Artículos y ensayos científicos
Procesos reflexivos personales y grupales implicados en la realización de estudios con enfoque metodológico cualitativo
Procesos reflexivos personales y grupales implicados en la realización de estudios con enfoque metodológico cualitativo
Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXIII, núm. 45, pp. 125-141, 2017
Universidad de Colima
Recepción: 15 Febrero 2016
Aprobación: 30 Mayo 2016
Resumen: El objetivo de este trabajo es destacar, a través de la reflexividad, los procesos personales y grupales que podrían ser tanto de apoyo como de bloqueos para realizar investigación con enfoque metodológico cualitativo. La intención es generar formas de reflexión en el campo de la formación de recursos humanos y en la realización de dichos estudios.En los procesos personales se destaca la importancia de comprender la ansiedad que se genera en el contacto con el objeto de estudio, su manejo a través del apoyo en una metodología pertinente, así como la vigilancia de los prejuicios personales y el adecuado contacto con los informantes. En los procesos grupales es de gran ayuda identificar e interpretar los contenidos manifiestos y latentes que se generan en el proceso de interacción de los miembros del equipo de trabajo durante la realización de los estudios; las fases por las que transitan los equipos desde su formación, en el proceso de implementación de los proyectos y en la generación de productos finales. La práctica reflexiva constituye una valiosa herramienta para el desarrollo de la investigación cualitativa, para superar los diferentes obstáculos, producir estudios de calidad con rigor metodológico, además de generar nuevas preguntas de investigación.
Palabras clave: Reflexividad metodológica, Metodología cualitativa, Procesos personales, Procesos grupales.
Abstract:
Personal and Group Reflective Processes Involved in Studies with a Qualitative Methodological Approach The objective is pointed out to the reflexivity practice about personal and group processes, which could be support or barriers for conducting research with qualitative methodological approach. The purpose is to generate ways of thinking in the field of educational training and conducting this kind of studies. In personal processes it is significant understanding the anxiety that comes from the approach to the study object, its management through a pertinent methodology and monitoring personal prejudices and proper contact with informants. In group processes it is a great help identify and interpret the manifest and latent content generated in the interaction process between work team members during the realization of studies; the teams phases process since its formation, in project implementation and in the final products generation. Reflective practice is a valuable tool for the development of qualitative research, to overcome different obstacles, to produce studies with quality, methodological rigor also to generate new research questions.
Keywords: Methodological Reflexivity, Qualitative Methodology, Personal Processes, Group Processes.
Procesos reflexivos personales y grupales implicados en la realización de estudioscon enfoque metodológico cualitativo
La universalidad del conocimiento científico hace necesario conocer los diferentes enfoques en el campo de la investigación, entre otros el modelo interpretativo, el cual emplea el enfoque metodológico cualitativo. Centra su interés en destacar el punto de vista de los directamente implicados en los problemas del objeto de estudio, sus significados y procesos subjetivos. Entre los rasgos esenciales de los estudios con dicho enfoque se encuentra la capacidad de reflexión del investigador mismo y sobre la investigación (Flick, 2004). Es decir, la comunicación del investigador con el campo y sus miembros es una parte explicita de la producción del conocimiento. La intersubjetividad y la subjetividad colectiva (González Rey, 2007) forman parte de la interpretación y el proceso de investigación general.
De acuerdo a Calderón (2012) la incorporación del “yo contextualizado” en los procesos de investigación conlleva la necesidad de preguntarse por las implicaciones éticas de la propia práctica investigadora, implicaciones hacia los participantes en la investigación en sus distintos niveles y hacia los usuarios potenciales de sus resultados. La reflexividad puede entenderse como la consciencia auto-crítica en el proceso de investigación, garantiza la integración y la operación dialéctica de las distintas etapas, asumiendo la transcripción, traducción y la obtención de datos como problemas teóricos (Bosi, 2012).
