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Más allá de la función distintiva: la palatalidad con valor expresivo en el quechua

Beyond distinctive function: Palatality conveying expressiveness in Quechua

Rodolfo Cerrón-Palomino
Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú

Más allá de la función distintiva: la palatalidad con valor expresivo en el quechua

Indiana, vol. 33, núm. 1, 2016

Ibero-Amerikanisches Institut Preußischer Kulturbesitz

Resumen: Los inventarios fonológicos de los dialectos quechuas registran por lo menos tres consonantes palatales, a saber /č, ɲ, λ/ (representadas por <ch>, <ñ> y <ll>, respectivamente), a las cuales se suma una más en las variedades centro-norteñas: la /š/ (graficada como <sh> ). Tales segmentos, al margen de su restricción de ocurrencia dentro de la estructura silábica de la lengua, desempeñan un rol distintivo altamente productivo. Más allá de esta función básica, sin embargo, ellas juegan también un rol expresivo no menos importante: el de pequeñez, delgadez, delicadeza, y, de manera más general, el de afectividad. En la presente contribución se llamará la atención sobre este fenómeno bastante socorrido entre los dialectos quechuas no solo en el nivel léxico-semántico y gramatical sino también en la réplica del habla infantil, en la formación de los hipocorísticos, y como recurso estilístico en la literatura oral tradicional.

Palabras clave etnolingüística, quechua, palatalidad, simbolismo fónico, expresividad, hipocorístico.

Abstract: The phonological inventory of Quechua dialects contains at least three palatal consonants: /č, ɲ, λ/ (orthographically represented by <ch>, <ñ> and <ll>, respectively), to which it should be added one more, /š/ (spelled as <sh>), among the Northern-Central varieties of the languages only. These segments, aside from their occurrence restriction within the syllabic structure of the language, play a highly productive distinctive role. However, beyond this basic property, they also play an expressive function no less important, that of conveying littleness, thinness, delicacy, and what is more general semantically speaking, affectivity. In the present paper, attention will be paid to this important phenomenon highly used among Quechua dialects, not only at the lexical-semantic and grammatical level, and in the formation of nicknames, but also in other registers such as child speech and as stylistic resource in the traditional oral literature.

Keywords: ethnolinguistics, Quechua, palatality, sound symbolism, expressiveness, hypochoristics.



“El recurso al simbolismo fónico por
parte de los hablantes de quechua sugiere una
orientación en dirección del mundo que une
lo material con lo conceptual y lo natural
con lo cultural o convencional”

Fuente: Nuckolls (1996: 3).

Introducción

Los inventarios fonológicos de los dialectos quechuas registran por lo menos tres consonantes palatales, a saber /č, ɲ, λ/ (representadas por <ch>, <ñ> y <ll>, respectivamente), a las cuales se suma una más en las variedades centro-norteñas: la /š/ (graficada como <sh>). 1 Tales segmentos, al margen de su restricción de ocurrencia dentro de la estructura silábica de la lengua, desempeñan un rol distintivo altamente productivo. Más allá de esta función básica, sin embargo, ellos juegan también un rol expresivo no menos importante: el de pequeñez, delgadez, delicadeza, y, de manera más general, el de afectividad. En la presente contribución se llamará la atención sobre este fenómeno bastante socorrido entre los dialectos quechuas no solo en el nivel léxico-semántico y gramatical sino también en la réplica del habla infantil, en la formación de los hipocorísticos, y como recurso estilístico en la literatura oral tradicional. Se trata del recurso fono-simbólico a que es propensa la lengua, mostrándonos que ella es consustancial con el mundo circundante.

