BIBLIOTECA: AN`LISIS DE LAS
ACTIVIDADES SOCIALES DENTRO DE LA BIBLIOTECA
P&BLICA
1
Lisa M. Given y Gloria J. Leckie
2
1. INTRODUCCI±N
Al igual que los centros comerciales, los restaurantes y otros muchos otros escenarios
sociales, la biblioteca ofrece un espacio pœblico en el que la gente puede dedicarse a una
diversidad de actividades relacionadas con la obtenci&n informaci&n y otras de tipo social.
En la investigaci&n de estos entornos y actividades, algunos investigadores del campo de
la biblioteconom±a y documentaci&n (ByD) utilizan una variedad de mØtodos etnogrÆficos
(por ej., entrevistas personales y varias formas de observaci&n) para estudiar el compor-
tamiento de los usuarios en estos lugares. Las tØcnicas de anÆlisis y recogida de datos
relativos al entorno utilizadas por ge&grafos y otros soci&logos para investigar cuestiones
relacionadas con los centros comerciales y otros espacios sociales, por el contrario, se
usan poco en la investigaci&n en ByD y podr±an producir algunos resultados interesantes.
En concreto, el anÆlisis de los datos relativos al entorno es un mØtodo œtil para hacer des-
cripciones f±sicas de las bibliotecas y centros de informaci&n y analizar c&mo la gente
utiliza esos espacios. Los resultados de este tipo de anÆlisis se pueden utilizar para la pla-
nificaci&n de las instalaciones y servicios a corto y largo plazo, para adecuar los servicios
de informaci&n a las necesidades de informaci&n y al comportamiento de los usuarios y
para rediseæar el espacio f±sico de las bibliotecas de acuerdo con los hÆbitos de uso de los
diferentes tipos de usuarios.
Este art±culo examina el uso del mØtodo de observaci&n de los espacios sociales de-
nominado ²
seating sweeps
³ para estudiar el uso que la gente hace de las bibliotecas pœbli-
cas en dos grandes ciudades canadienses. Este proyecto analiza principalmente las biblio-
tecas pœblicas centrales y las funciones que desempeæan en la promoci&n y apoyo de una
cultura pœblica dinÆmica en las grandes ciudades de hoy d±a. Este estudio se sitœa dentro
del debate social abierto existente hoy sobre la importancia de ciertas instituciones clave,
tal como la biblioteca, en la vida pœblica. Los cr±ticos insisten que las bibliotecas pœblicas
estÆn anticuadas, que son una reliquia de la era de la preinformaci&n y han dejado de ser
pertinentes o no se justifican en la era digital. Por el contrario, otros mantienen que las
bibliotecas pœblicas centrales son uno de los pocos espacios pœblicos autØnticos que que-
dan y, por lo tanto, contribuyen de modo crucial al dinamismo de la vida c±vica de las
grandes ciudades. Dado este planteamiento, el principal objetivo de la investigaci&n es
averiguar los usos y la raz&n de ser de las bibliotecas centrales modernas como lugares
1
Traducci&n del art±culo ²´Sweeping´ the library: Mapping the social activity space of the public library³, de
Lisa M. Given y Gloria J. Leckie, publicado en la revista
Library & Information Science Research
, Vol. 25,
Nœmero 4 (2003), pp. 365-385, con la debida autorizaci&n del editor.
2
Traducido por Lozano Palacios, A. en colaboraci&n con alumnos de Licenciatura de la Facultad de Biblioteco-
nom±a y Documentaci&n de la Universidad de Granada.
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pœblicos en el contexto de la cultura norteamericana que cada vez mÆs se estÆ privatizan-
do, globalizando y viØndose influenciado por una diversidad cada vez mayor de tecnolo-
g&as de la informaci±n.
En concreto, este art&culo examina otra cuesti±n secundaria: ¿QuØ uso hacen realmente
los individuos de las bibliotecas centrales como espacios pœblicos? Esta cuesti±n retoma
la polØmica suscitada por Loretta Lees (2001), que tambiØn ha estudiado las grandes bi-
bliotecas y que mantiene que la comunidad acadØmica ha ²tenido relativamente poco que
decir sobre la impronta prÆctica y afectiva o ³nula´ de la arquitecturaµ. Lees suger&a que,
aunque muchos cient&ficos teorizan bastante bien sobre lo que ocurre en los espacios pœ-
blicos y hacia d±nde van, la mayor&a no han dedicado tiempo a recoger datos significati-
vos para confirmar o refutar sus teor&as. De acuerdo con esta premisa, el objetivo de este
estudio es investigar el uso real que diariamente se hace de un tipo concreto de espacio
pœblico. En consecuencia, esta investigaci±n utiliza el mØtodo de observaci±n denominado
²seating sweepsµ explicado en este art&culo (ademÆs de cuestionarios y entrevistas perso-
nales, no descritas aqu&) para averiguar c±mo los usuarios utilizan las grandes bibliotecas
centrales. Se explica el diseæo y la aplicaci±n del mØtodo y se usa una selecci±n de los
datos obtenidos de los resultados para analizar c±mo se puede utilizar este mØtodo para
examinar los presupuestos existentes sobre el uso de los grandes espacios pœblicos. Fi-
nalmente, los resultados de este estudio apuntan la posibilidad de aplicar este mØtodo en
otras investigaciones sobre bibliotecas y centros de informaci±n. No obstante, antes de
proceder a discutir el mØtodo ²seating sweepsµ detalladamente, ser&a œtil repasar breve-
mente la literatura relacionado con el estudio de los espacios dedicados a las actividades
sociales, ubicando as& este art&culo dentro del contexto mÆs amplio de la investigaci±n en
las ciencias sociales sobre la actividad social y los espacios pœblicos.
2. EL ESPACIO P&BLICO Y LA ACTIVIDAD SOCIAL
¿CuÆles son los espacios pœblicos de las ciudades? En un pasado no muy distante, la
respuesta a esta pregunta hubiera sido relativamente simple y hubiera incluido lugares
fÆcilmente identificables en donde la gente es libre de mezclarse con otros como, por
ejemplo, calles, paseos, avenidas, mercados, parques, jardines y otros edificios pœblicos
como el ayuntamiento, los museos, las escuelas y las bibliotecas. No obstante, en las œlti-
mas dØcadas la noci±n de lo que se considera espacio pœblico ha dejado de estar clara. El
tipo y la variedad de espacios en los que los individuos realizan sus actividades diarias
dentro de la ciudad han cambiado dramÆticamente; algunos de los espacios pœblicos mÆs
tradicionales y reconocidos han deca&do debido a la falta de financiaci±n y a una preocu-
paci±n por la seguridad, en especial en el centro de la ciudad. El auge de los centros co-
merciales de las afueras de la ciudad y otros espacios afines (que se perciben como espa-
cios pœblicos, pero que, en realidad, son espacios privados y de consumo) tambiØn ha
cambiado la naturaleza del espacio pœblico. Los centros comerciales se han convertido en
un sustituto del espacio pœblico en el que muchos ciudadanos se dedican a una gran diver-
sidad de actividades, incluido comprar, ir al cine, caminar, relajarse, leer, observar, rela-
cionarse con amigos, pasar el rato y otras actividades de comportamiento antisocial.
Dada la falta de claridad que rodea la identificaci±n de quØ espacios son pœblicos y
cuÆles son privados o semiprivados, parece bastante inœtil intentar definir lo que es un
espacio pœblico con una sola caracter&stica, como a quiØn pertenece, o un atributo f&sico,
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como que sea o no un espacio abierto. Ser&a mÆs œtil pensar en los espacios teniendo en
cuenta las actividades que tienen lugar en su seno y el papel sociocultural que desempe-
æan. De acuerdo con esto y teniendo en cuenta el objetivo de este debate, la descripci±n de
espacio pœblico que es mÆs pertinente se puede encontrar en el trabajo de Zukin (1995)
que adopta una visi±n amplia del espacio pœblico concibiØndolo como una contexto que
estÆ en continuo cambio segœn lo perciben los diferentes intereses privados y pœblicos que
construyen y usan esos espacios. Zukin se centra en la noci±n doble de cultura pœblica y
espacio pœblico, que estÆn &ntimamente ligados y que se refuerzan mutuamente. Como la
autora indic±, la cultura pœblica y el espacio pœblico se
&construyen socialmente.
