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EXPERIMENTAR NATURALMENTE Y CONOCER CIENTÍFICAMENTE. LAS FORMAS DE LA COMPRENSIÓN DEL MUNDO SEGÚN SCHÜTZ Y LUCKMANN
Eugenia Fraga
Eugenia Fraga
EXPERIMENTAR NATURALMENTE Y CONOCER CIENTÍFICAMENTE. LAS FORMAS DE LA COMPRENSIÓN DEL MUNDO SEGÚN SCHÜTZ Y LUCKMANN
Natural Experimentation and Scientific Knowledge. Ways of Understanding the World According to Schütz and Luckmann
Iberofórum. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, vol. XI, núm. 21, 2016
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
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Resumen: En el presente trabajo nos enfocaremos en relevar las distintas formas que, desde la perspectiva fenomenológica de Alfred Schütz y Thomas Luckmann, tienen los sujetos de interpretar el mundo a su alrededor. Partiendo de una primera gran distinción entre el conocimiento de la vida cotidiana y el conocimiento científico, trazaremos un recorrido entre los modos impuestos y motivados, concretos y abstractos, internos y externos, unitarios y fragmentados, de la comprensión del mundo. Con esa finalidad, deberemos también reflexionar sobre las posibilidades mismas de las distintas formas de conocimiento, y con ello, sobre la naturaleza y constitución del mundo social. Finalmente, trataremos de poner en evidencia de qué modo la dimensión temporal del mundo es la que subyace a todo proceso interpretativo.

Palabras clave: Ciencia, acervo de conocimiento, comprensión, interpretación, temporalidad.

Abstract: In the present paper we will focus on searching for the different ways in which social agents can interpret the world around them, according to the phenomenological perspectives of Alfred Schütz and Thomas Luckmann. Starting with a first general distinction between everyday knowledge and scientific knowledge, we will follow a route through the different modes of comprehension of the world: imposed and motivated; concrete and abstract; internal and external; unitary and fragmented. In this context, we will also have to analyze the very possibilities of these kinds of knowledge, and the nature and constitution of the social world. Finally, we will try to prove how the temporal dimension of the world is that which underlies every interpretive process.

Keywords: Science, stock of knowledge, understanding, interpretation, temporality.

Carátula del artículo

EXPERIMENTAR NATURALMENTE Y CONOCER CIENTÍFICAMENTE. LAS FORMAS DE LA COMPRENSIÓN DEL MUNDO SEGÚN SCHÜTZ Y LUCKMANN

Natural Experimentation and Scientific Knowledge. Ways of Understanding the World According to Schütz and Luckmann

Eugenia Fraga*
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Iberofórum. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, vol. XI, núm. 21, 2016
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Recepción: 26 Marzo 2016

Aprobación: 02 Mayo 2016

Introducción

Desde la perspectiva de la fenomenología social, el mundo es tal en tanto es comprendido (Berger y Luckmann, 1966; Schütz, 1967; Etzrodt, 2008). Pero la comprensión es en sí misma un fenómeno complejo, con múltiples facetas, las cuales intentaremos ir desplegando en el presente trabajo. Así, nos centraremos en las distinciones que realizan dos de sus referentes, Alfred Schütz y Thomas Luckmann, en el libro clave Las estructuras del mundo de la vida (1973), entre la comprensión monotética y la politética, entre la comprensión concreta y la abstracta, entre la interna y la externa, entre la natural y la científica, entre la temática y la interpretativa, y entre la comprensión impuesta y la motivada (Psathas, 1975; Wagner, 1985). Además, nos detendremos en la caracterización de ciertos aspectos fundamentales del proceso de comprensión del mundo, que resulta en última instancia incierto e incognoscible, y analizaremos asimismo los resultados de ese proceso de comprensión que logran dar al mundo la forma con que se nos presenta (Hisashi, 2014; Valone, 1976). Finalmente, trazaremos unas conclusiones que intentarán trascender la mera revisión de los puntos antedichos, pretendiendo mostrar la hipótesis de que es la dimensión temporal del mundo la que enmarca el intrincado fenómeno de la comprensión.

