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Notas para una biografía futura de Innovación Educativa

Xicoténcatl Martínez Ruiz
Instituto Politécnico Nacional, México

Notas para una biografía futura de Innovación Educativa

Innovación Educativa, vol. 16, núm. 70, 2016

Instituto Politécnico Nacional

Tras los años de publicación ininterrumpida de una revista académica subyacen las historias, las promesas, los sueños, el compromiso con el saber, el trabajo arduo no siempre evidente y, en especial, el anhelo por tender un puente de comunicación entre la investigación y la sociedad. Este anhelo anima el comienzo de un proyecto de revista. Un comienzo que puede ir acompañado de incertidumbre. Pero nada supera la pasión y el magnetismo que están presentes cuando se inicia un proyecto editorial de este tipo y se sostiene a lo largo de la enorme prueba del tiempo. ¿Es posible comunicar ese magnetismo? Y si fuese así ¿cómo se insinúa en unas notas para una biografía futura de Innovación Educativa, con especial referencia al trabajo de tantas personas que han colaborado en ella? El valor de una publicación periódica no sólo se mide por el número de años que acumula ni por los índices en los que está inscrita, sino por su impacto social, su contribución al conocimiento, su trascendencia para configurar un mundo mejor y, sobre todo, su diálogo con los tiempos.

Es muy probable que en el futuro alguien pueda escribir una biografía completa de Innovación Educativa, que hoy alcanza los quince años y setenta números. Por ello, en estas páginas esbozaré únicamente algunas notas, eso sí, teñidas con una búsqueda de sentido y un tránsito por la memoria. Desde la memoria detenida en la tinta, el tiempo en silencio, los ecos rítmicos del diálogo entre la letra y el lector, entre escuchar y ver la historia que guardan las tipografías, los papeles, la tinta y los diseños, se puede mirar de manera crítica lo que nos guía: el contenido. Entender el lugar de una publicación académica y sus contenidos es una manera de valorar su significado en las sociedades actuales y el modo en que se genera y se gestiona el conocimiento.

Si algo podemos observar en la “biografía” de una publicación periódica es su correspondencia con los tiempos. Con sus índices, temáticas, colaboradores y editores las revistas reflejan un ritmo que fluye en ciclos de apertura y cierre; sus páginas se vuelven una forma de istor, porque son testigos de cambios sociales, de lo que acontece, de la dinámica educativa y de los giros económicos. En estos ciclos y en la manera de retratarlos se configura la complejidad que define el carácter de cada revista. Al mirar ese ritmo de ciclos en perspectiva encontramos una presencia en las letras que se agolpan en cada página. El ciclo se abre y se cierra por una constante que, sin más, define los años de vida de una revista: la pasión con la que se habitan las ideas, las letras, el conocimiento que se genera y el cuidado de cada detalle del proceso editorial. Si en una revista, o mejor dicho, si en los equipos que la dirigen y la hacen se pierde esa pasión, entonces, lo que se ha conquistado con la palabra empieza a ser pasado, un trámite, una rutina.

Habitar las páginas de cada número es vivir sus ideas y provocar un diálogo con los tiempos. Dialogar con diversos interlocutores ha sido un propósito que hemos mostrado ininterrumpidamente en las páginas de Innovación Educativa. Habitar la tinta, el papel y las ideas se vuelve una vocación que trasciende los títulos académicos. Esa vocación –la del editor– se muestra en cada número como posibilidad, siempre posibilidad. ¿De qué? De ser un puente de ida y vuelta entre el lector y el escritor, entre el investigador y la sociedad, entre el mundo como está y como soñamos que sea. Habitar las palabras y hacer de ello una vocación son dos grandes tareas del trabajo editorial, trémulas al inicio del proceso, enérgicas al concluir cada número. Por unos instantes, confieso que al mirar la revista publicada se abre la posibilidad de que contenga todo lo que se prefiguró, de que todo esté en su lugar y de que sea el ideal. Pero sin aviso, como un relámpago, el número prefigurado no es tal, se advierte un espléndido error o las ideas no resuenan en el papel como en la mente y el corazón. Es inevitable mirar con escrutinio y sospecha el número fuera de prensa, pues sin duda falta algo, aunque todo parezca estar. Así, el número siguiente se vuelve a prefigurar como el ideal, como el más importante; se abre una vez más la posibilidad de que lo impreso corresponda con el ideal.