.. y se producen por los muchos encuentros sociales que
conforman la vida diaria en las calles, tiendas y parques; el espacio en el que ex-
perimentamos la vida pœblica en las ciudades. El derecho a estar en estos lugares,
usarlos de ciertas maneras, investirlos con un sentido de nosotros mismos y de
nuestras comunidades (reclamarlos como nuestros y ser reclamados, a su vez, por
ellos) conforma una cultura pœblica en constante cambio. AdemÆs, el espacio pœ-
blico es intr±nsicamente democrÆtico. La cuesti²n de quiØn puede ocupar los espa-
cios pœblicos y, as±, definir la ciudad, es una pregunta abierta (pp. 10-11)³.
De la cita anterior destacar&amos por su interØs la frase
&el derecho a estar en estos
lugares, usarlos de ciertas maneras, investirlos con un sentido de nosotros mismos y de
nuestras comunidades³.
Lo que la gente considera como espacios pœblicos, lo que decide
hacer en esos espacios y c±mo realizar sus actividades ha sido desde hace tiempo el centro
de atenci±n de la investigaci±n, aunque diferentes disciplinas han seguido diferentes mØ-
todos de c±mo estudiar mejor las actividades sociales que se llevan a cabo en los distintos
lugares frecuentados por la gente. Ser&a imposible en este breve art&culo dar una visi±n
global de las distintas formas en las que las diferentes disciplinas han estudiado los usos
del espacio pœblico; no obstante, a continuaci±n mencionaremos algunas de ellas.
3. M&TODO PARA EL ESTUDIO DE LAS ACTIVIDADES SOCIALES EN LOS
ESPACIOS P±BLICOS
¿QuØ hace la gente en los espacios pœblicos? ¿En quØ relaciones participan, quØ acti-
vidades realizan, d±nde las realizan y c±mo llevan a cabo estas relaciones y actividades?
Para responder a estas preguntas, los estudiosos de varias disciplinas (incluida la antropo-
log&a, la geograf&a, la sociolog&a, la planificaci±n urban&stica, la sicolog&a medioambiental
y el diseæo arquitect±nico) han llegado a describir los lugares donde se desarrolla el com-
portamiento individual o colectivo de la gente como ²espacios de actividad social³. Este
tØrmino reconoce que prÆcticamente todas las acciones o interacciones en las que intervie-
nen los seres humano dentro de los lugares f&sicos es una actividad social por naturaleza
compleja. Social en este sentido significa ²de la sociedad³ y no asume el significado mÆs
coloquial de ²sociable³. Aun cuando la actividad puede que, en apariencia, sea algo dife-
rente de lo que la gente pudiera considerar como social (por ejemplo, ir de compras o al
banco), en su desarrollo tienen lugar relaciones sociales y de poder inevitablemente com-
plejas que constituyen y gu&an la actividad y esas relaciones se llevan a cabo dentro de
espacios concretos, muchos de ellos pœblicos o casi pœblicos.
Con frecuencia el anÆlisis del espacio de la actividad social de la gente implica el uso
de algœn tipo de metodolog&a para el estudio del espacio f&sico, incluidos los inventarios y
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mapas de localizaci&n, los mapas cognitivos o perceptuales y el seguimiento de las activi-
dades como, por ejemplo, mediante diarios espacio temporales u observaciones de lo que
ocurre en los espacios f±sicos. Sin embargo, estas metodolog±as puede que no sean œtiles
para cada situaci&n por lo que frecuentemente se nos plantea la siguiente pregunta: ¿QuØ
metodolog±a y nivel son apropiados para estudiar los espacios de la actividad social?
Cromley (1999) nos da una respuesta a esta pregunta en su excelente anÆlisis del uso de
los datos relativos al entorno titulado ²Representaci&n de los datos relativos al espacio
f±sico³ clasificÆndolos en tres niveles: individual, local/regional e institucional. Utilizare-
mos este mØtodo para hablar de los diferentes tipos de espacio que existen y los mØtodos
usados para analizarlos.
La gente puede utilizar espacios tanto pœblicos como privados para realizar sus activi-
dades. Con frecuencia, los espacios privados son limitados (por ejemplo, la casa), mien-
tras que los espacios donde se realizan actividades pœblicas son a veces bastante grandes
(por ejemplo, una ciudad). Los antrop&logos y etn&grafos quizÆs han realizado la mayor±a
de las investigaciones sobre las actividades que realiza el individuo en su espacio privado,
a menudo observando en detalle las actividades familiares dentro de su espacio comœn
trazando un mapa con los movimientos de cada miembro de la familia y anotando las
actividades asociadas a esos movimientos.
Los ge&grafos tambiØn han realizado una gran cantidad de trabajo para comprender los
espacios en donde los individuos realizan sus actividades, incluyendo tanto los espacios
privados como los pœblicos. Gran parte de estas investigaciones parten del trabajo de
Hagerstrand (1970), que desarroll& un mØtodo denominado ²presupuesto espacio tempo-
ral³ para hacer un seguimiento de lo que hac±a la gente en su entorno y cuÆndo y d&nde
realizaban estas actividades. La figura 1 muestra un ejemplo mÆs reciente de este mØtodo,
denominado ²extensibilidad personal³. En el campo de la sicolog±a medioambiental, Craik
(2000) ha usado una metodolog±a muy similar denominada ²anÆlisis de un d±a³.
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Fig. 1. Diagrama de la extensibilidad en el espacio y el tiempo.
&sta es una representaci±n simplificada de un d²a en la vida del gerente de una cadena de tiendas. La
l²nea negrita indica la ubicaci±n de la persona y la zona sombreada en gris su extensi±n en el espa-
cio y el tiempo. Tomada de ³A reconsideration of personal boundaries in space-time,´ de P. C.
Adams, 1995, Annals of the Association of American Geographers, 85, p. 273.
Los ge±grafos, sic±logos y antrop±logos tambiØn utilizan otra tØcnica denominada
³mapa cognitivo´ para estudiar la percepci±n que tiene la gente de los lugares donde reali-
zan sus actividades. EstÆ tØcnica es un mØtodo multidisciplinar para investigar c±mo la
gente
&aprende, recuerda y procesa la informaci±n f²sica de su entorno³
(Kitchin y
Freundschuch, 2000, p. 2). Uno de estos mØtodos consiste en hacer que una persona dibu-
je un mapa de su lugar de actividad, que se puede comparar con mapas mÆs convenciona-
les del Ærea en cuesti±n, dÆndonos de este modo una idea valiosa de c±mo los individuos
perciben las caracter²sticas del espacio f²sico en las que realizan sus actividades diarias
(Figura 2). En la figura 2, el mapa de Ernesto pone un mayor Ønfasis en la zona de
Mis-
sion Hill
que el mapa de Ralph, demostrando que Ernest estÆ mÆs limitado en el espacio
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donde realiza sus actividades diarias que Ralph, que tiene un conocimiento mÆs extenso
de la ciudad. Este mØtodo puede producir informaci&n valiosa sobre el significado que la
gente atribuye a diferentes entornos, el nivel de conocimiento de los espacios complejos
donde realizan sus actividades y la forma como se desenvuelven dentro de esos espacios.
Fig. 2. Mapas mentales de un barrio de Boston dibujados por dos j&venes de la localidad; el
primero por Ernest y el segundo por Ralph.
Tomado de
Mental Maps
(2“ ed., p. 16), de P. Gould and A. White, 1986, Boston: Allen ± Unwin.
