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Antropología de la muerte: Ritos donde se llora, canta y ríe con la muerte
Nilson Severino Pinto Saravia
Nilson Severino Pinto Saravia
Antropología de la muerte: Ritos donde se llora, canta y ríe con la muerte
The anthropology of death: ritual weeping, song and laughter in the celebration of death in the vicinity of La Paz, Colombia
Boletín Antropológico, vol. 34, núm. 92, 2016
Universidad de los Andes
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Resumen: Esta investigación da cuenta de los ritos fúnebres en el municipio de La Paz, Cesar, en Colombia. Su objetivo es conocer y explicar los diferentes rituales que se presentan en torno al fallecimiento y velatorio de una persona, así como el conjunto de prácticas religiosas que se practican atendiendo las características de los difuntos. La última parte está reservada a evaluar el sincretismo cultural expresado a través de la permanencia de prácticas indígenas en los actos fúnebres contemporáneos de los vecinos de La Paz.

Palabras clave: muerte, símbolos, rituales fúnebres.

Abstract: This research deals with the funeral rites in the municipality of La Paz, Cesar, in Colombia. The objective is to understand and explain the different rituals that occur around the death and funeral wake of a person, as well as the set of religious practices that are performed according to the personal characteristics of the deceased. The last part of the paper assesses cultural syncretism expressed through the persistence of indigenous practices in contemporary funeral rites practiced by the residents of La Paz.

Keywords: death, symbols, funerary rituals.

Carátula del artículo

Antropología de la muerte: Ritos donde se llora, canta y ríe con la muerte

The anthropology of death: ritual weeping, song and laughter in the celebration of death in the vicinity of La Paz, Colombia

Nilson Severino Pinto Saravia
Universidad del Magdalena, Colombia
Boletín Antropológico, vol. 34, núm. 92, 2016
Universidad de los Andes

Recepción: 06 Enero 2016

Aprobación: 09 Junio 2016

Este ensayo da cuenta de los ritos fúnebres que se presentan en torno a la muerte de una persona en el municipio de La Paz, Cesar, en Colombia para dar a conocer y explicar su importancia religiosa. La muerte es un hecho social trascendente asociada a creencias, actitudes y representaciones. En estos tiempos, su significado es variable y puede transformarse continuamente durante la vida, cambiando de acuerdo con la experiencia personal de cada uno y a la cultura a la que se pertenezca.

En las comunidades más tradicionales ello puede no ser así. Así, la muerte desde el punto de vista de los residentes de La Paz y a quienes denominaremos “los pacíficos” 1 significa el cambio de una vida terrenal por el nacimiento hacia una vida celestial y eterna. Los jóvenes manifiestan que la muerte abre paso a una mejor vida en la cual no habrá sufrimientos ni castigos. Para los niños la muerte tiene un significado más arraigado a los sentimientos y a la realidad, dado a que lo que muere es el cuerpo, la carne, mas no el espíritu; además, es sinónimo de miedo, dolor, tristeza y soledad.

Esta investigación se llevó a cabo durante tres años con temporadas de trabajo de campo realizadas desde el año 2007 hasta 2009. Se utilizó la técnica de observación participante, con el objetivo de conocer e interactuar en las diferentes dinámicas ejecutadas por la población al momento de realizar los diferentes rituales que se tejen alrededor de la muerte. Se hicieron visitas periódicas al cementerio para observar las costumbres funerarias de la población. Para lograr identificar los ritos funerarios se llevó a cabo varias conversaciones con las rezanderas. En este proceso se realizaron visitas domiciliarias y entrevistas semi-estructuradas, además de la producción de material fotográfico. Igualmente acceder a personas en duelo, velorios y entierros se logró a través de la técnica denominada “bola de nieve” 2 , que tuvo lugar gracias al contacto constante con los habitantes del barrio La Florida en La Paz, Cesar, de Colombia.

1. Símbolos culturales que anuncian la muerte

Como lo dice Serrano (1998: 251): “Son muchas y muy diversas las formas de cómo la muerte se anuncia: cambios en la corporalidad, en el entorno casero, en el medio ambiente; tanto elementos vegetales como animales pueden expresar la cercanía de estos momentos de la vida”. Los pacíficos tienen la concepción de la existencia de símbolos 3 culturales que preconizan la muerte. Uno de ellos es el canto realizado por un ave denominada como la palomita o pavita de la muerte; esta es un ave que al cantar se ubica estratégicamente en lugares donde sea poco visible, generando así pánico entre la gente. Otro de los símbolos es el canto de los gallos cuando es realizado en un tono triste y agudo en las horas de la tarde. Igualmente los aullidos de los perros, la presencia de mariposas grandes de color negro y un fuerte olor a esperma o vela encendida que se percibe en el ambiente, advierten que la muerte se acerca. Apariciones, lamentos de espantos y los sueños también hacen parte de este conjunto; los que tienen más fuerza son los sueños relacionados con la pérdida o caída de piezas dentales, ya que éstas son fundamentales en la vida del hombre y carecer de ellas es sinónimo de impureza, degeneración y muerte.

