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355
Matrimonio, Honor, Clase y Color en la
provincia de Maracaibo (1784-1834)*
Luis Rincón Rubio
Maestría en Antropología, L.U.Z.
R
esumen
Se presenta una aproximación a la relación entre parentesco y genealogía,
matrimonio, honor, clase y color en una parroquia rural de la Provincia de Maracaibo en
las últimas décadas del período monárquico y primeras décadas del período republicano. Se
encuentra que las prácticas matrimoniales en esta parroquia rural eran construcciones socio-
culturales que respondían a los intereses tradicionales de la Iglesia católica y del gobierno
monárquico español. En la sociedad en cuestión se daba una interacción constante entre el
honor de la hembra, centrado en su virginidad, el honor de la familia y el honor del grupo
social, de forma tal que la estructura social jerárquica en divisiones de clase/color dependía
en gran parte de la preservación del patrimonio simbólico de los grupos dominantes.
Palabras clave:
honor, mujer, parentesco, matrimonio, colonia
A
bstract
Relation between kinship and genealogy, marriage, honour, class and colour
in a rural parish in the province of Maracaibo during the final decades of the colonial
period and the first decades of the republic. It has been found that marriage practices in
this parish were socio-cultural constructions in the interests of traditional Catholicism
and the Spanish monarchy. Female honour based on virginity, as well as the honour
of the family and the social group contributed toward an hierarchized social structure
formed around class and colour which was largely dependent upon the preservation of
a symbolic patrimony in the dominant groups.
Key words:
honour, woman, kinship, marriage, colony
Boletín Antropológico. Año 24, Nº 68, Septiembre–Diciembre, 2006. ISSN:1325–2610.
Universidad de Los Andes. Mérida. Luis Rincón Rubio.
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1. Introducción
El sistema social y cultural propio de la región circuncaribe
iberoamericana comenzó a conformarse en los primeros siglos de
la conquista, la expansión y la colonización europea, cuando ciertos
rasgos básicos de agrupamiento comenzaron a desarrollarse en base a
una red de relaciones centradas en los pares parentesco/genealogía y
clase/color (López Sanz, 2000). El estudio de la problemática social
o cultural de una sociedad del presente o del pasado debe ir entonces
acompañado de una mirada antropológica a los conceptos nativos
que giran alrededor de las unidades significativas que definen el
parentesco, entendido éste como la mayor o menor distancia social
y afectiva que una(s) y determinada(s) persona(s) guarda(n) respecto
a quien emite y designa la relación parental (López Sanz, 2000).
Los estudios de parentesco en sociedades del pasado plantean
problemas singulares relacionados con la dificultad de ir más allá de los
individuos y terminología relacional concreta que aparecen en las fuentes
documentales hacia el total de configuraciones y relaciones de paren
-
tesco de mayor alcance que pudieran tener también una significación
social, y que permitirían una caracterización completa del dominio
de parentesco en la sociedad en cuestión (Plakans, 1984).
Con el propósito de reducir las ambigüedades inherentes a estu
-
dios históricos de parentesco, autores como Plakans (1984) abogan por
una discusión completa de los orígenes del material empírico del cual
los elementos discriminables de parentesco serían eventualmente extraí
-
dos, aceptando que nunca se podrá tener quizás una respuesta clara a la
pregunta de si es confiable la evidencia encontrada en los documentos
escritos acerca del parentesco en sociedades pasadas.
La discusión implicaría entonces un análisis de las fuentes
históricas utilizadas para determinar la manera en que ha sido produ-
cido el material empírico disponible relacionado con el parentesco,
tanto el ambiguo como el no ambiguo, con el fin de poder separar
el uno del otro. Para hacer esto se debe adoptar un enfoque que
sitúe en contexto la actividad clasificatoria de los actores sociales y
de los productores del documento escrito, entendiendo la actividad
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clasificatoria del parentesco en la sociedad en estudio como «la suma
total de actividades mundanas mediante las cuales las personas en el
pasado aprendían a diferenciar entre parientes y entre parientes y ex
-
traños, y a dotar a estas distinciones de significado social a lo largo de
sus vidas y en la vida social de la comunidad» (Plakans, 1984: 11).
En este trabajo pretendemos aproximarnos a la relación entre
parentesco y genealogía, matrimonio, honor, clase y color en una
parroquia rural de la Provincia de Maracaibo en las últimas décadas
del período monárquico y primeras décadas del período republicano
venezolano, partiendo de fuentes primarias ubicadas en archivos
eclesiásticos parroquiales y diocesanos. La naturaleza de las fuentes
disponibles obligarán a trabajar con términos genealógicos más que
con términos de parentesco y
asumir entre éstos una relación de
equivalencia. Salvo casos excepcionales, estas fuentes permitirán
inferir muy poco acerca de los roles de parentesco, es decir, acerca
del comportamiento que se daba entre los diferentes parientes. Los
términos genealógicos serán la única pista de que se dispondrá en
relación con la estructura de las relaciones de parentesco, por lo que
se asumirá que un lazo de parentesco siempre existirá allí donde dos
individuos ocupen categorías estructurales relacionadas por defini
-
ción (padre-hijo, marido-mujer, primo-prima, etc.).
El objetivo a alcanzar tendrá que ver entonces no con la expli-
cación de lo que un lazo particular de parentesco podía significar en la
comunidad en cuestión, ni con una descripción completa del dominio
del parentesco en la comunidad de interés, sino con la exploración
de la importancia social de ciertos lazos de parentesco, la relación
de éstos con estrategias socioculturales ligadas al honor, al principio
hembra y al par clase/color, y la implicación de estas estrategias en el
mantenimiento y reproducción del orden social y cultural.