La sensación de algo que aún no llega acompaña esa posibilidad, anima el hambre por la búsqueda… algo se escapa en cada número editado, o quizá la ilusión es capturar lo inasible. Si algo se celebra para Innovación Educativa al llegar a su década y media es que sigue siendo búsqueda, posibilidad y libertad. Esta última tiene que conquistarse todos los días, en cada página, en cada número, en cada artículo, en cada tema, año con año. Esa libertad es búsqueda en medio de la asfixia burocrática y la estrechez de visión. Mas la libertad es exigente y sencilla a la vez, y, además, debe merecerse. Algo que Innovación Educativa ha logrado en estos quince años es merecer su libertad, ser posibilidad y tener como impulso la búsqueda continua que hoy nos configura.

Un diálogo con los tiempos impregna las tres épocas de la revista, desde 2001 hasta la fecha. Innovación Educativa es hija de nuestro siglo y sus tres épocas las han construido grupos de personas comprometidas, aquellas en la lista del equipo editorial que muchos no leen. Haré un recorrido general por los nombres, que son la sustancia y el color de las páginas.

La revista Innovación Educativa inició en 2001 como una publicación bimestral de nueve secciones, coeditada por la Secretaría Académica y la Coordinación General de Comunicación Social y Divulgación del Instituto Politécnico Nacional (ipn). Por ello, su primer enfoque fue comunicar noticias, extractos de documentos institucionales o federales de política educativa, artículos ya publicados, textos sobre el modelo educativo del ipn, reseñas y ensayos escritos por los docentes del mismo instituto. La enorme labor inicial la llevó a cabo su primera editora, María Luisa Erreguerena Albaitero. Ella obtuvo el primer registro de la Secretaría de Gobernación, y como editora responsable armonizó la legalidad con el diseño y un contenido brillante. Ese primer proyecto creció sobre una base de calidad editorial. El trabajo de María Luisa floreció y hoy es un árbol joven que se ramifica. Sin ese esfuerzo de origen, sin su empeño, este día no estaríamos hablando de los quince años de la revista.

Tiempo después, en 2004, Innovación Educativa se expandió y creció: la segunda época dio inicio incorporando elementos estructurales, como un Comité Editorial de once académicos y más imágenes. La figura del director de la revista se volvió gradualmente honoraria, como lo es aún, en gran parte debido a las enormes tareas y compromisos que tiene un secretario académico del ipn. Pero hubo brillantes y lucidas excepciones. En 2006, la edición quedó enteramente a cargo de la Secretaría Académica del instituto y se incorporó una estructura relevante que constituye una de las bases del crecimiento de las revistas académicas: el Comité de Arbitraje, separado del Comité Editorial, y los primeros registros en Latindex y clase. Finalmente, en 2008, Innovación Educativa pasó a ser trimestral. Una gran labor impregnó sus páginas durante esta segunda época; en sus directorios se encuentran los nombres de quienes realizaron cada número y mantuvieron con su trabajo el compromiso editorial, entre ellos, Alicia Lepre Larrosa, Xóchitl de Luna Bonilla, Julieta Arredondo, Juan Carlos Sepúlveda y un Comité Editorial diversificado que también creció.

En estos quince años edificamos, con todos los colaboradores de Innovación Educativa, un mecanismo que conecta realidades, áreas de conocimiento, construcciones lingüísticas y maneras de vincular la investigación con el ámbito académico. Ahora, después de este largo periodo podemos decir que seguimos edificando. La tercera época se ha nutrido de una ambrosía: la renovación. Renovar no significa meramente presentar una novedad, exige reconocer lo que ya existe, la riqueza que se erige con el trabajo cotidiano y el compromiso de todos los que nos antecedieron. Así, en 2012, Innovación Educativa comenzó su tercera época con el verbo renovar. Los comités editorial y de arbitraje se reconstituyeron para ampliar los horizontes a tres continentes, por lo que algunos de sus nuevos integrantes provienen de Alemania, Francia, India, Kenia, Reino Unido y Singapur. El enfoque en el mecanismo de arbitraje de los artículos por pares y a ciegas representó un gran esfuerzo que hoy podemos sostener gracias a la dedicación y al profesionalismo de cada miembro de estos comités. Esta clase de evaluación es una tarea prioritaria que ha permitido sostener la objetividad en la producción y la gestión del conocimiento científico, aun en medio de los embates diarios y de las presiones individuales. Han sido demandantes las tareas de esta tercera época, pero ahora gozamos de los frutos: Innovación Educativa es una revista internacional, posicionada en diversos índices –el del Conacyt, México y SciELO Citation Index son los más recientes– y bases de datos nacionales y extranjeros, como SciELO y Web of Science de Thomson Reuters.

