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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
51
Enl@ce: Revista Venezolana de Información,
Tecnología y Conocimiento
ISSN: 1690-7515
Depósito legal pp 200402ZU1624
Año 9: No. 1, Enero-Abril 2012, pp. 51-59
1
Escritor. Licenciado en Letras. Doctor en Literatura. PPI III. PEI B. Especialista en literatura venezolana. Profesor Emérito de la
Universidad del Zulia.
Correo electrónico: cosimomandrillo@gmail.com
Recibido: 22-11-11
Aceptado: 27-02-12
Cómo citar el artículo (Normas APA):
Mandrillo, C. (2012). Antiimperialismo, tecnología y petróleo
en la novela venezolana.
Enl@ce Revista Venezolana
de Información, Tecnología y Conocimiento
, 9 (1),
51-59
Antiimperialismo, tecnología y petróleo en la novela
venezolana
Cósimo Mandrillo
1
Resumen
Este trabajo revisa la noción de antiimperialismo que puede deducirse de la lectura de algunas novelas
venezolanas cuyo relato se ubica en el periodo de implantación de la industria petrolera. A tal fn, se atiende de modo
particular a la presencia de nuevas tecnologías percibidas, en general, como parte de la avanzada neo colonizadora en
que se convirtió, para la mayoría de los escritores venezolanos del momento, la presencia de las compañías extranjeras.
Se centran estas reFexiones básicamente en tres obras:
Mene
de Ramón Díaz Sánchez,
Mancha de aceite
de Cesar
Uribe Piedrahita y
El señor Rasvel
de Miguel Toro Rámirez, estas dos últimas, a di±erencia de la primera, muy mal
conocidas en el ámbito tanto venezolano como latinoamericano.
Palabras clave
: antiimperialismo, petróleo, novela, tecnología, Venezuela
52
Anti-imperialism, Technology and the Oil Industry
in Venezuelan Novel
Abstract
This paper reviews the notion of anti-imperialism that can be gleaned from some Venezuelan novels which plot
goes over the implantation period of the country’s oil industry. For this purpose it is especially important the presence
of new technologies perceived, by Venezuelan writers, as part of the equipment of the new colonizers represented
by the oil company’s personnel. The analysis is centered primarily on three different novels:
Mene
, by Ramón Díaz
Sánchez,
Mancha de aceite
by César Uribe Piedrahita and
El señor Rasvel
, by Miguel Toro Ramírez, the latter two,
unlike the ±rst, very little known at both Venezuela and Latin America.
Key words
: Anti-imperialism, Oil Industry, Novel, Technology, Venezuela
Cuando hablamos de antiimperialismo en
Latinoamérica, hablamos de un sentimiento de
larga prosapia. La oposición a la presencia extran-
jera no se inaugura aquí con la explotación de los
recursos naturales adelantada por las nacientes
transnacionales de principios del siglo XX. Por el
contrario, en el antiimperialismo encarna una po-
sición política que nace y madura durante las gue-
rras de independencia de ±nales del siglo XVIII;
evoluciona a lo largo del siglo XIX merced a los
reiterados esfuerzos de las potencias Europeas por
recuperar las colonias perdidas o por establecer un
tutelaje basado en el poder económico; y alcanza,
en ±n, su plenitud con la masiva inmigración del
capital norteamericano a lo largo del siglo XX.
Si imperialismo es presencia dominante del
capital extranjero, con el condicionamiento resul-
tante tanto en el ámbito político como cultural, en
el marco de la novela petrolera antiimperialismo
será para nosotros no sólo la manifestación polí
-
tica de la oposición a esa presencia, sino toda for-
ma de representación de lo extranjero, como es el
caso de la tecnología, que, bien acompañada de un
juicio expresamente negativo, o dado su carácter
satírico o irónico, alimente la carga simbólica por
medio de la cual se expresa la oposición al Otro,
visto aquí como el invasor.
En este juego de representaciones, a la no-
vela le corresponde un papel determinante, pues
como ya lo dijo Edward Said, la novela es el méto
-
do mediante el cual el colonizado a±rma su iden
-
tidad y su propia historia (Said, 1994). El género
narrativo en general se convierte así en una forma
de resistencia y, muchas veces, en una vía de a±r
-
mación de la identidad a través de la exploración
o el establecimiento de un pasado en el cual ni la
realidad ni la cultura sufrían la impronta del ex-
tranjero.