Los lugares donde el individuo desempeæa sus actividades a nivel local y regional in-
cluyen los barrios, las aldeas, los pueblos, las ciudades, y las regiones, extendiØndose
hasta el Æmbito nacional. En su mayor²a, los estudios de estos lugares dentro de estos
contextos mÆs grandes se realizan mediante las tØcnicas convencionales de mapas, como,
por ejemplo, la representaci&n de lugares de actividad concretos (por ejemplo, los par-
ques), superponiendo otras variables de interØs (por ejemplo, hogares con ingresos eco-
n&micos concretos) para obtener una idea de la distribuci&n de ciertos lugares de activida-
des y quiØn podr²a usar o beneficiarse de su presencia. En estos casos, estas tØcnicas
utilizan a menudo el tratamiento y uso de datos de los censos, especialmente en el caso de
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espacios mÆs grandes como, por ejemplo, ciudades y regiones. AdemÆs, segœn Cromley
(1999), debido a que los datos relativos al espacio pueden ser muy numerosos, los mapas
tradicionales necesitan combinarse con otros mØtodos in situ (por ejemplo, entrevistas
personales, observaci&n o cuestionarios) para analizar adecuadamente los elementos mÆs
espec±ficos del lugar donde se realiza la actividad social que se estÆ estudiando (por ejem-
plo, el uso de los parques por familias concretas que viven en una zona).
Finalmente, y lo mÆs relevante de este art±culo, hay tambiØn espacios institucionales
donde se realizan diversas actividades. Debido a que cada vez mÆs las actividades de la
gente tiene lugar en una variedad cada vez mayor de instituciones, incluidas las escuelas,
los centros de ocio, las iglesias, las oficinas del gobierno, los bancos, los restaurantes, los
cines, los parques temÆticos y los centros comerciales, el estudio de estos espacios es de
gran importancia. Una gran preocupaci&n es encontrar el sitio mÆs adecuado para ubicar
estas instituciones y, por consiguiente, ha aparecido toda una ²ciencia³ para desarrollar
modelos y algoritmos para estudiar su localizaci&n (vØase, por ejemplo, Ghosh y Rushton,
1987; Sule, 2001). Este tipo de anÆlisis se utiliza tanto para espacios privados (por ejem-
plo, cines, tiendas y centros comerciales) como para espacios pœblicos (por ejemplo, cen-
tros de ocio, bibliotecas y escuelas).
Un buen anÆlisis de localizaci&n de instituciones e instalaciones es indudablemente
importante, pero de mayor interØs para nosotros es la actividad que tiene lugar dentro de
estos espacios. Este tipo de investigaci&n nos lleva a los mØtodos para estudiar el espacio
f±sico usados frecuentemente por los sic&logos, soci&logos y arquitectos. Uno de estos
mØtodos a veces se le denomina
&geograf±a de los espacios reducidos²
(Jakle, Brunn y
Roseman, 1976). Utilizando mapas para estudiar c&mo se distribuye la gente en un espa-
cio concreto este mØtodo ha conseguido muchos resultados sobre el comportamiento
humano en los espacios f±sicos y sobre los espacios interpersonales que son ya bastante
conocidos por muchos de nosotros (Aiello, 1987). Por ejemplo, al llegar a una biblioteca
para estudiar, la gente primero intenta encontrar un sitio para sentarse en una mesa vac±a.
Si todas las mesas tienen un ocupante, la gente entonces empieza a sentarse dos por me-
sas, situÆndose lo mÆs lejos posible de la persona sentada. De este modo, la gente intenta
mantener cierto espacio privado e intimidad. Se pueden hacer observaciones similares con
respecto a la gente que se sienta en los bancos pœblicos o en el transporte pœblico como,
por ejemplo, autobuses y trenes.
Los espacios institucionales de gran extensi&n (como, por ejemplo, centros y galer±as
comerciales, plazas, mercados) no tienen exactamente ²espacios reducidos³ pero en ellos
tambiØn se pueden realizar estudios similares para examinar la distribuci&n y las activida-
des sociales de la gente dentro de estos espacios pœblicos y semipœblicos. Brown, Sijpkes
y Maclean (1986) y Hopkins (1992) hacen referencia al uso del mØtodo ²seating sweeps³
y al estudio de los bancos para sentarse para analizar las actividades de los usuarios de los
centros comerciales. Para Brown, Sijpkes y Maclean (1986), el mØtodo ²seating sweeps³
consist±a en la observaci&n no intrusiva por parte del investigador
&durante la cual se
tomaba nota de las caracter±sticas personales y el comportamiento de las personas que
no estaban desplazÆndose en un gran edificio en un momento concreto²
(p. 166). Por otro
lado, los estudios de los bancos para sentarse toma nota del comportamiento de la gente en
bancos concretos dentro de un centro comercial durante un amplio per±odo de tiempo. Los
autores indicaron que estos dos tipos de mØtodos
&eran en esencia mapas de las zonas
para sentarse por lo que fue posible tomar nota de la posici³n relativa de cada persona
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con respecto a los demÆs y al edificio&
(p. 166). Igualmente, Brechtel, Marans y Michel-
son (1987) hac&an referencia a los mapas del comportamiento, en los que el investigador
utiliza
±un mapa a escala de un lugar y observa y anota el comportamiento tal como
ocurre en su localizaci²n en el mapa. Normalmente estas anotaciones se hacen utilizando
algœn tipo de c²digo y se realizan dentro de un per³odo de tiempo determinado&
(p. 21).
Los tipos de metodolog&as para el estudio del espacio f&sico mencionadas anteriormen-
te se pueden utilizar para investigar una gran variedad de cuestiones interesantes sobre el
comportamiento de la gente dentro de diferentes espacios sociales como, por ejemplo: (1)
¿QuØ hace realmente la gente, o prefiere hacer, en ciertos espacios f&sicos; (2) ¿C±mo
perciben los espacios pœblicos y privados que utilizan y visitan?; (3) ¿C±mo y por quØ los
lugares se convierten en importantes para diferentes grupos de personas?; (4) ¿C±mo se
desenvuelve la gente dentro de entornos complejos; y (5) ¿C±mo se pueden utilizar las
preferencias y el comportamiento de la gente para diseæar espacios pœblicos que funcio-
nen mejor para satisfacer las necesidades de la gente que los utiliza? Aunque hay cientos
de estudios sobres los usuarios de las bibliotecas y su comportamiento relacionado con la
bœsqueda de la informaci±n, relativamente pocas investigaciones se han centrado en las
bibliotecas como un tipo de espacio donde se realizan actividades sociales, aun cuando
muchas de las cuestiones y mØtodos que hemos mencionado anteriormente se podr&an
aplicar a ellas. Por lo tanto, este articulo describe c±mo se ha usado uno de estos mØtodos
seating sweeps
³) en un estudio sobre bibliotecas centrales de gran tamaæo y sugiere la
forma en la que se podr&a usar este mØtodo para revelar nuevas ideas sobre el uso y la
opini±n que tienen los usuarios de estos espacios bibliotecarios, que son un tipo importan-
te y destacado de espacio pœblico y de recurso colectivo.
4. EL CONTEXTO DE LA INVESTIGACI&N: ESTUDIO DE LAS BIBLIOTECAS
CENTRALES
El mØtodo de observaci±n de los espacios sociales ²
seating sweeps&
que se describe en
este art&culo es la metodolog&a utilizada en un estudio de dos grandes bibliotecas centrales
de CanadÆ. Como se ha mencionado anteriormente, el objetivo global de este estudio es
explorar la funci±n de las grandes bibliotecas centrales como un tipo de espacio pœblico
dentro de un entorno urbano postmoderno. En concreto, el estudio investig± cuestiones
espec&ficas como las siguientes:
¿C±mo funciona la biblioteca central como espacio pœblico?
¿En quØ se diferencia o se asimila a otros tipos de espacios pœblicos?
¿QuiØnes son los usuarios de la biblioteca central y para quØ la usan?
¿QuØ opini±n tienen los usuarios de la importancia de la biblioteca central?
¿C±mo han afectado las tecnolog&as de la informaci±n (por ej., catÆlogos automati-
zados, bases de datos e Internet) a los usos y las opiniones que se tienen de la bi-
blioteca central?
Debido a que objeto principal de esta investigaci±n son las bibliotecas centrales en
grandes centro urbanos, este estudio no analiza las bibliotecas sucursales esparcidas por el
Ærea metropolitana, aunque son tambiØn dignas de estudio.