Psicología social: individuo y grupo
Las bases disciplinares de las que aquí se parte tienen su origen en la Psicología Social. Su objeto de estudio es la interacción (real o simbólica) donde se entrelaza lo individual y lo colectivo, lo personal con lo social, se confrontan los valores y una visión de la realidad con otros. Permite observar procesos de integración y diferenciación y cómo los objetos a través de dicho proceso adquieren nuevos significados para los individuos, los cuales comparten con otros y con ello construyen una realidad psicosocial. Su propósito es comprender cómo actúa la mayoría de las personas en determinada situación, las tendencias generales de sus actos, sentimientos e ideas (Worchel, Cooper, Goethals y Olson, 2002; Morales, Paéz, Kornblit y Asún, 2002).
Desde el plano ontológico Ibáñez (2003) estaca los siguientes aspectos como puntos irreversibles a partir de los cuales debe avanzar la psicología social postpositivista: a) reconocimiento de la naturaleza simbólica de la realidad social; b) reconocimiento de la naturaleza histórica de la realidad social; c) reconocimiento de la importancia que reviste el concepto y el fenómeno de la “reflexividad”; d) reconocimiento de la agencia humana; e) reconocimiento del carácter dialéctico de la realidad social; y f) reconocimiento de la readecuación de la perspectiva construccionista para dar cuenta de la realidad social.
Los niveles de análisis de la Psicología social son tres, 1) Intra individual; 2) Interpersonal e intra grupal; 3) Intra grupal (Garrido y Álvaro, 2007). En todos lo niveles se destaca que las interacciones no se dan en forma aislada, sino que se encuentran en un marco histórico y cultural. Por lo tanto, el estudio de los grupos debe partir de reconocer que esta formado por individuos sociales, ubicados en un marco social y con su propia historia, además la interacción social tiene lugar en un entramado cultural. Por ello los significados compartidos o simbólicos construidos, tienen un referente cultural y están ligados al pensamiento colectivo, a través del lenguaje, las creencias, los símbolos colectivos y las ideologías que se organizan en torno a determinados valores (Canto, 1998).
Cultura y reflexividad grupal
La cultura es un conjunto de conocimientos, valores, emociones, conducta y productos compartidos por un grupo social, los cuales permiten adaptarse funcionalmente a su entorno (Aneas y Sandín, 2009). Es un sistema de símbolos creados por el hombre, en virtud de los cuales el hombre da significado a su propia experiencia. Suministra a los seres humanos un marco significativo dentro del cual pueden orientarse en sus relaciones recíprocas, en su relación con el mundo que los rodea y en su relación consigo mismos (Geertz, 1990).
La cultura no es sólo la conducta manifiesta, sino también ideas, creencias, valores subyacentes a esas conductas. La cultura es también un determinado modo de interpretación de la realidad que le da sentido. Tiene un componente conductual y también cognitivo, como son las formas de pensar, de interpretar y de asumir ideologías. Su incorporación es a través de la socialización, en el proceso de interacción humana, por la cual una persona va adquiriendo los elementos esenciales de su sociedad y su cultura (Malgesini y Giménez, 2000).
El estudio de la reflexividad de los individuos, los grupos que conforman y sus posibles interacciones (manifiestas y latentes), es en el fondo el estudio de la cultura de los investigadores, estudiantes, y sus equipos de trabajo, entre los cuales fluyen los diversos procesos que configuran su realidad social.
La reflexividad y sus enfoques
Para Finlay (2002) la reflexividad se puede definir como el proceso de pensamiento, de auto-conciencia y análisis reflexivo en la investigación. Implica la evaluación continua de las respuestas subjetivas, dinámicas intersubjetivas generadas en el propio proceso de investigación para reconocer cómo construimos activamente nuestro conocimiento.
Rusell y Kelly (2002) la definen como proceso de reconocerse a sí mismo y a los otros, a través de la conciencia relacional y reflexiva en la naturaleza de la tarea investigadora. Enfatizan que los investigadores no deben apartase de su propia humanidad, ya que forma parte de la creación de nuevos conocimientos. En la aplicación de las estrategias de investigación cualitativa se muestra interés en la compleja naturaleza de los datos, por ello se incluye un modelo que emplea la reflexión crítica y considera el examen de múltiples posiciones. De esta manera, los investigadores son capaces de utilizar su reflexividad como un medio para lograr una expansión de la comprensión.
