Intervenciones

El conflicto en el sector de Ciencia y Tecnología en la Argentina. Notas sobre la conîguración de un colectivo gremial

Gabriel Bober
CONICET, Argentina
Julia Soul
CONICET, Argentina

El conflicto en el sector de Ciencia y Tecnología en la Argentina. Notas sobre la conîguración de un colectivo gremial

Cuadernos de Economía Crítica, núm. 6, 2017

Sociedad de Economía Crítica

Recepción: 05 Marzo 2017

Aprobación: 23 Abril 2017

El 19 de diciembre de 2016, una importante movilización de trabajadores del sector científico, puntualmente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), inició una ocupación pacífica de las instalaciones del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) en contra del recorte que se había producido en los ingresos a la carrera de investigador científico de dicho Consejo. La ocupación tuvo carácter masivo y adquirió una visibilidad nacional importantísima, lo que despertó expresiones de simpatía, apoyo y solidaridad de un amplio arco de fuerzas políticas y sociales. La medida de acción directa terminó con la firma de un acta que comprometía al Estado a generar puestos de trabajo en universidades, organismos descentralizados y en el mismo CONICET para ubicar a los postulantes que habían sido recomendados para ingresar pero fueron rechazados por motivos presupuestarios.

Se trata de un conflicto que aún hoy sigue abierto, cuya configuración misma indica transformaciones más profundas y de largo plazo en la subjetividad de los trabajadores de ciencia y técnica, que entraman tendencias generales en las particularidades que adquirió el desarrollo del sector en la Argentina. En este sentido, el conflicto expresó un lento proceso de organización en clave sindical (con tensiones con la organización profesional) como un factor emergente de la dinámica laboral y política del sector de CyT.

En esta nota presentamos una descripción de los procesos que caracterizan a la producción de CyT, los principales problemas que enfrentan sus trabajadores y los procesos organizativos que se desplegaron con el fin de situar el conflicto de diciembre en una perspectiva más amplia de luchas en contra de la precarización de las condiciones de trabajo en el sector y por la democratización de las instancias de toma de decisiones que regulan el organismo.

Trabajar en ciencia y tecnología: entre la incertidumbre y la competencia

Es necesario apuntar, como elemento constitutivo del conflicto que se desplegó durante todo el 2016, que la lucha en contra de la precarización del trabajo en CyT no es privativa de la Argentina. El año pasado, en Brasil, se desarrolló una huelga universitaria a escala nacional por salarios y condiciones de trabajo. En Chile, los investigadores trabajan bajo contratos anuales o bianuales y sus salarios están ultraflexibilizados. Estados Unidos es escenario de una discusión sobre la escasez de tenures (puestos de trabajo estables en docencia e investigación) y su reemplazo por contratos por tiempo determinado, que suponen cada vez más tareas y menores salarios. En España y en otros países de la Unión Europea, las posibilidades de un posdoctorado o de obtener un puesto estable están seriamente comprometidas y proliferan formas de contratación eventuales y “por proyectos”, que suponen serios límites al momento de planificar una carrera.

Frente a este panorama, un primer elemento con el que podemos caracterizar el conflicto es la lucha abierta por puestos estables en un contexto internacional en que el trabajo en CyT se ha flexibilizado, aunque esta problemática no se haya expresado en términos sindicales. Este elemento marca hacia dónde pretende ir el Estado con su política de CyT y brinda claves de lectura tanto para la caracterización del conflicto como para ubicar la batalla abierta por los puestos estables y las condiciones de trabajo.

Por otro lado, el trabajo en el sector de CyT se caracteriza por una importante dimensión de competencia, especialmente por fondos para investigación, ya sea bajo la forma de subsidios otorgados por diversas agencias (en la Argentina financiados por el mismo CONICET o por la ANPICyT) o de convenios con empresas del sector privado. El acceso a dichos fondos está absolutamente vinculado con las condiciones de trabajo de los equipos y de los investigadores en particular, por lo que, en términos de relaciones de trabajo, se evidencia un horizonte en el que priman las relaciones de competencia entre grupos y, por extensión, entre sus integrantes. Estas relaciones de competencia se viabilizan mediante el sistema de evaluación. La evaluación constante del desempeño y la productividad de los investigadores y del personal de apoyo es una característica fundamental de la organización del trabajo en ciencia y técnica. Los parámetros y los criterios que rigen dichas evaluaciones son, o bien desconocidos por el conjunto de los trabajadores, o bien conocidos bajo modos informales como “rumores” y “trascendidos”. Así, a la competencia por los fondos se le suma una suerte de competencia encubierta por ajustarse (o superar) los parámetros (supuestamente conocidos).

