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"La más formidable secta": la Primera Guerra Mundial como parte de la conspiración Judeo-Masónica (o de los excesos de la interpretación histórica)
Rogelio Aragón
Rogelio Aragón
"La más formidable secta": la Primera Guerra Mundial como parte de la conspiración Judeo-Masónica (o de los excesos de la interpretación histórica)
Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña, vol. 7, núm. 1, , 2015
Universidad de Costa Rica
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Resumen: La Primera Guerra Mundial fue un evento traumático, en sentido literal y figurado. El presente artículo propone un acercamiento crítico con distintos intentos de explicación e interpretación de este proceso histórico a través de los textos de algunos autores contemporáneos a los hechos, mismos que los presenciaron desde perspectivas totalmente diferentes pero que coincidieron en señalar a masones y judíos como agentes principales del conflicto.

Palabras clave: Masonería, judíos, primera guerra mundial, conspiración, bolcheviques, revolución, Erich Ludendorff. Friedrich Wichtl, Barruel, Sergei Nilus, Arthur Howard Gwynne, Karl Heise..

Abstract: The First World War was a traumatic event in more than one sense. This article will try to take a critical approach to different attempts to explain and interpret this historical process, through the writings of contemporary authors who witnessed it from different perspectives and who signaled the Jews and the Freemasons as the key historical agents in the conflict.

Keywords: Freemasonry, Jews, First World War, Conspiracy, Bolsheviks, Revolution, Erich Ludendorff, Friedrich Wichtl, Barruel, Sergei Nilus, Arthur Howard Gwynne, Karl Heise..

Carátula del artículo

"La más formidable secta": la Primera Guerra Mundial como parte de la conspiración Judeo-Masónica (o de los excesos de la interpretación histórica)

Rogelio Aragón
Universidad IberoamericanaMexico
Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña, vol. 7, núm. 1, 2015
Universidad de Costa Rica

Recepción: 30 Noviembre 2014

Aprobación: 10 Enero 2015

Les juifs, toujours exterminés et toujours renaissants, ont réparé leurs pertes et leurs destructions continuelles par cette seule espérance qu'ont parmi eux toutes les familles, d'y voir naître un roi puissant qui sera le maître de la terre.

Montesquieu

Der Historiker ist ein rückwärtsgekehrter Prophet.

Friedrich Schlegel

Introducción

La fascinación que provoca la historia tanto entre quienes la explotan profesionalmente -y no utilizo aquí el término "explotar" en el sentido de "profanación" ni de "abuso" sino en el de "aprovechamiento"- como entre quienes se acercan a ella con la ingenuidad y el asombro propios del amateur, se torna, inevitablemente, en la búsqueda de una coherencia que dé sentido y propósito a los procesos históricos, llámense "eventos", "hechos" o "acontecimientos". Esta búsqueda de sentido, de coherencia, es prueba fehaciente de la importancia de la historia y de lo histórico en el pensamiento humano e involucra el reconocimiento de agentes en los procesos históricos.

La identidad de estos agentes -de cambio, de permanencia; de ruptura, de continuidad- y su influencia, comprobada o supuesta, en el devenir histórico, es producto de la ordenación e interpretación de los datos y las fuentes, mismo que cambia según la época, el lugar y las circunstancias propias de quien realiza dicha ordenación e interpretación. Como regla general -sin la intención de encasillar a todas las aproximaciones explicativo-interpretativas de la historia bajo este esquema- este ejercicio de dotar al pasado de coherencia y lógica tiene como propósito situar y explicar mejor el presente mediante la interpretación y comprensión de las fuerzas, circunstancias y acciones que han desembocado en nuestro estado actual, moldeándolo y justificándolo inequívocamente. En otras palabras, si el pasado no hubiera sido como fue, el presente no sería como es.

Esta afirmación -que parece peligrosamente una perogrullada- a pesar de su simplicidad ha sido el centro de debates complejísimos. En primer lugar puesto que, si hemos de parecernos más a nuestro tiempo que a nuestros padres, la insinuación de que el pasado "fue" y el presente "es" conlleva una carga ontológica que ahora podría parecernos arcaica puesto que el pasado, como toda palabra, no "es" la cosa a la que se refiere sino que la "significa". Además, afirmar que el pasado "fue" lo convierte en algo cerrado y resuelto, en algo que no admite más interpretaciones ya que solamente puede tener una lectura. Y únicamente mediante esa lectura es que el pasado se vuelve accesible y se resuelve su misterio, se presenta como condición y razón única del presente. Pero si ese pasado fue alguna vez presente, ¿tuvo a su vez un pasado que lo condicionó y le dio su raison d'être? Esta concatenación de pasados que fueron presentes y que tuvieron pasados que alguna vez fueron presentes, podría repetirse ad infinitum no sólo en reversa, sino hacia adelante también. Porque para que esta lógica sea válida, se debe considerar al presente como el futuro de un pasado y el pasado de un futuro. Así, para que esta direccionalidad lineal funcione y sustente una narrativa coherente que explique al pasado que determina al presente y que apunta al futuro, debe contar con un principio y un fin.

Historiadores y filósofos de todas las épocas han intentado solucionar la problemática anterior y se han abocado a la tarea de dotar al conjunto de la historia humana de significado y estructura, de proélefsis y de telos, de direccionalidad y propósito. Pero ninguna de las anteriores es posible sin un agente que aporte una superestructura que sirva de guía para llegar a ese fin; este agente debe proveer el blueprint o el masterplan de la historia y es labor del historiador o del filósofo ordenar e interpretar el aparente caos de las acciones humanas con el fin de desvelar ese plan maestro. Así, la lucha de clases, la Providencia, Dios, el progreso o la evolución se convierten en agentes de la historia que a la vez son suprahumanos y metahistóricos. Incluso las voces que han intentado "humanizar" a lo suprahumano , como en el caso de Vico y su naturaleza humana o de Spengler y Toynbee y su concepto de la civilización como un ente vivo, caen en la categoría anterior. Esta vertiente de la filosofía de la historia ha intentado asimilar y explicar el patrón sobre el que se construye la historia, ya sea cíclico, teleológico o progresivo, creando de paso meta-narrativas que dan continuidad y coherencia a ese pasado, cerrándolo y dotándolo de una meta inequívoca.

