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La tormenta perfecta: Ideología de género y articulación de públicos
A tormenta perfeita: Ideologia de gênero e articulação de públicos
The perfect storm: Gender ideology and publics articulation
Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro), núm. 27, 2017
Centro Latino-Americano em Sexualidade e Direitos Humanos (CLAM/IMS/UERJ)

Dossier


Recepción: 01 Agosto 2017

Aprobación: 07 Septiembre 2017

DOI: 10.1590/1984-6487.sess.2017.27.09.a

Resumen: Este artículo explora tres interpretaciones del debate sobre ideología de género en Colombia a fines de 2016: como estrategia política, como recurso retórico y expresivo, y como resistencia al cambio en las relaciones de género y sexualidad en la sociedad colombiana. Si bien las tres interpretaciones explican, cada una a su manera, lo sucedido, no obstante, son insuficientes. Se argumenta, entonces, que el uso de la noción “ideología de género” no solo facilitó la emergencia de nuevos sujetos políticos, sino también la revitalización de sectores ya consolidados políticamente. En este sentido, la ideología de género posibilitó la articulación de sectores sociales disímiles mediante la estructuración de un sentido colectivo en un momento coyuntural del país, en el cual se negociaba un nuevo pacto social.

Palabras clave: articulación, conflicto, formación de públicos, populismo, transiciones políticas.

Resumo: Este artigo explora três interpretações do debate sobre ideologia de gênero na Colômbia em fins de 2016: como estratégia política, como recurso retórico e expressivo, e como resistência à mudança nas relações de gênero e sexualidade na sociedade colombiana. Embora as três interpretações expliquem, cada uma à sua maneira, o acontecido, não obstante, são insuficientes. Argumenta-se, então, que o uso da noção “ideologia de gênero” não só facilitou a emergência de novos sujeitos políticos, mas também a revitalização de setores já consolidados politicamente. Neste sentido, a ideologia de gênero possibilitou a articulação de setores sociais dissímeis mediante a estruturação de um sentido coletivo em um momento conjuntural do país, no qual se negociava um novo pacto social.

Palavras-chave: articulação, conflito, formação de públicos, populismo, transições políticas.

Abstract: This article discusses three possible explanations of the irruption of gender ideology in public debates in Colombia in 2016, using existing literature. First, as a political strategy; second, as rhetoric and expression; third, as reaction against and resistance to change in gender and sexual orders. These interpretations are relevant but insufficient. It is argued that gender ideology not only contributed to public presence and revitalisation of already existing political actors. It also instructed a broader public, creating consensus around issues under discussion in Colombia at that time. Even more, gender ideology articulated disparate social sectors under a common sense when Colombia was negotiating a new social pact. Gender ideology has a formative dimension.

Keywords: articulation, conflicto, formation of publics, populism, political transitions.

Introducción

A fines de octubre de 1991 la costa norte de Estados Unidos fue azotada por una inusual tormenta. Corrientes atmosféricas cálidas de una tormenta tropical del sur se combinaron con corrientes frías del norte, generando fuertes vientos y altas olas. La magnitud de la catástrofe inspiró la novela La tormenta perfecta de Sebastian Jurgen (1997). Con el tiempo, el término se ha popularizado para describir la combinación y crecimiento acelerado de fenómenos que aislados son manejables, pero juntos y en las condiciones adecuadas producen resultados inesperados. La metáfora opera como hilo conductor del argumento que se desarrollará en este artículo.

Entre agosto y noviembre de 2016, el término “ideología de género” estuvo en el centro de debates fundamentales en la historia reciente de Colombia. La popularización del término inició tras las masivas movilizaciones a lo largo del territorio en contra del supuesto contenido de unas cartillas sobre convivencia escolar que promulgaría el Ministerio de Educación, pero penetró las discusiones a favor y en contra del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (Farc-EP). Ante el triunfo del “no” en el plebiscito del 2 de octubre, que buscaba la refrendación popular del acuerdo de paz, diferentes analistas se preguntaron por el papel jugado por estos debates en la decisión mayoritaria.

No era la primera vez que los derechos de las mujeres, la educación sexual y la diversidad sexual y de género estaban en el debate público colombiano. Mas sí era la primera vez que el país estaba cerca de una negociación política del conflicto armado con uno de los mayores y más antiguos actores del mismo (v.g. las Farc-EP). La ideología de género conectó dos asuntos que se habían discutido por separado, aunque en paralelo, y suscitó que una variedad de actores sociales y políticos del país hablaran de género y paz como nunca antes.

Desde una perspectiva de “análisis no coyuntural de la coyuntura” (Arango, 1997), este artículo explora tres posibles interpretaciones del debate sobre ideología de género en Colombia: como estrategia política; como retórica y expresión; y como reacción y resistencia al cambio en las relaciones de género y sexualidad. Las tres interpretaciones son ilustrativas de lo sucedido. Sin embargo, no permiten observar las consecuencias de este debate. Se argumenta que en este caso la ideología de género permitió la articulación de sujetos sociales disímiles, dando como resultado la formación de un nuevo público en el debate político.

Con el fin de demostrar el punto, se revisa literatura internacional sobre ideología de género, conflicto y género. No obstante, no se trata de una comparación punto a punto entre temas asimilables, pues los contextos políticos y culturales en que ha emergido el debate sobre ideología de género son diferentes. Por el contrario, las referencias a la forma en que el debate se ha desarrollado en otros países tiene la intención de identificar los marcos explicativos que se han usado para comprender este fenómeno. Metodológicamente hablando, se ofrece un estudio de caso en detalle, que se usa para construir conocimiento desde la especificidad en diálogo con procesos paralelos.

El artículo se organiza en cinco secciones. Inicialmente, se hace un recuento cronológico de lo sucedido, con base en información de prensa. Luego, se exploran las cuatro interpretaciones señaladas. Se concluye señalando algunas áreas a abordar ante la creciente importancia del tema1.