2. Matrimonio y orden colonial en Iberoamérica
El mantenimiento del orden en la Iberoamérica colonial era
posible en gran parte gracias a la existencia de un sistema simbólico
de dominación basado en representaciones colectivas y modelos de
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comportamiento considerados ideales por los diferentes miembros
de la sociedad. En estas sociedades, el honor,
a través del poder y el
prestigio a él asociado, constituyó un valor de dominación esencial
para el sostenimiento del orden establecido. El individuo no era lo
que era, sino lo que aparentaba, o más bien lo que conseguía apa
-
rentar; sus actos debían estar de acuerdo con el sistema de valores
y los códigos de conducta que regían el comportamiento personal
y social, ya que sólo de esta forma se ganaba la aprobación del
grupo y el ser considerado como un sujeto honorable.
En el período monárquico, el honor encarnaba un signifi-
cado de jerarquía y un significado de virtud. El honor-jerarquía
era una medida de estratificación social que diferenciaba a los
integrantes de la sociedad colonial entre aquellos que tenían mucho
honor y prestigio como consecuencia de la victoria y el dominio,
los blancos españoles o criollos, y aquellos sin honor, los venci
-
dos y dominados, los indios, los pardos y los esclavos (Gutiérrez,
1993). El honor-virtud era la expresión del valor ético y moral del
individuo y dividía la sociedad horizontalmente, prescribiendo el
orden de procedencia y la preeminencia dentro de un mismo estrato
social de acuerdo a la reputación, es decir, de acuerdo al grado en
que reproducían los ideales de conducta social (Seed, 1991). Para
los individuos pertenecientes a los grupos dominantes el sentirse
digno de honor era de
importancia vital para tener seguridad en
sí mismo, mantener el poder de grupo y perpetuar su posición
privilegiada dentro de un orden social altamente jerarquizado. La
deshonra equivalía a la infamia y mala reputación, a la muerte so
-
cial del individuo y de su familia ante la pérdida de la estimación
de sus iguales (Vázquez de Ferrer y col., 1996).
En estas sociedades el matrimonio era tal vez el suceso ritual
más importante en el curso de la vida. Un matrimonio racialmente
puro era requisito indispensable para conservar el honor de las
familias, el cual podía ser dilapidado en un matrimonio con una
persona de clase inferior (Gutiérrez, 1993). El nacimiento de un hijo
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fuera del matrimonio rompía con la cadena del honor heredado e
introducía una mancha para la familia de la madre que podía limitar
el futuro de las siguientes generaciones (Twinam, 1991).
El matrimonio era considerado por la Iglesia como un in-
disoluble vínculo, y contrato perpetuo, entre el hombre y la mujer,
basado en el consentimiento mutuo de los contrayentes, el cual
debía ser declarado por medio de palabras exteriores o señales que
demostraran dicho consentimiento. Aunque los padres intentaban
evitar matrimonios no deseados, la Iglesia se colocaba por lo
general al lado de las parejas, rechazando las objeciones paternas
basadas en diferencias económicas o étnicas entre los novios;
mientras no hubiera impedimentos canónicos las políticas de la
Iglesia favorecían la unión matrimonial (Socolow, 1989).
El proceso matrimonial se iniciaba con los esponsales,
promesa recíproca de matrimonio futuro entre los contrayentes, de
cumplimiento obligatorio. En caso de incumplimiento por parte de
uno de los contrayentes, las regulaciones vigentes establecían que
éste debía ser obligado por los jueces eclesiásticos a que cumpliera
su palabra de casamiento, a lo cual podía ser compelido bajo pena
de prisión (Gutiérrez de Arce, 1964). Como paso previo a la cele-
bración del matrimonio se debían llevar a cabo las informaciones
matrimoniales, durante las cuales los contrayentes debían manifestar
su voluntad de casarse libremente y expresar si existía algún impe
-
dimento canónico que pudiera obstaculizar su casamiento.
Los impedimentos para que se realizara el matrimonio eran
de dos tipos: dirimentes e inminentes (Lavrin, 1989; Gutiérrez,
1993; Rodríguez, 1997). Mientras que ambos tipos de impedimentos
implicaban pecado mortal para los contrayentes, los impedimentos
dirimentes traían consigo la anulación del matrimonio si eran des
-
cubiertos después de haberse efectuado éste. Los impedimentos
dirimentes más importantes eran la consanguinidad, la afinidad,
los votos religiosos, la diferencia de religiones, la bigamia, la
poligamia, la impotencia masculina, el crimen, la bigamia, la po
-
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ligamia, la falsedad de datos como el nombre o la condición social
y la coacción.
La consanguinidad era el parentesco basado en una
relación de sangre mientras que los vínculos de afinidad se creaban
mediante el matrimonio, actos sexuales ilícitos, el apadrinamiento,
etc. (Gutiérrez, 1993). Ante la existencia de impedimentos canó-
nicos los contrayentes debían acudir al Obispo de la diócesis, en
solicitud de una dispensa del impedimento en cuestión para así
poder contraer el matrimonio deseado.
Es de resaltar que, como ha señalado Smith (1988), todas
las relaciones de parentesco son socialmente definidas; incluso el
parentesco «de sangre», que nos ocupará aquí ampliamente, está
ligado a relaciones culturalmente definidas. Ya desde los primeros
siglos de la era cristiana, la Iglesia se había preocupado por siste
-
matizar los impedimentos matrimoniales ligados a la consangui-
nidad, partiendo de las prohibiciones existentes en los libros del
Antiguo Testamento, que prohibían las relaciones sexuales, y por
consiguiente el matrimonio, entre hermanos, hermanastros, tíos y
sobrinas, cuñados, yerno y nuera, y ascendientes y descendientes
directos en primera generación, pero que daban pie también para
la extensión de las prohibiciones a otros grados de consanguinidad.
En los siglos X al XII se llegó a prohibir hasta el séptimo grado de
consanguinidad según el cómputo germánico, que será el sistema
adoptado definitivamente por la Iglesia católica. En 1215, el IV
Concilio de Letrán limita los impedimentos de consanguinidad y de
afinidad legítima al cuarto grado, y el de afinidad ilícita al segundo
grado (Sánchez Baena y Chacín Navarro, 1992).