Comprensión monotética y politética

La comprensión es, siempre, en el marco de realidad del mundo de la vida cotidiana, comprensión recíproca. Dicha realidad se funda en el carácter compartido de una intersubjetividad interpretativa, posibilitadora de una forma de socialidad que experimenta al otro como semejante a uno, es decir, como igualmente dotado de conciencia (Schütz y Luckmann, 1973: 53-54). Esto es lo que los autores denominan la idealización de la congruencia de los sistemas de significatividades, por la cual los sujetos conciben las variaciones mutuas en la comprensión del mismo mundo como insignificantes, al menos para los fines prácticos que son los fines del mundo de la vida cotidiana. Esto implica que a pesar de las diferencias producidas por las múltiples situaciones biográficas de cada uno, la interacción fluye como si la comprensión del mundo fuese idéntica (1973: 75). Pero la comprensión no sólo está en la base de la experiencia vivida del mundo, sino también en la base de nuestras posibilidades de conocerlo. Conocer siempre es un acto acontecido a posteriori respecto del despliegue de la acción en el mundo que se busca conocer. La captación del sentido de las experiencias pasadas puede llevarse a cabo de dos maneras: monotéticamente y politéticamente. Comprender una porción del mundo de manera monotética implica captar su sentido en un sólo "golpe" de conciencia, en un único y puntual acto de aprehensión, y de manera global. Comprenderla de manera politética, en cambio, implica ir tomando conciencia parcial de cada uno de los segmentos que constituyen a esa porción del mundo como unidad, paso a paso (1973: 69-70; Yu, 2005).

A toda situación de interacción los sujetos interactuantes arriban con un acervo de conocimiento que no es sino el conjunto de las experiencias pasadas sedimentadas. Dicho acervo constituye una red de tipificaciones respecto a clases de personas, de lenguajes, de acciones, de roles, de instituciones, de motivaciones y de valoraciones, es decir, en otras palabras, que constituye un complejo esquema de interpretación del mundo. Pero a medida que las interacciones se siguen acumulando, ese acervo de saberes se va modificando de acuerdo a ellas, agregándosele las nuevas experiencias, y esto incluye desde cambios ínfimos, mínimos, hasta cambios trascendentales, vitales. Así, el futuro será interpretado siempre en función de esquemas pasados, que en cada nuevo presente se ven transmutados. Los esquemas interpretativos se ven entonces constantemente puestos a prueba en cuanto a su adecuación al mundo al que ayudan a comprender, proceso del cual se desprende el sentimiento de seguridad necesario para poder continuar utilizando el mismo acervo, al menos hasta la próxima situación de interacción (Schütz y Luckmann, 1973: 80-82; Kim y Berard, 2009).

Comprensión concreta y abstracta

Resulta necesario distinguir entre estos dos tipos de saberes: el conocimiento en presente, concreto, emergente en la situación de interacción, y el conocimiento en pasado, abstracto, producto de la tipificación sedimentada. En la rutina propia de la actitud natural de la vida cotidiana, adquirimos una experiencia directa, inmediata, de los otros y su conducta, pues aquella se une a la nuestra en contextos de sentido en la forma del hic et nunc -o aquí y ahora-. En ella, las relaciones sociales no son problemáticas en el sentido de que no requieren de interpretación más allá de la mínima comprensión de la situación necesaria para la ejecución de la acción de cada sujeto. Incluso en contextos de recuerdo, es decir, de ejercicio de la memoria en torno a relaciones sociales concretamente experimentadas, vuelve a hacerse presente la inmediatez de la vivencia pasada (Schütz y Luckmann, 1973: 83; Augier et al., 2001).

Pero el resto del tiempo, en cambio, la experiencia es pasada o proyección futura, y en ese sentido, su vivencia no es inmediata, se encuentra mediada por la abstracción, es decir, por los procesos de tipificación que nos permiten caracterizar las formas conocidas de sujetos, de acciones y de relaciones, aunque no las estemos percibiendo en el presente. Cuando el semejante es pensado en términos de contemporáneo, cuando la persona con nombre y apellido es referida en términos de un rol, es que la comprensión del otro pasa a ser solamente indirecta, pues la intimidad, la cercanía, incluso la copresencia se difuminan, porque se trata del pasaje a concebir su acción o nuestra relación a partir de su enmarcamiento en un contexto de sentido más amplio y duradero, en un panorama que por más extensivo es también menos intensivo (Schütz y Luckmann, 1973: 84-85; Diemers, 1999).

