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La trascendencia de la cultura haitiana en la comunidad de Báguanos, desde 1918 hasta la actualidad

Progressive transcendence in the Haitian culture of immigrants in Baguanos, Holguin, Cuba

Yosvanys González Murillo
Centro Universitario Municipal , Cuba
Tomás Renal Macena
Centro Universitario Municipal, Cuba

La trascendencia de la cultura haitiana en la comunidad de Báguanos, desde 1918 hasta la actualidad

Boletín Antropológico, vol. 34, núm. 92, 2016

Universidad de los Andes

Recepción: 20 Julio 2016

Aprobación: 16 Septiembre 2016

Resumen: El presente trabajo es resultado de una amplia labor investigativa realizada como parte de un proyecto sociocultural para el rescate, preservación y valorización de la cultura de los inmigrantes haitianos en la comunidad de Báguanos, municipio de la provincia de Holguín. En él se recoge un estudio antropológico y sociocultural de este lugar, testigo de las migraciones haitianas y su influencia en la cultura y en las tradiciones que conforman la historia de esta región, además, posee un análisis de las diferentes manifestaciones culturales desarrolladas por estos inmigrantes. Por tanto, el objetivo de la investigación estuvo centrado en demostrar la trascendencia cultural de los inmigrantes haitianos en la comunidad de Báguanos desde 1918 hasta la actualidad.

Palabras clave: Migración, cultura, tradiciones, identidad.

Abstract: The present paper is the result of comprehensive research realized as part of a social-cultural project for the rescue, preservation and valuation of Haitian immigrant culture in the Baguanos municipality in the Holguìn province. It compiles an anthropological and sociocultural study of this place, discusses Haitian migrations and their influence on the culture, as well as traditions that have formed the history of this region. The work includes an analysis of various cultural aspects introduced by the Haitian immigrants. The objective of this research is to demonstrate progressive cultural adaptation as an ongoing transcendental movement in the culture of Haitian immigrants in the Baguanos community from year 1918 to the present.

Keywords: migration, culture, traditions, identity.

1. Introducción

Desde la más remota antigüedad hasta el mundo contemporáneo, las migraciones han sido parte importante del desarrollo social y de la historia de los seres humanos, pues el hombre desde sus inicios se vio en la necesidad de buscar mejores lugares para protegerse del frío, de los animales salvajes y de otras adversidades que le imponía el medio.

En la etapa prehistórica, la búsqueda de mejores áreas para vivir y obtener sus alimentos provocó los movimientos humanos. En la actualidad la globalización neoliberal, las guerras, el surgimiento de dos grupos muy diferentes (ricos y pobres), así como la mal administración de los recursos han conducido a crisis económicas que han obligado a migrar a millones de seres humanos cada año.

De una u otra forma el hombre fue desarrollándose, modificando su forma de pensar y actuar ante determinadas circunstancias, por tanto, las migraciones humanas están relacionadas con el proceso evolutivo del hombre y con el desarrollo de la cultura de la humanidad, la cual recoge las transmisiones orales, las tradiciones legadas a las nuevas generaciones y las experiencias individuales y colectivas de los seres humanos.

Para el análisis de los procesos migratorios se partió del concepto dado por Ruiz (2002), con el cual afirma: “Por migración entendemos los desplazamientos de personas que tienen como intención un cambio de residencia desde un lugar de origen a otro de destino, atravesando algún límite geográfico que generalmente es una división político-administrativa” (Ruiz García, 2002: 19).

Los desplazamientos a que se hace referencia en la definición que se asume con anterioridad, son una forma de movimiento de la población que en el curso de la evolución cultural sigue a la dispersión y obedece a un plan, a un propósito y a una voluntad reflexiva (Pratt Faerchild, 1949). Dicha autora percibe la migración como un fenómeno consciente y voluntario y coloca en un segundo plano los condicionamientos económico-materiales que en muchos casos juegan el papel fundamental.

Se plantean además características y formas principales de migración, ellas se han puesto de manifiesto en diferentes latitudes del planeta mostrándose claramente en el continente americano durante el período de conquista y colonización por las metrópolis.

Según el inminente antropólogo cubano Ortiz (1963), después de la conquista y colonización se produjo:

(…) un huracán de cultura (…) llegan juntos y en tropel el hierro, la pólvora, el caballo, el oro, la rueda, la vela, la brújula, la moneda, el salario, la letra, la imprenta, el libro, el señor, el rey, la iglesia, el banquero (…) y un vértigo revolucionario sacudió a los pueblos indios de Cuba, arrancando de cuajo sus instituciones y destrizando sus vidas. Se saltó en un instante de las soñolientas edades de piedra a la edad muy despertada del renacimiento. En un día se pasaron en Cuba varias edades; se diría que miles de «años cultura»… El contacto de las dos culturas fue terrible. Una de ellas pereció, casi totalmente, como fulminada (Ortiz, 1963: 100-101).