Realizadas las informaciones matrimoniales y no resultando
de ellas ningún impedimento para la realización del matrimonio,
se debía proceder a efectuar las amonestaciones públicas durante
tres domingos consecutivos, al tiempo de la misa mayor, con el fin
de dar a conocer a los vecinos del lugar la intención de la pareja de
contraer nupcias. En esta oportunidad los feligreses de la parroquia
tenían la obligación, bajo pena de excomunión, de descubrir ante
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el cura la existencia de impedimentos para la realización de dicho
matrimonio (Gutiérrez de Arce, 1964).
Numerosos investigadores han demostrado que la elección
del cónyuge en las sociedades coloniales iberoamericanas estaba
determinada por criterios que regían el intercambio matrimonial
(Seed, 1991; Socolow, 1989; Gutiérrez, 1993; Rodríguez, 1997). En
estas sociedades el matrimonio era un mecanismo de control que
perpetuaba las diferencias de clase y color; aunque la elección de
los cónyuges con base en criterios emocionales era culturalmente
apropiada y aún defendida por las autoridades eclesiásticas, fac
-
tores como el grupo étnico, la proveniencia parroquial, el estado
premarital, la condición laboral, en fin la posición económica y
social, eran determinantes que se traducían por lo general en es
-
trictas endogamias de grupo.
El principio básico que caracterizaba la escogencia del cón-
yuge era el principio de igualdad. Dada la importancia atribuida a
la «raza», determinada en gran parte por el color, como factor de
dominación y jerarquización social en las sociedades coloniales
iberoamericanas, por igualdad se entendía generalmente igualdad
racial. Sin embargo, en función de la importancia relativa que en
una localidad dada podían adquirir en el tiempo los diferentes
factores de poder que determinaban la posición social, factores
como la ocupación o la legitimidad de nacimiento o la riqueza del
grupo familiar podían también llegar a ser importantes para las
partes involucradas a la hora de concretar los enlaces matrimoniales
(Socolow, 1989).
3. La elección del cónyuge en La Inmaculada Concepción
de La Cañada (1785-1834)
La parroquia Imaculada Concepción de La Cañada fue eri-
gida canónicamente el 27 de septiembre de 1784 por el Obispo de
Mérida de Maracaibo, Fray Juan Ramos de Lora. Estudios recientes
han indicado que la razón de ser de los principales poblamientos de
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la parroquia, que hoy integran el Municipio Cañada de Urdaneta del
Estado Zulia, estuvo asociada al establecimiento gradual de colo-
nos criollos en territorios que presentaban condiciones climáticas
favorables al establecimiento de hatos destinados a actividades pe
-
cuarias (Rincón Rubio, 2003).
Este poblamiento gradual se habría
iniciado en las primeras décadas del siglo XVII o en las últimas
décadas del siglo XVI; para el año 1742 se encuentra plenamente
documentada la existencia de un numeroso vecindario de colonos
criollos en los alrededores del sitio en el cual se levantaría la iglesia
parroquial de La Inmaculada Concepción de La Cañada, en lo que
se conocía en los siglos XVII-XIX como el
«Partido de La Cañada
de Allá Dentro» (Rincón Rubio, 2003).
De cada diez matrimonios registrados en la Parroquia Inmacu-
lada Concepción de La Cañada en los años 1785-1834, ocho correspon-
dieron a enlaces en los que al menos un cónyuge era «Gente Blanca» y
dos correspondieron a matrimonios de individuos pertenecientes a otros
grupos étnicos. Al analizar estos enlaces se observa en primer lugar una
acentuada endogamia étnica: tanto los «Gente Blanca» como los indivi-
duos de los grupos considerados como «Gente de Servicio» contraían
nupcias preferentemente
con individuos de su mismo grupo étnico
1
.
La
tasa de matrimonios étnicamente exogámicos de «Gente
Blanca» se ubicó en un escaso 3,4%, comparado con un 12,0% para
individuos pertenecientes a otros grupos étnicos; esto indicaría que
los matrimonios étnicamente exogámicos eran relativamente más fre
-
cuentes entre los grupos situados en la escala inferior del sistema de
clase/color de la parroquia.
Los matrimonios exogámicos entre «Gente
Blanca» y un individuo considerado como «Gente de Servicio»
eran registrados en los libros de matrimonio de «Gente Blanca» lo
cual podría sugerir que para un individuo de las categorías étnicas
consideradas como «inferiores» el contraer matrimonio con un
individuo del grupo «Gente Blanca» podía haber representado para
el primero un ascenso en la jerarquía social de la parroquia.
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En la Tabla 1 se presentan las tasas de endogamia étnica de
hombres y mujeres «Gente Blanca» y «Gente de Servicio» en La
Inmaculada Concepción de La Cañada para el período 1785-1834.
En este período, un 97,8% de los hombres del grupo «Gente Blanca»
se casó con mujeres de su mismo grupo étnico y un 2,2% lo hizo
con mujeres «pardas».
En cuanto a las mujeres del grupo «Gente
Blanca», un 98,3% de ellas contrajo matrimonio con hombres de su
mismo grupo étnico, un 0,7% lo hizo con individuos «pardos» y se
presentó un único caso de casamiento entre una «Vecina» Española»
y un indígena, proveniente de una parroquia foránea.
En el mismo período, un 95,7% de los hombres no «blancos»
se casó con mujeres no «blancas», mientras que un 4,3% lo hizo
con mujeres «blancas». Por otra parte, un 91,7% de las mujeres del
grupo «Gente de Servicio» contrajo matrimonio con hombres de
su mismo grupo étnico mientras que un 8,3% lo hizo con hombres
considerados «Gente Blanca». La mayor proporción de matrimonios
étnicamente endogámicos en los años 1785-1834 correspondió a las
mujeres pertenecientes al grupo de «Gente Blanca», con un promedio
de 98,3% para todo el período.
