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Evolución de la literatura sobre el estado de la ciencia política en México (1947-2015). Otra mirada del proceso de desarrollo de la disciplina
The Evolution of Literature on the State of the Art of Political Science in Mexico (1947-2015) Another Perspective on the Discipline’s Development Process
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. LXI, núm. 227, 2016
Universidad Nacional Autónoma de México

Disponible en:
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=42146505003



Recepción: 18 Junio 2015

Aprobación: 12 Febrero 2016

Resumen: El artículo presenta un estudio sobre el desarrollo y las características contemporáneas de la ciencia política en México, pero en lugar de una reconstrucción histórica tradicional se propone examinar dicho proceso a partir de un metanálisis. La mera narrativa de la evolución de la literatura permite vislumbrar el desarrollo y los momentos de cambio cualitativos de la disciplina en cuanto a institucionalización, definición del campo y perfil de los autores. El análisis de la literatura existente refleja que el perfil de la disciplina ha pasado por tres grandes períodos: la etapa inicial, de 1947 hasta los años setenta, muestra el proceso de creación de instituciones y medios de publicación; la etapa de maduración, durante los años ochenta y noventa, denota el incremento de los títulos junto con la diversificación del perfil de los autores y los enfoques utilizados; finalmente, el momento contemporáneo, iniciado con el nuevo siglo, se caracteriza por un perfil de investigación compartido por los autores, una visión unificada de la disciplina y la inserción de la literatura en el marco de los debates a nivel internacional.

Palabras clave México, ciencia política, disciplina, institucionalización, ciencias sociales.

Abstract: This article presents an analysis of the development of political science in Mexico and its contemporary characteristics; but instead of doing it through a traditional historical reconstruction, it reviews this process based on a metanalysis. The simple narrative of the evolution of literature allows conceiving its development and the moments of qualitative change in the discipline regarding its institutionalization, the definition of its field and the authors’ profiles. The analysis of the existing literature reflects that the discipline’s contour has gone through three main periods: the initial stage, that runs from 1947 through the 1960s, and includes the establishment of institutions and of publication resources; the maturation stage during the 80s and 90s, which shows an increase in titles as well as a diversification of authors and perspectives; and finally, the contemporary moment, which began at the turn of the century, characterized by a research focus shared by the authors, a unified view of the discipline, and the inclusion of the local production in the framework of international debates.

Keywords: Mexico, political science, discipline, institutionalization, social sciences.

Introducción

La reflexión sobre la historia y el estado actual de la ciencia política en México (cpm) y en América Latina ha experimentado un renovado interés, particularmente a partir de cierto ejercicio de “historia interna” de la disciplina (Barrientos, 2013: 108). Ello ha dado lugar a variados intereses y enfoques; algunos hacen una ponderación profunda del contexto histórico, otros discuten los implícitos teóricos de las obras centrales y, más recientemente, han aumentado los análisis que se nutren de estadísticas e indicadores para hacer referencia a aspectos de su institucionalización, análisis de las publicaciones de referencia, los programas académicos ofertados, etcétera. El presente trabajo toma distancia de dichas estrategias; alternativamente, se ha considerado que desde el mero ejercicio de compilación y organización de la literatura que históricamente se ha interesado en el estado de la cpm se pueden obtener informaciones importantes. Un ejercicio de metanálisis, aunque sacrifica profundidad, se compensa al conseguir una imagen clara y ágil del proceso de desarrollo de la disciplina y ofrece directamente una mirada general de las lecturas que proporciona la literatura. A partir de una selección de fuentes[1] se asume que aunque el perfil de los autores, la bibliografía utilizada, las estrategias metodológicas y en general la visión de los trabajos sean plurales y cambiantes a lo largo del tiempo, precisamente por ello el conjunto formado por la literatura refleja las cualidades de la ciencia política mexicana al tiempo que es representativo de su proceso de transformación. La reconstrucción de la historia o el análisis de la situación actual de la llamada “pequeña ciencia” (Orozco, 1978) es una empresa complicada por interesarse en objetos en los que confluyen -y en ocasiones compiten- varias tradiciones disciplinares como la sociología política, la historia, la antropología, la psicología, etcétera. En este sentido, es interesante ver las reflexiones sobre la pertinencia de la denominación “ciencia política” que en su momento hicieron Duverger (1981), Sartori (1969) o Suárez-Iñiguez (1994), todo ello sin contar con los debates clásicos y contemporáneos sobre “el método” propio de la disciplina. Por eso, cuando la ciencia política se sitúa como objeto de estudio, además de los problemas convencionales de selección de fuentes y diseño de indicadores, el investigador debe enfrentarse a los problemas de la definición de la disciplina: ¿cuáles son los límites del objeto de análisis? ¿A quiénes llamar politólogos? ¿Qué tipo de formación hace a un politólogo? ¿A qué tipo de trabajos podemos ubicar como politológicos? ¿A los que se refieren a temas o fenómenos políticos? ¿Los que están elaborados conforme un marco teórico metodológico determinado? ¿Los que están escritos por graduados en ciencia política? Responder a estas preguntas no es tarea simple. Sin embargo, la literatura no se ha visto estancada con esa clase de dilemas. Como se verá más adelante, hoy en día casi todos los estudios coinciden en que la cpm se reconoce llanamente como parte del mainstream disciplinar internacional. La literatura revisada atestigua esa nueva perspectiva dentro de la cual se inscribe el presente trabajo.

Se sabe que el creciente interés de los politólogos mexicanos por el estado de la disciplina se inserta como parte de los debates del momento en el ámbito latinoamericano e internacional.[2] Una de las polémicas que han resultado particularmente estimulantes para el debate en México fue la iniciada a partir de la publicación en 2004 de un ensayo de Giovanni Sartori titulado: “¿Hacia dónde va la ciencia política?” En ese breve artículo, el “viejo sabio” hace una crítica del rumbo que ha tomado la ciencia política contemporánea -mayoritariamente estadounidense- de la que él se asume como uno de sus cultivadores y edificadores y en la cual advierte, entre otras cosas, errores tales como tomar a las ciencias duras como modelo, la falta de una metodología propia y el desarrollo de una “irrelevancia precisa”. Con su peculiar estilo, Sartori concluye que la ciencia política no va a ningún lado, sino que es “un gigante que sigue creciendo y tiene los pies de barro”. Esa autocrítica, junto con las posteriores réplicas elaboradas por José María Colomer y de David Laitin, dieron pie a airadas respuestas entre los politólogos mexicanos, como César Cansino (2007) y Godolfredo Vidal de la Rosa (2009).

Cansino coincide con Sartori y agrega críticas a la disciplina y sus enfoques contemporáneos, afirmando “la muerte de la ciencia política”, mientras que Vidal de la Rosa disiente, señalando que “las jeremiadas no sustituyen nuestra obligación de buscar nuestra propia identidad profesional, en vez de dar la espalda a la que otros se han formado durante decenios” (Vidal de la Rosa, 2009: 63). Sin embargo, más allá de la toma de partido, lo que resulta relevante de esta polémica es la apertura del debate por sí mismo sobre la situación que guarda la ciencia política en general -y en México en particular-, donde resulta necesaria la reflexión en torno a sus logros y problemas manifiestos, así como acerca de los retos concomitantes a su proceso de consolidación.

A pesar de que las discusiones sobre la historia de las ciencias sociales en general y de la ciencia política en particular son asuntos que han sido ampliamente tratados desde sus orígenes -y por cierto continuarán generando debates en el futuro-, parece oportuno desde una perspectiva sencilla y básicamente descriptiva -es decir, sin tomar parte en los debates teórico metodológicos de mayor calado que se han generado- llamar la atención sobre las lecturas útiles que se pueden obtener a partir de la recopilación de la literatura sobre la trayectoria y el estado actual de nuestra disciplina, ejercicio que -a pesar de su aparente simpleza- también demanda (en la medida de lo posible) dejar de lado los sesgos ideológicos que nos impone la formación[3] y, por ende, la pertenencia al objeto de estudio.

Principales períodos y proceso de evolución de los títulos publicados

La descripción sobre los cambios existentes en la cantidad de títulos publicados sobre cpm arroja desde el inicio lecturas interesantes al permitirnos distinguir entre años de auge y descenso de artículos publicados. Así, algunas crestas de productividad en períodos específicos -que suelen coincidir con algún evento de importancia para la disciplina o ciertos momentos en los que se presentan características comunes en los textos- permiten la identificación de ciclos en la evolución de la literatura, tanto que desde allí es posible proponer una periodización básica en la que se ajustan momentos clave o hitos en el desarrollo de la misma. Como se muestra en la tabla 1, la clasificación básica distingue tres etapas en la evolución de la literatura que coinciden con el desarrollo de la disciplina.

Tabla 1
Períodos y cantidad de títulos publicados

elaboración propia.

La etapa inicial (1947/1979), comienza con la publicación del primer título encontrado y culmina con un hecho significativo para la institucionalización de la disciplina: la creación de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (encpys) y la carrera de ciencias políticas. Estos hechos son complementados con otros elementos de institucionalización como la creación de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales (rmcpys). El perfil general de la disciplina que arrojan los textos encontrados es de una orientación profesionalizante en su finalidad y ecléctica en sus enfoques teóricos y metodológicos. La siguiente etapa, maduración (1984/1999), atestigua una visión diferente, ya no solo de creación de capacidades institucionales sino de hechos significativos que reflejan una disciplina en proceso de desarrollo, siendo los hechos más destacados la publicación de las memorias de los debates generados en los congresos nacionales de estudiantes en 1984, del primer y segundo congreso nacional celebrados en 1996 y 1999, además de la paulatina sofisticación en los estudios sobre el estado de la disciplina que salen a la luz en esos años. La literatura de ese momento (1996) registra los últimos debates sobre la distinción entre “ciencias políticas” y “ciencia política”, al tiempo que coyunturalmente el tópico del momento es la transición democrática en México,[4] de modo que todo ello facilita la formación de consensos disciplinares.

Respecto de los cinco años transcurridos entre 1980 y 1984, las fuentes no brindan información particular o específica sobre problemas en la disciplina. Por el contrario, en la bibliografía examinada, que será presentada más adelante, se encontró que en años previos hubo hitos importantes para la cpm -como los primeros titulados de maestría y doctorado en ciencia política o la creación del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública-. A partir de la bibliografía analizada[5] puede especularse que la ausencia de debate meta disciplinal se debe a que después del momento inicial de institucionalización del programa académico, la disciplina entró en un momento de trabajo “normalizado” caracterizado por un perfil flexible en el que cohabitan los perfiles profesionalizante, marxista y conductista.