Los procesos migratorios, como se había mencionado anteriormente están relacionados con diferentes causas: sociales, económicas, naturales, políticas y religiosas.

Los inmigrantes, una vez llegados a su lugar de destino deben enfrentarse a diversas barreras de comunicación, diferencias culturales, y adaptarse rápidamente a una nueva cultura, muchas veces totalmente distinta a la suya. Salcedo (1981) afirma:

El paso brusco y repentino de un medio cultural a otro es algo que pone a prueba la capacidad de adaptación individual y colectiva de los inmigrantes que pasan, de ser individuos integrados en un sistema socioeconómico, a elementos solamente integrados en el aparato productivo de su nuevo país de residencia, aunque marginados en su estructura social, de individuos propietarios de una identidad a los ojos de los demás y no en el de partidarios de alguna idea que es lo tradicional a elementos identificables solo por su nacionalidad o su grupo étnico (Salcedo, 1981: 19).

Los inmigrantes buscan asentarse principalmente en comunidades donde se encuentran conviviendo sus coterráneos y esto les permite asumir de una forma menos traumática la nueva cultura a la que se enfrentan. Dentro del proceso de adaptación, tienden a reflejar o reproducir el entorno en el que se desempeñaban cotidianamente, y de esta manera superar las barreras comunicacionales y culturales.

Los procesos espaciales, que, como se planteó anteriormente, surgieron y se generalizaron a lo largo y ancho del planeta, se manifestaban en todos los grupos que necesitaban cambiar de entorno por cualquier razón.

La migración europea abarcó grandes áreas de América desde los siglos XV y XVI, especialmente, entre el XVII y el XIX. Este proceso se incrementó desde finales de la centuria decimonónica, y tuvo un gran auge en las dos primeras décadas del XX, en que muchos países del Nuevo Continente recibieron grandes contingentes de etnias españolas, italianas, portuguesas, francesas, alemanas, inglesas, judías europeas y otras, en diferentes cuantías. Durante el período de la segunda mitad del siglo XIX hasta las tres décadas del veinte, se estima un flujo migratorio de doce millones de inmigrantes (Galich, 2004).

Las oleadas africanas, anglo-antillanas y franco-antillanas hacia diferentes regiones del mundo han sido también de gran importancia económica, social, demográfica y cultural. Ellas han estado motivadas, fundamentalmente, por razones económicas. Los estudios históricos y sociológicos se han concentrado en mayor cuantía en los aspectos socioeconómicos y demográficos y, en mucha menor medida, se han hecho estudios sobre su importancia y aportes socioculturales.

Chilloux (2002) refiere que, en el caso de Cuba, entre el período de 1907 y 1931 el flujo migratorio trajo aproximadamente 200 mil anglo-antillanos y 700 mil haitianos. Estas oleadas migratorias que se incrementaron con el transcurso de los años, dieron lugar al asentamiento poblacional de comunidades haitianas principalmente en áreas que comprenden las actuales provincias Camagüey, Santiago de Cuba, Guantánamo y Holguín.

En la región holguinera se asentaron en Banes, Mayarí, Cueto, Sagua, Urbano Noris y otros sitios. La localidad baguanense, donde se centra este estudio, también fue un área poblada por inmigrantes árabes, jamaicanos, africanos, chinos y haitianos.

Ellos, de una u otra manera, trasladaron sus costumbres y modos de convivencia. No todos se insertaron en la cultura receptora de la misma forma, unos eran más abiertos al intercambio que otros. Todavía hoy se están conociendo costumbres y tradiciones de estos inmigrantes legadas e insertadas en la cultura cubana.

Las culturas europeas, africanas, asiáticas y antillanas en su conjunto, con un toque de nuestro aborigen, dieron su aporte al surgimiento y desarrollo de la cultura cubana, que es, sobre todo, una cualidad nueva a partir de los troncos español y africano y que fue conformándose desde la sociedad criolla de los siglos XVI al XVIII, pero que sólo a partir de a finales de este último y, más especialmente, durante el XIX cuando se consolida y se expresa como una identidad propia, que, con espíritu de nacionalidad, va a luchar desde 1868 como pueblo por la conquista de la nación.