Los dos sitios escogidos para el estudio fueron la Biblioteca de Referencia de Toronto
(BRT), construida en 1977 y la Sucursal Central de la Biblioteca Pœblica de Vancouver
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(BPV) construida en 1996. Se escogieron estas dos bibliotecas porque estÆn entre las bi-
bliotecas pœblicas mÆs grandes de CanadÆ, estÆn situadas en el centro de grandes centros
urbanos y representan una importante inversi&n de capital por parte de sus respectivos
ayuntamientos. AdemÆs, ambas fueron polØmicas cuando se construyeron y se diseæaron
para reafirmar el importante papel de las bibliotecas y del acceso a la informaci&n dentro
de sus respectivas ciudades. Finalmente, aunque las dos bibliotecas son similares en mu-
chos aspectos, difieren en dos cosas importantes. Primero, se construyeron en diferentes
Øpocas: la biblioteca de Toronto se construy& justo antes de la llegada de los recursos
electr&nicos y la de Vancouver durante la era de la autopista de la informaci&n. Segundo,
la de Toronto tiene una colecci&n de referencia excluida de la circulaci&n, mientras que la
de Vancouver tiene una colecci&n con circulaci&n normal. Los investigadores pensaron
que estas diferencias podr±an resaltar algunas comparaciones importantes sobre la funci&n
de las bibliotecas centrales.
Para estudiar las cuestiones planteadas en el estudio mencionadas anteriormente, el
equipo de investigaci&n (dos investigadores y dos ayudantes) utilizaron una metodolog±a
que combinaba un extenso cuestionario escrito dirigido a los usuarios, entrevistas persona-
les con una muestra mÆs pequeæa de los usuarios, entrevistas detalladas con el personal de
la biblioteca y una recogida de datos mediante la observaci&n de los usuarios sin interven-
ci&n por parte del investigador. El cuestionario constaba de 30 preguntas abiertas y cerra-
das desarrolladas en colaboraci&n con bibliotecarios de la BRT y la BPV y basadas, en
parte, en el estudio de la ALA sobre las funciones que desempeæan las bibliotecas pœbli-
cas (McClure, Owen, Zweizig, Lynch y Van House, 1987) y un estudio de usuarios reali-
zado por la BRT en 1990. El mØtodo ²
seating sweeps
³ consisti& en pasearse por la biblio-
teca tres veces al d±a tomando nota de 60 variables distintas sobre las personas que
estaban en sitios concretos de la biblioteca y quØ actividades estaban realizando en ese
momento. Este mØtodo se describe mÆs detalladamente en las siguientes secciones.
La recogida de datos en Toronto y Vancouver tuvo lugar entre el 5 y el 15 de julio y
entre el 27 de septiembre y el 6 de octubre, respectivamente. Los cuestionarios se distri-
buyeron y recogieron durante el primer d±a y medio del estudio en cada biblioteca. Dos
miembros del equipo de investigaci&n se situaron en la entrada de la biblioteca y repartie-
ron los cuestionarios a los usuarios conforme entraban, pidiØndoles que lo rellanaran si
ten±a tiempo y lo depositaran en una caja destinada a tal fin en la salida. En la BRT, se
distribuyeron 1.880, recogiØndose 864 vÆlidos, con una tasa de respuesta del 46%. En la
BPV, se distribuyeron 1.850, recogiØndose 1.077 vÆlidos, con una tasa de respuesta del
58%. La recogida de datos segœn el mØtodo ²
seating sweeps
³ se desarroll& en un per±odo
de seis d±as, de lunes a sÆbado, para obtener el perfil de una semana completa.
Para el anÆlisis de datos, se desarrollaron c&digos para las encuestas y las observacio-
nes que se introdujeron en la aplicaci&n estad±stica informÆtica
SPSS
, versi&n 8. Debido a
que el mØtodo ²
seating sweeps
³ gener& una cantidad tan grande de datos, se decidi& pos-
teriormente usar s&lo una muestra de tres d±as de cada biblioteca, por lo que se analizaron
2.779 observaciones de la BRT y 4.368 de la BPV.
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5. EL M&TODO DE OBSERVACI±N DE LOS ESPACIOS SOCIALES ²
SEATING
SWEEPS
³
El mØtodo que el equipo de investigaci&n utiliz& en las bibliotecas de Toronto y Van-
couver consisti& en la observaci&n de las zonas pœblicas de las bibliotecas y sus zonas
externas de descanso pr&ximas. En la BRT, se recogieron observaciones de las cinco plan-
tas de la biblioteca, incluidas las secciones de circulaci&n y de referencia, las estanter±as,
las terminales, la hemeroteca, una cafeter±a, los bancos en el exterior de la entrada y todas
las otras zonas pœblicas. Muchas de estas zonas pœblicas eran tambiØn comunes a la BPV;
sin embargo, en esta biblioteca las observaciones se tomaron en las siete plantas del edifi-
cio, incluidas una sala de reuniones pœblica y una galer±a de tiendas, restaurantes y zonas
pœblicas para sentarse.
Los datos que se recogieron fueron los siguientes: quiØn estaba usando la biblioteca
(sexo y edad aproximada), las actividades que estaban realizando (por ejemplo, leer, es-
cribir, hablar, comer, dormir y usando los ordenadores de la biblioteca), localizaci&n en la
biblioteca donde se estaban realizando las actividades (por ejemplo, estanter±as, terminal,
impresora y telØfono pœblico) y los efectos personales que ten±an (por ejemplo, maletines,
telØfonos m&viles, portÆtiles, comida/bebida y cochecitos de bebØ). Estos datos se recogie-
ron en una hoja de toma de datos confeccionada por el equipo de investigaci&n (Figura 3).
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C&DIGOS DE UBICACI&N
PERFIL
Var&n
Mujer
Edad estimada: menos de 30
Edad estimada: 30-60
Edad estimada: mÆs de 60
POSESIONES
Libros, material de lectura/escritura
Malet±n, carpeta
Macuto, bolsa de mano
Ordenador portÆtil
Walkman
Comida, bebida
Ayuda para caminar (bast&n, andador, etc.)
BebØ/niæo pequeæo
Cochecito de bebØ
Otras posesiones (usar el reverso)
ACTIVIDADES
Leyendo
Escribiendo
Buscando/recuperando f±sicamente
Usando portÆtil
Usando ordenador de la biblioteca
Usando otros equipos de la biblioteca
(fotocopiadora, etc.)
Usando el telØfono
Hablando
Escuchando (walkman, cintas)
Comiendo
Bebiendo
Durmiendo
Simplemente mirando/sentado
Comprando
Interactuando con el personal
Tocando a otra persona
Otras (usar el reverso)
C&DIGOS PARA LA UBICACI&N
Estantes
Categor±as (n” de personas)
Estaci&n de trabajo
ES = Estanter±as
AU = Audio (+4 est. de trabajo)
OR = Ordenador
SR= Secci&n de referencia
LM = Lector Microfilm (+4 est.)
CD = CD-ROM
ER= Estantes de recog. de mat.
MI = Mostrador de Informaci&n
PR = Impresora
AR = Archivadores
ES = Estanter±as (Ojeando)
AU = Audio
CF = CatÆlogo de fichas
VI = V±deo
Mobiliario
OD = Ordenador para Discapacitados
Mesas
MT = Mesa de trabajo
EX = Expositores (Tabl&n de
anuncios, mapas, obj. arte, etc.)
Equipo
MTI = Mesa de trab. individual
TA = taquilla
Zona
F = Fotocopiadora
MTD= Mesa de trab. discapacit.
