Lecturas Críticas

Memorias de la represión

Stella Grenat
UNISAL, Argentina

Memorias de la represión

Cuadernos de Economía Crítica, vol. 5, núm. 9, 2018

Sociedad de Economía Crítica

TEUBAL Miguel, FIDEL Carlos. Enfoques heterodoxos en el pensamiento económico: la Carrera de Economía de la Universidad Nacional del Sur en los sesenta. 2017. Argentina. Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini-Universidad Nacional de Quilmes. 262 páginas, 23 x 15 cmpp.. ISBN 978-987-3920-41-7

Recepción: 17 Julio 2018

Aprobación: 17 Septiembre 2018

El libro que reseñamos refiere a hechos de nuestra historia reciente, ocurridos en la Universidad Nacional del Sur (UNS) entre 1969 y 1976, que develan parte de una trama hasta ahora desconocida para buena parte de la historiografía dedicada al período. Traer al presente la experiencia de un grupo de profesores y estudiantes que diseñaron el Plan de Estudios de la Licenciatura en Economía de la UNS que se implementó entre 1972 y 1975, y que a mediados de 1976 fueron acusados por la Dictadura Militar de “subversión ideológica marxista”, por lo que fueron enjuiciados, perseguidos, encarcelados u obligados a partir al exilio, representa el principal mérito del libro.

La forma elegida para presentarla es original, dada la diversidad de textos que estructuran el volumen: seis artículos, tres entrevistas y tres fuentes documentales. De esta manera, el libro le otorga el protagonismo a quienes fueron partícipes directos de aquella experiencia, fundamentalmente, profesores y estudiantes. A través de sus voces, los autores dan a conocer hechos y personajes que le permiten al lector introducirse en aquel feroz ataque que recibió la universidad. [1] En este sentido, el volumen representa una primera aproximación a los hechos, a partir de las memorias de sus participantes, tal como ocurrió con la historiografía dedicada a las luchas de los años ‘60 y ‘70 en sus orígenes. No obstante, eso que destacamos como virtud es uno de los límites del trabajo en tanto no traspasa del relato de memorias para llegar a un análisis científico del proceso histórico en cuestión: por un lado, no avanza en una explicación de los hechos; por el otro, no pretende ofrecer un balance homogéneo sobre los mismos, al tiempo que omite referencias a elementos centrales de la experiencia relatada.

El artículo de Fidel y Teubal plantea el objetivo central del trabajo: rescatar los contenidos de un programa alternativo ante los déficits de la enseñanza universitaria en economía en nuestro país, que impediría la comprensión de los problemas más relevantes de la actualidad –crisis sociales, económicas y ambientales internacionales­–. Dicha reivindicación recorre todo el libro y se sostiene, como decíamos, fundamentalmente por las memorias de los propios protagonistas, con la excepción del capítulo de Lorena Montero, que se diferencia de esta metodología apelando a fuentes primarias, principalmente la causa judicial abierta contra profesores y alumnos de economía (Montero, 2017: 59-90). En este capítulo, se destacan cuestiones centrales para comprender los ejes de los enfrentamientos sociales de la etapa abierta a finales de la década del ‘60 y el fin de la dictadura en 1983. En este sentido, ofrece una clara delimitación de la nefasta “teoría de los dos demonios”, a partir de la utilización del concepto de represión como prerrogativa monopólica de coacción legal e ilegal del Estado, para explicar la persecución, en este caso judicial, de profesores, alumnos y personal no docente de la UNS. Asimismo, presenta el rol jugado por los civiles que colaboraron con la dictadura: por un lado, el diario La Nueva Provincia, que reclamaba en sus páginas la intervención militar en la UNS para frenar “el avance de la subversión marxista” en sus claustros; por el otro, los miembros del poder judicial que, como el juez federal Guillermo Federico Madueño, siguieron la iniciativa del general Acdel Vilas y llevaron adelante las gestiones del juicio abierto en contra de “la subversión ideológica” que actuaba, según la versión militar, en la universidad.