A esto se suma una configuración de las relaciones de autoridad y jerarquía absolutamente discrecional, heredera de concepciones meritocráticas y elitistas del trabajo científico. En estas relaciones, la cúspide de la pirámide está ocupada por investigadores de las categorías superiores y la base, por becarios y personal de apoyo (como parte de esa fragmentación elitista, estos compañeros no fueron incorporados al régimen jubilatorio especial que rige para los investigadores). Las posibilidades de los primeros de determinar la suerte de los últimos son importantes, en tanto son quienes evalúan el desempeño, administran el financiamiento y distribuyen las tareas no solo de los becarios, sino también de grupos de trabajo más amplios a través de la relación de “dirección”. Como contrapartida, la influencia y el renombre de los directores suelen ser un reaseguro de continuidad en el trabajo, tanto por el acceso a fondos como por la ascendencia que los directores puedan tener en las comisiones evaluadoras.

De esta manera, entre la competencia entre compañeros y con otros grupos, y la discrecionalidad de las relaciones verticales, se plantean importantes obstáculos para la construcción en clave sindical de los problemas que cada trabajador enfrenta. Es así como un segundo elemento distintivo del conflicto evidenció la construcción de un colectivo reivindicativo que suspendió momentáneamente las relaciones de competencia entre grupos que vinculan a los becarios e investigadores jóvenes entre sí y las de “lealtad y obediencia” que vinculan a los becarios con sus directores.

La expansión del sector en términos de sus “recursos humanos” es uno de los factores que ayuda a explicar el quiebre momentáneo en las prácticas tradicionales de los trabajadores de CyT con respecto a sus puestos de trabajo. En efecto, la cantidad de trabajadores del principal organismo gubernamental dedicado a la investigación científica (CONICET) ha crecido exponencialmente desde 2003. Así, de un total de 8.942 trabajadores en el año 2003, la política de ampliación e incorporación de trabajadores llevó el número a 23.465 para el año 2015, es decir, un aumento de la planta del orden del 162%. No obstante, dicho crecimiento no se vio acompañado por una inversión directamente proporcional en infraestructura y equipamiento. Adicionalmente, el crecimiento del número de trabajadores se concentra en los segmentos más precarios (becarios doctorales y posdoctorales) y en los de menores salarios. En el período mencionado, la cantidad de becarios se incrementó en un 329%, mientras que la planta de investigadores creció un 150%. Asimismo, las dos categorías iniciales de investigadores (asistente y adjunto) explicaban casi el 50% de la planta de la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico. Además, el personal profesional y técnico de la Carrera del Personal de Apoyo a la Investigación se mantuvo prácticamente estable, aunque la proporción de investigadores por personal de apoyo se incrementó de 1,5 a 3,6.

La organización de los trabajadores de CyT

El crecimiento cuantitativo cimentó las bases para un proceso de organización gremial a más amplia escala. Aunque los trabajadores de Ciencia y Técnica habían protagonizado diversos conflictos desde la reapertura democrática (especialmente en la década del ‘90 ante la amenaza de cierre del CONICET, lo que incluyó la creación de un sindicato propio que no prosperó), las organizaciones sindicales con representación en el sector (ATE y UPCN) presentaban niveles muy bajos de afiliación concentrados sobre todo en el personal administrativo y en el personal de apoyo.

Promediando la década de 2000, es posible rastrear procesos de autoorganización de trabajadores estatales contratados bajo las más diversas formas de precarización. De las organizaciones sindicales mayoritarias, ATE fue la más dispuesta y abierta a la articulación de las demandas de estos colectivos y a su integración en el sindicato y a la colaboración en su organización. En el CONICET en particular, junto con la organización de los pasantes, monotributistas y un largo etcétera, se comenzó a presentar una demanda concreta de becarios e investigadores jóvenes por el reconocimiento de derechos laborales. En algunas seccionales de ATE (como las de La Plata, Córdoba, Rosario y Buenos Aires) se dieron procesos de articulación con el movimiento de Jóvenes Científicos Precarizados. Este proceso culminó en la construcción de un programa integral de ATE CONICET que contempla el pase a planta permanente de los trabajadores administrativos precarizados, regímenes jubilatorios igualitarios para todo el personal y los derechos laborales de los becarios. La reivindicación del Convenio Colectivo de Trabajo sectorial incluye el conjunto de las demandas planteadas. Al mismo tiempo, el reconocimiento por parte del sindicato de la condición de trabajadores de los becarios y la reivindicación de sus derechos impulsó un importante crecimiento en la afiliación de trabajadores del sector, tanto de becarios como de investigadores de reciente ingreso a la carrera.