Antes de avanzar, es necesario señalar cómo se entiende la ideología de género en este artículo.

El término ideología de género es un ensamblaje de ideas e interpretaciones de textos, elaborado, inicialmente, durante y después de los debates surgidos en la Conferencia sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995). Documentos doctrinales inspirados en la teología de Juan Pablo II suscribían la necesidad de la diferencia sexual para la complementariedad y la común dignidad entre mujeres y hombres. Se trata de un contra-discurso creado para interpelar movilizaciones internacionales en políticas del género y la sexualidad, y promovido por una variedad de sectores que incluyen a iglesias, partidos conservadores y de derecha, grupos nacionalistas, entre otros.

Interesa para este artículo el sentido instructivo y de amplia circulación con que el término ha tomado forma y contenido, se ha actualizado y adaptado. Ideas anti-feministas, encíclicas eclesiales e iniciativas contra la incorporación gradual de temas de género en políticas públicas y documentos internacionales fueron transformadas en materiales de divulgación de fácil acceso y rápida circulación. O’Leary, en The Gender Agenda (1997), uno de los textos más citados en la literatura sobre ideología de género, inicia afirmando su simpatía con las denuncias que el feminismo hace de la injusticia contra las mujeres. Luego señala que en los argumentos feministas hay errores históricos, imprecisiones teológicas y resentimiento contra los hombres. La “agenda de género” que O’Leary encuentra en la Conferencia de Beijín, y para la cual preparó parte de su libro, no es solo un asunto de feministas. A ella están vinculados promotores de planificación familiar, activistas gay, multiculturalistas, ambientalistas, neomarxistas, postmodernistas y deconstructivistas. Además, es apoyada por corporaciones multinacionales y gobiernos liberales. O’Leary elaboró un manual de formación y un manifiesto para la acción.

la noción ideología de género circula en textos que constituyen un género literario propio, con modos particulares de argumentar, interpretar y argumentar componer sus argumentaciones, a medio camino entre la narrativa literaria y la discusión de bibliografía especializada en el tema. Es por ello, que en un mismo discurso se articulan temas diversos y dispares. La literatura fundamentalista, como documento y experiencia de lectura, es, a la vez, polivalente y ambigua, monovalente e inflexible, instrumento de control y medio de resistencia (Stähler y Stierstorfer, 2009). Esa es la condición ideológica de la ideología de género como contra-discurso. Y es en esa interacción entre lo político, lo pedagógico y lo público que se va instalando como un argumento para el debate.

Formación de la tormenta perfecta

Hechos de orden local, nacional e internacional confluyeron en Colombia en 2016 propiciando la emergencia pública de la ideología de género como articulador de fenómenos sociopolíticos paralelos. La izada de la bandera gay en la Alcaldía de Bucaramanga, la revisión de los manuales de convivencia solicitada por la Corte Constitucional al Ministerio de Educación y la discusión internacional sobre la necesidad de contar con baños mixtos en lugares públicos se empezaron a asociar con la “colonización homosexual” y la presencia de ideología de género en políticas públicas. Inicialmente, entonces, la ideología de género, como una brisa templada, adapta al contexto local una tendencia internacional.

Al mismo tiempo, inició la movilización para promover el voto negativo en el plebiscito que ratificaría el acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc-EP. El principal opositor del acuerdo, el senador Álvaro Uribe, anunció su llamado al voto negativo el 3 de agosto en la Misión Carismática Internacional (Redacción, 2016d). A la crítica a los acuerdos, que aún no se conocían por completo en esa fecha, se sumó la insatisfacción con la reforma tributaria y la sospecha sobre la sustitución de instituciones de control, como la Procuraduría General de la Nación, así como la alusión al castro-chavismo. Hechos diversos, pero que estratégicamente fueron conectados en los discursos de sectores de oposición política. Para entonces, la ideología de género expresa las inconformidades de la oposición política, recoge los malestares socioeconómicos y los sentimientos nacionalistas.

A los pocos días de que Uribe hiciera pública su negativa a refrendar el acuerdo, circularon por las redes sociales unas supuestas cartillas que el Ministerio de Educación pretendería llevar a los colegios. Las ilustraciones de un comic pornográfico que aparecía en su portada encendieron las redes sociales y los medios de comunicación. El 8 de agosto, la entonces ministra de Educación, Gina Parody, salió a los medios a desmentir la existencia de tales cartillas y denunció una campaña de desinformación y manipulación en los medios y redes sociales. Lo que existía, aclaró la ministra, eran dos documentos (Redacción, 2016r): uno, preparado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, sobre ambientes escolares libres de discriminación; el otro, un documento con preguntas orientadoras sobre “identidades de género no hegemónicas en la escuela”, elaborado en conjunto con la ONG Colombia Diversa. Estos documentos fueron redactados como respuesta ante la sentencia de la Corte Constitucional T478 de 2015, que ordenaba la revisión de los manuales de convivencia de los colegios. La sentencia, a su vez, surgió como resultado de la investigación llevada a cabo tras el suicidio del estudiante Sergio Urrego a causa de la discriminación que sufrió en el colegio en que estudiaba por su orientación sexual. La falta de claridad del Gobierno respecto al tema y su actitud dubitativa, sin duda, fueron el detonante del debate.

Estos documentos fueron vistos por representantes de colegios católicos, líderes de iglesias cristianas y grupos en pro de la familia como prueba de la inclusión de la ideología de género en los manuales de convivencia de las escuelas. La diputada del departamento de Santander, Ángela Hernández, afirmó que el Ministerio de Educación Nacional adelantaba una “colonización homosexual” al querer imponer los criterios de una comunidad minoritaria a la mayoría (Redacción, 2016f). La Conferencia Episcopal Colombiana apoyó el llamado a que organizaciones de padres de familia e iglesias se manifestaran contra la “implantación” de la ideología de género, la cual definieron como “destructora del ser humano” (Redacción, 2016l). A esta altura, la ideología de género se había convertido en el motor de una organización social que poco se había visto antes.

