Intervenciones

El G20 en la Argentina en un marco de discusión sobre la hegemonía mundial

Julio C. Gambina
UBA-UNR-UNSL // SEPLA // IEF-CTAA // FISYP, Argentina

El G20 en la Argentina en un marco de discusión sobre la hegemonía mundial

Cuadernos de Economía Crítica, vol. 5, núm. 9, 2018

Sociedad de Economía Crítica

Recepción: 29 Octubre 2018

Aprobación: 19 Noviembre 2018

I Crisis mundial capitalista 2008-2018

A una década de constituido el G20 como Cumbre de Presidentes para atender la crisis capitalista, es poco lo que se avanza en el establecimiento de un nuevo orden, más bien aparecen nuevas disputas relativas a la hegemonía, lo que genera incertidumbres sobre el rumbo de la economía mundial.

Recordemos que el G20 fue convocado en noviembre de 2008 en Miami por George Bush, entonces presidente de EEUU. Desde entonces funcionó con presidencias rotativas, que ahora derivan en el gobierno de la Argentina.

Muchos, en el país, en la región y en el mundo, asientan expectativas en la coordinación argentina para potenciar la ofensiva liberalizadora cuestionada en los últimos años de cambio político en la región Nuestramericana.

La derecha con programa explícito gobierna por primera vez la Argentina y Mauricio Macri aspira a liderar el cambio de la agenda para la inserción subordinada de la región en la liberalización económica mundial.

Así, la coordinación del G20 durante el 2018 aparece como una oportunidad y se visibiliza con claridad en las reuniones previas a la Cumbre de Presidentes del 30 de noviembre y el 1 de diciembre próximo.

En variados encuentros durante el 2018 funcionó en la Argentina el cónclave de Ministros de Economía, Hacienda y Finanzas más los responsables de los Bancos Centrales de los integrantes del G20, a los que se sumaron los organismos internacionales.

La primera reunión ocurrió en marzo, se repitió en julio del presente y coronó su tarea los días previos a la Cumbre de Presidentes. Desde el primer encuentro se estableció “el financiamiento de la infraestructura, el futuro del trabajo y la tecnología detrás de las criptomonedas” como agenda para el debate.

II Una agenda a favor del capital y en contra el trabajo

La infraestructura constituye la base material del modelo productivo tradicional de la región, sustentado en la exportación de materias primas y bienes comunes.

Es una plataforma que exacerba la dependencia y la inserción subordinada de la región en el orden mundial.

Los límites de la acumulación local de capitales en los territorios de la región motiva la convocatoria a los inversores externos, con el adicional propósito de restablecer el ciclo económico en general.

Por un lado, se requiere de inversores externos para la inversión de infraestructura que asegure los canales de la producción y la circulación de capitales, al tiempo que dinamice el funcionamiento del orden capitalista en la región. Por eso apuntan a la restricción de derechos laborales y sociales que favorezcan la producción de plusvalor con destino a la acumulación.

El tópico del “futuro del trabajo” está estrechamente asociado al punto anterior, aun cuando se presenta como preocupación por el desarrollo tecnológico y el desplazamiento de la fuerza laboral por las innovaciones, la robótica y las nuevas tendencias en el desarrollo tecnológico y productivo.

Lo que pretenden en rigor se orienta a sustentar cambios estratégicos en la relación entre el capital y el trabajo, a favor de la rentabilidad de los inversores y contra los derechos laborales, sociales, sindicales, individuales y colectivos.

En el fondo está la reversión de la acumulación de derechos logrados en décadas de luchas obreras y sindicales, que con matices se construyera en el siglo XX corto, al decir de Eric Hobsbawm.

Pretenden revertir la ofensiva laboral construida desde 1917 y muy especialmente en las condiciones mundiales gestadas luego de la Segunda Guerra Mundial.

El llamado Estado Benefactor expresó las mejores condiciones de las clases subalternas para disputar por sus derechos dentro del capitalismo.

La reversión de los derechos sociales es una tendencia que ya lleva cuatro décadas desde la ofensiva del capital construida bajo la denominación “neoliberal”, ensayada en nuestras latitudes con el terrorismo de Estado asociado al monetarismo y al ideario de Milton Friedman y la escuela de Chicago.