Al concepto de cultura han dedicado sus estudios sociólogos, antropólogos, lingüistas, historiadores y filósofos. En la búsqueda bibliográfica se encontraron varias definiciones abordadas desde un enfoque antropológico.

Algunas compiladas por Kahn (1975) se mencionan a continuación:

La cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio, es aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad (Tylor citado por Kahn, 1975: 29).

(…) La cultura incluye todas las manifestaciones de los hábitos sociales de una comunidad, las reacciones del individuo en la medida en que se ven afectadas por las costumbres del grupo en que vive, y los productos de las actividades humanas en la medida en que se ven determinadas por dichas costumbres (Boas, 1930: 74, citado por Kahn, 1975: 14).

(…) Esta herencia social es el concepto clave de la antropología cultural, la otra rama del estudio comparativo del hombre. Normalmente se la denomina cultura en la moderna antropología y en las ciencias sociales. (...) La cultura incluye los artefactos, bienes, procedimientos técnicas, ideas, hábitos y valores heredados. La organización social no puede comprenderse verdaderamente excepto como una parte de la cultura (Malinowski citado por Kahn, 1975: 85).

La autora García (1996) plantea que:

Es un sistema vivo que incluye un sujeto socialmente definido que actuando de determinada manera en una situación histórica y geográfica específica, produce objetos materiales y espirituales que lo distinguen. La cultura en este sentido amplio surge (se forma) conjuntamente con el sujeto actuante e incluye su actividad y los productos de esta (García, 1996: 17).

Desde nuestro punto de vista asumimos el concepto cultura como un conjunto de actitudes y aptitudes que el hombre desarrolla teniendo como vehículo el contexto social en que se desenvuelve y que se expresa en las producciones materiales, espirituales, costumbres, tradiciones, creencias y valores heredados.

La transmisión constante de experiencia es también elemento fecundador de cultura, esta es heredada y trasciende a las generaciones siguientes; incluye valores éticos y conductas sociales. La cultura se fabrica desde la cotidianidad y es propia de cada etnia, grupo social, sociedad o país.

En todo el devenir socio-histórico del hombre, se encuentran elementos que hablan de todo un proceso en constante dinámica: la difusión, asimilación, resistencia, exterminio, que en los diversos procesos culturales se han solidificado y conforman la cultura de los pueblos.

Como se ha podido apreciar, los fenómenos migratorios y culturales siempre han estado muy relacionados. Los hombres en su recorrido histórico social han cargado con sus productos culturales y los han desarrollado desde cada uno de sus grupos o etnias.

Los sucesos acontecidos en Haití a finales del siglo XIII provocaron un reinicio migratorio hacia la isla de Cuba. La sublevación iniciada el 14 de agosto de 1791 por los negros esclavos, condujo a la quema de grandes extensiones de plantaciones, la persecución y el saqueo.

Las migraciones registradas desde Haití durante su proceso revolucionario hacia Cuba, se extendieron hasta los primeros años del siglo XIX en que se produce un flujo continuo hacia las costas cubanas de plantadores franco-haitianos junto a integrantes de sus antiguas dotaciones que incluían esclavos domésticos, negros y mestizos libres. Estableciéndose en distintos puntos de la geografía oriental de la isla de Cuba 1 .

Las regiones mayormente pobladas fueron los territorios de Santiago de Cuba, Guantánamo, Las Tunas, Granma, Camagüey y la parte norte de la provincia de Holguín, en municipios como Cueto, Urbano Noris, Mayarí, Banes, Sagua de Tánamo y Báguanos, este último campo de acción de esta investigación.

Según el autor Quiñones (1994): “(...) aquellos hombres y mujeres no trajeron mas equipajes que su memoria y en ella, junto a sus cantos, sus bailes, sus magias, sus mitos y sus lenguas que confundidas con la cultura que nos legó España dieron lugar a lo cubano en específico” (Quiñones, 1994: 3).

El haitiano una vez llegado a Cuba, al igual que todo sujeto que emigra hacia otro país, choca con grandes dificultades. En primer lugar se da el problema de la adaptación sociocultural debido a las grandes diferencias étnicas.

Como consecuencia del encuentro interétnico, se produjo un importante proceso de resistencia cultural por parte de los sujetos emigrados que, de cierto modo, implicó la preservación de su identidad cultural.

Después de haber manejado el término identidad cultural, se quiere conceptualizarlo para una mejor comprensión. Según Vega (2002), la “(…) identidad es precisamente lo que se torna irrepetible, lo que nos diferencia de los otros” (Vega, 2002: 13).