Bourdieu y Wacquant (1992 en Bolam, Gleeson y Murphy, 2003) promueven una epistemología relacional en que el discurso científico social se describen los objetos no objetivos, pero sí la relación de los observadores con dichos objetos. Esto sugiere que el proceso de investigación es constructivo más que un acto desinteresado u objetivo. La reflexividad es, en consecuencia, un análisis del proceso constructivo de la investigación. Y en segundo lugar, la expansión de la reflexividad incluye la descripción de la posición de los investigadores en el campo científico o académico en el cual ellos generan un producto de cultura específico.
Algunos autores han señalado la importancia de la reflexividad metodológica en las diferentes fases del proceso investigativo: la elección del tema, el contacto con los informantes, la obtención y el análisis de la información (Bolam, et al., 2003; Rusell y Kelly, 2002).
Entre los diferentes enfoques teóricos que manejan el término de reflexividad se encuentran la fenomenología, el construccionismo social y las teorías psicodinámicas (Finlay, 2002). Éstas últimas son la que dan base a este documento, con las cuales se busca explorar las relaciones entre los procesos inconscientes del investigador, los participantes y los datos recogidos. Sus principales herramientas son la introspección y la auto-reflexión, las que permiten a los investigadores tomar conciencia de la involucración emocional que tienen en el proceso investigativo.
La presente propuesta considera el análisis de los procesos individuales y los procesos grupales que se pueden vivir a lo largo del diseño, implementación y evaluación de proyectos de investigación con enfoque metodológico cualitativo, los cuales he desarrollado a lo largo de 24 años como profesora e investigadora en una universidad pública del país. El objetivo es destacar algunos procesos (personales y grupales) que pueden ser apoyo para la investigación, y otros que podrían generarle dificultades o bloqueos a la misma.
Procesos personales: ansiedad y subjetividad
La ansiedad y el objeto de estudio
La ansiedad es uno de los elementos psicosociales que se pueden presentar cuando se realiza una investigación. Por ello, es esencial ser consciente de la ansiedad potencial para anticipar su influencia e incorporar estrategias para reducir su impacto (Aneas & Sandín, 2009). Pichón Rivière (en Bleger, 2006 , señala que la información despierta cierto monto de ansiedad: a mayor ansiedad corresponde mayor identificación, mientras que a menor ansiedad la información puede ser recogida o incorporada simbólicamente como contenido intelectual. Un ejemplo de ello fue mi elección por estudiar las representaciones sociales de la diabetes como tema de tesis doctoral. Mi interés académico era identificar las formas de prevención de la población con dicha enfermedad. Sin embargo, tras una cantidad considerable de entrevistas, este tema no parecía interesar a los informantes, a pesar de que yo les cuestionaba continuamente al respecto. Hasta que uno de ellos me dijo:
Ya no me pregunte eso… lo que tiene Usted es miedo de enfermar de diabetes. Hágase el ánimo ¡si le va a dar, le va a dar!, yo lo que puedo hacer es darle consejos para atrasarla lo más que se pueda[por cierto que este hombre estaba en lo correcto: en la familia de la madre casi todos sus miembros la padecen] (Torres-López, 2004).
Breuer (2003) considera que se requiere que el investigador abandone la posición convencional de actuar de acuerdo al libro de texto y se coloque en un punto desfocalizado y autorreflexivo, es decir, que intente asumir la posición de observador en su propia persona, y de su propia acción e interacción en el contexto de investigación.
