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598
Rev. Colomb. Psiquiat., vol. 37
/
No. 4 / 2008
Artículos
de revisión/actualización
Trastornos mentales más frecuentes: prevalencia y
algunos factores sociodemográficos asociados
Adalberto Campo-Arias
1
Carlos Arturo Cassiani Miranda
2
Resumen
Introducción
: Los trastornos mentales constituyen un gran reto y una prioridad para la salud
pública moderna, debido a su importante morbilidad en la atención primaria y a su consi-
derable discapacidad.
Objetivo
: Revisar cuáles prevalencias de cualquier trastorno mental se
han descrito a lo largo de la vida.
Resultados
: Al parecer, el bajo nivel educativo, una reciente
caída del ingreso económico y una vivienda pobre son las únicas variables socioeconómicas que
están asociadas signi
f
cativamente a un incremento en la prevalencia de trastornos mentales,
después del ajuste por otras variables confusoras.
Conclusiones
: Los trastornos mentales están
entre las diez primeras causas de discapacidad en el mundo y a pesar de ello existe una tasa
muy baja de personas con trastorno mental que recibe tratamiento adecuado, lo cual puede
deberse a barreras como el estigma. Se requieren acciones comunitarias y gubernamentales
para un mejor abordaje de los trastornos mentales.
Palabras clave:
trastornos mentales, prevalencia, epidemiología, CIDI, revisión.
Title: The Most Frequently Diagnosed Mental Disorders: Prevalence and Associated
Socio-demographical Factors
Abstract
Introduction
: Mental disorders are a major challenge and a priority in modern public health
because of its important morbidity in primary care and signi
f
cant disability.
Objetive
: To
analyze any mental disorder whose life-time prevalence has been described.
Results
: It appears
that low educational level, a recent drop in income, and poor housing are the socio-economic
variables that were signi
f
cantly associated with an increase in the prevalence of mental di-
sorders, after adjusting for other confounding variables.
Conclusions
: Mental disorders are
one of the ten major causes of disability worldwide, however, the rate of persons with mental
disorder receiving adequate treatment is very low. It may be due to barriers such as stigma.
Community and government actions are needed to approach mental disorders.
Key words:
Mental disorders, prevalence, epidemiology, review.
1
Médico psiquiatra. Grupo de Investigación del Comportamiento Humano, director
de Investigaciones, Instituto de Investigación del Comportamiento Humano, Bogotá,
Colombia.
2
Médico, especialista en pedagogía para el desarrollo del aprendizaje autónomo,
Fun-
dación Salamandra, Cali, Colombia.
Trastornos mentales más frecuentes: prevalencia y algunos factores sociodemográficos asociados
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No. 4 / 2008
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Introducción
Los trastornos mentales consti-
tuyen un gran reto y una prioridad
para la salud pública moderna,
debido a que están entre las causas
más importantes de morbilidad en
atención primaria (1, 2) y producen
una considerable discapacidad (3,
4). Igualmente, por de
f
nición, son
entidades clínicas de larga evolu-
ción, de inicio generalmente en la
adolescencia o adultez temprana (5,
6), con remisiones y recurrencias
que ocasionan un gran impacto en
el funcionamiento personal, fami-
liar, social y laboral del individuo
(7). Esto, en conjunto, representa
un alto costo para los sistemas na-
cionales de salud (8-10).
La prevalencia de los trastornos
mentales ha sido estudiada desde
la década de los años ochenta a
partir de estudios poblacionales con
entrevistas estructuradas aplicadas
por entrevistadores legos (sin forma-
ción clínica), con diferentes meto-
dologías que arrojaron variaciones
regionales e internacionales en los
resultados (11, 12) Esto di
f
cultaba
la realización de comparaciones
trasnacionales cientí
f
camente vá-
lidas. Con la iniciativa del Consor-
cio Internacional de Epidemiología
Psiquiátrica se propone un modelo
uni
f
cado internacionalmente, que
permite desarrollar estudios en
epidemiología psiquiátrica y salud
mental desde diversos enfoques (13)
y diversos contextos, incluyendo la
atención primaria y los cuidados
médicos prehospitalarios (14).