El 10 de agosto se realizaron marchas en diversas ciudades del país en contra de los documentos propuestos por el Ministerio de Educación. En las marchas, se insistió en que el fuero sobre la educación sexual de niños y niñas es solo de la familia y en que la ideología de género es una imposición del Estado (Redacción, 2016b). Consignas del tipo “papá, mamá, diseño original” o “protejamos la familia” acompañaron las marchas. El Procurador General de la Nación, siendo funcionario público, se manifestó también a favor de las marchas, afirmando que “con el pretexto del cumplimiento de una sentencia y de una ley se están utilizando unas cartillas y manuales para adoctrinar a nuestros hijos en la ideología de género”. Señaló, además, que las acciones de la ministra de Educación podrían contribuir a “disolver la familia, corromper la niñez y quitarles la pureza” (Redacción, 2016p). La ideología de género entra, así, al debate jurídico y de políticas públicas.

Al día siguiente, el presidente de la Republica, Juan Manuel Santos, hizo un pronunciamiento en televisión, en el cual manifestó haber tenido una reunión con representantes de la Iglesia Católica y el Nuncio Apostólico, y en el cual reiteró que “ni el Ministerio de Educación Nacional ni el Gobierno nacional han implementado, ni promovido, ni van a promover, la llamada ideología de género” (Redacción, 2016n). En algo menos de dos semanas, la ideología de género había pasado de ser una sospecha a convertirse en un instrumento de control político de la oposición respecto a la gestión presidencial.

La centralidad del tema en los debates públicos puede verse en el interés que despertó en la web. Entre el 15 de julio de 2012 y el 16 de julio de 2016, ideología de género era un tema de poco interés en la red. En un período de cuatro años, se mantuvo entre el 0 % y el 1 % en el interés de búsqueda en Google Colombia (Google, 2017). Esta tendencia era del 3 % hacia el 24 y 30 de julio de 2016, del 13 % entre el 31 de julio y 6 de agosto y llegó al 100 % entre el 7 y 13 de agosto. En otras palabras, se había vuelto el término más popular en las búsquedas en Google en ese momento. El pico coincide con el momento de los debates sobre las cartillas y las movilizaciones masivas en contra de estas en las ciudades del país. El interés bajó al 13 % entre el 21 y 27 de agosto, y quedó en el 10 % entre el 11 y 17 de septiembre.

Ver en los debates sobre ideología de género y su centralidad en un momento crucial para la legitimación del acuerdo de paz solo oportunismo político o manipulación de masas desconoce la agencia de las movilizaciones sociales en torno a la ideología de género. No se trató tampoco de un hecho coyuntural, sino de la adaptación al contexto local de procesos globales de resistencia a los avances en equidad de género y derechos para las poblaciones LGBTI. La ideología de género, en el caso colombiano reciente, marcó antagonismos políticos y posicionó un nuevo actor político en el debate: el público vigilante. Ese el resultado inesperado de la tormenta perfecta.

La dimensión productiva de los debates sobre ideología de género es un aspecto poco explorado en las discusiones académicas existentes al respecto. La siguiente sección detalla los factores que llevaron a la formación del público vigilante. Posteriormente, se revisan otras posibles interpretaciones con base en la literatura existente. Estas interpretaciones, si bien ayudan a entender el caso colombiano reciente, resultan insuficientes para entenderlo si se toman aisladamente. Las tres interpretaciones que se discuten tienen en común su énfasis en el sentido reactivo de la ideología de género, mientras que este artículo enfatiza su dimensión productiva.

Ideología de género como formación de públicos

La ideología de género era un concepto que ya circulaba en Colombia desde antes de su activación en el debate político amplio en 2016. La revista Dikaion de la Universidad de la Sabana venía publicando artículos sobre el tema desde 2011. En uno de ellos, Carmen Marsal (2011) argumenta que los Principios de Yogyakarta son expresión de la ideología de género. Martha Miranda (2012), de la Universidad de Strathmore, también miembro del Opus Dei, desarrolla las diferencias entre perspectiva de género e ideología de género. La primera, desde una mirada relacional, busca igualdad social, económica, política y cultural para las mujeres sin desconocer la diferencia sexual. La segunda, inspirada en el feminismo radical, se caracteriza por una mirada individualista a los derechos, exaltando la independencia personal y descalificando los roles femeninos (Miranda-Novoa, 2012, 348). Su reconstrucción de la ideología de género se hace con base en el mencionado texto de O’Leary.

Un tercer texto explora la presencia de la ideología de género en el sistema legal colombiano (Campillo-Vélez, 2013). Su autora alerta sobre los riesgos de considerar a los organismos internacionales y sus instrumentos legales como jueces imparciales y racionales. Para ella, la Corte Constitucional colombiana ha sido un “foco central” por donde ha ingresado la ideología de género al orden legal colombiano (Campillo-Vélez, 2013, 44).

Ahora bien, si el concepto ya se conocía, ¿qué hizo de la ideología de género una práctica política en un contexto de negociación de un acuerdo de paz?

Tanto durante los conflictos como en los escenarios posconflicto se producen nuevos ordenamientos del género y la sexualidad. El debate sobre ideología de género surge en el momento de la creación de un nuevo pacto social, mediante el cual se buscaba tramitar el conflicto sociopolítico y actuar sobre sus causas estructurales, por lo cual toca directamente asuntos de democracia, participación y acción política. Estos nuevos ordenamientos, además, tienen en la educación y las políticas del conocimiento su escenario fundamental de acción. Por ello, esta tercera parte se pregunta por la dimensión productiva de la ideología de género en términos de su lugar en estos cambios, ajustes y reacomodaciones. Es esta idea la que permite conectar lo dicho previamente y es a través de ella que se puede considerar el tema tanto en su dimensión de larga duración como en las transformaciones que se dan en las políticas del género y la sexualidad en las transiciones políticas.

