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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
TELOS. Revista de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales
UNIVERSIDAD Rafael Belloso Chacín
ISSN 1317-0570 ~ Depósito legal pp: 199702ZU31
Vol. 15 (2): 153 - 164, 2013
La naturaleza como víctima de la conquista
Española caso: los murciélagos
Nature as a Victim of the Spanish Conquest: Bats
Alain Jullian Montañez* y Roberto Martínez Gallardo**
Resumen
La forma de percibir la naturaleza en cada cultura es diferente. Partiendo de
esta premisa se plantea la pregunta ¿Qué sucede con la percepción que se tiene de
la naturaleza ante un choque de culturas? y se analiza el caso particular del murcié-
lago a raíz de la conquista española de Mesoamérica. El objetivo del trabajo fue
bosquejar posibles formas de manejar o conservar las especies de fauna que resul-
tan temidas o rechazadas (particularmente los murciélagos). Se seleccionó a los
quirópteros porque se encuentran en los dos continentes y pueden contrastarse
las opiniones sobre ellos. La metodología consistió en obtener las formas de per-
cibir al murciélago de diversas culturas mesoamericanas y, posteriormente, con-
trastarlas con la cosmovisión occidental que se asumió, era negativa. Los resulta-
dos de dicho enfrentamiento muestran que la opinión de los mesoamericanos di-
fería notablemente de la occidental. Se concluye que la opinión europea prevale-
ció y contribuyó al deterioro ambiental. Debido a esto, resulta urgente retomar
aspectos de las cosmovisiones ancestrales para lograr un manejo tal que permita la
conservación de las diferentes especies de murciélagos.
Palabras clave:
Choque de cultura, naturaleza, conquista española, murciélagos.
153
Recibido: Agosto 2012
·
Aceptado: Diciembre 2012
*
Biólogo y Maestro en Ciencias por la Universidad Autónoma de Baja California
(UABC). Actualmente cursa el Doctorado en Medio Ambiente y Desarrollo del
Instituto de Investigaciones Oceanológicas. Académico en la UABC y ponente en
congresos de Mastozoología, Genética, Medio Ambiente, Ciencias de la Complejidad
e Interdisciplina. Ensenada, México. Correo electrónico: ajullian@uabc.edu.mx
**
Doctor en Ciencias por la Universidad Autónoma de México. Académico en la
UABC. Ensenada, México. Correo electrónico: robtron@uabc.edu.mx
Abstract
The way of perceiving nature is different in each culture. What happens to
the perception of nature when cultures clash? This study analyzes the particular
case of bats related to the Spanish conquest of Mesoamerica. The objective of the
work is to outline possible forms of managing or conserving fauna species that are
feared or rejected, especially bats. Chiropterans were selected since they can be
found on both continents and opinions about them can be contrasted. The
methodology consisted of finding out how the bat is perceived in different
Mesoamerican cultures and contrasting these perceptions with the Occidental
world view, assumed to be negative. Results of this contrast show that the
Mesoamerican opinion differed notably from the European view. For this reason,
it is urgent to adopt aspects of the ancestral world views to achieve management
that permits conserving the different bat species.
Keywords:
Clash of cultures, nature, Spanish conquest, bat.
Introducción
Las formas de percibir el medio ambiente en cada cultura son diferentes.
Así, para el mundo occidental, los humanos están separados –y por encima– de
todos los demás animales (Howell, 2001:149; White, 2007:83).
Por supuesto, la cosmovisión occidental no es la única forma de percibir la
naturaleza. Como ejemplos se puede hablar de las creencias del paganismo anti-
guo, es decir, antes que “existiera Occidente” (White, 2007:83). O, en el conti-
nente americano, los Huaorani de la amazonia que no se consideran extraños al
mundo selvático. De hecho, comparten conscientemente los recursos alimenti-
cios con las demás especies (por ejemplo, nunca arrancan toda la fruta de un árbol
ya que es preciso dejar algo para los pájaros y los monos).
O por último, se puede citar a los Makuna de Colombia; para los cuales, to-
dos los seres (espíritus, humanos, plantas y animales) participan en un campo de
interacción social definido en términos de rapacidad e intercambio. Esta rapaci-
dad humana es entendida como un intercambio revitalizador con la naturaleza.