En este artículo se revisará
la prevalencia de los trastornos
mentales más frecuentes, con base
en estudios poblacionales, y se
informarán los factores sociode-
mográ
f
cos asociados, así como la
discapacidad global por enfermedad
mental y el estado actual del uso de
servicios en salud mental.
Prevalencia de los trastornos
mentales
Según el estudio de las áreas de
captación epidemiológica (ECA, por
sus siglas en inglés), se estima que el
32,7% de las personas sufrirá algún
trastorno mental a lo largo de su vida,
y de un 15,0% a un 25,0% en los
últimos doce meses (15). El estudio
nacional de comorbilidad (NCS, por
sus siglas en inglés) de los Estados
Unidos informó una prevalencia del
26,2% a lo largo de la vida de cual-
quier trastorno mental del CIDI-DSM-
IV (Entrevista Diagnóstica Compues-
ta Internacional-Manual Diagnóstico
y Estadístico de Trastornos Mentales)
(16). En una muestra representativa
de seis países europeos, conducida
entre 2001 y 2003, mediante una
encuesta de hogares, cara a cara,
se encontró una prevalencia de vida
para cualquier trastorno mental del
25,0% y para los últimos doce meses,
del 9,6% (17).
Los datos arrojados por la en-
cuesta mundial de salud mental
indican que el riesgo de padecer
cualquier trastorno mental en el
último año, según los criterios del
DSM-IV, varía desde el 4,3% en
Campo-Arias A., Cassiani C.
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Shangai hasta el 26,4% en los Es-
tados Unidos, con un rango inter-
cuartil (RIQ) del 9,1-16,9% (18). En
una encuesta nacional en Japón, en
personas mayores de 20 años, se
documentaron prevalencias de los
doce últimos meses del 8,8% (19).
En Latinoamérica, los estu-
dios transversales comunitarios,
realizados en personas mayores de
18 años, informaron prevalencias
globales de los trastornos mentales
a lo largo de la vida del 45,9%, del
26,8% en el último año y del 22,0%
en el último mes (20). Vicente
et al
.,
en Chile, en una muestra nacional
aleatorizada en dos etapas, con
personas mayores de 15 años, en-
contraron prevalencias de vida y en
los últimos seis meses del 36,0% y
del 22,6%, respectivamente (21).
En Colombia,
Posada
et al
., en
el Primer Estudio Nacional de Salud
Mental, realizado en 1993, con una
muestra de 25,135 personas entre
12 y 64 años, encontraron una
prevalencia de posible trastorno
mental del 10,2% (22). El Segundo
Estudio Nacional de Salud Mental
en Colombia, en 1997, realizado en
una población mayor de 12 años,
no institucionalizada, documentó
una prevalencia a lo largo de la vida
del 30,1% (23). En el marco de la
Encuesta Mundial de Salud Mental
de 2003, Posada
et al
., informaron
para Colombia una prevalencia
para cualquier trastorno mental del
CIDI-DSM-IV del 40,1% en el curso
de la vida, del 16,0% en los últimos
12 meses y del 7,4% en los últimos
30 días (24).
Tipos de trastornos
En Estados Unidos, los trastor-
nos mentales más comunes son los
trastornos depresivos, en particular
el trastorno depresivo mayor, y la
dependencia del alcohol. Cerca del
17,0% de los encuestados tenía
historia de un episodio depresivo
mayor en su vida y un 10,0%, en
el último año. Cerca del 14,0% de
las personas tuvo una historia de
dependencia del alcohol y más del
7,0% continuó con la dependencia
en los 12 meses previos a la entre-
vista. Los siguientes trastornos más
comunes son las fobias sociales y
simples, con prevalencias de vida
del 13,0% y el 11,0% y prevalencias
en los últimos doce meses cercanas
al 8,0% y el 9,0%, respectivamente
(5).
Una revisión de las prevalencias
estimadas en el estudio de la ECA y
el NCS en Estados Unidos, usando
criterios de signi
f
cancia clínica, en-
contró una reducción de alrededor
de un tercio en las tasas de pre-
valencia para cualquier trastorno
mental, incluyendo los trastornos
por abuso de sustancias cuando las
preguntas de signi
f
cancia clínica
fueron aplicadas (25). Esto mues-
tra la importancia de establecer la
signi
f
cancia clínica a la hora de
estimar la prevalencia de los tras-
tornos para de
f
nir las necesidades
reales de tratamiento.
