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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
113
The Uniqueness of Western
Civilization
Autor: Ricardo Duchesne
Boston: Leiden
527 pp.
2011
Personalmen-
te, me hubiese gusta-
do que este libro fue-
se escrito en castella-
no. Duchesne nació
en Puerto Rico, pero
estudió en EE.UU., y
según me confesa, es
mucho más Fuido en
inglés que en espa-
ñol. Con todo, yo hu
-
biera preferido que
Duchesne escribiera
en castellano, no por
motivos de orgullo
étnico o lingüístico, sino porque es urgente que al-
guien, desde Hispanoamérica, defenda la postura
adelantada por Duchesne; a saber, que la civiliza-
ción occidental ocupa un papel protagónico en la
historia universal.
Hay una legión de autores hispanoparlan
-
tes que pretenden minimizar el protagonismo de
Occidente en la historia universal. Enrique Dus-
sel, Walter Mignolo, Boaventura de Sousa Santos,
entre otros, se han convertido en vacas sagradas
en las universidades latinoamericanas. Y, sus
posturas básicamente son una resonancia de los
llamados ‘estudios postcolonialistas’ que, ±unda
-
mentalmente, pretenden inyectar una alta dosis
de relativismo cultural y postmodernismo en la
historiografía universal. Estos autores insisten
en que la idea de que la civilización occidental es
la cuna de la mayor parte de los aportes que han
contribuido al bienestar de la humanidad, es en
realidad un mito colonialista inventado para sem-
brar un complejo de inferioridad en los habitan-
tes del Tercer Mundo, y así asegurar el dominio
cultural.
En el siglo XIX, hubo plenitud de autores
hispanoamericanos que sí reconocían la primacía
de la civilización occidental por encima de cual-
quier otra. Domingo Sarmiento y Juan Bautista
Alberdi, por ejemplo, escribieron monumentales
tratados en los cuales se contrastaba la civilización
y la barbarie como modos de organización social,
y concedían a Europa un lugar protagónico en la
formación de la civilización. Lamentablemente,
estos tratados estaban impregnados de nociones
meta±ísicas, e incluso llegaron a explorar causas
raciales para explicar la divergencia entre el rendi
-
miento de Europa y el resto del mundo.
Enl@ce: Revista Venezolana de Información,
Tecnología y Conocimiento
ISSN: 1690-7515
Depósito legal pp 200402ZU1624
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Así pues, desde entonces, la defensa de la
primacía de la civilización occidental quedó ente-
rrada entre los autores hispanoamericanos. Has-
ta donde tengo conocimiento, sólo el genial Juan
José Sebreli, en la última década del siglo XX, se
propuso una defensa de la civilización occidental
en
El asedio a la modernidad
, una obra que enfá-
ticamente recomiendo, no sólo por su contenido,
sino por el estilo tan afable que Sebreli empleó en
su redacción.
Por su parte, en lengua inglesa ha habido
plenitud de defensas de la primacía de la civili-
zación occidental frente a los ataques relativistas
y postmodernistas.
The Uniqueness of Western
Civilization
es una de las más recientes. El libro
es monumental y está ampliamente documenta
-
do. Duchesne empieza en el capítulo 1 por referir
cómo, hasta mediados del siglo XX, la mayor parte
de la historiografía reconocía que, en efecto, la ci-
vilización occidental era superior a las demás en
sus aportes, y que los tratados y cursos de ‘historia
universal’ se concentraban mayoritariamente en
los acontecimientos de Occidente. Pero, a partir de
mediados del siglo XX, el infujo de ideas postmo
-
dernistas, el crecimiento del relativismo cultural, y
los procesos de descolonización, propició que todo
esto fuera sometido a un revisionismo histórico.
Como alternativa, se plantearon varias pos-
turas que, agrego yo, no son del todo coherentes
entre sí. Por un parte, se empezó a postular que
han sido mayores los aspectos negativos que los
positivos en la civilización occidental. También
prosperó la idea de que muchas de los supuestos
aportes de Occidente, en realidad proceden de
otras civilizaciones (China y el Islam, Fundamen
-
talmente), y que, hasta el siglo XIX, China estaba
más avanzada que Europa. El avance de las po-
tencias europeas se debió fundamentalmente a su
capacidad para saquear y depredar a las colonias.