Tabla 1. Tasas de endogamia étnica en la Parroquia Inmaculada
Concepción de La Cañada, 1785-1834
En el caso de la «Gente Blanca» las bajas tasas de matrimonios
exogámicos podrían ser en parte consecuencia de factores demográ
-
ficos ya que este era el grupo étnico predominante en la parroquia,
representando aproximadamente un 64% de la población total, mien-
tras que los individuos libres no «blancos» representaban entre 17%
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y 23% de la población de la parroquia (Rincón Rubio, 2003); sin
embargo, estas proporciones por sí solas no explican las altas tasas
de endogamia étnica observadas en el período 1785-1834, las cuales
debieron ser condicionadas por factores de orden cultural.
Teniendo en cuenta que la mujer era la depositaria del honor
de las familias, la estricta endogamia étnica observada en el grupo de
«Gente Blanca» pudo ser consecuencia de un alto grado de preocu-
pación por mantener una posición social privilegiada, restringiendo
la interacción con grupos étnicos considerados como inferiores. Este
patrón cultural habría permanecido inalterado en los inicios del período
republicano ya que para la década 1825-1834 se observan tasas de
endogamia étnica similares a las existentes cuarenta años antes.
Por otra parte, la menor tasa de endogamia étnica global
para todo el período se dio para las mujeres pertenecientes al grupo
de «Gente de Servicio» (91,7%), con una tasa de 62,5% para la
década de 1795-1804.
Estas tasas, relativamente bajas para la pa-
rroquia, indicarían que las uniones exogámicas más comunes eran
las realizadas entre una mujer perteneciente a los grupos étnicos
considerados como «Gente de Servicio»
y un hombre del grupo
«Gente Blanca». Como hemos mencionado, estas uniones eran
quizás buscadas por las contrayentes y sus familiares, ya que en
estos casos su honor se habría visto acrecentado al asimilarse en
cierta forma al
grupo de mayor jerarquía social en la parroquia.
Es interesante comparar estos patrones de endogamia étnica
con resultados disponibles para diferentes comunidades de la Pro
-
vincia de Venezuela a fines del siglo XVIII.
Las tasas de endogamia
étnica en el grupo de los
«blancos» de diferentes pueblos de la Pro-
vincia de Venezuela para el período 1782-1794 fueron en promedio
de 76,4% para los hombres y de 84,6% para las mujeres (Almécija,
1992),
significativamente menores a las encontradas por nosotros
para el período 1785-1834, entre 95,2% y 100,0%. Sin descartar la
posible influencia de factores demográficos
2
observamos entonces
que la «Gente Blanca» de La Inmaculada Concepción de La Cañada
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mostraba aparentemente un mayor rechazo a las uniones con los
demás grupos étnicos; esto podría indicar a la vez que los feligreses
de la parroquia Inmaculada Concepción de La Cañada acataban en
mayor grado los patrones culturales de antiguo régimen basados en
la jerarquización social y la preservación del honor estamental.
4. El matrimonio entre parientes: un asunto de Honor,
Clase y Color.
En las sociedades jerarquizadas de Antiguo Régimen, en
las cuales la pertenencia a un grupo social determinaba el acceso
al poder y a los privilegios a él asociados,
las familias y los indivi
-
duos se veían sometidos a una contradicción a la hora de establecer
una alianza matrimonial. Debido a la existencia de impedimentos
canónicos que prohibían el matrimonio entre aquellos que la Iglesia
consideraba parientes cercanos, el matrimonio no podía llevarse a
cabo entre idénticos, es decir, entre los que tenían la misma sangre;
sin embargo, debía realizarse entre iguales, es decir, entre aquellos
situados a un mismo nivel en la escala social en función de los
factores de poder predominantes en dicha sociedad. La necesidad
de resolver esta contradicción para asegurar la conservación del
honor y del poder resultó a menudo en una proporción elevada de
matrimonios entre parientes por consanguinidad o por afinidad.
En la Parroquia Inmaculada Concepción de La Cañada se
celebraron durante los años 1785-1834 un total de 55 matrimonios de
«Gente Blanca» que requirieron de dispensa eclesiástica por la existen-
cia de impedimentos canónicos (20,5% del total de 268 matrimonios
de «Gente Blanca»). De estos 55 casos, 51 correspondieron a impedi-
mentos de consanguinidad (92,7% del total), 1 caso a impedimento de
afinidad ilícita
3
(1,8%), 1 caso a impedimento de afinidad espiritual
(1,8%) y 2 casos a impedimento de pública honestidad
4
(3,6%).
En un 60,8% de los casos de matrimonios consanguíneos
entre «Gente Blanca» los contrayentes estaban ligados por un
parentesco de tercer grado (primos segundos); en un 17,6% de los
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casos por un parentesco de segundo grado (primos hermanos) y en
un 17,6% por un parentesco de cuarto grado (primos terceros); el
parentesco más común entre los contrayentes era así el de primos
segundos. En el mismo período 1785-1834 se celebraron en la
parroquia dos únicos matrimonios de «Gente de Servicio» que re-
quirieron dispensa por la existencia de impedimentos canónicos; en
uno de los casos los contrayentes eran parientes consanguíneos en
segundo grado, mientras que en el otro caso existía un impedimento
de pública honestidad. Considerando la baja tasa de matrimonios
consanguíneos en este grupo étnico (1,5% del total de 65 matrimo-
nios) se tendría que en La Inmaculada Concepción de La Cañada
el matrimonio entre parientes tuvo lugar básicamente dentro del
grupo de individuos considerados como «Gente Blanca».
Las tasas de parentesco por consanguinidad en contrayen-
tes «Gente Blanca» para el período 1785-1834 se ubicaron entre
6,7% y 34.6%, con un promedio de 19,0% para todo el período.
La consanguinidad matrimonial mostró una tendencia ascendente
en la parroquia en los treinta años transcurridos desde 1795 hasta
1819, alcanzando un 34,6% en el quinquenio 1814-1819, para
luego descender
continuamente durante los quince años siguientes
hasta ubicarse alrededor de 6,7%
en el
quinquenio 1830-1834.
No disponemos de información que permita determinar con preci
-
sión las causas de las relativamente altas tasas de consanguinidad
matrimonial encontradas en la Parroquia Inmaculada Concepción
de La Cañada, o de las variaciones observadas en el tiempo para
la frecuencia de matrimonios entre parientes.