Antecedentes

Antes de abordar el estudio, no estará de más señalar que el recurso al simbolismo fónico es algo que está presente en el quechua como familia lingüística en su conjunto, según lo ilustramos en la siguiente sección. En tales ejemplos, como se verá, los segmentos fónicos que comparten el rasgo palatal, aparte de cumplir con su función distintiva básica en tanto fonemas, parecen responder a una motivación directa de la realidad física y sustancial de los objetos a los cuales refieren. Esta propensión a la iconicidad varía en los dialectos, y así como la ‘palatalidad’ (propiedad de los sonidos articulados en la bóveda palatina del canal bucal) adquiere relevancia en la variedad quechua de Santiago del Estero, como lo ha demostrado De Reuse (1986), lo propio ocurre en el dialecto huanca, como se verá. Pero también rasgos fónicos como la aspiración y la glotalización son recursos fono-simbólicos de amplio uso en el cusqueño-boliviano, variedad en la que la primera refleja la “expulsión del aire en la denotata”, a la par que la segunda expresa “agudeza y violencia” (como en thuqay ‘escupir’ y wikch’uy ‘vomitar’, respectivamente), tal como lo señala Mannheim (1991: 187). De igual modo, el detallado estudio de Nuckolls (1996) demuestra el recurso al empleo sistemático del simbolismo fónico en la constitución léxica y gramatical del quechua de Pastaza.

Ocurrencia restrictiva de las consonantes palatales

Los segmentos palatales de la lengua, a saber <ch, sh, ñ, ll>, tienen ciertas restricciones de ocurrencia en la configuración de la estructura silábica de la lengua. En efecto, tomando como unidad de análisis la sílaba, es de notarse que tales limitaciones se dan fundamentalmente en posición de coda final de palabra. De esta manera, la nasal palatal /ñ/ nunca ocurre en tal posición, y, en ambiente final de sílaba, solo puede darse en tanto alófono de /n/, como resultado de su asimilación a otra consonante palatal, por ejemplo en la palabra [kañča] ‘maíz tostado’; la /λ/ se da en contadísimos vocablos, todos ellos ya arcaicos: nos referimos a <sullull> ‘verdadero’, <inquill> ‘flor preciada’, <chaquill> ‘variedad de alga de río’; y, en fin, los dos primeros segmentos, es decir /č/ y /š/,solo se dan en el contexto mencionado, en tanto portadores de un significado, es decir como realizaciones de un morfema: el alomorfo conjetural {-ch} de la variedad ayacuchana (como en <icha-ch> ‘tal vez’) y el derivador atributivo {-š} del quechua central (como en <uma-sh> ‘cabezudo’). Incidentalmente, en este último caso, el morfema aludido solo se mantiene productivo en el quechua del departamento de Junín, mientras que en otras variedades, como la ancashina, va camino de su gramaticalización y univerbación, cosa que es particularmente notoria en los nombres de plantas y de animales, pero también en topónimos muy conocidos como los de <Anca-sh>, <Huara-z>, <Cara-z>, etc. Se trata, sin embargo, de un sufijo perfectamente reconstruible para el proto-quechua, y que simplemente ha desaparecido de las variedades sureñas, pues no es difícil rastrear su antigua ocurrencia generalizada dentro de la familia idiomática. 2

Raíces con palatalidad fono-simbólica

Que el quechua echa mano del rasgo palatal como recurso fono-simbólico es algo que puede constatarse tanto en el nivel léxico como en el gramatical, y en ambos casos como un recurso para expresar semas que expresan pequeñez, delicadeza, ternura, suavidad, compasión, y en términos más generales, afectividad.

De esta manera, en la esfera léxica, los fonemas socorridos son la palatal lateral <ll> y la nasal <ñ>, según puede verse en los ejemplos de (1a-b), que ilustran su ocurrencia:






En el nivel gramatical, a su turno, se descubren los sufijos diminutivos {-cha} y {-lla}, de amplio uso en todos los dialectos quechuas, aunque no siempre se den los dos en una misma variedad.