Y, también, se arrojó la doctrina relativista, según
la cual, no es posible comparar el rendimiento de
las civilizaciones, pues cada una tiene su propia
singularidad, y cada una debe ser juzgada en sus
propios términos.
Duchesne correctamente rechaza todo esto.
En primer lugar, sí es posible hacer comparacio-
nes entre civilizaciones, y hay criterios objetivos y
±rmes que permiten sostener que una cultura ha
contribuido más a la felicidad humana que otra.
En segundo lugar, si bien Occidente pudo haber
incorporado innovaciones positivas procedentes
de otras civilizaciones, la mayoría son originarias
de Europa. Y, por último, es demasiado simplista
suponer que la prosperidad europea se deba ex
-
clusivamente a la depredación: hay plenitud de
casos que colocan en jaque a esta hipótesis (los
países escandinavos no fueron poderes coloniales,
y hoy tienen un elevado nivel de vida; Etiopía no
Fue colonia, y es uno de los países más pobres del
mundo).
Duchesne dedica el capítulo 2 a una compa-
ración entre el rendimiento de la civilización china
y el de Occidente. Aquellos que cuestionan la sin
-
gularidad de Occidente señalan que, hasta el siglo
XIX, China tenía más avances tecnológicos y ma
-
yor producción económica que las potencias euro
-
peas. Con plenitud de datos, Duchesne coloca esto
en duda, y de±ende la hipótesis de que, ya para el
siglo XVI, Europa tenía la delantera. El capítulo 3
es un análisis sobre cómo Europa logró sobrepo-
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ner los frenos al desarrollo. En especial, Duchesne
destaca cómo las potencias europeas, en particular
Inglaterra, lograron vencer la condena maltusiana
que desemboca en altas tasas de natalidad, pero a
la vez, altas tasas de mortalidad para mantener a
raya a la población frente a la escasez de recursos.
Entre otras cosas, los ingleses lograron expandir
la producción agrícola, de forma tal que ya no en
-
frentarían tan recurrentemente las amenazas mal-
tusianas de enfermedades, hambrunas y guerras.
Pero, la divergencia entre Europa y el res
-
to del mundo a partir del siglo XVI no fue sólo en
productos materiales, sino también intelectuales.
La difusión de la imprenta (cabe admitir que los
chinos se adelantaron en su invención, pero pron-
to abandonaron interés en ella), el reFnamiento
del método cientíFco, el crecimiento de la curio
-
sidad en los viajes de exploración, la expansión de
un sistema de producción industrial, entre otros,
aseguraron que Europa tomase la batuta en el de-
sarrollo civilizacional. De eso se ocupa Duchesne
en el capítulo 4.
El capítulo 5 es un análisis en mayor profun
-
didad, de la singularidad intelectual de Occidente.
Y, para ello, Duchesne dedica especial atención a
la obra del gran Max Weber. El libro de Duchesne
es en buena medida una actualización del pensa-
miento weberiano. Weber es conocido, entre otras
cosas, por analizar aquellos aspectos ideológicos
(y no meramente materiales, en oposición a Marx)
que han moldeado el transcurrir histórico. Y, el
grueso de la obra weberiana consiste en destacar
la singularidad occidental en el desencantamiento
y racionalización del mundo. Weber célebremente
estudió cómo la reforma protestante contribuyó a
este proceso, pero Duchesne hace énfasis también
en cómo Weber apreció el desencantamiento occi-
dental, incluso desde la época de los profetas del
antiguo Israel.
No obstante, hay un aspecto de la obra de
Weber que Duchesne no explora suFcientemente.
Si bien Weber sentó las bases para defender la sin-
gularidad de Occidente en el desencantamiento y
la racionalización, no fue tan optimista respecto a
estos procesos. Weber advirtió que la burocratiza-
ción de la sociedad moderna conduciría a estados
de malestar que, en sus propias palabras, coloca-
ría al hombre moderno en una jaula. De forma tal
que Weber es el gran campeón de la defensa de la
singularidad occidental, pero no propiamente un
defensor incondicional de Occidente, pues recono-
cía que la racionalización y el desencanto podría
conducir a consecuencias negativas.
