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Ciencias sociales, políticas de autonomía académica y estrategias de internacionalización en la última dictadura militar argentina (1974-1983). Un análisis de los casos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad [1] [2]
Juan Jesús Morales Martín; Víctor Algañaraz Soria
Juan Jesús Morales Martín; Víctor Algañaraz Soria
Ciencias sociales, políticas de autonomía académica y estrategias de internacionalización en la última dictadura militar argentina (1974-1983). Un análisis de los casos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad [1] [2]
Social Sciences, Academic Autonomy Policies and Internationalization Strategies during the Last Argentinian Military Dictatorship (1974-1983) An Analysis of the Cases of the Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales and the Centro de Estudios de Estado y Sociedad
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. LXI, núm. 227, 2016
Universidad Nacional Autónoma de México
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Resumen: Desde mediados de siglo xx, en un contexto de endémica inestabilidad política, el sistema universitario científico argentino atravesó por un acentuado proceso de contracción de su autonomía académica. Las universidades estatales fueron intervenidas recurrentemente por los regímenes autoritarios y diezmadas en sus actividades de investigación y docencia. No obstante, con el propósito central de reducir las crecientes situaciones de heteronomía respecto al campo de poder, emergieron en el terreno de las ciencias sociales algunas instituciones que funcionaron como refugio para la autonomía académica y desplegaron como forma de sobrevivencia una estrategia de irradiación hacia el exterior. Desde un enfoque histórico estructural, el presente trabajo centra su lente analítica en torno a dos de los llamados centros académicos independientes que han tenido gran relevancia y trascendencia en Argentina y el Cono Sur: la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad. Se enfatiza la relación/tensión entre la lucha por la autonomía académica de estos centros y las estrategias de internacionalización que desplegaron: instrumentalización de fondos de ayuda externa, reconocimiento disciplinar/profesional desde el exterior y flujo de contactos académicos internacionales.

Palabras clave autonomía académica, internacionalización, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Centro de Estudios de Estado y Sociedad, dictadura militar argentina.

Abstract: Since the mid-twentieth century, in a context of endemic political instability, the Argentinian university’s scientific system underwent a marked process of restraint in its academic autonomy. State universities were seized repeatedly by the authoritarian regimes, and decimated in their research and teaching activities. Nevertheless, with the core aim of reducing the growing situations of heteronomy regarding the sphere of power, some institutions that operated as havens for academic autonomy and displayed as a means of survival a strategy of international irradiation, emerged in the areas of the social sciences. From a historical-structural perspective, the text’s analysis focuses on two of the so-called “independent academic centers” of great relevance and significance in Argentina and in the Southern Cone: the Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales and the Centro de Estudios de Estado y Sociedad. An emphasis is placed on the relationship/tension between the centers’ struggles for academic autonomy and the internationalization strategies they arrayed: the orchestration of support funds from abroad, disciplinary/professional external recognition, and the flow of international academic contacts.

Keywords: academic autonomy, internationalization, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Centro de Estudios de Estado y Sociedad, Argentinian military dictatorship.

Carátula del artículo

Ciencias sociales, políticas de autonomía académica y estrategias de internacionalización en la última dictadura militar argentina (1974-1983). Un análisis de los casos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad [1] [2]

Social Sciences, Academic Autonomy Policies and Internationalization Strategies during the Last Argentinian Military Dictatorship (1974-1983) An Analysis of the Cases of the Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales and the Centro de Estudios de Estado y Sociedad

Juan Jesús Morales Martín
juan.morales@ubo.clChile
Víctor Algañaraz Soria
Universidad Nacional de San Juan Argentina
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. LXI, núm. 227, 2016
Universidad Nacional Autónoma de México

Recepción: 12 Marzo 2015

Aprobación: 06 Noviembre 2016

Introducción

Los sistemas nacionales de ciencia y educación superior en América Latina experimentaron hacia mediados de los años cincuenta del pasado siglo xx un crecimiento general caracterizado por un aumento significativo de la tasa bruta de escolarización u niversitaria.[3] En buena medida, esto se debió a varios motivos: el incremento de la feminización de la matrícula; una acentuada reconfiguración de los aparatos estatales en vistas a intervenir decididamente en los procesos de producción de saberes y de desarrollo económico; y la puesta en marcha de un complejo y acelerado proceso de modernización, que incluyó el despliegue de variadas estrategias de institucionalización de las ciencias sociales (sociología, economía, psicología y antropología), y un inusitado fortalecimiento de los nexos entre investigación científica y educación superior.

La fundación de universidades provinciales y católicas fue también uno de los rasgos más sobresalientes del período, al igual que la creación de centros académicos regionales, escuelas de posgrado e institutos de investigación, que fueron dotándose de plazas para la docencia y la investigación de tiempo completo y canalizaron la creciente ayuda externa para financiar estudios empíricos. Además, esta etapa constituyó un punto de arranque de la participación del sector privado en el sistema de educación superior. Si bien desde fines del siglo xix germinaban ya ciertas instituciones universitarias privadas en manos de la sociedad civil, a partir de este momento formaron parte cada vez más relevante de la agenda educativa. De todos modos, la consolidación de estos nuevos espacios y prácticas académicas dependió en gran medida del gasto público destinado a actividades científicas y de educación superior y de la estabilidad institucional, dos factores variables según la situación de cada país.

Cabe destacar que esta ola modernizadora resultó refrenada muy pronto por efecto de los golpes militares que se sucedieron en el Cono Sur entre las décadas de 1960 y 1970. La endémica inestabilidad política y la intervención de las universidades estatales por parte de los regímenes autoritarios marcaron, particularmente en el caso de Argentina, un punto de ruptura para el desarrollo autónomo de la investigación social y exacerbaron situaciones de dependencia académica en el conjunto del campo científico universitario.

Bajo ese contexto, emergieron ciertas instituciones académicas que procuraron alcanzar mayores cuotas de autonomía en sus actividades y nuclearon a varios agentes de las universidades públicas excluidos por razones políticas. Fueron los llamados centros académicos independientes (Brunner y Barrios, 1987) los que lograron desarrollarse por la puesta en práctica de una estrategia de irradiación hacia el exterior: instrumentalización de fondos de ayuda externa, reconocimiento disciplinar/profesional desde otros países y flujo de contactos académicos internacionales. Precisamente, este trabajo se centrará en dos de los centros académicos de ciencias sociales de mayor relevancia en Argentina y de trascendencia en el Cono Sur: la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (flacso) y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (cedes).

El hilo conductor del análisis está sustentando en el marco teórico y analítico ofrecido por el Programa de Investigaciones sobre Dependencia Académica en América Latina (pidaal), el cual se ocupa de comprender desde un enfoque histórico estructural el devenir del campo universitario y científico en el Cono Sur,[4] con especial referencia a las intervenciones del poder estatal y a los efectos de la “politización” en estos espacios.[5]

Para los fines de este trabajo, basta señalar que la clásica noción de “autonomía” bourdiana fue puesta en relación directa con observaciones empíricas sobre el desarrollo de los espacios de investigación científica y de educación superior en Argentina y en la región, viendo sus relaciones y tensiones con el campo de poder estatal en el plano nacional y con el sistema de cooperación a nivel internacional.

