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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
109
Las razones del desaliento
en la flosoFía
Autor:
Franz Brentano
Traducción de Xavier Zubiri
Encuentro, Madrid
ISBN: 9788499200576
pp. 61
2010
Tarde o tem-
prano, todo aquel
que quiera dedi-
carse a la Filoso-
fía debe afrontar
la pregunta por el
objeto
material
y
el objeto formal de
su disciplina. Más
aún teniendo en
cuenta que se trata
de una cuestión in-
trigante, pertinente
y
recurrente,
que
se plantea tanto el
estudiante que se enfrenta a la Filosofía en forma
de asignatura en el colegio o la universidad, como
la sociedad en su conjunto cuando desde distintos
ámbitos vocifera —a veces con desdén, a veces en
tono acusatorio— la duda sobre qué es la Filosofía,
para qué sirve, qué es lo que hace o quién es un
flósoFo.
También los grandes pensadores se han en-
frentado a este interrogante que
ya
es, en sí mis-
mo, una cuestión flosófca y con directa inciden
-
cia sobre la vida del hombre, quizá porque —como
recordaba Josef Pieper en su clásico
Was heisst
Philosophieren
(1948)— la ±ilosoFía es, en cierto
sentido, el acabamiento y perFección de la misma
existencia humana. ±ranz Brentano (1838-1917)
es un flósoFo poco divulgado pero muy in²uyen
-
te, cuyo pensamiento sintetizaba empirismo de
corte aristotélico (la idea de que los conceptos se
Forman a partir de la experiencia), metaFísica teís
-
ta (el Fundamento primero y último de las cosas
es divino), psicología introspectiva y asociacionis
-
ta y una gran confanza en que la ciencia natural
(sobre todo la Física) descubre el mundo material
tal como es. Un equilibrio difícil que no obsta para
que su obra se cuente entre los antecedentes de la
Fenomenología y la flosoFía analítica del lenguaje.
No es extraño, pues, que Brentano dedica
-
ra parte de sus esfuerzos a dilucidar el propósito
y sentido de la ±ilosoFía. En parte, como indica
-
ba antes, por tratarse de una cuestión ineludible
para cualquiera que se llame a sí mismo flósoFo.
En parte, además, por la singular situación de la
flosoFía general —y la alemana en particular— a
fnales del siglo XIX, sitiada por el auge y caída
Enl@ce: Revista Venezolana de Información,
Tecnología y Conocimiento
ISSN: 1690-7515
Depósito legal pp 200402ZU1624
Año 9: No. 1, Enero-Abril 2012, pp. 109-112
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de los últimos grandes sistemas (Comte, Hegel)
y cuestionada por los avances en el campo de la
ciencia experimental, especialmente la recién in
-
augurada Fisiología.
Este opúsculo recoge dos conferencias en
las que el pensador alemán aclara y discute el mé
-
todo, el objeto, el estatuto científco y la importan
-
cia de la Filosofía. Así,
Las razones del desaliento
en la flosoFía
—pronunciada en la Universidad de
Viena en 1874— arranca estableciendo que la dis-
puta entre idealistas y positivistas sobre el método
flosófco hoy está resuelta y “ya no queda duda
ninguna de que tratándose de asuntos flosófcos
no puede haber más maestro que la experiencia”,
entendiendo por
experiencia
, eso sí, tanto la ex
-
terna como la interna. “No se trata”, entonces, “de
suministrar con un gesto genial el todo de una
concepción más perfecta del mundo, sino que el
flósoFo tiene que adentrarse en su campo conquis
-
tándolo paso a paso como cualquier investigador”
(p 7). Ahora bien, ¿puede lograrse verdad y segu
-
ridad en cuestiones flosófcas? En la respuesta a
esta pregunta coinciden —ayer y hoy— tanto la
opinión común como parte de la especializada:
no
.
De ahí el desaliento que invade a aquellos que se
acercan a la Filosofía. Las causas principales de
donde brota esta desconfanza Frente a la ±iloso
-
fía como ciencia se resumen, para Brentano, en
cuatro principales que, con el fn de transparentar
aún más si cabe la claridad escolástica de su expo
-
sición, podemos esquematizar así:
1.