Se ha señalado que las altas tasas de matrimonios con
-
sanguíneos en localidades rurales son resultado por una parte
del aislamiento geográfico de dichas localidades y de su baja de
-
mografía y, por otra parte, de políticas matrimoniales dirigidas a
evitar la dispersión de patrimonios y
recursos productivos (Comas
d’Argemir, 1992). Considerando la pobreza en que se encontraba
la mayoría de las unidades domésticas
de
la
parroquia
es
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pensar
que
factores
asociados
a
alianzas estratégicas dirigidas
a conservar o fortalecer propiedades y patrimonios materiales
jugaron probablemente un papel de naturaleza secundaria en la
concertación de matrimonios entre parientes.
Como
veremos
más
adelante,
los
motivos
expuestos
a
la
hora
de
solicitar dispensas matrimoniales señalan hacia la
conservación del patrimonio simbólico de la «Gente Blanca» y a
la preservación de la jerarquía social en la parroquia, fuertemente
anclada en divisiones de clase/color, como una de las motivaciones
fundamentales para la realización de matrimonios entre parientes.
No es de descartar, sin embargo, que factores de tipo demográfico
jugaran un papel importante en las altas tasas de consanguinidad
observadas en la
parroquia; en este sentido, es posible que el
descenso continuo de la consanguinidad matrimonial observado
a partir de los años 1815-1819 haya sido en parte resultado de un
mercado matrimonial ampliado como consecuencia del crecimiento
poblacional de la parroquia, así como de un incremento en el nú
-
mero de forasteros que se establecieron en ella durante las primeras
décadas del siglo XIX (Rincón Rubio, 2003).
Ante la existencia de impedimentos canónicos de consan
-
guinidad o afinidad, los contrayentes debían acudir al Obispo de la
diócesis, en solicitud de una dispensa del impedimento en cuestión
para poder contraer el matrimonio deseado. Del total de 55 matri-
monios de «Gente Blanca» realizados en la Parroquia Inmaculada
Concepción en el período 1784-1832 que requirieron dispensa
de impedimentos canónicos fue posible ubicar 28 expedientes en
el archivo diocesano correspondiente (Rincón Rubio, 2003).
En
25 de los 28 casos ubicados los contrayentes estaban ligados por
impedimentos de consanguinidad; en cada uno de los tres casos
restantes existía el impedimento de afinidad espiritual, afinidad
ilícita o pública honestidad. No fue posible ubicar ninguno de los
dos casos de casamientos de «Gente de Servicio» celebrados en la
parroquia que requerieron de dispensa matrimonial.
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Como se ilustra en la Tabla 2, los motivos fundamentales
expuestos por los contrayentes estaban relacionados con el principio
hembra, con el honor de la mujer y la indefensión de ésta al ser muy
pobre, huérfana de padres o hija de padres de edad muy avanzada. La
precaria condición económica en que se encontraba la mayoría de los
habitantes de la parroquia hacía que motivos como la necesidad de
aliar patrimonios para preservar el honor o el lustre de las familias,
frecuentes por ejemplo en el caso de alianzas entre las familias de
la elite mantuana de la ciudad de Caracas (Langue, 1995), fuesen
inexistentes en La Inmaculada Concepción de La Cañada.
En un 92,8% de los casos se destaca directa o indirectamente
la pobreza de la pretendida, queriendo transmitir quizás que esta
condición de pobreza hacía a la pretendida poco atractiva para
los extraños y la obligaba a contraer matrimonio con un pariente
para evitar un enlace con
una persona de carácter «inferior». En
un 64,3% de los casos se destaca que el matrimonio se encuentra
divulgado en la parroquia lo que podía resultar en detrimento del
honor de la mujer si el casamiento no llegaba a realizarse.
Diferentes autores han señalado que, al igual que sucedía en
la Europa de fines de la Edad Media, las parejas en Iberoamérica
colonial consideraban que el proceso matrimonial se había iniciado
una vez que se había dado la palabra de matrimonio. Si no se cumplía
esta palabra de futuro matrimonio se ponía en duda la virginidad y
el honor de la mujer, y se decía que ésta había perdido su «crédito»
público y manchado el honor familiar (Socolow, 1989; Lavrin, 1989).
Una vez otorgada la palabra de casamiento y divulgado este hecho
entre los vecinos de la parroquia la realización del matrimonio era
indispensable para conservar el honor
y la posición social.
El posible perjuicio del honor de las pretendidas si no se
llegaba a realizar el matrimonio es manifestado directa o indirec-
tamente como motivo para solicitar la
dispensa matrimonial en 19
de los 28 casos estudiados para el período 1784-1832. Asumiendo
que los títulos de «Don» y «Doña» eran utilizados exclusivamente
por personas consideradas «de calidad», es decir, personas blancas
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consideradas de extracción «noble», se observa que el principio
hembra, a través del honor como reputación virtuosa de la mujer,
funcionaba tanto en los sectores que formaban parte de la elite
étnica local, como en los sectores pertenecientes al común de los
considerados como «Gente Blanca Española».
Con frecuencia, el pretendiente o el cura de la Parroquia
Inmaculada Concepción de La Cañada destacan también que la
pretendida es huérfana de madre o de padre (46,6% de los casos),
hija de padres muy pobres (39,3% de los casos) o hija de padres de
edad avanzada (25% de los casos) y por tanto expuestos a fallecer
dejando a la pretendida desamparada, expuesta a «los peligros
de su sexo». En algunos casos se
destaca la avanzada edad de la
pretendida (20-25 años) y el riesgo que corría ésta de permanecer
por siempre soltera de no celebrarse el matrimonio deseado.
En tres casos del total de 28 expedientes de dispensas de
consanguinidad las relaciones entre novios comprometidos bajo pa
-
labra de casamiento habían resultado en gravidez de la pretendida;
al parecer, la promesa de matrimonio daba a las mujeres suficiente
garantía de las intenciones de sus pretendientes como para que una
minoría entre ellas se animara a establecer relaciones sexuales antes
de la celebración del
matrimonio. Según los documentos disponi-
bles estas situaciones eran aparentemente poco frecuentes.