De allí, que pudimos advertir la existencia de cierta elasticidad en el uso académico, político y cultural de dicha noción.[6] En primer lugar, encontramos la llamada autonomía universitaria, que llegó a ser reconocida en el texto de muchas constituciones nacionales y en la tradición reformista latinoamericana fue definida en tensión con la injerencia del Estado en los “asuntos internos” de las universidades. Un segundo uso de la noción de autonomía se vincula con el proceso de institucionalización de las escuelas de enseñanza y diferenciación disciplinar. La autonomía, en este caso, tiene que ver con la existencia de una illusio que diferencia al mundo académico de otros espacios del mundo cultural. Finalmente, un tercer uso de la noción de autonomía se refiere al impacto de la internacionalización y, específicamente, a la capacidad de los campos periféricos para desarrollar conceptos y agendas propias de enseñanza superior e investigación. Estas diferentes nociones de autonomía serán puestas en juego en varios pasajes del artículo, para definir no solo las trayectorias de las instituciones en estudio, sino también las de algunos académicos en ellas imbricados.

La tradición de los centros académicos privados de ciencias sociales en Argentina

Existe, en cierta medida, una predisposición a escribir en los estudios sobre el campo científico del Cono Sur la historia de los centros académicos privados a partir de la experiencia de Chile, pues fueron Brunner y Barrios desde ese país quienes generalizaron en 1987 el uso del concepto “centros académicos independientes” (cai). Con esa categoría, señalaron la conformación a nivel regional de un sector de nuevos organismos de investigación y difusión de las ciencias sociales. Unos organismos que tienen una naturaleza colectiva, que suelen ser de tamaño pequeño hasta mediano, regidos por un estatuto privado, y provistos de una gestión autónoma de sus programas y recursos. Tales características son resultantes de los procesos de diferenciación de los sistemas nacionales de enseñanza superior y de investigación académica que se desarrollaron en América Latina -sobre todo en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay- bajo el contexto político y cultural definido por los regímenes militares.

Estudios más recientes consideran, sin embargo, que no es viable extender a nivel regional la denominación de cai y prefieren referirse a dichos organismos como centros privados de investigación.[7] De hecho, los estudios comparativos realizados en el seno de pidaal permiten sostener que las situaciones de Argentina y Chile eran tan disímiles que resulta de una gran complejidad asemejar los centros privados en uno y otro caso. Pues aunque su devenir se concentre en el período comprendido entre mediados de los años cincuenta y mediados de los setenta, no implica que se trate de un conjunto homogéneo de instituciones, ni mucho menos de un espacio análogo de producción académica dinamizado por un grupo de agentes con trayectorias idénticas. Por el contrario, es posible identificar institutos privados de estructura previa en Argentina, y distinguirlos según niveles diferenciales de circulación del conocimiento y en función de sus características discursivas.

La literatura general señala que la génesis de los centros privados argentinos se conecta directamente con la histórica relación/tensión entablada entre el campo del poder y el espacio universitario. Según Thompson (1994), las reiteradas intervenciones en las universidades durante la segunda mitad de siglo xx produjeron -directa o indirectamente- un proceso de expulsión y reducción de espacios para la labor de los científicos sociales en la universidad. Esto impulsó el desarrollo de lugares alternativos que gozaron de mayor libertad académica y relativa autonomía de la política, comenzando a proliferar, en consecuencia, los centros de investigación privados en Argentina. Ahí destacan el Instituto Torcuato Di Tella (itdt)[8], el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (cicso), el Instituto de Desarrollo Económico y Social (ides) y el Centro de Investigaciones en Ciencias de la Educación (cice).

En contraste con los centros chilenos, surgidos mayoritariamente como respuesta al avasallamiento dictatorial de 1973, en Argentina la mayoría emergen entre fines de los años 50 y principios de los 60. Durante la trémula década de 1970, prácticamente no se crean nuevos centros privados, sino que se expanden o fortalecen los ya existentes. Únicamente destacarían, por ejemplo, la fundación del Centro de Estudios de Población (cenep) en 1974 y del cedes en 1975, cuya conformación se da con el aporte de graduados formados en universidades extranjeras y con una fracción de investigadores desprendidos del itdt. En 1974 se crea también el programa Buenos Aires de la flacso, institución que, como veremos, se hallaba integrada en una red regional, aunque tardaría varios años en consolidarse a causa de la violencia existente.

A partir de la muerte del presidente Juan Domingo Perón en julio de 1974, se produjo un giro conservador y autoritario en el gobierno nacional, que en materia de política universitaria implicó cambios sustanciales. El corolario más directo fue la desmovilización de la comunidad estudiantil y el profuso vaciamiento de las instituciones de educación superior públicas, dada la cesantía de personal docente y administrativo y el despliegue de metodologías de terrorismo de Estado, envueltas en una prédica nacionalista católica. En una suerte de continuum, la dictadura cívico militar, que tomó por asalto el poder en 1976, arremetió contra las universidades públicas. Estas, que ya venían padeciendo los efectos de un ahogo económico y la implementación de medidas tendientes a disminuir su matrícula estudiantil, sufrieron un profundo ataque a todo el cuerpo académico con despidos masivos y la desaparición forzada de profesores y alumnos.[9]

Respecto a los centros académicos que se conformaron fuera de la esfera universitaria pública, la mayoría se movió inicialmente en un medio que fluctuó entre lo inhóspito y lo abiertamente represivo, en situaciones de extrema inestabilidad económica e institucional. Según Vessuri “tuvieron una ‘mentalidad de catacumbas’, que incluía un perfil bajo, poca difusión de sus trabajos y temáticas recortadas” (Vessuri, 1992: 357). Su viabilidad se debió, en gran medida, al apoyo financiero obtenido de diversas instituciones extranjeras, entre las que destacan agencias de cooperación internacional como la Swedish Agency for Research Cooperation (sarec), la International Development Research Center (idrc) de Canadá, o la estadounidense Inter-American Foundation (iaf), además de las instituciones filantrópicas norteamericanas con larga presencia en la región, como la Fundación Ford y la Fundación Rockefeller.

Visto todo lo anterior, y para tener una mayor comprensión de los procesos y de las tendencias descritas, es necesario acercar la lente analítica a dos de los centros privados de investigación en ciencias sociales de mayor trayectoria en América Latina y Argentina: la flacso y el cedes. La selección de esos dos centros permitirá desarrollar una reflexión s obre las políticas de preservación de la autonomía académica frente a la asfixia y las presiones del gobierno militar, y posibilitará la identificación de las estrategias de internacionalización que debieron desplegar como forma de sobrevivencia.

La flacso: un refugio para la autonomía académica durante la dictadura

La flacso se constituyó por iniciativa latinoamericana en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco) como un organismo internacional, regional y autónomo. Fundada en 1957, su primera sede académica se estableció en Santiago de Chile, ciudad en la que venía funcionando desde 1948 la Comisión Económica para América Latina (cepal), sumándose después en 1962 el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ilpes). El propósito de su creación fue promover la enseñanza, la investigación y la cooperación científica en las ciencias sociales. A partir de entonces, la flacso comenzó a desempeñar un papel crucial en la formación de una nueva generación de científicos sociales y en el fortalecimiento del espacio académico de América Latina y el Cono Sur.

Según Beigel (2009), el establecimiento en Santiago de la primera sede de la flacso no fue resultado simplemente de un claro y deliberado diseño aplicado por la unesco,[10] sino que en ello confluyeron una serie de factores: la proactividad diplomática chilena (que procuraba atraer los fondos de ayuda de la unesco); el papel desempeñado por la Universidad de Chile en el proceso de modernización del sistema científico universitario nacional y en la institucionalización de las ciencias sociales; y la intervención de un conjunto de académicos, entre los que destacaron Juan Gómez Millas, rector de la Universidad de Chile (1953-1963), y el jurista y profesor Gustavo Lagos Matus, principal gestor en la creación de la flacso-Chile y luego primer secretario general de la institución hasta 1964. Con el establecimiento de la flacso, el país trasandino se convirtió en un importante centro académico regional, en un espacio de lucha para el desarrollo autónomo de las ciencias sociales, y en una voz de referencia para las definiciones de la agenda pública nacional e internacional.