El resultado es la expansión del desempleo, el subempleo, la caída del salario de las trabajadoras y los trabajadores, y diferentes formas de precarización laboral y salarial bajo nuevos mecanismos de gestión de la fuerza de trabajo.

Se trata ahora de profundizar, desde el G20, esa tendencia contra los derechos laborales y sindicales, individuales y colectivos, en un marco de extensión de la relación laboral en el ámbito mundial.

Es un tema destacado con la novedad de la emergencia de China, que resulta explícita en la coyuntura actual del sistema mundial. En rigor, no es solo China, sino también la India, y asociado a ello el nuevo papel de Rusia y las alianzas entre estos países y otros que identifican procesos críticos y contradictorios con la agenda de política exterior de EEUU en tanto potencia hegemónica del capitalismo mundial.

Se está generando una nueva situación en el sistema mundial, que se manifiesta especialmente en la disputa por la imposición de la moneda mundial.

Detrás de ello están las guerras económicas, comerciales o monetarias, manifestación de las disputas hegemónicas del sistema mundial. Entre ellas aparece la tecnología de soporte en las criptomonedas, que ya no son novedad y se generalizan como respuestas a la reorganización del sistema mundial.

III Se discute la hegemonía del capitalismo

La guerra monetaria es una de las facetas de la disputa hegemónica del sistema capitalista.

Es un tema especial la expansión china por 40 años desde la anunciada modernización en 1978, que se hizo visible globalmente con la incorporación a la OMC en 2001.

Desde entonces, en una paciente y creciente inserción en lo comercial, lo económico y lo financiero en todo el mundo, y muy especialmente en Nuestramérica en los últimos años, llama la atención del hegemon estadounidense y este replica con guerras económicas.

El dinero es una categoría importante en el orden capitalista y la moneda como expresión de aquel busca su universalización sistémica, como la libra esterlina o el dólar en su momento, por lo que el yen o el euro pretendieron ocupar un lugar en la disputa global. Ahora el yuan y la plataforma económica, comercial y financiera de China interviene para reorganizar las relaciones de poder del orden capitalista.

Con ese marco es que debe entenderse la defensiva del Brexit o el nacionalismo de Trump y su estrategia de “América Primero” (America First).

La dominación histórica imperialista de Gran Bretaña por años, y luego de EEUU, aparece ahora amenazada con la liberalización construida en tiempos de neoliberalismo, la forma que adoptó la política hegemónica en el capitalismo contemporáneo.

Es que al mismo tiempo que Trump es crítico de la liberalización y la apertura de los años previos, Xi Jinping aparece liderando el discurso de la liberalización y el aperturismo.

Asistimos a un tiempo de renovadas guerras por la hegemonía capitalista, agigantada ante el derrumbe de la opción por el socialismo desde la ruptura de la bipolaridad entre 1989 y 1991.

La fortísima inestabilidad económica del presente recoge estas mutaciones en el sistema mundial y explican, aun parcialmente, la emergencia de políticas nacionalistas con discursos proteccionistas y enarbolados por orientaciones xenófobas, discriminadoras y racistas, claramente identificadas en la derecha del arco político.

Son tendencias que se reconocen en estos tiempos en Nuestramérica y donde el gobierno de la Argentina genera expectativas esperanzadas para recuperar la senda de la liberalización cuestionada en los últimos años.

En el mismo sentido opera el nuevo gobierno reaccionario electo en Brasil el 28 de octubre del 2018, expresión de un nuevo tiempo que instala desde la “no política” una tendencia reaccionaria con importante consenso electoral.

IV ¿Qué se discute en Nuestramérica?

Los debates en el G20 son manifestación del rumbo que se propone para la región, luego de años donde la integración no subordinada ocupó un lugar de importancia.

Otros tiempos eran los que remitían a la gestación de una nueva arquitectura financiera y el financiamiento de un modelo productivo asentado en la soberanía alimentaria o energética.

La exigencia del capital transnacional apura la reconstrucción de una estrategia por la liberalización a favor de la circulación de capitales y sus ganancias, por lo que se requiere terminar con todo vestigio o aspiración de proyecto soberano.