La etapa contemporánea (2000/2015) inicia con el cambio de siglo pero no como fecha emblemática; para entonces ya puede reconocerse una visión imperante de la disciplina que, aunque todavía guarda ciertas diferencias internas en temas y enfoques, ya ha madurado en el camino de la especialización metodológica y de agendas de investigación. La ciencia política ya no es una convergencia temática, sino una especialidad académica reconocida cada vez más claramente, incluso por el público en general. El artículo de Rodríguez Araujo (2001) -el primero con tono de divulgación en México-, así lo atestigua. En la etapa contemporánea la disciplina se percibe menos nacional y más comparable con el trabajo que se hace a nivel internacional; los propios estudios sobre la historia de la disciplina en México narran el proceso de desarrollo de la misma como si percibieran el lustro 1995-2000 tan lejano como si hablaran de varias décadas atrás.[6] Como se verá más adelante, además de nuevos autores y un prolífico debate, los temas y enfoques de análisis utilizados en esta etapa también son reflejo de una nueva realidad en la disciplina.

Etapa inicial: primeras referencias y creación de la carrera de ciencia política en México (1947-1979)

El primer período comienza curiosamente con cuatro publicaciones en inglés. En 1947 se publicó en la Revista Mexicana de Sociología (rms) el artículo “Problemas de investigación en el terreno de la sociología y la ciencia política en América Latina” del sociólogo latinoamericanista alemán Richard Fritz Behrendt; en 1950 hay una mención al estado de la cpm por Harold Davis, historiador y latinoamericanista de la American University; en el mismo año, Lucio Mendieta y Núñez -abogado mexicano e impulsor de las ciencias sociales en el país- publica también en inglés un reporte a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco) sobre el estado de la cpm; y en 1954 el renombrado sociólogo canadiense Crawford Macpherson menciona a México en su artículo sobre tendencias mundiales de la ciencia política.

Dado que la nueva encpys acababa de ser creada (1951) y el primer licenciado de ser graduado (1955), los cuatro reportes mencionados evalúan en un sentido general el estado de desarrollo de las ciencias sociales y el escenario para el surgimiento de la disciplina propiamente dicha. Por ejemplo Fritz, conocedor de primera mano de la situación de las ciencias sociales y sus instituciones en América Latina, al referirse de manera específica a la situación de la cpm, señala: “La ciencia política, si es que hubo algo que pudiera llamarse así, estaba aprisionada entre una preocupación bastante estéril relativa a la historia de las ideas políticas y el estudio y manufactura de las leyes constitucionales” (Fritz, 1947: 223). Llama la atención que el autor habla en tiempo pasado y es consciente de la existencia de una disciplina en otras latitudes denominada “ciencia política”, cuyos intereses se centran en otros tipos de estudios como “la estructura política actual de las repúblicas latinoamericanas y de los cambios que se están efectuando en ellas” (Ibíd., 1947: 224). De hecho, el artículo permite inferir la necesidad del desarrollo de la disciplina ya presente entonces entre mexicanos y extranjeros conocedores de la situación de las ciencias sociales en nuestro país. Entre las escasas instituciones y autores mexicanos mencionados en el texto, destacan Lucio Mendieta y Núñez -impulsor clave de la carrera en México- y la labor del entonces relativamente recién creado Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam).

El inicio formal del primer programa académico en ciencia política del país se dio el 9 de julio de 1951 con la fundación de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales. La idea de crear la nueva escuela y sus nuevas carreras respondían a la recomendación de una conferencia sobre ciencias políticas realizada por la unesco en 1947, cuyo representante por México fue Lucio Mendieta (Pérez, 2002: iv). A su regreso, tuvo el apoyo del entonces rector de la unam, Luis Garrido, quien presentó al Consejo Universitario la propuesta de creación de la facultad y sus carreras el 13 de febrero de 1950. Los planes de estudio fueron diseñados bajo la dirección de Mendieta, siguiendo como modelo los de la Universidad de Lovaina. Finalmente, después de resolver las objeciones provenientes de la Escuela Nacional de Economía y de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, el Consejo Universitario aprobó la creación de la nueva Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales el 29 de marzo de 1950:

La primera aportación a la escritura de la historia de la sociología como disciplina en México se debe a Lucio Mendieta y Núñez, en 1939. Se trata de una nota que publicó en el primer número de la Revista Mexicana de Sociología fundada por él […]. En ese año fue nombrado director del Instituto de Investiga ciones Sociales (iis) de la Universidad Nacional, el cual se había fundado en 1930. Bajo su gestión el Instituto se convirtió en un espacio en el que se realizaron las primeras investigaciones empíricas con las que contó la sociología en México (Moya y Olvera, 2013: 11).

Hacia fines de los años cincuenta comienza el incremento del número de las publicaciones. A la Revista Mexicana de Sociología (rms), en septiembre de 1954, se sumará la revista Ciencias Políticas y Sociales, antecedente directo de la actual rmcpys de la unam. Es interesante notar que con el lanzamiento de la rmcpys inicia la formación de una red de publicaciones en ciencias sociales; eso es precisamente lo que celebra la rms en su edición enero/abril de 1956, donde se incluyen los contenidos del número inaugural de la revista Ciencias Políticas y Sociales. Según algunos testimonios, el proyecto de la publicación de la revista fue un asunto complejo que se logró sacar adelante gracias al impulso de Enrique González Pedrero, profesor fundador de la carrera y que posteriormente también sería director de la Facultad (Colmenero, 2001: 72). Desde entonces, esa revista se ha publicado prácticamente sin i nterrupciones; no obstante, entre sus artículos, los trabajos sobre el desarrollo de la disciplina en México son más bien escasos. Tomaría alrededor de veinte años para que el cambio del contexto político nacional y la expansión de la disciplina crearan propiamente una comunidad más o menos identificable de politólogos mexicanos.

Durante los años cincuenta, los primeros artículos que hacen referencia al estado de la cpm son trabajos pensados originalmente con un carácter informativo, pero que con el tiempo han llegado a ser documentos con valor para la reconstrucción de la historia de la disciplina. Entre ellos se encuentran las guías sobre los planes de estudios, las listas del profesorado, etcétera. Un hito fundamental registrado es la nota que señala la realización del primer examen profesional de licenciado en ciencia política en México, presentado por Moisés Ochoa Campos en 1955, con la tesis La reforma municipal en México. Destacan también otros trabajos que celebran y reflexionan sobre las actividades de la Facultad y la carrera de ciencia política, así como ensayos sobre la importancia y utilidad de la existencia de una carrera de ciencia política por parte de personalidades como Jesús Reyes Heroles y Pablo González Casanova. En ese sentido, llama la atención un peculiar artículo de José López Portillo aparecido en 1957 en el que el autor celebra la pertinencia de la carrera y concluye

-entre otras cosas- en que ésta encontraría su “mayor vocación” en la formación de cua dros para el servicio público. Curiosamente, catorce años después, Lorenzo Meyer diría –en tono de preocupación- que la cpm estaba siendo enfocada primordialmente como preparación para la administración pública.

Por su parte, en 1959 Fernando Holguín publicó el primer estudio estadístico sobre la nueva Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (encpys). Aunque no ofrece mayor análisis y su estudio cubre todas las carreras, los datos que recopila en este y sus subsecuentes encuestas sobre egresados (1992 y 1993) constituyen una información que contribuye a entender la evolución de la disciplina en el país.

Después del primer momento de auge detonado por el trabajo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (fcpys), siguió un período de silencio en las publicaciones relativas a la disciplina que se rompió hasta 1967 cuando se presentó un pequeño libro coordinado por Víctor Flores Olea llamado Guía para los estudiantes de ciencia política y administración pública. En este, además de mencionarse aspectos relacionados con el perfil de la carrera, el plan de estudios, y los profesores -a diferencia de otros folletos meramente administrativos que suelen editarse con regularidad- el trabajo es un opúsculo excepcional con comentarios detallados sobre el perfil de la disciplina. A su vez, cuenta con características que ayudan a ilustrar el proceso de evolución de la carrera. Por ejemplo, la obra se dividió en dos partes, la referida a la ciencia política propiamente dicha, a cargo del Flores Olea, y una segunda escrita por Miguel Duhalt Krauss, enfocada a la administración pública. Este hecho es muestra de la honda tradición en la unam referente a la consolidación de una licenciatura en ciencias políticas y administración pública indivisible pero al mismo tiempo imposible de fusionar. Ese mismo año se presenta en la rmcpys el primer índice acumulativo de la publicación, la primera reseña histórica de la Escuela, un artículo sobre datos estadísticos de la misma y el primer listado de las tesis elaboradas en la carrera. Al año siguiente, Enrique González Pedrero presenta un breve ensayo a propósito el ascenso de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales al grado de Facultad donde, si bien los contenidos no hacen mayores reflexiones sobre la disciplina, cobran importancia como fuentes para la reconstrucción de su derrotero en tanto que dan cuenta de las actividades y los actores involucrados en los inicios de la carrera y la joven institución que la albergaba.

En esos años no parece haber existido un impacto importante a partir de la creación del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública (cncpap) el 6 de septiembre de 1974 -primera asociación profesional del ramo en nuestro país- pues no se cuenta con registro alguno del evento. Sin embargo, los títulos de esos años, aunque espaciados, son importantes por la diversificación de temas y enfoques. Destaca, por ejemplo, el ahora clásico artículo de Lorenzo Meyer de 1971 “La ciencia política y sus perspectivas en México”; texto pionero en muchos sentidos en tanto que analiza en profundidad los antecedentes indirectos de la cpm, y porque a pesar de que en esa época era fácil y entendible c onfundir a la ciencia política con los variados estudios sobre temas políticos que se publicaban en nues tro país, Meyer estaba plenamente consciente de que había un paradigma disciplinario en otras latitudes conocido como ciencia política, y que ese enfoque particular en México era prácticamente inexistente. También cabe resaltar la lucidez del artículo que anticipa problemas de la disciplina al señalar su preocupación por los resultados escasos que en cuanto a la investigación había tenido el trabajo de profesores y egresados de ciencia política de la unam, e indica como posible causa que la aspiración de las generaciones allí formadas eran, en última instancia, trabajar en el gobierno. Esta idea será retomada por Meyer y Camacho (1979), quienes ahondan en la explicación de los principales enfoques y autores representativos de las investigaciones sobre asuntos políticos en México, aunque de nueva cuenta se percibe una gran dificultad por diferenciar entre los estudios políticos en general y los estudios propios de ciencia política. Este segundo trabajo de Meyer -publicado casi diez años después del primero- es enriquecido al incluir en el análisis las primeras obras de estudiosos mexicanos que podían colocarse en algunas de las principales corrientes internacionales de pensamiento político de la disciplina en aquella época como el conductismo y el estructuralismo, el marxismo y la historia política. Entre las obras citadas destacan: La politización del niño mexicano, de Rafael Segovia; Desarrollo económico, distribución del poder y participación política, de José Luís Reyna, y Gasto público y participación política de los campesinos, de Carlos Salinas de Gortari.