Así como existe la vida y la muerte, en el imaginario popular existen las llamadas contra 4 , que funcionan al no dejar que se cumpla la premonición e influyen para que no se concrete la venida de la muerte. Una de estas contras se realiza cuando los perros se encuentran aullando, lo más común es colocar en forma de cruz los zapatos y chanclas, ya que estos son adminículos que protegen al hombre de pisar y tener contacto con lo impuro, sucio y peligroso, incluida la impureza de la muerte. Es por eso que el calzado funciona como contra al lograr que de inmediato finalicen los aullidos, alejando cualquier mala energía que se acercase y pueda poner a los individuos en peligro de muerte. Para que no tenga efecto la presencia de las mariposas, lo indicado es sacarlas o espantarlas de la casa con una escoba. Sobre los sueños, lo más recomendable es comentar lo soñado a un vecino o amigo lo más temprano posible, después de haberse levantado; con estas prácticas se garantiza el orden y la tranquilidad de las personas.

La muerte es pues anunciada en La Paz por una serie de símbolos culturales, los cuales se encuentran impregnados en la cosmovisión de vida y muerte por los habitantes de la población; al momento de presenciar alguno de los símbolos, surge la incertidumbre por saber cuándo, cómo, dónde y quién morirá. Según la concepción local sobre la muerte, una vez que se ha anunciado, esta se hará presente para culminar con el ciclo de vida terrenal de alguna de las personas cercanas o a la menos conocida.

2. Prácticas religiosas

Los pacíficos celebran cuatro momentos en torno a la muerte: las exequias, el novenario, el aniversario y el día de los difuntos. Las exequias tienen lugar el día siguiente del deceso, y el novenario con rezos cada día a lo largo de los nueve días posteriores a las exequias, el aniversario se celebrará al año y el día de los muertos el 2 de noviembre de todos los años. Estos cuatro rituales de carácter sagrado son realizados por los familiares y allegados de cada persona que muere.

Hay diferencias en el tratamiento de la muerte dependiendo de la edad del difunto, como lo señala Restrepo (2011: 86): “Al muerto se lo clasifica, independientemente de la etiología de su muerte, de acuerdo con el proceso de desarrollo del individuo humano. Así, mientras una ambigua división se establece entre aquellos que son humanos y quienes todavía no han nacido; otra más claramente se define entre quienes no son conscientes ni agentes del pecado y aquellos que lo son. Estas clasificaciones, que se correlacionan con una representación de los estados de desarrollo del individuo, se expresan de manera inequívoca en la diferencialidad de las prácticas funerarias. Es un hecho que la manipulación, disposición y escenificación del cadáver, por un lado, y los ritos y procedimientos de elaboración colectiva de la muerte, por el otro, difieren significativamente si el muerto es un feto aún sin forma humana, un infante o un adulto”.

3 . Muerte de un feto

Cuando por circunstancias de la vida ocurre un aborto 5 , a la criatura se le práctica el sacramento del bautismo y el ritual de exequias enmarcado en la privacidad familiar. Se hace la elección del sitio de la casa donde se va a enterrar, uno de los preferidos es en medio de los jardines que se encuentren en el patio. El padre hace un hueco y ahí es dejada la criatura: de inmediato es tapada con tierra y sin dejar alguna cruz sobre ella, pero se siembra una mata de Jazmín o Margarita, porque sus flores son símbolos de paz y representan la vida terrenal que no pudo tener.

4 . Muerte de un “angelito”

El ritual es designado de esta forma por considerar que un niño o niña menor de siete años se encuentra libre de malicia y sobre todo está colmado de inocencia. Por lo tanto, en el momento de morir se convierte en ángel que sube al cielo. Para que esto suceda es necesario realizar desde el mismo instante de la defunción una serie de prácticas que abonan y contribuyen al proceso de conversión. En muchos casos no se llora porque se tiene la concepción de que esas lágrimas mojarán las alas del angelito y no podrá subir al cielo: de no cumplirse lo anterior se corre el riesgo que las almas de los pequeños queden vagando en la tierra, convertidas en duendes.