El manejo de la ansiedad a través de la metodología
La participación reflexiva y activa del investigador en el curso de la investigación está estrechamente asociada a otras definiciones sobre el propio desarrollo de la investigación (González Rey, 2007). En este proceso de reflexión continua el investigador debe tener especial vigilancia en aquellos procesos de su actividad que generan estados de ansiedad. Por eso, una de las estrategias que permite su manejo es en conocimiento competente de la metodología acorde con el problema; Devereux (1977) la destaca por las aplicaciones sublimatorias y defensivas que su uso correcto conlleva. Esto es, todo científico tiene a su disposición ciertos marcos de referencia, métodos y procedimientos que reducen la ansiedad ocasionada por sus datos, lo que le permite funcionar en debida forma. Es legítimo que el científico que maneja material ansiógeno busque medios susceptibles para reducir su ansiedad con el fin de realizar su trabajo de forma eficaz, por lo que necesita apegarse a una metodología. No obstante, no es recomendable vaciar la realidad de esta ansiedad, sino que debe ser entendida y elaborada. “La angustia entendida es una fuente de serenidad y creatividad psicológica y por lo tanto, de buena ciencia. No se trata de emplearla para adormecer la ansiedad, sino que se hace a sabiendas, en forma sublimatoria o inconsciente, de modo defensivo” (Devereux, 1977:133).
Incluso, la revisión de la literatura, en su confrontación con la realidad estudiada, tiene sus implicaciones en la subjetividad del investigador. La recuperación de lo teórico no es una abstracción, ya que pasa por la recuperación del investigador como sujeto. Uno de los elementos que define la condición del sujeto es su capacidad de reflexividad, de producción intelectual permanente en el curso de la vida y en el proceso de investigación (González Rey, 2007). La producción teórica en la investigación compromete al investigador de forma permanente e implica su reflexión constante sobre las informaciones que van apareciendo en este proceso. El investigador como sujeto no se expresa sólo en el campo cognitivo, sino que su producción intelectual es inseparable de procesos de sentido subjetivo marcado por su historia, creencias, representaciones, valores y todos aquellos aspectos en que se expresa su constitución subjetiva. La legitimación del investigador como sujeto de producción de pensamiento, y de pensamiento como vía de producción de los modelos de inteligibilidad, son parte consustancial del carácter teórico de la investigación (González Rey, 2007).
Los prejuicios y su vigilancia
Comprender que los datos (y todo el proceso de investigación) suscitan ansiedad, implica saber cómo encararla para resistir la tentación de escotomizar1 algunas partes del material (Devereux, 1977:135). Máxime en el caso de la realización de estudios con enfoque metodológico cualitativo, los que llevan a acceder a las realidades de los “otros” (perspectiva emic2), lo que permite conocerlas desde su mirada, pero en otros casos, a reflejar los prejuicios que se tienen al respecto. Mi experiencia en el estudio de las concepciones culturales del VIH y el Sida implicó conocer que este padecimiento no es sinónimo de muerte (tal como se ha usado desde el sector salud como eslogan para “prevenir” la enfermedad) sino que en la actualidad ya se puede considerar como una enfermedad crónica. Sin embargo, cuando una persona muy allegada a mí (que a la vez formaba parte del equipo de trabajo) me confió que era portador del virus no paré de llorar durante tres días.
Los investigadores sociales estamos dentro del mundo que estudiamos y reflejamos parte de ese mundo, por ello Gibbs (2007) sostiene que no se está libre de valores, sino que se comparten con el resto de la sociedad y de ahí la importancia de tener estrategias de reflexividad constantes a lo largo del proceso. Ello implica un examen de la situación del investigador tanto como lego y como experto (en este caso en el tema de la salud), y abarca desde la reflexión teórica abstracta a los aspectos metodológicos.
El proceso reflexivo también permite, descubrir tanto las habilidades como las deficiencias académicas con las que se cuenta para realizar investigaciones con enfoque metodológico cualitativo. Una forma de documentar esto son las notas de campo, las que no son sólo una fuente importante de implicaciones teóricas y metodológicas, sino también de los procesos personales que se viven a lo largo del proceso (Gibbs, 2007). Un ejemplo de ello lo encuentro en una de mis notas referente a la muerte de varios de los informantes del estudio de diabetes. Ahí registré que no sólo era el problema de tener que “reemplazar” los casos perdidos, sino también la de afrontar el duelo por la pérdida de las personas con la cuales había formado vínculos afectivos en los dos años que duró el trabajo de campo. Ello me llevó a destacar la importancia de mantener cierta distancia metodológica, al mismo tiempo que tuve que reconocer la necesidad de trabajar en forma reflexiva, mis emociones y subjetividad personales (Torres-López, 2004).