¿Es teóricamente factible eliminar la condición suprahumana y metahistórica del agente dentro de este esquema explicativo de la historia? Esta eliminación cancelaría de inmediato la noción de un patrón general de la historia y lo convertiría necesariamente en particular. En otras palabras, sin la participación de un agente metafísico -en sentido de causa primera e inmutable- esa Historia regresaría a su condición de historia y perdería nuevamente su sentido de largo plazo y de direccionalidad última. Si no son, por ejemplo, ni la Providencia ni el progreso los que han movido las acciones humanas desde el más remoto pasado para llevarnos hacia un fin, y si se substituyen por agentes concretos y finitos, entonces el foco de atención se "reduce" -no en un sentido necesariamente negativo- a aquello que los historiadores han venido practicando desde siempre y aun más desde la profesionalización de esta disciplina: el estudio e interpretación de datos dentro de una delimitación espacio-temporal muy específica con el fin de explicar la importancia de un proceso, evento o acontecimiento históricos, pero sin atribuirles una direccionalidad ni con la intención de representarlos como el punto final de la historia, todo ello basado sobre la interpretación de evidencia histórica concreta.

¿Qué sucede, entonces, cuando a un agente concreto y finito se le atribuyen características suprahumanas o metahistóricas? ¿Se marca un regreso a la noción de un plan maestro teleológico que conduce a la historia hacia un punto determinado? La crítica más acertada a la concepción teleológica de la historia es la afirmación de que es imposible encontrar sentido donde simplemente no lo hay y que la interpretación de aspectos concretos y delimitados de la historia es factible dado que se basa en la humanidad de la historia, en las acciones de individuos o grupos de individuos, no en su condición de mero instrumento de un supra-agente. Sin embargo, esto no ha impedido que algunos autores hayan encontrado -algunos a decir verdad sin proponérselo- una especie de "tercera vía" interpretativa: la historia lleva una dirección que está determinada por agentes específicos y concretos, que no son suprahumanos pero sí metahistóricos; que esta dirección debe permanecer oculta a los ojos del resto de la humanidad hasta que las condiciones estén dadas para alcanzar el fin de la historia pero, que si se desentraña este plan, entonces cabría la posibilidad de cambiar el futuro de la raza humana.

En el caso que nos ocupa, intentaré hacer un análisis crítico de la teoría de la historia que proponen algunos representantes de una larga cadena de autores que se remonta a finales del siglo XVIII, mismos que han defendido la idea de que los supra-agentes de la historia han sido los masones y los judíos. Específicamente en torno a su muy particular punto de vista acerca de las causas que precipitaron el inicio de la Primera Guerra Mundial y los efectos de ésta, un conflicto que marcó la historia del siglo XX, cuyo inicio fue tan inesperado como inevitable.

La entrada del Dictionary of Welsh Biography dedicada a Arthur Howard Gwynne -escrita por Muriel E. Chamberlain 1 - da cuenta de la intensa actividad periodística de quien fuera editor en jefe del diario británico The Morning Post entre 1911 y 1937. El autor nos informa sobre las diversas corresponsalías de guerra que le fueron asignadas a Gwynne por la agencia Reuter's entre 1893 y 1904, así como de su cercanía con la familia Chamberlain -la de Neville, no la propia- e incluso hace mención de dos obras publicadas por el periodista galés: The Army in Itself y The Will and the Bill. La información que falta en esta breve pero substanciosa biografía es la relacionada con la obra mejor conocida y más polémica de Gwynne.

The Cause of World Unrest fue publicado en 1920. El libro es una recopilación de artículos escritos por la redacción del diario, están publicados sin firma aunque probablemente algunos son de la autoría de George Shanks y otros de Nesta H. Webster. Sin embargo, la idea original, la edición y el prefacio son de Gwynne. La obra pretende ser un comentario analítico de los Protocolos de los sabios de Sión 2 , bajo la luz de los acontecimientos históricos recientes, con múltiples obligadas referencias a las obras de Barruel, Lémann y Wichtl, de quien me ocuparé más adelante. Pero son los Protocolos -tomados de la edición de Sergei Nilus en su Velikoe v Malom- los que sirven de guía para explicar las causas de la agitación mundial, encarnada en una serie de revoluciones e intentos revolucionarios sucedidos en Europa entre 1789 y 1919, promovidos por judíos y masones como parte del supuesto plan maestro para la dominación del mundo. Gwynne intenta deslindarse de ser considerado un antisemita o un antimasón por el lector, argumentando -de manera muy similar a Barruel 120 años antes- que no todos los judíos ni todos los masones están involucrados en este complot, puesto que la "judería política no abarca a toda la judería" y que sería "perverso adjudicar a la judería en su conjunto esta política demente y peligrosa", pero la condición para no caer en un antisemitismo generalizado es que "el judío honesto y patriótico debe atreverse a denunciar y retirar su apoyo a los revolucionarios de su raza" puesto que "quienes no están con nosotros están contra nosotros" 3 .

La estructura del libro es muy interesante. Los artículos que lo componen no están ordenados de manera cronológica, son los Protocolos los que dictan el ordenamiento de los capítulos y sobre los cuales se basan las interpretaciones de Gwynne y sus colaboradores acerca de la historia mundial. El énfasis se pone en la Revolución Rusa y sus principales actores -directos e indirectos, Karl Marx incluido- y, sin proponerlo abiertamente ni hacerlo manifiesto, se fija a la Revolución de Octubre como el punto más álgido de la conspiración judeo-masónica, a partir del cual se intentaría llevar a cabo revoluciones similares en toda Europa bajo los planos trazados, precisamente, en los Protocolos. Si bien los autores y el editor de The Cause of World Unrest cuestionan en diversas ocasiones la autenticidad del apéndice documental de la obra de Nilus y afirman que no es posible corroborar la información contenida en dichos Protocolos, confirman su referente con la realidad histórica al comparar pasajes del supuesto plan de los sabios de Sión con textos masónicos, con fragmentos de la obra de Marx y con extractos de propaganda de grupos comunistas y anarquistas.

Sin embargo, la obra en su totalidad cae sistemáticamente en la sobre- interpretación tanto de los Protocolos -que ya para 1920 eran considerados una falsificación con fines propagandísticos- como de los textos de Marx, las noticias que llegaban de Rusia y los diversos escritos de los bolcheviques, salpicado todo con un poco de Barruel y de Lémann.