La búsqueda de un pasado auténtico parece
marcar la novelística de toda sociedad que se sien-
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te amenazada en sus bases idiosincrásicas, y, como
tal, se repite en la novela petrolera. Ellen McLar-
ney lo afrma contundentemente en su trabajo
The
Empire Of The Machine
, sobre la presencia de la
tecnología asociada a la explotación del petróleo
en la novela árabe:
Uno de los resultados de esta industrializa-
ción consiste en una visión de la naturaleza
como un estado de inocencia ideal, un lugar
primigenio e intocado por los depredadores
del "imperio de la máquina". Se trata de una
edad dorada, una utopia imaginada, lo que
Raymong Williams ha llamado "la economía
natural, la economía moral, la sociedad or-
gánica, de la que se heredan los valores.
... un
contraste con la inmisericorde ambición del
nuevo capitalismo.
(...) tales lugares son imaginados como an-
titéticos a la fuerza ocupadora del complejo
militar-industrial global, o incluso como su
antídoto (McLarney, 2009).
De otro lado, en lo que parece contradecir
lo hasta aquí dicho, esta búsqueda de la identidad,
de la esencia nacional, en el pasado, donde se asen-
tarían los auténticos valores de una cultura ahora
puesta a prueba, Fue cuestionada hace ya mucho
tiempo por ±rantz ±anon en
Los condenados de
la tierra.
De acuerdo con ±anon, ese escarbar en
el pasado está condenado al Fracaso puesto que
“en un país subdesarrollado en Fase de lucha las
tradiciones son fundamentalmente inestables y
surcadas de corrientes centríFugas” (±anon, 1977,
p. 205).
La novelística venezolana que aborda el
tema petrolero parecería estar más inclinada a
acogerse a la postura de ±anon, pues, en general
no cultiva intensamente esta búsqueda de la iden
-
tidad nacional en el pasado. El rol de hurgar en la
historia, en el aFán de rescatar costumbres, tradi
-
ciones e incluso escenarios que ahora se evocan
nostálgicamente, se le asigna a las pocas muestras
de poesía que sobre el tema se escribieron en las
décadas del surgimiento de la industria petrolera.
Esa poesía, aún tocada por el aura del criollismo,
se entretiene en rescatar cuadros de costumbres de
una edad marcada por la inocencia y la falta total
de contradicciones entre los actores de tan líricas
escenas. Es lo que sucede en la obra de Ismael Ur-
daneta, por ejemplo. En sus poemas se hace un
contraste entre, de un lado, el ambiente de degra-
dación producida por la explotación petrolera, re-
presentada por los cielos “lanceados (…) por las to-
rres de acero de los ‘taladros’”, bajo los cuales con
Casco negro, puente blanco, veloz,
bufando carbón, sudando aceite
que infecta la estela,
pasa el monitor petrolero;
y, del otro lado, unos escenarios naturales e
incontaminados de tal irrealidad que es Fácil creer
que ya resultaban exóticos para sus mismos con-
temporáneos.
Otro tanto ocurre en el poema “Oro Rojo”
Udón Pérez donde la visión idealizada del pasado
se expresa con versos como estos:
Diríase un nido en sonrisas
oculto entre rústicas Frondas,
que a un tiempo adulaban pájaros i brisas,
cocales i ondas.
Tal estado ideal del pasado, se ve sacudido
y transmutado por la presencia de lo que Udón
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llama “los nuevos conquistadores quienes vienen
apertrechados con
(…)
rodajes que raudos voltean,
máquinas que crujen, grúas que rechinan,
machos que golpean.
I fraguas de lumbre plutónica,
sirenas, rieles, motores,.
..
i el áspero ritmo, la jerga inarmónica
de los invasores.
Por su parte, la novela de tema petrolero
escapó con entusiasmo del infujo del criollismo,
al menos en lo atinente a establecer el pasado his
-
tórico como lugar de la identidad. Es cierto que, a
pesar de todo, la tentación de apuntar a un tiem-
po pasado que Fue siempre mejor aún permanece,
como lo ha demostrado Arturo Almandoz (2004);
pero no es menos cierto que no son pocas las veces
en las que estos textos apuntan al pasado como un
tiempo de ruina cultural y miseria económica. De
otro lado, los escasos intentos de novela criollista
en Venezuela no tuvieron oportunidad, por razones
cronológicas, de ocuparse del tema del petróleo.
De modo pues, que estamos frente a una
novelística que asume la representación de las
distintas dinámicas asociadas con la explotación
petrolera en un marco de contemporaneidad e
imbuida, más que de poética nostalgia, de las pro
-
puestas políticas del momento.