Sin embargo, el inicio de la década de 1970 complejizó el panorama. Cuando cesó el patrocinio programado por la unesco, concluyó también el apoyo financiero directo que aportaban los países latinoamericanos signatarios del acuerdo. Desde entonces, el gobierno chileno desempeñó un rol protagónico: emprendió la reformulación de los estatutos de la facultad, entabló convenios con la Universidad de Chile y gestionó aportes financieros con agencias extranjeras.[11] En este marco, Chile gestionó la firma de un acuerdo intergubernamental que fue ratificado por Cuba y Panamá en 1971. No obstante, tras el advenimiento del régimen militar de Augusto Pinochet en septiembre de 1973, que implicó la intervención y la depuración profunda de todas las universidades y que cobró gran fuerza en el campo de las ciencias sociales especialmente, la flacso vio fuertemente amenazada su propia existencia, por lo que sus miembros definieron como estrategia de sostenimiento extender las actividades fuera del país. La salida parecía estar en la transnacionalización de la institución, que Chile siguiera siendo una de sus sedes, y lograr más ratificaciones gubernamentales del acuerdo firmado en 1971.

Mediante un decreto ley dictado durante la presidencia de Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973), Argentina otorgó reconocimiento oficial y posibilitó financiamiento parcial a la institución. A principios de 1974 se firmó también un convenio con la Universidad de Buenos Aires (uba), para comenzar en el país las actividades académicas; convenio que fue refrendado posteriormente por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación. En aquel entonces, destacados miembros de la flacso chilena cruzaron la frontera cordillerana con la intención de resguardar sus vidas y continuar desarrollando la línea de trabajo académico iniciada en Chile. Además de los fondos aportados por la uba, se obtuvo entonces un importante subsidio del gobierno sueco, recursos que posibilitaron el nombramiento de profesores.

A partir de la creciente crisis institucional y la conflictividad política que vivía el país -sobre todo desde la muerte del presidente Perón- el gobierno nacional en manos de Isabel de Perón optó por no ratificar el acuerdo de la flacso y, por tanto, no reconocer su personería jurídica internacional. De esta forma, en Buenos Aires terminó por constituirse en 1975 un programa y no una sede de la Facultad.[12] A partir de ese momento, se interrumpieron gradualmente los contactos de la institución con los diferentes niveles gubernamentales, iniciándose paralelamente la búsqueda de apoyo ratificatorio en otros países. Nuevamente, la estrategia de irradiación hacia el exterior parecía ser la única salida posible. La apertura de una sede en México era vista como una posibilidad de desarrollo académico en un contexto de mayor estabilidad política.

Al producirse el golpe militar de 1976 en Argentina, las ciencias sociales ya contaban con una tupida red de centros privados de investigación. En consonancia, el programa flacso -Argentina se inscribió en la tendencia de gestación de ámbitos académicos extrauniversitarios diferenciados y relativamente aislados de las tradicionales instituciones académicas argentinas. Dicho programa, aunque creado por impulso de iniciativas externas, se constituyó en un organismo que se fue modelando en respuesta a estímulos y desafíos vinculados al contexto político institucional argentino. Desde su creación, y atravesando por los largos años de autoritarismo militar, se desempeñaron como directores del programa: Arturo O’Connell (1974-1975), Emilio Mignone (1975-1976), Alberto Afonso (1976-1977), nuevamente Arturo O’Connell (1977-1979), Jorge Feldman (1979-1985) y Gustavo Cosse (1985-1992).[13]

Las consecuencias de la última -y más atroz- dictadura militar argentina, impactaron en la flacso de manera inmediata y contundente. Algunos medios de prensa acusaban a la institución de extremismo ideológico y político. Incluso, el jefe de la policía federal en Buenos Aires, el general Cesáreo Cardozo, realizó graves acusaciones y promovió un expediente presumiendo que flacso constituía una suerte de central coordinadora revolucionaria a nivel regional. De ahí que no resultase extraño el claro avance del régimen de facto sobre algunos miembros de la institución. Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ipola, que cumplían funciones docentes, se vieron obligados a exiliarse porque estaban más radicalizados políticamente y eran considerados sospechosos. De hecho, Emilio de Ipola estuvo un tiempo preso y luego se marchó con Portantiero a la sede en México. Daniel Chudnovsky, por su parte, fue contratado por la United Nations Conference on Trade and Development (unctad). “Académicamente no queda nada, ni nadie. flacso Argentina no funcionaba académicamente en los primeros tiempos de dictadura. La maestría voló, los profesores volaron, un vacío total. Y los que se quedaron siguieron estando, pero en el aparato burocrático”, recordaba Carlos Strasser.[14] Aunque Emilio Mignone, director del programa Buenos Aires, conservó por un tiempo su puesto en la institución, tras el secuestro y desaparición de su hija el 14 de mayo de 1976, decidió abandonar sus tareas académicas y pasó a dedicarse intensamente a la actividad de derechos humanos.[15]

Hacia finales de 1976, el general Videla reflotó el expediente de Cardozo y examinó la posibilidad de declarar a la flacso como organización subversiva. Conscientes de tal situación, las autoridades del programa prepararon una estrategia de supervivencia: recurrieron a sus conocidos chilenos que trabajan en la oficina de organismos internacionales del Ministerio de Educación para que informasen al gobierno trasandino del interés en dialogar con su par argentino sobre cómo impulsar un desarrollo conjunto de la institución.[16] Gracias a esta ingeniosa y rápida intervención, no se logró concretar la firma del decreto.

En términos estrictamente académicos, los años de la flacso Argentina bajo la dictadura transcurrieron con cierto aislamiento del resto de las instituciones que componían el campo científico universitario nacional, desenvolviéndose como un espacio de preservación y desarrollo académico limitado. Las universidades nacionales, mientras tanto, permanecían intervenidas y las ciencias sociales desaparecían de allí, manteniéndose solo en unas pocas universidades privadas.[17] Podría decirse que durante el intervalo 1976-1983, la institución cristalizó como una “torre de marfil”, orientando su trabajo académico hacia adentro, desarrollando un bajo perfil público y realizando escasas actividades docentes. El programa Buenos Aires se centró en el plano de la investigación y la búsqueda del reconocimiento internacional, tendiendo a especializarse en torno a problemas, áreas y líneas de investigación. Por ejemplo, Jorge Feldman y Mario Robirosa se dedicaron a temas de sociología urbana, mientras que Carlos Strasser inició un proyecto sobre filosofía y teoría política. Hasta 1978 “continúan algunas investigaciones, no se dictan cursos abiertos pero se sostiene al grupo de becarios, algunos de los cuales pasan a desempeñarse como asistentes de investigación” (flacso, 2004: 21).

En un marco político nacional poco propicio para las actividades de investigación en ciencias sociales, la situación institucional de la flacso se tornaba cada vez más frágil desde el punto de vista económico. Al respecto, uno de los proyectos de investigación más destacados de la época fue el denominado “Hábito de Lactar al Pecho”. Dirigido por el chileno Mario Gutiérrez Lleyton, se trató de un proyecto insólito en el ámbito de la sociología de la salud, al contar con grupos de investigación de otros países de la región y de equipos de salud materno infantil. Este proyecto fue posible gracias a un subsidio otorgado por el gobierno holandés, que además de financiar el programa brindó oxigeno económico a todos los integrantes de la flacso. “Fueron trescientos mil dólares que era una fortuna para nosotros y nos salvó la vida institucionalmente, porque el financiamiento propio de la flacso era cero y había decidido irse de Argentina”.[18] También como parte de esta estrategia de captación de fondos de ayuda externa, se destacó el significativo apoyo financiero de la Agencia Sueca de Desarrollo que posibilitó la subsistencia de las actividades básicas en la facultad y la organización de una biblioteca de ciencias sociales.[19]

En relación con la financiación de la flacso Buenos Aires y sus soportes económicos, es importante señalar que cuando se produjo el golpe de Estado de 1976, el acuerdo para establecer una sede de la institución en México ya estaba firmado. Gran parte del tiempo en esa sede se destinó a conseguir fondos para sostener a toda la red regional de la flacso. La propuesta de la institución en México consistió básicamente en obtener subsidios y financiamiento del gobierno nacional y también de otros gobiernos y organismos internacionales. En ese sentido, se lograron contribuciones del gobierno mexicano y recursos de los gobiernos de Holanda y Gran Bretaña, concretándose un proceso de cooperación vertical (norte/ sur) y horizontal (sur/sur): el norte le asignaba recursos a la flacso en México y desde allí se repartían a las sedes y los programas regionales.