El contacto con los informantes
El contacto con los informantes constituye una de las fases más interesantes dentro del proceso de la investigación, ya que implica el contacto con otras culturas y esquemas cognitivos diferentes al del investigador. Para ello es necesario conocer y comprender el lenguaje de los participantes en el estudio, no sólo en el manejo eficiente del idioma, sino de las variantes culturales que se pueden presentar aun teniendo la misma lengua materna. El lenguaje tiene un papel mediador en el proceso de la investigación, ya que es el medio principal en que circula la información mediante la transmisión de mensajes (Aneas & Sandín, 2009). Durante una entrevista con un adulto mayor que padecía diabetes expresó: “Se me murió la naturaleza”, hacía referencia a los problemas de disfunción eréctil como consecuencia de su enfermedad, en un primer momento no me quedó claro a qué se refería y no supe cómo proseguir con la entrevista, una situación de este tipo puede provocar la pérdida de la confianza que ya se tiene ganada (Torres-López, 2004).
Al respecto Sandín (2003) señala que la reflexividad implica prestar atención a la diversidad lingüística, social, cultural, política de los informantes, para que el proceso de interpretación sea acorde con el idioma y con las formas narrativas empleadas. Así implica también comprender a los individuos estudiados, reconociendo los supuestos teóricos y personales en sus acciones, en la relación con otros participantes y en general en la comunidad en la que se lleva a cabo el estudio.
Un apoyo metodológico en esta fase lo constituyen las notas analíticas (Bernard, 2006), que consisten en anotaciones sobre datos relevantes de la cultura que se está estudiando y su posible explicación teórica; son una especie de micro ensayos que facilitan el proceso analítico, pueden ser la base de diversos productos del estudio, por ejemplo, de publicaciones. En un estudio sobre las representaciones sociales de la diabetes mellitus encontramos que los informantes hacían referencia a la curación de la misma. La elaboración de una nota analítica al respecto de este hallazgo llevó a conceptualizar la curación desde una visión emic, muy diferente a la perspectiva biomédica (Torres-López, Sandoval & Pando, 2005). Estos comentarios reflexivos mejoran la calidad de informes finales, ya que no son sólo una herramienta reflexiva, sino que también facilitan un mayor rigor analítico (Breuer, 2003).
Además, estas formas de práctica reflexiva nos permiten acercarnos a los esquemas mentales de las personas participantes en los estudios. Éstos constituyen sistemas cognitivos que permite interpretar los gestos, expresiones y acciones de otros. En un estudio sobre el consumo de sustancias por parte de población migrante que vive en Estados Unidos encontramos que, en su visión, las drogas se consideran dañinas para la salud, mientras que el consumo de alcohol era más aceptado ya que “el alcohol se puede controlar y las drogas ya no”, justificaron la ingesta de cerveza cuando se trabaja en el campo por largas jornadas bajo el sol debido a que el consumo excesivo de agua “hace daño” (Torres-López, López, Mercado & Tapia, 2004). Así, desde los esquemas mentales de los migrantes el alcohol les ayuda no drogarse, a hidratarse, a recuperarse del cansancio, a sentir menos lacerante la soledad, aunque también se consume por gusto, como una forma de diversión. La cultura influye en la organización de los esquemas desarrollados por las personas, permiten justifican las diferentes visiones e interpretaciones de una realidad culturalmente variable (Aneas & Sandín, 2009). Y una de las formas para acceder a ese mundo de significados es a partir de procesos reflexivos de parte del investigador en el análisis de los datos.
Procesos grupales: fases, contenidos manifiestos y latentes
Los proyectos de investigación, por lo general, se realizan en equipo, con ello la reflexividad es una práctica necesaria para todos los miembros del mismo. Un correcto funcionamiento del grupo así lo requiere, en el grado de satisfacción en la tarea desempeñada, la calidad de la interacción entre los miembros, en la generación de un ambiente social saludable y en la fase de generación de productos (Barry, Britten, Barber, Brandley y Stevenson, 1999). Las aportaciones de diversos autores como Bion (2006), Pichón Rivière (en Bleger, 2006), Bleger (2006) y otros han dado a luz sobre la dinámica de los grupos, lo que posibilita hacer la lectura de dichos procesos.