Para realizar el cortejo fúnebre se elabora un bastón con un palo de setenta (70) centímetros de largo que es forrado con cinta blanca; en el extremo superior con una tachuela o un alfiler va sostenido un sinnúmero de cintas blancas, azules, amarillas y moradas. Al llegar la hora de salir el cortejo fúnebre hacia el cementerio, donde por lo general los entierros ocurren a las nueve de la mañana, se colocan cuatro niños que llevarán ramos de flores, luego detrás de estos se coloca el niño que lleva el bastón y a los lados, otros niños cogiendo cada uno la cinta que va extendida desde el bastón. Seguido va el ataúd, que es llevado por niños y niñas o adolecentes que puedan soportar el peso, teniendo presente la posición del cadáver, que lleve los pies siempre hacia delante. Seguido van las personas adultas que acompañan a las exequias. En el cementerio, durante el entierro, todos los niños presentes tiran un puñado de tierra en símbolo de despedida sobre el cajón y algunas flores.

5. Muerte del adolescente o adulto

Al instante de conocer la noticia sobre la muerte de una persona, sus familiares en medio del dolor generado por la pérdida del ser querido, dan inicio a la organización de la casa donde será realizada su velación. La “tumba” 6 o altar es elaborada en la pared norte de la sala, se encuentra conformada por una sábana blanca, la cual es clavada con puntillas en sus cuatro extremos en la pared y en el centro de la misma se colocan las iniciales del difunto y una cruz hecha con cinta negra; delante de esta sabana se coloca una mesa mediana de madera y es cubierta con un mantel o sábana blanca; sobre esta mesa van cuatro veladoras encendidas cuya luz es símbolo de vida. Un vaso de agua que representa el agua que se derrama en el bautismo y es colocado allí para que el alma del difunto calme su sed.

Estas dinámicas hacen parte de la velación de cuerpo presente 7 ; terminado el aseo funerario, el cadáver es cubierto con sábanas blancas hasta el cuello y luego puesto en el ataúd, el cual es cerrado y colocado en medio de la sala de velación frente al altar; debajo del ataúd, sobre una pequeña banca de madera es colocada una taza grande, colmada de hielo, que contribuirá a la preservación del cadáver en buen estado hasta la hora del entierro, que por lo general es realizado un día después del deceso.

6. Ritual de exequias

Este ritual tiene como objetivo hacer entender que la muerte no es el final. En La Paz, por tradición, las horas designadas para el sepelio son las cuatro de la tarde del día siguiente, y en algunos casos por inconvenientes de última hora, a las nueve de la mañana del tercer día. Como símbolo, el repique o sonar de las campanas de la iglesia San Francisco de Asís es la convocatoria del sacerdote a participar en la celebración de las exequias. Cuando el cortejo fúnebre llega al cementerio, inmediatamente se ubica la tumba o bóveda donde se hará la inhumación; pero antes el féretro es destapado para que familiares, amigos y demás acompañantes se despidan y vean al difunto por última vez. Es en este instante, cuando en medio de abrazos, se llora, se canta y lamenta la partida del hijo, hermano y amigo. La muerte es considerada un nuevo nacimiento y paso a otra vida. Por esto se acompaña al difunto hacia la nueva vida con prácticas musicales en contextos particulares. Si hubiera incumplimiento de los rituales que en estos escenarios se llevan a cabo, el alma del difunto estaría destinada a andar errante.

7. Ritual de velorio y sus dinámicas de juego

Los velorios realizados en la casa son un conjunto de prácticas encaminadas a instruir en las creencias y ritos de una religión. Su objetivo es reunir a la familia para orar frente a un ser que ha fallecido, por eso, se llama velorio, que significa velar, estar en la familia en medio del dolor. El velorio tiene ese carácter ontológico, entre otros, de mantener unida la familia.

El velorio es una reunión familiar de carácter privado que pasa a ser pública al llegar amigos, conocidos y desconocidos del difunto a expresar sus condolencias, a manifestar su solidaridad y acompañamiento en uno de los momentos más dolorosos que vive el ser humano, el de la pérdida de un familiar. El velorio tiene una duración de nueve días y nueve noches a partir de la muerte de una persona; mientras se encuentra el cadáver presente y durante los días y noches siguientes se hacen oraciones, cantos, se ríe, se come, se bebe y juega durante toda la noche hasta el amanecer. Una de las dinámicas más significativas y extrovertidas son las dinámicas de narraciones de cuentos, chistes y juegos que funcionan como eje de cohesión social entre los pacíficos. El levantamiento de la tumba o altar es realizado por la rezandera que ha dirigido el ritual durante los nueve días; en ocasiones es realizado por un grupo de mujeres llamado Pequeñas Comunidades que se solidarizan con las familias dándoles un mensaje de esperanza, consuelo y fortaleza para afrontar la pérdida.