La renovación también recorrió la estructura temática de la revista. Ahora son cuatro las secciones que integran este proyecto editorial, en contraste con las nueve que tuvo en su inicio: Aleph, Innovus, A dos tintas y Exlibris. La sección Innovus, por ejemplo, es un espacio que trasciende las limitaciones monotemáticas. En el término innovus encontramos una manera de invitar a ver dos veces el mismo objeto, a percibir de otra manera lo que ha estado presente pero debe ser escuchado con otro lenguaje, palpado con otro tacto, captado con otra mirada y mediante algo común a todos los sentidos: el asombro. La capacidad de asombrarse es lo que alimenta la innovación, y el indecible prurito por innovar es lo que nos exige que nos renovemos. Estas secciones temáticas son una ruta de temas por investigar, una secuencia que da la pauta para reconstruir un argumento y restructurar las posibles aproximaciones a las problemáticas educativas actuales. Si esa ruta se mira en perspectiva, un biógrafo apreciará que en su tabla de contenidos Innovación Educativa ha ofrecido pistas, propuestas, soluciones, reflexiones sobre problemas y aciertos que hoy nos ocupan en el ámbito de la educación.

La tercera época tuvo un sello de escritura, claridad y argumentación en la Editorial de Daffny Rosado, quien tenía claras la necesidad y la pertinencia de las revistas académicas en la vida de las instituciones de educación superior. Xóchitl de Luna siguió aportando con su entusiasmo y análisis durante el primer año de esta etapa. Luego, el equipo editorial se renovó con Raquel Ruiz Avalos, quien nutrió sueños y nuevos proyectos. El profesionalismo de Pedro Molinero es visible en la pulcritud de los detalles de la formación de cada revista. También se refleja en su apertura para escuchar cada observación, cada sugerencia que le envío, y en su indecible habilidad para traducir los conceptos en imágenes. La construcción conjunta de la revista implica también el trabajo de corrección de estilo de Kena Bastien, cuyos cuidado y formidable visión para corregir son talentos imprescindibles, como lo son también las traducciones de Sanam Esgui, entre otros traductores. Asimismo son imprescindibles los proveedores, los bibliotecarios que la reciben y ofrecen, los lectores –docentes, investigadores, profesionales de la educación, estudiantes de posgrado y público en general– y todos los jóvenes que siguen la revista, así como los diversos productos asociados que llevan el sello de esta Coordinación Editorial del ipn. También con gran compromiso, un joven ejemplar de nuestro instituto ofrece su servicio social con entusiasmo: Antonio de Jesús Cruz, quien ahora forma parte de la historia de la revista. Agradezco a todos los colaboradores que han ofrecido su tiempo al crecimiento de Innovación Educativa.

Al inicio de este 2016, me detengo en cuatro nombres que ahora integran el Directorio: Miguel Ángel Álvarez Gómez, Secretario Académico del ipn; Beatriz Arroyo Sánchez, Ricardo Quintero Reyes y Juan Jesús Sánchez. La naturaleza de Beatriz Arroyo Sánchez –cuyo trabajo puntual y ejemplar sostiene la organización administrativa– le permite trascender los retos cotidianos; su compromiso excepcional anima al equipo, no sólo de la revista, sino de la Coordinación Editorial y sus diversos productos. Juan Jesús Sánchez se integró recientemente y aprende con mucha disposición del equipo editorial. Ricardo Quintero Reyes ha reconstruido las relaciones de distribución de la revista; con acertada inteligencia y sincero compromiso entabla el diálogo con otras instituciones, encuentra soluciones de distribución y divulgación acordes con los tiempos. Los tres jóvenes son un gran ejemplo de virtud en el diálogo, la apertura y el intercambio continuo entre nuestra institución y el mundo; una institución que diariamente renovamos y que nos cobija como un árbol generoso, lleno de vida, que se ramifica de manera natural sin que nada lo detenga.

El número 58 fue el primero de la tercera época. ¿Qué significó? El mensaje de la renovación no sólo fue un cambio de formato y de diseño, sino que implicó una serie de proyectos de acción resultantes de un extenso análisis de las publicaciones del ipn cuyo propósito era específico: comunicar cómo las publicaciones académicas de este tipo son más que simples impresos, porque construyen una estructura dinámica de vinculación, internacionalización y experiencias. Hay una riqueza, no siempre evidente, que resulta de la edición de estas revistas. Esa riqueza latente es una especie de plusvalía que transformamos en diez nuevos proyectos a los que dimos vida en esta Coordinación Editorial. Los enlisto enseguida.