A diferencia de lo que sucede al captar de manera directa la vida consciente de un semejante, la experiencia de alguien en tanto contemporáneo resulta general y anónima, ya que sólo post hoc, es decir, después del fin de la unidad del evento, de forma que puedo adosarle a dicha experiencia ciertas interpretaciones respecto a los probables contextos de sentido subjetivos del sujeto en cuestión (Schütz y Luckmann, 1973: 88-89). Entonces, ego ya no se encuentra en orientación Tú -o Ustedes-, sino en orientación Él -o Ellos-, es decir, no ya en el plano de la segunda sino en el de la tercera persona. En otras palabras, se trata del pasaje de un tipo personal, pleno de detalles y de contenidos, a un tipo ideal, relativamente estandarizado y vacío. Pero además, ésta orientación más abstracta y general es también la que se despliega al reflexionar sobre la sociedad en sentido amplio o con cierta pretensión de universalidad, es la propia de la comprensión científica, como veremos más adelante (Helling, 1984: 93).

Comprensión interna y externa

Toda situación, explican los autores, tiene un horizonte interno y uno externo, y por ello toda situación puede ser interpretada en función de uno o de otro. Comprender una situación del mundo social en función de su horizonte externo implica que se la pone en relación con otras situaciones, experiencias y vivencias del mundo social; en cambio, comprenderla en función de su horizonte interno implica ponerla en relación con su propia historia subjetiva, tanto la objetivamente pasada como la imaginada a futuro. Dado que ambos tipos de relaciones pueden establecerse sin limitaciones, y que además cada situación puede subdividirse en ilimitadas partes constituyentes, ambos horizontes interpretativos resultan en principio infinitos. En ambos casos, además, se utiliza el acervo de conocimientos a mano para la interpretación de los elementos de la situación del caso, para seleccionarlos y ponerlos en relación (Schütz y Luckmann, 1973: 123- 125; Machlup, 1979).

Pero los horizontes interno y externo también entran en relación entre sí, a partir de la articulación entre la vivencia subjetiva de la biografía y su planificación objetiva. Lo que sucede entonces es que la duración interior de las experiencias se une a la temporalidad exterior de los proyectos del día, y los ritmos de la conciencia y de la acción cotidiana se van superponiendo. Esto lleva además a que las atribuciones de sentido a ambos planos presenten cierta correspondencia, que en realidad está sujeta a un calibramiento constante. Entonces, el curso de la vida va siendo interpretado de manera sucesiva y simultánea en función de ambos horizontes infinitos. Aquí, nuevamente, son los sistemas de tipificaciones y las valoraciones normativas que de ellos se derivan los que permiten comprender la biografía y los planes del sujeto, es decir, comprender las diversas situaciones de acción en su faz tanto pragmática como ontológica, aún en el marco de, por un lado, la interpretación rutinariamente determinada, y, por el otro, la apertura interpretativa de toda situación (Schütz y Luckmann, 1973: 104-106; Santos, 2012).

Comprensión natural y científica

A diferencia de la estructura de los saberes de las ciencias no empíricas, basada en la lógica sistemática, y a diferencia también de la estructura de los saberes de las ciencias empíricas, cuyos esquemas interpretativos están conformados por taxonomías y leyes, la estructura de los saberes que constituyen el acervo de conocimiento del mundo de la vida tiene un carácter asistemático y sus tipificaciones no son el producto directo de comprobaciones empíricas de hipótesis. El acervo de conocimiento del mundo de la vida se ve modificado constantemente, pero sólo a partir de los casos en que las nuevas experiencias discuten o ponen en duda, es decir, aportan novedades respecto a lo ya instituido y legitimado. Caso contrario, en que las experiencias simplemente se adecuen al saber ya existente, ellas funcionan confirmando los tipos interpretativos así constituidos. Es que el conocimiento cotidiano y el conocimiento científico pertenecen a distintos ámbitos de realidad, es decir, a órdenes diferentes de la vida humana, con estructuras de sentido finitas y diferenciales que, en definitiva, dan forma a mundos diferentes por los que los sujetos circulan (Schütz y Luckmann, 1973: 130-132; Baron, 1982).