En 1973 se publicó en la rms el ensayo de Óscar Cuéllar y Guillermo Heisecke, “Ciencias sociales y sistemas de dominación en América Latina”; este es el primer trabajo que aborda la situación de la cpm dentro del contexto latinoamericano y el énfasis está puesto justamente sobre la importancia estratégica del desarrollo de las ciencias sociales para la región. En el mismo tenor, en 1977 se publicó el artículo de Víctor Flores Olea “Sobre la ciencia política en América Latina”, en el que el autor lamenta que las investigaciones sobre problemas políticos en Latinoamérica sean de autores norteamericanos o europeos en su mayoría; por ello llama a la construcción de una agenda de investigación desde la región y sus propios estudiosos. En 1975 y 1976 salieron a la luz dos obras cuyo objetivo es servir de libro de texto para los estudiantes: Lecturas de sociología y ciencia política, de Jorge Sánchez Azcona, y Curso de ciencia política, de Raúl Cardiel Reyes. En el primero, aunque de manera breve, el autor señala la importancia de recopilar fuentes teóricas para el desarrollo adecuado de la disciplina, al tiempo que destaca que en los contenidos de la obra se incluya el artículo “Ciencia política” de David Easton, publicado en la Internacional Enciclopedia of Social Sciences en el que se presenta un panorama de las principales corrientes y dilemas de la disciplina a fines de los años sesenta. A su vez, el texto de Cardiel Reyes refleja un importante esfuerzo por construir un compendio coherente de los principales conceptos y categorías que un politólogo debe conocer. No obstante, esta obra no se incluye en nuestro universo de estudio dado que no lleva a cabo un análisis sobre la situación de la disciplina en México.

El proceso de institucionalización de la disciplina, aunque lento, sigue avanzando enton ces a paso firme como lo atestigua la creación -también en el seno de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam- de una segunda revista especializada en 1975: Estudios Políticos (ep). De acuerdo con Enrique Suárez-Iñiguez, su creación fue iniciativa de Gastón García Cantú con el objetivo de tener “un órgano de expresión de profesores y ayudantes”. En 1976, en un breve libro editado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (anuies) y la Editorial Trillas titulado Las ciencias sociales, Francisco José Paoli Bolio incluye una breve pero seria descripción de los supuestos de la disciplina y de los ocho programas docentes existentes en ese entonces. Al año siguiente aparece un volumen publicado por la Coordinación de Humanidades de la unam, Las humanidades en México 1950-1975, en el que se hace un balance de la trayectoria y el estado de la investigación de las diferentes especialidades académicas del área -historia, filosofía, antropología, sociología, etcétera-. En él, María Elena Jeannetti publica un reporte sobre ciencia política y administración, un antecedente importante tanto por su calidad y como por ser el primer escrito publicado por una mujer sobre el tema en nuestro país (Jeannetti, 1978).

A finales de los años setenta casi todos los títulos comparten el denominador común de ser pioneros o innovadores en el tratamiento del tema. Sin embargo, ningún trabajo atiende el hecho de que en 1977 se tituló el primer doctor en ciencia política mexicano formado en el país, específicamente en la fcpys de la unam: Arnaldo Córdova, cuya investigación doctoral culminó con el libro ahora clásico La ideología de la revolución mexicana. De hecho, no sería sino hasta 1999 cuando Mauricio Merino destacará este acontecimiento como un hito en la historia de la ciencia política mexicana. Asimismo, la primera tesis de maestría en ciencia política que aparece en el catálogo de la fcpys de la unam está fechada en 1979, y corresponde al trabajo El status de Puerto Rico: documentación de una polémica, de Luis A. González Martínez; tampoco se ha localizado ninguna reseña o evocación de este trabajo.

Hacia finales de los años setenta ocurre un cambio cualitativo en el estado de la disciplina. Ha quedado atrás la novedad y puede verse en México un programa académico consolidado y en proceso de expansión. El intenso nivel de debate teórico existente entonces en la universidad y en los planes de estudio de la carrera se caracterizan por la preeminencia de la teoría marxista y de la teoría de la dependencia. En este segundo momento de la disciplina, la historia de la Facultad se entremezcla con la de la cpm, de modo que será hasta los años ochenta que lentamente comienza a disolverse el protagonismo de la unam ante la diversificación de la oferta académica y el surgimiento de grupos académicos que comparten otros estilos de trabajo en la investigación y la docencia en el campo de la ciencia política.

Al cerrar este período se pueden distinguir tres tipos de trabajos: los primeros y más antiguos se caracterizan por ser en su mayoría títulos enfocados a la carrera en la unam -lo cual será una constante hasta nuestros días-; luego surgen los primeros ensayos que reflexionan sobre la cpm en el contexto latinoamericano y, finalmente, se destacan los trabajos de Francisco José Paoli Bolio y Lorenzo Meyer, rigurosos en las investigaciones y sofistica dos en sus conclusiones sobre la situación de la disciplina.

Etapa de maduración (1984-2000)

Durante los primeros cuatro años de la década de los ochenta se registra un lapso de nula producción de textos sobre la disciplina. Esta es la última vez que se abre un intervalo mayor a un año sin títulos publicados. Aparece desde entonces una de las características frecuentes de la literatura: la concentración de títulos en obras colectivas, tanto libros como revistas.

De 1984 a 1986, catorce de los veintitrés artículos incluidos en esta selección están concentrados en cuatro volúmenes. El primero de ellos está dedicado a la memoria de un congreso coordinado por Raúl Benítez Zenteno y Gilberto Silva Ruiz -El desarrollo de las ciencias sociales y los estudios de postgrado en México- en el que se presentan las ponencias de Lorenzo Meyer, José María Calderón y Octavio Rodríguez Araujo. Un dato destacable es que en una de las ponencias de Meyer se comenta el programa de maestría en ciencia política dictado en El Colegio de México. Esta fue la primera vez que se escribió sobre un programa académico en ciencia política diferente al de la unam y, de hecho, como se verá más adelante, este tipo de reflexiones serán escasas.

En el número doble de la rmcpys de 1984 (115/116) se conmemora el trigésimo tercer aniversario de la Facultad, por lo cual se incluyen varios artículos, documentos históricos compilados por Leonor Ludlow, listas de publicaciones de los directores de la Facultad, una serie de entrevistas a sus ex directores y un ensayo autobiográfico del profesor de la fcpys Gerardo Estrada sobre la experiencia de estudiar ciencia política en la unam durante los años sesenta.

En 1985 se publica un interesante libro del venezolano Alfredo Ramos sobre la posibilidad del desarrollo de una ciencia política latinoamericana, destacando a Argentina, México y Chile como los países con mayor tradición disciplinar. También salió a la luz el segundo número de la revista Crítica Jurídica. Revista Latinoamericana de Política, Filosofía y Derecho, que compila varios ensayos sobre la definición de la ciencia política y sobre su situación en el país.[7]

Al año siguiente se publicaría la memoria de las ponencias presentadas en el congreso nacional de estudiantes de ciencia política, bajo la coordinación de César Cansino, Rolando Maggi y Héctor Zamitiz; extrañamente, con el paso del tiempo la obra terminó citándose como coordinada por Rolando Maggi, quien no publicó en la misma reflexiones mayores sobre la disciplina y ni volvió a escribir sobre la temática.

Además de estos tres grandes volúmenes, destacan dos artículos importantes: César Cansino (1985) publica un trabajo sobre el estado de la ciencia política, y Aurora Tovar Ramírez (1985) ofrece en el suyo un listado de las tesis de licenciatura en ciencias políticas y administración pública en la unam de 1951 a 1984. Esta es la segunda ocasión que se presenta un trabajo de este tipo desde 1967; curiosamente, en el listado saltan a la vista varios nombres que ahora son conocidos profesores de la carrera o especialistas en diferentes campos de investigación social -principalmente en la unam y la Universidad Autónoma Metropolitana (uam)-.

Entre 1988 y 1997 se publicó al menos un título al año. En este tiempo hubo un boom de los estudios sobre la cpm no solo por la continuidad de las publicaciones, sino por el importante incremento en la cantidad de los títulos y la diversificación de los autores -que evidentemente comienzan a rebasar el ámbito de la Facultad de Ciencias Políticas y de la unam-; sin embargo, la diversificación no es tan clara en tanto que la mayoría de los títulos siguen concentrándose en la rmcpys y en ep.

Por otra parte, cabe destacar que en aquella década se presentaron trabajos que se convirtieron en referentes respecto a ciertos enfoques sobre el estado de la disciplina.[8] El primero de éstos es el libro de Francisco José Díaz Casillas (1988), Retrospectiva y actualidad en la formación profesional en ciencias políticas y administración pública, obra que marca la tendencia sobre el estudio de la licenciatura en ciencias políticas y administración pública en México y sus perspectivas para el ejercicio profesional.[9]

La diversificación de los títulos muestra el impacto de algunos eventos sobresalientes: el primero es la evidencia de la participación de las y los académicos mexicanos en el congreso de la Asociación Internacional de Ciencia Política (ipsa por sus siglas en inglés) de 1986, en el cual se presentaron ponencias de Arnaldo Córdova, Gerardo Estrada, David Pantoja Morán, Jacqueline Peschard y Enrique Suárez-Iñiguez. Dichas ponencias se publicaron al año siguiente (1989) en un volumen titulado Ciencia política, democracia y elecciones editado por la unam. De estas memorias se rescata el artículo de Enrique Suárez Iñiguez, “La ciencia política en México”, primera reflexión sobre el estado de la disciplina presentado en un congreso del área. Otra novedad es el primer artículo sobre la cpm elaborado en otro idioma: “The Role of Political Theory in the Teaching of Political Science in Mexico” también de Enrique Suárez-Iñiguez, publicado en una revista estadounidense en 1989. Años más tarde -en 1994-, este autor también publicaría el artículo: “Political Science in Mexico in the Cold War and Post Cold War Context”. Hasta el momento, estos son los dos únicos textos en inglés conocidos que caben en nuestra selección de trabajos (a excepción del artículo de Richard Behrendt de 1947, que es una traducción al español).