Dada su vocación académica y su identidad profesionalista, así como la obtención de su financiamiento proveniente del exterior, el programa flacso-Argentina asumió una naturaleza marcadamente internacional en cuanto a sus contactos y sus referencias de legitimación y reconocimiento. Si bien en una primera instancia la circulación de la producción estuvo restringida casi exclusivamente al pequeño círculo de centros privados nacionales, progresivamente se fueron difundiendo en el exterior a través de diferentes redes académicas, especialmente la entablada con Ecuador y México. Destacados científicos sociales -expulsados, cesanteados, reprimidos durante los regímenes militares en el Cono Sur- procedentes de distintas nacionalidades, con diferentes especializaciones y trayectorias académicas, recalaron en estas nuevas sedes de flacso. La multiplicación regional de la institución tuvo, en este sentido, un efecto altamente positivo en el afianzamiento de dicho proceso de internacionalización.

A partir de 1977 Carlos Strasser comenzó a gestionar la estructuración de una maestría en cooperación con colegas de diversas instituciones dedicadas a las ciencias sociales (flacso, 2004). Desde entonces se desarrollaron cada vez más actividades académicas y de investigación en Buenos Aires, lográndose incluso una importante compra de libros con parte del ya mencionado subsidio sueco. Durante 1979 se produjo el traslado de la secretaría general (que funcionaba en Buenos Aires, aunque formalmente estaba en Santiago de Chile) a Costa Rica, designándose como secretario general de la institución a Daniel Camacho y a Jorge Feldman como director del programa en Argentina. En el transcurso de ese año se realizó en Buenos Aires la apertura de la tan deseada maestría en ciencias sociales, siendo Carlos Strasser el principal propulsor de dicha propuesta. Así recordaba este autor ese especial momento para el programa flacso-Argentina: “Teníamos algunos profesores, teníamos alumnos y tesistas. Por ejemplo, el chileno Francisco Rojas, después secretario general de flacso, fue tesista mío. Cuando empezó la maestría había 20 alumnos, una camada brillante, entre los que se destacó Hugo Nochteff, profesor hace años de microeconomía”.[20] Efectivamente, los primeros egresados de la maestría obtuvieron su título durante los años de autoritarismo: en 1978 egresaron Francisco Rojas Aravena y Gloria Ardaya; en 1980 Flora Enrique Da Costa, Héctor Alberto Alimonda y Alcir Enrique Da Costa; y finalmente en 1983 se graduó Hugo Jorge Nochteff.[21]

La internacionalización del cedes como estrategia de supervivencia en el contexto autoritario

El caso particular del cedes es muy diferente al programa flacso-Argentina. Nacido como una “entidad civil sin fines de lucro” en julio de 1975, sus orígenes “se encuentran en el Centro de Investigación en Administración Pública (ciap)”, constituido en 1968 como un desprendimiento del itdt (cedes, 1977: 1). El ciap desarrolló una activa labor de investigación, reflexión teórica y asistencia técnica hasta diciembre de 1974, momento en que se desvinculó del Di Tella, y sus investigadores, no pudiendo regresar a “la Universidad de Buenos Aires, tomada entonces por Montoneros, buscaron distintas fórmulas para continuar sus carreras en Argentina”.[22]

Un grupo de científicos sociales compuesto por Adolfo Canitrot, Marcelo Cavarozzi, Roberto Frenkel, Óscar Landi, Oscar Oszlak y Guillermo O’Donnell, decidió crear un centro de investigación autónomo como refugio intelectual. Un propósito parejo y estrechamente relacionado con esta idea de amparo fue, por supuesto, el de evitar el doloroso camino del exilio y la fuga hacia los centros de investigación de Estados Unidos o Europa. Este anhelo lo expresaba O’Donnell, el primer director de cedes: “Yo quería luchar allí, desde dentro. Recibí varias ofertas formales y muchas más manifestaciones informales de interés de buenas universidades de Estados Unidos” (O’Donnell, 2007: 279).

La fundación del cedes testimonió la convicción de que entonces valía la “pena crear y mantener ámbitos de reflexión e investigación en ciencias sociales” (cedes, 1977: 2). Aunque la autonomía académica y los espacios públicos para el conocimiento fueran en Argentina reducidos y limitados por la dictadura militar, fue posible llevar adelante un programa de pesquisas relativamente autónomo caracterizado por una perspectiva crítica, y aglutinado alrededor de este “grupo pluralista de intelectuales comprometidos con la comprensión y la transformación de los mecanismos de dominación y participación sociales” (cedes, 1983: 7-8). Muy importante para esta conquista de autonomía por parte del cedes fue el apoyo financiero ofrecido por la Fundación Ford.

La presencia en América Latina de esta institución filantrópica norteamericana había resultado clave para el desarrollo de las ciencias sociales y políticas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.[23] Inicialmente, ayudó a consolidar la comunidad universitaria y después, ya en el contexto autoritario, la estrategia de la Fundación Ford pasó por financiar la creación de centros de investigación privados con el fin de preservar la autonomía y la libertad en el ejercicio de la actividad académica y científica.

El Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento (cebrap) de Sao Paulo, fue el primero en recibir una ayuda económica que le permitió iniciar sus actividades en 1969. cebrap, de hecho, abrió el camino a seguir para el resto de centros académicos financiados por la Fundación Ford en la región, como es el caso de la Corporación de Estudios para Latinoamérica (cieplan), de Santiago de Chile, fundada en 1976, y del propio cedes. Incluso, como recuerda Fernando H. Cardoso, su primer director, cebrap “fue un modelo para alguno de esos centros. Un modelo de resistencia intelectual contra los regímenes autoritarios” (Cardoso, 2009: 35). Esta idea de resistencia académica e intelectual frente a las dictaduras tenía mucho que ver con la visión de Kalman Silvert, quien desde 1967 hasta su muerte en 1976 ejerció como asesor y director del programa latinoamericano de la Fundación Ford (Morse, 1977: 507).

Fue Silvert precisamente quien contactó a Guillermo O’Donnell con la institución filantrópica norteamericana para así poder recibir la financiación necesaria para formar y poner en marcha el cedes (O’Donnell, 2007: 279).[24] En esa labor de asistencia y de mediación también fueron decisivas las gestiones de Abraham Lowenthal, antiguo Training Associated y Social Science Program Advisor de la Fundación Ford, y de Nitas Maniztas, una funcionaria y agente en América Latina de dicha institución.[25]

Esta financiación privada repercutió, sin duda, en las actividades, propósitos y en el mismo funcionamiento del cedes. Como recordaba Peter Bell, agente de la Fundación Ford, “es el destinatario (de la ayuda) quien debe cumplir con los objetivos de la subvención, y muchas veces los objetivos son, en términos de una mayor libertad y autonomía (incluso respecto a la fundación)” (Bell, 1971: 473). Efectivamente, la donación económica favorecía el desarrollo de investigaciones y proyectos con un mínimo de independencia, pero también implicaba rendir cuentas frente a la entidad financiadora a la vez que instruía a este centro a la hora de competir internacionalmente por estos recursos económicos.