Por otra parte, Alducin (citado por Macías Reyes, 2010) afirma que:

La identidad es la concepción de quiénes somos; es una toma de conciencia que se produce a partir de un contexto social. Somos en función de otros; y ello es válido tanto en lo personal como en el ámbito de los grupos sociales más amplios (...) La identidad es la resultante de las experiencias históricas compartidas y de los eventos que nos enfrentan al “otro”, a otras culturas otras ideologías y otras concepciones del mundo. En el caso de las vivencias personales se puede observar cómo se va formando una identidad en un barrio o en una ciudad (Alducin citado por Macías Reyes, 2010: 4).

García (1996) afirma:

Llámese identidad cultural de un grupo social determinado (o de un sujeto determinado de la cultura) a la producción de respuestas y valores que como heredero y trasmisor, actor y autor de su cultura, este realiza en un contexto histórico dado como consecuencia del principio socio psicológico de diferenciación – identificación en relación con otro (s) grupo (s) o sujeto (s) culturalmente definido (s) (García, 1996: 17).

La forma de convivencia adoptada por los haitianos, en círculos o comunidades cerradas, permitió proteger y mantener sus costumbres familiares, sus relaciones personales, sociales y, sobre todas las cosas, lograron preservar sus prácticas religiosas, que junto a su lengua materna constituyeron elementos relacionadores y unificadores para estos inmigrantes haitianos que en términos identitarios se vieron representados a través de estos elementos socioculturales.

Por la cantidad de inmigrantes antillanos que se asentaron en la parte norte del Oriente del país (Holguín) y, específicamente en la localidad de Báguanos, esta investigación se ha propuesto el siguiente tema: La trascendencia cultural de los inmigrantes haitianos en la comunidad de Báguanos, entendida como poblado (batey azucarero fundado en 1918) del mismo nombre, que desde 1976 es cabecera del municipio homónimo.

2. Materiales y métodos

Se utilizó una metodología predominantemente cualitativa sobre la base del trabajo de campo, con el cual se realizó la visita y permanencia temporal en la comunidad local durante casi dos años y el empleo de estrategias diversas para penetrar a fondo en las familias de ascendencia haitiana y en sus manifestaciones culturales, artísticas y religiosas, de marcado carácter esotérico en algunos casos. Los métodos fundamentales que se utilizaron fueron: del nivel teórico, el análisis y la síntesis, la inducción y la deducción, y el histórico-lógico, este último para distinguir y establecer los aspectos más regulares y desechar los puramente casuales. De los empíricos se emplearon la observación participante, las entrevistas en profundidad y la revisión de documentos.

La observación participante permitió la convivencia en la comunidad de los descendientes, constatar sus costumbres propias, manifestaciones, formas de relacionarse entre sí, sus modos de actuación y la conservación de las tradiciones haitianas (artísticas, familiares, festivas, religiosas, culinarias).

Las entrevistas se efectuaron con la selección de dos tipos de muestras respondiendo a los intereses de la investigación: una se realizó de forma estratificada y la otra de forma aleatoria. Para ello se contó con abundante fuentes vivas integrantes de los descendientes directos de los inmigrantes haitianos y con testimonios que se conservan de los mismos. Fueron entrevistados, además, investigadores, historiadores y especialistas del tema en la localidad y de otros territorios.

La revisión de documentos proporcionó el acceso a diversos materiales familiares sobre sus descendientes como álbumes fotográficos, cédulas de identidad, fichas notariales, recortes de la prensa de diferentes épocas y otros, además de fuentes documentales existentes en el Museo Municipal del actual municipio de Báguanos, la consulta de las escasas ponencias referidas al tema que se conservan en esa institución y bibliografía publicada al respecto 2 .

3. Tradiciones religiosas

Sobre el término tradiciones son muchas las definiciones emitidas, Bonte & Izart (citados por Medrano, 2001) la definen: “(…) como lo que persiste de un pasado en el presente donde ella es transmitida y permanece operante y aceptada por quienes la reciben y a su vez la transmiten al correr de las generaciones” (Medrano, 2001: 187).

De acuerdo con esta definición, la tradición no busca el cambio, sino todo lo contrario: implica la conservación, y para que esta sea efectiva ha de ser transmitida perennemente, y de esta manera impedir que los hechos, fenómenos o procesos culturales relevantes para determinados grupos, comunidades, etnias o países puedan caer en el vacío del olvido.

El antropólogo Malinowski (1948) planteó: “La tradición, que, según hemos insistido varias veces, tiene potestad suprema (…) se concentra en gran parte entorno al culto y ritual mágicos” (1948: 27).