Esta referencia explícita a los colaboracionistas se refuerza en el capítulo de Bruno Susani, quien al mencionar el plan impuesto a partir de 1975 y que arrasó con el anterior, afirma que la “censura fue apañada y probablemente sugerida por algunos ayudantes de docencia promocionados insidiosamente en sorbidas tratativas en medio del baño de sangre que empapaba la República. Estos incompetentes y aprovechadores, hábiles cortesanos de militares iletrados, declararon y denunciaron a alumnos y profesores” (Susani, 2017). Asimismo, Susani señala los alineamientos políticos de la UCR, una fuerza que se presenta como adalid de la “democracia”, pero que en este caso continúa con una tarea dictatorial, como es la regimentación política de la universidad: “el nuevo rector, [de la UNS] el geógrafo González Prieto, miembro de la Unión Cívica Radical, nombrado por el Poder Ejecutivo (gobierno de Alfonsín), no reconoció como cesantías aquellas pronunciadas por Remus Tetu si los docentes eran peronistas” (Susani, 2017: 126). En esta línea, denuncia a profesores colaboracionistas que permanecieron como empleados de la UNS hasta 2014: la Lic. Gloria Girotti y el abogado Hugo Mario Sierra, quienes fueron, oportunamente, secretarios del juez Madueño.

De igual modo, a lo largo del libro se denuncia la intervención terrorista de Remus Tetu, profesor antes de la implementación del nuevo plan y nombrado rector de la UNS por el ministro de Educación, Oscar Ivanissevich, en 1975. En este punto, se detalla el asesinato del estudiante David “Watu” Cilleruelo, llevado a cabo por los custodios de la Triple A de Tetu en el hall de la UNS en abril de ese año. [2]

Luego de referirse al contexto histórico, el libro pasa al núcleo de su propuesta: la reivindicación del Programa de Estudios de la Licenciatura en Economía. A diferencia de lo que podría esperarse de una carrera intervenida por “infiltración marxista”, Teubal reivindica el programa por su carácter desarrollista, heterodoxo, keynesiano y antineoliberal, resaltando que impulsaba “la acción directa sobre la sociedad para contribuir a su desarrollo integral” (Teubal y Fidel, 2017: 219). [3] De hecho, no se trata de una lectura retrospectiva, sino que Teubal, en su carta de renuncia al CONICET (12/8/1976), asegura que “muchos son los alumnos que han estado en las aulas en que he dictado clases. Algunos son en la actualidad importantes funcionarios públicos, e incluso miembros de las Fuerzas Armadas”. En este sentido, según Carlos Fidel, el perfil de egresado de aquella carrera sería Axel Kicillof y, según Silvia Gorenstein, miembros de la CEPAL Santiago (Teubal y Fidel, 2017: 194-195). Por su parte, Bruno Susani, en su artículo, es quien mejor describe los alineamientos y en consecuencia los programas políticos de quienes defendieron el plan, entre los cuales predominaba el reformismo: por el lado de los estudiantes, la Juventud Peronista; por el lado de los profesores, el desarrollismo. A esto se le suma un dato fundamental: quien fuera el principal impulsor del nuevo plan de estudios, Roberto Noel Domecq, fue convocado por las autoridades de otra dictadura militar, la de Juan Carlos Onganía, para dirigir el Departamento de Economía de la UNS, en 1968. Evidentemente, no estamos frente a un plan de estudios que exprese una propuesta revolucionaria, socialista, ni siquiera “anticapitalista”. Por el contrario, se trata de un programa que promueve el desarrollo de más capitalismo.

No obstante, esta información plantea una pregunta elemental, que debe ser afrontada abiertamente y que el libro no acierta en responder: ¿por qué el juicio por “infiltración marxista” en una carrera desarrollista? ¿Por qué la virulencia de la persecución siendo que los contenidos y los profesores de inspiración marxista eran marginales tanto en el plan como en la estructura de personal?