El ordenamiento de la vida en diversos ámbitos de realidad es lo que explica la relativa continuidad y ruptura en los distintos modos de adquisición de conocimiento, pues según cuál sea el ámbito acentuado en un momento dado, los estilos de comprensión varían, modificándose con ellos tanto los presupuestos -lo que se da por sentado- como los problemas -lo que será necesario resolver- de cada modalidad de saber. El pasaje de un ámbito de realidad a otro, que se da en la forma de suspensión de un mundo y de "salto" hacia el otro, se dejan atrás los esquemas interpretativos propios del primero y se sustituyen por los del segundo. Ese salto, sin embargo, genera siempre ciertos "huecos", que intentarán ser llenados con estructuras de significatividades del ámbito siguiente de realidad, pero que muchas veces pueden apenas ser representados simbólicamente, sin alcanzar su comprensión cabal. Esto es lo que los autores llaman la insuficiencia de las estructuras de significatividades para la explicitación de los "enclaves" dejados semivacíos a la hora del salto entre mundos, dentro de los cuales se encuentran el cotidiano y el científico. Esto último, sin embargo, no debe confundirse con alguna idea de vacíos de conocimiento, porque ellos permanecen como repertorios reutilizables y readaptables a través de los distintos mundos (Schütz y Luckmann, 1973: 132-135; Vaitkus, 2005).

Comprensión temática e interpretativa

Comprender el mundo social es lo que lo vuelve significativo para los sujetos, es decir, es aquello que le otorga sentido. Pero Schütz y Luckmann señalan que no hay una sola sino dos formas de la significatividad: la temática y la interpretativa. Por empezar, vale recordar algo ya dicho, que no toda experiencia sedimentada en el acervo de conocimiento resulta significativa en una situación dada. Pero en caso de que lo sea, puede serlo de distintos modos. Una experiencia será temáticamente significativa si el tema que ella representa tiene relación con el tema de la situación dada. Una experiencia será interpretativamente significativa, en cambio, si ella permite ser interpretada a partir de los esquemas de comprensión que el sujeto tiene a mano. Es decir que mientras la significatividad temática es sobre todo -aunque no exclusivamente- una función de la coyuntura situacional, la interpretativa es sobre todo -aunque no exclusivamente- una función de la biografía individual. Pero queda claro que en ambos tipos de significatividad, ambas dimensiones tienen un papel (Schütz y Luckmann, 1973: 201; 204; Schaffer, 2010).

Dado que ambas categorías son, en última instancia, sólo separables analíticamente, es de esperar que ambas se entrecrucen en varios puntos. Por ejemplo, no todas las experiencias temáticamente significativas son también interpretativas significativas -pues pueden hacer falta ciertos esquemas para aprehender ciertas coincidencias temáticas; del mismo modo, no todas las experiencias interpretativamente significativas son también temáticamente significativas -pues pueden hacer falta ciertas relevancias temáticas para requerir activar ciertos esquemas interpretativos-. Por otro lado, dadas dos interpretaciones igualmente relevantes en términos temáticos, será la motivación biográfica la que determine la jerarquía entre ellas; del mismo modo, dadas dos interpretaciones igualmente factibles en términos del acervo de conocimiento poseído, será la relevancia temática coyuntural la que determine la jerarquía entre ellas. Por último, vale aclarar que, por una parte, toda interpretación mediante esquemas presupone tematizaciones anteriores, y, por otra, toda tematización pone siempre en juego esquemas interpretativos preexistentes (Schütz y Luckmann, 1973: 201-205; Göttlich, 2012).