Por grupos de trastornos, los
de ansiedad fueron más frecuentes
que los afectivos en varias encues-
tas transversales nacionales en los
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diferentes países americanos (5,
19, 26). En los estudios europeos
el grupo de los trastornos del afecto
tiene una prevalencia más alta. En
otros estudios el abuso de alcohol
y los episodios depresivos son los
más prevalentes, con prevalencias
de vida para abuso de alcohol del
22,7%, y para episodio depresivo,
del 17,8% (27,28).
Una distribución diferente por
tipo de trastornos se encuentra
en un estudio realizado en cuatro
provincias de Chile, que informó
prevalencias de cualquier trastor-
no en los últimos seis meses y el
último mes del 19,7% y el 16,7%,
respectivamente, donde los tras-
tornos más comunes fueron: fobia
simple (6,1%), fobia social (5,9%),
agorafobia (5,1%), trastorno depre-
sivo mayor (4,7%) y dependencia al
alcohol (4,3%) (29).
En Colombia los datos del Estu-
dio Nacional del 2003 indicaron que
los trastornos de ansiedad son los
más frecuentes, con prevalencias a
lo largo de la vida del 19,5%, y en
los últimos doce meses, del 9,9%,
seguidos por los trastornos del es-
tado de ánimo, con prevalencias de
vida del 13,3%, y en el último año,
del 6,2%. El 6,2% presentaba tras-
tornos mentales de severidad leve, y
el 6,4% informó trastornos mentales
moderados, CIDI-OMS/DSM-IV,
durante los últimos 12 meses (24).
Comorbilidad
El estudio europeo de epidemio-
logía de los trastornos mentales mos-
tró alta prevalencia de comorbilidad
psiquiátrica en la población general
(30). Por su parte, Kessler
et al
., en
los Estados Unidos, informaron que
el 55,0% de las personas presentó
un solo diagnóstico psiquiátrico; el
22,0%, dos diagnósticos, y el 23,0%,
tres o más diagnósticos en los últi-
mos 12 meses (16).
Una encuesta probabilística
en Lima, Perú, encontró que la de-
pendencia del alcohol estuvo fuer-
temente asociada al trastorno de
personalidad antisocial y con abuso
o dependencia de drogas (31). En
México, Caraveo-Anduaga
et al
. se-
ñalaron una comorbilidad proporcio-
nal para cada trastorno mental por lo
menos del 47,0%, especialmente en
los trastornos de ansiedad (27). En
Brasil, Andrade
et al
. señalaron que
una de cada dos personas, con cual-
quier trastorno mental a lo largo de
la vida, presentaba dos o más tras-
tornos comórbidos. Estos resultados
muestran que la comorbilidad es un
fenómeno común en la epidemiología
psiquiátrica (20).
En dirección opuesta corren
los resultados encontrados en un
estudio transversal en Chile, el
cual señaló que solo el 30,0% de
los individuos con diagnóstico de
un trastorno mental del CIDI 1.0/
DSM-III-R reunía criterios para un
trastorno mental comórbido (21).
De Geaaf
et al
. encontraron
en un estudio prospectivo de 7076
pacientes que el 15,2% de trastor-
nos puros del humor, el 10,5% de
trastornos de ansiedad y el 6,8%
de trastornos por abuso de sustan-
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cias presentaron comorbilidad a
los 3 años. Dicha transición hacia
la comorbilidad se vio fuertemente
asociada a la edad y severidad para
trastornos del humor, circustancias
recientes y pasadas estresantes de
la vida y discapacidad funcional
física para la ansiedad, así como
factores de vulnerabilidad social y
personal como neuroticismo y bajo
soporte social para los trastornos
por uso de sustancias. Esto sugie-
re que los factores de riesgo para
comorbilidad psiquiátrica pueden
variar por tipos de trastornos (32).