El pionero en estudiar el fenómeno religioso desde una perspectiva antropológica fue el investigador natural de Inglaterra, Edward B. Tylor, que en su teoría explica la génesis de la religión primitiva a partir del animismo e interpretación de sueños y momentos de muerte aparente (Malinowski, 1948).

Para Croatto (2002):

El estudio del fenómeno religioso es una tarea fascinante. La infinita variedad de símbolos, mitos, ritos y doctrinas que el homo religiosus ha ido creando desde remotas épocas hasta el presente; el descubrimiento de una «comunidad» religiosa universal a nivel de la experiencia más profunda de lo sagrado; la apelación a lo Absoluto, al Mysterium totalizador que se evidencia en todas las religiones, alimentan el espíritu, y no sólo la inteligencia, del estudioso (Croatto, 2002: 3).

Desde nuestro punto de vista cuando hablamos de tradiciones religiosas nos estamos refiriendo a la trascendencia de los elementos simbólicos, mitológicos, rituales y doctrinales, que en el caso de Báguanos han permitido la conservación del imaginario religioso de los inmigrantes haitianos en sus descendientes desde 1918 hasta la actualidad.

El antropólogo Sidney Mintz planteó: “La religión de Haití es a la vez dos religiones: catolicismo y vodú. Sin embargo, estos sistemas de creencias forman una misma ideología para la mayor parte de los haitianos, especialmente de las áreas rurales y entre la clase baja urbana. Así es el caso también para la República Dominicana” (Mintz citado por Millet, 2013: 13).

Hoy son muchas las tradiciones religiosas haitianas que perduran en Báguanos, en la actualidad algunos de los nombres de estas prácticas han experimentado un fuerte proceso de transculturación, debido al predominio de otras creencias populares como el espiritismo, presente en casi todas sus variantes, muchas personas confunden y confieren el nombre de las principales celebraciones religiosas de estas creencias a las tradiciones religiosas haitianas por ser las primeras más conocidas dentro de la población, y en la que participan un gran número de personas.

Dentro de la conciencia religiosa baguanense se piensa que las ceremonias que realizan los descendientes de haitianos en esta localidad son los bembés, que, según el concepto dado por Millet (1994), es una:

Fiesta religiosa, lo que no excluye elementos recreativos y de otro tipo. En Ocha, ceremonia festiva en la que no se tocan los tambores de fundamento, es decir, los toques son ejecutados con tumbadoras. Son las fiestas de mayor base popular dentro de los sistemas religiosos cubanos las dedicadas a celebrar a San Lázaro, a Santa Bárbara y a la Caridad; el sentido de bembé adquiere un sentido de participación colectiva, masiva, sin que medie, entre los asistentes a las celebraciones, un vínculo efectivo y permanente con algunas de las Reglas (Millet, 1994: 9).

Para los descendientes de haitianos radicados en Báguanos, el verdadero nombre de estas ceremonias religiosas heredadas o legadas por los ancestros es “Comida de santo o Manyé-Luá”, que es otra de las tradiciones donde “(...) se le rinde culto o se le realiza un cumplimiento a un Oricha. Implica ofrendas, sacrificios de animales y toques de tambor propiciadores de las danzas rituales” (Millet, 1994: 9). En el caso de los haitianos se invocan a los loas del panteón vodú.

Existen otras tradiciones religiosas legadas por los ancestros, como son los casos del “Manyé Mo o comida de muertos” y el “Manyé Masá o comida de jimagϋas”. En el primero de los casos, este se le dedica a cualquier luá y se realiza para ofrecerle esta comida a un difunto que generalmente es de la familia, después que lleva algún tiempo enterrado.

Según algunos informantes, en estas ceremonias se le ofrecen al difunto leche, agua, pan, agua de azúcar, harina de maíz, entre otras cosas, todo esto depende de la solvencia económica con que se cuente.

Además de esto se confecciona también el calalú, que es un fufú de diferentes viandas al cual se le agrega carne de cerdo, gallina y quimbombó.

En el segundo de los casos, según algunos de los informantes claves, es una especie de promesa que pagan los padres de los jimaguas al nacer, en la cual se realiza un gran ajiaco al cual se le agrega la mayor cantidad de frijoles de diferentes clases posibles, también se le añaden otros ingredientes como la cabeza y patas de puerco, carne de pollo y yerbas o verduras, exceptuando la calabaza y el quimbombó, ya que los jimaguas no comen ni lo uno ni lo otro.

Según varias personas descendientes de haitianos, las comidas de esta ceremonia se sirven con la mano o dedos, en jícaras 3 de güira y hojas de plátano.

Cuando se ofrece o deposita el cumplimiento, se hace debajo de una mata, junto a un cabo de vela en una jícara.