Ya desde el primer párrafo del capítulo primero -en el que se describe der Stand der Dinge entre los años 1919 y 1920- hay un ejemplo claro de esta sobre- interpretación. El autor cita a Winston Churchill citando a Erich Ludendorff -de quien también me ocuparé más adelante- acerca de la responsabilidad de Alemania en la Revolución Rusa. En su discurso del 5 de noviembre de 1919 ante la Cámara de los

Comunes 4 , Churchill cita las memorias de guerra recientemente publicadas de Ludendorff en las que el general Alemán justifica, desde el punto de vista militar, la ayuda prestada a Lenin para regresar a Rusia con el fin de socavar a este poderoso enemigo de los alemanes. Acto seguido, Churchill arremete en contra de los bolcheviques en su muy particular estilo, llamándolos "la más formidable secta del mundo" de la cual Lenin era "el jefe y sumo sacerdote" y afirma que los alemanes, en la forma que lo mandaron de regreso a Rusia, se compara con haber enviado "un frasco conteniendo un cultivo de tifo o de cólera para ser vertido en la fuente de agua de una gran ciudad" 5 .

Estas palabras de Churchill sirven de arranque a The Cause of World Unrest. El anónimo autor del primer capítulo elabora una serie de interpretaciones alrededor de lo dicho por Churchill y por Ludendorff para concluir que "la más formidable secta" 6 , al ser una fuerza cosmopolita que no era ni rusa ni alemana exclusivamente, era un poder mundial que, al ser manejado con poco cuidado por los alemanes, terminó por derrocar no sólo a la monarquía rusa sino a la alemana -faltó mencionar a la austriaca y a la otomana- también. A partir de aquí se establece la relación entre el relato de Barruel de la Revolución Francesa y los Protocolos, tras lo cual se llega a la conclusión de que la secta a la que se refiere Churchill no es otra que la formada por judíos y masones, a veces bajo el manto de los illuminati y, a partir de la revolución rusa, bajo la forma de los bolcheviques.

Uno de los aspectos más notorios del libro lo vuelve, a primera vista, irrelevante para el tema del presente trabajo. El tema de la Primera Guerra Mundial se evita casi por completo en las más de 300 páginas de la obra. Los autores navegan alrededor de él, sirve como referente en algunos pasajes para situar cronológicamente los hechos, pero nunca se aborda de forma directa la conflagración más importante que había visto el mundo hasta ese momento. ¿Por qué?

H. A. Gwynne y sus colaboradores escriben desde la perspectiva de los vencedores. Imputar la victoria de la Gran Bretaña y sus aliados sobre los tres grandes imperios a judíos y masones sería tanto como aceptar que las Potencias Centrales eran el bando correcto. Y esto, por muy descabelladas que pudieran ser las interpretaciones de Gwynne y su equipo, era algo que simplemente jamás podría cruzar su mente. Sin embargo, sin tocar el tema de la Gran Guerra el pretexto del libro se desvanecería por completo, puesto que la intención era revelar de alguna forma a masones y judíos como beneficiarios de todos los conflictos mundiales, incluido el más reciente. Entonces, si "la más formidable secta" no había estado detrás de la victoria aliada, ¿qué podría obtener de esta?

Hacia 1917 -y en directa alusión a las negociaciones de paz con Alemania que a la postre resultarían fallidas- se publicó en Gran Bretaña un pequeño libro, anónimo, titulado Peace made in Germany: what Tommy and Poilu think about it. El libro estás estructurado como una serie de anécdotas en las que soldados británicos y franceses son los protagonistas. La intención de la obra es demostrar que el esfuerzo bélico en contra de los alemanes debía llevarse hasta sus últimas consecuencias, que las voces de los pacifistas debían acallarse y que conmiserarse de los sufrimientos de los hombres en el el frente era inútil, que lo que realmente ayudaría a los combatientes sería que toda la sociedad hiciera su mejor esfuerzo para pertrecharlos y abastecerlos ya que, de lo contrario, el sacrificio de los que yacían en los campos de batalla habría sido en vano. Que si bien la guerra era un gran horror, tanto "Tommy" como "Poilu" -nombres genéricos para designar a soldados británicos y franceses respectivamente- luchaban para evitar que sus hijos vivieran un horror aún más terrible bajo el yugo de los "Boches". Si bien los pacifistas no eran tachados de traidores, en cada anécdota se daban argumentos firmes para demostrar que la paz con Alemania era impensable, que sería tanto como perdonar a un asesino que, con las manos llenas de sangre inocente, al verse rodeado por la policía implorara clemencia y pidiera que se olvidara todo el asunto 7 .

Gwynne en su introducción a The Cause -ésta sí escrita y firmada por él- esgrime un argumento similar pero no lo dirige a los pacifistas como una masa anónima sino a un "cierto sector de los judíos que no deseaban ver a Alemania derrotada" ya que apoyaban la propuesta del presidente Wilson -a quien no se refiere directamente- de la famosa "paz sin victoria". Gwynne intenta suavizar su argumento insistiendo en que no todos los judíos eran pro-alemanes, pero que no se podía negar que algunos judíos mostraron durante la guerra una cierta "tenderness" por Alemania que resultaba incomprensible. Así, el editor del Morning Post aprovecha para hacer toda una disquisición acerca del verdadero patriotismo de judíos y masones. ¿Qué era primero un judío? ¿Británico o judío? Los judíos estadounidenses, ¿eran americanos, judeo- americanos, o americano-judíos? Si las políticas de una y otra nacionalidad estaban encontradas en algún tema -y pone el ejemplo de Gran Bretaña y la cuestión Palestina-, ¿a quién debía la judería su lealtad?

A decir de Gwynne, la respuesta a estas interrogantes saltaba a la vista en las negociaciones de la Conferencia de Paz en París, donde se había demostrado la dicha "tenderness" por Alemania, ya que ésta, en su opinión, había salido notoriamente poco castigada por el armisticio. Según el autor, los judíos en la conferencia se habían negado rotundamente a que Polonia tuviera una salida al mar, oponiéndose a que se le entregara Danzig, y habían tratado de obtener privilegios especiales para ellos. Asimismo, acusa a la judíos, en especial al historiador y periodista británico de orígen judío Lucien Wolf, de haber orquestado la Liga de Naciones -a la que se refiere como "una aspiración esencialmente judía"- y los tratados de las minorías con el fin de obtener derechos políticos como si se tratarán de una nación y no de un grupo que aspira a su libertad religiosa 8 . Vale la pena abrir aquí otro frente, si se me permite la metáfora militar.