En términos lógico-temporales, la constitución significativa del mundo, o dicho en otras palabras, su comprensión, se da del siguiente modo: primero, las significatividades temáticas determinan la constitución originaria de una experiencia como relevante o problemática; segundo, las significatividades interpretativas determinan la dirección de los procesos de explicitación de dicha relevancia y de la solución al problema planteado; tercero, nuevas coyunturas o motivaciones biográficas determinan la interrupción o la conclusión de los procesos de comprensión; cuarto, todos los elementos en interdependencia determinan la sedimentación del resultado de la comprensión en la estructura del acervo de conocimiento del sujeto (Schütz y Luckmann, 1973: 223). En particular, el proceso de explicitación de alternativas en el proceso interpretativo se despliegan como sigue: no es que la atención se fije en la diferencia entre los distintos esquemas explicativos posibles, sino que ella se fija más bien en la relación entre un primer esquema y el objeto, suceso o tema en cuestión, y luego en la relación entre éstos últimos y el esquema alternativo; lo que esto implica es que la comparación entre significatividades es siempre relacional y situada (Langsdorf, 1980: 205).

Los sistemas de significatividades, además, son los que determinan tanto las actitudes adoptadas por los sujetos como sus planes de acción. Ambas están condicionadas por toda una serie de elementos entrelazados, como las urgencias de la situación dada, los principios valorativos que las jerarquizan de manera más o menos tipificada -por ejemplo, en términos de intereses a alcanzar o de peligros a evitar-, pero también por la materialidad de la situación, constituida por la corporeidad y por la finitud del hombre en el mundo, las cuales generalmente se condensan en hábitos y tendencias cristalizadas. Las estructuras de significativas, entonces, motivan constantemente la construcción de hipótesis respecto de experiencias y situaciones, así como el sopesamiento de probabilidades y credibilidades, y la toma de decisiones temáticas e interpretativas sobre dichas hipótesis (Schütz y Luckmann, 1973: 208; 214; Schnettler, 2002).

Comprensión impuesta y motivada

Más específicamente, la variedad interpretativa de la significatividad puede adoptar dos subformas: la impuesta y la motivada. Si bien esta distinción también es solamente típica-ideal, vale la pena señalar sus rasgos característicos. La significatividad impuesta refiere a la situación en la cual una experiencia o un tema se vuelven fuertemente problemáticos, sólo accesible, situación que presiona a la explicitación expresa de una interpretación sobre ellos. La significatividad motivada, en cambio, refiere a la situación en la cual la interpretación de una experiencia o un tema se produce de manera casi automática, por la coincidencia implícita entre su percepción y los esquemas subjetivos poseídos (Schütz y Luckmann, 1973: 196-197). De más está decir que la comprensión motivada no es absolutamente "libre", puesto que siempre se despliega dentro del marco de la situación y de acervos de conocimientos legítimos; del mismo modo que la comprensión impuesta no es absolutamente "coercitiva" puesto que siempre existe un margen dentro del cual el sujeto elige entre interpretaciones alternativas (Gros, 2014: 205).

La significatividad interpretativa presenta entonces, en función de lo visto hasta aquí, dos niveles: el de la coincidencia automática y el de la explicitación del problema. A la vez, en ambos casos, la significatividad tiene un carácter doble: por un lado, porque sólo ciertos aspectos de la complejidad total del objeto o suceso percibido son puestos de relieve para su interpretación; por otro, porque sólo ciertos elementos del total del acervo de conocimiento poseído entran en juego para la interpretación. Gran parte del fenómeno a interpretar, así como la gran mayoría de los elementos de conocimiento disponibles quedan en suspenso, se mantienen no-significativos en cada situación acaecida (Schütz y Luckmann, 1973: 197-198). Entonces, tanto en la comprensión impuesta como en la motivada -aunque de diversos modos- se produce el efecto de "captación" de cierto tema y de "activación" de ciertos saberes (201; Weigert, 1975).