En su trabajo
Venezuela: La formación de
las identidades políticas
(1996)
Luís Ricardo Dávi
-
la explica que si alrededor del 900 los intelectuales
se preocupaban especialmente por encontrar fór-
mulas de resistencia cultural a la otra América, es
decir, a los Estados Unidos, los analistas políticos
de las décadas que van aproximadamente de 1920
a 1950, entre ellos los novelistas, alimentan un na-
cionalismo más político que cultural y concluyen
que quienes gobiernan el país no hacen sino se
-
cundar las órdenes y salvaguardar los intereses de
las compañías petroleras.
Así, mientras los viejos intelectuales con-
cebían la oposición al imperialismo como una
extensa campaña de educación continental me-
diante la estrategia de “difundir valores liberales y
humanísticos y rea±rmar un sentido de identidad
colectiva” (Dávila, 1996, p. 126), los nuevos Facto
-
res se apoyaban sobre la ideología, la creación de
partidos políticos y otras formas de movilización
de masas para adelantar su lucha.
En esta manera de encarar la realidad ha
-
bría infuido de modo determinante la Tercera In
-
ternacional Comunista, con el resultado de que la
noción de antiimperialismo termina estrechamen
-
te asociado con la teoría marxista y la consiguien-
te introducción de conceptos que como lucha de
clases, proletariado, burguesía y neocolonialismo,
entre otros, no estaban presente en el discurso an-
terior.
Puede considerarse entonces que este con-
texto de creación de partidos, extensa difusión del
pensamiento marxista, rápida aparición de orga
-
nizaciones de trabajadores, especialmente en las
compañías petroleras, y una visión crítica del rol
que juega el gobierno nacional con relación a los
intereses extranjeros, rodea y condiciona la apari-
ción de la narrativa del petróleo escrita en las dé-
cadas de 1930 y 1940.
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A la visión negativa de las compañías petro-
leras, de sus tecnologías y del gobierno nacional,
habría que añadir la visión ampliamente negativa
también del petróleo mismo. En efecto, no hay en
Venezuela un solo texto de Fcción con una aproxi
-
mación favorable a la riqueza entonces recién
descubierta. Nada extraño por demás, cuando se
comprueba que la dirigencia político-revolucio-
naria percibía al petróleo como un factor de dis-
torsión económica y cultural, de un lado, y como
elemento que reforzaba el poder de la dictadura
gomecista, del otro. Añádase, además, la creencia
generalizada en esa época según la cual tal riqueza
se agotaría muy pronto y dejaría al país arrasado
y más pobre que nunca. Esa certeza llevó a Arturo
Uslar Pietro, por ejemplo, a proponer un aprove-
chamiento rápido de los ingresos petroleros para
desarrollar al país, idea que encarnó en la famosa
frase de sembrar el petróleo. Mas tarde, la misma
certeza llevaría a Juan Pablo Pérez Alfonso a res-
catar la frase indígena que designaba al petróleo
como el estiércol del diablo.
El propio gobierno de Gómez parece haber
errado en la percepción que tuvo de la novísima
riqueza que ofrecía el subsuelo del país. Así lo cree
al menos María Sol Pérez Schael, quien aFrma que
desde el inicio de la explotación del hidrocarburo
en Venezuela se le percibió más como un fuente
de ingresos monetarios que como una posibilidad
de involucrar al país en un proceso de moderniza-
ción industrial que requería, por supuesto, de la
tecnología. Concluye entonces que debe criticarse
el gobierno de Gómez por “haber ignorado las con
-
secuencias industriales del bien que concedía y el
haber reducido la complejidad del universo pro
-
ductivo y tecnológico que derivaba del petróleo,
(…) a la simpliFcación cuantitativa: el monto de la
renta” (Pérez, 1993, p. 95).
La representación del extranjero en plan de
denuncia o de sátira, se cumple en la novela vene
-
zolana del petróleo por medio de diversas estra-
tegias entre la cuales, además de la exposición de
las posturas políticas del autor de un modo más o
menos directo, vale la pena enunciar aquí, y sólo a
modo de ejemplo, otras como: un modo de recep-
ción de las nuevas tecnologías asociadas a la ex-
plotación del crudo y, lo relativo a la relación real o
imaginaria del criollo con la mujer extranjera.
En más de una ocasión, y como una forma
de vengar o superar la supremacía y dominio del
recién llegado, el criollo deja establecida su hom
-
bría por medio de la posesión de la hembra del
Otro, disminuyéndolo en una dimensión, la de
macho, que seguramente pesa mucho más en la
mentalidad del propio criollo que en la del musiú.