En el contexto colombiano, a fines de 2016, la ideología de género no solo facilitó la revitalización de sectores ya consolidados como las iglesias, sino que permitió la emergencia de nuevos sujetos políticos. A medida que la ideología de género iba ganando presencia en los debates públicos nuevas voces se sumaban a la valoración del fenómeno, la senadora Vivian Morales, promotora de un referendo para impedir la adopción por parejas del mismo sexo y personas solteras, afirmó que las marchas contra las cartillas demostraban el poder de la sociedad para decidir sobre temas fundamentales (Redacción, 2016g). Con ello se refería a la posibilidad de cambiar mediante referendo decisiones ya tomadas por la Corte Constitucional colombiana. Esta actitud de rechazo a las sentencias de la Corte ya venía de antes, pues los cambios más significativos en políticas de género y sexualidad en Colombia se han dado mediante sentencias de la Corte Constitucional. Marchas, recolección de firmas y llamados al “pueblo” como mayoría y referente básico anunciaban un populismo no asociado a una clase social subalterna, sino a una “sociedad” unida para protegerse de una amenaza. La “razón populista” (Laclau, 2005) como defensa y vigilancia.

En este sentido, la ideología de género operó como articulador de la acción de un sujeto político que no estaba presente antes en el debate público. De cierta forma, reforzaba en negativo un elemento ignorado antes: la dimensión genérica y sexual del proceso de cambio que vivía el país. Uso aquí “articulación” a la manera como Stuart Hall entendió el concepto (Hay, Hall y Grossberg, 2013). Para Hall, la pregunta por la articulación implica pensar cómo elementos ideológicos, bajo ciertas circunstancias, se ligan dentro de un discurso; implica, también, explorar cómo tales elementos se vinculan o no, bajo condiciones específicas, a ciertos sujetos políticos.

En esto, el contexto en que se da la articulación entre ideología de género y su sujeto político, es fundamental. La ideología de género hizo inteligible el lugar en asuntos de paz de sectores sociales que no habían sido interpelados por el tema. Un tema que, hasta ese momento, había estado a cargo de voces expertas.

Por eso la ideología de género no es solo una retórica, en el sentido limitado del término, sino una práctica política. Así se formó, al menos temporalmente, un público al que se le reconoció una voz y una presencia que no había tenido antes. La ideología de género convoca a un público que encuentra allí razones para organizarse y conectarse, incluso con extraños o con otros con quienes poco se tendría en común. Al generar sospecha sobre una (supuesta) agenda, la interpelación es la vigilancia y la protección. “Con mis hijos no te metas”, el eslogan de la campaña contra la ideología de género en el Perú expresa bien ese nuevo público vigilante que establece fronteras.

En el caso colombiano, el debate generado por la ideología de género fue facilitado por circunstancias muy particulares. En un momento en que estaba en debate un proyecto de nación, la distinción entre “nosotros” y “los otros” fue fundamental para tomar posiciones respecto a una decisión crucial como era la refrendación popular del acuerdo de paz. Ya Ernesto Laclau y Chantal Mouffe habían señalado que la lucha por la hegemonía inicia con la definición de antagonismos (Laclau y Mouffe, 1985). Tal antagonismo no es absoluto ni unificado en ninguno de sus lugares.

Por esto, la necesidad de ubicar al debate sobre ideología de género en un contexto en que se reconfigura el espacio político y público. Sin embargo, como se señala en la sección siguiente, tal reconfiguración no es solo una estrategia intencionada de un determinado actor político, sino el recurso a otros modos de hacer política como la movilización espiritual y de colectivos religiosos.

Ideología de género como estrategia política

Lo sucedido en Colombia a fines de 2016 tiene relación también con una corriente transnacional y multifacética que ha hecho de políticas educativas y escuelas su campo de batalla. Literatura reciente define estas movilizaciones como un “movimiento anti-género” (Kuhar y Zobec, 2017). Kováts y Põim (2015) ofrecen una cronología que organiza la continuidad y variedad de estas movilizaciones. En estas, sectores políticos y religiosos adquieren presencia en debates públicos.

En Brasil, la presencia de la ideología de género fue denunciada por la Iglesia católica en los debates sobre el Plan Nacional de Educación en 2014 y 2015. Las asociaciones entre ideología de género y dictadura, marxismo y feminismo radical, y el uso de la palabra género en inglés para enfatizar su condición foránea fueron, entre otros, los medios retóricos para construir un antagonista contra el cual convocar a los grupos de madres y padres de familia para movilizarse bajo el liderazgo de las iglesias. Una alianza entre grupos católicos y evangélicos logró la supresión de las referencias a las desigualdades de género y respeto a la orientación sexual en el Plan. Documentos elaborados por jerarcas de la Iglesia católica fueron fundamentales para orientar el debate (Fontelas Rosado-Nunes, 2015).

En Europa del Este, la ideología de género ha sido una de las banderas con que la Iglesia católica ha recuperado presencia y poder intelectual, liderando una “retradicionalización” de la sociedad (Kuhar, 2015). Si tenemos en cuenta la importancia de tener liderazgo o voz en un tema como el educativo, no se trata tan solo de recuperar poder intelectual, ganar presencia o de un debate moral. En contextos en que la Iglesia católica maneja por su cuenta un sector significativo de la educación e implementa políticas estatales al respecto, la ideología de género es también un debate con implicaciones económicas.

En Colombia, la importancia de las iglesias cristianas y de los sectores que llevaron al debate público la supuesta presencia “encriptada” de la ideología de género en el acuerdo inicial pactado entre las Farc-EP y el Gobierno se hizo evidente en su invitación a conformar una mesa de trabajo para el “nuevo dialogo político”, requerido para ajustar el acuerdo de paz luego del triunfo del “no” en el plebiscito del 2 de octubre (Redacción, 2016h). La ideología de género no fue una invención de la campaña por el “no” ni de la oposición al Gobierno, pero sí conectó sectores sociales, en particular nuevas iglesias cristianas, con el debate acerca de la paz. En este sentido, el debate sobre ideología de género fue presentado como una de las victorias de los sectores que promovieron el “no” al plebiscito.