Por otra parte, los motivos expuestos en la solicitud de
dispensa dejan claro que estas mujeres habrían quedado deshonra
-
das ante la vista de los otros hombres de la parroquia y que se les
hubiera dificultado sobremanera el encontrar otro pretendiente si
la dispensa no era otorgada; de aquí se desprende que idealmente
las mujeres debían mostrarse firmes ante las proposiciones de
sus prometidos si deseaban cuidar su reputación y conservar su
honor. Los casos de relaciones prematrimoniales parecen haberse
incrementado a partir de la segunda década del siglo XIX ya que
durante los años 1820-1832 se presentaron cuatro de los cinco
casos ubicados para el período 1785-1832.
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* información presentada por el cura de la parroquia.
**consecuencia de esponsales que tuvo el pretendiente con una hermana de la pretendida.
Tabla 2. Tabla 2. Motivos expuestos por contrayentes «Gente Blanca» en La Inmaculada
Concepción de La Cañada, 1784-1832
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16
Año
Contrayentes
Sobre la pretendida
Sobre el pretendiente
Otros motivos expuestos
1784
José Antonio Parra y
Antonia María Parra
3er
grado
igual
de
consanguinidad
es mayor de 25 años, de padres
pobrísimos
aunque
también
pobre,
tiene
arbitrios para agenciar y poder
sobrellevar
las
cargas
matrimoniales
Por haberse difundido la voz de
casamiento contratado ya por más
de tres años, la pretendida padece
detrimento en su honor
1792
Don
José
Vicente
González y Doña María
Mercedes Urda-neta
Parentesco espiritual de
2ª especie
madrina de confirmación de una
hija legítima del pretendiente
Pasa de 25 años de edad; su
padre hombre pobre, incapaz de
sostenerla ni cuidarla
puede sostener a la pretendida con
decencia
con
su
trabajo
e
industrias personales, de que se
mantiene del mismo modo
Muchas
mujeres
llegando
a
semejante edad sin casarse se han
quedado “inuptas”, desamparadas y
expuestas a las miserias humanas
La pretendida puede no lograr otro
casamiento si no lo efectúa con el
pretendiente
1797
José Jacinto Ortega y
Francisca Xaviera Salas
grado
de
consan-
guinidad
huérfana de padre, de más de 20
años de edad, honesta, recatada
y virtuosa; expuesta a quedar sola
y sin esperanzas al morir la
madre,
enferma
y
de
edad
avanzada
Palabra
esponsalicia
ofrecida
y
divulgado el matrimonio (público y
notorio)
Carencia de hombres en el Partido
de Allá Dentro
1812
Don
José
Jacinto
Fernández
y
Doña
Gertrudis
Urdaneta
grado
de
consan-
guinidad
huérfana de madre, sumamente
pobre; el padre de avanzada
edad,
tiene
muchas
hijas
a
quienes mantener
aunque
también
pobre,
puede
mantener a la pretendida con sus
arbitrios y labor
La
pretendida
expuesta
a
mil
contingencias en el campo, donde
vive, y a no encontrar esposo que no
sea pariente
1824
Eduardo Fernández
María Andrea Fereira
grado
de
consan-
guinidad transversal
pobre, huérfana de madre, su
padre un hombre anciano*
pobre, no tiene más que su
personal trabajo, que es de ganar
un corto salario, pero es hombre de
bien*
Matrimonio
divulgado
en
la
parroquia*
1832
José María Rincón
Francisca Urdaneta
2º con 3º de consan-
guinidad transversal
pobre*
pobre, no tiene más que su
personal trabajo*
Los pretendientes han tenido cópula
incestuosa, hecha pública por la
prole que resultó
Matrimonio
divulgado
en
la
parroquia**
371
En la Tabla 3 se presenta la evolución de los motivos ex-
puestos por la «Gente Blanca» a la hora de solicitar dispensas para
contraer matrimonio en la parroquia en el período estudiado. Fac-
tores como la edad relativamente alta de la prometida o su carácter
de huérfana de padre o madre,
importantes a fines
del siglo XVIII,
dejan de ser importantes ya avanzado el siglo XIX; para los años
1820-1832 la pobreza de la mujer se convierte en el
motivo más
ampliamente utilizado en las
solicitudes de
dispensa.
Tabla 3. Evolución de motivos expuestos por «Gente Blanca» a la hora
de solicitar dispensas para contraer matrimonio en la Parroquia Inmaculada
Concepción de La Cañada (1784-1832)
El carácter público del matrimonio contratado y por ende el
posible perjuicio del honor de la mujer si el casamiento no llegaba a
realizarse permanece como un motivo ampliamente utilizado para so-
licitar la dispensa ya avanzado el siglo XIX. La baja demografía de la
parroquia como justificación del matrimonio con un pariente se mantiene
también como un motivo importante durante todo el período considera
-
do,
expresándose a fines del siglo XVIII como una carencia de hombres
y como la existencia de un gran número de familias emparentadas y la
dificultad de encontrar esposos a medida que avanza el siglo XIX.
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Los motivos expuestos en las solicitudes de dispensas ma-
trimoniales indicarían que las relativamente altas tasas de matri
-
monios entre parientes observadas en La Inmaculada Concepción
de La Cañada a fines del siglo XVIII y principios del XIX habrían
sido resultado tanto de la baja demografía y relativo aislamiento en
que se encontraba la parroquia como de la necesidad de conservar
el patrimonio simbólico de la «Gente Blanca», con el principio
hembra (a través del honor de la mujer) como elemento estructu
-
rante de la jerarquía social en la parroquia.
La significación social de los lazos de consanguinidad
en la parroquia más allá de las regulaciones establecidas por la
Iglesia es algo difícil de inferir a partir de las fuentes disponibles.