Lo manifiesto y lo latente en la interacción grupal
En un primer momento cabe diferenciar los dos niveles de funcionamiento del grupo, uno observable y explícito; otro implícito, oculto que se infiere a partir de algunos indicios que surgen en lo manifiesto. En la dinámica de un grupo ambos están siempre presentes. Ahí se comparten ideas, opiniones, expectativas, acciones en el nivel manifiesto, pero también emociones, fantasías inconscientes, supuestos básicos en el nivel latente que determinan a menudo los fenómenos manifiestos (Souto, 2007).
Los contenidos latentes se pueden hacer manifiestos, por ejemplo, en el manejo de poder del responsable oficial del proyecto (el investigador titular, o quien recibió el financiamiento, o del director de tesis o asesores en su caso) frente al supuesto rol pasivo que “debe” jugar el resto del equipo (los corresponsables, auxiliares o tesistas). Si se siente amenazado por la rotación del liderazgo a uno varios de los integrantes del equipo, podría llegar a manifestar un rol autoritario, mientras que si facilita (o incluso promueve) dicho proceso, el equipo podría verse enriquecido con la experiencia y competencia de todos.
Fases del proceso grupal
Las fases por las que transita un equipo de trabajo en su dinámica pueden explicarse desde el enfoque de Pichón Rivière (en Bleger, 2006 , el que identifica tres momentos diferenciados pre-tarea o fase de indiscriminación, tarea (o fase de discriminación o diferenciación) y proyecto (o fase de síntesis).
Fase: la pre-tarea o el inicio del grupo
La pre-tarea coincide generalmente con el comienzo del trabajo en grupo. Es un momento donde predominan las ansiedades y los temores. En este momento siempre se genera “resistencia al cambio”, ya que todo cambio significa un cuestionamiento, y tal vez abandono de lo conocido o realizado hasta el momento, y abordar lo desconocido hasta entonces. En esta fase pueden presentarse dos diferentes momentos alternados (al interior del mismo grupo) que Bion (2006; Rioch, 2001) llama a uno el “grupo de trabajo” y al otro, “grupo de suposición básica”. El grupo de trabajo es el que mantiene un funcionamiento general que se relaciona con la tarea del grupo. El grupo de suposición básica se centra más en las emociones que son la base de la conducta y que se encuentran fuera de la conciencia. El contenido latente que maneja el grupo de suposición básica puede manifestarse de diferentes formas:
a) Supuesto de dependencia: el objetivo es obtener la seguridad para sus miembros a través de un individuo y así lograr su protección, los miembros actúan como si nada supieran, como si fueran importantes e inmaduros, y esperan que el líder sea todopoderoso e omnisciente. Si el líder designado no responde, buscan a otros líderes. Por ejemplo, en un equipo de trabajo los auxiliares (alumnos o tesistas) no cuestionan ni toman iniciativa ante el trabajo y esperan que el asesor (docente o director de tesis) lo resuelva todo, ya que es el único que “lo sabe todo”. Es común que esta forma de manifestación se presente en las fases iniciales de la formación de los equipos, cuando aún no se conocen entre sí ni se han identificado los roles de liderazgo al interior del mismo. Los miembros en su iniciación se sienten desprotegidos, desorientados, impotentes, y necesitan que alguien les provea dirección, atención y orientación (Suoto, 2007).
b) Supuesto de huida o ataque: el grupo se organiza para defenderse frente algo o alguien vivido como amenazante o perseguidor externo o para huir de él. Buscan la forma para preservarse a sí mismos y sólo puede suceder esto atacando o huyendo de alguien o de algo. La importancia del individuo permanece en segundo término, no se tolera la debilidad y puede que se dé “de baja” a algunos miembros (“grupo terror”) si éstos no responden igual que los demás. El grupo no permite la auto introspección, la sabotean con bromas y diversión. Un ejemplo es cuando en un equipo se manifiesta el rechazo hacia ciertos temas, enfoques o teorías (a veces personificados). Temáticas con alto grado de dificultad, tareas percibidas como inaccesibles, actitudes de ciertos miembros del grupo o del coordinador pueden generar acciones de ataque y fuga (Suoto, 2007). Y si alguien propone la reflexividad sobre lo que está sucediendo, los miembros le atacan diciendo que no es momento para “hacer terapia”.