Paralelamente, desde el año 2006 se consolidó la organización de los becarios en un agrupamiento propio: los Jóvenes Científicos Precarizados (JCP). Se trata de una organización que agrupa becarios de distintos organismos de todo el país, distribuidos en diferentes regionales. El programa de los JCP consistía en un conjunto de reivindicaciones que se resumían en el Estatuto del Investigador en Formación y que contemplaba regímenes de licencia, derechos y obligaciones de los directores, reconocimiento de cargas sociales y antigüedad, etcétera.

Ambas organizaciones fueron creciendo de forma lenta y desigual, al tiempo que se fueron logrando pequeñas conquistas como licencias por maternidad o cobertura de salud para los becarios. Con la organización y la expansión de la presencia del sindicato en los lugares de trabajo, desde ATE se fue avanzando en problemáticas puntuales de abuso de poder y de condiciones edilicias, así como se fueron extendiendo las campañas por aumento salarial y condiciones de trabajo más generales. Otro logro fue el avance en la participación como veedores gremiales de los procesos anuales de evaluación y promoción del Personal de Apoyo.

En este contexto, en 2011 se produjo un primer conflicto de varias semanas de movilización a raíz de la disminución (proporcional) del número de becas posdoctorales, primera manifestación de importancia del cuello de botella que empezaba a significar la limitación de vacantes, ante el intento de acceso de los becarios que ingresaron masivamente al sistema, a puestos más avanzados en la carrera de formación como las becas postdoctorales, o a posiciones más estables en la carrera del investigador. En ese momento, se consiguieron 100 becas adicionales y dos modificaciones progresivas en el mecanismo de postulación tanto a carrera de investigador como a becas: que la presentación de un recurso de reconsideración no impidiera una nueva postulación y que se otorgara excepción por edad a las madres (a razón de un año por hijo, hasta tres hijos).

El sector ante el ajuste: las peleas del 2016

El crecimiento del sistema de CyT a través del trabajo precario no es una novedad. Que no todos los recomendados ingresaban no es una novedad. Lo que es novedoso es la disminución abrupta en la creación de nuevos puestos estables en CONICET y el anuncio del gobierno y del mismo organismo de que esto va a ser así de aquí en más.

A lo largo de 2016, a la módica pero constante lucha gremial protagonizada fundamentalmente por ATE y JCP, se agregaron nuevos núcleos y agrupamientos, unificados bajo el objetivo de “enfrentar al macrismo”, que incrementaron la actividad militante y tensionaron, por ser políticamente diversas, el campo reivindicativo y de la política sectorial. La articulación de los trabajadores de CONICET se dio por varias vías: la participación de todas las organizaciones del sector en las movilizaciones de principios del año convocadas por las dos CTA y, fundamentalmente, en la del 27 de octubre en el Congreso de la Nación, en contra del recorte presupuestario para ciencia y tecnología incluido el proyecto de ley presupuestaria para el año 2017. Muchos trabajadores de CONICET son también docentes universitarios, por lo que también encontraron contenidas sus reivindicaciones en la lucha docente, que tuvo su hito en la masiva movilización docente-estudiantil del mes de mayo.

Paralelamente, mientras resistía los miles de despidos en los distintos niveles del estado, ATE participó de la campaña por la efectivización de los ingresos aprobados y retrasados que JCP llevo adelante, con hitos de movilización en julio y en septiembre. Sin embargo, salvo en la marcha del 24 de febrero y hasta las jornadas de diciembre, en ninguna de las movilizaciones la participación de investigadores y becarios superó en número a los militantes de las organizaciones. Por otra parte, durante 2016, la organización gremial creció de manera sostenida en el tiempo. El proceso de organización y afiliación en institutos de ciencias sociales y de ciencias exactas son ejemplos particulares de la forma en que la cuestión gremial aparece en muchos compañeros e institutos.

El anuncio por parte del CONICET de que las vacantes que se informarían sobre el mes de diciembre sufrirían un fuerte recorte agitó una ola de preocupación y descontento en institutos de investigación y en los distintos lugares de trabajo en los que se generalizó al materializarse con la publicación de las listas de ingresantes y de los postulantes rechazados. Este descontento se manifestó en una convocatoria de importante concurrencia, protagonizada por los distintos sectores y agrupaciones frente al CONICET. En esa ocasión, el reclamo principal, que se atendió de manera forzada, fue que el Directorio del organismo recibiera una delegación de los manifestantes para entablar un diálogo, hasta el momento inexistente, con las autoridades del CONICET. En esa reunión las organizaciones fueron convocadas nuevamente para el 19 de diciembre, día en que comenzó la ocupación del MINCyT.