Gracias a esta financiación, el cedes pudo asentar sus actividades sobre dos objetivos bien definidos: 1) “el examen de las clases, su estructura y sus expresiones organizativas y reivindicativas”; y 2) “en el nivel de lo ‘político’, mediante el estudio del Estado y sus vinculaciones con clases y organizaciones de la sociedad civil” (cedes, 1977: 1). Este centro académico se destacó por tener una vocación marcadamente empírica y por llevar a cabo investigaciones sobre la realidad cultural, social y política argentina.[26] Pero también, y siguiendo su estrategia de internacionalización y de irradiación hacia el exterior, desarrolló un “modelo cooperativo de proyectos” regionales e internacionales que le otorgaba tanto protección frente a la dictadura militar como “visibilidad académica y reconocimiento profesional” (Brunner y Barrios, 1987: 132).

Uno de los proyectos colaborativos más representativos de esos años fue el de “Políticas de normalización económica en los regímenes contemporáneos del Cono Sur de América Latina: estudio de los casos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay”, dirigido por Guillermo O’Donnell, que convocó a investigadores de cebrap, cedes y cieplan. Posteriormente, se asociaron al proyecto el Centro de Investigaciones Económicas (cinve), y el Centro de Informaciones y Estudios el Uruguay (ciesu), ambos de Montevideo (cedes, 1980: 25).

Desarrollado entre 1977 y 1982, este proyecto ejemplificó un trabajo que facilitó, a pesar de las dificultades existentes, la movilidad académica, los viajes y las reuniones de trabajo y el desarrollo de empresas comunes, vitales siempre para establecer comunidades epistémicas o para articular interacciones de cooperación académica o científica. Se trató de un estudio sobre los aspectos políticos y económicos de los planes de normalización aplicados en esos países. A los estudios nacionales se sumó la confección de trabajos comparativos en los que colaboraron equipos interdisciplinarios de economistas, sociólogos y politólogos.

Además, con esta investigación se quiso, dentro de lo posible, influir en el debate público regional a través de la publicación de diferentes documentos.[27]

Otro destacado hito en la estrategia de internacionalización del cedes fue su afiliación al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (clacso). Este Consejo se había creado en 1966 como “una organización de carácter regional, no gubernamental, que agrupaba a institutos y centros de investigación y docencia en ciencias sociales, con el fin de coordinar las actividades de esos centros” (Bayle, 2010: 235). Para el cedes fue realmente importante sumarse a la red de contactos que le proporcionó clacso, pues pudo así estrechar vínculos académicos y fomentar la cooperación científica con otros centros de la región.

De hecho, el cedes albergó entre 1977 y 1983 el grupo de trabajo de clacso dedicado a estudiar el “Estado y la burocracia”, el cual nucleó a científicos sociales y politólogos de diversos países del continente y sirvió en su momento como un importante ámbito de reflexión comparada y de intercambio sobre las políticas públicas (cedes, 1983: 29). Oscar Oszlak fungió como coordinador del grupo y se desarrollaron investigaciones dedicadas a contribuir al análisis teórico y empírico de la organización estatal de los países de América Latina, a la evolución del aparato administrativo y productivo del Estado en Argentina, Chile, Perú y Uruguay, así como a conceptualizar y examinar la burocracia estatal latinoamericana.

El cedes destacó entonces en el panorama regional e internacional como un centro académico especializado en torno al estudio de esos temas. Investigó sobre los problemas de la región y lo hizo desde una perspectiva claramente latinoamericana. Incluso algunos de sus investigadores propusieron importantes lineamientos para una nueva conceptualización y examen de la burocracia estatal en Argentina y América Latina. Descuellan, por ejemplo, investigaciones como “Estado y burocracia en América Latina”, dirigida por Oscar Oszlak, cuyo objetivo fue contribuir a la “evolución del aparato administrativo y productivo del Estado en Argentina, Chile, Perú y Uruguay”. También destacan las pesquisas acometidas por Guillermo O’Donnell alrededor de su concepto “Estado burocrático-autoritario”, desarrollado originalmente por este autor en su libro Modernization and Bureaucratic Authoritarianism (1973). Así, por ejemplo, él se encargó de indagar sobre el “Estado y economía en Argentina: 1966-1972” y sobre el “Estado y burguesía en la Argentina, 19631976” (cedes, 1977: 16-18). Como también realizó un “Estudio c omparativo de procesos de redemocratización” en el que se ocupó de los casos de Brasil, España y Portugal, para justamente poder estudiar qué condiciones traerían el retorno “a la plena vigencia de una democracia política en los países (de la región) que atraviesan experiencias burocrático autoritarias” (cedes, 1982: 22).

En el caso particular del cedes, no hubo desafección entre la teoría y la práctica investigativa. Al contrario, este centro académico ayudó a introducir en Argentina innovaciones en el estilo de trabajo de las ciencias sociales y políticas, impulsando patrones de productividad internacionalizados y una cultura evaluativa. “Teníamos la obligación, nos autoimpusimos la obligación de producir. Fue una época muy productiva. Produjimos muchos trabajos en esa época”, recuerda Oszlak.[28] Ciertamente, la disciplina y las (auto) exigencias de producir conocimiento eran la contraparte por recibir financiación de instituciones y de organismos internacionales. De este modo, entre sus actividades se encontraban las de publicar por diferentes medios los resultados de sus investigaciones; la organización y participación de sus miembros en seminarios, conferencias y reuniones de discusión locales e internacionales; la docencia en otras instituciones académicas y la formación de jóvenes investigadores.

En cuanto a la difusión del conocimiento, se comenzó publicando dos monográficos institucionales, los “Documentos de trabajo” y los “Estudios sociales”, que fueron reemplazados en 1978 por una única publicación, “Estudios cedes”, similar en su presentación a un pequeño libro. Además, se encargaron de traducir al inglés el boletín de actividades anuales para así poder llegar a un mayor número de lectores foráneos, establecer canales de comunicación con otros centros e instituciones internacionales, rendir cuentas a las entidades extranjeras financiadoras y conseguir protección internacional (cedes, 1978: 5).

Entre esas publicaciones institucionales destaca, como crítica teórica, legitimada por la competencia académica y el reconocimiento internacional, el “Estudios cedes” número 5, “Notas para el estudio de procesos de democratización a partir del Estado burocrático autoritario”, firmado por Guillermo O ´Donnell.[29] Este trabajo había sido presentado en octubre de 1978 en un seminario organizado en San José de Costa Rica por el profesor argentino Francisco Delich -en aquel entonces presidente de clacso-, y cuyo objetivo era la reflexión

conjunta por parte de un importante número de académicos latinoamericanos y extranje ros sobre las posibilidades futuras de la democracia en América Latina.[30]

El tema de la democracia justamente comenzó a copar el debate académico regional como principal preocupación intelectual a partir de finales de los años setenta. Y, claro está, los investigadores de cedes participaron de forma activa en ese contexto publicando en revistas regionales e internacionales y reflexionando sobre la revalorización de la oposición democrática de la sociedad civil (O’Donnell, 1985: 179 y 184). Sus investigaciones ganaron visibilidad y reconocimiento en el exterior, a la vez que era una forma de ganar respeto y cobijo en el interior de Argentina.