También relacionado con el proceso de internacionalización de la disciplina se encuentra el ampliamente difundido artículo de Juan Molinar Horcasitas “Escuelas de interpretación del sistema político mexicano” (1993) en el que se lleva a cabo una revisión de las principales tradiciones teóricas del momento para el estudio del sistema político mexicano. Llaman la atención tres aspectos: ofrece una muy amplia revisión de la literatura junto con un detallado análisis, presenta una útil descripción del perfil de la disciplina en ese momento y constituye un ejemplo del proceso de internacionalización de la disciplina en México, pues Molinar es uno de aquellos politólogos que regresaron al país tras su formación en el exterior,[10] trayendo consigo nuevos enfoques teóricos para el estudio de la política y una nueva visión de la disciplina.

En estos años también destacan otras obras con características editoriales inéditas, como ciertos trabajos que se refieren a la situación de la licenciatura en ciencia política en una institución diferente a la unam. Gustavo Ernesto Emmerich (1993) publica “¿Licenciatura en ciencia política o en teoría política?” en el cual hace una crítica a la reforma del plan de estudios de la licenciatura en ciencia política de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa (uam-i) implementada ese año. Entre otras cosas, el autor lamenta lo que considera una indefinición del sentido profesional, así como el fuerte acento hacia la teoría y la actividad académica como perfiles fundamentales. A su vez, a partir de este artículo, es destacable la apertura de nuevos espacios en otras instituciones para la publicación de este tipo de trabajos en tanto que fue publicado en la revista Topodrilo de la propia uam-i.

Más allá de ciertas innovaciones visibles en la creación de algunas revistas, la aparición de nuevos autores y el acento diferencial dado entre la ciencia política o la administración pública, la principal constante en los temas abordados fue la carrera y la profesionalización, tanto en el campo académico como en la vida política y gubernamental. Tal es el foco de la mayoría de los libros individuales y los trabajos publicados en la rmcpys y en ep. Sus a utores son connotados académicos de la fcpys que reflexionan desde el punto de vista que les provee su experiencia académica -particularmente docente-. Sin duda, en estos textos influyó el proceso de revisión del plan de estudios de la licenciatura en ciencias políticas y administración pública que se llevó a cabo en 1996, el cual fue acompañado de fuertes discusiones en los espacios deliberativos y de manera escrita a través de las revistas de la Facultad. Por ello, muchos de los títulos de estos años refieren a aspectos relacionados con este proceso: diagnósticos del plan de estudios, encuestas a egresados, análisis comparativos de planes de estudios, etcétera. Esto es particularmente evidente en los números 7 al 9 de ep al tiempo que, en 1995, se registran 19 títulos publicados sobre la temática, diez de los cuales pertenecen a autores que escriben por primera vez sobre el tema.

Más allá de aquellos artículos relacionados con la reforma del plan de estudios, destaca el trabajo de David Torres Mejía “La ciencia política en México”, publicado en el volumen sobre las ciencias sociales coordinado por Francisco José Paoli Bolio (1990). El artículo constituye un aporte destacado ya que de manera semejante al trabajo de Cordero Huerta (1984), pero seis años más tarde y en el contexto de una disciplina más madura explora las características del ejercicio de la investigación en ciencia política en México a partir de una base de datos amplia que analiza estadísticamente. Sumado a lo anterior, sobresale una compilación con documentos sobre la historia de la fcpys en la rmcpys y una entrevista en 1990 a Gastón García Cantú, director fundador de ep con motivo del 15 aniversario de dicha publicación. Más tarde, en 1997, aparecería un trabajo de Luis Alberto de la Garza conmemorando los 45 años de la licenciatura en ciencia política en el país.

Un factor adicional que influyó en el interés por el tema y el aumento de la cantidad de trabajos escritos en estos años fue la realización del Primer Congreso Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública que tuvo lugar del 25 al 28 de septiembre de 1996. Aquel fue un evento fundamental por varias razones: en primer lugar, porque es cuando realmente cobra vida el cncpap que lo auspicia. El Colegio constituyó un espacio donde, por vez primera, pudo constatarse la presencia de una comunidad de politólogos mexicanos. Las mesas de trabajo del congreso -más tarde publicadas como libros- fueron: gobiernos divididos, cultura política, federalismo, partidos y elecciones, presidencialismo, metodología de la ciencia política y estado actual de la ciencia política. Las discusiones registradas fueron de gran importancia, no solo por sus aportes directos, sino porque son intentos sin precedentes por integrar estados del arte de los principales temas de los estudios políticos en México, y porque dejan importantes testimonios de las principales preocupaciones de la cada vez más claramente identificable comunidad de politólogos mexicanos.[11]

La renovada vida del cncpap se tradujo en el apoyo otorgado a investigaciones de diversas temáticas, el auspicio de ediciones nacionales y traducciones de obras centrales para la disciplina, siendo el mejor ejemplo la serie “Nuevas lecturas de política y gobierno”, coordinada por Mauricio Merino que, en coedición con el Fondo de Cultura Económica (fce), difundió en nuestro país y el mundo hispanohablante obras clásicas y contemporáneas tanto de la ciencia política como de la administración pública. Algunas de las ediciones más destacadas son: Escuelas y corrientes en las ciencias políticas de Gabriel Almond (2001), y El redescubrimiento de las instituciones de March y Olsen (2000).

Por último, entre los nuevos enfoques de la literatura destaca la aparición de los primeros artículos que estudian al posgrado en ciencia política desde la óptica de los estudios educativos, en este caso a través del libro colectivo El posgrado en ciencias sociales y humanidades en la unam. En ese trabajo se encuentran varios artículos sobre el currículum y la eficiencia terminal de los postgrados en sociología y ciencia política. El libro, producto de un seminario realizado en mayo de 1995, sentará un precedente por lo que la realización de artículos sueltos y compilaciones con esta temática generará trabajos que abordan el posgrado de la fcpys de nueva cuenta en 1997 y 2001.

Desde finales de los años noventa puede asumirse que el comportamiento irregular en los títulos publicados cada año se convierte poco a poco en una regularidad, en tanto que la reflexión sobre la situación de la cpm por sí misma es una tarea que cada vez tiene mayor relación con los intereses personales de los académicos -quienes por cierto son cada vez más- y cuentan con un perfil orientado mayormente hacia lo internacional que con uno vinculado con coyunturas o eventos nacionales. Las publicaciones se caracterizan por la pluralidad en múltiples aspectos: en temas abordados, autores, medios de publicación, países de la publicación, etcétera. Por cierto, continúa habiendo una importante incorporación de nuevos autores junto con la aparición de trabajos de autores que ya han escrito varias veces sobre el tema, y todo ello en el marco de un proceso de cambio político que resulta estimulante para la disciplina, cuyo momento álgido es la contienda electoral del año 2000, con la cual se da por primera vez en la historia reciente del país la alternancia de partidos en la presidencia de la república. Un libro particularmente importante por ofrecer una panorámica de las agendas de investigación desde entonces consolidadas es La ciencia política en México, de Mauricio Merino, publicado en 1999. De acuerdo con los criterios de selección de la bibliografía, hay tres trabajos que ofrecen reflexiones importantes sobre el estado de la disciplina: el prólogo del compilador, el artículo de Judit Bokser “Estado actual de la ciencia política”, y el artículo de Alonso Lujambio “Entre el pasado y el futuro: la ciencia política y el Poder Legislativo en México”. Asimismo, también durante ese año aparecieron títulos importantes: Héctor Zamitiz Gamboa editó en la rmcpys una entrevista con Marcos Kaplan relativa a la situación de la ciencia política como disciplina; en un número especial de La Revista del Colegio conmemorativa de los 25 años de cncpap, Héctor Zamitiz y Víctor Alarcón publicaron una serie de entrevistas realizadas a personajes fundamentales para la cpm -Soledad Loaeza, Germán Pérez Fernández del Castillo, Rafael Segovia, José Fernández Santillán, Carlos Sirvent, Lorenzo Meyer y Octavio Rodríguez Araujo-. De igual manera, en tono reflexivo, en 1999 salieron a la luz un libro de Rosendo Bolívar sobre la cpm y un interesante artículo de Marcos Kaplan sobre la ciencia política en América Latina publicado en la revista Estudios Políticos del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales en Madrid. Esta es, por cierto, la única ocasión en que se registra un trabajo sobre la cpm en una edición española.

Sin embargo, aparecen ciertos signos que apuntan a un agotamiento en el interés de la fcpys de la unam y del cncpap en el estudio de la historia y los problemas de la disciplina. El número de la revista Enlace que conmemora los 25 años del Colegio se convirtió en la última edición de dicha revista en publicarse, con lo que se interrumpió la continuidad de un medio de difusión consolidado y con una tradición de prestigio.[12]

Por otro lado, resulta revelador observar que no se ha encontrado mención alguna sobre el Segundo Congreso Nacional de Ciencia Política de 1999 organizado por el cncpap con el apoyo de la Universidad Iberoamericana, la unam, la uam y la Asociación Nacional de Estudiantes de Ciencias Políticas y Administración Pública (anecpap). El único material que se encontró sobre el evento son sus memorias publicadas: “La constitución política de 1917 hoy”, “El Congreso de la Unión y la democracia en México”, “La cultura política y los valores de la democracia”, “Los partidos políticos y las instituciones electorales hacia el siglo xxi”, “Agendas de investigación y docencia en ciencia política”, “Legalidad, legitimidad y gobernabilidad” y “Economía política y reforma de las instituciones”. Adicionalmente, las memorias llaman la atención sobre varios aspectos importantes: el primero es que aunque el evento es heredero del Primer Congreso Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública que en 1996 también organizó el cncpap, tres años después solo se denominó Segundo Congreso Nacional de Ciencia Política. A su vez, en los trabajos presentados se advierte que, a diferencia del congreso anterior, no hay una limitada presencia de académicos provenientes de la administración pública o las políticas públicas. Esto es interesante porque, si bien los trabajos presentados son más especializados en los temas considerados centrales de la ciencia política -teoría política, partidos políticos, sistema político, etcétera-, puede especularse que al mismo tiempo que este giro del congreso habla del proceso de consenso en la definición de la disciplina, los cambios de enfoque pudieron haber provocado la disminución de su capacidad de convocatoria al dejar de lado la administración pública, lo cual a su vez puede ser un elemento explicativo del poco eco obtenido en la literatura sobre la realización de dicho congreso. Del total de las memorias publicadas, el único trabajo importante sobre el estado de la cpm es el de Judit Bokser (1999) coordinadora de la mesa “Agendas de investigación y docencia en ciencia política”, que se presenta como introducción al volumen. Con base en los trabajos mencionados hasta este momento, una conclusión sobre el signo de los estudios sobre la cpm de la década de los noventa es que desde entonces a la fecha se conforma una época de mayor madurez y no solo de mayor número de publicaciones.