Después que todos los participantes comen, hay que lavarse única y exclusivamente las palmas de las manos en una batea previamente habilitada para ello, y secarse las manos con la toalla dispuesta con ese fin.

Acto seguido se reparten los dulces, y se da por concluida la ceremonia cuando se entierra la ofrenda en la manigua 4 .

Estas ceremonias cuentan con un número ilimitado de días para su celebración, su tiempo de duración depende de la cantidad de animales que se ofrecen y de la cifra de loases a los que se le realice el cumplimiento.

El Mayé-Luá o comida de santos es uno de los elementos identitarios que mejor se conservan en Báguanos y, por la importancia y significación, tanto desde el punto de vista social como religioso que tiene para este grupo étnico, resulta vital caracterizar y describir algunos de los rituales llevados a cabo en algunas de estas ceremonias.

4. Manyé-Luá o comida de santos: Ritual de presentación y baño de los animales

La ocasión requiere del esclarecimiento del concepto ritual para exponer vínculos desde nuestra perspectiva antropológica, a partir de la configuración de las tradiciones religiosas que han permitido la conservación del imaginario religioso de los inmigrantes haitianos en sus descendientes en Báguanos.

Alès & Mansutti (2016) refieren que:

El hecho ritual es parte de las instituciones humanas y es uno de los más ostensibles reveladores del lazo social. Desde hace tiempo, los ritos festivos fueron considerados como pertrechos de las sociedades tradicionales y categorizados así, por tanto, como un hecho del pasado en plena ruptura con la modernidad. Fue sobre todo a partir de la década de los 80 que el ritual ha sido igualmente estudiado en el marco de la sociedad moderna (Alès & Mansutti, 2016: 9).

Cámara (citado por Bueno, Barroso & De Balbín, 2005) plantea que:

Utilizamos el concepto de “ritual” como la evidencia de un conjunto de gestos conectados con el paso entre la vida y la muerte que revisten modos repetitivos. Se trataría, pues, de una norma que identifica a los grupos o conjuntos sociales que la practican y que puede observarse empíricamente, a partir de pautas que poseen constatación arqueo-lógica: arquitecturas, objetos de prestigio, tipos y asociaciones de las deposiciones, etc. (2005: 77).

El análisis de las definiciones abordadas nos permite certificar que los ritos buscan justificar las acciones de los humanos mediante el animismo e interpretación de sueños y momentos de muerte aparente.

El conocimiento de las tradiciones religiosas que han permitido la conservación del imaginario religioso de los inmigrantes haitianos en sus descendientes en Báguanos es lo que permite explicar la celebración de ciertos rituales o ceremonias religiosas. Las creencias religiosas engendran rituales como mecanismos para mantener el carácter orgánico de las tradiciones en los grupos étnicos como el mencionado anteriormente.

Los rituales, debido a las formas de convivencia de los inmigrantes haitianos en comunidades cerradas, donde existía la tendencia de reproducir sus elementos socioculturales de origen, devinieron en mecanismos de resistencia al cambio y estructuras para la cohesión grupal de este grupo étnico en el municipio Báguanos.

Como su nombre lo indica, Manyé-Luá o comida de santos es una ceremonia de cumplimiento que implica la realización de un grupo de rituales religiosos propicios para pagar una o varias promesas pactadas con los loases del panteón Vodú, retribuyéndolos materialmente con la concesión estricta de los gustos de cada una de las divinidades objeto del cumplimiento. Esto implica la ofrenda de alimentos, bebidas, toque de tambores, bailes y cantos.

Según la información proporcionada por algunas personas, todas las ceremonias o rituales religiosos haitianos de cumplimiento, que incluyen el sacrificio y baño de animales, están antecedidas por una presentación inicial de los animales que se van a ofrendar en el mismo.

Esta exposición se realiza siempre con varios días de antelación al cumplimiento, y se caracteriza por la rigurosidad de su ejecución, ya que la finalidad de la misma es evitar la ofensa y rechazo de los loases por la ofrenda de algún animal con defectos o no deseado. De ahí la importancia de la revisión de los animales que se le van a regalar a las divinidades para la ejecución del cumplimiento.

5. Ceremonia de sacrificio y ofrenda de los animales para el Manyé-Luá

El sacrificio constituye uno de los elementos rituales principales dentro de las tradiciones religiosas de origen haitiano en Báguanos. Los autores Hubert & Mauss (citados por Durin, 2005) lo conceptualizan como: “(…) un acto religioso que mediante la consagración de una víctima, modifica el estado de la persona moral que lo lleva a cabo (…)” (2005: 90).