Así, en vez de concebir al humano sobre todas las demás formas de vida, legiti-
mando la explotación de la naturaleza, los Makuna destacan la responsabilidad de
los humanos hacia el medio ambiente y la interdependencia de la naturaleza y so-
ciedad (Arhem, 2001: 215, 233).
Ahora bien, si no todas las culturas perciben el medio ambiente de la misma
manera parece pertinente preguntar ¿qué sucede con la naturaleza ante un choque
de culturas? La pregunta planteada no es una simple curiosidad académica ya que
la respuesta delimitará las relaciones humano-naturaleza y, en su caso, puede bos-
quejar formas de conservación y gestión de la naturaleza ante escenarios cultura-
les cambiantes, en lo general, y contribuir al entendimiento y aprovechamiento
de algún recurso natural, en lo particular (White, 2007:85).
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El ejemplo ilustrativo de este tipo de choques culturales seleccionado para
este trabajo fue el que se presentó en el continente americano con la llegada de los
españoles. Las dos razones para tomar este caso como muestra se desprenden de
la obra “La conquista de América. El problema del otro” de Tzvetan Todorov. Él
comenta que el descubrimiento de los americanos por los europeos fue el encuen-
tro más asombroso de nuestra historia ya que el encuentro con el otro nunca vol-
verá a alcanzar tal intensidad. Argumenta que la existencia de África, China y la
India eran conocidas desde los orígenes de Europa, a diferencia de lo sucedido
con el continente americano donde sí se presenta ese sentimiento de extrañeza ra-
dical. La segunda razón que menciona dicha obra es que el descubrimiento de
América anuncia y funda nuestra identidad presente (Todorov, 1987:14,15).
Es relevante aclarar que este trabajo no busca agotar el tema. Más bien, tiene
como objetivo bosquejar posibles formas de manejar, y en su caso, conservar, las es-
pecies de fauna que resultan temidas o rechazadas, particularmente los murciélagos.
Presentando los opuestos
La visión occidental de la naturaleza
Para Occidente, el humano es superior a la naturaleza. Esto se hace evidente
en numerosos textos pero quizá, en El discurso del método de René Descartes,
encuentra una de sus formas más recalcitrantes. Ya que ahí se destaca que los ani-
males son inferiores a los humanos partiendo del argumento de que el animal no
puede hablar y se necesita de muy poca razón para hacerlo (Descartes, 1999:74).
Por supuesto, la separación y presunta superioridad sobre la naturaleza no
empieza con Descartes. En Europa, según Lynn White Jr., a finales del siglo VII la
relación del humano con la naturaleza ya era de explotador y explotado; esto debi-
do al diseño un nuevo tipo de arado que resultaba más agresivo con el suelo, mos-
trando así su indiferencia hacia la naturaleza. Esta actitud se manifiesta también, en
los calendarios ilustrados de la época, ya que en ellos se ve a hombres forzando al
mundo, ya sea arando, sacrificando animales o talando árboles (White, 2007:82).
Además, para el caso particular de Occidente, siempre puede apelarse a la
opinión bíblica del Génesis en su capítulo 1 y su versículo 28 en donde se le indica
al hombre que sojuzgue a la naturaleza.
La visión de los americanos de la naturaleza
Antes de abordar este tema parece conveniente hacer dos acotaciones.
Primera; Las fuentes empleadas no tienen por objeto destacar la presencia
de la naturaleza, en lo general, o los murciélagos, en lo particular. En todas ellas la
mención de la naturaleza, o sus elementos, resulta más bien tangencial. Esto pare-
ce lógico ya que la historia ambiental constituye un campo reciente y en forma-
ción (Castro, 2005:1).
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La naturaleza como víctima de la conquista Española caso: los murciélagos
Segunda; Cuando se habla de creencias prehispánicas siempre existe el pro-
blema para discernir cuáles de las fuentes reflejan realmente el pensamiento de los
grupos nativos y cuáles se originaron durante la colonia, con la consabida influen-
cia del pensamiento europeo.