Eugene Lenhoff fue un reconocido periodista y masón. Nacido en Suiza de padres alemanes, se trasladó al inicio de la Primera Guerra a Viena para trabajar como corresponsal suizo, en donde convivió con Franz Kafka y Robert Musil. En su obra más conocida, Los masones ante la historia, Lenhoff se mofa de los que tenían la certeza, a partir de "fuente autorizada", que de todo lo que sucediera en Ginebra "tendían la culpa los masones". Pero aclara que todos olvidan que la Sociedad de Naciones "fue concebida por un masón" y que esta idea se acariciaba ya desde la asamblea de grandes logias celebrada en París a finales de junio de 1917. A decir del autor, el masón André Lebey, de nacionalidad francesa, "no se dejo arrastrar por la sed de odio contra Alemania ni contra el pueblo alemán" a pesar de que en su patria se libraban aún "furiosamente las grandes batallas", y propuso que, así como en 1789 se habían proclamado los derechos del hombre, era necesario proclamar ahora los derechos de los pueblos y buscar una alianza con Alemania con el fin de garantizar, una vez desarmadas las grandes potencias, "la paz del mundo, esencia fundamental de las ideas y deseos masónicos" 9 .

La idea de Gwynne de que judíos y masones eran partidarios de Alemania y que intentaron imponer sus intereses al firmarse la paz, y la de Lenhoff acerca de la paternidad masónica de una Sociedad de Naciones que incluyera a Alemania, contrastan radicalmente con el punto de vista de los derrotados. Karl Heise -autor anti-masónico y teosofista alemán radicado en Suiza- escribió su Entente-Freimaurerei und Weltkrieg no para señalar a los culpables de la guerra, sino para mostrar el estado de las cosas y aportar pruebas para que el "busque a los culpables, los encuentre" 10 . Las más de 400 páginas del libro de Heise están dedicadas no sólo a establecer la relación de la masonería con los judíos y con otras corrientes ocultistas, sino a desentrañar la historia y la actividad masónicas en diversos países -dedica apartados a Canadá, Liberia, a casi todos los países de Centro y Sudamérica e incluso a China, Japón y Siam- pero en especial a los de la Entente y a los de los Poderes Centrales. Todo con el fin de demostrar el alcance mundial de la masonería y de cómo un sector de ésta tenía puesta la mira en el asesinato del heredero al trono austro-húngaro y el desencadenamiento de la guerra. A decir de Heise los grandes orientes de toda Europa conspiraron para crear la sociedad secreta nacionalista "Narodna Odbrana" en Serbia y para elegir a Gavrilo Princip como la mano que ejecutaría el plan 11 . Sin embargo, estos grandes orientes no eran representativos de toda la masonería. Para Heise, en cierta coincidencia con Gwynne, no todos los masones estaban involucrados en el plan de iniciar la Gran Guerra. Según el autor, el verdadero objetivo de la masonería era espiritual y no político, pero existían -en un argumento que recuerda a las arrières-loges de Barruel- lo que él llama las "Entente-Weltloge der 33 Grade": una especie de masonería dentro de la masonería que había abandonado "el amor a Dios, a la verdad, a la Biblia y al prójimo" y que había enfrascado a la humanidad en la guerra con su "red mundial de conspiración, mentiras, traición y odio" 12 . En Entente-Freimaurerei el verdadero objetivo de esta "otra" masonería como agente de la historia, hacia el que dirige todos sus esfuerzos y que persigue como su fin último, es el establecimiento de una "democracia mundial" pero no necesariamente bajo la forma de una república. Según la interpretación de Heise, la Entente-Freimaurerei busca establecer un sistema hegemónico con Inglaterra, "el país más democrático", como modelo y como centro de operaciones, pero sin la intención de "portugalizarla" y con la consigna de jamás "levantar la mano contra el régimen británico" 13 .

El libro de Heise tiene marcadas diferencias y similitudes con el de Friedrich Wichtl, mismas que saltan a la vista desde el título mismo. Weltfreimaurerei, Weltrevolution, Weltrepublik 14 es el intento del político y escritor austriaco Friedrich Wichtl 15 de demostrar que la verdadera intención de los masones -delineada en dos grandes conferencias internacionales, una de 1889 y otra de 1912- era la de trastocar a los gobiernos, en especial a los de Austria-Hungría y de Alemania y a sus respectivas dinastias, con el fin de establecer una república de alcance mundial dirigida, precisamente, por los masones. El libro de Wichtl hace hincapié, de forma parecida a Heise, en las actividades de a escala mundial de la masonería aunque sin ser tan amplio como el autor alemán. Wichtl se centra en las actividades de la "masonería revolucionaria" en Europa, Rusia y Turquía incluidas, con especial énfasis en las masonerías inglesa y francesa las cuales, según su interpretación, son las que mueven los hilos de la masonería mundial. Acusa a los masones ingleses y franceses de haber mostrado un falso pacifismo y de haber impuesto a las masas la idea de una "paz mundial" al tiempo que preparaban el camino para la "revolución mundial". Citando al masón alemán Wilhelm Ohr, un "antiguo pacifista y cosmopolita", Wichtl afirma que "la masonería, al haber abusado de su poder, debe cargar con la culpa [de la guerra] en primer lugar" y que fueron las logias, en especial los grandes orientes de España, Francia, Italia y Portugal, "ahí donde se gestó el odio contra la germanidad" 16 .

El que en apariencia sería el capítulo central del libro de Wichtl, "Francmasonería y Guerra Mundial", no es más que un intrincado relato sobre la actividad en las logias de los países enemigos de los poderes centrales -incluye aquí a las masonerías de Brasil, Argentina y Uruguay- y las opiniones de dichas masonerías sobre el conflicto, todas contrarias a las políticas de los gobiernos austro-húngaro y alemán y al militarismo de los Junker. Sin embargo, es el pequeño capítulo inmediato siguiente, de apenas tres páginas, dedicado a "el francmasónico programa de paz de Wilson", donde el autor concluye que es en ese plan donde se encuentra "el punto culminante del proceso histórico iniciado con la guerra, la culminación de las metas de la masonería puesto que Wilson mismo también es francmasón" 17 .