Durin (2005), al referirse a Mauss, reseña que en el Ensayo sobre el Don, al abordar el sacrificio, lo esboza como un protocontrato entre los hombres y los dioses, en el cual “(…) la finalidad (…) es precisamente la de ser una donación que tiene que ser devuelta” (Durin, 2005: 90).

El encuadre conceptual hecho por los autores citados encaja perfectamente con la intencionalidad del autor a la hora de realizar el abordaje del sacrificio como elemento central dentro de las ceremonias o rituales religiosos de los haitianos y sus descendientes en Báguanos, y explicar coherentemente sus funciones dentro de las mismas.

La ejecución de la segunda parte de la ceremonia se produjo en el mismo escenario que, para esta ocasión, contaba con la presencia de un machete y una vela encendida al lado del palo central, y una palangana llena, algunos gajos y una botella de ron.

El sacrificio es la parte fundamental de todas las ceremonias voduistas, ya que es en este ritual donde se brindan a cada deidad las partes o elementos ofrecidos de cada animal.

6. Las manifestaciones músico-danzarias

Actualmente son muchos los elementos que se conocen de las culturas africanas aportados a nuestros continentes y a Cuba, pero los más conocidos por las gentes del nuevo mundo son sus tradiciones músico-danzarias.

A esa música bailable y cantada se refiere Ortiz (1993) cuando escribe: “El baile al son de instrumentos y cantos es la expresión suprema del arte musical de los negros africanos; tal como el areito, que tuvo la misma compleja estructura, lo fue para los indios de Cuba” (Ortiz, 1993: 119).

El planteamiento realizado por Fernando Ortiz resulta muy importante y por consiguiente aplicable al caso de los miles de inmigrantes haitianos y antillanos asentados en la región oriental de Cuba y específicamente en Báguanos que es la localidad objeto de estudio.

Para esta investigación resulta vital señalar que la música, los toques, los bailes y cantos de los inmigrantes haitianos en Báguanos lograron perpetuarse gracias a la riqueza de estas expresiones culturales.

En este proceso ocupó un importante rol la creación de la agrupación músico danzaria “La flor de la Rosa” en 1936 por José Díaz Felimond. Esta agrupación surge por la necesidad de difundir, rescatar y transmitir las raíces etno-culturales de los inmigrantes haitianos a sus nuevas generaciones.

Las manifestaciones danzarias de los haitianos son muy diversas y se pueden clasificar en tres grupos. Dentro de estos se encuentran los bailes de guerra como: el Ibó, que, según los entrevistados, es también conocido como el baile del machete, y el Vodú, que, según los informantes, es el baile más fuerte de los haitianos y se caracteriza por el movimiento fuerte y provocativo de los hombros y por el constante movimiento hacia adelante y hacia atrás con uno de los brazos alzados en señal de amenaza representando una especie de insurrección o provocación litúrgica semejante a la provocada por los esclavos en Haití.

Existen los bailes de paseo, como el Gagá, que era el baile que se realizaba durante los recorridos de celebración de la Semana Santa, fecha en que se reunían los inmigrantes que partían de carnaval o paseo por diferentes colonias tocando sus instrumentos musicales, y al ritmo de sus canciones emprendían una marcha que empezaba generalmente en la colonia Paraíso ubicada en Bagá 3, de ahí se continuaba hacia Báguanos, Barajagua, Penín y en ocasiones llegaban hasta Cueto, donde se reunían con los paisanos 5 que venían desde La Esperanza y Macío 8 para divertirse.

Además de estos bailes se encuentran los de salón, dentro de esta clasificación están: el Masún que se baila en lugares conocidos como el tonel, el Merengue que se bailaba con un vestido ancho las mujeres y los hombres con trajes y sombrero de paño, el Congó, el Alianzé y el Pilón, que son un ritmo híbrido y el resultado de la confluencia de los ritmos y mestizaje que se dan como resultado del proceso de transculturación experimentado en nuestro país.

Existen otros como el Reciñe, que se caracteriza por ser un poco picantes, en el cual, según los informantes, en ocasiones se iba un poco más allá del simple divertimento, este es un baile que se identifica fundamentalmente por sus fuertes influencias eróticas. Coexisten otros, como el baile de la cinta del cual los informantes de esta región no tienen mucha información, pues, según estos, plantean que en el territorio baguanense nunca se bailó.

No obstante, algunas personas se limitaron a decir que este se bailaba con el ritmo Gagá, y que este era un baile de divertimento.