Teniendo presente las acotaciones comentadas, puede decirse que las cultu-
ras americanas vivían de forma estrecha con la naturaleza. Esto puede concluirse
si se consideran dos aspectos: la densidad poblacional y la actitud general para con
la naturaleza.
La densidad poblacional del altiplano central causó sorpresa a los españoles.
Esta densidad puede explicarse por el grado de aprovechamiento del medio eco-
lógico que permitía obtener de él un considerable rendimiento. Obviamente,
para el aprovechamiento del medio tuvieron que desarrollarse los conocimientos
de hábitat y las técnicas específicas de extracción y producción de bienes (López,
1980: 81).
La actitud general para con la naturaleza no era de superioridad. De hecho,
antes de derribar un árbol era necesario pedirle perdón y una vez cortado debían
rendírsele servicios funerarios. Incluso se creía que, en el tiempo del mito, dioses,
plantas, animales y minerales habían sido semejantes a los hombres (López,
1980: 396).
Así, en Mesoamérica, existía una relación estrecha con los animales; mu-
chos pueblos pensaban que en tiempos primigenios existía una verdadera interco-
municación entre hombres y animales (González, 2001:109). Llegando a pensar-
se que algunos de éstos se apareaban con humanos, siendo éste el origen de tribus
o grupos, como los Olmecas, o las ciudades de Tikal y Yaxchilán (González,
2001:128, 132).
Considerando esto, se entiende por qué González dice que “En Mesoaméri-
ca la fauna es cualquier cosa menos una colección de seres inferiores explotables
por el hombre. Se trata más bien de una manifestación ordenada del cosmos”
(González, 2001:255) Por eso, “toda la iconografía mesoamericana está llena de
figuras de animales que aparecen completos, solos o con algunos de sus elemen-
tos, como pueden ser las garras, la cabeza o las orejas, que aportan ciertas caracte-
rísticas a los diosesoaloque están transmitiendo” (González, 2001:110).
De los párrafos anteriores, se desprende que los americanos mantenían un
vínculo estrecho con la naturaleza sin que, necesariamente, fuera una relación asi-
métrica o de dominación como la que se presentaba en Occidente. Por supuesto,
esto no quiere decir que los mesoamericanos conservaban la naturaleza prístina;
ya que, el ecosistema había sido modificado durante cientos de años para favore-
cer la vida del humano. Así, se había eliminando la vegetación natural para sem-
brar maíz, maguey, frijol, calabaza y chile. Además, de la crianza de guajolotes y
diversas variedades de perros (Bonfil, 2009: 32-36).
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Recapitulando el choque
El choque entre Occidente y las culturas mesoamericanas, considerando los
móviles de los españoles, puede resumirse de manera esquemática en cinco pasos.
a.
Los conquistadores españoles ambicionaban obtener oro –enriquecerse– y
extender el cristianismo.
b. Los americanos tenían apego a la naturaleza al grado que algunos de sus dio-
ses adoptaban formas de diversos entes de la naturaleza.
c.
Los conquistadores podían interpretar este apego como un obstáculo para la
obtención de riquezas y la expansión del cristianismo.
d. Por lo tanto, parecía apropiado destruir esas creencias de los naturales para
imponer la cosmovisión occidental.
e.
Una vez impuesta dicha cosmovisión se podía expoliar libremente los recur-
sos del nuevo continente.
Los efectos de la conquista en el nuevo mundo fueron diversos. Incluso, se pue-
de afirmar que existió un impacto al ecosistema al modificar la relación que habían te-
nido los humanos con la naturaleza. Esto se ejemplifica de forma sencilla por tres vías.
Los alimentos empleados, la deforestación y la densidad de la población humana.
La modificación en la dieta de la población fue drástica; mientras que los
naturales se alimentaban de maíz, frijol, calabaza, amaranto, mezquite, verdola-
gas, venado, conejo, liebre, perro, codorniz y guajolote, Los conquistadores in-
trodujeron ganado porcino, caprino, bovino, aviar (pollo, principalmente) y el
trigo necesario para la elaboración del pan desplazó al maíz en las mejores tierras
de cultivo (León, 2002: 21; Bonfil, 2009:142).