8. Ritual del cabo de año

Este ritual corresponde a la celebración del primer aniversario de la muerte de una persona en la cual se realiza un acto religioso en la iglesia del pueblo y, al finalizar, las personas se dirigen a la casa de los familiares del difunto donde se les hace una atención en agradecimiento por su compañía; además, se entregan recordatorios a cada uno de los acompañantes que llevan en una cinta o parte visible la inscripción de los nombres y apellidos del difunto más la fecha del primer aniversario. En ocasiones se reparten dos o tres clases de recordatorios según el vínculo afectivo: unos para los conocidos, otros para los amigos y los más representativos para los familiares. La entrega de los recordatorios es concebida como el punto de culminación del ritual. La familia encargada del acto agradece por la compañía y solidaridad que han mostrado quienes los han acompañado en un momento tan crucial como lo es el aniversario del primer año de muerte.

9. Ritual del segundo entierro

Según Thomas (1983),

En muchas culturas por tradición se ha venido haciendo el segundo entierro, es un ritual que consiste en hacer una exhumación de un cuerpo que ha cumplido con un tiempo superior a un año y darle una nueva sepultura que tiene como finalidad dedicarle un homenaje al fallecido y servir de pretexto para que el difunto pueda alcanzar el estado de antepasado […] el segundo funeral tiene por objeto propiciar el alma y es una especie de ceremonia que coincide frecuentemente con el restablecimiento del orden: fin de la descomposición, fin del duelo y conclusión del gran viaje donde el difunto pueda encontrarse con sus ancestros (Thomas, 1983: 520-521).

Para los pacíficos el segundo entierro es un ritual importante, el cual se da por dos motivos: el primero, se hace para devolver una bóveda que no es familiar y que fue prestada en el momento del entierro, prestamos que duran de uno a tres años; luego de este período la familia hace el segundo entierro con el objeto de entregar la bóveda prestada. El segundo motivo es cuando el cadáver es enterrado en una bóveda perteneciente a la familia y después de unos años, si se llegare a requerir nuevamente la bóveda por la muerte de otro pariente, de inmediato se tiene que hacer el segundo entierro, consiste en pasar los restos a un osario 8 y nuevamente darles cristiana sepultura.

La persona encargada de manipular los restos usa guantes de látex en las manos. Comienza depositando los restos en una pequeña urna, utilizando el siguiente procedimiento: primero se recogen los restos de las extremidades inferiores, luego la pelvis, costillas, vertebras y por último el cráneo. En algunos casos cuando los dolientes no cuentan con los recursos suficientes para comprar la urna, guardan los restos en bolsas de polietileno y luego son inhumados en el osario. Con esto se da por terminado el ritual del segundo entierro.

10. Ritual del día de los muertos

En el mundo católico, el 1° de noviembre es el día de todos los santos, este día es designado por los habitantes de La Paz para que todas aquellas personas que hayan perdido un familiar que clasifique en la categoría de angelito, puedan llevarles flores, arreglar bóvedas y rezarles. Como ya lo vimos, se designa “angelito” por considerar que los seres humanos a estas edades están libres de malicia y sobre todo están colmados de inocencia.

El 2 de noviembre es el día de los difuntos, el día especialmente dedicado a recordarlos y a honrarlos, a visitarlos en el cementerio y pedir una vez más para que su alma se encuentre descansando en paz y tenga vida eterna. En el día de los difuntos en La Paz, todo aquel que tiene familiares enterrados allí, viene, así sea de otras regiones del país, para asistir a la celebración de la misa en honor a los muertos. Durante el acto litúrgico el sacerdote lee los nombres de los difuntos durante la eucaristía. Al iniciar el ritual, todos los feligreses en silencio se sientan en las sillas que cada uno trae en hombros desde su casa y escuchan las palabras de consuelo y avivamiento que son impartidas por el sacerdote; en medio de cantos y alabanzas muchos de los presente dejan ver con lágrimas en su rostro el dolor que todavía les causa la pérdida de sus seres queridos. Terminando la ceremonia se va en procesión hasta el final del cementerio donde se hace una bendición especial por todos los difuntos.