7. Conclusiones

La cultura cubana ha sido el resultado de un largo proceso histórico de mezcla e intercambio étnico, social y cultural de pueblos y razas provenientes de múltiples lugares del planeta, pero, fundamentalmente, se conformó con el aporte de las riquísimas culturas española y africana, ya que, lamentablemente, el componente aborigen que pudieron haber aportado los autóctonos habitantes de la isla a la llegada de los conquistadores hispanos de finales del siglo XV fue prácticamente exterminado.

Como quedó explicado en la introducción, las migraciones han desempeñado, y continúan desempeñando, un importante papel en el orden de los intercambios y las inter-influencias étnico culturales entre los pueblos. Los estudios antropológicos y sociológicos, sobre todo desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, han demostrado que no existen de modo absoluto las razas ni las culturas puras y, mucho menos, las culturas superiores o más civilizadas en contraposición con culturas bárbaras e inferiores.

A su vez, la humanista y desalienadora concepción marxista leninista de la historia, con su enfoque materialista y dialéctico y su tesis sobre la importancia decisiva del trabajo creador y la cultura de los seres humanos, permite analizar y comprender las causas socioeconómicas de las migraciones, al mismo tiempo que facilita la valoración de los aportes socioculturales y los intercambios de este tipo entre los pueblos.

En el caso del Caribe americano, considerado como una región de intenso intercambio sociocultural por la gran mayoría de los investigadores, se pone mucho más de manifiesto la riqueza del aporte de los múltiples movimientos de emigración e inmigración ocurridos en la región desde antes, incluso, de la llegada a América de los europeos.

La presente investigación centró su objeto de estudio en las migraciones caribeñas hacia Cuba, especialmente a partir de la segunda década del siglo XX, y se concentró en el campo de la inmigración haitiana en la comunidad local de Báguanos, altamente representativa y de alto nivel de riqueza sociocultural y antropológica para responder al problema científico de la trascendencia cultural de los inmigrantes haitianos en esta localidad, de presencia saludablemente viva.

La combinación de los métodos teóricos y empíricos de investigación, con la realización de entrevistas en profundidad y la observación participante, permitió la recogida de abundantes hechos y datos de altísimo interés sociocultural, lo que facilitó el cumplimiento del objetivo de fundamentar la trascendencia cultural de la inmigración haitiana en la comunidad local de Báguanos.

Así, se han podido presentar descripciones sobre los rituales de presentación y baños de los animales: sobre los Manyé-Luá o comidas de los santos; sobre las ofrendas y los sacrificios a diferentes divinidades que intervienen en sus creencias y en sus tradiciones y ceremonias religiosas, como Legbá, Ogún Febe, Ogún Tiyat, Agaú, Togó, Tipié, Guede, Baó, Lenglesú, Lenglesú Damá y Ercilí, entre otros; y sobre las tradiciones musicales y danzarias, entre otras observaciones de gran interés.

Una cultura viva y abierta, tolerante y dialéctica que también se enriqueció con el contacto y el intercambio al nivel de la base y del pueblo con lo cubano. Elementos culturales que se mantienen como valores de identidad histórica sin dicotomía ni rechazo por la cubanía, especialmente por la del campo agroazucarero, en el cual el elemento de la inmigración haitiana se incorporó al paisaje popular desde la base y contribuyó al enriquecimiento económico de la nación y en el orden ideológico cultural al desarrollo de la nacionalidad.

Los dioses, las creencias, los bailes y la música de los haitianos inmigrantes, en diálogo fecundo con lo cubano, se incorporaron, transformando y transformándose, a la cultura popular cubana, como factor de diversidad y riqueza étnica, abriéndose a la mezcla y ampliando la diversidad de matices y detalles, como puede apreciarse todavía en muchas zonas de la provincia de Holguín y, especialmente, en la comunidad baguanense.

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Notas

1 Ver de María del Carmen Barcia Zequeira (2004): “Paradojas de una revolución: repercusiones en Cuba de la insurrección haitiana”. En Revista Catauro, 9, Cuba. pp. 82-99.

2 Dentro la bibliografía que consultada destacan las siguientes: El vodú en Cuba, de Joel James Figarola (1994); Historia de la Revolución de Haití, de José Luciano Franco (2010); Caidije, de Jesús Guanche y Denis Moreno (1998); Holguín: región e identidad, de José Vega Suñol (2002), así como algunos números de las revistas Caribe, Debates Americanos, Temas y Catauro.

3 Recipiente o vasija rústica confeccionados con cascarones de coco y güiras cimarronas.

4 Conjunto de malezas, arbustos y yerbas.

5 Persona que procede del mismo país, región o lugar que otro.

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