Etapa contemporánea (2000-2015)

En agosto del año 2000 se realizó el xxx Congreso de la Asociación Internacional de Ciencia Política en la ciudad de Québec, Canadá. En esta reunión no se presentaron trabajos que reflexionaran sobra la disciplina en nuestro país, ni está asociada con algún texto de nuestro universo de estudio; no obstante, vale la pena comentar que siguiendo la tradición de asistencia de mexicanos a los congresos internacionales de ipsa -se registra participación de mexicanos desde el congreso celebrado Moscú en 1979-, se encontró una interesante reseña de Cristina Puga Espinoza en la que paralelamente a la crónica del congreso aparecen reflexiones respecto a los temas tratados y las principales ideas presentadas por los participantes. En lo concerniente a la asistencia de mexicanos al congreso señala:

El escenario quebequense ha favorecido una excelente reunión de mis colegas empresariólogos […] Celso Garrido, de la uam-Azcapotzalco (uam-a) y Alejandra Salas, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam. Fuera de estos dos últimos, hay pocos mexicanos. Me dicen que están Rogelio Hernández y Fernando Castañeda, pero nunca los veo. Encuentro también a Ulises Beltrán que viene a una mesa sobre encuestas políticas y muy brevemente a Isidro Morales, de la Universidad de las Américas. Otros congresos han tenido una amplia participación de académicos mexicanos. Este año tal vez por causa de las elecciones, quizá por la huelga de la unam, somos muy pocos los que hemos acudido a esta fiesta de la ciencia política, donde México es uno de los temas fundamentales (Puga Espinoza, 2000: 43).

Los años 2000 y 2001 acumulan una miscelánea de trabajos interesantes: el artículo “Las metas de la política en el nuevo milenio” de Rosendo Bolívar Meza en ep; Octavio Rodríguez Araujo (2001) publica “La ciencia política en México en el siglo xx” en la revista Ciencia -el primer trabajo sobre la cpm que aunque mantiene rigor académico es, por el medio en el que es publicado, un trabajo con enfoque de divulgación-; “Curriculum de los programas de Historia, Filosofía, Pedagogía, Ciencia Política y Sociología” de Juan Manuel Piña Osorio (2001); el libro del profesor Sergio Colmenero con motivo de la conmemoración de los 50 años de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales titulado Historia, presencia y conciencia. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales 1951-2001; Fernando Pérez Correa publica al año siguiente un trabajo sobre los directores de la fcpys y, finalmente también en 2001, Jaime Mena Espejel y Javier López Serrano, profesores de la Universidad Autónoma del Estado de México (uaem), publican Ciencia y filosofía política en la formación profesional del politólogo, trabajo que destaca también porque es muestra de la paulatina incursión de trabajos provenientes de instituciones académicas fuera de la ciudad de México.

Otras dos obras del año 2001 relevantes por su enfoque regional y por ser de autores extranjeros, son los artículos “Los desafíos de la ciencia política”, de José Antonio Rivas Leone y “Un cambio curricular en la ciencia política. El caso de la unam”, de Alexander López. En el primer caso, el autor venezolano insiste en la importancia de una visión regional de los problemas del desarrollo y la utilidad de la disciplina para afrontar los desafíos de la vida política. Aunque su referencia particular sobre México es escasa, hay una alusión concreta al reto planteado para la ciencia política que representa el proceso de transición democrática. El segundo trabajo, también de autor venezolano, fruto de una estancia de investigación en la que se analizó el proceso de reforma al plan de estudios en 1996 de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la unam, destaca la reforma del plan como un proceso político y el avance logrado en la actualización de los enfoques teóricos y metodológicos. Un aspecto revelador de ambos documentos es el amplio uso de citas de autores mexicanos, además de que una gran parte de su bibliografía está publicada por editoriales nacionales, principalmente el fce.

A partir del este momento, la reflexión sobre el estado de la cpm -si bien de manera heterogénea- finalmente es amplia y constante, ya que solo hubo ausencia de publicaciones en el año 2008. Para entonces, ya se puede ubicar una serie de autores con un interés constante en el tema como Bokser, Cansino, González, Meyer, Suárez Iñiguez y Zamitiz, entre otros. En el año 2002 se publicó otro artículo de Gustavo Ernesto Emmerich sobre la ciencia política en la uam-i; en esta ocasión, el autor realizó un estudio sobre las tesinas en ciencia política en el cual va más allá de la descripción cuantitativa o de los títulos de las mismas, adentrándose en los contenidos, para situar los objetos, temas y corrientes teóricas más utilizadas. Al año siguiente se publicó en la revista Reforma y Democracia del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (clad) el artículo “Panorámica estratégica del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública de México para el siglo xxi” (Bailleres, 2003), el cual es una ponencia presentada en la ciudad de Panamá en el mes de octubre en el marco del viii Congreso Internacional del clad sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública. Este trabajo es interesante porque después del cierre de La Revista del Colegio -cuya última edición fue el número especial de 1999- y de que el Colegio disminuyera sus actividades hasta desaparecer después de 2003, es testimonio del intento -ahora sabemos, infructuoso- de revitalizar a la institución a partir del desarrollo de una oferta de programas académicos de posgrado y de instancias gremiales en diversos estados de la república. Adicionalmente, en estos años también se observa un renovado interés por el estudio de la situación de la ciencia política y de otras disciplinas como la sociología,[13] al tiempo que abundan los trabajos que reflexionan sobre el papel actual y los retos de las ciencias sociales en México.

La diversidad de trabajos, el hecho de que la totalidad de los artículos corresponden a distintos autores y la tendencia a la internacionalización del debate son las características sobresalientes de los años más recientes. En los Estados Unidos, Jorge I. Domínguez (2004) revisa el surgimiento del estudio académico de la política mexicana señalando lecturas interesantes sobre los retos del desarrollo de la disciplina en México; mientras que en 2005, en la Revista de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile, salen a la luz dos importantes artículos: el ampliamente citado trabajo de Soledad Loaeza “La ciencia política, el pulso del cambio mexicano” y “La institucionalización de la ciencia política en Chile y América Latina: una mirada desde el sur” de David Altman. Ambos constituyen hoy en día una referencia central sobre el estado de la disciplina en México y América Latina. En el año 2006 y también proveniente de Chile encontramos un tercer trabajo, “El lento y tardío desarrollo de la ciencia política en América Latina, 1966-2006” de Carlos Hunneus, al mismo tiempo que en Argentina se publicaba un número de la revista Temas y debates de la Universidad Nacional de Rosario dedicado a reflexionar sobre la historia y estado de la ciencia política en América Latina. En esa publicación se incluyeron varios artículos que debaten la situación de la disciplina a partir del ya citado artículo de Giovanni Sartori (2004). Curiosamente, aunque hay varios trabajos de destacados politólogos mexicanos que discurren sobre la situación actual de la ciencia política, solo el texto de Israel Covarrubias “La ciencia política frente al espejo” incluye un comentario particular sobre el estado de la investigación de la cpm.

En el caso de las ediciones nacionales, los trabajos también son variados en cuanto a sus temáticas y características editoriales. Aparecen dos nuevos trabajos sobre la historia de la fcpys de la unam: un libro coordinado por Fernando Pérez Correa (2002) Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Historia testimonial de sus directores, y un artículo de Margarita Olvera Serrano (2004) “Una contribución a la historia disciplinar. La fundación de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales”. Adicionalmente, ese año se publica en el volumen Léxico de la política del fce la entrada de Isidro H. Cisneros “ciencia política”, en la que incluye varios comentarios agudos sobre la situación de la disciplina en nuestro país. En el número 38 de la revista Metapolítica, César Cansino (2004) recopila una serie de reacciones de politólogos mexicanos sobre el mencionado artículo de Sartori. Posteriormente, en el 2006 aparecen dos trabajos disímbolos pero pioneros: el Diccionario de ciencia política de Dieter Nohlen editado por Porrúa que en la voz “ciencia política” incluido en el subapartado América Latina incluye un comentario sobre la cpm y el artículo de Leticia Heras “El estudio de la ciencia política en México y sus antecedentes en la uaem” donde se muestra la paulatina emergencia de nuevos polos de producción académica fuera de la ciudad de México.

Durante el año 2009 -con un total de 10 artículos publicados sobre la temática- casi todos los autores escriben por primera vez sobre el tema y salen a escena representadas en el debate nuevas instituciones con programas académicos en ciencia política y administración pública, como el Centro de Investigación y Docencia Económicas (cide) y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (uacm). De la primera de estas instituciones, José Antonio Aguilar Rivera publica un breve ensayo en la revista Nexos donde hace una crítica a la d inámica gremial de los politólogos en México, particularmente respecto a la presencia marginal de la disciplina en el contexto de las ciencias sociales en el país, y al abismo que existe entre una élite de investigadores de nivel internacional y la mayoría de la planta docente de los programas de licenciatura en ciencias políticas a lo largo del país. Por su parte, Jennifer Farias y Alejandro Villagómez publican en la revista Política y Gobierno del cide un artículo sobre la evolución de la matrícula de las licenciaturas en ciencia política y administración pública en México. Asimismo, aparece por primera vez una publicación proveniente de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, cuya revista Andamios dedica su número 11 al estado actual de la disciplina. De dicho volumen se han retomado dos trabajos: “La política en México: ideas, anteojos y cristales” de Adrián Acosta Silva y “La ciencia política a examen: trayectorias, debates e identidad. Entrevistas a Andreas Schleder, Franciso Valdés Ugalde y Víctor Alarcón Olguín” de Sergio Ortiz Leroux y Moisés Pérez Vega. Por su parte, en la fcpys de la unam se lanzó el primer número de Encrucijada, una nueva revista interdisciplinaria editada por el Centro de Estudios en Administración Pública, que en su primer número incluye cuatro ensayos sobre el papel actual, desarrollo curricular, panorama académico y desarrollo profesional de la licenciatura en ciencias políticas y administración pública en el país.