En las breves páginas de este capítulo -recordemos que Wichtl publicó esta obra en 1919, casi al paralelo de las negociaciones de paz- el austriaco analiza los puntos referentes a la libertad de tránsito marino, a la reducción del ejército alemán, al asunto de Alsacia-Lorena, a la autonomía de los pueblos de Austria-Hungría y a la partición de Turquía. En cada uno de los puntos ve realizados los falsos ideales francmasónicos de paz que sólo enmascaran las ventajas obtenidas por ingleses y franceses a costa de los perdedores. Pero es en el punto 14, la "unión de todas las naciones para la seguridad y el mutuo beneficio", donde Wichtl concluye que "ha llegado el día que tanto esperaban los francmasones, que tanto anhelaban" desde julio de 1889, cuando supuestamente habían trazado el plan para llegar a esta "unión de naciones, esta república mundial, esta república piramidal" 18 . ¿Podemos, entonces, concluir que Wichtl detestaba a la república como forma de gobierno tanto como a los masones? Para cerrar su obra, nos dice: "una buena república austro-alemana, basada en principios alemanes, es cien veces mejor que una mala monarquía. Una buena monarquía, con un emperador alemán en la cúspide, es mil veces mejor que una arbitraria república de abogados regida por masones de la calaña de Eisner, Lenin, Radek o Kohn" 19 .

Casi al mismo tiempo que Wichtl redactaba su Weltfreimaurerei, Weltrevolution, Weltrepublik, Erich Ludendorff -el general alemán más destacado de la Primera Guerra- escribía desde su exilio en Suecia Meine Kriegserinnerungen 1914-1918. Este libro fue traducido al inglés prácticamente desde su aparición, bajo el título Ludendorff's own story -del cual extrajo Churchill la cita que sirvió de base para el texto de Gwynne, tratado páginas arriba-. En su obra, Ludendorff achaca la derrota alemana a la falta de dirección interna del gobierno, que falló en instilar en los alemanes la misma confianza y deseo de victoria que los países de la Entente lograron en sus pueblos. La falta de una estructura propagandística, que el mismo Ludendorff había pedido al gobierno en distintas ocasiones pero que se limitó a un "servicio de panfletos dedicados a intentar influir en la prensa" y que, a decir del general, tuvo los mismos resultados que "arrojar agua a una piedra caliente" y que no tuvo "la más mínima importancia" 20 ; y la acción de aquellos en Berlín "que no habían aprendido nada de la historia" y que "creían que las naciones hostiles anhelaban escuchar palabras de reconciliación que empujarían a sus gobiernos hacia la paz" fueron, para el general alemán, las verdaderas causas de la derrota. Así, cuando el "deseo por la paz fue más fuerte que la voluntad por luchar por la victoria" y cuando el gobierno fue "conducido por un camino resbaladizo", el pueblo alemán "pagó con su vida su propio engaño" 21 .

En estas memorias de guerra, Ludendorff no señala directamente a nadie en específico como agente de la derrota alemana. Se limita, como ya vimos, a hablar de "aquellos en Berlín" y de manera muy abstracta del gobierno, de los partidos, de los agitadores y de los críticos. Parecería que solamente él y Von Hindenburg eran los únicos decididos a llevar a Alemania y sus aliados a la victoria. Pero tras su fallida participación en el putsch de Hitler y su fracaso electoral de 1925, Ludendorff cambió su interpretación de los hechos y enfiló sus baterías contra masones, jesuitas y judíos, no sólo como responsables de los males de Alemania antes y después de la guerra, sino como agentes de la historia desde la antigüedad misma.

El análisis de la extensa obra de Ludendorff escapa a los límites del presente artículo. Para el propósito de estas líneas, me enfocaré en uno de los textos menores del general, en el que sintetiza su muy particular visión de la historia y de los agentes que, desde su interpretación, la han conducido.

La publicación de Wie der Weltkrieg 1914 "gemacht" wurde data del 28 de junio de 1934. Ludendorff hizo coincidir la aparición de este libro exactamente con el vigésimo aniversario del asesinato del archiduque Franz Ferdinand en Sarajevo; como veremos más adelante, para el general prusiano las fechas tenían una doble importancia. Este pequeño texto es, para efectos prácticos, un compendio de las ideas anti-semitas, anti-masónicas y anti-católicas que Ludendorff había ya expresado, de forma caótica y en ocasiones casi incomprensible, en obras anteriores como Vernichtung der Freimaurerei y Kriegshetze und Völkermorden. Huelga decir que Wie der Weltkrieg..., al igual que todo el extenso catálogo de obras del general, carece casi por completo de referencias y de aparato crítico. Las pocas referencias bibliográficas y documentales apuntan casi siempre a otros textos publicados por el mismo Ludendorff o por su segunda esposa, Mathilde. Pero aquí, más que el valor historiográfico o documental de la bibliografía escrita por uno de los personajes más sobresalientes de la Primera Guerra Mundial, lo que nos interesa es su interpretación de los acontecimientos, de los agentes y de la linealidad que adjudica a la historia, donde todos los hechos importantes de los últimos milenios apuntan hacia un fin específico y siguen el plan trazado por dos entidades, a veces antagónicas y a veces en apariencia aliadas que, a pesar de haber estado compuestas y dirigidas por hombres de carne y hueso, se nos muestran prácticamente como suprahumanas y metahistóricas.

Para Ludendorff, la historia de la humanidad se resume básicamente a la influencia que los "poderes supranacionales" -que no son otros que "Judea" y "Roma"- han tenido sobre el pensamiento y las acciones de pueblos, individuos y gobiernos. Claro está que ambos poderes han actuado siempre tras bambalinas y, por lo tanto, "la historia mundial nos ha enseñado otra cosa, puesto que estos poderes procuran no dejar 'documentos' que los delaten" y nos advierte que "si no se conoce a estos poderes supranacionales, no es posible la comprensión de esta terrible, última tragedia de la historia mundial" 22 .

Según esta particular interpretación de la historia, cuando Moisés recibió las leyes sobre las que se basan las creencias del pueblo judío y se convirtió en "sumo sacerdote" y "líder" de los judíos, también se propuso la meta de dominar a todos los pueblos y trazó "los caminos para subyugarlos y desposeerlos." Después llegarían "los judíos Jesús de Nazaret y Pablo" cuya doctrina cristiana sólo servía a los propósitos judíos puesto que predicaba un "desarraigo racial" y la "igualdad de toda la 'humanidad'." Pero, para sorpresa de los judíos, los obispos cristianos de Roma fundaron su "jerarquía sacerdotal" no sobre las enseñanzas de Jesús y de Pablo, sino sobre las de Pedro, el "apóstol judío", que así heredó el papel de "sumo sacerdote" y de "intermediario entre Yahvé, que se convirtió en el dios de los cristianos, y los pueblos."