CF=cafeter±a
LM = Lector/Impresora de Microfilm
MS = mostra-
dor seguridad
GA = galer±a
MTD = Mesa de trabajo equipada para
discapacitados
CA = calle
T = TelØfono
CL = carrito
de los libros
ZA=zona abierta
Fig. 3. Hoja de toma de datos del mØtodo de observaci²n ³seating sweeps´ para recoger
datos relativos a 60 variables diferentes sobre los usuarios y las actividades que desempeæan
en la biblioteca pœblica.
anales de documentaci²n
, n” 9, 2006
198
LISA M. GIVEN Y GLORIA J. LECKIE
Aunque muchas de los tipos de localizaci&n eran comunes a ambas bibliotecas (por
ejemplo, el mostrador de prØstamo), otros eran espec±ficos de cada una (por ejemplo, la
hemeroteca de la BRT), por lo que la hoja de toma de datos que se us& en la BPV necesit&
algunas modificaciones con respecto a la de la BRT para poder reflejar sus caracter±sticas
particulares. Aunque la inmensa mayor±a de las actividades y posesiones de los usuarios
eran comunes en ambas bibliotecas, se aæadieron algunas nuevas categor±as en la segunda
recogida de datos en la BPV (por ejemplo, los usuarios de esta biblioteca utilizaban tra-
ductores de bolsillo que no se observaron en la BRT). Para desarrollar las categor±as prin-
cipales de la hoja de toma de datos, se llev& a cabo una observaci&n inicial en todas las
plantas de ambos edificios y se fotografi& y se dibuj& un esquema el espacio f±sico de
todas las plantas (para localizar la ubicaci&n del mobiliario y los equipos) y se crearon
c&digos para las localizaciones, posesiones y actividades.
Una vez que se complet& la hoja de toma de datos inicial, se le asign& a cada miembro
del equipo de investigaci&n una o dos plantas para la recogida de datos. Lo primero que
cada uno de ellos hizo fue hacer un recorrido inicial del espacio que se le hab±a asignado
para comprobar la hoja de toma de datos (aæadiendo nuevas variables donde fuese necesa-
rio) y determinar el tiempo que necesitar±a. El tiempo necesario variaba segœn la localiza-
ci&n dentro de la biblioteca dependiendo del nœmero de zonas para sentarse, los ordenado-
res, etc. de cada piso as± como de la hora y el d±a de la semana. El per±odo de recogida de
datos en cada biblioteca dur& una semana completa (a principios de julio en la BRT y a
finales de septiembre en la BPV), realizÆndose tres veces al d±a (de 10:15 am a 11:30 am,
2:00 pm a 3:30 pm y 6:00 pm a 7:30 pm) para obtener una idea de las actividades que se
realizaban en ambas bibliotecas en las horas normales de trabajo (a excepci&n de los vier-
nes y sÆbados por la tarde cuando ambas bibliotecas estaban cerradas). Cada miembro del
equipo era responsable de tomar anotaciones cada d±a de lo que ocurr±a en el piso o pisos
que se le hab±an asignado en las horas seæaladas, utilizando un nuevo impreso para cada
per±odo de tiempo y escribiendo su nombre en Øl. En total, el equipo de investigaci&n
realiz& observaciones sistemÆticas y detalladas de sesenta variables de mÆs de 10.000
individuos por biblioteca y por semana.
AdemÆs de la prueba inicial de la hoja de toma de datos, Østa se revis& y modific& du-
rante las primeras sesiones de la propia recogida de datos, aæadiØndosele la categor±a
denominada ²Otros³ para incluir lugares, posesiones y actividades que hab±an pasado
desapercibidas previamente y el equipo de investigaci&n se reuni& al final de cada d±a para
discutir estas nuevas variables, siendo en algunos casos necesaria la modificaci&n de las
categor±as existentes. Por ejemplo, el equipo de investigaci&n se dio cuenta al comenzar la
recogida de datos en la primera biblioteca (BRT) que la variable ²bœsqueda³ dentro de las
actividades era demasiado amplia y se decidi& que era aconsejable cambiar esta variable
para diferenciar entre bœsqueda ²f±sica³ (por ej., localizar un libro en un estante) de la
bœsqueda de informaci&n en el ordenador de la biblioteca. En este caso, se sustituy& la
variable ²usando el OPAC³ por ²usando el ordenador de la biblioteca³ para referirse a la
bœsqueda de diferentes tipos de informaci&n digital. Este cambio fue necesario porque
muchos ordenadores de la biblioteca (si no la mayor±a) eran terminales multimedia que
inclu±an muchas aplicaciones ademÆs del catÆlogo en l±nea de la biblioteca.
El ensayo y la recogida inicial de datos tambiØn reafirm& la idea a los investigadores
de que el mØtodo ²seating sweeps³ es, por naturaleza, un mØtodo de observaci&n con
obligaciones Øticas y de privacidad inherentes. Debido a que la biblioteca es un espacio
anales de documentaci&n
, n” 9, 2006
OBSERVACIONES EN LA BIBLIOTECA.
199
pœblico, Øste es un lugar ideal para observar el comportamiento humano; no obstante, es
necesario asegurar a los usuarios (y al comitØ encargado de las cuestiones Øticas de la
biblioteca) que se respeta su intimidad. Por ejemplo, el mØtodo usado en este estudio no
identificaba a las personas concretas y, en ningœn momento, los otros mØtodos utilizados
en la investigaci&n se pusieron en relaci&n con los resultados obtenidos por este mØtodo.
AdemÆs, durante la duraci&n del per±odo de recogida de datos, se colocaron carteles en la
entrada de cada biblioteca explicando claramente que se estaba realizando un estudio.
A pesar de haberse utilizado todas estas medidas sistemÆticas, el uso del mØtodo de
observaci&n plante& una cuesti&n concreta que los investigadores no hab±an previsto, que
se puede describir como una cuesti&n de ²¿quiØn estaba observando a quiØn?³. Aunque la
observaci&n durante un per±odo de tiempo prolongado es un componente necesario del
mØtodo (para asegurarse de que se toman observaciones todos los d±as de la semana y a
diferentes horas para recoger una gran variedad de patrones de comportamiento), los usua-
rios habituales de la biblioteca llegaron a reconocer a los investigadores y el horario y
recorrido que utilizaban por las diferentes plantas de la biblioteca. Por ejemplo, un miem-
bro del equipo de investigaci&n se dio cuenta de que el mismo grupo de hombres trabajaba
en la misma mesa, a la misma hora, todos los d±as. Al final de la semana, los hombres se
tocaban ligeramente con el codo y se volv±an para observar al investigador tomando notas,
preguntÆndose claramente quØ es lo que estaba haciendo. Aunque ninguno de ellos se le
acerc& para preguntarle quØ es lo que estaba haciendo, ella modific& su comportamiento
(al igual que hicieron los otros miembros del equipo) para evitar estas situaciones como,
por ejemplo, rellenando la hoja de toma de datos sin ser vista detrÆs de las estanter±as, de
archivadores, etc., fingiendo que se estÆ mirando a otro lado de la habitaci&n mientras se
mira de reojo a los usuarios que se estÆn observando, rellenando la hoja sentada en una
mesa de estudio vac±a (es decir, para dar la impresi&n de que se estÆ haciendo un trabajo
parecido al que hacen los demÆs usuarios). En realidad, cada miembro del equipo utiliz&
aquellos mØtodos que le parecieron mÆs apropiados. La raz&n de usar estas estratagemas
no era la de engaæar a los usuarios o manipular su comportamiento de ninguna manera,
sino mÆs bien conseguir que los observadores se integrasen en el entorno de la biblioteca
y tomasen nota de lo que estaba sucediendo a su alrededor pasando desapercibidos.
6. RESULTADOS
Este mØtodo de observaci&n dio lugar a varios resultados interesantes, cuya gran ma-
yor±a no se podr±a haber obtenido de otra forma. Aunque los resultados completos de este
estudio han aparecido publicados en otro art±culo
3
, ser±a interesante analizar aqu± algunos
de estos resultados para destacar la utilidad de este mØtodo para documentar el comporta-
miento de los usuarios. Debido a la gran cantidad de datos recogidos en ambas bibliotecas,
los siguientes resultados se basan en una muestra de varios d±as (lunes, miØrcoles y sÆba-
do), dÆndonos una idea del comportamiento de mÆs de 7.000 usuarios. Se escogi& el lunes
porque es el d±a mÆs concurrido de la semana en ambas bibliotecas, el miØrcoles refleja un
d±a mÆs normal de la semana y el sÆbado es representativo del fin de semana.