c) Supuesto de emparejamiento: el objetivo del grupo es la reproducción de un mesías o redentor que traerá consigo una utopía (esperanza, expectativa, optimismo anhelante). Por ejemplo, cuando en el equipo se tiene la expectativa de que todo mejorará sólo si algún asesor o experto interviene, o si se emplea tal o cual método o software.
En estas formas de manifestación del contenido latente predominan ciertos estados emocionales por sobre lo racional, obstaculizan el desarrollo de las tareas. Ya que responden a necesidades y emociones que subyacen a lo manifiesto (Souto, 2007). Es importante que los miembros del equipo desarrollen algún tipo de tarea conjunta, aun cuando no sea relacionada con el proyecto de investigación en forma directa (organizar reuniones informales, revisar material de lectura en forma de seminarios). La idea es que todos se conozcan (o si ya se conocen lo hagan ahora en otro contexto) y se vaya conformando el grupo en sí (grupo en mente) donde coincidan las diferentes individualidades. La función del responsable del equipo en ese momento es fomentar la curiosidad como motor del aprendizaje (motivación), además de fomentar más el encuadre3 que el desarrollo de la tarea. Cuando no se da el tiempo necesario para procesar esta fase la integración grupal de los miembros del equipo de investigación podría presentarse sólo en forma parcial y generar problemas de comunicación y obstaculización del trabajo.
Fase: la tarea o el trabajo activo
La fase de tarea se presenta cuando el grupo ha abordado el proyecto y todos participan en forma activa. Cuantas más preguntas surjan durante esta etapa, mayor será la capacidad productiva del grupo; cuantas menos sean las respuestas preestablecidas, cerradas y rígidas mejor será el clima de trabajo del grupo y más eficaz el aprendizaje. En esta fase se definen claramente los roles de los participantes, se rompe con la dependencia y se desarrolla un sentimiento de pertenencia. Pueden surgir momentos de confusión y desorientación, pero si se ha ajustado coordinadamente un plan operacional, es común que el grupo pase a la siguiente etapa de desarrollo en forma secuencial o alternada. Para logar esto se propone a la negociación con la mejor forma de favorecer la reflexividad, así como las discusiones grupales y los escritos reflexivos sobre tanto el trabajo desarrollado como por las emociones experimentadas a lo largo del mismo.
Fase: Síntesis o proyecto
La fase de proyecto es la propuesta o producto que se genera con lo realizado en la anterior fase, es ya una propuesta del grupo y no sólo la idea de una persona. Un grupo tiene un proyecto, en la medida en que abarque a todos, o a la mayoría de los proyectos individuales de sus integrantes. Es una experiencia integradora para lograr unidades de síntesis, las cuales pueden ser el reporte técnico del estudio, los reportes de hallazgos parciales, las presentaciones en congresos, las tesis de grado o posgrado generadas, así como todo tipo de publicaciones.
Estas fases son usuales en los equipos de trabajo (incluso en los grupos de docencia), se puede pasar de una a otra en diferentes momentos. Deben ser identificadas e interpretadas para lograr un funcionamiento efectivo del grupo. Son modalidades de funcionamiento propias de todo grupo que se oponen, se alternan, se suceden en el tiempo y que aparecen como obstáculos o barreras a la tarea explícita y que es necesario remover mediante una tarea implícita para lograr su resolución. Lo racional y lo irracional, lo técnico y las fantasías se enfrentan en los miembros del grupo como pares antagónicos, como polos opuestos pero a la vez complementarios que se necesitan mutuamente predominando uno u otro en distintos sucesos del grupo (Souto, 2007:124).