En cuanto a la tierra, ésta cambió de dueños y de usos. Así, el agua de riego aban-
donó la milpa y fue para los cultivos españoles. Terrenos agrícolas y montes fueron ta-
lados para que pudiera alimentarse el ganado introducido. Ante esto, no sorprende el
comentario de Bonfil “La erosión creció en el altiplano al parejo de la ocupación espa-
ñola, insaciable en su demanda de madera para construcciones, leña para sus hogares,
andamios para sus minas y combustible para diversos usos” (Bonfil, 2009:142).
El decremento que sufrieron las poblaciones mesoamericanas humanas a
raíz de la conquista, fue tan grande que debió modificar el ecosistema aunque no
exista una cuantificación de lo alterado. Según las cifras que comenta Bonfil, en el
continente americano de 80 millones de personas antes de la conquista, la pobla-
ción se redujo a 10 millones. Mientras que para el caso particular de México, la
población disminuyó de 25 millones a un millón. Y el caso extremo, el Valle de
México, que de los 3,000,000 de habitantes a la llegada de los españoles sólo que-
daron 70,000 después de cien años (Bonfil, 2009:128).
Ahora bien, esta es solamente una visión general que sugiere que la natura-
leza también sufrió los estragos de la conquista. Pero ¿se puede enfocar este cho-
que en algún elemento de la naturaleza para ejemplificar el cambio de opinión
acerca de ella?
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El murciélago ante los ojos de Occidente y ante los ojos
de los mesoamericanos
Se decidió abordar el caso del murciélago (o los murciélagos en general)
por tres razones: Primero: Son muy comunes. Tanto en Europa como en Améri-
ca existen decenas de especies. Se conocen 167 especies en el denominado “viejo
mundo” y 834 especies en América (Mickleburgh,
et al
. 2002). Esto no sucede
con otros animales comunes en las descripciones de los pueblos americanos,
como el jaguar, que no existe en Europa.
Segundo: Es suficientemente inocuo como para no considerar que el posi-
ble rechazo se relacione con su peligrosidad. Se debe tener presente que las enfer-
medades con las que se relaciona a los murciélagos, como la rabia o la histoplas-
mosis, no se vinculan exclusivamente con ellos. De hecho, es poco probable el
contagio por esta vía. En este sentido, son un caso muy diferente al de las serpien-
tes, por ejemplo, que algunas especies son venenosas e inclusive mortales. Y la
aversión a ellas puede justificarse por un temor fundamentado.
Tercero: Es uno de los animales que la visión occidental no deja lugar a du-
das. La biblia dice en Deuteronomio capítulo 14 versículo 18 y en Levítico capítulo
11 versículo 19 que es inmundo. Así que la opinión es, evidentemente, negativa.
Ante esta postura tan clara del mundo occidental se puede preguntar ¿cómo
se concebía al murciélago en América antes de la llegada de los europeos? ¿Era
una opinión totalmente negativa como sucedía en Occidente?
Antes de responder a esta pregunta, conviene tener en mente que las cultu-
ras precolombinas en la zona denominada Mesoamérica, entendían el universo a
través del principio de dualidad. Esto se entiende, según Matos, por la necesidad
de los pueblos agrícolas –como los mesoamericanos– de observar el cambio de es-
taciones que dan paso a las temporadas de lluvias y secas (Matos, 1999:231). Así,
se percibía el mundo como un ciclo en que vida y muerte, presente en todos los
órdenes de la naturaleza, eran consecuencia la una de la otra.
Esta noción de la dualidad era tan importante que entre los mexicas, inclu-
so, existía un dios vinculado a ella. El nombre de dicho dios era Ometéotl y es tan
preponderante para la cosmovisión mexica que ocupaba el más alto de todos los
cielos (el décimo tercero), denominado Omeyocan, o lugar de la dualidad (Ma-
tos, 1999: 279).
De lo anterior, puede desprenderse que las opiniones sobre algún elemento
de su cosmovisión, en cuanto a si son negativas o positivas, no son tan terminan-
tes como en Occidente. Ya que, para los mesoamericanos, todo estaba estrecha-
mente relacionado con su opuesto. Así, incluso la muerte, conllevaba vida, la no-
che el día y las secas lluvias.