Correlatos sociodemográ
f
cos
Existe una cantidad conside-
rable de artículos que sugieren que
algunos indicadores socioeconómi-
cos desventajosos están asociados a
los trastornos mentales frecuentes
(5, 33-44). Sin embargo, esta aso-
ciación no es tan clara después de
ajustar por otras variables sociode-
mográ
f
cas (34).
Edad de inicio
Kessler
et al
. informaron que
el inicio usual de los trastornos
mentales es en la infancia y la ado-
lescencia. La edad media de inicio
es más temprana para la ansiedad
(11 años) y los trastornos del control
de impulsos (11 años) que para los
trastornos por abuso de sustancias
(20 años) y del estado de ánimo (30
años) (6). Las más altas prevalen-
cias se encuentran entre los 25 y
los 34 años y declinan en edades
mayores (5). Este patrón de edad
de inicio de los trastornos mentales
es consistente con los resultados
de otras encuestas epidemiológicas
que utilizaron muestras nacionales
en diferentes países (15, 18, 45).
Sexo
Existen datos consistentes entre
varios estudios epidemiológicos que
mostraron que las mujeres tienen ma-
yor prevalencia de trastornos del esta-
do de ánimo, de ansiedad y psicóticos.
Mientras, en los hombres son más
frecuentes los trastornos por abuso
de sustancias y el trastorno antisocial
de personalidad (5, 45-47).
Las diferencias entre hombres
y mujeres respecto al trastorno
depresivo mayor se mantienen de
manera consistente, independiente-
mente del grupo de edad. Se nota un
incremento con la edad en ambos
sexos. La prevalencia de trastorno
depresivo mayor en mujeres mayo-
res de 40 años es del 4,0% y alcanza
una cifra del 9,5% en las mayores de
60 años, pero es menor en el grupo
por debajo de los 40 años. Entre los
hombres la prevalencia fue del 1,6%
en menores de 40 años y del 5,0%
en adu1tos mayores (48). Por su
parte, Andrade
et al
., en Brasil, no
encontraron diferencias signi
f
cati-
vas por género para tener al menos
un trastorno mental a lo largo de
la vida (20).
Estado civil
Los individuos separados, di-
vorciados o viudos mostraron una
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más alta tasa de trastornos depre-
sivos y de ansiedad, tanto en países
en vía de desarrollo como en los
desarrollados (44). Aquellas per-
sonas que estuvieron divorciadas,
separadas o viudas mostraron más
riesgo de presentar cualquier tras-
torno del estado de ánimo y dos o
más trastornos mentales a lo largo
de la vida. Asimismo, se observó
que una ruptura en el estado mari-
tal estaba asociada a un riesgo dos
veces mayor de vida para cualquier
trastorno depresivo y comorbilidad
psiquiátrica a lo largo de la vida
(20). Una encuesta epidemiológica
encontró que en Irán los sujetos
casados tenían una alta tasa de
trastornos psiquiátricos cuando se
comparan con los solteros, excepto
para el retardo mental (49).
Raza
En el estudio NCS de los Es-
tados Unidos se encontró en indi-
viduos afroamericanos una preva-
lencia signi
f
cativamente más alta
de trastornos del estado de ánimo,
trastornos por abuso de sustancias
y comorbilidad psiquiátrica a lo
largo de la vida. Un análisis más
detallado mostró que esos efectos
no podían explicarse cuando se
ajusta por nivel educativo y nivel de
ingresos. En general, las diferencias
de raza para los trastornos mentales
no fueron muy consistentes en este
estudio (5).
La prevalencia del trastorno
depresivo mayor di
f
ere signi
f
ca-
tivamente por grupos raciales, con
la más alta prevalencia en los blan-
cos. Hallazgos opuestos ocurren en
relación con el trastorno distímico.
Además, los mexicanos nacidos en
Estados Unidos y los caucásicos
tienen un inicio más temprano del
trastorno depresivo mayor compa-
rados con los individuos afroame-
ricanos (50).
Educación
Existe una asociación fuerte,
inversa e independiente entre el
nivel educativo y los trastornos
mentales (34, 51). Así, por ejem-
plo, conforme se incrementa el
nivel de escolaridad disminuye la
prevalencia de trastorno depresivo
mayor. Así, entre los individuos sin
educación formal la prevalencia
de trastorno depresivo mayor es
del 8,0%, y disminuye al 2,1 % en
aquellos con educación superior o
mayor (48).