Comprensión incierta e incognoscible

Tras cada nuevo proceso de interpretación, la premura del mundo práctico en que se mueve la mayoría de su tiempo el sujeto lo lleva a presuponer, de manera implícita, que un tema quedó cerrado, o que una situación acabó de comprenderse, es decir, que el proceso interpretativo se cerró, que concluyó de manera definitiva. Sin embargo, el proceso interpretativo nunca es definitivo, y esto no solamente porque muchas de las situaciones posteriores en la que se encuentre el sujeto volverán sobre temas ya experimentados pero de maneras que aportarán nuevos saberes sobre él. El proceso interpretativo es inevitablemente abierto, pero de un modo mucho más profundo: por la opacidad del mundo de la vida. A veces esta opacidad constitutiva llega a ser captada de manera mínima en el marco de ciertas situaciones altamente problemáticas o en casos de situaciones que ponen en duda interpretaciones anteriormente validadas. Sin embargo, allí, la profundidad ontológica de la opacidad del mundo se aparece apenas como una opacidad parcial o circunstancial, de un tema específico o de una porción limitada del acervo de conocimiento, pero nunca del mundo en su conjunto. Los autores afirman, empero, la limitación fundamental del conocimiento, junto a la fundamental intransparencia u opacidad última del mundo de la vida (Schütz y Luckmann, 1973: 167; Hilt, 2014).

Desde esta perspectiva, entonces, se niega la posibilidad de que alguien llegue a captar "lo verdadero" del mundo, en el sentido de alguna esencia primigenia. Por las mismas razones, se vuelve necesario distinguir entre aquello que es desconocido -pero que puede dejar de serlo- y aquello que es incognoscible -y que siempre lo será-, o, en otras palabras, entre aquello sobre lo cual se carece de certeza, y la incertidumbre inherente al mundo social (Schütz y Luckmann, 1973: 183). Si el primer plano es aquel en el que todo sujeto se mueve en el ámbito de realidad cotidiano, en el mundo práctico, el segundo plano sólo es accesible mediante otras formas de conocimiento, como el científico -aunque no exclusivamente, pero aquí radica el interés principal de este escrito-. El sujeto en actitud científica comprende, de hecho, que todo sentimiento de certeza es producto de alguna forma de creencia. Sin embargo, al mismo tiempo, su escepticismo epistemológico también lo conduce a querer alcanzar grados crecientes de conocimiento, es decir, de certidumbre parcial sobre algunas cuestiones específicas. Pero el mundo de la ciencia se ve atravesado por lo incomprensible en dos sentidos diferentes: el primero acabamos de explicitarlo, y tiene que ver con entender que el mundo no puede ser entendido de manera absoluta. Pero además -y esta es una particularidad de las ciencias llamadas sociales-, porque las acciones humanas a ser interpretadas emergen por la conjunción de ciertos motivos -racionales, y por ello racionalmente comprensibles- con ciertas causas -afectivas, pasionales, irreflexivas, y por ello, en última instancia, incomprensibles- (Schutte, 1979: 184).

Es que la actitud científica conlleva el interés, no en la singularidad de los fenómenos sociales, sino en su repetibilidad típica. Lo significativo para el científico social, lo que sedimenta y acumula su acervo de conocimiento específico, es la tipicidad abstracta y general de los objetos, sujetos, acciones, relaciones y sucesos sociales. Así es como se logran alcanzar ciertos grados de predicción del futuro, pero también de explicación del pasado, respecto del mundo social (Schütz y Luckmann, 1973: 234). Por ello las motivaciones racionalizables -es decir, aquellas que son pasibles de mayor nivel de generalidad y abstracción, por la mayor repetibilidad de sus patrones-, son el objeto de estudio privilegiado dentro del ámbito de realidad de las ciencias humanas, en detrimento de las causalidades afectivas y pasionales, poco claras incluso para el actor del mundo cotidiano en su actitud natural y práctica. En este sentido, los científicos sociales serían, según nuestros autores, expertos en motivaciones humanas; pero ese nivel de experticia, basado en la acumulación sistemática de tipificaciones, es el límite máximo de lo cognoscible (Wilson, 1999: 216).