Teniendo presente esto, se plantea nuevamente la pregunta ¿cómo se conce-
bía al murciélago en Mesoamérica antes de la llegada de los occidentales? Una re-
visión general, que no tiene por objeto ser exhaustiva sino demostrativa, de algu-
nos grupos responderá la cuestión.
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Los murciélagos en Guatemala
Para los Quichés, de Guatemala, se encuentra una opinión de los murciéla-
gos que se puede calificar como negativa. En su libro más conocido, el Popol
Vuh, se les refiere vinculados a los señores del inframundo y a una de sus casas de
tormento Tzotzi ha –es decir, la casa de los murciélagos–. Es en esta casa donde
habita el dios murciélago Camazotz quien enfrenta a los gemelos Hunahpú e
Ixbalanqué. Resulta interesante que esta es la única casa de tormento en donde los
hermanos son derrotados, ya que Hunahpú es decapitado (Estrada,
2003:81,82).
Con base en lo anterior, se puede concluir que la visión de los murciélagos,
para los Quichés, es negativa.
Los murciélagos en las etnias de Costa Rica
En Costa Rica, existen siete pueblos indígenas, todos pertenecientes a la fa-
milia Chibcha. Entre esos grupos, tres incluyen a los murciélagos en sus creencias,
Los Bribris, los Cabécares (estos dos grupos forman una sola etnia denominada
“talamanqueña”) y los Bocotás.
Los pueblos Talamanqueños. Estos pueblos tienen como figura principal
de sus creencias a Sibö.
“Sibö
es entre los Talamancas el Ser Supremo, el “Gran Es-
píritu”; omnipotente y omnipresente”. Es, también, el creador de la tierra, el si-
guiente relato tomado de Margery da cuenta de esta creencia:
“La Tierra, llamada
Iriria
, era una niña que vivía entretanto en las profundi-
dades del este, bajo el sol y oculta por rocas. Allí moraba en compañía de la
danta
(
Tapirella bairdii
), su madre, y
Sulá
, su padre. Hasta ese lugar sólo llegaba el mur-
ciélago para chupar la sangre de
Iriria
y luego volar para defecar deyecciones de
las que brotaba tierra y, con ella, hierbas y árboles.
Sibö
, quien sabía lo del murcié-
lago, decidió crear la Tierra. Para ello organizó una chichada (fiesta tradicional)
en la que se bailaría sorbón (baile tradicional) y, además, se serviría chocolate. Le
encomendó a su hermana, la danta, que preparara la bebida, y mientras ella la ha-
cía, él, en compañía del Trueno se dirigió a la casa de
Sulá
y trajo a
Iriria
al oeste.
La
danta
fue avisada y corrió a resguardar a su hija, pero lo hizo por la ruta del
oeste, en tanto que
Sibö
, el Trueno e
Iriria
llegaron a la chichada por el este. La
danta
llegó finalmente al lugar e intentó rescatar a su hija, pero como tenía las ma-
nos untadas de cacao, no pudo hacerlo. La niña cayó sobre las piedras y fue aplas-
tada por los bailadores de sorbón. De su sangre surgió entonces la Tierra” (Mar-
gery, 1997: 21, 22).
Los Bocotás. Para esta etnia el ser supremo es Chubé quien, para lograr to-
mar posesión de la tierra, debió enfrentar a Doiá –un ser maligno– en una compe-
tencia de creación (el que lograra crear los seres y las cosas más perfectas se queda-
ría con la tierra). Así, Chubé trajo la tierra, creó el mar, los humanos y los anima-
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La naturaleza como víctima de la conquista Española caso: los murciélagos
les y vegetales útiles. Mientras que Doiá sólo creó charcos, serpientes, zopilotes,
sapos, murciélagos y los bejucos venenosos (Margery, 1997: 27).
Por tanto, para los pueblos costarricenses comentados, la percepción de los
murciélagos resultaba ambivalente. La razón es que, para los primeros, estaban
involucrados con la formación de la tierra. Pero, para los segundos, estaban vin-
culados a las creaciones imperfectas.
Los murciélagos en México
-Su relación con las deidades
Entre los zapotecos de Oaxaca existía un culto especial al murciélago, el cual
se llegó a representar en múltiples ocasiones. Destaca el hombre murciélago halla-
do en el pueblo de Miraflores que tiene forma antropomorfa pero cabeza de mur-
ciélago así como manos y pies también de dicho animal (Matos, 1999: 288).