Antes de analizar estos resultados, cre±mos conveniente contextualizar el comporta-
miento observado desde la perspectiva de los datos demogrÆficos recogidos en los cues-
3
VØase Leckie y Hopkins (2002).
anales de documentaci&n
, n” 9, 2006
200
LISA M. GIVEN Y GLORIA J. LECKIE
tionarios escritos que se rellenaron y que eran parte del estudio final. Segœn estos datos, el
perfil del usuario de estas bibliotecas era: la inmensa mayor&a eran residentes de sus ciu-
dades respectivas (viv&an a menos de una hora de la biblioteca), generalmente ten&an un
nivel de estudios alto (aproximadamente el 60% pose&a una titulaci±n universitaria o supe-
rior), el 30% dijeron que trabajan en una profesi±n, el 25% eran estudiantes y una pequeæa
minor&a eran amas de casa, trabajadores aut±nomos o turistas. Finalmente, los usuarios
proven&an de diferentes grupos culturales, como era de esperar. La mayor&a hablaban
inglØs y el 20% francØs. AdemÆs, hab&a muchos otras lenguas representadas (en la BRT se
registraron 65 idiomas diferentes y 50 en la BPV), siendo los mÆs representativos el chino
(incluido el cantonØs y el mandar&n), el espaæol, el coreano y el japonØs.
6.1 Resultados generales
El mØtodo utilizado nos revel± una visi±n general interesante de las bibliotecas en
cuanto al sexo y a la edad de los usuarios. Aunque gran parte de las investigaciones exis-
tentes sobre el uso de la biblioteca pœblica nos indica que las mujeres son los usuarios mÆs
asiduos (Berelson, 1949; Lange, 1987-1988; Payne, 1998), este estudio revel± que esto
s±lo era vÆlido en el caso de la secci±n infantil de la BPV, ya que, en general, los varones
constitu&an la mayor&a de todos los usuarios de las bibliotecas (el 61% en la BRT y el 56%
en la BPV). Este mØtodo tambiØn revel± que la mayor&a de los usuarios ten&an menos de
60 aæos (el 92% en la BRT y el 94% en la BPV), un resultado destacable dado la impor-
tancia que se le da hoy d&a a la formaci±n permanente de adultos y a las propias expectati-
vas del equipo de investigaci±n de que los jubilados ser&an los usuarios mÆs habituales de
la biblioteca. No obstante, este corte de edad a los 60 es una aproximaci±n ya que el equi-
po de investigaci±n s±lo se limitaban a estimar la edad durante sus observaciones. Aunque
el equipo esperaba inicialmente recoger la edad en intervalos de diez aæos, durante las
fases de prueba del estudio fue muy dif&cil tomar anotaciones sobre la edad con unos in-
tervalos tan reducidos. Al final, las edades de los usuarios se agruparon en tres categor&as:
menor de 30, de 30 a 60 y mayor de 60 aæos. Aunque este mØtodo funcion± bien para los
muy j±venes y los muy mayores, quizÆs se clasificaron err±neamente algunos de los usua-
rios comprendidos entre estos dos grupos.
Otro resultado fue que la hora mÆs concurrida del d&a en las bibliotecas era de dos a
cuatro de la tarde, independientemente del sexo o la edad. Aunque muchos usuarios que
trabajan durante el d&a necesitan la tarde o el fin de semana para utilizar la biblioteca, en
realidad el sÆbado fue uno de los d&as mÆs flojos de la semana. Los cuestionarios y las
entrevistas a los usuarios que se hicieron junto con el mØtodo de observaci±n ²seating
sweeps³ nos revel± algo interesante sobre este resultado ya que los estudiantes y los hom-
bres de negocios frecuentaban la biblioteca durante el d&a como parte de su estudio o tra-
bajo.
6.2 Ubicaci&n de los usuarios en la biblioteca
El mØtodo utilizado tambiØn nos da una idea de d±nde se ubican los usuarios dentro de
la biblioteca. Usando el sexo de los usuarios de la biblioteca como referencia, la Tabla 1
nos muestra que la mayor&a de los usuarios (entre el 45% y el 67%) se sentaban en las
mesas de trabajo. Los ordenadores con acceso al catÆlogo de la biblioteca, a las bases de
datos e Internet ocupaban un distante segundo lugar (entre el 12% y el 15% de los usua-
rios) y la tercera ubicaci±n mÆs comœn (entre el 6% y el 12%) era la cafeter&a o la galer&a
anales de documentaci&n
, n” 9, 2006
OBSERVACIONES EN LA BIBLIOTECA.
201
en ambas bibliotecas. La Tabla 1 muestra que en el caso de la edad y el per&odo del d&a los
resultados son los mismos.
Otros sitios que los usuarios tambiØn frecuentaban eran los siguientes: los mostradores
de informaci±n (donde era mÆs probable ver mujeres y chicas j±venes que hombres y
chicos j±venes), los lectores de microfichas o microfilm (mÆs usados por los usuarios de
mayor edad), las fotocopiadoras y la secci±n de referencia (que se utilizaban mÆs confor-
me avanzaba el d&a). Cada biblioteca dispon&a ademÆs de sofÆs y bancos c±modos, fre-
cuentados sobre todo por los usuarios varones. Estos resultados tienen implicaciones para
el diseæo y la planificaci±n de la biblioteca, en especial dado el Ønfasis que las bibliotecas
actualmente ponen en el aumento del nœmero de ordenadores conectados a la red. Esto
nos sugiere que, al diseæar las bibliotecas, es necesario tener cuidado de no sacrificar los
espacios tradicionalmente usados ya que Østos siguen siendo los sitios mÆs utilizados
dentro de estas grandes bibliotecas.
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por sexo
Var±n
Mujer
Var±n
Mujer
Mesa de trabajo
60%
57%
55%
53%
Ordenador
14%
12%
14%
15%
Cafeter&a/Galer&a
6%
6%
8%
10%
Otra ubicaci±n
20%
25%
23%
22%
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por edad
<30
30²60
60
<30
30²60
>60
Mesa de trabajo
55%
61%
67%
60%
45%
49%
Ordenador
15%
11%
8%
15%
15%
10%
Cafeter&a/Galer&a
9%
5%
0%
7%
11%
7%
Otra ubicaci±n
21%
23%
25%
18%
29%
34%
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por per&odo del d&a
Maæana
Mediod&a
Tarde
Maæana
Mediod&a
Tarde
Mesa de trabajo
56%
59%
60%
46%
57%
57%
Ordenador
15%
11%
15%
19%
13%
14%
Cafeter&a
5%
8%
4%
10%
8%
8%
Otra ubicaci±n
24%
22%
21%
25%
22%
21%
Tabla 1. Ubicaci&n de los Usuarios.
AdemÆs, el Øxito de las cafeter&as y otras zonas de descanso externas (aunque forman-
do parte de la biblioteca) deber&a incitar a otras bibliotecas a habilitar este tipo de espacios
para los usuarios. En los diferentes mØtodos utilizados en este estudio, el equipo de inves-
tigaci±n encontr± un nœmero notable de usuarios que permanec&an en la biblioteca durante
muchas horas y usaban frecuentemente las zonas de descanso para comer, llamar a casa,
debatir proyectos de investigaci±n y realizar otras tareas y volv&an a la biblioteca propia-
mente dicha para continuar su trabajo. En el caso de estas dos bibliotecas, los usuarios
encontraron entornos acogedores dentro del espacio de la biblioteca donde pod&an descan-
sar, comer y conversar con otros antes de continuar su trabajo.
anales de documentaci&n
, n” 9, 2006
202
LISA M. GIVEN Y GLORIA J. LECKIE
6.3 Pertenencias de los usuarios
Los usuarios ten&an varios objetos en su posesi±n mientras trabajaban en la biblioteca.
En la categor&a de ²sexo del usuario³ (vØase la Tabla 2) los libros fueron el objeto que con
mÆs frecuencia ten&an los usuarios, tanto hombres y chicos como y mujeres y chicas (con
mÆs del 70% en ambas bibliotecas). La segunda pertenencia mÆs comœn eran los maleti-
nes, las mochilas y las bolsas de la compra (con un porcentaje de entre el 59% y el 81%).