Esta estrategia de internacionalización y visibilidad externa de las actividades del cedes explica también la participación de los miembros del centro en numerosos congresos o seminarios en el extranjero. No solamente asistieron a reuniones regionales de clacso, de la cepal o del ilpes, sino que además éstos mantuvieron latentes sus contactos extranjeros, sobre todo con Estados Unidos, país en el que se habían formado y en el que disfrutaron de estancias académicas y de investigación.[31] Precisamente, recogemos las palabras de Guillermo O’Donnell para ejemplificar estos viajes de ida y vuelta continentales como una estrategia de supervivencia y de protección:

Visité los Estados Unidos en numerosas ocasiones y mantuve mis contactos allí. Por ejemplo, pasé un tiempo como profesor visitante en la Universidad de California, Berkeley, y en la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Fui Fellow en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton; y era miembro del Joint Committee de Estudios de la Social Science Research Council (ssrc). Hice esto en parte por el interés intelectual y la vanidad. Pero también fue estratégico. Mis colegas en Argentina y yo sentimos que el tener estas conexiones institucionales fuera del país disminuían la probabilidad de ser aplastados por la violencia que nos rodeaba (O’Donnell, 2007: 279).

La participación de los investigadores del cedes en actividades externas contribuyó a reafirmar los lazos que la institución mantuvo con centros e investigadores regionales e internacionales. Más en concreto, este centro académico argentino estableció una importante red de colaboración y de comunicación con el cebrap brasileño, dirigido como vimos por Fer nando H. Cardoso, y del cieplan chileno, encabezado por Alejandro Foxley. El propósito de esa red fue la de beneficiarse de un intercambio continuo de conocimientos, información científica y experiencias profesionales y políticas vividas en cada país. Se estableció una especie de alianza a partir de los lazos intelectuales y personales mantenidos entre sus miembros y gracias a los intermediarios internacionales.

Un importante, por no decir transcendental, aglutinador de ideas y de personas a su alrededor en este circuito hilado a partir del apoyo de la Fundación Ford, fue el economista y sociólogo Albert O. Hirschman. Este científico social estadounidense de origen alemán se interesó, sobre todo, en vincular, sostener y fortalecer cebrap, cedes y cieplan a partir de la formación de comités internacionales. Una medida que sirvió como una suerte de escudo y de resistencia ante las amenazas de las dictaduras. No por casualidad, fue miembro de los comités de estos centros académicos.[32]

El fin era organizar una oposición interna a los regímenes militares, proteger a los científicos sociales y así evitar el exilio. No siempre se consiguió, pues cuando no era posible esta protección, Hirschman desarrolló desde la Fundación Ford y también desde el Social Science Research Council (ssrc) todo un programa de auxilio y de evacuación para los académicos y científicos sociales perseguidos. De hecho, el propio O’Donnell abandonó Argentina en 1979 por Brasil, valiéndose del apoyo de estas redes institucionales y personales para incorporarse, primero, al Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro, y después al cebrap de su colega Cardoso.

Además, durante el gobierno militar, el cedes se encargó de organizar una serie de encuentros y actividades internacionales en las que participaron colegas argentinos y del exterior, como la reunión sobre el proyecto “Políticas de normalización en América Latina”, celebrada entre el 9 y el 11 de junio de 1980, o el seminario “Partidos políticos y procesos de democratización en los países del Cono Sur”, realizado del 1 al 3 de julio de 1982 patrocinado por el ssrc. También se invitó en esos años a numerosos profesores extranjeros para impartir clases magistrales, como, por ejemplo, el ya mencionado Albert O. Hirschman, Alfred Stepan, Ludolfo Paramio o José Luis Reyna (cedes, 1983: 39-42).

Junto con esta proyección internacional, el cedes aprovechó para desarrollar en 1978 un “Programa de formación de jóvenes investigadores” que duró varios años y sirvió para promover una carrera académica dentro de la institución. Esta formación de posgrado, be cada por el centro, estaba dedicada a la tarea académica y tenía “como principio básico la inserción en actividades concretas de investigación” (cedes, 1983: 48-49). El programa operaba con un sistema de tutorías y cada becario tenía un tutor. El plan de trabajo tenía una duración de dos años y los alumnos además recibían el apoyo de cursos sistemáticos ofrecidos por el programa de posgrado en economía ofrecido por el ides y la maestría en ciencias sociales ofrecida por la flacso. Hasta junio de 1983, cuatro becarios habían completado el programa, permaneciendo dos de ellos en el cedes como investigadores adjuntos, Juan José Llovet y Silvina Ramos.

El cedes fue consolidándose institucionalmente poco a poco y, a pesar del desfavorable contexto político argentino, mantuvo siempre una planta estable de investigadores. Es más, se fue afianzando como un espacio de “activo intercambio interdisciplinario” y -de forma progresiva- fue añadiendo nuevas líneas de investigación a las ya existentes (economía política, sociología de los sectores populares, cultura e ideología, análisis político, burocracia y políticas públicas), como la de estudios históricos con la incorporación de Enrique Tandeter (cedes, 1980: 3).

A pesar de la marcha de Guillermo O’Donnell a Brasil en 1979, éste siguió participando activamente en las actividades y proyectos de cedes. Otros investigadores, en cambio, tuvieron que exiliarse por las presiones de la dictadura militar y ya no regresarían nunca, como Guillermo Flichman, que recaló en Francia.[33] A pesar de estas situaciones difíciles, la estrategia de internacionalización del cedes funcionó como un mecanismo de autodefensa frente al contexto autoritario. La estabilidad directiva del centro se mantendría primero con Elizabeth Jelin y después con Oscar Oszlak. La consolidación institucional coincidió con el retorno de la democracia en Argentina; pues, si el cedes había comenzado su caminar con una dotación de 18 miembros entre investigadores, becarios y asistentes, en junio de 1983 contaba con un plantel de 30 personas (cedes, 1983: 5). Atrás había dejado un inseguro período de formación, caracterizado por la falta de apoyo financiero local y por las dificultades de difundir el trabajo intelectual en un contexto general de alta incertidumbre.

Reflexiones finales

Durante la segunda mitad de siglo xx, en un contexto de creciente inestabilidad política y conflictividad social, el sistema científico universitario argentino fue permeable a las crecientes intromisiones del campo de poder. La autonomía de las universidades estatales resultó jaqueada constantemente por efecto del recurrente intervencionismo militar. P articularmente, la última dictadura que tuvo lugar entre 1976 y 1983, desplegó acciones tendientes a redu cir la matrícula estudiantil, limitar el financiamiento institucional y diezmar sus actividades de investigación y docencia (cesantías masivas y desaparición de personas).

Pero bajo ese contexto, ciertas instituciones de las ciencias sociales -como la flacso o el cedes- lucharon por alcanzar mayores cuotas de autonomía académica y nuclearon a varios alumnos y profesores de las universidades públicas excluidos por razones políticas. De hecho, la crisis histórico-estructural del sistema científico universitario de Argentina, producto del intervencionismo autoritario, resultó ser uno de los factores motores y explicativos fundamentales de la consolidación de estos centros académicos extrauniversitarios.

Por su parte, el programa flacso-Argentina tuvo el doble compromiso de continuar con el desarrollo de las ciencias sociales transgredidas por la dictadura y asegurar la sobrevivencia de académicos y estudiantes perseguidos y excluidos de la vida universitaria. Podría pensarse que el régimen militar de 1976 toleró relativamente la presencia de este organismo, dado su carácter internacional e interestatal y por situarse en un ámbito de actividad, la del campo académico regional, que es habitualmente más difícil de controlar y cuya intervención tiene cierto “costo de legitimidad”. Sin duda fueron los lazos de dependencia académica que contrajo con ciertos organismos financieros extranjeros lo que propició la estabilidad de la facultad en este endeble contexto. El proyecto de investigación “Hábito de Lactar al Pecho”, financiado por el gobierno holandés, constituye un claro ejemplo de ello, en tanto no solo propició una creciente participación de la institución en redes académicas internacionales sino que otorgó oxigeno institucional a toda la red de la flacso. Además, como vimos, la sede México que había logrado captar subsidios de Gran Bretaña los derivó hacia la sede de Buenos Aires, produciéndose un doble proceso de cooperación norte-sur y sur-sur.

