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Veinte años después
Roncallo-Dow Sergio
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Veinte años después
Twenty Years Later
Vinte anos depois
Palabra Clave, vol. 19, núm. 3, 2016
Universidad de La Sabana
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Veinte años después

Twenty Years Later

Vinte anos depois

Roncallo-Dow Sergio
Universidad de La Sabana. Colombia., Colombia
Palabra Clave, vol. 19, núm. 3, 2016
Universidad de La Sabana

Con este número, Palabra Clave tiene el placer de conmemorar veinte años de existencia. Ha sido un proceso arduo en el que han intervenido varios editores que, con un esfuerzo mancomunado y continuo, han logrado construir y consolidar el proyecto que hoy en día es Palabra Clave. Han sido años de trabajo y reinvenciones, que hoy dan sus frutos. Desde aquel 1996 en que de la mano de la profesora Nelly Vélez arrancó este proyecto divulgativo, pasando por el trabajo de Adriana Guzmán, Jairo Valderrama, Liliana Gutiérrez y Jerónimo Rivera, es mucho lo que el panorama editorial e investigativo ha mutado.

En alguna época, quizá no tan lejana, probablemente hace unos veinte años, se escribía por el placer de ser leído, guiados por el imperativo de publicar, en su sentido más estricto y primigenio: de hacer público nuestro conocimiento; guiados por la idea de tener algo que decir. Hoy, para bien o para mal, el panorama es del todo diverso. Al placer de la escritura hemos antepuesto el afán del puntaje y la mitología de la economía del lenguaje que tanto se apodera del cientificismo; hoy la escritura pasa por la brevedad, por lo conciso del positivismo, por la ilusión de la cifra y la falacia de la estadística. No se me malentienda, muchas veces los números son necesarios en la investigación social y, más concretamente, en la investigación en comunicación, pero se ha perdido el regodeo del lenguaje, el regocijo de la palabra. Se ha perdido, en últimas, el propósito mismo de la escritura. Hace algunos años, cinco, para ser exactos, cuando conmemorábamos los quince años de Palabra Clave, tuve la oportunidad de hablar con la editora de una prestigiosa revista de comunicación española. Al igual que yo, se quejaba de la pérdida del lenguaje, de la prosa, del ocaso del ensayo en pos de la producción científica de corte cuantitativo y marcada por la influencia estadounidense en nuestro ámbito académico hispanoamericano.

Hace poco Carlos Scolari (2016) recordaba la idea del rendimiento expuesta por el filósofo coreano Byung-Chul Han desde la idea de la "auto-explotación y el auto-sometimiento a un proceso de control del propio rendimiento por parte del mismo sujeto", pero aclaraba que, a pesar de lo ilustrativa que pudiera resultar la apuesta de Han, "esto no implica que los dispositivos externos de medición del rendimiento hayan desaparecido. Por el contrario, el rendimiento individual está sometido a los rankings, índices y sistemas cuantitativos externos de medición".

En medio de esa discusión, reaparece lo que Han (2014) ha llamado poder poder y que caracterizaría en buena parte a las sociedades del rendimiento. En este sentido, el verbo poder reemplazaría al verbo deber, propio de las sociedades disciplinarias y funcionaría como un modo de enmascaramiento de la autoexplotación que se presentaría, entonces, bajo la forma de una especie de hedonismo cognitivo, bajo la idea del "yo puedo". Han es muy claro al respecto: "El puedes produce coacciones masivas en las que el sujeto del rendimiento se rompe en toda regla. La coacción engendrada por uno mismo se presenta como libertad, de modo que no es reconocida como tal. El puedes, incluso, ejerce más coacción que el debes" (2014, p. 21). Esta idea del rendimiento es interesante para recuperar la discusión que abríamos más arriba sobre las revistas científicas y el lugar mismo que hoy se juega en el acto escritural. Scolari (2016) enmarca la discusión partiendo del hecho palmario de que hoy la actividad del investigador (en particular de aquel que depende de una universidad) no puede pensarse separada de una idea del rendimiento:

Todos estamos en mayor o menor medida sometidos a un creciente número de índices de rendimiento. Si nos limitamos al ámbito académico, la omnipresencia de los rankings universitarios —como el de Shangai o el Times Higher Education— o los valores que generan el Journal Citation Reports, la Web of Science, Scopus o Google Scholar están modelando los procesos de enseñanza-aprendizaje y de investigación de manera mucho más profunda que cualquier decisión política o institucional. Es más: la política universitaria y de investigación tiende a depender exclusivamente de estos dispositivos de medición del rendimiento. Todo es cuantificable, solo hay medición de rendimientos, y por lo tanto todos terminamos bailando al ritmo de un puñado de índices y rankings (2016).

Por supuesto, estas ideas del rendimiento se hacen más profundas cuando los encargados de trazar políticas contribuyen disparatadamente a asentar la mitología del tú puedes. En Colombia, baste recordar las afirmaciones de Paula Arias, exdirectora de Colciencias, 2 quien en 2013 afirmaba que, con algunos matices dependiendo del área de conocimiento pero "basados en la estadística de la información registrada en la plataforma de Colciencias, un científico de alto nivel en Colombia puede publicar en promedio más de 10 artículos científicos por año" ( El Espectador, 2013). Diez, sin duda una cifra que muchos académicos pondrían en duda; una cifra que puso a pensar a toda una comunidad de científicos que, hasta entonces, no se había percatado de la cuantificación, de las mediciones hechas por máquinas que determinan qué tan buen o mal investigador se es (al respecto: Túñez López, Valarezo González, y Marín Gutiérrez, 2014).