El riesgo de definir la ideología de género solo como una estrategia de una élite política está en asumir que la movilización social es resultado de la manipulación. Es verdad que en el caso colombiano hubo estrategias de manipulación de la información para orientar el voto. Sin embargo, ver las movilizaciones como expresión de oscurantismo, pensamiento retrogrado u homofóbico, como propusieron algunos columnistas de prensa, desconoce la agencia de quienes se organizaron y participaron. Esta perspectiva reaparece también en otros debates, como el del matrimonio igualitario, en los cuales los sectores a favor se representan como parte de una modernidad ilustrada y progresista, mientras que quienes están en contra se conciben como parte de una sociedad atrasada e intolerante (Serrano-Amaya, 2012).

En Brasil, Escola sem Partido surgió como una iniciativa ante el “adoctrinamiento ideológico” en las escuelas, que luego tomó como bandera la lucha contra la ideología de género. La alianza entre católicos y evangélicos, y el desarrollo de sus estrategias de lobby e incidencia política les permitió vetar temas de género en planes educativos nacionales y regionales (Miguel, 2016). El trabajo con centros de pensamiento de derecha fortaleció su discurso y se reflejó en ideas como la de reducir el ejercicio docente a un acto de instrucción, en la concepción de la educación como servicio. Eslóganes del tipo “Meus filhos, minhas regras” (Mis hijos, mis reglas) reflejaban una reacción antiestatal. El uso de medios electrónicos permitió una amplia movilización, con pocos costos económicos y alto impacto.

Entender la ideología de género como estrategia asume una intencionalidad o racionalidad en la acción que no siempre está predeterminada. Anić(2015) cuenta que, en una campaña política reciente, la coalición cristiano-demócrata en Croacia difundió un poster que invitaba a su electorado a escoger entre el pasado, representado por una mano masculina ensangrentada que sostiene una estrella, y el futuro, representado por una mano femenina limpia y con una cruz. Para Anić, la ideología de género entró al debate político reciente en Croacia en un marco de “guerras culturales” importado de Estados Unidos por autores católicos europeos, que explicaban, desde esa lógica, la situación política del país. La historia del país, continúa la autora, es, por demás, contradictoria: durante la época socialista, cuando se necesitó a las mujeres para participar en la revolución, se promovieron modelos igualitarios en las relaciones de género. Luego, con la estabilización de la sociedad socialista, se promovieron valores tradicionales del género. Sin embargo, los cambios en las relaciones de género en el país no se dan siguiendo estas líneas temporales divisorias y se han mantenido a pesar de ellas.

Para cerrar esta sección, entonces, es importante reiterar que la limitación que tienen las explicaciones acerca del impacto de la ideología de género en la política contemporánea basadas meramente en la estrategia o la manipulación está en desconocer la agencia de nuevos actores políticos, los cuales producen otras formas de acción política, como, por ejemplo, las alianzas temporales entre sectores confesionales diversos que han sido descritas en los párrafos anteriores. Estas alianzas son formas de organización con gran capacidad de acción, sin estructuras fijas y con posibilidad de participación directa en la construcción del interés colectivo. Cómo se construye tal interés es el asunto que se desarrollará en la sección siguiente.

Ideología de género como retórica y expresión

Observando la multiplicidad de temas y la disparidad de agendas que confluyen en estas movilizaciones anti-género, algunos autores ven en el recurso a la ideología de género un “significante vacío”, un “aglutinante simbólico” (Kováts y Põim, 2015) o un “enemigo común para múltiples objetivos” (Kuhar y Zobec, 2017). Cada una de estas aproximaciones ofrece elementos de interés para explicar lo sucedido en Colombia en 2016. Sin embargo, el caso colombiano se dio en el marco de la negociación de un acuerdo de paz con efectos sociopolíticos precisos, por lo cual, la ideología de género no era un significante vacío.

La utilización universalista de la ideología de género hace pensar que se trata de un fenómeno real, con una historia propia susceptible de ser documentada por quienes denuncian su presencia. En Colombia, las publicaciones de la revista Dikaion presentan a la ideología de género como una multiplicidad de conceptualizaciones hechas en torno al género desde, al menos, los años cincuenta. La ideología de género prácticamente lo explica todo: desde movimientos por la equidad hasta transformaciones políticas y económicas globales. La ideología de género aparece hoy en lugares tan dispares políticamente como Europa del Este, Latinoamérica o Australia, sugiriendo, así, una presencia cuasi global.

Más que un asunto de imposición global, la ideología de género posibilita el uso de un lenguaje común que conecta movilizaciones que, de otro modo, estarían desconectadas o, incluso, serían opuestas. De ahí que se la explique como “aglutinante simbólico”: la ideología de género es un término sombrilla que crea un sentido común capaz de alcanzar una gran audiencia (Grzebalska, Kováts yPető, 2017). En Colombia, sectores sociales que no habían intervenido directamente en el proceso de paz o que no se habían sentido interpelados por el mismo, reaccionaron de manera masiva cuando la presencia “encriptada” de la ideología de género en las cartillas y en el acuerdo de paz amenazaba con “homosexualizar” a niños y niñas, con permitirles llevar el uniforme del género opuesto o con crear baños mixtos en los colegios. Resulta por demás curioso que iglesias en otros momentos antagónicas, como las iglesias cristianas y la Iglesia católica, encontraran en la ideología de género la causa común para trabajar en alianza. Algo que años de acción ecuménica no había logrado.

Sin embargo, reducir la ideología de género a una estrategia discursiva para ganar poder político homogeniza tanto a quienes la emplean en sus discursos como a los usos que se hacen de ella. Resultaría contradictorio criticar la homogenización que hace la ideología de género de los conocimientos sobre género, homogenizándola. Lo que se entiende por género en estas movilizaciones no es igual en todos los casos, de hecho, el significado de esta categoría varía de acuerdo con la geografía, la cultura y las tradiciones en que se le ubique geográficamente. Por esto, el impacto de la ideología de género no es el mismo en lugares donde los estudios de género y los movimientos feministas tienen una larga historia de institucionalización y consolidación, que en lugares donde estos apenas tienen participación en los espacios académicos y políticos. En suma, una lectura crítica a la ideología de género encuentra que esta no tiene un único uso ni produce los mismos resultados en todo lugar.