Los resultados de la comprensión

Volviendo al mundo de la vida cotidiana, quisiéramos resaltar ahora lo que los autores denominan los resultados del proceso de comprensión. Haciendo un pequeño resumen de lo visto hasta aquí, podemos decir que la actitud natural empuja a hacer coincidir rutinariamente la captación del núcleo de una experiencia con los saberes poseídos por el sujeto en una situación dada. Pero si dicha coincidencia no se da de manera automática, surge un problema. Frente a un problema, se inician procesos de explicitación con el fin de captar aquellas posibilidades de determinación que no se encontraban en la superficie de la conciencia del sujeto, es decir, ni en su horizonte interno ni en su horizonte externo de significatividades temáticas de las experiencias. El objetivo de todo esto es hacer manifiestas las significatividades interpretativas de una situación determinada, de modo que ellas estén de acuerdo con el estado vigente del conocimiento del sujeto. Éste proceso de explicitación, entonces, origina una relación recíproca entre lo puesto de relieve temáticamente y las posibilidades interpretativas en el marco de una experiencia problemática que requiere ser dominada. Para alcanzar ese dominio, la experiencia primeramente precisa ser interpretada, precisa adquirir un sentido, para lo cual deberá sondearse el acervo de saberes depositados por experiencias anteriores en su profundidad. Cuando finalmente se encuentran los saberes necesarios para su coincidencia con el tema definido, puede decirse que se ha resuelto el problema (Schütz y Luckmann, 1973: 225; Savolainen, 1995).

Resolver un problema es decir, el resultado de todo proceso de comprensión es el punto final aunque ya vimos que este "final" nunca es tal, aunque así sea percibidode un camino que va de lo considerado no familiar a lo considerado familiar, o también, es el camino trazado por el intento de derribar las potenciales y constantes resistencias imprevistas que la objetividad del mundo le opone a los sujetos (Schütz y Luckmann, 1973: 221). Cada nuevo resultado, más o menos "provisional" o "definitivo", agrega "nuevos" elementos al acervo de conocimiento, aunque su novedad pueda no ser más que la modificación de los elementos ya presentes en él. De hecho, dado que no hay tabula rasa del conocimiento, o "punto cero" sobre el cual se inicie la sedimentación de saberes, todo nuevo elemento sería mejor considerado como "variante" respecto de lo ya existente. Así, los saberes-variantes se van haciendo lugar, se van depositando de maneras concretas determinadas por la situación, por la experiencia de la misma y por su interpretación, en un espacio definido de la estructura total del acervo de conocimiento (1973: 222). Entonces, podemos decir que la solución de un problema, o el resultado de un proceso de comprensión, es también la transformación de algo "nuevo" -una experiencia novedosa, porque en principio no coincide con los esquemas interpretativos poseídos- en algo "viejo" -en una variante más de lo ya vivido y de lo ya sabido-. El mundo de la vida, en tanto construido por constantes procesos de comprensión, se caracteriza, como vemos, por esta dinámica entre lo viejo y lo nuevo, es decir, entre las posibilidades de determinación ya presentes en los saberes poseídos en el marco de contextos ya establecidos, y la captación siempre activa de posibilidades nuevas, de conexiones ocultas, de irrupciones desde las profundidades, y de creación de nuevos contextos (1973: 225-226; Harrington, 2000).

Conclusiones

A modo de conclusión, quisiéramos retomar la hipótesis que habíamos dejado planteada en la introducción de este trabajo: que es la dimensión temporal la que permea los procesos de comprensión que hacen emerger al mundo tal cual es vivido y conocido por los sujetos en sus diversas actitudes. Por empezar, cabe señalar que todos los conceptos de la tradición de pensamiento fenomenológica son en sí mismos temporales, además de dar cuenta del problema del tiempo: entonces, la temporalidad no es sólo objeto de estudio, sino forma de conocimiento. La temporalidad, además, es la forma misma de despliegue del flujo de la vida, de la realidad social como experimentación subjetiva de una conciencia. Ese flujo de vivencias es la forma en la que se hace presente el mundo a los sujetos. Más aún, el sujeto mismo, la conciencia, es un proceso, un movimiento, una orientación hacia el mundo, o hacia sí mismo. Y dado que la temporalidad es un fluir unidireccional e irreversible, ese mismo es el modo de ser del sujeto en el mundo. Es venir de un lado -el pasado- y dirigirse a otro -el futuro-; el presente, entonces, no existe sino como el punto que percibe -y que interpreta- lo que fue y lo que será (Costelloe, 1996).