El papa romano, como supuesto heredero de Pedro, y con la ayuda de los "ambiciosos príncipes", impuso gracias al "miedo a la muerte y a los castigos", su poder sobre los pueblos del oeste, centro y norte de Europa. "Las cosas no salieron como lo pensó el judío. No era él sino el papa romano el que se beneficiaba de la doctrina cristiana".

Los judíos se refugiaron en los ghettos y esperaron su oportunidad. Ésta llegó con la Reforma, ya que "bajo Lutero y Melanchthon" la cristiandad se amoldó según "los deseos de los judíos y se quebrantó la influencia del papa romano." Paralelamente, los judíos trabajaron en la creación de "organizaciones secretas", primero los rosa- cruces y luego los francmasones, cuyos miembros se obligaron bajo juramentos "de obediencia y discreción" a propagar las falsas ideas de "libertad, igualdad y fraternidad" para beneficiar a los judíos y para luchar contra Roma. Pero los católicos también crearían sus organizaciones y congregaciones secretas, siendo la más influyente e importante la de los jesuitas.

Así, a decir del autor, durante los siglos XVI y XVII se intensificó esta "batalla de los Nibelungos" entre Judea y Roma. Pero, en 1789, la "sangrienta revolución francesa", fue obra de "judíos, masones y algunos jesuitas revanchistas" y en esa ocasión "ambos poderes supranacionales marcharon juntos" 23 . Lo que Ludendorff no nos explica es por qué decidieron actuar juntos contra la monarquía francesa ni cuándo o por qué reanudaron las hostilidades entre ellos. Sólo explica, muy brevemente, que con "el masón" Napoleón el papado sufrió un "golpe devastador" -que lo obligó a restituir a los jesuitas, proscritos por un papa anterior- y que después fue la masonería italiana la que se encargo de mantener al pontífice romano a raya.

En este punto se nos revela el verdadero impulso que según Ludendorff ha movido a la historia de la humanidad y que ha servido de eje en la confrontación entre Judea y Roma. Los masones y los judíos luchan por el objetivo de establecer una "república mundial" en la que todos los Estados serían reducidos a provincias y los hombres a "masas humanas." Por otra parte, el objetivo de la iglesia romana era el establecimiento de un Estado teocrático ("Gottesstaates"). Claro que cualquiera de las dos opciones antagónicas "significarían lo mismo para los pueblos, [que] serían despojados de sus particularidades" y quedarían "dóciles y desposeídos." 24 Sin embargo, ambos "poderes supranacionales" tenían enemigos en común. Prusia, "la fuerte e irreductible Alemania", representaba un peligro para Judea y Roma gracias a su poderío político y económico, y a que su pueblo poseía una férrea "voluntad de independencia." Rusia, cuyo Zar y pueblo eran cristianos ortodoxos y abiertamente "judeófobos" (judenfeindlich), había mantenido fuera a masones y jesuitas. Turquía, cabeza del islam, conservaba la hegemonía en sus territorios sobre los cristianos, tanto griegos como católicos. Por último, Austria-Hungría que, debido a la diversidad de los pueblos que la componían, no había quedado totalmente ni en manos de los católicos ni en las de los judeo-masones 25 .

De esta forma, las condiciones estaban dadas para que los "poderes supranacionales" intentaran eliminar del camino a estos cuatro adversarios mediante la forma más adecuada y contundente posible: la guerra. Por supuesto que tal acción no podía planearse de la noche a la mañana y tampoco podía dejarse al azar. Aquí es donde la cronología cobra una doble importancia en el discurso de Ludendorff. En primer lugar porque aporta ritmo y cierta coherencia al relato. Mediante la ordenación cronológica de datos, Ludendorff intenta demostrar que la acción de los agentes Judea y Roma -aunque realmente el 95% de este y otros textos del general alemán versan sobre el primero- ha estado presente en todas las épocas y además tiene direccionalidad. Nada de lo que habían hecho tanto judeo-masones por una parte como católico-jesuitas por el otro, desde prácticamente tiempos bíblicos, había sido producto de la casualidad ni estaba fuera del plan de unos y de otros para dominar al mundo. La segunda razón de la importancia de la cronología reside en el significado místico-numerológico que Ludendorff le confiere, pero que no es independiente del aspecto direccional ya mencionado; de hecho, lo confirma. Así, la revolución francesa de 1789 se inició en ese año debido a que, según lo interpreta Ludendorff, el significado cabalístico de la suma de las cifras que lo componen (1+7+8+9 = 25) es el número de una "promesa de salvación" (Heilversprechen) y de éxito. Exactamente cien años después, durante un congreso masónico en París, las logias y los grandes orientes acordaron iniciar el ataque contra Prusia/Alemania, Rusia, Turquía y Austria-Hungría en 1914. De acuerdo con el autor, la suma de las cifras (1+9+1+4 = 15) coincide con el valor cabalístico de las dos primeras consonantes del nombre de Yahvé, 10+5. Por ende, 1914 era un "año de Yahvé", lo cual lo volvía propicio para iniciar la guerra. Claro está que en un plan elaborado y calculado con tanta antelación, todos los detalles estaría perfectamente cuidados. Las cifras del primer día de la movilización en el Imperio Alemán, el día 2 del mes 8 del año 1914, suman también 25. Las declaraciones de guerra a Rusia y a Francia se emitieron a las 6 de la tarde de sus respectivos días, hora que según el autor tiene una gran carga simbólica para los masones. Ludendorff incluso se anima a hacer una predicción, pero no vivió lo suficiente -murió en 1937- para ver que su profecía no sólo no se cumplió, sino que tendría consecuencias fatales para aquellos que supuestamente iban a verse beneficiados: según sus cálculos cabalísticos, el siguiente "año de Yahvé", que sería propicio para otra acción destructiva por parte de judíos y masones, llegaría en 1941...

En su muy particular visión de la historia, los católicos tampoco estaban exentos de alinearse con fechas de alto valor simbólico. A decir del militar prusiano, en 1962 la iglesia católica intentaría, al cumplirse 1000 años de la coronación del emperador Otto I-hecho que se llevó a cabo en Roma y que para Ludendorff marcó el inicio de la injerencia católica en Alemania-, crear un "tercer Reich" 26 . Pero Roma, temerosa del "despertar del pueblo alemán", tuvo que adelantar sus planes y procurar la caída de sus "enemigos protestantes, ortodoxos y mahometanos" mediante la instigación de la guerra mundial.