El Premio de Ensayo Innovación Educativa, dirigido a jóvenes; el taller Escribir para publicar, dirigido a tesistas del ipn; la colección de libros Paideia Siglo xxi, que concluirá dignamente su ciclo en este 2016; la serie de coediciones y traducciones acordadas con instituciones nacionales e internacionales, cuyas temáticas han sido poco atendidas en el ámbito de las ingenierías, pero que son necesarias en el mundo actual. A lo anterior se aúnan el Programa de fomento a la escritura de artículo científico, que ha asesorado a docentes para que publiquen; el Censo de publicaciones periódicas del IPN 2013-2015, con el que se brinda asesoría a diversas publicaciones periódicas del IPN, de modo que establezcan una ruta que les permita crecer. El proyecto de marketing digital para difundir a diversos lectores los contenidos publicados ha sido prioritario, pues incorpora el conjunto de herramientas de software libre y redes sociales para facilitar y favorecer la comunicación académica.

Los seminarios temáticos y el coloquio anual son dos proyectos para fomentar la discusión de ideas y la divulgación que nos permite vincularnos con otras instituciones y países donde se distribuye la revista. La organización del coloquio anual ha implicado una apertura a la crítica y el encuentro con diversos académicos de otras latitudes y culturas.

Otro proyecto sistemático, pero necesario, ha sido el de la divulgación de los productos publicados mediante presentaciones, coloquios, mesas redondas, seminarios, entre otros. Cierra la lista de proyectos el que hemos llamado “Más que tinta y papel”, un esfuerzo digital para brindar el acceso abierto a todo lo que publicamos: enlaza artículos, números completos de la revista, capítulos, libros, traducciones con videos, entrevistas, descargas de materiales, libros electrónicos y un boletín informativo temático que busca ser una herramienta pedagógica que condensa, en una página, materiales académicos con diversos lenguajes y para públicos heterogéneos.

El fundamento de estos diez proyectos, que hoy crecen y se diversifican, ha sido fortalecer un eje: la revista Innovación Educativa. Los menciono, porque es muy común –aún en nuestro tiempo– encontrar opiniones que consideran el trabajo editorial de las revistas académicas indizadas y arbitradas como una mera labor de corrección ortográfica. La estrecha visión de esas opiniones debe cambiar en México. El país tiene una enorme tarea con las revistas de investigación indizadas y arbitradas; es necesario darles su lugar y generar una cultura de gestión educativa que las fomente. Esta es una labor que no es sólo significativa para el trabajo académico, pues también contribuye a la equidad social en el momento en que ese conocimiento –resultado de la investigación financiada con fondos públicos– se ofrece a la población. Esto genera una diferencia económica en los países.

Me encamino hacia el cierre de estas notas. Las experiencias que pueden renovar un proyecto de revista y su mensaje nos llevan a reflexionar sobre nosotros mismos en dos ejes: nuestra pertinencia como proyecto académico y la manera de renovarnos. La reflexión misma significa un ejercicio de renovación que, como tal, nos exige un autoexamen. En la renovación está implícita la autorreflexión, y esta no sólo se aplica a los quince años de Innovación Educativa, sino a las ocho décadas del ipn, porque no hay crecimiento si no reconocemos la riqueza que tenemos. Renovar es tomar conciencia de aquello que ha quedado atrás, pero permanece, se entrelaza con el presente y nos arroja a la conciencia del tiempo y de lo que hemos perdido. La renovación de una revista, de una institución, de una persona, de nosotros mismos también exige la habilidad para escuchar el transcurso del tiempo sin caer en el vértigo de sus tres formas, pasado, presente y futuro. Renovarse es un acto de valentía, porque mediante la valentía podemos recuperar el sentido original de algo, aun cuando signifique sufrimiento, nostalgia y el esfuerzo de reconocer lo que obstaculiza nuestro crecimiento. Estas son enseñanzas invaluables del trabajo editorial, que deriva de una sed inagotable, una búsqueda de plenitud, de la página completa, una intuición cercana a la libertad y un continuo regreso al inicio.

Renovarse es cambiar sin dejar de ser, sin perder la identidad. Es por ello que la idea de renovación y el ímpetu definen estos quince años de Innovación Educativa. Renovamos un proyecto editorial sin dejar de buscar, conjuntamente, todo aquello que pueda mejorar la educación. He aquí el espíritu y la vocación original de la revista que el lector ha tenido y tiene en sus manos. En esta suma de experiencias es donde no sólo florecen discrepancias, sino virtudes; ambas permiten que brille lo mejor que tenemos. Innovación Educativa es sobre todo una revista del ipn y también el resultado colectivo de una labor que se renueva en cada número, que brota desde la inagotable fuente de transformación y conocimiento que es el Instituto Politécnico Nacional.

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