Así, por lo que respecta al primero, su empleo en el dialecto sureño, especialmente el ayacuchano, es profuso, tanto que ha captado la atención de los hablantes de otras variedades, quienes no vacilarían en señalar que no hay dialecto ‘más dulce’ y ‘tierno’ que el referido, precisamente por su recurrencia. Su registro en un topónimo como <Morado-cha-yuq> ‘(lugar) con su moradito’ (es decir, caracterizado por tener plantas de flores exclusivamente moradas) es bastante elocuente. Digamos de paso que el quechua huanca también lo registra, si bien de manera casi lexicalizada, como en <mama-cha> o <tayta-cha>, que hacen referencia a la virgen María, o a una santa cualquiera, y a Cristo, o a cualquier otro santo cristiano, respectivamente. Estamos aquí, sin duda, ante los efectos de una influencia del quechua sureño. 3

El segundo sufijo, en cambio, muy socorrido en la variedad huanca, tiene dos valores: uno como sufijo independiente con significado limitativo, cuya semántica se ha filtrado en la expresión adverbial negativa castellana ‘no más’, equivalente de ‘solo’ o ‘únicamente’, dotándola de nuevo sentido (como en <pay-lla> ‘él/ ella nomás’ = ‘él/ ella solo(a)); y el otro valor, que es el que nos interesa, como derivativo tanto nominal como verbal. En el primer caso, forma diminutivos, del tipo <walash-lla> ‘muchachito’, <kuchi-lla> ‘chanchito’, <wasi-lla> ‘casita’, etc., que a la par que expresa pequeñez envuelvede afectividad a la entidad referida; en el segundo caso, el sufijo encarece un proceso verbal, sobresaturándolo de afectividad, como en <miku-lla-y> ‘¡come, por favor!’(enunciado no solo como súplica sino como queriendo compartir emocionalmente el acto de comer); o en <liku-lla-n> ‘se fue’ (dicho de la partida de alguien muy querido, con gran pena o lástima); o, en fin, en <miku-ku-lla-a-shah> ‘me lo comeré’ (proferido por el hablante con sumo entusiasmo e inminente deleite). Dependiendo del contexto, el sufijo puede expresar también solidaridad, lástima o compasión, como cuando en un relato acerca de las penurias de alguien se dice, por ejemplo, que no solo fulano es malo con él sino que también zutano lo es: <pay-pis fiyu ka-lla-n-tak>. 4

De paso sea dicho, este uso fue caracterizado como “mujeril” por el primer gramático del quechua, a quien no se le escapó la propensión hacia su uso muy frecuente en el habla de las mujeres. 5 De hecho, cuando una madre describe los actos de sus hijos pequeños, sobre todo cuando son niños, o cuando ya mayores están enfermos o convalecientes, el empleo del sufijo resulta inevitable por no decir obligatorio.

Función expresiva de las consonantes palatales

En la sección anterior se vio como las consonantes palatales, al formar parte constitutiva de un lexema o de un morfema, les confiere a estos un valor afectivo o emocional. Y es que, según se habrá podido advertir, más allá del valor estrictamente funcional y gramatical que tales consonantes desempeñan en la constitución de fonemas y morfemas de la lengua está el hecho de que ellas reflejan al mismo tiempo el mundo subjetivo de los hablantes. Es, por decirlo de manera simple, como si en tales casos el mundo no necesariamente objetivo se impusiera sobre la lengua, haciendo que esta lo copie en parte.

En lo que sigue llamaremos la atención sobre la función expresiva que cumplen tales consonantes como recurso estilístico o de registro, tanto en el plano del léxico, esta vez del registro familiar, concretamente el de los hipocorísticos y el de los apodos, como en el género discursivo de los relatos de literatura oral, para simular el habla de los personajes. En estos dos últimos casos se pone en juego solo las sibilantes propias del huanca, por lo que su tratamiento debe considerarse un rasgo local, aunque no necesariamente privativo, antes que propio del quechua en general.

Los hipocorísticos

El empleo del rasgo palatal como recurso afectivo involucra a la sibilante /s/, la nasal /n/, la lateral /l/ y la vibrante /r/. El fenómeno está regido por una regla sistemática, en virtud de la cual, todo nombre propio castellano (por lo menos hasta el siglo pasado tomado obligatoriamente del santoral) portador de las consonantes mencionadas, al ser reajustado como manifestación de cariño, pasa por el tamiz de la palatalización en [š], [ñ], [λ] y [λ], respectivamente. 6 Nótese que en el caso de las consonantes líquidas, vale decir /l/ y /r/, el resultado desemboca en una misma palatal lateral [λ], o sea <ll>. En lo que sigue nos ocuparemos de cada uno de los casos mencionados.