La escena aparece ya en
Mancha de aceite,
cronológicamente la primera novela venezolana
del petróleo. Gustavo, el personaje principal, y, sin
duda, entre los actantes de esta novelística, posee-
dor del discurso político más explícitamente anti
-
imperialista, se relaciona sexualmente con Peggy
McGunn, la esposa de un importante representan-
te de las empresas. Peggy encarna, de una parte, la
recurrente imagen del gringo llevado por el este-
reotipo, pues en Lagunillas, Venezuela, se lamenta
ella, inocentemente, de no haber encontrado aún
el trópico, no ha visto –dice– “señoritas con guita
-
rras ni los cómicos sombreros mejicanos” (Uribe,
2006, p. 46). Ese mismo afán de exotismo hace
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que anhele, desde su llegada, “alguna ilusión que
foreciera en su vida monótona” (56). En el otro
extremo, sin embargo, es la propia Peggy y no el
Gustavo Echegorri combativo y político quien
transmite, usando como ejemplo a su propio ma-
rido, la imagen del gringo virilmente disminuido
y poco apto para los deberes de la carne. “El señor
McGunn vive tan ocupado con sus pozos y sus via-
jes –dice– que no puede cumplir las citas…ni aun
en su casa” (46). Quizás por eso “Le pone cuernos
y para ella no es una falta, sólo el ejercicio de su
libertad entre los beduinos, la expansión, a su ma-
nera, de un imperialismo reprimido en la trastien-
da y compensado con refrigeradores y cinemató-
grafo” (Campos en Uribe, 2006, p. 6).
De este modo, no es necesario que el doctor
Echegorri abandone su atalaya de hombre refexi
-
vo y permanentemente crítico de las compañías y
de sus dirigentes extranjeros para imponérseles en
un área donde los estímulos son elementalmente
físicos.
Pero esa supremacía del macho criollo no
puede extenderse al área de la técnica. Allí el do
-
minio del extranjero es claro y estos no ahorran
palabras a la hora de dejar establecida la incompe
-
tencia del criollo en la materia:
Con menos hombres hubiéramos tenido ya
las calderas andando, si estuviésemos en
Texas. Estos ‘piones’ no pasan de ser medios
hombres. Muy simpáticos. ¡Hell! Demasiado
simpáticos! (p. 39).
En
Mancha de aceite
la presencia de la tec-
nología, siempre asociada a la extracción del pe-
tróleo, reitera de manera explícita y permanente
su condición de adelantada de una conquista del
territorio que no disimula su tenor ni en los he
-
chos ni en las palabras de quienes la usan. Baste
como ejemplo un evento que de manera bastante
similar se encontrará también en
Mene
de Ramón
Díaz Sánchez. Se trata en este caso de la caída, en
el momento de su instalación, de una torre que
arrasa con un grupo de obreros que trabajaban en
el izamiento de la misma. He aquí la reacción del
jefe extranjero:
Apurémonos a ver que queda de esos ‘hom
-
bris’. Menos mal que son sólo piones. Los
empleados quedaron protegidos por el ‘ca-
terpillar’. Verá que eso no tiene ya remedio.
Bien podían quedar allí enterrados esos
‘hombris’. No valen nada (p. 41).
Con las variaciones del caso, los mismos
estímulos que atraen a Gustavo hacia Peggy Mc
-
Gunn, guían al TeóFlo Aldana de
Mene,
la novela
de Ramón Díaz Sánchez. Trabajador rústico e ig
-
norante éste, al contrario del doctor Echegorri de
Mancha de aceite
, es además un obrero incluido
en la lista negra por no someterse al oprobio que
rige la vida y el trabajo en los campos petroleros.
Especie de símbolo viviente de la rebeldía del ve-
nezolano, rebeldía apocada e invisible en quienes
nutren de brazos a las insaciables compañías, Teó-
Flo Aldana sueña despierto con ejercer la violencia
que se desborda de su cuerpo contra esos extraños
que no se cansan de usar “siempre el mismo tono
imperativo para mandar las cosas o para pedir-
las”. Sueña también con que se le “atravesara una
de esas catiras en un camino solo” porque “¿Qué
saben ellas lo que es un hombre de veras? No lo
sabrán mientras no se acuesten con uno como él,
TeóFlo Aldana, hecho de ±uego solar” (Díaz Sán
-
chez, 1981, p. 51).