Algo llamativo es que la comida y la bebida ocupaban el tercer puesto, aunque a mucha
distancia (con un porcentaje de entre el 5% y el 11%) y a pesar de los carteles que prohi-
b&an su consumo en la biblioteca. TambiØn se observ± que muchos usuarios sacaban co-
mida y bebida de sus carteras, bolsillos, etc., por lo que el nœmero real de usuarios con
comida puede ser mucho mayor de lo que se observ±.
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por sexo
Var±n
Mujer
Var±n
Mujer
Libros
72%
71%
77%
76%
Malet&n/Carpeta
63%
81%
59%
76%
Comida/Bebida
5%
10%
8%
11%
Otra pertenencia
7%
5%
11%
9%
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por edad
<30
30´60
60
<30
30´60
>60
Libros
67%
76%
79%
79%
71%
79%
Malet&n/Carpeta
81%
65%
47
78%
48%
31%
Comida/Bebida
8%
7%
3%
9%
11%
5%
Otra posesi±n
6%
6%
11%
11%
8%
7%
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por per&odo del d&a
Maæana
Mediod&a
Tarde
Maæana
Mediod&a
Tarde
Libros
67%
73%
74%
71%
79%
78%
Malet&n/Carpeta
68%
70%
75%
57%
67%
75%
Comida/Bebida
7%
7%
6%
10%
9%
9%
Otra posesi±n
4%
7%
3%
11%
10%
10%
Tabla 2. Pertenencias de los Usuarios.*
* Las columnas no totalizan el 100% ya que algunos usuarios ten&an mÆs de una pertenencia.
AdemÆs, los usuarios ten&an otra serie de objetos personales como, por ejemplo, cajas
de paæuelos de papel, lentes de aumento, cÆmaras, utensilios para ayudar a andar (por ej.,
bastones), biberones, monopatines e incluso bicicletas. Uno de los objetos mÆs interesan-
tes que se incluy± en la categor&a de µOtros¶ eran los µtraductores electr±nicos¶ usados
principalmente por los usuarios de origen asiÆtico. Estos aparatos permit&an a los usuarios
traducir textos a diferentes idiomas mientras estaban en la biblioteca. Desde el punto de
vista metodol±gico, distinguir la naturaleza de estos aparatos electr±nicos supuso un reto
para el equipo de investigaci±n ya que tuvieron que hacerlo con mucho cuidado y precau-
ci±n mirando a veces por encima del hombro de los usuarios para determinar lo que eran y
distinguirlos de las agendas electr±nicas y libros electr±nicos. QuizÆs los responsables de
las bibliotecas deber&an considerar la adquisici±n de este tipo de traductores electr±nicos,
como los que hemos vista en este estudio, como un recurso que los usuarios podr&an pedir
anales de documentaci&n
, n” 9, 2006
OBSERVACIONES EN LA BIBLIOTECA.
203
en prØstamo durante determinados per&odos de tiempo o para su uso en la propia bibliote-
ca; en concreto, para aquellos usuarios que de otro modo no podr&an permitirse comprar
un aparato tan caro y sofisticado que puede costar varios cientos de d±lares.
6.4 Actividades de los usuarios
La actividad mÆs comœn (la lectura) puede que no sea una sorpresa ya que los ²libros³
eran el objeto mÆs frecuente que los usuarios ten&an en sus manos (vØase la Tabla 3); no
obstante, la frecuencia de la lectura puede ser algo sorprendente dada la importancia que
las bibliotecas prestan a las nuevas tecnolog&as y lo que los bibliotecarios e investigadores
piensan
que conocen sobre el comportamiento de los usuarios. Aunque la mayor&a de los
usuarios estaban sentados y dedicados a leer y estudiar (entre el 51% y el 64% de los
hombres, chicos, mujeres y chicas estaban leyendo), la investigaci±n sobre esta actividad
no ha recibido mucha atenci±n en los œltimos aæos y constantemente se estÆn recortando
las partidas dedicadas a la compra de libros. Cabe destacar que la lectura era la actividad
mÆs prominente en todos los grupos sin importar su edad y a cualquier hora del d&a. Este
resultado nos indica la necesidad de resaltar la importancia de los libros y la lectura en las
bibliotecas y puede ser un importante argumento en contra de la opini±n err±nea de que
las bibliotecas f&sicas ya no serÆn necesarias debido al uso cada vez mayor de los recursos
electr±nicos.
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por sexo
Var±n
Mujer
Var±n
Mujer
Leyendo
54%
51%
64%
58%
Escribiendo
19%
22%
18%
24%
Hablando
12%
18%
14%
20%
Usando ordenador
15%
13%
13%
14%
Otras Actividades
30%
31%
19%
21%
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por edad
<30
30´60
60
<30
30´60
>60
Leyendo
45%
58%
63%
64%
54%
65%
Escribiendo
19%
22%
14%
26%
11%
6%
Hablando
23%
6%
6%
18%
15%
9%
Usando ordenador
17%
12%
10%
14%
13%
9%
Otras Actividades
29%
30%
24%
17%
26%
20%
Biblioteca de Referencia de Toronto
Biblioteca Pœblica de Vancouver
Por per&odo del d&a
Maæana
Mediod&a
Tarde
Maæana
Mediod&a
Tarde
Leyendo
47%
54%
54%
53%
63%
65%
Escribiendo
18%
21%
21%
21%
21%
24%
Hablando
13%
14%
15%
18%
16%
17%
Usando ordenador
19%
11%
16%
18%
12%
13%
Oras Actividades
33%
31%
22%
23%
19%
18%
Tabla 3. Actividades los Usuarios.*
* Estas categor&as representan las cuatro actividades principales realizadas en ambas bibliotecas;
otras actividades como cantar, bailar, etc. No debemos olvidar tampoco que algunas personas esta-
ban realizando varias actividades (por ej., leyendo y hablando).
anales de documentaci&n
, n” 9, 2006
204
LISA M. GIVEN Y GLORIA J. LECKIE
AdemÆs, aunque escribir fue la segunda actividad mÆs comœnmente observada (a la
que se dedicaban entre el 18% y el 24% de los usuarios, tanto masculinos como femeni-
nos), Østa iba seguida muy de cerca por la &conversaci±n con otros usuarios², que ocup± el
tercer lugar (entre el 12% y el 20% de los usuarios). El hablar es algo que generalmente
no se ha visto bien en las bibliotecas (como se representa en la imagen que todos tenemos
del bibliotecario que siempre estÆ mandando callar) o, como Kelman (2001) ha observado
sobre la sala de lectura de la biblioteca pœblica de Nueva York &se controla y regula de
forma discreta y cuidadosa el comportamiento² para fomentar la lectura en silencio. A
pesar de esto, en las dos bibliotecas estudiadas, la conversaci±n era un comportamiento
regular en el trabajo normal de los usuarios ya que el equipo de investigaci±n frecuente-
mente observ± que hab³a un grupo pequeæo de usuarios que le³an libros en voz alta inter-
cambiaban apuntes y realizaban otras actividades en las que ten³an que conversar y que
todo ello estaba relacionado con el trabajo que estaban realizando. Dado que la conversa-
ci±n es algo normal entre los usuarios, como se observ± en este estudio, la biblioteca ne-
cesitar³a habilitar zonas dedicadas a este fin. Por ejemplo, la BPV dispon³a de varias habi-
taciones de estudio que los usuarios pod³an reservar para trabajar en sus proyectos,
reuniones o cualquier otra tarea donde el debate era vital para el proyecto en cuesti±n. Las
bibliotecas quizÆs deber³an facilitar un poco mÆs de este tipo de espacios dentro de la
propia instituci±n; en concreto, para que los usuarios no se sientan que tienen que salir de
la biblioteca para conversar. Es importante reconocer la importante funci±n social de las
bibliotecas y Østas quizÆs necesiten hacer mÆs para fomentar la imagen de &la biblioteca
como un lugar interactivo² frente a la visi±n de &la biblioteca como un lugar en el que hay
que guardar silencio².