Es importante optimizar las fortalezas de los equipos, la práctica de la reflexividad colectiva ayuda a minimizar las fallas y reducir su impacto del culto académico y el individualismo. A evitar la tendencia a competir entre sí, el deseo de apropiarse de los datos o ser posesivo con las ideas intelectuales; a la vez que favorece la lealtad, el consenso y el compartir ideas. Puede minimizar las tendencias a establecer jerarquías y maximizar los sentimientos de pertenencia grupal (Barry et al., 1999).
Consideraciones finales
La reflexividad requiere que suspendamos nuestro juicio o propensión a presuponer, y nuestro entusiasmo por las primeras respuestas que se presentan, se debe tener mesura con la urgencia de querer concluir en forma prematura (Russell & Kelly, 2002). En ocasiones es común caer en la “ilusión de la transparencia” de los datos en las etapas iniciales de los estudios, lo que puede llevar a enfatizar en la descripción de fenómenos en detrimento del análisis profundo de los hechos (Minayo, 1995).
La vigilancia de los procesos personales y grupales (ya sea por los miembros del equipo o con el apoyo de expertos ajenos al proyecto) constituye una valiosa herramienta para el desarrollo de la investigación para superar los diferentes obstáculos o conflictos que se presenten. Esta vigilancia reflexiva no debe centrarse únicamente en la parte metodológica, sino que debe comprender el conjunto de fenómenos sociales, culturales y sobre todo los subjetivos que se generan.
De acuerdo con Bleger (2007) el más alto grado de eficiencia en una tarea se logra cuando se incorpora sistemáticamente al ser humano total, tomando las cosas tal cual ocurren para entenderlas y poder lograr que sucedan mejor. Incluso los sentimientos de ansiedad requieren ser reflexionados, ya que son fuente de aprendizajes. Por ello, recomienda considerar la regla de oro señalada por Pichón Rivière: sin ansiedad no se aprende y con mucha tampoco, un nivel óptimo es cuando funciona como señal de alarma. Si hay mucha ansiedad falta distancia (respecto del tema u objeto de estudio), si no la hay no se reflexiona al respecto, ya se “sabe todo” (hay bloqueo). Por ello “para investigar y para aprender, es necesario retener o conservar en cierta proporción, la angustia frente a lo desconocido” (en Bleger, 2006:75).
Hay una necesidad particular de los investigadores cualitativos para desarrollar herramientas creativas y participar en sus propia practica reflexiva; una propuesta es la de Breuer (2003) donde se sugiere el uso de técnicas de de-centración y autorreflexión. Cuando se trata de procedimientos donde se tematizan los patrones de acción y/o la persona del investigador en el proceso de investigación social se analizan en relación con el objeto y se aplican en forma dirigida y reflexiva.
Las fases de este proceso son: la “con-centración original”, significa que a partir de su acción el sujeto observa la estructura del objeto sin reflexionar acerca de ésta en relación con el objeto. La “de-centración” se refiere a tomar distancia de los patrones de acción propios, a asumir una posición de observador o meta-posición frente a la propia perspectiva original, el volverse reflexivo respecto de los conceptos subjetivos originalmente con-centrados. Y la “re-centración” es la fase de la acción reflexiva, en la que se dialoga consigo mismo y con otros (Breuer, 2003).
En suma, una de las aportaciones de la práctica reflexiva son las de generar investigación sujeta a rigor científico y, como consecuencia, de calidad. La investigación con enfoque metodológico cualitativo implica ser sensible a los impactos del proceso de observación e interpretación en todas las etapas del proceso de investigación y en la conformación del informe escrito. Por eso, la reflexividad constituye un elemento clave en la producción de investigación cualitativa de alta calidad (Bolam, et al., 2003).
Otra es la generación de nuevas preguntas de investigación que pueden llevar a la realización de más estudios. Las buenas preguntas de investigación surgen de nuestros valores, pasiones y preocupaciones. Si estamos inmersos en el mundo y en sintonía con nuestras propias respuestas al mundo, surgen preguntas de investigación con la regularidad inesperada y espontaneidad predecible. Nuestra propia reflexividad es un ingrediente necesario en la generación de preguntas (Russell y Kelly, 2002).
Referencias
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Notas
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