A mediados de 2009 salió a la luz como publicación electrónica un interesante trabajo sobre la historia y estado actual de la disciplina de la académica de la uam-i, María Eugenia Valdés Vega, presentado en el Segundo Congreso Nacional de Ciencias Sociales realizado en Oaxaca, el cual cobra importancia al ser un trabajo amplio sobre la trayectoria y situación actual de la disciplina, que muestra la preocupación de los académicos de la referida institución por la disciplina, lo cual nos recuerda que en la uam cuentan con un programa de licenciatura en ciencia política que data de 1976,[14] recientemente fortalecido con el desarrollo en 1998 de la línea de investigación sobre procesos políticos en su posgrado en Estudios Sociales.

En la segunda mitad de aquel año especialmente prolífico se sumaron cuatro artículos más. “La ciencia política en América Latina” fue una ponencia presentada en el seminario de investigación del área de ciencia política y de la administración de la Universidad de Salamanca y posteriormente publicada electrónicamente. Su autor, Fernando Barrientos del Monte, es ejemplo de la manera en que la preocupación por el estado de la disciplina alcanzó a las últimas generaciones de politólogos mexicanos que independientemente de su especialización o agenda se han interesado en debatir la definición de su campo a cadémico desde una pluralidad de enfoques.

A simple vista no existe un paradigma dominante, los politólogos se apoyan en instrumentos estadísticos, recurren a diversos esquemas teóricos en boga como la elección racional y el neoinstitucionalismo. Ya no es el enfoque lo que define la agenda de investigación, sino los temas. En el caso de México, la ciencia política se liberó de la sociología, pero perdura la tradición histórica. Aunque lo mismo puede decirse para Brasil, Perú, Colombia y Venezuela (Barrientos, 2013:119).

Héctor Zamitiz y Carlos Hernández publican en la rmcpys una reseña del congreso de ipsa de 2009 realizado en Chile en la que se detienen a reflexionar sobre el contexto histórico del surgimiento de ipsa y al pie de página nos dejan varias lecturas sobre México; particularmente lamentan que aún no existiera una asociación nacional capaz de articular una agenda de investigación común (Zamitiz y Hernández, 2009: 136). El artículo de Víctor Manuel Muñoz Patraca en Estudios Políticos se interesa por el origen y la naturaleza de la ciencia política en general, pero ello no le impide comentar el caso de México, al que liga con la evolución del sistema político. La nueva realidad -dice- nos ha llevado también a nuevas agendas, cosa que sin embargo ha dificultado la creación de una escuela mexicana de ciencia política. Y hay también un curioso artículo de divulgación de Peter Drucker -un reconocido neurofisiólogo y divulgador de la ciencia mexicano- en la revista Contenido, en el que se adentra en el examen de la cientificidad de las “ciencias políticas”. Sobre la situación en el país concluye que, si bien desde 1951 se cuenta con la carrera y esta se ha expandido al resto de la república, hay un desfase de décadas con otras partes del mundo; además de lo anterior, se lamenta diciendo que no hay una política científica en México, sino “politiquería”.

Del año 2010 al 2014 encontramos el extraordinario número de 43 nuevos títulos. Sabiendo que el universo de la literatura es de 182 textos -de los cuales más de 50 son trabajos amplios- el que aparezcan muchas o pocas obras cada año parece cada vez menos importante, la discusión ya ha sentado ideas guía para pasar de la reflexión a la práctica, o bien para volcarse a la investigación especializada de problemáticas específicas de la disciplina.

En 2010 aparece un artículo de Enrique Gutiérrez y Patricio Marcos publicado como entrada sobre la licenciatura en ciencia política dentro del libro de divulgación La unam por México, y un artículo individual de Gutiérrez “La ciencia política académica en México campo de interacciones sociales” en el que hace una innovación importante respecto al conjunto de trabajos precedentes al hacer explícito un andamiaje teórico interpretativo como base del estudio de la trayectoria de la disciplina. Desde los aportes de Bourdieu y Gramsci, el trabajo argumenta la necesidad de estudiar el desarrollo de la disciplina en el país como un campo, como espacio situado que expresa disputas y tensiones entre sus participantes. Estas últimas obras sugieren una nueva característica de la disciplina y de los estudios sobre la misma en tanto que, en primer lugar, el hecho de que la ciencia política sea mencionada con más regularidad en textos de divulgación o de difusión más amplia habla de su incremental presencia pública y, en segundo lugar, los trabajos tienden a profundizar o aumentar la sofisticación de sus análisis de los condicionamientos sociales y políticos de la disciplina.

Desde los años ochenta va a ser fundamental el papel de los libros colectivos, tanto porque facilitan la publicación de debates frecuentemente realizados en el marco de congresos o coloquios, como porque implícitamente han resultado ser un medio de publicación que favorece la pluralidad de visiones y temas particulares sobre el estado de la disciplina, tanto a nivel nacional como internacional. Los cinco libros colectivos más recientes son: La Ciencia Política en México Hoy: ¿Qué sabemos?[15] (Reveles, 2012); La ciencia política en América Latina: docencia e investigación en perspectiva comparada[16] (Freidberg, 2014); Testimonios: vida y trayectoria del Centro de Estudios Políticos 1971-2011[17] (Sánchez Noriega, 2013); Ciencia política y políticas públicas en Jalisco. Teoría y metodología[18] (Arellano Ríos y García Vázquez, 2013); y Cartas a los estudiantes de ciencia política[19] (Cortés, López y Calderón, 2013). Este último es una obra particularmente llamativa pues se trata de recomendaciones generales en forma de cartas escritas por una serie de prestigiados politólogos mexicanos a los aspirantes a ciencia política. De igual manera, los tres libros de autor único publicados en estos años profundizan en temas ya previamente explorados por sus autores: Buscando una identidad. Breve historia de la ciencia política en América Latina (Barrientos, 2014); Ensayos sobre la ciencia política en México y Latinoamérica (Vidal de la Rosa, 2013); y Las sinrazones: ciencia política a la norteamericana (Suárez-Iñiguez, 2014).

Por su parte, los artículos recientes se interesan en aspectos particulares del debate. En 2011, José de Jesús Gómez explora el desarrollo de la ciencia política en el estado de Jalisco; Rodrigo Salazar y Mauricio Rivera hacen un estudio estadístico de las características de un grupo de artículos seleccionados en varias revistas especializadas en México; Ricardo Yocelevsky nos ofrece una lectura desde la sociología sobre el perfil de la disciplina en América Latina y sobre las debilidades de sus enfoques teórico metodológicos; César Cansino en un artículo publicado en su portal digital redefine su idea de la muerte de la ciencia política y agrega algunas lecturas sobre el caso mexicano; mientras que Godofredo Vidal de la Rosa reflexiona sobre la historia de la disciplina en Estados Unidos y México, particularmente sobre los problemas asociados a falta de espacios institucionales de integración gremial.

La variedad de temas y enfoques continúa en el año 2012: Víctor Alarcón presenta un artículo en Chile sobre las condiciones estructurales de la cpm; en una entrevista con José Luis Orozco se critica el distanciamiento de la disciplina con el contexto político del país; se publica un interesante comentario sobre estado de la cpm en el Oxford Handbook of Mexican Politics (2012) en la entrada de Miguel Basañez y Pablo Parás sobre las agencias encuestadoras en México, en la que llaman la atención sobre el reciente impacto de la investigación electoral, particularmente sobre encuestas, en la vida política en México. Cierra el año 2013 Daniel Buquet con la publicación de un estudio sobre la producción y el impacto de las ciencias sociales en América Latina, en el que se destaca la preponderancia que en programas, revistas y producción tienen en la región Argentina, México, Chile y Brasil.

En el 2014 los artículos combinan autores que ya han incursionado previamente en el tema con nuevas plumas, con un renovado interés de los académicos de la unam en el tema. Enrique Suárez-Iñiguez (2014) argumenta la “buena salud” de la que goza la disciplina en

México, explorando su proceso de institucionalización a nivel internacional y nacional; Carmen Roqueñi hace una exploración -pionera para el caso mexicano- sobre la feminización de la licenciatura en ciencia política en el cual, a través de un análisis estadístico, muestra las disparidades y sesgos a nivel nacional y por regiones en México; Pablo Bulcourf, Enrique Gutiérrez Márquez y Nelson Cardozo (2014) presentan un interesante estudio comparativo de la ciencia política en Argentina, Brasil y México, al tiempo que inauguran la presencia en la literatura de trabajos firmados por tres autores; Cecilia Rocha (2014), desde Argentina, se suma a la crítica sobre el papel que ha tenido el mainstrean estadounidense en el desarrollo de la disciplina en América Latina; aparece un interesante artículo de Fernando Padrón sobre los estudios legislativos y la cpm que complementa y actualiza aquella lectura de los noventa de Alonso Lujambio; al tiempo que Enrique Gutiérrez (2014) publica dos trabajos: un artículo sobre la situación de la disciplina en México en una revista alemana de estudios latinoamericanos, y aporta a un libro colectivo un capítulo sobre los retos metodológicos de la investigación de la cpm. También puede considerarse parte de la literatura un documento de la comisión técnica de la carrera de ciencia política en la unam en el que hacen un diagnóstico sobre el proceso de reforma al plan de estudios que se llevaba a cabo en ese momento.

Para el mediados de 2015, año en que se terminó la revisión de este artículo, se tenía noticia de tres nuevas publicaciones: un artículo más de Alberto Arellano en ep sobre el desarrollo de la ciencia política en Jalisco, y dos artículos publicados en un número especial de la Revista de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile sobre la ciencia política en América Latina. Vale la pena detenerse en estos últimos trabajos y resaltar cómo estos reiteran el nivel de madurez que han alcanzado los estudios meta disciplinares, por una parte es la segunda vez que la citada revista chilena se interesa por publicar un conjunto de estudios sobre el estado de la disciplina en la región -y de hecho no ha transcurrido mucho tiempo desde la primera ocasión (2005)-, lo que sugiere cierto interés del comité editorial por el tema. Por otro lado, llama la atención que los artículos –que cubren varios países- provienen de voces nuevas que reavivan un tema que ya no puede decirse poco explorado. Por su parte, el artículo de Bolcouf, Cardozo y Gutiérrez muestra que se han ido formando grupos de trabajo internacionales que hacen patente el establecimiento de una agenda de tal fuerza que motiva la realización de programas de investigación de más largo alcance. Fernando Barrientos -autor ya mencionado por sus publicaciones de 2009 y 2014- va al revés en su programa trabajo respecto del de los tres autores antes mencionados: comenzó primero sus análisis por América Latina en 2009 y más tarde hace un examen de las características contemporáneas de la cpm, específicamente en lo que va del siglo xxi. Finalmente, cabe destacar las mayores aspiraciones de las últimas obras, por ejemplo Barrientos (2015) además de explorar las raíces de la disciplina, las coordenadas básicas sobre su problema de definición autónoma, e información reciente sobre sus programas académicos, matriculas escolares y características de sus investigaciones, va un paso más adelante de los precedentes estudios históricos o bibliográficos al proponerse encontrar “explicaciones politológicas” a partir del análisis de la información recopilada.