El parentesco de consanguinidad más común en la parroquia en
los casos de solicitud de dispensa matrimonial era el de tercer
grado de consanguinidad, es decir, el existente entre aquellos que
se definirían como primos segundos en el sistema de parentesco
hispano. La determinación de este grado de parentesco requiere
el conocimiento de, al menos, los parientes ascendientes hasta la
segunda generación. Por otra parte, la determinación del cuarto
grado de parentesco requiere el conocimiento de los parientes
ascendientes hasta la tercera generación.
La revisión de
ocho casos ubicados en el período 1784-
1812, para los cuales se dispone de la exposición de motivos de
los pretendientes a la dispensa matrimonial, indica que en cuatro
de estos casos, el exponente parecía conocer sin ninguna duda el
árbol
genealógico
planteado,
que se remontaba en dos de ellos
hasta la cuarta generación ascendente
5
, mientras que en dos de
estos casos el exponente expresa ignorar el parentesco existente
en la tercera generación ascendente
6
.
Aunque estos datos carecen de valor estadístico, parece
-
rían indicar que, si bien las regulaciones eclesiásticas imponían la
necesidad de manejar las relaciones de parentesco hasta la cuarta
generación ascendente, los lazos de consanguinidad más allá de la
segunda generación ascendente no eran considerados importantes
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por la totalidad de los habitantes de la parroquia, inferencia que
debe ser corroborada por medio del estudio de otras fuentes pri
-
marias como testamentos, expedientes judiciales, etc.
5. Ilegitimidad en el nacimiento, clase y color
Examinemos ahora cuál era la situación respecto a la ilegiti-
midad en nacimientos, las relaciones sexuales previas al matrimo
-
nio y el madresolterismo en la parroquia Inmaculada Concepción
de La Cañada en el período en cuestión, y la correlación entre estos
indicadores y las divisiones de clase/color. La Tabla 5 muestra las
tasas de legitimidad e ilegitimidad en la parroquia discriminadas
por grupo étnico. Se observa, para los cincuenta años estudiados,
un porcentaje global
de ilegitimidad de 9,5% en los nacimientos
de «Gente Blanca» y
un porcentaje de ilegitimidad de 35,7% en
los grupos considerados como «Gente de Servicio».
La baja tasa de ilegitimidad observada para la «Gente Blan-
ca» indicaría de nuevo un apego importante de estos individuos a
los valores imperantes en las sociedades coloniales iberoamerica
-
nas de
Antiguo
Régimen,
en las cuales el honor era uno de los
elementos distintivos en los que se basaba la jerarquización social
y el predominio de los «blancos» sobre el resto de la población
(indígenas, mestizos, pardos, esclavos), honor familiar que debía
ser conservado con el nacimiento de hijos legítimos, habidos de
uniones sacramentadas. Por otra parte, los grupos de población
considerados como «Gente de Servicio», quienes tenían poco acce-
so al honor y a los privilegios asociados a éste, presentan una tasa
de nacimientos ilegítimos relativamente elevada, lo cual revelaría
una menor preocupación por seguir las pautas de comportamiento
de los grupos dominantes.
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Tabla 5. Condición de niños bautizados por grupo étnico en Parroquia
La tasa promedio global
de ilegitimidad
de nacimientos
de niños naturales y expósitos se ubica en un 14,7%, valor simi-
lar al 16,3% encontrado por otros autores para poblaciones de la
Provincia de Venezuela a fines del siglo XVIII (Almécija, 1992);
esto indicaría que los nacimientos ilegítimos como consecuencia
de concubinatos y otro tipo de relaciones no sacramentadas eran
poco frecuentes en La Inmaculada Concepción de La Cañada. Si
nos concentramos en la evolución de las tasas de ilegitimidad en
el tiempo observamos que los valores correspondientes a la tercera
década del siglo XIX son similares y en algunos casos menores a las
tasas de ilegitimidad en la parroquia a finales del siglo XVIII. Es de
destacar que las tasas de ilegitimidad encontradas por nosotros para
La Inmaculada Concepción de La Cañada son significativamente
menores que las reportadas, por ejemplo, para la Cuba colonial de
principios del siglo XIX, en el orden de 19% para el grupo de los
blancos y de 75% en los grupos de color (Stolcke, 1992).
La proporción de madres solteras en la parroquia podría ser
un indicador adicional de cuán apegados o alejados se encontraban
los feligreses de las normas de comportamiento imperantes en las
sociedades hispanas de Antiguo Régimen, así como de la impor
-
tancia relativa de las relaciones matrifocales en la parroquia.
Al
momento de erigirse la parroquia en el año 1784 existían única-
mente 4 hogares encabezados por mujeres sin cónyuge que vivían
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con sus hijos; desafortunadamente no se especifica en la matrícula
de población si se trataba de viudas o de madres solteras. Si todas
estas mujeres hubieran sido madres solteras habrían representado
un 5,5%
de los hogares de la parroquia. Por otra parte, una re-
visión de la matrícula primigenia de la parroquia parece indicar
que no existía ninguna madre soltera que viviera como agregada
en compañía de su prole (Rincón Rubio, 2003).
Al igual que lo
encontrado por otros autores para áreas rurales de la Provincia de
Venezuela a fines del siglo XVIII, las familias atípicas encabezadas
por madres solteras tenían al parecer muy poca relevancia en La
Inmaculada Concepción de La Cañada (Almécija, 1992).
Cincuenta años después, en 1834, existían en la parroquia
solamente tres hogares encabezados por madres solteras lo cual re-
presentaba un escaso 1,3% del total de 238 «casas» de la parroquia; si
tomamos también en cuenta aquellas madres solteras que vivían como
agregadas obtenemos un total de 6 madres solteras que vivían con sus
hijos dentro de los límites de la parroquia, las cuales representaban
escasamente un 0,7% de la población total para 1834 (1823 habitantes).
Al analizar el perfil de estas madres solteras se encuentra que cinco
de ellas vivían con un único hijo de edad comprendida entre los 8 y
los 14 años y una de ellas vivía con dos hijos de 10 y 14 años lo cual
resultaría en un promedio de 1,2 hijos residentes por madre soltera.