Las críticas y reclamos contenidos en este libro no están dirigidos únicamente a los "poderes supranacionales" como entidades abstractas. A lo largo del texto menciona por nombre y apellido a algunos masones, casi todos ingleses, franceses o italianos, que se mostraron críticos con Alemania y que auguraban su caída, con lo que refuerza su idea de que los masones eran parte del plan contra Alemania y conocían de antemano su desenlace. Pero, hacia el final del libro, Ludendorff parece más tener la intención de exculparse él mismo por el fracaso bélico y a su nación por haber iniciado el conflicto. Ni siquiera su antiguo superior al inicio de las hostilidades, el general Helmuth von Moltke, jefe del Estado Mayor alemán entre 1906 y 1914, se escapa de la acusación de haber quedado atrapado bajo la influencia de los "poderes supranacionales a través del ocultismo" y de haber retirado a las "victoriosas fuerzas alemanas" del campo de batalla del Marne bajo el pretexto de que ese era "el karma de Alemania" 27 . Además, señala a los "representantes de los romanos y de la internacional judeo-masónica" como los autores de la "mentira de la culpa alemana de la guerra" y de utilizar a su pueblo como un chivo expiatorio para así quedar ellos libres de culpa. Pero, ante la derrota contundente y lo irreversible de los acontecimientos, ¿qué quedaba para Alemania? "No queremos ser un chivo expiatorio, ni quedar en el 'desierto de la historia', ni ser una horda de esclavos bajo la república mundial ni bajo el Estado teocrático. Queremos vivir, junto a los otros pueblos, en libertad" 28 .

A manera de conclusión: ¿"Perros guardianes" o "profetas a la inversa"?

El anterior análisis es un mero esbozo, incompleto por supuesto, de algunas de las voces que pretendían alertar a los pueblos y gobiernos del peligro judeo-masónico que acechaba al mundo y que, al haber desencadenado la Primera Guerra Mundial y las revoluciones y levantamientos populares en Rusia, Alemania, Irlanda y Hungría, había probado ser más nocivo de lo que jamás nadie hubiera imaginado. Estas voces, junto a muchas otras más conocidas, representan el inicio del clímax del sentimiento antisemita y antimasónico presente en Europa entre 1920 y 1945 del que aún hoy quedan ecos que reverberan, ya no solamente en papel y tinta, sino en blogs, redes sociales y páginas de internet. Pero todas estas voces, sin importar si se expresaron desde una pequeña y desconocida imprenta en la década de los 1920 o desde facebook o twitter el día de ayer, en apariencia padecen del mismo defecto. Si su intención es alertar, por mera definición deberían adelantarse a los hechos y prevenir a la sociedad del peligro que se acerca. En pocas palabras, algo similar a lo que Ernst von Göchhausen intentó en 1787 al "revelar" los planes de la masonería para establecer una república mundial burguesa e iniciar revoluciones. Sin embargo, desde Augustin Barruel hasta los anónimos creadores de ConspiracyWatch.org, el fundamento de la alerta emitida es retroactiva y se basa sobre la interpretación y ordenamiento de hechos pasados con el propósito de desvelar el rumbo de la historia, señalar a sus agentes y demostrar que éstos tienen un plan definitivo -llámese el establecimiento de un gobierno mundial, el sometimiento de los pueblos o la abolición de las religiones- del que nunca se nos dice cuándo se consumará, si ya se consumó o si se trata de un proceso histórico que todavía está en marcha.

A pesar de que la publicación británica The Spectator imprimió el 15 de mayo de 1920 una crítica devastadora contra The Jewish Peril -título bajo el que se habían publicado los Protocolos de los sabios de Sión en la Gran Bretaña- 29 , casi exactamente 5 meses después, el 16 de octubre del mismo 1920, publicó una opinión muy favorable de The Cause of World Unrest. El autor del artículo admitió que "el mundo civilizado" sufría de "un mal del espíritu que es mayor al de la falta de alimento, al de la falta de vivienda, al de los precios altos y la baja producción" y que si bien no era posible comprobar que tales males eran producto de "una gran conspiración cuyo propósito es la destrucción del Imperio Británico", el diario The Morning Post había hecho bien en llamar la atención sobre esta "extraña, confusa y difícil cuestión" y en haber adoptado la función de "un perro guardián" 30 . ¿Son los autores que hemos revisado, más aquellos que faltaron y que han trabajado en la misma línea, una especie de "perros guardianes" de la historia? ¿Pretendieron -y pretenden- que sus "ladridos" sean de advertencia? ¿O caen en la crítica que Friedrich Schlegel hizo de los historiadores, al llamarlos "profetas a la inversa"? Muchos de nuestros colegas no estarán de acuerdo en considerar a Ludendorff, Gwynne, Heise, Wichtl et alii como historiadores y en pensar que lo que escribieron fue historia. El componente interpretativo en la narrativa histórica es fundamental, incluso los que han preferido dejar que los documentos y las fuentes hablen por sí mismos -¿cuántas obras hemos visto que parecen ser un estudio introductorio a un monumental apéndice de documentos?- no han quedado exentos de realizar un ejercicio hermenéutico que aporte sentido -e incluso dirección- al enorme número de lugares, nombres y fechas, a la creciente acumulación de datos que nos dan cuenta de las acciones y procesos de agentes, acontecimientos y hechos y su relación causal con otros. Al final, si bien no todo el conocimiento histórico es necesariamente presentado en forma de narrativa, los elementos interpretativos y explicativos son los pilares fundamentales de nuestra disciplina y son los que desembocan en el conocimiento histórico. Y si hemos de estar abiertos a la variedad de formas de presentar el conocimiento histórico, estemos o no de acuerdo con esa presentación, y si creemos que el pasado no está cerrado y admite siempre nuevas interpretaciones y explicaciones, entonces debemos replantear nuestra relación con ciertas obras y autores. Claro está que este replanteamiento no nos exime, y menos a los que estamos subidos en la rama académica de la historia -llamémosla así para diferenciarla de otras ramas y de otros árboles- , de mantener en todo momento una actitud crítica y analítica para con ellos. Porque, también a final de cuentas, son precisamente la crítica y el análisis los que nos han puesto en esta rama y no en ninguna otra.