La hipótesis en torno de esta interrogante fue esbozada por Gabriela Landriscini, quien asegura que la corta vida de la Licenciatura “solo encuentra explicación en el clima político destituyente -predictatorial- de marzo de 1975”, impulsado por una alianza conservadora que se nutría de civiles y militares “opuestos a las reformas democratizadoras” (Landriscini, 2017: 19). No obstante, su planteo no resiste la prueba de los hechos, es decir, no posee asidero empírico ni documental. Lejos de una “alianza conservadora” opuesta al gobierno nacional y popular, las últimas investigaciones prueban la imbricación orgánica entre los inicios de la represión paraestatal de la Triple A y el gobierno peronista (Bufano y Teixidó, 2015). En este sentido, la hipótesis planteada no parece atender a la información que el propio trabajo ofrece, en tanto es evidente que la represión del genocida Acdel Vilas no fue más que la continuación de la intervención en la universidad llevada adelante por el gobierno peronista. El propio general Vilas estuvo a cargo del feroz Operativo Independencia instaurado el 9 de enero de 1975. Su actuación, autorizada por decretos firmados por María Estela Martínez de Perón e Ítalo Lúder, supuso la instalación de centros clandestinos de desaparición, los asesinatos y torturas de población civil en Tucumán que quedó bajo jurisdicción de las FF.AA.

Finalmente, las denuncias sobre el accionar de Remus Tetu se remiten al periodo que va desde finales de los ‘60 hasta los ‘80. Nadie señala que este militante nazi entró al país durante el primer gobierno de Perón en 1949 y que encontró trabajo en su administración pública, más precisamente en el Instituto Tecnológico del Sur de Bahía Blanca, que luego se transformó en la Universidad Nacional del Sur. Además, Remus Tetu jamás presentó un título que lo acreditara como sociólogo, cargo en el que permaneció en las décadas siguientes. De este modo, no puede ser considerado parte de un personal político extraño al peronismo, sino que, por el contrario, su desarrollo y permanencia en el ámbito educativo nacional fue posible gracias a que fue acogido por el gobierno del general Perón, siendo un perseguido político nazi. De este modo, se desdibuja la responsabilidad de Perón y el peronismo en la represión de los ’70, que ha sido ampliamente trabajada por la historiografía (Bonavena, 2009: 143-228; Bufano y Teixidó, 2015). Sin embargo, reconociendo que no es el objetivo de este trabajo explicar científicamente la intervención de las fuerzas políticas que actuaron en la etapa, sino presentar la voz de quienes participaron en ella, vale señalar algunos puntos clave para enriquecer dicha mirada.

En primer lugar, no podemos considerar que la magnitud de la violencia estatal impulsada primero por la Triple A y después por la FF.AA. remite a un conflicto entre regímenes políticos, es decir, entre democracia y dictadura. La forma que asumió el enfrentamiento social en la Argentina a partir de 1973 responde a causas mucho más profundas y expresa una confrontación de origen clasista que no pudo resolverse en un marco político republicano (Balvé y Balvé, 1989; AA.VV., 1973). En segundo término, se ha señalado ya la importancia de observar no sólo los programas y propuestas teóricas en pugna (sean estos académicos o políticos), sino los sujetos sociales, las formas de organización y las acciones de lucha para llevarlas adelante. En este sentido, un análisis científico del caso que nos convoca exige la consideración de los métodos utilizados en el Departamento de Economía para llevar adelante el programa: la democracia asamblearia y la acción directa (tomas, huelgas, manifestaciones). Ambas representan manifestaciones locales de un fenómeno nacional, de carácter insurreccional, al que el movimiento bahiense pertenecía y que se desata a partir del Cordobazo. (Balvé y Balvé, 1989; AA.VV., 1973). Sólo en este contexto social general pueden explicarse los hechos ocurridos en aquellos años, que supusieron la aniquilación de organizaciones estudiantiles y populares en la que predominaba el reformismo de la JP (pero no sólo ellas) y la liquidación de un proyecto educativo, ninguno necesariamente revolucionario. En palabras de Juan Carlos Marín, la violencia genocida se revela “ante la amenaza cierta de un proceso en marcha que evidenciaba una crisis de la conciencia moral de la ciudadanía de los obreros […] y en consecuencia una amenaza de crisis para el orden social dominante (Marín, 1999: 22). La Triple A y la Dictadura vinieron a detener este proceso, que no había logrado frenar antes el regreso del General Perón.