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Construye así en su mente, una realidad
paralela que se opone a ese presente de discrimi-
nación y abuso. En esta realidad alternativa, la
hembra sirve para dejar establecido el poderío de
macho elemental de Teóflo Aldana, de hombre
entero que justifca a todo el grupo. Y si la enso
-
ñación se orienta inicialmente por caminos que
propician el encuentro entre el negro criollo y la
catira hipócrita que “hace como que desprecia al
hombre cuando en realidad lo está deseando” (51),
al fnal produce una síntesis mediante la cual el
venezolano oprimido y discriminado puede con-
cretar no sólo la conquista de la hembra sino, al
mismo tiempo, la catarsis de la tensión acumulada
contra el otro macho. Por eso Aldana, en palabras
del narrador
“modifcaba su ensueño….
…La mujer rubia no venía sola (…) la acom-
pañaba aquel catire, y él Teóflo Aldana, lle
-
vaba como siempre su puñal debajo de la
blusa. (…) El asunto se resolvía después so-
bre la sangre del hombre (52).
Narrativamente, el recurso usado por Díaz
Sánchez introduce en la novela petrolera en Vene
-
zuela lo que llamaríamos la dimensión del deseo
puro, un espacio catártico para el cual la realidad
verdadera no es más que un estímulo que inau
-
gura otro espacio de autonomía y poder absoluto
imposible de encontrar, ni siquiera para el más de
-
cidido de los personajes, en las otras novelas.
Ese espacio de catarsis es indispensable
como vía de escape a una realidad que se vuelve
opresiva por donde se la mire. Además de la súbita
presencia del extranjero, cuyo poder se ve refor-
zado por el apoyo irrestricto de las autoridades, el
hombre común ha de copar de modo simultáneo
con cambios violentos en su cotidianidad y por
ende en su forma de vida y patrones culturales.
Arturo Almandoz (2004) describe los
cambios sufridos por los asentamientos urbanos
preexistentes a la implantación de la industria y
las nuevas características de las que se dotaba a
los asentamientos urbanos recién creados, espe-
cialmente en los campos petroleros.
Pero no se trataba sólo del escenario de
fondo, sino de que esos espacios se llenaban con
objetos que irrumpían en la vida del venezolano
común con una violencia que, es de sospechar, ni
la literatura ni los estudios ad hoc alcanzan, aún
hoy, a analizar en su verdadera dimensión.
Díaz Sánchez incluye repetidamente una
visión atormentada de esa invasión de objetos en
su novela
Mene,
y lo hace, cuando de tecnología se
trata, desde dos distintos ángulos: de un lado se
ubica la tecnología directamente asociada con la
explotación petrolera , como lo vimos en
Mancha
de aceite,
y el modo cómo ésta altera las relación
tradicional entre hombre y trabajo; y del otro, la
tecnología que impacta sobre la sociedad como un
todo alterando ritmos vitales, patrones de consu-
mo y valores que parecían estar frmemente esta
-
blecidos en la ruralidad que caracterizaba la vida
con anterioridad al surgimiento del petróleo. Esta
última visión de la tecnología encarna, como po
-
drá suponerse, en las máquinas y aparatos de uso
cotidiano:
Envolvíalos el tráFago de la intensa vida mi
-
nera. Automóviles atronadores que tejían la
ancha calle asFaltada, bordeada por casitas
de tabla y
zinc
; (…) Al cencerro de las boci
-
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nas mezclábanse las notas sincopadas de la
música en discos, broncos mugidos de vapo
-
res que cruzaban el lago, pegados a la costa
como sombras chinescas…(…) Frente a ellos,
la plaza, la aldeana plaza de otros días con-
vertida ahora en parque urbano, con aceras
de cemento y focos eléctricos y estatuas de
mármol (p. 56).
Si se trata de la tecnología asociada a la
explotación de petróleo y al intento de trasmitir
una visión enteramente negativa de la misma, es
entonces indispensable referirse a la escena en la
cual un taladro incendiado produce la muerte a
varios obreros. La escena es descrita por Díaz Sán
-
chez con una minuciosidad casi técnica para que
pueda comprenderse hasta qué punto los hombres
son aquí meros apéndices de una maquinaria de la
cual pende, literalmente, su destino.
Por último se pudo columbrar a uno de los
escalonados en los medios de la torre y que
por precaución habíase atado al travesaño
con una correa de cuero. A éste se le vio agi-
tar los brazos y quedar plegado por el cinto,
penduleando, lamido con morosidad por la
fama que gruñía (p. 81).