De la inicial necesidad de autoconocimiento y autodefinición de la disciplina se ha pasado a una etapa en la que se abordan inquietudes más específicas, que incluyen ambiciones teórico metodológicas más complejas en dos sentidos: examinando la evolución de los enfoques metodológicos de la disciplina o bien debatiendo los dilemas actuales que al respecto enfrenta la cpm -esto último en el marco de los debates recientes que se han dado sobre las divisiones y convergencias entre los enfoques cualitativo y cuantitativo-. Asimismo, ahora es más evidente la importancia del trabajo colegiado y cada vez con mayor frecuencia las publicaciones son generadas a partir de coloquios o congresos. En ese sentido, los múltiples congresos auguran la continuidad de las investigaciones en el campo. Destacan en 2012 el Congreso Internacional de Ciencia Política convocado por la recientemente formada Asociación Mexicana de Ciencias Políticas y auspiciado por la Universidad de Guanajuato y los subsecuentes de la misma asociación; en 2013 el congreso realizado con motivo de la celebración de los 50 años de impartirse la carrera en la Universidad Iberoamericana; en 2014 el coloquio “Historia y balance de la ciencia política en México” realizado en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí -y que prepara a partir de los materiales compilados un volumen colectivo-. Esa tendencia también se manifiesta en eventos internacionales, como lo muestra la notoria presencia de politólogos mexicanos que presentaron ponencias sobre el estado de la ciencia política en los congresos de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (alacip) del 2009 a la fecha, y en los congresos de ipsa, particularmente en el congreso de 2014 realizado en Montreal, Canadá.

Hacia el final del recorrido puede notarse que solamente algunos de los trabajos se convirtieron en referentes; al agruparse a partir de sus temáticas centrales y sus contextos temporales permiten tener una imagen general del proceso de evolución de la literatura, el cual de manera indirecta se vuelve también un reflejo del proceso de desarrollo de la disciplina.[20]

A continuación se propone una tabla que agrupa los textos considerados más importantes junto a sus temas centrales y los eventos destacados que menciona la propia literatura en el marco de las tres etapas de su desarrollo. Con esto se considera que se logra completar el objetivo de este trabajo: esbozar una primera imagen general del devenir de la literatura especializada sobre el desarrollo de la ciencia política en México proporcionada por la bibliografía.

Tabla 2
Características de las etapas[21]

elaboración propia.

Conclusiones

La preocupación por la disciplina antecede la creación de un programa académico en ciencia política en México. Si bien la historia política y el análisis de “los problemas nacionales” son asuntos sobre los que destacados abogados y demás especialistas habían escrito en México desde el siglo xix, ya en los primeros textos escritos sobre la disciplina en los años cincuenta se distingue que hay diferencia entre la reflexión general sobre asuntos políticos y una disciplina académica que, sistemáticamente y con base en ciertos autores, desarrolla una agenda de investigación de manera que, desde sus inicios, hubo elementos que apuntaban a una división de visiones entre estudios políticos y political science. En los primeros años, los trabajos que reflexionan sobre aspectos de la disciplina son mayormente ensayos enfocados a algún aspecto de la enseñanza o problemas de la carrera en la unam. Fue recién hasta los artículos publicados en 1971 y 1979 por Lorenzo Meyer que aparece un análisis amplio y sistemático sobre el estado de la disciplina; incluso las obras con estas cualidades son pocas hasta la fecha. Una de las características de la literatura que se confirma con el tiempo es que el incremento irregular de la literatura está asociado con ciertos momentos o coyunturas particulares. De hecho, el proceso mismo de institucionalización de la disciplina se revela como un esfuerzo continuo, producto tanto de la coyuntura política como de la voluntad de académicos que se convirtieron en actores clave.

A partir de los años ochenta se evidencia la existencia de los primeros eventos colegiados y el notable incremento de las publicaciones sobre el tema. Al limitarse la selección bibliohemerográfica a los trabajos que analizan de manera explícita la situación de la cpm, con el paso del tiempo, paradójicamente, se fue excluyendo una cantidad cada vez mayor de trabajos de autores mexicanos pero que solo reflexionan sobre la ciencia política contemporánea en general.[22] Otra característica importante que sale a la luz en esos años es la incorporación de autores cuya preocupación central es la administración pública, pero que debido a la tradición mexicana de unificarla con la ciencia política en programas conjuntos, los estudios realizados versan sobre ambos núcleos disciplinarios.

Asimismo, durante los años noventa, la diversidad de artículos, temas y autores parecen hacer gala del incremento y solidez de la pequeña pero entusiasta disciplina en el país; aparecen artículos en inglés, aumenta la cantidad de trabajos de autores provenientes de otras instituciones académicas, como la uam; emergen enfoques completamente novedosos, como los trabajos en el marco de los estudios educativos, cuya preocupación principal es el desempeño de los programas de licenciatura y posgrado. Además, se presenta una cantidad inédita de títulos, la mayoría relacionados directamente con las discusiones relativas al proceso de reforma del plan de estudios de la licenciatura en ciencias políticas y administración pública de la unam de 1996. Para finales de esa década, incluso hay conmemoraciones relativas a la carrera como los 45 años de la licenciatura o el aniversario de ep. En este tipo de trabajos se celebran las iniciativas pioneras en nuestro país, pero también se hace mención de las dificultades y retos encarados por la disciplina, particularmente en el ámbito profesional.

Es hasta finales de los noventa que se va conformando un consenso tácito sobre lo que se entiende por ciencia política; también en esos años, paulatinamente, los debates internacionales sobre el estado de la political science fueron cobrando mayor importancia en la discusión que se da en México. Si dicho cambio enriqueció o empobreció a la cpm, si su causa es el creciente número de mexicanos que se han formado en posgrados internacionales de ciencia política, si esto ha provocado el desarrollo de agendas de investigación alejadas de la realidad, o si la nueva impronta cuantitativista de su metodología sesga la selección de temas y por tanto brinda conclusiones irrelevantes, todos ellos son temas por resolverse y que forman parte de los debates actuales. Como ya se mencionó, entre los títulos sobresale sin duda el libro La ciencia política en México coordinado por Mauricio Merino y compuesto por artículos que reflexionan sobre ciertos campos de investigación centrales para la disciplina -federalismo, presidencialismo, estudios legislativos, cultura política, partidos políticos, etcétera-, lo cual es importante porque cada uno de estos trabajos dejar ver la existencia de una tradición en la investigación mexicana sobre estos temas.

A partir del nuevo siglo, al tiempo que se da una disminución relativa de los títulos originados en la unam o publicados por académicos de esa institución, se evidencia un mayor desarrollo institucional de la disciplina y es cada vez más usual que aparezcan publicaciones de diversas instituciones académicas como la uam, el cide, la uacm, y la uaem. También es relevante el incremento de artículos nacionales y extranjeros publicados en otros países que, a partir de enfoques y preocupaciones inéditas, reflexionan sobre la ciencia política mexicana. Más allá del mero incremento de la literatura publicada, es visible el proceso de cambio cualitativo en las investigaciones sobre el estado de la disciplina. Paulatinamente, los estudios van incluyendo posiciones más definidas y propuestas más sofisticadas, al tiempo que se adentran en la discusión de las visiones teórico metodológicas de la disciplina y de los problemas concretos de institucionalización y de perfil profesional. De allí que puede decirse que la bibliografía que discute el estado de la cpm es ahora, con pleno derecho, de un interés comparable al que generan los temas tradicionales de la disciplina.

Cabe destacar que las características de las publicaciones más recientes sugieren que la aparición de revistas electrónicas y, en general, el avance en las tecnologías de la información y la comunicación (tic) ha facilitado el trabajo académico y contribuido a la mayor integración de las agendas internacionales y, por ende, a la homogeneización de los estándares y estilos de trabajo académico. Los intereses han cambiado: ahora, por encima de una cuestión de enfoques, la preocupación central es la calidad de la investigación. A pesar de ello, en el caso de México todavía hay voces que advierten que la pluralidad no debe significar fragmentación, ni tampoco debe ser pretexto para la desvinculación y exclusión mutua entre grupos académicos. Algunos de los títulos más recientes lamentan que en nuestro país sea fácilmente identificables dos posturas que se convierten en signos que, más que generar identidades, producen marcas: por un lado, el sesgo cuantitativo, economicista y angloparlante que ignora a los colegas nacionales que no comparten su estilo; por otro lado, una tradición más cercana a la sociología, cuyo enfoque principal son los trabajos teóricos y ensayísticos que desde un visión crítica producen trabajos de carácter más bien normativo. En contraste, trabajos como los de José Antonio Aguilar y Fernando Barrientos del Monte son ejemplo de la nueva visión contemporánea -que se va convirtiendo en mayoritaria- y que trata de no anclarse a posturas irreductibles, sino que pretenden situarse como alternativa apelando a la importancia de la flexibilidad, la colaboración y la búsqueda de rigor académico; asimismo, llaman la atención sobre la necesidad de un ejercicio autocrático constructivo dentro de la disciplina.