Este es el principio básico del problema. La cuantificación de los resultados, la obsesión por el ranking y las ideas de los factores de impacto llevan a la una especie de paroxismo escritural que termina emborronando el acto mismo de la escritura que es, ante todo, un asunto reflexivo y que requiere una cierta demora, que requiere rodeos. Así, veinte años después, este es el panorama del mundo del "publica o perece". El placer de escribir ha sido sustituido por un "tú puedes", que, en el fondo, solo funciona como una prueba constante de autosuperación y de constante puesta a prueba de la propia capacidad. Hoy, además, el rendimiento encuentra buenos lugares para que el lucro encuentre lo suyo. Por ejemplo, en el ranking de Scimago (que depende de Scopus) aparecen indexadas bajo la categoría "communication" 277 revistas, de las cuales solo 36 son de acceso abierto. 3 La autoexplotación, el tú puedes, termina, a la postre, traduciéndose en mercancía, en algo que podríamos llamar el pago para publicar o PPP (del inglés, pay per publish). Definitivamente, las cosas han cambiado mucho en veinte años.

El llamado de Palabra Clave es a nunca perder el horizonte de la escritura y recordar por qué investigamos y qué publicamos. Reiterar la necesidad de desarrollar

un tipo de investigación que nos permita pensar nuestra realidad y producir efectos sobre ella. La investigación transforma la realidad y, por ello, debemos articular nuevas glosas, menos binarias, que no escindan el hacer del pensar, la lexis de la praxis, y que nos permitan reflexionar desde una postura más holística y desde una gramática menos limitada, que abra el camino a la fundamentación de nuevas epistemes (Roncallo-Dow, Uribe-Jongbloed, y Calderón-Reyes, 2013, p. 168).

Escribimos y publicamos porque hemos encontrado algo. Ese algo que nos motiva, que nos inquieta, que nos lleva a acercarnos a una percepción más completa de la realidad.

Los indicadores y medidores son reducciones de la realidad que nos dicen algo sobre los procesos, pero no los muestran en toda su dimensión. Recibimos estos veinte años posicionados como la mejor revista de comunicación en América Latina según el ranking Scimago-Scopus y cada vez más gozamos de un mayor reconocimiento entre la comunidad de investigadores; lo tomamos con humildad y simplemente como un buen indicador de la calidad de nuestros artículos y del profesionalismo de nuestros autores. Si bien es cierto que en esta sociedad del rendimiento esto funciona y la visibilidad es clave, también creemos que esto no es un fin en sí mismo. Una revista académica es un espacio de discusión amplia, de universalidad y de argumentación por encima de todo. Por esto, le apostamos a los próximos veinte años con una sola meta en nuestro horizonte: la calidad y la posibilidad de seguir siendo un espacio de debate. La indexación cada vez mayor y en más altos cuartiles llegará si ha de llegar, nosotros mantendremos nuestros estándares de calidad y de exigencia. Palabra Clave es hoy un espacio abierto y gratuito de difusión del saber que es patrimonio de toda la comunidad de investigadores. En estos veinte años, salimos de nuestra Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana para convertirnos en una plataforma disponible para los investigadores del mundo entero. A todos los que han colaborado con la revista, muchas gracias por hacer posibles estos primeros veinte años. Con seguridad, lo mejor está por venir.

Material suplementario
Referencias
El Espectador (2013). El promedio de publicación de un científico es 10 artículos por año. Recuperado de http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/el-promedio-de-publicacion-de-un-cientifi-co-10-articulo-articulo-454513
Han, B.-C. (2014). La agonía del Eros. Barcelona: Herder.
Roncallo-Dow, S., Uribe-Jongbloed, E. y Calderón-Reyes, I. (2013). La investigación en comunicación: los límites y limitantes del conocimiento. Co-herencia, 10(18), 161-187.
Scolari, C. (2016). Hacia la "total perfomance". Recuperado de https://hi-permediaciones.com/2016/06/16/total-performance/
Túñez López, M., Valarezo González, K. y Marín Gutiérrez, I. (2014). Impacto de la investigación y de los investigadores en comunicación en Latinoamérica: el índice h de las revistas científicas. Palabra Clave, 17(3), 895-919. DOI: 10.5294/pacla.2014.17.3.14
Notas
Notas

2 Según la definición que dan en su sitio web: Colciencias es el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación. Promueve las políticas públicas para fomentar la ciencia, tecnología e innovación (CT+I) en Colombia. Las actividades alrededor del cumplimiento de su misión implican concertar políticas de fomento a la producción de conocimientos, construir capacidades para CT+I y propiciar la circulación y sus usos para el desarrollo integral del país y el bienestar de los colombianos.

3 Información disponible en http://www.scimagojr.com/journalrank.php?category=3315&area=3300&openaccess=true

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