Falta de teoremas generalmente aceptados
.
“Donde hay saber, hay necesariamente verdad,
y donde hay verdad, hay unidad; hay muchos
errores, en efecto, pero sólo una verdad”. Aho-
ra bien, en ±ilosoFía hay escuelas, sistemas con
-
trapuestos y opiniones diversas en todas sus ra
-
mas. “Si la flosoFía Fuera una ciencia, después
de más de dos mil años de investigación, no
existiría hoy en ella semejante Falta de teore
-
mas universalmente aceptados” (p. 9).
2.
Revoluciones completas que la Filosofía pa-
dece una y otra vez
. Al contrario que en otras
ciencias, en ±ilosoFía no parece que haya pro
-
greso o avance histórico, pues cada nuevo sis-
tema poco o nada conserva de los anteriores (p.
10).
3.
Inaccesibilidad del fn que se propone, siguien
-
do el camino de la experiencia
. El flósoFo
quiere saber la esencia de las cosas, el
cómo
y
el
porqué
. Ahora bien, el camino general de la
investigación —observación y experiencia— no
nos introduce en la esencia interior y verdadera
de la cosa ni nos permite aprehender su con-
cepto. ¿Qué medios extras posee entonces el
flósoFo para descubrir esto? (pp. 11-12).
4.
Imposibilidad de valoraciones prácticas
. Todo
conocimiento en algún momento se muestra
útil para la vida, pero la flosoFía padece de
es-
terilidad práctica
(p. 13).
Ahora bien,
1. El estado retrasado de una ciencia (como la Fi-
losoFía) no habla en contra de su cientifcidad
ni de su capacidad para alumbrar progreso
científco (p. 16).
2. La falta de frutos prácticos tampoco habla en
contra de su cientifcidad. Una ciencia sólo
aporta frutos prácticos cuando logra cierta ma-
durez, que la ±ilosoFía aún no tiene (pp. 16-17).
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3. El modo de explicación y fundamentación que
la Filosofía postula (descubrir la esencia inter-
na de los acontecimientos) es fruto de su estado
retrasado (pp. 17-18).
4. La falta de una tradición continuada procede
de la inmadurez de la Flosofía (p. 19).
Siendo de peso, todas estas razones no de-
muestran que la Filosofía sea pseudo-ciencia sino,
en todo caso, que la Filosofía no ha llegado a ser
ciencia tan perfecta como otras disciplinas gene-
rales. La desconFanza frente a la ±ilosofía, por
tanto, está justiFcada en cuanto el Flósofo respon
-
de a sus cuestiones con menor amplitud, seguri-
dad y precisión. Pero no lo está “si va tan lejos que
haga creer que la Flosofía anda tan sólo en pos de
fantasmas; que persigue objetivos para los cuales
no hay camino ni sendero ninguno, y que serán
inaccesibles por toda la eternidad” (p. 20). El es
-
pectacular desarrollo de las ciencias naturales no
Fniquita a la ±ilosofía sino que la impulsa a consi
-
derar con más intensidad el círculo de cuestiones
irrenunciables para la humanidad que alberga en
su seno y que están más allá de lo que estudia la
ciencia natural.
Pronunciada en marzo de 1892 en la Socie-
dad ±ilosóFca de Viena,
El porvenir de la flosoFía
es, en realidad, una larga respuesta al discurso de
apertura de curso de Adolf Exner, jurista y rector
de la Universidad de dicha ciudad y, más concreta
-
mente, una réplica a dos aFrmaciones con²ictivas
del rector, a saber, que la Filosofía se encuentra
en un estado de decadencia irreversible y que en
modo alguno deben emplearse en ella los métodos
de las ciencias naturales.
Sobre la primera proposición, Brentano
reconoce que es común pensar que la Filosofía
languidece, quizá dada la escasez cuantitativa de
nuevas producciones FlosóFcas, pero la ±ilosofía
de Fnal del XIX es
mejor
que la del principio, entre
otras cosas, porque ha recibido la aportación de
las ciencias experimentales, y puede
probar
lo que
dice. Además, el interés FlosóFco está vivo —como
se ve en el éxito de la hipótesis darwinista o de la
literatura germana, rusa y nórdica— y la cultura
FlosóFca crece, quizá no en las aulas, pero sí en los
periódicos, en las asociaciones y en la alta exigen
-
cia del público general (pp. 29, 31-32).