Por último,
El señor Rasvel
(2005),
de
Miguel Toro Ramírez (2005) es la más atípica de
nuestras novelas del petróleo. Entre otras cosas
porque no hay en ella extranjero alguno en plan
de agresiva conquista. Por el contrario, el perso-
naje principal es aquí un venezolano, Rasvel, que
domina la escena a su antojo. La contraparte es
un inglés bonachón e ingenuo cuya vida se resuel
-
ve en hacer como que revisa los libros de cuentas
amañados que le presenta Rasvel, en los cuales,
por cierto, nunca descubre nada anormal.
El sentimiento antiimperialista se concreta
aquí, extrañamente, por medio de la corrupción
pues, a pesar de ser empleado de lo que hasta hace
poco se llamaba en Venezuela la nómina mayor de
una empresa petrolera, Rasvel se distancia, desa-
craliza el gran acto económico y político que signi-
±ca la implantación de la industria en el país, se lo
apropia y lo hace ²uncionar de acuerdo a sus inte
-
reses y su viveza criolla. La gran justi±cación para
sus continuos robos es la visión de unos inversio-
nistas que residen en Nueva York o en alguna otra
metrópolis disfrutando, casi de manera obscena,
el producto del trabajo de Rasvel y demás emplea
-
dos de la compañía.
El Rasvel astuto y corrupto es al mismo
tiempo un venezolano que a±rma su primacía vi
-
ril para distanciarse del musiú asexuado que pasa
su tiempo libre reunido con sus amigos ingiriendo
incontables whiskies. Rasvel administra su ha
-
rén particular con la misma maestría y maña con
la que dirige la compañía petrolera. Como puede
verse, con
El señor Rasvel,
Toro Ramirez inaugura
una forma alternativa de enunciar y denunciar el
imperialismo al tiempo que desarrolla el tipo del
criollo mañoso que sirve, a pesar de su propia de-
gradación, para rea±rmar el viejo espíritu de dis
-
tanciamiento del extranjero que campea en estos
textos.
Siendo
El señor Rasvel
un libro atípico en el
contexto de la novela del petróleo, es de esperar el
encuentro con ciertas situaciones que son difíciles
de explicar a la luz del abordaje tradicional de los
llamados grandes temas en este tipo de novela.
Así, Rasvel es a un tiempo el personajes
criollo que encarna de la manera más ±dedigna
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muchos de los vicios y artimañas que tradicional
-
mente se achacan al extranjero como medio para
timar al criollo. Es, básicamente, un hombre de
empresa sin escrúpulos, capaz de pasar por en
-
cima de valores, normas e individuos con tal de
conseguir el provecho que se propone. No otra
cosa se ha afrmado del accionar de las empresas
extranjeras y de sus representantes involucrados
en la explotación del bitumen. Lo que distingue
a Rasvel es su intencional lejanía de esa encar-
nación del venezolano que el discurso popular
dio en llamar pitiyanqui. Por ello, su capacidad
de manipulación, y del implícito desprecio por
el extranjero se despliega a placer en las últimas
páginas de la novela cuando trata de convencer a
su jefe, Mr. Watson, de vender sus acciones en la
compañía. En una escena cargada de la más pa
-
tética ironía, Rasvel convence a Watson de todo
lo contrario de lo que ya era obvio que sucedería
con el petróleo como fuente energética a escala
mundial. Y el instrumento para lograr tal con
-
vencimiento es, no por casualidad, la tecnología.
Rasvel, pues, convence a Watson de que el petró-
leo no tiene futuro en el mundo, que sus acciones
bajarán de precio hasta la ruina, que no alcanza
-
rán todos los automóviles del universo, ni las má
-
quinas ni la esperanza del inglés de que llegase el
momento en el que “todo el mundo pueda tener
un aparato que consuma petróleo” (86) para de
-
tener la debacle. El poder de Rasvel se establece
de modo defnitivo con la enunciación de un re
-
signado “haga usted lo que le parezca” (87) por
parte de Watson.
Así pues, la conquista de la hembra del
Otro, y el modo de representación de la tecnolo-
gía en la novela petrolera venezolana, parecen ser
dos discursos que, a pesar de su aparente distan-
cia, apuntan en el mismo sentido de denunciar
y rechazar la presencia del extranjero a quien se
percibe como invasor de nuevo cuño, aliado de
una dirigencia política sumisa a los dictados del
capital, y atentatoria contra las bases históricas,
culturales e idiosincrásicas de la nación.
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