En cuanto al cedes, se caracterizó por tener una mayor orientación empírica, aunque ello no significó el descuido de la reflexión teórica o de la actividad formativa. De hecho, varios investigadores del centro ejercieron como profesores y desarrollaron actividades docentes en flacso. Así sobresalen los casos de Jorge Balán, Marcelo Cavarozzi, Liliana De Riz, Oscar Landi, Guillermo O’Donnell, Oscar Oszlak o Enrique Tandeter quienes se ocuparon de impartir diferentes cursos de temática social en el “Programa tutorial en ciencias sociales” o en los posgrados de aquella institución.

Pero el rasgo más sobresaliente del cedes fue su capacidad de investigar, generar y difundir conocimiento sobre la realidad social argentina y latinoamericana. Ello resultó motivado tanto por estímulos internos como por la financiación externa recibida. Nuevamente, la dependencia académica y el proceso de internacionalización que ésta implicaba fueron los factores fundamentales que aseguraron la sobrevivencia del centro. Pero, a diferencia de flacso, las situaciones de dependencia financiera internacional por las que atravesó el cedes siguieron esencialmente una lógica Norte-Sur, teniendo a la Fundación Ford como uno de sus principales sustentadores. Al mismo tiempo, este centro se aprovechó del paraguas protector que le ofrecía su membrecía a clacso, aunque sus relaciones académicas, científicas y es tratégicas más consolidadas vinieron del circuito de centros académicos privados que tejió la institución filantrópica norteamericana.

Si en un primer momento la política diplomática de la Fundación Ford permitió resguardar el desenvolvimiento de la reflexión sociológica y política del cedes frente a la coyuntura autoritaria a partir del apoyo inicial y del sustento financiero, estas inversiones, con el tiempo, conformarían polos de oposición democrática frente a las dictaduras militares. Esta financiación económica introdujo en la región una forma diferente de generar intercambios y diálogos entre los científicos sociales, los economistas, politólogos, académicos, la gente de la política, los funcionarios públicos y la administración. Esto no era nuevo en otros lugares, especialmente en Estados Unidos, pero en lo que a América Latina respecta, la puesta en marcha de centros académicos, luego convertidos en think tanks o usinas de pensamiento, fue realmente novedosa.

La presencia de flacso y de cedes -entre otros espacios de producción y difusión de conocimiento operantes fuera de la órbita universitaria estatal- contribuyó significativamente a redefinir los mecanismos de prestigio, validación y reproducción dentro del campo de las ciencias sociales en Argentina. Para lo cual, la puesta en práctica de estrategias de internacionalización en todas sus formas (divulgación, financiación, redes y circuitos académicos) resultó fundamental. No fue simplemente un modo de supervivencia y resistencia frente al contexto dictatorial, sino que también les permitió ser cada vez más conscientes de la necesidad de influir en los debates públicos argentinos y cumplir un papel como actores políticos en el proceso de democratización. Fue este, de hecho, un rasgo distintivo que les permitió a los centros académicos pervivir institucionalmente con la vuelta de la democracia, el retorno de las ciencias sociales en la esfera pública y su consolidación en las universidades y en el sistema científico universitario nacional.

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Notas
Notas

[1] Juan Jesús Morales Martín Académico e investigador de la Universidad Bernardo O´Higgins (Chile). Doctor en sociología. Sus líneas de investigación son: historia de las ciencias sociales latinoamericanas, movilidad académica internacional, élites intelectuales, transiciones democráticas. Entre sus últimas publicaciones destacan: “Max Weber en el Cono Sur” (2016); “Un corredor de ideas entre México y Argentina. El intercambio científico e intelectual entre los sociólogos del exilio español” (2014); “Cartas del exilio. Correspondencia Max Aub / José Medina Echavarría (1941-1965)” (2013). Correo electrónico: juan.morales@ubo.cl

[2] Victor Alganaraz Soria Docente e investigador en la Universidad Nacional de San Juan y becario posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Argentina). Doctor en ciencias sociales con mención en sociología. Sus líneas de investigación son: sociología reflexiva; enfoque histórico-estructural latinoamericano, estructura y dinámica del mundo académico privado; sistema científico-universitario nacional global. Entre sus últimas publicaciones destacan: “El Análisis de Correspondencias Múltiples como herramienta metodológica de síntesis teórica y empírica. Su aporte al estudio del locus universitario privado argentino (1955-1983)” (2016); “Universidades católicas y dictaduras recientes en Argentina (1966-1983): relaciones y tensiones entre sectores eclesiásticos y militares” (2015); “Reestructuración universitaria en clave autoritaria: política y accionar de los rectores de la Universidad Nacional de San Juan durante la última dictadura militar (1976-1983)” (2014). Correo electrónico: victor.alganaraz@conicet.gov.ar

[3] A nivel regional, la tasa bruta de escolarización universitaria aumentó de 1.9 a 6.9 acompañando en gran medida el crecimiento del sistema. Argentina, particularmente, inició el período con una tasa alta (5.2 en 1950) y llegó a una tasa de 21.2 en 1979 (unesco-pnud, 1981).

[4] Véanse: Cardoso y Faletto (1969); Beigel (2014).

[5] El “Programa de Investigaciones sobre Dependencia Académica en América Latina” (pidaal) está coordinado por la Dra. Fernanda Beigel y tiene su sede en la Universidad Nacional de Cuyo y en el Instituto de Ciencias Sociales, Humanas y Ambientales del Centro Científico Tecnológico - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (cct- conicet) Mendoza (Argentina). Este programa se dedica, en apretada síntesis, al estudio de fenómenos de autonomía y dependencia académica en la historia de las ciencias sociales de América Latina, explorando fenómenos tales como la circulación de saberes, la movilidad académica, el financiamiento externo o la posición de las comunidades intelectuales periféricas en el sistema académico internacional.

[6] Véase: Beigel (2014 y 2010).

[7] Véanse: Algañaraz (2013); Neiburg y Plotkin (2004); Pagano (2004); Thompson (1994); Vessuri (1992).

[8] Creado en 1958 con la finalidad de promover el estudio y la investigación de alto nivel en cuanto al desarrollo científico, cultural y artístico del país, el itdt fue una experiencia pionera e inspiradora de buena parte de las instituciones creadas posteriormente. Constituyó un lugar de encuentro y plataforma de lanzamiento de las vanguardias argentinas –en el teatro, la plástica y la música–, poniendo en marcha programas significativos de sociología y economía fuera del ámbito universitario. Según King (1985), la idea era establecer un programa de investigación fuera del control de las bulliciosas y cambiantes universidades argentinas, donde la investigación y la enseñanza eran siempre afectadas por los cambios de gobierno.

[9] Véanse: Kaufman y Sauve (2003); Rodríguez y Soprano (2009).

[10] Aclaremos aquí que la profesionalización de las ciencias sociales fue una tendencia internacional abierta tras la Segunda Guerra Mundial, espoleada desde la academia norteamericana y estimulada en América Latina por los organismos internacionales. En la unesco también se compartió aquel interés profesional por las ciencias sociales y la sociología, dada la presencia del sociólogo británico Thomas H. Marshall en la dirección del departamento de ciencias sociales. El objetivo principal de este organismo era crear en la región latinoamericana un centro de investigación y de enseñanza de ciencias sociales, a semejanza del Centro de Investigaciones sobre los Problemas del Desarrollo Económico y Social en Asia Meridional de Nueva Delhi (Franco, 2007). Además de crear la flacso en 1957, la unesco también colaboró en la fundación en Río de Janeiro del Centro Latinoamericano de Pesquisas em Ciencias Sociais, dedicado a la investigación sociológica. Posteriormente, la unesco abriría centros similares para Europa, en Viena (1963) y para África, en Nairobi (1965).