Brentano concede cierta razonabilidad a la
segunda aFrmación de Exner. Al Fn y al cabo, po
-
dría pensarse, en asuntos éticos, sociales y políti
-
cos los fenómenos son muy complejos como para
reducirlos a leyes naturales y, además, contienen
una dimensión histórica que diFculta ofrecer una
explicación unitaria de ellos. Ahora bien, en las
ciencias naturales, ni todos los fenómenos son
simples ni todos se pueden explicar con exactitud
deductiva y, por cierto, también en las ciencias de
la Naturaleza hay fenómenos históricos, como la
evolución de los organismos, la variación de en-
fermedades o las leyes de la geología. “La ciencia
de la Naturaleza no exige en manera alguna… que
en todas partes debamos proceder uniformemen-
te, como en los más sencillos casos de la mecáni-
ca. Por el contrario, nos enseña y nos ejercita en
cambiar nuestros procedimientos de acuerdo con
la índole especial de los objetos, y a aumentar o re
-
bajar nuestras exigencias para lograr, en un caso,
un éxito completo, y obtener en otro, renunciando
a lo imposible, lo cientíFcamente posible” (p. 49).
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Puede que en algún punto las tesis de Bren-
tano suenen extrañas o anacrónicas, como la iden
-
tifcación de Filoso±ía y Psicología, la insistencia
en que la Filosofía es una ciencia retrasada o la
convicción de que el flóso±o debe probar lo que
dice al modo en que lo hace el naturalista. Pero,
junto con ideas que pueden resultar más o menos
discutibles, se hallan también intuiciones valiosas,
como el punto de partida realista de la primera
con±erencia y la hipótesis a ±avor de la pluralidad
de la razón expresada de modo implícito en la se
-
gunda. Para Brentano, no sólo es que cualquier co-
nocimiento nace de la experiencia y la atención al
dato sino que, además, la razón utiliza métodos di-
versos según el objeto que trata de conocer, como
prueba el ejemplo del conocimiento científco. Es
por este motivo que, según Brentano, las ciencias
del espíritu deben seguir un método análogo al de
las ciencias naturales, esto es, buscar conexiones
causales y conocerlas por observación metódica
del acontecer real, sabiendo que es una observa-
ción difícil, a causa del carácter suprasensible de
sus objetos, de la imposibilidad de aislar los fenó-
menos por medio del experimento y de la distan
-
cia que separa los e±ectos de las causas (p. 59).
Intuiciones todas que dan luz sobre el por-
venir de la Filoso±ía, cuyo ±uturo se halla —hoy lo
sabemos— indisociablemente unido a lo que nos
importa y nos preocupa, ya sean problemas bioéti
-
cos o de moralidad pública, el progreso científco-
técnico y la ideología que produce, el signifcado
de los procesos de despolitización tecnocrática, la
defnición de los problemas que acarrea una crisis
económica, la justa distribución de recursos na-
turales o los lugares adecuados para la educación
moral. Asuntos todos que cuentan con sus propias
ciencias especiales, pero cuyo estudio —a veces, al
-
tamente especializado— no excluye la posibilidad
de que surjan nuevos problemas. Es justamente
por ello que, como aseveraría John Dewey cin
-
cuenta años más tarde en “Philosophy’s Future in
Our Scientifc Age” (1949), es vital que los flóso±os
tengan un papel activo en el desarrollo de opinio-
nes y puntos de vista sobre lo que está humana
-
mente en juego con el progreso científco y en la
creación de las condiciones culturales para que los
conocimientos técnicos y especializados puedan
ponerse al servicio del bien común y compartido.
Una sentencia que, seguramente, habría frmado
el maestro Brentano.
Juan Pablo Serra
Correo electrónico: j.serra.prof@ufv.es
Departamento de Formación Humanística
Universidad Francisco de Vitoria
Ctra. Pozuelo-Majadahonda, Km. 1,800
28223 Pozuelo de Alarcón (Madrid)
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