Al analizar los nacimientos ocurridos en la parroquia en
los años 1785-1834 se observa que de las 107 madres solteras
que bautizaron un hijo natural en la parroquia, un
82,2% de ellas
bautizó un único hijo en dicho período; un 15% de ellas bautizó
dos hijos y un 2,8% de ellas bautizó tres hijos.
La gran mayoría de
madres solteras de la parroquia habrían sido aparentemente mujeres
que habían tenido un único hijo como consecuencia quizás de una
«flaqueza», presentándose muy pocos casos de madres solteras con
más de un hijo como resultado de uniones
ilegítimas duraderas o
de múltiples uniones ilegítimas con diferentes individuos.
No contamos con información que permita comparar esta
situación con la que pudo existir en la Provincia de Venezuela du-
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rante las primeras décadas del siglo XIX.
Información disponible
para poblaciones andinas venezolanas señala que la proporción de
hogares encabezados por madres solteras en los años 1802-1827 para
todos los grupos étnicos combinados variaba entre 1,6 y 8,9% con un
promedio de aproximadamente 4,7%; este promedio se ubicaba en
4,6% para los individuos «blancos» (Osorio, 1996).
Ya avanzado el
siglo XIX, la presencia de familias atípicas encabezadas por madres
solteras en La Inmaculada Concepción de La Cañada era menos
frecuente que el reportado para poblaciones andinas venezolanas.
6. A modo de conclusión
Los grupos de población que habitaban la parroquia Inma-
culada Concepción de La Cañada (hoy Municipio La Cañada de
Urdaneta del Estado Zulia) durante la época colonial y primeras
décadas del período republicano conformaban una sociedad jerar
-
quizada, en la cual el principio hembra y el par clase/color jugaban
un papel fundamental en el mantenimiento y la reproducción del
orden social. Los pobladores de la parroquia acataban en forma
mayoritaria los códigos de conducta imperantes en sociedades
hispanas de Antiguo Régimen según los cuales, para mantener
el honor familiar y la posición social, las mujeres de los grupos
dominantes debían evitar las relaciones sexuales si permanecían
solteras o bien cuidar su virginidad hasta el matrimonio.
Las prácticas matrimoniales en esta parroquia rural de la
Provincia de Maracaibo eran construcciones socio-culturales que
respondían a los intereses tradicionales de la Iglesia católica y del
gobierno monárquico español. En esta sociedad, en la cual el ma-
trimonio era la forma apropiada de unión entre iguales sociales, el
mestizaje se habría dado predominantemente como consecuencia
de uniones ilegítimas sobre las líneas de clase/color, entre hombres
pertenecientes a los grupos dominantes y mujeres pertenecientes
a los grupos subordinados.
Con base en registros parroquiales y matrículas de población
se pudo inferir que las uniones ilegítimas eran poco frecuentes
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y de corta duración, por lo que al parecer, el concubinato no era
una institución difundida en ninguno de los grupos sociales en el
período estudiado. Aunque las fuentes consultadas no permiten
determinar la importancia de la matrifocalidad en la parroquia, se
pudo determinar que el número de unidades domésticas encabe
-
zadas por mujeres era bastante bajo. En la sociedad en cuestión
se daba una interacción constante entre el honor de la hembra,
centrado en su virginidad, el honor de la familia y el honor del
grupo social, de forma tal que la estructura social jerárquica en
divisiones de clase/color dependía en gran parte de la preservación
del patrimonio simbólico de los grupos dominantes.
Notas
*
Este trabajo fue entregado, en mayo del 2006 evaluado y arbitrado en
julio del mismo año (Nota Comité Editorial)
1
Entendemos endogamia en el sentido general de norma que restringe el
matrimonio a miembros de un mismo grupo, sea cual sea la forma en
que esté definido el grupo (Fox, 1979); hablaremos así de endogamia
étnica cuando el grupo esté formado por los individuos pertenecientes
a una misma categoría étnica, endogamia «consanguínea» cuando el
grupo esté constituido por los parientes de
sangre.
2
En la muestra de poblaciones consideradas por J. Almécija para es-
timar los porcentajes de exogamia en diferentes poblaciones de
la Provincia de Venezuela los «blancos» representaban aproxi-
madamente un 26% de la población total; por otra parte, en La
Inmaculada Concepción de La Cañada de fines del siglo XVIII
este grupo étnico representaba aproximadamente un 67% de los
feligreses lo cual pudo haber resultado en una mayor facilidad
para encontrar pareja dentro de este grupo étnico.
3
El impedimento de afinidad lícita surgía entre un cónyuge y los pa-
rientes de su esposo o esposa; el impedimento de afinidad ilícita
surgía cuando un cónyuge había entablado relaciones sexuales
ilícitas con parientes del novio o de la novia; los impedimentos
de afinidad espiritual se producían entre padrinos y ahijados, entre
el confesor y el penitente y entre el catequista y el catecúmeno
(Gutiérrez, 1993).
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4
El impedimento de pública honestidad surgía cuando un contrayente
había celebrado esponsales previos con un pariente de su prometido
o prometida (Gutiérrez de Arce, 1964).
5
Expedientes de dispensas matrimoniales (Archivo Arquidiocesano de
Mérida): José Antonio Parra y Antonia María Parra (1784), Don José
María Atencio y Doña María Francisca Urdaneta (1798), Lorenzo
Bohórquez y María Petronila Sánchez (1810), Don José Jacinto
Fernández y Doña Gertrudis
Urdaneta (1812).
6
Expedientes de dispensas matrimoniales (Archivo Arquidiocesano de
Mérida): José Jacinto Ortega y Francisca Xaviera Salas (1797),
Don Sebastián de Urdaneta y Doña María Braulia Urdaneta
(1804).
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Boletín Antropológico. Año 24, Nº 68, Septiembre–Diciembre, 2006. ISSN:1325–2610.
Universidad de Los Andes. Mérida. Luis Rincón Rubio.
Matrimonio, Honor .
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pp 355-380
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