Tras llevar a cabo un estudio acerca de las representaciones de los temas de género en los discursos de la derecha populista en Austria, Mayer, Ajanovic y Sauer (2014)encontraron inconsistencias en los significados dados al término “género” en la construcción de un sujeto colectivo. Así, los mismos grupos que promueven la familia tradicional y se oponen al matrimonio igualitario usan argumentos de género para oponerse a la inmigración de personas musulmanas, arguyendo, por ejemplo, el privilegio masculino en esta cultura, la subordinación de la mujer y su actitud negativa a las personas homosexuales y transgeneristas. Decir, entonces, que la ideología de género es solo un asunto de prejuicios sexistas o estereotipos raciales, sería limitado.

En este respecto, resulta sugerente la propuesta que hacen Grzebalska, Kováts, y Pető (2017) de entender el rol de la ideología de género en la política y cultura de las sociedades contemporáneas como expresión de cambios sociopolíticos y económicos de largo alcance. Desde la mirada de estas autoras, en lugar de discutir la ideología en la ideología de género, el análisis se debería orientar a lo que ella nos dice de otros problemas sociales. Para ellas, la ideología de género expresa los problemas de la democracia representativa y el rechazo a aspectos del orden socioeconómico actual, como la priorización de políticas de la identidad sobre cambios en las condiciones materiales de existencia, la creciente precarización y la influencia de instituciones transnacionales en los Estados. La ideología de género no sería, entonces, solo consecuencia directa del crecimiento del fundamentalismo religioso o el extremismo político, sino parte de ajustes estructurales de mayor alcance, originados en las fallas del sistema actual.

Si bien la argumentación de estas autoras está basada en una investigación llevada a cabo en Europa del Este, donde los debates en torno a la ideología de género llevan ya varios años, es válida para el caso colombiano reciente. En particular, la relación entre el crecimiento de fundamentalismos religiosos entre sectores sociales empobrecidos por las políticas de ajuste estructural desde los años ochenta en América Latina Sin embargo, desarrollar en detalle este argumento para el caso colombiano requeriría de una investigación que sobrepasa el alcance de este documento, lo cual, empero, no deja de hacer sugerente pensar en esta clave el paralelismo entre ideología de género y la discusión del acuerdo de paz. Esto se puede afirmar, porque el acuerdo afecta directamente temas socioeconómicos y políticos de relevancia nacional, como la necesidad de una reforma rural (punto 1 del acuerdo) o la ampliación de la participación política (punto 2 del acuerdo). Visto así, el acuerdo responde a la necesidad de un nuevo pacto social que permita resolver el conflicto, de raíces políticas y económicas, que se ha prolongado por décadas. Mas este pacto social es también un pacto sexual y de género, como se desarrollará a continuación.

Ideología de género como resistencia y reacción al cambio

El acuerdo de paz resultado de las negociaciones entre las Farc-EP y el Gobierno nacional incluía un enfoque de género y menciones a la inclusión de personas y organizaciones LGBTI, como resultado del activismo tanto del movimiento de mujeres como del movimiento LGBTI, así como de la invitación que el Gobierno extendió a esos movimientos para participar en la mesa de conversaciones en La Habana. Para quienes apoyaban el acuerdo, la inclusión del enfoque de género respondía a políticas internacionales como la Resolución 1325 de 2000 de las Naciones Unidas (Redacción, 2016a). Humberto de la Calle, jefe negociador, señaló que el enfoque de género en el acuerdo reconocía el impacto diferencial del conflicto en las mujeres, la discriminación de la comunidad LGBTI y otras formas de discriminación (Calle, 2016).

Como se señaló antes, la sospecha de la presencia “encriptada” de la ideología de género en el enfoque de género del acuerdo, que, se presumía, era su “fachada”, fue un fantasma que rondó las discusiones previas al plebiscito (Redacción, 2016j, 2016k). Para explicar la victoria del “no” en la refrendación de lo pactado en La Habana, por un margen de menos de sesenta mil votos, se dieron diversas razones en medios oficiales y no oficiales: la falta de unidad en los promotores del “sí”; la limitada pedagogía de paz; el poco convencimiento que los acuerdos generaron en las bases sociales, entre otras (Redacción, 2016i). El fantasma de la ideología de género seguía presente, aunque no se quisiera invocarlo.

La información disponible hasta el momento no permite trazar una asociación directa entre el voto negativo al acuerdo final y la influencia de la ideología del género en el debate público. De acuerdo con la Unidad de Datos de El Tiempo (Redacción, 2016c), en las zonas del país donde hay un mayor número de iglesias no católicas ganó el voto a favor y el voto negativo triunfó en regiones del país que ocupan entre el cuarto y el sexto lugar en presencia de este tipo de iglesias.

El interés por el tema de la ideología de género en las búsquedas en internet tuvo un segundo repunte en la semana del 2 al 8 de octubre de 2016. Luego de descender al 12 % en la tercera semana de septiembre, subió al 30 % en la época del plebiscito y días después. Si bien no se puede establecer una relación causal directa, tampoco se puede ignorar la relevancia del tema en la decisión de los colombianos.

La literatura sobre género, conflicto y construcción de paz ofrece argumentos para entender la importancia del fenómeno. Esta literatura surge a fines de los años noventa como respuesta a la invisibilidad que los temas de género tenían en los estudios acerca del conflicto y las negociaciones de paz. Estudios de caso demostraron que mujeres y hombres son impactados de forma diferencial por el conflicto armado. Más aún, logros en participación política que las mujeres alcanzan en el marco de un conflicto armado se ven amenazados en el posconflicto, al imponérseles el retorno a roles tradicionales. Conflicto y paz, entonces, no solo involucran diferencias de género si se tiene en cuenta su impacto diferenciado, sino que son en sí mismos procesos generizados.