La literatura revisada esboza la manera en la que la disciplina en México ha venido evolucionando, creciendo y consolidándose. Los textos se han erigido como representantes efectivos de las diferentes etapas de la disciplina y al mismo tiempo proveen de una imagen del conjunto. En ese sentido, una de las conclusiones más importantes de esta revisión es que tras superar un indispensable proceso de crecimiento y maduración institucional, el hecho de que la cpm se haya volcado hacia un proceso de homogeneización guiado por la asimilación de un perfil internacional ha puesto a la disciplina en un dilema: mirar hacia “adentro” en busca de una ciencia política “mexicana” o volcarse hacia “afuera” en pos de estilos de trabajo y agendas de investigación que se articulen con las corrientes internacionales. Esta aparente disyuntiva sugiere que ya se ha conformado una especie de “masa crítica”, de recursos académicos que pueden utilizar los estándares de calidad y las herramientas teórico metodológicas internacionales al tiempo que fincan su interés en atender los requerimientos de las agendas de las políticas públicas a nivel nacional. Final y complementariamente a lo dicho, la literatura también nos sugiere que como parte del proceso de maduración de la cpm, la historia y el análisis del estado de la disciplina está pasando de ser un tema de interés ocasional a una agenda de investigación propiamente dicha.

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Anexo

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Notas

[1] La lista de fuentes seleccionadas está integrada por 181 títulos actualizada hasta junio de 2015. Aunque la idea del presente ejercicio se enfoca hacia la construcción de un universo exhaustivo naturalmente existe la posibilidad de fuentes faltantes; también se presentan casos de obras de las que se conoce su existencia pero que no pudieron ser localizadas en ningún catálogo de biblioteca o repositorio. No obstante ninguno de los textos omisos han sido citados frecuentemente en los trabajos que se incluyen en la lista y por tanto en caso de que hayan sido debidamente publicados su impacto debió ser limitado. El criterio de selección principal fue en primer lugar que éstos contuvieran alguna reflexión explícita sobre la ciencia política en México. A partir de ello se incluyeron de manera indistinta trabajos cuyos títulos hacen alusión a las ciencias políticas a la ciencia política de manera aislada o en conjunto con la administración pública o bien que los temas principales fueran problemas de las ciencias sociales, la ciencia política en general o la ciencia política en América Latina. En sentido contrario se descartaron importantes artículos que estudian a la ciencia política en general o a la ciencia política en América Latina pero que no hacen mención explícita de la disciplina en nuestro país o que se refieren a balances o evaluaciones de investigaciones de temas políticos pero que en el desarrollo del trabajo no contienen una mención directa sobre la situación de la ciencia política en México. Segundo: no se incluyen ponencias de las que se sabe su existencia pero que nunca fueron publicadas por ningún medio de difusión público. Desde inicios del presente siglo han aumentado las posibilidades de hacer públicos en internet diferentes tipos de escritos sin embargo además de libros y artículo solo se incluyen documentos de trabajo o ponencias completas arbitradas y presentadas en congresos y hospedadas en las páginas de asociaciones responsables de dichos eventos; de este modo cuando los escritos fueron publicados más tarde como artículos solo se usa el artículo publicado. Tercero: cuando se ha detectado que la información e ideas centrales de ciertos artículos son retomadas en un trabajo más reciente del mismo autor o cuando existen artículos publicados en dos ocasiones se cita únicamente el trabajo más amplio o el publicado más recientemente. Cuarto: se omiten los trabajos cuyo título promete referirse a la ciencia política pero en realidad no se presenta -ni brevemente- alguna reflexión o texto explicativo alguno sobre la situación de la misma en México. Quinto: en el caso de las revistas Ciencias Políticas y Sociales (1951-1957) su continuación la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales (1957-2015) y la revista Estudios Políticos (19752015) publicadas por la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) solo se han incluido aquellos artículos que se consideran más significativos para la reconstrucción de la evolución de la disciplina ignorando las notas sobre asuntos como informes de labores de los directores, estadísticas estudiantiles, listas de profesores, etcétera. Sexto: se han excluido libros o artículos que se refieren solo de manera muy general a la historia de la Facultad de Ciencias de Ciencias Políticas y Sociales de la unam o de otra institución cuando no incluyen alguna reflexión relevante sobre los orígenes, historia o situación de la ciencia política como carrera, disciplina o profesión. Séptimo: las situaciones límite de los criterios anteriormente mencionados se han decidido con base en la pertinencia general del trabajo respecto al conocimiento de la situación de la ciencia política en México (por ejemplo se incluyen artículos sobre la eficiencia terminal del posgrado en ciencias políticas de la unam); en esos casos, si bien se cumplen con dificultad los criterios anteriores, el hecho de que los textos analicen aspectos importantes de programas directamente relacionados con la tradición disciplinaria hace que se considere pertinente incluirlos. La lista general de fuentes se incluye como anexo al final del artículo y puede consultarse en línea en el portal: [Consultado el 19 de febrero de 2016].

[2] Véanse: Altman (2005); Hunneus (2006); Boncourt (2007); Farr y Seidelman (1993); Dryzek Farr y Leonard (1995); Goodin y Klingemann (1996).

[3] Véase: Villoro (1971).

[4] Véase: Merino (1999).

[5] Véase: Meyer y Camacho (1979).

[6] Véase: Loaeza (2005).

[7] En la edición aparecen siete ensayos que resultan de particular interés para el presente trabajo. En primer lugar en ese momento la revista es publicada por la Universidad Autónoma de Puebla lo cual explica que no se haya encontrado ninguna cita a la misma en el resto de la bibliografía revisada. En segundo lugar la visión de la revista aún es altamente interdisciplinar. A su vez varios de los artículos son versiones revisadas de las ponencias presentadas en el congreso de estudiantes de ciencia política de 1984 (Sirvent Torres Córdova y Peschard). Finalmente entre los artículos inéditos encontramos un ensayo de Ricardo de la Peña sobre la ciencia política y su uso en el discurso político en México una de las pocas revisiones sobre los usos prácticos de la disciplina elaboradas por alguien ubicado dentro del servicio público -más allá de la retórica y elocuencia de los discursos que se daban en los primeros años de la carrera-. Cesar Cansino por su parte reseña las conclusiones generales a las que se llegaron en aquel primer congreso de estudiantes; Víctor Alarcón reseña el segundo número de la revista Sociológica de la uam (unidad Azcapotzalco) dedicada a la definición del estudio científico de la política; y Cesar Cansino y Eusebio Torres presentan un trabajo de recopilación de fuentes que llama la atención por el objetivo de construir un estado del arte de estudios sobre la definición y el estado de la ciencia política en México. A diferencia del trabajo antecedente de Meyer y Camacho la compilación está menos interesada en proponer una narrativa. Por el contrario simplemente presenta una recopilación bibliográfica y una clasificación temática que en sí misma configura un panorama de las corrientes y enfoques del momento.

[8] Por supuesto este desarrollo en la literatura del tema es paralelo al resto de las agendas de la disciplina.

[9] Véase: Aburto (1992); Díaz (1992); Bolívar (1999); Colmenero (2001); Espejel y López (2001); Pérez (2002).

[10] Véase: Weldon (2015).

[11] Véase: Bokser (1996).

[12] En 1989 aparece el primer número con el nombre La Revista del Colegio.

[13] Véanse: Andrade (1998); Leal y Andrade (1994); Castañeda (2004); Camero y Andrade (2008).

[14] Disponible en: [Consultado el 19 de febrero de 2016].

[15] En el libro hay un ensayo introductorio del propio coordinador en el que presenta un balance crítico del proceso de desarrollo de la disciplina en el país y varios artículos que mencionan la historia o el estado de la ciencia política en México: Enrique Gutiérrez analiza la evolución institucional y el papel de la carrera en el contexto político nacional; Marcela Figueroa desarrolla la historia de los planes de estudio en ciencia política en la unam; Víctor Muñoz lleva a cabo un estudio de la cultura política en México; y Luis Reyes revisa la disciplina y los estudios sobre las élites políticas. A lo anterior se suman otros interesantes artículos dedicados a temas concretos de investigación política como sindicatos políticas en materia de juventud etcétera.

[16] Aunque centrado en América latina hay referencias importantes sobre el estado de la ciencia política en México en el estudio introductorio de Flavia Freidenberg y los trabajos de David Altman sobre la producción calidad e impacto de las publicaciones académicas en América Latina; Enrique Gutiérrez y Karla Valverde analizan el proceso de institucionalización de la ciencia política en México; Aníbal Pérez Liñan presenta un estudio sobre la ciencia política estadounidense latinoamericanistas aunque mencionando algunas lecturas sobre la región latinoamericana y finalmente Víctor Alarcón habla de la evaluación y promoción de las ciencias sociales en México tomando como referencia a la ciencia política.

[17] En esta obra colectiva se recogen testimonios autobiográficos de 24 profesores de tiempo completo de la coordinación de ciencia política de la facultad.

[18] El estudio introductorio y el capítulo sobre la investigación política escritos por Alberto Arellano arrojan luz sobre la manera en la que en el ámbito local se forma la investigación politológica y se entrelaza con la disciplina a nivel nacional.

[19] Entre las “cartas” compiladas en este libro cabe destacar las de José Antonio Aguilar Rivera; Claudio López Guerra y Jacqueline Peschard.

[20] Una característica peculiar que puede verse especialmente en la sociología y la ciencia política es que la historiografía de la disciplina desborda la mera narrativa al contribuir en sí misma como parte del corpus conceptual definitorio de la misma situación que naturalmente llama la atención sobre la pertinencia de la investigación sobre la historia general de la cpm pero también sobre en entrelazamiento de esa historia factual con su trayectoria conceptual. En México han comenzado a hacerse trabajos de ese tipo para el caso de la sociología basados en Koselleck Laura A. Moya y Margarita Olvera. Véanse: Olvera (2007); Moya (2013); Moya y Olvera (2013).

[21] La organización de la información de la tabla tiene fines descriptivos. Su elaboración supone una clasificación básica a partir de las tres etapas generales que se propusieron al inicio del artículo. Los textos son considerados como clásicos por ser los trabajos más amplios con mayor profundización en el análisis y más referidos entre sí. El renglón sobre temas centrales constituye una propuesta de clasificación derivada del propio contenido de los textos seleccionados y la información sobre eventos contextuales destacados en cada etapa ha sido proporcionada por la propia literatura. Sin embargo al final del recorrido realizado el cuadro logra sintetizar una imagen general del proceso de desarrollo de la disciplina que esboza la evolución de la literatura aunque esto debe ser considerado más bien una invitación para la realización ulteriores análisis pormenorizados ya sea desde la labor del autoanálisis de la propia ciencia política o como parte de la investigación más amplia sobre la historia y situación actual de las ciencias sociales en México.

[22] Véase: Cardiel (1992); Cansino (2009); Curzio (2009); Emmerich y Alarcón (2007); Alarcón (2006); Vidal (2006); Bokser (2004).

[23] Los criterios de selección de textos se encuentran en la nota al pie 1 del presente artículo.



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