De este modo, comprendiendo la profundidad del enfrentamiento social de la etapa, que daba cuenta de la apertura de un proceso revolucionario, podemos entender mejor por qué la dictadura aniquiló toda forma de acción popular y, a la vez, que las potencias revolucionarias no sólo deben buscarse en un programa, sino también en la metodología y en las formas de lucha y organización por las cuales este es impulsado y por la fuerza social en la que, objetivamente, dicha acción se coloca. Aniquilada esta acción revolucionaria de masas, se pudieron incorporar a la gestión del Estado algunos de quienes defendieron e incluso defienden un programa de economía heterodoxo.

Referencias bibliográficas

AA.VV. (1973). Lucha de calles lucha de clases: elementos para su análisis: Córdoba 1971-1969. Buenos Aires: La Rosa Blindada.

Balvé, Beba y Balvé, Beatriz (1989). El '69: huelga política de masas: Rosariazo, Cordobazo, Rosariazo. Buenos Aires: Contrapunto.

Bonavena, P. (2009). “Guerra contra el campo popular en los ’70. Juan Domingo Perón, la depuración ideológica y la ofensiva contra los gobernadores”. En: Izaguirre, Inés [comp.] Lucha de clases, guerra civil y genocidio en la Argentina. 1973-1983. Buenos Aires: Eudeba, pp. 143-228.

Bufano, S. y Teixidó, L. (2015). Perón y la Triple A: las 20 advertencias a Montoneros. Buenos Aires: Sudamericana.

Landriscini, G. (2017). “Pasado y presente en la formación en Economía. Cicatrices, convicciones, trayectorias y compromisos grabados en la memoria”. En: Teubal, M. y Fidel, C. [comp.] Enfoques heterodoxos en el pensamiento económico. La carrera de Economía de la Universidad Nacional del Sur. Buenos Aires: Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini-Universidad Nacional de Quilmes, p. 19.

Marín, J. C. (1999). Los hechos armados. Argentina 1973-1976. La acumulación primitiva del genocidio. Buenos Aires: P.I.CA.SO./La Rosa Blindada, p. 22.

Montero, M. L. (2017). “Entre vientos y tempestades: militancia y represión en la Universidad Nacional del Sur durante los años setenta”. En: Teubal, M. y Fidel, C. [comp.] Enfoques heterodoxos en el pensamiento económico. La carrera de Economía de la Universidad Nacional del Sur. Buenos Aires: Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini-Universidad Nacional de Quilmes, pp. 59-90.

Susani, B. (2017). “Breve semblanza de una épica académica. El plan de estudios de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Sur de 1972”. En: Teubal, M. y Fidel, C. [comp.] Enfoques heterodoxos en el pensamiento económico. La carrera de Economía de la Universidad Nacional del Sur. Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini-Universidad Nacional de Quilmes, p. 125.

Teubal, M. y Fidel, C. (2017). “Entrevista a Silvia Gorenstein”. En: Teubal, M. y Fidel, C. [comp.] Enfoques heterodoxos en el pensamiento económico. La carrera de Economía de la Universidad Nacional del Sur. Buenos Aires: Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini-Universidad Nacional de Quilmes, pp. 194,-195.

Notas

[2] Watu era militante de la Federación Juvenil Comunista y secretario de la Federación Universitaria del Sur.
[3] En la entrevista, José Luis Coraggio es el único que reconoce que en la actualidad no defiende el desarrollismo. (Teubal y Fidel, 2017: 180-181)
[1] El libro cuenta con los aportes de Carlos Fidel, quien fue ayudante en la asignatura “Teoría Económica Clásica III” entre 1973 y 1974; Miguel Teubal, PhD de la Universidad de Berkeley y profesor de teoría ricardiana en 1972; Bruno Susani, secretario académico del Departamento de Economía de la UNS entre 1973-1974; y Cristina Gutiérrez, Cristina García y Graciela Landriscini, estudiantes de la licenciatura. Entre los entrevistados, se destacan Roberto Noel Domecq, el principal impulsor del nuevo plan de estudios; José Luis Coraggio, PhD por la Universidad de Pensilvania, quien llegó en 1969, fue profesor en el marco del nuevo plan y sucedió a Domecq como director del Departamento de Economía a partir de 1971, y Silvia Gorestein, quien era estudiante en aquel entonces.
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