En caucásicos norteamericanos
se observó una notable disminución
del trastorno distímico asociada a
una menor educación (menos de 8
años); sin embargo, en mexicanos
nacidos en Estados Unidos y afro-
americanos el efecto de la educación
sobre la prevalencia de trastorno
distímico fue menos evidente y,
por el contrario, dependiente del
género (50).
Nivel de ingresos
La evidencia sugiere una aso-
ciación significativa entre una
disminución reciente del nivel de
ingresos y una alta prevalencia de
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trastornos mentales (34). Varios
estudios latinoamericanos infor-
maron lo contrario, es decir, que el
nivel de ingresos no estaba asociado
de manera signi
f
cativa a la preva-
lencia de los trastornos mentales
comunes, después de ajustar por
otras variables sociodemográ
f
cas
(20,21,34,44). Los datos disponi-
bles sugieren que para comprender
mejor el impacto de los factores
sociodemográ
f
cos sobre la salud
mental se requieren más estudios,
tanto en países en vía de desarrollo
como en países desarrollados (34,
36,41). Sin embargo, se debe re-
cordar que los trastornos mentales
deterioran y limitan 1a capacidad
laboral, lo que podría convertirse
en un factor de confusión en estos
estudios (41,44).
Estrato socioeconómico
La asociación entre estrato
socioeconómico y trastornos men-
tales comunes ha sido objeto de
numerosos estudios en diferentes
sociedades; sin embargo, los resul-
tados obtenidos son controversiales
(36,52-56). La educación y el nivel
de ingresos parecen ser los indica-
dores más poderosos de clase social
desventajosa relacionada con los
trastornos mentales comunes (34).
Ludemir y Lewis documentaron en
un estudio transversal en Brasil
una asociación estadísticamente
signi
f
cativa entre los trastornos
mentales comunes y todas las va-
riables socioeconómicas, excepto
la tenencia de una casa. Después
de ajustar por edad, sexo y estado
marital, solo el bajo nivel educativo
y el bajo ingreso mensual per cápita
estuvieron asociados de manera in-
dependiente a la prevalencia de los
trastornos mentales comunes (43).
Un estudio realizado en Que-
rétaro, México, confinado a una
población adulta marginada so-
cialmente, informó una prevalencia
de trastorno mental y una comor-
bilidad psiquiátrica mayor a la
encontrada en la población general
mexicana, así como una asociación
entre desempleo y morbilidad psi-
quiátrica (57).
Estado ocupacional
En un análisis multivariado de
una muestra nacional de México
se encontró que únicamente en el
caso de los hombres la condición
de desempleo resultó estar signi
f
-
cativamente asociada a la presencia
de trastorno depresivo mayor (48).
Taylor
et al
., en Australia, encontra-
ron una relación estadísticamente
signi
f
cativa entre el empleo y tras-
tornos del estado de ánimo y de
ansiedad en ambos sexos, así como
para el uso de sustancias en hom-
bres. Hallazgos similares fueron
obtenidos para intentos suicidio,
aunque esta asociación disminuyó
después de ajustar por trastornos
mentales, pero permanece signi
f
ca-
tiva en los empleados por contrato
anual (58).
Lim
et al
., en una encuesta a
trabajadores de tiempo completo
en Australia, encontraron que el
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trastorno depresivo mayor, el tras-
torno de ansiedad generalizada
y los trastornos de personalidad
fueron predictores de discapacidad
laboral, después de controlar por la
discapacidad debida a trastornos
físicos (59).
Área geográ
f
ca
Una encuesta epidemiológica
de trastornos mentales en Irán
encontró una alta proporción de
prevalencia en el área urbana (49).
Por su parte, los estudios europeos
de epidemiología de los trastornos
mentales informan una prevalencia
mayor de los trastornos en las áreas
urbanas que en las rurales (17, 65).
Por otro lado, Bello
et al
., en Méxi-
co, hallaron que en los hombres la
prevalencia de trastorno depresivo
era más alta en áreas rurales que
en zonas urbanas (48).