Al terminar la misa los presentes se dirigen cada uno a la tumba de sus parientes muertos a rendirles culto 9 . Es un momento que por tradición los dolientes presentes viven con fervor. Con escoba, machete y pala en mano comienzan la limpieza de la tumba, algunos barren, sacuden y colocan flores en jarrones para después rezar y entablar comunicación con el alma del difunto, comunicación en la que se expresa el dolor por la pérdida, así hubiese sido por muerte natural o por la mano del hombre. Algunos para dar inicio a la comunicación, primero empiezan dando uno o dos golpes con la mano en la tumba en señal de saludo, segundo encienden una vela y cierran los ojos imaginando un espacio donde sólo se encuentran el alma del difunto y ellos; allí se habla en voz baja y en absoluta confianza.

Las personas sentadas en ronda frente a la tumba, se pasan el día rezando u orando y haciendo todo tipo de peticiones en su beneficio, además charlan sobre temas de la vida cotidiana que no tienen nada que ver con el espacio y tiempo en que se encuentran; otros prefieren pintar y retocar las tumbas. Entonces con machetes y palas se deshacen de la maleza que amenaza con cubrir las tumbas del cementerio; luego, con pintura y brocha comienzan a embellecerlas. Además hay quienes con agua bendita deciden lavar y limpiar todos los elementos que se encuentran en la tumba, allí incluidos floreros, crucifijos, fotografías, hasta imágenes, esto con el fin de quitar las impurezas de la muerte. Llegadas las seis de la tarde se cierran las puertas del cementerio y los moradores culminan el día asistiendo a una misa por todos los muertos en la iglesia del pueblo. De esta forma, se cumple año tras año el día de los difuntos y una cita más con los ancestros. Culminan entrando en procesión hasta el final del cementerio donde se hace una bendición especial por todos los difuntos.

11. Sincretismo cultural expresado a través de las prácticas fúnebres

El término sincretismo se usa generalmente en el contexto religioso en sentido de una mezcla de tradiciones, ritos y conceptos mágico-religiosos. Hay quienes utilizan la muerte con fines mágico-religiosos. Bajo la orientación de un brujo/a 10 y con ayuda de los muertos hay personas que logran hacer realidad algunas de sus pretensiones. El cementerio es considerado uno de los lugares predilectos para llevar a cabo actos relacionados con la hechicería.

En la ejecución de los diferentes rituales fúnebres es evidente la presencia del sincretismo generado a través de los procesos de mestizaje. Los indígenas que habitaban las tierras del municipio de La Paz, los Tupe 11 , creían que la muerte no era el final. Al momento de realizar sus exequias entonaban cantos y contaban con la preparación de un ajuar funerario, para que el alma del difunto llegara a su destino. Necesitaba un período de ocho días y requería de un Tomara, quien era el intermediario entre la comunidad y el mundo sobrenatural. De manera equivalente, en La Paz los velorios son de nueve días y también se necesita de las rezanderas, que a través de sus rezos y oraciones sirven de intermediarias entre la comunidad y Dios.

En los rituales indígenas la casa y pertenencias del muerto eran destruidas; también se practicaban los segundos entierros, la reunión de familiares, los símbolos pintados en algunas partes del cuerpo y la preparación de comida y bebida que son dinámicas que hicieron parte de la vida fúnebre de los Tupe: hoy día se manifiestan estas representaciones en los rituales del pueblo “pacífico”. De igual forma, el sistema de inversión, el hacer las cosas al revés o hacia atrás, o con la mano izquierda, constituye un rasgo característico de los ritos funerarios en La Paz. Estas dinámicas fueron heredadas de sociedades que tomaban precauciones para que el alma del difunto no pudiera regresar a su casa: esto dio origen a la costumbre de sacar a los muertos con los pies por delante, ya que se pensaba que si el cuerpo era trasladado mirando el camino, este podría regresar más tarde. Estas usuales reversiones ceremoniales adoptan aspectos diversos que son procedentes de religiones africanas, profesadas por africanos que luego fueron traídos a América convertidos en esclavos, contribuyendo de cierta forma al proceso de mestizaje.