Bajo la influencia de Edmund Husserl (1928), subyace a los autores una metaforización del tiempo no como línea, sino como horizonte o campo: funciona por mecanismos de retención -"volver a"- y protensión -"ir hacia"-, es decir volviendo sobre el pasado para avanzar hacia el futuro, con lo cual se delinea la centralidad de la figura de un péndulo. En efecto, como hemos visto, el sujeto debe tomar elementos de entre los saberes que posee gracias a su experiencia pasada sedimentada en acervos de conocimiento, para poder interpretar la experiencia en la que se encuentra presente y definir a futuro primero un plan de acción o proyecto, y luego llevarlo efectivamente a cabo, es decir, actuar. Pero de hecho toda acción es una experiencia previamente proyectada hacia delante y con un sentido otorgado a posteriori -es decir, mediante un proceso interpretativo posterior a la acción misma, y diferente al que tenía en tanto mero plan-, lo cual pone de relieve la combinación de los distintos niveles temporales en un mismo punto. Primero: el hecho de ser experiencia es lo que hace a la acción ser presente, en tanto se trata de una manifestación de la vida espontánea; segundo, el hecho de ser proyectada es lo que hace ingresar la dimensión del futuro en el análisis de la acción, en tanto el proyecto implica partir de una intención prefigurada; y tercero, el hecho de tener sentido es lo que hace ingresar la dimensión del pasado en el análisis de la acción, en tanto que él es atribuido reflexivamente a partir de su comprensión (Fraga, 2015; Muzzetto, 2006).

Bajo la influencia de Henri Bergson (1889), a su vez, subyace a los autores una concepción del tiempo que lo define no como sucesión, sino como continuidad: es el yo el que luego vuelve sobre él y lo segmenta, y es de aquí que surge la tensión entre el pensamiento -como pausa- y la vida -como flujo-. Entonces, si bien la interpretación es la capacidad humana originaria de volver significativo el mundo a su alrededor, y en ese sentido se encuentra arraigada de manera fundante a la vida en su despliegue, ella es al mismo tiempo una forma de poner en pausa, en suspenso y en suspensión, de poner entre paréntesis, de producir una epojé, sobre ese mundo en su fluir. En particular, los modos de comprensión específicamente científicos, implican una distancia aún mayor con la vida misma, en su puro acontecer, por implicar procesos de abstracción, generalización, tipificación y sistematización aún mayores que los procesos de comprensión de la vida cotidiana. Los distintos sujetos -o mejor dicho, los sujetos en sus distintas actitudes- se experimentan -y experimentan al mundo- de modos diferenciales: la experiencia Yo es la que ocurre en el presente, en el devenir continuo de la vida, y por eso constituye una unidad indivisible; pero la experiencia Mí, en cambio, es producto de la reflexión interpretativa que recorta, y por ello se refiere a parcialidades y especificidades. Sobre todo el conocimiento de tipo científico es un conocimiento de tipo inherentemente fragmentado, que tiende a la especialización, y también una forma de conocimiento asequible solamente a partir de la asunción de un rol limitado: el científico es, la mayoría del tiempo, un sujeto como los demás (Luckmann, 1983; Hisashi, 2010).

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Notas
Notas de autor

* Eugenia Fraga Candidata a Magíster en Investigación en Ciencias Sociales y Licenciada en Sociología de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Es docente en la materia Sociología Sistemática de la Facultad de Ciencias Sociales de dicha universidad, así como investigadora y becaria doctoral en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, también en Argentina. Sus temas de investigación giran en torno a la teoría social y sociológica, clásica y contemporánea, tanto central como latinoamericana. Sus publicaciones durante el año 2015 fueron: "Interpretación y comprensión. Influencias de la tradición hermenéutica en la teoría sociológica contemporánea", "El lugar de la teoría en el marxismo del siglo XX. Mannheim, Gramsci y Bourdieu", "La comunidad en Walter Mignolo. Cinco dimensiones de un mismo concepto", "La pregunta por el cambio social y su conceptualización en términos de contradicción, conflicto y crisis", "Ser, saber y poder en Walter Mignolo. Comunidades colonizadas y descolonización comunal", "Dialógica, polémica, retórica, tópica y deíctica. Las dimensiones argumentativas de la crítica" y "Walter Mignolo. La comunidad entre el lenguaje y el territorio", aparecidas en diversas revistas argentinas y del continente. Email: euge.fraga@hotmail.com

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