En el contexto de este análisis, dos nociones de estas fuentes literarias son relevantes: (a) el concepto de continuum de violencias (Moser, 2001) y (b) el de backlashes(contragolpes) de género (Pankhurst, 2008a, 2008b). El primero alude a la forma en que unas violencias y otras se refuerzan y transforman a lo largo de los conflictos. El segundo, a las resistencias y reacciones en contra de los cambios en las relaciones de género en las transiciones políticas. En este sentido, los debates sobre la ideología de género serían la continuación de formas de violencia que recurren a valores, estereotipos o prejuicios para legitimarse. Se trataría de un continuum no solo en el tiempo, sino también en la forma en que violencias culturales y estructurales se adaptan a nuevos contextos. Visto así, poco sería lo novedoso de la ideología de género, pues ella solo sería la continuación de estrategias para deslegitimar y reprimir la movilización de las mujeres, y de adaptar el patriarcado a nuevos contextos sociopolíticos.

La masculinidad hegemónica que sostiene los conflictos y se prolonga luego de ellos no solo esta encarnada en ciertos cuerpos, sino también en las instituciones y las organizaciones. Sostiene militarismos y nacionalismos. Por eso, la ideología de género aparece en el momento en que se proponen transformaciones institucionales y en la política pública que buscan cambiar las relaciones de género. “Purgar” el enfoque de género del acuerdo fue una de las formas de evitar las implicaciones de género y sexualidad que demanda un nuevo proyecto de justicia social, cuya intención sea, efectivamente, evitar la prolongación de los conflictos. Fue también un modo de reacomodar el lugar de la masculinidad hegemónica.

Considerado desde esta lógica, el recurso a la ideología de género como contra-discurso por parte de sectores de la oposición política y las iglesias sería, además, una reacción a lo logrado por el movimiento de mujeres, en lo que respecta a la incorporación de sus propuestas de cambio en el acuerdo, así como un intento de reducir y limitar su alcance. Para los sectores más radicales, la inclusión del enfoque de género en el acuerdo era innecesaria y reflejaba la inclusión de una ideología de género orientada a transformar la sociedad, lo cual, en concordancia con sus declaraciones, no era el objetivo del acuerdo (Redacción, 2016a). La purga que debía hacerse de la ideología de género en el acuerdo era necesaria para proteger la familia, la niñez y la moral (Redacción, 2016o). Desde esta lógica, las propuestas de cambio que los movimientos de mujeres venían impulsando para actuar sobre las causas estructurales del conflicto, en concreto sobre su dimensión de género, no tenían cabida en el acuerdo. Para sectores que estaban en el debate, pero apoyaban el acuerdo, como la Iglesia católica, si bien no había ideología de género en el documento final del acuerdo, sí era necesario delimitar con claridad lo que se entendía por género en él. La Iglesia no se oponía a la comprensión del enfoque de género como el reconocimiento de la mujer como víctima de la guerra y, por tanto, como merecedora de especial atención en el posconflicto (Redacción, 2016m).

La literatura sobre género y conflicto describe una variedad de ejemplos de estas tendencias que, en movimientos paralelos, revitalizan tradiciones y producen nuevos ordenamientos del género y la sexualidad acordes con cambios políticos. Morcillo (2000) estudia, en clave de ideología de género, la representación que, durante la dictadura franquista, se construyó de la “verdadera feminidad católica” como recurso necesario para la ejecución del proyecto de nación de Franco. Esta ideología no solo revitalizó prácticas religiosas y el culto a las santas, también modernizó los ordenamientos del género, recurriendo a medios de comunicación que expandieron en España el modelo de feminidad de la sociedad de consumo norteamericana de la posguerra, el cual estaba centrado en la vida doméstica y el hogar. Más aún, la legislación educativa franquista se dedicó a instituir la versión estatal de la feminidad católica, centrada en la subordinación de la mujer.

Otras ideologías de género han estado en relación directa con la violencia contra las mujeres. Con base en entrevistas y archivos de prensa, Pohlman (2017) estudia cómo, durante el régimen autoritario del general Suharto en Indonesia, se produjo propaganda misógina contra las mujeres que participaron políticamente en la insurrección o que fueron acusadas de pertenecer a ella. Luego del golpe de Estado, la participación política de las mujeres en el comunismo fue demonizada y asociada con la depredación sexual de los hombres, lo cual legitimaba la violencia sexual contra ellas. Esta patologización de las mujeres como “Otras”, contrarias a la naturaleza y peligrosas, legitimó el despojo de su derecho a la participación política y justificó atroces actos de violencia en contra de ellas.

En este sentido, la ideología de género, como práctica política que construye un discurso en el cual ciertos sectores de la sociedad aparecen como opuestos a lo natural y contrarios a lo social para justificar un régimen autoritario, tiene una historia más larga de la que usualmente se suele contar.

Volviendo a Colombia, la necesidad de “purgar” o aclarar lo que se entendía por género en el acuerdo no iba dirigida solo a precisar conceptualmente el término, sino a cambiar la dirección de su propuesta de transformación. Representantes de iglesias cristianas integrantes del “bloque del ‘no’” tuvieron una reunión con los integrantes de las Farc-EP en La Habana. En ella, pidieron que en los ajustes al acuerdo se declarara a la familia como víctima central del conflicto, se reivindicara a la mujer como víctima sin necesidad de usar el término enfoque de género y se incluyera la dignidad de la vida desde la concepción (Redacción, 2016e). En otras palabras, incluir las consecuencias (mujeres víctimas del conflicto) sin mencionar las causas (el impacto diferencial del conflicto por efecto de las relaciones de género) e incluir la agenda de los movimientos pro-vida en el acuerdo.