No obstante, los cantos y la música que hoy día se ejecutan en La Paz no pueden ser los mismos que trajeron sus antepasados, ya que las circunstancias de su vida cambiaron junto con las posibilidades de perpetuar sus cantos y ritos fúnebres, pero es muy probable que los cantos fúnebres hayan sido parte fundamental en los rituales. El culto a los muertos, como todo rasgo cultural, cambia por la dinámica de la propia cultura y por influencias de otras culturas. Sabemos, por tanto, que las prácticas funerarias de los pacíficos se han transformado al irse modelando las prácticas indígenas con las influencias del mestizaje y la colonización, generándose así nuevas dinámicas alrededor de la muerte, dinámicas que venimos de describir y analizar.

Para los habitantes de La Paz, los rituales fúnebres tienen dos finalidades: una, darle al cadáver un lugar propio; y dos, ayudar a los sobrevivientes a reponerse de la pérdida. En ambos casos se trata de “dominar a la muerte”. Así, el ritual no tiene más que un sólo destinatario, el hombre vivo, individuo o comunidad; su función elemental es curar y prevenir: podemos decir, de acuerdo con Rodríguez (2001: 73), que el ritual de la muerte, en definitiva, es un ritual de vida.

Material suplementario
Referencias bibliográficas
GEERTZ, Cliff ord. 2003. La Interpretación de las Culturas. Gedisa, S.A., Barcelona.
PINTO, Nilson. 2009. Antropología de la muerte: Concepciones sobre la muerte y sus ritos funerarios en La Paz – Cesar. Tesis de Grado. Universidad del Magdalena, Santa Marta, Colombia.
PRATT, Henry. 2004. Diccionario de Sociología. Fondo de Cultura Económica, México.
REICHEL-DOLMATOFF, Gerardo. 1949. “La cueva funeraria de La Paz”. En Boletín de Arqueología, Vol. II (5-6), Bogotá. pp. 403-419.
RESTREPO, Eduardo. 2011. “Representaciones y prácticas asociadas a la muerte en los ríos Satinga y Sanquianga”. En Pacífico sur colombiano, Vol. 8, Piedra De Panduro, Colombia. pp. 78-102.
RODRÍGUEZ, María de los Ángeles. 2001. Usos y costumbres funerarias en la Nueva España. Publicado por El Colegio de Michoacán A.C.
SECO, Manuel. 1999. Diccionario del Español Actual. Madrid.
SERRANO, José Fernando. 1998. “Hemo de morí cantando, porque llorando nací”, ritos fúnebres como forma de cimarronaje”. En Adriana Maya (ed.), Los afrocolombianos. Geografía humana de Colombia. Tomo VI, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Bogotá. pp. 241-262.
THOMAS, Louis-Vincent. 1983. Antropología de la muerte. Fondo de Cultura Económica, México.
Notas
Notas

1 Gentilicio del municipio de La Paz, Cesar.

2 Esta técnica permite localizar una o varias personas clave, que puedan remitir al investigador hacia otras personas que puedan contribuir al desarrollo de la investigación.

3 El término “símbolo” es utilizado para designar cualquier cosa, acto, hecho, cualidad o relación que sirva como vehículo de una concepción; la concepción es el significado del símbolo. Los símbolos sagrados tienen la función de sintetizar el ethos de un pueblo (el tono, el carácter, y la calidad de su vida, su estilo moral y estético) y su cosmovisión, el cuadro que ese pueblo se forja de cómo son las cosas en realidad, sus ideas más abarcativas acerca del orden (Geertz, 2003: 89).

4 Acciones ejecutadas por los habitantes de La Paz para que surja efecto de oposición y contrariedad a premoniciones sobre la muerte (Seco, 1999).

5 Interrupción del embarazo antes de que el feto pueda desarrollar vida independiente.

6 En la región, de igual forma que se denomina al lugar donde se encuentra enterrado un cadáver, se le llama “tumba” al altar levantado en la casa para la celebración de las honras de un difunto, dado que este será el depósito transitorio del alma del difunto.

7 Es la velación celebrada en la primera noche después de la muerte de alguien y cuando aún no ha sido enterrado el cadáver.

8 En los cementerios, lugar destinado para reunir los huesos que se sacan de las sepulturas a fin de volver a enterrar en ellas.

9 Conjunto de prácticas religiosas asociadas a la adoración o apropiación de una divinidad o grupo de seres sobrenaturales (Pratt, 2004).

10 El que influye en el destino de otros o cautiva la voluntad ajena por medio de las artes de la hechicería (Pratt, 2004).

11 Durante el siglo XVI y las épocas posteriores, la región del municipio de La Paz estuvo habitada por la grupo originario de los Tupe, que posiblemente podríamos identificar con los actuales Yúko-Yukpa de la Serranía de Perijá (Reichel-Dolmatoff , 1949).

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