/s/ → [š]. Conviene señalar en este punto, en primer lugar, que la sibilante palatal [š] en el quechua huanca, es decir la <sh>, es solo un alófono de /ş/, ya que este fonema debe manifestarse como palatal cuando aparece en contacto con la vocal /i/ en una misma sílaba (Cerrón-Palomino 1976: cap. 2, § 2.14; 1989: cap. VII, § 7.3.4). Como recurso expresivo, sin embargo, goza del privilegio de aparecer irrestrictamente en cualquier posición. Seguidamente ofrecemos algunos ejemplos que ilustran lo señalado (donde la /s/ castellana, representada por <s>, <c> y <z>, pasa a <sh>):






Como puede observarse, si bien en el contexto de vocal /i/ es obligatoria la presencia de la palatal [š] en términos estrictamente funcionales, no lo es, sin embargo, en los demás contextos, en los que deberíamos tener [ş]. Pero, evidentemente, la aparición de la variante apical en tales casos (y que el aficionado huanca busca representar como =rs=, verbigracia =waylars=, una danza típica de la región) les quitaría todo valor afectivo a los nombres, neutralizándolos, es decir privándolos de su condición de apelativos de cariño. Y es que, según la percepción de los hablantes, la variante apical [ş] es considerada como sonido ‘áspero’ y ‘tosco’ (incluso ‘difícil’ si no ‘imposible de escribir’), en comparación con la palatal, que se toma por ‘suave’ y ‘dulce’, como el habla de los niños (que en términos de ontogénesis idiomática aprenden primero esta variante y no la apical). 7

/n/ → [ñ]. La palatal nasal /ñ/, que en términos de ocurrencia dentro del sistema fonológico de la lengua es poco frecuente, adquiere sin embargo un uso exclusivo en la formación de hipocorísticos, sustituyendo a la nasal alveolar /n/. 8 Los ejemplos aportados corroboran lo señalado:






/l/ → /ll/ . En cuanto a esta sustitución, señalemos en principio que, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los dialectos quechuas, la alveolar /l/ tiene un alto rendimiento funcional en el huanca, ya que, a los pocos lexemas con /l/ tomados del aimara, como ocurre con la casi totalidad de las variedades de la familia idiomática, el dialecto vallemantarino ha incrementado su presencia en virtud del cambio regular *r> l , que lo caracteriza en su conjunto (Cerrón-Palomino 1989: cap. II, § 2.31.1). Pues bien, es esta lateral alveolar la que se palataliza en la formación de los nombres de cariño, como puede verse en los ejemplos que aportamos:






/r/ → /ll/. La vibrante /r/, en fin, deviene igualmente en palatal /ll/ en la formación de hipocorísticos. Conviene recordar, sin embargo, que una vez consumado el cambio *r> l en tiempos preincaicos, el hablante de huanca reaprendió la articulación de dicho segmento, el mismo que sin embargo es reemplazado sistemáticamente por la lateral palatal como recurso expresivo. Los ejemplos que siguen confirman lo que acabamos de señalar:






Palatalización en los apodos

Los apodos, a su turno, son también objeto de tratamiento afectivo en virtud del recurso a la palatalidad; de esta manera, nombres comunes o adjetivos que en el habla común y corriente portan una /ş/ apical cambian dicha consonante por su alófono palatal, es decir /š/ (o sea <sh>). Así, por ejemplo, palabras comunes como las de (6a) devienen en (6b), al ser tomadas como apodos:






De esta manera, los apelativos resultan, por así decirlo, ‘suavizados’ y hasta ‘enternecidos’, y ya no parecen evocar el referente neutral originario de las palabras involucradas, que sería insultante. Dicho procedimiento de edulcuración es, por lo demás, el mismo que se emplea con nombres que, léxicamente, expresan delgadez, pequeñez o poquedad, como en los casos vistos de (1), pero que en el registro del habla familiar intensifican su carga expresiva. Así, por ejemplo, si bien /λapsa/ ‘delgado (dicho de objetos laminados)’, /takşa/ ‘pequeño’ y /aşlla/ ‘poco’ portan /s/, en el primer caso, y /ş/ en los dos restantes, estos devienen en /š/, sobresaturando la afectividad de los lexemas involucrados, es decir se tiene: <llapsha>, <taksha> y <ashlla>, en cada caso.

La palatalidad como recurso estilístico

La variante palatalizada de /ş/, es decir [š], es empleada también en otros registros: como un recurso propio de los relatos orales en lengua nativa y como el habla simulada de los danzarines enmascarados de las fiestas patronales. En cuanto al primer caso, en nuestros trabajos de campo efectuados en abril de 1972, concretamente en el distrito de Muqui (Jauja), pudimos escuchar y registrar algunos relatos de labios de la anciana María Rosa Quiñónez (entonces de 88 años), en los que los personajes de los cuentos de niños hablan usando exclusivamente la sibilante palatal. Y así, en el cuento del zorro y del cóndor, el primero le pide al segundo que lo lleve al cielo:






En el texto, como puede verse, la <sh> palatal reemplaza a la /ş/ apical que, en el habla normal, resulta obligatoria, como puede verse en:






Se trata, como se ve, de un artificio narrativo interesante en el que la habilidad del narrador se muestra en el manejo intencional del recurso mencionado, guardando nítidamente por separado los discursos tanto del narrador (en cuya performance se manifiestan libremente los alófonos de la sibilante, sea apical o palatal) como los de los protagonistas del cuento (quienes usan exclusivamente la variante palatal).

En el segundo caso, es decir en el habla ‘aniñada’ de los danzarines, es general el apeo de la sibilante apical a favor del empleo exclusivo de su variante palatal, en especial entre los enmascarados, cuando hablan entre ellos o se dirigen a los espectadores, logrando en esta oportunidad un efecto irrisorio y burlesco. En ambos casos se trata de imitar el habla de los niños que, como se dijo, demoran en articular la sibilante apical.

A manera de conclusión

En las secciones precedentes hemos tenido la ocasión de ver el uso fono-simbólico de las consonantes palatales, por un lado, como recurso adicional consolidado del léxico y la gramática, en el funcionamiento natural de la lengua; y, por el otro, como expediente estilístico y circunstancial en los parlamentos de los actores de los relatos orales infantiles y en el habla de los personajes disfrazados de las fiestas tradicionales. Entre ambos usos está el recurso acústico de la palatalidad en la formación de hipocorísticos o nombres de cariño y en el tratamiento de los apodos, que pertenecen al campo léxico. En estos casos, así como en el empleo del rasgo fónico mencionado en registros estilísticos propios de la narrativa oral y del habla simulada de los disfrazados, estamos ante el funcionamiento de reglas fonológicas alternas, igualmente sistemáticas, que el hablante aplica, en el registro o en el contexto pragmático apropiado, transgrediendo paradójicamente las reglas que subyacen a la estructura inmanente de su propia gramática. Es como si, en tales circunstancias, el hablante gozara de una suerte de amnistía o de una licencia especial de carácter fonológico para echar mano de los recursos mencionados en función de su intencionalidad, en este caso la expresividad de su mensaje, que copia o hace eco del entorno natural y cultural, más allá del enunciado puramente léxico y gramatical.

Referencias

Cerrón-Palomino, Rodolfo 1976 Gramática quechua: junín-huanca . Lima: Ministerio de Educación/Instituto de Estudios Peruanos ( iep ).

Cerrón-Palomino, Rodolfo 1989 Lengua y sociedad en el Valle del Mantaro . Lima: Instituto de Estudios Peruanos ( iep ).