Para los aztecas, los murciélagos también tenían un lugar en sus creencias.
Según Leví-Strauss, los murciélagos se originaron del esperma de Quetzalcóatl,
uno de sus dioses principales (Leví-Strauss, 2002:319).
-Los murciélagos y sus posibles lugares de avistamiento.
La cosmovisión de los pueblos nahuas, en México, considera algunos luga-
res como mágicos o sagrados. Estos lugares pueden ser ríos, cuevas y troncos
huecos (López, 1980:74).
Resulta interesante destacar que, justamente, estos son los lugares donde es
más sencillo avistar a los murciélagos, ya que muchas especies suelen perchar en
cuevas, en la corteza suelta de los árboles viejos, en las hojas de los árboles, o en las
grietas de los acantilados (Tuttle y Moreno, 2005:18). Además, los murciélagos
buscan ir a los cuerpos de agua a beber o alimentarse (principalmente, en el caso
de los murciélagos insectívoros).
Entonces, los lugares en donde puede encontrarse a los murciélagos tam-
bién podían contribuir a que su concepción no fuera negativa. Ya que, básica-
mente, se les puede encontrar (ya sea perchando, bebiendo o alimentándose) en
todos los lugares que son importantes dentro del mundo mágico de los nahuas.
Debido a lo anterior, parece lógico suponer que en la concepción de los an-
tiguos nahuas los murciélagos no fueran vistos como algo negativo. Si acaso,
como seres mágicos o vinculados a las deidades (como Quetzalcóatl).
Como puede verse en los diferentes relatos, la forma de percibir a los mur-
ciélagos en América y Europa era diferente. No sólo porque la cosmovisión de los
mesoamericanos no se presenta en términos absolutos en el sentido bueno-malo.
Sino porque, si bien existían opiniones desfavorables (como el caso de los Boco-
tás), las había también positivas (como la de los pueblos Talamanqueños) e inclu-
so se aceptaba a dioses con forma de murciélago (como Camazotz, en el Popol
Vuh) lo cual implicaba, en el peor de los casos, respeto.
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Conclusiones
El choque produjo casi la total extinción de la visión que el derrotado tenía
de la naturaleza. Esto se manifiesta claramente por cómo se utilizó el ecosistema
después de la conquista, sobre todo en lo que tiene que ver con el uso de la tierra
(cultivos y ganadería).
El choque ocasionó la aceptación de la visión del conquistador. Esto resulta
interesante ya que el contexto biológico que forjó dicha opinión era diferente al
que se encontraba en el continente americano.
Al aceptar una opinión externa (la del conquistador) se contribuyó al deterio-
ro del ecosistema local y sus consiguientes problemas de manejo. Ya que los usos
que traían consigo los españoles correspondía a otras zonas. Por eso, como no se
consideraban las particularidades del lugar, el daño al ecosistema era inevitable.
Para poder manejar adecuadamente los recursos naturales locales parece ne-
cesario adoptar una postura diferente a la resultante del choque de culturas euro-
pea y mesoamericana. Lo más importante, es que el punto de partida sea el con-
texto biológico local y no las creencias procedentes de otras latitudes.
Particularmente para los murciélagos, sería provechoso que se tuviera de
ellos una opinión informada y no basada en prejuicios. Dicha opinión deberá
considerar, su valor, económico, cultural, ecológico y los posibles riesgos con que
estén vinculados.
Comentarios finales
El murciélago hoy
Los murciélagos son seres incomprendidos, temidos y perseguidos. La idea
que se tiene de ellos es que son malos, perjudiciales y que son portadores de enfer-
medades como la rabia. La aversión hacia ellos es tan grande que se han destruido
miles de cuevas –quemándolas o, incluso, dinamitándolas– con el propósito de
matarlos (Tuttle y Moreno, 2005:12, 16).
Además, los servicios que prestan los murciélagos al ecosistema y a la socie-
dad humana son ignorados. Una muestra, es el uso indiscriminado de pesticidas a
pesar de su presencia. Y su función como polinizadores también es poco conocida
entre la ciudadanía (Sanjurjo,
et al
, 2007:101).