El inconveniente de la existencia de este tipo de espacios para el debate es que algunos
individuos pueden usarlos mal o monopolizarlos, necesitando entonces personal espec³fi-
co para atender las quejas. Por ejemplo, en la BPV se observ± que algunos grupos que
usaban estas salas era un poco ruidosos y otros usuarios se hab³an quejado de ello a los
bibliotecarios. Esta misma biblioteca tuvo problemas con estas salas ya que profesores de
clases particulares a menudo utilizaban las salas de estudio para enseæar a sus alumnos,
con frecuencia durante horas, impidiendo as³ a otros usuarios hacer uso de ellas. En estos
casos, quizÆs sea necesario crear normas claras sobre la reserva y el uso adecuado de este
tipo de salas. No obstante, estos problemas no restan importancia a la utilidad y populari-
dad de estos espacios.
Como actividad, el uso del ordenador (del 13% al 15% de los usuarios) se observ±
menos frecuentemente que el hablar. Este resultado es sorprendente dado el hincapiØ que
se hace sobre el papel de las nuevas tecnolog³as de la informaci±n en las bibliotecas mo-
dernas. Este inesperado dilema de algunos usuarios sobre el uso de los ordenadores en las
bibliotecas tambiØn se confirm± en las respuestas a los cuestionarios ya que un poco mÆs
de un tercio de los usuarios de la BRT y aproximadamente la mitad de los usuarios de la
BPV fueron expresamente a la biblioteca con la intenci±n de usar los recursos electr±nicos
(Internet, el correo electr±nico, el catÆlogo de la biblioteca o las bases de datos en CD-
ROM). Segœn respondieron en el cuestionario, el uso real que hicieron de los recursos
electr±nicos estuvo dividido mitad y mitad en ambas bibliotecas, indicando aproximada-
mente un tercio de los usuarios que normalmente o siempre los utilizaban y otro tercio
aproximado que nunca o rara vez lo hac³a. Esta divisi±n tambiØn fue evidente cuando se
les pidi± que valoraran la importancia de los recursos electr±nicos. Menos de un tercio
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OBSERVACIONES EN LA BIBLIOTECA.
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dijeron que ten&an poca o ninguna importancia mientras que, en la BRT, mucho mÆs de un
tercio dijeron que era muy importantes o vitales y, en la BPV, casi la mitad opinaron lo
mismo. La probabilidad de usar los recursos electr±nicos era la misma para las mujeres y
las chicas que para los hombres y los chicos, mientras era mÆs probable que los usuarios
mayores (>65 aæos) dijeran que nunca los usaban. Las observaciones tomadas por el equi-
po de investigaci±n confirm± tambiØn este œltimo resultado del cuestionario ya que se
observ± que tanto los hombres como las mujeres utilizaban los ordenadores aproximada-
mente en igual proporci±n y que los usuarios mayores tend&an a utilizarlos con menos
frecuencia que los mÆs j±venes. Claramente, la tecnolog&a de la informaci±n en la biblio-
teca central no tienen la misma importancia para todos los usuarios.
Otras actividades que se observ± que realizaban los usuarios eran las siguientes: con-
versando con el personal de la biblioteca (observado con mÆs frecuencia en los usuarios
femeninos), buscando documentos en las estanter&as o en los archivadores, comiendo,
durmiendo, bebiendo, tocÆndose f&sicamente (desde madres con bebØs en sus brazos a
parejas besÆndose y abrazÆndose). Muchas de estas actividades no son lo que las bibliote-
cas han fomentado o incluso han considerado que debe ser la conducta de los usuarios,
pero claramente demuestran la naturaleza social de la biblioteca y lo c±modo que la gente
parece sentirse dentro de ella.
7. CONCLUSI&N
El mØtodo utilizado resalta el valor intr&nseco de los estudios de observaci±n ya que
nos da la oportunidad de ver lo que la gente hace realmente dentro de la biblioteca. La
conducta observada puede que no coincida con lo que la gente dice que hace en una en-
cuesta escrita u oral y, por lo tanto, puede ofrecernos pruebas concretas que nos ayuden a
plantificar mejor la biblioteca o a tomar cierto tipo de decisiones que le afecten directa-
mente (por ejemplo, ¿estÆn los ordenadores ²siempre ocupados³ como afirman algunos
usuarios o s±lo realmente a ciertas horas del d&a?). AdemÆs, este mØtodo es preferible
sobre otro (por ejemplo, un cuestionario) cuando los usuarios puede que no sean tan since-
ros en sus respuestas como deber&an de serlo con respecto a ciertos comportamientos que
tradicionalmente estar&an mal vistos por los bibliotecarios. Por ejemplo, los usuarios qui-
zÆs no admitan que coman o beban en la biblioteca o estropeen los fondos si se les pre-
gunta sobre ello en un cuestionario, con una observaci±n discreta los bibliotecarios pue-
den ver estas actividades tal y como ocurren en ella. Al mismo tiempo, hay ser consciente
del hecho de que, aunque los estudios de observaci±n pueden ofrecernos una idea de
²quس ocurre en la biblioteca, no nos explican el ²porquس los usuarios hacen lo que ha-
cen; los investigadores deben encontrar la respuesta a estÆs preguntas tan importantes del
²porquس usando una combinaci±n o ²triangulaci±n³ de mØtodos (por ejemplo, cues-
tionarios o entrevistas personales) para investigar las actitudes y motivaciones de los usua-
rios.
AdemÆs de la manera de usar el mØtodo de observaci±n ²seating sweeps³ en este estu-
dio, hay muchas formas de ampliar este mØtodo para obtener una visi±n mÆs dinÆmica y
completa del comportamiento de los usuarios. Por ejemplo, el seguimiento a modo de
²esp&a³ de ciertos usuarios nos dar&a una visi±n mÆs completa el uso de la biblioteca, pero
este mØtodo presenta dos problemas que los investigadores deben resolver. Primero, este
mØtodo requiere mucho tiempo, obteniØndose una muestra mucho mÆs pequeæa que la
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obtenida en este estudio. En segundo lugar, este mØtodo es muy intrusivo, por lo que ha-
br&a que tener mucho cuidado de no invadir la privacidad de los usuarios dentro de la
biblioteca. Otro posible uso del mØtodo de observaci±n ²seating sweeps³ es hacer un se-
guimiento de cada individuo en el espacio y el tiempo, haciendo una descripci±n de lo que
hace y d±nde en el transcurso de una d&a (o una semana). Este mØtodo proporcionar&a a las
bibliotecas una mejor idea de quØ zonas son mÆs frecuentadas (por quiØn y cuÆndo), quØ
mobiliario obstruye el movimiento de la gente, d±nde ubicar mejor las tecnolog&as de la
informaci±n, por quØ se prefieren ciertas zonas para el estudio y la lectura o quØ zonas de
la biblioteca deber&an designarse como ²espacios sin ruido³ para el estudio personal. Una
vez mÆs, aunque este mØtodo es potencialmente œtil, requerir&a mucho personal para po-
nerlo en prÆctica y s±lo ser&a posible aplicarlo a una pequeæa muestra.
En definitiva, el mØtodo de observaci±n ²seating sweeps³ puede mostrar la vida diaria
de uno de los œltimos espacios verdaderamente pœblicos donde se garantiza el acceso
ilimitado: la biblioteca pœblica. AdemÆs de proporcionar una descripci±n valiosa de quiØ-
nes son los usuarios de la biblioteca y lo que hacen, este mØtodo muestra la diversidad de
comportamientos y actividades que tienen lugar dentro de la biblioteca, incluso aunque
entre en conflicto con las reglas y normas establecidas tradicionalmente por la biblioteca.
En este estudio, el mØtodo se combin± con cuestionarios escritos y entrevistas personales,
demostrando que incluso las grandes bibliotecas centrales son espacios sociales llenos de
dinamismo donde la gente se dedica a una gran variedad de actividades que van desde
conversar mientras se come un bocadillo y se bebe un refresco, coquetear, acariciarse
hasta las actividades mÆs tradicionales de leer y buscar informaci±n. Puesto que uno de
los objetivos de los bibliotecarios es atraer a nuevos usuarios a la biblioteca, no debemos
olvidarnos de tener en cuenta las actividades reales y necesarias de los usuarios, creando
normas y zonas dentro de las bibliotecas que atiendan sus necesidades y expectativas de
las bibliotecas como lugares cuya raz±n de ser social le viene dada por las much&simas
actividades e interacciones que se realizan en ella.
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