Cerrón-Palomino, Rodolfo 2008 Voces del Ande. Ensayos de onomástica andina . Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú ( pucp ).

De Reuse, Willem J. 1986 The lexicalization of sound symbolism in Santiago del Estero Quechua. International Journal of American Linguistics 52(1): 54-64. http://www.jstor.org/stable/1265502

Lara, Jesús 1979 La poesía quechua . México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Mannheim, Bruce 1991 The language of the Inka since the European invasion . Austin: University of Texas Press

Nuckolls, Janis B. 1996 Sounds like life. Sound-symbolic grammar, performance, and cognition in Pastaza Quechua . New York/Oxford: Oxford University Press

Santo Tomás, Domingo de [1560] 1994 Grammatica de la lengua general del Peru . Edición facsimilar, transliteración y estudio preliminar de Rodolfo Cerrón-Palomino. Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica

Notas

1 Aquí, y en adelante, emplearemos, al referirnos a las consonantes palatales, y siempre que ello sea posible, las grafías correspondientes al alfabeto tradicional del castellano. Nótese, asimismo, que la doble barra “/ /” se emplea para la representación fonológica, los corchetes simples “[ ]” para la notación fonética, los corchetes angulados “<>” para la representación ortográfica, y las llaves “{ }” para encerrar los morfemas dentro de ellas.

2 Tanto en los topónimos, como <Urco-s>, <Pampa-s>, etc., en los que la <s> es erróneamente interpretada como la ese española; pero también en un nombre como <luntusa>, una variedad puneña de papa, que solo puede provenir de *runtu-š ‘a manera de huevo’, con su consiguiente adaptación al aimara. Para este punto, ver Cerrón-Palomino (2008: II-4, § 1.1).

3 De hecho, en los distritos más australes de Huancayo, como Sapallanga y Pucará, lindantes con pueblos que hacen uso de la variedad sureña del quechua, el empleo del diminutivo -cha es profuso, como en walash-cha ‘muchachito’, wamla-cha ‘muchachita’, etc

4 Esta particularidad del quechua hace que el quechuista cochabambino Jesús Lara estalle en apreciaciones subjetivas como las siguientes: “No hay en el mundo un lenguaje en el cual se pueda manifestar con un solo verbo tantos estados de ánimo, tantos grados de dulcedumbre, o de ternura, o de pasión, o de ira, o de desdén. El quechua adquiere en estos casos la flexibilidad del manantial que se desliza por la pradera desgranando las músicas más sutiles y reflejando todos los caprichos de la luz” (Lara 1979: 48).

5 Dice, en efecto, el Nebrija indiano: “Acerca desta partícula lla es de notar que [...] es ornato, y haze al nombre o verbo a que se añade término más effeminado y mugeril; y que las mujeres comúnmente usan más de los términos en que la tal dictión lla se pone, que no los varones, aunque ellos también usan dellos” (Santo Tomás 1994: xxii, fol. 65).

6 La formación de hipocorísticos sigue un procedimiento sistemático que no será tratado aquí, pues sería objeto de otro estudio. Baste con señalar, para los efectos del presente estudio, que en principio todo nombre de más de dos sílabas debe ser abreviado de tal manera que no supere ese número, a menos que haya que marcar el género de los mismos: así, <Victu> vale igual para <Victor> como para <Victoria>; pero entonces, para desambiguarlos, se tienen <Victu-chu> y <Victu-cha>, con clara adopción de la distinción de género castellano sobre el diminutivo quechua {-cha}.

7 De hecho, en opinión de los hablantes de quechua huanca, el dialecto de los ancashinos (que solo conoce la variante palatal /š/), por ejemplo, es tildado como ‘habla de niños’.

8 Esta misma regla, al igual que la anterior, aplica también en la formación de nombres de cariño en el quechua de Santiago del Estero, según nos lo ilustra De Reuse (1986: 57-58), y con seguridad es igualmente familiar en otros dialectos que conocen la sibilante palatal.

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