"Arthur Howard Gwynne". En Dictionary of Welsh Biography. Disponible en http://yba.llgc.org.uk/en/s2-GWYN-CIL-1822.html
Churchill, Winston. "Zionism versus Bolshevism". Illustrated Sunday Herald (1920). Disponible en http://www.fpp.co.uk/bookchapters/WSC/WSCwrote1920.html
Ferrer Benimeli, José Antonio. El contubernio judeo-masónico-comunista: del satanismo al escándalo de la P-2. Madrid: Istmo, 1982.
Heise, Karl. Entente-Freimaurerei und Weltkrieg. Basilea: Ernst Finckh Verlag, 1920.
Kovalio, Jacob. The Russian Protocols of Zion in JapanNueva York: Peter Lang Publishing, 2009.
Lenhoff, Eugene. Los masones ante la historia. Barcelona: Biblioteca Orientalista, 1931.
Ludendorff, Erich. Ludendorff's own story. Nueva York: Harper, 1919.
Ludendorff, Erich. Wie der Weltkrieg 1914 "gemacht" wurde. Munich: Ludendorffs Verlag, 1934.
Peace made in Germany. What Tommy and Poilu think about it. Londres: Hodder and Stoughton, 1917.
The Cause of World Unrest. Londres: G.P. Putnam's Sons, 1920.
von Bieberstein, Johannes Rogalla. Der Mythos von der Verschwörung. Wiesbaden: Marix Verlag, 2008.
Wichtl, Friedrich. Weltfreimaurerei, Weltrevolution, Weltrepublik. Munich: J.F. Lehmanns Verlag, 1919.
Notas
Notas

1 "Arthur Howard Gwynne", en Dictionary of Welsh Biography [citado el 15 de febrero de 2015]: disponible en http://yba.llgc.org.uk/en/s2-GWYN-CIL-1822.html

2 José Antonio Ferrer Benimeli, El contubernio judeo-masónico-comunista: del satanismo al escándalo de la P-2. (Madrid: Istmo, 1982).

3 The Cause of World Unrest (Londres: G.P. Putnam's Sons, 1920), {ix}, xii-xiii.

4 El discurso completo, así como el debate de ese día en la Cámara de los Comunes, se puede consultar aquí: http://hansard.millbanksystems.com/commons/1919/nov/05/further-vote-on- account#S5CV0120P0_19191105_HOC_374. Es notable que el mismo fragmento del mismo discurso de Churchill sirvió de base para promover la autenticidad de los Protocolos de los Sabios de Sión en Japón. Véase Jacob Kovalio, The Russian Protocols of Zion in Japan (Nueva York: Peter Lang Publishing, 2009), 38-39.

5 The Cause, 1-2; "Further vote" [citado el 15 de febrero de 2015]: disponible en http://hansard.millbanksystems.com/commons/1919/nov/05/further-vote-on-account#column_1633

6 Aparentemente, Churchill publicó un artículo en el Illustrated Sunday Herald titulado "Zionism versus Bolshevism" que sin ser abiertamente antisemita -inicia con un elogio a Disraeli y a los judíos, a quienes califica de "la raza más formidable"- es una crítica a la tendencia internacionalista de la política judía, de la que afirma es una "conspiración mundial para destruir a la civilización" y equipara en peligro, para el resto de la humanidad, al sionismo y al bolchevismo -al que atribuye orígenes judíos. Seguramente Gwynne no tuvo conocimiento de este artículo, ya que probablemente lo hubiera explotado al máximo. El texto completo del artículo de Churchill, así como una prueba poco convincente de su autenticidad, puede consultarse aquí: http://www.fpp.co.uk/bookchapters/WSC/WSCwrote1920.html. Véase también Johannes Rogalla von Bieberstein, Der Mythos von der Verschwörung (Wiesbaden: Marix Verlag, 2008), 217-219.

7 Peace made in Germany. What Tommy and Poilu think about it (Londres: Hodder and Stoughton, 1917), 14.

8 The Cause, i-xxxiii.

9 Eugene Lenhoff, Los masones ante la historia (Barcelona: Biblioteca Orientalista, 1931), 402-403.

10 Karl Heise, Entente-Freimaurerei und Weltkrieg (Basilea: Ernst Finckh Verlag, 1920), I.

11 Heise, Entente, 74-81.

12 Heise, Entente, 66.

13 Heise, Entente, 336-337.

14 Al respecto de esta obra, escribió Heinrich Himmler -que a la sazón contaba con 19 años de edad- en su diario: "Es un libro que, sobre todo, nos aclara y nos dice, contra quiénes debemos de luchar." Von Bieberstein, Der Mythos, 219.

15 Esta obra se encuentra con relativa facilidad en internet, en versión escaneada en formato PDF. Resulta curioso que también es posible encontrarla en forma de audio-libro "cibernético". En YouTube una persona se tomó la molestia de grabar su lectura del libro completo, con un poco más de 6 horas de duración: https://www.youtube.com/watch?v=5x-OY34ochk

16 Friedrich Wichtl, Weltfreimaurerei, Weltrevolution, Weltrepublik (Munich: J.F. Lehmanns Verlag, 1919), 166.

17 Wichtl, Weltfreimaurerei, 183.

18 Wichtl, Weltfreimaurerei, 185.

19 Wichtl, Freimaurerei, 188.

20 Erich Ludendorff, Ludendorff's own story (Nueva York: Harper, 1919), 451.

21 Ludendorff, Ludendorff's, 6-8.

22 Ludendorff, Wie der Weltkrieg 1914 "gemacht" wurde (Munich: Ludendorffs Verlag, 1934), 2.

23 Ludendorff, Wie der Weltkrieg, 2-5.

24 Ludendorff, Wie der Weltkrieg, 2-6.

25 Ludendorff, Wie der Weltkrieg, 8.

26 Ludendorff, Wie der Weltkrieg, 9.

27 Ludendorff, Wie der Weltkrieg, 37.

28 Ludendorff, Wie der Weltkrieg, 38.

29 "The Jewsih Peril" [citado el 15 de febrero de 2015]: disponible en http://archive.spectator.co.uk/article/15th-may-1920/4/topics-of-the-day

30 "The world's unrest" [citado el 15 de febrero de 2015]: disponible en http://archive.spectator.co.uk/article/16th-october-1920/5/the-worlds-unrest

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