[11] En este marco, se destacan los aportes del Banco Interamericano de Desarrollo (bid), la Fundación Ford y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) que para el año 1970 eran quienes prácticamente financiaban el funcionamiento de la Facultad (Beigel, 2009).

[12] Véanse: flacso (1991 y 2004).

[13] Véase: flacso (2004).

[14] Entrevista a Carlos Strasser, abril de 2007.

[15] Véase: Mignone (1998).

[16] Véase: flacso (2004).

[17] Véase: Algañaraz (2013).

[18] Entrevista a Carlos Strasser, abril de 2007.

[19] Véase: flacso (2004).

[20] Entrevista a Carlos Strasser, abril de 2007.

[21] Véase: flacso (1991).

[22] Entrevista a Oscar Oszlak, julio de 2014. Estimamos conveniente matizar aquí algunos pasajes del párrafo desprendidos de dicha entrevista. Sabemos que las palabras e impresiones personales del entrevistado son producto de su propia caracterización política de una compleja experiencia universitaria, como es la vivida en la Universidad de Buenos Aires (uba) durante esos años. Sin entrar a polemizar sobre aquel agitado período de la vida universitaria argentina, pues nos desenfocaría de nuestro auténtico objeto de investigación, (que es la comprensión de las luchas por la autonomización y la internacionalización de las ciencias sociales en sociedades periféricas durante los años de las dictaduras militares.), corresponde aclarar que la izquierda peronista ligada a la organización Montoneros tuvo una influencia importante y decisiva entre autoridades, académicos y estudiantes de dicha institución entre mayo de 1973 y septiembre de 1974. Entonces, la uba fue nuevamente intervenida y los sectores más conservadores y reaccionarios fueron quienes ganaron la escena.

[23] Véase: Miceli (1993); Quesada (2010).

[24] El cedes recibió además una amplia gama de apoyos financieros provenientes de diversas instituciones como la Fundación Interamericana; Sistema de Admisión, Registro Evaluación y Control (sarec) El Programa de Investigaciones Sociales sobre Población en América Latina (pispal), International Development Research Centre (idrc), Fundación Tinker, Population Council, Fundación Guggenheim, Programa del Banco Interamericano de Desarrollo - eciel (bid-eciel), Social Science Research Council, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (conicet), Programa de becas del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (clacso), Desarrollo y Paz (Canadá).

[25] Entrevista a Óscar Oszlak, 29 de julio de 2014.

[26] Al repasar brevemente algunas investigaciones acometidas en esos años, comprendemos ese esfuerzo por parte del plantel académico del cedes. De esta forma, destacaron pesquisas como las siguientes: “El rol empresarial del Estado en la Argentina: 1963-1976”, dirigida por Horacio Boneo; “Formación histórica del aparato administrativo y productivo del Estado argentino”, comandada por Oscar Oszlak; “Las crisis económicas en los gobiernos populares”, de la que se ocupaba Roberto Frenkel; “Programa de investigación sobre pobreza urbana y patrones de dominación”, desarrollada por Jorge Balán; “El orden económico internacional y la crisis argentina. Factores internacionales en la evolución económica de la década del 70”, dirigida por Adolfo Canitrot y Roberto Frenkel; “La educación como factor de creación de opciones ocupacionales para los jóvenes”, comandada por Oscar Landi; “Sindicatos y políticas en Argentina después de 1955” o “Partidos políticos y democracia en la Argentina Contemporánea”, ambas a cargo de Marcelo Cavarozzi (cedes, 1980: 17, 19 y 23).

[27] Entre los documentos preparados con relación a este proyecto destacan títulos como: “Políticas de estabilización y comportamientos sociales. La experiencia chilena 1973-1978”, elaborado por Tomás Moulian y Pilar Vergara, agosto de 1979; “Las transformaciones del Estado chileno bajo el régimen militar”, de Pilar Vergara, marzo de 1980; “Inflación con recesión. Las experiencias de Brasil y Chile” y “Políticas de estabilización y sus efectos sobre el empleo y la distribución del ingreso. Una perspectiva latinoamericana”, ambos de Alejandro Foxley y del año 1979; o “Políticas de normalización. Elementos para una síntesis”, documento elaborado por Guillermo O’Donnell y fechado en mayo de 1980 (cedes, 1980: 26).

[28] Entrevista a Óscar Oszlak. 29 de julio de 2014.

[29] De los “Documentos de trabajo” del cedes se encuentran títulos tan relevantes como: “Reflexiones sobre las tendencias generales de cambio en el Estado burocrático autoritario” (núm. 1), “Acerca del ‘corporativismo’ y la cuestión del Estado” (núm. 2), “Estado y alianzas en la Argentina, 1956-1976” (núm. 5), y “Apuntes para una teoría del Estado” (núm. 9), todos ellos de Guillermo O’Donnell; “Populismos y ‘partidos de clase media’. Notas comparativas” (núm. 3) y “La etapa oligárquica de la dominación burguesa en Chile” (núm. 7), ambos de Marcelo Cavarozzi; “Notas críticas para una teoría de la burocracia estatal” (núm. 8), de Oscar Oszlak; “Estado y políticas estatales en América Latina: hacia una estrategia de investigación” (núm. 4), escrito por Oszlak y O’Donnell. El “Documento de trabajo” núm. 6 fue la publicación del “Post Scriptum a dependencia y desarrollo en América Latina”, de Fernando H. Cardoso y Enzo Faletto, hecho que nos indica la impronta latinoamericana que también tuvo el cedes (cedes, 1977: 25; 1982: 5).

[30] En esa conferencia asistieron, entre otros, Norberto Bobbio, Fernando H. Cardoso, Torcuato Di Tella, Shmuel Noah Eisenstad, Gino Germani, Jorge Graciarena, Albert O. Hirschman, Seymour M. Lipset, Alessandro Pizzorno o Raúl Prebisch. Los trabajos presentados fueron recogidos en dos volúmenes en el importante libro coordinado por Francisco Delich, Los límites de la democracia (1985).

[31] Recordemos aquí la formación norteamericana de algunos investigadores principales del cedes de aquellos años: Jorge Balán (doctor en sociología, Universidad de Texas, Austin), Horacio Boneo (doctor en economía, Universidad de Syracuse), Adolfo Canitrot (doctor en economía, Universidad de Stanford), Marcelo Cavarozzi (doctor en Ciencia Política, Universidad de California, Berkeley), Elizabeth Jelin (doctora en sociología, Universidad de Texas, Austin), Guillermo O’Donnell (doctor en ciencias políticas, Universidad de Yale) y Oscar Oszlak (doctor en Ciencia Política, Universidad de California, Berkeley).

[32] El comité académico del cedes estuvo compuesto por: Raúl Benítez Zenteno (Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México), Morris Blachman (Universida South Carolina), Harley Browning (Universidad de Texas, Austin), Fernando Henrique Cardoso (cebrap), Ricardo Cibotti (cepal), Jorge Graciarena (cepal), John P. Harrison (Universidad de Miami), Albert O. Hirschman (Institute for Advanced Study, Princeton), Daniel Pécaut (Ecole Pratique des Hautes Etudes), Bryan Roberts (Universidad de Manchester), Philippe Schmitter (Universidad de Chicago), Juan Sourrouille (Instituto de Desarrollo Económico y Social), Alfred Stepan (Universidad de Yale), y Edelberto Torres Rivas (Confederación Universitaria Centroamericana) (cedes, 1977: 3; 1978: 9).

[33] Entrevista a Óscar Oszlak, 29 de julio de 2014.

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