Las lecciones de diciembre y las perspectivas hacia 2017

El lunes 19 de diciembre, una nutrida movilización acompañó la reunión que las organizaciones sostuvieron con el Ministro de Ciencia y Tecnología Lino Barañao. Ante la nula respuesta frente a los reclamos sobre el recorte presupuestario y la reducción de los ingresos, la movilización de acompañamiento se convirtió en una ocupación pacífica del hall del Ministerio de Ciencia y Tecnología que, aunque promovida fundamentalmente por JCP, pronto reunió al conjunto de las organizaciones del sector en torno del reclamo de incorporación de “los 500”.

La ocupación se extendió durante toda la semana e involucró a sectores muy amplios de la “comunidad científica”. El conflicto rápidamente se propagó a diferentes lugares del país, en donde los trabajadores de CONICET se organizaron en asambleas y reuniones, propusieron y llevaron adelante diferentes actividades, directores de Unidades Ejecutoras expresaron su rechazo al recorte y hasta un grupo de científicos galardonados por la Presidencia con el “Premio Houssay” hizo público su descontento con la política gubernamental hacia el sector. Este conjunto de elementos dieron gran visibilidad pública al conflicto. La ocupación fue una medida de unidad en la acción, que en un sentido funcionó como articulador de acciones de protesta de diversa índole. Su alcance fue tal que ni el Ministerio ni el CONICET pudieron desconocerlo por la masividad que alcanzó.

La masificación del movimiento de protesta en el sector científico se debe contextualizar no solo en el perjuicio directo de los afectados por el no ingreso y la interrupción de la continuidad laboral, sino también en el impacto en los equipos de investigación que sufren la discontinuidad de integrantes y de líneas de investigación previstas y planificadas, así como el desaliento de los investigadores en formación que observan como restrictivo el contexto de ingreso al trabajo estable de investigación en la carrera del CONICET.

Es por ello que el resultado del conflicto abierto –el acta que contempla la continuidad de las becas por un año y la inserción en otros organismos según los lugares de trabajo propuestos– plantea tanto un horizonte reivindicativo para los trabajadores del sector, que implica tanto las condiciones de trabajo como la estabilidad laboral en términos generales, como un desafío organizativo y político-gremial, que implica lograr sostener y extender la perspectiva de organización colectiva como forma de alcanzar mejores condiciones de trabajo en el sector, con la perspectiva de construir un espacio de discusión y crítica de las políticas sectoriales desde el punto de vista de los trabajadores. Esto compromete no solo a los trabajadores del CONICET sino también a los de otros organismos del sistema, con los que será necesario articular organización y reivindicaciones.

Hasta la fecha, el gobierno no ha avanzado en propuestas concretas de incorporación de los compañeros ni hay indicio alguno de que pretendan cumplir con los puntos pactados en el Acta. Paralelamente, las convocatorias para financiamiento de proyectos de investigación presentan restricciones importantísimas que se suman al desfinanciamiento de los proyectos vigentes y a una poco clara línea de “Proyectos Institucionales”, cuyos criterios de evaluación fueron definidos ad hoc después de lanzada la convocatoria.

En síntesis, durante varios años la organización gremial de los trabajadores de ciencia y técnica fue creciendo de manera desigual y heterogénea, motorizada particularmente por las situaciones de precarización y arbitrariedad con un actor muy dinámico en los becarios y, secundariamente, en el personal de apoyo. Ese colectivo ha sido históricamente expresado por un conjunto diverso de organizaciones. De la capacidad de ellas para articular seriamente una política reivindicativa frente al ajuste y de sostener la capacidad y posibilidad de movilización sin aislarse del conjunto de trabajadores dependen no solo la incorporación de “los 500” sino también de los límites que se puedan poner a la ofensiva estatal contra los trabajadores de CyT.

Sería una ingenuidad plantear que este proceso se va a dar a través de acuerdos entre fuerzas o agrupamientos políticos y sindicales. Antes bien, es necesario expandir la organización en los lugares de trabajo y ampliar la posibilidad a conjuntos de compañeros cada vez más amplios que puedan avanzar en organización gremial y asumir de conjunto las reivindicaciones planteadas por la ofensiva gubernamental.

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