La lógica de género que ubica a las mujeres como reproductoras de la nación y a los hombres como héroes o salvadores de la patria ha sido documentada en una variedad de casos. El esfuerzo por limitar el enfoque de género en el acuerdo y reemplazarlo por un reconocimiento de las mujeres como víctimas y la sacralización de la familia refleja con claridad la clave de género en que se reconstruye el Estado-nación colombiano.

El acuerdo original incluía acciones concretas para incidir en la situación socioeconómica de las mujeres en temas como el derecho a la tierra y respecto a su participación política, estas quedarían fuera si solo se reconoce su rol de víctimas. Una vez más, se evidencia que el debate sobre ideología de género tiene dimensiones económicas y políticas que no pueden desconocerse.

En los primeros días de noviembre de 2016, se anunciaron avances en el ajuste del documento del acuerdo. La reforma rural integral y el enfoque de género fueron los temas con mayores progresos (Redacción, 2016q). Se insistió en que no había ideología de género en el documento, sino un reconocimiento de la mujer como víctima. Análisis textuales y conteos de palabras se usaron para demostrar la inexistencia de tal “fantasma”. El 12 de noviembre se hizo público el nuevo acuerdo. Entre los 11 puntos que resumieron las más de 500 propuestas para ajustar el documento, el punto 2 señalaba: “No hay ideología de género. Lo que hay es enfoque de género para dar prioridad a la atención de las mujeres víctimas del conflicto y reconocer su papel como constructoras de paz. Se reitera la libertad de culto”. Con ello se cerró, al menos temporalmente, un debate que aún no está concluido en el país y que se prolongará durante la implementación del acuerdo. Resulta llamativo, no obstante, que en el documento definitivo enfoque de género y libertad de culto quedasen en el mismo numeral.

Conclusión

La ideología de género, como contra-discurso en reacción a cambios en políticas del género y la sexualidad, no es asunto menor en el debate político actual tanto en Colombia como en el resto del mundo, pues llama la atención sobre temas que requieren la atención del Estado, así como de los movimientos sociales interpelados. La crítica a la ideología de género requiere una mirada que no repita los fundamentalismos y totalitarismos que sustentan su uso.

En el caso colombiano reciente y respecto a la responsabilidad del Estado en la forma en que el debate fue usado para polarizar la escena pública, la conexión entre la ideología de género y el acuerdo de paz se facilitó por la limitada pedagogía de paz que se hizo a lo largo de las negociaciones. No solo en cuanto a información del proceso de negociación, sino en el sentido de pedagogías sociales de amplia cobertura. Un debate centrado en voces expertas en lo legal o en la negociación política no cumple la función pública de construir un nuevo acuerdo social. La falta de pedagogías sociales para la construcción de paz es una limitación para el alcance de objetivos como la reconciliación, la reconstrucción del tejido social y la creación de confianza. En un contexto coyuntural en el que diversos sectores políticos se disputan el poder hegemónico del país, la ausencia de pedagogías para la paz y de información concreta y de fácil acceso acerca de las negociaciones y acuerdos entre las Farc-EP y el Gobierno fue aprovechada para movilizar a la población desde el temor y la desinformación. Así, los sectores que usaron la ideología de género para obtener presencia pública y política, de cierto modo, terminaron haciendo la instrucción masiva acerca del proceso de paz que el Gobierno no había hecho.

Sumado a lo anterior, la falta de políticas de Estado sostenidas en pro de la equidad de género hizo que el tema continuara dependiendo del compromiso de movimientos sociales y sectores organizados de la sociedad civil. El resultado es la percepción de las luchas contra inequidades de género y sexualidad como una agenda de ciertos grupos y no como una necesidad colectiva que que requiere apuestas políticas comunes. La falta de compromiso del Estado, que en sí misma ya es problemática, en una coyuntura como la expuesta aquí, potenció sus efectos negativos.

El proceso descrito en este artículo implicó debates al interior de las movilizaciones a favor y en contra del enfoque de género y entre las partes que negociaban el acuerdo. Sin embargo, este artículo no explora los debates en pro de mantener el enfoque de género en el acuerdo, los cuales también fueron diversos tanto respecto al contenido como en relación con las estrategias de acción. Sobre el lugar de los temas de género y diversidad sexual en el acuerdo también hubo múltiples posiciones, ya que no todas las iglesias cristianas se oponían al acuerdo inicial ni se sentían identificadas con el debate sobre ideología de género. Iglesias protestantes “históricas” con presencia en Colombia, como la presbiteriana, la menonita y la anglicana, han participado directamente en iniciativas de construcción de paz en regiones afectadas por el conflicto y tienen una actitud más abierta y dialogante respecto a los temas de género y sexualidad. Por ello su resistencia a ser asociadas con fundamentalismos cristianos. Esta diversidad de perspectivas requiere ser abordada en estudios posteriores, entre otras razones, para cuestionar el antagonismo con que se presentó el debate e identificar las limitaciones de tales movilizaciones a favor de mantener el enfoque de género en el acuerdo, en la consecución de legitimidad y consenso sobre sus agendas y propuestas de cambio.

Es en esta simplificación del debate político y en la reducción del espacio público que se encuentra el principal problema de la ideología de género tal y como ha sido descrito a lo largo de este artículo. La ideología de género se sostiene en el miedo ante una presunta amenaza. Por eso la actitud vigilante y reactiva de los sectores que dicen oponerse a ella. Como se observó antes, la ideología de género, aunque ya existía, se activó en el momento en que el país transita de un modo de relacionamiento basado en la violencia a la posibilidad de otro, basado en el debate político. La ideología de género al crea y profundiza antagonismos que imposibilitan la empatía. Se trata de un mecanismo usado por determinados sujetos políticos en su lucha por la hegemonía para impedir el ejercicio de lo público como espacio de deliberación.

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Notas

1 Agradezco los comentarios de las personas que revisaron la primera versión del artículo, en particular los relacionados con la estructura del texto.

Notas de autor

Jser1926@uni.sydney.edu.au



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