Desplazamiento
Kozari
ć
-Kovaci
ć
et al
. realizaron
un estudio en personas desplazadas
en Croacia que reveló una alta pre-
valencia de trastorno de estrés pos-
traumático (50,3%), dependencia del
alcohol (65,0%) y comorbilidad entre
estos dos últimos (69,6%), con pre-
dominio en el sexo masculino, muy
por encima de lo descrito en la pobla-
ción general; lo cual permite a
f
rmar
que el sexo es un factor relevante
en el estudio de la comorbilidad de
trastorno de estrés postraumático y
dependencia del alcohol (60).
Un estudio transversal realiza-
do en Medellín, Colombia, en 2002,
no encontró diferencias estadísti-
camente signi
f
cativas en cuanto
a la prevalencia de trastornos de
ansiedad y depresivos en personas
mayores de 15 años de estrato
socioeconómico bajo y población
desplazada del mismo grupo etáreo
(61), aunque las prevalencias encon-
tradas en este estudio sobrepasan
ampliamente las encontradas en la
población general (23, 24, 33).
En Colombia, Puertas
et al
., en
un estudio transversal en personas
desplazadas por el con
F
icto armado
que vivían en el área rural de Sin-
celejo, encontraron una prevalencia
de trastornos mentales comunes
del 27,2%, y para problemas aso-
ciados con el consumo excesivo de
alcohol, del 13,6%. Adicionalmente,
se encontró una asociación esta-
dísticamente signi
f
cativa entre la
prevalencia de trastornos mentales
comunes y el tipo de carné de salud
utilizado (62).
Síntesis de las variables sociode-
mográ
f
cas
La Encuesta Nacional de Al-
coholismo y Condiciones Relacio-
nadas en Estados Unidos mostró
que ser mujer, indígena, estar en
edades medias, ser viudo, separado
o divorciado y tener bajos ingresos
económicos incrementaba el riesgo
de trastorno depresivo mayor, y que
ser asiático, hispánico o caucásico
disminuía el mismo riesgo (62).
Un estudio transversal hecho
en mexicanos residentes en Califor-
nia mostró que la prevalencia de los
Campo-Arias A., Cassiani C.
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trastornos mentales era similar a la
de los indígenas norteamericanos
y diferente de la de los ciudadanos
mexicanos e inmigrantes. Se notó
que la morbilidad psiquiátrica entre
mexicanos nacidos en Estados Uni-
dos estaba in
f
uenciada más por la
variación cultural que por el estrato
socioeconómico o la residencia rural
o urbana (63). Araya
et al
. encontra-
ron en Santiago de Chile una alta
prevalencia de trastornos mentales
asociados a bajo nivel educativo,
sexo femenino, desempleo, separa-
ción, bajo estrato socioeconómico y
tipología de familia (vivir solo) (44).
En síntesis, al parecer el bajo
nivel educativo, una reciente caída
del ingreso económico y una vivien-
da pobre son las únicas variables
socioeconómicas que están asocia-
das signi
F
cativamente a un incre-
mento en la prevalencia de trastor-
nos mentales, después del ajuste
por otras variables confusoras.
Estos indicadores socioeconómicos
representan problemas complejos,
sujetos a in
f
uencias tanto sociales
como culturales, y que deben ser
analizados con cuidado en los es-
tudios epidemiológicos (34).
Discapacidad
Debido a la alta prevalencia de
los trastornos mentales, el Banco
Mundial (3) y la OMS (2) han tratado
de estudiar la carga de la enfermedad
en términos de indicadores epidemio-
lógicos que permitan obtener infor-
mación en el plano poblacional sobre
las causas de ocurrencia de las enfer-
medades que integren mortalidad y
morbilidad, incluyendo años de vida
perdidos por mortalidad prematura y
años de vida saludable perdidos (9,
10). Este enfoque de la carga global
de la enfermedad (CGE), desarrollado
por Murray y López, busca establecer
prioridades globales para la investi-
gación en salud y evaluar las tenden-
cias globales en salud (64, 65). En
este contexto, los indicadores mejor
estudiados en salud mental son los
años de vida perdidos por discapa-
cidad (AVPD, YLD, por sus siglas en
inglés) y los años de vida ajustados
por discapacidad (AVAD, DALYs, por
sus siglas en inglés) (66, 67).