En ese sentido, Cuba y Venezuela están en el centro de una iniciativa por alejar a la región de cualquier aspiración de cambio político, mucho menos de una aspiración de carácter anticapitalista y por el socialismo.

La amenaza bolivariana predicada por EEUU y el Grupo de Lima augura tiempos complejos que pretenderán confirmarse en el rumbo de la Cumbre del G20 en Buenos Aires a fin de año.

Así, los debates del G20 expresan las diferentes iniciativas para sustentar el orden capitalista, que en la universalización de las relaciones de producción necesita subsumir no solo al trabajo sino a la naturaleza, por lo que América Latina y el Caribe, riquísima en dotación de bienes comunes, constituyen un territorio a conquistar.

Vale recuperar en el presente que la respuesta popular contra la liberalización gestó, en la región y en nuestro país, la mayor crítica al orden liberalizador, que ejemplificamos con el “NO al ALCA” en 2005 (Mar del Plata) y la agenda de integración alternativa suscitada entre fines del 2004 en que surge el ALBA, luego ALBA-TCP y más tarde UNASUR y la CELAC.

Fue ese el punto de condensación de una acumulación en la crítica al orden mundial, pero también en la perspectiva de pensar otro orden posible que habilitó los tiempos de cambios políticos, aunque no necesariamente de cambios estructurales del orden económico.

Es quizá ahora el momento para reflexionar que, si se pretende obturar la estrategia del poder, otra vez tendrá que expresarse el amplio movimiento social en la disputa contra lo dominante, al tiempo que promover la gestación de una nueva programática sustentada en la soberanía popular que borre los límites geográficos de cada país para recuperar la concepción de patria grande nuestramericana por otro orden posible.

V Argentina coordina el G20

El país integra el G20 junto con México y Brasil, que había surgido como un ámbito técnico entre países acreedores del capitalismo desarrollado y los endeudados.

Argentina no integra el G20 por “grande”, sino por endeudado, un tema que se agigantó en tiempos de la dictadura genocida, en los ‘90 y ahora bajo gobierno del PRO-Cambiemos.

Con beneplácito del poder mundial se designó al gobierno de Mauricio Macri para coordinar el G20 durante el 2018, en un marco de desatada guerra comercial entre EEUU y China, que puede hacer abortar cualquier acuerdo tejido desde la cancillería y en las negociaciones de estos últimos meses con el FMI.

EEUU es el principal soporte del gobierno de Macri y es curiosamente China uno de los principales actores económicos en la realidad de la Argentina de los últimos años. Con el acuerdo del FMI, que tiene a EEUU como principal soporte, compite con la asistencia comercial, económica y financiera desplegada desde Beiging.

Argentina está entre dos fuegos. Por un lado la afinidad ideológica política con Trump y por otro la realidad de negocios que asocian al país con el gigante asiático.

En rigor, no solo eso preocupa al gobierno de Macri, sino la crítica y la movilización que proviene de los movimientos sociales y políticos que confrontan desde hace años contra la globalización capitalista.

Constituyen un colectivo de grupos que organizaron y coordinaron una semana de acción con debates y protestas entre el 25 de noviembre y el 1 de diciembre, Cumbre de los Pueblos mediante, y una gran movilización para la inauguración de la Cumbre Presidencial del G20.

Las centrales sindicales imaginaron instalar un paro general en el marco del G20, más allá del asueto sancionado para el viernes 30/11 en la Ciudad de Buenos Aires.

Adicionalmente agreguemos que se destinó un gigantesco presupuesto para el control y la represión de las protestas, confirmando un rumbo notorio en los últimos acontecimientos de movilización social, siendo el último la protesta contra la media sanción en Diputados del Presupuesto 2019.

Ese presupuesto de ajuste está acordado y asociado al préstamo del FMI, por lo que la aspiración es que el Senado lo convierta en ley en días previos a la Cumbre de presidentes del G20.

Lo que pretendemos señalar es que el G20 supone un ámbito de discusión del sistema mundial capitalista en crisis, pero también y no en forma accesoria, incluye la discusión por la situación de la Argentina y el rumbo de Nuestramérica.

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