El murciélago como “víctima” de la conquista española
El resultado del choque de la cultura europea y las culturas americanas, en el
caso de la percepción de los murciélagos, parece obvio. La opinión europea se im-
puso. Así, el murciélago que antes era por lo menos respetado, llegó a ser temido,
aborrecido y vinculado a los chupadores de sangre. Los murciélagos son, la ma-
yor parte de las veces, odiados sin fundamento. Ya que son pocas especies las que
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La naturaleza como víctima de la conquista Española caso: los murciélagos
significan un riesgo real (Sólo existen tres especies hematófagas en América, de
entre las más de 800 existentes, dichas especies son:
Diphylla ecaudata
,
Diaemus
youngi
y
Desmodus rotundus
). Las demás son frugívoras, insectívoras, piscívoras o
nectarívoras y prestan valiosos servicios al ecosistema como controladores de pla-
gas o polinizadores (Tuttle y Moreno, 2005:28-31).
Al margen que las creencias sobre los murciélagos afectaran a algunas espe-
cies, otras podían verse beneficiadas con la nueva actividad humana. Por supues-
to, esto era posible por ser los murciélagos un grupo biológico muy amplio. ¿Qué
especie pudo beneficiarse con los cambios que trajeron los europeos?
El murciélago vampiro (
Desmodus rotundus
), la especie más peligrosa de
quiróptero en el mundo es la que pudo beneficiarse más. Hay varias razones para
aseverar esto, pero sólo se destacarán dos de ellas: El efecto del ganado y el efecto
de la ignorancia de los europeos al lidiar con los ecosistemas americanos.
El efecto del ganado. Al incrementarse el alimento disponible, en cantidad y
en variedad de presas, es posible que las poblaciones de Murciélago vampiro se
hayan incrementado (aunque no se tienen registros de cómo eran las poblaciones
al tiempo de la llegada de los españoles). La razón es que las presas nativas eran
más pequeñas que los caballos y las vacas que venían del viejo mundo y, por eso,
esta fauna resultaba un alimento interesante para los vampiros. No es de extrañar
que, desde los primeros colonizadores, existieran registros de ataques de murcié-
lagos sobre caballos y ganado en general en todo el continente (Schneider y San-
tos, 1995: 356).
El efecto de la ignorancia de los europeos para lidiar con los ecosistemas
americanos. Desde su llegada, los españoles fueron atacados por los murciélagos
vampiros. Una de las razones era el cambio en el proceso productivo local y el
desmonte resultante (Schneider y Santos, 1995: 355). Lo que sucedía era que, al
devastar el ecosistema para establecer cultivos europeos, la fauna local disminuía
(ya fuera por muerte o por migración) y los quirópteros tenían que alimentarse
de la única presa restante: el humano. Porque
Desmodos rotundus
no tiene prefe-
rencia por la sangre humana, pero busca otras opciones para sobrevivir si las de-
más presas se terminan (Schneider y Santos, 1995: 360).
Considerando el ejemplo de los murciélagos, tal vez resulte pertinente cues-
tionar si la opinión heredada de la conquista es la más adecuada para el ecosiste-
ma. O aún, para las poblaciones humanas ya que se merma a las especies que le
son útiles y se favorece a aquellas que son potencialmente dañinas. Tal vez en la
actualidad, que se habla de sustentabilidad, conservación y políticas “verdes”,
pueda ser conveniente reconsiderar y revertir, en la medida de lo posible, los pre-
juicios contra elementos de la naturaleza que, sin ser necesariamente perniciosos
han sido amenazados por desconocimiento o la imposición de creencias ajenas a
esta parte del mundo.
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Agradecimientos:
Al Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (CONACyT) por fi-
nanciar esta investigación a través de la beca número 194009. A la Doctora Ana
María Escofet Giansone, por sus comentarios y recomendaciones durante la dis-
cusión del trabajo. A la Maestra en Ciencias Claudia Patricia González Lozano
por su apoyo en la revisión del documento. Y al Maestro en Ciencias Aldo Gueva-
ra-Carrizales por el apoyo logístico para la elaboración de este trabajo.
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