Además de Weber, Duchesne toma inspira-
ción del pensamiento de Hegel, y de esto se ocupa
en el capítulo 6. Lo mismo que Weber, Hegel de-
fendió la singularidad de la civilización occidental,
pero a diferencia de Weber, fue mucho más opti-
mista. Por mi parte, desde hace tiempo comparto
la opinión de Mario Bunge, según la cual, Hegel
es un Flósofo obscurantista que es mejor enterrar
en el olvido. Los estudios de Weber están bien do-
cumentados, son claros y precisos. En cambio, los
textos de Hegel están impregnados de especula
-
ciones metafísicas, muchas de ellas de difícil com-
prensión. Me parece que al apelar a autores como
Hegel, los defensores de la singularidad de la civi-
lización occidental perjudican su causa. Pues, dan
pie a que los autores relativistas acusen a los histo-
riadores eurocéntricos de invocar motivos metafí-
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sicos o cuasi-divinos para justifcar la superioridad
occidental. Opino que, para defender la singulari-
dad de la civilización occidental, conviene mucho
más apelar a categorías claras como ‘desencanto’
o ‘racionalización’ (procedentes de Weber), que
a categorías obscuras como ‘espíritu del mundo’
(procedentes de Hegel).
El capítulo 7 es quizás el más controvertido.
Ahí, Duchesne defende la idea de que las bases
ideológicas para la prosperidad europea se ini-
ciaron en las olas migratorias de los jinetes indo-
europeos, a partir del cuarto mileno antes de la
era común. Los jinetes y guerreros indo-europeos
aportaron un
ethos
de autonomía individual, valo-
res aristocráticos, libertad y emprendimiento, que
en buena medida sirvió de motor para los grandes
avances de la civilización occidental.
Tengo algunas reservas respecto a esta hi-
pótesis. No estoy seguro de que la mentalidad que
pudieran haber incorporado los jinetes indoeu-
ropeos perdurara hasta los tiempos modernos.
Pero, en todo caso, no me inclino mucho por la
admiración del
ethos
militar de los invasores in-
do-europeos. En clara continuidad de Nietzsche
(otra de las grandes inspiraciones de Duchesne, y
del cual se ocupa extensamente en el capítulo 8),
Duchesne concede gran importancia al inFujo de
vitalidad, autonomía individual e, implícitamente,
la ‘moral de amos’ tan aplaudida por Nietzsche.
Ciertamente estos valores me parecen estimables,
pero el modo en que Nietzsche los planteó me
parece peligroso, pues llevan implícitos la defen-
sa del militarismo que desembocó en las grandes
atrocidades del siglo XX, ocurridas en el seno de la
civilización occidental.
Hubiese sido deseable que Duchesne incor-
porara alguna defensa de la civilización occidental
frente a los ataques recurrentes de sus críticos. Por
una parte, los críticos acusan a Occidente de ser
una civilización etnocéntrica, al considerarse sin-
gular en la historia de la humanidad. Muy efcien
-
temente, Duchesne defende que, en e±ecto, hay
motivos sufcientes para postular que Occidente ha
sido singular. Pero, aunada a ese ataque, está tam-
bién la crítica que postula que Occidente ha sido
una civilización totalitaria y, más recientemente,
destructora del medio ambiente. Duchesne defen
-
de a Occidente sólo tenuemente de estos ataques.
Con todo, el libro de Duchesne es una muy
bienvenida contribución para frenar la ofensiva de
intelectuales que, bajo la inspiración postcolonia-
lista, creen que hacen justicia a los pueblos colo-
nizados, distorsionando los hechos de la historia.
Ciertamente, podemos reprochar a Occidente mu-
chos crímenes colonialistas, y de±ender el derecho
de autodeterminación de los pueblos colonizados.
Pero, eso no debería conducirnos a alterar los li-
bros de historia, por el mero afán de que los pue-
blos que han sido víctimas del colonialismo, no se
sientan acomplejados.
Gabriel Ernesto Andrade
Correo electrónico:
gabrielernesto20000@yahoo.com
Universidad del Zulia.
División de Graduados de la Facultad
de Humanidades y Educación
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