En el ámbito mundial, cinco de
las diez primeras causas de AVPD
en 1990 fueron problemas neuropsi-
quiátricos. Los trastornos mentales,
en general, representaron aproxima-
damente el 33,0% de los AVPD y el
12,0% de los AVAD en 1998, según
informe de la OMS (68). De acuerdo
con los cálculos del estudio de la
CGE, el trastorno depresivo mayor
ocupará el segundo lugar de todos
los AVAD para el año 2020 (68).
En los países de economías no
establecidas los trastornos mentales
representan el 11,1% del total de la
carga de la enfermedad, y es el tras-
torno depresivo el principal trastor-
no neuropsiquiátrico, seguido de los
trastornos por uso de alcohol. En
estos países los trastornos mentales
están asociados a otros problemas
de salud pública como la salud del
niño y de la mujer, y el binomio
VIH/sida, lo cual ensombrece más
aún el panorama (69).
Trastornos mentales más frecuentes: prevalencia y algunos factores sociodemográficos asociados
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El trastorno depresivo mayor es
la cuarta causa principal de CGE,
al dar cuenta del 4,4% del total de
los AVAD en el año 2000. Además,
representa la mayor cantidad de
carga no fatal, pues representa al-
rededor del 12,0% de todos los años
vividos con discapacidad alrededor
del mundo (70).
El estudio australiano de CGE
fue el del primer país desarrollado en
utilizar esta metodología en 1996, e
informó que los trastornos mentales
fueron las principales causas de dis-
capacidad y daban cuenta de cerca
del 30,0% de los AVPD (71).
Con esta misma metodología de
la OMS, Granados
et al
. encontraron
que del total de los 242.061 AVAD las
principales seis causas fueron: psi-
cosis relacionadas con el consumo
de alcohol y dependencia del alcohol
(6,5%), cáncer pulmonar (5,7%), en-
fermedad cardíaca isquémica (4,8%),
depresión (4,4%), demencias (4,2%)
y artritis (3,9%) (72).
La Encuesta Mundial de Salud
Mental informó que los individuos
con trastornos mentales severos,
en la mayoría de los países, infor-
maron al menos 30 días en el año
anterior a la encuesta. Días estos
en los que no pudieron cumplir con
sus actividades usuales por causa
de los transtornos (18). Estudios
europeos mostraron una asocia-
ción signi
f
cativa entre los días de
trabajo perdidos y el puntaje en la
escala de calidad de vida y el núme-
ro de trastornos psiquíátricos (73).
Otros estudios alrededor del mundo
con
f
rmaron la asociación entre los
trastornos mentales, la discapaci-
dad y el deterioro en la calidad de
vida (74-80).
Uso de servicios
La tasa de tratamientos para los
trastornos mentales ha aumentado
desde 1993 hasta 2003. Entre los
sujetos con un trastorno mental,
el 20,3% recibió tratamiento entre
1990 y 1992, comparado con el
32,9% que recibió tratamiento entre
2001 y 2003. Estos incrementos sig-
ni
f
cativos en las tasas de tratamien-
to estuvieron limitados, en orden de
frecuencia, a los servicios médicos
generales, servicios psiquiátricos y
otros profesionales de la salud men-
tal, y fueron independientes de la
severidad de los trastornos y de otras
características sociodemográ
f
cas de
los encuestados (81).
Otros estudios documentaron
que la severidad de los trastornos
mentales estuvo asociada a la pro-
babilidad de recibir tratamiento en la
mayoría de los países: del 35,5% al
50,3%; de los casos severos en países
desarrollados y en países en vía de
desarrollo no recibieron tratamiento
en los 12 meses previos a la entre-
vista del 76,3% al 85,4%. El estudio
mostraba que existían necesidades
de tratamiento no satisfechas entre
los casos severos (18).
En los Estados Unidos, de los
casos diagnosticados en los últi-
mos doce meses el 41,1 % recibió
algún tratamiento el año anterior,
incluyendo el 12,3% de atención por
psiquiatra, el 16,6% por parte de
Campo-Arias A., Cassiani C.
608
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un especialista de salud mental no
psiquiatra, el 22,8% por un médico
general, el 8,1% por un profesional de
las ciencias humanas y el 6,8% por
un proveedor de medicina alternati-
va y servicios complementarios (82).
Bland
et al
., en Canadá, hallaron que
una alta proporción de los encues-
tados (el 72,0%) que reunió criterios
para algún trastorno psiquiátrico no
buscó ayuda, y que 1os principales
predictores del proceso de búsqueda
de ayuda fueron sexo femenino, te-
ner menos de 45 años, severidad del
trastorno y comorbilidad (83).
En Europa, Alonso
et al
. infor-
maron que el uso de servicios de
salud mental es limitado entre los
individuos con trastornos mentales.
Los factores asociados a este patrón
de acceso aún no quedan del todo
claros (84). Asimismo, Shen
et al
.
observaron que sólo el 3,4% de las
personas con cualquier trastorno
psiquiátrico buscó ayuda o recibió
tratamiento dentro de los 12 meses
previos a la entrevista (85). En Lati-
noamérica, aunque la presencia de
un diagnóstico psiquiátrico incre-
menta el uso de servicios, todavía
existe una baja proporción de suje-
tos que buscan cuidados especia-
lizados o de medicina general (20,
86-89). La brecha en la atención
de los trastornos mentales sigue
siendo grande alrededor del mun-
do, y alcanza cifras especialmente
abrumadoras en América Latina y
el Caribe (86). En un análisis de las
cifras de utilización de servicios en
diversas muestras examinadas, se
encontró que más de la tercera parte
de las personas con una psicosis no
afectiva, más de la mitad de las que
padecían trastornos de ansiedad y
alrededor de tres cuartas partes de
las que tenían problemas relacio-
nados con el consumo de alcohol
no recibieron ningún tratamiento
psiquiátrico en el sistema formal de
salud, sea en un servicio especiali-
zado o en uno de tipo general (86).
La utilización de fármacos psi-
cotrópicos es generalmente baja en
individuos con cualquier trastorno
mental (32,6%). La extensión de la
utilización de psicofármacos varía
de acuerdo con el trastorno especí
f
-
co; para trastorno depresivo mayor,
por ejemplo, sólo el 21,2% de los
pacientes ha recibido antidepresivos
dentro de los últimos 12 meses; el
uso exclusivo de antidepresivos
también fue bajo (4,6%), y la ma-
yoría de los individuos tomaba sólo
ansiolíticos (18,4%) (84).
Es posible que la baja tasa de
tratamientos psiquiátricos observa-
dos en estas muestras obedezca a
barreras para el proceso de búsque-
da de ayuda y a la adherencia a los
tratamientos, tales como el estigma
social en salud mental (88-92).
Conclusiones
Se concluye que los trastornos
mentales son un problema priori-
tario de salud pública, ya que se
inicia a edades tempranas, tiene una
importante comorbilidad y genera
altos niveles de discapacidad, lo cual
representa una carga para las fami-
lias, la sociedad y las instituciones
Trastornos mentales más frecuentes: prevalencia y algunos factores sociodemográficos asociados
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609
gubernamentales. Existe una rela-
ción muy compleja entre los factores
socioeconómicos y culturales y los
trastornos mentales, lo cual amerita
la realización de más diseños analíti-
cos que determinen los factores reales
de riesgo que sean objeto de progra-
mas de prevención especí
f
cos. Por
otro lado, existe una enorme brecha
de atención de trastornos mentales,
así como una serie de barreras para
el adecuado tratamiento de los mis-
mos, de tal manera que se requieren
acciones comunitarias en salud men-
tal para vencer dichas barreras, así
como un mayor compromiso político
de los gobiernos para el diseño de
políticas preventivas de impacto en
salud pública.
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Con
f
icto de interés: Los autores niegan
cualquier con
f
icto de interés en este artículo.
Recibido para evaluación:
11 de septiembre de 2007
Aceptado para publicación:
1º de agosto de 2008
Correspondencia
Adalberto Campo-Arias
Instituto de Investigación del Comportamiento Humano
Transversal 93 Nº 53-48, interior 68
Bogotá, Colombia
campoarias@comportamientohumano.org.
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